EN SUS MISMAS PALABRAS

«Los esfuerzos para estabilizar la economía mexicana parecen estar dando resultado. La llegada en masa de capitales extranjeros, la disminución del déficit fiscal y del nivel de inflación, pueden convertirse en la mejor tarjeta de presentación de este país ante la OCDE. Al parecer las intenciones de México son con los de arriba y no con los de abajo» (Revista Estrategia Económica y Financiera, 18 de marzo de 1994).

«Habrá condiciones económicas fuertes, firmes, para apoyar la integridad de los préstamos» (Warren Christopher, secretario de Estado de EU).

«El FMI, la Reserva Federal y el Tesoro supervisarán el cumplimiento de las condiciones. (…) Estados Unidos tiene el derecho unilateral de terminación si consideramos que las condiciones no son satisfactorias. (…) Los fondos se harán disponibles en segmentos, cada uno accesible sólo después de una evaluación sobre el cumplimiento de las condiciones económicas estipuladas» (Robert Rubin, secretario del Tesoro).

«Altos funcionarios del Departamento del Tesoro informaron en conferencia de prensa que a México se le cobraría por anticipos casi el 20% de los fondos prestados o garantizados».

«¿Por qué los contribuyentes estadounidenses tienen que salvar a especuladores que buscaron abultadas ganancias en inversiones mexicanas de alto riesgo?» (Alfonso D’Amato, presidente del comité de Banca del Senado norteamericano).

«El presidente [Clinton] asumió el costo político y quitó la carga del Congreso porque pensó exactamente que era lo que tenía que hacer porque los intereses vitales de Estados Unidos estaban en juego» (Michael McCurry, portavoz de la Casa Blanca).

«El presidente Clinton telefoneó a su homólogo mexicano, Ernesto Zedillo – desde el avión que lo conducía a Boston- para informarle los detalles del plan. ‘También enfatizó la importancia de que México continúe su programa hacia la reforma económica y la privatización’, explicó a la prensa un alto funcionario de la administración».

«México acepta que, ante un eventual incumplimiento de los pagos, Estados Unidos podrá embargar todos los ingresos de Pemex provenientes de sus ventas al exterior para garantizar el pago al Departamento del Tesoro. Un alto funcionario de esa dependencia señaló que antes de abrir el acceso a este fondo de estabilización, Pemex tendrá que dar instrucciones con carácter irrevocable a sus clientes extranjeros para que, en caso de una falta de pago de obligaciones de su gobierno, los pagos por productos petroleros de esos clientes se canalicen a una cuenta en el Banco de la Reserva Federal en Nueva York».

«El comité ejecutivo nacional del Partido de la Revolución Democrática afirmó que si las nuevas líneas de crédito son otorgadas a México, los compromisos de la deuda externa equivaldrían a casi el 90% del producto interno bruto, lo que llevaría al país al colapso».

«Jorge Calderón, secretario de relaciones internacionales del PRD, consideró que el crédito cercano a los 60 mil millones de dólares ‘servirá para financiar la fuga de capitales: es en realidad el medio para que los tenedores de 26.500 millones de dólares en Tesobonos, los que tienen inversión en la Bolsa o interés en sacar sus capitales de México, porque nada de estos recursos va destinado al financiamiento de proyectos productivos. Se trata lisa y llanamente de un financiamiento para la fuga de capitales, porque una de las condiciones del FMI es la irrestricta libertad cambiaria’. Calificó de ‘grave emergencia’ que casi el 100% de lo producido por los mexicanos sea necesario para respaldar la deuda externa. ‘Es como si no tuviéramos país’ «.

«Quiero expresar nuestro más sincero reconocimiento al señor William Clinton, presidente de Estados Unidos de Norteamérica, por la solidaridad y por el absoluto respeto que ha mostrado por el pueblo y el gobierno de México» (Ernesto Zedillo, 31 de enero de 1995).

20 AÑOS DEL PEQUEÑO TEATRO DE MEDELLÍN

El Pequeño Teatro de Medellín cumplió en enero veinte años de labores e inauguró su nueva sala. Con el último montaje -La tempestad, de Shakespeare, dirigida por Rodrigo Saldarriaga-, el grupo ajusta un total de cuarenta obras puestas en escena.

Surgido en el decenio del setenta como una de las expresiones de esa «revolución cultural» que fue el movimiento estudiantil en las grandes universidades, el Pequeño Teatro ha tenido que sortear múltiples y enormes dificultades. Una de ellas, la de haber conseguido salir avante sin respaldo económico en un país carente de cultura teatral. «En Medellín -dice Saldarriaga- no se había visto nunca un Shakespeare, ni un Moliére, ni un Chéjov, ni un Bretch.» Una sociedad sin teatro, como decía Goethe, no tiene medida de su cultura.

«Se trata entonces -observa Saldarriaga- de una tarea a largo plazo. En grupos como el nuestro recae la obligación de lograr que el arte sea una manifestación cultural.»

Subraya finalmente que «los grandes movimientos teatrales han estado siempre en contra del régimen establecido. La naturaleza del teatro es ser irreverente.»

El proletariado marca el camino: OFENSIVA SAMPERISTA PARA LIQUIDAR LA CAJA AGRARIA

Agobiada por la ruina del agro que ha generado la política aperturista; asfixiada por la falta de recapitalizaciones del Estado que, según el propio minagricultura, Antonio Hernández, desde 1958 se han quedado en el papel; disminuida con el recorte de 50% de su nómina; desangrada por el financiamiento a los damnificados por desastres naturales y obligada a cuantiosos gastos por los acuerdos de paz, y por la proliferación de asesores con jugosos sueldos; restringidos los créditos y elevados los intereses; despojada del manejo de los seguros; acabada la asistencia técnica y clausurados los Agropuntos y Cresemillas, a la Caja Agraria, banco rural por antonomasia, pretenden darle el puntillazo final.

En el proceso de su destrucción, el Banco Mundial impone las condiciones y el régimen hace su oficio entregándolo al capital privado. Según proyecto de ley a presentarse, se propone fragmentarla en varios bancos regionales con 49% de capital privado (que hoy tiene 1%). A la única presencia estatal en zonas apartadas de la República se le cerrarán más de cuatrocientas oficinas, indican estimativos del ministerio y del presidente de la entidad, Gustavo Castro Guerrero.

Más que nunca los trabajadores están vigilantes, con su sindicato a la cabeza. En Cumaca, Cundinamarca, y Salónica, Valle, los trabajadores se aprestan a defender lo suyo. El Sintracreditario, unido con los usuarios, los campesinos, los gremios agrícolas y la población en general, aplicará consecuentemente la línea de resistencia civil en procura de la soberanía económica. La aleccionadora experiencia de Apulo es una prueba al canto.

CONTRA LA CORRIENTE

Contra la corriente es el nombre del último libro y asimismo de la columna periodística que Jorge Enrique Robledo, secretario del MOIR en Caldas, ha escrito semanalmente en los diarios La Patria, de Manizales, y El Nuevo Día, de Ibagué. La política de apertura económica y los problemas cafeteros son dos de los temas que a lo largo de los últimos años han merecido su atención y que ocupan en este libro lugar preeminente, por ser Robledo el coordinador de la Unidad Cafetera Nacional. Entre los 68 artículos que integran la presente publicación, dedicada a Francisco Mosquera, vale también la pena destacar las denuncias políticas y los temas de historia, sobre todo en el campo de la arquitectura, disciplina de la que es profesor en la Universidad Nacional, seccional de Manizales.

Robledo, Jorge. Contra la corriente, Manizales, Ediciones Ars, 1994. 189 págs.

El proletariado marca el camino: SIGAMOS EL EJEMPLO DE APULO

Jaime Paz

Tamaña sorpresa se llevaron los miembros de la Junta Directiva de la Caja cuando, el pasado 19 de diciembre, ingresaron al pasillo de ascensores de Casa Principal en Bogotá para asistir a la última reunión anual. Agitando consignas, 150 campesinos de Apulo protestaban por la inminente clausura de su agencia bancaria. Respondían así al llamamiento del sindicato en pos de la salvaguardia de sus intereses.
Frente común para la pelea.

Tras el cierre del Banco de Bogotá en su municipio, los apuleños hacían sus vueltas en la Caja desde tiempo atrás. Su flujo de operaciones era normal y no existían razones para que los vecinos, privados a la sazón del crédito y del apoyo técnico, se quedaran también sin su único banco.

La cúpula samperista, en su política de arrasar con la Caja y so pretexto de que la sucursal era fuente de pérdidas, se aprestaba a echarle llave a la entidad. Pero otra cosa pensaban los de abajo. Realizaron una persistente labor de opinión pública, convencieron a los escépticos, recolectaron firmas, se movilizaron. Los dirigentes convocaron una combativa marcha que recorrió la población y que culminó en las oficinas de la Caja. Allí, en cabildo abierto, se comprometieron a impedir el atropello, incluso recurriendo al paro cívico, para no verse condenados a languidecer a la vera de los polvorientos caminos de la incuria oficial.

Amplios sectores de la comunidad constituyeron de inmediato el Comité Pro-defensa de la Caja Agraria, integrado por el cura, el personero, pensionados, concejales y comerciantes, labriegos, maestros y empleados. El sindicato, baluarte fundamental de la pelea, estuvo representado por el presidente de la seccional de Cundinamarca, Jaime Paz.

Toma de la Caja en Bogotá

A los pasillos de Casa Principal llegaron al mediodía los almuerzos para el piso trece, pero éstos son retenidos por los manifestantes quienes anuncian repartirlos entre ellos, caso de no llegarse al avenimiento. Entonces, previa negociación, se acuerda designar voceros para hablar ante los directivos. Estos se empeñan en sabotear la entrada del sindicato, por lo cual los campesinos reaccionan con decisión y logran la presencia del compañero Paz.

El presidente de la empresa interroga a los comisionados. La única mujer, líder veredal de la zona, se hace intérprete del grupo, defiende con vehemencia la movilización y anuncia un paro cívico si no echan atrás la orden de cierre.

Después de varias horas arrancaron a la junta el compromiso de mantener las oficinas de la Caja en Apulo. Culminaba una jornada de lucha. Los almuerzos del Club de Banqueros ya se habían enfriado. En el pasillo, los campesinos y Sintracreditario se fundieron en un caluroso abrazo.

DESDE LA RESISTENCIA CIVIL

La obra de Aurelio Suárez, diputado y secretario del MOIR en Risaralda, guarda en común con las de Galeano y Robledo el acierto en la selección de los escritos periodísticos. Esta vez del diario La Tarde, de Pereira, en el que Aurelio escribe desde 1989 la columna que da el título al libro, dedicado asimismo a Francisco Mosquera.

El tono de las notas es crítico, humorístico o laudatorio. Crítico y humorístico, por ejemplo, al referirse al pomposo recibimiento que le brindó la prensa a Mr. Myles Frechette, a quien Suárez señala como actor de primera línea en la ruptura del Pacto Cafetero. Elogioso, en cambio, al hacer referencia a la presencia activa de la Unidad Cafetera junto a millares de labriegos empobrecidos.

Suárez Montoya, Aurelio. Desde la resistencia civil, Litografía y Tipografía Imperio Pereira, 1994. 160 págs.

El proletariado marca el camino: LA USO ENFILA BATERÍAS CONTRA LA PRIVATIZACIÓN

Roberto Smalbach

La Unión Sindical Obrera USO, ha saltado nuevamente a la palestra en defensa de la industria petrolera nacional y de sus propias reivindicaciones salariales. Después de casi dos meses de negociación sin lograr mayores avances el sindicato ha manifestado la decisión de irse a la huelga si no hay respuesta positiva a sus peticiones y si no se revierte política de debilitamiento de la empresa y la privatización de sus actividades.

El país ha sido notificado de que las medidas de Samper en materia de hidrocarburos apuntan a favorecer a las multinacionales en detrimento del interés patrio. Los contratos de asociación han sido modificados aún más regresivamente al comprometer a Ecopetrol con 50% de los gastos de exploración, que antes corrían a cargo de la empresa asociada. Además los contratos de explotación se han hecho indefinidos, hasta la extinción de las reservas.
El manejo de los oleoductos también comienza a ser cedido al sector privado, tal cual sucede con el Oleoducto Central de los Llanos que transportará los 800 mil barriles diarios que en 1997 producirá esa región. La renta petrolera por concepto de transporte estará en manos de los monopolios extranjeros.
Repitiendo la historia de Cusiana, se insinúa la posibilidad de que el yacimiento de Coporo, situado en los departamentos de Cundinamarca y Meta, cuyas reservas se prospectan en 3.000 millones de barriles, sea perforado a riesgo compartido con las multinacionales. En fin, toda esta antinacional política se basa en la reestructuración de Ecopetrol, dirigida a dividir y privatizar uno de los más importantes patrimonios de los colombianos.

La firme oposición de la USO a la firma del «pacto social» le ha servido de puntal a la defensa del pliego. Los obreros petroleros han expresado, mediante paros parciales, su férrea decisión de no aceptar el irrisorio 18%. Para ello están dispuestos incluso a paralizar la producción.

Dentro de las banderas contempladas en la actual batalla se incluye la reversión a la empresa estatal, con sustitución patronal para los trabajadores, de la Concesión del Campo Río Zulia, en Norte de Santander, hoy en manos de la Chevron, de Estados Unidos.

La Unión Sindical Obrera se encuentra nuevamente en pie de lucha y una vez más logrará el respaldo del pueblo colombiano.

RUMOR DE RÍO

Rumor de río recoge «Sembrar de nuevo» y otros 16 de los mejores artículos aparecidos en El Pequeño Periódico entre 1982 y 1989, año en que Galeano, junto con otros muchos moiristas, debió dejar el sur de Bolívar ante las repetidas amenazas de la violencia terrorista.

El presente libro compila hermosos reportajes como «Ñañe, el hombre que voló», «Naufragio en la calle Páez» y «Costa Azul»; entrevistas como «Sembrar de nuevo» y «Montecristo, una centuria de intentos»; materiales diversos que destacan la actividad cultural del sur de Bolívar y, por último, comprobadas denuncias sobre la decadencia de la producción arrocera y de la antaño floreciente navegación por el río Magdalena.

Galeano H., Ángel. Rumor de río, Medellín, Fundación Arte y Ciencia, 1994. 142 págs.

El proletariado marca el camino: LOS TRABAJADORES RESPONDERÁN A LA NUEVA ARREMETIDA CONTRA TELECOM

Eberto López.

Que Telecom recupere la exclusividad de los servicios básicos y de telefonía continúa siendo la reivindicación fundamental que el sindicato plantea para enfrentar la arremetida privatizadora. Los trabajadores exigen asimismo penalizar severamente el contrabando y la piratería, impulsados principalmente por compañías gringas, y que le causan al país enormes pérdidas.

La venta de la telefonía nacional e internacional fue anunciada por el ministro Perry como una de las fuentes de financiación con que contará el «salto social». La resolución 014, además, ya deja abierta la posibilidad de que entren a operar en este campo las empresas particulares.

Nada les importa el que se trate de un sector estratégico. «Dejen de entonar tanto himno a la bandera», recomendaba hace unos días el senador Eduardo Pizano, quien, después de entregar la telefonía celular, parece estar dispuesto a cualquier cosa por entonarle loas al dólar.

La privatización se está aplicando en varios frentes. Al dividir a Telecom en once «unidades» se busca eliminar aquellas áreas que no den grandes rendimientos. Desaparecerán sin duda los servicios de télex, telegrafía, telefonía regional y eventualmente larga distancia. Las primeras suelen arrojar déficit, pero se han manejado hasta ahora con criterio social, en beneficio de cientos de pequeñas localidades.

Como larga distancia, en cambio, le rinde a Telecom más de 90% de sus actuales utilidades, el samperismo ha recurrido a una treta simple para acabar con ella: crear una sección aparte denominada «grandes clientes». El objetivo es liquidar la empresa para dejar «el negocio del futuro» en manos de la AT&T y demás pulpos extranjeros.

Otra forma de privatización son los contratos de joint venture principalmente con Alcatel, Bell, Northern y Siemens, a las que se ha entregado la instalación de redes en el territorio colombiano. Del producido de cada línea telefónica, 90% va a parar a las arcas del asociado. A Telecom sólo le queda el 10%. Hasta los quioscos o casetas se les vienen confiando a contratistas particulares.

«El gobierno predica la libre competencia afirma Eberto López, pero son las multinacionales y unos cuantos monopolios criollos los que disfrutan hoy de plenas garantías, en desmedro de la empresa estatal.»

Entrega tan servil no puede consumarse sin antes derrotar al ejército sindical que desde el movimiento del 92 se ha erigido en defensor indoblegable del interés de la nación. Tal es la meta que se proponía el reciente plan de retiro acometido por la administración a costos astronómicos, y que logró desvincular a 3.184 trabajadores. A los 8.500 restantes, sin embargo, les corresponde ahora mantener en alto las banderas de lucha.

Tan estratégico sector de las telecomunicaciones constituye un invaluable patrimonio social y un motor del progreso. El sindicato está convocando una vez más a los trabajadores y a todos los patriotas a la movilización decidida en defensa de la soberanía.

Del legado de Mosquera: SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS: LA VIEJA Y LA NUEVA DEMOCRACIA

«A toda democracia la rige un contenido de clase. Los imperialistas y sus acólitos en su labor ideológica bregan por velar esta realidad y pregonan una república que cobije idílicamente a poseedores y desposeídos, explotadores y explotados, naciones opresoras y naciones oprimidas. Con base en este aberrante engaño erigen su rampante dictadura. Ciertamente el manicero de Georgia contribuyó a insuflar el asunto, pero, como era natural, enredó la pita. Al proletariado le toca colocar los puntos sobre las íes y disipar la barahúnda.» (Francisco Mosquera, «La vieja y la nueva democracia», en Tribuna Roja, No. 34, septiembre WS 1979).
«Los liberales no se resignan a creer que Montesquieu se les murió, y los revisionistas los acompañan en la congoja. Al evocar el espíritu de aquél, no logran revivir las condiciones sociales de la época en que la burguesía tallaba el mundo con sus prédicas, y naufragan, porque los de arriba no los toman en serio y los de abajo les faltan al respeto. Hace mucho que a la libre competencia la suplantó el monopolio y que surgió el imperialismo con su comunidad de decenas de naciones y de miles de millones de personas sometidas al arbitrio de un puñado de multimillonarios.

El sistema de Estado que impera en dicha comunidad consiste en la dictadura de los monopolistas, ejercida directamente, o por comisión, a través de los agentes intermediarios vendepatrias, así su forma de gobierno fuere democrático-representativa. Si en su amanecer la democracia burguesa encaró el desafío de derruir los torreones feudales, hoy, a duras penas presta la pelleja con que los depredadores modernos disfrazan su inefable despotismo contra las masas subyugadas. En un movimiento por la restauración de la vieja democracia, los trabajadores de la Colombia saqueada y atrasada no tendrían nada por ganar. Al contrario, la alianza que buscan, la unidad por la que viene combatiendo, el frente que pregonan, es para abrirles el paso a las ideas y a las fuerzas de la nueva democracia de los obreros y los campesinos. La única que liberará a la nación colombiana y no secunda los propósitos del imperialismo; que contempla el beneficio de las inmensas mayorías y no el lucro de un reducido círculo de potentados, y la única que congregará en torno suyo al pueblo, incluidos los productores nacionales y patriotas sinceros, y desbordará las miras de los restauradores de la trasnochada ilustración de las centurias XVIII y XIX.

«Los forenses [del Foro de Derechos Humanos] fantasean acerca de la esencia de la persona, del hombre en general como sujeto de derechos, de la substancia humana, etc., pero todos esos entes abstractos, a los que les gastan tanta saliva, sólo habitan en sus necios cerebros. El proletariado ha mucho ajustó cuentas asimismo con la rutinaria inclinación de los explotadores a esconder que los hombres han estado divididos, desde eras remotas, en clases rivales, y que la espacie se ha desarrollado mediante las luchas de estas clases, y así seguirá durante un intervalo supremamente extenso. Lo humano, dentro del capitalismo, se concreta en el asalariado de carne y hueso que vende su fuerza de trabajo para no perecer, y en el burgués, también corporal, que se enriquece con la compraventa. Éste vive de aquél. El uno es libre y el otro no. ¿Cómo disertar indiscriminadamente sobre unos derechos humanos para ambos, siendo que los privilegios con que se deleita el segundo significan la indigencia absoluta del primero? ¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!, dijo Arquímedes en la antigüedad. ¡Hipócritas, concededme uno solo de mis derechos y os desplomaré vuestro asqueroso mundo!, les increpa el proletariado moderno a los entibadores del orden jurídico capitalista.» (Ibíd.)

«Cualquier campaña por la democracia que soslaye el problema de las clases y de la dictadura, no deja de entrañar una vil engañifa, destinada a contrarrestar las ansias de emancipación del pueblo con farisaicas defensas del régimen expoliador, o con el expendio de un edén bíblico imposible. ¡Cuánta falta hace airear el ambiente! La preponderancia que aún conservan los partidos tradicionales en Colombia, se explica, con creces, por el hecho de que nadie en el pasado insistió con la claridad y la energía suficientes en combatir el democratismo embaucador de los saqueadores y los turiferarios. Nos encontramos en mora de rescatar, de manos del tutelaje ideológico de la coalición liberal-conservadora, el portentoso movimiento democrático de las masas populares. Mientras subsistan amplios sectores de indigentes enzarzados en las trapisondas de los democrateros burgueses y terratenientes no hay que pensar siquiera en la más mínima transformación de la situación política. He ahí para los revolucionarios colombianos el compromiso ineludible de la hora: educar al pueblo en los postulados de una democracia consecuente, que le faciliten comprender el azaroso período por el cual transcurre y distinguir las clases con las cuales realmente cuenta en la hazañosa pelea contra sus seculares opresores.» (Ibíd.)

«Las restricciones en Colombia ni por equivocación lastiman a liberales y conservadores; se promulgan deliberadamente contra los partidos de las clases revolucionarias. (…) Las elecciones funcionan sobre el tácito entendimiento de que algunas de las porciones en que ocasionalmente se fracciona la masa de oligarcas, el ala gobernante o la opositora, terminará depositaria del complejo engranaje administrativo. El dinero, los medios de comunicación, los estatutos de seguridad, todo, en redondo, está combinado y convenido para que los subversivos, la izquierda, los libertos, nunca salgan de su condición de minoría ni abandonen jamás las catacumbas, no obstante abarcar las nueve décimas partes de la población. Pero en el momento en que no sea así y por los empujes de la revolución al sufragio no le quede otra que reconocer la mayoría de las mayorías, ¡adiós sufragio!

«Idéntica suerte corre el resto de libertades. Son espejismos que se desvanecen a medida que nos vamos aproximando a ellos. ¿Cuándo los desharrapados recolectores de café, por ejemplo, adquirirán una rotativa para difundir su verdad, tan distante de la de los Santos, tío y sobrino? Si aquel milagro llegare a verificarse en esta sociedad, el día de ese mes y de ese año, la censura de prensa se generalizaría. Y todo dentro de la más escrupulosa legalidad, porque ‘quien hizo la ley hizo la trampa’, reza el adagio. Acomodados al código han sido los despidos masivos de los batalladores proletarios, las prohibiciones de las huelgas, los tribunales de arbitramento obligatorio, la congelación de los fondos sindicales. En cambio, ¿será ilegal Santofimio? Mientras Turbay ocupe el solio, no parece. El terrateniente como tal, como clase, tampoco caerá en flagrante delito, a pesar de sus reiteradas y monstruosas villanías contra el campesino. Empero, la peor de las ruindades consiste en pugnar por persuadir a los desheredados de siempre de que aún pueden obtener su dicha bajo la vieja dictadura, si acceden a cooperar con los empeños reformistas.» (Ibíd.)

«Los del Foro de los Derechos Humanos reclaman ‘menos impunidad y más confianza en la justicia’, ‘haciéndola mejor y más acelerada’, en bien de la ‘paz’, la ‘seguridad’ y el ‘progreso de la patria’. Para lo cual habrá que ‘modernizar los procedimientos’, ‘aumentar magistrados’, etcétera, etcétera. Una cosa es combatir la militarización y las iniquidades de los consejos verbales de guerra, y otra muy distinta reivindicar la vetusta y corrompida justicia ordinaria. Aquí ‘modernizar los procedimientos’ equivale a pulir las herramientas punitivas con que las clases dominantes sancionan a quienes, en la esfera individual o colectiva, por acto espontáneo o acción organizada, atentan contra la integridad y la propiedad de los explotadores.

¿No es esto lo que el gobierno busca con sus proyectos de reforma a la Constitución y a la rama jurisdiccional? Una justicia dócil, rápida en despachar los asuntos encomendados a su severo veredicto, articulada directamente con la cúpula del Poder y por ella férreamente regida, que permita eximir a los militares, aunque sólo fuera por una temporada, de la carga de juzgar a los civiles; encargo que se ha tornado tan pernicioso para el fosforescente prestigio y las tradiciones republicanas de las Fuerzas Armadas, según quejumbres de los recalcitrantes apologistas del régimen. Las cárceles están repletas de personas carentes de recursos hasta para cancelar las costas de un juicio. Fuera de los rebeldes confesos, son carne de presidio el proletario cesante, el campesino desalojado, el lumpen sin salida, los residentes del tugurio, en una palabra, la pobrería. Ningún remiendo a la norma jurídica modificará esta historia maldita de la democracia colombiana. El pueblo, que asimila muchísimo más que los cancerberos con toga, lo ha expresado en breve máxima: ‘La justicia es un perro bravo que sólo muerde a los de ruana’.» (Ibíd.)
«La lucha contra el despotismo y la fascistización progresiva del país y por desgajarle al enemigo unas cuantas conquistas en bien del pueblo, antes que suavizar las contradicciones entre la reacción y la revolución, entre la nueva y la vieja democracia, habrá de hacerlas más patentes y comprensibles para los obreros, los campesinos y demás destacamentos progresistas y patrióticos. Repudiamos la barbarie oficial y nos solidarizamos con quienes padezcan los sádicos tratamientos de los aparatos represivos, mas nada ni nadie conseguirá que el MOIR contemporice con el oportunismo. (…) Si las masas trabajadoras no arrancan de cuajo los 50 o más años de mamertismo, ni bajan a empeñones del escenario a los farsantes, ni cierran filas en derredor de sus justos intereses, antagónicos a los de la coalición bipartidista liberal-conservadora, la revolución colombiana se empantanaría paradójicamente en una coyuntura tan propicia como la presente. El MOIR, para evitar semejante peligro, va a requerir al máximo poner en juego la energía, la capacidad y la disciplina de sus cuadros y militantes, los abnegados fogoneros de la causa revolucionaria.» (Ibíd.)