“HA LLEGADO LA HORA DE LA UNIDAD”

(extractos)

De Diego Montaña Cuéllar

Compañeros, la hora de la izquierda ha llegado. La revolución no es un problema de días ni de meses, pero hay algo que es necesario precisar y que ya ha sido expuesto por los dirigentes de los movimientos que integran este Foro. El país no atraviesa, simplemente, por una depresión económica. Depresiones económicas ha habido muchas. No es simplemente la miseria, la penuria y el hambre que invade los hogares de las clases trabajadoras. Hace tiempo están instaladas en Colombia la miseria, la penuria y el hambre. Es algo mucho más grave. Lo que ocurre es que se resquebraja profundamente todo el sistema. Es que hay una crisis de fondo del sistema y de la sociedad burguesa que se expresa en Colombia en la ineptitud de las clases dirigentes para seguir gobernando el país. Por eso, compañeros, la hora de la izquierda ha llegado.

Esforcémonos por conducir esta unidad popular hacia su término. Tenemos grandes baluartes; tenemos la Alianza Nacional Popular, que ilumina con esa claridad interior ese vigía de la revolución colombiana que es José Jaramillo Giraldo. Tenemos un gran capitán con Jaime Piedrahíta Cardona que mantendrá la nave de la unidad popular sin exponerla jamás a los vaivenes del oportunismo, dirigiéndola dentro de la ecuanimidad, dentro de la unidad nacional. Tenemos a parte de los grupos socialistas que tanto han hecho por el desenvolvimiento de la conciencia política de la clase obrera. Y tenemos, además al Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, esa gran fuerza que ha abierto para amplios sectores la perspectiva de la lucha revolucionaria.

Aquí falta el Partido Comunista, es cierto. Yo quiero decirles a ellos, con la autoridad que me da la gran admiración que siento por sus bases y por todas sus luchas libradas, que todos los comunistas tenemos la obligación de cumplir el mandato contenido en él capítulo segundo del Manifiesto comunista. Los comunistas no podemos tener posiciones que oponer a los intereses del proletariado. Los comunistas no tenemos programa diferente de los programas de liberación de la clase obrera. Los comunistas no podemos distinguirnos por privilegios sino por la demostración que hagamos en el proceso revolucionario de ser los más modestos, los más abnegados, los más resueltos.

Estoy seguro que las bases del Partido Comunista comprenderán que esta es una unión generosa que no excluye a nadie, que no veta a nadie, pero que no permite vetos contra nadie, esta unión no le resta a nadie posibilidades de demostrar cuál es su superioridad revolucionaria. Pero hay que hacerlo es participando en el proceso que se inicia. Yo creo que los Camaradas del Partido Comunista vendrán. Y vendrán porque, como lo decía con gran exactitud Francisco Mosquera, este proceso que se inicia es el comienzo de la construcción de la necesaria unidad para conducir al pueblo colombiano a la revolución democrática y luego al socialismo.

Estamos en los umbrales de un gran movimiento nacional. Estamos ante la posibilidad, real y concreta, de aislar a las clases dominantes. Así como antes el sectarismo y el dogmatismo nos han aislado, hoy, a partir de esta noche, y luchando contra el sectarismo y el dogmatismo, podemos unificar alrededor de la clase obrera a todas las fuerzas nacionales colombianas y podemos aislar a la oligarquía dominante.

EL PROLETARIADO CONSOLIDA SU FUERZA

Mientras el gobierno antipopular de López atraviesa día a día por dificultades, el proletariado coordina exitosas movilizaciones a escala nacional, lanza millares de sus efectivos al combate por la defensa de los derechos democráticos y obtiene nuevos triunfos. Se abre paso la unidad de las fuerzas revolucionarias en un solo frente de lucha, forjado al calor de las batallas cotidianas contra el régimen despótico y hambreador.

El magisterio prepara combate

La junta nacional ampliada de FECODE reiteró el 19 de marzo que el único camino para derrotar el Estatuto Docente es el paro nacional y llamó a los sindicatos filiales a respaldarlo masivamente.

Aprobaron ya el paro, desde comienzos de marzo, numerosas asambleas zonales efectuadas en Bogotá, así como Aspemboy y Sindimaestros, de Boyacá, Adida de Antioquia, la IV Convención de Nacional de Aceinem y otras organizaciones de los educadores. También millares de maestros en el Valle del Cauca, Atlántico, Arauca, Cundinamarca, Bogotá, Antioquia, Cauca, Quindío, Huila, Santander y Tolima, durante varias semanas realizaron victoriosas huelgas en protesta por el atraso de los sueldos, y mil quinientos profesores del Chocó, un paro indefinido para presionar el pago de los salarios que el gobierno les adeuda.

Después de la agitación y las movilizaciones llevadas a cabo por los maestros, que han contado con la fervorosa simpatía de las fuerzas sindicales y populares, el gobierno anunció que la aplicación del Estatuto Docente quedaría suspendida temporalmente. En todo caso la junta ampliada de FECODE convocó para el 4 de abril un Pleno Nacional, que decidirá en definitiva el camino a seguir. El combate contra el policivo Estatuto movilizará a más de 150.000 maestros y construirá un poderoso refuerzo para el frente de batalla del proletariado.

Decenas de contiendas sindicales

Ante la arremetida de millares de trabajadores, que se lanzaron en no menos de treinta grandes empresas e instituciones a la defensa de la contratación colectiva y de la huelga, el gobierno se vio obligado a pactar aumentos convencionales que superan el 18 por ciento, límite calificado por el propio López como “infranqueable”.

La clase obrera rechazó unánimemente los tribunales de arbitramiento y reivindicó el camino de la negociación directa.

El 16 de marzo, una huelga de varias semanas paralizó cerca de 50 centros hospitalarios, con el respaldo de más de 60.000 asalariados. A la postre, el gobierno tuvo que ceder muchas de sus intransigentes negativas. En el curso del movimiento, los sindicatos de la salud denunciaron el cierre criminal de la Hortúa de Bogotá, paralizada por la asfixia presupuestal.

La opinión pública nacional repudió enérgicamente el brutal allanamiento del Hospital de Cartagena, ejecutado el 7 de marzo por la infantería de marina, que destruyó equipos quirúrgicos, golpeó a los pacientes y empleados y desalojó al personal médico. La tropa ocupó el 12 de marzo el Hospital Ramón Gonzáles Valencia de Bucaramanga, cuyos trabajadores se negaron a reiniciar actividades como expresión de protesta, pese a los despidos y sanciones que recayeron sobre dirigentes y activistas.

Cuando esperaban la hora cero, siete mil quinientos obreros metalúrgicos de Paz de Río (Boyacá), el gobierno y la empresa accedieron a firmar aumentos convencionales del 24 y el 26 por ciento.

Igual cosa sucedió en Telecom, Inravision, Administración Postal, Colpuertos y el Ministerio de Justicia, donde se obtuvieron varias conquistas, luego que los trabajadores –clasificados como empleados públicos – habían votado la huelga. Protocolizaron acuerdos poco después Fenaltracar y el Sindicato Nacional de Purina, que preparaban el paro nacional, ya aprobado por las bases.

700 asalariados, dirigidos por Adenavi, interrumpieron durante varias semanas el dragado del canal del Dique y el mantenimiento de los muelles de Barrancabermeja y Puerto Berrío, logrando al cabo importantes reivindicaciones. Los días 19,20 y 21 de marzo, 400 obreros de Flores S.A., de Funza (Cundinamarca), dieron una valerosa muestra de resistencia, en protesta por el despido de destacados dirigentes del sindicato. Finalmente, los mineros de Industrial Hullera de Amagá (Antioquia) concretaron el 8 de marzo un arreglo que comprende mejoras en sueldos y otros puntos extralegales.

Al cierre de esta edición se supo que la USO había obtenido una significativa victoria parcial en la discusión y defensa de su pliego de peticiones. La firmeza de los trabajadores de Ecopetrol derrotó el contrapliego que la empresa pretendía imponer mediante un tribunal de arbitramiento, y forzó al gobierno a traspasar su propia frontera salarial del 18 por ciento.

Durante las negociaciones, la USO recibió del proletariado y de las masas populares el más caudaloso respaldo que se tenga noticia en los últimos años de la historia sindical del país, apoyo exteriorizado a través de numerosos mítines y declaraciones en la jornada de solidaridad del 4 de marzo.

Dentro del debate público suscitado por el conflicto petrolero, se demostró que para resolver no solo el problema energético del país, sino el bienestar de la clase obrera, es indispensable el rescate de los recursos naturales de manos de los monopolios y la independencia nacional de la influencia del imperialismo. Otra gran lección de la pelea de la USO es la necesidad de mantener dentro del campo de la revolución una política que unifique a todas las fuerzas en torno de una línea de combate, tanto contra el sistema oligárquico explotador, como contra el gobierno que lo representa.

A pesar de los logros alcanzados, quedan pendientes reivindicaciones muy sentidas por los trabajadores de Ecopetrol, como las de la estabilidad plena, la supresión del sistema de contratistas que le niega los derechos convencionales a una inmensa gama de trabajadores y otras conquistas democráticas y sindicales. La USO, que ha salido fortalecida y unificada de esa batalla, no cejará en sus intentos por alcanzar tales objetivos y en dar su aporte al prolongado combate por la liberación nacional y por la construcción de una patria soberana, democrática y próspera.

Continúan huelgas
720 trabajadores de metalúrgica de Boyacá, de Paipa, en paro desde el 25 de febrero, se convirtieron en avanzada combativa del sindicalismo de este departamento al congregar en Tunja dos semanas después a 10.000 manifestantes, en un acto entusiasta que contó con la presencia de directivos de UTC, Utramicol, Utrabo, Fecode, Fenaltracar y el Comité de Unidad Sindical de Boyacá.

Se encuentran también en huelga los obreros de Cervunión de Medellín, El Diario de la Costa de Cartagena y la fábrica de tornillos y remaches Gutemberto de Bogotá. Se preparan para el cese de actividades, de no concretar acuerdos satisfactorios para sus pliegos de peticiones, los sindicatos de Quintal de Barranquilla – subsidiaria de Celanese – la Chocó Pacífico, Monómeros Colombo-Venezolanos de Cartagena y Planta de Soda de Zipaquirá.

En el frente de los servicios públicos, más de 3.000 asalariados de las Empresas Varias de Medellín impidieron con un paro, el 16 de marzo, el funcionamiento del matadero, el aseo de las vías públicas y la recolección de la basura, para presionar la solución de sus exigencias. Coordinados por el Comité Intersindical de Trabajadores del Estado (CITE), los trabajadores del DANE y la Registraduría Civil, considerados arbitrariamente como empleados públicos, llevaron a cabo paros parciales el 10 de marzo. A su turno, el sindicato de Empresas Municipales de Cali programó paros escalonados y mítines, en protesta por el alza de las tarifas, el racionamiento de energía y la negativa de la administración a solucionar el pliego petitorio.

Ante los continuados atropellos de la empresa, que despidió a siete directivos sindicales y a 40 trabajadores, el Sindicato de la Compañía de Empaques de Medellín ha anunciado que responderá con decididas acciones de masas. En igual forma se preparan para nuevas acciones los sindicatos de la caña de azúcar, en el Valle del Cauca, donde los ingenios amenazan con echar a la calle a centenares de obreros.

“QUEREMOS UNA PATRIA LIBRE DE LA COYUNDA IMPERIALISTA”

(extractos)

De Jorge Regueros Peralta

Qué extraordinario espectáculo éste del teatro Jorge Eliécer Gaitán que congrega a los movimientos revolucionarios colombianos y le anuncia al país que la conciencia revolucionaria está despierta y en marcha. Y cómo contrasta con el espectáculo que presenta el sistema social imperante encarnado en el gobierno de Alfonso López Michelsen. ¿Cómo podemos derrotar este gobierno de explotación, hambre y miseria?.

Uniéndonos todos los que queremos una transformación social, los que queremos una patria liberada de la coyunda imperialista y de la explotación nacional. La izquierda colombiana tiene, pues, una responsabilidad histórica extraordinaria: la responsabilidad de hacer la revolución. Pero para hacer esta revolución no hay otro camino en Colombia que la unidad popular. Esto es, el proyecto de una unidad popular verdadera, leal, generosa, amplia, sin estirpes, sin celadas, una unidad en que todos contribuyamos con nuestro propio esfuerzo a la inmensa tarea de hacer la revolución colombiana, una unidad verdadera que no se mueva por propósitos subalternos. Nuestro movimiento ha declarado, y vamos a declararlo de nuevo esta noche, que no hay en Colombia un movimiento por respetable y poderoso que sea, ni una tribuna que pueda él solo o ella sola realizar las tareas de la revolución.

Francisco Mosquera tenía razón al decir que este proceso de la unidad no ha nacido hoy. Yo creo también que es un proceso muy largo que se va incubando a través de toda la historia de Colombia; que los revolucionarios contemporáneos tenemos que reivindicar esa historia, tenemos que lanzar nuestros valores nacionales; tenemos que decir que los partidos revolucionarios sí somos los partidos históricos porque estamos afincados en la historia nacional; porque el socialismo tiene antecedentes desde los albores de las luchas coloniales; porque el lema de Galán de los oprimidos contra los opresores tiene vigencia actual; porque nosotros podemos levantar y reclamar para nosotros las luchas de Antonio Nariño y José María Carbonel y de su partido popular de los “patiadores”, podemos decir que nos pertenecen las figuras de Victoriano y Diego Paredes en la lucha del Congreso contra los que se oponían a la libertad de los esclavos; porque debemos decir que prohijamos el llamado de Rafael Uribe Uribe al pueblo colombiano a nutrirse en las fuentes del socialismo; porque reivindicamos la lucha popular de Gaitán y decimos como él que la miseria no es liberal ni conservadora sino simplemente miseria, porque hacemos nuestra la figura de Camilo Torres Restrepo.

El porvenir, compañeros y compañeras, nos pertenece. Pero nos pertenece si somos capaces de conquistarlo, si no olvidamos la advertencia de Marx de que la historia trabaja para nosotros a condición de que nosotros trabajemos para la historia. ¡El ejército de la revolución colombiana se ha puesto en marcha! ¡En este lugar, en este día y en esta hora se ha iniciado una nueva página en la historia de Colombia!

EL MANDATO DE REPRESIÓN: VIOLENCIA TERRATENIENTE EN PLATO, MAGDALENA

Los campesinos de las veredas del corregimiento de los Andes, cercano a Plato, Magdalena, se están organizando para enfrentar la violencia terrateniente como producto de la cual 25 familias fueron desalojadas de sus tierras.

La colonización de esta región se inició a finales de los años sesenta. Familias provenientes de todo el país se radicaron en los montes de los alrededores, los adecuaron para la producción agrícola y establecieron varias veredas. Hace dos años, después de innumerables trámites, los campesinos lograron por fin que el INCORA les titulara las tierras.

Los latifundistas de la zona llevaron entonces un bulldozer para desmontar algunos terrenos y desvirtuar el argumento de su no explotación y, de paso, arrasar con viviendas y cultivos. “Nos echaron encima la máquina y trajeron carabineros a cuidarla, pero nosotros protegimos nuestras casas parándonos delante”, relata un campesino.

La persecución contra los campesinos se intensificó. La policía irrumpió en tres viviendas para apresar a sus moradores. Al no encontrar a uno de los hombres buscados, golpearon a su mujer y la violaron.

Entre diciembre y enero pasados, matones a sueldo de los terratenientes quemaron seis casas, tumbaron otras tres, derribaron las cercas e introdujeron 400 reses que acabaron con los cultivos. En febrero incendiaron otras 17 viviendas. La noche del 7, descerrajaron un disparo entre las cejas del agricultor José Hernández, quien se encuentra en el Hospital Universitario de Cartagena con la bala alojada en la base del cráneo. El 28, después de atropellos y crímenes sin nombre, las últimas tres familias que permanecían en El Socorro vieron arder sus ranchos.

Los campesinos desalojados han encontrado en las veredas vecinas la solidaridad de los demás trabajadores, que los han recibido en sus viviendas y comparten con ellos el agua y la comida. Por esta razón saben, como lo expresó uno de ellos, que “la unidad del pueblo es la única vía que tenemos para enfrentar esta humillante situación y algún día poder terminar con ella definitivamente”.

“CONTRA LA UNIDAD SÓLO ATENTAN LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO”

(extractos)

De Luis Avelino Niño

Hoy, cuando con irresistible fuerza, superando múltiples dificultades, se abre paso una importante corriente unitaria antiimperialista y antioligárquica, fruto de los últimos años de luchas populares y también de la mayor comprensión y madurez alcanzada en los últimos años por el movimiento revolucionario, es una importante victoria que este sector revolucionario constituido en la Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo haya logrado un acuerdo sobre un programa antiimperialista y democrático, poderosa arma en la lucha de nuestro pueblo por conquistar la democracia, la independencia, la libertad y la tierra.

Sólo un programa así recoge las aspiraciones más sentidas de nuestro heroico pueblo en la larga lucha por la liberación nacional. Su conformación no es sino el fruto de la incansable lucha de las masas campesinas por pan, libertad y tierra; de los obreros, trabajadores, maestros y empleados por sus reivindicaciones y derechos; de pequeños y medianos comerciantes e industriales y vendedores ambulantes contra el gran monopolio; de poblaciones enteras por mejores condiciones de existencia; y de miles de estudiantes e intelectuales contra la penetración cultural imperialista. Y por ello sólo pertenece a la nación y al pueblo colombiano. Y no es ni puede ser convertido en patrimonio exclusivo de grupo, partido o movimiento alguno.

Este importante logro tiene otra significativa característica y es la de haber alcanzado una unidad que supera la mera unidad de acción pasajera y momentánea que impide la lucha contra el gobierno de López en una clara perspectiva revolucionaria. Estamos convencidos de que toda lucha o combate popular, por grande que sea, no tendrá fruto si no está orientado precisamente por esa perspectiva clara hacia la toma revolucionaria del Poder para las amplias masas populares.

Contra la unidad atentan solamente los enemigos del pueblo. La peor calamidad para los países oprimidos por el yugo extranjero es la falta de unidad. Como contrapartida, su más preciada arma está en saber unirse para conquistar la victoria. En nuestro país las masas populares luchan a diario, pero su avance será muy tortuoso si no se unen todas sus fuerzas en torno a un programa revolucionario, democrático y nacional.

Compañeros de la ANAPO, del MOIR, del MAC y demás compañeros: esforcémonos todavía más por construir una unidad profunda y significante de incidencia histórica. Resolvamos correctamente nuestras contradicciones que esto será de beneficio mutuo. Hagamos todos los esfuerzos posibles para atraer a otras fuerzas y ganar a cualquier hombre del pueblo que ose levantarse contra el imperialismo y quiera construir una patria nueva. Apliquemos consecuentemente los acuerdos. ¡Que la lucha revolucionaria se convierta en la tónica de nuestros días. Si nos unimos, un brillante futuro nos espera!

ASESINADO DIRIGENTE DEL MOIR EN MAICAO

Los gamonales de la Guajira han agregado un nuevo eslabón a la larga cadena de crímenes de la minoría oligárquica contra el pueblo colombiano. Después de que participó en la organización de la invasión “Los Comuneros” llevaba a cabo el 4 de febrero en Maicao, el compañero Eugenio Pimienta, militante del MOIR y dirigente popular del departamento, cayó acribillado por una cuadrilla de homicidas a sueldo, en las afueras del nuevo barrio. Desde 1974 Pimienta había formado parte del Comando de la UNO-MOIR y durante las elecciones de 1976 jugó un papel vital en la propagación y agitación de las tesis revolucionarias de nuestro Partido, por lo que gozaba de un merecido prestigio.

Desafiando las prohibiciones gubernamentales, miles de personas se hicieron presentes en el entierro, que se convirtió en una de las más grandes manifestaciones políticas que haya conocido Maicao. Durante el sepelio llevaron la palabra dirigentes de la ANAPO y el MOIR, quienes resaltaron el ejemplo revolucionario del compañero Pimienta como defensor incansable de los intereses del pueblo guajiro.

Rindiéndole un homenaje póstumo a su dirigente, los invasores acordaron camibar el nombre de “Los Comuneros” por el de Eugenio Pimienta”.

“UNÁMONOS CON QUIENES ESTÉN CONTRA EL SISTEMA”

(extractos)

De Carlos Toledo Plata

Desde el 5 de enero de 1976, cuando decidimos crear la Anapo Socialista, hemos venido desarrollando dentro de nuestras propias filas una labor de profundización de todo nuestro proceso político. A él han contribuido, fundamentalmente, las diferentes luchas que hemos librado con los compañeros del MOIR, del Partido Comunista, de la Liga y otras organizaciones de izquierda, en defensa de los intereses populares en distintos lugares del país. Estuvimos en el paro cívico de Barranca; luchamos, hombro a hombro, con las demás fuerzas revolucionarias en el paro cívico de Bucaramanga, y aquí están presentes algunos delegados de Piedecuesta que en una gran movilización, en una gran lucha demostraron de lo que es capaz el poder popular.

En este proceso hemos comprendido la necesidad de luchar por la unidad de las fuerzas revolucionarias. Por eso podemos decir aquí que nosotros estamos comprometidos con la unidad de las fuerzas revolucionarias, con la política de la unidad.

Pero entendemos también, compañeros, que no se trata solamente de una unidad a secas. Creemos que la simple unidad para las movilizaciones, la simple unidad para las declaraciones públicas, la simple unidad para un proceso electoral, no son suficientes. Este paso dado es muy importante, pero no podemos olvidar que estamos comprometidos en un proceso revolucionario. Nuestra unidad en ningún momento podrá ser una unidad para la conciliación. Tendrá que ser una unidad para la revolución. Por eso dentro de nuestro programa estratégico hemos analizado y discutido la conformación del gran Frente de Liberación Nacional. Creemos que este frente tendrá que estar conformado por las organizaciones políticas, por los organismos gremiales, por todas las fuerzas que estén en contra del sistema, por las personalidades democráticas que se comprometan en la lucha por la liberación nacional.

En el momento actual, ahora que se avecina una contienda electoral, la Anapo Socialista está dispuesta a respaldar un candidato presidencial único de la oposición. Y haremos todos los esfuerzos necesarios para que se concrete esta aspiración, para que se consolide la unidad. Un candidato único de la oposición nos daría una gran movilidad y nos permitiría una mejor política de entendimiento.

ABALEADOS ESTUDIANTES DE 11 A 17 AÑOS

Hasta qué punto ha llegado el régimen represivo del mandato lopista, lo revela el hecho de que el pasado 10 de marzo fueron heridos a bala ocho estudiantes de 11 a 17 años, cuando salían pacíficamente del Colegio Académico de Buga. Las unidades del Ejército que tenían rodeado el centro de enseñanza, anunciaron que los menores podían abandonar el recinto; así lo estaban haciendo, cuando la tropa comenzó a disparar. Como resultado de este criminal atentado, los colegiales José A. Losada, Carlos Naranjo, Jorge H. Núñez, José Arquímedes Quintero, William de Jesús Fernández, Jaime González, Carlos Barbetty y Carlos Bejarano, quedaron gravemente heridos y se encuentran en el Hospital San José.

EDITORIAL: EL FORO DEL 18 DE FEBRERO

Varios oradores del Foro del Teatro Jorge Eliécer Gaitán coincidieron en señalar que el 18 de febrero era una fecha con sabor histórico; en esa forma destacaban la importancia del acto y sobre todo el presentimiento arraigado de que los acuerdos de ese día están llamados a influenciar el acontecer revolucionario del futuro inmediato de Colombia. El 18 de febrero, además certifica la madurez y el avance ideológico y político de un buen número de organizaciones partidistas contrarias al sistema y al gobierno que lo representa. Lo podríamos comparar al arribo de una estación en el itinerario de un largo y penoso viaje. Por que no se vaya a pensar que a las conclusiones del Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria llegamos sin dura brega.

Fue necesario hacer prevalecer en el campo de la revolución la teoría acertada de que las tareas de la emancipación del pueblo colombiano y de la prosperidad de Colombia fructificaran solo con la liberación nacional del dominio imperialista y la instauración de un Estado de las clases y fuerzas revolucionarias sustentado en la alianza obrero-campesina; y de que tales conquistas solo podrán alcanzarse mediante un frente único en torno de un programa nacional y democrático y bajo una dirección compartida democráticamente por las clases, sectores, organizaciones, partidos y personalidades antiimperialistas y antioligárquicas. Fue necesario igualmente vencer las tendencias sectarias y vacilantes y desbaratar todas y cada una de las intrigas de los saboteadores solapados de la unidad.

Pero estos triunfos no hubieran sido posibles sin la honda crisis de la sociedad colombiana y el descrédito y las contradicciones insuperables del régimen lopista; sin la experiencia acumulada por las fuerzas revolucionarias en agudas luchas de muchos años; sin la rebeldía interna de la izquierda anapista contra la línea claudicante de su vieja dirección; sin el desarrollo del marxismo-leninismo y la comprensión progresiva por parte de éste de la realidad nacional y, en fin, sin los aportes, el desprendimiento y la sincera actitud de los múltiples coautores del foro del 18 de febrero. Al MOIR le corresponde un grano de arena en esta empresa; sin embargo, lo que vale la pena de tenerse en cuenta por la militancia de nuestro Partido es que nos hallamos apenas al pie de la cuesta de la unidad del pueblo. Que contra ella conspiran diversas contracorrientes, a las que debemos cerrarles el paso blandiendo tenazmente la lucha ideológica, como aconsejara el compañero Francisco Mosquera en su discurso del 18 de febrero. Y que nuestra meta es la de estructurar un solo frente de todos los oprimidos y opositores a la cuadrilla liberal-conservadora que usurpa el Poder y traiciona a Colombia, única medida que nos permitirá realmente sacar provecho de las enormes dificultades por las que atraviesa el enemigo. Habremos de redoblar nuestros esfuerzos para consolidar los logros del 18 de febrero, profundizando el acercamiento con nuestros aliados, manteniendo la guardia entre los brotes sectarios, contrarrestando a tiempo las pretensiones de desfigurar los acuerdos obtenidos y creando un ambiente que facilite extender la unidad con otras fuerzas y partidos reacios aunque susceptibles a entenderse con nosotros.

¿Cuáles son los frutos principales del 18 de febrero? En primer lugar la identidad conseguida por la Anapo, el MAC, los CDPR y el MOIR alrededor de los dos documentos fundamentales del Foro: el programa revolucionario nacional y democrático y las normas democráticas organizativas de la unidad.

Son dos piedras angulares para la futura construcción del frente unido. Las cuatro organizaciones partidarias mencionadas integraron como máximo organismo de dirección y coordinación la Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo que garantizará en la lucha la realización del programa acordado y la aproximación con otros partidos y sectores dispuestos a impulsar el más vasto frente unitario antiimperialista y antioligárquico. Hubo consenso también acerca de la situación política del país, de las irreversibles contradicciones que arrinconan a la coalición dominante y de las condiciones favorables que actualmente se presentan para impulsar la unidad de las fuerzas revolucionarias. Asimismo se sindicó al gobierno continuista de López Michelsen de mayor entrega de la nación a los monopolios imperialistas, causa determinante del hambre del pueblo, el estancamiento de la producción nacional, el enriquecimiento de las minorías antipatrióticas intermediarias, la corruptela administrativa, la negación en la práctica de las libertades públicas y la represión violenta contra las masas populares. Estas consideraciones quedaron consignadas en la declaración política del Foro, que compendia toda una línea de acción revolucionaria, con la cual se ha comprometido, junto con las cuatro organizaciones nombradas, la Anapo Socialista. De otra parte, se aprobó un plan de movilizaciones y de luchas en pro de los derechos democráticos del pueblo, en contra de los atentados represivos del despotismo oficial, en defensa de las demandas de la clase obrera y del resto de fuerzas revolucionarias y en solidaridad con los pueblos del mundo que luchan por su independencia, soberanía y bienestar. Dicho plan recibió el respaldo de todos los partidos participantes del Foro, incluyendo al Bloque Socialista y a la Organización Comunista Ruptura. De las movilizaciones convenidas, ya se llevó a cabo la jornada del 4 de marzo, en apoyo de los obreros petroleros, del magisterio y demás trabajadores en conflicto con la reacción patronal y gubernamental, que sacó a la calle a decenas de miles de manifestantes en todo el país y que en Bogotá produjo la más combativa, grandiosa e impresionante demostración popular contra el “mandato de hambre, demagogia y represión”, con la concurrencia beligerante de aproximadamente treinta mil personas, entre obreros, campesinos, vendedores ambulantes, estudiantes, empleados, artesanos, pequeños y medianos productores y comerciantes.

El Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria culminó pues en un éxito rotundo. Las voces que últimamente han salido con el caballito de batalla de que la unidad no surgirá de reuniones ni de las firmas estampadas en el papel, buscando demeritar los avances obtenidos el 18 de febrero, no hace más que destilar su propia desazón. El foro refleja el auge en que se encuentra el proceso unitario del pueblo colombiano y los acuerdos concretados sintetizan los progresos ideológicos y políticos de las fuerzas revolucionarias del país. Así como todo partido tiene su programa que expresa los motivos por los cuales lucha en procura del Poder, o en el Poder mismo. Sin querer decir esto que el partido brota milagrosamente del programa, la unidad sellada ha precisado de unos compromisos programáticos y organizativos mínimos que orientan el rumbo de la alianza revolucionaria y hacen eficaz la cooperación en las diversas contiendas, sin significar esto que la unión del 90% y más de la población colombiana en un frente de lucha despejada definitivamente en virtud de la victoria que hemos obtenido. Los documentos aprobados en el Foro, especialmente el programa y las normas de funcionamiento, indican la voluntad de las agrupaciones que los suscribieron no sólo de dotar la unidad de una orientación revolucionaria exacta en pos de las reivindicaciones económicas y políticas primordiales del pueblo colombiano, y de obstaculizar la labor de quienes pretendan entorpecer o traicionar las aspiraciones populares, sino que con ello se está proclamando la disposión a contribuir con una alianza a largo plazo, en la que hay que hacer concesiones recíprocas, y admitir una determinada disciplina que a la vez que facilite la concentración de recursos y medios y multiplique la fuerza de la revolución, se compagine con el postulado de la autonomía ideológica y orgánica de los respectivos partidos. Ahora corresponde propugnar la leal aplicación de los compromisos contraídos, llevarlos a las masas para que éstas los conozcan, asimilen y hagan suyos como un arma poderosa en el combate secular por sus derechos e intereses.

El Foro dejó las puertas abiertas para discutir y encontrar soluciones satisfactorias con otras organizaciones que no obstante haber manifestado su interés en una alianza antiimperialista y antioligárquica y haber sido invitadas al evento, estuvieron ausentes de sus deliberaciones. Debido a esto no concertó formalmente un frente, dando un plazo prudencial para ensanchar el radio unitario con aquellos sectores políticos. Dentro de ese tenor se hace un llamamiento público al Partido Comunista y a otras organizaciones distintas a la coalición gobernante, con las que nos separan grandes o pequeñas diferencias, para que agotemos los procedimientos tendientes a configurar un solo frente unido. En relación a la exigencia reiterada que ha venido formulando este partido de que la unidad ha de ubicarse internacionalmente en el bando de la Unión Soviética, mediante el mecanismo de respaldar al gobierno de Cuba, y que resulta inadmisible para varias fuerzas, entre ellas el MOIR, el Foro dio una definición concluyente y positiva al asunto, y es la de que el frente en su lucha por la liberación y soberanía nacionales se identifica con todos los pueblos sometidos que contienden por los mismos fines de independencia y autodeterminación, y apoya al proletariado mundial, a los países socialistas y a los movimientos revolucionarios del globo entero, pero no se alinea a ningún bloque de Estados en el terreno internacional. De esa manera se le ha dado una salida programática correcta a una cuestión de discordia que, sin escabullir los deberes internacionalistas de la revolución colombiana, permite la participación en un solo frente de todas las fuerzas contrapuestas a la actual dominación del imperialismo norteamericano sobre Colombia y al gobierno que la encarna.

El MOIR está plenamente convencido de tener la razón en cuanto a la interpretación de la polémica planteada por el movimiento comunista internacional sobre la situación mundial; sin embargo, no pretende que sus aliados adopten sus puntos de vista al respecto. Somos conscientes de que empecinarnos en una solicitud de esta naturaleza levantaría de hecho un impedimento demasiado grande para alcanzar en la coyuntura prevaleciente la más extensa unidad revolucionaria en Colombia, indispensable a los propósitos de favorecer la liberación de la nación e impulsar la revolución.

Ante tan tremenda alternativa hacemos una concesión que estimamos de monta y optamos por una salida acertada como la propuesta. Por el contrario, el Partido Comunista insiste contumazmente en matricular el frente en la política soviética, buscando vetar a los destacamentos que no comparten su criterio y poniendo en peligro la unidad del pueblo. Cuando el MOIR y el Partido Comunista pactaron la alianza y fueron conjuntamente a las elecciones de 1974, el programa unitario que entonces se elaboró tampoco situó a la UNO en ningún bloque de Estados, mantuvo en este sentido una posición invariablemente neutral, sin que ello fuera óbice para enfatizar la simpatía y fraternidad hacia los pueblos que pelean contra la opresión extranjera y en bien de la revolución y el socialismo, y para abogar por las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con todos los países en pie de igualdad, respeto mutuo y beneficio reciproco. A quien desee comprobar esto le bastará leer o repasar los llamados nueve puntos de la Unión Nacional de Oposición, promulgados por la II Convención, el 22 de septiembre de 1973.

Las posteriores acusaciones del Partido Comunista de que pretendemos enfilar el frente unido contra Cuba, haciendo interpretación acomodaticia de las divergencias de fondo que tenemos concernientes a estos problemas, no son más que maniobras desesperadas dirigidas a echar una cortina de humo sobre una proposición unitaria amplia, democrática y consecuente que desde hace mucho tiempo pusimos en la mesa de discusiones: la política de unidad y combate. No ocultamos que con el gobierno cubano tenemos discrepancias que se originaron principalmente en la colaboración que éste le presta al expansionismo soviético, pero no estamos reclamando que se monte en Colombia una alianza revolucionaria para poner de blanco de ataque a Cuba y a sus dirigentes. Ello sería insensato y carecería de piso político.

Reconocemos los grandes aportes de la revolución cubana a la causa antiimperialista de Latinoamérica y su repercusión mundial, preferencialmente las épicas hazañas del movimiento 26 de julio y de su joven y heroica comandancia, hoy página incuestionable de la historia de nuestros pueblos, pero nos sobra justeza al defender el derecho a la libre determinación del pueblo colombiano, cuya política revolucionaria no puede atarse a los intereses y vaivenes del hegemonismo de las grandes potencias, y esto no contradice en nada nuestro internacionalismo proletario que se fundamenta precisamente en el principio del respeto a la soberanía de las naciones y a la autodecisión de los pueblos.

El frente único por el cual propendemos debe combatir tanto al sistema neocolonial y semifeudal que oprime al país y al pueblo como al régimen gubernamental que lo sustenta; debe conquistar la independencia nacional del yugo del imperialismo norteamericano y preservar después celosamente la soberanía nacional de cualquier intervención extranjera; debe respaldar las luchas de los movimientos de liberación nacional, del proletariado internacional, de los países socialistas y de los revolucionarios del mundo entero; debe erigir un Estado democrático y popular basado en la alianza obrero campesina y que prepare el advenimiento del socialismo, y debe permitir la participación de todas las clases y fuerzas revolucionarias colombianas, según unas claras normas democráticas de relación y funcionamiento.
Conforme a las características de la situación mundial y nacional este frente único de la revolución colombiana tendrá que ser no alineado en el ámbito internacional.

Al margen de las vicisitudes del movimiento revolucionario ésta fue, es y será nuestra posición unitaria que coincide con la orientación del Foro del 18 de febrero de fundar en Colombia uno solo y el más dilatado frente de lucha de liberación nacional.

“ESTAMOS INTERESADOS EN UNA GRAN UNIDAD DE LUCHA”

(extractos)

Camilo González

A la convocatoria de los compañeros del Comando Nacional de la Alianza Nacional Popular para realizar este Foro, nuestro partido respondió afirmativamente. Entendemos que este Foro es una ocasión sin igual para unificar los esfuerzos de todos los combatientes revolucionarios, de las fuerzas de oposición, de las organizaciones de masas. Nos invitaron a acordar tareas, a discutir acerca de un frente revolucionario y sobre el problema de las candidaturas en las elecciones de 1978.

Ya lo hemos manifestado públicamente a través de nuestra prensa, venimos al Foro porque estamos interesados en una gran unidad de lucha con los compañeros de la ANAPO, del MOIR, de la Anapo Socialista, del MAC, de Ruptura, de todos los compañeros presentes, contra el plan reaccionario que el régimen monta hoy contra las masas trabajadoras de Colombia.

Nos hemos comprometido a que de aquí saldremos a explicarles a las masas, a todos los trabajadores, que el estatuto de partidos pretende perpetuar el bipartidismo, que la ley electoral quiere restringir todas las posibilidades a la oposición, que la reforma administrativa, que la reforma educativa, que la reforma laboral, atentan contra las masas.

Y una gran unidad para apoyar a los trabajadores en lucha. Es distinto que los sindicatos se reúnan aquí, en Barranca o en cualquier otro lugar, para sacar una declaración de apoyo a los compañeros petroleros. Es distinto eso a que las fuerzas del movimiento obrero, a que los partidos de oposición que se reclamen abiertamente que van a estar al lado de las peleas de los trabajadores. Y esto para nosotros no es de pequeña monta.

Nosotros no hemos firmado el acuerdo de la Comisión Permanente para la Unidad Popular, como lo han hecho, en cuanto al programa se refiere, otros sectores que también participan, como los compañeros de Ruptura, o, en lo relativo al programa, los compañeros de ANAPO Socialista, por diversas consideraciones. Pero esto no es obstáculo para decirles a los compañeros de la Comisión que estamos dispuestos a abrir un diálogo con ellos sobre los problemas del país y en particular sobre el problema de las elecciones del 78.