TRIUNFO DIPLOMÁTICO CHINO

Cuando el pasado 16 se conoció en el mundo entero el comunicado expedido en Pekín, a nombre de los gobiernos de la República Popular China y de los Estados Unidos, por Chou En-lai, primer ministro chino, y Henry Kissinger, enviado especial del presidente Nixon, a muy pocos se les escapó la sensación de que China había ganado una victoria de primer orden en el plano de la política internacional.

“El Primer Ministro Chou En-lai y el doctor Henry Kissinger, asistente del Presidente Nixon para los asuntos de seguridad nacional, – dijo textualmente el anuncio -, sostuvieron conversaciones en Pekín del 9 al 11 de julio de 1971.

“Sabiendo del deseo expresado del Presidente Nixon de visitar la República Popular China, el Primer Ministro Chou En-lai, en nombre del Gobierno de la República Popular China, ha extendido una invitación al Presidente Nixon a visitar China en una fecha apropiada antes de mayo de 1972. El presidente Nixon ha aceptado esta invitación con placer.

“La entrevista entre los dirigentes de china y los Estados Unidos es para buscar la normalización de las relaciones entre los dos países y también para hacer el intercambio de puntos de vista sobre los problemas que interesan a ambas partes”.

CONFESIÓN DE UN FRACASO

En efecto, el hecho de que Nixon pidiera viajar a Pekín y normalizar las relaciones entre China y Estados Unidos significaba ante todo admitir el fracaso de la política seguida por los yanquis desde 1949 en Asia y contra China, política planificada y ejecutada con el objetivo central de aislar y destruir la revolución triunfante encabezada y dirigida por el camarada Mao Tsetung.

Como señala acertadamente un periodista europeo ” después de ese 17 de junio de 1950 en que el presidente Truman hizo desembarcar sus tropas en Taiwán y declaró que él no reconocería jamás a la China comunista, cuatro administraciones sucesivas de los Estados Unidos lo han hecho todo para hostilizar, aislar y derrocar el régimen de Mao Tsetung. Para ello han recurrido al bloqueo económico, a los chantajes diplomáticos, etc., y las intervenciones militares de los Estados Unidos en Asia – guerra de Corea, guerra de Indochina – no se pueden comprender sino dentro del marco de tal “obsesión antichina”.

El hecho de que fuera Nixon el autor del viraje, el mismo Nixon que de 1949 en adelante cobraba gran notoriedad como “héroe” macartista con ataques iracundos contra quienes habían “perdido a China para los Estados Unidos” y el mismo que en su campaña electoral para la presidencia en 1960 (en la que fuera derrotado por Kennedy) vociferaba que “la menor concesión a los comunistas chinos estimularía su belicosidad y pondría en peligro la seguridad de los Estados Unidos”, no venía sino a darle un toque de irónico dramatismo a la quiebra de las ilusiones de un líder del imperialismo frente a los embates implacables de las fuerzas dinámicas que imponen las realidades en la historia.

China, después de sus gigantescas conquistas en la construcción de su economía, de su cultura y de su defensa nacional y de liquidar a los traidores revisionistas infiltrados en el partido y en el gobierno, seguía avanzando en su gran ofensiva diplomática para darle mayor desarrollo a la lucha de clases a escala internacional, al abrir relaciones con todos los países del mundo dentro de los cinco principios de la coexistencia pacífica formulados por ella taxativamente en 1954 y lograr el reconocimiento y el respeto de sus derechos nacionales.

EXIGENCIAS CHINAS

Días después del comunicado, hablando el 19 con un grupo de intelectuales, “todos norteamericanos y todos característicos del núcleo creciente de intelectuales de los Estados Unidos que simpatizan poderosamente con el experimento maoísta de China”, según tuvo que reconocer la revista yanqui “Time”, Chou En-lai determinó las condiciones chinas previas a la normalización de las relaciones de gobierno a gobierno entre China y los Estados Unidos. Según la versión taquigráfica dada por los visitantes, el Primer Ministro Chou declaró:

 Sea en los Estados Unidos o en el exterior, creemos que la mayor exigencia es para que los Estados Unidos retiren sus tropas de Vietnam y de toda indochina. Y las tropas que han seguido a los Estados Unidos a Indochina también deberán ser evacuadas.

 Y por lo tanto, creemos que la cuestión que primero debe resolverse tiene que ser la de Indochina. Al proceder así, satisfaremos no sólo los intereses del pueblo indochino, sino también del pueblo norteamericano.

Agregan las fuentes noticiosas que “una vez que quede decidido lo referente a la situación de Vietnam, Laos y Camboya”, Chou En-lai enumeró estos requisitos para la normalización de las relaciones entre su país y los Estados Unidos:

 Primero: Debe reconocerse que el gobierno de la República Popular China es el único y legítimo gobierno del pueblo chino.

 Segundo: Taiwán es una provincia china y parte inalienable de su territorio.

 Tercero: La llamada teoría de que la situación de Taiwán no ha sido resuelta es absurda.

 Cuarto: Nos oponemos a la política de las “dos Chinas” y a la de “una China y un Taiwán”, así como a cualquier política similar. Si una situación de ese tipo se pretende imponer en las Naciones Unidas, no ingresaremos.

 Quinto: Nos oponemos categóricamente el llamado “Movimiento independentista de Taiwán”, debido a que el pueblo de la provincia de Taiwán es chino. Además, ese “movimiento” no es autóctono, pues está manipulado por fuerzas extranjeras.

 Sexto: Los Estados Unidos deben retirar todas sus fuerzas militares de Taiwán y de los estrechos vecinos.

Chou En-lai enfatizó además que el tratado de los Estados Unidos con la camarilla de Chiang Kai-shek en Taiwán es “ilegal, nulo y vacío”.

ALGUNAS REPERCUSIONES

Las implicaciones inmediatas del sensacional acontecimiento no tardaron en manifestarse. Rápidamente se dio por asegurado el ingreso de China a las Naciones Unidas, con puesto permanente y derecho de veto en el Consejo de Seguridad, y la correlativa expulsión o retiro “voluntario” del “delegado” de la camarilla de Chiang Kai-shek, sostenida en esa organización de la manera más ilegal y atrabiliaria durante más de 20 años por el gobierno yanqui y sus títeres.

La presencia de China en la ONU será un obstáculo para que esta organización siga siendo manejada al antojo de las dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética, las cuales, coludidas para el reparto y dominio del mundo, la han utilizado en sus propósitos contrarrevolucionarios. El derrocamiento del gobierno de Patricio Lumumba en el Congo debido a la intervención de las tropas de la ONU y los acuerdos tomados en el consejo de seguridad sobre el Medio Oriente que mantienen, directa e indirectamente, a Israel en los territorios usurpados a Siria, la RAU y Jordania, no son más que ejemplos sacados del siniestro historial de la colaboración yanqui – soviética en la organización mundial.

Para el ultrarreaccionario gobierno japonés de Sato el golpe fue formidable. Los pilares fundamentales de su política exterior han sido constituirse en el “aliado número uno de los Estados Unidos en el lejano oriente”, colaboración intensiva con la Unión Soviética (el Japón ha realizado gigantescas inversiones de capital en la URSS para el “desarrollo conjunto” de Siberia) y oposición a China. La revista británica “The Economist” informó que el primer ministro, señor Sato, al escuchar la noticia, profirió una ruidosa interjección reservada por el japonés para ocasiones en que se ha sido colocado en graves aprietos”. Todos los observadores coincidían en hacer diagnósticos pesimistas sobre la solidez de su gobierno, al tiempo que grandes empresas japonesas rompían sus contactos con Taiwán, debido a que China no acepta relaciones comerciales con nadie que tenga tratos con la camarilla de Chiang Kai-shek.

REACCIÓN MAMERTA

Entre las diversas opiniones sobre la invitación de Nixon a China, no podía faltar la pintoresca actitud asumida por los revisionistas contrarrevolucionarios del partido de Gilberto Vieira.

Para este renegado, así lo afirmó en una gran parrafada de su discurso del 18 de julio en conmemoración de los 41 años de “lucha” de su Partido Comunista revisionista, la visita de Nixon a China es una cosa sumamente mala. Al señor Vieira lo atormenta una duda terrible: “Lo que no sabemos – dijo en su discurso – es si en este nuevo episodio los dirigentes de Pekín van a abandonar su conocida oposición a la tesis yanqui de que hay dos Chinas que deben estar al mismo tiempo en la ONU”. ¡Abrase visto! Ahora tiene este renegado la desfachatez de mostrarse como mejor defensor de los sagrados derechos soberanos del pueblo chino que los dirigentes chinos. Lo que vieira no puede ocultar, sin embargo, es que el pueblo chino, encabezado por su glorioso Partido Comunista y su gran dirigente, el Camarada Mao Tsetung, ha librado victoriosamente el proceso revolucionario más amplio y profundo en la historia del proletariado mundial, en tanto que él y su minúscula camarilla derechista se han atravesado como mula muerta durante más de 40 años en el camino de avance de la revolución colombiana, saboteándola, desviándola o tratando de ponerla siempre a la cola de los movimientos de oposición de la misma burguesía.

Agrega Vieira en su discurso esto, que para él constituye “contraste muy revelador”: “A la vez que se invita al representante del imperialismo agresor en el Vietnam, Laos y Camboya, el que amenaza a Cuba con otra agresión, el gobierno de Pekín ha rechazado groseramente la presencia de los parlamentarios comunistas franceses en una delegación de la Asamblea Popular Francesa que va a visitar a China”.

¡Que le sirva de lección! En toda la historia de la humanidad han tenido lugar encuentros y negociaciones entre representantes de fuerzas enemigas, en tanto que nadie que se respete se ha rebajado jamás a hablar con los traidores. Está muy bien y se explica perfectamente por qué China no ha dejado entrar a los mamertos franceses.

EL PROLETARIADO Y EL PUEBLO CON LA U.S.O.

El país entero ha visto con estupor e indignación la forma criminal como el gobierno ha reprimido a los trabajadores de ECOPETROL. Los hechos de Barrancabermeja traen a la memoria masacres como la de Santa Bárbara, en 1963, cuando el ejército rompió la huelga de los obreros de Cementos El Cairo, dejando un saldo de 13 muertos y decenas de heridos. En Barranca la bestia militar cobró ya sus víctimas: varios heridos y el compañero Fermín Amaya asesinado, en la operación de desalojo de los huelguistas. Pero el caso de Barranca es mucho más grave, si se tiene en cuenta el conjunto de la política fascista que se cierne sobre el país y lo que con estos hechos se anuncia contra la clase obrera y el pueblo colombianos. Los acontecimientos de Barranca son una provocación descarada, un desafío que el gobierno monta al proletariado de manera fría, calculada y alevosa.

Resumiendo, los hechos se han desarrollado en la siguiente forma: ECOPETROL desde hace mucho tiempo viene incumpliendo la convención colectiva pactada con la Unión Sindical Obrera (USO), persiguiendo a los dirigentes sindicales y negando los derechos de contratación y organización a miles de trabajadores mediante la implantación del sistema de contratistas. Además de esto, la Empresa, con ánimo abiertamente provocador, desmejoró los servicios que por Ley y convención está obligada a prestar a sus trabajadores, como la atención médica y hospitalaria, alimentación, etc. Las reclamaciones del Sindicato han sido rechazadas altaneramente por parte de las directivas empresariales. Es decir, se preparó una situación de choque abierto. Y fue así como cuando un grupo de compañeros petroleros protestó el 26 de julio por el mal trato y solicitaron la entrega oportuna de sus alimentos, la Empresa respondió con el despido inmediato de cuatro dirigentes sindicales, con suspensiones por treinta días para los compañeros que participaron en la justa reclamación y con cartas de amonestación e intimidación para el resto de los trabajadores.

Todo esto estaba previsto. El día 4 de agosto, el gobierno central promulgó, en base a las facultades del Estado de Sitio y del Decreto Legislativo 250 de 1971, el Decreto N° 1518 por el cual se remiten a la justicia penal militar, para ser juzgados en consejos verbales de guerra, los “delitos contra la economía nacional y la libertad de trabajo”. El gobierno preparaba así el terreno “jurídico” para enviar a las cárceles, vía Fuerzas Armadas, a quienes protestaran. Ante semejante situación, los obreros decidieron realizar un paro y tomarse las instalaciones de la Empresa, para, desde estas posiciones exigir el cese de la represión, el cumplimiento de la convención colectiva, la suspensión de las sanciones, el reintegro de los despedidos y la garantía de que no se presentarían más represalias. Sin embargo, el conflicto en manos de los mandos militares tomó un carácter mucho más delicado. El ejército desalojó a plomo los huelguistas, hiriendo a varios y asesinando al compañero Fermín Amaya. Acto seguido se montó toda una campaña propagandística de descrédito a la lucha de los petroleros, con noticias falsas y calumnias alarmantes, con el propósito inocultable de justificar el despido masivo de los obreros más combativos y los prefabricados consejos verbales de guerra que culminarán con el encarcelamiento de los heroicos luchadores.

Y que no vengan el gobierno y los lacayos dirigentes de ECOPETROL a posar como defensores de los intereses nacionales, cuando no son más que unos títeres a sueldo de los monopolios norteamericanos. ECOPETROL sirve de mampara en la entrega del petróleo, a través de contratos desiguales de exploración, explotación y refinación, a los monopolios yanquis. De colombiana, ECOPETROL no tiene sino el nombre. ECOPETROL es un vivo ejemplo de la política imperialista de permitir un aparente nacionalismo mientras continúa en el saqueo de los recursos naturales y del trabajo de América Latina. Falsa y ruin es la acusación que hacen los órganos de poder a los obreros de la USO de haber atentado contra los bienes de la nación; todo lo contrario, son los obreros, y en particular los obreros petroleros, quienes en luchas enconadas contra los calumniadores de hoy han defendido valerosamente la riqueza y la soberanía del país. El pueblo colombiano no acepta lecciones de nacionalismo de los vendepatrias. Lo de Barranca ha sido todo montado y preparado para darle un golpe traicionero a la clase obrera y al pueblo.

El proletariado, el campesinado, la juventud y el resto de gentes honestas y patrióticas están de todo corazón con los obreros de la USO en esta hora de terror. La clase obrera, que ha sido privada de los derechos de organización, contratación colectiva, huelga y demás derechos democráticos, ve en los consejos verbales de guerra contra los trabajadores de la USO, una horrorosa y reprobable modalidad de represión. Esto significa que de ahora en adelante los obreros que salgan a huelga, defiendan sus derechos sindicales y sus míseros salarios se harán merecedores a ser juzgados en consejos verbales de guerra. Los obreros de la USO han anunciado que continuarán el movimiento. La clase obrera unida, y especialmente el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), apoyan la lucha de la USO, comprendiendo que es la lucha por los derechos democráticos pisoteados, contra la entrega del país al imperialismo yanqui, contra el fascismo y sus consejos verbales de guerra y por la victoria de los oprimidos contra los opresores.

GRAN PLENO REVOLUCIONARIO DEL BLOQUE DE ANTIOQUÍA

Durante los días 7 y 8 de agosto se efectuó en Medellín el Gran Pleno Revolucionario del Bloque Sindical Independiente de Antioquía. Se hicieron presentes las federaciones sindicales integrantes del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR, como el Frente Sindical Autónomo del Valle, el Bloque Sindical Independiente de Santander y demás organizaciones sindicales independientes y revolucionarias de Bogotá, Tolima, Nariño, Popayán, Meta, Caldas y la Costa. Estaban allí, asimismo, delegaciones de la Juventud Patriótica (JUPA), intelectuales y artistas revolucionarios. Es de destacar especialmente la numerosa delegación de campesinos, cuya presencia constituyó uno de los aspectos más destacados del evento.

El salón estaba presidido por las efigies de los grandes maestros del proletariado mundial, Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, junto a un inmenso letrero que decía: “¡Viva el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung!”.

La gran reunión de masas tenía como objetivos centrales la discusión y el debate amplios sobre los problemas claves de la revolución colombiana y de la clase obrera; la consolidación de los principios proletarios del bloque y la elección de su nuevo Comité Ejecutivo.

El pleno escuchó primeramente los informes de los compañeros representantes de los diferentes frentes y organizaciones de masas, en los que resaltaba el auge de la lucha que sostiene la clase obrera al frente del pueblo contra los más feroces enemigos de la nación: el imperialismo yanqui y sus agentes criollos, la gran burguesía y los grandes terratenientes. Igualmente, se destacó la batalla que adelantan las organizaciones de masas de la clase obrera por extirpar de su seno a todas las tendencias oportunistas de derecha y de “izquierda”, que han venido impidiendo que la clase obrera haga valer sus derechos y asuma el papel histórico que le corresponde.

Especialmente importante fue la decidida defensa que hizo el Gran Pleno de la consigna del Paro Nacional Patriótico, lanzada por el MOIR en enero de 1970. Se señaló que la significación fundamental del Paro Nacional Patriótico la constituía el hecho de que importantísimos sectores del proletariado habían dado un ejemplo heroico a todo el pueblo, habían demostrado en la práctica el “atreverse a luchar” y habían indicado palmariamente a las masas el camino a recorrer en el grandioso proceso de la liberación nacional. Se puntualizó, además, la necesidad de continuar combatiendo contra el sistemático recorte de los derechos democráticos de la clase obrera, tales como los de organización, movilización, expresión y huelga, proceso que se agudiza cada vez más por parte del gobierno títere. Se destacó que para la unificación de los obreros colombianos, es preciso fortalecer el MOIR con miras a la creación de una central única, independiente y revolucionaria. Pero se aclaró que el éxito de este objetivo depende fundamentalmente de la derrota de la influencia patronal en el seno de la clase obrera, representada por las direcciones traidoras de UTC, CTC Y CSTC.

El Pleno discutió aspectos centrales de la revolución, como los de la caracterización de la sociedad, las tareas y blancos de la revolución; la historia del proletariado colombiano y de sus luchas principales; la sintetización de las experiencias más importantes del MOIR; la situación política actual, etc.

Se profundizó y reafirmó el carácter democrático de nuevo tipo – de nueva democracia – de la revolución colombiana en su actual etapa, y como paso previo y necesario para la construcción del socialismo en nuestro país y la realización del comunismo. Para adelantar esta gigantesca tarea, se agregó, el proletariado construirá su partido marxista-leninista, capaz de convertirse en el estado mayor de la revolución.

Se hizo énfasis en la urgencia de desenmascarar toda la política contrarrevolucionaria del grupo dirigente del Partido Comunista revisionista de Colombia, en su papel de agente de los renegados socialimperialistas soviéticos. Esta siniestra política intenta pasar de contrabando soluciones oportunistas a la crisis de nuestro país, especialmente con la llamada “vía chilena”, del seudorrevolucionario Allende. Este tipo de baratijas, así como su apoyo a políticas del imperialismo, como la del Pacto Andino, forma parte de toda una estrategia que en esencia está destinada a combatir el incontenible avance revolucionario de las masas populares.

El Gran Pleno saludó alborozadamente la heroica batalla de la juventud colombiana por una universidad nacional, científica y de masas; el auge de las luchas campesinas por una auténtica revolución agraria y, en general, el crecimiento del combate popular contra el imperialismo y sus lacayos.

El Pleno expresó su reconocimiento y firme respaldo al papel desempeñado por el camarada Francisco Mosquera en el proceso de construcción del MOIR, así como sus aportes en la tarea de creación del partido marxista-leninista del proletariado colombiano.

La presencia del nuevo arte revolucionario se hizo efectiva con la presentación de la obra “La Madre”, de Bertolt Brecht, por la brigada de Teatro de los Trabajadores del Arte Revolucionario de Antioquía, que se constituyó en demostración viva de cómo los artistas revolucionarios están avanzando por el camino de integrarse con las masas y la revolución.

Con la moral y el optimismo revolucionarios, muy en alto, los asistentes retornaron a sus frentes de trabajo a seguir sirviendo al pueblo, a seguir batallando por la liberación nacional.

LOS PRINCIPIOS DE LA COMUNA GUÍAN LA REVOLUCIÓN EN AMÉRICA LATINA

En marzo de 1871 el proletariado de París, empuñando el fusil, derrocó a la burguesía, destruyó la maquinaria burocrático – militar e implantó su dictadura: la Comuna de París. Su formidable lucha por establecer y defender el primer poder obrero en la historia constituyó un gran salto adelante de la revolución proletaria mundial. Allí se forjaron principios que “se manifestarán una y otra vez hasta que la clase obrera consiga la liberación” y que, heredados y desarrollados por Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tsetung, son la segura guía para la acción del proletariado y los pueblos en su combate contra el imperialismo norteamericano y todo sus lacayos, y para la construcción del socialismo y el paso al comunismo.

Los revolucionarios proletarios celebran el primer centenario de la Comuna de París en momentos en que los pueblos le tienden un cerco mortal al imperialismo yanqui, dando lugar a una situación mundial sin precedentes debido al predominio incontenible de la corriente revolucionaria. Para llegar a esta excelente situación han necesitado librar, junto a la lucha política, una amplia y profunda lucha ideológica a fin de que prevalezcan los principios revolucionarios y avance y se lleve hasta el final la revolución proletaria. De allí que la conmemoración de la Comuna se dé dentro del marco de una nueva, aguda e intensa lucha de clases en los terrenos de la ideología: la lucha entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung, ideología del proletariado, y las diversas ideas que, con una naturaleza de clase burguesa o pequeñoburguesa, se oponen u obstaculizan el combate contra el imperialismo y la reacción.

Dos experiencias legadas por la Comuna de París, una positiva y otra negativa, adquieren una importancia tan fundamental para la revolución en Colombia y América Latina que sin tenerlas en cuenta es imposible para el proletariado, a la cabeza del pueblo, conquistar el Poder. Hoy como ayer la posición que se tome respecto a estas experiencias permite delimitar campos entre los marxista-leninistas y los oportunistas de derecha y de “izquierda”, entre los revolucionarios y los seudorrevolucionarios.

La gran experiencia positiva es la utilización de la violencia revolucionaria para implantar la dictadura del proletariado.

La gran experiencia negativa, que explica por qué la Comuna no pudo conservar el poder conquistado, es que si se carece de un partido político proletario, “distinto y opuesto” a los partidos de las clases explotadoras, es imposible que el proletariado pueda establecer y consolidar su dictadura y avanzar por el anchuroso camino del socialismo.

El socialimperialismo que promueven y alientan los dirigentes revisionistas soviéticos se ha venido entrelazando cada día más con el imperialismo yanqui, estimulando una base social y política sobre la cual se hacen, particularmente en algunos países de América Latina, ensayos reformistas destinados a engañar a las masas y a amortiguar los golpes que los pueblos asestan a su enemigo principal, el imperialismo norteamericano, y a las clases proimperialistas. Este fenómeno, esencialmente contrarevolucionario, determina como tarea indispensable de los revolucionarios proletarios educar a las masas en las dos grandes experiencias mencionadas, haciendo que asimilen los principios revolucionarios y se atengan firmemente a ellos en su lucha antiimperialista.

La necesidad de derrotar la contracorriente reformista y oportunista que hoy trata de contener y desviar la lucha popular, exige que dediquemos nuestros principales esfuerzos a hacer que las dos grandes experiencias de la Comuna irradien la practica revolucionaria del pueblo.

Por lo tanto, también hoy y aquí de lo que se trata no es de interpretar el mundo en que se dio la Comuna de París, sino de utilizar sus enseñanzas para transformar el mundo, de lo que se trata es de continuar la transformación del mundo que tan valerosamente impulsaron los comuneros franceses en 1871.

La experiencia de la Comuna respecto a la necesidad de un partido político proletario cobra actualmente en nuestro país particular importancia ya que la construcción de un partido de la clase obrera, un partido auténticamente comunista guiado por el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung, es una tarea fundamental de los revolucionarios proletarios colombianos. No obstante, algunos hechos de la lucha de clases a nivel nacional y continental, así como razones de espacio, hacen que este artículo trate solo la relación entre la experiencia positiva de la Comuna de París que se ha mencionado y algunos aspectos de nuestra situación política concreta, principalmente lo referente a la política del reformismo y el oportunismo de derecha en América Latina.

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Las “nuevas” tesis revisionistas y reformistas que desde hace casi dos décadas tratan de desvirtuar el principio de la utilización de la violencia revolucionaria para la toma del poder por parte de las masas explotadas y oprimidas, fueron tesis incubadas en Moscú por dirigentes oportunistas de derecha que renegaron del socialismo. En la difusión de sus fórmulas traidoras cuentan con las camarillas revisionistas de los distintos países como agencias de propaganda. Al oponerse a la violencia revolucionaria, unos y otros niegan la Comuna de París y se oponen a la revolución. Lenin dijo: “La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en ésta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels”. Esta es una verdad que el proletariado y los pueblos conocen cada vez mejor por experiencia propia, ya que el imperialismo y las clases gobernantes antipopulares se valen invariablemente de la violencia reaccionaria para mantener su dominio, para explotar y reprimir. De ahí que las masas populares tengan que recurrir ineludiblemente a la violencia revolucionaria a fin de liberarse.

Pero, recientemente, y a raíz de los resultados electorales que llevaron a Salvador Allende a la presidencia de Chile, los revisionistas, sin caber en sí de gozo ante lo que consideran una confirmación de su siniestra política, se han apresurado a “estrenar” esas viejas tesis derechistas en otro vano intento de disfrazarse de comunistas y revolucionarios. Como resultado, y cual viento pestilente, nos llegan desde Moscú diversos planteamientos seudorrevolucionarios que, encontrando eco en los dirigentes del Partido Comunista revisionista de Colombia y otros derechistas vergonzantes, tienen por objetivo hacer que las masas no respondan a la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria. Además, la política de Allende como presidente chileno está siendo utilizada para fundamentar las falacias y sofismas con que se quiere encubrir la política neocolonial del imperialismo yanqui en América Latina y la dominación de las clases proimperialistas.

Todos estos hechos plantean a los revolucionarios la necesidad de adoptar una posición crítica que desentrañe el contenido real de la política allendista, elevar la vigilancia para rechazar las “copias” que bajo el lema de falsas “unidad de acción”, “frente de oposición popular”, etc., se intenta hacer de la llamada “vía chilena”, y desenmascarar y denunciar el oportunismo de derecha en todas sus formas. Solo así se podrá ver qué se esconde tras la afirmación, repetida insistentemente por revisionistas e imperialistas, seudorrevolucionarios y reaccionarios, de que el pueblo chileno llegó al poder encabezado por un marxista que llevará el país austral al socialismo. A la luz de los hechos y de las enseñanzas que desde la Comuna de París han venido arrojando las revoluciones, podemos analizar las posiciones políticas de Allende y ver si corresponden o no a los intereses del pueblo chileno, y si están a favor o en contra de la lucha revolucionaria de los pueblos latinoamericanos.

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A lo largo de su historia, el pueblo chileno ha sido cruelmente explotado por el imperialismo y por las clases dominantes, y cuando ha osado levantarse se le ha reprimido inplacablemente; nunca ha cesado la persecución contra los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales progresistas, y nunca ha habido paz para los explotados y oprimidos que con su sudor y sangre han regado la tierra chilena. Estos son los hechos, ésta es la verdad histórica para el pueblo chileno. Pero para Allende lo que ha existido es una “paz cívica” que se da como resultado de que “rechazamos, nosotros los chilenos, en lo más profundo de nuestras conciencias, las luchas fratricidas”. Tal afirmación equivale a decir que el pueblo chileno ha rechazado la lucha contra sus opresores, ha aceptado una “paz cívica” con sus sojuzgadores y se ha sentido hermano de sus explotadores, terminando por convertir en un estado de conciencia su pasividad. No cabe insulto mayor a un pueblo. Indudablemente el “nosotros los chilenos” de Allende no sólo no incluye al pueblo chileno, sino que sólo puede referirse a sus enemigos. Esto explica porque menciona Allende con alegre orgullo la “noble tradición” de un pretendido pacifismo que borra las diferencias de clase, colocando en un mismo plano a los explotadores y los explotados: “El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos”. Es precisamente este respeto y tolerancia ante la opresión y explotación lo que las clases reaccionarias quieren convertir en único patrimonio “cultural” del pueblo. Y es este respeto y tolerancia lo primero que destruye toda revolución.

Allende teme, rechaza y tergiversa la justa lucha de los oprimidos, al tiempo que aboga por la “paz” esclavizadora de las clases reaccionarias.

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A cada forma de explotación en la sociedad de clases corresponden unas instituciones, un orden y una legalidad apropiadas a la mejor y mayor expoliación de los trabajadores por la minoría dominante. La nación chilena no es ninguna excepción a este respecto. Pero Allende, en lugar de rechazar el “orden” que ha pesado sobre el pueblo, se dedica se dedica a alabar la llamada “estabilidad institucional” como “una de las más altas de Europa y América” y se pronuncia por su mantenimiento, calificándola de “tradición republicana y democrática que ha llegado a formar parte de nuestra personalidad”. Así, Allende se revela como un abogado de la “tradición republicana y democrática”, forma que ha adoptado la dominación ejercida por terratenientes y burgueses proimperialistas sobre las masas y que, como tal, hace parte de la “personalidad” de los explotadores.

De manera diametralmente opuesta la Comuna de París rompió con las instituciones burguesas y el orden legal que habían implantado las clases reaccionarias y procedió a establecer nuevas formas, revolucionarias, de organización social. Esta característica de la Comuna es algo común a toda verdadera revolución. De allí que Allende no rebase el reformismo burgués, cuando habla de modificar el sistema “sin una fractura violenta de la legalidad”, de que “se respetará el Estado de Derecho” burgués y que “legalidad habrá”. No queda duda de que mientras el pueblo chileno quiere romper con todas las coyundas, esas sí tradicionales, e implantar su nuevo orden revolucionario, Allende quiere conservarlas.

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Sólo el hecho de que los intereses del pueblo de Chile van por un lado y los del nuevo presidente por otro, permite comprender el tono lamentoso con que éste se refiere a la lucha de clases, calificándola como algo perjudicial. Asustadizo se afana por enfatizar que para llegar a la presidencia no fue necesario recurrir a métodos revolucionarios y que su ascenso se dio “sin haber sufrido la trágica experiencia de una lucha fratricida”. De suerte que para el “marxista” Allende, quien parece creer que su investidura como presidente corona un proceso revolucionario, es trágica la experiencia vivida por los pueblos que han conquistado el poder en una lucha a muerte contra sus opresores. Esas que Allende considera tragedias son las gloriosas experiencias revolucionarias de los pueblos.

Son dos las vías: O se rompe el orden institucional de los burgueses y terratenientes proimperialistas, que es la vía de la comuna de París, de la revolución bolchevique rusa, la revolución china y otras revoluciones; o se “observan las normas de la democracia burguesa”, que es la vía por la que abogan Allende y los partidos que en coalición gobiernan en Chile, principalmente el revisionista Partido Comunista de Chile, así como los oportunistas de derecha en todo el mundo. Esta vía reformista al servicio del imperialismo y las clases proimperialistas no será transitada por los pueblos latinoamericanos y terminara demolida por la lucha revolucionaria.

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Enseña la Comuna de París, y lo confirman todas las revoluciones, que para tomar el poder el pueblo debe destruir el aparato militar sobre el cual descansa la dominación de las clases reaccionarias. Es por esto que la acción revolucionaria debe dirigirse principalmente contra el soporte fundamental del Estado: el ejército y la policía, ya que el poder reside en el fusil y no en los escaños parlamentarios. Una cosa es que, dadas ciertas condiciones, los revolucionarios utilizan el parlamento para denunciar a la reacción y educar a las masas, acumulando, así, fuerzas revolucionarias, y otra es sustituir la lucha revolucionaria de masas por la lucha parlamentaria. Una cosa es que los revolucionarios dominen todas las formas de lucha, combinándolas y sustituyéndolas según las condiciones cambiantes, y otra es traicionar la revolución rehusando la lucha armada y toda lucha ilegal, dedicándose sólo a la lucha y actividad legales, y reduciendo la acción de las masas a lo permitido por las clases proimperialistas, que es lo que hacen todos los oportunistas de derecha, especialmente los oportunistas.

Las clases reaccionarias robustecen sus fuerzas armadas a sabiendas de que ellas constituyen la reserva principal para su enfrentamiento con las clases revolucionarias. Dispuestos a defender encarnizadamente su poder, los explotadores siempre están afilando su cuchillo carnicero: el ejército reaccionario. Cuando su opresión sobre las masas no puede realizarse en forma “normal” o cuando existe peligro para sus intereses, recurren a ese ejército, ya sea esgrimiéndolo como una amenaza potencial y haciendo de su presencia un factor de coacción, ya sea haciéndolo perpetrar bárbaros crímenes y genocidios contra el pueblo. Esto es algo que la vida misma les ha enseñado a las masas. En consecuencia, al plantearse el problema del Poder, problema central de toda revolución, las masas encaminan su acción política hacia la destrucción de las fuerzas armadas reaccionarias.

En Chile, la minoría dominante ha contado con las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros para sojuzgar al pueblo y defender sus intereses, no siendo extraño que, antes de consentir en darle a Allende votos en el parlamento, haya pedido a éste un compromiso público de no tocar el aparato militar reaccionario. Fue así como las clases proimperialistas, expresándose a través del Partido Demócrata Cristiano, solicitaron “que se respeten las estructuras orgánicas y jerárquicas de las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros, los sistemas de selección, requisitos y normas disciplinarias vigentes, se le asegure un equipamiento adecuado a su misión de velar por la seguridad nacional… no se comprometan sus presupuestos”. Ante este pedido expreso, Allende ensayó varias posturas a fin de no revelar su naturaleza seudorrevolucionaria. Incómodo, empezó por responder con falsa altivez. “… soy intransigente defensor de las prerrogativas del Jefe del Estado …” y luego agregó que la intervención en la designación de los altos mandos militares “es una atribución privativa del Presidente de la República, y seré celoso cautelador de mis atribuciones constitucionales”. Volviendo a salir a escena, las clases dominantes corearon que la respuesta del “senador don Salvador Allende” no les satisfacía. Para el último acto de la comedia, Allende varió su tono de gran señor y rajadiablos por el de “demócrata y republicano” complaciente y, desplegando todo su histrionismo, habló de “respetar la independencia y la condición de profesionales y apolíticas de las fuerzas armadas”. Con tales subterfugios y escenificaciones, envoltura de compromisos con el imperialismo y la reacción, allanó Allende el camino a fin de ser ungido presidente.

A partir de esa entrega pública, Allende pasó a ser un pregonero de las “virtudes” de los militares. No bastándole elogiar como “demócratas y patriotas” a las fuerzas armadas, elogio que en realidad es un permanente reconocimiento en pago de que se le deje conservar a su cargo, hace extensiva su exaltación a toda la historia de los cuerpos represivos chilenos, con la intención de hacer aparecer a los enemigos del pueblo como héroes nacionales. En este triste papel, ha llegado a contestar a quienes denuncian el carácter reaccionario del ejército que ¡”olvidan la conciencia patriótica de nuestras fuerzas armadas y de carabineros”! Para hacer esta cínica afirmación, Allende calla y “olvida” las matanzas perpetradas por esas fuerzas militares a fines del siglo pasado y a principios del presente, en la década del 20 y a comienzos de la del 30, para no mencionar las persecuciones y campañas antipopulares desatadas en 1948, ni los recientes actos represivos contra campesinos y estudiantes. Definitivamente aquí se manifiesta una mentalidad militarista, y antipopular a fin de justificar la capitulación y la práctica del reformismo.

Las “fuerzas armadas patrióticas” que enaltece el seudorrevolucionario Salvador Allende están compuestas por 46.000 hombres del ejército en sus tres armas y 24.000 carabineros que integran el cuerpo policial militarizado, 70.000 hombres en total que constituyen el aparato armado más grande de América Latina en relación con la población, un aparato que cuenta con una ayuda militar norteamericana sólo superada por Brasil en el continente y que solo esta por debajo de Brasil y Perú, en cuanto al número de miembros entrenados por la maquinaria militar yanqui. Y son estas fuerzas armadas al mando de cuadros preparados y mimados por el imperialismo norteamericano, las que Allende pretende presentar como patrióticas y neutrales en el proceso político chileno! El hecho de que las fuerzas armadas “no intervengan” en los momentos en que todo va bien para los opresores, como ha ocurrido en algunos períodos de la vida política chilena, sólo indica la eficacia del control por parte de la minoría gobernante proimperialista: en la sociedad de clases, el respaldo y la defensa del orden y de las instituciones equivale a respaldar y defender los intereses de las clases que para imponer su dominio instauran ese orden y esas instituciones. En ninguna parte del mundo existen fuerzas armadas neutrales. El respaldo brindado por el ejército chileno a los gobiernos de turno no ha sido otra cosa que una clara intervención a favor de la minoría dominante y en contra del pueblo. Allende habla de ” no intervención” con el propósito de encubrir la participación reaccionaria, cruenta e incruenta, de las fuerzas armadas en la política chilena. Actualmente, la no intervención de las fuerzas armadas contra el gobierno de Allende armoniza maravillosamente con la no intervención del gobierno de Allende en los intereses antipopulares y proimperialistas de las clases dominantes.

6

Para probar la bondad de la llamada “vía chilena” hacia el socialismo en lo económico, se han venido utilizando como punta de lanza propagandística las medidas tomadas por Allende para nacionalizar algunas empresas. A este respecto es necesario empezar por aclarar que la nacionalización no es sinónimo de medida socialista, ya que lo que define el carácter de la nacionalización es la naturaleza del Estado que la realiza. Bajo el Estado capitalista, la nacionalización es una medida burguesa que da lugar a un capitalismo de Estado y que está al servicio de los intereses de los monopolios, no siendo diferente, en esencia, del capitalismo privado. Lenin enseña: “En un Estado capitalista el capitalismo de Estado significa que es reconocido y controlado por el Estado en beneficio de la burguesía y contra el proletariado. En el Estado proletario se hace eso mismo en beneficio de la clase obrera …”. Lo que es necesario resaltar en los países neocoloniales es el hecho de que ese capitalismo de Estado es un capitalismo monopolista estatal dependiente del imperialismo yanqui y ligado al feudalismo en lo interno. De allí que toda nacionalización que se realice dentro de dicho marco económico no sólo no se sale de la órbita neocolonial imperialista, sino que fortalece a las clases proimperialistas. Tal es el caso de las nacionalizaciones emprendidas por la administración de Allende en Chile.

La compra de bancos por parte del Estado chileno, aunque es una medida que se quiere hacer pasar como de “gran contenido revolucionario”, no es más que el fortalecimiento del poder financiero del Estado, lo cual, junto con el establecimiento de otros monopolios estatales y las empresas nacionalizadas, configura un caso típico de capitalismo de Estado al servicio del Poder burgués-terrateniente proimperialista y dentro del cascarón neocolonial, que perjudica la vida material del pueblo chileno. Pero para Allende, en un esfuerzo más por desconocer los hechos y como si quitándole su verdadero nombre alejara de su gobierno los espíritus imperialistas, esto “no significa crear un capitalismo de Estado, sino el verdadero comienzo de una estructura socialista”. A esta impostura ya se había referido Lenin: “Pues el error más generalizado está en la afirmación reformista burguesa de que el capitalismo monopolista y monopolista de Estado no es ya capitalismo, sino que puede llamarse ya “socialismo de Estado”, y otras cosas por el estilo”.

Las medidas tomadas por Allende no están destinadas a romper el dominio que el imperialismo norteamericano tiene sobre las arterias económicas vitales para el pueblo chileno y, por tanto, no responden a las tareas democráticas y nacionales que reclaman los intereses de las masas revolucionarias.

Son reformas dentro de la “estructura” económica creada por los burgueses y terratenientes proimperialistas, reformas cuyo resultado máximo sólo puede ser contribuir a que se den condiciones materiales suficientes para que el proletariado y el pueblo chilenos emprendan la revolución democrática antiimperialista que, como dice el camarada Mao Tsetung, “además de abolir los privilegios del imperialismo” tiene la tarea de “eliminar en el país la explotación y opresión ejercidas por la clase terrateniente y la clase capitalista burocrática (la gran burguesía), liquidar las relaciones de producción compradoras y feudales y liberar las fuerzas productivas encadenadas”.

Es explicable, entonces, que Allende no clarifique su política económica como dirigida a quebrar la dependencia neocolonial impuesta por el imperialismo yanqui, ni se pronuncie categóricamente por la liberación económica de todos los explotados. Se contenta con hablar de países poderosos y países débiles a fin de no mencionar el imperialismo; se contenta con charlar sobre “nuestra misión es establecer un proyecto social para el hombre” a fin de que se confunda al hombre explotador y opresor con el hombre explotado y oprimido. Además, y como para no dejar dudas sobre la concepción ideológica y política que lo mueve, Allende al recorrer el viejo camino reformista, dice que sólo tiene como “brújula nuestra fidelidad al humanismo de todas las épocas, particularmente al humanismo marxista”. Primero, ha existido “humanismo” feudal y “humanismo” capitalista, que son diversas formas “humanistas” utilizadas por clases explotadoras contra las masas trabajadoras; no existe humanismo que esté por encima de las clases. Segundo, tampoco existe algo que se llame “humanismo marxista”, lo que existe es una concepción marxista del mundo, la concepción proletaria, según la cual la clase obrera debe luchar contra el imperialismo y todos los reaccionarios hasta eliminar de la faz de la tierra la explotación del hombre por el hombre. Todo esto es algo que comprenden bien el proletariado y los pueblos revolucionarios, y no quienes no pasan de ser almas burguesas que se disfrazan de “humanistas” para ocultar sus servicios a las minorías dominantes.

Con lo anterior se comprende perfectamente que Allende se apresure a calificar su nacionalización del cobre no como una medida que vaya en contra de los saqueadores imperialistas de las riquezas chilenas, sino como un acto que no indica “odiosidad hacia grupo, gobierno o nación alguna”, reflejando así su infinita condescendencia con el imperialismo yanqui. Igualmente, en lo referente al hierro, no considera su nacionalización como un rechazo de la expoliación imperialista que lleve a expulsar al pulpo capitalista extranjero, sino que aprovecha la ocasión para recalcar que “el acuerdo con la industria americana ha mostrado una vez más que el gobierno ofrece un trato equitativo al capital foráneo”, dejando al descubierto su verdadero papel de traficante. En las condiciones actuales de América Latina, sujeta a la dominación neocolonial, no cabe sino un trato al capital monopolista yanqui que ha venido saqueando nuestras riquezas y trabajo: el trato revolucionario de extirpar definitiva y totalmente ese capital imperialista. Darle un “trato equitativo”, como pregona Allende, es recompensarle su expoliación, respetarle su robo continuado y traicionar la causa antiimperialista del pueblo chileno!.

7

A pesar de la evidencia seudorrevolucionaria de Allende y su régimen, los oportunistas de derecha, especialmente los revisionistas, no cejan en su empeño de convertir la llamada “vía chilena” en un instrumento de agitación contrarrevolucionaria. Aún más, no bastan los límites de la tierra chilena, ni bastan los confines continentales para el gran sueño reformista: su ilusión quiere cubrir el mundo. Tanta ambición, no puede menos que dirigirse contra el alma misma del marxismo y de la revolución proletaria, agitando falsas banderas “marxistas”.

Ya vimos cómo Allende niega en múltiples casos la lucha de clases y el principio de la revolución violenta para resolver las contradicciones que esa lucha plantea. Pero si, según Lenin, “Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado”, Salvador Allende es un antimarxista que hace extensivo el desconocimiento de la lucha de clases al desconocimiento de la dictadura del proletariado. Resulta claro que la negación allendista de la lucha de clases es la premisa necesaria para negar el poder proletario y oponerse a la revolución proletaria. Esto significa que el proletariado y los pueblos, en especial los de América Latina, están frente a un siniestro intento oportunista de frenar y desviar la revolución de su correcta orientación contra el imperialismo norteamericano y las clases proimperialistas. Consecuentemente, los revolucionarios proletarios deben librar a fondo la batalla contra este oportunismo revisionista, considerándola como tarea fundamental en el presente. Lenin enseña: “La lucha contra el imperialismo es una frase hueca y falsa si no está ligada estrechamente a la lucha contra el oportunismo”.

Allende empieza atribuyéndoles a las revoluciones rusa y china características “diferentes” a las que rigen para Chile, en una tentativa de determinar el caso chileno como una “excepción”. Dice que en esas revoluciones se dio “una de las formas de construcción de la sociedad socialista que es la dictadura del proletariado”. Absolutamente falso. Lo que se estableció en Rusia y China fueron diversas formas de dictadura del proletariado, a fin de construir una sociedad socialista, y no la dictadura del proletariado como una entre otras formas de llegar al socialismo. La Comuna de París constituyó la primera forma de dictadura del proletariado; el poder soviético, creado bajo la dirección de Lenin, es la segunda forma de dictadura proletaria, y la dictadura democrática popular establecida en China bajo la guía de Mao Tsetung es otra forma más de dictadura del proletariado. Se dan, pues, para la construcción del socialismo, como dice Lenin, “una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: La dictadura del proletariado”. Pero para Allende ahora existe otra forma de llegar al socialismo: mediante su vía, la vía pluralista, la vía chilena, “anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás concretada”. Aquí Allende vuelve a mentir en su afán de hacer pasar lo falso por verdadero. Contrariamente a estas falacias, Marx dijo: “La lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado” y agregó que el socialismo se construirá en un período político “cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. ¿Acaso son estas palabras de Marx un anticipo de la vía seudorrevolucionaria que ha emprendido Allende en Chile a nombre del revisionismo contemporáneo y como un servicio a la política imperialista yanqui?

Apoyado en las falsas políticas anteriores, Allende no tiene ninguna vergüenza en declarar que “Chile es hoy la primera nación de la tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista”. Como tras esta afirmación está toda la política oportunista de derecha que alientan los falsos comunistas de la Unión Soviética y sus epígonos en todo el mundo, es preciso desentrañar su contenido.

Primero.- Este “segundo modelo”, al contrario de la dictadura del proletariado, no necesita que el proletariado y el pueblo conquisten el poder. De allí que Allende diga que “hemos conquistado … con el voto el derecho a ser gobierno y mañana el derecho a conquistar el poder”, creyendo engañar con esta frase propia de un charlatán a las masas respecto a la naturaleza de su gobierno. Lenin, previendo tal clase de charlatanería, dijo: “Sólo los bribones o los tontos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder”.

Segundo.- Este “segundo modelo”, al contrario de la dictadura democrática popular dirigida por la clase obrera, dictadura del proletariado, que establece “democracia para la mayoría gigantesca del pueblo y represión por la fuerza, es decir, exclusión de la democracia, para los opresores del pueblo”, se implanta en base al lema mayor de la burguesía. Dice Allende: “Nuestra vía, nuestro camino, es el de la libertad”. “Nuestro camino, nuestra vía chilena, será también el de la igualdad”, y “… que cada hombre del mundo sienta en nosotros un hermano”. Es decir, la vía “socialista” de Allende se fundamenta en la “libertad, igualdad y fraternidad” burguesa. Con tal principio lo único que se puede establecer es dictadura burguesa para reformas burguesas!

Tercero.- Este “segundo modelo”, al contrario de la dictadura del proletariado, presupone un Estado cuya confección sólo cabe en la cabeza de Allende, quien, para no quedarse a la zaga de predecesores tales como Kautsky, Trotsky y Jruschov, ha ideado una “novísima” concepción del Estado que se resume así: “… dentro del Estado… estamos todos”. Este Estado de Allende no tiene nada en común con la teoría marxista que considera al Estado como un concepto de clase, como un instrumento de la lucha de clases, y por lo tanto, a todo Estado como la dictadura de una clase determinada. La dictadura del proletariado es el Estado que utiliza la clase obrera para construir la sociedad socialista. La afirmación de Allende no puede tener explicación distinta a la de que, creyendo estúpidas a las masas, recurre a toda suerte de malabarismos y tergiversaciones para llevar adelante su política reformista. En realidad, se precisa de un alto grado de cretinismo para decirle estas sucias mentiras al pueblo chileno y ninguna vergüenza para decirlo en forma que lo escuchen otros pueblos!

En pocas palabras, el “segundo modelo” que Allende “inaugura” en Chile y en la tierra no es sino el mismo primer modelo, ya gastado, que el reformismo burgués opone a la revolución, y a la dictadura del proletariado. Es un modelo que no lleva al socialismo revolucionario marxista sino al “socialismo” que un comunista francés citado por Lenin describía como “un socialismo azucarado… con aires de funcionario panzudo y de respetable cabeza de familia; un socialismo sin audacia y sin locura, aficionado a la estadística, con las narices metidas en contratos de buen entendimiento con el capitalismo; un socialismo ocupado sólo de las reformas y que ha vendido su derecho de primogenitura por un plato de lentejas, un socialismo que sirve a la burguesía como regulador de las impaciencias populares, una especie de freno automático para las audacias proletarias”.

Es para esta caricatura de socialismo que sirve la “vía chilena” de Allende y su comparsa revisionista. Bajo la dirección del proletariado, los pueblos, por el contrario, utilizarán la vía revolucionaria, la vía de la Comuna de París, para implantar su dictadura democrática popular y desbrozar el camino hacia el socialismo revolucionario!

POR UNA CENTRAL OBRERA INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIA

SINTRASIDELPA

La Asamblea General del Sindicato de Trabajadores de Siderúrgica del Pacífico, reunida en la fecha y considerando:

1°- Que desde el nacimiento de nuestra organización sindical, tanto la CTC, como FESTRALVA Y FETRAMECOL ejercieron una dirección patronal y entreguista rechazada por la inmensa mayoría de los trabajadores que en una valiente lucha desafiliamos nuestra organización de esas centrales patronistas, iniciando resueltamente la lucha por nuestras reivindicaciones económicas y políticas que son las mismas de todo el proletariado.

2°- Que para llevar adelante nuestro pliego de peticiones y derrotar las pretensiones de la empresa y los elementos patronales incrustados en nuestras filas, la decisión de lucha de los trabajadores fue un elemento decisivo que obedece fundamentalmente al reconocimiento del papel patronal y entreguista de las centrales patronales y reformistas que durante más de cuarenta años han venido traicionando a nuestra clase y a nuestro pueblo.

3°- Que para llevar al triunfo nuestra lucha económica realizamos un movimiento huelguístico que contó para su unidad y combatividad con la orientación clara y precisa del Frente Sindical Autónomo del Valle F.S.A. y del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR a escala nacional.

4°- Que ante la situación que vive la clase obrera y los demás sectores explotados y oprimidos del país, se hace indispensable continuar la batalla contra las camarillas patronales y reformistas a fin de que el proletariado libre su lucha con sus propios instrumentos reivindicativos y políticos.

5°- Que el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR, constituye el sector más consecuente y revolucionario en la lucha por construir una Central Obrera Independiente y Revolucionaria, como instrumento para la lucha general de nuestra clase y nuestro pueblo contra el imperialismo y la reacción, y que permita e impulse la formación de la herramienta política de combate del proletariado, que sólo se consigue realizando la tarea de construir el Partido de la Clase Obrera.

6°- Que ante la importancia de la lucha de nuestra organización sindical, se hace indispensable nuestra participación activa en la lucha por llevar adelante este movimiento que responde a los auténticos intereses del Proletariado por darse su propia orientación, independiente y de clase,

Resuelve:

Hacer parte del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR y del Frente Sindical Autónomo FSA y luchar hombro a hombro con las organizaciones independientes y revolucionarias de la Clase Obrera en busca de la unidad revolucionaria del proletariado colombiano.

SINTRASIDELPA.

Celiano Sánchez, Presidente.

Carlos A. García, Secretario.

ACEB: TRIUNFO DE LAS FUERZAS REOLUCIONARIAS Y DERROTA DEL OPORTUNISMO REVISIONISTA

Del 17 al 22 de agosto, se celebró en Bogotá la V Asamblea Nacional de Delegatarios de la Asociación Colombiana de Empleados Bancarios (ACEB), en la cual los trabajadores bancarios desenmascararon y derrotaron a la camarilla reaccionaria y revisionista incrustada desde hace varios años en la dirección de su organización. Culminó así a favor de las fuerzas revolucionarias una importante etapa de lucha interna contra la política oportunista de derecha, impulsada por los revisionistas colombianos, de economismo, conciliación con los patronos, burocratismo y divorcio total de las bases.

El triunfo revolucionario de los bancarios dejó sin ningún piso las calumnias que desde los órganos del Partido Comunista revisionista, especialmente “Voz Proletaria”, se han venido lanzando aviesamente contra el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR). La asamblea presenció la unidad en los ataques al MOIR por parte de los mamertos y la derecha recalcitrante, ejemplo de lo cual fue su alianza con los elementos que han hecho de la dirección de Fenansitrap un foco de calumnia y delación. Pero ante la lucha librada por los dirigentes bancarios más consecuentes, esta sucia confabulación sufrió una aplastante derrota, asegurándose, con la nueva correlación de fuerzas creada en la junta directiva, que se pondrá fin al desprestigio y debilitamiento en que estaba siendo hundida la Asociación por parte de los oportunistas de derecha.

La gran victoria de los trabajadores bancarios en su camino de limpiar su organización de toda clase de oportunistas demuestra que es incontenible la nueva corriente existente en el seno de la clase obrera, la cual acabará barriendo con las camarillas dirigentes reaccionarias y reformistas de la CTC, la UTC y la CSTC.

HOMENAJE DEL MOIR A LA REVOLUCIÓN CUBANA

El 26 de julio pasado, conmemorando un nuevo aniversario del histórico asalto al Cuartel Moncada, primera acción del pueblo cubano dirigido por su máximo líder, el Comandante Fidel Castro, contra la oprobiosa dictadura de Batista, en defensa de los derechos nacionales y democráticos de Cuba, el Frente Sindical Autónomo del Valle (FSA), filial del MOIR, realizó un acto de solidaridad, con la asistencia de dirigentes de la delegación deportiva de Cuba a los VI Juegos Panamericanos.

El auditorio del Sindicato de Trabajadores de las Empresas Municipales de Cali se hallaba totalmente colmado y se vivieron momentos de gran emoción revolucionaria cuando hicieron su entrada los compañeros cubanos, a los acordes del himno “26 de julio”. Los trabajadores prorrumpieron en aplausos y lanzaron consignas apoyando la lucha anti-imperialista del pueblo cubano. En nombre del MOIR, el compañero Carlos Valverde presentó el saludo a la delegación cubana, presidida por el compañero Manuel González Guerra, e hizo un recuento histórico de la revolución cubana y del gran significado del 26 de julio en el contexto de las luchas de los pueblos de América Latina contra el imperialismo norteamericano. A continuación, el compañero Demetrio Alfonso, integrante de la delegación del hermano pueblo cubano, presentó un saludo al proletariado revolucionario y a todo el pueblo colombiano y, emocionadamente, recalcó que la amistad que une a los pueblos de Cuba y Colombia es muy estrecha. Hizo un balance de las conquistas conseguidas por el pueblo cubano en sus luchas contra el imperialismo y sus lacayos, en materia educativa, sanitaria, agraria, etc., y en los deportes, que han dejado de ser un negocio de pocos para convertirse en una actividad plenamente popular atendida totalmente por el Estado. Al terminar su intervención, el compañero Alfonso fue largamente aplaudido y los trabajadores manifestaron su pleno respaldo a los deportistas cubanos en los Juegos Panamericanos, deseándoles grandes victorias.

Varios estudiantes asistentes al acto denunciaron la coacción que el ejército y la policía ejercieron sobre el pueblo caleño para impedirle que recibiera en el aeropuerto a la delegación cubana, lo que no logró impedir que se expresaran todas las manifestaciones de solidaridad y respaldo a la delegación del pueblo hermano.

Al finalizar el acto se proyectaron varias películas, una de ellas sobre la victoriosa actuación de Cuba en los pasados Juegos Centroamericanos, y se leyeron poemas revolucionarios. En medio de atronadoras y sinceras aclamaciones de los compañeros cubanos abandonaron el recinto, manifestando su agradecimiento y la intensa emoción que este acto de masas les había causado.

TRABAJADORES DE CEMENTOS DEL VALLE

La Asamblea General del Sindicato de Trabajadores de Cementos del Valle, reunida en la fecha y considerando:

a) Que el sindicato está afiliado en la actualidad a la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC), a la Federación Nacional de Trabajadores del Cemento y Materiales de Construcción (Fenaltraconcem) y a la Federación de Trabajadores del Valle (Fedetav).

b) Que el afiliarse a dichas entidades, las cuales contribuyó a crear, lo hizo teniendo en cuenta la imperiosa necesidad que existía de contribuir al proceso de unidad de la clase obrera, al desarrollo de un sindicalismo independiente de la tutela confesional, patronal y gubernamental y promover una verdadera línea de clase que le permita a la clase obrera educarse, luchar por sus derechos y cumplir su papel de vanguardia de las clases oprimidas y explotadas.

c) Que bajo las banderas de dichas federaciones sólo hemos encontrado unas camarillas sectarias y burocráticas, que son incapaces, por su política, de dar línea en la defensa de nuestros derechos, lanzándonos muchas veces a huelgas irresponsables como la de 1969, sin tener en cuenta los intereses de los trabajadores…

d) Que en la política interna de nuestro Sindicato cada una de ellas ha firmado boletines, panfletos, carteles e inclusive el semanario “Voz Proletaria”, para calumniar compañeros y señalarlos como agentes de la empresa porque hicimos críticas a la forma incorrecta como han venido orientando el Sindicato esas federaciones, y que últimamente han recibido el rechazo de la mayoría de compañeros afiliados…

e) Que esta última conducta de ellos en nuestro sindicato obedece a su orientación equivocada que los lleva a posiciones seudorrevolucionarias, a pactos con enemigos de los trabajadores, lo que se comprueba con la farsa del paro del 22 de enero y con la invitación que le hicieron al señor Tulio Cuevas, quien, el 1° de Mayo de 1969 habló en nombre de la clase obrera en la ciudad de Moscú.

f) Que como única manera de dar a nuestro Sindicato una orientación de clase, impedir las calumnias y saboteo a nuestra unidad que hoy es tan urgente para defender nuestros derechos en general, resuelve:

ARTÍCULO ÚNICO.- Desafiliar, como en efecto lo hace, al Sindicato de Trabajadores de Cementos del Valle, de la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia, de la Federación Nacional de Trabajadores del Cementos y Materiales de Construcción y de la Federación de Trabajadores del Valle (CSTC, Fenaltraconcem y Fedetav, respectivamente).

Comuníquese a todo el movimiento sindical.

Mario Ballesteros, Secretario General

EL GOBIERNO, LA MANO NEGRA Y LOS MAMERTOS CONTRA EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL COLOMBIANO

El primer semestre de 1971 registró el movimiento estudiantil más consciente y poderoso de toda la historia del país. Fueron seis meses de ininterrumpida lucha de la juventud colombiana. Las dos características destacadas de este movimiento han sido la clara orientación antiimperialista y la participación masiva y valerosa de todos los universitarios, los estudiantes de secundaria, los profesores y las directivas consecuentes. La juventud ha colocado como objetivo central de su lucha la supresión del dominio del imperialismo yanqui sobre la educación. Ha sido un decidido combate contra la cultura neocolonial y semifeudal en defensa de la cultura nacional y científica de las grandes masas populares en lucha contra el imperialismo y sus lacayos. Este movimiento ha dejado establecidos los lineamientos fundamentales de la revolución en el campo de la cultura. El proletariado, el campesinado y el resto del pueblo colombiano dieron su apoyo incondicional a la lucha de los estudiantes, lucha que arroja la gran enseñanza de que la revolución cultural hace parte entrañable de todo el proceso de la revolución colombiana. La revolución cultural antecede, prepara las condiciones y eleva la conciencia de las masas, sin lo cual no es posible el triunfo de la revolución. El proletariado asimila estas experiencias que son fruto de la práctica de las masas, y, al hacerlo, contribuye decisivamente a dirigir y apoyar el movimiento estudiantil.

LA REFORMA REVOLUCIONARIA DE LA UNIVERSIDAD

En el Segundo Encuentro Nacional, realizado a mediados de marzo en Bogotá, los estudiantes concretaron sus aspiraciones fundamentales en el Programa Mínimo. Las reivindicaciones consignadas en éste, se refieren al cambio revolucionario en la educación superior. Se exige la autonomía universitaria con la instauración de un consejo de dirección democrática, integrado fundamentalmente por las fuerzas básicas de la universidad, estudiantes y profesores. Se exige la supresión del dominio imperialista sobre la universidad, así como el de las clases pro-imperialistas, la gran burguesía y los grandes terratenientes. Suspender los programas de asistencia económica, técnica y de cualquier otra índole de las organizaciones imperialistas, mediante los cuales se hipoteca la soberanía cultural y se establece en los centros educativos colombianos una cultura antinacional, anticientífica y antipopular. Se exige en el Programa Mínimo que el Estado responda por la financiación de la educación y que sean las fuerzas democráticas las que sienten los principios y tracen las políticas y programas educativos en la universidad. Se exige también la defensa de la educación pública, especialmente de la Universidad Nacional, y la aplicación de un plan amplio de asistencia y bienestar estudiantil. En estos puntos del Programa Mínimo de los estudiantes están contemplados los principios básicos de una reforma revolucionaria de la universidad colombiana, conforme a las reivindicaciones estratégicas de las clases explotadas y revolucionarias.

FASCISMO Y CONTRARREFORMA OFICIAL

El gobierno de Misael Pastrana, obedeciendo fielmente las consignas que le traza el amo imperialista y dejando al descubierto su verdadera catadura antipatriótica, ha rechazado todas y cada una de las peticiones de los estudiantes. Presentó a la consideración del Parlamento un proyecto de reforma universitaria, en el cual se dispone una entrega mayor de la educación al imperialismo yanqui, se debilita la educación pública en beneficio de la privada, se garantiza el control de la universidad por parte del gran capital, se establecen mayores trabas para el ingreso a la educación superior de las clases populares y prevée un sistema de vigilancia académica y policiva, desconociendo los derechos democráticos de las masas estudiantiles. La reforma oficial es otra provocación que el gobierno títere hace al pueblo colombiano; es la consumación de toda una serie de medidas represivas que va desde la toma violenta de las universidades por la fuerza pública hasta el encarcelamiento y asesinato de estudiantes.

Ante el hecho de sufrir el repudio de las masas, el gobierno ha venido sosteniendo que el movimiento estudiantil no representa el sentimiento de las mayorías, que los dirigentes no cuentan con una base democrática, que las “mayorías silenciosas” no se han expresado porque las fuerzas “extremoizquierdistas”, que reciben consignas foráneas, lo ha impedido. Como complemento de la política fascista, la reacción ha dispuesto la formación de una microscópica organización estudiantil, el Frente Estudiantil Democrático (FED), financiada por la Mano Negra, integrada por agentes policivos y encargada de regar la propaganda de que el movimiento estudiantil no tiene base democrática, que ha fallado en su táctica y que el Comité de Solidaridad Estudiantil asaltó la buena fe del estudiantado.

LOS REVISIONISTAS CALUMNIAN A LAS MASAS

Identificados con la política del gobierno y la reacción, los dirigentes del Partido Comunista de Colombia, empleando un lenguaje semioficial, también arremetieron contra el movimiento estudiantil. Después de pregonar que ellos han luchado por la “normalización” de la situación en la universidad, porque los estudiantes ingresen a clases a “combinar las tareas académicas con las acciones estudiantiles”, el Pleno de la Juventud comunista, según lo informa “Voz Proletaria” del 12 de agosto de 1971, sostiene lo siguiente:

“La lucha ideológica enfocada esencialmente, en este momento contra el extremoizquierdismo y sus consecuencias anarquistas y aventureras, debe ir dirigida a clarificar y llevar a la práctica la democratización estudiantil, la participación de los estudiantes en las decisiones y en las tareas reivindicativas a partir de sus cursos, carreras y facultades.

“La democratización implica la lucha contra la anarquía en la dirección creada por los grupos extremoizquierdistas (JUPA y Neotroskistas) y el fortalecimiento de los consejos estudiantiles y otros organismos de dirección de los estudiantes.

“Sólo desarrollando consecuentemente la táctica del reagrupamiento basada en la democratización del movimiento y de su dirección será posible reorganizar la lucha del estudiantado”.

¿No es esta, acaso, la tesis del gobierno, la explicación oficial de la crisis que se vive en la educación? ¿Qué es sino un ataque a la valerosa lucha estudiantil, sustentar que la “anarquía” presentada el semestre pasado en la universidad colombiana fue por falta de “democracia” en las filas estudiantiles? ¿No es esto calumniar vulgarmente al estudiantado colombiano que ha respaldado a sus dirigentes en la lucha por una cultura nacional y científica al servicio de las masas populares? Sólo los agentes oficiales y los renegados piensas así. Con sobrada razón y calando el alma podrida del grupito dirigente del Partido Comunista de Colombia, las fuerzas revolucionarias han calificado de “mamertos” a los revisionistas colombianos.

¿Cuál fue la táctica propuesta por la dirección mamerta para el movimiento estudiantil? Fue la claudicación, la entrega! Propagaron, cuando apenas llevaba tres meses el movimiento y las universidades estaban clausuradas, los dirigentes detenidos y agudizada la represión, que “la principal forma de lucha era la negociación”. El regional del Valle y Cauca del Partido Comunista dijo el 6 de abril pasado:

“Claro está que no se trata de compromisos y negociaciones en general”. Se trata de algo muy concreto. Se trata de que en este momento la negociación se convierte en la forma principal de lucha. Y como tal debe adelantarse con las masas, no a sus espaldas. En este sentido la apertura de la universidad anunciada para el 12 de abril debe entenderse como apertura de las negociaciones a través de asambleas de profesores y estudiantes, de debates y discusiones públicos”.

Y todo esto dicho con un gran cinismo, desconociendo la posición oficial, como si el gobierno entrara a negociar la reforma revolucionaria por el simple hecho de que los estudiantes cambiaran la lucha por la negociación. ¿Cómo ejercen su presión las masas, cómo defienden sus intereses si no es mediante las movilizaciones públicas, las protestas, los paros, el cese de la “normalidad” y otras formas más elevadas de lucha? El gobierno llamaba a clases no para inaugurar la etapa de las negociaciones, sino calculando un desgaste del movimiento, que le permitiera escamotear las peticiones de los estudiantes y redoblar la represión. Y la verdad fue que en abril el estudiantado, después del “cambio de táctica” pedido por los mamertos, continuó la batalla a nivel nacional. En ningún momento el gobierno quiso discutir la reforma universitaria con las fuerzas democráticas. El 4 de mayo el presidente Pastrana esbozó los principios de la reforma oficial, comprometiéndose públicamente a dar mayores garantías al imperialismo y rechazando descaradamente la opinión nacional que respaldaba las peticiones del estudiantado.

El verdadero ánimo oficial quedó expresado en todas sus medidas fascistas, especialmente las tomadas con el Decreto 1259 y las aplicadas en la Universidad Nacional con el nombramiento como rector del agente imperialista Santiago Fonseca. Este sujeto ha llegado a todos los extremos en su afán por golpear y desconocer los derechos estudiantiles. Extendió la persecución a los profesores, directivas consecuentes y los trabajadores de la Universidad Nacional. Ningún deseo de acuerdo ha manifestado el gobierno. Todo lo contrario, el nombramiento de Fonseca demuestra su posición recalcitrante, su entrega incondicional al imperialismo y su táctica de darle al conflicto una solución de fuerza.

PROSIGUE EL COMBATE

La lucha del estudiantado colombiano continúa sin desmayo. En las universidades del país no se apagará jamás la llama del combate anti-imperialista y las fuerzas revolucionarias conquistarán la victoria. Las masas estudiantiles proseguirán en la tarea de la creación de una organización auténticamente democrática de todos los universitarios, que sea el mejor instrumento de cohesión, unidad y disciplina de la lucha estudiantil. La Juventud Patriótica (JUPA) y demás organizaciones revolucionarias de los estudiantes impulsarán consecuentemente estas consignas en defensa del Programa Mínimo y de la organización nacional estudiantil, buscando para futuras batallas un acercamiento más estrecho con el proletariado, el campesinado y demás fuerzas revolucionarias, condición indispensable para el triunfo. Igualmente adelantarán sin tregua la lucha contra el oportunismo, y en especial contra los renegados y revisionistas.

EDITORIAL: COLOMBIA RECHAZA “AUTONOMÍA PRECARIA”

En los discursos de los presidentes de la República al congreso, como el que pronunciara Misael Pastrana Borrero el pasado 20 de julio para dar comienzo a un nuevo período de la pantomima parlamentaria, se tocan todos los temas, se anuncian montones de proyectos y medidas contra las masas trabajadoras, se responsabiliza al pueblo de las calamidades públicas, se alaba a la Iglesia y se agradece el “patriotismo” de las Fuerzas Armadas por el fiel cumplimiento de sus labores represivas y el respeto a la Constitución, es decir, por no haber dado el golpe de Estado tan célebremente conocido en los países neocoloniales de América Latina como el clásico “cuartelazo”. No falta tampoco en estos discursos la consabida llamada de atención al desacreditado Parlamento para que guarde una mejor compostura y contribuya a favorecer por lo menos las apariencias del sistema. Pero entre toda la cháchara oficial hay algo que se está volviendo fórmula ritual, manifestación obligada de todos los gobernantes que llegan al palacio presidencial, y es la expresa declaración de que nuestro país no puede prosperar y desarrollarse económicamente basándose en sus propios esfuerzos, sino que requiere del tutelaje de los monopolios imperialistas, de la “colaboración” del imperialismo yanqui, principal saqueador de nuestros recursos y causa principal de nuestro atraso.

Misael Pastrana en su mensaje al Congreso, sostuvo que nuestro país es incapaz de resolver los problemas del desarrollo por sus propios medios: “Si se tiene en cuenta el tremendo incremento de los precios de los productos manufacturados externos y las cuantiosas sumas que debemos destinar a cubrir los compromisos provenientes de la amortización de créditos internacionales y el mayor cúmulo de necesidades que golpea con impaciencia sobre nuestras posibilidades de empleo, resulta forzoso concluir en la precariedad de nuestra autonomía para dirigir solos con nuestros propios medios el desarrollo integral del país”. ¡Se ha visto jamás tal cinismo! Se utilizan como argumentos para sustentar la traidora y antipatriótica tesis de la necesidad de la “colaboración” imperialista y de la “precariedad de nuestra autonomía”, precisamente las mismas consecuencias de la dominación imperialista que impide nuestra independencia, autonomía y desarrollo. No es pidiendo la “colaboración” al imperialismo, sino expulsándolo del sagrado territorio patrio, como vamos a resolver nuestros problemas.

Los veinte millones de colombianos no aceptamos la “autonomía precaria” pregonada por el títere de turno. Exigimos la defensa integral de nuestra soberanía como nación y el respeto incondicional a los derechos de autodeterminación de nuestro pueblo. No hay en el mundo un poder que haga renunciar al pueblo colombiano a estas carísimas exigencias. Ni el aparente poderío de los Estados Unidos, ni la traición de un puñado de vendepatrias impedirán al pueblo de Colombia hacer valer sus derechos e intereses.

La gran tragedia colombiana, al igual que la del resto de los países neocoloniales de América Latina, es estar bajo la dominación del imperialismo yanqui. Todos los problemas actuales del país, absolutamente todos, tienen en esa dominación su causa principal. El imperialismo mantiene las relaciones feudales en el campo y estrangula el capital nacional. Los monopolios norteamericanos controlan y explotan el petróleo, los minerales, la fauna, la flora y el resto de nuestros recursos naturales; nos venden cada vez más caros los productos de su industria y nos compran cada vez más baratos nuestros productos agrícolas y materias primas. Las pocas empresas importantes del país pertenecen exclusivamente o están infiltradas por el imperialismo en altos porcentajes. Mediante el control financiero, las regalías, el derecho de patentes y marcas, la llamada asistencia técnica y la facturación fraudulenta, el imperialismo exprime a la industria nacional. A través de los préstamos de sus organismos financieros, el imperialismo mantiene a Colombia en una permanente situación de endeudamiento, condiciona la actividad económica del país y saca jugosas ganancias. Estados Unidos selecciona y sostiene los mandatarios colombianos, a los cuales les traza las políticas que mejor correspondan a sus intereses imperialistas. Todas las reformas, como la agraria, la universitaria, la urbana, la administrativa, los planes de “empleo” y “desarrollo” y el resto de proyectos que hacen parte de los programas del Gobierno, son dictados por Washington. Las Fuerzas Armadas de Colombia reciben el “asesoramiento” de las respectivas comisiones del ejército norteamericano. El imperialismo ejerce igualmente la opresión cultural por medio de su influencia determinante en los órganos de difusión, la educación, la investigación y el arte.

Tal es deplorable cuadro que presenta Colombia. El hambre, la desnutrición, la mortalidad prematura, la miseria de las masas populares, son el macabro resultado de la inmisericorde explotación imperialista. Por lo tanto, la tarea principal de la revolución colombiana en la presente etapa es la liberación nacional. Ninguno de los cambios revolucionarios que hoy demanda Colombia podrá darse si no se rompe con el yugo neocolonial de los Estados Unidos. La defensa de la soberanía nacional y de la autodeterminación de nuestro pueblo es el primer deber de todo colombiano leal a Colombia, e implica una dura y prolongada lucha. Participan en esta lucha el proletariado y el campesinado, fuerzas principales de la revolución, la pequeña burguesía y los intelectuales, e inclusive la burguesía nacional que tiene contradicciones con el imperialismo yanqui y con sus lacayos, la gran burguesía y los grandes terratenientes. La formación de un amplio frente único antiimperialista, integrado por todas estas fuerzas revolucionarias y bajo la dirección del proletariado, es condición fundamental para el triunfo de la revolución colombiana.

Contra esta política revolucionaria de liberación nacional se levantan, además del puñado de grandes burgueses y grandes terratenientes que detenta el poder, los oportunistas de derecha y de “izquierda” que niegan y se oponen a la lucha antiimperialista. Entre estos oportunistas se halla la camarilla de renegados revisionistas dirigente del Partido Comunista de Colombia, que combate rabiosamente la lucha del pueblo colombiano contra las distintas políticas de dominación neocolonial del imperialismo yanqui; y los grupos del oportunismo de “izquierda”, quienes, agitando banderas seudosocialistas, pregonan que la tarea actual e inmediata de la revolución es implantar el socialismo en Colombia, oponiéndose con esta “teoría” a la unidad nacional contra el imperialismo y tratando de enfrentar las fuerzas que sufren la opresión imperialista. Si Colombia no se libera de la dominación extranjera ni realiza las transformaciones democráticas de la actual etapa revolucionaria no podrá jamás pasar al socialismo. Quienes se enfrentan a la lucha contra el imperialismo y por las transformaciones democráticas de la actual etapa revolucionaria son enemigos de la revolución, del socialismo, del proletariado y del pueblo colombiano, así se disfracen de comunistas, socialistas o marxistas. El proletariado derrotará a todas estas alimañas, unificará al pueblo y coronará exitosamente la revolución de nueva democracia, cuya tarea principal es la liberación nacional. Nuestro pueblo, basándose en sus propios esfuerzos y desarrollando su capacidad inagotable, conquistará la victoria y construirá un porvenir próspero y feliz.

Una vez libre, soberana y autónoma, Colombia establecerá relaciones en pie de igualdad, de mutuo beneficio y respeto a la soberanía y autodeterminación de las naciones y pueblos, con todos los países y gobiernos del mundo. Tendrá el apoyo del proletariado mundial, de los países socialistas con la República Popular China a la cabeza y de todos los pueblos, con los cuales establecerá relaciones de mutua ayuda y cooperación. Esta es la política más justa, la que corresponde a los intereses de Colombia y del pueblo colombiano, la única política revolucionaria de lucha contra el imperialismo y de defensa de la soberanía nacional y de la autodeterminación de nuestro pueblo.