QUE NUESTRA VOZ RESUENE EN EL CONGRESO

Intervención de Marcelo Torres

Con esta celebración nocturna hemos culminado el arranque de la campaña electoral. Al consumar la, proclamación de la patriótica candidatura de la resistencia civil al Senado de la República, podemos decir que alcanzamos ese punto de tensión de las fuerzas imprescindible a toda empresa de envergadura para conquistar la victoria.

La iniciativa nacida en la ribera del Magdalena, en la ciudad del petróleo, se ha erguido en toda su estatura y hoy proyecta su sombra sobre el mapa nacional entero. La organización, los recursos y los espíritus todos, tanto del MOIR como del Bloque Democrático Regional y de varias otras agrupaciones, se han fundido en un haz de voluntades, se hallan compactadas como un puño cerrado. Podemos decir que a pesar de la enorme desproporción en que nos coloca la debilidad de nuestras fuerzas frente a los poderes establecidos, esta campaña la ha puesto en movimiento un ímpetu irresistible, que le viene de expresar una necesidad del movimiento popular y de la indudable simpatía que ha despertado en el conjunto del movimiento obrero colombiano.

Como en los pueblos antiguos, nuestra debilidad al filo de la medianoche pide el amanecer, que para nosotros será el 13 de marzo. Hacia ese día señalado estamos marchando. Vamos en pos de 30 mil votos de ustedes, de 30 mil patriotas, para elegir senador de la República a Jorge Santos Núñez.

En estos días turbulentos que corren, cuando no se divisa fin a tanta violencia que parece ya sin control, cuando hace rato sobrevino sobre Colombia la apertura económica con todos sus horrores, un asunto clave desde la orilla de los trabajadores y del movimiento popular es el de cómo enlazar las grandiosas fuerzas, los paros cívicos, las manifestaciones y el tumulto callejero a escenarios que les den la resonancia y la repercusión que deben tener en el conjunto de la nación. He aquí el poderoso motivo por el cual elegir un auténtico vocero del sentir y del interés popular. Es ni más ni menos una apremiante necesidad del desenvolvimiento de las fuerzas patrióticas y democráticas del país.

Son muchos los colombianos conscientes de que entre esa mayoría parlamentaria en el Congreso las vicisitudes y los padecimientos del pueblo no tienen doliente. Que lo que hay es un Congreso celestina de la administración Gaviria y que las relaciones entre el ejecutivo y el grueso del Congreso se han convertido en una permanente, en una gigantesca y escandalosa operación de soborno. Es preciso por ello que los estampidos de las luchas que libra nuestro pueblo en calles y caminos resuenen y retumben en el Congreso.

Como también las denuncias que allí se hagan sobre como se maquina en ese recinto contra la nación y los intereses populares, han de contribuir a desencadenar las movilizaciones de protesta. Mientras haya Congreso, mientras no sea clausurado a cañonazos, como lo ordenó Yeltsin, mientras no sea sellado por un golpe de cuartel, como lo decidió Fujimori, nosotros sabremos utilizar esta institución históricamente caduca pero políticamente vigente para atizar la lucha por la emancipación.

Tal urgencia y la deseable unidad de las fuerzas democráticas opositoras del régimen y antiaperturistas recibirán un extraordinario refuerzo cuando sea elegido un genuino representante de la clase obrera al Congreso, cuando Jorge Santos irrumpa en el Senado de la República. Porque ese día los obreros, los desempleados, los vendedores ambulantes, los industriales nacionales, los empresarios agrícolas, los habitantes de las grandes barriadas, los indígenas, los maestros y los estudiantes, los intelectuales y los artistas escribirán un grandioso capítulo lleno de tempestuosas batallas de nuestro pueblo. El gong de la resistencia civil acaba de sonar. El combate apenas se inicia, compañeros.

HAGAMOS DEL DEBATE UN CURSILLO QUE EDUQUE A LAS MASAS

Palabras de Francisco Mosquera el 25 de noviembre

Queridos compañeros:

Tras dos decenios de echar mano de las modalidades del sufragio, estamos al principio de la campaña electoral, la segunda que emprendemos luego de haberse sustituido la vieja Carta de 1886 por otra mucho más arrevesada. Siempre, o casi siempre, concurrimos a los comicios en compañía de diversos aliados, apisonando los cimientos del frente único y esparciendo las ideas revolucionarias. Mientras en cada departamento iremos a la contienda por la Cámara, en todo el país conformaremos una lista única para el Senado, convertido ahora en circunscripción nacional. En procura de los correspondientes objetivos concertamos, alrededor de unas pautas programáticas mínimas, la mutua colaboración con el bloque Democrático Regional que nació del compromiso entre varias fuerzas con vínculos populares en la ribera del Magdalena Medio. Unidad que, por sus preludios o proyecciones, ofrece tema abundante de análisis. Pero como el debate actual entraña características muy señaladas, un tanto diferentes de las conocidas en etapas anteriores, deseo esta noche referirme a ellas, aun cuando tenga que limitarme a un apretado resumen.

Con el advenimiento del cesarismo del revolcón, Colombia concluyó sumida en las tinieblas de la incertidumbre. Nadie sabe a qué atenerse; cualquier disposición, por dañina que fuere, no asegura nada, ni siquiera su continuidad. La norma es la falta de normas. Los industriales, los agricultores, los comerciantes y hasta los contribuyentes denuncian que poco les vale acatar o disentir, pues más se demoran en someter con humildad sus actividades a los dictámenes de las élites burocráticas que en verlas interferidas de nuevo por los cambios de criterio de éstas; la mejor forma de endurecer la dictadura burguesa de los vendepatria.

En el terreno de las elecciones dichos métodos han significado la supresión en la realidad de los escasos visos democráticos, sobre los que tanto parlotean las minorías gubernamentales. Reglamentan los procedimientos conforme a las conveniencias del día; transfieren a los organismos subalternos la toma de decisiones de fondo, y mantienen en reserva los recursos legales o no que les sirvan para doblegar oportunamente a los adversarios de peligro. El reconocimiento de los partidos se ha trocado, bajo su arbitrio, en un artilugio de selección entre admisibles e inadmisibles, que les permite definir quiénes merecen disfrutar hacia la medianoche de los diez minutitos de consolación televisiva, en qué lugar ubicarlos en el tarjetón o cuántas mercedes deben otorgárseles. Son ardides, arterías, minucias; sin embargo, de tales trapisondas depende, de un momento a otro, la suerte en las urnas de los movimientos, en especial de las vertientes opositoras. Al MOIR se le suspendió la personería jurídica, luego de haberse jugado con esto durante meses de definiciones claves para el régimen. A una agrupación se le suprime la carta de ciudadanía si no llega al Congreso o no obtiene un determinado número de votos. También la rifa si hace uso de la elemental licencia de declarar la abstención por razones tácticas. La apelación para recuperarla consiste en recoger 50.000 firmas que el Consejo Electoral examina y resuelve sin más aceptarlas o glosarlas. Otra traba a esgrimir contra los pequeños se halla en la caución que se exige como prenda de las inscripciones. Según la enésima providencia, la última, la Ley del 11 de noviembre pasado, la fijó, por ejemplo, en aproximadamente doce millones de pesos para el ámbito del Senado, los cuales cancelarán aquellos grupos que no alcancen una cantidad relativa de sufragantes. Nos encontramos ante impedimentos de cicatero, oscuros, pero impedimentos al fin y al cabo.

En los albores de la reforma constitucional aparecieron las prácticas amañadas que vendrían después, ese nebuloso reino de los “mecanismos”, la interinidad de las regulaciones, el reemplazo de las reglas por los acuerdos pasajeros. Respecto a la enmienda, Barco elaboró cuatro o cinco proyectos a través de sendos conciliábulos, llevó un texto a las cámaras que lo aprobaron en dos legislaturas tras largas discusiones y, con el pretexto de haberse previsto un referendo encaminado a dirimir el asunto de la extradición, lo retiró abruptamente. En otras palabras, al parlamento le estaba vedada cualquier iniciativa. Más tarde Gaviria, apuntando hacia la conciliación con los señores de la droga, la prohibió de un plumazo por medio de sus decretos y de su constituyente. A él mismo lo nominaron con una simple e inexplicable misiva de un hijo de Luis Carlos Galán, que fuera leída en los funerales de éste. Y los mancebos de Palacio comenzaron a hacer de las suyas.

En las justas del 11 de marzo de 1990 se le permitió a una comparsa de estudiantes aleccionados, en su mayoría pertenecientes a las universidades más aristocráticas y confesionales de Bogotá, depositar la “séptima papeleta” con lo cual principió a dársele un barniz de cosa limpia a la Asamblea del Hotel Tequendama. El registrador admitió que la intentona no tenía fundamento ni podría ser escrutada; sin embargo, agregó, naturalmente, que la maniobra no invalidaba los escrutinios. Los diarios de los grandes rotativos se encargarían de efectuar el recuento, asignándole las cifras que se les antojaran. Y para la confrontación presidencial del 27 de mayo el primer magistrado decretó la consulta sobre el engendro que venía cocinándose. La Corte Suprema de Justicia lo bendijo tres días antes, el 24, sin importarle que transgredía el artículo 218 de la Ley de leyes y por ende la cláusula 13 del plebiscito de 1957. Resultaba claro que el país dejaría de regirse por los preceptos de la normatividad.

Puesto en el solio el favorito de Virgilio Barco y expedido el decreto 1926 del 24 de agosto de 1990, las autoridades instalarían las mesas de votación del 9 de diciembre, en donde se perfilaron los contornos de la corporación propuesta, sus componentes, sus limitaciones. Los esquemas surgieron de las componendas entre Gaviria, Gómez Hurtado y los amnistiados del caserío de Santo Domingo, un extraño maridaje en el que éstos, los activistas del M-19, se dedicaron a las labores de zapa y al embellecimiento de los pérfidos atentados contra el pueblo colombiano, sin omitir los pasos emprendidos por Washington hacia la plena colonización económica de América Latina, el objetivo primordial de las transformaciones jurídicas del Continente. La medida, brotada de las despóticas competencias del estado de sitio, como la consulta de mayo, e igualmente refrendada por el máximo tribunal, era de por sí un veto al Congreso, debido a que le quitaba de un tajo su preponderancia de enmendar la Constitución, y un golpe aleve contra los electores que sólo cinco meses atrás lo habían designado con cerca de ocho millones de sufragios. A los parlamentarios se les obligaba a renunciar a su investidura si resolvían candidatizarse para la constituyente, a tiempo’ que se les tranquilizaba con la hipócrita promesa de que su período sería respetado sin cortapisa alguna. Y de remate, la extraordinaria Asamblea de 1991, antes de salir del escenario, en un postrer desplante clausuró el órgano legislativo, extrayendo de su seno un “congresito” y mofándose del propio decreto al que le debía su existencia. De nada les valió a los padres de la patria que hubieran sancionado cuanta proposición les presentara el Ejecutivo. Votaron a favor del presidente y éste los botó. La confabulación fue producto obviamente de otro pacto, esta vez suscrito por López Michelsen, quien tantas dudas expresara acerca del fragoso proceso. Y Gaviria quedó a la vez investido de la potestad de invertir discrecionalmente los trámites, o las consabidas políticas del Estado, aun las emanadas del círculo de sus íntimos. Ya lo hizo con los sueldos de militares y congresistas, los auxilios de los cuerpos colegiados, las inversiones foráneas, los impuestos, etc.

Todavía nos resta trecho para seguir explicando por plazas y recintos tamañas irregularidades. Hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas en la comprensión de los menesteres de la lucha de clases.

En esta ocasión nuestro Partido goza de algunas ventajas. Durante más de 25 años soportamos los embates de una tendencia que campeó a sus anchas dentro del movimiento popular, compuesta de variados matices, sostenida en todo sentido por La Habana, cuyos propósitos y despropósitos recibían constante propaganda y que contaban por lo menos con la admiración de la derecha. Innúmeros reveses nos acarrearon sus maquinaciones. Mas el diagnóstico cambió sustancialmente. Aquellos que creían a la par en el “bálsamo santo” y en el “puño brutal de Bakunine”, cual lo proclama el Anarkos de Valencia, se tropezaron de pronto con una dificultad enorme tras el hundimiento de la Unión Soviética, que los abandonaban quienes eran el básico sostén moral y material de la contracorriente. El mundo había sufrido una transformación profunda, de esas que de vez en cuando nos depara la historia. Tres alteraciones sucesivas ocurrieron: primero, la tergiversación del socialismo; segundo, la caída del imperio ruso, y tercero, el resurgir de la hegemonía norteamericana. Acaecimientos llamados a modificarle la faz al planeta y a influir en la vida de cada persona.

Durante el entreacto del payaso Nikita Kruschov, el Krem1in renegó del marxismo, partiendo de la desfiguración de la memoria de Stalin y encarando una meticulosa operación ideológica tendiente a resucitar a mediano plazo el modo de producción capitalista. Labor sin la cual sería prácticamente imposible la restauración. A Leonid Brezhnev le correspondió extender el poderío soviético por el orbe entero, recurriendo a la violencia, al engaño y a la intriga. Por medio de sus títeres y ejércitos cipayos, tal cual lo hiciera Inglaterra en su hora, holló pueblos en África, Asia y América Latina. A Afganistán la invadió con sus propias tropas. Se erigió en emperador zarista de los trabajadores, un contrasentido. Y Mijaíl Gorbachov dispuso sobre el reordenamiento de la casa, conforme a las necesidades de la naciente oligarquía que reclama leyes adecuadas, el establecimiento en regla de la especulación y el agio, bancos, libertad de negocios, registro notarial de las propiedades. No lucía lógico que los privilegiados continuaran guardando sus caudales bajo el colchón; que a los ricos les estuviera impedido cruzar el Mediterráneo en yates particulares; que la señora Raisa no pudiese ir de compras a los almacenes La Fayette de París y pagar con tarjetas de crédito, o que los amos de la sociedad no poseyeran periódicos y galerías de arte. En cuanto a las formas de sojuzgación externa, también cambiaron, dejándose de lado el dominio directo colonial, con el objeto de unir la tolerancia seudodemocrática y la soberanía de papel con el saqueo y las amenazas, o sea el neocolonialismo. Se afrontó entonces la empresa de aclimatar el sistema presidencialista, el bicameralismo y las demás refacciones del Estado.

Pese a todo Moscú hizo mal sus cómputos. Gastó demasiado en la maquinaria bélica que dotara de armas no sólo convencionales sino nucleares, descuidando las otras ramas productivas. Al final cayó en cuenta de que las fábricas, en lugar de ampliarse, envejecían; los pozos petroleros y los oleoductos se aherrumbraban, y las faenas agropecuarias tendían hacia el estancamiento. Sólo con la ayuda de Occidente logró descender a tierra a un astronauta sentenciado a vagar sin remedio por los espacios siderales. Y sobrevino el colapso.

Atronadores aplausos se oyeron por doquier ante la actitud moscovita. Los estadistas de las más disímiles naciones miraron complacidos cómo la denominada “guerra fría” había cesado y previeron mil años de benevolencia entre los hombres. Hasta los curitas de parroquia predicaron que, con la llegada del mesías de la perestroika, la humanidad doliente descubrió por fin la senda hacia la paz paradisíaca. Al contrario: Gorbachov terminó prisionero de los agentes de sus aparatos represivos; y, con la fuga de las repúblicas del Pacto de Varsovia que desertaban del rebaño, junto con la desmembración soviética y el ascenso de Boris Yeltsin en Rusia, el flamante presidente perdió el empleo por física sustracción de materia. Los Estados Unidos supieron aprovechar las oportunidades que el azar les brindaba. Respaldaron con furor a ambos mandatarios. A uno cuando estaba detenido por la soldadesca y al otro cuando ésta vacilaba en tomarse e1 edificio del Soviet Supremo y conducir a los diputados a la cárcel. El apoyo lo condicionaron, por supuesto, a una sola pero decisiva petición, que se implantaran los cánones burgueses a lo largo y ancho del territorio ruso, facilitando la entrada de los capitales extranjeros. Y los yanquis ganaron la disputa por el control mundial después de décadas de confrontaciones, mientras que los herederos de los Romanov se resignaban a pasar de superpotencia a ser un mero apéndice del imperialismo norteamericano.

El clima de cierta estabilidad que antes prevalecía a causa del equilibrio entre los dos colosos, empezó a enrarecerse por los avatares de la multipolaridad. Las pugnas comerciales que han mantenido los monopolios de América, Europa y Japón, e incluidos los de la misma Rusia, salieron a flote con todas las repercusiones de una competencia cada día más aguda. El globo en vez de enfriarse se calienta. Washington no ha dudado en recurrir a la fuerza en busca de consolidar la reconquista. En 1983 se atrevió a desalojar de la diminuta isla de Granada, en el Caribe, a las escuadras cubanas, un ensayo remoto. Le seguiría Panamá, en el 89, desde donde atalaya e infiltra a Latinoamérica. Posteriormente Irak y Somalia. Conminó a la disuelta Yugoslavia, a Corea del Norte y a los vecinos de Haití. En consecuencia, las guerras no amainan, se diseminan.

De cualquier modo el fenómeno se traducirá en una extensión sin fronteras del capitalismo. En los más apartados y escondidos parajes se instalarán factorías semejantes entre sí que pondrán en oferta géneros idénticos o parecidos. La inevitable superproducción traerá consigo la estrechez relativa de los mercados, el desempleo, la explosión de los conflictos laborales a una escala jamás conocida. Los problemas de los pueblos continúan siendo los mismos de ayer aunque ahora enfrenten enemigos distintos. Las verdades de Marx y Lenin, lejos de marchitarse, cual lo pregona la burguesía que carece de respuesta para los interrogantes de la actualidad, volverán a ponerse de moda. Parece que el socialismo, al igual de lo acontecido al sistema capitalista, adolecerá de tropiezos y altibajos durante un interregno prolongado, antes del triunfo definitivo. Y los obreros, con sus batallas revolucionarias, proseguirán tejiendo el hilo ininterrumpido de la evolución histórica.

En consonancia con los vuelcos planetarios, a Colombia, que ha sido desde hace más de una centuria un algorín de los asentistas del Norte, se le redujeron sus posibilidades, sus márgenes, su autonomía de vuelo. En los sesentas los planes de la Casa Blanca para el hemisferio, la Alianza para el Progreso, la desaparecida Alalc, el Pacto Andino, preservaban intactos los artificios del desvalijamiento y, conforme a estos términos exactos, se trataba de una expoliación disimulada, astuta, que nos permitía algún grado de desarrollo, complementario a la sustracción de las riquezas del país. Digamos que los gringos chupaban el néctar con ciertas consideraciones. Pero con la apertura la extorsión se ha tomado descarnada, cruda, sin miramiento alguno.

Cuando el Comité Ejecutivo Central del MOIR miraba con detenimiento y antelación la nueva política saqueadora, pronta a instalarse, llegó a varias conclusiones pertinentes. El viraje debían abocarlo con cuidado los mandatarios. A pesar de que lo ubicaban en los terrenos de la cuestión económica, forzosamente abarca un universo de preparativos y sustentáculos que revuelcan el discurrir de la caduca república. Partiendo de un problema inicial: se necesita alguien que lo enrute y conduzca a buen puerto; un conjunto amplio de funcionarios ilustrados, catedráticos expertos y discípulos maleables que sepan del asunto. La clave estuvo en la incorporación al ajetreo público de la panda de los Andes, una especie de culto de las adoratrices de la especulación. No es raro que el presidente y su consorte provengan de allí; que doña Ana Milena haya montado a Colfuturo en donde, además de correr dineros a porrillo, hacen fila los alumnos mansos y distinguidos que recibieron becas de posgrado en el exterior, o que los periódicos promocionen los estudios de la Academia americana. El duelo económico se decide en la arena ideológica.

A los oficiales de las Fuerzas Armadas también los educan o reeducan allá porque las artes marciales representan otro puntal imprescindible. Hay que domesticarlos y civilizarlos, reorientando incluso las charlas que escuchan, pues muchos de los egresados de esas escuelas dieron mal ejemplo, como el general Pérez Jiménez que se desvió hacia la dictadura, o el general Noriega que amasó una fortuna traficando en cocaína; y los mandos han de comportarse bien, acatar los derechos humanos, ser respetuosos de las declaraciones de la Conferencia Episcopal, no asesinar a quienes protestan o a los que ejercitan el terrorismo, en fin, proporcionar sustento a la majestad de la Ley. Mas todo debe ejecutarse sin desmedro de los operativos encubiertos de las unidades del Pentágono, y a ratos no tan encubiertos. Se conoce de la presencia de contingentes suyos en Perú, Bolivia y otras partes. En el departamento de Amazonas se detectó uno de ellos. Hemos padecido asimismo la interferencia y el bloqueo en nuestro mar Caribe. Y la opinión se ha enterado con alarma de que aviones militares de transporte sobrevuelan, con permiso o sin él, encima de nosotros; y que en más de un lance estuvieron a punto de colisionar con naves repletas de pasajeros. Es decir, que nos hostigan por aire, mar y tierra. La agresión constituye otro elemento adicional de la apertura, ya que, a medida que avanza ésta, la resistencia civil se expande cual reguero de pólvora por el Continente.

Dentro de las adecuaciones legales que han dotado a la gran burguesía de los medios para escoger entre cualquier opción, se destaca la Ley 50 de 1990, con que se cercenan los logros conseguidos por los asalariados en más de tres cuartos de siglo de arduas peleas. En síntesis, el objeto estriba en asegurar, en un santiamén, la disminución de las remuneraciones y la supresión de las normas permisivas del Código Laboral. Otra vez las normas. Sin mano de obra barata no habrá neoliberalismo que funcione. Como la América Latina acusa algún desarrollo y algunos adelantos tecnológicos que conllevan progresos sindicales, Colombia, pletórica de dinamita, secuestros y laboratorios de coca, nunca será atractiva para Wall Street, si no entraba la industria nacional, no arruina a los empresarios agrícolas y no, envilece a las masas laboriosas.

Sucede igual con las expectativas que generan los jugosos tejemanejes de las entidades estatales, de cuya subasta no se eximen siquiera la Caja Agraria, el Banco Cafetero, Terpel y Ecopetrol, Telecom, el Sena, los Seguros Sociales, la Flota Mercante, las electrificadoras y otras instituciones respecto a las cuales el presidente ha dicho que no son transables. Si el régimen pudiera enajenar los escritorios del Ministerio de Educación, lo haría, como lo efectuaron en el siglo pasado los radicales con el Capitolio, que “sacaron a remate”; y vendieron, “a menos precio”, el lote destinado por Mosquera para construir el Palacio Presidencial.

La regionalización, la maquila, el estímulo a la microempresa, las facilidades concedidas a las importaciones y la integración concertada con los gobiernos de los países hermanos hacen parte de los múltiples “mecanismos”. Mientras se empobrece la nación al pueblo se le abruma con gravámenes confiscatorios. En su misión de almojarife el señor Gaviria no se para en pelillos. Como aspira atender con holgura sus carísimos cometidos y sofocar el descontento, urge de plata, mucha plata. Provee dos reformas tributarias seguidas, soborna al Congreso y miente. Quienes se hayan retrasado en el pago de los impuestos habrán de resarcirlos con las tasas del interés vigente para las transacciones mercantiles. A las gentes se les exprime con el propósito de reanimarlas.

En medio de tan tremendas conmociones transcurre la liza comicial. Nuestra participación en ella nos permite hacerles propaganda no sólo a los acendrados convencimientos sino a las recientes conclusiones. De otra parte, el arranque ha sido con entusiasmo; y habremos de contar, como pocas veces antes, con los invaluables aportes de los activistas sindicales que de una forma u otra acogen las orientaciones partidarias, puesto que tuvimos la buena estrella de integrar para el Senado una lista encabezada, en cuanto al MOIR, por Jorge Santos Núñez, expresidente de la USO, y por Marcelo Torres, componente del Comité Ejecutivo Central desde hace años, hoy de nuevo director y ejecutor de nuestro debate. Es obvio que Marcelo, aun cuando no fue sindicalista, también le imprime ese sello proletario a la fórmula que le hemos propuesto al pueblo. ¿Acaso los dirigentes y miembros del Partido no somos representantes de los obreros de Colombia? Y los trabajadores de las tierras de Colón y Magallanes se hermanarán inexorablemente. Lo puso de manifiesto el Tratado de Libre Comercio, que rubricaran Estados Unidos, Canadá y México, y ante el cual los asalariados estadinenses protestaron con fiereza. En presencia de un enemigo común, lenguaje común y lucha común. A medida que el imperialismo alarga sus tentáculos se debilita afuera y adentro. Su derrumbe será inevitable; ayudémoslo a que su desaparición sea rápida. Pese a los obvios apremios la situación actual es excelente. Yo les aconsejaría que no pierdan la marea alta.

Creo que con Marcelo y Jorge al frente de esta brega los rendimientos políticos están garantizados.

Muchas gracias.

¡FUERA TROPAS GRINGAS DE COLOMBIA!

“Es evidente que lo que se adelanta en Colombia es una ocupación gradual pero descarada y un control en regla por parte de las fuerzas militares norteamericanas” dice el comunicado suscrito por los candidatos del MOIR .y el Bloque Democrático Regional.
En 1942, el gobierno de Roosevelt le exigió al presidente Santos que autorizara la presencia de tropas norteamericanas en Colombia. Primero Santos y después López Pumarejo, en su segunda administración, se mostraron de acuerdo. Pero como el precepto constitucional exigía el consentimiento de los senadores, éste ideó la artimaña de que los documentos sólo mencionarían a las fuerzas aéreas y navales yanquis, pues el texto de la Carta únicamente prohibía el “tránsito de tropas”.

Aun cuando el turbio asunto no pasó a mayores -como sí ocurrió en noviembre de 1903, cuando Estados Unidos, valiéndose de testaferros, le usurpó a Colombia la región de Panamá, que aún manipulaba a sus anchas-, sí resulta la anécdota ilustrativa de los tejemanejes altamente lesivos al interés de la nación, que se urden tras bambalinas para dar pronto cumplimiento a los dictados del imperio.

El arribo a Juanchaco y Bahía Málaga, a partir del 27 de diciembre, de 150 unidades del batallón de combate pesado número 46 de Fort Rucker, Alabama, perteneciente al cuerpo de ingenieros de la Marina y bajo el patrocinio del Comando Sur, con sede en Panamá, a todas luces y descaradamente pisotea la soberanía de Colombia. Al otorgar el visto bueno a la intromisión, Gaviria da pleno respaldo a los planes colonialistas de Clinton. Se trata nada menos que de legitimar una invasión a través de un par de memorandos suscritos el 29 de octubre de 1993 por Rafael Pardo Rueda, ministro de Defensa, y Morris Busby, embajador gringo. Ambos documentos, verdaderas cartas de piratería, constituyen prueba palmaria de que Gaviria y su ministro han incurrido en delito de lesa patria.

Los extraños sucesos que rodearon la firma de dichos testimonios dejan al descubierto el poder absoluto del que goza el representante diplomático de la Casa Blanca. El periodista Javier Darío Restrepo reveló que “hubo una prolongada y agitada visita del embajador de EU al ministro de Defensa”; y luego, “la reunión inmediata del ministro con los altos mandos, minutos antes de su fulminante trombosis”.

No es la primera vez que tropas, barcos y aviones yanquis se pasean por territorio colombiano con patente de corso. Desde el comienzo mismo de su cuatrienio, Gaviria autorizó el ingreso de personal militar y el sobrevuelo de aeronaves pertenecientes a la Marina y a la Fuerza Aérea. En la actualidad, contingentes militares norteamericanos ocupan bases e instalaciones de radar en puntos estratégicos de la geografía nacional: una en San Andrés; otra en el resguardo de Monochoa, Araracuara; la tercera en Barrancón, junto a San José del Guaviare; otra en Leticia; dos en Puerto Asís y Puerto Leguízamo, sobre el río Putumayo; ahora en Bahía Málaga, emplazamiento estratégico del Pacífico suramericano, y varias más en algunos otros lugares, para un total de doce, según la cifra revelada por la Washington Office for Latin America, WOLA, citada por el periodista Germán Castro Caicedo. Se encuentran además construyendo una base fluvial en Puerto López, Meta -centro geográfico de Colombia, en vecindades de los enormes yacimientos de Cusiana y Cupiagua- y se proponen erigir otra en Magangué. Luego se viene inevitablemente un indefinido incremento de marines en los más disímiles lugares del país. Según la cifra admitida por el Ministerio de Defensa el 11 de enero, hay 259 soldados. Pero hay quienes afirman que el número de tales asciende por lo menos a un millar, sin contar a los agentes de la DEA que andan como Pedro por su casa en diversas ciudades. Su verdadero objetivo sería, según la WOLA, manejar a las fuerzas militares y a la policía y, además, completar una infraestructura básica y de comunicaciones controlada desde el Pentágono. A esto llama el diario El Tiempo “hechos baladíes”.

Airadas voces de condena
Los colombianos en su gran mayoría no tardaron en expresar su vibrante condena de la intrusión, que lleva trazas de convertirse en permanente.

Los precandidatos a la Presidencia Gabriel Melo Guevara, Rodolfo González, Rodrigo Marín Bernal, Enrique Parejo, Navarro Wolff y Maza Márquez hicieron público su repudio.
Hasta el expresidente Misael Pastrana envió una carta al primer mandatario en que le expresa su inquietud porque el tránsito de tropas se cumpliera “sin sujeción a la Constitución”.

El novelista Gustavo Álvarez Gardeazábal, alcalde de Tuluá pidió organizar comités de rechazo a la soldadesca.

Numerosos congresistas se mostraron “sorprendidos y consternados”. El Partido Comunista y otros movimientos de oposición dejaron también sentada su enérgica voz de protesta.

La Confederación General de Trabajadores Democráticos CGTD, llamó a conformar un Frente por la Defensa de la Soberanía Nacional: “La opinión sabe muy bien cómo terminan la actividades de respaldo a la democracia que realiza Estado Unidos, desde Viet Nam, República Dominicana, Somalia y un aterrador etcétera”.

El presidente de la Asamblea Departamental del Valle, Fredy Salas, así como varios concejales y organizaciones de Buenaventura, donde se halla situado el balneario de Juanchaco, repudiaron el acto de agresión.

Por su parte, López Michelsen como siempre, a su manera sibilna, buscando algo que no confiesa, respaldó a Gaviria en el argumento de que el TIAR no tenía nada que ver en la controvertida cuestión ni había que consultar, parlamento. Dijo: “Es lo que explica (…) que ejercicios militare semejantes a los que se están poniendo en práctica en la actualidad, hayan tenido ocurrencia por centenares de veces sin mayores polémicas”.

Gaviria alegó que basaba su decisión en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, de 1947. Mas las versiones oficiales han sido tan encontradas que el columnista de El Tiempo, Armando Benedetti Jimeno, no vaciló en poner de manifiesto “los embustes y contradicciones del presidente”. El 14 de diciembre de 1993, la embajada de Estados Unidos, antes incluso que el gobierno colombiano, anunció que en desarrollo de un ejercicio denominado Fuertes Caminos del Sur 94, tropas norteamericanas cumplirían labores de “asistencia cívica y humanitaria”. El 21 de diciembre, en carta de respuesta a Misael Pastrana, el presidente Gaviria aseguró solemnemente que no había sido informado de la misión. El 5 de enero el mismo Gaviria notificó al país que los 150 soldados y las miles de toneladas de material servían al exclusivo propósito de construir una escuela y un puesto de salud. El 11 de enero, el Ministerio de Defensa admitió que los 259 soldados estaban en Colombia para combatir el narcotráfico y la guerrilla y prestando asistencia técnica a los radares instalados en diferentes sitios. Dos días después, el embajador colombiano en Washington, Gabriel Silva, explicó que “el objetivo es realizar ejercicios militares conjuntos en el área de ingeniería”. El 20 de enero, Gaviria dijo que se trataba de construir “instalaciones civiles en apoyo a la comunidad de Juanchaco”. El mismo día, el vocero del Pentágono, mayor Arnie Owens, informó que el ejercicio “demuestra el continuado respaldo al fortalecimiento de la democracia en Colombia” y que en ningún momento se trata de un operativo contra los narcotraficantes. Y finalmente, el primer magistrado habló de “operaciones, esas sí imprescindibles, para defendernos de la criminalidad y el narcotráfico”.

El Consejo de Estado no admitió ninguna de estas argucias, y el 8 de febrero, por unanimidad, dictaminó que las tropas se encuentran en territorio colombiano desconociendo los requisitos previstos en la Constitución y hollando la soberanía. Y envió el prontuario a la Comisión de Acusaciones de la Cámara y a la Procuraduría. La nueva Carta, la de 1991, la surgida de un referendo anticonstitucional, la que dio pábulo a la imposición de la apertura económica, la que colmó al primer magistrado de mil facultades para exprimir al pueblo y cercenar los derechos de los trabajadores, también se ingenió los subterfugios para allanarle la senda en Colombia a las armas del imperialismo yanqui. Y esto último se desprende aun de la misma interpretación hecha por el relator de la reforma, el señor Gaviria.

Cabe agregar que dichas intervenciones vienen ocurriendo en casi todas las naciones de América, desde el asalto a Panamá en diciembre de 1989.

Mientras Colombia entera repudia al buzo de la Casa de Nariño, Washington lo considera su Quisling americano, viéndolo obviamente con buenos ojos como candidato a la secretaría de la OEA. El Colombiano, de Medellín, se interrogaba: “¿Vale la secretaría de la OEA una invasión norteamericana?” En contraste Francisco Santos, cavila: “¿Y para qué la soberanía?”
Tal cual lo ha dicho el MOIR la lucha contra el narcotráfico fue y es un pretexto para invadirnos. Ahora la excusa son las escuelitas y los puestitos de salud.

Ante la farsa, acojamos el llamado de la CGTD: “Frente por la Defensa de la Soberanía nacional”.


El 20 de enero La Prensa y El Espectador dieron a conocer el texto del Memorando de Entendimiento, firmado entre Morris Busby y Rafael Pardo Rueda el 29 de octubre de 1993. Miremos los apartes más elocuentes:
Armas Según el artículo 19 del convenio, “el personal militar de Estados Unidos tendrá el mismo derecho de poseer y portar armas como lo tienen los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia”. Nótese que Gaviria había negado en rueda de prensa que hubiera personal armado norteamericano.

Carácter de las fuerzas “Como se utiliza en este acuerdo, `personal de los Estados Unidos’ significa el personal militar de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos”. El personal militar podrá llevar sus uniformes y tendrá rango diplomático. Los soldados no requerirán pasaporte ni visa para su estadía en Colombia, los conductores no necesitarán pases ni los vehículos matrícula.

Autorización de vuelos Estados Unidos podrá usar los aeropuertos y coordinará “el uso de las correspondientes instalaciones portuarias en Cali, Buenaventura y la base naval de Bahía Málaga o cualquier otro puerto que sea necesario, (…) el uso de las correspondientes pistas aéreas en Cali, Buenaventura, Juanchaco, y cualquier otra pista aérea que sea necesario”. El memorando le permite a Estados Unidos suministrar el personal “para el control del tráfico aéreo (…) tanto para los aviones de ala fija como de ala giratoria” para manejar bandas preferenciales de radio. El compromiso faculta también a las fuerzas militares norteamericanas para realizar vuelos nocturnos de emergencia.

Plazo de la ocupación El término previsto para la presencia militar es “aproximadamente hacia el 28 de febrero”, pero el acuerdo contempla una prórroga de seis meses.

Tarifas Los vehículos, barcos y aviones norteamericanos no pagarán tarifas de aterrizaje o portuarias ni peajes ni derechos de energía y anclaje. Tampoco cancelarán impuestos y no se admitirán inspecciones.

Basuras El artículo 20 del Memorando dispone que Colombia tendrá la obligación de eliminar “todas las basuras generadas por el ejercicio”.

Santander: ALFONSO ELJACH MERLANO ADHIERE AL BLOQUE DEMOCRÁTICO REGIONAL

El médico y dirigente político liberal de Barranca, Alfonso Eljach Merlano, adhirió a la candidatura de la resistencia civil y aceptó integrar; en el segundo renglón, la lista 148 al Senado. El ingreso del prestigioso hombre público al Bloque Democrático Regional consolida las aspiraciones populares de contar con una tribuna de denuncia en el parlamento.

El doctor Eljach Merlano se ha ganado un sólido prestigio como dirigente intachable, con una profunda convicción antiimperialista, sobre todo en la defensa de los recursos petroleros. Presidió durante varios años el concejo de Barranca y fundó la Acción Regional del Magdalena Medio, ARMA.

Nuevas organizaciones se han sumado, a la campaña de la coalición BDR-MOIR, entre ellos el Movimiento Nuevo Santander, de Bucaramanga, que lidera el exgobernador Álvaro Beltrán Pinzón, y el Movimiento Cristiano, que reúne a las iglesias protestantes. El Movimiento Social Agrario expresó su respaldo a la candidatura de Abelardo Rueda Tobón, marcada con el número 34 del tarjetón para la Cámara de Representantes. También adhirieron al BDR un grupo de concejales de Puerto Wilches, Girón, San Gil y Aguachica, Cesar.

Una prueba del creciente entusiasmo despertado por las, candidaturas de Jorge Santos y Abelardo Rueda Tobón se vio en la inauguración de la sede departamental de bucaramanga, acto al que asistieron 600 personas, y que contó con la presencia, además, del precandidato liberal David Turbay Turbay.

CALUROSO ACTO NACIONAL DE LA JUPA

El 21 de diciembre se realizó en el Teatro, Municipal de Quimbaya, Quindío, un emotivo acto nacional de la Juventud Patriótica en respaldo a las candidaturas del BDR y el MOIR El evento fue presidido por el candidato al Senado, Jorge Santos, y por Marcelo Torres, jefe del debate electoral; Fernando Ruiz, secretario regional del MOIR en Quindío; Miguel Pardo y Pascual Amézquita, dirigentes nacionales de la JUPA; Gustavo Obando y Henry Ortiz, jefes de la JUPA en ese departamento; Rubén Darío Guevara, dirigente juvenil de la zona cafetera; Raúl Moreno, dirigente sindical; Alfonso Robayo, integrante de la secretaría ejecutiva del Consejo Nacional Superior Estudiantil, y Wilson Marín, presidente de la federación de Estudiantes del Quindío. Asistieron más de 350 delegados provenientes de quince departamentos.

Los dirigentes de la JUPA rechazaron la presencia de soldados norteamericanos en Colombia y calificaron de absurdos los pretextos esgrimidos por el gobierno para justificarla. Denunciaron asimismo la Situación desesperada por la que pasa la juventud, ante la desprotección oficial a la caficultura, la agricultura, la industria y la educación pública.

Jorge Santos afirmó que la resistencia civil, a la cual ha convocado el MOIR a la sociedad colombiana, cobra cada vez mayor vigencia. La conquista de una curul en el Senado se constituirá en una trinchera de combate, agregó el candidato.

PROCLAMADA CANDIDATURA DE JORGE SANTOS

Ante más de mil personas congregadas en el salón de actos del Hotel Bacatá, de la Capital, fue proclamada el 25 de noviembre la candidatura al Senado de Jorge Santos, dirigente de los trabajadores petroleros, con el respaldo del MOIR, y del Bloque Democrático Regional de Santander.

El expresidente de la Unión Sindical Obrera, USO, al aceptar su proclamación, manifestó: “Mi campaña para el Senado tiene como divisa la resistencia civil del país ante la política de avasallamiento económico de Estados Unidos sobre la nación.”

Se hicieron presentes el secretario general del MOIR, Francisco Mosquera; los miembros del Comité Ejecutivo Central, Marcelo Torres, Héctor Valencia, Yezid García, Enrique Daza y Oscar Parra; estuvieron en la mesa directiva los presidentes de Sittelecom, Ebertó López; Asociación Colombiana de Empleados Bancarios, ACEB, Luis Sánchez; Sintracreditario, Jesús Bernal; Sindicato Nacional de la Salud y la Seguridad Social, Sindess, Aldo Cadena; Sinucom, Alfredo Rubiano; el vicepresidente de Fecode, José Fernando Ocampo; el expresidente de Asmedas, Alberto Esquenazi; los miembros de la junta nacional de la USO, Gustavo Triana, Roberto Smalbach, Carlos Muñoz y Rodolfo Gutiérrez; el directivo nacional del sindicato del SENA, Fabio Arias, y cinco miembros del comité ejecutivo de la CGTD, entre ellos, Iván Toro.

Por el Bloque Democrático Regional de Santander asistieron los concejales de Barrancabermeja, Rafael Rodríguez Arenilla y Pedro León Romero.

Por el gremio de artistas, apoyaron la candidatura, entre otros, Ricardo Camacho y Jorge Plata, del Teatro Libre de Bogotá; el actor y cantante César Mora, y los actores del TLB, Gustavo Martínez, Ricardo de los Ríos, Beatriz Rosas y Leonardo Zossi.

Estuvieron como observadores Julio Roberto Gómez Esguerra, secretario general de la Confederación de Trabajadores Democráticos, CGTD; Wilson Borja, del comité ejecutivo de la CUT; Mariano Porras, concejal de Bogotá; Jesús Aníbal Suárez, de la dirección nacional de la Unión Patriótica; Flor Alba Ardila, dirigente del. Partido Comunista Colombiano; Daniel Rico, presidente de Fedepetrol; Jorge Gamboa, dirigente nacional de la USO; y José Torres Flórez, vicepresidente de la CGTD. Enviaron mensajes de saludo al acto el precandidato presidencial liberal David Turbay Turbay, el presidente de la CGTD, Mario de J. Valderrama y el dirigente del Bloque Democrático Regional de Santander y candidato a la Cámara, Abelardo Rueda Tobón.

En Bogotá: tarjetón 1042: FRANCISCO PAREJA, A LA CÁMARA

“Estamos hoy ratificando nuestro compromiso en Bogotá con la lista 1042 a la Cámara que encabeza el compañero Francisco Pareja”, afirmó Jorge Santos, durante el acto realizado en la sede nacional de la campaña el 31 de enero. “En la capital disponemos ahora de mayor artillería con la candidatura de Francisco Pareja”, señaló Marcelo Torres.

Tomaron asiento en la mesa directiva, además, Jaime Moreno y Cecilia Vargas, directiva del sindicato del SENA.

El compañero Francisco Pareja anunció que coordinará su labor parlamentaria con la de Jorge Santos, y que ambos se convertirán en voceros de los sectores perjudicados y arruinados por la apertura económica”

Inauguración de la sede
Cuatro días antes se había inaugurado la sede del BDR-MOIR en Bogotá, situada en la Carrera 13 con Avenida Jiménez. El mítin contó con la presencia del Comité Ejecutivo de nuestro Partido y estuvo presidido por Francisco Valderrama, secretario del regional de Cundinamarca. Los asistentes conmemoraron además los cien años del nacimiento de Mao Tsetung y reafirmaron el objetivo programático de nuestro Partido de conducir a la nación hacia la segunda independencia, mediante una revolución de Nueva Democracia que abra el camino al socialismo.

El camarada Valderrama aseveró que las condiciones en que enfrentamos el debate son altamente favorables. El fracaso de la apertura económica, la lucha persistente del movimiento sindical, las protestas de los gremios económicos, la indignación del país entero ante la descarada intromisión del ejército norteamericano, el entusiasmo que ha despertado la candidatura de Jorge Santos, nos permiten desarrollar una campaña con vastas proyecciones en materia de alianzas y con enormes posibilidades de llevar por primera vez al Senado a uno de nuestros dirigentes más preclaros.

FERNANDO MAGALLANES: LA AVENTURA DE CIRCUNNAVEGAR EL GLOBO

Conferencia dictada por el maestro Germán Arciniegas, el 27 de octubre de 1993, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, invitado por la Fundación para el Fomento de la Ciencia y la Cultura, Cienciacultura, que preside el doctor Fernando Pava de la Espriella.

denominada curiosamente el Descubrimiento de América.

Siempre me ha llamado la atención el caso de Magallanes. Para poder juzgarlo, parto de la edad justa en que yo me lo acierto a imaginar, es decir, cuando Fernando de Magallanes tenía de diez a doce años de edad. En esa época Lisboa era una ciudad mágica. Mágica, seguramente por la gracia de don Enrique el Navegante.

Por la época del Descubrimiento, Europa vivía una tremenda crisis, y yo me pongo a pensar en los niños del temperamento de Magallanes, cuando les toca presenciar en Lisboa una serie de acontecimientos que les van a resultar inolvidables. Sítúense ustedes a la edad de diez años en esta ciudad, en el momento en que se riega la noticia traída por Martín Behaim: el prodigio de que el mundo era redondo como una bola. Behaim, un soñador medio loco, había entrado en contacto con un personaje llamado Cristóbal Colón, y llega a Lisboa, justo a la ciudad adonde tenía que llegar. ¿Por qué la capital de Portugal se convirtió en el lugar en donde había de resolverse el problema de lo que entonces se llamaba el mundo, o más modestamente, el universo?

La crisis de Europa abarcaba todos los campos. Era una debacle moral, económica, filosófica, y afectaba particularmente a la Iglesia, que estuvo al borde del completo desmoronamiento. Se la veía como una crisis universal, porque hasta ese momento lo que se conocía del universo giraba alrededor del mar Mediterráneo. Al universo le habían puesto un límite, las columnas de Hércules, en cuya puerta se veía un letrero que decía Non plus ultra, de aquí no se puede pasar. Las salidas quedaban cerradas. Y es en ese momento de gran incertidumbre cuando los turcos resuelven desatar su poderío bélico, y los mahometanos entrar con la cimitarra degollando lo que se les ponía por delante, como si el viejo continente fuera un san Juan Bautista.

En los siglos precedentes el Mediterráneo había sido un bazar oriental. Se cruzaban los barcos que traían sedas, alfombras, tapices, canela, pimienta, nuez moscada, damascos. Alcanza uno a ver en las pinturas cómo se vestían los príncipes, las mujeres, los arzobispos. Los dux de Venecia se hacían retratar con la mezquita de Damasco al fondo, tocados con suntuosos vestidos orientales. De Pisa sale, en la época de las Cruzadas, una flota de cuatrocientas naves. Y cuando advierte uno el escándalo de las tres carabelitas que vinieron a América, se da cuenta de hasta dónde el Mediterráneo era un espejo del Oriente.

Cuando uno recorre hoy el Mediterráneo se da cuenta del encanto oriental que siguen recogiendo las ciudades, el arte, las iglesias, los altares bizantinos, las tradiciones. Uno arriba a Venecia y tiene impresión de que se encuentra en Persia Ante las cúpulas de cebolla de San Marcos cree uno estar a dos cuadras del Taj Mahal. Por los canales lo que circula es como un soplo que procede de Oriente. En Génova se detiene uno frente a la puerta mayor la catedral y lo primero que advierte son unas columnitas delgadas, cada una de mármol, cada una de un color distinto. Los guías, unos individuos ignorantes que se ufanan de saberlo todo, narran cómo cada columna proviene de un lugar distinto del Oriente. Es como si a uno le mostraran en la puerta misma de la catedral un mapa de Oriente. Las dos columnas, a la entrada de la plaza de San Marcos, son dos monolitos de mármol traídos de dos provincias de Oriente. Lo mismo ocurre en Pisa, en Florencia y hasta en los pueblos más insignificantes. No hay nada más impresionante que el conjunto de la plaza de Pisa, donde levantan la Torre Inclinada, el Baptisterio la catedral: cada una parece una maravilla oriental.

Todo eso era lo que se estaba volviendo añicos. Entraron los turcos por el Danubio, ocuparon a Atenas, se tragaron la antigua Grecia. Y obviamente, los ojos de ese universo que cabía en el Mediterráneo se vuelven a la puerta que permanecía cerrada, puerta del Non plus ultra. Se trataba de una puerta sin abras, imaginaria, fantástica. El único guardián era España, que cuando se trataba de no dejar pasar una idea se enclaustraba en un fanatismo tan inamovible como la Roca de Gibraltar. La salida era entonces, claro, por Lisboa. No propiamente para atravesar el Atlántico. Los barcos surcaban el Estrecho y empezaban a costear, rumbo a Francia, a Inglaterra, a Suecia, al mar Báltico… y hacia el misterio del África.

Por la época del Descubrimiento la fiebre de los viajes se hallaba en su furor. Y lo que les tocaba presenciar a los muchachos eran esas primeras aventuras rumbo a mares desconocidos del sur. A uno le queda casi imposible imaginarse hoy un mundo en el que se ignoraban las cuatro quintas partes del África. África no era negra. Se hallaba circunscrita a Marruecos, a Egipto: un África bronceada, no negra. Hacia 1500 se difunden por el viejo continente las noticias de los elefantes y de los cocodrilos. Después vendríamos nosotros con nuestros modestos caimanes.

Un hombre como Benedetto Dei se lanza a viajar por el África y a escribir cartas a los Vespucci sobre sus experiencias, y se despierta en esos muchachos una enorme curiosidad, la más grande que sea dable concebir. De manera que cuando se publica el mapa de Behaim, la primera representación de la Tierra en forma de esfera, los muchachos se quedan lelos. A nosotros hoy no nos han sorprendido con nada que pueda abarcar esos alcances. Martín Behaim se había educado en parte en Italia y había heredado además la curiosidad de los ingenios del Rin, de los dibujantes de mapas, del inventor de la imprenta, de los astrónomos, del arquitecto que levantó la torre de la catedral de Colonia y del que construyó la iglesia de Nüremberg. La Crónica de Nüremberg nos sigue resultando más fascinante que la Biblia de Gutenberg. Es la época de Durero, que coincide con la del Descubrimiento. Y a ella pertenecen Martín Behaim y Fernando de Magallanes, aún adolescente. Ya hubiera tenido uno la dicha de haber pertenecido a ese año y a esa época.

¿Qué relación pudieron guardar entre sí todos estos hechos? Uno ciego tiene la suerte de contar más con la imaginación que con los documentos. Me doy cuenta de lo que pasaría por la mente de Colón, del rey don Juan, de Magallanes, cuando vieron el globo. Colón estaba al tanto porque sostenía correspondencia con Martín Behaim y porque conocía, por Toscanelli, la teoría del mundo esférico. Un planisferio y una esfera resultan tan distintos como un globo y una hoja de papel. Y ellos sin duda se preguntaron: ¿cómo se colocará en el cielo, cómo girará, cómo estarán pegados los hombres que habitan allá abajo, en las antípodas?

Cuando Magallanes contaba doce años cumplidos fue cuando regresó Colón de Cuba, relatando las maravillas de las tierras descubiertas. Claro que cometió una gran cantidad de errores. En el tercer viaje decía Colón que el mundo era mucho más pequeño de lo que se pensaba. Murió convencido que el Ganges era el Orinoco y él mismo, el virrey de la Tierra Firme del Asia. Pero quedó planteado el problema de cómo giraba la bolita. Magallanes, más práctico, dijo: “Yo voy a darle la vuelta”.

Naturalmente, la esfera de Behaim estaba plagada de equivocaciones. No se había aún encontrado el paso entre el Atlántico y el Pacífico, que fue justamente lo que descubrió Magallanes. Entonces, lo único que aparece como una solución posible en el globo de Behaim es la entrada del Río de la Plata. Allí podía hallarse la boca del estrecho. Magallanes va a buscarla por el Río de la Plata, pero la topa más abajo, en la Patagonia.

Lo que a uno lo sorprende es concluir como la vida de Magallanes se concentra en la búsqueda de ese estrecho. Siendo portugués, no parecía difícil conseguir que su propio rey aceptara el proyecto y le aportara los medios necesarios para armar una flotilla e ir en su búsqueda. ¿Cuál fue la reacción del monarca? Hay una tendencia equivocada a condenarlo, porque nosotros escribimos la historia con los resultados en la mano, pero el rey casi nada sabía. Ni siquiera albergaba la certeza de que la Tierra fuera esférica. Además, toda la historia de las navegaciones portuguesas apuntaba hacia el África. Sus capitanes trataban de llegar al país del Preste Juan, que según la leyenda había creado un imperio cristiano en tierras remotas. Resultaba más lógico, si se quería ir hacia Oriente, buscar la salida por el oriente, al revés de lo que proponía Colón, ir al Oriente partiendo por occidente. Según la tradición, desde Marco Polo se imponía como más racional el camino de Oriente. La esfera todavía pertenecía al mundo de la imaginación. Faltaba comprobar que se ajustara a la realidad.

Bartolomé Díaz siguió la costa africana hasta alcanzar el cabo de Bojador, en vez de atravesar el Atlántico, mar tempestuoso, mar tenebroso, mar intransitable. Díaz llegó con buena estrella hasta el Cabo de las Tempestades, en la última punta del África. Tanto que le dio el nombre de Cabo de la Buena Esperanza. Si no se le amedrentan sus compañeros, habría proseguido la exploración y abierto el paso por el Indico. Pero con él quedaba despejado el camino, y éste era el dato cierto que manejaba el rey de Portugal: allí había resultados concretos. Cuando Díaz regresó, en 1489, traía marfil blanco y marfil negro, es decir, esclavos. Venía cargado con pimienta y otras especias. Ahí estaba el futuro, no cabía ninguna duda. La vuelta de Colón fue en cambio algo precaria. Una tempestad que lo coge en las Islas Azores lo desvía de su ruta. El mar se encrespa allí y también las cartas de Colón. Pinzón queda convencido de que su capitán ha naufragado, y al revés. Al atracar frente a las bocas del Tajo, Colón se encuentra con Bartolomé Díaz, el rival que había descubierto el otro camino. Todo lo que portaba eran nueve indios desnudos. Todo el oro que éstos exhibían era un moquito en la nariz. Para mayor desgracia, Díaz no conocía al italiano, o, por lo menos, no se acordaba de él. Colón se le presenta: “Soy el almirante”. “¿Almirante, y con una sola carabelita? -le responde el otro-. A ver, muestre los papeles”.

A Magallanes le pasó lo mismo que a Colón. Fue a proponerle el viaje al rey, una empresa harto discutible porque según la bula del Papa, el viaje hacia occidente implicaba internarse en el mar español. No aparecía claro hasta dónde llegaba la propiedad de la que habían sido investidos los españoles. Al hacer la repartición, el papa no sabía con certeza que la Tierra fuera redonda. Cuando Magallanes le expone su proyecto al rey de Portugal, éste la contesta que el camino es por el oriente. Stefan Zweig, en su maravillosa biografía, relata el diálogo y describe también lo que era Lisboa. Abierto el comercio con las costas de África y más tarde con la India, la ciudad se había convertido en un emporio. La notable riqueza de sus porcelanas refleja el arte hindú. Y entonces el rey decide negarle toda ayuda a Magallanes, como se la había negado a Colón.

Cabrales descubre el Brasil, pero su propiedad les resulta a los portugueses de carambola, pues ante sus quejas, el papa traza una segunda línea de partición, más corrida hacia el occidente. Aun así, los portugueses no aprovecharon las inmensas posibilidades que les ofrecía el Brasil. Su colonización data de ayer, de la República. Ocurrió lo mismo que en Norteamérica, donde los ingleses ni siquiera alcanzaron a divisar las orillas del Mississipi. La conquista de Estados Unidos se logró en la República. En realidad, los grandes descubrimientos oceánicos fueron acometidos por italianos.-Colón, Vespucci, Caboto, Verrazano-, y los descubrimientos de las tierras firmes y de los grandes ríos, por españoles. El descubrimiento del Orinoco es una de las más fascinantes aventuras que puedan relatarse.

Magallanes decidió entonces llevar la idea a los españoles. Huele como a traición; desde el punto de vista, del patriotismo, acudir al rival de Portugal. Se ha exagerado la rivalidad entre Portugal y España. Siendo la misma dinastía, con Felipe II se unifican el trono de Portugal y de España. Rivalidades locales existían, pero no alcanzaban a ser como las de Francia y Alemania. Por otra parte, Magallanes abrigaba la convicción de que se le podía dar la vuelta al mundo y de que se trataba de una empresa forzosa de la humanidad toda. Magallanes se hacía esta consideración: cómo va a ser que no haya una puerta que comunique el Atlántico con el mar del otro lado. Vespucci la había buscado. Colón también, y creyó que era por Nicaragua. Se equivocaron ambos. Magallanes tenía un indicio de que se encontraba más hacia el sur. Como no lo apoyó el rey de Portugal, se fue con dolor a ofrecerle sus servicios al rey Carlos, que era alemán, y allí encontró buena acogida. Una cosa es el patriotismo tal como sé interpreta hoy y otra distinta tomo se interpretaba en aquella época. Durante la rendición de Breda, a quien se entregan las llaves de la ciudad es a Andrea Doria, un mercenario al servicio de Venecia. Es el momento que inmortaliza el cuadro de Velázquez.

Y entonces Magallanes se lanza a la expedición, que tuvo la suerte de contar con su propio cronista, Francisco Antonio Pigafetta, un italiano que cimienta las bases del reportaje universal con su espléndida historia. Magallanes pasa el Estrecho y ve el Pacífico, se interna en él, ya consciente de que lo asiste la razón, y llega a las Filipinas. Allí muere, prácticamente asesinado, porque lo traicionan sus compañeros, y es entonces Elcano el que prosigue la hazaña y el que le da la vuelta al mundo.

El diario de Juan Sebastián de Elcano permaneció inédito durante siglos. Lo encontró la señora Rómoli, una historiadora anglo-americana-colombiana, que le dio la clave a Mauricio Obregón. El diario fue publicado por la Academia Colombiana de Historia; con los comentarios de éste.

LOS OBREROS NO SE DOBLEGAN ANTE LA REPRESIÓN

Declaración de los sindicatos de trabajadores de Acerías Paz del Río, Telecom y Caja Agraria
Bogotá, Febrero 12 de 1994.
Pese a los ingentes esfuerzos hechos por las comisiones negociadoras de nuestros sindicatos para llegar a soluciones aceptables para las partes en la negociación de nuestros pliegos, tenemos hoy que manifestar a la opinión pública que por parte del gobierno nácional y la presidencia de Acerías Paz del Río sólo hemos encontrado la intransigencia y la decisión de imponer las nefastas medidas de la política laboral oficial y, en particular, de la ley 100 que reformó regresivamente la seguridad social y el régimen pensional.

En el caso de Aceríás Paz del Río, la pretensión de desconocer y desmontar un régimen pensional especial, fruto de las luchas y bajo las difíciles y riesgosas condiciones de trabajo de la minería y la siderúrgica, pactado desde hace años en la convención colectiva de trabajo, no le deja a la organización sindical alida diferente a la realización de la huelga general , en las próximas horas, reiterando nuestra voluntad de diálogo abierto.

En Telecom, el resultado de las reuniones adelantadas en el día de ayer con los ministros de Comunicaciones y Trabajo, donde el gobierno expresó que no va a respetar los derechos adquiridos por los trabajadores en el campo pensional, implica que la empresa entrará en anormalidad laboral a partir del lunes.

En el caso de la Caja Agraria, pese a que las negociaciones continúan este fin de semana, está aprobada la huelga nacional y su hora cero depende fundamentalmente de la voluntad política de la administración de llegar a acuerdos definitivos sobre el pliego petitorio.

Llamamos a la opinión pública, a la iglesia, a los trabajadores y sus organizaciones sindicales, a las fuerzas políticas y al pueblo de Colombia a pronunciarse y rodear de solidaridad los 25.000 trabajadores que representamos que con su lucha están dispuestos a hacer respetar sus derechos frente a la ofensiva reaccionaria del gobierno neoliberal de César Gaviria.

Sindicato de Acerías paz del Río, Comité Central de Huelga: Orlando Donoso Orozco, Sigifredo Meneses Aparicio, Hernán Sanabria Cruz.

Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecom “Sittelecom”: Eberto López, presidente, Alfredo Wilches, secretario.

Asociación de profesionales de Telecom, Victor Fajardo.

Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria “Sintracreditario”, Jesús A. Bernal Amorocho, presidente, Julio Martín Ríos Sanabria, secretario general.

LE AGUARON LA FIESTA A SALINAS EN MÉXICO

Raúl Fernández, desde Estados Unidos

El mismo día en que el mandatario azteca Salinas de Gortari anunciaba el inicio del tan manido Tratado de Libre Comercio, TLC o Nafta, se le complicó la situación en el estado de Chiapas, donde un numeroso grupo de simpatizantes de Emiliano Zapata se declaró en rebelión armada contra el gobierno federal. Este acto contribuyó aún más a poner al descubierto y en ridículo al entreguista y reaccionario Partido Revolucionario Institucional, PRI, y a su dirigente de turno.

De por sí la firma del acuerdo había adquirido características circenses. Lo más grotesco de las deliberaciones fue que Clinton, para obtener la venia del Congreso, aceptó que cada parlamentario en Washington impusiera lo que su respectivo distrito electoral exigía en procura de proteger sus intereses, sin que México se atreviera a chistar. Un congresista de Texas votó a favor del Nafta sólo después de que el Pentágono prometiese ampliar un contrato anterior con su distrito para construir aviones de carga. Otro, de la Florida, condicionó su apoyo a que el Departamento de Estado lograra la extradición, desde México, de un individuo acusado de un crimen en Estados Unidos. Un representante más, de Georgia, dio su aprobación luego que el Departamento de Agricultura hizo gestiones con el objeto de imponer trabas a las importaciones de mantequilla de maní provenientes del Canadá. Hubo quienes hasta consiguieron favorecer a los fabricantes de escobas en sus jurisdicciones. Con este tipo de disparidades, en repetidas ocasiones cualquier congresista norteamericano se halló en capacidad de negociar sin que se tuviese en cuenta al sumiso gobierno mexicano. En resumidas cuentas el mercado de México abrió más sus fronteras a las mercaderías estadinenses, mientras la Casa Blanca insistía en las medidas proteccionistas.

El Tratado de Libre Comercio puede ser resumido en unas pocas tesis.

Primero: no es tanto un tratado de “libre comercio” sino más bien de libre inversión, pues, desde hace varios años se hallan casi eliminadas las tarifas de México sobre productos provenientes de Norteamérica. Lo que se abre por completo con el Nafta es el campo para la inversión de capitales de Estados Unidos en México, que son protegidos contra las nacionalizaciones y autorizados para usar partes norteamericanas.

Segundo: la libre inversión se ve limitada frente a terceros por un capítulo que establece las llamadas “reglas de origen”. Estas simplemente hacen que bienes provenientes de México, Estados Unidos o Canadá sean legalmente considerados como domésticos, no así los que procedan de Japón u otros países; para éstos se fijan restricciones. De esta forma se le dificulta al resto del mundo industrializado llevar tranquilamente sus mercaderías a México, o ensamblarlas allí y utilizar la patria de Cuauhtémoc como plataforma de exportación al mercado estadinense. Bien lo dice Mickey Kantor, importante delegado de Washington: “El libre comercio no existe, lo que existen son reglas del juego”. Ya las compañías de automóviles de Estados Unidos están anunciando planes para aumentar su inversión en los territorios de su vecino del sur. El gran perdedor será Japón, cuyos materiales para la producción de automóviles serán considerados “no domésticos”, a menos que los compre a compañías gringas. El único resquicio se presenta en la producción de camiones y camionetas cuyas exportaciones desde México no tienen controles. En cuanto a los demás automotores se previeron ciertas cortapisas para el envío a Estados Unidos. Una compañía japonesa ya establecida en México desde hace años, la Nissan, ha indicado que tratará de utilizar esta licencia para producir camiones de exportación a Estados Unidos.

Tercero: no es posible contemplar el tratado como un estímulo para el progreso del país azteca, ya que los planes y decisiones de las empresas norteamericanas que busquen establecerse allí van a basarse en los bajísimos salarios, que han extendido la miseria bajo el régimen de Salinas de Gortari. Sin pobreza no habrá inversión. No existe siquiera la posibilidad de que el capital foráneo conduzca a elevar el nivel de vida, ya que en realidad sólo un puñado de multinacionales estarán en capacidad de colocar grandes sumas. El aumento en el empleo será muy inferior a la aplastante pérdida de ocupaciones que ya se viene presentando merced a las medidas de privatización. Ahí está el ejemplo de Puerto Rico, donde las multinacionales norteamericanas han campeado a sus anchas por cincuenta años y la isla del encanto sigue siendo ni más ni menos un paupérrimo país del archipiélago antillano.

Cuarto: el nivel de vida de la clase obrera norteamericana será el más afectado por el TLC. Los grandes monopolios incrementarán en México la oferta de empleos y el conjunto de los trabajadores estadinenses se verá amenazado con la pérdida de sus puestos, a menos que cedan ante la presión por rebajar sus salarios y prestaciones. Debido a ello el movimiento obrero de Estados Unidos se ha opuesto radicalmente al tratado. Así que ni México se beneficia en forma significativa; y la masa trabajadora de Estados Unidos queda notoriamente perjudicada.

Quinto: el desplazamiento de mexicanos de sus tierras y la merma de la producción agrícola serán un hecho inexorable, una vez que el campo desprotegido se enfrente a la competencia de los poderosos consorcios de la agricultura gringa. El gobierno de Salinas ha jugado el destino de su pueblo a la ruleta rusa del mercado libre, es decir, al afán de ganancia de los pulpos económicos del Norte.

A nadie debería sorprender que las ideas de una imprevista rebelión armada encontraran eco en el sureño estado de Chiapas. En el transcurso de 1993 se registraron, a lo largo y ancho del país, numerosos movimientos de protesta por parte de campesinos abrumados de deudas, y que veían su futuro en peligro por la desaparición de los precios de garantía bajo el régimen salinista. En Chiapas, zona cafetera, la caída de las cotizaciones de sustentación había causado estragos severos en las condiciones de vida.

En los estados de Guerrero, Morelos y Michoacán, la exasperación rural provocó brotes de violencia contra las autoridades. Al menos cuatro pueblos protagonizaron sus Fuenteovejunas en 1993, pasando por las armas o linchando a representantes gubernamentales prepotentes y abusivos.

El Tratado de Libre Comercio le prohíbe a México participar, junto con otros países, en grupos que busquen proteger el precio internacional del café. Además, el predominio del latifundio, hecho que dio lugar a la revolución agrarista de Emiliano Zapata, es otra vez una realidad en el México de la apertura económica.

A pocos días de los choques violentos, un portavoz del Departamento de Estado afirmaba en Washington que no había conexión alguna entre el Nafta y lo ocurrido en Chiapas. ¿Estaría ciego o sordo? El primer comunicado emitido por los insurgentes indicaba que las repentinas acciones se debían en parte a que el Tratado de Libre Comercio era algo así como “la sentencia del muerte del territorio indígena”