MÉXICO CON LA SOGA AL CUELLO

Raúl Fernández

Salinas no pudo gozar a plenitud de la firma del Tratado de Libre Comercio, TLC, debido a los sucesos en Chiapas, a su continuador también le aguaron la fiesta, pues faltando pocos días para el primer aniversario del Tratado, se le estalló la bomba de la devaluación. Como en piñata de cumpleaños, la estabilidad financiera del país saltó hecha mil pedazos, creando el pánico y socavando la cultivada imagen internacional de los Salinas y los Zedillos. Más que paraíso de los inversionistas, el país azteca luce hoy como un maltrecho limosnero, convertido en apéndice de Estados Unidos.

Los tecnócratas gobernantes, amaestrados en universidades elitistas del Norte, donde absorbieron la doctrina de Harvard, utilizan un lenguaje seudocientífico tratando de justificar los azarosos vaivenes de un mercado financiero internacional más voraz que nunca y dispuesto a toda clase de maniobras para intensificar el saqueo de los pueblos.
Recolonización: México hacia el abismo
La catástrofe mexicana es el resultado más tangible de las políticas aperturistas cuyo punto culminante fue el TLC. La idea de conformarlo parte de los grandes conglomerados estadounidenses, inquietos ante la competencia aguerrida que les vienen haciendo Europa y Japón, país éste con el que Estados Unidos mantiene un enorme déficit comercial. El TLC busca entonces garantizar la libre operación en tierras aztecas de las empresas norteamericanas, aprovechar la mano de obra barata y convertir el país en una plataforma exportadora tanto a los mismos Estados Unidos como al resto del mundo. El caso de la industria automotriz resulta bien diciente. Muchos comentaristas se refieren al TLC como el tratado de las compañías de automóviles. El segundo objetivo consiste en negarles esas mismas ventajas a Europa Occidental y Japón, que enfrentan grandes dificultades para producir y exportar desde México.

Los pulpos gringos contaron con la complicidad del presidente de turno, Salinas de Gortari, quien aplicó una política empeñada en atraer flujos millonarios. Para apuntalarse ante Wall Street, además, los lacayos en el poder comenzaron a desmantelar numerosas empresas estatales y a flexibilizar el mercado laboral. Sindicatos patronalistas, dominados por el PRI, renunciaron a viejas e importantes conquistas proletarias. Como consecuencia inmediata de estas medidas se produjo una gran oleada de capitales hacia México, que alcanzó en 1993 la suma de 33 mil millones de dólares. Más de 85 por ciento de los dineros invertidos en acciones de las empresas privatizadas y en bonos de la tesorería nacional eran simples transacciones especulativas. También como secuela de las nuevas políticas se multiplicaron el desempleo y el subempleo, la economía informal y la migración ilegal a Estados Unidos.

Las enormes reservas de divisas con que contaba el país azteca le permitieron a Salinas impulsar el otro aspecto de la estrategia colonizadora: las tarifas previamente impuestas a productos de origen norteamericano fueron eliminadas a paso acelerado. No resulta así extraño que en 1992, 1993 y 1994, Estados Unidos haya obtenido un inmenso superávit en su comercio con México. Tan rápido incremento de las exportaciones a la nación vecina fue utilizado por Clinton en los debates del Congreso para convencer a los más recalcitrantes opositores al Tratado de que nuevos y numerosos empleos se estaban creando en las diversas ramas de la industria. Al otro lado de la frontera, mientras tanto, el déficit creciente se creía cubierto con el constante flujo de moneda extranjera.

Al ser levantadas las barreras a las importaciones, la industria mexicana no tarda en resentirse. Los pequeños y medianos productores sucumben en masa. Las manufacturas domésticas son desplazadas. Desaparece 50% de las empresas textileras y 30% de las del cuero. Los importadores se apropian ávidamente de los dólares, mientras que el déficit comercial, agravado por la fuerte presión del servicio de la deuda externa, prosigue en aumento. A mediados de 1994 el desequilibrio en la balanza asciende a la cifra de treinta mil millones de dólares.

México, paraíso de los especuladores
Desde sus escritorios, los ideólogos del libre comercio pregonaban que los inversionistas extranjeros compensarían tan riesgosa tendencia construyendo fábricas en las ciudades mexicanas. Pero los trust siempre prefieren especular en bonos y en acciones. Y no hay que ser un perito en finanzas internacionales para saber que estos dineros entran ciertamente con rapidez, pero se fugan con idéntica prontitud.

No era desconocido en los círculos del gran capital que el régimen priísta, al querer sufragar su déficit con los dólares de la especulación, patinaba alegremente sobre una fina capa de hielo. Voces cautelosas sugirieron que México debía devaluar cuanto antes su moneda. En ese momento, sin embargo, el ensordecedor alboroto neoliberal no permitió que sus prédicas fueran escuchadas. No era la hora de crear pánico vaticinando futuras hecatombes, y aun menos echando a andar una devaluación que pusiera en peligro el asombroso superávit de las exportaciones gringas a México.

Desde mediados de 1994, ante las ostensibles señales de alarma, la devaluación se tornaba imperiosa. Pero las presiones en contra eran todavía mayores. La más tiránica provenía de quienes manejaban las inversiones extranjeras en la bolsa de valores de la capital mexicana, manipulados a su vez por los banqueros estadinenses, en una oscura cadena de chantajes y sobornos.

Los desajustes comerciales, los estímulos del gobierno a la clase media para que consumiera productos importados, la confianza en el portafolio de bonos y acciones, y la consiguiente sobrevaluación relativa de la moneda, fueron los factores que incubaron la crisis.

El país continuaba su ciega marcha hacia el desfiladero. Apenas asentado el polvo del conflicto con la guerrilla chiapaneca, el asesinato de Colossio, candidato a la Presidencia, puso a tambalear la bolsa de valores. Estados Unidos salió entonces presto a ofrecer un crédito de siete mil millones de dólares, buscando evitar una estampida de divisas. Pero la fuga de capitales nacionales y extranjeros había tomado vuelo. Y se aceleró aún más con el asesinato del secretario del PRI, Ruiz Massieu, y con el alza de las tasas de interés en Estados Unidos, que atrajo a los capitales golondrina que anidaban en México. Se estima que en octubre y noviembre de 1994 salieron más de diez mil millones de dólares, hecho extremadamente grave, puesto que podía producir la quiebra de la economía al declararse el régimen incapaz de cumplir con sus deudas externas.

Se hacía imprescindible tomar medidas drásticas. Empero, como dirían los manitos, «ni modo»: se aproximaba diciembre con la cumbre de Miami liderada por Clinton y respaldada por sus títeres, Samper incluido. No era el momento de arriesgar la vitrina del modelo económico proyanqui.

México sí se raja
La crisis explotó finalmente el 20 de diciembre. Así como el humo del volcán Popocatépetl provocó no hace mucho la huida de la población residente en las cercanías, la decisión del presidente Zedillo de devaluar en 15% el peso hizo cundir el pánico. De inmediato se alzaron las recriminaciones. Primero le cargaron la culpa a la guerrilla zapatista. Pretendieron después que fuera el presidente Salinas quien se echara el finado a cuestas. El argumento tiene sus bemoles, ya que Zedillo, quien formó parte del equipo de Salinas, nunca dijo ni pío. En esencia, Clinton no les permitió devaluar, comprometido como estaba ante el Congreso en lograr la ratificación del TLC. Dejar que el peso mexicano se derrumbara habría sido visto como una traición del presidente norteamericano a los partidarios del Tratado.
Tres días después el régimen deja flotar libremente la moneda en un vano intento de parar la hemorragia. Es inútil: todo el que puede deshacerse de sus pesos para convertirlos en dólares no demora en hacerlo. En diez días el peso pierde más de un tercio de su valor. El mercado de valores se desploma. Como una reacción en cadena, las compañías financieras de Nueva York y Londres empiezan a vender febrilmente sus acciones mexicanas, carrera que provoca el descenso en picada del peso. Tan sólo en diez días, 12% de todas las inversiones extranjeras, unos ocho mil millones de dólares, emprenden la huida.

Por toda América Latina el llamado «efecto tequila» sacudió las bolsas de valores. La Nación, de Buenos Aires, refiriéndose a un documento gubernamental, informaba de pérdidas en Argentina que sumaban casi siete mil millones de dólares y de una fuga de divisas estimada en mil seiscientos millones.

En México la devaluación tuvo como inmediata secuela el alza en el precio de numerosos artículos: el mismo día de Navidad, el arroz, los frijoles, el pollo y los cigarrillos habían subido 40%. Diversas empresas, desde Televisa hasta la Nissan y la Volkswagen, dieron en despedir a miles de empleados. En Estados Unidos, algunas empresas exportadoras que se habían lucrado con las maquilas fronterizas vieron descender sus pedidos hasta en 80%.

Los piratas al rescate del galeón hundido
Como los monopolios de Wall Street enfrentaban el riesgo de pérdidas millonarias no sólo en México sino en las demás capitales de América Latina, Clinton puso manos a la obra. Una quiebra completa de la economía mexicana habría equivalido a una catástrofe. «México es como nuestro estado número 51 -declaró Barton Biggs, jefe de la Morgan Stanley Asset Management-. Si no garantizamos la deuda, los tres más grandes bancos mexicanos se hundirían.» Otro vocero de la banca, David Shulman, de la Salomon Brothers, respaldó la propuesta de Clinton de ayuda con garantías, explicando la alternativa de esta manera: «Si un país soberano es incapaz de pagar deudas me parece que habría que invadirlo.»

Además, fugas masivas de capital, que podrían ocurrir en otros países de América Latina, tendrían abrumadoras consecuencias sobre las exportaciones norteamericanas, tan necesarias hoy en día, en momentos en que se quiere hacer de Estados Unidos, según frase de Bush, una «superpotencia exportadora».

La quiebra total de la economía mexicana bien podría hacer trizas su estabilidad política. Así que resolver el problema de liquidez de los aztecas se convirtió para los cerebros de Wall Street en tarea impostergable. Dicho y hecho. Mientras el Congreso titubeaba, Clinton esgrimió sus poderes ejecutivos y anunció un plan gubernamental, combinado con créditos de emergencia del FMI y la banca internacional, por cerca de 50 mil millones de dólares.

Claro, hay defensas que matan. Y también hay remedios peores que la enfermedad. Las garantías de México tienen su precio, muy gravoso por cierto. Para empezar, las cláusulas del plan no son del todo conocidas. Por ejemplo, con respecto al FMI, The Wall Street Journal reveló que el acuerdo contempla «condiciones no divulgadas públicamente y mucho más duras» que las exigidas hasta ahora, y que «tendrá que satisfacer» para acceder a futuras entregas de fondos. «En todo acuerdo existen cláusulas que no se reconocen públicamente por razones de sensibilidad política en los países prestatarios», confirmó una fuente de un organismo monetario en Nueva York en declaraciones publicadas por el diario mexicano La Jornada.

De lo poco que ha salido a la luz se sabe que México tendrá que depositar en el banco de la reserva federal de Nueva York los recursos provenientes del petróleo y que Estados Unidos supervisará el programa de austeridad y privatizaciones.

Zedillo deberá modificar la tradicional oposición mexicana al pacto de no proliferación nuclear, y se comprometió igualmente a impedir la migración de mexicanos indocumentados, a reforzar la guerra contra el narcotráfico y a evitar toda acción de respaldo a Cuba.

En materia salarial, mientras que el poder de compra de los trabajadores ha bajado hasta 40% en los últimos dos meses, el plan de ajuste garantiza apenas el mismo 7% de incremento prometido antes de la devaluación. En el presente año se espera que la tasa de inflación llegue a más de 30%, lo que causará una pérdida de la capacidad adquisitiva de no menos de 25%. De igual manera, el gasto social tendrá que reducirse en virtud de las condiciones impuestas por la banca internacional.

La deuda externa mexicana alcanza los 170 mil millones de dólares y, con la receta de Clinton, crecerá aún más. Antes de la crisis, ya el gobierno azteca venía usando sus ventas de petróleo para sufragar el servicio de la deuda. Este problema es por lo demás generalizado en América Latina, que en 1990 contabilizaba empréstitos por más de 500 mil millones de dólares. Los pagos de servicio aumentaron de 46 mil millones en 1990 a 57 mil millones en 1993. En Argentina los solos desembolsos por servicio de la deuda ascenderán en 1995 a 5 mil millones de dólares, lo que explica la desaforada carrera privatizadora en que se halla empeñado Carlos Ménem. Los títeres primero empeñan sus países y después los venden para pagar algo y seguir cada vez más empeñados.

Con el paquete financiero, México no podrá resolver la creciente insolvencia interna. Miles de agricultores, comerciantes y consumidores han quebrado y son incapaces de pagar sus deudas e hipotecas. Importantes bancos encaran idéntica situación. El riesgo de que los sucesos recientes arrastren consigo incluso a las instituciones financieras gringas no ha desaparecido.

El peso de la deuda externa hará cada vez más oneroso el crédito, cuyas tasas de interés ascendían en diciembre a 40%. Si ayer la usura mantenía asfixiados a los empresarios nacionales, ahora impondrá condiciones aún más leoninas. Tal como lo pregona la tozuda realidad, el verdadero resultado de la apertura en México es la implacable destrucción de su industria.

Podría pensarse que frente a tan graves descalabros la solución no puede ser otra que desterrar el modelo neoliberal. Sin embargo, el imperialismo y sus acólitos aprovecharán la situación para profundizar el saqueo. Se están apropiando de las más importantes empresas, comprando sus acciones desvalorizadas, y explotarán más intensamente la abaratada mano de obra.

La crisis mexicana desenmascara sin tapujos la forma en que el modelo neoliberal hace que los sectores populares y la producción interna paguen los platos rotos que dejan a su paso las especulaciones de los grandes consorcios financieros. En la actualidad la economía del hermano país se encuentra más endeble que después de la crisis de 1982. De vitrina dorada de la flamante Iniciativa para las Américas, México ha pasado a convertirse en un patético protectorado de la superpotencia del Norte.

DIÁLOGOS HACIA UN FRENTE DE OPOSICIÓN AL GOBIERNO DE SAMPER PIZANO

Al final del año 1994 y en lo que va corrido del actual, se han venido realizando una serie de reuniones entre distintas fuerzas políticas diferentes a los partidos tradicionales, con el objetivo de coordinar esfuerzos y buscar puntos coincidentes para una mejor defensa de los intereses populares y nacionales.

Con el Partido Comunista, la Corriente de Renovación Socialista, el Partido Socialista de los Trabajadores, la Acción Social Indígena, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, y, a título personal, algunos dirigentes de la AD-M19, ha tenido el MOIR ocasión de intercambiar ideas y fijar criterios sobre la situación nacional.

Se ha ratificado persistentemente la decisión de superar obstáculos y realizar toda clase de conversaciones y eventos que conduzcan a que las fuerzas populares adelanten en forma unitaria y eficaz la lucha contra los programas oficiales, que siguen imponiendo la política de apertura imperialista que tantos males le ha traído a Colombia y que tiene a México en la postración total.

Nuestra posición la hemos resumido en que hoy la nación y el pueblo necesitan más que nunca la unidad de todos los partidos, organizaciones y personas que se expresen políticamente:
1. Por la defensa de la producción y la soberanía nacional y contra la ofensiva que Estados Unidos despliega para lograr la plena colonización económica de América Latina y extender sus garras de pulpo explotador en todos los rincones del mundo, amenazando ahora a Colombia con utilizar sus fuerzas militares de intervención.
2. Contra el gobierno de Samper y sus programas de continuación y profundización de la apertura aplicada por Gaviria, los programas antiobreros del “pacto social” y su demagógico «salto social».

3. Por la defensa de los más caros intereses de la clase obrera y el pueblos, el respeto a sus organizaciones políticas y sindicales y el mejoramiento en sus condiciones de vida y de trabajo.

El MOIR ha señalado también que debe lograrse la salida negociada al conflicto armado que enfrenta al Estado con las fuerzas guerrilleras, ya que el país requiere la civilización de la contienda política.
En cuanto a las negociaciones entre el gobierno y las agrupaciones alzadas en armas, el MOIR ha reiterado que no le compete intervenir, entre otras cosas, porque no ha declarado la guerra.
En palabras de su fallecido dirigente, Francisco Mosquera, se señala que de ese proceso de negociaciones «simplemente esperamos, primero, que a la postre salgan favorecidos unos métodos y una táctica revolucionarios y correctos, y, segundo, que en ningún momento dicha gestión sirva para ocultar aún más la índole antinacional y antipopular de los nuevos administradores de la vetusta república».

EN SUS MISMAS PALABRAS

«Los esfuerzos para estabilizar la economía mexicana parecen estar dando resultado. La llegada en masa de capitales extranjeros, la disminución del déficit fiscal y del nivel de inflación, pueden convertirse en la mejor tarjeta de presentación de este país ante la OCDE. Al parecer las intenciones de México son con los de arriba y no con los de abajo» (Revista Estrategia Económica y Financiera, 18 de marzo de 1994).

«Habrá condiciones económicas fuertes, firmes, para apoyar la integridad de los préstamos» (Warren Christopher, secretario de Estado de EU).

«El FMI, la Reserva Federal y el Tesoro supervisarán el cumplimiento de las condiciones. (…) Estados Unidos tiene el derecho unilateral de terminación si consideramos que las condiciones no son satisfactorias. (…) Los fondos se harán disponibles en segmentos, cada uno accesible sólo después de una evaluación sobre el cumplimiento de las condiciones económicas estipuladas» (Robert Rubin, secretario del Tesoro).

«Altos funcionarios del Departamento del Tesoro informaron en conferencia de prensa que a México se le cobraría por anticipos casi el 20% de los fondos prestados o garantizados».

«¿Por qué los contribuyentes estadounidenses tienen que salvar a especuladores que buscaron abultadas ganancias en inversiones mexicanas de alto riesgo?» (Alfonso D’Amato, presidente del comité de Banca del Senado norteamericano).

«El presidente [Clinton] asumió el costo político y quitó la carga del Congreso porque pensó exactamente que era lo que tenía que hacer porque los intereses vitales de Estados Unidos estaban en juego» (Michael McCurry, portavoz de la Casa Blanca).

«El presidente Clinton telefoneó a su homólogo mexicano, Ernesto Zedillo – desde el avión que lo conducía a Boston- para informarle los detalles del plan. ‘También enfatizó la importancia de que México continúe su programa hacia la reforma económica y la privatización’, explicó a la prensa un alto funcionario de la administración».

«México acepta que, ante un eventual incumplimiento de los pagos, Estados Unidos podrá embargar todos los ingresos de Pemex provenientes de sus ventas al exterior para garantizar el pago al Departamento del Tesoro. Un alto funcionario de esa dependencia señaló que antes de abrir el acceso a este fondo de estabilización, Pemex tendrá que dar instrucciones con carácter irrevocable a sus clientes extranjeros para que, en caso de una falta de pago de obligaciones de su gobierno, los pagos por productos petroleros de esos clientes se canalicen a una cuenta en el Banco de la Reserva Federal en Nueva York».

«El comité ejecutivo nacional del Partido de la Revolución Democrática afirmó que si las nuevas líneas de crédito son otorgadas a México, los compromisos de la deuda externa equivaldrían a casi el 90% del producto interno bruto, lo que llevaría al país al colapso».

«Jorge Calderón, secretario de relaciones internacionales del PRD, consideró que el crédito cercano a los 60 mil millones de dólares ‘servirá para financiar la fuga de capitales: es en realidad el medio para que los tenedores de 26.500 millones de dólares en Tesobonos, los que tienen inversión en la Bolsa o interés en sacar sus capitales de México, porque nada de estos recursos va destinado al financiamiento de proyectos productivos. Se trata lisa y llanamente de un financiamiento para la fuga de capitales, porque una de las condiciones del FMI es la irrestricta libertad cambiaria’. Calificó de ‘grave emergencia’ que casi el 100% de lo producido por los mexicanos sea necesario para respaldar la deuda externa. ‘Es como si no tuviéramos país’ «.

«Quiero expresar nuestro más sincero reconocimiento al señor William Clinton, presidente de Estados Unidos de Norteamérica, por la solidaridad y por el absoluto respeto que ha mostrado por el pueblo y el gobierno de México» (Ernesto Zedillo, 31 de enero de 1995).

20 AÑOS DEL PEQUEÑO TEATRO DE MEDELLÍN

El Pequeño Teatro de Medellín cumplió en enero veinte años de labores e inauguró su nueva sala. Con el último montaje -La tempestad, de Shakespeare, dirigida por Rodrigo Saldarriaga-, el grupo ajusta un total de cuarenta obras puestas en escena.

Surgido en el decenio del setenta como una de las expresiones de esa «revolución cultural» que fue el movimiento estudiantil en las grandes universidades, el Pequeño Teatro ha tenido que sortear múltiples y enormes dificultades. Una de ellas, la de haber conseguido salir avante sin respaldo económico en un país carente de cultura teatral. «En Medellín -dice Saldarriaga- no se había visto nunca un Shakespeare, ni un Moliére, ni un Chéjov, ni un Bretch.» Una sociedad sin teatro, como decía Goethe, no tiene medida de su cultura.

«Se trata entonces -observa Saldarriaga- de una tarea a largo plazo. En grupos como el nuestro recae la obligación de lograr que el arte sea una manifestación cultural.»

Subraya finalmente que «los grandes movimientos teatrales han estado siempre en contra del régimen establecido. La naturaleza del teatro es ser irreverente.»

El proletariado marca el camino: OFENSIVA SAMPERISTA PARA LIQUIDAR LA CAJA AGRARIA

Agobiada por la ruina del agro que ha generado la política aperturista; asfixiada por la falta de recapitalizaciones del Estado que, según el propio minagricultura, Antonio Hernández, desde 1958 se han quedado en el papel; disminuida con el recorte de 50% de su nómina; desangrada por el financiamiento a los damnificados por desastres naturales y obligada a cuantiosos gastos por los acuerdos de paz, y por la proliferación de asesores con jugosos sueldos; restringidos los créditos y elevados los intereses; despojada del manejo de los seguros; acabada la asistencia técnica y clausurados los Agropuntos y Cresemillas, a la Caja Agraria, banco rural por antonomasia, pretenden darle el puntillazo final.

En el proceso de su destrucción, el Banco Mundial impone las condiciones y el régimen hace su oficio entregándolo al capital privado. Según proyecto de ley a presentarse, se propone fragmentarla en varios bancos regionales con 49% de capital privado (que hoy tiene 1%). A la única presencia estatal en zonas apartadas de la República se le cerrarán más de cuatrocientas oficinas, indican estimativos del ministerio y del presidente de la entidad, Gustavo Castro Guerrero.

Más que nunca los trabajadores están vigilantes, con su sindicato a la cabeza. En Cumaca, Cundinamarca, y Salónica, Valle, los trabajadores se aprestan a defender lo suyo. El Sintracreditario, unido con los usuarios, los campesinos, los gremios agrícolas y la población en general, aplicará consecuentemente la línea de resistencia civil en procura de la soberanía económica. La aleccionadora experiencia de Apulo es una prueba al canto.

CONTRA LA CORRIENTE

Contra la corriente es el nombre del último libro y asimismo de la columna periodística que Jorge Enrique Robledo, secretario del MOIR en Caldas, ha escrito semanalmente en los diarios La Patria, de Manizales, y El Nuevo Día, de Ibagué. La política de apertura económica y los problemas cafeteros son dos de los temas que a lo largo de los últimos años han merecido su atención y que ocupan en este libro lugar preeminente, por ser Robledo el coordinador de la Unidad Cafetera Nacional. Entre los 68 artículos que integran la presente publicación, dedicada a Francisco Mosquera, vale también la pena destacar las denuncias políticas y los temas de historia, sobre todo en el campo de la arquitectura, disciplina de la que es profesor en la Universidad Nacional, seccional de Manizales.

Robledo, Jorge. Contra la corriente, Manizales, Ediciones Ars, 1994. 189 págs.

El proletariado marca el camino: SIGAMOS EL EJEMPLO DE APULO

Jaime Paz

Tamaña sorpresa se llevaron los miembros de la Junta Directiva de la Caja cuando, el pasado 19 de diciembre, ingresaron al pasillo de ascensores de Casa Principal en Bogotá para asistir a la última reunión anual. Agitando consignas, 150 campesinos de Apulo protestaban por la inminente clausura de su agencia bancaria. Respondían así al llamamiento del sindicato en pos de la salvaguardia de sus intereses.
Frente común para la pelea.

Tras el cierre del Banco de Bogotá en su municipio, los apuleños hacían sus vueltas en la Caja desde tiempo atrás. Su flujo de operaciones era normal y no existían razones para que los vecinos, privados a la sazón del crédito y del apoyo técnico, se quedaran también sin su único banco.

La cúpula samperista, en su política de arrasar con la Caja y so pretexto de que la sucursal era fuente de pérdidas, se aprestaba a echarle llave a la entidad. Pero otra cosa pensaban los de abajo. Realizaron una persistente labor de opinión pública, convencieron a los escépticos, recolectaron firmas, se movilizaron. Los dirigentes convocaron una combativa marcha que recorrió la población y que culminó en las oficinas de la Caja. Allí, en cabildo abierto, se comprometieron a impedir el atropello, incluso recurriendo al paro cívico, para no verse condenados a languidecer a la vera de los polvorientos caminos de la incuria oficial.

Amplios sectores de la comunidad constituyeron de inmediato el Comité Pro-defensa de la Caja Agraria, integrado por el cura, el personero, pensionados, concejales y comerciantes, labriegos, maestros y empleados. El sindicato, baluarte fundamental de la pelea, estuvo representado por el presidente de la seccional de Cundinamarca, Jaime Paz.

Toma de la Caja en Bogotá

A los pasillos de Casa Principal llegaron al mediodía los almuerzos para el piso trece, pero éstos son retenidos por los manifestantes quienes anuncian repartirlos entre ellos, caso de no llegarse al avenimiento. Entonces, previa negociación, se acuerda designar voceros para hablar ante los directivos. Estos se empeñan en sabotear la entrada del sindicato, por lo cual los campesinos reaccionan con decisión y logran la presencia del compañero Paz.

El presidente de la empresa interroga a los comisionados. La única mujer, líder veredal de la zona, se hace intérprete del grupo, defiende con vehemencia la movilización y anuncia un paro cívico si no echan atrás la orden de cierre.

Después de varias horas arrancaron a la junta el compromiso de mantener las oficinas de la Caja en Apulo. Culminaba una jornada de lucha. Los almuerzos del Club de Banqueros ya se habían enfriado. En el pasillo, los campesinos y Sintracreditario se fundieron en un caluroso abrazo.

DESDE LA RESISTENCIA CIVIL

La obra de Aurelio Suárez, diputado y secretario del MOIR en Risaralda, guarda en común con las de Galeano y Robledo el acierto en la selección de los escritos periodísticos. Esta vez del diario La Tarde, de Pereira, en el que Aurelio escribe desde 1989 la columna que da el título al libro, dedicado asimismo a Francisco Mosquera.

El tono de las notas es crítico, humorístico o laudatorio. Crítico y humorístico, por ejemplo, al referirse al pomposo recibimiento que le brindó la prensa a Mr. Myles Frechette, a quien Suárez señala como actor de primera línea en la ruptura del Pacto Cafetero. Elogioso, en cambio, al hacer referencia a la presencia activa de la Unidad Cafetera junto a millares de labriegos empobrecidos.

Suárez Montoya, Aurelio. Desde la resistencia civil, Litografía y Tipografía Imperio Pereira, 1994. 160 págs.

El proletariado marca el camino: LA USO ENFILA BATERÍAS CONTRA LA PRIVATIZACIÓN

Roberto Smalbach

La Unión Sindical Obrera USO, ha saltado nuevamente a la palestra en defensa de la industria petrolera nacional y de sus propias reivindicaciones salariales. Después de casi dos meses de negociación sin lograr mayores avances el sindicato ha manifestado la decisión de irse a la huelga si no hay respuesta positiva a sus peticiones y si no se revierte política de debilitamiento de la empresa y la privatización de sus actividades.

El país ha sido notificado de que las medidas de Samper en materia de hidrocarburos apuntan a favorecer a las multinacionales en detrimento del interés patrio. Los contratos de asociación han sido modificados aún más regresivamente al comprometer a Ecopetrol con 50% de los gastos de exploración, que antes corrían a cargo de la empresa asociada. Además los contratos de explotación se han hecho indefinidos, hasta la extinción de las reservas.
El manejo de los oleoductos también comienza a ser cedido al sector privado, tal cual sucede con el Oleoducto Central de los Llanos que transportará los 800 mil barriles diarios que en 1997 producirá esa región. La renta petrolera por concepto de transporte estará en manos de los monopolios extranjeros.
Repitiendo la historia de Cusiana, se insinúa la posibilidad de que el yacimiento de Coporo, situado en los departamentos de Cundinamarca y Meta, cuyas reservas se prospectan en 3.000 millones de barriles, sea perforado a riesgo compartido con las multinacionales. En fin, toda esta antinacional política se basa en la reestructuración de Ecopetrol, dirigida a dividir y privatizar uno de los más importantes patrimonios de los colombianos.

La firme oposición de la USO a la firma del «pacto social» le ha servido de puntal a la defensa del pliego. Los obreros petroleros han expresado, mediante paros parciales, su férrea decisión de no aceptar el irrisorio 18%. Para ello están dispuestos incluso a paralizar la producción.

Dentro de las banderas contempladas en la actual batalla se incluye la reversión a la empresa estatal, con sustitución patronal para los trabajadores, de la Concesión del Campo Río Zulia, en Norte de Santander, hoy en manos de la Chevron, de Estados Unidos.

La Unión Sindical Obrera se encuentra nuevamente en pie de lucha y una vez más logrará el respaldo del pueblo colombiano.

RUMOR DE RÍO

Rumor de río recoge «Sembrar de nuevo» y otros 16 de los mejores artículos aparecidos en El Pequeño Periódico entre 1982 y 1989, año en que Galeano, junto con otros muchos moiristas, debió dejar el sur de Bolívar ante las repetidas amenazas de la violencia terrorista.

El presente libro compila hermosos reportajes como «Ñañe, el hombre que voló», «Naufragio en la calle Páez» y «Costa Azul»; entrevistas como «Sembrar de nuevo» y «Montecristo, una centuria de intentos»; materiales diversos que destacan la actividad cultural del sur de Bolívar y, por último, comprobadas denuncias sobre la decadencia de la producción arrocera y de la antaño floreciente navegación por el río Magdalena.

Galeano H., Ángel. Rumor de río, Medellín, Fundación Arte y Ciencia, 1994. 142 págs.