Francisco José Castillo Noguera: «CÁLIDO SALUDO Y VOZ DE ALIENTO»

Cúcuta, abril 16 de 1982

Marcelo Torres
Bogotá

Estimado compañero y amigo:

Convencido de la necesidad del cambio estructural de Colombia e identificado con los planteamientos del FUP, considero necesario, una vez conocidos los resultados electorales, seguir enarbolando la bandera de la Revolución auténticamente colombiana y continuar contribuyendo en el adoctrinamiento sincero de la causa, por los medios a nuestro alcance.
Si bien es cierto que el retiro de la candidatura de Consuelo de Montejo constituye un impase más en la difusión de nuestras ideas, la aceptación por parte suya es un reto de esperanza, de renovación y de ánimo en la gran lucha que hoy se reinicia.

Por motivos personales me es imposible asistir al acto de su proclamación; pero más importante es la compañía que le brindo, la ideológica. En nombre del Liberalismo Independiente que yo dirijo en el Norte de Santander reciba el más cálido saludo y la más firme y diáfana voz de aliento en esta difícil e importante campaña presidencial.

Francisco José Castillo Noguera.

Carta de Consuelo: «RETIRARME DE LA CONTIENDA ELECTORAL NO QUIERE DECIR QUE HAYA ABANDONADO EL CAMPO DE BATALLA»

Bogotá, D.E. marzo 24 de 1982

Señores

Frente por la Unidad del Pueblo
Francisco Mosquera del MOIR
Jaime Piedrahita Cardona, de Anapo Revolucionaria
Enrique Molinares, del Movimiento Unitario Liberal
Enrique Hernández, del Movimiento de Insurgencia Liberal
Germán Pérez Ariza y José Zamudio del Movimiento Independiente Liberal.

Compañeros:

Cuando ustedes gentilmente me ofrecieron la candidatura presidencial, en junio del año pasado, acepté sobre la base de que el país necesitaba la existencia de una oposición racional que pudiera, en las plazas públicas, hacer un análisis serio de la situación nacional que le permitiera al electorado colombiano tomar una decisión consciente en las urnas.

Aunque sabíamos que mi postulación no era para ganar, se me hizo interesante la experiencia y la oportunidad de recorrerme el país para conocerlo mejor, y poder en un futuro prestar mi colaboración, como simple ciudadana, para la solución de muchos de sus problemas.

Se me hizo importante además la creación de una Izquierda Nacional que le pudiera ofrecer una alternativa al país en su etapa evolutiva, ya que el sistema de concertación del poder económico en pocas manos tiende a desaparecer, no solamente por su propia quiebra, sino por el cambio que está emergiendo en el mundo hacia un socialismo democrático.

Esta alternativa es importante para Colombia pues sería ridículo que nos pasara lo que está sucediendo en la América Central, donde los países, en una u otra forma, vana perder su soberanía e identidad, para quedar en manos de cualesquiera de los dos imperialismos, el norteamericano y el ruso.

Fue así como en la vida política como en la colombiana con una Izquierda Nacional y como una Voz de Oposición ante el actual desgreño administrativo para presentarnos a las elecciones de 1982.

Nuestras metas no eran ganar unas elecciones pues no teníamos ni el dinero, ni la maquinaria, ni el clientelismo, ni teníamos la historia como partido político en la vida del país.

Nuestras metas eran más sencillas para poderlas medir a corto plazo:
a. Empezar as crear una conciencia nacional sobre la necesidad de un cambio hacia un país más honesto y más eficiente.

b. La creación de una izquierda nacional que debilitara la izquierda extranjera, en manos de sectores mercenarios listos a meter el zarpazo cuando el caos aflore.

c. Hacernos conocer como una nueva alternativa para el futuro del país.

Creo que estas metas se lograron si se tienen en cuenta los avances obtenidos en el lapso de tiempo que duró la campaña, escasos nueve meses.
Es cierto que nuestros enemigos dirán, que no hemos logrado nada, haciendo creer que la historia se hace con la rapidez que se escribe.
Podemos mostrar así los siguientes resultados:

a. El colombiano ya sea empresario, trabajador o desempleado, está empezando a cuestionar el actual sistema, aunque todavía no se haya convencidos de la necesidad de un cambio.

b. El detrimento sufrido por una izquierda extranjera, que lleva más de 50 años presentándose como una solución engañosa al país, es un hecho real que puede medirse con la disminución de su volumen electoral.

c. A pesar de la censura de la gran prensa, de la radio y la televisión a nuestro movimiento y a mí nombre, la mayoría de los colombianos sabe de nuestra existencia y mira con respeto nuestras ideas.

Podemos presentar un balance favorable a pesar del resultado electoral, que no es real sino amañado por el peso de la maquinaria oficial, del dinero y del mismo fraude.

Creo, sin embargo, que el gobierno y su clase dirigente cometen el más grande error al tratar de triturar, por medios no muy claros, a los lideres de la oposición, pues cuando el caos estalle no van a tener capitanes con quienes dialogar.
Como decía Marx, “conmigo o sin mí la revolución proletaria llegará” y llegó. Yo diría que con nosotros o sin nosotros el fin de lo establecido en el país va a llegar más pronto que tarde.

Creo hoy más que nunca que teniendo en cuenta la persecución existente, la desigualdad de las herramientas políticas, la ausencia total de la libertad de comunicación de la opinión en los medios del propio Estado, como son la radio y la televisión, que pueden indirectamente falsear el resultado electoral en Colombia no existen ni democracia ni elecciones puras.

En estas circunstancias el cambio nunca le llegará a Colombia por la vía electoral; es increíble que diez días después de las elecciones no se conozcan datos precisos, o el volumen total de la votación, ya sea sólo en la ciudad capital.

Pero la responsabilidad de un cambio violento, y por las urnas, recaerá sobre los hombros de quienes ostentan, hoy el poder, y se mantienen a base de sobornos, bayonetas, fusiles y falsas amnistías.

No vale entonces la pena el sacrificio de quienes, de buena fe, luchan por un ideal para quedar tendidos, inermes, en la arena.

Así las circunstancias es mejor una abstención decorosa prepararse para el futuro, y no avalar con la presencia electoral de los grupos de oposición, que no pactan con el gobierno por debajo de la mesa, las elecciones de mayo.

Creo en mi cuota de sacrificio en esta gran batalla por Colombia y su gente ya se cumplió.
Por eso, sin resentimientos de ninguna índole, y más agradeciéndoles el honor que me otorgaron, de ser simbólicamente la candidata presidencial de la otra Colombia, la Colombia de los pobres, de los marginados, de los honestos, de los que no tienen oportunidad, les presento a ustedes renuncia de dicha postulación.

Pero el retirarme de la contienda electoral no quiere decir que haya abandonado el campo de batalla. Los días más aciagos para Colombia están por venir, y desde mi humilde escritorio de periodista seguiré señalando los grandes errores de nuestra clase dirigente, y seguiré luchando al lado de los desposeídos, pues para mí un país es grande si su pueblo es grande.

De ustedes cordialmente,

Consuelo de Montejo

Respuesta de Francisco Mosquera: «SEGUIMOS INVITANDO A LOS ALIADOS A FORTALECER LA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA»

Bogotá, abril 12 de 1982

Compañera:
Consuelo de Montejo

Apreciada compañera:

La decisión suya, transmitida en su carta del 24 de marzo, de sustraer su nombre a los comicios presidenciales como consecuencia de los resultados obtenidos en la primera ronda de la campaña, representa para el MOIR un revés de monta que se suma a las muchas dificultades de la hora presente. Usted sabe con cuanta insistencia tratamos de persuadirla en las reuniones de balance para que reconsiderara y retirara la renuncia de su candidatura.

Somos plenamente conscientes de que los guarismos alcanzados por el Frente son en verdad descorazonadores y de que la derrota que nos inflingieron nuestros enemigos supero toda humana previsión. Sin embargo, de antemano conocíamos las aplastantes desventajas que afrontan las agrupaciones revolucionarias cuando concurren a este tipo de eventos organizados y reglamentados por una oligarquía inescrupulosa y hábil en darle un tocado democrático al despotismo reinante, a través de manipuleo fraudulento de las elecciones.

La dictadura antinacional y antipopular que estrangula a Colombia se ha sustentado tradicionalmente en unos sufragios que distorsionan u ocultan el genuino criterio de las mayorías.

Por las normas y los mecanismos de votación tan deficientes y obsoletos, por el uso descarado de los dineros del erario para conseguir el apoyo a los candidatos del bipartidismo gobernante, por el monopolio absoluto de los medios de comunicación, por las trabas y prohibiciones sistemáticas contra los partidos de las clases sojuzgadas y por el resto de trapisondas características de las confrontaciones comiciales colombianas, incluida la compra y venta de votos, a una fuerza apenas en desarrollo como la nuestra que, a diferencia del mamertismo, no busca puntos convergentes con los vendepatria, ni procura ganarse el favor de los mandatarios con propuestas de pactos sociales, peticiones de amnistía u ofrecimientos de paz, ni corre a ponerse a la sombra de la gran prensa, a una fuerza así, le queda completamente imposible vencer a sus adversarios en una batalla donde estos determinan las condiciones de la misma y gozan de superioridades imbatibles. Dentro de semejante perspectiva lo que fin y l cabo cuenta para nosotros no es obtener en las urnas tres, cuatro o cinco decenas de miles de papeletas, cifra insignificante si se compara con los cinco millones que se adjudican las dos viejas colectividades junto con sus respectivas disidencias. Los beneficios que nos puedan reportar el debate estriban, tal cual lo hemos explicado, en la agitación y propaganda de las tesis programáticas del FUP, la refutación de las falaces posiciones de la reacción y el oportunismo y el impulso de una corriente política contrapuesta a las intolerables pretensiones de los amos del país y de sus validos de la oposición.

La invitación que siempre formulamos a nuestros aliados ha siso a construir un poco de atracción realmente distinto de los que durante tanto tiempo han defraudado a las masas, una alternativa que tenga trascendencia histórica por su lealtad a los caros anhelos de emancipación nacional y de transformación revolucionaria de los vastos sectores progresistas y patrióticos, y que la vayamos forjando paciente pero decididamente, mediante el aprovechamiento de todos y cada uno de los múltiples combates de los oprimios contra los opresores, sin desdeñar siquiera las limitadas oportunidades de la brega electoral. Por eso, y aunque comprendemos las razones que a usted lo llevaron a desistir de su postulación, nos preocupa enormemente licenciar, así sea por menos de dos meses, las huestes del Frente, y dejar, de lo que falta de campaña, el terreno totalmente libre no sólo a los portavoces del continuismo sino a los reformadores de oficio del sistema.

A pesar del asqueante manejo de las votaciones por parte de los detentadores del Poder y de que prácticamente está asegurada la reelección del señor López Michelsen, el descontento cunde porque el pueblo se siente burlado e intuye que los años venideros serán aún más tremebundos que es tristemente celebre cuatrienio del “mandato de hambre”. Las multitudes que al paso de la comitiva del FUP se congregaron en nuestros mítines y escucharon a nuestros oradores, ciertamente no votaron por nosotros. Más no descargaremos sobre ella las responsabilidades del percance. Si no adoptaron una actitud más resuelta, no obstante aparecer respectivas y ansiosas de encontrar las soluciones salvadoras a los graves problemas del país, ello obedece a varios factores, entre los cuales sobresalen la poca confianza en la pureza del sufragio y la confusión que sigue prevaleciendo a causa de los malabares de las llamadas izquierdas” que promueven ora una táctica aventurera, ora la conciliación con quien dicen combatir.

El Partido Comunista efectuó en casa la mitad de los departamentos alianzas electoreras con la facción de Galán Sarmiento movimiento inspirado por el antiguo llerismo y sostenido por los principales diarios liberales, y cuyos máximos objetivos consisten no en suprimir el dominio de la coalición burgués-terrateniente proimperialista sino en moralizarla, no en eliminar la usura y el agio sino en regularlos, no en propiciar el desarrollo de la nación sino en amoldarlo a los impedimentos externos e internos.

Gabriel García Márquez, que actúa de intermediario de los soviéticos a través de los cubanos, no le tembló la pluma al estimar el buen augurio al retorno de las andanzas presidenciales del padre de los hijos del ejecutivo. Y el candidato Molina, además de acompañar a los funcionarios turbayistas en actos públicos y en la inauguración de obras con marcado propósito electoral, halagó a López, y elogió a Galán y se mostró indulgente con Belisario Betancur.

¿Se logrará bajo tales circunstancias liberar a las masas populares de la coyunda ideológica y política de sus expoliadores? Indudablemente no.

Fue notorio, por ejemplo, que, a excepción de la vertiente de opinión que usted personificó con valor y entusiasmo, el 14 de marzo las diversas banderías demandaron el respaldo de los ciudadanos con el señuelo de la paz, como si ésta pudiera otorgarla un régimen cuya existencia misma depende de la extorsión y la opresión de las mayorías laboriosas, u ordenarse mediante un acuerdo de reformas sociales entre explotadores y explotados, precisamente cuando los Estados Unidos y sus agentes se ven impelidos por la crisis del mundo imperialista a incrementar el saqueo de Latinoamérica en general y de Colombia en particular. Había cuatro aspirantes a la presidencia que se disputaban la promesa de la pacificación, y para los electores resultaba embarazoso por quien definirse, siendo que la autodenominada oposición democrática, en lugar de desenmascarar categóricamente a los directorios oficiales y disidentes de los partidos tradicionales, se prestó para hacerles el juego en torno a aquel demagógico asunto.

Hasta el jefe del M-19, después de declararle la guerra al gobierno, terminó por concederles credibilidad a las ofertas pacificadoras del candidato del continuismo.

Nos corresponde, pues, cumplir el compromiso contraído con las masas y con los activistas populares de perseverar en la lid, convencidos hoy más que nunca de la necesidad de enarbolar muy en alto las banderas de la revolución colombiana. Por lo tanto, la Conferencia del MOIR, realizada el 3 y 4 de abril últimos, tomó la resolución de proclamar al camarada Marcelo Torres y alrededor de su candidatura residencial culminar esta campaña electoral, propagando, en la medida de nuestros recursos y posibilidades, las ideas y los programas que algún día darán al traste con los verdugos y embaucadores de la nación y del pueblo y harán de Colombia una república nueva, próspera y soberana. Un conocido proverbio árabe sentencia: “más vale encender una luz que maldecir la oscuridad”. En cierta medida eso es lo que ambicionamos con este gesto un tanto simbólico.

De otra parte, compañera Consuelo, queremos expresarle nuestro reconocimiento por la forma como adelantó durante un año largo la gira nacional que la condujo desde las capitales departamentales hasta los sitios más apartaos del país, soportando no pocas privaciones y arrostrando con altivez las persecuciones y hostigamientos constantes de las autoridades. Sus esfuerzos por denunciar los atropellos contra los obreros, campesinos y estudiantes, al igual que sus pronunciamientos en pro de una patria independiente del yugo del imperialismo y resguardada ante las asechanzas del socialimperialismo, son aportes de valía a la configuración de la corriente política revolucionaria a que nos hemos venido refiriendo y por la cual esperamos seguir colaborando mutuamente en el fortalecimiento del Frente por la unidad del Pueblo.

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)

UN MES DE INTENSA GIRA NACIONAL

Luego de su proclamación, el 16 de abril, el candidato presidencial del Frente por la Unidad del Pueblo, Marcelo Torres, dio comienzo a una intensa gira que incluye todos los departamentos del país y que culminará el 21 de mayo con una manifestación en Bogotá.

Durante su correría, el camarada Marcelo ha estado acompañado por los dirigentes nacionales del MOIR Carlos Valverde, Diego Betancur, Avelino Niño y Clemente Forero.

Asimismo, en los diversos actos han intervenido los compañeros Gildardo Jiménez, Jorge Gamboa, Gonzalo Arango, Orlando Patiño, Fernando Ruiz, David Múnera, Miguel Gordillo, Francisco Lemos, Julio Pereira, Álvaro Castañeda, Carlos Tovar, Álvaro Concha y José Daniel Rodríguez. El conjunto musical Son del Pueblo animó varias de las demostraciones efectuadas.

Entre el 17 de abril y el 7 de mayo, Marcelo Torres, presidió nutridas concentraciones en barrios populares de Bogotá, así como en Facatativá, Manizales, Pereira, Calarcá, Ibagué, Neiva, Sogamoso, Bucaramanga, Cúcuta, Curumaní, Granada, Pasto, Popayán, Cali y Medellín.

Hasta la clausura de la gira electoral, el candidato del FUP hablará en manifestaciones que se llevarán a cabo en Puerto Berrío, Riohacha, Magangué, Montería, La Dorada, Florencia, Sincelejo y otras ciudades.

En su correría, el camarada Marcelo Torres ha difundido entre las masas de desposeídos el mensaje revolucionario del Frente por la Unidad del Pueblo, desenmascarando al mismo tiempo las candidaturas anti-populares de los dos partidos tradicionales y del oportunismo pro soviético representada por Gerardo Molina. La voz altiva de Marcelo Torres se ha escuchado y se escuchará en toda la geografía patria como la única alternativa auténticamente revolucionaria que se presenta en el actual debate comicial. Los oprimidos han recibido con entusiasmo los planteamientos expuestos por el candidato del FUP y nuestro Partido ha cumplido con la tarea de no dejarles libre el camino a los enemigos del pueblo colombiano y de salirles al paso a las posiciones entreguistas y contrarias a los intereses de las mayorías, que propugnan los demás candidatos.

«RESCATEMOS LA AUTENTICIDAD DE NUESTRO FOLCLOR»

En febrero pasado se presentó en varias ciudades del país la Peña Artística Cultural Huaytará Arqueológica, Pacha, procedente del Perú. La siguiente es la entrevista con uno de los directivos de este valioso grupo folclórico el compañero César Rojas.

¿Cómo surgió Pacha?

Pacha quiere decir, en quechua, tierra. También es la sigla de nuestra institución, la Peña Artística Cultural Huaytará Arqueológica. Huaytará se llama el pueblo donde surgimos. Está ubicado en el centro del país, en el departamento de Huancavelica, una región eminentemente minera y de notables riquezas arqueológicas, tan importantes como las que existen en Cuzco y en Machu Picchu. Una de nuestras primeras metas fue la de hacer sentir en el resto del Perú, y en Lima, la capital, la voz olvidada de la provincia. Con esta inquietud creamos el grupo, para difundir los valores folclóricos de nuestra tierra. Más tarde los integrantes de Pacha nos radicamos en Lima.

Allí, además de consolidarnos, comprendimos que era necesario interpretar el folclor de otras regiones peruanas. Comenzamos igualmente a preocuparnos no sólo por resolver los problemas estéticos de las representaciones, sino más profundamente, los problemas de contenido, buscando una concepción política que orientara nuestra producción. Dimos ese paso adelante, y aunque algunos miembros del conjunto se alejaron, por esa misma decisión mucha gente meritoria se nos acercó. Actuamos entonces en los que para nosotros representan los más valiosos escenarios; en centros mineros, en sedes sindicales, en comunidades indígenas, en la mayoría de las provincias peruanas y hasta en teatros importantes de Lima.

¿Cuál es el más significativo logro de Pacha hasta hoy?

Tal vez el de haber hecho entender que la cultura hace parte de la lucha por la democracia y que es un terreno fundamental para la revolución. En nuestro país, en este campo, como en los demás, existen dos fuerzas antagónicas. De un lado, la burguesía y los otros sectores económicamente poderosos, que controlan el país y que tratan de que desaparezca nuestra nacionalidad, la esencia de nuestra autenticidad fundamentalmente herencia del imperio inca, del cual desciende un elevado porcentaje de la población peruana. Del otro, están millones de compatriotas, muchos de los cuales sólo hablan y entienden quechua, y que persisten en conservar sus propios valores, sin negarse por ello a aprender y a recibir con entusiasmo los aportes de otras culturas. El imperialismo y las clases explotadoras propagan la música comercializada y la tergiversación de las artes, asociándolas a la droga, el vicio y el alcoholismo. Contra tales manifestaciones degradantes ha de enfrentarse el pueblo, y los artistas revolucionarios debemos ayudarlo y orientarlo.

¿Cuántas personas integran a Pacha?
A pesar de que es mucha la gente que se acerca al grupo queriendo ingresar a él, por ahora sólo podemos sostener una planta de 30 artistas. A esta gira por Colombia hemos traído, como invitados especiales, al Dúo de las Hermanitas Constantina y Victoria Sánchez; a Wiracocha, como se nombra el tenor lírico Lorenzo Franco Jordán, y a Porfirio Gonzalo Sánchez, destacado compositor, quienes llevan ya tiempo trabajando con nosotros. En este momento Pacha cuenta con una base activa de 50 socios, quienes cotizan y planifican las actividades de la peña. Hemos encontrado personalidades que nos admiran y nos apoyan materialmente, además de facilitarnos canales para presentarnos ante las masas. La base primordial de nuestros recursos radica en el auto-sostenimiento, más la colaboración del pueblo y de sus organizaciones.

¿Cómo elabora Pacha la representación de una obra?
Primero investigamos el origen, el contenido y las posibilidades expresivas de cada danza. El elenco está consciente de que cada coreografía que montamos guarda una íntima relación con la vida del pueblo, con la historia, incluso con las relaciones y los medios de producción prevalecientes en la época que refleja. Si bailamos el Hayra Huaytarina, por ejemplo, sabemos que se trata de una pieza que se originó en el trabajo de la herranza, en la cría de animales, en unas circunstancias de opresión semi-feudal que impregnaban las melodías con aquella tristeza producto del despotismo que sufrían los campesinos. A veces estallan en expresiones festivas, que recuerdan los breves instantes de esparcimiento de los siervos de la tierra.

¿Cuál fue la experiencia de su gira por Colombia?
Hicimos conocer en varias de las ciudades colombianas el inmenso valor de nuestra cultura vernácula. Además de propagarla, la hemos exaltado, ya que es propósito fundamental de Pacha transmitir y revalorar las raíces artísticas de nuestro pueblo y defenderlas, tanto de la agresión cultural externa, orientada por los países imperialistas, como de las corrientes pequeño-burgueses que pretenden exhibir el folclor cual una mercancía, o un espectáculo artificioso y estilizado. Como se habrán podido dar cuenta ustedes, nuestra labor artística es propiciada por nuestro Partido, el Partido Comunista del Perú “Patria Roja”. Es así como este recorrido posee para Pacha una doble importancia. La de dar a conocer nuestro patrimonio cultural, y la de intercambiar experiencias y estrechar relaciones con los camaradas del MOIR y los componentes del Teatro Libre de Bogotá. Estamos aprovechando el contacto con los miembros del grupo teatral para asimilar sus lecciones en cuanto a la responsabilidad partidaria, a la disciplina, y a la atención de la lucha política como en el caso de la vinculación a la campaña electoral del MOIR. Ya que tanto ellos como nosotros, se lo debemos todo a un partido proletario que nos dirige.

Por otra parte nos alegramos de haber podido conocer al pueblo colombiano, y a su país, ya que si bien existen similitudes económicas, sociales y políticas entre las dos naciones, en otros aspectos encontramos ciertas diferencias históricas, culturales y geográficas.

Finalmente, quiero saludar a todos los trabajadores de esta gran nación, a los obreros, a los campesinos, a los maestros, a los artesanos, a los revolucionarios, a los intelectuales, a los estudiantes, agradecerles la cálida acogida que nos brindan a través de el núcleo de combate que es el Teatro Libre y dejarles el abrazo de los rebeldes y hermanos del Perú.

¡VIKINGOS SE ROBA NUESTRA RIQUEZA Y NO DEJA TRABAJAR!

Cerca de tres mil pescadores artesanales efectuaron el pasado 20 de enero una toma simbólica del Golfo de Urabá. Los trabajadores del mar desfilaron en sus canoas, sobre las enlodadas y embravecidas aguas del Caribe, acompañados por sus mujeres y sus hijos, agitando banderas de Colombia y portando pancartas de cartulina blanca sobre las que se leía, escrita con letras rojas, una denuncia unánime: «Vikingos se roba nuestra riqueza y no nos deja trabajar».

En los últimos años los barcos de la empresa Vikingos, sociedad de la cual es propietario el Estado en un 40 por ciento y en la que posee una buena porción de acciones la familia Santodomingo, violan a diario las disposiciones que prohiben la pesca en determinadas épocas de¡ afio y en franjas marítimas costeras, arrasando tanto con los peces grandes como con los pequeños. El saqueo que efectúa esta compañía es tan vasto que Floro Trejos, un curtido pescador de Turbo, da, para ilustrar la desmesurada devastación ocurrida ‘en la zona, el siguiente dato: «Hace cuatro años utilizábamos 150 metros de redes y regresábamos de la faena hasta con 60 animales. Hoy, para atrapar una docena de peces, es necesario que cada uno de nosotros tenga unos 700 metros».

Las embarcaciones de Vikingos, destinadas a la pesca industrial en alta mar, arrojan sus barrederas tan cerca de la playa que al pasar destruyen los trasmallos tendidos por los pescadores artesanales. No sólo sus instrumentos de labor han estado en peligro, sino también la vida misma de los habitantes de las riberas del Golfo, quienes se han visto obligados no pocas veces a lanzarse al mar y a abandonar sus canoas cuando los barcos de Vikingos se les echan encima.

Este es un conflicto de vieja data. Y dejó de ser un problema sufrido aisladamente por caseríos y pueblos, para volverse el más urgente afán de toda la comunidad de Urabá.

Fue en Apartadó, en diciembre del año pasado, donde delegaciones de ocho regiones concluyeron que, aun por encima de apremiantes necesidades, tales como la falta de equipos adecuados, la escasez de créditos y la carencia de medios de comercialización, los pescadores están obligados antes que nada a unirse para luchar contra los atropellos de Vikingos.

Este primer encuentro halló culpable a la compañía por «la destrucción de viveros, criaderos, cebaderos, alevinos y flora marina; la violación permanente de las vedas y de las áreas de pesca asignadas; la destrucción de los equipos de pesca; la contaminación de aguas y playas, debido a los elevados volúmenes de desechos que se arrojan y que superan el producto utilizable, y la agresión armada contra las personas que han intentado acercarse a los buques para identificarlos».

La denuncia, que luego se remitió a las autoridades nacionales y departamentales, fue firmada por las cooperativas de Turbo y Acandí y por grupos de pescadores de Sapzurro, Capurganá, Necoclí, Casablanca, El Totumo y Tié.

Allí surgió la idea de realizar la toma simbólica del Golfo. Indignados por los ultrajes cometidos por el monopolio pesquero, los hombres consideraron que debían tomar medidas que alertaran a todas las poblaciones y que llamaran a la solidaridad de los trabajadores de la zona.

Testimonios del vandalismo

La asamblea escuchó a Jesús Londoño, proveniente de Tié, y quien relató cómo los barcos de Vikingos destruyeron en segundos los trasmallos de 300 metros que significaban duros años de trabajo para él. Hoy se ve impelido, como los demás pobladores de su tierra, a capturar el pescado por medio de anzuelos y en una canoa de remos. Durante el invierno, que es la época en la que más sopla la brisa, se ayuda con una desteñida vela de trapo.

Felipe Gaviria, un anciano de Turbo, contó que a uno de sus hijos un barco lo obligó a salirse del mar. «A pesar de haber arrojado las redes en las zonas demarcadas por las autoridades para la pesca artesanal, el muchacho fue embestido por la embarcación, cuyos tripulantes ignoraron las señales que él les hizo con una linterna y lo acosaron para que buscara la orilla, a donde tuvo que regresar con las mallas vacías», testimonió el viejo pescador.

Otros asistentes a la reunión declararon que desde los camaroneros de Vikingos se disparó contra Tomás «El Chocoano», contra los hermanos Betancur de Acandí y contra un pescador de Turbo, porque ellos se esforzaron por identificar los nombres de los navíos con los que se cometen los abusos.

Edilberto Barrios, quien es además director de una escuela en Necoclí, dijo que a él también lo habían perjudicado. «Un abogado amigo entabló la respectiva demanda contra Vikingos, pero los jueces resolvieron hacerse los de la vista gorda y me tocó ponerme de nuevo a remendar las redes», explicó Edilberto.

Asimismo se hizo pública otra maniobra con la que se quiere acosar a los pescadores. En Necoclí, por ejemplo, varios de ellos tuvieron que regalar los frutos de su trabajo o devolverlos al agua, cuando motonaves de Vikingos atracaron para feriar una buena cantidad de pargos, sierras, bonitos y otras piezas a precios ínfimos.

Encubrimiento oficial

En 1976, el lnderena expidió una resolución por medio de la cual se estableció la veda pesquera para los grandes barcos, entre el 14 de mayo y el 16 de diciembre de cada año. La misma medida especificó que las compañías que operan con equipos modernos pueden explotar la fauna marina el resto del año, pero respetando la franja adyacente a las costas, de un ancho de una milla náutica, que se destinó para las labores de la pesca artesanal.

Sin embargo, millares de hombres diseminados a todo lo largo de la costa atlántica colombiana saben que ésta no es más que una vana disposición archivada en las gavetas del lnderena. Cuando se acude ante los directivos del ente oficial a exigir el cumplimiento de la resolución, con rostros lastimeros los burócratas contestan que el lnderena no tiene ni los equipos ni el material humano para efectuar dicho control.

A pesar de que los ribereños ven a diario innumerables buques operando en la prohibida milla náutica, incluso embarcaciones extranjeras, en el último año el gobierno apenas sancionó a tres camaroneros. Las multas son tan ridículas que al «Gulf Surf» se le impuso una de $ 19.000, cuando las ganancias, producto de su actividad irregular y los daños por él ocasionados ascienden a cientos de miles de pesos.

Los pescadores artesanales anhelan que se establezca una verdadera vigilancia, sanciones elevadas y que la veda se extienda a algunos de los meses del verano.

Es tal la complicidad del gobierno con los desmanes de Vikingos que, luego de que los trabajadores efectuaron la protesta del 20 de enero, esta compañía pudo arreciar, sin ningún problema, su persecución contra las gentes de Urabá que viven del mar.

Algunos pescadores, atemorizados, guardaron sus aparejos y se dedicaron a cargar bultos o a jornalear en las fincas. «Cada día es más peligroso embarcarse en busca del sustento», dicen con recelo.

Mientras tanto, en las emisoras de Urabá se lee todos los días un boletín con el cual las autoridades exhortan a los pescadores para que, con nombre propio denuncien las violaciones de la veda. «¡Cómo vamos a poder hacerlo! -exclama un hombre negro, de unos treinta años-. No es más que un llamado hipócrita, pues ellos saben muy bien que es imposible para nosotros acercarnos a los camaroneros, y que si lo intentamos, nos voltean las canoas o disparan a matarnos».

A pesar del clima de terror creado por Vikingos, la mayoría de los pescadores pobres continúan navegando en las aguas pardas de Urabá, tras la exigua pesca que aún queda en aquellas corrientes. «Nada ni nadie nos puede sacar del Golfo. Menos ahora, pues si antes estábamos dispersos y aislados, la misma enemiga, la Vikingos, nos forzó a buscarnos y a unirnos. Usted sabe, una sola persona no hace nada de peso, pero si nos congregamos, como lo hicimos, y seguimos en los mismo, tendremos mucha fuerza y finalmente no se nos podrá derrotar», dice con alegre brillo en sus ojos uno de los más sufridos y veteranos pescadores.

VIVIR PARA VER

El balance de las elecciones de 1982 permitirá hacer un corte de cuentas que precise los desfalcos de la contracorriente auspiciada por el Partido Comunista. Desde cuando comenzó su coqueteo con el nefasto cuatrienio del “mandato de hambre”, son ocho años en que los dirigentes del revisionismo colombiano han entorpecido, como nunca, el desarrollo de las fuerzas revolucionarias, escindiéndolas, desmedrándolas y corrompiéndolas con su falsificada unidad y sus preceptos de renegados de la causa obrera.

Si en 1974, debido a la alianza con el MOIR, aceptaron suscribir a regañadientes unos puntos programáticos que contemplan las aspiraciones mínimas de la nación y del pueblo de la presente etapa de la revolución, y que después fueron disimuladamente dejando regados por el camino, ya para los comicios actuales su única preocupación se redujo a elegir unos cuantos candidatos, por cierto en mucho menor número que en otras oportunidades, mimetizándolos sin sonrojo en las listas del Nuevo Liberalismo de Galán Sarmiento.

Ellos, que endilgaban a los integrantes del FUP el propender por acuerdos de exclusivo alcance electoral, además de seguir hablando de la UNO, un aparato sostenido únicamente por los revisionistas, y de darle vida artificial al Frente Democrático, fundado en 1978 con el hoy agónico grupo de firmes, se plegaron al movimiento del antiguo llerismo y a más de un manzanillo oficialista, cual desaforados curuleros. Su táctica ni remotamente persigue diferenciarse de las rancias y antipatrióticas actitudes de la coalición gobernante. Por el contrario, depositan su aventura política en competir con el bipartidismo tradicional, no sólo en los métodos proselitistas sino en la propagación de ciertas consignas demagógicas.

De esto dan fe los planes de vivienda del Partido Comunista, cuyos barrios se convierten en fortines electorales suyos, y la cruzada por la paz, de la que fueron sus principales inspiradores y con la que les proporcionaron a los voceros de la reacción un tema abundante para posar de intransigentes y amigos de la convivencia entre oprimidos y opresores. Hay harto que decir alrededor de estos criterios y procederes proditorios. Por ahora nos remitiremos a reseñar el alborozo con que la gran prensa recibió la postulación del profesor Gerardo Molina y la forma como éste ha venido rondando por las toldas de los diferentes bandos en que actualmente se hallan fraccionados los partidos oligárquicos.
Leamos los encomios prodigados por El Espectador del 1 de diciembre de 1981. “El doctor Molina es un eminente figura, fiel a sus ideas, honesto en sus comportamientos, dado a la labor de convicción intelectual y no a la vocinglería. Su presencia en el debate, aun cuando escasa en frutos políticos, es una contribución a enseriarlo. El liberalismo, como comunidad pensante, no como maquinaria atropelladora y codiciosa, tiene una especial deuda intelectual con él, asiduo, profundo y nítido expositor de las ideas liberales en Colombia, encarnadas en líderes y gobiernos”.

A raíz de sus gestiones en la Comisión de Paz y de su polémica al respecto con el M-19, El Tiempo, de febrero 27 de 1982, aplaude a Gerardo Molina que “por su formación ideológica, la entereza de su carácter y la pulcritud de su vida pública, ha sido un paradigma en el complejo panorama de la política colombiana desde hace ya bastante tiempo. Un universitario en el más estricto y honroso sentido de esta palabra, como lo ha sido siempre él, ha declarado que seguirá trabajando intensamente a favor de la paz. ‘En la confianza de que los altos mandos de las organizaciones insurgentes hagan un examen cuidadoso de la situación y contribuyan, lo mismo que el gobierno, a que la nación logre lo que desea con más vehemencia, la paz’.

“Sin apartarse en absoluto de sus convicciones y de su formación izquierdista, Gerardo Molina ha asumido una posición que lo enaltece. Que lo honra. Su elevada jerarquía intelectual no podía haberle permitido menos. A veces da ganas de votar por él”.

Por su lado, el historiador liberal no ha sido menos generosos en cuanto a devolver los cumplidos a sus contrincantes. No necesitamos citar todos los elogios que se han cruzado en medio del debate con López Michelsen y que se encuentran consignados en no pocos diarios del país. Contentémonos con la inaudita esperanza que pretende sembrar el candidato del revisionismo cuando le confiesa a El Tiempo en reportaje del 20 de diciembre. “Si el doctor López se decide a hacer una política de pacificación como la que acabo de señalar y, sobre todo, si se compromete a hacer la política social a que acabo de aludir, es posible que él tenga éxito en sus propósitos de paz”. De Belisario Betancur aseguró que un eventual gobierno suyo “no será tan represivo como el que estamos padeciendo”. Y complementó: Belisario es un hombre amplio, demócrata, lo que asegura un gobierno respetuoso de las libertades y de los derechos del hombre, lo cual sería ya una cosa importante (El Espectador, diciembre 11 de 1981). Entre las alabanzas al candidato del llerismo refiramos una que recoge El Tiempo, de febrero 7 de 1982, y que lo sintetiza todo: “El único aspirante a la primera magistratura que encarna una renovación política es Luis Carlos Galán”.

En su primera comparecencia en la televisión el personero del Partido Comunista, buscando eco para sus pedidos de amnistía y de paz entre los jerarcas del régimen y con el ánimo de ganarse el asentimiento de por lo menos una parte de las Fuerzas Armadas, se deshizo en loas a los militares colombianos. Habló de que en el estamento castrense había “oficiales reflexivos, estudiosos, serios, que estaban muy lejos de los generales troperos que hubo hasta hace poco”, y que aunque anticomunista, “veían con buenos ojos y aceptaban las soluciones propias del socialismo democrático”. Y reveló que “una de las tareas de la hora consiste en buscar la reconciliación entre la nación y el ejército”.

Y más recientemente, respaldó la conducta disonante y rodillona de la administración Turbay Ayala en pro de Inglaterra y de la política norteamericana, con respecto a l conflicto de Las Malvinas, porque según su enfoque, Argentina hizo de agresor y no cabía recurrir a los instrumentos de “defensa colectiva” contemplados en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Yo creo que eso estuvo bien – dijo – El TIAR no se puede aplicar en este caso, toda vez que la agresión fue de Argentina a un país extracontinental.

El tratado sobre ayuda recíproca solamente puede aplicarse cuando la agresión es de un país extracontinental a una nación americana” (El Espacio, abril 26 de 1982). A propósito, un pequeño comentario. El TIAR no se trata de un convenio voluntario de las repúblicas latinoamericanas, sino de un compromiso impuesto en 1947 por el imperialismo norteamericanos para apuntalar su dominación sobre el Continente. Por lo tanto, la solidaridad que en esta emergencia le debemos al pueblo argentino ha de expresarse y concentrarse por otros medios infinitamente más apropiados que los del TIAR. Para Molina el asunto se reduce a una interpretación jurídica, de la norma escrita, coincidente además con la que efectúan los legistas del régimen.

Si a lo anterior le sumamos sus reiteradas defensas del orden constitucional del país, o eso de que “la izquierda colombiana es el nuevo nombre del derecho y de la paz”, así como sus apariciones en actos oficiales celebrando convenios diplomáticos o inaugurando obras públicas, no queda difícil admitir que la candidatura Molina, antes que un grito de combate, es la bandera blanca de la conciliación de clases que el oportunismo levanta para contener el brazo de la represión.

El proceso degenerativo se patentiza. En 1974 la contracorriente promovida por los revisionistas, a fin de guardar las apariencias firmó el programa mínimo y predicó un frente que trascendiera mucho más allá de unas simples elecciones. En 1976 atravesó la exigencia del respaldo de Cuba como condición excluyente de la unidad y pisoteó las pautas democráticas que han de regular las relaciones entre los aliados. En 1978 y 1980 abogó abiertamente por la democracia burguesa y enarboló su plataforma de reformas, lanzando por la borda las demandas fundamentales del pueblo colombiano. Y en 1982, olvidándose hasta de la hoja de parra, gimoteó por la amnistía y la paz, y canjeó frente, plataforma y todo por unos cuantos renglones secundarios en las papeletas de la oposición llerista. Vivir para ver.

LA DEMOCRACIA ELECTORAL DE LA DICTADURA OLIGÁRQUICA

En períodos electorales como el que está viviendo actualmente el país, la demagogia del gobierno en relación con el supuesto «sistema democrático» imperante aumenta en volumen y en intensidad. El Presidente de la República se vanagloria de su «irrevocable decisión de ser absolutamente imparcial en el debate», y su ministro de la política no se cansa de afirmar que «nadie puede quejarse válidamente de haber visto coartadas sus garantías» en este campo. Los jefes del liberalismo y del conservatismo, mientras se ocupan del reparto del botín, se unen al coro de las alabanzas. La gran prensa, al igual que las cadenas de radio y de televisión, muchas de ellas en manos de los propios candidatos, dedican extensos comentarios a elogiar la «pureza del sufragio» y el comportamiento de las autoridades. A cerca de 14 millones de colombianos en edad de votar, y que en su inmensa mayoría están acorralados por el desempleo, la miseria, la ignorancia y la falta de servicios, se les pretende hacer creer que son los ciudadanos libres de una nación en donde se consulta, se respeta y se acata la voluntad popular.

Sin embargo, los comicios del 14 de marzo demostraron una vez más que convertirse en carne de urna de las banderías oligárquicas, cada dos o cuatro años, es prácticamente el único derecho que en las elecciones el régimen le garantiza al pueblo colombiano. Aunque en ninguna época de la historia del país las clases trabajadoras han logrado hacer valer sus intereses por medio de los votos, nunca como ahora había quedado tan patente el carácter antidemocrático, corrupto y fraudulento de las elecciones. Crece la audiencia de los que piensan que éstas han sido concebidas, diseñadas y reglamentadas para que la tiranía liberal-conservadora se perpetúe en el Poder; para que sólo consigan sufragar con «garantías» los sectores acomodados de la población y quienes quieran hacerlo por los dos partidos tradicionales, y para que la dictadura del capital financiero y de los grandes terratenientes, ducha en el manipuleo de los escrutinios, pueda ser presentada ante el mundo con un cierto barniz republicano.

El despotismo jurídico

Las recientes modificaciones a las normas electorales que rigen en Colombia fueron «concertadas» en el Palacio de Nariño, a principios de 1979, durante el curso de una serie de reuniones confidenciales entre el presidente Turbay y los jerarcas de la coalición de gobierno. En su elaboración participaron reconocidos voceros de Alfonso López Michelsen y Alvaro Gómez Hurtado, y su espíritu es el mismo que permitió la victoria de Misael Pastrana en 1970, cuando el actual patrono de la candidatura de Luis Carlos Galán perpetró uno de los fraudes más escandalosos de la historia patria.

La Ley 28 de 1979 y su complementaria, la 85 de 1981, reeditaron casi todos los reglamentos arbitrarios de la legislación anterior, expedida en 1916, y establecieron algunas disposiciones nuevas tendientes a incrementar los viejos privilegios de las camarillas políticas. La Corte Electoral, por ejemplo, el organismo que tiene a su cargo la máxima inspección y vigilancia de los comicios, fue integrada por cuatro magistrados liberales, cuatro conservadores y apenas un representante del movimiento que obtenga el tercer puesto en los guarismos. Dichos magistrados, a su vez, son escogidos por otros magistrados, los de la Corte Suprema de Justicia, una entidad que se ha venido cooptando a sí misma desde hace varias décadas y que también está compuesta, paritariamente, por miembros de los dos partidos. De las decisiones que en materia de sufragios puedan tomar estos señores, por consiguiente, cabe esperar cualquier cosa menos imparcialidad y pulcritud.

Asimismo, el estatuto legal sancionado por el régimen turbayista dispone que cerca de 420 mil jurados de votación de todo el país, funcionarios públicos en la mayoría de los casos, sean designados con base en una lista de candidatos que los directorios del liberalismo y del conservatismo pueden enviar a las registradurías. Algo similar ocurre con los delegados de la presidencia, de las gobernaciones, de los alcaldes y registradores del Estado Civil, y con los claveros que abren y cierran los candados de las arcas triclaves. A todo lo anterior hay que agregar el increíble anacronismo de los escrutinios, de los métodos manuales de inscripción, de cedulación y de conteo de las papeletas, y los múltiples procedimientos adicionales de que se valen los altos mandos del sistema con el objeto de amañar los resultados.

Por otra parte, en una carta que dirigió a la junta de parlamentarios liberales reunida en Bogotá el pasado 24 de marzo, el ministro de Gobierno propuso un nuevo paquete de reformas que contempla la exigencia de un residuo electoral calificado, lo que perjudica todavía más a las agrupaciones políticas de los oprimidos. No es difícil concluir, en estas circunstancias, que los comicios están hechos para que el régimen conserve en sus manos todas las palancas decisorias, es decir, para que elija el que escruta.

El imperio de las maquinarias

Las leyes que regulan el proceso del sufragio entre nosotros, quizás las más atrasadas y antidemocráticas de América Latina, constituyen apenas uno de los tantos instrumentos utilizados por las clases dominantes, según su voluntad y sus necesidades, para mantener las riendas del Poder. Es por fuera de los códigos, empero, donde se esconde el secreto de las sucesivas victorias liberales y conservadoras en las urnas, y es también por fuera de ellos donde hay que rastrear la verdadera historia de las elecciones del 14 de marzo.

Durante la campaña que culminó en esta fecha no se prestó ningún servicio importante del Estado sin la previa intención de incidir en el terreno de los votos, y numerosas dependencias, bienes y hasta dineros públicos se pusieron a disposición de los partidos que contaban con respaldo oficial. La manifestación de López Michelsen en Barranquilla, el 18 de febrero, se organizó desde el despacho del gobernador del departamento, que decretó la tarde libre para sus empleados y permitió que sucediera lo mismo en entidades como Puertos de Colombia, Cajanal, las alcaldías de los pueblos vecinos y la División de Tránsito y Transporte. El Movimiento de Renovación y Acción Liberal, Moral, que acaudilla el presidente del Senado, Gustavo Dáger Chadid, y que en Sucre controla de manera hegemónica la administración municipal de Sincelejo, la Caja Agraria, el Insfopal y el lncora, consiguió una buena parte de su electorado con el ofrecimiento de créditos, acueductos, sanitarios y títulos de propiedad para los campesinos pobres. El cuerpo de bomberos de Cali colocó los pasacalles de Carlos Holmes Trujillo. La Secretaría de Educación del Tolima, bajo el dominio del actual ministro de Salud, cuyo hijo encabezaba una lista para la Cámara de Representantes, repartió millares de formularios prometiendo cupos en el magisterio a cambio de cierta cantidad de papeletas por puesto. El contralor General de la República ordenó que cientos de subalternos suyos inscribieran sus cédulas para votar en el Cesar, donde su hija María Cleofe Martínez de Mesa, mejor conocida como «La Coco», aspiraba al Congreso, y después de haberla elegido dispuso que los ocho mil empleados liberales a su cargo compraran «voluntariamente» los denominados «Bonos de Paz», de diferentes precios y tamaños, para ayudar a financiar los gastos de la campaña lopista. Todo el país se escandalizó con la noticia del barrio Diana Turbay, al suroriente de Bogotá, una urbanización pirata patrocinada por el burgomaestre y el ministro de Gobierno para reclutar prosélitos entre sus humildes moradores, y con las andanzas de otro de los hijos del Ejecutivo, Julio César Turbay Quintero, quien aparecía al lado de su esposa en las planchas oficiales de dos municipios de la Sabana. Las alcaldesas de ambas localidades -y no por simple coincidencia- eran parientas políticas de la familia presidencial.

Pero en la «fiesta cívica» del 14 de marzo, como la llamó un editorial de El Tiempo, sucedieron cosas aún más aberrantes. La oligarquía liberal-conservadora desperdigó a sus capataces por todos los rincones de Colombia para traficar con la miseria del pueblo intercambiando votos por dinero, becas, lotes, útiles escolares, quintos de lotería, botellas de ron, medicinas, ropa, o simplemente por algo de comer. En el corregimiento de Pie de Pató, Chocó, donde la mayor parte de la población padece hambre física, los seguidores del senador Jorge Tadeo Lozano sacrificaron un cerdo en la calle y canjearon trozos de carne por cédulas de ciudadanía. Luis Guillermo Giraldo, uno de los máximos dirigentes del lopismo en el departamento de Caldas, repartió presas de pollo el día de las elecciones, en pleno centro de Manizales, envueltas en papel impreso con el lema central de su candidatura: «Luis Guillermo sí sabe servir». La ex ministra del Trabajo del Mandato Claro, María Helena de Crovo, en competencia por una curul a la Cámara en Cundinamarca, anunció por medio de cuñas radiales que en la sede principal de su movimiento se hacían consultas odontológicas gratis. En la Alcaldía de Riohacha se distribuyeron solicitudes de trabajo para las obras de El Cerrejón a cambio de apoyar las listas del senador Eduardo Abuchaibe Ochoa, propietario de cuatro emisoras en la Guajira, y su colega Víctor Renán Barco obtuvo más de 15 mil votos en La Dorada, Caldas, especulando con la falta de techo de los indigentes.
Vale la pena reseñar este último caso porque el «honorable senador» Barco, ministro de Justicia durante la administración López Michelsen, se ha especializado en el arte de ganar las elecciones mediante la estafa y la coacción. Con aportes del ICT, del municipio y algunos auxilios parlamentarios, el referido congresista mandó a construir en La Dorada tres barrios populares con un total aproximado de cuatro mil «soluciones de vivienda». Las casas que se entregan sin sanitario, sin alberca, sin títulos de propiedad y en obra negra, se adjudicaron a razón de cinco votos por familia, como mínimo, y un arriendo de 50 pesos mensuales. Los formularios de inscripción podían retirarse en cualquiera de las oficinas de los once concejales barquistas de la localidad. Los «favorecidos» estaban obligados a firmar una hoja de papel sellado en blanco a la entrega de su nuevo domicilio, y el 14 de marzo tenían que comparecer con su cuota fija de sufragantes si no querían ser arrojados a la calle.

Si bien es cierto que la compra de votos, el gamonalismo, el uso del aparato del Estado para producir determinados veredictos, las presiones económicas y otras prácticas por el estilo han desempeñado siempre, aun en los períodos más «democráticos» de la vida nacional, un papel determinante en el triunfo de los favoritos del régimen, el 14 de marzo quedó claro que solamente así, a través de estos métodos escabrosos, es posible ganar en el país unos comicios. Aunque a ellos recurrieron, fundamentalmente, las facciones gobiernistas y sus connotadas figuras, López Michelsen y Belisario Betancur, no fueron del todo ajenos a estas trapisondas los señoritos del Nuevo Liberalismo y los carcamales del Partido Comunista de Colombia. Este último pactó alianzas con Luis Carlos Galán en once departamentos; respaldó a candidatos del oficialismo en Atlántico y Chocó, y en Bogotá, Cali, Barranquilla, Armenia y otras ciudades participó en la pesca de sufragios con la carnada de otorgar vivienda a los necesitados. El segundo plan de casas del barrio Manuela Beltrán, en la capital del Quindío, promovido por concejales mamertos, fue inaugurado poco antes del 14 de marzo con asistencia del gobernador y de los altos mandos militares.

Dinero, fraude y represión

Fuera del poder económico que les permite comprar el apoyo de la prensa, la radio y la televisión, los jefes del bipartidismo están en capacidad de alterar el resultado de las urnas utilizando los procedimientos más insólitos. El 14 de marzo a las tres de la tarde, una hora antes de que terminaran las elecciones en Barranquilla, el senador José Name Terán, pilar insustituible del lopismo en la Costa Atlántica, sabía con precisión matemática cuál era el número de sobres depositados a favor suyo, y de sus diversos candidatos al Concejo, en cada una de las mesas de votación de la ciudad, y por medio de un sofisticado sistema de radioteléfonos podía indicar exactamente dónde había que aumentar, o disminuir, el flujo de sus adherentes. El mismo padre de la patria declaró ante una reunión de periodistas, la semana anterior a los comicios, que en los múltiples comandos de su movimiento se encontraban reseñadas las cédulas de 75 mil personas. En Magangué, al sur de Bolívar, con 33 corregimientos distantes y de difícil acceso, las tarjetas para testigos electorales se expidieron en el casco urbano a las cinco de la tarde, con el objeto de impedir que muchos de éstos asistieran al conteo. Jorge Eliécer Barlisa, dirigente del Partido Liberal en Riohacha, fue detenido con una maleta llena de registros de inscripción que llevaba para la Alta Guajira, donde a la población indígena la encierran en corrales y la embriagan antes de arrastrarla a votar.

Al mismo tiempo, las agrupaciones revolucionarias se ven amenazadas permanentemente por la fuerza pública, y el electorado que no esté dispuesto a sufragar por las dos colectividades tradicionales debe someterse a interminables requisas, hostigamientos y atropellos, cuando no se le obstaculiza mediante mil triquiñuelas el acercamiento a las urnas, principalmente en provincia. Con la venia del gobierno, los monopolios de buses entregan sus vehículos a los caciques liberales y conservadores, que sólo movilizan en las grandes ciudades a sus huestes cautivas, mientras los militantes, activistas y simpatizantes de los partidos proscritos no tienen cómo transportarse. Los candidatos del MOIR a los concejos municipales de Pradera, Sahagún, Popayán, Villavicencio, Yopal, Garagoa, Tibú y Neira, entre otros, fueron encarcelados en el curso del debate; igual suerte corrieron centenares de compañeros y amigos por el delito de pegar afiches, asistir a una manifestación o promover reuniones públicas, y dos camaradas del Partido, Oscar Restrepo y Francisco Foronda, perecieron vilmente asesinados en el Magdalena Medio.

Por todo lo expuesto, los destacamentos más avanzados del proletariado colombiano, cuando concurren a los comicios en las condiciones de un país como Colombia, no lo hacen porque alienten ningún tipo de ilusiones acerca de la tramoya electoral. Su única razón estriba en denunciar al régimen, difundir su pensamiento revolucionario y acumular fuerzas para que en el futuro, tras el derrocamiento de los enemigos del pueblo, éste pueda gozar de una verdadera democracia, que no será otra que la dictadura de los trabajadores sobre la minoría parasitaria.

En el ramo textil: LOS OBREROS SE RESISTEN A PAGAR LOS EFECTOS DE LA CRISIS

El 2 de abril, cuando iban transcurridos 31 días de cese, el presidente del Sindicato de Fabricato, Hernando Montoya, a espaldas de las bases, suscribió con la empresa la nueva convención colectiva. La componenda fue ultimada en secreto y con la intervención directa de la ministra Maristella Sanín de Aldana, por lo que sólo algunos días más tarde vino a quedar en claro que los voceros sindicales habían refrendado el contra pliego patronal. El 5 de abril, fecha en que los obreros debían reanudar labores, se presentaron frente a las oficinas del sindicato, en Bello, los primeros conatos de protesta.

Millares de operarios se tomaron también las calles aledañas a la factoría, que fueron pronto militarizadas. Montoya, que en ese instante se encontraba en la empresa haciendo el inventario con inspectores de la oficina del Trabajo, tuvo que salir escoltado en un campero del ejército, ante la amenazante actitud de los proletarios y en medio de una ensordecedora rechifla.

El tramposo convenio no registró ni un solo peso de aumento frente a la fórmula inicial de la compañía, ni acogió el pedido de retroactividad hecho por los trabajadores. Posteriormente, en declaraciones al periódico El Mundo, de Medellín, el esquirol adujo que “con la huelga nadie ganó porque no se consiguió nada, pero tampoco se perdió nada”.

Sin embargo, los sistemas de ingeniería Standard impuestos por la empresa borran de un plumazo los incrementos salariales, y, más aún, mutilan los pactados en 1980. Hay un punto de los firmados que deja a los patronos las manos libres para pagar al trabajador el sueldo básico en los traslados o cambios de oficio, cuando hasta ahora debía garantizar en tales casos el salario promedio de las últimas 24 semanas.

He ahí el aspecto fundamental del contrapliego puesto en vigor con la complicidad de la sumisa camarilla de Hernando Montoya, pues el estancamiento de la industria textil ha llevado al Grupo Colombia, dueño de Fabricato, a proyectar un vuelco total en las líneas de producción, que traerá consigo radicales alteraciones en los oficios de los 6.800 asalariados. Se piensa, por ejemplo, según lo dijo el presidente de la compañía, Diego Aristizábal, conformar “empresas de tamaño medio, menos sometidas a las presiones de los costos”; especializar a las filiales Texmeralda, Pantex y Riotex; manufacturar la novedosa tela geotécnica, destinada a servir de base para la pavimentación de carreteras, y fabricar empaques de polipropileno para el mercado interno.

Con su esperada actitud, la rosca vende-obrera puso fin alevosamente al primer cese de actividades en la historia de Fabricato. Mientras los agentes patronales continúen a la cabeza de los sindicatos, hasta las batallas gremiales tendrán pocas posibilidades de triunfo, correspondiéndoles a los sectores independientes la imperiosa tarea de depurar y rescatar las huestes del movimiento obrero.

Impacto negativo

Lo acaecido en Fabricato y su filial Pantex golpeó de manera directa al resto de los doce mil huelguistas de Vicuña, Tejicóndor, Pepalfa, Hilandería Nacional. A la burguesía textilera que actualmente se halla acorralada por la extorsión del capital financiero, la competencia de la industria extranjera imperialista y la política antinacional del gobierno, y que tiene sus depósitos y almacenes repletos de géneros por ausencia de compradores, no podía menos que caerle como anillo al dedo un paro no remunerado de la producción, máxime se la contratación colectiva, gracias al sucio servicio del esquirolaje, antes que un progreso significa un estancamiento y hasta en ciertos aspectos un retroceso para las conquistas de los trabajadores. Por eso el sindicalismo colombiano requiere rectificaciones de 180 grados, tanto en su estructura como en su orientación, para lograr derrotar los ardides de la clase capitalista. Con una unidad momentánea, cual la presenciada en el pasado conflicto de Medellín, que puede ser deshecha en un santiamén con la rúbrica de un líder amamantado por la empresa, el proletariado no será capaz de trazar una táctica acertada y oportuna que aproveche las dificultades de la minoría expoliadora o que se abstenga de salir a la contienda cuando las ventajas no se hallen de su parte. Las expresiones de combatividad de las bases por espontáneas que sean, reciben siempre el aplauso de los revolucionarios. Pero no basta la rebeldía para obtener una victoria, así como de todos los fracasos también se cosechan ganancias aleccionadoras. Crear organizaciones sindicales fuertes y libres de la influencia ideológica y política de la reacción, mediante una labor constante y prolongada, sigue siendo una de las principales experiencias de la clase obrera. Esto volvió a evidenciarse en la pelea de los textileros antioqueños.

En Vicuña
La causa del diferendo en Vicuña, factoría controlada asimismo por el Grupo Colombia, es también la existencia de un contrapliego patronal, uno de cuyos puntos pretende suprimir los incentivos colectivos para de nuevo introducir los individuales. “Desde 1972 explicó Jesús Hernández, presidente del sindicato y vicepresidente de Acción Sindical Antioqueña, ASA, las cargas de trabajo han sido fijadas por mutuo acuerdo entre sindicato y empresa, distribuidas a nivel de secciones y no por trabajador. Lo que en síntesis se busca eliminar en el contrapliego es la injerencia de la organización obrera”. Los 900 proletarios se lanzaron al cese el 2 de marzo y se reintegraron el 28 de abril, después que el gobierno convocó el tribunal de arbitramento obligatorio.

El Ministerio de Trabajo citó ese mismo día el Tribunal de Arbitramento para la huelga de Tejicóndor, donde se hallaban en paro desde el 9 de marzo 2.500 operarios en las fábricas de Medellín y Barbosa, mientras que en Pepalfa y sus filiales se adoptó la nueva convención colectiva que cobija a 1.050 asalariados.

Una industria sin salida
Carlos Upegui, presidente de Coltejer, se quejaba hace unos días, en reportaje al diario El Colombiano de un ostensible “desánimo frente a la sociedad anónima”, perjudicada por los “altos costos financieros”. Manifestaba además que las telas colombianas “no son competitivas en el exterior” y denunciaba que “no hay políticas efectivas del gobierno”.

Dijo también, al presentar en marzo el balance a la asamblea de accionistas que “esperábamos exportar 60 millones de dólares y sólo exportamos 39 millones, 7 millones menos que el año pasado”, y señaló el creciente proteccionismo de los países industrializados. Comparando los 590 millones de utilidades obtenidos en 1981 con los 288 millones del año anterior, el presidente de Coltejer anotó que tales ganancias derivan “fundamentalmente de la realización de activos y de las utilidades logradas en la operación de otras compañías filiales del Grupo Coltejer”. Fabricato a su turno, registró en 1981 “pérdidas operacionales por 102 millones de pesos”.

Las compañías antioqueñas han emprendido una febril y cada vez más costosa importación de maquinaria con miras a poder competir ventajosamente en los mercados internacionales. Coltejer ha invertido por ejemplo, en los últimos cuatro años, la suma de 8.656 millones de pesos en modernización de equipos, lo que no es necesariamente un síntoma de bonanza, si se tiene en cuenta que ese dinero, en buen porcentaje se adeuda a la banca de los Estados Unidos.

Consecuencia inevitable de la renovación técnica es el masivo licenciamiento de personal. En los cinco años precedentes han sido lanzados a la calle más de diez millones de obreros del ramo, no sólo por la creciente automatización de las empresas mayores, sino también por quiebra de otras muchas y por persecución sindical. Ello ahondará más la crisis social en la ya descompuesta capital antioqueña, donde la industria textil, particularmente concentrada, representa el 34.4 por ciento de la actividad económica.

En el caso específico de Vicuña, la sustitución de los telares crompton, ingleses, por los más sofisticados saurer, franceses, está dando un resultado de un incremento del 40 por ciento en la producción, con una tercera parte menos del personal. Empero, la maquinaria saurer, reputada a principios del pasado decenio entre las más avanzadas del mundo, no es la que lleva hoy la delantera, por lo que en últimas Vicuña se quedará de todas formas rezagada con respecto al nivel de la tecnología mundial, con el agravante de que el mercado interno ofrece posibilidades menguadas. Algo parecido ocurre con las demás empresas. A todo lo anterior se unen, de una parte, la libre importación de telas y el contrabando, fomentados por el gobierno, y de la otra, el abordaje del capital especulativo que ha entrado a aprovecharse de las dificultades económicas para hacerse al control de las compañías.

Semejante desbarajuste constituyó un factor adverso que gravitó sin duda sobre el destino de las recientes huelgas. Sin embargo, la crisis de los textiles y de los demás renglones de la producción nacional ha de revolverse, no a costa de la penuria de los trabajadores, tal cual pretenden hacerlo la burguesía y la alta burocracia sino mediante la supresión de las causas reales que la precipitan, es decir, el crédito usurero, la entrega del mercado colombiano y los monopolios extranjeros y las medidas antipatrióticas y retardatarias del gobierno. Los obreros son la fuerza más avanzada y revolucionaria de la sociedad, no se resignarán a pagar los trastos rotos en pro del enriquecimiento de una gavilla de parásitos.

Como lo señala Jesús Hernández, “masas cada vez mayores de proletarios experimentarán en carne propia la encrucijada de la industria textil bajo la dependencia del imperialismo, y día a día se crearán las condiciones para abrir las compuertas de la revolución, la única salida que le resta al país es la que hará posible, al final, el progreso y la utilización plena de los recursos humanos y materiales”.

Discurso de Francisco Mosquera: EL MOIR NO PUEDE SILENCIARSE NI SUSTRAERSE AL DEBATE ELECTORAL

Queridos compañeros y amigos:

Cuando determinamos en 1972 concurrir por primera vez a la justa electoral, éramos un Partido en ciernes, no mayor de ocho o nueve centenas de miembros y relegado a escasas poblaciones de unos cuantos departamentos. Al tenor de una serie de consideraciones de principio rompimos autocríticamente con la abstención, el último lazo que aún nos ataba a las posiciones extremo-izquierdistas, de las que nos veníamos apartando de manera progresiva y tras agudas luchas ideológicas, desplegadas tanto dentro como fuera de nuestras filas. La abstención encarna la consigna predilecta con que las sectas del anarquismo han renegado siempre de toda actividad política. Nosotros habíamos aprendido ya del marxismo y de las costosas experiencias de la década del sesenta, que la revolución no empieza por los grandes estadillos, los cuales, cuando llegan, constituyen el acto final del largo drama de acumulación de fuerzas y de convergencia de factores favorables, y no el producto inmediato de las proclamas de quienes se arrojan a derrumbar los poderes establecidos con acciones descabelladas y con el único concurso de un puñado de insurrectos.

Empero, para ir a elecciones, como para emprender el resto de las múltiples y ricas manifestaciones de la lucha política, han de resolverse antes el cómo y el con qué hacerlo. Los militantes más antiguos recordarán que en aquel entonces, no obstante el MOIR haber desbrozado unas pautas básicas tendientes a garantizar un uso adecuado de esta modalidad de combate y a precavernos contra el “cretinismo parlamentario”, no teníamos ni la más remota idea acerca de los trajines de la tarea que íbamos a cumplir y carecíamos de cuadros avezados, dirigentes reconocidos y oradores convincentes. Aunque persistan varias de nuestras deficiencias del inicio, al cabo de un módico lapso de diez años, no somos propiamente unos principiantes en materias comiciales, así no consigamos evitar el estancamiento y hasta la disminución del modestísimo número de nuestros votantes. No ignoramos la ley del embudo que rige a tales torneos montados y manipulados por la minoría oligárquica y sabemos plenamente hasta dónde sacarles provecho. Hoy no vamos ahora a sumar a la autocrítica de 1972 una nueva, la de 1982, que sería en sentido inverso, por intervenir en la lid electoral y obtener unos guarismos que no difieren mucho de los contabilizados en las otras cinco oportunidades en que hicimos campaña. En una nación donde sufragan alrededor de cinco millones de personas, cifras de 50 ó 30 mil votos en ningún caso dejan de ser ínfimas. Desde este punto de vista nos han vencido una vez más, pero no nos hemos equivocado. En la historia del movimiento obrero existen desde luego ejemplos de fracasos acaecidos por errores que a su tiempo merecieron examinarse y enmendarse; más la derrota que acaba de propinarnos el monopolio de enconados enemigos no obedeció a yerro alguno nuestro, ni se trata de un desastre del cual no logremos emerger indemnes y dispuestos a conquistar victorias infinitamente más significativas que las otorgadas por los escrutadores de la Registraduría. Comparado con los anteriores, el debate que culminamos el 14 de marzo no vacilo en calificarlo de magnífico, no solamente por el contenido sino por la forma.

Asumimos, junto a los demás componentes del FUP, la defensa de los intereses de la nación y del pueblo, en pugna abierta contra quienes promueven y usufructúan el desvalijamiento del país y contra quienes desde la oposición siguen considerando viable el bienestar de los desposeídos dentro de la sociedad neocolonial y semifeudal, si se introducen unos cuantos arreglos en la fachada del orden prevaleciente. No suscribimos acuerdos que implicasen ocultar nuestros planteamientos o reverdecer las ilusiones en torno a cualesquiera de los troncos podridos o las casas dinásticas en que se hallan parcelados los partidos tradicionales. Denunciamos el comportamiento artero del Partido Comunista y sus socios que, en el afán por allanarle el camino en Colombia a la expansión soviética, combinan el aventurerismo liquidacionista con la conciliación de clases. Clarificamos por qué la necesaria unión de las inmensas mayorías de explotados y oprimidos únicamente podrá erigirse sobre la base de las posiciones democráticas y patrióticas de la revolución, y jamás sobre los falsos fundamentos de reencauchar el viejo despotismo, o instaurar uno nuevo, igualmente antinacional y antipopular. En fin, libramos la batalla, sin dar ni pedir tregua y afrontando las iras de los mandamases, un pecado imperdonable que purgamos a las cuatro de la tarde de ese segundo domingo de marzo.

De otra parte, nunca habíamos observado una vinculación tan diligente y fervorosa de la militancia entera y de las organizaciones del Partido a unos comicios como la presenciada en estos últimos. Aumentamos el número de los comandos y de las concentraciones públicas. En muchos sitios se efectuaron correrías seccionales mientras transcurría la gira nacional. Dentro de las comprensibles limitaciones, atendimos oportunamente los gastos crecientes de la faena electoral, con fondos recolectados en diversos y masivos actos de finanzas y con aportes del decuplicado grupo de personas simpatizantes. Cabe destacar la presencia activa de las mujeres que acometieron por su cuenta y riesgo la convocatoria de varios eventos femeninos, circunscritos a Bogotá, pero sin antecedentes en los anales partidarios. Algo parecido hay que decir de la Juventud Patriótica. Los intelectuales dictaron conferencias y elaboraron materias sobre temas de candente actualidad, superando también, por la cantidad y la calidad, sus contribuciones del pasado. Los artistas, particularmente los integrantes de los conjuntos teatrales y del Son del Pueblo, se esmeraron en que sus obras fueran un efectivo complemento para la movilización y orientación de los electores. Los obreros, a la par que las agrupaciones de masas dirigidas por el Partido, como Sinucom, se doblaron en los empeños por acercarse a instruir a las gentes, registrarlas en sus respectivas zonas e inducirlas a votar. Hubo asimismo progresos en cuanto a la atención de los profusos asuntos propios de la campaña, gracias a una mejor y más racional división del trabajo que permite poner en juego la iniciativa de los compañeros en los diferentes organismos y comisiones. No pretendo sostener que tales logros configuren un fenómeno general ya que la evolución dispareja del MOIR, tan notoria de una región a otra, lo hace imposible. Sin embargo, no es menos cierto que el relato hecho de los métodos empleados y de las innovaciones implica una cualificación del Partido, un modelo para el futuro inmediato y para las otras ocupaciones revolucionarias.

De lo anterior se desprende que no atribuiremos la baja votación a vacíos o a lunares de la línea trazada por las distintas reuniones plenarias de la dirección y que, por el contrario, perseveraremos en ella hasta verla triunfante. Tampoco buscaremos motivaciones internas para el suceso, puesto que pusimos a prueba nuestro engranaje organizativo y respondimos al compromiso en un ambiente de armonía y de plena identificación partidarias.

Al abocar el balance no podemos olvidar dos elementos bastante concluyentes. El primero, la debilidad manifiesta de nuestras fuerzas a las que a pesar de su paulatina extensión a través del territorio patrio, aún les falta profundizar su ligamiento con los sectores estratégicos de la población, primordialmente los obreros y los campesinos, lo cual sólo será cosecha de un trabajo duro, constante y prolongado. El segundo elemento consiste en la manera como se halla reglamentado y opera el sistema electoral colombiano, repleto de disposiciones retrógradas e inicuas. Todo, las condiciones de inscripción, la obligación de imprimir las listas y empacarlas en sobres, el papel de los jurados, los mecanismos atrasados de computación y vigilancia de escrutinios, la composición de la Corte Electoral, las presiones y las coacciones a los electores el día de la votación, absolutamente todo, está calculado para que los representantes políticos de las clases sojuzgadas no tengan ni la menor probabilidad de éxito; sin agregarle el resto de ventajas naturales, los propugnadores del régimen, que gozan a cántaro de las partidas procedentes del erario, reciben la protección de alcaldes y gobernadores y disponen de una tupida red de funcionarios que actúan de activistas y cuya estabilidad en los empleos la decide el veredicto de las urnas.

Con el incremento del poderío estatal, al mandatario de turno le va quedando cómodo y sencilla la designación de su sucesor, por encima incluso del parecer y del sentir de granados segmentos de la misma coalición bipartidista dominante. Pese al repudio colectivo que despiertan los recuerdos aún frescos de las calamidades del “mandato de hambre” y pese a la división liberal y a la cruzada de desprestigio que durante meses encabezaron en contra suya los no leídos diarios del país, al señor López Michelsen candidato del continuismo, le recolectaron cerca de dos millones y medio de papeletas, en una apabullante demostración de que la mancomunidad de la gran burguesía financiera, mercantil y burocrática y los grandes terratenientes imponen al antojo su vitalidad sobre el resto de los colombianos. Allí, donde la influencia de los caciques y gamonales se enseñorea rampante sobre la vida y los bienes de los ciudadanos, el reeleccionismo decidió ampliamente a su favor la pelea. El espectáculo que dejaron aquel día los heraldos de la vieja democracia fue algo afrentoso. Para conseguir los votos, simplemente se compran, o se recurre a fundar barrios y a abrir vías, repartir becas, etc., sin desdeñar por supuesto la amenaza directa o el chantaje económico. Con estos procedimientos se legitiman ante coterráneos y extranjeros los sucesivos regímenes del estado de sitio, del estatuto de seguridad y de la justicia castrense.

Los sufragios representan pues uno de los sustáculos capitales de la dictadura oligárquica pro-imperialista vigente. Y para las fuerzas revolucionarias colombianas, que no echan mano de los artificios de la reacción para reclutar adeptos, ni aspiran a congraciarse con las disidencias reformistas de las clases explotadoras, ni se acogen al abrigo de la gran prensa, las elecciones no tipifican ciertamente la arena ideal para abatir a unos contrincantes que ostentan todas las prelaciones y tienen previamente asegurados los lauros de la contienda.

¿Por qué entonces nos empecinamos en nadar contra la corriente reivindicando una categoría de luchas cuyos desenlaces numéricos dan pábulo a nuestros detractores para especular en torno de nuestras perspectivas cercanas y lejanas? Porque, con todo, merced a esta brega hemos hecho gala de notables avances, igual en el plano del desarrollo de la teoría revolucionaria que en el de la extensión orgánica, consecuciones de las que no informan ni nos importa que informen los gacetilleros de El Tiempo y El Espectador. Cuántas veces habremos escuchado la queja de labios de amigos y adversarios referentes al alcance, excesivo según ellos, que le concedemos a dichos ajetreos. Sin embargo, la expansión de nuestras huestes por la geografía nacional y el entronque con considerables fragmentos de la opinión se los adeudamos en parte al hecho de haber realizado, cada dos años, seis campañas consecutivas. El vernos obligados a encarar las cuestiones de la construcción del frente unido y de la sistematización de sus normas más especificas, se lo debemos también en buena medida a los manes del sufragio, ya que, por las peculiaridades de Colombia y del periodo histórico, es durante los comicios y no en otro momento cuando resaltan con mayor acucia los problemas del funcionamiento de las alianzas y de las relaciones con los aliados. No ha sido fruto del capricho de nadie que con la aproximación de las elecciones, y por la endeblez de los partidos contrapuestos al bipartidismo tradicional, se reaviven las controversias y los contactos concernientes a la unidad de la izquierda, siendo que sus protagonistas casi siempre se exhortan mutuamente sobre la necesidad de que los convenios rubricados superen el estrecho horizonte de lar arcas lacradas. Tampoco es gratuito que en el transcurso de un debate electoral concentremos todas las energías de la militancia, hagamos los mayores esfuerzos financieros y le demos una o dos vueltas al país, congregando manifestaciones, pronunciando discursos y arremetiendo por doquier con nuestras tesis contra las ignominias de la reacción y sus acólitos, con un ímpetu y en una amplitud no muy frecuentes en otros menesteres. Sucede que en tales ocasiones, no obstante las cortapisas antidemocráticas anotadas, se agita la atmósfera nacional, las gentes se tornan un tanto receptivas, bulle la marmita de la política, y un partido proscrito como el MOIR, que finca su gloria en el despertar de las masas esclavizadas, no puede silenciarse ni sustraerse a la polémica; debe subir a cualquier tribuna que se le permita y decir sus certezas en medio de la sociedad descompuesta, así tenga que pasar por el escarnio de que prácticamente lo desaparezcan de los alambicados boletines de recuento de los registradores nacionales, departamentales y hasta municipales. Mañana seremos nosotros quienes nos burlemos de ellos.

Por ahora, conforme a nuestra posición de hombres y mujeres de principio y sorteando las ingentes dificultades, proseguiremos en el proceso eleccionario. Para lo cual hemos acordado la candidatura presidencial del camarada Marcelo Torres. Con el emblema de su promisoria juventud pregonaremos a los cuatro vientos cuanto piensan y ejecutarán los aladines de la nueva Colombia en el cometido innegable de cincelar el brillante destino de las generaciones venideras.

No nos resignamos a trocar el papel de actores por el de simples espectadores de la disputa entre el candidato reeleccionista y sus rivales, auspiciados principal y correspondientemente por el pastranismo, el llerismo y el revisionismo. Superados los tropiezos, volvemos a la carga para alertar a las masas que se aglutinen a escucharnos acerca de las contradicciones reales y aparentes de esas cuatro sotas de la baraja oportunista. Si se confirman todos los pronósticos, López Michelsen y su compinche secreto Álvaro Gómez terminarán ganando la partida y distribuyéndose el fabulosos botín de un billón y medio de pesos, o más, que es lo que valdrán las apropiaciones presupuestales durante el ejercicio de la próxima administración. Consolidarán la labor comenzada desde 1974 de entregar el país inerme a las garras de los monopolios imperialistas; colmarán de más garantías a los especuladores y agiotistas del capital financiero; insistirán en someter a la quebrada producción nacional a la competencia ruinosa de las mercaderías importadas; intentarán dispensarle carta de ciudadanía al narcotráfico, o por lo menos ampliarán la “ventanilla siniestra”; beneficiarán como nunca a la clase terrateniente, a los pulpos urbanizadores, a los magnates de la Federación de Cafeteros, mientras pedirán a las clases laboriosas que se aprieten un punto más el cinturón en aras del bienestar colectivo. En materia de orden público, el dilema lopista de “paz o represión” lo resume todo. Como la situación de penuria del pueblo llegará a extremos insostenibles y el descontento brotará a flor de tierra, se pondrán en todo su vigor las medidas punitivas de excepción contempladas en la carta constitucional, a pesar de los alegatos jurídicos de los ex magistrados del Comité de los Derechos Humanos y al margen de que los decretos de amnistía se cumplan o no se cumplan. Y en cuanto al chiste de afiliar el Partido Liberal a la Internacional Socialista de Willy Brandt, se trata del toque progresista del continuismo, encaminado a impresionar a los electores remisos y resentidos y a tender puentes con suficiente antelación con la autodenominada oposición democrática. Esta es, en pocas palabras, digamos la consubstancialidad de la tendencia que acaudilla el consentido de la Handel.

En cambio Galán Sarmiento, el pupilo de Carlos Lleras, encarna los anhelos de los sectores liberales burgueses más aristocráticos desalojados del mando y que aceleradamente han perdido ascendiente en el mundo de los negocios, y por tanto en el resto de los ámbitos de la esfera social. Buscan la revancha a como dé lugar, pero su máxima satisfacción se reduce a sacar a la luz desde la gran prensa las iniquidades de quien, con la colaboración de Turbay Ayala, los venció en 1974, 1978 y ahora el 14 de marzo. Su principal inconsecuencia, así como el fondo retardatario de su doctrina, radica en soñar restablecer, en la época del total dominio del capital financiero y de los monopolios sobre la vida de país, las relaciones económicas y las costumbres políticas anteriores a esta época. Aunque se conduelen del estado lamentable en que se debate la industria, no se atreven a exigir la erradicación de las talanqueras que provocan su marchitamiento. Proponen frenar la concentración de la riqueza mediante los hipotéticos controles estatales sobre los consorcios financieros y la todavía más hipotética democratización de las sociedades anónimas. Nada piden eliminar aun cuando desean moralizarlo todo; los contratos de asociación con el imperialismo, el agio y la usura, el tráfico de influencias y de narcóticos, el Parlamento y hasta la compra de votos. En la encerrona en que se encuentran verían con gusto una eventual presidencia del Partido Conservador, con cuyo candidato los identifican muchas inquietudes y sinsabores. De vieja data ha operado el entendimiento tácito del llerismo y el pastranismo; sin embargo, ninguna de estas dos alas languidecientes de las colectividades tradicionales está en condiciones de detener la tenaza tapada de los dos delfines, no sólo porque carecen de los instrumentos del Poder, sino porque a menudo contienden desde posiciones más atrasadas que las del imperialismo y sus intermediarios.

Y el señor Molina, que acaba de plantear por la pantalla chica la meta de reconciliar a la nación con el ejército del régimen y que le sugiere a la izquierda criolla convertirse en el portaestandarte de la jurisprudencia, es el personero de última hora de la contracorriente que le ha hecho más daño a la revolución colombiana, el mamertismo. Las mentiras para tornarlas creíbles han de adobarse con verdades. Y esta agrupación ha sido experta en colocarle siempre un pero a las causas más caras del pueblo colombiano. Propicia la liberación de Colombia de la coyunda norteamericana pero para que caiga en las zarpas del social imperialismo soviético. Aboga por la dirección del proletariado pero en no pocos objetivos programáticos marcha a la zaga de la burguesía. Censura las expresiones anarquistas, pero cuando no le convienen. Combatió el “mandato de hambre” pero desde luego le descubrió “lados buenos”. En la actualidad, para rehuir la represión, les hace el juego a los postulados seudo democráticos de los reformadores liberales y conservadores, alentando el trajinado pacto social entre los representantes del trabajo, el capital y el Estado, como una panacea a las tensiones, a los choques armados y a la intranquilidad reinante. De ahí que la consigna por la paz se volviera el tema de moda de esta campaña, con sendas interpretaciones según los candidatos, más con el agravante de que queda la perniciosa creencia de que aquella, junto a las demás mejoras de carácter social, será factible alcanzar tras un diálogo constructivo y no obstante la honda crisis que sacude a la sociedad colombiana. En virtud de esa forma ladina de interpretar la política, el candidato de los revisionistas fue bien recibido por la crítica gazmoña de la gran prensa; y al propio profesor Molina se le ha visto retratado en las páginas de los periódicos, celebrando convenios internacionales del gobierno, o inaugurando obras públicas en compañía del alcalde Durán Dussán. Y si a semejantes veleidades del historiador de cabecera del Partido Liberal agregamos sus reiteradas, benévolas e indulgentes declaraciones sobre unos y otros de los restantes aspirantes a la Presidencia, se deducirá por qué cunde la confusión entre las masas que no captan mayores diferencias entre los consejos de la izquierda y las consejas de la derecha, factor no insignificante en la manifiesta desproporción de los guarismos de marzo.

Nos asiste la razón cuando insistimos en que el pueblo no forjará nunca su unidad en la fragua del oportunismo. Nosotros advertimos con bastante anticipación que atravesaríamos el desierto antes que plegarnos a las condiciones antidemocráticas y antinacionales de los revisionistas pro soviéticos, y en el Foro de Pereira de septiembre de 1979, llamamos a los integrantes del FUP a prepararse para lo peor; sin embargo, quienes corrieron a coligarse alrededor de la componenda reformista, ¿a qué disculpas recurrirán ahora para justificar los descalabros de sus volubilidades? En por lo menos una decena de departamentos, los fundadores del bautizado Frente Democrático llevaron a efecto acuerdos con el movimiento de Galán, avalando las concepciones de éste y con el único requisito de que los ubicaran en las listas. Después de cerca de ocho años de acerbas disputas con nosotros, desde el rompimiento de la UNO a finales de 1974, ahí vino a desembocar la alharaca unitaria del Partido Comunista, en darle apoyo sin beneficio de inventario al llerismo, no una de las nuevas sino de las más rancias tendencias del liberalismo colombiano.

Sobra reiterar que continuaremos sosteniendo, además de las normas democráticas de funcionamiento del Frente, nuestras propuestas de unión basadas en la más íntegra y cabal independencia de Colombia ante todos los amos extranjeros, y en la implantación de la auténtica democracia de las clases revolucionarias, cuyo primer mandamiento consiste en la supresión de la vieja dictadura oligárquica.

La jornada que vamos a emprender, queridos compañeros y amigos, será excepcionalmente penosa. No obstante, entre los innumerables inconvenientes que habremos de superar, contamos de nuestra parte con dos hados propicios. Uno, la experiencia y la decisión de las bases del FUP para suplir con pericia y capacidad de trabajo la cortedad de los recursos. Otro, la inteligencia, la abnegación y la entereza de Marcelo Torres, prenda inigualable de que saldremos airosos de la prueba.

¡Que no se diga nunca que no arrostramos todos los riesgos en el intento de ayudarle a abrir brecha a la revolución colombiana!

En México, antes de la llegada de los conquistadores, habitaba un pueblo primitivo, los teotihuacanos, que tenían por costumbre, en aquellos períodos del año cuando las noches son más largas y las sombras se extienden por más tiempo sobre la faz de la Tierra, elevar sus plegarias y hacer sus ofrendas para que el sol volviera al otro día a nutrir con sus rayos los prodigios de la creación. Nosotros, en esta prolongada noche de la esclavitud, haremos también nuestros sacrificios para que el sol de una nueva independencia vuelva a iluminar a Colombia.

Muchas gracias.