LA INFLACIÓN AZOTE DEL PUEBLO

A pesar de que el DANE no revela nunca la verdadera magnitud del aumento mensual del costo de la vida, los datos oficiales admiten que en enero y febrero de este año la inflación se aproximó al 7%.

Todos los monopolios y los bancos anuncian que en 1976 incrementaron sus ganancias entre 35 y 200%, mientras que en los últimos 6 años el salario real de los trabajadores colombianos disminuyó su capacidad adquisitiva en 50%.

Las luchas que libran los asalariados de nuestro país por mejores sueldos, están más que justificadas y buscan compensar la antipopular política económica que sostiene este estado de cosas.

“EL MOVIMIENTO UNITARIO SE ABRE PASO INCONTENIBLEMENTE”

Francisco Mosquera

Compañeros asistentes al Foro Nacional de la Oposición Popular y Revolucionaria:

Gracias al esfuerzo y gestiones de la Coordinadora Nacional de ANAPO nos hemos reunido en este grandioso acto ¿A qué obedece esto, siendo que pertenecemos a organizaciones y tendencias políticas disímiles, no hace mucho enfrentadas entre sí por pasajeras o trascendentales discrepancias? La única razón valedera para explicarse el hecho de que estemos congregados, la encontramos en la preocupación que nos impulsa a todos a luchar por alcanzar la unidad del pueblo colombiano. Un poderoso movimiento unitario se viene abriendo paso inconteniblemente, arrasando mitos e irrespetando dogmas. Es tal la dinámica y el ímpetu de este movimiento que, al verlo engrosarse y avanzar, se atreve uno a predecir que los más soberbios escollos que se le interpongan terminarán achicándose y serán vencidos, al igual que las grandes crecidas se estrellan en los altos collados sólo para prepararse momentáneamente, incrementar su furia y continuar con su estampida atronadora.

Al ser convocado este Foro, algunos, para invalidarlo, nos indicaron, tal vez como fruto de su propia experiencia, que la unidad no brota mágicamente de reuniones. En la afirmación general les sobra juicio. Se equivocan es en la apreciación de que encuentros como estos son apenas el comienzo del viaje, cuando en verdad constituyen la conquista de un largo proceso. No visualizan que la unidad revolucionaria que liberará a Colombia y emancipará a las masas oprimidas, viene forjándose desde tiempo atrás en la fragua de las múltiples batallas populares y en las incontables contiendas políticas e ideológicas de los nuevos partidos. Que ello es así lo comprueban fenómenos tan palpables en la vida del país, como, primero, la crisis de la sociedad colombiana y la bancaria del régimen de López Michelsen; segundo, el auge de la conciencia y el sentimiento antiimperialista del pueblo colombiano; tercero, el desarrollo de las acciones de las masas y el criterio generalizado de que el frente popular hay que hacerlo en torno a un programa revolucionario y conforme a normas democráticas, y cuarto, la lucha y el reagrupamiento de la izquierda de ANAPO y la realización de su IV Congreso.

Son cuatro factores positivos que coadyuvan, unos más que otros, a explanar la senda de la unidad del pueblo. Desde luego que contra cada uno de ellos conspiran a su vez aspectos negativos que los entorpecen, pero en la situación actual los primeros prevalecen sobre los segundos y concluirán por imponerse definitivamente, si actuamos con acierto y decisión.

Hagamos un análisis rapidísimo de tales problemas.

Después de los 16 años de alternación presidencial frentenacionalista, tras las elecciones de los tres delfines, en 1974, López Michelsen insurge como el milagroso redentor de la República maltrecha. El entusiasmo liberal se fue propalando por doquier y contagió con su morbo aun a los partidos distintos de la coalición dominante, lo cual debilitó inevitablemente la acción unificada de las fuerzas contrapuestas al régimen. Pero el improvisado mesías traía impreso no en el madero sino en la bolsa el INRI del continuismo. Su única misión en este mundo consistía en prolongar los turbios negocios y las vejaciones de los gobiernos bipartidistas precedentes, a costa incluso de inmolar su efímera popularidad. Y a fe que lo ha logrado. En connivencia con el heredero de Laureano Gómez inició su peregrinaje por los escabrosos vericuetos del “mandato de hambre, demagogia y represión”

Las consecuencias de sus medidas económicas se pueden resumir en lo siguiente: mayores privilegios a los monopolios extranjeros, principalmente norteamericanos y entrega progresiva a éstos de los recursos naturales del país; entronización de la usura de la banca y corporaciones financieras y devaluación automática del peso colombiano; multiplicación de los impuestos al pueblo y merma a los de las grandes compañías y sociedades; aumento extraordinario de la deuda externa y emisión periódica de moneda para subsanar el déficit fiscal; restauración legal de la servidumbre en el campo e incremento de la explotación de la clase terrateniente sobre los campesinos; quiebra de la industria nacional y retroceso de la producción agraria; entrega de la llamada “bonanza cafetera” a los grandes exportadores y a los amos de la Federación Nacional de Cafeteros y ruina para los pequeños y medianos cultivadores del grano; encumbramiento del costo de la vida y restricción al alza de salarios; desempleo y hambre, y, como remate de este lúgubre espectáculo, la corrupción campeando a sus anchas en todos los despachos, reproduciéndose, propagándose, inmune a cualquier antídoto que no sea la cremación del sistema mismo que le da la existencia. El carácter antidemocrático del continuismo es la expresión en el terreno político de su orientación económica , y su despotismo contra las clases y fuerzas revolucionarias se compendia en: estado de sitio, consejos verbales de guerra, ilegalización de huelgas, terror blanco en las zonas campesinas, allanamiento de universidades, represión violenta de los paros cívicos, asesinatos y arrestos de dirigentes populares, obstrucción sistemática de los partidos de avanzada y militarización creciente de las funciones estatales que estimula la salida cuartelaria de la crisis.

A los dos años y medio de vigencia del periodo lopista, el pueblo colombiano ha comprendido la estratagema de la minoría oligárquica y en infinidad de tumultuarios combates exterioriza su indignado rechazo a la estafa de que ha sido víctima. Y este es un factor supremamente positivo. A excepción del reducido círculo palaciego, ninguna fuerza política se atreve hoy a meter las manos en el fuego por los decretos de los promeseros oficiales. En las filas de la izquierda hay plena identificación tanto sobre el desastre que ha significado para Colombia la economía del gobierno, como sobre la naturaleza despótica de su política contra las masas populares. Al calor de los acontecimientos se han evaporado todas las ilusiones acerca del lopismo como se desvanecen las brumas de verano con el sol de la mañana. El pueblo empieza a ver las cosas claras y a la oligarquía se le oscurece el panorama. De esto dan noticia las duras peleas de obreros, campesinos, estudiantes, médicos, maestros, vendedores ambulantes, indígenas y pobladores de los municipios abandonados. La crisis de la sociedad colombiana evoluciona aceleradamente y repercute en los toldos de los partidos tradicionales. Y mientras éstos padecen el vértigo del abismo, los nuevos partidos prosiguen el ascenso con la vista fija en la cúspide de la montaña. La reacción se divide despedazada en refriegas internas y la revolución se agrupa y se reconforta con la concentración de esfuerzos y recursos. Las condiciones son excelentes. Grandes batallas están en gestación, llamadas a producir cambios favorables en la correlación política de fuerzas entre uno y otro bando. Parodiando a un gran poeta, la unidad del pueblo derrotará la solución fascista, o la solución fascista precipitará la victoria de la unidad del pueblo.

¿Y contra esa perspectiva qué conspira? El renacer de las marchitas esperanzas sobre el papel progresista o de contención que podrían desempeñar los altos mandos del liberalismo. Aunque tal contracorriente es demasiado débil, resulta aconsejable no descuidarla y debemos combatirla haciendo claridad sobre la bancarrota del lopismo, las contradicciones internas de la reacción y la aproximación de grandes batallas populares, todo lo cual despeja el camino de la creación de un frente unido revolucionario.

El desarrollo de la conciencia y el sentimiento antiimperialista del pueblo colombiano constituye igualmente otro de los logros de la lucha revolucionaria. Desde finales del siglo pasado y comienzos del presente hasta hoy Colombia ha sufrido el asedio e intromisión de varias potencias imperialistas, pero a Estados Unidos le ha correspondido siempre la parte de león en el pillaje de los frutos del trabajo de las masas y de los recursos naturales del país. Hace alrededor de 80 años que los colombianos vienen librando resonantes y heroicos enfrentamientos con el imperialismo norteamericano. Entre ellos, para citar sólo dos de los más distantes en el tiempo, sobresalen la erguida resistencia nacional a la flagrante intervención del gobierno estadinense en la separación de Panamá y Colombia, y la gloriosa huelga de los trabajadores bananeros contra la United Fruit Company, que testimonia tanto la crueldad sin escrúpulos de los hampones del gran capital como el valor, la dignidad y la fortaleza indomeñables de la clase obrera. A encender el patriotismo revolucionario del pueblo colombiano han contribuido también las luchas nacionales de México, Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Chile y demás países de Latinoamérica contra el imperialismo norteamericano, así como el grandioso triunfo en Cuba de los guerrilleros de la Sierra Maestra y más recientemente la culminación exitosa de las prolongadas guerras de liberación de los pueblos indochinos de Viet Nam, Camboya y Laos.

El avance en este sentido radica en que no solo el proletariado, sino los campesinos y el resto de fuerzas que colaboran en el desarrollo nacional, cada vez comprenden mejor que la sojuzgación neocolonialista sobre la nación, el control absoluto del Estado oligárquico por parte de los monopolios norteamericanos y a través de él de toda la economía del país representan la causa fundamental de la crisis de Colombia, con el estancamiento de la producción no imperialista, el desempleo, la inflación, la miseria y esclavitud progresivas de las masas populares, es decir, la indescriptible tragedia que se cierne y atormenta la vida del 90% y más de la población colombiana .

Si la nación aspira a la soberanía y autodeterminación, si el pueblo busca la libertad, la democracia y el progreso y si la clase obrera desea acortar la distancia que la separa del socialismo, deben vencer en la lucha por independizar a Colombia de las garras de la dominación extranjera. Este convencimiento cada día más difundido prepara las condiciones de la construcción del más amplio frente de las clases y partidos revolucionarios que aplaste en el país al imperialismo norteamericano y sus intermediarios y establezca un Estado popular, democrático, libre, auténticamente soberano, próspero y en marcha al socialismo.

¿Y contra ello que conspira? Las antiguas y novísimas contracorrientes que pretenden mofarse del énfasis que le ponemos a la necesidad de la liberación nacional como el principal objetivo de la revolución colombiana en la etapa actual, al motejarlo de vulgar nacionalismo, antagónico con el apoyo que le debemos a la lucha revolucionaria mundial. No obstante estar estas contracorrientes perdiendo la partida, es indispensable redoblar el trabajo educativo entre las masas, acerca de que la obtención de la independencia nacional y el celoso mantenimiento de la soberanía de Colombia no solo reñirán con las obligaciones internacionalistas de la revolución, sino que concretarán el máximo aporte, la ayuda insustituible, la verdadera solidaridad a la causa de la liberación de las naciones sometidas, de la emancipación de los obreros de los países capitalistas y de la construcción de las repúblicas socialistas. La revolución colombiana hace parte integral del gigantesco movimiento antiimperialista mundial y estamos en la primera línea de combate de ese movimiento, junto a más de mil millones de seres de Asia, África y América Latina. La independencia y soberanía de Colombia la defenderemos intransigentemente tanto frente al imperialismo contra el cual combatimos como en las relaciones internacionales que después del triunfo de la revolución establezcamos en pie de igualdad con todos los países del planeta. La libre y voluntaria cooperación internacional por la cual aboga el socialismo se basa en el respeto absoluto de la autodeterminación de las naciones, uno de los principios democráticos esenciales de la concepción internacionalista del proletariado. Dilucidemos, pues, estas cuestiones, apoyémonos sin prejuicio en el patriotismo revolucionario de las masas y unámonos decididamente con todos los que en el país combaten al imperialismo norteamericano, opresor número uno de Colombia.

Un tercer factor favorable en pro de la unidad del pueblo colombiano se ha venido perfilando en los últimos años del quehacer revolucionario. Junto a la erupción de volcánicas contiendas de las masas de la ciudad y el campo y como reflejo de las más valiosas lecciones de estas lides, se va imponiendo la idea de que para los fines de la liberación y de la revolución en Colombia son imprescindibles los aportes pequeños o grandes, temporales o duraderos, conscientes o inconscientes que puedan ofrecer las muchas y abigarradas fuerzas que sufren y repudian la sojuzgación del imperialismo norteamericano. Que en los apogeos y perigeos de la lucha debemos estimular y acercar, según las circunstancias, a estamentos y sectores vacilantes, e inclusive aprovechar sabia y audazmente las contradicciones del enemigo, que las tiene bastantes y en constante ebullición. Que en la actual etapa revolucionaria el triunfo no será la hoja de laurel en las sienes de una clase o un partido en particular, sino la obra de un frente unido antiimperialista. Que este frente demanda, por lo tanto, un programa que aglutine y movilice a las clases y fuerzas revolucionarias en procura de sus más sentidas reivindicaciones económicas y políticas y la estructuración de una dirección centralizada y compartida por todas aquellas, basada en normas democráticas de relación y funcionamiento. Que solo así la incipiente y espontánea cohesión que se vislumbra en los múltiples combates de las masas dará un salto cualitativo y se tornará operante y eficaz. Que el programa no puede ser socialista sino nacional y democrático, porque de lo contrario se renunciaría de antemano a la necesaria contribución de clases, capas y organizaciones que estarían dispuestas a engrosar el gran torrente liberador, pero que no comparten la totalidad de las apreciaciones ni la concepción dialecto-materialista propias del proletariado. Los anteriores son criterios unitarios cardinales cuya justeza ha sido tamizada por la práctica de los revolucionarios de Colombia. Corresponden a la teoría de la función y desarrollo del frente unido antiimperialista que habrá de acoger y organizar al 90% y más de la población colombiana tras la meta suprema de la liberación nacional y de las transformaciones históricas que requiere el país. Pertenecen al arsenal ideológico de la revolución y apertrechan a las masas que luchan por su unidad.

¿Y contra estos avances qué conspira? Las tesis viejas de quienes contraponen la unidad de acción al frente y niegan tanto el carácter democrático del actual programa de la revolución colombiana como la democracia en las normas organizativas del mismo. Tales contracorrientes se hallan igualmente de capa caída. Sin embargo, tendremos que ocuparnos de ellas persuadiendo a las masas populares de que no podemos limitarnos a las acciones unitarias que esporádicamente efectuamos para sacar adelante las peticiones o reclamos de un determinado sector o de varios sectores, como cuando conformamos, por ejemplo, comités de solidaridad con la USO, para derrotar el contrapliego patronal y, con FECODE, el estatuto docente. Siempre que haya ocasión reafirmaremos la enorme importancia de estas acciones, más no acallaremos ni por un minuto nuestra propaganda a favor de la unidad programática del frente, por la cual las clases revolucionarias exponen sus planteamientos con respecto a los problemas medulares de la sociedad y del Estado. Lo contrario sería rendirle culto a la espontaneidad y al economismo, cuando no defender la anarquía o pretender románticamente que la generalidad del campesinado y demás fuerzas antiimperialistas no proletarias asuman una falsa posición socialista que las condiciones materiales y políticas de la nación no permiten.

La revolución no se ganará a los campesinos hasta tanto no espalde sin reservas la legítima y acendrada aspiración de éstos a poseer como suya la tierra confiscada a la clase terrateniente. Y se ha vuelto proverbial que sin la alianza obrero-campesina no habrá frente, ni liberación, ni democracia popular. Cosa parecida sucede con otras reivindicaciones de aliados de la clase obrera. Debemos así mismo darles garantías de que sus intereses y derechos son tenidos en cuenta, empezando por un programa que los consigne a satisfacción y por una dirección compartida democráticamente que los represente a plenitud, único medio de que las inmensas mayorías se levanten rebosantes de entusiasmo contra el enemigo común. En una palabra, demostremos que sí sabemos para donde vamos, que la revolución será capaz de gobernar el país acertadamente, incomparablemente más capaz que las anacrónicas clases antinacionales y despóticas próximas a salir a puntapiés del escenario histórico. No le temamos a las complicaciones ni a las dificultades. Los manantiales puros son pequeños, pero no crece el río con aguas cristalinas. Remanguémonos, vinculémonos a las masas y construyamos el frente con todas las fuerzas susceptibles de aliarse con nosotros.

Y para terminar, deseo subrayar la existencia de un nuevo factor llamado a incidir positivamente también en la unidad del pueblo colombiano. Me refiero a la lucha que sostiene con tesón la izquierda de ANAPO, dentro y fuera de su partido, con el fin de hacerle ambiente a una política consecuentemente revolucionaria y unitaria. Varias secuencias componen este proceso anapista de los últimos años: la critica a la conducta de contemporización con las clase dominantes proimperialistas y a los métodos antidemocráticos característicos de la antigua dirección; los lineamientos de una orientación acorde con los intereses primordiales de la nación y las masas populares; el reagrupamiento de las bases dispersas alrededor de dichos postulados revolucionarios, mediante la realización de múltiples reuniones y movilizaciones en casi todo el país, y los esfuerzos por unir en un solo frente a todos los partidos y organizaciones opuestos a la dictadura oligárquica prevaleciente. Esta ha sido una gran corriente revolucionaria del pueblo colombiano que ha permitido la aparición de agrupamientos partidistas remozados y de indiscutible influencia, y el arrinconamiento de las minorías antipopulares y antiunitarias del anapismo.

Sobresale la creación de la Comisión Nacional Coordinadora de ANAPO que llevó a cabo, en diciembre pasado, su IV congreso, que aprobó un programa nacional y democrático, llamó a la integración de un frente unido, refrendó la convocatoria de este Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria, reafirmó la jefatura de José Jaramillo Giraldo y lanzó la precandidatura de Jaime Piedrahita Cardona. Determinaciones todas sin lugar a dudas movidas por el ánimo de propiciar el entendimiento del mayor número de fuerzas políticas hacia una cooperación revolucionaria amplia, sólida y duradera. En conclusión, el desenvolvimiento de la situación de Alianza Nacional Popular, de unos años para acá, lejos de enrarecer la perspectiva unitaria, le inyecta nuevo aliento y mejora las condiciones para lograr el anhelado propósito de un solo frente que saque adelante las tareas de la revolución en el presente periodo y, entre ellas, una campaña electoral unificada, con un candidato único que se le contraponga a los varios y desacreditados aspirantes presidenciales de la coalición dominante.

¿Y contra este atrayente pronóstico qué conspira? Los infundados recelos de quienes con sobredosis des sectarismo creen ver en las propuestas de la izquierda anapista torcidas intenciones que nunca hubo. Aunque las iniciativas adoptadas por la Comisión Coordinadora de ANAPO, como la invitación a este foro, se defienden por sí solas, la evidente desventaja de que surjan dos o tres frentes en la orilla opuesta al bipartidismo tradicional, nos señala la convivencia de persuadir a los sectores refractarios a que depongan su actitud negativa y preparar una atmósfera respirable que permita ventilar y resolver todas y cada una de las diferencias. Si en verdad el objetivo que se persigue es la unidad del pueblo, el hecho de que otros tomen la iniciativa con el mismo Norte no significa una cosa mala sino buena. Aquí el acierto radica en descubrir cuál es la palanca que pueda desatascar el carro y no en malgastar combustible y fundir el motor. La orden de discriminar y excluir destacamentos políticos inclinados a prestar ayuda, por modesta que ella sea, es tremendamente negativa, como lo es también la de permitir que las exigencias descabelladas e inoportunas de una o más agrupaciones interfieran la marcha de la más alta alianza. Creemos que el candidato único de la izquierda para las elecciones presidenciales de 1.978 debe salir de las huestes de la ANAPO, pero el problema de la candidatura no puede convertirse en excusa ni pretexto para no llegar a acuerdo. En definitiva, todas las decisiones habrán de tomarse democráticamente, previa consulta y a satisfacción de las fuerzas participantes. Conforme a lo expuesto, el MOIR quiere reiterar a las organizaciones y personalidades asistentes a este espléndido y fructífero encuentro, nuestra garantía de que haremos las concesiones necesarias y propiciaremos las soluciones positivas que faciliten la fundación y consolidación de un solo frente unido de la revolución colombiana.

Compañeros: el futuro de Colombia descansa en la unidad del pueblo y la conquista de ésta depende de la supremacía de las corrientes revolucionarias en movimiento y de la derrota completa de las contracorrientes que se les imponen. Quien ambicione servir a la causa revolucionaria no tiene mucho que escoger y debe ser valiente. El valor es hálito vital en todas las empresas desbrozadoras del progreso del hombre.

Muchas gracias.

ANUC AGRADECE AL MOIR PRESENCIA EN VI CONGRESO

Compañero
Francisco Mosquera
Secretario General MOIR

Estimado compañero:

Por la presente agradecemos el gesto unitario del MOIR al aceptar nuestra invitación a participar en el Cuarto Congreso de ANUC.

El hecho de que en la manifestación de Magangué hubiera estado presente una delegación de dirigentes nacionales del MOIR encabezados por el mismo Secretario General, es para nosotros altamente estimulante.

Lamentamos no haber podido atender mejor a la delegación de dirigentes nacionales y sobre todo no haber tenido tiempo para intercambiar opiniones.

Esperamos que los otros delegados del MOIR que estuvieron presentes en Tomala les hayan hecho llegar sus impresiones y en esta forma poder recibir sus francas y sinceras opiniones sobre nuestro Cuarto Congreso.

COMITE EJECUTIVO ANUC
Hernán Monsalve Bedoya (Pte)
Juan de Dios Torres (Srio)

DE ANUC

La ANUC desea que las fuerzas participantes en este Foro hagan una contribución positiva al proceso de organización y lucha revolucionaria de nuestro pueblo que aspira y necesita profundizar el combate contra la oligarquía, el imperialismo yanqui y el hegemonismo de las superpotencias.

Nuestra organización fue invitada a participar oficialmente en el desarrollo de este Foro y con delegados plenos en el organismo coordinador que se elegirá. Entendemos esta invitación como un gesto fraternal con la Anuc y como un reconocimiento a la importancia que juega el movimiento campesino en el proceso revolucionario colombiano.

Tomamos muy en cuenta esta actitud, que de nuestra parte será correspondida redoblando esfuerzos para impulsar un ambiente de relaciones fraternales con los sectores que intervienen en el Foro. Sin embargo, diversos factores nos llevaron a participar como delegados observadores, lo que no debe entenderse como una actitud indiferente ante los diversos esfuerzos unitarios en que están empeñados los revolucionarios y el pueblo colombiano. El campesinado y su principal organización de masas, la ANUC, han comprendido que solo tienen contradicciones antagónicas con los terratenientes, la gran burguesía, el imperialismo yanqui y el hegemonismo. En este sentido no puede menos que interesarnos que se desarrollen las fuerzas que en una u otra forma ayuden a golpear estos blancos.

El 21 de febrero se dará comienzo al Cuarto Congreso Nacional Campesino de ANUC que pasará revista al problema agrario, hará un balance del desarrollo de la organización y la lucha campesina, tomará medidas para estrechar la unidad con el resto del pueblo y la clase obrara, en primer lugar, y también aprobará una plataforma de lucha. Solicitamos que este Foro se pronuncie en apoyo al Cuarto Congreso de ANUC que constituye también un paso adelante en el proceso revolucionario.

En aras de impulsar un mayor acercamiento y una mayor compresión sobre el carácter y la actividad de ANUC, hemos extendido invitación a los sectores comprometidos en el Foro, a que se hagan presentes mediante delegados en nuestro Congreso.

¡Viva la lucha de todos los sectores explotados de Colombia!

¡Éxitos para el Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria!

SENTADAS BASES DEL FRANTE PATRIÓTICO

Con extraordinario éxito se cumplió el pasado 18 de febrero el gran Foro Nacional de la Oposición Popular y Revolucionaria convocado por la Comisión Coordinadora de ANAPO desde diciembre del año anterior. El teatro municipal “Jorge Eliécer Gaitán” de Bogotá se colmo con más de 4.000 asistentes de las organizaciones participantes e invitadas provenientes de todos los rincones del país. El recinto fue engalanado con vistosas pancartas de los partidos revolucionarios y de las diversas agremiaciones populares que se hicieron presentes. El acto presidido por gigantescas banderas de la Anapo, el MOIR, los Comités Democráticos Populares Revolucionarios, el MAC y la Anapo Socialista, el Bloque Socialista el Tricolor nacional y una gran pancarta con el lema revolucionario José Antonio Galán de “Unión de los oprimidos contra los opresores”. En medio del agitar de miles de banderas, contra el “mandato de hambre, demagogia y represión” y contra el imperialismo norteamericano.

Amplia participación
La mesa directiva del Foro estuvo integrada por José Jaramillo Giraldo, Jaime Piedrahita Cardona, Solita de Jaramillo, Amparo de Piedrahita, Germán Gutiérrez Arroyo, Julio Cesar Pernía, Álvaro Bernal Segura, Jaime Jaramillo Panesso, Alfonso Cabrera y Luis Carlos Alcaraz, de Alianza Nacional Popular (Anapo); Francisco Mosquera, Ricardo Samper, Carlos Bula Camacho y Otto Ñañez del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), Avelino Niño y Carlos Vanegas de los Comités Democráticos Populares Revolucionario (CDPR), Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta y Margoth Uribe de Camargo, del Movimiento Amplio Colombiano (MAC), Carlos Toledo Plata, Hebert Bustamante y Carlos Vidales de la Anapo Socialista, Antonio Restrepo de la Organización Comunista Ruptura; Camilo González, Socorro Ramírez y Eduardo Barragán del Bloque Socialista, Luis Carlos Sotelo del Partido Socialista Colombiano y los dirigentes revolucionarios Diego Montaña Cuellar y Hernando Garavito Muñoz, así como el representante de la Unión Sindical Obrera (USO), Javier Rozo.

Además de las fuerzas y personalidades mencionadas estuvieron presentes numerosas organizaciones populares revolucionarias, entre las que se destacan el Movimiento Comunista del Cesar, el Movimiento Izquierda Liberal de Bolívar, el Frente Patriótico Revolucionario de Nariño (Frepar), el Frente Sindical Autónomo de Antioquia, la Organización Campesina Intendencial del Casanare (Ocidec), Fecode, los vendedores ambulantes y los campesinos invasores de la hacienda “La Libertad” de propiedad de la familia presidencial.

Mensajes de saludo
Contribuyen a realzar este magnífico Foro Unitario los numerosos mensajes de saludo recibidos por la comisión organizadora y que fueron leídos en medio de los aplausos de los asistentes. Las principales comunicaciones de respaldo fueron enviadas por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), el Frente Sindical Autónomo de Antioquia, el Sindicato de Industrial Hullera de Amagá, el Sindicato de Trabajadores de Hilanderías del Fonce, Sintrasatexco, Asociación Nacional de Navieros, los consejos estudiantiles de los colegios “Aurelio Tobón” de la Universidad Libre y “Vasco Núñez” de Balboa (Cauca), la Asociación de Usuarios Campesinos del Patía, los Comités Pro-defensa de los Barrios Orientales de Bogotá, la militancia anapista de Mariquita y los comandos municipales de la ANAPO y el MOIR de Santa Bárbara (Antioquia), el consejo estudiantil de la Universidad del Llano y el Sindicato de Pequeños Expendedores de Artículos de Consumo Popular de Antioquia.

Asimismo fueron leídos los mensajes de Álvaro Pío Valencia, concejal del MOIR en Popayán: Fabio Cadavid Escobar, destacado dirigente obrero de Antioquia, Rafael Enrique Ariza concejal de Valledupar y dirigente del Movimiento Comunista del Cesar: Antonio Caballero Cabarcas, dirigente del Movimiento de Izquierda Liberal de Bolívar, Carlos Pantoja, dirigente del Frente Popular Revolucionario de Nariño, los dirigentes anapistas del Cauca, Luis Carlos Olano, concejal de Popayán, Guillermo Rojas y Luis Marino González, el concejal de ANAPO en Palmira, Omar Sánchez; los dirigentes anapistas de la Guajira Hernando René Urrea, Segundo Britto, Jesús Solano García, Víctor Camacho y Miguel Gómez Romero; Mario Bernal, dirigente de ANAPO del Cesar; Manuel Jesús Quitumbo, dirigente del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y Domingo Labio, dirigente del cabildo indígena de la Aurora-Munchique; Los dirigentes Anapistas de Boyacá, Erwin Castillo, Argemiro Lugo, Sadot Ospina, Alfonso Acosta, Edgar Arcos, Carlos Julio Cáceres, Fabio Vargas, José Barrera y Jairo Valencia; los dirigentes de la ANAPO de Bolívar, Ubaldo Barranca, Fabián Benavides y Marcos Fuentes. Por otra parte, el Grupo Posadista de Colombia IV Internacional también envió un mensaje fraternal de saludo al Foro Unitario.

Oradores
Correspondió la instalación del Foro al dirigentes anapista y precandidato presidencial de ese partido, compañero Jaime Piedrahita Cardona, cuya intervención fue recibida con calurosos aplausos de los concurrentes. Posteriormente hicieron uso de la palabra, en su orden, el Secretario General del MOIR, Francisco Mosquera, Carlos Toledo Plata de la ANAPO Socialista, Jorge Regueros Peralta del MAC, Avelino Niño de los Comités Democráticos Populares Revolucionarios, Camilo González del Bloque Socialista, Antonio Restrepo de la O.C. Ruptura, Luis Carlos Sotelo del Partido Socialista Colombiano y el dirigente revolucionario Diego Montaña Cuellar. Clausuró el evento el director nacional de ANAPO, José Jaramillo Giraldo. Todos los oradores pronunciaron encendidos discursos en los que condenaron al actual régimen lopista liberal-conservador y al imperialismo norteamericano, a la vez que formularon llamados a la unificación de todas las fuerzas revolucionarias de Colombia.

Documentos aprobados

La Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo, integrada por los partidos asistentes al Foro, dio a conocer los documentos programáticos y organizativos acordados en su seno. Son estos, el “Programa Nacional y democrático”, firmado por Germán Gutiérrez Arroyo, Alfonso Cabrera, Luis Carlos Alcaraz y Jaime Jaramillo Panesso de ANAPO, Marcelo Torres y Otto Ñañez del MOIR, Gilberto Zapata Isaza y Jorge Regueros Peralta del MAC, y Avelino Niño y Jorge Rodríguez de los CDPR y Carlos Toledo Plata y Carlos Vidales de Anapo Socialista; los “Principios democráticos de Organización”, firmados por Germán Gutiérrez Arroyo, Alfonso Cabrera, Luis C. Alcaraz y Jaime Jaramillo P. de ANAPO, Marcelo Torres del MOIR y Jorge Regueros del MAC y Avelino Niño y Jorge Rodríguez de los CDPR.

La comisión permanente por la Unidad del Pueblo Colombiano acordó por unanimidad un programa de lucha que contempla tres jornadas unitarias: el 4 de marzo, en solidaridad con los trabajadores petroleros, el 1 de mayo, Día Internacional del Proletariado y el 20 de julio contra la Constituyente lopista.

Según resolución, también unánime, la Comisión Permanente convocó el Segundo Foro Nacional de la Oposición Popular y Revolucionaria que se efectuará el viernes 27 de mayo del presente año. Con el fin de preparar este nuevo evento unitario, las diferentes fuerzas comprometidas llevarán a cabo manifestaciones y actos conjuntos en todo el país.

La realización de este primer Foro Unitario se constituyó indudablemente en un paso firme hacia la consolidación de la unidad revolucionaria de fuerzas antes dispersas pero que hoy comienzan a marchar juntas contra el enemigo común. Se sentaron las bases programáticas y organizativas que permitirán la creación del frente unido de liberación de nuestra patria que aglutine en su seno el 90% y más del pueblo colombiano.

DÉ ÁLVARO PÍO VALENCIA

Popayán, febrero 17 de 1977

Señores
Doctores
Jaime Piedrahíta Cardona y José Jaramillo Giraldo
Bogotá

Muy distinguidos amigos:

Reciban un fraternal saludo revolucionario.
Me refiero a su mensaje telegráfico de 16 del presente mes, por medio del cual me invitan a participar en el Encuentro Nacional Unitario de las fuerzas de oposición.

Por hallarme físicamente imposibilitado para asistir, les expreso mi plena solidaridad con los grandes objetivos de lucha que habrán de salir de la histórica reunión. Nunca antes en Colombia ha sido tan urgente buscar la organización de un gran movimiento de todas las gentes oprimidas, que exigen la unidad para vencer a quienes vienen explotando en forma inhumana al pueblo colombiano. En los campos, en las ciudades y aldeas, a todos los niveles, la gente que trabaja busca afanosamente organizarse y marchar firmemente unida hacia la conquista efectiva de todos sus derechos.

Ante la gravedad de la situación económica y social que padecemos, estamos en el deber ineludible de prestar toda nuestra colaboración, hasta las últimas consecuencias, para que logre integrarse el gran movimiento que todos deseamos. Es preciso deponer egoísmos, posiciones sectarias, pequeñas diferencias de poder que nada significan ante la realización de los más altos fines que perseguimos. Nada tenemos que esperar de las clases dominantes, unidas ya firmemente por encima de los falsos rótulos políticos que solamente les sirven para engañar al electorado. El hambre, la miseria, la ignorancia, el caos social, la inmoralidad total en la administración pública, en toda la escala del poder, exigen que el pueblo se ponga en marcha, dirigido honestamente, con decisión y valor absolutos, para salvar a Colombia en esta hora de crisis total. Quien se niegue a colaborar en esta batalla por la patria estaría traicionando no solamente a la sociedad en que vive sino también a sí mismo, pues el capitalismo en su carrera desenfrenada va devorando sucesivamente todas las capas sociales.

Deseo vivamente que este histórico encuentro de todas las fuerzas de izquierda, sea el principio de la gran revolución que Colombia entera exige.

Fraternalmente,
Álvaro Pío Valencia

PROGRAMA NACIONAL Y DEMOCRÁTICO

La Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo (CPUP) luchará por la unidad de la clase obrera y por la alianza de todas las clases, capas, personas, partidos y movimientos revolucionarios, democráticos y antiimperialistas, en torno al siguiente programa:

1). Liberar al pueblo colombiano de la dominación imperialista norteamericana y de la oligarquía explotadora. Construir una Patria independiente, soberana, y popular, libre de toda opresión y soguzgamiento externo y en marcha al socialismo.

2). Instaurar, a través de la vía revolucionaria, un Estado nuevo de todas las clases, capas, sectores, partidos, personalidades y demás fuerzas revolucionarias, democráticas y antiimperialistas, que esté sustentando en la Alianza Obrero-Campesina y sea instrumento del Poder Popular.

3). Nacionalizar el petróleo y todos los recursos naturales, los monopolios nacionales y extranjeros incluyendo la banca y las corporaciones financieras, los complejos agro-industriales, el comercio exterior y las áreas estratégicas para el desarrollo de la economía nacional.

4). Confiscar la tierra de los grandes terratenientes y entregarla a los campesinos: que la trabajan. Proteger la pequeña y mediana propiedad rural. Defender los intereses fundamentales del proletariado agrícola.

5). Estimular el aumento de la producción nacional de acuerdo con las necesidades del pueblo, mediante el apoyo a la pequeña y mediana industria y comercio y a través del control y la planificación estatales, en procura de un desarrollo próspero, independiente que siente las bases de la sociedad socialista.

6). Defender todos los intereses del pueblo y sus reivindicaciones políticas y económicas. Asegurar a las minorías indígenas nacionales sus tierras, derechos y cultura. Establecer una reforma urbana que suprima los pulpos urbanizadores y las oficinas de arrendamiento y garantice al pueblo el derecho a la vivienda. Luchar hasta implantar un sistema de asistencia social que asegure el derecho a la salud, a la recreación, al deporte y la protección a la niñez y la vejez.

7). Garantizar los derechos de reunión, organización, expresión y movilización de las clases revolucionarias y sectores populares: de sindicalización, contratación y huelga para todos los trabajadores, sin excluir los de servicios públicos: de libertad de culto; de igualdad de derechos sin discriminación de sexos ni de razas.

8). Impulsar la lucha de los estudiantes, educadores, intelectuales, escritores, artistas y del pueblo entero por desarrollar una cultura nacional y científica al servicio de las grandes masas. Garantizar la enseñanza gratuita en todos sus niveles. Establecer el control estatal y popular sobre los medios de comunicación masiva.

9). La revolución colombiana hace parte de la revolución continental y se integra por lo tanto en el gran frente de liberación nacional de los pueblos oprimidos de Asia, África y América Latina. Apoyar a todos los países socialistas, al movimiento obrero internacional y a los movimientos revolucionarios de todos los países.

10). Pugnar por la anulación de los convenios y tratados internacionales, deudas y pactos militares que lesionen la soberanía nacional. Abogar por las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con todos los países del mundo en base a la igualdad, respeto mutuo y beneficio recíproco. Solidaridad con todos los pueblos que luchan por la defensa de su soberanía y contra la opresión extranjera, por la revolución y el socialismo, o consolidar una auténtica cooperación económica latinoamericana, sin intervención del capital extranjero imperialista.
Bogotá, 18 de febrero de 1977

Por ANAPO
Germán Gutiérrez Arroyo, Alfonso Cabrera T., Luis Carlos Alcaraz,
Jaime Jaramillo Panesso.
Por el MOIR
Marcelo Torres, Otto Ñañez
Por el MAC
Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta
Por los CDPR
Avelino Niño, Jorge Rodríguez.

DEL FREPAR

La nueva coyuntura que estamos por vivir se nos presenta preñada de aspectos positivos que debemos aprovechar al máximo y aspectos negativos que debemos superar con decisión. De ahí la necesidad de buscar el diálogo amistoso, fraternal y revolucionario. El Frente Patriótico Revolucionario (Frepar) al cual representamos acepta como una exigencia histórica el llamado a la unidad revolucionaria y popular. Creemos que todos los partidos y grupos revolucionarios estamos en el deber de aportar para que se consolide el proceso de Unidad; modestamente pensamos que todos y cada uno de quienes estamos empeñados en buscarla debemos superar cualquier vicio que pueda reducir el fundamental principio de la Unidad a una caricatura de democracia formalista. Esto nos obliga a ser cuanto más inteligentes y flexibles en nuestros puntos de vista particulares para forjar la Unidad dialéctica revolucionaria contrapuesta a la yuxtaposición de organizaciones, tendencias o ambiciones de grupo. La unidad sería ensalivada y falsa si solo la limitáramos a los acuerdos de dirigentes y organizaciones revolucionarias y no se basara en los compromisos ineludibles de trabajar y comprometernos con los múltiples problemas de las masas. Por otra parte el intento de Unidad sería antihistórico si excluye o no procura englobar, sino a todas, por lo menos a las organizaciones más representativas de la izquierda colombiana.

Como organización regional, localizada en el sur de Colombia, en Nariño y Putumayo, nos es obligante manifestar en el Foro fraternal que nuestro programa recoge el doble carácter de las aspiraciones regionales y nacionales. Tozudamente, desde hace 5 años educamos políticamente a los pueblos del sur en la defensa patriótica y revolucionaria de sus riquezas y recursos naturales. En el sur hemos señalado y explicado con sencillez a cada habitante que un pueblo saqueado en sus recursos estratégicos será hambriento y dependiente. Por eso de tiempo atrás enarbolamos unas consignas que sin esfuerzos demuestran el carácter de nuestra organización:
Contra el saqueo imperialista, lucha patriótica y revolucionaria.

El petróleo para beneficio de los pueblos que lo poseen.

NORMAS ORGANIZATIVAS

Art. 1°. La Comisión Permanente para la Unidad del Pueblo (CPUP) lucha por la unidad de la clase obrera y la alianza de todas las clases, capas, sectores, partidos, personalidades y demás fuerzas revolucionarias, para liberar a Colombia del dominio del imperialismo norteamericano e instaurar en el territorio patrio una nación independiente, justa y soberana.

Art. 2°. A la CPUP podrán ingresar las fuerzas políticas religiosas, gremiales y las personalidades que se comprometan a impulsar la construcción de un frente unitario, antiimperialista y antioligárquico, a luchar por el programa aprobado en el Primer Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria y a presentarlo como proyecto base de discusión ante las demás fuerzas revolucionarias.

Art. 3°. La CPUP tiene las atribuciones y el mandato de establecer relaciones con las organizaciones políticas y de cualquier otra índole que no obstante no haber asistido al Primer Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria estén en disposición de buscar los objetivos a que se refiere el artículo anterior.

Art. 4°. En la CPUP todas las decisiones se tomarán por unanimidad previa consulta y discusión democrática. La CPUP a nivel nacional y demás niveles subalternos se conformará con la participación de todos los partidos y organizaciones que la constituyan, con igualdad de derechos y obligaciones para sus agrupaciones integrantes. Las contradicciones serán resueltas partiendo de la necesidad de buscar el acierto en las decisiones mediante el estudio sereno de las situaciones y con el espíritu de preservar y desarrollar la unidad, mediante la crítica fraternal ejercida para ayudar a corregir los errores.

Art. 5°. La CPUP respetará la independencia ideológica y organizativa de las fuerzas aliadas, de manera que a ningún partido se le permitirá inmiscuirse en los asuntos internos de otro, ni infiltrarlo con cuadros de doble militancia, ni sustraerle sus efectivos. La CPUP auspiciará constantemente la coordinación y cooperación de todas las fuerzas integrantes en las luchas que se libren en pro de la causa popular y revolucionaria.

Art. 6°. La CPUP estará compuesta por dos miembros por cada organización integrante a nivel nacional. La comisión tendrá un Coordinador General, un Secretario y un Tesorero y las comisiones de trabajo que acuerde constituir. Este organismo aplicará los acuerdos de las fuerzas aliadas y estos principios de organización.

Art. 7°. El tesorero nacional de la Comisión manejará los fondos de la organización, de acuerdo con las instrucciones de la misma, cuyo recaudo provendrá de las contribuciones de las fuerzas integrantes y aportes voluntarios. Los gastos de la CPUP serán financiados por partes iguales entre las organizaciones integrantes.

Art. 8°. La CPUP desarrollará en todo el territorio nacional la política unitaria, formando organismos conjuntos a diferente nivel geográfico o regional de acuerdo con las normas generales que se consignan en los artículos anteriores y basados en la línea trazada a nivel de todo el país.

Art. 9°. Los militantes de los partidos y movimientos representados en la CPUP se guiarán para su actuación política, ya sea en los sindicatos y demás organizaciones de masas, corporaciones públicas etc., por sus orientaciones programáticas antiimperialistas y democráticas, promoverán la lucha consecuente contra el régimen oligárquico y acatarán las determinaciones de los organismos unitarios a que pertenezcan, en particular las de la CPUP de carácter nacional.

Bogotá, 18 de febrero de 1977

Por ANAPO
Germán Gutiérrez, Alfonso Cabrera T., Luis Carlos Alcaraz, Jaime Jaramillo Panesso.

Por el MOIR
Marcelo Torres, Otto Ñañez.

Por el MAC
Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta

Por los CDPR
Avelino Niño, Jorge Rodríguez

JAIRO ANÍBAL NIÑO GANÓ PREMIO DE LITERATURA INFANTIL

Jairo Aníbal Niño, escritor y dramaturgo del Teatro Libre de Bogotá, ganó el pasado 4 de marzo el concurso nacional de literatura para niños en Enka de Colombia, con su obra Zoro, calificada por el jurado del concurso como “la obra infantil más poética de los últimos 30 años en Colombia.

En su trayectoria Jairo Aníbal ha merecido reconocimiento internacional. Sus obras traducidas a cinco idiomas, representan el nuevo arte que surge del país, fruto de la vinculación de los artistas revolucionarios a la vida del pueblo.

Varios certámenes culturales han otorgado al escritor los mejores premios. Durante el V Festival Mundial de Teatro realizado en Nancy, Francia, su obra El Monte Calvo fue calificada como el mejor espectáculo libre. Asimismo Las bodas de lata y El golpe de estado, recibieron los máximos galardones en concursos y festivales nacionales. Jairo Aníbal también es poeta, pintor y periodista y actualmente trabaja con el taller de dramaturgia del Teatro Libre. De la colección de sus obras se destacan, entre otras, Los inquilinos de la ira y El sol subterráneo.

Arte que surge del pueblo

Con respecto al triunfo de sus obras, Jairo Aníbal dice: “La corrección de la línea política de un partido revolucionario se refleja en todos los aspectos de la vida de un país y naturalmente en el campo de la cultura y el arte.

Por lo tanto los triunfos y aciertos de los artistas revolucionarios se deben, por una parte, a su vinculación con las masas, a su estrecha relación con el pueblo, lo cual les proporciona la sangre y la carne para su obra y, por otra parte, no se pueden explicar sino a través de la existencia de un partido que arma al artista para que éste se ponga de manera eficaz al servicio de los trabajadores.

Mi obra Zoro, ganadora del premio nacional de literatura para niños es el resultado del anterior planteamiento. He procurado conocer a fondo a mi pueblo, he aprendido a amarlo y a respetarlo, porque sé que todo arte tiene como fuente la entraña popular. Es allí donde bebemos esos elementos que luego el trabajo artístico se encarga de darle su bruñido cuerpo. Mi militancia en el MOIR ha sido vital para mi oficio literario. El partido me ha armado, ha iluminado mi camino y esa militancia es la que me va a permitir a través de mi oficio literario servir modesta pero permanentemente a las necesidades del MOIR que son las necesidades de los trabajadores y de la revolución colombiana”.