REALIZADA 45 ASAMBLEA NACIONAL DE SITTELECOM

Del 12 al 15 de diciembre se celebró en Cartagena la 45ª Asamblea Nacional de Sittelecom. El evento coincidió con los diez años de la apertura económica, cuyas funestas consecuencias advertimos en su momento a la nación entera.

Telecom, sometida a una desventajosa competencia por la privatización del sector, no ha sido totalmente quebrada debido a la resistencia de sus trabajadores, en particular por la derrota que hasta ahora le hemos podido infligir al designio de entregarles la red, con todas sus ventajas, a los competidores.

En el 2000 el sindicato firmó una convención colectiva que derrotó la política del gobierno y del FMI de seguir recortando nuestros derechos y, sobre todo, la pretensión de no incrementar los salarios por encima de la inflación. La convención consolidó el régimen prestacional y de seguridad social que históricamente han conquistado los trabajadores de Telecom.

Esta Asamblea ratificó la decisión de participar, conjuntamente con las demás organizaciones sindicales, populares y sociales, en el paro del 22 de marzo y en todas las batallas contra la política de Pastrana y las imposiciones del FMI.

La Asamblea acogió unánimemente la decisión de enfrentar las violaciones a la convención colectiva, en puntos tan vitales como la lucha contra la nómina paralela y contra el desmonte de la atención personalizada del tráfico manual y semiautomático; se opuso a que se renegocien unilateralmente los joint venture sin que sean aprobados en el Comité Obrero-patronal respectivo, y condenó la flagrante violación de la estabilidad de muchos trabajadores con investigaciones disciplinarias que desconocen los más elementales derechos a la defensa.

Sobre la base de las anteriores decisiones, nuestro Partido ha hecho alianza con el sector sindical que preside el compañero Rafael Baldovino, a quien brindamos nuestro respaldo. Esta asamblea nombró la nueva junta directiva, en la cual fue reelegido el camarada Ramón Barrios, quien se desempeñará como secretario nacional de reclamos.

VALEROSO ACUERDO EN EL SENA

Haciendo valer por medio de la lucha los derechos de asociación y negociación, que le son conculcados por la ley, el sindicato del SENA acaba de suscribir con la entidad un acuerdo de enorme trascendencia para el futuro de la formación profesional de los obreros. Es la primera vez que Sindesena logra superar el estrecho marco de las solicitudes respetuosas y conquistar una serie de garantías, enfiladas principalmente contra la privatización.

El Servicio Nacional de Aprendizaje cuenta hoy con 8.700 empleados públicos –7.500 instructores y el resto, personal administrativo—, y tiene como objetivo la educación profesional de los trabajadores colombianos, integral, gratuita y a cargo del Estado.

El acuerdo básico, sobre políticas generales, fue suscrito el 21 de diciembre de 2000, entre el director del SENA, Carlos Ortiz, y el presidente del sindicato, Wilson Arias. Ambas partes se comprometieron, a mantener el carácter estatal de la entidad y a fortalecer su autonomía presupuestal.

CONTINÚAN SU VALEROSA RESISTENCIA TRABAJADORES DE LA SALUD EN BOGOTÁ

Por Nelly Chamorro y Adriana Cétarez

Contra la fusión de 17 instituciones de salud en Bogotá y el despido de 800 trabajadores, decisiones nefastas para los hospitales de primer nivel, el año pasado se realizaron combativas movilizaciones al Concejo y hubo tomas de varios centros asistenciales, como los de Tunjuelito y Kennedy 29, peleasque obligaron al gobierno distrital a reintegrar y reubicar a varias decenas de despedidos.

Ante la inminente amenaza de reestructuración en los hospitales de tercer y segundo nivel, en La Victoria, Kennedy y otros, en octubre y noviembre del año pasado se hicieron paros de más de 19 días, exigiendo el derecho al trabajo y exponiendo un no rotundo a la reestructuración. Los sindicatos Sinas, Sindistritales y Sintrasalud suscribieron con la administración del Hospital La Victoria un acuerdo en el cual, además de estipularse que no habría represalias, se reiteró el compromiso de pagar las deudas atrasadas por salarios y prestaciones, fortalecer el presupuesto y analizar las propuestas sindicales.

La experiencia vivida en el Hospital La Victoria nos demuestra que la articulación de fuerzas entre la comunidad y los trabajadores es una base importante para defender un derecho tan primordial como la salud en las localidades de bajos recursos. En un proceso de educación por parte de los empleados de la entidad, se ilustró a la comunidad desde mayo de 2000 sobre la ofensiva que se proponía adelantar el alcalde Peñalosa, que apuntaba a cerrar servicios tan vitales como cirugía, ortopedia y urología. A mediados del año, la comunidad respondió con dos manifestaciones multitudinarias, expresando el apoyo a la función social del hospital y respaldando los derechos de los trabajadores. Por la misma época, trabajadores y comunidad se congregaron frente a la Secretaría Distrital de Salud y consiguieron el no cierre de los servicios mencionados.

El pasado 22 de febrero, de nuevo los trabajadores de la salud y la comunidad de La Victoria y de Kennedy participaron en el paro distrital de 24 horas en rechazo a los procesos de reestructuración que viene ejecutando el siniestro alcalde Antanas Mockus. En la junta directiva del Hospital La Victoria han fracasado hasta el momento los cinco paquetes de reestructuración.

La lucha continuará en defensa de la salud pública, derecho inalienable del pueblo. Como condición indispensable para el éxito de este empeño, el movimiento sindical deberá superar las vacilaciones e inconsecuencias y unificarse en un sólido frente de combate.

Dice Efraín Marín: “LO CLAVE, LA LUCHA DECIDIDA CONTRA EL IMPERIALISMO”

A sus casi 86 años, Efraim Marín sigue tan firme en sus ideas como en la época fecunda del nacimiento del Partido, cuando cumplió un papel de primer orden respaldando a MosquerA sus casi 86 años, Efraim Marín sigue tan firme en sus ideas como en la época fecunda del nacimiento del Partido, cuando cumplió un papel de primer orden respaldando a Mosquera en dos tareas de enormes proyecciones: la de la fundación del MOIR y la del Paro Nacional Patriótico.

Desde 1945 había sido activo militante del Partido Comunista Colombiano, al que dejó en enero de 1969, para ingresar al nuestro. «Claro, Pacho sabía que yo era del Partido Comunista. Los dos fuimos haciéndonos amigos en los congresos de Fenaltracar,1 de la que yo era dirigente. Algunas veces nos sentábamos a charlar, y él se ponía a hablarme de una idea que le rondaba en la cabeza: la de formar un movimiento sindical independiente de las centrales UTC y CTC. Yo, como es lógico, tenía mis reservas, y, cuando él me insistía, no vacilaba en replicarle: ‘Vea, Pacho. Si eso que usted está impulsando es una vaina para dividir más, yo no le jalo’. Me respondía irónico: ‘A nosotros, Marín, nos han colgado el sambenito de que somos divisionistas… y es cierto. ¡Cómo no lo vamos a ser, si el movimiento obrero colombiano, salvo unas raras excepciones, no ha sido en este siglo más que un apéndice de la reacción!´ Y volvía a decirme, dando unos golpecitos en la mesa con los nudillos de los dedos: `Esa urgente batalla por independizar los sindicatos la vamos a librar a como dé lugar’.»

En la entonces pujante Fenaltracar se libraba una sorda pugna entre las fuerzas cetecistas2 y un sector de la izquierda que lideraban Rafael Torres y Efraim Marín. El fiel de la balanza terminó por volcarse hacia estos últimos en el encarnizado Congreso de Bucaramanga. «Derrotamos por fin a la derecha, y, al salir del recinto, Pacho me preguntó que adónde iba. Yo venía para mi casa, aquí en Barbosa, y él me pidió que lo invitara. Bueno: se tomó la palabra desde que nos subimos a la flota hasta que nos bajamos en el pueblo. Exactamente cuatro horas. Me habló de cada una de sus luchas, del conflicto en el MOEC3 y de por qué se vio obligado a dividirlo, el 1º de octubre de 1965. Y como estaba en boga la guerrilla, recién creados el Eln, el Epl y las Farc, me aclaró sin ambages su posición frente al foquismo, y, muy en especial, su teoría sobre la guerra popular. La charla la seguimos en un restaurante, frente a un sabroso plato de tinajo.4 Digo charla, aunque yo poco había hablado. Mosquera continuó en sus análisis, hasta que al fin, ya concluyendo la comida, me destapó las cartas: ‘Efraim, yo a usted lo necesito. Acompáñeme en esto. Véngase conmigo’. Hombre, le contesté que sí. Yo recibí la militancia directamente de Francisco Mosquera».

El de 1969 fue un año intenso para la nueva fuerza. La actividad era febril por todas partes. En Barbosa, Ibagué, Villavicencio y Cali se cumplieron sendos eventos regionales que, en septiembre del mismo año, desembocaron en el Encuentro Nacional de Medellín. Allí nació el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, pero no inicialmente como partido, sino como organismo coordinador de diversas corrientes sindicales y políticas.

«La primera piedra para la fundación del MOIR la pusimos nosotros, los trabajadores de carreteras. Fue aquí mismo en Barbosa, y con la presidencia de Mosquera, donde arrancaron los encuentros; claro que el nuestro fue más bien regional. Recuerdo todavía que en plena reunión me hizo Mosquera esta pregunta: ‘¿Qué crees tú, Efraim, que es lo que más necesitamos?’ Le respondí sin vacilar: ‘Pacho, un periódico’. Por todo comentario, sonrió muy satisfecho: ‘¡Bien, Efraim, de acuerdo!’ A las pocas semanas empezó a circular Frente de Liberación, antecesor de Tribuna Roja».

La mesa directiva del Encuentro de Medellín fue presidida por Rafael Torres, máximo dirigente de Fenaltracar. A su lado se hallaban, entre otros, Luis Carlos Ramírez, Efraim Marín, Diego Montaña Cuéllar, Fabio Cadavid y Virgilio Piedrahita, dirigentes estos dos últimos del sindicato único de Coltejer, y el primero, de Sintraemcali. «Pacho fue el alma y nervio del Encuentro. Para la clase obrera fue vital el estímulo de su acerada mente y sus ideas. Y fue él también quien puso los cimientos para la consolidación de nuestro Partido».

El movimiento creado en Medellín adolecía aún de algunas fallas, inherentes a su primera infancia: la del abstencionismo no era la menos grave. “Durante una sesión del comando nacional del MOIR, me atreví a plantear, ante Montaña y muchos otros compañeros, que esa actitud abstencionista nos aislaba de las masas. ¡Quién dijo miedo! Casi todos hicieron fila para oponerse a mi propuesta».

Meses después –al cambiar el carácter del MOIR, ya definido en su programa como “un partido de la clase obrera”—, Mosquera, reivindicando a Lenin, rectificó la posición y, en enero de 1972, trazó la directriz de ir a la lucha electoral.

Paro Nacional Patriótico

La segunda crucial tarea en la que el veterano dirigente respaldó a Francisco Mosquera fue la del Paro Nacional Patriótico. La combativa acción había sido aprobada en enero de 1970 por un masivo encuentro de trabajadores estatales realizado en Bogotá. Apuntaba al principio a echar atrás la nefasta Reforma Administrativa que sancionara por decreto el presidente Lleras. Pero al irse poniendo al rojo vivo la ya pugnaz campaña en la que se enfrentaban el candidato oficialista, Misael Pastrana Borrero, y el de la oposición, Rojas Pinilla, Mosquera vio que había que imprimirle a la consigna un carácter más decididamente político. Se hacía ya evidente que el Frente Nacional se estaba deslizando a toda marcha hacia una grave encrucijada. Con perspicaz clarividencia, Mosquera previó el fraude y anticipó que Lleras, bajo cuerda, se hallaba cocinando el golpe de Estado. El 3 de abril de 1970, y ante el complot siniestro que ya se urdía contra Rojas, Mosquera señaló sin ambages, en Frente de Liberación, la valiente conducta que debía asumir la clase obrera: «No hay duda de que el gobierno tiene, por la quiebra rotunda de su política, dificultades serias para imponer a Pastrana, y no se requiere ser adivino para predecir que recurrirá al fraude, a la represión y otros medios para defender su cabeza. La nación entera rechazará el chantaje, la maniobra y la violencia oficiales, y el proletariado colombiano, gravemente amenazado, se debe preparar para enfrentar con éxito las pruebas más duras de su historia».

Y concluía: «Las condiciones son favorables para la lucha del pueblo».

Hasta último momento, con acucia apremiante, el jefe del MOIR insistió en entablar contactos con la Anapo. Y por mandato suyo, un puñado de sindicatos, sobre todo en Antioquia, se fueron a la huelga el viernes 24, buscando jalonar la resistencia de las masas. Hubo cientos de detenidos entre las huestes moiristas y entre los dirigentes de Anapo.

«Aquí en Barbosa, en los días siguientes al fraude electoral, estuvimos haciendo reuniones conspirativas y repartiendo propaganda. Pero el miércoles 22 me capturó el ejército y me llevó a Chiquinquirá. Semana y media estuve preso, sindicado por un juez militar de estar comprándole armas a la guerrilla comunista. De milagro no me mataron…

«Si Rojas esa vez no capitula frente a Lleras, se incendia este país. El pueblo estaba en pie, dispuesto a lo que fuera».

Trayectoria de lucha

Hijo de Trinidad Marín y Margarita Mosquera, cultivadores de caña panelera y ambos muy liberales, el dirigente obrero vio la primera luz en Puente Nacional, Santander, en el año 1915. «Mi padre era bastante apasionado y a cada rato se hacía meter al calabozo. Es el recuerdo más intenso que guardo de la infancia: la tremenda zozobra en que vivíamos». Ya en la mediana edad, contrajo nupcias con Marina Velásquez, sangileña, con quien tuvo ocho hijos. Hoy cuenta el matrimonio con diez nietos y tres biznietos.

«Ingresé al mundo del trabajo como ayudante de maquinista en el Ferrocarril del Norte, que llegaba hasta el río Suárez. Después, en Bogotá, me vinculé a Camacho Roldán, la fábrica de muebles. De allí pasé a Puerto Berrío, donde entré como carpintero en Edificios Nacionales, dependencia oficial hoy desaparecida. Pero tuve que retirarme a raíz del Nueve de Abril».

El PC de Gilberto Vieira, al que Marín pertenecía, se había declarado archienemigo de Gaitán, prefiriendo adherir a la candidatura oficialista, que encarnaba Gabriel Turbay. Pero no todos en la base se mostraban conformes.

«Yo, siendo comunista, fui abrileño. La dirección estaba en contra de Gaitán, pero, así y todo, yo era muy gaitanista. Gaitán me entusiasmaba. Me tocaba en la célula salir a defenderlo: esto de habernos ido contra él, les machacaba a los demás, era una crasa equivocación.

«Ese 9, como a la una de la tarde, estando en el taller, un conductor entró gritando como loco: ‘¡Mataron a Gaitán!’ Se hizo un corrillo alrededor: ‘Cómo, cómo, qué pasa’, preguntaba la gente, en medio del revuelo y la confusión. Y el hombre dijo: ‘Pues que estamos en guerra. Así como lo oyen. Estamos en guerra’. Había reunidos unos cincuenta obreros, y, en cosa de segundos, resolvimos armarnos con nuestras propias herramientas, sobre todo formones y machetes, y nos lanzamos a la calle. El parque principal hervía ya de gente que empuñaba revólveres, machetes y escopetas. Por todas partes retumbaban consignas que clamaban venganza, con abajos y mueras al presidente Ospina. Todos los rostros se veían desencajados y había muchos hombres que lloraban.

«Hasta la policía, de coroneles para abajo, había entrado en la revuelta. Los más enfurecidos proclamaban a gritos que se harían matar si el presidente Ospina no renunciaba de inmediato. El clima era de insurrección.

«¿Qué táctica seguir? En los cafés y en la alcaldía se escuchaban noticias día y noche. Pero nadie trazaba orientación, y, el 10 de abril, cayó sobre la radio la censura más drástica. Desde entonces todo fue un mar de confusiones. Un día, dos días, tres días, cuatro días, y el pueblo ahí apiñado, totalmente a la defensiva. No tardó en conocerse por la radio que había acuerdo entre el Partido Liberal y Ospina Pérez. Imagínense el desconcierto. Al cuarto día nos llegaron rumores alarmantes: alguien vino a informar que por el río Magdalena subía un cañonero y que, por vía férrea, venían en camino dos nutridos destacamentos.

«Otra vez nos hicimos la pregunta: ¿qué táctica seguir? Enfrentémonos al ejército, proponían algunos: ¡pero con quién y con qué armas! Ya la moral no era la misma. La multitud, partida en grupos, se mostraba indecisa. Y preciso: cuando al fin irrumpió la tropa, en formación cerrada de combate y haciendo al aire unas descargas, lo que se vio fue que la gente no tuvo más remedio que volverse a sus casas. Hubo ese día más de mil detenidos, a quienes se condujo a Medellín.

«A mí la tropa me buscaba, pues esa primer tarde, en medio del tumulto, le había arrebatado el revólver a un celador. Logré escapar, junto con otro camarada, porque salí de noche, río abajo, hacia una tierra que él tenía. Allí nos escondimos varios meses, esperando noticias. De tanto pernoctar a la intemperie, me entraron unas fiebres que casi me liquidan. Parecía una lagartija, de lo puro acabado.

«A los meses llegó otro camarada a proponerme que nos fuéramos al nordeste de Antioquia, a las montañas de Segovia, y que ahí sí nos embarcábamos, ¿sí me entienden? No me sonó de a mucho la propuesta. Le dije entonces: ‘No. Crucemos el río. Vámonos más bien para Santander’. Nos vinimos para Barbosa y aquí nos refugiamos, siempre a la expectativa».

En carreteras nacionales

El Distrito 5 de Carreteras Nacionales comprendía toda la zona sur de Santander. Por ese entonces –hacia 1959—, era el Estado el que asumía en buena parte la construcción y mantenimiento de las vías, por lo que el Ministerio de Obras Públicas contaba con un crecido número de obreros. Y una de las federaciones sindicales de mayor peso en el país era precisamente Fenaltracar.

«Como al año de estar en carreteras fui elegido a la junta sindical. Pero tuve que ser muy cauteloso, porque Fenaltracar estaba en manos de una siniestra camarilla, más anticomunista aún que los mismos agentes del gobierno».

Los dirigentes amarillos, de México a Argentina, recibían a manos llenas los denarios de la Alianza para el Progreso. Puntal del gran soborno fue el Instituto Americano de la ORIT,5 el cual estaba a cargo del agregado laboral en cada una de las embajadas. La UTC y la CTC, conservadora la primera, liberal la segunda, se alimentaban de sus dólares.

«Fenaltracar era una cueva de bandidos. Jamás hicieron una huelga, y ni siquiera la más simple protesta. Alguna vez, estando yo presente en la negociación de un pliego, le exhorté al secretario que le enviáramos cartas al movimiento obrero para que nos brindara su respaldo. El hombre rehusó: ‘No, Marín, no se puede, el ministro se pone bravo’. Hacía referencia a Misael Pastrana Borrero, ministro de Obras Públicas. Esto les da una idea de lo que era esa chusma con la que nos tocaba lidiar. Era Fenaltracar la que oficiosamente se encargaba de elaborar las listas negras con los nombres y direcciones de los obreros comunistas.

«Lleras, alguna vez, les dio audiencia a los camarilleros en el viejo palacio de San Carlos. Acababa la Iglesia de expulsar a los curas rebeldes de Golconda, unos muchachos izquierdistas, y estaba el tema en los periódicos, todo un escándalo. Y eran tan regalados estos tipos, que al presidente de la Federación, buscando congraciarse, lo primero que se le vino a la cabeza fue ponerse a rajar de los curitas. No los bajaba de agentes subversivos. Pero el ‘Chiquito’, apenas oyó eso, le cortó la palabra, como asqueado él mismo de tanto servilismo: ‘Mire, señor, un momentico. Algunas de las cosas que dicen en las plazas los sacerdotes de Golconda, a mí me gustan’. Tenían que haber visto la cara que puso ese bandido. No volvió a abrir la boca en la reunión.

«Con el propio Mercado tuve continuos tropezones, uno muy fuerte, que recuerde. Habían despedido a un directivo comunista sin respetarle el fuero, y yo me fui a donde Mercado a exigirle mediar con el gobierno. El hombre se negó. Fue tan duro el encontronazo, que llegué a amenazarlo con que le retiraba el sindicato. Él me tiró la puerta en las narices: ‘Yo no voy a hacer nada, señor Marín. ¡Póngala como quiera!’ Regresé a Santander, cité asamblea general y saqué de la CTC al Distrito 5.

«Ya en el Congreso de Cartagena teníamos la fuerza para cambiar la dirección, pero la policía nos alojó en la cárcel y nos aguó la fiesta. Por fin, en el Congreso de Bucaramanga, logramos desbancarlos. De presidente quedó Rafael Torres. Yo fui nombrado vicepresidente. Aprobamos por absoluta mayoría romper con el gobierno y con la CTC.

«Rafael,6 liberal, nunca dio el paso que lo llevara a militar con el Partido, pero tuvo un gran mérito: el de abrirle las puertas a Mosquera. Él, a Pacho, sin mezquindades ni reservas, le dio la vía libre para que le metiera política al asunto. Pacho, claro, también puso su parte. Sin salir todavía Rafael de Bucaramanga, ya lo había metido en la tarea de fundar el MOIR. No sólo eso; lo situó de primero, a la cabeza».

El marxismo resurgirá

Marín Mosquera sigue siendo a sus años un hombre lúcido y activo. Se mantiene al corriente de las publicaciones partidarias, que lee muy despacio, en el antejardín de su casa. Con ánimo entusiasta, propio más de un neófito, asistió como delegado, en marzo de 2000, al Primer Congreso de Unidad Panelera celebrado en Moniquirá. Cumple con disciplina los Estatutos del Partido, y, aprovechando la visita de dirigentes nacionales, como Gustavo Triana, eleva en público una especie de queja: que el responsable del MOIR en Barbosa le convoque la célula con mayor regularidad, «para poder él plantear sus cosas».

Se formula a sí mismo la pregunta que hoy inquieta al país: ¿intervendrán directamente las tropas del Southcom? «A mí no se me haría nada raro. Andrés Pastrana es el más vendepatria de los últimos presidentes colombianos».

Hace luego alusión a la polémica de Mao con el revisionismo, ya definida por la historia. Desde 1956, Mao venía repicando que el viraje capitalista en la patria de Lenin y de Stalin tendría efectos devastadores. «Lo que queda ya claro es que ganó China. Pero retrocedimos todos, porque la camarilla de la URSS le hizo un tremendo daño a la Revolución Mundial.

«Con mis antiguos camaradas del PC me tocó debatir muy fuerte cuando estábamos en alianza con ellos en la UNO. Como si no existiera un Pinochet ni nada hubiera sucedido, seguían defendiendo ciegamente la vía pacífica de Allende. Yo les decía: los comunistas, allá en Chile, vieron encima al enemigo y no se prepararon. La historia, finalmente, dictó su fallo también en este punto. Lo que deja al desnudo la catástrofe de Unidad Popular es que esa gente hacía rato había renegado del marxismo.

«¿Para dónde va China? Mi opinión es que en todas partes la reacción está envalentonada… Pero el marxismo, estoy seguro, resurgirá de las cenizas».

La voz, aunque gastada, expresa convicción: «Bajaría feliz a la tumba si consiguiera ver el triunfo de los trabajadores y del pueblo. Tal como se presentan las cosas, puede que no esté próximo, pero tampoco muy lejano.

«Lo clave ahora es el combate decidido contra el imperialismo, el enemigo principal. En esto hay que aprender de Mosquera, y seguir empeñados en la lucha. Lo estamos, y me siento muy satisfecho con la labor del Partido»w

Notas

1 Federación Nacional de Trabajadores de Carreteras Nacionales, hoy extinta, que reunía a 25 mil afiliados.

2 Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, de orientación pro gringa, encabezada a la sazón por Raquel Mercado.

3 Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, fundado por Antonio Larrota el 7 de enero de 1959.

4 Guagua, borugo, guartinaja.

5 Organización Regional Interamericana de Trabajadores.

6 Rafael Torres, el primer presidente del MOIR, falleció en Villavicencio hace unos años.

24 de abril: MARCHA AGROPECUARIA Y CAFETERA A BOGOTA

El 27 de enero se reunió en Ibagué la junta directiva de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria. A la reunión asistieron, entre otros, dirigentes de Unidad Cafetera, Asociación Agropecuaria del Huila, Federriegos, Unidad Panelera Nacional, Asociación por la Salvación Arrocera, Fedepapa, Asopanela, distritos de riego de Saldaña, Río Recio y Zulia, Asociación de Agricultores y Ganaderos del Meta y la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos, quienes llegaron de los departamentos de Tolima, Huila, Meta, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Boyacá, Antioquia, Valle, Caldas, Risaralda y Quindío.

Ante la gravísima hambruna que se padece en las zonas rurales del país, la principal decisión de la reunión fue la de realizar, el 24 de abril de 2001, la Marcha Nacional Agropecuaria a Bogotá, movilización preparatoria de un paro nacional que se haría a mediados del año. Esta protesta tiene como objetivo principal lograr que el gobierno de Andrés Pastrana declare la Emergencia Económica, con el exclusivo propósito de atender el programa de Salvación Agropecuaria, el cual consigna el cese de las importaciones agropecuarias que le hacen daño al agro nacional; precios de sustentación para todos los productos agrícolas; condonación de las deudas del sector; definición de líneas de créditos suficientes y baratos; control de los costos de producción; respaldo oficial a la creación y mantenimiento de distritos de riego; asistencia técnica, investigación y redes de comercialización. Así mismo, la exigencia del cierre de los ilegales derretideros de azúcar y el definitivo rechazo a la licencia ambiental del ingenio panelero industrial de Padilla, Cauca. Especial mención se hizo a la exigencia de que el Estado, de sus recursos, respalde al Fondo Nacional del Café, para que éste les garantice precios remunerativos a los caficultores.

La reunión rechazó, por inoperantes y de claro sentido demagógico, las políticas del Ministerio de Agricultura de los «créditos asociativos» y las «cadenas productivas» y la ineficiencia del Banco Agrario, que atiende con crédito a comerciantes, industriales y entes oficiales mientras olvida a los agricultores y campesinos. Finalmente, la Junta Nacional decidió expresar su voz de solidaridad con el paro que realizarán las centrales obreras el 22 de marzo, en contra del conjunto de la política neoliberal y las imposiciones del Fondo Monetario Internacional.

En la muerte de Elkin Machado: “SU NOMBRE, SINÓNIMO DE TESÓN Y PERSISTENCIA”

Jorge Gómez, secretario regional del MOIR en Antioquia, durante el sepelio de Elkin Darío Machado, dirigente de la Juventud Patriótica, el 26 de enero de 2001, en Envigado)

Hoy, cuando debiéramos estar diciendo adiós a un camarada con lágrimas en los ojos, estamos pronunciando un sonoro hasta siempre, para quien inundó el mundo que lo rodeaba de alegría, entusiasmo y optimismo revolucionarios.

Y si somos consecuentes con lo que Elkin representó en vida, deberemos convertir nuestro dolor en fuerza para recoger sus banderas y llevar a cabo las tareas que la muerte, la inexorable ley que la vida lleva en su seno, le impidió continuar.

Estamos viviendo en nuestra patria pesadillas que casi nadie imaginó posibles. Ayer nada más, los medios de comunicación registraron la pavorosa noticia de que madres campesinas, compatriotas nuestras, habitantes de la zona limítrofe entre Cauca y Nariño, salen masivamente a la Vía Panamericana a mendigar y, en muchas ocasiones, prefieren regalar sus hijos a desconocidos antes que dejarlos allí condenados a la más humillante, aberrante e indignante miseria.

La dominación imperialista sobre nuestra patria, en la denominada globalización o apertura económica —que, como dijera con impresionante capacidad de síntesis el fundador del MOIR, Francisco Mosquera, no es otra cosa que la forma que adopta la política de recolonización del planeta por parte de Estados Unidos—, destruye nuestro aparato productivo y presenta indicadores económicos de espanto. En el Chocó, por ejemplo, como en las épocas de la barbarie primitiva, hay familias comiendo hierba para no perecer de inanición.

Que el país está mal, su industria en bancarrota y su agricultura en la ruina, no es una fantasía de terror inventada por el MOIR; como tampoco lo es que se pondrá mucho peor de seguir con la misma política al mando.

No es una cantaleta testaruda persistir en la idea de estimular la resistencia popular contra las odiosas secuelas de la dominación imperialista, y en la política de conformar el más amplio frente patriótico de lucha para derrocar a la pandilla minoritaria que controla el poder en su beneficio y en el de los monopolistas norteamericanos.

Por ello no fue una obsesión sin sentido la pasión con la que Elkin se dedicó a la causa de la revolución y a la construcción de nuestro Partido. Su nombre fue sinónimo de trabajo constante y sin pereza, de tesón y de persistencia ejemplares y, principalmente, de concordancia entre el pensar y el hacer, entre el dicho y el hecho, entre las ideas y su práctica. Entre la proclama de amor por los oprimidos y el trabajo para guiarlos en la lucha por salir de esa condición.

Elkin tuvo desde la infancia serios quebrantos de salud. Graves enfermedades lo acompañaron durante su breve pero fructífera existencia. Así y todo, hacía más que cuatro o cinco sanos juntos, de esos que abundan en Colombia, incluso en nuestras propias filas, quienes es más lo que dicen que lo que hacen.

Murió en su ley. Esta semana fundó en Marinilla el primer Comité por la Defensa de la Educación Pública, con maestros, estudiantes y padres de familia, y manifestó que lo hacía, entre otras cosas, para darles ejemplo a muchos dirigentes sindicales del propio magisterio.

Fue punta de lanza de la Juventud Patriótica en la Universidad de Antioquia. Allí se destacó por su brillante debate contra las posiciones oportunistas de izquierda que han predominado en el movimiento estudiantil y, consecuente con ello, fue un incansable impulsor de la organización estudiantil.

Elkin era alegría revolucionaria pura. Las tareas las acometía de verdad, y las acompañaba de un entusiasmo contagioso. Sembró una semilla, dejó una huella, marcó un camino.

Quienes le sobrevivimos tenemos la obligación de no traicionarlo, de no permitir que el paso de los años borre esa huella o que la pasividad haga que se marchite lo sembrado por él.

Laura y Teresa, Pacho e Hilda: la familia no se les disminuyó. Hoy, por el contrario, se les acrecentó con todos lo que hoy juramos no permitir jamás que lo que Elkin soñó se quede en un sueño, porque convertiremos en la contundente realidad de la revolución colombiana lo que él venía haciendo con pasión y alegría.

Declaración de Unidad Cafetera Nacional, 16 de enero de 2001: OPONERSE A LA BAJA DEL PRECIO INTERNO DEL CAFÉ

Como era previsible en la irresponsabilidad neoliberal que acompaña todas las decisiones del gobierno de Andrés Pastrana, en la noche de ayer el Comité Nacional de Cafeteros decidió rebajar la carga del precio interno del café de 330 a 300 mil pesos la carga, propinándoles un verdadero puntillazo a las 566 mil familias cafeteras, que así ven agravada, todavía más, una crisis que ya pasa de diez largos años, provocando pobreza, miseria y ruina.

Esta medida, además, golpea en materia grave todas las actividades económicas de 600 municipios del país en los que el café es la base de la economía y en los cuales la crisis general también se siente desde hace una década. Y es también un golpe a toda la industria y el agro, que desde siempre han tenido en la capacidad de compra de los cafeteros uno de sus principales mercados. Si antes de esta baja del precio interno del café hablar de reactivación del aparato productivo colombiano era una falacia, ahora ni se diga.

Por anto, Unidad Cafetera Nacional convoca a los caficultores y a todas las fuerzas vivas del país —gremios, Iglesia, concejales, diputados, congresistas, alcaldes, gobernadores y comités municipales de cafeteros— a organizar un gran movimiento de resistencia civil que sea capaz de ganarle al gobierno de Andrés Pastrana la única medida sensata que puede tomarse en este momento: darle marcha atrás a la baja del precio, trasladándole al Fondo Nacional del Café los recursos del presupuesto nacional que sean necesarios, de la misma fuente que con generosidad les ha girado a los banqueros.

COLOMBIA SE QUEDA SIN PETROLEO EN MEDIO DE LA BONANZA

Por Roberto Schmalbach, dirigente nacional de la Unión Sindical Obrera, USO

En diciembre del año pasado el presidente de Ecopetrol señalaba, y no le faltaban razones, que el 2000 era un año para celebrar.

En efecto, las cifras registradas por la empresa estatal sobrepasaban con creces cualquier otro balance de las actividades económicas de la nación, tanto del sector oficial como del privado. El balance proyectado a diciembre, con datos oficiales de septiembre, por ser los únicos actualizados a esa fecha, daban cuenta de que la empresa se encontraba en disposición de romper todos los récords históricos hasta ahora conocidos. Las utilidades operacionales superaron los 4.2 billones de pesos, que, comparadas con las de 1999, significaron un incremento de 105%; los aportes a la nación subieron a 3.5 billones, transferencia que le permitió al gobierno sobreaguar en la crisis; las regalías a departamentos y municipios ascendieron a 1.5 billones, una tasa superior en 114% con respecto al año anterior; la balanza comercial fue de 1.841 millones de dólares, y el petróleo se constituyó en la principal fuente de divisas, al representar 35% de las exportaciones totales. Finalmente, la firma de 32 contratos de asociación coronaron la cifra de récords. Todo lo resumió muy bien el presidente de Ecopetrol, quien celebraba con euforia: «Así, el 2000 se convirtió en sinónimo de precios altos, grandes utilidades y mayores recursos para el desarrollo del país. Un año en que el petróleo salva la economía colombiana y en que Ecopetrol se preparó para que esta historia continúe repitiéndose por muchos años».

Sí, Ecopetrol salvó la economía colombiana con sus cuantiosas utilidades. Pero estas últimas surgieron, primero, de las escandalosas alzas en el precio interno de los combustibles: durante los últimos dos años, en que ha estado vigente la liberación de precios, la gasolina aumentó 86%, y en proporciones similares subieron el ACPM y el gas. Estos conceptos significaron ingresos por 1.2 billones de pesos. Y segundo, por la exportación de crudos y combustóleos, cuyas ventas ascendieron a 1.3 billones de pesos, con precios de 28,5 dólar el barril, en promedio.

Sumas tan halagadoras tienen todas un soporte especulativo. Las esperanzas en las cuales cifra Ecopetrol la «continuidad de esta historia por muchos años» están basadas en los altos precios del crudo internacional, la exprimida del bolsillo de los consumidores internos y la irrupción del capital de riesgo, a la búsqueda de los tesoros escondidos en las entrañas de Colombia.

A sólo dos meses de festejo tan optimista, el futuro de Ecopetrol no se ve ya tan halagador. La relación reservas-producción se encuentra próxima a convertirnos en importadores netos de hidrocarburos. Las reservas se encuentran en los 1.890 millones de barriles, el mismo nivel de 1990, pero hoy en día con una producción mucho mayor, urgentes exportaciones y caída de los flujos naturales en los yacimientos de Cusiana, Caño Limón y los directos de Ecopetrol.

Durante la década pasada, los gobiernos neoliberales de Barco, Gaviria, Samper y Pastrana han introducido más modificaciones al contrato de asociación que las habidas desde 1974, cuando éstos se pusieron en vigencia. Y las trasnacionales que se han beneficiado de los cambios continúan presionando todavía mayores concesiones y exigiendo la desaparición del Estado en el manejo del estratégico recurso. La llamada Agenda Frechette así lo dejó explícito en la cumbre energética de 1997, realizada en Cartagena.

Lo ocurrido en los dos últimos años ha profundizado aún más la entrega del petróleo a las grandes corporaciones. Para 1999 se esperaba la firma de ocho contratos con la modalidad 50-50 en el porcentaje de participación para el Estado y las foráneas. Se suscribió uno solo, pues las trasnacionales se limitaron a esperar a que el gobierno concretara lo prometido en público por el ministro de Minas de que iban a otorgárseles mayores beneficios. Y cuando ya estuvieron seguras de que saldrían gananciosas con un régimen de 70-30, en su favor, se vino la avalancha de 32 contratos firmados.

¿Son ahora mayores las reservas? ¿Se ha incrementado la producción? Hay un hecho innegable: las reservas siguen cayendo y la producción también. De la producción récord de 815 mil barriles por día que se obtuvo en 1999 se descendió abruptamente a la de 687.100 barriles por día en 2000. Y vamos para un escenario en 2001 en que la producción seguirá bajando hasta 591.500 barriles por día. Desde luego que los ingresos monetarios se han ido acrecentando, por la especulación en los precios. Pero el petróleo WTI para contratos a futuro se compró, a mayo de 2001, a 26 dólares el barril, último cierre de los indicadores de precios de referencia para el WTI.

Estamos hablando de una producción nacional que en el año 2000 declinó 15,7% y que descenderá este año otro 14%. Y hablamos además de que habrá incertidumbre en los precios. Ambos factores tendrán enorme impacto en las finanzas públicas nacionales, en las de Ecopetrol y en las de departamentos y municipios.

El problema se agravará en la medida en que se le vaya acabando a Ecopetrol su excedente exportable. Durante el año 2001 aportará Ecopetrol, por operación directa, 112 mil barriles por día. Y las corporaciones trasnacionales, por contratos de asociación y concesiones, 497.200 barriles por día. De estos últimos le corresponden a Ecopetrol, por efectos de su participación, 239.600 barriles por día, lo cual, sumado a su producción directa, da un total de 351.600 barriles para el Estado. Pero si se le restan a esta cifra los 70.320 barriles-día que la empresa estatal debe entregar por concepto de regalías, se concluye que a Ecopetrol le quedan disponibles 281.280 barriles-día para cargar las refinerías y para exportar. Ahora bien: las refinerías demandarán este año 284 mil barriles. ¿Qué excedente quedará entonces para exportar?

El problema de fondo reside en la entrega de la soberanía, pues la empresa estatal no dispondrá de crudo para el abastecimiento interno y se verá abocada a comprar, a precio internacional, crudos salidos de nuestro subsuelo pero producidos por las trasnacionales.

Esta aberrante situación está ocurriendo porque el gobierno de Pastrana y el comité ejecutivo de Ecopetrol abandonaron la exploración directa. El síndrome de Coporo de no correr riesgos ante el primer fracaso reforzó el enfoque estrecho y antipatriótico de los neoliberales. En el año 2000 la empresa estatal no perforó un solo pozo, no agregó un solo barril a sus reservas y toda la política exploratoria la dejó en manos de las corporaciones trasnacionales. Y es que el actual es un régimen tan apátrida, que en los contratos de asociación obliga a Ecopetrol a pagar tanto por los pozos secos como por los productivos y la margina totalmente del control de la operación. Además, a esos proyectos Ecopetrol debe destinar el 93% de su presupuesto de exploración.

Estamos próximos a una crisis semejante a la del período 1976-1986, cuando la empresa importó crudo a precios internacionales elevadísimos, a falta de una agresiva política de exploración.

¿Cómo logró la empresa abrirse paso? Fue con los Planes Quinquenales de Exploración como en parte se corrigió dicha carencia, pues a través de ellos Ecopetrol hizo importantes descubrimientos y agregó nuevas reservas, demostrando la estatal petrolera que sus técnicos y trabajadores han acumulado suficiente conocimiento y tecnología para ser exitosos en la industria. Entre 1987 y 1988, Ecopetrol descubrió 165 millones de barriles, con una relación de éxito de 53%, cuando en el mismo período las trasnacionales sólo tuvieron una relación de éxito de 26%. Además, por esta época, los contratos de asociación estipulaban participaciones favorables para Ecopetrol, que oscilaban entre el 50 y el 70%.

Por ello la cuestión más importante en la actual negociación colectiva, además de las justas reivindicaciones económicas y de estabilidad laboral, se centra en definir el carácter de Ecopetrol como empresa petrolera y estatal, que participe, de manera soberana y autónoma, en toda la cadena de la producción de la industria petrolera, como asunto altamente estratégico para nuestra soberanía económica: tal ha sido la posición histórica de la Unión Sindical Obrera.

Editorial: EL SENDERO MAS SEGURO HACIA LA SALVACION NACIONAL

En el ámbito de quienes determinan la política dominante o ejercen sobre ella una influencia decisiva, tanto aquí como en el extranjero, se ha vuelto opinión común que Colombia atraviesa el más crítico período de su historia. Es natural entonces que proliferen los diagnósticos que, con los más diversos motivos y propósitos, emiten funcionarios del gobierno y el congreso de los Estados Unidos, directores del BM y el FMI y su cohorte de burócratas, economistas de la elite de Harvard en tándem con los sabihondos de Fedesarrollo y Anif, y un buen número de políticos y comentaristas neoliberales que entre nosotros acaparan los principales espacios de los medios de comunicación. La más reciente diagnosis la dio Cesar Gaviria, luego de declararse no avergonzado sino perplejo ante los resultados del proceso del que es pionero y tutor.

La cuestión es que ese registro de una nación con la economía en bancarrota, entrecruzada por la carencia de democracia y un terrorismo rampante, padeciendo un desempleo sin precedentes, negación de los derechos laborales y crecientes desigualdades sociales, es utilizado como pretexto para intensificar la intervención de Estados Unidos sobre el país y para que el gobierno pastranista recurra, dando por descontada la sangre, al esplendor reaccionario del sudor y lágrimas para la población. No otra cosa reflejan las políticas dictadas por el FMI, destacándose las dirigidas a rematar la entrega de los recursos y empresas de la nación al capital financiero, saquear las pensiones y eliminar la retroactividad de las cesantías de los trabajadores, tramitar una más regresiva reforma laboral, acelerar el quebrantamiento y la privatización de la educación pública, agostar el Instituto de Seguros Sociales y el conjunto de la salud pública, y elevar incesantemente las tarifas de los servicios. Y acompasando la embestida contra la economía nacional y la gente laboriosa, está apuntalando una reforma política que incrementa el marchitamiento de la democracia al discriminar a los movimientos y partidos minoritarios e independientes.

Para la aplicación de tales medidas, propias de la globalización norteamericana, el gobierno de Pastrana -aprovechando las buenas relaciones sindicales y celestiales que su ministro del Trabajo dice tener, y confiando en la eficacia del lobby, real chalaneo, que el resto de ministros hará ante buen número de congresistas- se propone concertar un gran acuerdo con los trabajadores, como si ellas no fueran contradicciones irreconciliables con los intereses de estos y de la nación.

Al servilismo ante la recolonización puesta en marcha por Estados Unidos que lo caracteriza, Pastrana le adicionó otro rasgo de abyección al invitar al gobierno de Washington para que interviniera más directamente en el proceso de negociación que su gobierno adelanta con las FARC. Aunque cualquier cohabitación con el imperialismo en el proceso implica incrementar el quebrantamiento de nuestra soberanía, tal como algunos sectores señalaron justamente, no faltan quienes anhelan que se produzca, por lo que se sintieron desairados cuando Bush se negó a dar ese paso. La invitación corresponde a esa acendrada manía vendepatria de Pastrana, que ya difícilmente puede suscitar perplejidad en alguien.

Pero lo que sí suscita una nueva inquietud es la carta abierta enviada por un grupo de «escritores, periodistas, políticos y otros personajes del mundo» a Bush y Pastrana, con motivo de su último encuentro, al que le atribuyen «importancia histórica». Llama la atención que sus recónditas preocupaciones hayan desembocado en depositar con exultación sus esperanzas en las gestiones de tales destinatarios. Muchas de las graves necedades que se revelan en el contenido de la misiva son, para hablar sólo de los colombianos, lógicas en algunos de los remitentes –como García Márquez, los Santos, Cepeda y Kalmanovitz- paradójicas en otros e inexplicables en unos cuantos más.

El principal destinatario es el jefe del Estado que despliega bajo el mote de globalización su política de dominación sobre todos los países del planeta y que, como particularidad de ese plan, viene avanzando en la subyugación económica y política de Colombia. El otro es el jefe de un Estado que coadyuva a ese designio de verdadera recolonización. Ninguno de los males que abruman a nuestro país se sale del contexto de esa relación de vasallaje. Pedirle a Bush que, apareado con Pastrana, acoja las iniciativas de los firmantes de la carta abierta para resolver los mismos males que la política norteamericana está ocasionando, es pretender que él cese en sus funciones imperialistas o que el propio imperialismo cambie de naturaleza. Algo que sólo puede obedecer a una lamentable confusión o a un candor insólito. Es la misma actitud que sirve de cartabón a todas las variantes del reformismo -políticas alternativas, propositivas y de tercera vía- enderezadas no a erradicar los azotes sociales sino a prolongar indefinidamente la agonía de los pueblos. Como tradicionalmente lo han sabido los buenos creyentes, el diablo siempre ha hecho hostias, pero exhortarlo a que las amase y oficie es comenzar a comulgar con él.

El cuadro descriptivo de la situación nacional, que en la carta abierta sirve de prolegómeno a las iniciativas concretas por la Paz de Colombia, no se diferencia mayormente de los diagnósticos en boga que mencionamos antes. Si estos se sintetizan en argumentos conducentes al rechazo cabal de los factores que originan la crisis, adquieren un significado tan positivo como progresista. Pero si son la base para que se formule a manera de solución enmendar la misma política que la fomenta –cual ocurre con la carta abierta— estamos ante un dañino despropósito.

La carta, al mencionar que las primeras víctimas de la crisis son el Estado y el principio de legitimidad, ignora que éste se pierde cuando los gobernantes, como el destinatario Pastrana, no abogan por los intereses de la nación y son pusilánimes ante el quebrantamiento de su soberanía. La referencia que hace respecto al fortalecimiento de la democracia no puede tener otra interpretación que el apuntalamiento de la actual, regida por una Constitución que se amañó en 1991 para legalizar las disposiciones que han conducido precisamente a la presente ruina económica e institucional. Reclama la cooperación y corresponsabilidad internacional, pasando por alto que los países llamados a asumirlas, principalmente Estados Unidos, son los que se lucran de nuestros males mediante sus ganancias en la fase final del tráfico de drogas, la venta de los productos químicos para procesarlas, el tráfico de armas y el lavado de capitales; los mismos países que impiden u obstaculizan la venta de nuestros productos, mientras exigen prerrogativas para inundar con los suyos nuestro mercado y para la toma de nuestro patrimonio público por parte de sus capitales financieros.

Mas si la diagnosis que hace su carta se mueve entre lo endeble y lo erróneo, las propuestas, que participan del mismo carácter, adquieren el distintivo de la estulticia. Así lo revela el simple enunciado de las solicitudes que les hacen a Bush y Pastrana: plantearle al políticamente equívoco Secretario General de la ONU la creación de una Comisión de Estudio para que «ofrezca luces» y haga recomendaciones que sirvan de «referente básico para una solución política a la situación nacional»; convocar una Comisión Binacional para «definir una colaboración efectiva en áreas económicas, sociales y culturales» (algo equivalente al cogobierno); programar una Cumbre Internacional sobre Drogas, y respaldar la convocatoria europea de una Conferencia Internacional sobre Colombia. Ya que todas estas eventuales comisiones y eventos contarán con la presencia dominante del gobierno de Estados Unidos y la sumisa del gobierno colombiano, se puede prever con pleno fundamento que, en lugar de soluciones, empeorarán la crisis. Sus nefastos resultados serán, a semejanza de los «logros» de Sísifo, engrosar instantáneamente la materia de los diagnósticos.

El gran equívoco de la carta radica en que sus diagnosis y las propuestas semejan fantasmas que deambulan sin encontrar la única causa en la que podrían encarnar: la política de recolonización norteamericana. De allí que no pueda ser más estrambótica la frase que remata la epístola: «En sus manos (las de Bush y Pastrana) está la tarea histórica de abrir caminos de grandeza y de generosidad para superar la tragedia colombiana».

Es natural que, dado el carácter de intelectuales que posee la mayoría de los firmantes, se destaque el aspecto cultural de la crisis. Pero al hablar de las carencias en ese campo se debería empezar por denunciar la privatización desbocada de la educación y el abandono presupuestario a que están sometidas las universidades públicas, junto al apabullamiento de la ciencia y las manifestaciones culturales propias. Y se debería afirmar que la única solución es el cambio radical de las políticas que dan lugar a esa situación, por otras que permitan a los colombianos atesorar su raigambre nacional, aprovechar sus recursos y su potencial humano para la investigación y el desarrollo científicos, reconocer el sustrato económico neoliberal de las «desigualdades, los privilegios y la exclusión sociales», en fin, comprender cuáles son los más altos intereses de la nación y rechazar los poderes internos y externos que los estropean. Lo que precisa Colombia en primera instancia es una cultura política cuya práctica, la resistencia, rompa el sitio de atraso y barbarie que hoy le ha puesto la globalización norteamericana.

Una gran masa de intelectuales consecuentes con los anteriores criterios es indispensable para poner en pie a Colombia e integrarla en la corriente inagotable de la civilización. Semejante tarea para tan ineluctable destino tiene en los intelectuales revolucionarios una preciosa reserva. Pero no es exclusiva de ellos, ni bastaría con su labor: su realización precisa del aporte de gran número de intelectuales patriotas. Que, al repasar las firmas de la carta abierta, aparezcan algunas de colombianos en quienes ha alentado el patriotismo y otras de extranjeros que han asumido posturas progresistas, indica el trabajo de persuasión que incesantemente se debe desarrollar en el sector que los cobija, a fin de despertar y consolidar su consecuencia.

En contraste con las fantasías que impregnan la misiva a Bush y Pastrana, cada vez más amplios sectores de la población van abriendo con sus luchas el más seguro sendero hacia la salvación nacional. Los continuos paros, huelgas y protestas de los trabajadores, los campesinos y empresarios rurales, los maestros y estudiantes, y los habitantes de regiones enteras, como los del Chocó, demuestran que el espíritu patriótico y democrático de la mayoría de los colombianos conserva su lozanía. Estas importantes batallas, y la que constituirá el paro nacional del próximo 22 de marzo, deben tener como perspectiva la construcción de un vigoroso frente único de resistencia civil.

EN LA OMC: ACUERDO GENERAL SOBRE COMERCIO DE SERVICIOS

Al correo electrónico de Tribuna Roja llegó una importante comunicación sobre las actividades que un gran número de organizaciones del mundo están impulsando para denunciar las pretensiones que la Organización Mundial del Comercio tiene de imponer su Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios, AGCS, que tiene como fin aumentar el saqueo y la explotación que las multinacionales imperialistas cometen contra los países pobres del mundo. Publicamos apartes de la comunicación mencionada.

Las nuevas negociaciones sobre el AGCS, que se llevan a cabo por la OMC en este momento, apuntan a continuar facilitando el copamiento de los servicios públicos por parte de las corporaciones, de la siguiente manera: obligan a los gobiernos a otorgar acceso ilimitado al mercado a proveedores extranjeros de servicios, sin tener en cuenta los impactos sociales y medioambientales que puedan tener la cantidad o el tipo de esas actividades. Aceleran el proceso de garantizarles a los proveedores de servicios el acceso al mercado interno en todos los sectores, incluyendo la educación, la salud y el agua. Esto se logra al permitirles a las empresas extranjeras establecer su presencia comercial en otro país a través de nuevas normas de la OMC. Esto les permitiría a las empresas trasnacionales el acceso rápido e irreversible a los mercados, particularmente a los del tercer mundo. Los principales beneficiarios de este nuevo régimen del AGCS son los proveedores corporativos de servicios, decididos a extender su alcance comercial a todo el globo y a convertir los servicios públicos de todo el mundo en mercados privados. Más allá de que las industrias de servicios son el sector de la economía global que crece con más rapidez, la salud, la educación y el agua potable se están convirtiendo en los más rentables. Se considera que la salud representa un mercado anual de 3,5 trillones de dólares, la educación 2 trillones anuales y el agua 1 trillón de dólares al año. El director ejecutivo de la corporación hospitalaria con fines de lucro más grande del mundo, la Columbia-HCA, con sede en EU, insiste en que el cuidado de la salud es un negocio, de la misma forma que lo son las industrias de aviación, y jura que destruirá todos los hospitales públicos en Norte América. Casas de inversión, como Merril Lynch, predicen que la educación será privatizada a nivel mundial dentro de la próxima década y declaran que este proceso puede lograr ganancias incalculables. Mientras tanto, los gigantes de la industria del agua, tales como Vivendi y Suez Lyonnaise des Eaux de Francia, trabajan en conjunto con el Banco Mundial para obligar a muchos gobiernos del tercer mundo a privatizar los servicios de agua. Por medio de poderosos grupos de presión, como la Coalición Estadounidense de Servicios y el Foro Europeo de Servicios, estas y otras empresas trasnacionales han dictado prácticamente el orden del día de las negociaciones AGCS 2000. Que las corporaciones logren su objetivo representa un ataque frontal a los derechos sociales fundamentales consagrados en la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. No sólo se permitirá que las empresas extranjeras con fines de lucro puedan acceder a los dineros estatales para apoderarse de los hospitales públicos y las escuelas, sino que estas normas de comercio global de la OMC también lograrán minar las regulaciones de la salud y la educación. Las cadenas de empresas extranjeras con fines de lucro tendrían la posibilidad de invadir los sistemas de cuidado de los niños, de seguridad social y de cárceles en todos los países miembro de la OMC. Nuestros parques, fauna y bosques naturales se podrían convertir en materia de competencia por la explotación de los recursos entre proveedores corporativos de servicios medioambientales. Al mismo tiempo, las empresas extranjeras tendrían derecho al acceso ilimitado para los contratos municipales de construcción, saneamiento, recolección de residuos, obras sanitarias, turismo y agua. Para muchos países del tercer mundo, esta violación de los derechos básicos no es nueva. Durante más de dos décadas, los programas de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial se han utilizado para obligar a muchos gobiernos del Sur a desmantelar los servicios públicos y permitirles a empresas extranjeras proveer servicios de salud, educación y agua con el objetivo primordial de lograr ganancias. Bajo las reglas propuestas por el AGCS, los países en desarrollo sufrirían un desmantelamiento mayor de los proveedores locales, se impondrían límites sobre el fomento de proveedores nacionales, y se crearían nuevos monopolios dominados por corporaciones de los países capitalistas. Al incrementar dramáticamente el control sobre el mercado por parte de las empresas extranjeras de servicios y al poner en peligro el futuro de los servicios públicos, la agenda del AGCS 2000 lanza una ofensiva mundial en contra de la ciudadanía y la democracia, tanto en el Sur como en el Norte. Es más, los mecanismos obligatorios de la OMC para hacer cumplir estos acuerdos, garantizarán que no sólo se cumplan sino que se conviertan en irreversibles. Ha llegado el momento de «¡Parar la ofensiva del AGCS!».