PLATAFORMA DE LUCHA

1.Impulsar la lucha por la defensa y ampliación de las libertades y derechos democráticos y sindicales. Contra el estado de sitio y las medidas represivas del gobierno.

2.Combatir contra la Constituyente, las reformas laboral, educativa, administrativa y el Estatuto Docente.

3.Impulsar la lucha por aumento general de salarios y por mejores condiciones de vida y de trabajo de los asalariados colombianos. Desarrollar la más amplia solidaridad revolucionaria con todos los sectores populares en conflicto.

4.Impulsar y apoyar las invasiones a los latifundios y las luchas de los campesinos contra el poder terrateniente.

5.Impulsar y respaldar las luchas de los desempleados colombianos por el pan y el trabajo.

6.Impulsar, respaldar y difundir el arte y la cultura revolucionarios que contribuyan al desarrollo de las tareas nacionales y democráticas.

7.Impulsar la solidaridad efectiva con la lucha de los pueblos hermanos de América latina, Asia y África. En particular con la reivindicación panameña sobre la soberanía sobre el Canal; con la resistencia del pueblo chileno contra el gobierno de Pinochet; con los heroicos combates de las masas argentinas, uruguayas y bolivianas contra las dictaduras que las oprimen; con el pueblo brasileño y todos los pueblos Latinoamericanos que combaten contra el sojuzgamiento externo y por un desarrollo libre, independiente y democrático.

Firman:
Por ANAPO: Jaime Jaramillo Panesso
Germán Gutiérrez
Álvaro Bernal Segura
Por el MAC: Jorge Regueros
Margoth Uribe de Camargo
Por el MOIR: Otto Ñáñez
Marcelo Torres
Por CDPR: Jorge Rodríguez
Carlos Vanegas

PESCADORES DEFIENDEN SOBERANÍA NACIONAL

Acusan al gobierno de entrega de las riquezas marítimas

Guillermo García, secretario general de la Asociación Nacional de Pescadores Artesanales (constituida en Bogotá el 28 de abril) responsabilizó a la Texas Petroleum Company por la irreparable infestación de las aguas del litoral Pacífico por el hundimiento, hace varios meses, del buque Saint Peter, con 300.000 barriles de petróleo, y acusó al gobierno de no tomar las medidas adecuadas que impiden el inminente estallido del barco. Mientras las gruesas manchas se propagan frente a Tumaco y caseríos vecinos, las autoridades civiles y militares, a sueldo de la Texas, se declaran impotentes para contener la palpable amenaza que arruinará totalmente a miles de pequeños pescadores.

“La lucha, única salida”

Dijo también el directivo sindical que la acción de los terratenientes, dueños y señores de los playones aledaños a los grandes ríos, constituye otra amenaza para los 250 mil pequeños pescadores del país. Informó que, por ejemplo, las ciénagas del Cauca y San Jorge, refugio indispensable para la conservación de las especies, están siendo desecadas por los latifundistas de Antioquia y Córdoba. Numerosas familias que ocupaban las playas del San Jorge fueron desalojadas en días pasados. “La lucha es nuestra única salida” señaló.

Defensa de la soberanía marítima

Siguió diciendo Guillermo García que mientras a las empresas imperialistas y a los monopolios pesqueros se les permite moverse a su antojo por los mares y ríos de la patria, el pescador colombiano es hostigado sin descanso por el Inderena, con base en los arbitrarios reglamentos y prohibiciones. “Las zonas de pesca más ricas del país son invadidas por barcos de bandera estadinense, pero la Armada Nacional se cruza de brazos, indiferente a la manifiesta violación de nuestra soberanía y al saqueo de la fauna marina”. Y concluyó, “La nueva asociación tendrá como uno de sus objetivos fundamentales la lucha por el límite de mar territorial de las 200 millas, garantizando una franja costera de cinco para pesca artesanal. Esta es una de las banderas vitales de nuestra independencia nacional”.

CONSTITUIDO EL FRENTE, LANZADO PIEDRAHITA Y ABIERTA LA CAMPAÑA

El II Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria.

CONSIDERANDO:
1.Que el país, como consecuencia de la dominación imperialista norteamericana que se ejerce sobre Colombia con la complicidad de las clases dominantes, actualmente representadas en el gobierno bipartidista de López Michelsen, atraviesa la peor crisis económica y social de su historia.

2.Que la única solución a dicha crisis es la liberación nacional del yugo imperialista norteamericano, el derrocamiento del actual Estado oligárquico y la instauración de un nuevo Estado revolucionario, mediante la conformación del más amplio Frente de Liberación Nacional que logre la unidad de la clase obrera y la alianza de todas las clases, capas, personas, partidos y movimientos revolucionarios, democráticos y antiimperialistas.

3.Que en las próximas elecciones presidenciales convocadas para 1978 por la oligarquía dominante en el poder del Estado, ésta pretenderá una vez más, para salir del atolladero en que se encuentra, engañar al pueblo colombiano presentando como mesías salvadores a los candidatos oficiales liberales y conservadores, representantes genuinos de los intereses del gran capital norteamericano, de la gran burguesía y de los grandes terratenientes.

4.Que todas las fuerzas populares y revolucionarias deben aprovechar dichas elecciones para desenmascarar a los auténticos enemigos del pueblo, para avanzar en el proceso de unidad de las fuerzas revolucionarias y para ampliar su influencia nacional

RESUELVE

1.Crear el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP). Este realizará su actividad revolucionaria de conformidad con el programa aprobado en el I Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria, y con la Declaración Política, las Normas Democráticas de Organización y la Plataforma de Lucha adoptadas por el Frente por la Unidad del Pueblo.

2. Participar a través del Frente por la Unidad del Pueblo en las próximas elecciones de 1978, agitando su Programa y su plataforma de lucha.

3.Proclamar como candidato presidencial del Frente al compañero Jaime Piedrahita Cardona.

4.Declarar abierta la campaña electoral revolucionaria del Frente por la Unidad del pueblo y reiterar la disposición de sus organizaciones integrantes para lograr la unidad con todas la s fuerzas populares y revolucionarias del país, para lo cual el Foro otorga las más amplias facultades en el adelantamiento de dichas gestiones al compañero candidato presidencial Jaime Piedrahita Cardona.

Por ANAPO: Jaime Jaramillo Panesso, Germán Gutiérrez Arroyo, Álvaro Bernal Segura.
Por el MOIR: Marcelo Torres, Otto Ñáñez.
Por el MAC: Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta.
Por los CDPR: Avelino Niño, Jorge Rodríguez.

ACIA CONDENA POLÍTICA AGRARIA DE LÓPEZ

Condenar todas y cada una de las medidas agrarias del régimen, denunciar el divisionismo de los agentes del Ministerio de Agricultura y su espurio “VII Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos” y llamar el gremio al fortalecimiento de la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos (ACIA), fueron algunas de las principales conclusiones adoptadas unánimemente por la XXXI Asamblea General de este importante sector de profesionales, que deliberó en Santa Marta del 16 al 19 de junio, con Hernán Pérez, presidente de la Asociación, como coordinador.

Los siguientes son apartes del principal documento aprobado, bajo el título de “Declaración sobre la política agraria y cafetera de López”: “La política agraria de López Michelsen ha constituido el más claro freno al desarrollo de la producción nacional, ocasionando la miseria de campesinos pobres, la quiebra de medianos y pequeños productores y empresarios agrícolas no monopolistas, y sumiendo al gremio de ingenieros agrónomos en la más aguda situación de desempleo y persecución.

“El manejo de la bonanza cafetera ha demostrado nítidamente que el gobierno de López y la Federación Nacional de Cafeteros están al servicio de un puñado de bancos extranjeros, grandes terratenientes y traficantes exportadores e importadores. “El endeudamiento y las importaciones constituyen las políticas que caracterizan la naturaleza del régimen vendepatria que asola a Colombia, y han sido caminos expeditos para el control absoluto de las arterias vitales de la economía del país por parte del capital financiero norteamericano y su carnal colombiano”.

Jaime Piedrahita Cardona: “MI CANDIDATURA NO SERÁ RETO PARA NINGÚN SECTOR DE IZQUIERDA”

Compañeras y compañeros:

Después del complejo recorrido que caracteriza todo proceso revolucionario, se reune este II FORO NACIONAL DE LA OPOSICIÓN. Los puntos sometidos a nuestro estudio no pueden ser más importantes. Constitución del Frente por la Unidad del Pueblo, ratificación de los acuerdos pactados en el I Foro, es decir, el programa, las normas democráticas de funcionamiento y la resolución política sobre el actual gobierno, y como temas absolutamente nuevos, la iniciación de la campaña electoral revolucionaria y la designación del candidato presidencial que encarne las aspiraciones de la Colombia nacionalista, popular y revolucionaria. En su orden me refiero a estos temas.

Inicialmente la constitución del Frente se encontraba dentro de los objetivos del I Foro del pasado 18 de febrero. Deliberadamente aplazamos su constitución para ampliar el plazo de discusión democrática con las fuerzas políticas que no asistieron y no colocarlas ante el hecho cumplido de su existencia. En su reemplazo se creó la Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo que hoy se transforma en su organismo más estable, en su instrumento más idóneo para librar las batallas libertarias que se aproximan.

Se reafirma la unión

En el tiempo transcurrido desde el Primer Foro hasta el presente hemos consolidado la alianza allí pactada y hemos vinculado a amplios sectores de masas al poderoso ejército de la unidad revolucionaria. Hemos igualmente conquistado la claridad indispensable acerca de los principios y propósitos que no se pueden abandonar en esta empresa y cuyo patrimonio pertenece de manera exclusiva al conjunto de las clases populares de Colombia.

El 18 de febrero pasado aprobamos un programa, que centra la dirección fundamental de la lucha que los colombianos debemos adelantar contra el enemigo principal que explota la nación y oprime al pueblo: contra el imperialismo norteamericano. El frente que hoy constituimos busca por tanto la unidad de todas las fuerzas antiimperialistas, asegurando así la victoria de la lucha centenaria por la independencia nacional y por la soberanía de Colombia. Cobijados por tanto en la lucha contra el imperialismo norteamericano por un programa cuyas características le son inseparables al Frente Revolucionario, hemos igualmente decidido sostener el no alineamiento internacional del Frente en el conflicto actual del movimiento revolucionario mundial. Creo no exagerar, pero del mantenimiento de nuestros puntos de vista sobre las consideraciones anteriores, depende el éxito de la victoria revolucionaria de Colombia.

Proponemos la defensa de un programa como el que alumbró el camino victorioso y mil veces heroico del Vietnam glorioso, como el de Laos y Camboya, como el que inspira la lucha de los movimientos de liberación nacional de los países del Tercer Mundo; de los pueblos africanos, árabes, asiáticos y de América Latina; como el programa de unidad revolucionaria que proclamaron los artífices de la Revolución Cubana y con el cual lograron unir a todo el pueblo, derrotar la tiranía y expulsar al opresor extranjero norteamericano del territorio sagrado de la hermana república de Cuba.

La democracia dentro del Frente por Unidad del Pueblo tiene que ser el reflejo del Estado Popular y Democrático que aspiramos a construir en el futuro. Todos, absolutamente todos, somos portadores de iguales derechos y deberes, mutuos y recíprocos, que, fundamentados en el respeto por todos y cada uno de los partidos, movimientos y personalidades que hoy nos integramos y con otras fuerzas con las cuales lleguemos a unirnos más adelante, deje claramente establecida la diferencia de los métodos y procedimientos que utilizamos los revolucionarios, en contraste con los atropellos bochornosos y repugnantes de que hace víctima al pueblo la camarilla de la oligarquía liberal-conservadora.

Ambos instrumentos, el programa y las normas democráticas, forman parte ya de la gran batalla política librada victoriosamente por las clases populares. Por ello afirmamos con energía que nos uniremos con todos aquellos, cualesquiera que sean las diferencias secundarias ideológicas, políticas, históricas o religiosas que mantengamos, sobre la base única de que esta no es una empresa de insignificantes objetivos, sino una lucha por coronar la tarea de gigantesca magnitud de ganar para Colombia su derecho inalienable de ser una República libre y soberana.

Que nadie nos pida que el contenido antiimperialista de nuestro programa se disipe o mimetice. Con gusto le diremos que no podemos complacer tan sospechosa y reaccionaria petición. Suelen acusarnos los portaestandares de la oligarquía liberal-conservadora de ser monotemáticos, al construir como eje de nuestra acción política la lucha nacionalista, popular y revolucionaria por la liberación nacional. Detrás de todas estas acusaciones sólo se esconden los propósitos protervos de los escogidos a ser sobornados por las compañías imperialistas.

Representamos los intereses de las mayorías
Agotan sus facultades mentales los ideólogos de los partidos tradicionales intentando la confección de novedosos programas para los candidatos presidenciales del continuismo. Incluso el país presencia enardecido el espectáculo que le ofrece la oligarquía conservadora que, usufructuando la mitad del Poder, intenta presentarse como alternativa política al corrupto gobierno ejercido por el portavoz de la oligarquía liberal, Alfonso López Michelsen. Pero se equivocan, nadie jamás podrá creer que representantes de los partidos tradicionales puedan ser alternativa unos de otros para ejercer el poder beneficioso de las mayorías nacionales. La oligarquía liberal-conservadora, unida o, lo que es peor para ella, dividida, será colocada por el devenir de la sociedad en el sótano de la historia, que es el sitio donde sepultan los pueblos a sus verdugos del pasado.

La oligarquía de los partidos tradicionales representa, pues, lo hemos repetido y lo repetiremos hasta el cansancio, idénticos intereses de clase e idénticos intereses proimperialistas.

Y si la norma de oro que habían descubierto para mantenerse en el poder, la unidad oligárquica bipartidista, se encuentra rota, es porque la crisis en muy profunda. Es toda la sociedad colombiana la que se convulsiona enardecida contra la política de saqueo y pillaje continuados, que ejercen en el país un minúsculo grupo de grandes burgueses y terratenientes que han lanzado horrorizados, ante el derrumbamiento estrepitoso de su propio engendro, el grito cobarde de sálvese quien pueda.

Nos constituimos de esta manera en la única alternativa de gobierno popular en Colombia. No nos corresponde a nosotros ampliarle el plazo a la reacción para su permanencia en el control del Estado, sino acortar el calendario para la toma revolucionaria del Poder para el pueblo.

Las fuerzas revolucionarias debemos prepararnos para asumir el control político del Estado. ¿Que somos una minoría? Ningún descubrimiento sensacional y de registro histórico hacen quienes tan estrechamente razonan.

Como decía José Martí: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”. Y nosotros representamos los interese de las inmensas mayorías populares y nacional, que en ascenso creciente están dispuestas a darle la estocada mortal al agonizante Estado oligárquico y proimperialista que camina cuesta abajo, agobiado por el insoportable peso de sus delitos y crímenes.

Yo lo único que pido es que seamos capaces de atrevernos. Confiemos en la fuerza infinita de nuestros propios recursos. Y si así lo hacemos, las más inmortales y mejores páginas de la historia de la Revolución Colombiana las escribirá el pueblo en el inmediato futuro, en el despertar más temprano de nuestra propia existencia.

López les cumplió a los imperialistas
Igualmente ratificamos hoy la Resolución Política que contra el gobierno más expoliador y represivo que haya conocido la historia nacional, el actual régimen lopista, aprobamos en el I Foro del 18 de febrero.

El hijo del Ejecutivo, ungido por el imperialismo y por la oligarquía liberal-conservadora como nuevo mayordomo de sus intereses de explotación y saqueo, ha cumplido a cabalidad con su papel, utilizando para ello no sólo los instrumentos que le otorga la Constitución oligárquica, sino generalizando además la más cruda y aguda represión contra el pueblo, que a su vez ha respondido con múltiples y heroicos combates que se han sucedido ininterrumpidamente a lo largo y ancho del territorio nacional.

López Michelsen le cumplió al imperialismo manteniendo el saqueo de los recursos naturales y colmando de privilegios a las compañías norteamericanas que los explotan, agigantando la deuda externa a través de onerosos empréstitos y entregando el control y la planificación estatales a las misiones de losa bancos norteamericanos.

López Michelsen les cumplió a sus amos con la implantación de la reforma tributaria que arruina a trabajadores y productores nacionales y exonera del pago de impuestos a monopolios y latifundistas; con las medidas monetarias que patrocinan la especulación y la usura del capital financiero, colmando de privilegios a banqueros y agiotistas, monopolizando el crédito y entronizando el mercado negro de valores.

López Michelsen les cumplió a los terratenientes institucionalizando la ley de aparcería, garantizando la permanencia del gran latifundio y el incremento de la renta de los señores el campo, a través de la explotación del trabajo de millones de campesinos sin tierra.

López Michelsen le cumplió a la oligarquía colombiana implantando el estado de sitio, recortando los derechos democráticos de los trabajadores y del pueblo, sosteniendo los tribunales de arbitramento y condenando en consejos verbales de guerra a dirigentes obreros y populares.

López Michelsen es deudor ante el pueblo colombiano por las vidas de numerosos combatientes, estudiantes, obreros y campesinos caídos bajo las balas asesinas de su régimen.

López Michelsen le ha cercenado al pueblo colombiano el derecho a la educación y a la asistencia pública clausurando universidades y hospitales.

Este régimen les arrebató a los pequeños y medianos productores de café los ingresos provenientes del mayor precio del grano en el mercado internacional, para entregarlo al minúsculo grupo de exportadores e importadores de la Federación Nacional de Cafeteros. Este régimen ha sumido a nuestro país en una de las peores crisis por las que haya atravesado, ocasionada por la quiebra de la producción nacional, la consiguiente escasez de alimentos, el alza sin precedentes del costo de vida, la elevación de las tarifas de los servicios públicos, todo como producto del apuntamiento de la dominación imperialista y del régimen terrateniente.

Nunca como hoy las clases dominantes representadas por López habían alcanzado tal grado de descomposición y corrupción.

La sociedad se debate en medio del asfixiante ambiente que le produce el permanente asalto al tesoro público por parte de los altos funcionarios del gobierno. Además, la historia de la Handel se repite en desmesuradas proporciones, con las fabulosas gabelas y negociados de la familia presidencial, propietaria, entre otras, de la única “libertad” que existe en Colombia.

Pretende el gobierno cerrar con broche de oro su mandato, violando incluso su propia legalidad con la aprobación de la reforma constitucional, convocatoria de la denominada asamblea constituyente. Intenta así la oligarquía dotarse de un instrumento jurídico para perpetuarse en el poder y para legalizar los más criminales atropellos contra los derechos democráticos y las libertades públicas.

Pero se equivocan una vez más. Por encima de la legalidad burguesa, el pueblo unido instaurará en Colombia un Estado de obreros y campesinos, de intelectuales progresistas y de profesionales, de capas medias de la población que siente las bases para construir en nuestra patria la sociedad futura sin explotados ni explotadores.

Acepto la candidatura presidencial
Armados de todo lo anterior haremos nuestra campaña electoral. Para los revolucionarios la campaña electoral es una batalla más en la larga lucha por la liberación definitiva de nuestra patria. Participamos en ella para divulgar nuestro programa, para desenmascarar la política y los candidatos del régimen y para llevar nuestra influencia a los más amplios sectores de la población.

Los partidos integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo han presentado mi nombre a la consideración del Foro como candidato presidencial revolucionario. Yo acepto. Y siendo una candidatura formalmente proclamada, aceptada y que ejecutará el mandato de recorrer todo el país encauzando los deseos unitarios del pueblo, lo primero que quiero anunciar es que esta candidatura jamás será un reto para ningún sector de izquierda, para ningún sector revolucionario de oposición. Enfrentaremos fundamentalmente a los candidatos del régimen, a todos cuantos quieran incluirse en el desplumado abanico liberal-conservador con el que la oligarquía pretende una vez más inútilmente embaucar a las masas populares. Ni Lleras, ni Turbay, ni Betancur, para mencionar sólo a quienes podrían tener más posibilidades, merecerán una sola consideración de nuestra parte.

Mi nombre ha sido presentado por mi partido, la Alianza Nacional Popular, por mi partido al que he dedicado toda mi vida, porque lo entendí siempre como instrumento de redención popular. Y cuando comprendí que había algunos que lo consideraban como un patrimonio familiar inembargable, no vacilé un instante en colocarme bajo las órdenes de mi jefe José Jaramillo Giraldo para librar la batalla victoriosa por la participación de la ANAPO en la unidad revolucionaria y antiimperialista.

La ANAPO, repito una vez más, está aquí. La ANAPO que fundé con el general Rojas Pinilla nos acompaña en su integridad política y organizativa. Que otros se queden con los apellidos que nosotros nos quedaremos con el pueblo revolucionario.

Mi actividad política nació con la misma Alianza Nacional Popular y ninguna sospecha, puede despertar mi nombre ante el pueblo. Como hombre de palabra que soy, la empeño una vez más. Si acabamos de librar una batalla interna en el seno de la ANAPO contra el oportunismo y la reacción, y si la hemos ganado, no será para vacilar ante la oligarquía pro-imperialista, sino para colocar nuestro esfuerzo al servicio de la unidad total de las masas revolucionarias.

Los puntos del Programa Revolucionario

De ahí que mi programa presidencial sea el acordado por la Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo, que sintetizadamente lo expreso de la siguiente manera:

1. Liberar al pueblo colombiano de la dominación imperialista norteamericana y de la oligarquía explotadora; Y construir una patria independiente, soberana, popular, libre de toda opresión y sojuzgamiento externo, en marcha al socialismo.

2. Instaurar, a través de la vía revolucionaria, un estado nuevo de todas las clases, capas, sectores, partidos, personalidades y demás fuerzas revolucionarias, democráticas y antiimperialistas, que esté sustentando en la alianza obrero-campesina y sea instrumento de poder popular.

3. Nacionalizar el petróleo y todos los recursos naturales, los monopolios nacionales y extranjeros, incluyendo la banca y las corporaciones financieras, los complejos agro-industriales, el comercio exterior y las áreas estratégicas de desarrollo de la economía nacional.

4. Confiscar la tierra de los grandes terratenientes y entregarla a los campesinos que la trabajan: proteger la pequeña y mediana propiedad rural. Defender los intereses fundamentales del proletariado agrícola.

5. Estimular el aumento de la producción nacional de acuerdo con las necesidades del pueblo, mediante el apoyo a la mediana y pequeña industria y comercio, a través del control y la planificación estatales, en procura de un desarrollo próspero e independiente que siente las bases de la sociedad socialista.

6. Defender todos los intereses del pueblo y sus reivindicaciones políticas y económicas. Asegurar a las minorías indígenas nacionales sus tierras, derechos y cultura. Establecer una reforma urbana que suprima los pulpos urbanizadores y las oficinas de arrendamientos y garantice al pueblo el derecho a la vivienda. Luchar hasta implantar un sistema de asistencia social que asegure el derecho a la salud, a la recreación, al deporte y a la protección de la niñez y la vejez.

7. Garantizar los derechos de reunión, organización, expresión y movilización de las clases revolucionarias y sectores populares; De sindicalización, contratación y huelga para todos los trabajadores, sin excluir los de servicios públicos; de libertad de cultos; de igualdad de derechos, sin discriminación de sexos ni de razas.

8. Impulsar la lucha de los estudiantes, educadores, intelectuales, escritores, artistas y del pueblo entero por desarrollar una cultura nacional y científica al servicio de las grandes masas. Garantizar la enseñanza gratuita a todos los niveles. Establecer el control estatal y popular sobre los medios de comunicación masiva.

9. La revolución colombiana hace parte de la revolución continental y se integra por lo tanto en el gran frente de liberación nacional de los pueblos oprimidos de Asia, África y América Latina. Apoyar a todos los países socialistas, al movimiento obrero internacional y a los movimientos revolucionarios de todos los países.

Me ofrezco como garante de la unidad
Me compromete y me obliga para con el pueblo y para con la revolución colombiana el respaldo que he recibido de los partidos aliados. Del movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) y de su dirigente nacional Francisco Mosquera, apoyo insustituible de todo este proceso y de esta empresa común; del Movimiento Amplio Colombiano (MAC) y de su dirigente Gilberto Zapata Isaza; de los Comités Democráticos Populares y Revolucionarios y de su dirigente Avelino Niño, y de las personalidades independientes y revolucionarias, encabezadas por Diego Montaña Cuéllar.

Me obliga y me compromete en especial la presencia de ese ejemplo vivificante que se llama José Jaramillo Giraldo.

Comparto este compromiso con mi compañera Amparo Echavarría de Piedrahita, solidaria conmigo en esa lucha.

Convoco desde esta tribuna de la revolución, nuevamente, a la unidad al Partido Comunista y a todas las fuerzas revolucionarias y patrióticas. Juntos podemos coronar más rápidamente la tarea común de libertar a Colombia y su pueblo. Me ofrezco si el Partido Comunista lo desea, como garantía de que le serán respetados sus derechos como igualmente serán respetados los derechos de todos los partidos revolucionarios. Hoy que ha nacido el Frente por la Unidad del pueblo, he dejado de ser sólo el candidato de la ANAPO para convertirme en el candidato de la revolución colombiana.

¡Viva la Unidad de las fuerzas revolucionarias!
¡Viva el futuro socialista!

OBREROS DE PLANTA DE SODA REALIZARON PARO SOLIDARIO

El 6 de junio emprendieron el camino del paro indefinido 1.500 obreros de la planta de Soda de Mamonal, Cartagena, pues la empresa había despedido la víspera a muchos de los marineros que hacen la ruta a las salinas de Manaure, cuando se resistieron a embarcar ante el pésimo estado de las motonaves. El resto de los obreros de la Planta de Soda, al solidarizarse con los tripulantes, condicionó la reanudación de labores al reintegro de los destituidos y al otorgamiento de garantías contra la inseguridad industrial y la contaminación. El paro se levantó el 22 de julio.

Desalojo de los pescadores

El presidente de la Planta de Soda le garantizó al país, a principios de marzo, que no había contaminación en la bahía de Cartagena. El 27 de abril, muestras de laboratorios privados demostraron que una sustancia tóxica, el metil-mercurio, comenzaba a alojarse en los tejidos de los peces. Aprovechando esta revelación, el gobierno dictó un decreto prohibiendo la pesca en las aguas que bordean a Barú, Tierrabomba y Bocachica.

Al mismo tiempo amenazó con la clausura de la empresa productora de materias primas indispensables para la industria química. Directivos sindicales sostuvieron al respecto que de consumarse tal proyecto, millares de hogares se verían abocados a la indigencia. El cierre de la factoría, cuyo principal accionista es el IFI, obligaría al país a importar de los Estados Unidos los mismos productos que hoy son elaborados por la planta de Soda.

En lugar de poner en marcha eficaces medidas contra la contaminación, el gobierno la utiliza para llenar los bolillos de unos cuantos privilegiados y favorecer los intereses imperialistas. López Michelsen, cuyos allegados poseen en las cercanías de Cartagena islas enteras dedicadas al turismo, sí abriga el propósito de limpiar la bahía, pero de pequeños y medianos pescadores, que derivan del mar su diaria subsistencia.

“LOS COLOMBIANOS DECIDIRÁN SU PORVENIR SIN INTROMISIÓN AJENA”

Francisco Mosquera

Compañeras y compañeros:

Advertíamos el 18 de febrero que el movimiento unitario que de tiempo atrás vienen gestando las fuerzas revolucionarias colombianas se desplaza a paso de carga, fortaleciéndose cada vez que en su camino brotan obstáculos artificiales o reales que pretenden vanamente contenerlo y ganando con el transcurrir del calendario en extensión y profundidad. Este 15 de julio vuelve y ratifica la vigencia histórica de la unidad del pueblo que estamos propiciando. Una política consecuentemente unitaria, que no inventa pretextos para excluir a las organizaciones y personas dispuestas a batallar hombro a hombro con nosotros contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos que depauperan y deshonran a Colombia; una política que no florece ni marchita ramilletes de candidaturas presidenciales, según vayan aconsejando circunstanciales intereses de secta, ni sacrifica la gran batalla por el frente único antiimperialista, a cambio del inoportuno y pequeño pleito por aislar a uno o varios partidos susceptibles de contribuir al debilitamiento de los enemigos principales; una política, en fin, que no necesita recurrir a la amenaza ni al halago, porque se halla solidariamente engastada sobre una base inmodificable de principios, por los cuales hemos luchado, hasta generalizar el convencimiento de que la unidad del pueblo únicamente será viable mediante la observancia de tales principios mínimos y definitorios.

Si echamos una mirada retrospectiva a los últimos cinco años observamos cómo la revolución colombiana ha obtenido ciertamente conquistas de enorme importancia. Después de haber hecho conciencia de que su triunfo en esta etapa será fruto de la alianza de todas las clases, sectores y partidos antiimperialistas, ha estado inclinando a su favor la prolongada contienda porque dicha alianza se concrete en torno a un programa que contemple las reivindicaciones fundamentales económicas y políticas de las diversas fuerzas integrantes del pueblo, y a través de la estricta aplicación de unas normas democráticas de relación y funcionamiento. Los conatos de frentes revolucionarios en Colombia han fracasado o por falta de claridad acerca de los postulados programáticos o por desconocimiento de la democracia en su organización. Por eso no transigimos cuando se intenta prescindir o socavar estas dos piedras angulares de la unidad.

Ustedes recuerdan que no hace mucho ciertos grupos de los que prefabrican argumentos para poder combatirnos, nos increpaban injustamente el que no tuviéramos una concepción de largo alcance del frente, sino criterios meramente electorales del mismo. Olvidando esta acusación, algunos de ellos, ante la evidencia de que los plazos de espera se han vencido y de que entramos por la fuerza de los días en el terreno de las definiciones, nos han propuesto a última hora que elaboremos una simple plataforma programática electoral, sin pretensiones estratégicas, a la cual nos sumemos todos e impidamos la división de la izquierda. Es decir, que se merme el programa para que se engrose el frente. ¿Cuáles serían los objetivos de semejante avenimiento? Batallar contra la carestía, contra el desempleo, contra el hambre, contra el analfabetismo, contra el estado de sitio, contra las reformas oligárquicas y en pro de una que otra reforma progresista. En una palabra, que utilicemos el debate electoral para arremeter primordialmente contra los efectos de la crisis de la sociedad que agoniza y silenciemos las causas y las soluciones revolucionarias de aquella. Triste papel para una revolución que además de ir a elecciones manipuladas por sus enemigos y de someterse por su relativa debilidad a comicios cuyas reglas de juego son la negación misma de la democracia, renuncia voluntariamente a la única ventaja que le reporta la lucha electoral, cual es la de educar y organizar al pueblo con las explicaciones justas concernientes al origen de todos los males de la nación y de las masas, sin dejar de condenar concretamente a los beneficiarios y sustentadores del orden caótico y despótico que languidece, y sobre todo con propaganda y agitación de las transformaciones revolucionarias que pide y permite el desarrollo social del país.

Lo contrario sería contaminarnos del oportunismo de los partidos tradicionales que suelen maldecir también los resultados de su catastrófica gestión de más de siglos y medio y ofrecen en cada periodo eleccionario bálsamos que son peores que las enfermedades que dicen atacar. Acaso López Michelsen, por ejemplo, no denunció el alto costo de la vida legado por el gobierno Pastrana y alardeó demagógicamente con que su mandato sería un paraíso de garantías y buenaventuras. Y tras este mercader de milagros hubo grandes romerías de creyentes, incluyendo no pocos conmilitones de la oposición que disimulaban su impudicia con los conjuros de que apoyaban lo “bueno” pero combatirían lo “malo” del lopismo.

Hoy el alza de los precios es varias veces superior a la de cualquiera de los regímenes frentenacionalistas y el estado de sitio, al igual que en los tres decenios anteriores, ha sido la forma predilecta de gobernar por los continuadores de la coalición liberal-conservadora proimperialista, con su cuadro dantesco de obreros, campesinos, estudiantes e indígenas asesinados, sindicatos ilegalizados, universidades allanadas, dirigentes populares encarcelados y poblaciones enteras reprimidas y encarnecidas. Debido a ello, contra toda la feria de ilusiones, levantamos la denuncia que este cuatrienio era, antes que nada, un “mandato de hambre, demagogia y represión”, que hoy corean sin distingos los explotados y oprimidos de Colombia.

Vale la pena agregar y destacar que la campaña en cuyos umbrales nos encontramos, a pesar de sus complejidades y larga duración, se llevará a cabo en condiciones excelentes para las fuerzas revolucionarias. Desde los cuatro vientos nos llega el mensaje del descontento y la rebeldía crecientes de las masas trabajadoras; el proletariado reagrupa sus filas bajo sus banderas de clase; los campesinos impulsan sus organizaciones independientes de la influencia oficial y sus acciones estremecen las zonas rurales, y los estudiantes, educadores y artistas revolucionarios no le ceden al régimen y con sus proclamas reavivan el pebetero de la nueva cultura. La revolución avanza firme, segura, inconteniblemente. Esto por una parte y, por la otra, los imperialistas norteamericanos y la minoría oligárquica vendepatria que los sustenta afrontan grandes dificultades en el obstinado empeño de antener a Colombia atada a su coyunda. Sus medidas son cada vez menos efectivas para apacentar el rebaño. La coalición imperante se desgasta y fatiga en camorras internas, sin hallarle una salida satisfactoria a sus insalvables contradicciones. La hidra de la corrupción devora uno a uno los miembros del cuerpo burocrático – militar del Estado, sin excluir a la familia presidencial, que descuenta por derechas en escandalosos negociados por los servicios cumplidos a la patria de los Corleone de las altas finanzas y de la gran propiedad inmobiliaria. El pánico les sube con las multifacéticas manifestaciones cotidianas de la descomposición prevaleciente, al ver cómo se les va desplomando en sus propias narices el reino dorado que creían sempiterno. Ni con el espantapájaros del golpe cuartelario lograrán restar el empuje a la revolución, ya que los desposeídos de las estribaciones de las tres cordilleras andinas también han hecho suya la enseña inmortal de Espartaco: los esclavos no tienen más que perder que sus cadenas. Y tienen, en cambio, un mundo por ganar. Por consiguiente, saludamos alborozadamente la crisis, hasta que toque fondo, a sabiendas de que las cosas han de dañarse por completo para que puedan remediarse y comprendiendo que mientras más avanzada sea la noche más cercano estará el amanecer.

¿En tan favorable situación cómo vamos, pues, a encarar los revolucionarios el debate electoral? Cuando los politicastros de la reacción han comenzado a hablar contra el hambre y el paludismo, como lo han hecho toda una vida, agregando que estas calamidades del pueblo carecen del color político, ¿nos limitaremos nosotros a referirnos a los efectos, más no a las causas y soluciones de la crisis? De ninguna manera. Desmontemos de una vez por todas este embeleco tan manido. En Colombia el hambre y el paludismo han sido liberal-conservadores. Las dolencias del país y de las masas obedecen a la política antinacional y antipopular de los partidos tradicionales, y de sus jefes desacreditados, principalmente a la entrega y sometimiento de la nación a la expoliación del imperialismo norteamericano, a los privilegios consentidos y multiplicados de un círculo microscópico de grandes burgueses y grandes terratenientes por parte de todos los gobiernos, incluyendo desde luego a éste que padecemos de la autodeterminada “esperanza”, al que constitucionalmente todavía le falta más de un año de existencia, pero al que ya le están buscando con afán en medio de estrepitosa gresca un sucesor de su estirpe, de sangre fría.

Si esas son las causas de su postración, el cambio salvador que requiere el país debe partir de la independencia nacional y del derrocamiento revolucionario de la minoría acaudalada y tiránica a cargo del Poder unido de obreros, campesinos y demás fuerzas laboriosas y patrióticas. Trocar estos planteamientos orientadores que la revolución ha ido popularizando en unos procesos gananciosos, por un programa electoral de reformas, resultaría una transacción inadmisible.

La conquista de la república democrática de todas las clases revolucionarias, en pie de igualdad, representa en la Colombia actual el tránsito obligado hacia el socialismo; y el logro de la independencia nacional configura la más valiosa ayuda que podamos ofrecer a los pueblos que luchan contra el imperialismo y por su emancipación. Además, la exhortación al acatamiento a la soberanía y autodeterminación de las naciones no es exclusivamente la bandera para enarbolar ante los piratas del capital internacional, sino que debe ser el principio básico del internacionalismo practicado por los países socialistas. Sin la defensa consecuente de la consigna programática de la liberación nacional y de la nacionalización de los monopolios jamás conseguiremos unir y organizar al pueblo colombiano en pos de su destino histórico, así como tampoco contaremos con el respaldo determinante del campesinado a la revolución, sin solidarizarnos integralmente con su exigencia más sentida: confiscar la tierra de la clase terrateniente y repartirla entre los campesinos que la trabajan. Bastarán estas victorias revolucionarias para que Colombia resuelva en lo fundamental los protuberantes problemas de alimentos, empleo, salud, educación, vivienda y se enrumbe hacia la industrialización moderna. He ahí la esencia del programa que aprobamos el 18 de febrero y que estamos sometiendo a la consideración de las fuerzas populares. En síntesis, como lo precisamos desde 1972, los revolucionarios no hacemos un programa para ir a elecciones, vamos a las elecciones para promover el programa de la revolución.

De igual manera seguiremos una línea de principios para explicar otros asuntos de controversia actual, relativos a la represión violenta, el estado de sitio, la ordenación antidemocrática de los comicios, los golpes palaciegos, cual sustentáculos a los que el imperialismo norteamericano recurre alternativamente por intermedio de las clases serviles, para mantener su control neocolonial sobre la inmensa mayoría de países de América Latina. Cuando les falla uno, echan mano del otro sin el menor escrúpulo.

Pregonan que no habrá delitos de opinión y cuando el pueblo hace realidad el derecho a la libre expresión, entonces, tras la cortina de tanques y cañones, amenazan con que ellos sí tienen una opinión muy peculiar sobre el delito. Hablan de concertar con los obreros una política de ingresos y salarios y, a la hora de la verdad, éstos se ven sitiados por las tropas que a las puertas de sus sedes sindicales los conminan a aceptar a culatazos las despreciables ofertas de funcionarios y patronos. Llaman a decidir las polémicas de interés público por medio de las urnas, pero si los resultados les son adversos las deciden por medio de las armas. Nos sobran muchas y aleccionadoras experiencias, tanto de Colombia como de los países hermanos del Continente, para ilustrar el comportamiento de esta falsa democracia contra la cual peleamos y que termina allí donde comienzan las demandas de las masas trabajadoras. El presidente Lleras Restrepo, quien ahora aspira a la reelección, a los dos días de los sufragios ganados abrumadoramente por Rojas Pinilla en 1970, detuvo a la jefatura anapista, implantó el toque de queda a las ocho de la noche y acomodó un fraude de más de medio millón de votos para imponer a la fuerza a Misael Pastrana, el candidato vencido de la coalición dominante. Ese mismo año Salvador Allende triunfaba electoralmente en Chile y el 11 de septiembre de 1973 entregaba con ejemplar heroísmo su vida, enfrentando a la jauría uniformada que había jurado tutelar la constitución y las leyes de la nación austral. Con el sacrificio del mandatario chileno expiró la quimera revisionista de la “vía electoral” hacia el socialismo, que obnubiló a no pocos luchadores antiimperialista y que fue propalada con especial euforia al inicio de los años 70 en Latinoamérica y otras zonas del orbe. Recojamos las preciosas enseñanzas de la historia y alertemos en esta batalla comicial a las más amplias masas acerca de la farsa y del carácter falaz de la democracia de las clases oligárquicas. Vinculémonos estrechamente a los obreros y campesinos para afrontar las provocaciones del enemigo y preparar, a la luz de la teoría revolucionaria del Estado, las condiciones que faciliten al final la victoria de la toma revolucionaria del Poder por un frente único de liberación nacional.

Aclarada la cuestión del programa, la conformación y desarrollo en las circunstancias colombianas del frente unido revolucionario depende de unas normas mínimas de relación y funcionamiento que acerquen y no distancien a los contingentes partidarios de la unidad. Sobre ello también encontramos ricas experiencias a nivel nacional e internacional. Sin un entendimiento erigido en el respeto mutuo de las agrupaciones aliadas no será posible alcanzar la necesaria y eficaz cooperación para proseguir exitosamente la lucha contra la vieja coalición burgués-terrateniente proimperialista que, a pesar de sus disensiones internas, aún cuenta con la iniciativa táctica para mantener, por lo menos durante un determinado periodo, la correlación de fuerzas a su favor. Dentro del frente la contradicción entre la autonomía ideológica y orgánica y la colaboración y acción conjunta indispensables de las diversas organizaciones partidarias, la resolvemos con los métodos democráticos de la consulta y discusión, de la crítica y de la dirección compartida. Siempre hemos creído que el proletariado colombiano no podrá ejercer su papel dirigente de la revolución en la etapa actual, sino a través del frente unido con las otras clases aliadas y mediante la defensa y aplicación en lo organizativo de los principios de la democracia. La intriga, el estilo de los hechos cumplidos, los procedimientos hegemónicos y despóticos, la intromisión en los asuntos internos de los aliados van horadando la unidad y transmutando sin saberlo a los partidos revolucionarios que se distingan por tales conductas en pequeñas bandas fascistoides. Nadie en el ámbito de la revolución se debe sentir aludido por el énfasis que ponemos en estas premisas elementales. Por el contrario, pensamos que el esclarecimiento que se haga al respecto contribuirá a unir a los comunistas auténticos, a los demócratas revolucionarios y a los patriotas sinceros dentro de la poderosa corriente unitaria en movimiento, que aglutinará a la larga el 90 por ciento y más de la población colombiana y se constituirá en la alternativa redentora de Colombia.

El Frente por la Unidad del Pueblo que hemos decidido fundar los participantes del II Foro Nacional de la Oposición Popular y Revolucionaria, pugnará por interpretar fielmente la línea unitaria de las clases y sectores antiimperialistas. La escogencia de Jaime Piedrahita Cardona como máximo personero nuestro en la batalla electoral que hoy abrimos, es otro acierto en la lid en que nos encontramos todos comprometidos por sacar adelante los vitales intereses de la revolución, Durante los últimos años de esta tortuosa marcha, ninguno como él se destacó tanto en el esfuerzo tendiente a facilitar el entendimiento de las fuerzas revolucionarias. Con paciencia, lealtad y tenacidad ha estado siempre dispuesto a mediar e intercambiar puntos de vista, inclusive con quienes, proclamándose conviventes, malgastaron su ingenio en el propósito trunco de desbaratar la ingente labor de rescatar en provecho de la causa popular lo combativo y avanzado de la ANAPO. El lanzamiento de su nombre como candidato presidencial del Frente por Unidad del Pueblo, por lo tanto, no encarnará un impedimento, sino que jalonará la más vasta alianza que reclaman insistentemente los comuneros de la segunda independencia

Quiero, finalmente, recalcar el sentido de unas palabras repetidas con frecuencia por Jaime Piedrahita y José Jaramillo Giraldo, un llamamiento que quedó insertado en la Declaración Política del I Foro del 18 de febrero, algo que el MOIR viene exteriorizando desde hace mucho tiempo y simboliza el más ferviente deseo de los asistentes a este acto extraordinario: el ánimo inquebrantable que nos mueve a agotar los medios a nuestro alcance para que contra la oligarquía lacaya del imperialismo norteamericano haya solo un frente de la izquierda. Continuamos dispuestos a discutir las diferencias con el Partido Comunista y demás organizaciones y personalidades opuestas al régimen, con el objeto de buscar las soluciones positivas para la creación de una alianza única, que aproveche por completo las progresivas dificultades del enemigo común, la coalición liberal-conservadora; que gire tras las metas programáticas de la revolución libertadora; que se rija por normas democráticas de relación y funcionamiento; que no se alinee internacionalmente y que sepa interpretar en los frecuentes disturbios de la ciudad y el campo, la indomeñable voluntad de los sometidos y acallados de levantarse como otros pueblos sobre sus propios pies y decidir su provenir sin intromisión ajena.

¡Viva Jaime Piedrahita Cardona!

¡Viva el Frente por la Unidad del Pueblo!

¡Viva la unión de los oprimidos contra los opresores!

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“¿En tan favorable situación cómo vamos, pues, a encarar los revolucionarios el debate electoral? Cuando los politicastros de la reacción han comenzado a hablar contra el hambre y el paludismo, como lo han hecho toda una vida, agregando que estas calamidades del pueblo carecen de color político, ¿nos limitaremos nosotros a referirnos a los efectos, más no a las causas y soluciones de la crisis?
De ninguna manera. Desmontemos de una vez por todas este embeleco tan manido. En Colombia el hambre y el paludismo han sido liberal–conservadores”.

ALTIVA PELEA DE LOS TRABAJADORES CEMENTEROS

El Sindicato Único de Trabajadores del Cemento (Sutimac) decretó el 26 de julio la hora cero en las factorías de Diamante, Boyacá, Nare, Argos y Colcalburos, suspendiendo la mitad de la producción del país. Tres mil obreros, repitiendo la proeza de hace dos años, inician una nueva batalla por salarios y se suman al contingente que una semana antes se lanzó al paro en Tolcemento (Sincelejo) y Cementos Caldas.

“Los rendimientos económicos de las fábricas son dos veces el valor de lo que gastan en administración, incluidos los sueldos del personal de ejecutivos y los salarios de los trabajadores”, afirmo Gustavo Osorio, presidente de Fenaltraconcem, quien concluyó: “Es la intransigencia de los patronos la única causante de la actual situación”.

Firman convenciones

Después de 76 días, lapso en el que dejaron de producir cuatro millones de sacos, los obreros de Cementos del Valle levantaron la huelga a mediados de julio, obteniendo aumentos salariales del 32% y otras reivindicaciones. Se conoció además que el sindicato Independiente de Cementos El Cairo (Santa Bárbara) firmó nuevas conquistas convencionales que contemplan, entre otros puntos, alzas del 30% en los jornales.

La empresa se vio forzada en el curso de las negociaciones a retirar el contrapliego y a considerar las propuestas de los trabajadores.

“POR COLOMBIA NOS VAMOS A HACER MATAR EN ESTA BATALLA”

(Extractos)

José Jaramillo Giraldo:

Señor candidato presidencial del pueblo, Jaime Piedrahita Cardona; ¿juráis mantener el ritmo más duro de batalla en este debate, continuando después de 1978? Si así fuere, la democracia y el pueblo os lo premien; si no, ella y él os lo demanden.

¿Juráis vosotros defender en todas las plazas de Colombia, en vuestras casas, en todos los rincones del país, el programa del Frente Unido, del Frente de la Unidad del Pueblo Colombiano? ¿Juráis defender la candidatura presidencial de Jaime Piedrahita Cardona?

Ya lo fundamental se ha dicho. Ya todo lo esencial se ha manifestado. Estos pocos minutos son apenas una proclama final para llevar a las veredas, a los corregimientos, a los municipios lejanos el alimento espiritual de una nueva situación que acaba de nacer y que será muy grande.

Nosotros tenemos un programa para todas las edades de la vida, inclusive la niñez, porque el Frente por la Unidad del Pueblo no es de ninguna manera un programa electoral, sino un organismo revolucionario. Nosotros no solo estamos empeñados en la batalla de 1978. Nosotros estamos empeñados en salvar una patria grande y rica, escarnecida y saqueada por el imperialismo norteamericano y por la oligarquía liberal-conservadora.

Defendemos a toda Colombia porque toda Colombia merece la defensa. Somos los primeros productores de café suave, pero la bonanza no está llegando a los caficultores de cinco fanegadas. Somos de los primeros productores de esmeraldas en el mundo, pero han despedido, después de haber asesinado a por lo menos tres mil hombres en la región minera, a 54.0000 guaqueros, porque los que realmente están sacando el contrabando de esmeraldas no son requisados en las aduanas nacionales ni en las aduanas internacionales.

Somos productores de platino y de oro, somos buenos productores de petróleo, aunque digan que no, el cual exportamos durante muchos años, así como la Tropical Oil Company sacó muchos millones de barriles de muchos municipios colombianos.

Somos un país inmensamente rico, y por eso nosotros, porque somos ricos, porque somos el único país en Sudamérica que tiene costas en dos mares, es por lo que tenemos esa misión inmensa, es por eso que no renunciamos a la lucha. Por Colombia nos vamos a hacer matar en esta batalla.

Nosotros estamos luchando por todos los colombianos, estamos luchando por el campesino que se persigna antes de comer la arepa de maíz importado, cuando ya lo producíamos antes de venir Cristóbal Colon. O antes de comerse el pan de trigo, también importado de los Estados Unidos a precios escandalosos. Y se persignan para arrojarse sobre la tierra después de comprar insumos yanquis, malísimos y carísimos, a veces pura arena. Nosotros luchamos por esa gente.

Luchamos por las personas del Huila, de Cundinamarca, de Boyacá, que bregan para alimentar a sus familias y que no comprenden por qué, trabajando tanto, nunca pueden alcanzar a mantener a sus hijos y educarlos.

Nosotros combatimos también por las zonas mineras de Antioquia, Chocó, los Santanderes, el Cesar, golpeados por los monopolios extranjeros que dominan todo en esas regiones a través de los vendepatria deshonestos, a través de la gran burguesía nacional.

Nosotros luchamos también por las gentes de Bolívar, de Córdoba, de Sucre, del Atlántico, del Magdalena, de la Guajira, de todas las gentes de todos los departamentos de la Costa, donde los norteamericanos se llevan la pesca en enormes barcos de 10, 20 ó 30 mil toneladas, en el Caribe, que es nuestro mar, que se nutre con las aguas de varios ríos colombianos, para que luego se roben los norteamericanos nuestra riqueza pesquera.

Y defendemos la riqueza de Caldas, de Risaralda, del Quindío, donde se trabaja constantemente en los cafetos para que el grano desaparezca de contrabando. Y defendemos también los departamentos calientes, los Llanos Orientales, el Tolima, el Valle del Cauca. Y defendemos el Cauca, donde se ha asesinado a centenares de indígenas en perfecta impunidad. Y defendemos también a Nariño, y a todo el pueblo de las intendencias y comisarías. Es decir, el Frente por la Unidad del Pueblo avanza ya en Colombia y toda Colombia debe tomar parte en esta batalla del Frente por la Unidad del Pueblo.

Pero debo terminar diciendo simplemente que daréis a todos los departamentos que he mencionado, a todas las intendencias y comisarías, a todos los corregimientos y veredas la noticia de que ha nacido un movimiento con el nombre de Jaime Piedrahita Cardona, que es un hombre sencillo, que fundó la alianza Nacional Popular con Rojas Pinilla, un hombre sencillo, un poco tímido, con quien se conversaba largas horas. Y el general no lanzaba palabras dispendiosas ni engañosas.

Yo conocí a Jaime Piedrahita Cardona cuando era joven. Nunca tuvo tiempo de ser conservador ni de ser liberal. Jaime Piedrahita, desde niño, trataba de estudiar los problemas complejos de la nacionalidad. Y fue creciendo. Y Rojas dijo: “De todos mis seguidores, el más parecido, el que puede continuar con mi obra, el que realmente garantiza prudencia política, es Jaime Piedrahita Cardona. Si alguna vez se unen las fuerzas revolucionarias de Colombia para el lanzamiento de una candidatura de ANAPO, yo le pido, doctor Jaramillo, que ayude a Jaime Piedrahita Cardona”.

Hoy se han reunido cuatro fuerzas poderosas. Los Comités Democráticos le dan un aliento vigoroso al proceso unitario de la izquierda. El MAC fue el precursor del rompimiento con la dirección dinástica de ANAPO, encabezado por Gilberto Zapata Isaza, y hoy es una organización de vanguardia que apoya a Jaime Piedrahita Cardona. Y qué decir del MOIR, movimiento de gente nueva y sana, de hombres que tienen un extraordinario porvenir. Yo he encontrado en todos los municipios de Colombia un moirista que ayuda a sus semejantes, un hombre que tiene un concepto distinto de la vida, un hombre que vive luchando por lograr transformaciones y no en función de componendas.

Hoy ha nacido esta fusión extraordinaria. Sin este prodigio, nada hubiéramos podido hacer. Nada lograron los patriotas del 20 de julio de 1810 hasta que se reunieron entre sí y tuvieron que crear una directiva máxima llamada la Junta Suprema. Nosotros hemos creado una directiva y nosotros vamos a obedecer al Frente por la Unidad del Pueblo. Todos somos sus seguidores, todos somos sus soldados. Vamos a atacar sus órdenes, porque ahí está la suerte de la República y porque hoy, 15 de julio, ha nacido un movimiento semejante al de la cacica Gaitana, al del comunero Galán.

En realidad, el problema de Colombia no es simplemente político. Es que todos los dirigentes del liberalismo y el conservatismo se han corrompido, se les ha podrido el corazón. No tienen consideración alguna por las masas, no les duele el dolor del pueblo, no les duele el dolor de Amagá, como no le duele a Belisario Betancur la muerte de los obreros de Santa Bárbara.

Nosotros no podemos apoyar ningún candidato multimillonario. Por el contrario, tiene que ser un dirigente sencillo, un compañero como Jaime Piedrahita, que ha vivido en una honradez ejemplar con toda su familia.

Nosotros no podemos, de ninguna manera, someter a las masas al peligro de una aventura. Debo agregar que los hombres de verdad deberían volver siquiera cadáveres políticos a aquellos que en otras épocas volvían a los hombres cadáveres de verdad.

Nadie que haya perseguido a los obreros, nadie que haya destruido una organización obrera, nadie que haya disparado contra los obreros, como lo hizo Belisario Betancur en Santa Bárbara, puede ser candidato presidencial. Nosotros tenemos toda la autoridad para decirle al pueblo colombiano que, por la afirmativa y por la negativa, estamos con Jaime Piedrahita Cardona. Por la afirmativa, por sus virtudes, y por la negativa, porque los otros candidatos no le dan a Colombia sino la seguridad de que continuará el régimen de opresión y explotación.

“Nosotros tenemos toda la autoridad para decirle al pueblo colombiano que, por la afirmativa y por la negativa estamos con Jaime Piedrahita. Por la afirmativa, por sus virtudes, y por la negativa, porque los otros candidatos no le dan a Colombia sino la seguridad de que continuará el régimen de opresión y explotación”.

BUCARAMANGA SE SOLIDARIZÓ CON OBREROS DE SERVICIOS PÚBLICOS

Mil quinientos trabajadores de la EE.PP. de Bucaramanga, de la Empresa de Acueducto y de las EE.PP. de Santander, que se proponían la derrota del tribunal de arbitramento y el logro de aumentos salariales, efectuaron un vigoroso y unánime cese de actividades, interrumpiendo ocho días los servicios públicos. Desde el 25 de mayo los corredores de la plaza de mercado de Bucaramanga quedaron desiertos, se cortó por entero el abastecimiento de agua y las calles se vieron desbordadas por montañas de basura.

Toma de la catedral
Los bumangueses que madrugaron el 27 de mayo fueron testigos de un cuadro inusitado; antes de salir el sol, un entusiasta desfile recorría, entre gritos y consignas, las principales calles de la ciudad. Un poco más tarde, vieron irrumpir en la catedral de la Sagrada Familia a medio millar de huelguistas que anunciaron su propósito de tomarse pacíficamente el templo. Los trabajadores obtuvieron el inmediato respaldo del cura párroco, quien responsabilizó al gobierno de la situación. Durante los días siguientes, el atrio de la iglesia fue invadido por la población, que espontáneamente acudió a expresar su simpatía con el movimiento. Con un toldo y un fogón rudimentarios, las esposas de los huelguistas improvisaron una cocina colectiva, donde nunca faltaron provisiones.

CTC torpedea paro general

Mientras una operación tachuela anticipaba en la noche del 31 de mayo lo que habría de ser el paro general acordado para el día siguiente por Utrasan, Festra, Festralsa, el Comité Regional de Solidaridad, la ANAPO, el MOIR, el PC y otras organizaciones el alcalde se apresuraba a negociar por separado con cada uno de los tres sindicatos, afiliados a las Centrales que funcionan en el departamento.

Días antes, estas habían acordado levantar el movimiento solo en caso de un arreglo conjunto. Pero Festralsa, cuyos capitanes llevaban ocho días vagando como alma en pena por los pasillos de la Gobernación, en espera de una oportunidad para capitular, quebró el frente unitario. Las presiones directas de López Michelsen sobre los líderes vendeobreros de la CTC produjeron el anhelado efecto. Pese a la traición manifiesta de Festralsa, que dirigentes de Festra pretendieron encubrir, los obreros lograron que el gobierno se comprometiera a levantar las sanciones decretadas contra los sindicatos y a reconocer otras reivindicaciones.

Al tiempo que desenmascaran las componendas de las dos Centrales patronales, los trabajadores de los servicios públicos han hecho mofa de las prohibiciones legales, atreviéndose a levantar las banderas huelguísticas. El cese de actividades de los obreros santandereanos fue una vibrante demostración del espíritu que anima al proletariado y del coraje con que afronta todas las consecuencias en defensa de las libertades democráticas.