LA DEMOCRACIA ELECTORAL DE LA DICTADURA OLIGÁRQUICA

En períodos electorales como el que está viviendo actualmente el país, la demagogia del gobierno en relación con el supuesto “sistema democrático” imperante aumenta en volumen y en intensidad. El Presidente de la República se vanagloria de su “irrevocable decisión de ser absolutamente imparcial en el debate”, y su ministro de la política no se cansa de afirmar que “nadie puede quejarse válidamente de haber visto coartadas sus garantías” en este campo. Los jefes del liberalismo y del conservatismo, mientras se ocupan del reparto del botín, se unen al coro de las alabanzas. La gran prensa, al igual que las cadenas de radio y de televisión, muchas de ellas en manos de los propios candidatos, dedican extensos comentarios a elogiar la “pureza del sufragio” y el comportamiento de las autoridades. A cerca de 14 millones de colombianos en edad de votar, y que en su inmensa mayoría están acorralados por el desempleo, la miseria, la ignorancia y la falta de servicios, se les pretende hacer creer que son los ciudadanos libres de una nación en donde se consulta, se respeta y se acata la voluntad popular.

Sin embargo, los comicios del 14 de marzo demostraron una vez más que convertirse en carne de urna de las banderías oligárquicas, cada dos o cuatro años, es prácticamente el único derecho que en las elecciones el régimen le garantiza al pueblo colombiano. Aunque en ninguna época de la historia del país las clases trabajadoras han logrado hacer valer sus intereses por medio de los votos, nunca como ahora había quedado tan patente el carácter antidemocrático, corrupto y fraudulento de las elecciones. Crece la audiencia de los que piensan que éstas han sido concebidas, diseñadas y reglamentadas para que la tiranía liberal-conservadora se perpetúe en el Poder; para que sólo consigan sufragar con “garantías” los sectores acomodados de la población y quienes quieran hacerlo por los dos partidos tradicionales, y para que la dictadura del capital financiero y de los grandes terratenientes, ducha en el manipuleo de los escrutinios, pueda ser presentada ante el mundo con un cierto barniz republicano.

El despotismo jurídico

Las recientes modificaciones a las normas electorales que rigen en Colombia fueron “concertadas” en el Palacio de Nariño, a principios de 1979, durante el curso de una serie de reuniones confidenciales entre el presidente Turbay y los jerarcas de la coalición de gobierno. En su elaboración participaron reconocidos voceros de Alfonso López Michelsen y Alvaro Gómez Hurtado, y su espíritu es el mismo que permitió la victoria de Misael Pastrana en 1970, cuando el actual patrono de la candidatura de Luis Carlos Galán perpetró uno de los fraudes más escandalosos de la historia patria.

La Ley 28 de 1979 y su complementaria, la 85 de 1981, reeditaron casi todos los reglamentos arbitrarios de la legislación anterior, expedida en 1916, y establecieron algunas disposiciones nuevas tendientes a incrementar los viejos privilegios de las camarillas políticas. La Corte Electoral, por ejemplo, el organismo que tiene a su cargo la máxima inspección y vigilancia de los comicios, fue integrada por cuatro magistrados liberales, cuatro conservadores y apenas un representante del movimiento que obtenga el tercer puesto en los guarismos. Dichos magistrados, a su vez, son escogidos por otros magistrados, los de la Corte Suprema de Justicia, una entidad que se ha venido cooptando a sí misma desde hace varias décadas y que también está compuesta, paritariamente, por miembros de los dos partidos. De las decisiones que en materia de sufragios puedan tomar estos señores, por consiguiente, cabe esperar cualquier cosa menos imparcialidad y pulcritud.

Asimismo, el estatuto legal sancionado por el régimen turbayista dispone que cerca de 420 mil jurados de votación de todo el país, funcionarios públicos en la mayoría de los casos, sean designados con base en una lista de candidatos que los directorios del liberalismo y del conservatismo pueden enviar a las registradurías. Algo similar ocurre con los delegados de la presidencia, de las gobernaciones, de los alcaldes y registradores del Estado Civil, y con los claveros que abren y cierran los candados de las arcas triclaves. A todo lo anterior hay que agregar el increíble anacronismo de los escrutinios, de los métodos manuales de inscripción, de cedulación y de conteo de las papeletas, y los múltiples procedimientos adicionales de que se valen los altos mandos del sistema con el objeto de amañar los resultados.

Por otra parte, en una carta que dirigió a la junta de parlamentarios liberales reunida en Bogotá el pasado 24 de marzo, el ministro de Gobierno propuso un nuevo paquete de reformas que contempla la exigencia de un residuo electoral calificado, lo que perjudica todavía más a las agrupaciones políticas de los oprimidos. No es difícil concluir, en estas circunstancias, que los comicios están hechos para que el régimen conserve en sus manos todas las palancas decisorias, es decir, para que elija el que escruta.

El imperio de las maquinarias

Las leyes que regulan el proceso del sufragio entre nosotros, quizás las más atrasadas y antidemocráticas de América Latina, constituyen apenas uno de los tantos instrumentos utilizados por las clases dominantes, según su voluntad y sus necesidades, para mantener las riendas del Poder. Es por fuera de los códigos, empero, donde se esconde el secreto de las sucesivas victorias liberales y conservadoras en las urnas, y es también por fuera de ellos donde hay que rastrear la verdadera historia de las elecciones del 14 de marzo.

Durante la campaña que culminó en esta fecha no se prestó ningún servicio importante del Estado sin la previa intención de incidir en el terreno de los votos, y numerosas dependencias, bienes y hasta dineros públicos se pusieron a disposición de los partidos que contaban con respaldo oficial. La manifestación de López Michelsen en Barranquilla, el 18 de febrero, se organizó desde el despacho del gobernador del departamento, que decretó la tarde libre para sus empleados y permitió que sucediera lo mismo en entidades como Puertos de Colombia, Cajanal, las alcaldías de los pueblos vecinos y la División de Tránsito y Transporte. El Movimiento de Renovación y Acción Liberal, Moral, que acaudilla el presidente del Senado, Gustavo Dáger Chadid, y que en Sucre controla de manera hegemónica la administración municipal de Sincelejo, la Caja Agraria, el Insfopal y el lncora, consiguió una buena parte de su electorado con el ofrecimiento de créditos, acueductos, sanitarios y títulos de propiedad para los campesinos pobres. El cuerpo de bomberos de Cali colocó los pasacalles de Carlos Holmes Trujillo. La Secretaría de Educación del Tolima, bajo el dominio del actual ministro de Salud, cuyo hijo encabezaba una lista para la Cámara de Representantes, repartió millares de formularios prometiendo cupos en el magisterio a cambio de cierta cantidad de papeletas por puesto. El contralor General de la República ordenó que cientos de subalternos suyos inscribieran sus cédulas para votar en el Cesar, donde su hija María Cleofe Martínez de Mesa, mejor conocida como “La Coco”, aspiraba al Congreso, y después de haberla elegido dispuso que los ocho mil empleados liberales a su cargo compraran “voluntariamente” los denominados “Bonos de Paz”, de diferentes precios y tamaños, para ayudar a financiar los gastos de la campaña lopista. Todo el país se escandalizó con la noticia del barrio Diana Turbay, al suroriente de Bogotá, una urbanización pirata patrocinada por el burgomaestre y el ministro de Gobierno para reclutar prosélitos entre sus humildes moradores, y con las andanzas de otro de los hijos del Ejecutivo, Julio César Turbay Quintero, quien aparecía al lado de su esposa en las planchas oficiales de dos municipios de la Sabana. Las alcaldesas de ambas localidades -y no por simple coincidencia- eran parientas políticas de la familia presidencial.

Pero en la “fiesta cívica” del 14 de marzo, como la llamó un editorial de El Tiempo, sucedieron cosas aún más aberrantes. La oligarquía liberal-conservadora desperdigó a sus capataces por todos los rincones de Colombia para traficar con la miseria del pueblo intercambiando votos por dinero, becas, lotes, útiles escolares, quintos de lotería, botellas de ron, medicinas, ropa, o simplemente por algo de comer. En el corregimiento de Pie de Pató, Chocó, donde la mayor parte de la población padece hambre física, los seguidores del senador Jorge Tadeo Lozano sacrificaron un cerdo en la calle y canjearon trozos de carne por cédulas de ciudadanía. Luis Guillermo Giraldo, uno de los máximos dirigentes del lopismo en el departamento de Caldas, repartió presas de pollo el día de las elecciones, en pleno centro de Manizales, envueltas en papel impreso con el lema central de su candidatura: “Luis Guillermo sí sabe servir”. La ex ministra del Trabajo del Mandato Claro, María Helena de Crovo, en competencia por una curul a la Cámara en Cundinamarca, anunció por medio de cuñas radiales que en la sede principal de su movimiento se hacían consultas odontológicas gratis. En la Alcaldía de Riohacha se distribuyeron solicitudes de trabajo para las obras de El Cerrejón a cambio de apoyar las listas del senador Eduardo Abuchaibe Ochoa, propietario de cuatro emisoras en la Guajira, y su colega Víctor Renán Barco obtuvo más de 15 mil votos en La Dorada, Caldas, especulando con la falta de techo de los indigentes.
Vale la pena reseñar este último caso porque el “honorable senador” Barco, ministro de Justicia durante la administración López Michelsen, se ha especializado en el arte de ganar las elecciones mediante la estafa y la coacción. Con aportes del ICT, del municipio y algunos auxilios parlamentarios, el referido congresista mandó a construir en La Dorada tres barrios populares con un total aproximado de cuatro mil “soluciones de vivienda”. Las casas que se entregan sin sanitario, sin alberca, sin títulos de propiedad y en obra negra, se adjudicaron a razón de cinco votos por familia, como mínimo, y un arriendo de 50 pesos mensuales. Los formularios de inscripción podían retirarse en cualquiera de las oficinas de los once concejales barquistas de la localidad. Los “favorecidos” estaban obligados a firmar una hoja de papel sellado en blanco a la entrega de su nuevo domicilio, y el 14 de marzo tenían que comparecer con su cuota fija de sufragantes si no querían ser arrojados a la calle.

Si bien es cierto que la compra de votos, el gamonalismo, el uso del aparato del Estado para producir determinados veredictos, las presiones económicas y otras prácticas por el estilo han desempeñado siempre, aun en los períodos más “democráticos” de la vida nacional, un papel determinante en el triunfo de los favoritos del régimen, el 14 de marzo quedó claro que solamente así, a través de estos métodos escabrosos, es posible ganar en el país unos comicios. Aunque a ellos recurrieron, fundamentalmente, las facciones gobiernistas y sus connotadas figuras, López Michelsen y Belisario Betancur, no fueron del todo ajenos a estas trapisondas los señoritos del Nuevo Liberalismo y los carcamales del Partido Comunista de Colombia. Este último pactó alianzas con Luis Carlos Galán en once departamentos; respaldó a candidatos del oficialismo en Atlántico y Chocó, y en Bogotá, Cali, Barranquilla, Armenia y otras ciudades participó en la pesca de sufragios con la carnada de otorgar vivienda a los necesitados. El segundo plan de casas del barrio Manuela Beltrán, en la capital del Quindío, promovido por concejales mamertos, fue inaugurado poco antes del 14 de marzo con asistencia del gobernador y de los altos mandos militares.

Dinero, fraude y represión

Fuera del poder económico que les permite comprar el apoyo de la prensa, la radio y la televisión, los jefes del bipartidismo están en capacidad de alterar el resultado de las urnas utilizando los procedimientos más insólitos. El 14 de marzo a las tres de la tarde, una hora antes de que terminaran las elecciones en Barranquilla, el senador José Name Terán, pilar insustituible del lopismo en la Costa Atlántica, sabía con precisión matemática cuál era el número de sobres depositados a favor suyo, y de sus diversos candidatos al Concejo, en cada una de las mesas de votación de la ciudad, y por medio de un sofisticado sistema de radioteléfonos podía indicar exactamente dónde había que aumentar, o disminuir, el flujo de sus adherentes. El mismo padre de la patria declaró ante una reunión de periodistas, la semana anterior a los comicios, que en los múltiples comandos de su movimiento se encontraban reseñadas las cédulas de 75 mil personas. En Magangué, al sur de Bolívar, con 33 corregimientos distantes y de difícil acceso, las tarjetas para testigos electorales se expidieron en el casco urbano a las cinco de la tarde, con el objeto de impedir que muchos de éstos asistieran al conteo. Jorge Eliécer Barlisa, dirigente del Partido Liberal en Riohacha, fue detenido con una maleta llena de registros de inscripción que llevaba para la Alta Guajira, donde a la población indígena la encierran en corrales y la embriagan antes de arrastrarla a votar.

Al mismo tiempo, las agrupaciones revolucionarias se ven amenazadas permanentemente por la fuerza pública, y el electorado que no esté dispuesto a sufragar por las dos colectividades tradicionales debe someterse a interminables requisas, hostigamientos y atropellos, cuando no se le obstaculiza mediante mil triquiñuelas el acercamiento a las urnas, principalmente en provincia. Con la venia del gobierno, los monopolios de buses entregan sus vehículos a los caciques liberales y conservadores, que sólo movilizan en las grandes ciudades a sus huestes cautivas, mientras los militantes, activistas y simpatizantes de los partidos proscritos no tienen cómo transportarse. Los candidatos del MOIR a los concejos municipales de Pradera, Sahagún, Popayán, Villavicencio, Yopal, Garagoa, Tibú y Neira, entre otros, fueron encarcelados en el curso del debate; igual suerte corrieron centenares de compañeros y amigos por el delito de pegar afiches, asistir a una manifestación o promover reuniones públicas, y dos camaradas del Partido, Oscar Restrepo y Francisco Foronda, perecieron vilmente asesinados en el Magdalena Medio.

Por todo lo expuesto, los destacamentos más avanzados del proletariado colombiano, cuando concurren a los comicios en las condiciones de un país como Colombia, no lo hacen porque alienten ningún tipo de ilusiones acerca de la tramoya electoral. Su única razón estriba en denunciar al régimen, difundir su pensamiento revolucionario y acumular fuerzas para que en el futuro, tras el derrocamiento de los enemigos del pueblo, éste pueda gozar de una verdadera democracia, que no será otra que la dictadura de los trabajadores sobre la minoría parasitaria.

En el ramo textil: LOS OBREROS SE RESISTEN A PAGAR LOS EFECTOS DE LA CRISIS

El 2 de abril, cuando iban transcurridos 31 días de cese, el presidente del Sindicato de Fabricato, Hernando Montoya, a espaldas de las bases, suscribió con la empresa la nueva convención colectiva. La componenda fue ultimada en secreto y con la intervención directa de la ministra Maristella Sanín de Aldana, por lo que sólo algunos días más tarde vino a quedar en claro que los voceros sindicales habían refrendado el contra pliego patronal. El 5 de abril, fecha en que los obreros debían reanudar labores, se presentaron frente a las oficinas del sindicato, en Bello, los primeros conatos de protesta.

Millares de operarios se tomaron también las calles aledañas a la factoría, que fueron pronto militarizadas. Montoya, que en ese instante se encontraba en la empresa haciendo el inventario con inspectores de la oficina del Trabajo, tuvo que salir escoltado en un campero del ejército, ante la amenazante actitud de los proletarios y en medio de una ensordecedora rechifla.

El tramposo convenio no registró ni un solo peso de aumento frente a la fórmula inicial de la compañía, ni acogió el pedido de retroactividad hecho por los trabajadores. Posteriormente, en declaraciones al periódico El Mundo, de Medellín, el esquirol adujo que “con la huelga nadie ganó porque no se consiguió nada, pero tampoco se perdió nada”.

Sin embargo, los sistemas de ingeniería Standard impuestos por la empresa borran de un plumazo los incrementos salariales, y, más aún, mutilan los pactados en 1980. Hay un punto de los firmados que deja a los patronos las manos libres para pagar al trabajador el sueldo básico en los traslados o cambios de oficio, cuando hasta ahora debía garantizar en tales casos el salario promedio de las últimas 24 semanas.

He ahí el aspecto fundamental del contrapliego puesto en vigor con la complicidad de la sumisa camarilla de Hernando Montoya, pues el estancamiento de la industria textil ha llevado al Grupo Colombia, dueño de Fabricato, a proyectar un vuelco total en las líneas de producción, que traerá consigo radicales alteraciones en los oficios de los 6.800 asalariados. Se piensa, por ejemplo, según lo dijo el presidente de la compañía, Diego Aristizábal, conformar “empresas de tamaño medio, menos sometidas a las presiones de los costos”; especializar a las filiales Texmeralda, Pantex y Riotex; manufacturar la novedosa tela geotécnica, destinada a servir de base para la pavimentación de carreteras, y fabricar empaques de polipropileno para el mercado interno.

Con su esperada actitud, la rosca vende-obrera puso fin alevosamente al primer cese de actividades en la historia de Fabricato. Mientras los agentes patronales continúen a la cabeza de los sindicatos, hasta las batallas gremiales tendrán pocas posibilidades de triunfo, correspondiéndoles a los sectores independientes la imperiosa tarea de depurar y rescatar las huestes del movimiento obrero.

Impacto negativo

Lo acaecido en Fabricato y su filial Pantex golpeó de manera directa al resto de los doce mil huelguistas de Vicuña, Tejicóndor, Pepalfa, Hilandería Nacional. A la burguesía textilera que actualmente se halla acorralada por la extorsión del capital financiero, la competencia de la industria extranjera imperialista y la política antinacional del gobierno, y que tiene sus depósitos y almacenes repletos de géneros por ausencia de compradores, no podía menos que caerle como anillo al dedo un paro no remunerado de la producción, máxime se la contratación colectiva, gracias al sucio servicio del esquirolaje, antes que un progreso significa un estancamiento y hasta en ciertos aspectos un retroceso para las conquistas de los trabajadores. Por eso el sindicalismo colombiano requiere rectificaciones de 180 grados, tanto en su estructura como en su orientación, para lograr derrotar los ardides de la clase capitalista. Con una unidad momentánea, cual la presenciada en el pasado conflicto de Medellín, que puede ser deshecha en un santiamén con la rúbrica de un líder amamantado por la empresa, el proletariado no será capaz de trazar una táctica acertada y oportuna que aproveche las dificultades de la minoría expoliadora o que se abstenga de salir a la contienda cuando las ventajas no se hallen de su parte. Las expresiones de combatividad de las bases por espontáneas que sean, reciben siempre el aplauso de los revolucionarios. Pero no basta la rebeldía para obtener una victoria, así como de todos los fracasos también se cosechan ganancias aleccionadoras. Crear organizaciones sindicales fuertes y libres de la influencia ideológica y política de la reacción, mediante una labor constante y prolongada, sigue siendo una de las principales experiencias de la clase obrera. Esto volvió a evidenciarse en la pelea de los textileros antioqueños.

En Vicuña
La causa del diferendo en Vicuña, factoría controlada asimismo por el Grupo Colombia, es también la existencia de un contrapliego patronal, uno de cuyos puntos pretende suprimir los incentivos colectivos para de nuevo introducir los individuales. “Desde 1972 explicó Jesús Hernández, presidente del sindicato y vicepresidente de Acción Sindical Antioqueña, ASA, las cargas de trabajo han sido fijadas por mutuo acuerdo entre sindicato y empresa, distribuidas a nivel de secciones y no por trabajador. Lo que en síntesis se busca eliminar en el contrapliego es la injerencia de la organización obrera”. Los 900 proletarios se lanzaron al cese el 2 de marzo y se reintegraron el 28 de abril, después que el gobierno convocó el tribunal de arbitramento obligatorio.

El Ministerio de Trabajo citó ese mismo día el Tribunal de Arbitramento para la huelga de Tejicóndor, donde se hallaban en paro desde el 9 de marzo 2.500 operarios en las fábricas de Medellín y Barbosa, mientras que en Pepalfa y sus filiales se adoptó la nueva convención colectiva que cobija a 1.050 asalariados.

Una industria sin salida
Carlos Upegui, presidente de Coltejer, se quejaba hace unos días, en reportaje al diario El Colombiano de un ostensible “desánimo frente a la sociedad anónima”, perjudicada por los “altos costos financieros”. Manifestaba además que las telas colombianas “no son competitivas en el exterior” y denunciaba que “no hay políticas efectivas del gobierno”.

Dijo también, al presentar en marzo el balance a la asamblea de accionistas que “esperábamos exportar 60 millones de dólares y sólo exportamos 39 millones, 7 millones menos que el año pasado”, y señaló el creciente proteccionismo de los países industrializados. Comparando los 590 millones de utilidades obtenidos en 1981 con los 288 millones del año anterior, el presidente de Coltejer anotó que tales ganancias derivan “fundamentalmente de la realización de activos y de las utilidades logradas en la operación de otras compañías filiales del Grupo Coltejer”. Fabricato a su turno, registró en 1981 “pérdidas operacionales por 102 millones de pesos”.

Las compañías antioqueñas han emprendido una febril y cada vez más costosa importación de maquinaria con miras a poder competir ventajosamente en los mercados internacionales. Coltejer ha invertido por ejemplo, en los últimos cuatro años, la suma de 8.656 millones de pesos en modernización de equipos, lo que no es necesariamente un síntoma de bonanza, si se tiene en cuenta que ese dinero, en buen porcentaje se adeuda a la banca de los Estados Unidos.

Consecuencia inevitable de la renovación técnica es el masivo licenciamiento de personal. En los cinco años precedentes han sido lanzados a la calle más de diez millones de obreros del ramo, no sólo por la creciente automatización de las empresas mayores, sino también por quiebra de otras muchas y por persecución sindical. Ello ahondará más la crisis social en la ya descompuesta capital antioqueña, donde la industria textil, particularmente concentrada, representa el 34.4 por ciento de la actividad económica.

En el caso específico de Vicuña, la sustitución de los telares crompton, ingleses, por los más sofisticados saurer, franceses, está dando un resultado de un incremento del 40 por ciento en la producción, con una tercera parte menos del personal. Empero, la maquinaria saurer, reputada a principios del pasado decenio entre las más avanzadas del mundo, no es la que lleva hoy la delantera, por lo que en últimas Vicuña se quedará de todas formas rezagada con respecto al nivel de la tecnología mundial, con el agravante de que el mercado interno ofrece posibilidades menguadas. Algo parecido ocurre con las demás empresas. A todo lo anterior se unen, de una parte, la libre importación de telas y el contrabando, fomentados por el gobierno, y de la otra, el abordaje del capital especulativo que ha entrado a aprovecharse de las dificultades económicas para hacerse al control de las compañías.

Semejante desbarajuste constituyó un factor adverso que gravitó sin duda sobre el destino de las recientes huelgas. Sin embargo, la crisis de los textiles y de los demás renglones de la producción nacional ha de revolverse, no a costa de la penuria de los trabajadores, tal cual pretenden hacerlo la burguesía y la alta burocracia sino mediante la supresión de las causas reales que la precipitan, es decir, el crédito usurero, la entrega del mercado colombiano y los monopolios extranjeros y las medidas antipatrióticas y retardatarias del gobierno. Los obreros son la fuerza más avanzada y revolucionaria de la sociedad, no se resignarán a pagar los trastos rotos en pro del enriquecimiento de una gavilla de parásitos.

Como lo señala Jesús Hernández, “masas cada vez mayores de proletarios experimentarán en carne propia la encrucijada de la industria textil bajo la dependencia del imperialismo, y día a día se crearán las condiciones para abrir las compuertas de la revolución, la única salida que le resta al país es la que hará posible, al final, el progreso y la utilización plena de los recursos humanos y materiales”.

Discurso de Francisco Mosquera: EL MOIR NO PUEDE SILENCIARSE NI SUSTRAERSE AL DEBATE ELECTORAL

Queridos compañeros y amigos:

Cuando determinamos en 1972 concurrir por primera vez a la justa electoral, éramos un Partido en ciernes, no mayor de ocho o nueve centenas de miembros y relegado a escasas poblaciones de unos cuantos departamentos. Al tenor de una serie de consideraciones de principio rompimos autocríticamente con la abstención, el último lazo que aún nos ataba a las posiciones extremo-izquierdistas, de las que nos veníamos apartando de manera progresiva y tras agudas luchas ideológicas, desplegadas tanto dentro como fuera de nuestras filas. La abstención encarna la consigna predilecta con que las sectas del anarquismo han renegado siempre de toda actividad política. Nosotros habíamos aprendido ya del marxismo y de las costosas experiencias de la década del sesenta, que la revolución no empieza por los grandes estadillos, los cuales, cuando llegan, constituyen el acto final del largo drama de acumulación de fuerzas y de convergencia de factores favorables, y no el producto inmediato de las proclamas de quienes se arrojan a derrumbar los poderes establecidos con acciones descabelladas y con el único concurso de un puñado de insurrectos.

Empero, para ir a elecciones, como para emprender el resto de las múltiples y ricas manifestaciones de la lucha política, han de resolverse antes el cómo y el con qué hacerlo. Los militantes más antiguos recordarán que en aquel entonces, no obstante el MOIR haber desbrozado unas pautas básicas tendientes a garantizar un uso adecuado de esta modalidad de combate y a precavernos contra el “cretinismo parlamentario”, no teníamos ni la más remota idea acerca de los trajines de la tarea que íbamos a cumplir y carecíamos de cuadros avezados, dirigentes reconocidos y oradores convincentes. Aunque persistan varias de nuestras deficiencias del inicio, al cabo de un módico lapso de diez años, no somos propiamente unos principiantes en materias comiciales, así no consigamos evitar el estancamiento y hasta la disminución del modestísimo número de nuestros votantes. No ignoramos la ley del embudo que rige a tales torneos montados y manipulados por la minoría oligárquica y sabemos plenamente hasta dónde sacarles provecho. Hoy no vamos ahora a sumar a la autocrítica de 1972 una nueva, la de 1982, que sería en sentido inverso, por intervenir en la lid electoral y obtener unos guarismos que no difieren mucho de los contabilizados en las otras cinco oportunidades en que hicimos campaña. En una nación donde sufragan alrededor de cinco millones de personas, cifras de 50 ó 30 mil votos en ningún caso dejan de ser ínfimas. Desde este punto de vista nos han vencido una vez más, pero no nos hemos equivocado. En la historia del movimiento obrero existen desde luego ejemplos de fracasos acaecidos por errores que a su tiempo merecieron examinarse y enmendarse; más la derrota que acaba de propinarnos el monopolio de enconados enemigos no obedeció a yerro alguno nuestro, ni se trata de un desastre del cual no logremos emerger indemnes y dispuestos a conquistar victorias infinitamente más significativas que las otorgadas por los escrutadores de la Registraduría. Comparado con los anteriores, el debate que culminamos el 14 de marzo no vacilo en calificarlo de magnífico, no solamente por el contenido sino por la forma.

Asumimos, junto a los demás componentes del FUP, la defensa de los intereses de la nación y del pueblo, en pugna abierta contra quienes promueven y usufructúan el desvalijamiento del país y contra quienes desde la oposición siguen considerando viable el bienestar de los desposeídos dentro de la sociedad neocolonial y semifeudal, si se introducen unos cuantos arreglos en la fachada del orden prevaleciente. No suscribimos acuerdos que implicasen ocultar nuestros planteamientos o reverdecer las ilusiones en torno a cualesquiera de los troncos podridos o las casas dinásticas en que se hallan parcelados los partidos tradicionales. Denunciamos el comportamiento artero del Partido Comunista y sus socios que, en el afán por allanarle el camino en Colombia a la expansión soviética, combinan el aventurerismo liquidacionista con la conciliación de clases. Clarificamos por qué la necesaria unión de las inmensas mayorías de explotados y oprimidos únicamente podrá erigirse sobre la base de las posiciones democráticas y patrióticas de la revolución, y jamás sobre los falsos fundamentos de reencauchar el viejo despotismo, o instaurar uno nuevo, igualmente antinacional y antipopular. En fin, libramos la batalla, sin dar ni pedir tregua y afrontando las iras de los mandamases, un pecado imperdonable que purgamos a las cuatro de la tarde de ese segundo domingo de marzo.

De otra parte, nunca habíamos observado una vinculación tan diligente y fervorosa de la militancia entera y de las organizaciones del Partido a unos comicios como la presenciada en estos últimos. Aumentamos el número de los comandos y de las concentraciones públicas. En muchos sitios se efectuaron correrías seccionales mientras transcurría la gira nacional. Dentro de las comprensibles limitaciones, atendimos oportunamente los gastos crecientes de la faena electoral, con fondos recolectados en diversos y masivos actos de finanzas y con aportes del decuplicado grupo de personas simpatizantes. Cabe destacar la presencia activa de las mujeres que acometieron por su cuenta y riesgo la convocatoria de varios eventos femeninos, circunscritos a Bogotá, pero sin antecedentes en los anales partidarios. Algo parecido hay que decir de la Juventud Patriótica. Los intelectuales dictaron conferencias y elaboraron materias sobre temas de candente actualidad, superando también, por la cantidad y la calidad, sus contribuciones del pasado. Los artistas, particularmente los integrantes de los conjuntos teatrales y del Son del Pueblo, se esmeraron en que sus obras fueran un efectivo complemento para la movilización y orientación de los electores. Los obreros, a la par que las agrupaciones de masas dirigidas por el Partido, como Sinucom, se doblaron en los empeños por acercarse a instruir a las gentes, registrarlas en sus respectivas zonas e inducirlas a votar. Hubo asimismo progresos en cuanto a la atención de los profusos asuntos propios de la campaña, gracias a una mejor y más racional división del trabajo que permite poner en juego la iniciativa de los compañeros en los diferentes organismos y comisiones. No pretendo sostener que tales logros configuren un fenómeno general ya que la evolución dispareja del MOIR, tan notoria de una región a otra, lo hace imposible. Sin embargo, no es menos cierto que el relato hecho de los métodos empleados y de las innovaciones implica una cualificación del Partido, un modelo para el futuro inmediato y para las otras ocupaciones revolucionarias.

De lo anterior se desprende que no atribuiremos la baja votación a vacíos o a lunares de la línea trazada por las distintas reuniones plenarias de la dirección y que, por el contrario, perseveraremos en ella hasta verla triunfante. Tampoco buscaremos motivaciones internas para el suceso, puesto que pusimos a prueba nuestro engranaje organizativo y respondimos al compromiso en un ambiente de armonía y de plena identificación partidarias.

Al abocar el balance no podemos olvidar dos elementos bastante concluyentes. El primero, la debilidad manifiesta de nuestras fuerzas a las que a pesar de su paulatina extensión a través del territorio patrio, aún les falta profundizar su ligamiento con los sectores estratégicos de la población, primordialmente los obreros y los campesinos, lo cual sólo será cosecha de un trabajo duro, constante y prolongado. El segundo elemento consiste en la manera como se halla reglamentado y opera el sistema electoral colombiano, repleto de disposiciones retrógradas e inicuas. Todo, las condiciones de inscripción, la obligación de imprimir las listas y empacarlas en sobres, el papel de los jurados, los mecanismos atrasados de computación y vigilancia de escrutinios, la composición de la Corte Electoral, las presiones y las coacciones a los electores el día de la votación, absolutamente todo, está calculado para que los representantes políticos de las clases sojuzgadas no tengan ni la menor probabilidad de éxito; sin agregarle el resto de ventajas naturales, los propugnadores del régimen, que gozan a cántaro de las partidas procedentes del erario, reciben la protección de alcaldes y gobernadores y disponen de una tupida red de funcionarios que actúan de activistas y cuya estabilidad en los empleos la decide el veredicto de las urnas.

Con el incremento del poderío estatal, al mandatario de turno le va quedando cómodo y sencilla la designación de su sucesor, por encima incluso del parecer y del sentir de granados segmentos de la misma coalición bipartidista dominante. Pese al repudio colectivo que despiertan los recuerdos aún frescos de las calamidades del “mandato de hambre” y pese a la división liberal y a la cruzada de desprestigio que durante meses encabezaron en contra suya los no leídos diarios del país, al señor López Michelsen candidato del continuismo, le recolectaron cerca de dos millones y medio de papeletas, en una apabullante demostración de que la mancomunidad de la gran burguesía financiera, mercantil y burocrática y los grandes terratenientes imponen al antojo su vitalidad sobre el resto de los colombianos. Allí, donde la influencia de los caciques y gamonales se enseñorea rampante sobre la vida y los bienes de los ciudadanos, el reeleccionismo decidió ampliamente a su favor la pelea. El espectáculo que dejaron aquel día los heraldos de la vieja democracia fue algo afrentoso. Para conseguir los votos, simplemente se compran, o se recurre a fundar barrios y a abrir vías, repartir becas, etc., sin desdeñar por supuesto la amenaza directa o el chantaje económico. Con estos procedimientos se legitiman ante coterráneos y extranjeros los sucesivos regímenes del estado de sitio, del estatuto de seguridad y de la justicia castrense.

Los sufragios representan pues uno de los sustáculos capitales de la dictadura oligárquica pro-imperialista vigente. Y para las fuerzas revolucionarias colombianas, que no echan mano de los artificios de la reacción para reclutar adeptos, ni aspiran a congraciarse con las disidencias reformistas de las clases explotadoras, ni se acogen al abrigo de la gran prensa, las elecciones no tipifican ciertamente la arena ideal para abatir a unos contrincantes que ostentan todas las prelaciones y tienen previamente asegurados los lauros de la contienda.

¿Por qué entonces nos empecinamos en nadar contra la corriente reivindicando una categoría de luchas cuyos desenlaces numéricos dan pábulo a nuestros detractores para especular en torno de nuestras perspectivas cercanas y lejanas? Porque, con todo, merced a esta brega hemos hecho gala de notables avances, igual en el plano del desarrollo de la teoría revolucionaria que en el de la extensión orgánica, consecuciones de las que no informan ni nos importa que informen los gacetilleros de El Tiempo y El Espectador. Cuántas veces habremos escuchado la queja de labios de amigos y adversarios referentes al alcance, excesivo según ellos, que le concedemos a dichos ajetreos. Sin embargo, la expansión de nuestras huestes por la geografía nacional y el entronque con considerables fragmentos de la opinión se los adeudamos en parte al hecho de haber realizado, cada dos años, seis campañas consecutivas. El vernos obligados a encarar las cuestiones de la construcción del frente unido y de la sistematización de sus normas más especificas, se lo debemos también en buena medida a los manes del sufragio, ya que, por las peculiaridades de Colombia y del periodo histórico, es durante los comicios y no en otro momento cuando resaltan con mayor acucia los problemas del funcionamiento de las alianzas y de las relaciones con los aliados. No ha sido fruto del capricho de nadie que con la aproximación de las elecciones, y por la endeblez de los partidos contrapuestos al bipartidismo tradicional, se reaviven las controversias y los contactos concernientes a la unidad de la izquierda, siendo que sus protagonistas casi siempre se exhortan mutuamente sobre la necesidad de que los convenios rubricados superen el estrecho horizonte de lar arcas lacradas. Tampoco es gratuito que en el transcurso de un debate electoral concentremos todas las energías de la militancia, hagamos los mayores esfuerzos financieros y le demos una o dos vueltas al país, congregando manifestaciones, pronunciando discursos y arremetiendo por doquier con nuestras tesis contra las ignominias de la reacción y sus acólitos, con un ímpetu y en una amplitud no muy frecuentes en otros menesteres. Sucede que en tales ocasiones, no obstante las cortapisas antidemocráticas anotadas, se agita la atmósfera nacional, las gentes se tornan un tanto receptivas, bulle la marmita de la política, y un partido proscrito como el MOIR, que finca su gloria en el despertar de las masas esclavizadas, no puede silenciarse ni sustraerse a la polémica; debe subir a cualquier tribuna que se le permita y decir sus certezas en medio de la sociedad descompuesta, así tenga que pasar por el escarnio de que prácticamente lo desaparezcan de los alambicados boletines de recuento de los registradores nacionales, departamentales y hasta municipales. Mañana seremos nosotros quienes nos burlemos de ellos.

Por ahora, conforme a nuestra posición de hombres y mujeres de principio y sorteando las ingentes dificultades, proseguiremos en el proceso eleccionario. Para lo cual hemos acordado la candidatura presidencial del camarada Marcelo Torres. Con el emblema de su promisoria juventud pregonaremos a los cuatro vientos cuanto piensan y ejecutarán los aladines de la nueva Colombia en el cometido innegable de cincelar el brillante destino de las generaciones venideras.

No nos resignamos a trocar el papel de actores por el de simples espectadores de la disputa entre el candidato reeleccionista y sus rivales, auspiciados principal y correspondientemente por el pastranismo, el llerismo y el revisionismo. Superados los tropiezos, volvemos a la carga para alertar a las masas que se aglutinen a escucharnos acerca de las contradicciones reales y aparentes de esas cuatro sotas de la baraja oportunista. Si se confirman todos los pronósticos, López Michelsen y su compinche secreto Álvaro Gómez terminarán ganando la partida y distribuyéndose el fabulosos botín de un billón y medio de pesos, o más, que es lo que valdrán las apropiaciones presupuestales durante el ejercicio de la próxima administración. Consolidarán la labor comenzada desde 1974 de entregar el país inerme a las garras de los monopolios imperialistas; colmarán de más garantías a los especuladores y agiotistas del capital financiero; insistirán en someter a la quebrada producción nacional a la competencia ruinosa de las mercaderías importadas; intentarán dispensarle carta de ciudadanía al narcotráfico, o por lo menos ampliarán la “ventanilla siniestra”; beneficiarán como nunca a la clase terrateniente, a los pulpos urbanizadores, a los magnates de la Federación de Cafeteros, mientras pedirán a las clases laboriosas que se aprieten un punto más el cinturón en aras del bienestar colectivo. En materia de orden público, el dilema lopista de “paz o represión” lo resume todo. Como la situación de penuria del pueblo llegará a extremos insostenibles y el descontento brotará a flor de tierra, se pondrán en todo su vigor las medidas punitivas de excepción contempladas en la carta constitucional, a pesar de los alegatos jurídicos de los ex magistrados del Comité de los Derechos Humanos y al margen de que los decretos de amnistía se cumplan o no se cumplan. Y en cuanto al chiste de afiliar el Partido Liberal a la Internacional Socialista de Willy Brandt, se trata del toque progresista del continuismo, encaminado a impresionar a los electores remisos y resentidos y a tender puentes con suficiente antelación con la autodenominada oposición democrática. Esta es, en pocas palabras, digamos la consubstancialidad de la tendencia que acaudilla el consentido de la Handel.

En cambio Galán Sarmiento, el pupilo de Carlos Lleras, encarna los anhelos de los sectores liberales burgueses más aristocráticos desalojados del mando y que aceleradamente han perdido ascendiente en el mundo de los negocios, y por tanto en el resto de los ámbitos de la esfera social. Buscan la revancha a como dé lugar, pero su máxima satisfacción se reduce a sacar a la luz desde la gran prensa las iniquidades de quien, con la colaboración de Turbay Ayala, los venció en 1974, 1978 y ahora el 14 de marzo. Su principal inconsecuencia, así como el fondo retardatario de su doctrina, radica en soñar restablecer, en la época del total dominio del capital financiero y de los monopolios sobre la vida de país, las relaciones económicas y las costumbres políticas anteriores a esta época. Aunque se conduelen del estado lamentable en que se debate la industria, no se atreven a exigir la erradicación de las talanqueras que provocan su marchitamiento. Proponen frenar la concentración de la riqueza mediante los hipotéticos controles estatales sobre los consorcios financieros y la todavía más hipotética democratización de las sociedades anónimas. Nada piden eliminar aun cuando desean moralizarlo todo; los contratos de asociación con el imperialismo, el agio y la usura, el tráfico de influencias y de narcóticos, el Parlamento y hasta la compra de votos. En la encerrona en que se encuentran verían con gusto una eventual presidencia del Partido Conservador, con cuyo candidato los identifican muchas inquietudes y sinsabores. De vieja data ha operado el entendimiento tácito del llerismo y el pastranismo; sin embargo, ninguna de estas dos alas languidecientes de las colectividades tradicionales está en condiciones de detener la tenaza tapada de los dos delfines, no sólo porque carecen de los instrumentos del Poder, sino porque a menudo contienden desde posiciones más atrasadas que las del imperialismo y sus intermediarios.

Y el señor Molina, que acaba de plantear por la pantalla chica la meta de reconciliar a la nación con el ejército del régimen y que le sugiere a la izquierda criolla convertirse en el portaestandarte de la jurisprudencia, es el personero de última hora de la contracorriente que le ha hecho más daño a la revolución colombiana, el mamertismo. Las mentiras para tornarlas creíbles han de adobarse con verdades. Y esta agrupación ha sido experta en colocarle siempre un pero a las causas más caras del pueblo colombiano. Propicia la liberación de Colombia de la coyunda norteamericana pero para que caiga en las zarpas del social imperialismo soviético. Aboga por la dirección del proletariado pero en no pocos objetivos programáticos marcha a la zaga de la burguesía. Censura las expresiones anarquistas, pero cuando no le convienen. Combatió el “mandato de hambre” pero desde luego le descubrió “lados buenos”. En la actualidad, para rehuir la represión, les hace el juego a los postulados seudo democráticos de los reformadores liberales y conservadores, alentando el trajinado pacto social entre los representantes del trabajo, el capital y el Estado, como una panacea a las tensiones, a los choques armados y a la intranquilidad reinante. De ahí que la consigna por la paz se volviera el tema de moda de esta campaña, con sendas interpretaciones según los candidatos, más con el agravante de que queda la perniciosa creencia de que aquella, junto a las demás mejoras de carácter social, será factible alcanzar tras un diálogo constructivo y no obstante la honda crisis que sacude a la sociedad colombiana. En virtud de esa forma ladina de interpretar la política, el candidato de los revisionistas fue bien recibido por la crítica gazmoña de la gran prensa; y al propio profesor Molina se le ha visto retratado en las páginas de los periódicos, celebrando convenios internacionales del gobierno, o inaugurando obras públicas en compañía del alcalde Durán Dussán. Y si a semejantes veleidades del historiador de cabecera del Partido Liberal agregamos sus reiteradas, benévolas e indulgentes declaraciones sobre unos y otros de los restantes aspirantes a la Presidencia, se deducirá por qué cunde la confusión entre las masas que no captan mayores diferencias entre los consejos de la izquierda y las consejas de la derecha, factor no insignificante en la manifiesta desproporción de los guarismos de marzo.

Nos asiste la razón cuando insistimos en que el pueblo no forjará nunca su unidad en la fragua del oportunismo. Nosotros advertimos con bastante anticipación que atravesaríamos el desierto antes que plegarnos a las condiciones antidemocráticas y antinacionales de los revisionistas pro soviéticos, y en el Foro de Pereira de septiembre de 1979, llamamos a los integrantes del FUP a prepararse para lo peor; sin embargo, quienes corrieron a coligarse alrededor de la componenda reformista, ¿a qué disculpas recurrirán ahora para justificar los descalabros de sus volubilidades? En por lo menos una decena de departamentos, los fundadores del bautizado Frente Democrático llevaron a efecto acuerdos con el movimiento de Galán, avalando las concepciones de éste y con el único requisito de que los ubicaran en las listas. Después de cerca de ocho años de acerbas disputas con nosotros, desde el rompimiento de la UNO a finales de 1974, ahí vino a desembocar la alharaca unitaria del Partido Comunista, en darle apoyo sin beneficio de inventario al llerismo, no una de las nuevas sino de las más rancias tendencias del liberalismo colombiano.

Sobra reiterar que continuaremos sosteniendo, además de las normas democráticas de funcionamiento del Frente, nuestras propuestas de unión basadas en la más íntegra y cabal independencia de Colombia ante todos los amos extranjeros, y en la implantación de la auténtica democracia de las clases revolucionarias, cuyo primer mandamiento consiste en la supresión de la vieja dictadura oligárquica.

La jornada que vamos a emprender, queridos compañeros y amigos, será excepcionalmente penosa. No obstante, entre los innumerables inconvenientes que habremos de superar, contamos de nuestra parte con dos hados propicios. Uno, la experiencia y la decisión de las bases del FUP para suplir con pericia y capacidad de trabajo la cortedad de los recursos. Otro, la inteligencia, la abnegación y la entereza de Marcelo Torres, prenda inigualable de que saldremos airosos de la prueba.

¡Que no se diga nunca que no arrostramos todos los riesgos en el intento de ayudarle a abrir brecha a la revolución colombiana!

En México, antes de la llegada de los conquistadores, habitaba un pueblo primitivo, los teotihuacanos, que tenían por costumbre, en aquellos períodos del año cuando las noches son más largas y las sombras se extienden por más tiempo sobre la faz de la Tierra, elevar sus plegarias y hacer sus ofrendas para que el sol volviera al otro día a nutrir con sus rayos los prodigios de la creación. Nosotros, en esta prolongada noche de la esclavitud, haremos también nuestros sacrificios para que el sol de una nueva independencia vuelva a iluminar a Colombia.

Muchas gracias.

NI YANQUI NI RUSA SERÁ LA SALVACIÓN DE CENTROAMÉRICA

La llamada Cuenca del Caribe y en general Centroamérica se convirtieron, desde hace un par de años en peligroso foco de tensiones internacionales que reflejan nítidamente la enconada rivalidad de las dos superpotencias. Valiéndose de Cuba, la Unión soviética ha venido sacando partido de las situaciones conflictivas que viven varios países de la zona y de las luchas que libran los pueblos contra la dominación del imperio yanqui. La táctica de Moscú se sintetiza en esto: brindar apoyo político y logístico a aquellos movimientos nacionales, e incluso a cualquier aventura, que le permitan ganar influencia en el patio trasero de Washington; apoyar la ruptura de las naciones latinoamericanas con las de Estados Unidos, a condición de que se sometan a la férula socialimperialista, tal como ocurrió con Cuba. Norteamérica que atraviesa hace tiempo por una crisis económica muy profunda, no puede permitir que su principal adversario se instale cómodamente en sus tradicionales posesiones y las sustraiga del control de los tiburones de Wall Street.

La guerra civil de El Salvador, la situación de Guatemala, el papel de Cuba y Nicaragua en la región, las actividades de Francia y de México y la política estadinense constituyen los elementos integrantes del complejo problema.

Cambio de orientación en la Casa Blanca

El curso de los acontecimientos en la cuenca del Caribe en los últimos años se comprende con mayor facilidad si se pasa revista a las políticas aplicadas en la zona por parte de las administraciones de Carter y Reagan.

Luego del aparatoso derrumbe de la dinastía Somoza en Nicaragua, en julio de 1979, y del fracaso de las maniobras norteamericanas por conservar cierta ascendencia en el nuevo gobierno, la Casa Blanca decidió poner en práctica en El Salvador las lecciones recibidas, a fin de impedir la nueva edición del caso nicaragüense. Los Estados Unidos dieron el visto bueno al golpe que derrocó al general Romero, en octubre de 1979, y demandaron a la Junta Cívico Militar recién instaurada un demagógico programa de reformas. Se esperaba encontrar una salida que, siendo favorable a los intereses yanquis, diera la impresión de que iba a remediar los padecimientos de las masas salvadoreñas. Poniendo como condición el “respeto a los derechos humanos”, Carter empezó a suministrar ayuda económica y militar al régimen salvadoreño por la cuantía cercana a los 60 millones de dólares. (Desde comienzos de 1977, Carter había suspendido los embarques de armas a la dictadura salvadoreña por violaciones a dichos derechos). Simultáneamente, y para evitar que Nicaragua caiga en la órbita soviético-cubana, el presidente americano anuncia, en un alarde de ingenuidad, un préstamo de 75 millones de dólares a los sandinistas, los cuales, en efecto, no ocultaban sus simpatías y sus compromisos con Moscú y La Habana. Empero, este intento de granjearse la amistad de Managua se vio frustrado, a mediados de abril de 1980, cuando el Congreso estadinense congeló los créditos a Nicaragua con el argumento de que éstos “sólo servirían para financiar el comunismo”.

A pesar de que, según el entonces secretario de Estado, Cyrus Vance, “la promoción de los derechos humanos ha sido y continua siendo una de las principales metas de la política exterior de nuestro Gobierno, y es la base de todos los aspectos de la política de los Estados Unidos, para El Salvador”, la junta de ese país y los grupos paramilitares cometieron toda clase de crímenes contra el pueblo a lo largo de 1980. Por ejemplo el 30 de marzo fue abaleada en la capital una enrome manifestación efectuada con motivo del asesinato de monseñor Romero, con un saldo de 20 muertos y más de 300 heridos; en mayo, el ejército masacró a 600 campesinos a orillas del río Sumpul; en noviembre, un escuadrón derechista acribilló a cinco dirigentes del Frente Democrático Revolucionario. Y podrían citarse varios hechos similares. Para finales de 1980, las llamas de la contienda civil flameaban en todo el país.

En medio de la campaña presidencial, Carter, a tiempo que reconocía que Cuba tenía sus manos metidas en el conflicto salvadoreño, anunciaba su deseo de buscar un acomodamiento con La Habana en Centroamérica, en caso de resultar reelegido, “El uso por los Estados Unidos de su poder militar para intervenir en los asuntos internos de otra república americana es inconcebible”, concluía hipócritamente el mandatario demócrata. No obstante, además del apoyo en armas Carter despachó, en octubre de 1980, el primer grupo de asesores militares a colaborar con el ejército salvadoreño.

El 5 de diciembre, a raíz del asesinato de cuatro religiosas estadinenses en El Salvador por parte de miembros de las fuerzas armadas, Washington suspendió los auxilios a ese país y condicionó la continuación de los mismos al nombramiento de un presidente civil. Obedientes a los dictados de sus amos, los integrantes de la junta escogieron al demócrata cristiano Napoleón Duarte para la jefatura del Estado, el 13 de diciembre.

Cuatro días después se reanudaban los envíos de dinero de la Casa Blanca, junto con equipo militar de combate por valor de cinco millones de dólares, destinados a enfrentar una ofensiva guerrillera planteada para los primeros días de 1981. Aunque la posición de Carter en Centroamérica se endureció en las postrimerías de su administración, su estrategia estuvo plagada de contradicciones y vacilaciones que siempre fueron hábilmente explotadas por Cuba y la URSS. En el momento del cambio de su presidente, el panorama no podía ser más preocupante para el imperialismo yanqui: una Nicaragua cercana del Kremlin e involucrada, al lado de Cuba, en la guerra salvadoreña; un Salvador, a punto de perderse bajo los embates de guerrillas cada vez más fuertes y mejor armadas; una Guatemala en los umbrales de la senda de la guerra civil y, en fin, numerosas organizaciones, pertrechadas por los cubanos, operando en otros países del área.

El imperio del norte, los grandes monopolios y el capital financiero reaccionaron ante esta situación y ante la ineptitud de Carter instalando en la Casa Blanca a un prohombre de toda su confianza, a un “halcón” que protegiera denodadamente sus amenazados intereses. El señor Reagan y su locuaz secretario de Estado no se anduvieron por las ramas; preconizaron que impedirían el surgimiento de nuevas Cubas en Centroamérica y que precisamente en dicha zona trazarían la raya a la URSS y sus amigos.

La tónica del nuevo gobierno podía verse en la plataforma del Partido Republicano que en ciertos apartes decía: “América Latina es de interés primario para Estados Unidos, en el Caribe y América Central la administración Carter se ha mantenido al margen, mientras la Cuba totalitaria de Castro, financiada, dirigida y abastecida por la Unión Soviética, entrena, arma y apoya agresivamente a las fuerzas del enfrentamiento y la revolución en el Hemisferio Occidental. No apoyamos la ayuda de Estados Unidos a cualquier marxista en este hemisferio y nos oponemos al programa de ayuda de Carter al gobierno de Nicaragua. Nos comprometemos a una nueva y vigorosa política en el continente americano. Retornaremos al principio fundamental de tratar a un amigo como tal y a los autoproclamados enemigos como tales, sin disculpas”.

Dicho y hecho. Pocos días después de su posesión, Reagan dio los primeros pasos encaminados a contener a sus adversarios. El 27 de enero de 1981 ofreció al Primer Ministro conservador de Jamaica, Edward Seaga, un bosquejo de asistencia armada; destituyó al embajador Robert White en San Salvador, debido a que este funcionario se había opuesto públicamente a la ayuda militar a la junta; amenazó, el 22 de febrero, con un posible bloqueo y otras medidas de fuerza contra Cuba para cortar el flujo de armas a las guerrillas salvadoreñas; dio a conocer un denominado “libro blanco” para demostrar que los rebeldes de El Salvador eran equipados por naciones del bloque soviético; aumentó a más de medio centenar el número de consejeros norteamericanos en aquel país; prometió, en marzo, aumentar el respaldo bélico al gobierno de Duarte de 63 a más de 100 millones de dólares; suspendió indefinidamente cualquier socorro financiero a Nicaragua, y solicitó al Congreso una partida de más de 200 millones de dólares para equipar los ejércitos de los países centroamericanos y caribeños en 1982.

En noviembre pasado, el mandatario estadinense indicó que respaldaba las elecciones legislativas de marzo de 1982 como la única alternativa viable en la solución del problema salvadoreño. En diciembre, durante la XI Asamblea General de la OEA, Alexander Haig presentó una propuesta por medio de la cual se estimulaba el proceso electoral organizado por el régimen de duarte, la resolución fue aprobada por 22 votos a favor, tres en contra (Nicaragua, México y Grenada) y cuatro abstenciones. Al comprometerse con los comicios de El Salvador, Norteamérica buscaba lograr el establecimiento de un gobierno al que pudiera defender como legítimo (ojalá de mayoría democristiana), lo cual justificaría con mayor facilidad cualquier acción en su favor.

El oportunismo franco-mexicano

El 28 de agosto de 1981, los gobiernos de Francia y de México emitieron un comunicado conjunto en el que señalan que “La alianza del Frente Democrático Revolucionario (FDR) y el Frente Farabundo Martí para la liberación Nacional (FMLN) constituye una fuerza política representativa dispuesta a asumir las obligaciones y ejercer los derechos que de ello se derivan”. Este reconocimiento político a las guerrillas salvadoreñas provocó un rechazo casi unánime entre los países latinoamericanos, que lo consideraron como una intromisión que podría entorpecer la estrategia yanqui en Centroamérica. Ahora, además de las dos superpotencias, saltaban a la arena del conflicto dos naciones aliadas de Washington pero opuestas a su política en el Hemisferio.

¿Qué hay detrás de la maniobra franco-mexicana?

Empecemos por México. La burguesía de esta nación, una de las más fuertes de América Latina, no sólo tiene intereses económicos y políticos en los que bautizaríamos su pequeño solar, Centroamérica, sino que además posee una tradición de desacatos a las directrices estadounidenses. No porque la corrupta y sanguinaria oligarquía mexicana se oponga consecuentemente al imperialismo, sino porque su situación económica, relativamente holgada, le ha permitido aprovechar las dificultades temporales del Tío Sam para sacar ventajas pecuniarias.

Algo parecido con Francia, salvo que su presidente se autoproclama paradigma del socialismo. Las clases dominantes francesas, aunque aliadas de los Estados Unidos, practican su propio colonialismo y hacen sus negocios valiéndose de las pugnas entre los dos gigantes.

Y el señor Miterrand, el socialista de moda, no se ha apartado un milímetro de las pautas establecidas por la plutocracia de su país. “Entre Castro y Pinochet es posible una tercera vía”, dijo el mandatario galo, a propósito de su estrategia en Latinoamérica 1. O sea que entre el oso ruso y el águila americana, que se disputan la presa a zarpazos, debe haber lugar para la codicia del capitalismo francés que necesita con urgencia captar mercados para aliviar la crisis de sobreproducción, el paro forzoso y otros males que lo aquejan. Que lo anterior es así, lo confirma el ministro Miterrand en una confesión de rara sinceridad: “Los países industrializados necesitan a esos miles de millones de seres humanos del Tercer Mundo, compradores potenciales de nuestros productos”2.. Y como para que no quede duda de las motivaciones imperiales del presidente “socialista”, estas perlas: “No sobreviviríamos al hundimiento del Tercer Mundo porque el Norte necesita del sur para salir de la crisis”. 3 “Pensamos que ayudar al Tercer Mundo a salir de la miseria y de las dictaduras es un interés a largo plazo del Norte, y por ello también de Estados Unidos”. 4

Comparemos las declaraciones de Miterrand con lo expresado, hace un siglo, por Cecil Rhoders, uno de los forjadores del imperio británico. “para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos coloniales, debemos posesionarnos de nuevos territorios para colocar en ellos el exceso de población, para encontrar nuevos mercados en los cuales colocar los productos de nuestras minas. El imperio, siempre lo he dicho, es un problema de estómago. Si no queréis la guerra civil, debéis convertiros en imperialistas” 5.

El tráfico de armas ha sido instrumento predilecto de Francia para abrirse camino en los países atrasados. Después de la URSS, es el mayor proveedor de equipo militar de Siria y Libia, cuyos regímenes constituyen puntas de lanza de la ofensiva moscovita. Y, últimamente, el gobierno de Miterrand abordó el mercado nicaragüense, dizque para evitar la caída de Managua en manos de los rusos, empujada por el asedio norteamericano. Pues bien, los franceses, que son los terceros exportadores de armas del mundo, vendieron a Nicaragua entre enero y febrero del presente año, material “no ofensivo” por una suma próxima a los 20 millones de dólares, compuesto por dos lanchas patrulleras, dos helicópteros y 15 camiones. París se comprometió igualmente a entrenar marinos y aviadores nicaragüenses y a enviar instructores militares. El ministro de Defensa francés confirmó también la venta de varios miles de misiles tierra-aire, transacción que costó 16 millones de dólares. Ya en octubre de 1981, Miterrand había concedido a los sandinistas un crédito de 12 millones de dólares y anunciado otros para un futuro próximo.

Pero no son exclusivamente los gobiernos de Francia y México los que tratan de valerse de la convulsionada situación centroamericana en su propio beneficio. En general, toda la corriente del oportunismo socialdemócrata, especialmente europeo, se encuadra dentro de la línea de conducta seguida por Miterrand. El gabinete de Helmut Schmidt ha estado suministrando préstamos a Nicaragua a raíz del distanciamiento entre esta y Estados Unidos. El ministro de Cooperación Económica de Alemania dijo hace poco: “Considero que los europeos tienen un papel que desempeñar en Centroamérica, no contra Estados Unidos, sino en su propio favor. Ayudando a Nicaragua estamos en buena compañía europea; los franceses lo están haciendo al igual que los holandeses”. Fuera de los medios estatales, la socialdemocracia denominada Internacional Socialista, en la cual tiene cabida el figurín Felipe González y aspiran con razón a pertenecer individuos como López Michelsen.

De todos modos, la URSS y Cuba ven con buenos ojos el hecho de que los regímenes “socialistas” y las organizaciones socialdemócratas entorpezcan los propósitos de Estados Unidos en la región. En el último congreso del Partido Comunista Cubano, Fidel Castro fijó su actitud al respecto: “Cuando nos referimos a las actuales condiciones históricas, la participación socialdemócrata y la social democratización de antiguos partidos burgueses y oligárquicos de América Latina tienen un signo positivo” 6.

La cuestión nicaragüense

“La paz de nuestro pueblo se complementa en la medida en que seamos verdaderamente no alineados”, afirmó el 15 de abril de este año Edén Pastora, ex viceministro de Defensa de Nicaragua, en una rueda de prensa en Costa Rica. “No caben contradicciones ni ambigüedades dentro del sandinismo continuó diciendo. Tan imperialista fue la invasión a Vietnam, como imperialista es la invasión a Afganistán. Tan imperialista es el que apoya a la junta fascista de el Salvador como el que apoya a un régimen totalitario en Polonia. Nuestro sandinismo no puede permitir que seamos arrastrados al conflicto Este-Oeste, ya que ello es contrario a los intereses nacionales”. Estas declaraciones del renombrado “Comandante Cero”, uno de los héroes de la insurrección antisomocista, hechas diez meses después de haber renunciado a su cargo en el gobierno, constituyen la confirmación de algo que ya se venía vislumbrando en el proceso nicaragüense: la acelerada incorporación del régimen sandinista al bloque soviético. Ya en 1980. Alfonso Robelo y Violeta de Chamorro, ambos miembros de la junta que reemplazó a Somoza, habían dimitido también por desacuerdos con la política que impulsa el resto del cuerpo ejecutivo. En mayo de ese año, Robelo indicó: “Estoy en contra del reciente acruerdo, firmado en Moscú, entre el Frente Sandinista y el Partido Comunista de la URSS. No queremos ver a Nicaragua haciendo de peón en el juego de ajedrez de las superpotencias”. 7

Desde 1979, el gobierno nicaragüense ha suscrito pactos de carácter económico y político con los países del campo socialimperialista, y en no pocas oportunidades ha votado al lado de estos en la ONU y en el movimiento de países no alineados. Actualmente hay alrededor de 6.000 asesores cubanos en Nicaragua, de los cuales unos 2.000 cumplen funciones militares y de seguridad (esto lo confirmó el dirigente sandinista Jaime Wheelock en una entrevista al diario The Washington Post, el 7 de marzo de 1982); el resto se halla vinculado a la educación, la construcción y otras actividades oficiales. Durante 1981 los sandinistas recibieron de la URSS, Europa Oriental y Cuba cerca de 30 millones de dólares en armamento moderno, entre aviones, helicópteros, tanques, artillería, misiles SAM y armas ligeras y municiones. El ejército regular cuenta con 30.000 efectivos, más una reserva bien entrenada de 50.000 hombres. El equipo incluye carros rusos T-54 y T-55 (los mismos que usan las naciones del Pacto de Varsovia), cañones de 122 y 152 mm, vehículos blindados para el transporte de tropas, misiles y cañones antiaéreos. Decenas de pilotos nicaragüenses se encuentran en Bulgaria recibiendo cursos de adiestramiento en aviones Mig. Todo esto hace de las fuerzas armadas sandinistas el ejército más poderoso de América Central e implica un compromiso cada vez mayor con Cuba y la URSS. Hace poco, Alfonso Robelo denunciaba que “Fidel Castro se ha convertido aquí en una mezcla de hermano mayor y padrino; no creo que cualquier decisión de importancia internacional se haga sin consultar con La Habana”. 8

En lo externo, Nicaragua encara una guerra no declarada con Honduras, a los largo de los 600 kilómetros de limites comunes; participa activamente en el conflicto salvadoreño, cooperando con los grupos guerrilleros, e insiste en reclamar la soberanía sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia y otras islas pertenecientes a Colombia. El socialimperialismo pretende hacer uso del poderío bélico recién adquirido por los nicaragüenses a fin de crear problemas en el área y continuar extendiendo sus tentáculos.

En lo interno, el gobierno nicaragüense ha sido acusado repetidas veces de cometer atropellos sistemáticos contra las comunidades indígenas que habitan en la región nororiental del país, porque según aquel prestan colaboración a los elementos antisandinistas que actúan desde Honduras. En marzo de este año, la Conferencia Episcopal de Nicaragua emitió una declaración al respecto en la que se lee: “Los sucesos que ocurrieron en la zona del río Coco, frontera con Honduras, desde diciembre de 1981 y que han culminado por una parte en el traslado masivo de poblaciones miskitas enteras hacia el interior del territorio nacional, y por otra parte en la huida de un número considerable de la población de esa zona a territorio hondureño, ha tenido efectos dolorosos entre todos los habitantes miskitos, sumos y ladinos de esa región”. El documento de los prelados denuncia más adelante “las marchas forzadas, durante días, sin suficiente consideración para con los débiles, los ancianos, las mujeres y los niños; la destrucción de viviendas, haberes y animales domésticos; incluso la muerte de personas en circunstancias que, muy a nuestro pesar, nos recuerdan el drama que viven otros pueblos hermanos”.

Ante el peligro que representa para su hegemonía, el imperio yanqui ha reaccionado enérgicamente contra Nicaragua, calificándola como una segunda Cuba. Ya desde el final de la administración Carter, se permitió a numerosos exiliados somocistas que establecieran en Florida bases de entrenamiento para lanzar operaciones contra el gobierno de Managua. En noviembre del año pasado, Reagan aprobó, durante una reunión del Consejo Nacional de Seguridad, una partida de 19 millones de dólares para reclutar, en compañía de otros países latinoamericanos, una fuerza encaminada a realizar actividades contra Nicaragua. Asimismo Alexander Haig indicó que la Casa Blanca no podía descartar “acciones de desestabilización” contra el sandisnimo, mientras el secretario de Defensa, Caspar Weinberger, declaró que Estados Unidos tiene “planes de contingencia necesarios para defender nuestros intereses en Centroamérica”.

Desde entonces, la amenaza de una intervención militar norteamericana ha estado flotando en el aire, a pesar de que altos funcionarios insisten en afirmar que “por el momento” no se ha tomado tal determinación.

Nueva ofensiva de Washington

1982 comenzó con una serie de iniciativas de la Casa Blanca con respecto a El Salvador. El 28 de enero, Reagan certificó ante el Congreso que el gobierno salvadoreño estaba mejorando “sensiblemente la situación de los derechos humanos” y avanzando en el programa de reformas económicas; por tanto, el órgano legislativo autorizó el suministro de 66 millones de dólares en ayuda militar a la junta presidida por Duarte. El 2 de febrero, el secretario de Estado dijo que, “en cooperación con nuestros amigos y aliados en el hemisferio haremos todo lo que sea necesario para contener la pérdida de El Salvador. Al tiempo que el subsecretario de Estado, Thomas Enders, concluía que “no hay duda de que la batalla decisiva por Centroamérica se libra en El Salvador”. Con el fin de apuntalar su estrategia regional los Estados Unidos apadrinaron la creación de la Comunidad Democrática Centroamericana, compuesta por Costa Rica, Honduras, El Salvador, y cuyo objetivo es responder conjuntamente ante cualquier conflicto con otro país.

El 24 de febrero, en una reunión de la OEA, el presidente norteamericano dio a conocer su plan para la Cuenca del Caribe, el famoso Plan Reagan, encaminado a proporcionar ayuda económica a las naciones del área. “Lo que ocurra en cualquier parte de las Américas nos afecta en este país; empezó diciendo el inquilino de la Casa Blanca”. Y prosiguió: “Que nadie se equivoque, el bienestar y la seguridad de nuestros vecinos en esta región favorecen nuestros propios vitales intereses”. El esquema consta de cuatro puntos principales. Primero, el libre comercio de los artículos de la Cuenca exportados a Estados Unidos, con la única excepción de los textiles y las confecciones, de modo que “los nuevos inversionistas podrán entrar en el mercado sabiendo que sus productos recibirán tratamiento libre de aranceles”. Segundo, importantes incentivos fiscales para los inversionistas estadinenses en la zona. Tercero, una asignación suplementaria de 350 millones de dólares para los países que más requieren el apoyo norteamericano, con lo cual el monto de la ayuda en 1980, se eleva a 823.9 millones de dólares, destinados preferencialmente al sector privado. Cuarto, asistencia técnica para los empresarios particulares. “Este programa representa una obra de gran alcance por parte de nuestro pueblo en un momento de dificultades económicas en nuestro país. Yo no lo propondría si no estuviera convencido de que es vital para los intereses de seguridad de este país del Hemisferio. La energía, el tiempo y los medios que ahora dediquemos a promover el desarrollo de nuestros vecinos, podrán contribuir a evitar un mayor empleo de recursos así como de vidas humanas, lo que ocurriría con su derrumbamiento. Que nuestros amigos y adversarios comprendan que haremos todo lo que sea prudente y necesario para asegurar la paz y la seguridad en la región del Caribe”, precisó Reagan.

Los países receptores del dinero yanqui deberán, “no ser comunistas”, no expropiar bienes norteamericanos sin la debida compensación y no conceder a otras naciones preferencias comerciales que afecten negativamente el comercio de Estados Unidos. La partida extra se distribuirá entre El Salvador, Honduras, Costa Rica, Jamaica, República Dominicana, Belice y Haití.

El Plan Reagan refleja la concepción que su autor tiene sobre los problemas del desarrollo de los países atrasados: éste será posible únicamente con los préstamos de los bancos internacionales y las inversiones directas de los grandes monopolios. De ahí el énfasis dado a la “ayuda” y los estímulos ofrecidos a los pulpos norteamericanos para que exporten capital a estas neocolonias. En cuanto a la liberación de las exportaciones centroamericanas sobre Estados Unidos, busca beneficiar preferentemente a los inversionistas gringos en el área. El imperialismo cree que su ofensiva económica, combinada con las medidas de carácter militar, logrará resolver la grave crisis que afrontan los pueblos caribeños y, al mismo tiempo, preservar los intereses estratégicos de Washington frente a los embates de Moscú.

Elecciones y cuartelazo
Guatemala padece las mismas lacras de la mayoría de los países de América Central. De sus 7.5 millones de habitantes, aproximadamente el 60% pertenece a comunidades indígenas que viven en la más aberrante miseria; el 2% de los propietarios acapara el 80% de las tierras de labranza; el analfabetismo afecta el 70% de la población rural y al 30% de la urbana; el 82% de los niños menores de 5 años sufre de desnutrición, y la tasa de desempleo es superior al 34%. Desde 1974 esta nación ha sido gobernada, sin interrupción por tiranías militares que sistemáticamente han anegado en sangre cualquier brote de inconformidad. En los últimos 15 años, más de 30.000 guatemaltecos han caído bajo las balas del ejército y de los grupos terroristas de derecha, tales como “Mano Blanca”, “Ojo por ojo”, “El Escuadrón de la Muerte” y el “Movimiento Anticomunista Nacional Organizado”. “En Guatemala no hay presos políticos”, es un comentario que se escucha con frecuencia. Alrededor de 6.000 guerrilleros, dispersos en varias organizaciones pero unificados en un solo frente, desafían a uno de los regímenes más sanguinarias del Hemisferio. En 1977, la administración Carter suspendió la ayuda militar al gobierno de Guatemala en fingida protesta por sus actos vandálicos. Sin embargo, aquel comenzó a adquirir amas en Brasil, Israel y, naturalmente, en Francia.

Como parte de la política de llevar a cabo elecciones en los países centroamericanos dominados por dictaduras, Washington presionó al general Romeo Lucas García para que permitiera la realización de unos “comicios limpios”, los cuales se cumplieron el 7 de marzo pasado. El triunfo del candidato derechista, Aníbal Guevara, no fue aceptado por los demás partidos, todos igualmente reaccionarios, que alegaron fraude electoral. Acto seguido, el 24 de ese mes, un grupo de oficiales derrocó a Lucas García y levantó las banderas de “acabar con la corrupción” y “retornar a la normalidad”. En su primera aparición ante la prensa, los chafarotes, con sendas pistolas al cinto y en traje de fatiga, anunciaron que si las guerrillas no se rinden “serán reprimidas”. El tema de unas nuevas elecciones no volvió a ser tratado. Los esfuerzos norteamericanos por imponer una solución democrático-burguesa en Guatemala fracasaron estrepitosamente.

En El Salvador votaron, el 28 de marzo, un millón y medio de ciudadanos para elegir una asamblea constituyente de 60 miembros, la cual redactará una nueva carta y nombrará un gobierno interino. En el debate contendieron, por una parte, la Democracia Cristiana de Napoleón Duarte, y, por la otra, cinco partidos de extrema derecha, encabezados por la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), de cuyo jefe, Roberto D’Aubuisson, dijo un ex embajador yanqui que era “un maníaco asesino” y sobre quien recaen las sospechas de haber promovido el atentado que segó la vida de monseñor Romero. Los democristianos obtuvieron el 35.3% de los sufragios, es decir, 24 asientos en la asamblea, mientras que la coalición rival logró el resto de las 36 curules.

En su primer día de sesiones, la constituyente eligió a D Aubuisson como presidente de la misma, y el 29 de abril fue nombrado como nuevo jefe de gobierno al demócrata cristiano Álvaro Magaña, quien contaba con el visto bueno de la Casa Blanca. Lo sucedido en Guatemala y El Salvador indica que la jugarreta de las elecciones no ha resultado tan gananciosa para Reagan y que se está agotando poco a poco.

¿Quién quiere negociar?
A pesar de los obstáculos con que ha tropezado, la línea de confrontación impulsada por Reagan en la Cuenca del Caribe ha hecho ver, a los soviéticos y a sus puntales latinoamericanos, que Washington está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias en su empeño por conservar sus neocolonias al sur del Río Grande. Es innegable que el socialimperialismo carece de medios adecuados para sostener indefinidamente sus fichas, de incrementarse la presión de los estadinense, quienes, al fin y al cabo, actúan dentro de su zona de influencia inmediata, mientras la URSS se halla a miles de kilómetros de distancia. Tanto La Habana como Managua han dado, en los últimos meses, señales de estar dispuestas a entablar negociaciones con Estados Unidos, utilizando la mediación mexicana.
En febrero, López Portillo expuso en Managua tras requisitos para resolver la crisis caribeña: 1) Solución negociada del conflicto salvadoreño con la participación de todos los protagonistas del mismo; 2) Entendimiento entre Nicaragua y Estados Unidos (algo parecido a un pacto de no agresión), y 3) Conversaciones cubano-americanas. Según la agencia soviética TASS, el canciller Gromyko anotó que “la URSS ha reaccionado positivamente a ciertas ideas expresadas por el presidente López Portillo con relación a la necesidad de aliviar la actual tensión en el Caribe y América Central…”

A comienzos de marzo, Alexander Haig y el ministro de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda, se reunieron en Nueva York para examinar la sugerencia de López Portillo. En dicho encuentro, Castañeda informó que el gobierno de Castro se mostraba “ansioso” por normalizar sus relaciones con Estados Unidos. De su parte, Haig reveló que en noviembre de 1981 sostuvo charlas secretas con el vicepresidente cubano, Carlos Rafael Rodríguez, y que se habían adelantado y se adelantarían otros contactos a alto nivel. Y en marzo, el mandatario mexicano dijo: “Estoy absolutamente seguro de que Cuba desea negociar todas las cuestiones atinentes a la seguridad estadinense”. La disposición de cubanos y nicaragüenses a conversar con Washington fue refrendada por el propio Brezhnev, quien al comentar la fórmula mexicana indicó: “Comprendemos plenamente que las dirigencias de Cuba y Nicaragua hayan visto en esta propuesta un esfuerzo por disminuir las tensiones en Centroamérica. La Unión Soviética está favor del curso que han tomado los acontecimientos”. 9

La Casa Blanca respondió a las solicitudes de México recabando la firma de un pacto de no agresión entre Nicaragua y Estados Unidos; el compromiso de Norteamérica de prohibir las actividades de los exiliados somocistas en su territorio; la aceptación de Nicaragua de suspender sus importaciones de armamento pesado y de reducir el número de consejeros militares foráneos “a un nivel razonable”; la renovación de la asistencia norteamericana a Nicaragua, y la obligación de esta última de “retirarse de El Salvador” y cancelar su apoyo a los guerrilleros de dicho país.

El 25 de marzo, el coordinador de la junta sandinista, Daniel ortega, hablando ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en nombre de su gobierno, del de Cuba y de los rebeldes salvadoreños, insistió en que todos ellos querían una solución pactada con Estados Unidos, sobre la base del proyecto de López Portillo. Una exhortación del mismo tenor fue entregada por escrito, el 20 de abril, al presidente del Consejo de Seguridad.

En una entrevista publicada el 24 de abril, Fidel Castro expresó que “hay posibilidades para una mejora de relaciones porque la alternativa a la paz es el enfrentamiento y eso no es bueno para nadie, ni para Estados Unidos, ni para Cuba, nosotros entendemos eso y estamos listos para trabajar en esa dirección”. 10

La independencia, único camino

Desde cuando el régimen cubano se convirtió en instrumento del Kremlin para llevar a cabo su campaña de penetración en el Caribe, el panorama político de la región se ensombreció considerablemente. Amparándose en las justas aspiraciones independentistas de los pueblos, el socialimperialismo y sus acólitos han usado no pocas veces los movimientos de liberación nacional para obtener ventajas en la rebatiña con la superpotencia de Occidente por el dominio del orbe. No obstante, en el caso de la zona de la que nos hemos ocupado, el eje Moscú – La Habana tocó una de las fibras más sensibles de los intereses económicos y estratégicos de los yanquis.

El imperio gringo, aunque decadente y enfermo, tratará de impedir, al costo que sea, que su contrincante amplíe el radio de acción en América Latina.

Navegando en contra de la corriente oportunista, prosoviética y procubana, que se ha venido abatiendo sobre estas tierras, el MOIR levantó la bandera de la independencia y el no alineamiento internacional como fundamento de las revoluciones de nuestros pueblos, en una época de aguda rivalidad entre los dos más grandes bastiones imperiales.

Decenas de miles de combatientes centroamericanos, y a veces naciones enteras, dan su sangre y afrontan sacrificios sin cuento en pro de su libertad, para luego quedar reducidos a la condición de peones de brega de la potencia que se moteja de socialista. El único camino que garantiza el bienestar de los pueblos, la meta más preciada de toda revolución, es la conquista de la verdadera autodeterminación nacional ante cualquier centro de poder foráneo. A nuestro Partido le corresponde alertar a las masas colombianas, con base en las experiencias de nuestros hermanos del Caribe, sobre los riesgos que encierran todas aquellas posturas que llaman a entregarse al socialimperialismo para poder derrotar al imperialismo. Los colombianos, los salvadoreños, los guatemaltecos y los demás latinoamericanos seremos capaces de emancipar nuestro suelo de la dominación de Washington sin convertirnos por ello en neocolonias de Moscú.

Notas:

1) El Tiempo, septiembre 4 de 1981, Pág. 7A
2) El Tiempo, octubre 22 de 1981, Pág. 14A
3) El Mundo, octubre 21 de 1981, Pág. 9
4) Idem
5) Citado por V.I. Lenin en El Imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1968, Pág. 100
6) “Del informe central del Segundo Congreso del Partido Comunista de Cuba”, Revista Casa de la Américas, N° 125. 1981. Pág. 23
7) Newsweek, mayo 12 de 1980, Pág. 52
8) Newsweek, febrero 22 de 1982, Pág. 8
9) The New York Times, marzo 18 de 1982, Pág. 16
10) El Tiempo, abril 25 de 1982. Pág. 2A

SEGUIMOS EN CAMPAÑA CON EL NOMBRE DE MARCELO TORRES

Eran alrededor de cien los delegados a la Conferencia Nacional del MOIR, celebrada en Bogotá los días 3 y 4 de abril último. Se habían congregado para efectuar el balance del primer tramo de la campaña electoral, concluido el 14 de marzo, y para decidir si se continuaba en los comicios, o, ante el desistimiento que Consuelo de Montejo hizo de su postulación, se optaba mejor por no insistir en la brega. Ninguno desconocía los prominentes escollos a que estaría abocado el partido si se determinaba proseguir; más todos estaban también conscientes de que la peor resolución, la que menos se avendría a los principios defendidos y al espíritu de lucha desplegado, sería la de dejarles por cerca de dos meses el terreno, sin contradictores, a los representantes ideológicos de la reacción y del oportunismo. Por ello aprobaron unánimemente el informe presentado por su Secretario General, en el que, no obstante reconocerse los reveses derivados de la baja votación y las demás dificultades de la hora, se insiste con absoluta claridad sobre los beneficios que a las fuerzas revolucionarias les reporta el terciar en el debate, así el proceso electoral y hasta los guarismos se hallen reglados y definidos de antemano para perpetuar “democráticamente” en el mando a la coalición bipartidista gobernante.

Ante la necesidad de escoger un candidato presidencial salido del seno del MOIR, la Conferencia, igualmente de consuno, designó a Marcelo Torres como el camarada más indicado para coronar con éxito la ardua pero fructífera tarea.

En las pasadas oportunidades el MOIR siempre se inclinó porque dicha responsabilidad recayera sobre algún dirigente de lasa otras agrupaciones partidistas asimismo integrantes del Frente. Sin embargo, el hecho de que en este segundo tramo del debate de 1982 sea al contrario, no significa que la nominación de Marcelo Torres se adelante por fuera de los objetivos y postulados programáticos del Frente por la Unidad del Pueblo. Varios de los principales aliados comprendieron las razones que asisten al MOIR para proseguir en la contienda comicial y manifestaron públicamente su respaldo.

Con la asistencia de numerosas delegaciones de obreros, campesinos, estudiantes y del resto de sectores revolucionarios provenientes de todo el país, se llevó a cabo el 16 de abril, en el Salón Boyacá del Capitolio Nacional, la promulgación oficial de la candidatura del dirigente del MOIR.

Estuvo presente en el acto y ocupó un puesto en la mesa directiva la compañera Solita Vda. de Jaramillo, quien dio testimonio de su apoyo a la batalla que se iba a comenzar. Llevaron la palabra únicamente el camarada Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, y el candidato presidencial Marcelo Torres. (Los textos de los discursos aparecen en las siguientes páginas)

Al día siguiente, y con una manifestación en la población de Facatativá, se inició la intensa gira del candidato que, a pesar de la brevedad del tiempo, cubrirá todos los departamentos de Colombia. Lo han acompañado, además de los jefes regionales, los camaradas Carlos Valverde, Diego Betancur, Avelino Niño y Clemente Forero.

FRANCISCO FORONDA, INOLVIDABLE EJEMPLO PARA LA JUVENTUD COLOMBIANA

El último 10 de febrero, Francisco Foronda partió de Puerto Berrío a las cinco de la tarde rumbo a la vereda La Carlota, a donde llegó una hora después, según lo confirman varios campesinos, quienes lo vieron estacionar la motocicleta en la cual viajaba, cambiaron algunas palabras con él y lo despidieron cuando se internó por el camino que conduce a las más distantes viviendas de la región. Para esa noche había convocado una reunión con el fin de acelerar el registro electoral de los seguidores del Frente por la Unidad del Pueblo. Nadie imaginaba que aquella sería la última ocasión en la cual lo verían con vida.

Al servicio de los desvalidos

“Por acá todo el mundo se alegraba mucho cuando venía Pachito”, cuenta una humilde anciana de La Carlota, quien agrega:

“Siempre estaba preocupado por los problemas de toda la gente de la vereda, desde los niños hasta los viejos, y por eso no había quien no lo quisiera”. Se trata de una afirmación que ratifican sin excepción los humildes labriegos de la zona, así como incontables gentes del pueblo en Berrío. Doña Adela Sierra de Foronda, madre de Francisco, dice, por su parte: “Para mí es una satisfacción el inmenso cariño que mi hijo se ganó entre las gentes”. Y recuerda el desprendimiento y la voluntad de servicio a los humildes que lo caracterizaron.

“Cuando los campesinos tenían que venir al puerto, Pacho los traía a almorzar y él mismo les preparaba la comida; a toda hora estaba consiguiendo medicamentos para ayudarles y procurando resolverles cualquier tipo de necesidad que se les presentara. Así era desde niño; yo creo que él nació con esas ideas”. Estas inclinaciones lo llevaron a ingresar al MOIR hacia finales de 1979.

Por entonces, Francisco asistía a clases en el Liceo Idem “Antonio Nariño” de Puerto Berrío, cuyo consejo estudiantil había sido destruido por la persecución oficial después de que los alumnos colaboraron con el paro cívico local de 1977. La primera tarea que la Juventud Patriótica le encomendó al camarada Foronda fue la reorganización del aparato gremial del Liceo. Simultáneamente, tuvo una participación destacada en la campaña electoral del FUP en 1980, y fue activo dirigente de la invasión, de la cual surgió el barrio “17 de Abril”.

Doña Adela rememora esa época desde el momento en que su hijo llegó un día a la casa diciendo que “a veces le pesa a uno haber nacido”. Extrañada, la madre del reconvino, haciéndole ver que él no tenía de que quejarse, pues, “nada le había faltado”. El muchacho replicó con estas palabras: “Mamá, es que usted aquí metida en la casa no se da cuenta de lo que pasa; de que hay gente enferma por el hambre; de que ocurren muertes por las miserables condiciones de vida. Eso no puede uno soportarlo sin que se le revuelva todo, y hay que hacer lo posible para cambiarlo”. Ya a los 17 años, Francisco Foronda comprendió que para acabar con tan oprobiosa situación no existía camino distinto de la lucha revolucionaria, y a ella dedicó sus esfuerzos y desvelos. En los días de la invasión recolectó por el puerto palos, tablas, retales de lona, tejas, cartones. Hasta se llevó de su casa unas esterillas recién compradas por su padre, argumentando que “aquí están para adorno, mientras hay gentes que no tiene donde dormir”.

En el “17 de Abril”, centenares de destechados que, batallando, conquistaron el derecho a la vivienda, recuerdan a nuestro compañero con aprecio idéntico al de los campesinos de La Carlota, de los obreros ferroviarios con cuyas luchas tantas veces colaboró, de los estudiantes del liceo y, en general, de las gentes humildes de Puerto Berrío. “Todo cuanto uno diga de Pacho tiene que ser en su favor”, sostiene una ama de casa. Su vecino relata que “cuando fundamos el barrio él nos dio ánimos, trasnochó varios días ayudando a construir ranchos, hacer atanores y techar palizadas, y hasta le alcanzaron las fuerzas para cercar dos lotes, que después entregó a un par de familias que no pudieron llegar desde el primer momento”. Y a partir de entonces mantuvo su vinculación con los invasores, contribuyó a su organización y difundió entre ellos las tesis revolucionarias”.

“Un camarada ejemplar”

Precisamente en 1980, Francisco figuró en el segundo renglón de los candidatos del FUP al concejo de Puerto Berrío, y fue designado representante de los estudiantes para llevar la palabra en la multitudinaria manifestación del 1° de mayo, fecha internacional del proletariado. Alguno de los camaradas que compartieron con él tareas, dificultades y satisfacciones, lo recuerda como “un compañero ejemplar; el tipo de militante que el MOIR quiere forjar y cuyas cualidades exaltamos en los mártires de nuestro Partido”.

Entre tanto, la reacción comenzó a poner su mira sobre Francisco Foronda. A finales de aquel año, las directivas del Idem le negaron el cupo para el siguiente, alegando que no podían recibir de nuevo a un joven tan “claramente situado en contra de las instituciones”. Ante la polémica que tal hecho suscitó en el liceo, se comenta que uno de los profesores manifestó:

“En esta institución lo que falta es que haya, ojalá, cincuenta o más Pachos Foronda”.

Lejos de amilanarse, Francisco se esmeró aún más en su trabajo partidario. “Se entregó por completo a la política, relata su madre, y cuando en la casa le reclamamos que estudiara, dijo que no sólo en las aulas se aprendía, que la vida está llena de enseñanzas. Se la pasaba en los barrios y en la vereda, cuando no estaba leyendo aquí en la casa sus libros y su Tribuna Roja. Yo me afanaba por esa situación, pues temía que le fueran a hacer daño. Una vez me dijo que si lo iban a matar por sus convicciones, él moriría contento”.

Durante 1981 Pacho atendió el trabajo del Partido en La Carlota. Allí construyó, en conjunto con los campesinos, un centro de salud que llevará en adelante su nombre. Así lo expresa doña Márgara, una de las personas que conoció su vinculación a la vereda. Con lágrimas en los ojos, dice: “Fue un crimen que hirió al pueblo, y el pueblo ha de llevar por siempre en su memoria a Pacho”. Tulio Bohórquez, dirigente de la liga campesina de la localidad, mueve su cabeza con pesar al rememorar a “ese muchacho que nos trajo tan buenas ideas, que después de tantos golpes que nos da la vida nos hizo ganar fe en el futuro de los que nada tenemos en Colombia”.

La noche del 10 de febrero fue tormentosa en aquella zona del Magdalena Medio. Llovió sin parar durante más de 10 horas. En la madrugada del jueves 11, a unos pocos minutos del borde de la carretera, varios campesinos encontraron el cuerpo de Francisco Foronda, tirado sobre el pasto, húmedo, de cara al cielo, con un balazo en el pecho y otro en la cabeza. Sus asesinos, que sin lugar a dudas fueron agentes de los enemigos del pueblo colombiano, aprovecharon la oscuridad y la borrasca para escabullirse sin dejar huellas. Lo que seguramente no esperaban era que, al correr la noticia, tanta gente exteriorizara su íntimo y profundo pesar. De nada valieron el amedrantamiento y las detenciones que las autoridades llevaron a cabo ese día, porque tres mil personas acompañaron a los moiristas y a los familiares de Francisco Foronda Sierra en el penoso deber de sepultar su cadáver, manifestando a todo lo largo de las calles de Puerto Berrío su indignación y su dolor ante el horrendo crimen.

La muerte de Pacho Foronda, como la de todos aquellos que entregan su existencia por la causa del pueblo, pesa grandemente. No sólo entre sus padres y hermanos, no sólo entre sus camaradas, no sólo entre quienes lo conocieron. Pesa también sobre todo el pueblo colombiano, que, como lo dijera un comunicado del Comité Ejecutivo Regional del MOIR en Antioquia, rendirá el mejor homenaje a su memoria llevando”hasta el final la lucha a la cual dedicó, sin ahorrar esfuerzos, toda su promisoria vida”.

Por lo inquebrantable de su decisión de combate, por la firmeza de sus principios, por la abnegación con que sirvió a los desposeídos, Francisco Foronda es un ejemplo inolvidable para la juventud colombiana.

TRÁGICAMENTE PERECEN DOS CAMARADAS

El 30 de abril murieron Ibagué, en un accidente de tránsito, los queridos camaradas Arcesio Vieda y Félix Amaya dirigentes del MOIR en el Tolima.

Arcesio había nacido en Garzón, Huila, hace 32 años. En 1972 ingresó a las filas del Partido y pronto se constituyó en líder de la Juventud Patriótica en la Universidad Santiago de Cali. Más tarde, como trabajador del Banco del Estado, contribuyó a la organización de los bancarios y se unió a la lucha que estos libraron a finales de 1974. Al ser despedido de su empleo por sus ideas, se fue a trabajar al frente de barrios en Cali. En 1975, acogiendo el llamado del Partido, se vinculó a las masas del campo y a los poblados del norte del Tolima. En este departamento integró el Comité Ejecutivo Regional. Quienes marcharon a su lado en cumplimiento de las bregas partidarias, no olvidarán jamás su entrega ejemplar al trabajo, su ánimo erguido y su férrea voluntad de servir al pueblo.

Félix Amaya era natural de Lérida, Tolima. Contaba con 27 años. Al cumplir los 20 se alistó en el MOIR, vinculándose al frente obrero en Cali. Luego de participar en numerosas movilizaciones y peleas populares, se trasladó al regional del Meta y, en 1976, al del Tolima, regiones ambas donde se hizo querer por las gentes sencillas y ganó nuevos militantes y amigos para la revolución.

En un comunicado hecho público el Primero de Mayo, el Regional del MOIR en el Tolima, dijo: “Nuestro Partido destaca a Arcesio Vieda y a Félix Amaya como auténticos ejemplares comunistas. En ambos la vitalidad de su juventud siempre estuvo a favor de la causa de los de abajo. Llevaron una vida sencilla y combatieron sin tregua contra los déspotas y los oportunistas. La eterna ausencia de estos dos camaradas la convertiremos en vida floreciente para la causa de los oprimidos. ¡Ese es nuestro deber!”.

En las Malvinas: LA JUSTA CAUSA ARGENTINA SE IMPONDRÁ

La contienda que enfrenta hoy a Argentina con el colonialismo inglés en torno a las islas Malvinas es el corolario del atropello cometido por Gran Bretaña hace casi un siglo y medio, cuando los comerciantes de este país, entonces pujante bastión del capitalismo europeo, abrían las rutas para sus mercaderías a punta de cañonazos y conquistas. Tan pronto alcanzó su plena independencia, en 1816, la República Argentina tomó posesión efectiva de todos aquellos territorios sobre los que España ejercía su dominio, dentro de los límites del Virreinato del Río de la Plata, incluido el archipiélago de las Malvinas. Cuando en 1825 Londres reconoció el nuevo Estado Suramericano, no puso en duda los derechos argentinos sobre las islas ni presentó reclamo alguno. Sin embargo, en 1833 y sin que mediara apelación alguna, una escuadra de seis navíos británicos se apoderó de las Malvinas tras aniquilar la brava resistencia de un puñado de gauchos encabezados por Antonio Rivero. El pabellón argentino fue arriado y sustituido por el inglés y las islas fueron rebautizadas con el nombre de Falklands.

Cuando el pasado 2 de abril, 4.000 soldados argentinos desembarcaron en las Islas Malvinas del Sur y Sandwich del Sur e izaron la bandera de su país, pusieron fin al dominio colonial británico sobre el archipiélago, que databa de 1833. Desde esa época, Buenos Aires había reclamado justa e insistentemente la soberanía de los territorios insulares, sin que Londres hubiera dado la menor señal de ceder en su usurpación. En los últimos años, el ya moribundo imperio, que forjara Disraelí una centuria atrás, se aferró con obstinación a sus posesiones del Atlántico Meridional.

No solamente en razón de su anacrónico orgullo de potencia venida a menos, sino porque la zona en disputa y la vecina Antártica cuentan con apetecibles recursos petroleros, minerales y pesqueros. Así, los yacimientos de crudo de las Malvinas calculan en más de 200 millones de barriles, mientras que en la región del Polo Sur se ha comprobado la existencia de reservas de níquel, cobalto, cobre, uranio, plomo, estaño, zinc, plata, oro, hierro, cromo y platino. La fauna de esos mares es abundante en bacalao, crustáceos, ballenas y otras especies ricas en proteínas.

El asalto a las Georgias por parte de las tropas inglesas, los combates aéreos y navales que se han librado en el área adyacente a las Malvinas y la determinación del presidente norteamericano de brindar apoyo a Inglaterra y suspenderlo a Argentina han llevado a su clímax las tensiones prevalecientes en torno a la crisis.

Unión ante la amenaza inglesa
Pocos días antes de la operación sobre las Malvinas, la policía y el ejército argentinos abrieron fuego sobre una manifestación popular que protestaba por el desempleo y el caos económico reinantes en la nación. En seis años de tiranía militar, Argentina ha padecido los horrores de una represión fascista que ha cobrado decenas de miles de víctimas, a tiempo que las masas afrontan una acelerada pauperización. Las rebeldías contra la dictadura venían en ascenso y se palpaba por todos los rincones del país. Sin embargo, la recuperación de las Malvinas y la posterior amenaza bélica de Gran Bretaña terminaron sirviéndole al general Galtieri, por lo menos temporalmente, para refaccionar la maltrecha imagen de su régimen y desviar la atención de los acuciantes problemas que agobian a los argentinos. El 10 de abril, la Plaza de Mayo se colmó con una multitud de más de 200.000 personas que vitorearon a los manifestantes uniformados y los respaldaron en su decisión de conservar el archipiélago. Los sindicatos y hasta grupos proscritos por el ejército, como los Montoneros, dieron a conocer su voluntad de colaborar con el presidente, el cual, en medio de la euforia patriótica, llegó a plantear incluso una posible amnistía política.

En busca de solidaridad
Al otro lado del océano, la Comunidad Económica Europea se colocó unánimemente de parte de Inglaterra, decretando un embargo a la venta de armas y repuestos militares a Argentina y un bloque a todas las importaciones provenientes de la nación suramericana, las cuales pueden sumar unos 1.760 millones de dólares.

El 3 de abril el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, por 10 votos a favor, uno en contra (Panamá) y cuatro abstenciones (Estados Unidos, Unión Soviética, China y Polonia), la resolución 502, basada en una propuesta británica, en la que se exige “el cese inmediato de las hostilidades” y “la retirada de todas las fuerzas argentinas” de las Malvinas. La embajadora estadounidense ante el organismo internacional señaló que en su opinión Argentina era el país agresor y el causante de la crisis.

Ante el revés sufrido en la ONU, Buenos Aires solicitó, el 20 de abril, una reunión de consulta de los cancilleres de la OEA, con la esperanza de que se invocarán las acciones previstas en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Según este pacto, los Estados signatarios (21 en total) están obligados a apoyar económica, política y militarmente a cualquier miembro que sea atacado por una potencia extracontinental.
Cuando fue creado, en 1947 y a instancias de Washington, el TIAR se sumó a las otras alianzas bélicas con que el imperialismo yanqui consolidó su dominación en casi todo el orbe, después de la Segunda Guerra Mundial. No obstante las peticiones argentinas, el foro de la OEA, reunido el 28 de abril, decidió no invocar las medidas del Tratado contra Inglaterra y más bien optó por una resolución que reconoce “los derechos de la soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas”, urge a las partes enfrentadas a no agravar la situación, y deplora los actos coercitivos de la Comunidad Europea que perjudican al pueblo argentino.

Estados Unidos con Inglaterra
Desde un comienzo, Norteamérica mostró una marcada inclinación por la causa colonialista británica. No sólo se opuso a la convocatoria del órgano de consulta del TIAR y a la disposición emanada del mismo, sino que a través de la mediación de Alexander Haig ejerció continuas presiones para que Argentina cediera a las demandas de Londres. El presidente del Senado gringo, Charles Percy, afirmó el 25 de abril, expresando el sentir mayoritario del Congreso:

“Se requiere una exhibición de fuerza en este caso y resulta incuestionable en mi mente hacia donde se encaminan los sentimientos del público. Ellos están solidariamente con el Reino Unido”. El 29, la Cámara de Representantes pidió a Reagan una definición a favor de Inglaterra, y, al día siguiente, la Casa Blanca se decidió por fin a hacer público su compromiso con Gran Bretaña. Luego de acusar a Argentina de intransigente en las negociaciones, el Departamento de Estado enumeró cuatro sanciones contra Buenos Aires: suspensión de cualquier exportación de carácter militar, retención de los certificados que necesitan las empresas yanquis para vender material bélico, congelamiento de nuevos créditos del Eximbank y de las exportaciones de materias primas. Asimismo, el Ejecutivo estadinense dijo que “responderá positivamente” a las solicitudes de ayuda militar de los ingleses.

El gobierno de Washington prefirió apuntalar a su más firme aliado europeo y pieza clave de la OTAN, con el cual ha contado invariablemente para impulsar su estrategia en los cinco continentes.

Una derrota inglesa provocaría la caída del régimen conservador de la señora Thatcher, quien se identifica ciento por ciento con la política exterior de Reagan. Dicho en otras palabras, dentro de los intereses globales de Norteamérica pesa más Inglaterra que Argentina. El pronunciamiento de la superpotencia de Occidente envalentonó a la Primera ministra Inglesa, quien ordenó a su armada redoblar las incursiones contra las fuerzas argentinas.

Muy contados han sido los países americanos que siguieron a Estados Unidos en su conducta. Entre ellos, naturalmente, se encuentra Colombia. Con alegatos de rábula, el canciller Lemos rechazó el documento en que se reconocen los derechos argentinos y en forma desvergonzada concluyó que el ataque de la flota de Su Majestad “no puede ser considerada por más esfuerzos de imaginación que se realicen, como una agresión extra-continental”.

Llegó hasta a insinuar que los colonialistas tenían razón en defender sus dominios. Reafirmando su ya larga tradición de lacayismo, el gobierno oligárquico de nuestro país se sumó en todas las votaciones a los yanquis y se aisló de la inmensa mayoría de las naciones del Hemisferio que se solidarizaron con Argentina.

En las circunstancias por las que atraviesa el mundo, el conflicto de las Malvinas adquiere ribetes de suma peligrosidad. El socialimperialismo soviético no ha ocultado su propósito de aprovechar cualquier oportunidad que le ofrezca la crisis, posando de defensor del pueblo argentino y preparándose para incrementar su penetración en el Continente. Ya La Habana se mostró dispuesta a suministrar apoyo militar a Buenos Aires y el general Galitieri indicó hace unos días que estaba decidió a aliarse “hasta con el diablo” si ello fuera preciso. La situación de guerra en el Atlántico Sur bien puede alterar la correlación de fuerzas de las dos grandes potencias en el extremo meridional del Continente y aumentar las contradicciones que proliferan en esta parte de la Tierra.

El desigual combate que libra Argentina contra el colonialismo inglés y sus aliados europeos y norteamericanos cuenta con la simpatía de los pueblos del mundo. No importa cuán enormes sean los sacrificios que tenga que afrontar el hermano país, ni cuántos barcos y aviones lancen a la batalla sus enemigos; de todas maneras, la causa argentina a la larga saldrá airosa y los poderes de la agresión y la expansión se verán obligados a batirse en retirada.

¡LIBERTAD PARA JUAN SIMÓN RICO!

Desde hace cien días, el ejército mantiene encarcelado a Juan Simón Rico dirigente del MOIR en la intendencia del Arauca y secretario de la organización campesina de esa región, Ocida. El camarada fue arrestado el pasado 25 de enero y trasladado a la cárcel de Yopal, Casanare, donde se le ha querido aplicar el Código Penal Militar con acusaciones desde todo punto de vista falsas.

Ante la falta de pruebas en su contra, las autoridades han demorado los procedimientos, buscando además entorpecer la campaña electoral del FUP en Arauca.

Atropellos en Caucasia
El 28 de marzo pasado, ante centenares de personas reunidas en Caucasia, Antioquia, para presenciar la última etapa de la “Clásica Ciclística del Bajo Cauca”, un policía disparó contra Nicolás Pasos Zabaleta, de 24 años, popular deportista y comerciante de la localidad. Nicolás fue conducido posteriormente al hospital, pero falleció antes de llegar.

En las primeras horas de la noche se presentaron airadas manifestaciones de protesta en los barrios periféricos, y al día siguiente más de 15 mil vecinos del pueblo convirtieron el entierro del compañero en un acto de denuncia contra el gobierno. Cuando el cortejo fúnebre iba llegando al centro de la población, elementos de la fuerza pública disolvieron la marcha e hirieron a otras cinco personas. La ciudad fue militarizada por unidades del ejército traídas desde Montería, Montelíbano y Medellín, y el 30 de marzo quedaron detenidos 16 ciudadanos, a quienes la justicia penal militar condenó a 12 meses de cárcel. Entre ellos figura María Eugenia Arteaga Giraldo, militante del MOIR.

PROTESTA EN LOS FF.NN.

El 5 de abril se cumplió con éxito en todo el país el paro de 24 horas programado por el Comité Ejecutivo del Sindicato Nacional Ferroviario, Sintrafer, que preside Santander Orellanos, como en anteriores oportunidades los trabajadores exigen que la empresa se ponga al día en el pago se salarios y, además, que cancel al Fondo Social, encargado del servicio médico, una crecida deuda de 170 millones de pesos, indispensables para que la entidad pueda mantener los servicios asistenciales.

Otros conflictos
Prosiguen entre tanto las negociaciones en la Caja Agraria, donde están a punto de culminar, sin resultado alguna, la etapa de conciliación, los 13 mil asalariados han efectuado ceses parciales en demanda de una solución justa al diferendo. Tampoco hay acuerdo en la Federación Nacional de Cafeteros, cuyos siete mil operarios se aprestan a defender sus reivindicaciones bajo la orientación de Sintrafec

En Sittelecom quedó firme la resolución 00580 del 28 de enero de 1982 mediante la cual se legalizó la espurea junta directiva impuesta en 1981 por una minoría patronal. El sector mayoritario ha sido excluido en forma arbitraria de la dirección sindical, aunque, como lo indicó Agustín González en su intervención del 1° de mayo en el teatro Atenas, de Bogotá, las fuerzas más consecuentes del sindicato han lanzado una contraofensiva en todos los frentes, apelando al fallo democrático de los asalariados.