Editorial: Álvaro Uribe y sus políticas, son derrotables

Las cifras negativas de la economía mundial son de tal magnitud que los gobiernos de las potencias económicas, las entidades rectoras del capital y los analistas de distintas procedencias y enfoques no pudieron ocultar más la gravedad de la situación y reconocen la existencia de una aguda crisis del capitalismo, de proporciones similares o peores a la gran depresión de 1929, que precedió a la Segunda Guerra Mundial. Para 2009 se prevén crecimientos por debajo del 1%, e incluso decrecimientos en muchas de las economías consideradas grandes y con mayor razón en las de los paises dependientes; la caída del empleo mundial se pronostica en más de medio centenar de millones de puestos de trabajo; la pobreza abarcará a 1.400 millones de personas y no pocos países entrarán en situación de insolvencia, no cumplirán sus obligaciones de deuda externa ni cubrirán el valor de sus importaciones.

A esto condujo la aplicación de las políticas neoliberales impuestas por los centros de poder del capitalismo mundial y promovidas en su oportunidad como la solución para un crecimiento económico armónico y para combatir la pobreza y el desempleo. Era la pócima para evitar nuevas crisis del capitalismo, y sin la cual ninguna nación alcanzaría niveles de desarrollo y bienestar.

La descomunal concentración de capital y la acumulación de ganancias que impera en el mundo, resultantes de la globalización imperialista, se fundamentan en la sobreexplotación de los trabajadores, la obtención de materias primas baratas, las exenciones tributarias de que son objeto los grandes monopolios y la elevación de las tasas de interés del capital que demandan la industria, el agro y el consumo. La apropiación de plusvalía deja sin poder de compra a los obreros; la usura y la especulación financiera quiebran la producción agroindustrial y arruinan las finanzas estatales en proporciones tales que el sistema capitalista colapsa. Cuanto más dominante sea el capital financiero en el mundo, mayores serán las consecuencias de las crisis. Estas leyes de la economía explican el estado de cosas actual y los desarrollos que sobrevendrán.

Las potencias se coluden y luchan

Las economías dominantes recurren abiertamente al proteccionismo, a la defensa de sus mercados internos y de sus áreas de influencia, mientras a los países dominados se les sitia con el recetario neoliberal: pérdida del control monetario, disciplina fiscal, privatizaciones, tratados de libre comercio, pago ineludible de la deuda, abaratamiento de la mano de obra, estímulos para la inversión extranjera, destrucción de su aparato productivo, entre otras imposiciones, son los resultados de la V Cumbre de las Américas, la Asamblea del BID, y la reunión del G-20, las más recientes reuniones o foros internacionales convocados para ocuparse del tema.

Estados Unidos promueve el consumo de sus productos, protege su mercado interno de acero, emite dinero, rescata su sistema financiero e impide el ingreso de camiones mejicanos a su territorio contra lo pactado en el Nafta. Rusia eleva los aranceles para vehículos usados. Francia y Alemania, en claro aprovechamiento de su supremacía, niegan un plan de rescate conjunto para la Unión Europea e imponen que cada uno de los demás países de la zona enfrenten la crisis por separado. India protege su juguetería de la competencia china y Argentina eleva los aranceles para los cereales, los textiles y las autopartes, sin trámite alguno ante Mercosur. Todos burlan las regulaciones cocinadas por ellos mismos en organismos como la OMC.

Al tiempo, las reuniones de los entes y agrupamientos de esas potencias transcurren en medio de mayores fricciones como resultado de enconadas disputas por el reparto de las zonas de influencia. No hay consenso en la OTAN para mantener la ocupación militar de Afganistán, en contravía a la postura de Barack Obama de apuntalar la presencia en esta estratégica región. Rusia endurece su posición contra el despliegue de un escudo antimisiles de Estados Unidos en Europa Oriental. Francia interviene en el conflicto Árabe-Israelí y reingresa a la OTAN. Japón sorprende con la instalación de su propio sistema de defensa antimisiles. Aumentan las tensiones entre India y Pakistán. China propone reemplazar el papel dominante del dólar y junto a Rusia fortalece el Grupo de Shanghái, mientras Brasil lidera una iniciativa para Suramérica que incluye asistencia y coordinación militar. En resumen la crisis económica mundial trae consigo el reacomodamiento de los centros de poder y la intensificación de disputas entre las potencias.

Que las naciones y pueblos recobren lo suyo

Las naciones y los pueblos del mundo no estarán a salvo de los daños y desafueros del capital financiero y de las multinacionales, sino en la medida en que recobren el manejo soberano de sus economías, fundamenten su desarrollo en la protección del mercado interno y adelanten el intercambio comercial con otras naciones aferrándose al principio del beneficio recíproco. Los países menos afectados por la crisis serán, sin duda, los que más hayan perseverado en la defensa de su soberanía nacional.

Desde años atrás, las organizaciones de trabajadores y los movimientos sociales opuestos al libre comercio y al deterioro medioambiental han opuesto firme resistencia a que los efectos de la crisis sean descargados sobre sus hombros. La ocasión es propicia para insistir en la comprensión de las causas del descalabro y en el imperativo de obrar en consecuencia con los intereses de los desposeídos, rectificando recientes posturas de conciliación y acomodamiento con las políticas de globalización por parte de miembros de las cúpulas sindicales. Los elementos y corrientes más esclarecidas del movimiento sindical internacional deben pugnar por la tan anhelada coordinación de las luchas a nivel planetario, tal como lo invocara Francisco Mosquera al referirse a la extensión sin fronteras del capitalismo y sus males: “En presencia de un enemigo común, lenguaje común, y lucha común”.

La situación nacional es desesperada

El cuadro nacional no es menos angustioso. El tan mentado blindaje resultó un verdadero fiasco: desplome de la producción industrial, caída del valor y el volumen de las exportaciones, disminución de las remesas, aumento del desempleo y la informalidad, sustancial disminución de la inversión extranjera. Las cifras son demoledoras: en el último trimestre de 2008 la economía decreció en 0.7%, y los primeros reportes de este año así lo ratifican, pues en enero la producción real cayó 4.8%, la producción industrial 10.7%, el comercio 4.5%, las exportaciones 7%, las remesas fueron 13% menos y en febrero se perdieron 266 mil puestos de trabajo. La proyección de crecimiento que el uribismo tenía en 3% para 2009 tuvo que bajarla a un rango de 0.5 a 1.5%, y el ministro Diego Palacio pronosticó una pérdida de 500 mil empleos para 2009, pero en sólo dos meses ya se ha perdido la mitad. En desencajada declaración el ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, admitió que el país disminuirá sus ingresos en 9 mil millones de dólares. Se juntan la recesión mundial con los estragos de 18 años de políticas neoliberales y el menoscabo de la soberanía económica.

La reelección de Uribe está en apuros

En medio de tanto daño a la nación y al pueblo, el inquilino de la Casa de Nariño no renuncia a sus apetencias reeleccionistas. Aparte del cerrado rechazo de la oposición y de los sectores democráticos, a esa pretensión le aparecen cada vez más resistencias: la Conferencia Episcopal ha hecho contundentes declaraciones que reprueban el aferramiento uribista al poder; igual descalificación han expresado varios miembros del empresariado, como el ex presidente de la ANDI y ex consejero presidencial Fabio Echeverri, el Partido Liberal, dirigentes de la coalición de gobierno como Gina Parodi, Marta Lucía Ramírez y el presidente de la Cámara de Representantes, Germán Varón, y los otrora prosélitos de “la seguridad democrática y la confianza inversionista” como Sergio Fajardo, Antanas Mokus y el ex procurador Edgardo Maya.

Si el proyecto de ley de referendo reeleccionista supera los escollos de su aprobación en comisión y plenaria del Senado, la conciliación con la Cámara y el control de la Corte Constitucional, los anhelos uribistas se toparán con el repudio popular que han suscitado las actuaciones autoritarias y delictivas de su administración y los pésimos resultados económicos para las masas y los sectores productivos. Pero no es todo: la escandalosa cantidad de parlamentarios uribistas implicados en la parapolítica; el no cerrado capítulo de la Yidispolítica, a pesar de la descarada absolución del nuevo procurador a los ministros Diego Palacio y Sabas Pretel; la extradición a Estados Unidos de la cúpula del paramilitarismo para ocultar la verdad y burlar la justicia y la reparación, lo que con gran acierto el senador Jorge Enrique Robledo popularizó como el tapen tapen; la oscura procedencia de los recursos para la recolección de firmas para el referendo reeleccionista y la violación de los topes; las presiones al poder judicial para obtener fallos favorables a los intereses del Ejecutivo, en claro rompimiento de la separación de poderes, regla de oro del estado de derecho; las criminales prácticas de los falsos positivos, que llevaron a que varios parlamentarios gringos cuestionen a los generales Mario Montoya y Jorge Daniel Castro; consejeros y muy altos funcionarios del Estado implicados con la pirámide DMG y acusados de reunirse en Palacio con paramilitares y narcotraficantes; las escabrosas andanzas del DAS y el repudiable aniquilamiento físico de sindicalistas, son algunos de los escándalos en que está inmerso el gobierno nacional. Es aberrante la toma y manipulación de las ramas del poder y el rompimiento flagrante de la democracia.

No menos insultante para la dignidad nacional es la reiterada injerencia del embajador de los Estados Unidos en asuntos de hondo calado en nuestro país, con el despliegue complaciente de los medios de comunicación. Pudiéramos decir que no hay asunto de la vida nacional al cual no haga referencia ni acto protocolario al que no asista, y las más de las veces como orador central para favorecer a su adelantado servidor, Álvaro Uribe.

Este cúmulo de hechos nos exige alentar la resistencia contra Uribe o cualquier testaferro que pretenda imponer en su remplazo. El contexto nacional e internacional son desfavorables para él y su política; hay muestras de desgaste y desmoronamiento de la coalición de gobierno; son numerosos los reveses en la aprobación del TLC con Estados Unidos, la erradicación de cultivos ilícitos, la desmovilización de los paramilitares, la derrota de las guerrillas, y es creciente el deterioro de su imagen internacional y de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela y Ecuador.

El Polo, la única opción de cambio

Por otro lado, el Polo Democrático Alternativo, PDA, ratificó en su II Congreso el rumbo de izquierda, reafirmó sus normas de funcionamiento con base en la aplicación de la democracia y descartó las invitaciones a rebajar el Ideario de Unidad para ir a las llamadas “posiciones de centro” frustrando las ilusiones de quienes le apuestan a la cooptación o la división. El Polo está en condiciones inmejorables de convocar y presidir una gran convergencia contra las pretensiones reeleccionistas de Álvaro Uribe, incluida la promoción de la abstención activa al referendo, si su trámite se concreta. El Polo debe presentarse ante el país como la única opción real de cambio, como la propuesta verdaderamente alternativa que puede restablecer la democracia, ganar la paz y recobrar la soberanía nacional, condiciones sin las cuales Colombia no podrá alcanzar niveles ciertos de desarrollo y bienestar. Se requiere sí, y con prontitud, darle aplicación a lo aprobado por unanimidad en el II Congreso sobre la selección del candidato presidencial del Polo, quien deberá ponerse al frente de la lucha contra la reelección, y emprender con gran despliegue organizativo y propagandístico la campaña del año 2010.

A las distintas tendencias del Polo nos corresponde desplegar sin reservas la más agresiva cruzada de vinculación del Partido a las masas populares y la búsqueda de entendimientos con los sectores sociales que padecen las políticas de Uribe y el imperialismo. La extensión del Polo y su arraigo en la población dependen de la efectividad con que sus militantes se pongan al frente de las movilizaciones y justos reclamos que hoy brotan a lo largo y ancho de la nación. No debe quedar municipio, barrio o vereda de Colombia que no cuente con un contingente organizado del PDA que presida la lucha reivindicativa, confronte la reelección uribista y acreciente los apoyos para nuestro candidato a la Presidencia de la República. Igual actitud se deberá asumir en las organizaciones sociales, comenzando por los sindicatos, las asociaciones estudiantiles, culturales, étnicas, agrarias, de servicios públicos domiciliarios, ambientalistas, barriales, entre muchas otras.

Acojamos con entusiasmo el llamamiento que hiciera en vísperas del I Congreso del PDA, nuestro querido dirigente y conductor Héctor Valencia: “Sin formas de organización y funcionamiento sólidas y eficaces, las entidades políticas no sólo no alcanzan las metas que persiguen sino que quedan sometidas a sufrir un continuo desgaste. Y ya se sabe que la fragilidad en política es una condición insostenible, pues implica un riesgo constante de parálisis o de franca disolución. En primera instancia, el PDA, que predica la instauración de una nueva y verdadera democracia en Colombia, debe crearse un ejemplar y gratificante ambiente democrático interno, que permita al conjunto de sus miembros desplegar su iniciativa y capacidad en el cumplimiento de sus actividades políticas; un ambiente que posibilite la captación hacia sus huestes de miles y miles de colombianos de bien, que soportan ora la pesadilla del despojo y la superexplotación que los sume en la pobreza y miseria, ora la siega de su espíritu industrioso, ora el marchitamiento de todo empeño empresarial nativo”.

Honramos la memoria de Felipe Mora (1944-1999)

El 7 de abril, en la sede del Polo Democrático Alternativo, en Medellín, se conmemoraron 10 años del fallecimiento del compañero Felipe Mora. En la mesa principal del sentido acto aparecen Gustavo Triana, Jorge Enrique Robledo, Jorge Gómez, Germán Reyes, Rodrigo Saldarriaga, Jorge Salgado, y Elvia, Felipe y Andrés, esposa e hijos del desaparecido camarada.

Al lado de Francisco Mosquera y Héctor Valencia, Felipe vigiló lo que con igual celo debemos hacer hoy los polistas, el rumbo de izquierda de la organización. Gustavo Triana, en los 10 años de fallecimiento de Felipe, dijo: “Enseñó dando ejemplo: vida sencilla y trabajo duro, alejado de burocratismos y vicios, sin apego a bienes materiales, marcando la pauta en la realización de las tareas, desde repartir la chapola y pintar las consignas hasta las más complejas responsabilidades de dirección partidaria y de relación con otros sectores políticos y sociales, todo lo contrario a la pereza, el burocratismo y el pesimismo, esas conductas que conducen a la perdición a los buenos cuadros. Exhortemos a la militancia a emular la ejemplar vida de Felipe Mora y a que, como sabiamente lo señalan las masas populares cuando de aprender y hacer se trata, a que se metan al barro. En lo que a nuestra tendencia dentro del Polo corresponde, ninguno está exceptuado de cumplir este llamamiento”.

EL POLO IRÁ A LA SEGUNDA VUELTA

Tribuna Roja. Doctor Gaviria, ¿cuál es su visión de la situación política?

Carlos Gaviria Díaz. Cada vez veo más complicada la reelección de Uribe. Encuentro, sin embargo, que después de la reunión de Cambio Radical, en la que Vargas Lleras fue derrotado, la vía del referendo parece ser la que adopte el uribismo para la reelección. Pero es una vía bastante espinosa. Un referendo encaminado a facilitar la reelección no alcanzará el umbral que la Constitución exige y, por tanto, va a posibilitar la alianza de muchas fuerzas antirreeleccionistas. El POLO tiene una bella oportunidad de reafirmarse como la primera fuerza de oposición y, sin hacer cálculos demasiado alegres, creo que cualquiera que sea el candidato podemos llegar a la segunda vuelta.

TR. El empecinamiento de Uribe en la reelección ¿producirá disensiones en el uribismo?

CGD. Pensado que el debilitamiento del uribismo podía venir por el lado de Cambio Radical, porque es evidente que Germán Vargas Lleras tiene interés en ser el candidato de esas fuerzas, pero ya quedó claro que no va a serlo. No obstante, a pesar de que parece consolidarse el bloque de Uribe, la derrota del referendo es viable.

TR. Pero Uribe ya tiene a sus alfiles, Arias, Juan Lozano, Restrepo, José Obdulio, cohesionando las huestes.

CGD. Está preparando la elección de un Congreso que apoye su proyecto de seguridad democrática, cualquiera que sea quien lo encarne, él o alguno de los candidatos que designe o que reciba su guiño. Esa es la tarea que les ha encomendado.

TR. ¿Ve dividido al uribismo en la próxima campaña?

CGD. Creo que sí, en especial porque no va a contar con el apoyo del conservatismo. Cada vez es más probable que este lance su propio candidato, lo que le hace bastante mella al frente uribista, que tenía en ese Partido un bloque muy importante.

TR. Y los sectores intermedios, Fajardo, Mockus, el mismo Partido Liberal, ¿cómo los ve?

CGD. Veo pocas posibilidades de coalición entre los sectores independientes y los partidos tradicionales. Fajardo impulsa un proyecto propio y no creo que ceda en su empeño de tratar de llegar a la Presidencia. Pero me parece que, en general, los proyectos suprapartidistas van a resultar bastante insignificantes en la contienda del año 2010.

TR. ¿Qué tanto va a incidir el tema de la seguridad democrática?

CGD. El POLO sabe que cualquier partido, sea de derecha o de izquierda, debe tener un proyecto de seguridad ciudadana, coherente, consistente y sólido, pero muy distinto al del presidente Uribe, porque no puede haber seguridad democrática dejando de lado el contenido por excelencia de la democracia, que son los derechos humanos. Es evidente el deterioro tan grande de los derechos humanos durante la vigencia de esa estrategia. Un fenómeno tan aberrante como el de los falsos positivos, que no son otra cosa que asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública e íntimamente vinculados a políticas como la de las recompensas o los premios por dar de baja o capturar al enemigo, no resiste un análisis serio, y eso debe ponerlo el Polo de presente, mostrando que la seguridad tiene que concebirse de una manera muy diferente. En la pasada campaña hablamos de seguridad integral. El nombre está para el debate, pero me parece que el rótulo se corresponde con la realidad, pues la inseguridad es generada por factores sociales como la pobreza y la inequitativa distribución de la riqueza y, por tanto, la materialización de los derechos económicos y sociales para todos los ciudadanos es elemento esencial de una política de seguridad integral, en la que, desde luego, también la fuerza pública cumple una tarea, pero sin la preponderancia que le ha atribuido el proyecto de Uribe.

TR. Pero el comisionado de Paz salió premiado en los medios de comunicación con una corona de laurel.

CGD. Lo que pasa es que el proyecto de Uribe, bastante coreado por los medios, nos ha llevado a confundir la realidad con la percepción que de ella se tiene. Se ha querido enviar a la ciudadanía el mensaje de que Colombia está en paz, cuando distamos mucho de haberla alcanzado. Con el proyecto de Uribe la paz está cada vez más lejana, porque quienes pensamos que la vía más segura para la paz es el diálogo y las conversaciones, percibimos que se ha profundizado la brecha entre los grupos alzados en armas y el gobierno, y que jugársela toda a la derrota militar es una insensatez. Una victoria así será bastante costosa para el país. Y mientras Uribe y su proyecto estén en el poder, no va a ser posible explorar la vía más expedita y civilizada para lograr la terminación del conflicto.

TR. ¿Todavía está vivo el paramilitarismo?

CGD. Desde luego. También hace parte de la estrategia del gobierno mostrar fenómenos como no son, u ocultarlos. Ni el más candoroso de los colombianos piensa que se acabó el paramilitarismo. Se ha metamorfoseado, que es distinto, y ha tomado distintas formas, que lo hacen más difícil de detectar, pero sigue vivo y coleando. Y tal como está, es mucho más peligroso que antes, cuando se percibía con facilidad.

TR. ¿Debe el POLO, para mejorar su perfil ante la opinión pública, incorporar elementos de la seguridad democrática?

CGD. La estrategia del POLO no debe consistir en mejorar su perfil adoptando propuestas similares a las de Uribe. El POLO, como partido nuevo y con una propuesta por completo distinta, tiene que explicarla en todos sus alcances y mientras más diferenciada esté de la política de Uribe, tanto mejor. Lo que sucede es que tenemos que hacer una tarea de fuerte pedagogía, mostrándole a la gente cuál es la verdadera situación del país, qué es lo que nosotros pretendemos superar y qué lo que no se ha superado con el proyecto de Uribe. La lucha por influir en una opinión pública bastante manipulada no es tarea fácil. Pero no creo que debamos hacer la concesión de mostrarnos parecidos a Uribe para ganar votos.

TR. Se ha anunciado que Colombia estaría dispuesta a acoger en su territorio una base militar norteamericana cuando sea desmantelada la base de Manta, en el Ecuador ¿Usted qué opina?

CGD. Es pertinente traer a colación las declaraciones del vicepresidente Santos. En ellas hay a mi juicio elementos muy valiosos para rescatar. Él dice, por ejemplo, que el Plan Colombia debe ser abandonado porque el país está perdiendo una buena parte de su dignidad y yo también lo creo así. Es casi inconcebible que salga de labios del vicepresidente una expresión de esa naturaleza. Al país se le debe mostrar con toda claridad que se ha enajenado la soberanía, que somos un país dependiente y que el rescate de la soberanía tiene que implicar un repudio grande a bases como la de Manta o sucedáneas. Dentro de un mundo globalizado, para bien o para mal, nuestra tarea reside en volvernos hacia el multilateralismo y procurar tener con todos los países muy buenas relaciones, tanto en el plano político como en el económico, siempre en un pie de igualdad y no de sometimiento, como este en el que estamos ahora, un sometimiento que se vería agravado y profundizado si el gobierno colombiano acepta acoger una base militar de Estados Unidos.

La crisis golpeará a Colombia

TR. En la campaña va a tener profunda incidencia la crisis económica. ¿Qué balance hace usted de la crisis financiera y económica mundial?

CGD. Ya desde antes se venía dando la desaceleración de la economía colombiana. En la campaña pasada aludíamos a un hecho que parecía evidente, pero que no tuvo la receptividad que uno hubiera esperado, y era el de la necesidad de cambiar de modelo económico. Estuve recientemente en el Encuentro de Economistas en Cuba, donde se analizaron las causas de la crisis, y la discusión se planteó a fondo. ¿Es una crisis dentro del sistema capitalista o es la crisis del sistema capitalista? Aventurar desde ya un juicio sería precipitado, pero sí hay uniformidad de opiniones en que se debe abandonar el modelo neoliberal y en que el Estado ha de tener cada vez mayor injerencia en la orientación y dirección de la economía.

TR. ¿Qué alternativa plantea frente al modelo neoliberal?

CGD. La tenemos ya bastante elaborada. Debe restituírsele al Estado la capacidad de dirigir la economía y articular la política fiscal y la monetaria. Esta última ha quedado al margen del debate democrático, porque el Congreso nada tiene que hacer ante las decisiones del Banco de la República. Una de las propuestas del POLO es justamente la de acabar la autonomía del Banco de la República, e incluso recurrir a la emisión monetaria, porque es un instrumento básico para poder articular la política económica.

TR. ¿Podrá Colombia sobreponerse a la crisis con las políticas planteadas por Uribe, en especial, la confianza inversionista y los tratados de libre comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea?

CGD. Cuando yo hablaba de que es necesario emprender una tarea pedagógica, hacía referencia a la seguridad democrática y a otros aspectos centrales del proyecto de Uribe, uno de ellos el mito que se creó alrededor de la llamada confianza inversionista. Le hicieron creer a la opinión pública que la política de seguridad democrática había inducido confianza inversionista y que el crecimiento económico, especialmente el del año 2007, muy superior a las expectativas creadas, se debía a la política de la seguridad democrática, cuando está demostrado que la inversión ha venido a Colombia no porque los inversionistas se sientan más seguros, sino porque son tales las ganancias que incluso pueden pagar su propia seguridad. Las gabelas para el capital extranjero han hecho del país un paraíso para los inversionistas y la especulación. Eso hay que mostrárselo a la gente para tomar rumbos distintos: el fortalecimiento del mercado interno, la soberanía alimentaria y la autonomía en la producción de alimentos, que justamente pugnan con los Tratados de Libre Comercio. Ha habido circunstancias políticas afortunadas que han puesto en dificultades al TLC, volviéndolo cada vez más lejano para Colombia, lo que me parece muy conveniente para la producción nacional.

TR. ¿Qué política se aplicaría entonces frente a la inversión extranjera?

CGD. Debemos hablar con claridad. No es posible atraer a los inversionistas con los señuelos con que hasta ahora se los ha privilegiado. Si hay una ley de flexibilización laboral y simultáneamente una ley de seguridad democrática, lo que se está mostrando es una discriminación total contra el trabajo, absolutamente incompatible con un Estado Social de Derecho como el que nosotros defendemos. Se atrae a las inversiones extranjeras diciéndoles: vengan a invertir en Colombia, aquí se pagan los peores salarios del mundo. Y a los inversionistas se les garantizan gabelas exorbitantes, incluidos beneficios tributarios hasta por veinte años, mientras que a los trabajadores se les priva de la remuneración por horas extras diurnas y nocturnas, al menos en la proporción en que las establecía el Código Laboral. Esa política asimétrica en el tratamiento al capital y al trabajo no solo resulta inequitativa e injusta, sino también disfuncional. Si al capital se le continúan dando todos los privilegios y a los trabajadores se les maltrata, se va a acabar la capacidad de demanda y, con ello, se pone en marcha el germen de destrucción del capitalismo, puesto de presente hace mucho tiempo.

TR. Algunos precandidatos evaden un tema medular, que es el del desempleo, y ya estamos con uno de 14%.

CGD. El hilo conductor de una política económica y social como la que defiende el POLO es justamente el de la generación de empleo. Implica desde luego que el Estado recupere la dirección de la economía, estimule la producción nacional y acometa grandes obras de infraestructura, que no solo son necesarias para un país que debe prepararse para la competencia global sino que son también generadoras de empleo.

TR. ¿De llegar al poder, el POLO impondría políticas de empleo como las del New Deal?

CGD. Yo no diría eso. El Nuevo Trato de Roosevelt en Estados Unidos estuvo inspirado en políticas de corte keynesiano y no puede ser revivido, porque las circunstancias son distintas. No creo que sea la solución, pero sí hay algunos ingredientes del keynesianismo que deben ser aprovechados para reestructurar la política económica.

TR. ¿Estima que el país se encuentra blindado frente a la crisis?

CGD. A nadie sensato se le ocurriría eso. Al contrario, si somos una economía dependiente, y dependiente de una potencia cuya economía está desvertebrada, lo que podemos presagiar es que los platos rotos de la economía norteamericana los terminaremos pagando los países del Tercer Mundo.

La situación interna del POLO

TR. ¿El POLO pluralismo salió fortalecido en el después de su Segundo Congreso?

CGD. Estaba haciendo falta un evento de esa magnitud, porque las discusiones pendientes son peores que las que se dan abiertamente. Desde afuera se estaba mirando mucho al POLO y haciendo conjeturas que no correspondían a la realidad. Cuando los verdaderos debates salen a flote y se identifican las diferencias, vamos en camino de superarlas. Me parece importante que Gustavo Petro haya expuesto sus puntos de vista en el Congreso del Partido. Él mismo se encargó de demostrar que la carencia de garantías era un pretexto, no una verdadera razón. Yo soy optimista. Me parece que el POLO salió fortalecido y reforzado. Ha estado construyéndose en la realidad, porque construir un partido es construir institucionalidad. Una democracia moderna sin partidos no puede funcionar. Y en Colombia se está intentando una propuesta alternativa consistente en la alianza de distintas perspectivas de izquierda democrática, y me parece que es una empresa grande, una tarea que no se logra de un día para otro. Es innegable que hemos avanzado bastante en su materialización. Para ganar credibilidad frente al país es preciso mostrar que constituimos un partido moderno y en el que la unidad no equivale a la unanimidad. La unidad tiene que buscarse mediante mecanismos distintos, como la controversia, el debate, el consenso, y, si no es posible el consenso, el acatamiento de la regla democrática básica, que es la aceptación de las decisiones mayoritarias.

TR. Algunos pedían que el POLO adoptara una posición de centro, pero el II Congreso ratificó el carácter de izquierda democrática. ¿Se mantiene su orientación de “sin sectarismos y sin ambigüedades”?

CGD. Yo lo que digo es que el centro es la ambigüedad por excelencia. Si insistimos en “sin ambigüedades”, estamos reafirmando que somos un partido de izquierda y tenemos propuestas de esa misma naturaleza. Cuando me preguntan en qué consiste la propuesta de izquierda, respondo que es ejercer el poder en favor de los sectores más débiles. Lo que ha caracterizado a la izquierda es justamente eso, el tomar partido a favor de los más débiles y proclamarlo sin ningún temor. Si la derecha propone consolidar un sistema como el que hay y lo que la izquierda plantea es cambiarlo para que la exclusión no sea la que prevalezca, entonces el centro lo que termina proponiendo es que todo siga como está, algo con lo que la izquierda no puede conformarse, porque su razón de ser es justamente la sublevación contra el estatus por la vía democrática. Estamos por impedir la reelección, pero sin comprometer el programa ni el carácter del Partido ni su fisonomía. El POLO puede aliarse en torno a un objetivo concreto como el de impedir la reelección, pero sin ceder en lo programático. Incluso César Gaviria tiene toda la razón cuando afirma que el Partido Liberal quiere coaliciones pero sobre la base del programa liberal. Nosotros también queremos hacer coaliciones, pero el eje de ellas tiene que ser nuestro programa.

TR. Se acusa al POLO de ser demasiado radical, doctor Gaviria.

CGD. Los términos se van desgastando. Dicen radicalismo y entonces la gente cree que eso es malo. Ni siquiera en la situación más desesperada se puede renunciar a los propósitos que le dan la razón de ser a un partido como el POLO.

TR. ¿Qué debería corregir el POLO?

CGD. Asimilar suficientemente lo que es la democracia. Que se puede ganar y se puede perder. Hay personas que están dispuestas a seguir en el Polo si sus tesis salen triunfantes, pero plantean retirarse o armar disidencia si quedan perdedoras. A mí me parece que lo que tenemos que incorporar es la filosofía de la democracia. Uno puede resultar vencedor, pero también perdedor. La derrota no puede significar la deserción del Partido.

TR. Se rumora que ciertas decisiones, como la de haber aprobado el cambio de estatutos, no fortalece el pluralismo sino que cercena el debate interno.

CGD. El Congreso no era el escenario más apropiado para discutir y autorizar esas reformas. La mayor parte del tiempo se invirtió, y bien, en ese tipo de debates. Pero debemos creer también en la democracia representativa, pues si bien el Congreso no pudo cumplir la tarea de reformar los estatutos, la delegación en la Dirección Nacional de algunas reformas estatutarias que pueden ser convenientes no me parece que sea antidemocrático. El tiempo se aprovechó bien, y justamente por eso puede uno pensar que los debates que se dieron, así hubieran sido en algún momento un tanto tensionantes, contribuyeron bastante a la consolidación de la unidad.

TR. Una de las principales decisiones del Congreso fue la de ir con candidato propio a las elecciones del año 2010. ¿Qué opina al respecto?

CGD. Es una decisión trascendental. Ir con candidato propio y con un programa elaborado colectivamente por el POLO. Y algo más. Si hemos hablado tanto de las directrices del POLO, de las finalidades, de las metas, lo que hay que hacer es sentarse a concretar el programa, porque las metas están sumamente claras. El programa ya está latente en el Ideario de Unidad.

TR. Si el Congreso aprueba citar a referendo y la Corte lo declara exequible, ¿el POLO va a desarrollar algunas tareas concretas?

CGD. Yo conversé el año pasado con el ex presidente César Gaviria y le hablé de un punto que me parece clave. Si el Partido Liberal y el Polo son reacios a la reelección, parece sensato aunar fuerzas para impedirla, sin que el liberalismo y el POLO comprometan sus propios proyectos. Del II Congreso salió una directriz clara: convocar a todas las fuerzas políticas y sociales que no quieran la reelección a trabajar juntas en función de ese objetivo.

TR. ¿Cuál es su mensaje para el militante de base del POLO?

CGD. Que mantenga su actitud de militancia vigilante. Estar atento a que el Partido, por razones estratégicas o tácticas, no abandone su proyecto. No hay mejor control que el que ejercen las bases, la propia militancia, sobre las actividades de sus directivas y el rumbo general de la organización

Sobre el II Congreso del Polo

Precedido de toda clase de comentarios y declaraciones en los que la derecha colombiana utilizó su gran prensa para incidir en las decisiones a tomar y hacerle eco al juego impúdico de algunos dirigentes del Partido que estuvieron durante meses tras el objetivo de cambiarle el rumbo o dividirlo, el Polo Democrático Alternativo reunió del 26 al 28 de febrero en Bogotá su II Congreso Nacional con la presencia de 1.420 de los 1.500 delegados elegidos democráticamente en todo el país, con representación especial de indígenas, afrodescendientes, LGTB, pueblo ROM y colombianos en el exterior.

Hagamos un recuento de los antecedentes, los hechos y las conclusiones más relevantes de ese magno evento, y difundamos en todos los rincones del país su mensaje de unidad nacional por la democracia y la soberanía.

Preparación amplia y abierta

En el Comité Ejecutivo Nacional, CEN, se venían discutiendo el reglamento, la programación y la metodología a utilizar en las deliberaciones del Congreso. Para tal efecto fueron creadas comisiones preparatorias, a las que podían asistir todos los integrantes del CEN que a bien lo tuvieran. No es cierto entonces, como dijo en los medios el senador Gustavo Petro, que a él se le negó toda oportunidad de intervenir en el proceso organizativo del evento. Participó él y participaron varios de sus voceros, tanto en las discusiones previas como en las del Comité Ejecutivo del POLO, donde fueron sometidas a discusión y aprobación final las propuestas de esa Comisión.

Quizás lo más debatido fue lo de las intervenciones en la plenaria de instalación. El “sector moderado”, como los denomina la prensa, exigía que en esa plenaria hablaran con igual tiempo, además del presidente del Polo, los doctores Lucho Garzón, Gustavo Petro y María Emma Mejía, por ser precandidatos presidenciales, olvidando que el Partido no ha reglamentado ni abierto la inscripción de nombres para esa eventualidad. La Comisión Organizadora y el Comité Ejecutivo aprobaron por amplia mayoría que esa plenaria tuviera una primera sesión con las intervenciones del doctor Carlos Gaviria y de doce de los representantes oficiales de las 35 delegaciones extranjeras, y que en seguida hubiera otra sesión en la que llevara la palabra un vocero por cada una de las doce primeras listas según los resultados de las elecciones internas del 26 de octubre. Después de amenazar por varios días con la no asistencia al evento, se transaron con que el senador Petro hablara primero y no segundo en esa sesión. Las otras propuestas de la Comisión Organizadora fueron aprobadas sin ningún problema.

Plenaria de instalación

Con cerca de dos mil asistentes, entre delegados e invitados especiales, se hizo la instalación. En la primera parte hubo las intervenciones acordadas: del doctor Carlos Gaviria y de las delegaciones fraternales extranjeras, entre las que destacamos a Luis Salvador, senador por Granada del Partido Socialista de España; Obey Ament, del Partido Comunista de Francia; Kjell Arne Arvedson, del Partido Socialdemócrata de Suecia; Jean-Jaques Kourliansky, del Partido Socialista de Francia; Hakki Keskin, del Parlamento Federal Alemán y del partido de la Izquierda Die Linke; Valter Pomar, del Partido de los Trabajadores del Brasil, PT; Fabio Marcelli, del Partido de la Refundación Comunista, de Italia; Paul-Emile Dupre, del Parlamento Europeo; Ricardo Patiño, ministro del Litoral de la Política de la República de Ecuador; un representante del Partido Socialista Unificado de Venezuela y Carlos Antelo, del Partido Comunista de Cuba, así como el saludo oficial del Cobierno de la República Popular China. En la segunda sesión habló primero el senador Petro, de la lista 19, y luego los voceros escogidos por cada una de las otras once listas. Todos abundaron en argumentos sobre las inmensas perspectivas del POLO para ser alternativa de poder frente al desbarajuste del uribismo y la galopante crisis mundial que aumentará el descontento popular contra los graves y viejos problemas que Colombia tiene por resolver. En ese sentido, el senador Jorge Enrique Robledo convocó a encarnar los intereses de las inmensas mayorías nacionales, desechando los cantos de sirena de quienes, con propósitos meramente electorales, invitan a avenirse con políticas uribistas.

El repudio al terrorismo

Como respuesta categórica a los tergiversadores de dentro y de fuera, que de tiempo atrás y mintiendo sin empacho se han dado a la tarea de vincular a los principales dirigentes del Polo con los grupos insurgentes, y a acusarlos de ser conniventes con las tropelías que por años vienen cometiendo esas organizaciones violentas, el doctor Gaviria definió en forma precisa la posición asumida por el Partido: se ha suscrito, dijo, “entre todos los sectores del POLO un acuerdo intangible e irrevocable: queda proscrito el empleo de las armas, o la adhesión a quienes las emplean, en la búsqueda de las hondas transformaciones que a nuestro juicio requiere la sociedad colombiana”.

Y agregó: “Lo establecido en el artículo 2 de nuestros estatutos, que en otro país o bajo otras circunstancias resultaría superfluo, entre nosotros cobra renovada vigencia pues las FARC y las demás organizaciones guerrilleras supérstites persisten en los genocidios, en los secuestros y en los más atroces crímenes de guerra, y de lesa humanidad, en función de propósitos brumosos que, por la forma como se buscan, ninguna persona de bien podría rescatar como altruistas”…“La guerrilla, digámoslo con claridad, con sus secuestros, genocidios y demás crímenes universalmente repudiados, ha abonado el terreno donde hoy florece un gobierno narcisista y mesiánico que por eso mismo necesita de ella para perpetuarse”.

Condenó, además, al gobierno porque “siguiendo los mismos caminos tortuosos de su contraparte, y mediante actos horrendos al margen de la moral y el derecho, se obstina en que en función de su política de seguridad todo se vale, incluso los `falsos positivos´, expresión eufemística usada para no llamar por su nombre los atroces asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública”.

El POLO frente al uribismo

Deslindando campos con quienes se oponen a una nueva reelección de Álvaro Uribe Vélez pero son condescendientes con quienes no ven mal buena parte de las políticas de éste, señaló: “Al proyecto del uribismo debemos oponernos con toda la fuerza dialéctica, pedagógica y democrática de que seamos capaces, condúzcalo quien lo conduzca, porque en él Uribe puede ser la cabeza más visible, pero hay a su lado pintorescos clones o caricaturas suyas, ansiosos de empuñar las mismas impúdicas banderas”.

Explicó que en contraposición al uribismo se debe impulsar un programa sólido, construido colectivamente en el marco del Ideario de Unidad, entre otros, con los siguientes puntos:

1. “Un cambio de modelo económico, que se compadezca con la necesidad de materializar y universalizar los derechos sociales fundamentales (salud y educación en primerísimo lugar…hoy la urgencia de abrogación del modelo neoliberal resulta corroborada por hechos de dimensiones mundiales”. Devolver al Estado la orientación de la economía.

2. Reforma al campo, que parta de la elemental exigencia de restituir a los desplazados la tierra de que han sido despojados brutalmente por los grupos armados irregulares y sus aliados, “los señores de la guerra”. Y “una revisión responsable, desde una óptica social de equidad de la ley 1152 de 2007, conocida como estatuto rural, y la implantación de un sistema impositivo que permita gravar progresiva y significativamente los feudos ociosos, que respete sin reservas los resguardos y las tierras sagradas de las comunidades indígenas y de los afrodescendientes y que haga de la defensa del ecosistema y de nuestra biodiversidad una meta prioritaria”.

3. Reforma tributaria estructural que satisfaga a plenitud el principio de progresividad establecido en la Constitución, como instrumento fiscal y, en primer término, como mecanismo redistributivo.

4. Política de pleno empleo con ingresos dignos para los colombianos como producto del ejercicio de un derecho y no conllevar una existencia precaria y miserable con limosnas repartidas por el caudillo a modo de favores que han de ser electoralmente retribuidos. Y restituir al trabajo y a los trabajadores la dignidad que les ha sido usurpada mediante leyes denominadas de flexibilización laboral mientras a los grandes inversionistas se les brindan toda clase de seguridades económicas y jurídicas.

5. Política de verdadera seguridad ciudadana que ratifique el derecho y el deber del Estado de ejercer la fuerza, que por definición es monopolio suyo, y el empeño de combatir a los grupos armados al margen de la ley, a la vez que garantiza el respeto escrupuloso de los Derechos Humanos y crea espacios idóneos para buscar soluciones políticas al conflicto armado.

6. Recuperar la soberanía del Estado, enajenada sin escrúpulos por el proyecto uribista, y reivindicar el ejercicio soberano del poder para rescatar la dignidad nacional.

Nuestro anhelo es alcanzable

Especial importancia brindó a las experiencias de varias naciones y pueblos de América Latina en los últimos años: “La conformación de gobiernos de izquierda democrática en América Latina tiene que ser ejemplo de que nuestros propósitos no son quiméricos. Que en Ecuador, Brasil, Venezuela, Bolivia, Uruguay y Paraguay, Chile y Argentina organizaciones y partidos políticos progresistas, con el apoyo decidido y valeroso de movimientos sociales populares, hayan llegado al gobierno con el proyecto inabdicable de construir sociedades democráticas, es un hecho que muestra de modo contundente, que la materialización de nuestro anhelo es ardua y desafiante pero alcanzable”.

Fue una forma pedagógica de decirles a los polistas que los peligros son grandes pero no desesperantes; que aunque las tareas son difíciles pues tenemos enemigos implacables y sin escrúpulos, lo que importa es estar seguros de que nos “atreveremos” a vencer; que si extirpan del cerebro todo lo que sea expresión de flaqueza o de impotencia, no se necesita buscar en otras partes lo que en el POLO se tiene.

No a la conciliación

El doctor Gaviria llamó al trabajo conjunto “con quienes compartan nuestro proyecto pluralista y pluriculturalista, incluyente, en el cual los derechos se universalicen y se materialicen, para que la comunidad que conforma el pueblo pueda ser beneficiaria de las ventajas que se derivan de una vida social civilizada y disfrute de un bien tan apetecible como la libertad, que hoy, sin duda, es privilegio de una élite afortunada”.

Pero precisó: “En lo que no podemos incurrir es en la contradicción de afirmar que también son bienvenidos quienes tienen proyectos contradictorios con el nuestro, pues esto equivaldría a aseverar que también son del POLO los que no son del POLO…He visto con preocupación que en ocasiones a la coherencia se la anatematiza como fundamentalismo”…”A quienes tienen proyectos diferentes al nuestro, o incluso opuestos a él, les extendemos la invitación amistosa a someter nuestras propuestas al veredicto popular sobre un acuerdo esencial e inamovible: el respeto más riguroso a las reglas que hayamos convenido, y el acatamiento a los resultados que se obtengan como culminación de un proceso intachable”.

Sin ambigüedad marcó en qué lado debe estar el POLO: “Hemos decidido que nuestra causa es la de los débiles, los marginados, los excluidos, las víctimas del conflicto, los desplazados –dentro y fuera de Colombia– y los que con mayor o menor conciencia del rumbo que lleva el país, tienen que sumarse a nuestra lucha dirigida a erradicar la miseria, a reducir la pobreza y a garantizar que no haya una sola persona excluida de la educación, de la salud, de la vivienda digna y de la alimentación congrua. Por eso los sindicatos, todos los trabajadores campesinos y urbanos, los maestros, los servidores de la justicia, los servidores públicos, los empresarios industriales y agrícolas relegados por el gran capital transnacional, que el gobierno protege por encima de los intereses nacionales, tienen que encontrar en el Polo Democrático Alternativo el partido que interprete sus necesidades y haga valer sus propósitos, como ingrediente indispensable para la construcción de una sociedad democrática, meta que sintetiza y justifica nuestra lucha”.

Búsqueda de acuerdos

Desde tiempo atrás, pero especialmente en los tres días del Congreso, las distintas tendencias políticas del POLO estuvieron buscando acercamientos sobre los principales temas: posiciones frente al gobierno, análisis de la crisis mundial, reforma de estatutos, ajustes al Ideario de Unidad, ratificación del rechazo al terrorismo y a la lucha armada como instrumentos para dirimir conflictos políticos, mecánica sobre selección de candidato presidencial del POLO.

Lo paradójico es que mientras el senador Petro llamaba a sus amigos a retirarse del Partido si no se satisfacían sus exigencias, el sector mayoritario del Congreso hacía los máximos esfuerzos para mantener la unidad organizativa, hasta el punto que en la plenaria final fueron aprobadas por unanimidad varias decisiones importantes: a). El POLO tendrá candidato propio a las elecciones presidenciales de 2010. b). La Dirección Nacional definirá el programa presidencial y los mecanismos de selección, incluyendo la consulta ciudadana abierta, si hay más de un candidato que llene los requisitos. c). Promover un gran acuerdo en contra del propósito de Álvaro Uribe de modificar nuevamente la Constitución para reelegirse. d). Reformar los estatutos bajando de 80% a 60% la mayoría calificada para decisiones especiales. e). Facultar a la nueva Dirección Nacional para hacer otras reformas estatutarias que considere convenientes.

Y si hubo de definirse por votos la designación de presidente y secretario general del Partido, los doctores Carlos Gaviria y Carlos Bula, una de las decisiones más importantes para cualquier organización, fue porque el senador Petro se empeñó en ello. Se aplica aquí un bello proverbio oriental: “Aunque el árbol prefiere la calma, el viento no deja de soplar”.

Compromiso político

“Yo ya he cumplido, bien o mal, mi ciclo dentro del Polo Democrático Alternativo. Alguien debe relevarme en la Presidencia y otra persona distinta de mí debe asumir la candidatura del Partido en las próximas elecciones presidenciales”. Esta frase del doctor Carlos Gaviria fue tomada fuera de contexto por Petro y algunos de sus amigos ocasionales, tanto para hacer sus cálculos electorales en el transcurso del Congreso como para sus desfogues posteriores a éste. Se llegó a hablar de falta de ética del doctor Gaviria.

Pero si alguien lee o escucha de nuevo el memorable discurso encontrará que él también dijo: “Ratifico mi lealtad al Partido cumpliendo el rol que las bases del POLO y las instancias competentes me asignen, que espero sea el que más anhelo, el de soldado sin galones”. La mayoría de los delegados le dijeron que verdaderos capitanes hay muy pocos, y que por tanto debía continuar como presidente del Partido.

Final a manera de guasa

El Espectador, uno de los medios más activos en sus desinformaciones sobre el POLO, publicó el 6 de marzo, en su página 6: “El senador Petro sigue insistiendo en que su lucha en el Polo Democrático Alternativo terminó”. Pero más adelante el senador agrega: “No me voy del POLO porque no quiero que miles de militantes entren en la disyuntiva de tener que salirse del partido”.

Como colofón podemos recordar la célebre copla: Esto dijo el armadillo subido en la palma de coco: Ni me subo ni me bajo ni me quedo aquí tampoco.

Obama, el hombre preciso para la política imperialista

La oposición de Obama durante la campaña electoral a algunas de las medidas más conservadoras y dictatoriales de Bush produjo en los medios de prensa y los ciudadanos del mundo la esperanza de un cambio sustancial en el manejo de la política norteamericana. Esta percepción fue reforzada por algunas de las primeras medidas tomadas a partir del día de su posesión, tales como el cierre programado de la cárcel de Guantánamo, la libertad para la investigación y la experimentación con células madre, el alivio de las medidas extremas en contra de Cuba, y la presión para la retirada de Irak, así estas dos últimas sean bastante discutibles en sus alcances.

Pero tras el oropel y el entusiasmo que rodea a Obama, tenemos que entender que se trata de un típico caso de gatopardismo, entendido como la necesidad de que algunas cosas secundarias cambien y se adapten para que lo esencial siga igual. Obama fue escogido como presidente de Estados Unidos porque era la mejor carta para el capital financiero, las multinacionales y el aparato militar en su propósito de continuar la expoliación sobre los países del mundo. Tres son los argumentos que nos permiten hacer esta aseveración: la conformación de su gabinete de gobierno, las medidas que ha empezado a tomar en el terreno de la geopolítica internacional, y las decisiones adoptadas frente a la crisis financiera global. Veámoslas:

A. Un presidente electo que pretende hacer reformas profundas al Estado y al gobierno nombra un gabinete que secunde sus propósitos. Pero el de Obama es un gabinete de halcones que en su inmensa mayoría estuvieron de acuerdo y apoyaron la agresión contra Irak. Lo encabezan Robert Gates, secretario de Defensa, heredado del gobierno Bush, y Hillary Clinton, quien en las primarias no tuvo inconvenientes en amenazar con “arrasar” a Irán si se atrevía a atacar a Israel. El sector económico ha sido encargado a experimentados cuadros neoliberales del gobierno de Bill Clinton, que hicieron escuela además en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial (BM) ayudando a diseñar el modelo de desregulación del sistema financiero que ha concluido en la crisis actual, y en cuyas manos se encuentra ahora el diseño de la salida a la debacle que ellos mismos ayudaron a crear.

B. La decisión de respaldar incondicionalmente la política de agresión del gobierno de Israel contra el pueblo palestino, incluido su silencio frente al genocidio de Gaza ocurrido en el mes anterior a su posesión, y su propuesta de campaña de que Jerusalén unificada sea la capital de Israel; la programación del retiro de las tropas norteamericanas de Irak sin aclarar qué va a suceder con las 12 o más superbases militares y la fortaleza-ciudadela de la Embajada, ocultando el designio de mantener allí importantes destacamentos militares que garanticen su control del país y de las segundas reservas petroleras del planeta; la determinación de aumentar las tropas estadounidenses en Afganistán, país clave en la batalla por mantener la hegemonía mundial, la cual se decidirá básicamente en el Medio Oriente y Eurasia, acompañada con bombardeos indiscriminados contra las zonas tribales de Pakistán donde presume se ocultan Bin Laden y Al Qaeda; su empecinamiento en avanzar en el cerco de Rusia y China a las que considera sus oponentes en la conquista del control global; el apoyo al mantenimiento del gigantesco ejército con más de dos millones de soldados, desplegado en 823 bases a nivel mundial a lo largo del llamado arco de inestabilidad de las regiones petroleras, así como al desmesurado presupuesto militar que pasó entre 2003 y 2008 de 400 mil a 700 mil millones de dólares, además de su respaldo al complejo militar industrial. Todos estos hechos demuestran a las claras la vocación imperialista de hegemonía mundial y su apuesta al uso de la fuerza militar allí donde sea necesario para asegurar el saqueo de los recursos de los países bajo su dominio.

Un ejemplo más de esta política está reflejado en su reacción de gendarme global frente a la prueba de un cohete de alcance intercontinental que la República Democrática de Corea probó en días pasados con la intención de poner en órbita un satélite de comunicaciones. Una vez más se devela que los que pueden desarrollar cohetes y armas atómicas son los Estados que secundan sus planes de dominación, como es el caso de Israel o Pakistán o los que Estados Unidos no controla, como Rusia, China o India. A los demás los amenaza y agrede con sanciones y bloqueos económicos.

Aunque Obama ha sido forzado por el fracaso en dos guerras coloniales simultáneas y por la crisis que golpea su estabilidad económica, a cambiar su forma de relacionarse con las demás potencias de la OTAN, que habían sido relegadas por Bush, la geoestrategia imperialista seguirá su implacable curso.

C. Frente a la crisis del sistema financiero desatada por el estallido de la burbuja hipotecaria, ya durante los meses finales del gobierno de Bush se habían implementado dos planes de salvamento, con el apoyo demócrata. Uno por 700 mil millones de dólares para ayudar a la banca principalmente y otro por 800 mil millones, de los cuales 600 mil fueron a respaldar a los bancos en sus créditos hipotecarios y 200 mil para créditos de consumo. Estos planes no pueden ocultar el hecho de que fueron dirigidos al salvataje del sistema financiero, socializando las pérdidas. El Plan propuesto por Obama se dedica fundamentalmente a incentivar y apoyar los capitales privados para la compra de paquetes de activos tóxicos de los bancos.

En la reunión del G20 las medidas tomadas se orientan en la misma dirección. Una inyección de 1,1 billones de dólares a la economía mundial a través fundamentalmente del FMI y el BM; un comienzo de regulación del sistema financiero, enfatizando que no se trata de crear una entidad internacional que lo controle; algunas reglas para las calificadoras de riesgos y los fondos de inversión, y una lista negra de paraísos fiscales que no colaboren con las reglas internacionales. Por último, tratar de reflotar las negociaciones de la Ronda de Doha para flexibilizar el comercio internacional.

Tanto las decisiones internas de Estados Unidos como las de la Cumbre están orientadas a fortalecer el sistema financiero para evitar la quiebra de los principales bancos a nivel mundial, restaurar la situación anterior a la crisis con promesas de regulación, saboteadas o minimizadas por quienes propiciaron la desregulación del sistema financiero, la privatización a ultranza de las empresas públicas, la imposición del libre mercado y la producción para la exportación en desmedro de los mercados internos. La instauración del FMI como banco de última instancia para el salvamento de los países en peligro de bancarrota e incumplimiento, es una bofetada a los países del Tercer Mundo que han estado bajo la férula de esta entidad y sus famosos condicionamientos neoliberales para el otorgamiento de créditos. Se trata, en última instancia, del salvataje del sistema financiero imperialista a nivel mundial.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió en su novela El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Barack Obama ganó la Presidencia de Estados Unidos porque es el hombre preciso para sustituir el fundamentalismo de Bush y hacer los cambios secundarios necesarios para que la política imperialista pueda continuar su pugna por la hegemonía mundial y la expoliación de los países sometidos a una recolonización sin atenuantes.