EL ACUERDO EN EL ISS, UNA AFRENTA PARA LOS TRABAJADORES Y UN OPROBIOSO PRECEDENTE PARA EL MOVIMIENTO OBRERO

El acuerdo firmado recientemente entre el Instituto de Seguro Social, ISS, y los dirigentes de su sindicato, Sintraseguridadsocial, constituye un atentado contra los derechos laborales conquistados allí y sienta un nefasto precedente para el conjunto del movimiento sindical. Implica una dolosa revisión de la convención colectiva que lesiona los intereses de los trabajadores actuales del Instituto y excluye de ella a los que ingresen en el futuro.

La negociación se llevó a cabo en medio de intensas discusiones acerca de las causas que amenazan la supervivencia del ISS, particularmente en la división Salud, debate en que abundaron las conminaciones del ministro de Hacienda, Juan M. Santos, y del presidente de la institución a los trabajadores para que aceptaran gravosas condiciones, con el pretexto de que solo así era posible la subsistencia de la empresa. Tales presiones se reforzaron con el señalamiento de los trabajadores como responsables de la crisis, ocultando los nefastos efectos que sobre esta entidad y la salud pública ha tenido la Ley 100 de 1993 y el resto de disposiciones que en aplicación de la política neoliberal de apertura económica llevaron a la desindustrialización del país.

No obstante que fueron las sucesivas políticas gubernamentales las que condujeron a la actual situación, el ministro Santos eludió esta responsabilidad al dictaminar sin empacho que «todos los involucrados directa o indirectamente en este proceso, aportarán para hacer del riesgo de salud una empresa viable y sostenible». Tras la falacia de que su propósito era lograr un aceptable desempeño de la institución, adujo que se podía liquidar toda la división Salud y reducir el papel del ISS a una promotora que contrate la prestación del servicio con el sector privado. Semejante argumentación revela que al gobierno no le importa en absoluto la calidad de la atención a los usuarios, ni la experiencia acumulada por el Instituto como prestador del servicio y mucho menos la suerte de sus 30 mil trabajadores.

Para la imposición de sus designios, el gobierno empezó por desconocer cínicamente la deuda por 40 billones de pesos que adquirió con el ISS entre 1946 y 1973. En efecto, desde la creación del Instituto mediante la Ley 90 de 1946, se estipuló una financiación tripartita por parte de trabajadores, patronos y gobierno, pero este no solo no aportó la contribución que le correspondía, sino que en 1973 optó por reformar ese aspecto despojando al Estado de sus obligaciones con la salud y las pensiones de los trabajadores colombianos. Desde entonces, el sostenimiento ha corrido a cargo de trabajadores y patronos. Además de desprenderse de sus deberes públicos, los diversos gobiernos menoscabaron los recursos del ISS y los administraron con negligencia, como lo evidencian las cuantiosas pérdidas que arrojaron las inversiones que se hicieron en el BCH y el IFI, y los privilegios que con base en la Ley 100 se otorgaron al sector privado al canalizar hacia allí los recursos de pensiones a través de los Fondos de Ahorro Individual y los de salud mediante las EPS, las IPS y las ARS. ¡Y luego se arguye con desfachatez que las escasas prestaciones de los trabajadores son las responsables de la crisis!

Dentro de este contexto se produjo el reciente acuerdo entre el gobierno y los dirigentes del sindicato dirigido a desmontar la convención colectiva, pues no otra cosa significa congelar por diez años la retroactividad de las cesantías, disminuir el monto de la mesada pensional, congelar por cinco años el aporte al fondo de vivienda, eliminar el auxilio oftalmológico y de guarderías, suprimir el reconocimiento del día de la seguridad social y congelar por diez años el incremento sobre salarios básicos. Se engrosan así los expedientes de corte neoliberal que, establecidos con la pretensión de buscar una mejor gestión y mayor eficiencia y competitividad en el desempeño de los trabajadores, soslayan el intríngulis del asunto: favorecer, al igual que lo hace toda la legislación vigente, a las multinacionales de la salud y del capital financiero.

Sin bastarles esta claudicación, los firmantes del acuerdo se arrogaron el derecho de decidir las condiciones de trabajo de los futuros empleados del ISS al determinar que a partir de la vigencia de la Convención se les aplicará el régimen general establecido en las leyes para los trabajadores oficiales, lo que significa que quedan por fuera de ella. A riesgo de caer en una conducta patronal de concertación con las políticas del gobierno, equivalente a la traición, los actuales dirigentes de sindicatos y centrales obreras no tienen ningún título ni atribución para pactar menoscabos en las condiciones laborales y recortes salariales y pensionales en grave detrimento de los trabajadores del mañana. Cuando tal aberración se presenta, como es el caso de lo acordado por directiva del sindicato del ISS, a esos trabajadores no los obligan tan mezquinas componendas. Como históricamente se ha probado, los trabajadores solo reciben como legado de quienes los antecedieron las conquistadas alcanzadas y la actitud de lucha para rechazar todo lo que niegue sus derechos laborales y el justo valor de su fuerza de trabajo.

Ante el movimiento obrero y el país entero quedó demostrado que aquellos directivos de Sintraseguridadsocial y de las Centrales que apoyaron el mencionado acuerdo, prohíjan el reaccionario argumento de responsabilizar a los trabajadores de las crisis de las empresas e instituciones estatales, mientras secundan que la prestación de los servicios públicos sea una actividad primordialmente lucrativa, con lo que se convierten en alcahuetes de las privatizaciones. Su obsecuencia con el gobierno fue patente para millones de colombianos cuando, con motivo de la firma del acuerdo el 1º de noviembre pasado, la televisión los mostró dándose palmaditas e intercambiando sonrisas con Pastrana luego de que este los piropeó como un dechado de mesura y patriotismo. Al mismo tiempo que se desarrollaba tan grosera escena en el Palacio de Nariño ¡las masas de trabajadores estaban en las calles celebrando combativamente el Paro Cívico Nacional!

Las políticas neoliberales aplicadas en los últimos doce años en materia de salud y pensiones, sumadas a la deuda histórica de los gobiernos con el ISS desde su creación, son la verdadera causa de la crisis del mismo y no las prestaciones de sus trabajadores. La ley 100 facilitó la creación de las EPS, IPS y ARS para que potentados de empresas privadas se embolsaran los aportes de salud del régimen contributivo y el presupuesto del sistema nacional de salud pública, y propició que salieran del ISS los funcionarios y empleados de mayores salarios y que las enfermedades de alto costo y los trabajadores de menores ingresos quedaran a cargo del ISS. Además de no resolver la permanente evasión de aportes por parte de los patronos, debilitó el Instituto abriéndole competencia en pensiones, riesgos profesionales y salud, con la pretensión no oculta de vender sus clínicas e instalaciones a monopolios privados que gracias a la misma ley se han venido consolidado: Colsanitas, Cruz Blanca, Saludcoop, Coomeva, entre otras.

El Instituto del Seguro Social es una empresa integral y esencial para la asistencia de más de trece millones de usuarios. Al separar sus actividades en los negocios de pensiones, salud y riesgos profesionales, el gobierno se propone facilitar su entrega al sector privado. Los monopolios de la salud se relamen aprestándose a comprar y explotar más de 23 clínicas que el Instituto tiene en el país y cuya infraestructura y dotación son excelentes. Los banqueros aspiran a engordar sus arcas alzándose con la poca reserva de pensiones del Instituto y la de los fondos pensionales estatales, todo lo cual se sumará a los ocho billones de pesos que representan los aportes para pensiones y cesantías que mediante las leyes 100 y 50 ya les entregaron los gobiernos adictos al neoliberalismo.

No hacer los esfuerzos suficientes para explicarles debidamente a los trabajadores la problemática de la salud pública y para infundirles un estado de ánimo favorable a la movilización y la lucha conduce a despertar ilusiones en la engañosa concertación, a crear un ambiente para la conciliación de los intereses de clase embozada en la práctica de lo que los neoliberales llaman «sindicalismo propositivo», un sindicalismo que acepta atropellos y desmejoras con el pretexto de hacer menos dolorosa la ofensiva de reformas neoliberales y el despojo de los derechos de los trabajadores. Solamente una postura digna por parte de las direcciones sindicales que se traduzca en aclararles a las bases la causa de sus males y en movilizarlas combativamente a las distintas luchas y paros, podrá detener la avalancha de medidas que en su plan de globalización ha desatado el imperialismo norteamericano contra los trabajadores y la nación. El deprimente espectáculo de dirigentes sindicales que pacientemente hacen antesala en las oficinas gubernamentales y en los recintos del parlamento a fin de satisfacer su impaciente afán por entablar diálogos estériles y dilatorios que enmascaran pactos de entrega de derechos y reivindicaciones de obreros y empleados, sólo puede llevar a la desmovilización de estos y a fortalecer la tendencia hacia la claudicación que puso de manifiesto el ignominioso acuerdo en el ISS.

Es indispensable contraponer a la malicia y oportunismo envueltos en ese acuerdo, criterios y prácticas sindicales consecuentes con los intereses de los trabajadores. Máxime cuando el gobierno, acucioso en satisfacer las exigencias del Fondo Monetario Internacional, ya presentó ante el Congreso un proyecto de reforma dirigido a refinar el desfalco de los fondos de pensiones, aumentar las cotizaciones y los años necesarios para alcanzar la jubilación, recortar drásticamente el valor de las mesadas y desmontar los derechos pensionales adquiridos por los trabajadores de importantes empresas e instituciones estatales.

Ante las maniobras que el gobierno de Pastrana, con sus ministros de Hacienda y Trabajo como punta de lanza, se apresta a realizar en el llamado Pacto Social y Político para apuntalar dicha reforma, el movimiento obrero debe elevar su vigilancia sobre la conducta que adopten allí los dirigentes de las Centrales y ponerse prontamente en pie de lucha para echar atrás esa nueva sarta de tropelías contra sus derechos y conquistas.

Bogotá, 20 de enero de 2002.

Comisión Obrera Nacional del MOIR

MARIA VICTORIA FORERO, A LA CAMARA POR BOGOTA

Con la asistencia de más de quinientos dirigentes populares y sindicales, se efectuó en el Teatro Arlequín, de la capital de la República, el acto de proclamación de María Victoria Forero, presidenta del sindicato del ICBF, como cabeza de la lista de Unidad Cívica y Agraria-MOIR a la Cámara de Representantes por la circunscripción electoral de Bogotá, Distrito Capital. En la mesa directiva estuvieron el secretario general del MOIR, Héctor Valencia, el secretario del Regional de Bogotá y Cundinamarca, Francisco Valderrama, el candidato al Senado, Jorge E. Robledo, el compañero Luis Adaniya, del Partido Comunista del Perú-Patria Roja, y el resto de integrantes de la lista a la Cámara.

Lista a la Cámara por Bogotá, 357 en el tarjetón electoral

María Victoria Forero. Presidenta del Sindicato del ICBF.

Álvaro Morales. Comité Ejecutivo Fecode, y director programa de TV «Encuentro».

Francisco Cabrera. Secretario de la Asociación de Usuarios de Servicios Públicos.

Claudia Camacho. Presidenta Sindicato de Trabajadores Instituciones de Educación.

Hugo Suárez. Junta nacional Sindicato de Trabajadores de Coca-Cola.

Ramón Barrios. Junta nacional Unión de Trabajadores de Telecomunicaciones.

Ramón Paba. Abogado laboralista.

Ómar Ospina. Dirigente vendedores ambulantes y estacionarios.

Iván Cáceres. Dirigente de Funtraenergetica y la USO.

Joaquín Zambrano. Dirigente popular de Ciudad Bolívar.

Judith López. Dirigente popular de la Localidad Cuarta.

BOLIVAR ACOGE CANDIDATURA DE ROBLEDO AL SENADO

El 30 de noviembre se llenó el Centro Recreacional Napoleón Perea con las delegaciones de los barrios de Cartagena y de los municipios adyacentes. Cerca de 800 personas aclamaron a los candidatos Jorge E. Robledo y Luis Carlos Fuentes.

La mesa directiva estuvo encabezada por el secretario regional del MOIR, David Múnera, y por Antonio Cantillo, presidente de Utradebol; Miguel Maturana, presidente de los profesores jubilados de Bolívar y padre del medallista universal «El Máscara» Maturana; Inalides Castro, presidente del sindicato del ICBF; José Luis Esquivia, presidente del sindicato de Codegan; Octavio Muñoz, presidente del sindicato de Telecartagena; Patricio González y Manuel Torres, directivos de Salvación Agropecuaria en Bolívar; Carlos Carrascal, secretario de Utradebol; Luis A. Mendoza, tesorero de la CUT; Álvaro Jiménez, gerente de Coaceded; Juan Prens, presidente del sindicato de trabajadores de las universidades; Belmoris Salamanca, presidente de la Federación de Estudiantes de Bolívar; Carmelo Medina, vicepresidente del sindicato de taxistas de Cartagena; Alfredo Martínez, presidente de Fedepadres; Amanda Gordon, tesorera de Sudeb; Manuel Lambis y Remberto Montes, dirigentes cívicos, y el licenciado Juan Guerrero B., presidente de Adidobol, además de otras distinguidas personalidades.

Los aspirantes rechazaron el modelo económico neoliberal, impuesto por Estados Unidos y explicaron su consigna de «¡Por la soberanía, el trabajo y la producción, Resistencia Civil!».

En Mompós

Esta joya colonial, patrimonio histórico de la humanidad, recibió al candidato a la Cámara, Lucho Fuentes, el 28 de noviembre. El evento se desarrolló en el Teatro Colonial, con asistencia de cien líderes. Se constituyó el comité de dirección y se distribuyeron las comisiones de trabajo. Yaneth Meléndez, fiscal de Sudeb, manifestó que el compromiso con la campaña de Robledo y Lucho Fuentes «está calando entre los momposinos y rebasará todas las expectativas».

En Magangué

El 29 de noviembre le correspondió el turno a la segunda ciudad del departamento, golpeada por la apertura económica, que ha llevado a su mínima expresión la producción de arroz y algodón.

En el Punto Cubano, más de 300 personas proclamaron las candidaturas de Robledo y de Lucho Fuentes. Fue un acto extraordinario, si se tiene en cuenta que buena parte de los dirigentes que desertaron de las filas del MOIR son nativos de allí y, por tanto, se está en el camino de la reorganización partidaria en esta ciudad. Buenos vientos soplan para el avance victorioso de esta campaña electoral.

Lucho Fuentes y la dirigencia de la campaña se han hecho presentes en decenas de municipios del departamento y en los barrios de La Heroica.

EL CHOCÓ CON SALGADO Y ROBLEDO

Apartes de la intervención de Jorge Salgado, candidato a la Cámara por el Chocó, en el acto de proclamación de su candidatura.

Capítulo especial de la agresión imperialista al pueblo chocoano, para garantizar el saqueo de los recursos genéticos de sus bosques por parte de los monopolios de la biotecnología, es la imposición en su territorio de una semiprimitiva propiedad colectiva, inenajenable, que ahorca la escuálida economía chocoana y condena a la población rural e indígena. Este anacrónico tipo de propiedad, previsto en la ley 70 y en la resucitada figura colonial de los resguardos indígenas, encadena al Chocó a ser una simple reserva de las trasnacionales biotecnológicas, prohíbe el desarrollo industrial y agrícola, impide la construcción de carreteras –como la Vía al Mar Ánimas-Nuquí o la del Tapón del Darién—, obstaculiza la construcción de puertos como el de Tribugá y de obras de infraestructura como represas hidroeléctricas o líneas de interconexión eléctrica.

El brillante tesoro de los recursos naturales del Chocó contrasta con el tétrico cuadro de las condiciones de vida de su pueblo. Al lado del potencial de biodiversidad, padecemos una tasa de mortalidad de 16.5%, una de las peores del mundo. El Chocó tiene miles de ríos en tres ubérrimas vertientes, pero 46.3% de sus viviendas no poseen acueducto y 80% no tienen alcantarillado.

El subsuelo es rico en metales preciosos; sus bosques, en maderas, flora y fauna; sus dos mares, en abundantes recursos, pero más de la mitad de la población está en la indigencia suplicando por las calles unos pesos para comprar un plátano o una libra de arroz. El desempleo supera el 80%. La desesperación y el hambre asuelan en forma dramática a las familias, muchas de las cuales preparan infusiones de hierbas para mitigar los retorcijones del hambre, o salen a las calles a entregar sus hijas para que las contraten como esclavas domésticas o para que las adopten en el ICBF.

Compañeras y compañeros: buscaremos un gran respaldo en el Chocó para la lista de Jorge Robledo al Senado, destacado patriota y líder del reciente Paro Nacional de la Asociación por la Salvación Agropecuaria.

Hace dos semanas, el destacado compañero Froilán Tréllez Cuesta nos expresó su respaldo. Infortunadamente, falleció en el día de ayer. Rindo por ello un sentido homenaje a su memoria de luchador infatigable.

¡Que el puesto dejado por el compañero Froilán Tréllez Cuesta sea llenado con igual dignidad por centenares de chocoanos que abracen la bandera de la Resistencia Civil en defensa de la soberanía, el trabajo y la producción en nuestra patria!

La campaña en Risaralda: «AMÉRICA SERÁ UN ÚNICO REINO, CON CAPITAL EN WASHINGTON»

Apartes del discurso de Aurelio Suárez M. en el acto de proclamación de su candidatura a la Cámara de Representantes por Risaralda. Pereira, Teatro Santiago Londoño, diciembre 2 de 2001.

Tenemos hoy aquí a los agricultores y campesinos que han construido un nuevo credo de lucha; a dirigentes políticos que no han colaborado con las medidas oficiales contra la nación; a sindicalistas que han enfrentado las leyes que pretenden retroceder las relaciones laborales a épocas de esclavitud; a los combativos obreros de Bavaria; a intelectuales patriotas que han comprendido que su labor adquiere un peso mayor si se ponen al servicio del pueblo; a jóvenes que en las batallas por la defensa de la educación pública aprenden que si Colombia sigue siendo una colonia no habrá destino distinto al atraso y la oscuridad; a líderes de barrios y amas de casa que contienden por defender sus comunidades contra las tropelías en los servicios públicos, la salud y la vivienda; a voceros del sector informal, como los vendedores y los balastreros, que pugnan por su derecho al trabajo; a dirigentes gremiales, como decía uno de ellos, «abandonados por los antiguos gremios ahora controlados por intereses ajenos» y en sánduche entre los impuestos y la competencia extranjera; y, en fin, por personas que han compartido la justeza de nuestras causas. Todos empeñados en hacer Resistencia Civil para salvar a Colombia.

Porque los aquí reunidos sabemos que no podemos cruzarnos de brazos esperando la liquidación del país. Nos hemos puesto de pie y con múltiples movilizaciones y paros salimos a defendernos. Esa táctica ha elevado el nivel de conciencia, ha reforzado las organizaciones. Con frecuencia y con razón se dice en la zona cafetera: ¿Qué sería del café sin la Unidad Cafetera? También en el Tolima se oye: ¿Qué sería del arroz sin Salvación Agropecuaria? Y es que podemos decir con orgullo: ¡Qué sería del campo colombiano sin la Resistencia Civil! No faltan algunos que manifiestan estar de acuerdo con nosotros, pero que no les gustan los métodos de lucha. Es que no comprenden que precisamente esa táctica es parte esencial de nuestros postulados; a quienes eso afirman debemos decirles que nuestro programa sin la Resistencia Civil es como un cuchillo sin filo, como teoría sin práctica, es decir, otro engaño más, un tipo de engaño muy de moda y que el pueblo sólo podrá aclarar aplicando el aforismo de «Por sus frutos los conoceréis». Quede claro, entonces, que nuestro mensaje no es apenas de unidad, es de unidad en torno a la Resistencia Civil.

Cuando cuatro empresas, dos de ellas norteamericanas, todas con ramificaciones en el país, controlan 60% del café del mundo y ganan entre ellas cinco veces lo que reciben 20 millones de caficultores de 60 países tropicales; cuando en Colombia las petroleras foráneas explotan 80% del petróleo y fuera de ello las regalías están exentas de impuestos por las utilidades; y cuatro empresas gringas explotan y exportan 90% de nuestro carbón; y tres comercializadoras norteamericanas venden casi 60% del banano y más de la mitad del negocio de las flores también está en manos extranjeras; cuando casi 70% de la generación de energía eléctrica la explotan firmas internacionales y la telefonía celular es un monopolio multinacional, y como si fuera poco le van a entregar a operadores foráneos los principales acueductos del país, y en las EPS y en las Administradoras de Pensiones y Cesantías el capital financiero mundial encuentra nuevos filones y hace lo que le viene en gana; cuando el sistema bancario nacional está totalmente intervenido por los especuladores de la Bolsa de Nueva York; y cuando esta inicua enumeración podríamos continuarla con mil ejemplos más, a quienes queremos nuestra patria que repetir incansablemente: Por la soberanía, el trabajo y la producción: ¡Resistencia Civil!

Debemos resistir la ofensiva neoliberal y defender la soberanía, el trabajo y la producción nacionales porque las industrias que mantienen algún desarrollo en Colombia son hoy propiedad de multinacionales, y los millones de toneladas de alimentos importados son excedentes agrícolas de Estados Unidos. La participación de los colombianos se reduce a aportar la mano de obra barata, a ser consumidores de esas mercaderías extranjeras o a recibir las migajas que les tiran por participar en la entrega de la patria y su economía, papel éste que tristemente juegan los gobernantes encabezados hoy por Andrés Pastrana.

Eran otras las épocas en las que existía respeto por los intereses generales. Con el «Revolcón» todo cambió. Si es negocio traer cebada, que se traiga aunque se quiebren los cultivadores nacionales; si es negocio cobrar en los hospitales, que se cobre aunque la gente se muera en sus puertas; si es negocio vender agua potable, que se venda con grandes utilidades aunque los niños revienten de sed y mueran en la insalubridad. El país se privatizó en diez años; todo lo hacen con ánimo de lucro, y sus más resultados son un millón de hectáreas menos en agricultura, decenas de miles de empresas cerradas, 26 millones de pobres, tres millones de desempleados y 60% de los que trabajan son informales.

Lo más grave es que la crisis tiende a empeorar, pues los apetitos de las multinacionales son insaciables. El gobierno de Bush hijo está comprometido en llevar a cabo la Iniciativa para las Américas, ideada por Bush padre hace doce años para hacer del continente una zona única sin fronteras, aduanas o controles, donde circulen libremente los capitales, las mercancías y las personas, sobre todo quienes se desempeñen en los oficios más duros. El ALCA será entonces más y más apertura para terminar de agobiar nuestra maltrecha economía. Los productos industriales competirán con los bajos costos y éstos solo podrán conseguirse con bajos salarios, y las monedas nativas serán absorbidas poco a poco por el dólar, el cual brillará por su ausencia en los bolsillos de las mayorías. América será así un único reino, con capital en Washington, como lo era Roma en el imperio de los Césares.

La situación de Risaralda está acorde con el desastre nacional. Referirse a la crisis del café podría estar de más por lo ya sabido en este campo por los aquí presentes. Se conoce de la reducción de tres millones de arrobas y de veinte mil empleos en la década, pero las últimas actuaciones del presidente Pastrana obligan a abordar el tema cafetero. Con la solicitud de la renuncia a Jorge Cárdenas, se está aparentando adelantar una campaña que han denominado de «modernización» de la industria. Los primeros pasos de tal campaña han mostrado el sentido de la misma. El sueño dorado de las multinacionales exportadoras, de ir desmontando las instituciones cafeteras y sus actividades, parece cristalizarse en los finales del gobierno actual. Existe evidencia de que nada bueno están pensando con la Federación. La Comisión que la va a reestructurar, en la cual el menos neoliberal es el infaltable presidente de la ANDI, permite suponer que vamos a la desaparición de las instituciones, a «trabajar como en Kenia», vendiendo el producto a como quieran pagarlo. Desde aquí convocamos a los federados a dar una recia batalla por salvaguardar las instituciones de las fauces del neoliberalismo. Sí, nosotros, acusados falsamente de querer destruirlas, vamos a estar en la primera línea de su defensa, sin dejar de insistir en que buena parte del éxito radicará en que sean verdaderamente democráticas. Hay que impedir que Pastrana, para servirles a la General Foods y similares, se salga con la suya. ¿Es siquiera imaginable que un presidente que no vaciló en ordenar tanquetas y gases lacrimógenos, destrucción de enseres y pertenencias, disparos y detenciones arbitrarias contra los cafeteros y sus dirigentes, pueda producir una sola idea para promover su bienestar, cuando ni siquiera ha tenido el valor, el patriotismo ni la dignidad de exigir a los Estados Unidos y a los países consumidores que cesen en su campaña de envilecer el precio del café y fomentar su siembra en países con costos laborales menores?

Hablando de esta nuestra región, no es extraño encontrar tanto rechazo a la clase política como entre nosotros. Claro, la miserable condición de 60% de nuestros coterráneos en algo lo explica; también la campaña de desprestigio que se ha orquestado en general, pero, en lo que a Risaralda toca, la conducta de todos los bandos, grupos, subgrupos y pactos varios en los que se ha dividido, podría ponerse como destacado ejemplo negativo en el orden nacional. No ha faltado representante local en ninguno de los famosos «torcidos» de los últimos años; como en el raponazo del Fondo Interministerial en la mesa directiva de la Cámara, o en la muy bien viaticada e inútil delegación a Rumanía. Siempre que hay un escándalo, ahí está un político risaraldense.

La elección de Robledo al Senado es una necesidad imperiosa de la Resistencia Civil; es apoyo indispensable para que las luchas sectoriales vayan entretejiéndose. Conozco a Jorge desde hace más de 30 años, cuando compartimos apartamento en medio de la pobreza como estudiantes, ya vinculados a las luchas sociales; jamás lo he visto parpadear, no ha pasado un solo día sin que esté pensando en cómo hacer avanzar la gesta emancipadora de Colombia. Robledo ha combatido desde los más decisivos ángulos; pero hay uno que encumbra su aporte, es su extraordinario trabajo teórico, que abarca múltiples campos: el café, el agro, la vivienda, las privatizaciones, el bareque, el neoliberalismo, la historia arquitectónica regional, entre otros, le han permitido erigirse como sabio y tenaz conductor de los agricultores, y como intelectual ha recibido los reconocimientos y méritos académicos que puede otorgar la universidad más importante, la Universidad Nacional de Colombia. ¿Y qué hará Robledo en el Congreso, y con él los 15 candidatos a la Cámara que lo apoyaremos y pugnaremos por llegar en representación de las regiones? No podremos hacer cosa distinta a lo que hemos dedicado la vida: a fundirnos con las necesidades de la gente, a utilizar esas curules de esta seudodemocracia para fraguar más la unidad patriótica de todos los colombianos, a usar la relativa preeminencia que se tenga para poder expandir la corriente de gente de bien que quiera rescatar para Colombia su soberanía y, desde luego, a jugárnosla entera por una causa que llevamos en el alma, la causa del café.

Sólo nos resta convocar a más personas, grupos y partidos que estén de acuerdo con estos principios, en la seguridad de que aquí tendrán plenas garantías y reconocimiento.

Continuemos en esta campaña con la misión de esclarecer las verdades que deben guiar el correcto transcurrir histórico de nuestro pueblo, para que hagamos de Colombia una patria amable y próspera. Impidamos con todas nuestras fuerzas que –por la ignorancia y la manipulación— los colombianos sigan siendo «instrumentos útiles de bajas pasiones e intereses ocultos, o esclavos serviles de los tiranos», tanto de los propios como de los extraños.

Jorge E. Robledo, candidato de Unidad Cívica y Agraria-MOIR: «MI INVESTIDURA DE SENADOR, AL SERVICIO DE LA RESISTENCIA CIVIL»

El día normal de Jorge E. Robledo parece abarcar mucho más de 24 horas. No hay distinta manera de explicar que haya podido hacerle frente, y con firmeza, a desafíos tan disímiles como su dirigencia en el MOIR, su compromiso permanente con Salvación Agropecuaria y Unidad Cafetera, su quehacer académico, sus giras como conferencista, su actividad como ensayista, columnista de prensa y escritor, y, desde hace semanas, su señero papel como portaestandarte de las fuerzas patrióticas en la presente campaña electoral.

Robledo integra desde 1998 el Comité Ejecutivo Central del MOIR y es secretario del Regional de Caldas, secretario general de la Asociación por la Salvación Agropecuaria, coordinador de Unidad Cafetera y asesor de las Ligas de Usuarios de Servicios Públicos, columnista de La Patria, de Manizales, director de los periódicos El Usuario y Unión Cafetera y colaborador de El Nuevo Día. Tan activa y polifacética labor ha sido resumida con acento humorístico y un tanto irreverente por un añejo, que no viejo, militante de Caldas: «Jorge tiene más puestos que un bus de escalera».

Con no menos solvencia se mueve en otros campos. Fue ganador, recientemente, de la XVII Bienal de Arquitectura, en la categoría de Teoría, Historia y Crítica. En la Universidad Nacional, institución en la que enseña desde hace más de veinte años, ha sido condecorado con la Medalla al Mérito, con el título de Maestro Universitario y con la Orden Gerardo Molina, máxima distinción que otorga el Alma Mater. Ha escrito varios libros, entre ellos Apertura: ¿modernización o privatización?, El café en Colombia, un análisis independiente y www.neoliberalismo.com. Balance y perspectivas, quizá el texto más importante escrito para denunciar las barbaridades de la recolonización gringa sobre Colombia y América Latina.

A sus 52 años de edad, Robledo sigue en el frente de combate con el mismo entusiasmo de su primera juventud, ahora como candidato al Senado por la coalición Unidad Cívica y Agraria-MOIR, dispuesto a liderar una gran campaña por la Resistencia Civil contra el imperialismo gringo y en defensa de la soberanía, el trabajo y la producción.

Tribuna Roja. ¿Jorge Enrique, cuándo empezó a militar en el MOIR?

Jorge E. Robledo. Durante el movimiento estudiantil de 1971. La verdad, los de la extrema intentaron ganarme. Pero reflexioné mejor y me salvé. Fue una época de intensa búsqueda personal. Buena parte del tiempo me la pasaba preguntándome qué iba a hacer con mi vida. Al final de ese año entendí que el camino no era tratar de enriquecerme sino servirle a la gente, mediante la política. En diciembre me vinculé a la Juventud Patriótica, JUPA, la organización juvenil del MOIR, porque vi que tenían la razón. En ello también contó que la JUPA había dirigido ese movimiento estudiantil, el más claro y grande de la historia de Colombia.

¿Qué lo llevó a militar políticamente?

Fue un proceso ascendente. El movimiento estudiantil me despertó. Empecé a leer textos de de historia de Colombia, de economía, se conversaba mucho sobre la situación del país y del mundo, y cayeron en mis manos los primeros libros de marxismo. Un proceso muy similar al de millares de jóvenes en esos años.

¿Cuándo arribó a Caldas?

En 1975. El MOIR me destinó a Caldas, fui uno de los primeros descalzos.

¿Cómo era la Manizales que encontró; tuvo problemas para conseguir trabajo?

Era una ciudad, digamos, bastante cerrada. Pero en general no tuve dificultades. No solo en lo del empleo, en otros aspectos también. Debo expresar mi gratitud a Manizales, donde han sido muy amables conmigo. Recién llegado me contrataron para el Departamento de Arquitectura de la Universidad Nacional, y ahí estoy todavía.

Hablar de Caldas es hablar del café. ¿Por qué empezaron ustedes concentrando el trabajo en el proletariado andariego de los recolectores?

Por nuestra misma naturaleza política. Además, no hay que olvidar que en 1975 fue la gran bonanza cafetera. Bonanza relativa, pues el gobierno de López tomó una serie de medidas sumamente dañinas para los productores. Entre ellas, la expedición de los Títulos de Ahorro Cafetero, TAC, en realidad un negocio para los especuladores financieros. Hicimos esfuerzos para que los caficultores se opusieran a semejante atropello, pero como los precios internos del café eran buenos, pocos se interesaron. A nuestras denuncias, los productores respondían: «No importa que se roben la mitad de la plata. Con la otra mitad nos defendemos». Continuábamos mientras tanto organizando a los asalariados agrícolas. Justamente, fue a raíz de una huelga en Chinchiná, en los días del Estatuto de Seguridad de Turbay, que a Óscar Gutiérrez lo condenaron en un consejo de guerra a purgar un año de prisión. Claro que después dijeron que «lo sentían, que había sido solo una contravención de policía». También respaldamos luchas campesinas por la tierra, por ejemplo la de la Hacienda Cuba. Pero entre los cafeteros no pudimos penetrar.

¿Cuándo lograron esa meta?

Apenas en 1984, cuando llegó la roya y se desató una cierta ola de pánico entre los productores.

¿Y cómo nació la Unión Cafetera?

En diciembre de 1984 convocamos en Bonafont, Riosucio, un Encuentro de Líderes Campesinos del Viejo Caldas contra la Roya, al que asistieron 152 dirigentes. Y en ese evento decidimos constituir la Unión Cafetera Colombiana, cuyo congreso de fundación se celebró en Manizales el 25 de junio de 1985, en el teatro de la Universidad de Caldas.

¿Cuáles fueron los puntos programáticos?

El principal, exigirle al gobierno que pagara los costos del control de la roya, demanda que se ganó en parte. También se proclamó la defensa del precio, la necesidad de créditos baratos y de asistencia técnica y, entre ellos, algo que tuvimos claro desde el comienzo: la salvaguardia de las instituciones cafeteras. No hemos dejado de repetir que el precio de sustentación, las exportaciones institucionales, Cenicafé, las cooperativas de caficultores, en fin, la institucionalidad que protege a los productores de la voracidad de las trasnacionales, hay que defenderla. Además, dejamos claro que no recurriríamos a ningún tipo de terror contra nadie para impulsar la organización.

¿En algún momento han tenido a Fedecafé como blanco principal del ataque?

No, jamás.

¿Por qué entonces la hostilidad de la Federación de Cafeteros con la Unión Cafetera?

Una reacción natural. Al constituirnos como organización independiente dejamos establecido nuestro desacuerdo con muchas de las posiciones de la cúpula de la Federación y que, por dentro de ella, era imposible consolidar un proyecto democrático. Nacimos censurándoles sus viejas fallas: la ostentación, el derroche, la antidemocracia interna del «yo te elijo para el que tú me elijas», el haber descargado sobre los cafeteros una serie de impuestos indirectos y, sobre todo, su sometimiento a lo que se le ocurriera al gobierno de turno, así fuera contrario a los intereses de sus agremiados. Hubo además otra razón para que actuaran con tanta hostilidad. Durante más de medio siglo, Fedecafé ejerció el monopolio sobre el pensamiento cafetero, y sus gurúes se habían tejido una aureola de intangibilidad y sabiduría. Que se les disputara el terreno, era un atrevimiento que resultaba inadmisible. Imagínense la extrañeza que habría entre la cúpula: ¡Que unos tipos de izquierda les disputaran los afectos no sólo del pequeño y el mediano cultivador, sino también del grande! Porque en la Unión Cafetera, primero, y después en la Unidad Cafetera, siempre hemos planteado la importancia de unir a todos alrededor de reivindicaciones comunes.

¿Encontró eco ese llamado?

Al Congreso constitutivo de la Unión Cafetera, además de 900 delegados de cuatro departamentos, asistieron como invitados dos influyentes líderes de los empresarios cafeteros: Fabio Trujillo Agudelo y el ex ministro Fernando Londoño y Londoño. Ambos, con ciertas prevenciones, apenas lógicas, si alcanzamos a recrear la escena. Ellos dos, grandes cafeteros, compartiendo con los mismos activistas que años atrás habían dirigido paros por elevar los salarios de los jornaleros. Luego, con Trujillo Agudelo, ex alcalde de Manizales, ex gobernador de Caldas, ex representante a la Cámara, y en ese entonces presidente de Aprocafé, hicimos un gran Foro en Pereira, y fue con él con quien fundamos la Unidad Cafetera, en 1992. La alianza con él se mantuvo hasta el momento de su muerte. Coincidimos en lo esencial, la defensa del interés de la nación y la defensa de los cultivadores, porque él era un patriota y un hombre de valor civil. Fue un aliado leal y dejó una huella imborrable entre los cafeteros colombianos.

Volvamos a Fedecafé. ¿Cuál es el balance de las relaciones con la cúpula de la Federación?

Permítame un antecedente. En 1927, la Federación nació como un gremio de productores y exportadores, con fuertes vínculos con el Estado. Luego, al retirarse los exportadores, quedó Fedecafé como una asociación de productores. Pero en 1935, durante su Séptimo Congreso, se dio un hecho crucial: el gobierno se tomó la Federación y el presidente López Pumarejo puso al frente a Alejandro López. La entidad cobró entonces un doble carácter: siguió siendo un aparato gremial, pero se transformó en una especie de Ministerio del Café. Pocos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, los gringos crearon un acuerdo interamericano para mejorar los precios del grano que compraban ellos, no fuera que se les alborotara su «patio trasero» en medio del conflicto. Surgieron así las condiciones para fundar, en 1940, el Fondo Nacional del Café. El posterior Pacto Internacional de Cuotas, que se mantuvo en pie hasta 1989, con precios relativamente altos, robusteció tanto el Fondo Nacional del Café, que la Federación pasó a ser uno de los grupos financieros más poderosos del país, completando de esta manera su triple personalidad: aparato gremial, cuasi Ministerio del Café –con el presidente de la República como instancia final en las decisiones— y grupo financiero privado. Ha vivido presa de esa triple contradicción, pero es el de entidad paraestatal el rasgo que ha predominado. Vienen luego los intereses financieros y solo en último lugar se interesan por las reivindicaciones puramente gremiales.

Con la cúpula, entonces, coincidimos en que deben existir instituciones cafeteras, pero divergimos en la forma de concretar dicho propósito y en el destino que se da a los ahorros de los caficultores. ¿Por qué se aceptó que los gobiernos se embolsillaran sumas inmensas de los productores?

¿La Federación es la culpable de la dramática situación actual?

En Unidad Cafetera hemos insistido en que la responsabilidad principal la tienen el rompimiento de los acuerdos de cuotas que organizaban el mercado mundial del café, primero, y las medidas neoliberales de los tres últimos gobiernos. Pero a la cúpula de la Federación le cabe la culpa de haberse plegado en estos años a todas y cada una de las imposiciones oficiales.

En el decenio de la apertura económica, ¿cuáles han sido las políticas más lesivas para los cafeteros?

Para empezar, Gaviria les impuso la Ley 9ª de 1991, que los grava en más de cien mil millones de pesos cada año con destino a obras públicas –obligación que es del Estado—, justo cuando la crisis del café ya era evidente. Además, la revaluación del peso golpeó gravemente al Fondo Nacional del Café, arrebatándole unos cuatro mil millones de dólares, el valor de más de dos cosechas nacionales. Las políticas neoliberales también quebraron la Flota Mercante, Concasa y Bancafé.

Acaba de caer la cabeza de Jorge Cárdenas Gutiérrez.

Sí, y muy pocos lamentaron la salida de Cárdenas, porque fueron muchos sus errores. Pero hay gran preocupación sobre el futuro de las instituciones que protegen a los cafeteros, pues Pastrana nombró una comisión de reconocidos neoliberales que podrían proponer liquidarlas, un viejo anhelo que el FMI y sus agentes criollos no han logrado concretar. Debemos estar atentos; podría suceder que el nuevo gerente fuera un liquidador.

¿Cómo nació la Unidad Cafetera?

Si la Unión Cafetera surgió como respuesta a la presencia de la roya, la Unidad Cafetera fue la réplica al neoliberalismo y al rompimiento del Pacto Internacional de Cuotas, en 1989, ruptura propiciada por Estados Unidos para beneficiar a las grandes trasnacionales del grano, como parte de la globalización.

¿Cuándo se fundó?

Nosotros advertimos que sin el Pacto del Café vendría la peor crisis imaginable, pero la respuesta organizativa a esa situación se demoró un poco, porque los efectos no se sintieron de manera inmediata y porque en ese momento teníamos complicaciones de orden público. Nos acusaban en forma abierta y con malicia de ser guerrilleros y de estar secuestrando y extorsionando.

Pero por qué, si ustedes habían hecho explícita la condena al secuestro y el terrorismo, y particularmente cuando se creó Unión Cafetera.

No nos creían, pienso yo… o no les interesaba creernos. Al MOIR le tocó hablar con centenares de dirigentes del establecimiento nacional, incluido Jorge Cárdenas Gutiérrez, para aclarar las cosas y despejar la atmósfera, que era bastante turbia.

¿Cómo logran darle salida a Unidad Cafetera?

En 1991, cuando ya era palpable que lo que se venía era la crisis más feroz, fuimos invitados a un encuentro cafetero en Caicedonia, Valle, convocado por Cafeteros en Alerta. Allí también estuvo Fabio Trujillo. El siguiente encuentro se citó en Andes, Antioquia. Allí le propusimos a Trujillo Agudelo que, invocando su autoridad y prestigio, llamara a la unidad de las agremiaciones independientes. Su voz encontró eco y en enero de 1992 fundamos Unidad Cafetera Nacional, en Manizales.

¿Qué participación tuvo la Iglesia en el proceso de fundación y en las marchas y paros posteriores?

Al expandirse Unidad Cafetera, nos encontramos con el obispo de Líbano–Honda, monseñor José Luis Serna. Él acogió el proyecto con entusiasmo. Fue por su iniciativa, respaldada por la Conferencia Episcopal, que se levantó la bandera de condonar las deudas, meta que coronamos en primera instancia. Sirvió además de puente con los demás jerarcas de la Iglesia, con tan buen éxito que monseñor Serna y el obispo de Armenia intervinieron como oradores en la Marcha que se hizo a esa ciudad. Durante el Paro Nacional Cafetero de 1995, monseñor Serna dio declaraciones a La Patria que ese diario tituló: «Yo también estuve en el paro». Por esa misma época, monseñor Pimiento, arzobispo de Manizales, nos brindó su respaldo público, y no le tembló el pulso para sostenerlo, a pesar de los reclamos de la Federación.

¿Qué piensa del futuro de Salvación Agropecuaria?

Cuando el país empezó a ver que la apertura estaba llevando el agro a la más absoluta quiebra, nos dimos a la tarea de crear una nueva fuerza que recogiera los miles y miles de agricultores damnificados, además de los cafeteros. Citamos un primer Congreso Nacional Agropecuario, que tuvo lugar en Pereira en 1998. Y en eso estábamos cuando, de súbito, tocó a nuestras puertas un acontecimiento afortunado. A comienzos de 1999 recibí una llamada de Ángel María Caballero, empresario arrocero tolimense, líder independiente de su sector. Nos sentamos a hablar y me dijo: «Yo sé, Jorge Enrique, que aquí tratan de acabar también con el arroz. Pero no me voy a quedar adormecido, como hace treinta años los cultivadores de trigo, que hoy se resignan entre ruinas a recordar nostálgicos que en Colombia había trigo. No seré yo de los que digan quejumbrosos el día de mañana que en Colombia había maíz, había papa, había café y había arroz. Yo le propongo que demos unidos la batalla». Le acepté de inmediato. Esa es la génesis de Salvación Agropecuaria. Empezó con seis agremiaciones: Arroceros del Saldaña, Unidad Cafetera Nacional, Asociación de Agricultores y Ganaderos del Meta –Agameta—, Federación de Distritos de Riego, Federriego, Asociación Agropecuaria del Huila y la Asociación de Pequeños y Medianos Cultivadores del Cauca, Agropemca. En marzo de 2000 se constituyó en Moniquirá la Unidad Panelera Nacional y está en ciernes una agremiación nacional de cultivadores de papa.

¿Qué balance hace usted del Paro Nacional Agropecuario de julio y agosto de 2001?

Es de las movilizaciones agrarias más importantes en la historia de Colombia. 29 bloqueos de carreteras del país con gentes de 250 municipios y 16 departamentos pusieron a Pastrana contra la pared, en medio de una solidaridad nacional nunca vista. Salieron a la lucha productores de café, panela, arroz, papa, algodón, maíz, leche, carne. Antes en el país se habían dado luchas agrarias por la tierra, pero ninguna, o casi ninguna, por reivindicaciones como el cese de las importaciones de alimentos, precios remunerativos para las cosechas, créditos baratos, condonación de las deudas, asistencia técnica, control de los costos de los insumos, extensión y mantenimiento de los distritos de riego, investigación científica. La primera organización cuyo Programa de Siete Puntos resume las exigencias esenciales de la producción nacional es Salvación Agropecuaria. Hubo otro logro de inmensa trascendencia: quedó en claro que sí es posible unir a campesinos, indígenas, jornaleros y empresarios. El respaldo a esta lucha fue tan grande, que diez de los mayores cafeteros de Caldas pagaron un aviso de respaldo en La Patria. También se hizo evidente que Salvación Agropecuaria es un gremio de alcance nacional, dotado de una dirección única, con voluntad de lucha y con prestigio. Ahora bien, el otro aspecto, el negativo, reside en que la pelea no fue lo suficientemente poderosa para obligar a Pastrana a negociar. Pero es cuestión de tiempo. Si tenemos en cuenta que en el campo hay trece millones de colombianos, a Salvación Agropecuaria le falta aún bastante por cosechar.

¿Qué diferencia ve entre la pasada campaña electoral, en la que fue candidato al Senado, y esta de ahora?

En 1998, luego de sacar 53 mil votos para la Gobernación de Caldas, la decisión de hacer campaña con mi nombre la tomamos a finales de enero, es decir, faltando apenas un mes largo para las votaciones, y se trabajó sólo en Risaralda y Caldas. La de ahora es nacional y la hemos iniciado con la debida antelación. En estos cuatro años, además, es mucho el kilometraje recorrido, tanto en el sector agropecuario como entre los trabajadores y en los usuarios de servicios públicos. Contribuyen también algunos logros académicos con los que he sido honrado y mis nuevas publicaciones.

Además, las gentes del campo son más conscientes de su propia fuerza y de que en su larga lucha necesitan de un auténtico vocero suyo en el parlamento, más cuando el próximo Congreso será presionado para aprobar el ingreso de Colombia al ALCA, pacto aperturista que de aplicarse acabará, totalmente, con la producción de arroz, papa, azúcar, leche, pollos y huevos.

¿Qué se propone hacer desde el Senado?

Lo mismo que he hecho durante 30 años. Voy a hablar claro, a defender mis banderas de lucha, a señalar con el dedo acusador a los culpables de la crisis y a llamar desde allí contra cada una de las políticas y las imposiciones del FMI, así como a defender la soberanía nacional. Si el día de mañana, los campesinos, o los maestros, o los trabajadores, o los empresarios, se tienen que parar otra vez en las carreteras, o en las plazas, o en las puertas de las colegios, o en las porterías de las fábricas, a defender el progreso del país, ese día habrá un senador con ellos. Voy a poner mi investidura al servicio de la Resistencia Civil de los colombianos.

DEJAN VIVA A EMCALI, PERO SE LLEVAN RECURSOS DEL PUEBLO

Ante la valerosa resistencia de los trabajadores de Emcali y del pueblo de la capital del Valle, los testaferros del gobierno de Pastrana han decidido terminar la intervención de la empresa por la Superintendencia de Servicios Públicos y entregársela a la Administración Municipal, siempre y cuando cumpla con las siguientes condiciones:

a) «Reestructuración de las acreencias con los generadores (Acolgen)». Un monto aproximado de $110 mil millones. b) «Reestructuración de las acreencias con la Banca nacional o internacional, si fuere el caso». $400 mil millones. c) «Estructuración de alternativas viables de pago de las deudas del municipio con Emcali». (Subsidios y consumos de entidades municipales). d) «Reestructuración administrativa y operativa de la empresa». e) «Revisión y firma de una nueva convención colectiva de trabajo ajustada a la nueva realidad financiera de la empresa, antes de su vencimiento el 30 de junio de 2002».

El gobierno nacional le ofrece su acompañamiento a la Alcaldía en: a) «Reestructuración del PPA». b) «Reestructuración del crédito JBIC (Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, PTAR), así como del servicio de la deuda». c) «Búsqueda de todas las alternativas posibles que permitan encontrar la solución óptima para garantizar la continuidad, operación y funcionamiento de la PTAR procurando minimizar el impacto en las finanzas de Emcali». d) «Depuración y ajuste del pasivo pensional».

Este acuerdo se hace después de 22 meses de estar intervenida la empresa, con la justificación de que era «para garantizar la prestación de los servicios amenazada por la inestabilidad financiera y su déficit multimillonario». En ese periodo privatizaron los teléfonos públicos e incrementaron los contratos externos y la nómina paralela. La intervención es un mecanismo favorable para los bancos, porque los intereses de la deuda dejada de pagar se capitalizan extendiendo el negocio financiero, tanto en el tiempo como en las tasas; es la «reestructuración de acreencias» de que habla el acuerdo. Los gremios de la región le piden al gobierno nacional «convertir Emcali en una empresa normal», lo cual solo significa dejarla en el libre juego, una vez saneada de los US147 millones del préstamo de 1986 (JBIC) en la PTAR, que a precios de hoy son más de US250 millones; y después de perfeccionar la lesión enorme del PPA de Termoemcali, que le cuesta a Emcali y a los caleños más de $100 mil millones anuales durante veinte años. Y como la exigencia es de «solución integral», ellos y el gran conciliador, el ministro de Trabajo, reclaman que los trabajadores cedan su régimen contractual y las conquistas convencionales, lo que no es más que cargarles las pérdidas causadas por los contratos leoninos y el endeudamiento legitimado por la privatizadora Ley 142.

El mencionado acuerdo llega después de la dura lucha de 1999, cuando, igual que ahora, se dio la toma por los trabajadores de la Torre Administrativa y de las plantas de energía y teléfonos, y se logrò el apoyo del Movimiento Prodefensa de Cali y otras organizaciones y personalidades patrióticas. Y se impidió que el alcalde Ricardo Cobo entregara la empresa, bajo contratación ilegal, a la Banca de Inversión Siglo XXI. Luego vino la intervención ordenada por Pastrana, ejecutada por el tristemente célebre señor Ramírez, ex superintendente, hoy en prisión. Después de estas tropelías se llegó al acuerdo mencionado.

Es indudable que Emcali no ha sido privatizada por la resistencia de la ciudadanía y de los trabajadores. Pero, además, como lo denuncia El Usuario, vocero de la Ligas de Usuarios de Servicios Públicos que dirige Jorge Robledo, «las privatizaciones están aplazadas… pues los inversionistas interesados en la capitalización de la empresas públicas buscan que el pastranismo modifique el régimen tarifario («La tarifa actual no da ningún margen posible para inversiones de calidad», en palabras de uno de sus representantes) y se elimine la norma que prohíbe que una empresa pueda poseer más de 25% del mercado; …saben que poseen la capacidad para extorsionar el Estado, puesto que las privatizaciones de las diferentes empresas públicas tienen que hacerse según lo establecido en el Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y en consonancia con el espinazo flexible de quienes gobiernan a Colombia… y les toca resolver antes los famosos PPA, pues no hay capital privado que acepte pagar –como sí se lo impusieron los neoliberales a las empresas estatales– por una energía que ni se produce ni se consume».

De ahí se desprende que para la devolución de la empresa el alcalde de Cali debe garantizar, antes todas las reestructuraciones dichas, tasas que garanticen mayor rentabilidad que una empresa privatizada, es decir, tarifas cada vez más altas, trabajo sucio que terminará por enfrentar los usuarios con la empresa (pública), sin que el inversionista ponga la cara. Es la nueva modalidad. Con el agravante de que los subsidios serán a cargo del municipio y no de la nación. Las asechanzas al patrimonio de los caleños sigue su curso; sólo ha cambiado la forma de presentación, para favorecer las aspiraciones de los inversionistas privados.

El camino que queda es trabajar por una amplia organización popular, dispuesta a la movilización contra las altas tarifas, el recorte de los derechos laborales y el manejo de las pensiones con el patrimonio público como garante, y adelantar una firme resistencia que se oponga a la voracidad del capital financiero.

HUELGA EN HOSPITAL LA VICTORIA

Por primera vez, luego de varios años de desmantelar los hospitales públicos de Bogotá, mediante las llamadas políticas de fusión o reestructuración, los trabajadores del Hospital La Victoria decretaron un paro indefinido con el propósito de derrotar esta medida. La consecuente posición de los sindicatos que se han puesto al frente de la batalla, ha recibido el respaldo enérgico de los pobladores de la enorme zona capitalina que se verá afectada, y ya se habla de efectuar un paro cívico de la localidad.

A pesar de la huelga, Mockus mantiene su intransigencia y provocadoramente le aseveró a la comisión negociadora, integrada por sindicatos y usuarios, que no echaría atrás las medidas, pues su decisión es profundizar la política, y que a la mayor brevedad cerraría servicios y despediría centenares de trabajadores en varios hospitales, entre ellos el Simón Bolívar, uno de los más importantes de la capital. A la intransigencia los trabajadores han respondido intensificando la lucha y llamando a sus compañeros de los otros centros hospitalarios a sumarse a ella. Los siguientes son apartes de una declaración emitida por Sinas, Sindess, Sindistritales, Sintravictoria y la Asociación de Usuarios del hospital:

«El pasado 5 de febrero, la junta directiva del hospital La Victoria, de Bogotá, en contravía de los intereses de los habitantes de la zona cuarta y de los derechos de los trabajadores, aprobó el llamado plan de reestructuración que el gobierno venía tratando de imponer, pero que había chocado con la resistencia de los trabajadores y de la población de la zona.

«La junta acordó despedir inmediatamente a casi 150 trabajadores y cerrar las áreas de odontología y cirugía maxilo-facial, y reducir la atención en otras como urgencias, cirugía general, banco de sangre, terapias, entre otras, lo que se suma al cierre ya efectuado de las unidades de quemados y de cirugía plástica. Dentro de unos pocos meses, todas esas secciones también se cerrarán hasta dedicar el hospital solo a la atención de partos.

«La determinación del gobierno pondrá a todos los habitantes de la localidad a vagar angustiosamente por Bogotá en busca de alguna entidad que buenamente les quiera prestar la atención que requieren. Y van a tener que hacerlo, cuando tras decenios de esfuerzos de la comunidad y de los trabajadores, La Victoria llegó a ser uno de los pocos centros hospitalarios de tercer nivel de la ciudad, y es hoy el principal recurso de atención médica para más de medio millón de personas. El hospital, a pesar de las políticas oficiales de recortarle año tras año el presupuesto y de los manejos dolosos de sucesivas administraciones, posee una irremplazable experiencia en el tratamiento de todo clase de enfermedades, incluidas las graves lesiones producidas por accidentes y por la propia violencia e inseguridad reinantes.

La pretensión de liquidar el Hospital La Victoria es otro horrendo crimen del Estado, cometido para obedecer las exigencias del FMI y del imperio gringo, sin que para ello les importe someter a la población a la más cruel penuria. Los dos amos instruyen a los títeres que nos gobiernan para utilizar el grueso de los impuestos en cancelar cumplidamente la enorme deuda externa del país, y en satisfacer el apetito voraz de los capitalistas financieros, quienes apropiándose los dineros que deberían ir directamente a hospitales y centros de salud acrecientan sus gigantescas fortunas privadas.

Al tiempo que el gobierno tomaba su nefasta decisión, y como única respuesta posible al atropello, los distintos sindicatos del Hospital La Victoria, con el apoyo de la asociación de usuarios, declaramos sin vacilaciones el paro indefinido, convencidos de que únicamente mediante la lucha y la más férrea unidad seremos capaces de defender la salud pública y los derechos de los trabajadores, y de derrotar esta nueva infamia de Pastrana y Mockus.»

VIGOROSA CAMPAÑA DE LA RESISTENCIA CIVIL EN SANTANDER

En las instalaciones de la Sociedad San Vicente de Paúl en Barrancabermeja, se abrió la campaña en Santander, con el lanzamiento de la candidatura a la Cámara de Roberto Schmalbach, dirigente nacional de la USO, y la proclamación de la candidatura al Senado de Jorge Robledo, en un acto que contó con la asistencia de mil quinientos manifestantes.

En la reunión se hicieron presentes Alfonso Eljach Merlano, del Bloque Democrático Regional, antiguo aliado del MOIR, los dirigentes de la USO Rodolfo Gutiérrez, Germán Osma, Gerardo García, Danilo Sánchez; Antonino Galán, coordinador del debate en la ciudad, y un nutrido grupo de dirigentes de las subdirectivas de Casabe, Oleoducto y Única de Barranca; Alfredo Muñoz y Enrique Guarín, de la CUT; Aurora Acuña y Zenaida Niño de la Asociación de Mujeres, además de un importante número de dirigentes populares del puerto petrolero. También los dirigentes del MOIR Gildardo Jiménez, secretario regional, y Pedro Nel Camargo, coordinador departamental de la campaña.

Smalbach llamó a aprovechar la campaña para continuar luchando por la soberanía de Colombia, para ampliar las filas de la Resistencia Civil contra el imperialismo y sus cipayos y por la defensa del petróleo como un recurso estratégico para el desarrollo nacional. Convocó a respaldar con sus votos a Jorge Robledo, para obtener una tribuna más de combate en favor de los patriotas que luchan por una nación independiente y próspera.

Robledo, en vibrante intervención, destacó que iniciaba su campaña en la plaza roja de Barrancabermeja como símbolo del propósito de promover la rebeldía de los colombianos contra la intervención norteamericana, actitud de la cual los barramejos son ejemplo.

En Bucaramanga

El 26 de octubre se inauguró la sede de la Unidad Cívica y Agraria –MOIR en Bucaramanga, con la asistencia de doscientas cincuenta personas. En el mitín intervinieron Gildardo Jiménez y Alfredo Muñoz, a nombre de la CUT, destacando las condiciones de Schmalbach y llamando a desarrollar un trabajo tesonero para garantizar la elección de Robledo.

El 23 de noviembre, en el Club Cazadores Unidos, trescientos cincuenta bumangueses se dieron cita para aclamar a Robledo y Schmalbach como los candidatos de la resistencia civil. En un acto que contó con la asistencia del doctor Mario Olarte Peralta, dirigente de izquierda liberal y varios dirigentes sindicales y populares.

En el resto del departamento

La campaña ha contado con el respaldo económico generoso de los trabajadores y gentes progresistas. En Barrancabermeja se hicieron un bingo y un bazar con asistencia multitudinaria y con un importante aporte de la Juventud Patriótica, la Asociación de Mujeres, los temporales de Ecopetrol y los comités barriales. Sus resultados fueron exitosos.

Roberto Smalbach y Pedro Camargo han visitado el sur del departamento, escenario de las luchas de Unidad Panelera y Salvación Agropecuaria, haciendo reuniones con productores agrarios en San Gil, Oiba, Güepsa, Barbosa, Socorro y Vélez y conformando comités.

El 4 de febrero, la Unidad Cívica y Agraria–MOIR inscribió su lista a la Cámara por Santander, encabezada por Roberto Schmalbach, con segundo renglón de Ilba Sotomonte Rodríguez, dirigente de Unidad Panelera en Barbosa; y del médico Ovidio Beleño, dirigente conservador de Barranca, en tercer renglón. Con la participación de Elian Ríos, ex trabajador de Refinería y líder cívico-deportivo del puerto petrolero, en cuarto renglón, y de los dirigentes Ramiro Suárez y Rafael Reyes, y los camaradas Alfredo Muñoz y Enrique Guarín de la Central Única de Trabajadores-Santander.

TRABAJADORES DE TELECOM, A PREPARAR LA BATALLA DECISIVA

La Ley 72 de 1989 suprimió el control de Telecom sobre servicios como informática, telemática y valor agregado, adscribiéndolo al Ministerio de Comunicaciones. Además, definió las telecomunicaciones como un servicio público y permitió su prestación por particulares a través del sistema de concesión, mediante contrato o licencias y el pago de derechos, tasas o tarifa.

A las puertas de cumplirse cuatro años de haberse impuesto contra la voluntad de los trabajadores la privatización, o mal llamada competencia, Telecom está a las puertas de su ruina e intervención definitivas. No se sabe cuál ha sido la más nefasta de todas estas normas. Si la Constitución de 1991 o la continua legislación del gobierno nacional a través del Congreso de la República y la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones, CRT, que han acondicionado la normatividad para quebrar la Empresa. Lo cierto es que la aplicación permanente de las Leyes 142 y 37 de 1993 facilita el control de este servicio fundamental por parte de las multinacionales.

Si lo anterior no fuera suficiente, el Congreso, en un nuevo acto de obediencia ante la política de recolonización del imperialismo gringo, aprobó el año pasado el Cuarto Protocolo y la Ley Marco de Telecomunicaciones, dentro de los parámetros que establecen los acuerdos en la Organización Mundial del Comercio, firmados por el gobierno de Samper en 1997. Ambas normas propician la llegada de inversión extranjera en el sector sin límite alguno. Los monopolios foráneos se tomarán en muy corto tiempo los servicios básicos de telecomunicaciones, al permitírseles la explotación del servicio portador nacional e internacional.

Los estragos privatizadores de los últimos cuatro años quedan a la vista con indicadores deficitarios en los rubros de ingresos de Telecom. Es tan inminente la bancarrota, que la empresa va a tener pérdidas en este y en los próximos cuatro años por encima del billón de pesos, lo que acelera su liquidación definitiva. Se suma a lo anterior el latrocinio abierto perpetrado contra Telecom, con aplicación de la Ley 37 de 1993, que permitió que las multinacionales puedan instalar y explotar abonados telefónicos por el sistema de concesión. En cumplimiento de esta norma, las diferentes administraciones de la empresa entre 1993 y 1998, fieles a su concepción antinacional y de desprecio del patrimonio público, firmaron quince contratos de asociación con gigantes mundiales de telecomunicaciones como Siemens, Alcatel, Ericson, Nec, Itochu y Nortel, para instalar alrededor de dos millones de líneas telefónicas y ampliar nuestra red de telefonía local. Es tanta la voracidad de dichas multinacionales, que no se satisfacen con los más de dos mil millones de dólares pagados por cargos de conexión y facturación, y continúan exigiendo el pago, por supuestos derechos de compensación, de entre 800 y 1.500 millones de dólares en los próximos tres años.

El gobierno nacional acaba de notificarle al país y especialmente a los trabajadores de Telecom, a través de un documento del Conpes titulado Lineamientos de política para Telecom, que le quitará a la empresa estatal el control de la telefonía local, para posteriormente entregárselo a las multinacionales; la hipotecará con un préstamo de la banca internacional por 600 millones de dólares; dejará sus activos en manos del capital financiero foráneo y les arrebatará derechos fundamentales a los trabajadores y pensionados como la estabilidad, las prestaciones extralegales y los comités obrero-patronales, que han impedido de alguna forma que se haya culminado el saqueo interno de sus recursos y la subasta total de la infraestructura tecnológica.

Nos corresponde a los trabajadores de Telecom reeditar la gesta patriótica de 1992, cuando decidimos utilizar el camino de la lucha como única herramienta para derrotar la pretensión del gobierno de Gaviria de vender la empresa. Señalémosle con nuestro ejemplo al movimiento sindical que esta es la única fórmula capaz de hacer retroceder la política imperialista.

Las diferentes fuerzas que estamos trabajando hombro a hombro en la Unión Sindical de Trabajadores de las Comunicaciones, USTC, debemos hacer los esfuerzos necesarios para explicarles debidamente a los trabajadores las consecuencias del atentado que se avecina contra la nación y nuestros derechos. Hay que infundirles un estado de ánimo favorable a la movilización para detener la avalancha de medidas que, en su plan de globalización, ha desatado el imperialismo norteamericano contra los trabajadores y el país.

Descalifiquemos el camino de la concertación que han trazado recientemente el sindicato del Instituto del Seguro Social y otras organizaciones, que entregaron importantes derechos convencionales de los trabajadores.