¡LIBERTAD PARA JUAN SIMÓN RICO!

Desde hace cien días, el ejército mantiene encarcelado a Juan Simón Rico dirigente del MOIR en la intendencia del Arauca y secretario de la organización campesina de esa región, Ocida. El camarada fue arrestado el pasado 25 de enero y trasladado a la cárcel de Yopal, Casanare, donde se le ha querido aplicar el Código Penal Militar con acusaciones desde todo punto de vista falsas.

Ante la falta de pruebas en su contra, las autoridades han demorado los procedimientos, buscando además entorpecer la campaña electoral del FUP en Arauca.

Atropellos en Caucasia
El 28 de marzo pasado, ante centenares de personas reunidas en Caucasia, Antioquia, para presenciar la última etapa de la “Clásica Ciclística del Bajo Cauca”, un policía disparó contra Nicolás Pasos Zabaleta, de 24 años, popular deportista y comerciante de la localidad. Nicolás fue conducido posteriormente al hospital, pero falleció antes de llegar.

En las primeras horas de la noche se presentaron airadas manifestaciones de protesta en los barrios periféricos, y al día siguiente más de 15 mil vecinos del pueblo convirtieron el entierro del compañero en un acto de denuncia contra el gobierno. Cuando el cortejo fúnebre iba llegando al centro de la población, elementos de la fuerza pública disolvieron la marcha e hirieron a otras cinco personas. La ciudad fue militarizada por unidades del ejército traídas desde Montería, Montelíbano y Medellín, y el 30 de marzo quedaron detenidos 16 ciudadanos, a quienes la justicia penal militar condenó a 12 meses de cárcel. Entre ellos figura María Eugenia Arteaga Giraldo, militante del MOIR.

PROTESTA EN LOS FF.NN.

El 5 de abril se cumplió con éxito en todo el país el paro de 24 horas programado por el Comité Ejecutivo del Sindicato Nacional Ferroviario, Sintrafer, que preside Santander Orellanos, como en anteriores oportunidades los trabajadores exigen que la empresa se ponga al día en el pago se salarios y, además, que cancel al Fondo Social, encargado del servicio médico, una crecida deuda de 170 millones de pesos, indispensables para que la entidad pueda mantener los servicios asistenciales.

Otros conflictos
Prosiguen entre tanto las negociaciones en la Caja Agraria, donde están a punto de culminar, sin resultado alguna, la etapa de conciliación, los 13 mil asalariados han efectuado ceses parciales en demanda de una solución justa al diferendo. Tampoco hay acuerdo en la Federación Nacional de Cafeteros, cuyos siete mil operarios se aprestan a defender sus reivindicaciones bajo la orientación de Sintrafec

En Sittelecom quedó firme la resolución 00580 del 28 de enero de 1982 mediante la cual se legalizó la espurea junta directiva impuesta en 1981 por una minoría patronal. El sector mayoritario ha sido excluido en forma arbitraria de la dirección sindical, aunque, como lo indicó Agustín González en su intervención del 1° de mayo en el teatro Atenas, de Bogotá, las fuerzas más consecuentes del sindicato han lanzado una contraofensiva en todos los frentes, apelando al fallo democrático de los asalariados.

Discurso de Marcelo Torres: “SIN PARTIDO NO HAY PODER Y SIN PODER NO HAY VICTORIA”

Compañeros y compañeras:

No había surgido en la Colombia contemporánea, ni en la paz ni en la guerra, una fuerza política suficientemente capaz y consecuente hasta el fin con los interese de nuestro pueblo, no sólo para señalarle que la única solución a todas sus tragedias es la revolución, sino con la firmeza indispensable para perseverar en ese rumbo. Esa fuerza, hoy en día, existe. Es el MOIR, es esta corriente revolucionaria; somos nosotros, aquí, ahora, apretujados, anhelantes, con el ánimo encendido y con nuestras banderas en alto fieramente empuñadas. Agrupados en una corriente revolucionaria incipiente, sí; delgada, es cierto, cual un hilo de luz en la oscura medianoche que vive Colombia. Pero invencible; invencible porque está armada con una línea, la de la revolución de independencia nacional de nueva democracia en marcha al socialismo; porque está integrada por centenares de cuadros dedicados a la causa del pueblo y por miles de militantes y amigos y, sobre todo, porque está encabezada por un gran jefe, el jefe de los descamisados de Colombia, Francisco Mosquera.

En el pasado, desde las abominables circunstancias que originaron la república neo-colonial, allá por los tempranos mil novecientos, hasta las más recientes pero no menos indignantes que inauguraron el Frente Nacional, nuestro pueblo, las más de las veces, ha sido engañado, vendido y traicionado por quienes se decían sus adalides. Uribe Uribe y Benjamín Herrera, los jefes de esa gran insurrección popular que obligó al país a cruzar el umbral del siglo veinte en medio del estruendo de la guerra de los Mil Días, terminaron quebrando sus espadas y rindiéndose ante la tiranía que entregó Panamá a los Estados Unidos, convertidos en ilustres capituladores a sueldo de los regimenes conservadores de colaboración liberal que se instituyeron entonces. El fementido Partido Socialista Revolucionario de los años veintes tampoco fue capaz de orientar acertadamente al pueblo en la crisis que dio al traste con la camarilla gobernante de Abadía Méndez, y fueron los cabecillas del liberalismo quienes se alzaron con la cosecha. La República Liberal, ese elefante blanco de nuestra historia política, no fue más que la utilización del movimiento obrero y del pueblo por el campeón de la demagogia liberal, Alfonso López Pumarejo, para llevar a cabo la modernización institucional que reclamaba la nueva era de la dominación imperialista. Y el partido al cual incumbía la misión de desenmascarar la verdadera naturaleza pro-yanqui, antinacional y anti-popular de López Pumarejo, el nunca bien llamado Partido Comunista, no solo le batió incienso sino que se acurrucó en el bolsillo del liberalismo convirtiéndose en su pintoresca mascota y apoyando sus gobiernos uno tras otro.

Excepción a tanta bajeza la encarnó Jorge Eliécer Gaitán, líder del grandioso movimiento de masas que enfrentó al pueblo con las jefaturas oligárquicas del liberalismo y del conservatismo. Los truenos del 9 de abril desataron durante 10 años ese pasaje de guerra civil que los colombianos conocemos como La Violencia; pero aquellos convulsionados tiempos, momentos propicios si los ha habido para la revolución, con el país ardiendo por los cuatro costados, con el pueblo en armas, tampoco fueron aprovechados por el Partido Comunista. Servilmente sus jefes subordinaron su acción a la de los López Pumarejo, los Echandía y los Lleras que imploraban la paz y la reconciliación a Ospina y a Laureano Gómez; criminalmente contribuyeron a que el pueblo marchara tras los objetivos de los jerarcas liberales sin oponerles un programa revolucionario que esclareciera el fondo clasista de la lucha. Remate de tantos desatinos cometidos por los falsos revolucionarios de ese partido a los que el espíritu iconoclasta de la juventud insurgente de los años sesentas apellidó para siempre “mamertos”, fue el desvergonzado apoyo que le brindaron al pacto burgués-terrateniente, llamado Frente Nacional, y a su primer gobernante, Alberto Lleras Camargo.

Asomarnos a ese pozo sin fondo de iniquidades y dobleces realizados por los usurpadores de la dirección de las luchas populares de este siglo bien vale la pena porque en esa historia, depósito de amarga experiencia, podemos descifrar advertencias claves para el porvenir. La primera de todas, la de que, por más favorables que sean las condiciones en una coyuntura dada, el pueblo no podrá jamás alcanzar el triunfo si al frente suyo no guía la marcha una auténtica fuerza revolucionaria; la de que las masas hacen la historia pero solo pueden vencer si son conducidas por un destacamento de combatientes capaz de enfrentar a pie firme no sólo los vientos y las lluvias sino los más devastadores huracanes. Ese destacamento es el que estamos forjando hoy. ¡No libramos aún la batalla por el poder sino la batalla por la existencia del Partido, porque sin partido no habrá jamás Poder y sin Poder no hay victoria! Y la segunda advertencia de nuestra propia historia es la de que ese partido fiel hasta la muerte a las masas trabajadoras, no podrá cumplir su papel si antes no rompe con las concepciones de sus enemigos. La emancipación política de los trabajadores no puede encabezarla un partido que a su vez no se haya emancipado ideológicamente de la burguesía y las otras clases explotadoras. Contrariamente, en la Colombia de hoy, la tradición de las generaciones muertas de los repúblicos burgueses oprime como una pesadilla el cerebro de esa caterva de vencejos hacia la que han degenerado muchos pseudo dirigentes de la izquierda. Estos prorrumpen de todos los rincones, como voceros de la vieja sociedad, en advertencias y consejos, invitándonos, a quienes hemos tenido la osadía de luchar por construir un nuevo mundo, a abandonar el escarpado sendero que hemos escogido, con el argumento de que la cumbre que nos hemos propuesto coronar es muy remota y recomendándonos que volvamos a la conocida y transitada senda de la vieja democracia de oligarcas y terratenientes. Se nos increpa porque ante los resultados electorales adversos no hemos acudido -ni acudiremos jamás- a esa suerte de Muro de las Lamentaciones donde se congrega en indigna romería la sedicente izquierda colombiana después de cada certamen comicial. La justeza de una política, de una táctica revolucionaria no puede medirse con el rasero de los guarismos elaborados por la Registraduría, ni porque conlleve inevitables contratiempos y aun serios descalabros. A quienes nos digan, como tantas otras veces, que el MOIR ha muerto, responderemos con el personaje de la obra de Zorrilla: “Los muertos que voz matáis gozan de cabal salud”.

No cejaremos en denunciar por todas partes que las llamadas elecciones democráticas, especialmente las presidenciales, son la más monstruosa estafa montada contra nuestro pueblo, cuyas piezas maestras están constituidas por la cauda electoral cautiva y coaccionada de los empleados públicos, por el inmundo tráfico promesero de los gamonales alrededor de la sentida necesidad popular de la vivienda, por la compra de votos y el fraude descarado y extendido por doquier; en una palabra, por la amenaza, el soborno, la trampa ensamblados en ese engendro que es el semi-feudal sistema electoral colombiano. Continuamos adelante, más victoriosos en nuestras derrotas del día que nuestros enemigos en los pírricos triunfos de su democracia de bandidos.

Los tiempos de todas las edades han terminado por magnificar el nombre y las hazañas de los grandes caídos en la lucha revolucionaria y por hundir en el olvido los de sus verdugos, los triunfadores circunstanciales y efímeros de la reacción. Los insurrectos de la Comuna del Paría de los obreros de 1871, el primer gobierno proletario de la historia, fueron aplastados por la contrarrevolución coligada, de Francia y Prusia. Pero al día siguiente de la histórica derrota, un poeta exhortaba de nuevo a la lucha: “Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan”, decía, y de su pluma brotaron, como bandada de águilas de una cima, las inmortales estrofas que difundiéndose por todo el mundo, encienden el pecho de los explotados de todas las latitudes y aúnan sus luchas en una Internacional sin fronteras. Y desde el vientre oscuro de la sociedad colonial, un luchador que liberó esclavos, cerró estancos, abolió alcabalas y amotinó la plebe, José Antonio Galán, el Comunero, lanzó la consigna que al cabo de dos siglos mantiene más vigencia que nunca, y que vivamos hoy: la unión de los oprimidos contra los opresores.

Conlleva la conformación de una corriente revolucionaria la pelea contra grandes obstáculos, no apta para ánimos desfallecientes ni para los fáciles de descorazonar. Las titánicas tareas de la revolución requieren hombres de inquebrantable espíritu, más duro que el duro pedernal. Son los insustituibles de hoy, cuando una verdadera avalancha ideológica y política, defensora de la democracia burguesa que viene desde el candidato oficial del liberalismo hasta el de los mamertos, ha agobiado diariamente a los colombianos rasos a lo largo de la actual campaña electoral. No sólo han tenido una masiva difusión las tesis cínicas de López, los planteamientos demagógicos de Belisario y las antiguallas rejuvenecidas de Galán, sino hasta el tartamudeo de esa pieza de museo del liberalismo que es el candidato del Partido Comunista, Gerardo Molina. Todo a una estos cuatro candidatos proclaman que el principal propósito nacional es la consecución de la paz. Todos a una recomiendan un pacto de paz solo sobre la base de que los de arriba mantengan intactas sus instituciones, su constitución, su gobierno y sobre todo sus fuerzas armadas, cuya conformación como ejército permanente desde 1886 fue calificada en televisión, por Molina como “uno de los mayores logros de nuestra civilización política”.

Propuesta semejante constituye de por sí un acto de traición a los intereses de las mayorías populares. Se parece demasiado a la paz impuesta por la antigua Roma hasta los cofines de su imperio, fundada en el trabajo de los esclavos y el mantenimiento de la dictadura de un patriciado corrupto y decadente. Durante el transcurso del Frente Nacional, hasta nuestros días, el MOIR se ha opuesto siempre a la política de lanzar los pequeños destacamentos de la revolución a aventuras armadas sin contar con el apoyo del pueblo. Pero jamás la falta de condiciones inmediatas para emprender el asalto definitivo hacia la toma del Poder nos llevará a levantar la bandera blanca a los enemigos del pueblo. ¡Así proceden quienes aspiran, en el duro pero seguro camino, a ganarse el corazón de los de abajo para encabezarlos cuando resuelvan alzarse! ¡Piensan que es indigno de recorrerse quienes creen que basta con ponerse bajo el alar de una superpotencia extranjera para que el triunfo venga por añadidura! Nuestra corriente, polo opuesto a todo lo que santifica y defiende este caduco régimen social, es la única posición contraria a todos los procederes establecidos, a la reaccionaria condición, al reformismo y al oportunismo, y pregona a tambor batiente que en Colombia no hay paz, no habrá paz, ni puede haber paz, mientras no sean satisfechas las necesidades fundamentales de la nación y del pueblo. La primera de ellas, la conquista de la independencia nacional para emprender un verdadero desarrollo autónomo y la construcción de un Estado nuevo, de alianza entre la clase obrera y el campesinado, con participación de la pequeña burguesía y los sectores patrióticos de la burguesía nacional. Oponernos a la prédica en boga por la paz, sello distintivo del reformismo y el oportunismo, encaminado a desarmar ideológicamente a las masas, es no solo preservar la preciosa corriente insurgente que venimos construyendo sino impedir que nuestro pueblo quede huérfano en el futuro de una certera dirección revolucionaria, cuando sobrevivan a batallas más decisivas que las del ajetreo comicial.

He aquí la decisiva importancia de la lucha que venimos librando. He aquí por que hemos decidido continuar en la principal lucha política del momento, las elecciones presidenciales, a pesar de la tremenda desigualdad de condiciones en que nos toca afrontarlas, en descomunal desventaja política y económica respecto de los candidatos del bipartidismo tradicional.

Se trata de una candidatura salida de nuestras propias filas, decisión sin precedentes en nestra política de frente unido, muestra elocuente de las dificultades de la revolución en Colombia. Candidatura simbólica, pues su única finalidad es asumir la vocería de la posición revolucionaria, es no enmudecer frente a la algazara de los candidatos reaccionarios y oportunistas, es no permitir que las únicas voces que escuchen los de abajo en este momento crítico sean las de sus verdugos y las de los traidores.

Al encararnos con la tarea justo es decir que no tenemos sino palabras de agradecimiento para Consuelo de Montejo por habernos acompañado en la dura prueba que acabamos de pasar. Ella libró con dignidad y valor ejemplares el combate porque el país conociera la posición minoritaria de la revolución, en medio de excepcionales dificultades y de la apostasía y la claudicación oportunista reinantes, y públicamente ha declarado su voluntad de mantenerse como una reserva de la revolución. Seguramente el compañero Marcelo Torres, a quien el Partido ha encargado terminar la difícil y honrosa tarea, no posee ninguno de los atributos que esta sociedad fundada en la explotación y la hipocresía ha erigido como respetables y dignos de crédito e influencia. De todas las tareas que le ha encargado el Partido, ninguna de mayor responsabilidad. Lo que sí les puedo aseverar, compañeros, es que aunque solitario, el grito de batalla de la revolución trepidará diáfano, punzante como toque de clarín en el silencio que antecede al combate inconfundible como una bandera roja, bajo la cual pueden aglutinarse los pocos pero irremplazables efectivos de la revolución colombiana; para que por ella las mejores mentes, los mejores corazones, lo más aguerrido y de mayor temple, la vanguardia de nuestro pueblo, manifiesten su voluntad de rechazo a las viejas salidas, a la salida proyanqui de López, Betancur y Galán, y a la pro-soviética de Molina; para que el país entero sepa que existe, a pesar de todo, un ejército en formación de hombres y mujeres que están contra el viejo orden vigente, que están por la revolución social y la independencia nacional. No importa que los heraldos de la opresión nos cataloguen despectivamente como alucinados idealistas; sus retrógradas burlas no nos harán mella porque sabemos que de boca enemiga no hay que esperar elogio, porque somos hombres de pelea, de ánimo imbatible. No nos arredra su aparente fortaleza actual; tienen tanta razón en su alegría de hoy por su dictadura sobre el pueblo como los insectos y alimañas que trajinan al pie de un volcán dormido cuya erupción, mañana, los borrará para siempre de la faz de la tierra.

Compañeros, compañeras:
De aquí saldremos a demostrarle a toda Colombia que el viento derechista, reformista y oportunista, que sopla prevaleciente sobre todas las clases de la sociedad, no ha podido ni podrá arrear el único estandarte rebelde de este país que flamea incólume; el estandarte de la revolución en las manos de los combatientes del MOIR y del FUP. De aquí saldremos a las calles y plazas públicas a fustigar el proyanquismo de las candidaturas de los partidos tradicionales y el prosovietismo de la falsa izquierda, a denunciar las fechorías del gobierno de López, a refutar los reaccionarios embelecos de Belisario Betancur, a desentrañar el reformismo de la ventolera galantista, y a desenmascarar a Molina por prestarse a ser el mascarón de proa del oportunismo y el caballo de Troya del expansionismo soviético.

¡De pie compañeros, que se alcen nuestros puños, que prosiga su marcha nuestro ejército, pequeño pero vibrante y clamoroso! ¡Libremos la más importante contienda ideológica que haya realizado la revolución en Colombia; forjemos en la adversidad que nos rodea la dirigencia que conducirá al pueblo en las tempestuosas batallas del futuro entre la reacción y la revolución colombiana!

¡Viva la causa de los descamisados de Colombia!
¡Viva la corriente revolucionaria de Colombia!
¡Viva el FUP!
¡Viva el MOIR!
¡Viva Francisco Mosquera!

“EL FUP ÚNICA FUERZA AUTÉNTICAMENTE REVOLUCIONARIA”

Medellín, abril 16 de 1982

Compañeros:
Comando Nacional del FUP

Ante el permanente embate de los partidos tradicionales que durante centuria y media han mantenido su hegemonía en el país, se hace necesaria la presencia sólida de un baluarte en el cual se estrellen las posiciones obsoletas de la oligarquía liberal-conservadora, y que sirva, a su vez, como punta de lanza en el pueblo colombiano en la lucha por la emancipación nacional y el resto de transformaciones revolucionarias que demanda Colombia. En esta labor, el Frente por la Unidad del Pueblo ya ha obtenido resultados importantes, y en la primera etapa de los comicios actuales, como en los anteriores, difundió profusamente las ideas avanzadas, a través de una vigorosa campaña de agitación y propaganda.

No podemos otorgar ventajas a los voceros de la reacción ni darle la espalda a las masas que nos han venido acompañando en la dura brega. Por eso, la candidatura de Marcelo Torres constituye un intrépido reto de las huestes contrapuestas al régimen y a la política seudorrevolucionaria del oportunismo.

Hemos combatido por más de 20 años contra el sistema. Primero en la Anapo y luego desde un sector de ella integrado al FUP. Y no vamos a claudicar en nuestro empeño de unir al pueblo y orientarlo en su histórica contienda por liberarse del yugo del imperialismo norteamericano y sus secuaces. Aunque el Frente por la Unidad del Pueblo se halla aún en proceso de formación, es la única fuerza auténticamente revolucionaria con que hoy por hoy cuentan los millones de desposeídos del país, y a mantenerla y robustecerla contribuye la candidatura de Marcelo Torres en este proceloso tramo de nuestro quehacer político.

Dispongan, pues, de mi concurso y apoyo para esta nueva batalla que ha emprendido el Frente.
Seguiremos enarbolando las banderas libertarias de los explotados y oprimidos, hasta ver a la patria incondicionalmente dueña de su propio destino, no sólo ante la sojuzgación norteamericana sino ante cualquier otro amo extranjero.

Fraternalmente,
JAIME PIEDRAHITA CARDONA
Anapo Revolucionaria

“NO DESCANSAREMOS HASTA LOGRAR LA VERDADERA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA”

Magangue, Bolívar, abril 15 de 1982

Marcelo Torres
Bogotá

Insalvables inconvenientes de orden personal impídenme estar mañana a tu lado. Aprovecho esta historia oportunidad para manifestar la satisfacción queme produce. Como compañero de luchas y como costeño, tu merecida y popular exaltación a la candidatura presidencial del FUP, fuerza patriótica y revolucionaria que lucha denominadamente por destruir el régimen oligárquico proimperialista que tiene en Galán, Betancur y López a sus mejores adalides, y por impedir que, una vez el pueblo derrote a la burguesía lacaya del imperialismo norteamericano, sea sojuzgado por el socialimperialismo soviético, a semejanza de lo acaecido con el glorioso pueblo cubano que hoy ve que fueron en vano los incontables sacrificios del Cuartel Moncada y de Sierra Maestra.

La lucha libertaria de Bolívar y tantos otros próceres de la primera independencia se ve continuada en las batallas adelantadas por el FUP, y no descansaremos hasta lograr la verdadera y definitiva independencia del imperialismo y de la opresión económica y social que en lo interno ejerce la gran burguesía contra nuestros labriegos, obreros, intelectuales y pequeños y medianos comerciantes industriales.

Cordialmente,

Enrique Carlos Hernández Navarro
Insurgencia Liberal del Bolívar

Francisco José Castillo Noguera: “CÁLIDO SALUDO Y VOZ DE ALIENTO”

Cúcuta, abril 16 de 1982

Marcelo Torres
Bogotá

Estimado compañero y amigo:

Convencido de la necesidad del cambio estructural de Colombia e identificado con los planteamientos del FUP, considero necesario, una vez conocidos los resultados electorales, seguir enarbolando la bandera de la Revolución auténticamente colombiana y continuar contribuyendo en el adoctrinamiento sincero de la causa, por los medios a nuestro alcance.
Si bien es cierto que el retiro de la candidatura de Consuelo de Montejo constituye un impase más en la difusión de nuestras ideas, la aceptación por parte suya es un reto de esperanza, de renovación y de ánimo en la gran lucha que hoy se reinicia.

Por motivos personales me es imposible asistir al acto de su proclamación; pero más importante es la compañía que le brindo, la ideológica. En nombre del Liberalismo Independiente que yo dirijo en el Norte de Santander reciba el más cálido saludo y la más firme y diáfana voz de aliento en esta difícil e importante campaña presidencial.

Francisco José Castillo Noguera.

Carta de Consuelo: “RETIRARME DE LA CONTIENDA ELECTORAL NO QUIERE DECIR QUE HAYA ABANDONADO EL CAMPO DE BATALLA”

Bogotá, D.E. marzo 24 de 1982

Señores

Frente por la Unidad del Pueblo
Francisco Mosquera del MOIR
Jaime Piedrahita Cardona, de Anapo Revolucionaria
Enrique Molinares, del Movimiento Unitario Liberal
Enrique Hernández, del Movimiento de Insurgencia Liberal
Germán Pérez Ariza y José Zamudio del Movimiento Independiente Liberal.

Compañeros:

Cuando ustedes gentilmente me ofrecieron la candidatura presidencial, en junio del año pasado, acepté sobre la base de que el país necesitaba la existencia de una oposición racional que pudiera, en las plazas públicas, hacer un análisis serio de la situación nacional que le permitiera al electorado colombiano tomar una decisión consciente en las urnas.

Aunque sabíamos que mi postulación no era para ganar, se me hizo interesante la experiencia y la oportunidad de recorrerme el país para conocerlo mejor, y poder en un futuro prestar mi colaboración, como simple ciudadana, para la solución de muchos de sus problemas.

Se me hizo importante además la creación de una Izquierda Nacional que le pudiera ofrecer una alternativa al país en su etapa evolutiva, ya que el sistema de concertación del poder económico en pocas manos tiende a desaparecer, no solamente por su propia quiebra, sino por el cambio que está emergiendo en el mundo hacia un socialismo democrático.

Esta alternativa es importante para Colombia pues sería ridículo que nos pasara lo que está sucediendo en la América Central, donde los países, en una u otra forma, vana perder su soberanía e identidad, para quedar en manos de cualesquiera de los dos imperialismos, el norteamericano y el ruso.

Fue así como en la vida política como en la colombiana con una Izquierda Nacional y como una Voz de Oposición ante el actual desgreño administrativo para presentarnos a las elecciones de 1982.

Nuestras metas no eran ganar unas elecciones pues no teníamos ni el dinero, ni la maquinaria, ni el clientelismo, ni teníamos la historia como partido político en la vida del país.

Nuestras metas eran más sencillas para poderlas medir a corto plazo:
a. Empezar as crear una conciencia nacional sobre la necesidad de un cambio hacia un país más honesto y más eficiente.

b. La creación de una izquierda nacional que debilitara la izquierda extranjera, en manos de sectores mercenarios listos a meter el zarpazo cuando el caos aflore.

c. Hacernos conocer como una nueva alternativa para el futuro del país.

Creo que estas metas se lograron si se tienen en cuenta los avances obtenidos en el lapso de tiempo que duró la campaña, escasos nueve meses.
Es cierto que nuestros enemigos dirán, que no hemos logrado nada, haciendo creer que la historia se hace con la rapidez que se escribe.
Podemos mostrar así los siguientes resultados:

a. El colombiano ya sea empresario, trabajador o desempleado, está empezando a cuestionar el actual sistema, aunque todavía no se haya convencidos de la necesidad de un cambio.

b. El detrimento sufrido por una izquierda extranjera, que lleva más de 50 años presentándose como una solución engañosa al país, es un hecho real que puede medirse con la disminución de su volumen electoral.

c. A pesar de la censura de la gran prensa, de la radio y la televisión a nuestro movimiento y a mí nombre, la mayoría de los colombianos sabe de nuestra existencia y mira con respeto nuestras ideas.

Podemos presentar un balance favorable a pesar del resultado electoral, que no es real sino amañado por el peso de la maquinaria oficial, del dinero y del mismo fraude.

Creo, sin embargo, que el gobierno y su clase dirigente cometen el más grande error al tratar de triturar, por medios no muy claros, a los lideres de la oposición, pues cuando el caos estalle no van a tener capitanes con quienes dialogar.
Como decía Marx, “conmigo o sin mí la revolución proletaria llegará” y llegó. Yo diría que con nosotros o sin nosotros el fin de lo establecido en el país va a llegar más pronto que tarde.

Creo hoy más que nunca que teniendo en cuenta la persecución existente, la desigualdad de las herramientas políticas, la ausencia total de la libertad de comunicación de la opinión en los medios del propio Estado, como son la radio y la televisión, que pueden indirectamente falsear el resultado electoral en Colombia no existen ni democracia ni elecciones puras.

En estas circunstancias el cambio nunca le llegará a Colombia por la vía electoral; es increíble que diez días después de las elecciones no se conozcan datos precisos, o el volumen total de la votación, ya sea sólo en la ciudad capital.

Pero la responsabilidad de un cambio violento, y por las urnas, recaerá sobre los hombros de quienes ostentan, hoy el poder, y se mantienen a base de sobornos, bayonetas, fusiles y falsas amnistías.

No vale entonces la pena el sacrificio de quienes, de buena fe, luchan por un ideal para quedar tendidos, inermes, en la arena.

Así las circunstancias es mejor una abstención decorosa prepararse para el futuro, y no avalar con la presencia electoral de los grupos de oposición, que no pactan con el gobierno por debajo de la mesa, las elecciones de mayo.

Creo en mi cuota de sacrificio en esta gran batalla por Colombia y su gente ya se cumplió.
Por eso, sin resentimientos de ninguna índole, y más agradeciéndoles el honor que me otorgaron, de ser simbólicamente la candidata presidencial de la otra Colombia, la Colombia de los pobres, de los marginados, de los honestos, de los que no tienen oportunidad, les presento a ustedes renuncia de dicha postulación.

Pero el retirarme de la contienda electoral no quiere decir que haya abandonado el campo de batalla. Los días más aciagos para Colombia están por venir, y desde mi humilde escritorio de periodista seguiré señalando los grandes errores de nuestra clase dirigente, y seguiré luchando al lado de los desposeídos, pues para mí un país es grande si su pueblo es grande.

De ustedes cordialmente,

Consuelo de Montejo

Respuesta de Francisco Mosquera: “SEGUIMOS INVITANDO A LOS ALIADOS A FORTALECER LA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA”

Bogotá, abril 12 de 1982

Compañera:
Consuelo de Montejo

Apreciada compañera:

La decisión suya, transmitida en su carta del 24 de marzo, de sustraer su nombre a los comicios presidenciales como consecuencia de los resultados obtenidos en la primera ronda de la campaña, representa para el MOIR un revés de monta que se suma a las muchas dificultades de la hora presente. Usted sabe con cuanta insistencia tratamos de persuadirla en las reuniones de balance para que reconsiderara y retirara la renuncia de su candidatura.

Somos plenamente conscientes de que los guarismos alcanzados por el Frente son en verdad descorazonadores y de que la derrota que nos inflingieron nuestros enemigos supero toda humana previsión. Sin embargo, de antemano conocíamos las aplastantes desventajas que afrontan las agrupaciones revolucionarias cuando concurren a este tipo de eventos organizados y reglamentados por una oligarquía inescrupulosa y hábil en darle un tocado democrático al despotismo reinante, a través de manipuleo fraudulento de las elecciones.

La dictadura antinacional y antipopular que estrangula a Colombia se ha sustentado tradicionalmente en unos sufragios que distorsionan u ocultan el genuino criterio de las mayorías.

Por las normas y los mecanismos de votación tan deficientes y obsoletos, por el uso descarado de los dineros del erario para conseguir el apoyo a los candidatos del bipartidismo gobernante, por el monopolio absoluto de los medios de comunicación, por las trabas y prohibiciones sistemáticas contra los partidos de las clases sojuzgadas y por el resto de trapisondas características de las confrontaciones comiciales colombianas, incluida la compra y venta de votos, a una fuerza apenas en desarrollo como la nuestra que, a diferencia del mamertismo, no busca puntos convergentes con los vendepatria, ni procura ganarse el favor de los mandatarios con propuestas de pactos sociales, peticiones de amnistía u ofrecimientos de paz, ni corre a ponerse a la sombra de la gran prensa, a una fuerza así, le queda completamente imposible vencer a sus adversarios en una batalla donde estos determinan las condiciones de la misma y gozan de superioridades imbatibles. Dentro de semejante perspectiva lo que fin y l cabo cuenta para nosotros no es obtener en las urnas tres, cuatro o cinco decenas de miles de papeletas, cifra insignificante si se compara con los cinco millones que se adjudican las dos viejas colectividades junto con sus respectivas disidencias. Los beneficios que nos puedan reportar el debate estriban, tal cual lo hemos explicado, en la agitación y propaganda de las tesis programáticas del FUP, la refutación de las falaces posiciones de la reacción y el oportunismo y el impulso de una corriente política contrapuesta a las intolerables pretensiones de los amos del país y de sus validos de la oposición.

La invitación que siempre formulamos a nuestros aliados ha siso a construir un poco de atracción realmente distinto de los que durante tanto tiempo han defraudado a las masas, una alternativa que tenga trascendencia histórica por su lealtad a los caros anhelos de emancipación nacional y de transformación revolucionaria de los vastos sectores progresistas y patrióticos, y que la vayamos forjando paciente pero decididamente, mediante el aprovechamiento de todos y cada uno de los múltiples combates de los oprimios contra los opresores, sin desdeñar siquiera las limitadas oportunidades de la brega electoral. Por eso, y aunque comprendemos las razones que a usted lo llevaron a desistir de su postulación, nos preocupa enormemente licenciar, así sea por menos de dos meses, las huestes del Frente, y dejar, de lo que falta de campaña, el terreno totalmente libre no sólo a los portavoces del continuismo sino a los reformadores de oficio del sistema.

A pesar del asqueante manejo de las votaciones por parte de los detentadores del Poder y de que prácticamente está asegurada la reelección del señor López Michelsen, el descontento cunde porque el pueblo se siente burlado e intuye que los años venideros serán aún más tremebundos que es tristemente celebre cuatrienio del “mandato de hambre”. Las multitudes que al paso de la comitiva del FUP se congregaron en nuestros mítines y escucharon a nuestros oradores, ciertamente no votaron por nosotros. Más no descargaremos sobre ella las responsabilidades del percance. Si no adoptaron una actitud más resuelta, no obstante aparecer respectivas y ansiosas de encontrar las soluciones salvadoras a los graves problemas del país, ello obedece a varios factores, entre los cuales sobresalen la poca confianza en la pureza del sufragio y la confusión que sigue prevaleciendo a causa de los malabares de las llamadas izquierdas” que promueven ora una táctica aventurera, ora la conciliación con quien dicen combatir.

El Partido Comunista efectuó en casa la mitad de los departamentos alianzas electoreras con la facción de Galán Sarmiento movimiento inspirado por el antiguo llerismo y sostenido por los principales diarios liberales, y cuyos máximos objetivos consisten no en suprimir el dominio de la coalición burgués-terrateniente proimperialista sino en moralizarla, no en eliminar la usura y el agio sino en regularlos, no en propiciar el desarrollo de la nación sino en amoldarlo a los impedimentos externos e internos.

Gabriel García Márquez, que actúa de intermediario de los soviéticos a través de los cubanos, no le tembló la pluma al estimar el buen augurio al retorno de las andanzas presidenciales del padre de los hijos del ejecutivo. Y el candidato Molina, además de acompañar a los funcionarios turbayistas en actos públicos y en la inauguración de obras con marcado propósito electoral, halagó a López, y elogió a Galán y se mostró indulgente con Belisario Betancur.

¿Se logrará bajo tales circunstancias liberar a las masas populares de la coyunda ideológica y política de sus expoliadores? Indudablemente no.

Fue notorio, por ejemplo, que, a excepción de la vertiente de opinión que usted personificó con valor y entusiasmo, el 14 de marzo las diversas banderías demandaron el respaldo de los ciudadanos con el señuelo de la paz, como si ésta pudiera otorgarla un régimen cuya existencia misma depende de la extorsión y la opresión de las mayorías laboriosas, u ordenarse mediante un acuerdo de reformas sociales entre explotadores y explotados, precisamente cuando los Estados Unidos y sus agentes se ven impelidos por la crisis del mundo imperialista a incrementar el saqueo de Latinoamérica en general y de Colombia en particular. Había cuatro aspirantes a la presidencia que se disputaban la promesa de la pacificación, y para los electores resultaba embarazoso por quien definirse, siendo que la autodenominada oposición democrática, en lugar de desenmascarar categóricamente a los directorios oficiales y disidentes de los partidos tradicionales, se prestó para hacerles el juego en torno a aquel demagógico asunto.

Hasta el jefe del M-19, después de declararle la guerra al gobierno, terminó por concederles credibilidad a las ofertas pacificadoras del candidato del continuismo.

Nos corresponde, pues, cumplir el compromiso contraído con las masas y con los activistas populares de perseverar en la lid, convencidos hoy más que nunca de la necesidad de enarbolar muy en alto las banderas de la revolución colombiana. Por lo tanto, la Conferencia del MOIR, realizada el 3 y 4 de abril últimos, tomó la resolución de proclamar al camarada Marcelo Torres y alrededor de su candidatura residencial culminar esta campaña electoral, propagando, en la medida de nuestros recursos y posibilidades, las ideas y los programas que algún día darán al traste con los verdugos y embaucadores de la nación y del pueblo y harán de Colombia una república nueva, próspera y soberana. Un conocido proverbio árabe sentencia: “más vale encender una luz que maldecir la oscuridad”. En cierta medida eso es lo que ambicionamos con este gesto un tanto simbólico.

De otra parte, compañera Consuelo, queremos expresarle nuestro reconocimiento por la forma como adelantó durante un año largo la gira nacional que la condujo desde las capitales departamentales hasta los sitios más apartaos del país, soportando no pocas privaciones y arrostrando con altivez las persecuciones y hostigamientos constantes de las autoridades. Sus esfuerzos por denunciar los atropellos contra los obreros, campesinos y estudiantes, al igual que sus pronunciamientos en pro de una patria independiente del yugo del imperialismo y resguardada ante las asechanzas del socialimperialismo, son aportes de valía a la configuración de la corriente política revolucionaria a que nos hemos venido refiriendo y por la cual esperamos seguir colaborando mutuamente en el fortalecimiento del Frente por la unidad del Pueblo.

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)

UN MES DE INTENSA GIRA NACIONAL

Luego de su proclamación, el 16 de abril, el candidato presidencial del Frente por la Unidad del Pueblo, Marcelo Torres, dio comienzo a una intensa gira que incluye todos los departamentos del país y que culminará el 21 de mayo con una manifestación en Bogotá.

Durante su correría, el camarada Marcelo ha estado acompañado por los dirigentes nacionales del MOIR Carlos Valverde, Diego Betancur, Avelino Niño y Clemente Forero.

Asimismo, en los diversos actos han intervenido los compañeros Gildardo Jiménez, Jorge Gamboa, Gonzalo Arango, Orlando Patiño, Fernando Ruiz, David Múnera, Miguel Gordillo, Francisco Lemos, Julio Pereira, Álvaro Castañeda, Carlos Tovar, Álvaro Concha y José Daniel Rodríguez. El conjunto musical Son del Pueblo animó varias de las demostraciones efectuadas.

Entre el 17 de abril y el 7 de mayo, Marcelo Torres, presidió nutridas concentraciones en barrios populares de Bogotá, así como en Facatativá, Manizales, Pereira, Calarcá, Ibagué, Neiva, Sogamoso, Bucaramanga, Cúcuta, Curumaní, Granada, Pasto, Popayán, Cali y Medellín.

Hasta la clausura de la gira electoral, el candidato del FUP hablará en manifestaciones que se llevarán a cabo en Puerto Berrío, Riohacha, Magangué, Montería, La Dorada, Florencia, Sincelejo y otras ciudades.

En su correría, el camarada Marcelo Torres ha difundido entre las masas de desposeídos el mensaje revolucionario del Frente por la Unidad del Pueblo, desenmascarando al mismo tiempo las candidaturas anti-populares de los dos partidos tradicionales y del oportunismo pro soviético representada por Gerardo Molina. La voz altiva de Marcelo Torres se ha escuchado y se escuchará en toda la geografía patria como la única alternativa auténticamente revolucionaria que se presenta en el actual debate comicial. Los oprimidos han recibido con entusiasmo los planteamientos expuestos por el candidato del FUP y nuestro Partido ha cumplido con la tarea de no dejarles libre el camino a los enemigos del pueblo colombiano y de salirles al paso a las posiciones entreguistas y contrarias a los intereses de las mayorías, que propugnan los demás candidatos.

“RESCATEMOS LA AUTENTICIDAD DE NUESTRO FOLCLOR”

En febrero pasado se presentó en varias ciudades del país la Peña Artística Cultural Huaytará Arqueológica, Pacha, procedente del Perú. La siguiente es la entrevista con uno de los directivos de este valioso grupo folclórico el compañero César Rojas.

¿Cómo surgió Pacha?

Pacha quiere decir, en quechua, tierra. También es la sigla de nuestra institución, la Peña Artística Cultural Huaytará Arqueológica. Huaytará se llama el pueblo donde surgimos. Está ubicado en el centro del país, en el departamento de Huancavelica, una región eminentemente minera y de notables riquezas arqueológicas, tan importantes como las que existen en Cuzco y en Machu Picchu. Una de nuestras primeras metas fue la de hacer sentir en el resto del Perú, y en Lima, la capital, la voz olvidada de la provincia. Con esta inquietud creamos el grupo, para difundir los valores folclóricos de nuestra tierra. Más tarde los integrantes de Pacha nos radicamos en Lima.

Allí, además de consolidarnos, comprendimos que era necesario interpretar el folclor de otras regiones peruanas. Comenzamos igualmente a preocuparnos no sólo por resolver los problemas estéticos de las representaciones, sino más profundamente, los problemas de contenido, buscando una concepción política que orientara nuestra producción. Dimos ese paso adelante, y aunque algunos miembros del conjunto se alejaron, por esa misma decisión mucha gente meritoria se nos acercó. Actuamos entonces en los que para nosotros representan los más valiosos escenarios; en centros mineros, en sedes sindicales, en comunidades indígenas, en la mayoría de las provincias peruanas y hasta en teatros importantes de Lima.

¿Cuál es el más significativo logro de Pacha hasta hoy?

Tal vez el de haber hecho entender que la cultura hace parte de la lucha por la democracia y que es un terreno fundamental para la revolución. En nuestro país, en este campo, como en los demás, existen dos fuerzas antagónicas. De un lado, la burguesía y los otros sectores económicamente poderosos, que controlan el país y que tratan de que desaparezca nuestra nacionalidad, la esencia de nuestra autenticidad fundamentalmente herencia del imperio inca, del cual desciende un elevado porcentaje de la población peruana. Del otro, están millones de compatriotas, muchos de los cuales sólo hablan y entienden quechua, y que persisten en conservar sus propios valores, sin negarse por ello a aprender y a recibir con entusiasmo los aportes de otras culturas. El imperialismo y las clases explotadoras propagan la música comercializada y la tergiversación de las artes, asociándolas a la droga, el vicio y el alcoholismo. Contra tales manifestaciones degradantes ha de enfrentarse el pueblo, y los artistas revolucionarios debemos ayudarlo y orientarlo.

¿Cuántas personas integran a Pacha?
A pesar de que es mucha la gente que se acerca al grupo queriendo ingresar a él, por ahora sólo podemos sostener una planta de 30 artistas. A esta gira por Colombia hemos traído, como invitados especiales, al Dúo de las Hermanitas Constantina y Victoria Sánchez; a Wiracocha, como se nombra el tenor lírico Lorenzo Franco Jordán, y a Porfirio Gonzalo Sánchez, destacado compositor, quienes llevan ya tiempo trabajando con nosotros. En este momento Pacha cuenta con una base activa de 50 socios, quienes cotizan y planifican las actividades de la peña. Hemos encontrado personalidades que nos admiran y nos apoyan materialmente, además de facilitarnos canales para presentarnos ante las masas. La base primordial de nuestros recursos radica en el auto-sostenimiento, más la colaboración del pueblo y de sus organizaciones.

¿Cómo elabora Pacha la representación de una obra?
Primero investigamos el origen, el contenido y las posibilidades expresivas de cada danza. El elenco está consciente de que cada coreografía que montamos guarda una íntima relación con la vida del pueblo, con la historia, incluso con las relaciones y los medios de producción prevalecientes en la época que refleja. Si bailamos el Hayra Huaytarina, por ejemplo, sabemos que se trata de una pieza que se originó en el trabajo de la herranza, en la cría de animales, en unas circunstancias de opresión semi-feudal que impregnaban las melodías con aquella tristeza producto del despotismo que sufrían los campesinos. A veces estallan en expresiones festivas, que recuerdan los breves instantes de esparcimiento de los siervos de la tierra.

¿Cuál fue la experiencia de su gira por Colombia?
Hicimos conocer en varias de las ciudades colombianas el inmenso valor de nuestra cultura vernácula. Además de propagarla, la hemos exaltado, ya que es propósito fundamental de Pacha transmitir y revalorar las raíces artísticas de nuestro pueblo y defenderlas, tanto de la agresión cultural externa, orientada por los países imperialistas, como de las corrientes pequeño-burgueses que pretenden exhibir el folclor cual una mercancía, o un espectáculo artificioso y estilizado. Como se habrán podido dar cuenta ustedes, nuestra labor artística es propiciada por nuestro Partido, el Partido Comunista del Perú “Patria Roja”. Es así como este recorrido posee para Pacha una doble importancia. La de dar a conocer nuestro patrimonio cultural, y la de intercambiar experiencias y estrechar relaciones con los camaradas del MOIR y los componentes del Teatro Libre de Bogotá. Estamos aprovechando el contacto con los miembros del grupo teatral para asimilar sus lecciones en cuanto a la responsabilidad partidaria, a la disciplina, y a la atención de la lucha política como en el caso de la vinculación a la campaña electoral del MOIR. Ya que tanto ellos como nosotros, se lo debemos todo a un partido proletario que nos dirige.

Por otra parte nos alegramos de haber podido conocer al pueblo colombiano, y a su país, ya que si bien existen similitudes económicas, sociales y políticas entre las dos naciones, en otros aspectos encontramos ciertas diferencias históricas, culturales y geográficas.

Finalmente, quiero saludar a todos los trabajadores de esta gran nación, a los obreros, a los campesinos, a los maestros, a los artesanos, a los revolucionarios, a los intelectuales, a los estudiantes, agradecerles la cálida acogida que nos brindan a través de el núcleo de combate que es el Teatro Libre y dejarles el abrazo de los rebeldes y hermanos del Perú.