PARA MÉXICO, EL NAFTA; PARA LOS PAÍSES POBRES, EL GATT

A mediados de diciembre concluyó la Ronda Uruguay del GATT. Al finalizar las discusiones, una emisora japonesa de televisión juzgaba así los resultados: en escala de 1 a 100, Estados Unidos obtenía 90, Europa 90 y Japón 70. Estados Unidos, porque mantuvo la potestad de aplicar castigos antidumping a su antojo. Europa, por la victoria francesa contra Hollywood. Y Japón, por haberse visto forzado a abrir el mercado del arroz. No se menciona para nada a los países pobres, los cuales, en la misma escala, a duras penas pasan de 0.

Durante las conversaciones de la Ronda, Estados Unidos y Europa se pusieron de acuerdo sobre cuestiones secundarias, para entrar después a imponerles el arreglo a los demás. Como afirmara sin ambages un miembro de la delegación norteamericana, “los que mandan son los que más mercado poseen”. Un estudio de la agencia religiosa Christian Aid indicaba que el acuerdo reducirá los mercados y el volumen de exportación de los países del Tercer Mundo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, publicó un análisis preliminar donde estima que, como resultado del acuerdo, la Comunidad Europea obtendrá adicionalmente unos 80.000 millones de dólares en exportaciones, mientras que África perderá 2.500 millones e Indonesia casi 2.000.

En cuanto a la agricultura, se ven muy pocas gestiones que permitan el acceso del Tercer Mundo a nuevos mercados. Ante esta situación el delegado brasileño Luis Felipe Palmeira, dijo que “además de que los alcances del acuerdo no llenaron las expectativas, habrá en el mercado un mayor número de exportaciones subsidiadas de los países desarrollados durante los próximos años, lo que nos costará puestos de trabajo y divisas”. La negociadora por Filipinas Lilia Bautista sostuvo: “Entre los dos (Estados Unidos y Europa) están decidiendo el destino del mundo entero. En el transcurso de toda la Ronda nosotros hemos sido los generosos”.

En el sector de los textiles, el acuerdo multifibras se prorroga y sólo se plantea su gradual eliminación… ¡en quince años! En lo que a la propiedad intelectual se refiere, Europa y Estados Unidos aumentaron los controles y presiones sobre la utilización de tecnologías, pagos de regalías, etcétera, fortaleciendo la tendencia hacia el monopolio tecnológico de la informática y de la biotecnología en manos de un puñado de países ricos. Se dieron, desde luego, toda una serie de exclusiones para que el pacto no se fuera al traste: europeos y gringos decidieron no hablar de servicios financieros, ni meterse en la cuestión de los subsidios a las compañías fabricantes de aviones jet para pasajeros.

El tratado no le convino mucho a Japón, que no participó y que continúa enfrascado en un violento pleito con Estados Unidos sobre el mercado de los chips para computadores. Apenas terminada la Ronda, el delegado de Estados Unidos, míster Kantor, amenazó al Japón con severas sanciones a menos que la nación nipona cumpliera la promesa hecha de garantizar el 20% de su mercado interno para los chips producidos en Gringolandia.

En Londres investigadores del Gatt Proyect estiman que la Ronda Uruguay acabará por acelerar el desplazamiento de empleos de Europa a otras regiones de bajos salarios. En Inglaterra, durante los años de 1992 y 1993, las mil mayores empresas eliminaron más de millón y medio de empleos. En Alemania se prevé que una de cada tres compañías plantea transferir parte de sus operaciones al Este de Europa y al Asia, mientras el paro en la Comunidad Europea ronda por el 10%, lo que equivale a unos 20 millones de cesantes.

Para el consumo doméstico la gran prensa norteamericana se mostró poco satisfecha: The New York Times calificó los resultados de la Ronda como un “éxito limitado”. El más conservador Christian Science Monitor sacó en conclusión que “se había evitado una guerra comercial”. En resumidas cuentas, no se acordó mayor cosa. Y en cuanto a reglas y mecanismos, todo sigue igual: Estados Unidos continúa esgrimiendo el argumento de la fuerza para salirse con la suya mediante prácticas retaliatorias y vendettas comerciales, en defensa de su propia producción. ¡Y ay del gobierno latinoamericano que ose pagar con la misma moneda!

Nafta y el GATT representan un paso adelante en el férreo dominio de los grandes conglomerados, en especial de los dedicados al comercio de importación-exportación, como Cargill Procter and Gamble, etc. Se lanzó a los pueblos débiles a competir unos con otros a ver cual es el que termina envileciendo más los salarios y las condiciones de vida.

¿Qué es el GATT?
Finalizada la Segunda Guerra se fundan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dos organismos encargados de regir los destinos financieros del globo y que terminaron bajo el control directo de Washington. Había surgido una nueva hegemonía, la norteamericana.

En materia de comercio internacional se creó una especie de conferencia flotante, con débiles poderes, ocupada en tratar de reducir las barreras tarifarías a los productos manufacturados. No se olvide que en la crisis de los treintas se había desatado una encarnizada guerra proteccionista entre Japón, Alemania y Estados Unidos. La conferencia, denominada GATT, se encaminaría a impedir que aquello no volviera a pasar.

En sus cuatro décadas y pico de vida el GATT ha adelantado sus gestiones a través de varias rondas. La última de éstas, conocida como Ronda Uruguay, comenzó en 1986.

Entre los temas que se barajaron en la Ronda Uruguay hay que destacar cuatro: la extensión de las normas a la agricultura, a los servicios (comprendidos los bancarios) y a los textiles; las exigencias a los pueblos débiles en materia del medio ambiente, la seguridad física y la salud pública, incluso con mengua de sus derechos nacionales; la creación de reglas especiales para la “propiedad intelectual”, que favorecen ante todo a Estados Unidos, y la formación de la Organización Mundial del Comercio, OMC.

Las enormes dificultades por que atraviesa el GATT se originan en el empeño que muestran los tres grandes bloques mundiales que defienden a muerte sus mercados y colonias. Estados Unidos exige terminar con los subsidios pero no tiene ningún reato en fijar cuotas a los textiles y entorpecer la entrada de flores, azúcar y otros productos del exterior. Japón persiste en proteger su industria automotriz y de microcomputadores. Francia ha recibido la solidaridad de Europa, con excepción de Inglaterra, en la lucha contra los Estados Unidos en relación con las oleaginosas. La Comunidad Económica Europea restringe sus fronteras al banano latinoamericano. Todo esto, más el creciente descontento de los trabajadores europeos, sirvió de marco a las últimas reuniones de la Ronda Uruguay tras siete años de continuos forcejeos. El resultado, reducción del 21% de las exportaciones subsidiadas en un plazo de seis años.

Con el lema del “libre comercio” lo que se está planteando apunta a minar la capacidad de cada nación de producir su propia comida. Por ello, en los países donde tales secuelas se vislumbran, los sectores a los que les va a tocar sufrirlas han lanzado protestas airadas. En Francia decenas de miles de agricultores salen a las calles para resistirse a que sean arruinadas sus fincas, cultivadas durante siglos. En Bélgica se organizan manifestaciones en tractores para rechazar los cambios sugeridos en la Ronda Uruguay. En Holanda arrojan al pavimento toneladas de verduras frescas con el fin de demostrar su profundo desacuerdo. Lo propio ocurre en Japón.

Con respecto a las cuestiones ambientales, de seguridad física y de salud pública, en las últimas dos décadas ciertos países han aprobado leyes que protegen a los consumidores y defienden el entorno contra las plagas de contaminación, los pesticidas, etc. En la Ronda Uruguay hay quienes sostuvieron que dichas disposiciones constituían formas de “competencia desleal”, y por ende habían de ser suprimidas.

¿Cómo repercute lo anterior en la práctica? Tomemos un caso. Japón, que ha conseguido mantener a flote a sus arroceros alegando con razón que el grano importado de Estados Unidos contiene grandes dosis de pesticidas, no podrá esgrimir este argumento sopena de ser sancionado.

La eliminación de esas restricciones se basa en los criterios de una oscura organización con sede en Roma, llamada Codex Alimentarius, que no es otra cosa que “pata de cabra” de las multinacionales. Los estándares aplicados por ella en materia de pesticidas, aditivos y químicos son mucho más laxos que los generalmente aprobados por las leyes nacionales en buena parte del mundo. Verbigracia, en el caso de agente tan carcinógeno como DDT, el Codex Alimentara autoriza un nivel de residuos cincuenta veces mayor que el permisible en Estados Unidos. En cuanto al heptacloro, un peligroso pesticida, tolera una medida cincuenta veces mayor que la existente en aquel país. Lo que se persigue entonces es imponer un mínimo común denominador, bajo el eufemismo de la “armonización”.

El tercer tema, el del afianzamiento de medidas para proteger la “propiedad intelectual”, se refiere a una serie de disposiciones que les otorga a las multinacionales de Estados Unidos un control efectivo sobre patentes y licencias en los ramos de la biotecnología, especialmente semillas y drogas, software y otros. La International Trade Commission de Estados Unidos ha estimado que al ponerse en vigor las reglas promovidas por la delegación gringa, ese país podría recibir por licencias y patentes uno 61 mil millones de dólares anuales, a costa de los países del Tercer Mundo; suma que supera a 1a que éstos pagan por el servicio de la deuda externa.

Todos los objetivos que perseguían los yanquis y sus amigos se llevarán a cabo mediante la creación de la Organización Mundial del Comercio, institución que sucederá al GATT a partir de 1995 y que contará con personería jurídica en cada uno de lo países miembros y con pleno poder para dirimir disputas y autorizar medidas de retaliación.

El carácter ampliamente favorable al dominio de los trusts sobre todo los de Estados Unidos, del que están saturadas las proposiciones de la Ronda Uruguay, ha provocado una enconada reacción de protesta. No sólo de los agricultores japoneses europeos, sino también de productores tan distantes como lo de África y Malasia, a los que se han venido sumando los consumidores en Europa y Estados Unidos, las organizaciones del medio ambiente y los sindicatos

ALÓ…ALÓ

Con este cuento, Ángel Galeano ganó el concurso nacional Carlos Castro Saavedra
Eran las tres de la mañana cuando sonó el teléfono. Mauricio Jaramillo se sintió atravesado por el corrientazo y en el sobresalto se aferró a la estilográfica.

¿A quién se le ocurría llamar a esa hora? Mil suposiciones se amontonaron en su cerebro golpeteándole las sienes. ¿Una mala noticia? El timbronazo trajo consigo los oscuros presentimientos de alguna desgracia que Mauricio creyó ver danzando sobre la noche como parca funesta.

La montonera de presagios le resecó la garganta y la lengua y los labios.

Como si tuviesen voluntad propia, sus ojos buscaron el aparato y cayeron sobre él, feroces. Mecanismo gris en cuya barriga los diez dígitos negros se veían aprisionados en círculos transparentes. No podía ser Zulma, su mujer, porque a pesar de la distancia se mantenían comunicados. Hacía varias semanas se había trasladado a los laboratorios de la Fundación para la Erradicación de la Malaria, a orillas del mar, con el fin de realizar una investigación por comisión de la universidad. No habían transcurrido más de seis horas desde que hablara con ella por teléfono y le oyera su deliciosa voz, cuya dulzura significaba para él la variante femenina de la fuerza. Al fondo, el rumoreo de las olas. La sintió alegre a pesar de la distancia, esa distancia enemiga que los separaba y a la vez les refrendaba su cercanía.

Después de la explosión en el puente le fue imposible conciliar el sueño. Sonó tan cerca el bombazo que los vidrios de la ventana vibraron. Se apresuró hasta el cuarto de la niña para tranquilizarla y luego telefoneó a Zulma para sosegarse los dos. Un alargado silbido quedó suspendido en el aire y la gente de los edificios colindantes al Estadio se asomaron a sus ventanas en silencio, como autómatas, comprobando la pesadilla pero sin despertarse. Y se agacharon a recoger los vidrios quebrados…

Por fortuna la niña se durmió pronto, inocente del juego letal. En cambio él abandonó la cama y dio vueltas y vueltas por el apartamento, hasta que decidió aprovechar el insomnio impuesto y se sentó en su estudio a escribirle una carta a Zulma.

Pronto cortarían el suministro de electricidad y debía apresurarse. Con el apagón el silencio se tornaba más espeso y evidente. De repente las cosas desaparecían y con ellas los sonidos. El monstruo devoraba todo lo existente, hasta los deseos de dormir. Al apagarse el foco del poste público, desaparecía la ventana con aquella cortina de flores estampadas que estimulaban su imaginación todas las noches antes de dormirse. Se esfumaban también las sombras rectangulares de las celosías y cesaba el baile de las flores sobre la pared. El techo de madera enlacada se perdía, lo mismo el cuadro del maestro Pedro Nel Gómez y las fotografías de Zulma con la niña en los trigales de Suesca.

La ausencia de Zulma se multiplicaba y él luchaba por recuperarla imaginándola concentrada en su trabajo frente al mar.

Chapoteaba en esas cavilaciones nostálgicas, cuando el teléfono sonó de nuevo, como si fuese otra maldita bomba, rebullendo la noche y patentizando aún más el silencio.

Sus manos, sin medirse, se abalanzan sobre el auricular…

Voz queda, para que la oyesen al otro lado de la línea y cauta, para no despertar la niña.

Era posible una broma, pero la voz de aquella mujer sonaba tan respetable y urgida, que por un instante recordó a su anciana madre. Así, cualquier posibilidad de chanza quedaba conjurada para empezar.

Sin embargo, Mauricio Jaramillo no era la clase de hombre que tragara entero y menos a esas alturas de la noche. Prestó mayor atención a su interlocutora, buscando indicios que echaran por tierra la respetabilidad ganada en el primer impacto. Esculcó la voz y sus alrededores, por si sonaba música o bulla propia de algún burdel. Podría tratarse de una prostituta borracha. Pero sólo escuchó la pausada voz femenina y su respiración lenta.

Dudó.

No era una broma, ni tampoco asunto de tragos. No quedaba otra cosa que una equivocación. Sucede a menudo. Se entrecruzan las líneas o sencillamente se confunden números al marcar. Le preguntó qué necesitaba y ella le contestó que hablar con él.

Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Él no quiso decir su nombre ni tampoco repetir el número marcado. Le dijo que se había equivocado, pero ella respondió con firmeza que no y que aunque no se conocían necesitaba hablar con él.

Mauricio Jaramillo sintió afán de colgar el teléfono. ¡Qué tontería! Pronto cortarían la electricidad y aquella mujer desconocida y extraña le quitaba el tiempo. La carta para Zulma iba por la mitad y él tenía vivos deseos de conversar con su mujer. Asumía el hecho de escribir como un acto de conversación. Contarle cómo iba la niña en el colegio y cuánto la extrañaba. Era tan hermoso escribirle. Sentía como si la tuviese frente y se susurraran intimidades y confesiones represadas. Pero aquella señora se entrometía. Lo mejor sería colgar el teléfono, desconectarlo si fuese necesario y san-se-acabó.

La mujer le suplicó que no lo hiciera “Por lo que más quiere en el mundo –le imploró- no cuelgue”.

Mauricio Jaramillo no hallaba qué hacer. Lo conmovían aquellas palabras. De nuevo, la imagen de su anciana madre cruzó como rayo ante sus ojos. Aquella mujer poseía el don de un puente, no había duda Algo en su súplica lo denotaba. Quizás tenía el cabello blanco, recogido en moño sobre la nuca. Le pareció ver sus manos temblorosas. Dedos alargados, finos, nerviosos, enredándose y desenredándose en el cable teléfono. La imaginó sentada en un sillón de cuero, con los pies enchinetados, subidos sobre un camafeo aterciopelado. Tal vez una bufanda de lana alrededor del cuello… Suplicaba pero sin debilitar su voz. Con dignidad. ¿Cómo decirle no a una mujer así? Obligaba atenderla, so pena de ser desalmado y Mauricio Jaramillo tenía todo, menos de cruel y despiadado.

Si desdeñaba repetir el número que Mauricio esperaba oírle decir, para dar por terminado el asunto con un triunfante “se equivoco”; despreciaba decir su nombre y aposta ni le interesaba el de él; si, en cambio de excusarse pedía, a su manera, un minuto para conversar… entonces, ¿qué quería?

Se lo preguntó escuetamente y ella le respondió más directa aún: “Sólo quiero conversar”. Tres palabras que lo desarmaban y despertaban en él cierta mezcla de curiosidad y simpatía.

Miraba la estilográfica aprisionada entre sus dedos y le pareció que lo invitaba a continuar escribiendo. Pensaba en la carta de Zulma… Pensaba en Zulma. Pronto caería la penumbra. A lo mejor estallaría otra bomba… Nadie lo sabía. La incertidumbre galopaba por la ciudad sin tasa ni medida. Y en medio de ese mare mágnum sonaba la voz de aquella mujer desconocida jalonándolo, convidándolo a dejarse llevar en una conversación aventurada…

Pedía un minuto.

Al fin y al cabo ya había interrumpido su carta y sólo pedía un minuto. Mauricio Jaramillo arrió banderas y dejó la estilográfica sobre la hoja medio escrita. Sirvió café del termo y vio ascender el vapor caliente. Se saboreó. Así le gustaba el café.

“Gracias. Algo me decía que con usted se podría hablar. Porque lo único que quiero es eso: conversar y que me conversen… Verá, soy casi una anciana y ya nadie vive conmigo. Pasan días enteros, semanas, ¿sabe? y nadie habla conmigo. Y ahora, en este infierno de bombas y apagones, siento necesidad incontrolada de conversar con alguien… Debe ser miedo. ¿Usted qué cree? Claro que no me siento acobardada. Muy adentro me veo tranquila, ¿sabe? Esto debe ser una especie de miedo, a lo mejor muy antiguo, pero para mí es nuevo, que nunca había experimentado… Me hace falta hablar con alguien. De vez en cuando leo los trozos de La Vorágine, para reconfortarme. Y algo de Cumbres Borrascosas, pero mis ojos ya no dan la medida. Se cansan muy rápido. A veces trato de amortiguar la necesidad hablando sola, conmigo misma, pero no basta, ¿sabe? Hablo con las bifloras y las chafleras, pero no es lo mismo. Empieza una a creer que se está enloqueciendo de veras. En esos momentos es cuando marco un número telefónico cualquiera, al azar. Busco un pretexto para entablar conversación, pero… ¿sabe? me cuelgan el teléfono. La mayoría lo hace. Me dejan hablando sola… ¿Aló?, ¿sigue usted ahí?… ¿aló?…”

Mauricio Jaramillo sintió vergüenza. ¿Cómo era posible que por su cabeza hubiese pasado la idea de colgar el teléfono? Aquella mujer lo empezaba a conmover.

Se comparó. Así como él deseaba conversar con Zulma así mismo aquella mujer solitaria buscaba comunicación con alguien. ¿Por qué negárselo? ¿Qué derecho tenía él de privarla por un minuto de hablar?… ¿O dos, o tres?…

“Uf, que alivio, Dios mío. Por un instante creí que usted me había traicionado también. Hay gente que no cuelga pero se pone a hacer otra cosa y deja descolgado el teléfono o se duerme y me dejan con la palabra en la boca. Algo me decía que usted no era como los demás hombres. Sí, por su voz, ¿sabe? He aprendido a diferenciar las voces y a saberlas amistosas u odiosas. Hay unas más solitarias que la mía. Lo sé. Tienen un dejo triste que largan en cada frase. Suenan amargas, como si cargaran una horrible tonelada de penas. Eso me subleva, ¿sabe? Siento grandes deseos de animarlos… Sobre todo cuando son jóvenes. Fíjese, los llamo para alimentarme el alma y termino dando ánimos… Pero muchos no me entienden y puede más su corrosión y cuelgan… Bueno, pero no se trata de que yo sea la única que hable, ¿verdad? Dígame algo, algo de usted…”

Mauricio Jaramillo no supo qué responder. Estaba sorprendido. La imagen de aquella anciana crecía en fortaleza.

“Continúe hablando”, le pidió y ella le respondió que la halagaba al decirle eso, pero que quería oírlo a él también. Le preguntó si era casado y si tenía hijos. “Una hija y la quiero mucho”.

Fue cuando la anciana le martilló la cabeza diciéndole que hiciera como si no la tuviera. “Es terrible lo que usted me pide. ¿Por qué habría de ignorar a mi propia hija?” Con voz tranquila, la anciana le replicó que hablaba así para que él comprendiese mejor la situación por la que atravesaba ella.

“¿Sabe cuántos hijos tengo? Cinco: cuatro hombres y una mujer. Y sin embargo, estoy sola, llamándolo a usted a esta hora… No demoran en quitar la luz… Aguarde un momento, tengo que ir a revisar que la puerta esté bien cerrada. No cuelgue. Ya regreso…”

Mauricio Jaramillo la oyó alejarse. Eran pasos desiguales, lentos. Como si arrastrara uno de los pies. Por un instante silencio total y luego, de nuevo, los pasos acercándose.

“¿Aló?… Sabía que podría confiar en usted, que no colgaría. ¿Puedo pedirle un favor especial?… No se preocupe. Es sencillo para usted, lo sé. Le queda fácil… Gracias de nuevo… Lo que quiero pedirle es que cuando se vaya la luz no cuelgue, ¡por favor!… Y si estalla otra bomba tampoco. ¿Sí? No me deje sola. Gracias. Es terrible estar sola, mejor dicho, sentirse sola. Y fíjese, con cinco hijos. Pero todos se han marchado ya. Han tomado cada uno su propio camino y me he quedado sola… Es la vida. Sabía que eso sucedería algún día, pero es difícil vivirlo. No somos dueños de los hijos, ni de nadie… ¿Aló?… ¿Oiga?… ¿Me escucha?…”

Sí, claro que la escuchaba. Mauricio Jaramillo quiso saber dónde vivía y cuál era su nombre. Un creciente interés se iba apoderando de él. Pero la anciana empezaba a dar muestras de fatiga y la sola idea de que colgara lo inquietó. Ahora los papeles se invertían. El temor rondaba a Mauricio. Para evitar la desconexión le pidió el número telefónico. Empezó a dictárselo, pero mostró duda en el cuarto número. Mientras ella fue por la libreta para cerciorarse, Mauricio Jaramillo aprestó la estilográfica de nuevo. Oyó cuando la anciana caminó pesadamente, cojeando, y luego cuando abrió un cajón. Mauricio imaginó un nochero de madera pulida. La anciana cerró el cajón y rengueó de nuevo. Pasos desiguales acercándose… A Mauricio le parecía verla arrastrando un pie…

Sí, la llamaría después. Quizás al día siguiente. ¿Qué tanto era una llamada? Para ella significaba compañía. Cuántas personas de esa edad estarían en las mismas… Sí, la llamaría a la noche siguiente y la saludaría y le comentaría cualquier cosa… Valía la pena…

De repente. Mauricio sintió como si le pegasen un puñetazo en el oído… Dos segundos después, el terrible eco de una explosión llegó hasta su balcón y luego quedó todo a oscuras… y en silencio.

SIGUE DETENIDO JAVIER ZAPATA

Se mantiene la persecución contra Javier Zapata, miembro del Comité Regional de nuestro Partido en Sucre. Javier cumplió 13 meses de estar preso en la Cárcel Nacional de Sincelejo el pasado 15 de febrero.

Después de más de un año, la Fiscalía, por fin, se ha decidido a solicitar las pruebas pertinentes. Aunque tal providencia fuera requerida el 19 de diciembre, el expediente apenas llegó a Sincelejo el 15 de febrero. Exigimos una vez más su libertad inmediata.

IMPORTANTES ALIANZAS EN LA COSTA ATLÁNTICA

En Atlántico con Ernesto Certaín; Bolivar, con Alvaro Bennedetti, con Mauro Tapias
Jorge Santos y Marcelo Torres visitaron la Costa entre el 29 de noviembre y el 4 de diciembre, presidiendo importantes concentraciones.

En sus dos visitas a la capital del Magdalena, Santos realizó masivos encuentros en el Centro Vacacional Bellavista y la Universidad del Magdalena. Sus discursos fueron transmitidos por Radio Galeón.

En Sincelejo, el 4 de diciembre, los candidatos de la resistencia civil exigieron la inmediata libertad del camarada Javier Zapata, a quien expresaron personalmente su solidaridad.

En Cartagena, centenares de militantes y amigos llenaron el auditorio de la Asamblea Departamental. En la mesa directiva se hallaban, además de los candidatos al Senado, Alberto Herrera, secretario del Regional; Luis Carlos Fuentes, presidente del Sindicato único de Educadores de Bolívar, Sudeb, y candidato al Concejo de Cartagena; Fredy Bolívar, candidato a la Asamblea Departamental; y Auri Sará y Candelario Jimenéz presidente y vicepresidente de la USO.

Más de cien dirigentes obreros de Bolívar firmaron una declaración en que hacen público su respaldo a la candidatura de Santos. La suscriben los miembros del comité ejecutivo de Utradebol, con su presidente, Antonio Cantillo Bustillo, y los compañeros Raúl Pérez, Arquímedes Barrios, José Luis Esquivia, Gregorio Gómez, Carlos Carrascal, Inalides Castro,. Rangel Ortega, Gustavo Ariza y Genrardo Collazos. Además, por Sudeb, los directivos Medardo Hernández, Amanda Gordon de A., Luis A. Mendoza y Yaneth Meléndez, y los presidentes de Sintrenal, Arnoldo Ariza; de Sindimúsica, JairoBernett; de Sintrapetrocol, Luis Pájaro; de Sintracreditario, José Arlex Arias, y de Anebre, Rafael Ortiz, entre muchos otros.

En las listas para la Cámara, el MOIR llegó a un acuerdo con el representante y dirigente del Movimiento Caribe Liberal, Alvaro Benedetti Vargas, sobre la base de: «1. La defensa incondicional de la producción nacional y el rechazo a la actual política de apertura económica. (…)

«2. Defender el derecho al trabajo y combatir la política llamada de “modernización del Estado”, la cual ha traído consigo el despido de más de 50 mil empleados públicos y la liquidación y subasta de decenas de empresas estatales.

«3. Defender la soberanía nacional y oponerse a la presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio patrio.» (…)

En Barranquilla presidieron una multitudinaria asamblea, en compañía de Jorge de Oro, Néstar de Ferrer y Rafael Osorio, dirigentes regionales del MOIR, a la que concurrieron Ernesto Certain, dirigente del Bloque Independiente Liberal del Atlántico, José Palacio, presidente de la Unión de Trabajadores del Atlántico, Utral, filial de la CGTD, y otras importantes personalidades del movimiento sindical. Efraín Castro y Emiliano Ospina, veteranos dirigentes obreros, se sumaron a las fuerzas comprometidas en la campaña.

Los siguientes son apartes de la Declaración Política:

«El Bloque Independiente Liberal del Atlántico, BILA; el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, el Movimiento Liberal Autónomo, han decidido apoyar la candidatura a la Cámara de Representantes del doctor José Antonio Llinás Redondo, 24 en el tarjetón electoral, al encontrar plena coincidencia en puntos programáticos cruciales para el desarrollo del país, tales como: lo. Defensa de la soberanía nacional. 2o. Defensa de la producción nacional. 3o. Defensa de los intereses de los trabajadores y el pueblo colombiano.

«Los firmantes de este acuerdo rechazamos la política de apertura económica indiscriminada».

En Valledapar, el Movimiento de Renovación Liberal, MRL, y el MOIR sellaron, un acuerdo para llevar a la Cámara de Representantes a sus dirigentes Mauro Tapias Delgado y Aldo Cadena, presidente de Sindess. Ambas fuerzas coincidieron en “denunciar los efectos negativos para el país provenientes de la aplicación indiscriminada del modelo económico neoliberal”.

FESTRALVA, FILIAL DE CTC, RESPALDA A SANTOS

En el valle
FESTRALVA, FILIAL DE CTC, RESPALDA A SANTOS
La Federación Sindical de Trabajadores Libres del Valle, Festralva, filial de la CTC, en reunión de su comité ejecutivo realizada el 10 de febrero, resolvió respaldar la candidatura al Senado de Jorge Santos Núñez. La decisión adoptada por la federación fue previamente aútorizada por un Congreso,que acordó vincularse a la lucha política con candidatos obreros y populares que le permitan al movimiento proyectarse más a los problemas de la comunidad y la nación, a la vez que oxigenar la bicha sindical.

Ya desde las pasadas elecciones, conjuntamente con el Movimiento Liberal Social demócrata, que en Buenaventura dirige Fredy Salas Guaitotó, más los sindicatos de la entonces Utraval y el MOIR, Festralva participo en las elecciones y ayudó a elegir a Fredy Salas a la Asamblea Departamental.

Para la Cámara, Festralva está respaldando la lista de negritudes que encabeza Edgar Roberto Carabalí y que lleva en segundo renglón al dirigente del MOIR y concejal de Puerto Tejada, Adolfo Tigreros.

Para el Senado siempre estuvo en mente la candidatura de Jorge Santos, quién finalmente fue acogido el 10 de febrero.

EN PEREIRA COMENZÓ GIRA NACIONAL

José Ramón López Gómez

En Pereira, el 16 de noviembre, arrancó la gira nacional de Jorge Santos y Marcelo Torres, secundados por Aurelio Suárez y Jorge Robledo, secretarios del MOIR en Risaralda y Caldas, y por los dirigentes regionales Gonzalo Arango, Jaime Hernández y Oscar Gutiérrez.

Los candidatos se reunieron con dirigentes sindicales de la CGTD, el ISS, el Ingenio Risaralda, La Rosa, Hilos Cadena y otras empresas. La visita culminó en la noche con un nutrido homenaje del Comité Regional, durante el cual Aurelio Suárez dijo: “La candidatura de Jorge Santos encarna la posición del proletariado como solución a la crisis irreversible en la cual los heliotropos del nuevo país han sumido a la sociedad colombiana”.

Ramón Paba, a la Cámara por el BDR en Norte de Santander
El 29 de enero se formalizó en Cúcuta la alianza entre la Anapo, la AD-M19 Línea Pizarrista y el MOIR, para conformar el Bloque Democrático Regional. Previa identificación de principios y normas de funcionamiento, acordaron respaldar la candidatura de Ramón Paba a la Cámara de Norte de Santander, número 035 en el tarjetón.

Las tres fuerzas se han propuesto recoger el creciente descontento que contra la apertura reina entre los más diversos sectores. “Los cultivos de arroz -dijo Rosalba Bonilla, presidenta del comando departamental- disminuyeron de 20 mil hectáreas a 13 mil. En idéntica situación se encuentran los tabacaleros”.

Con relación al Senado, se hizo claridad que la Anapo y el M-19 Pizarrista apoyan a Samuel Moreno, en tanto que el MOIR trabaja por el expresidente de la U S O, Jorge Santos Núñez.

Decidieron además respaldar la candidatura de la AD-M19 Pizarrista a la Asamblea Departamental en cabeza de su directora Rosalba Bonilla B.; la candidatura de la Anapo al Concejo de Cúcuta en el nombre del señor Rafael Darío Yáñez, con el segundo renglón del secretario regional del MOIR, Rafael Espinel.

En Cali
En Cali, el 29 de noviembre, Jorge Santos y Marcelo Torres fueron saludados por un importante núcleo de dirigentes. Figuran entre ellos Alfonso Vargas, del comité ejecutivo de la CGTD; Javier Gutiérrez, presidente de Festralva y fiscal de la CTC; Carlos Uchima, de Sittelecom; Jairo Arana, presidente del Concejo de Miranda, Cauca; Adolfo Tigreros, concejal de Puerto Tejada, y Henry Ruiz Tose, concejal de Popayán. El multitudinario encuentro fue organizado por Germán Patiño, secretario del Regional, y por Jorge Gamboa y Jairo Galvis, dirigentes de la Comisión Obrera.

En Pasto, al acto electoral en el Hotel Agualongo, convocado por Rafael Palacios, secretario del Regional, asistieron como invitados especiales Alfredo Jurado Mesías, candidato a la alcaldía, Eduardo Albornoz Jurado, a la gobernación; Guillermo Romo, presidente del Concejo de Pasto, y la dirigente campesina Gloria.

DIRIGENTES OBREROS CON LAS CANDIDATURAS DEL MOIR Y EL BDR

En Antioquia

En el Salón Quimbaya del Hotel Nutibara, los trabajadores antioqueños ratificaron el 18 de noviembre su entusiasta respaldo a los candidatos revolucionarios. Ante medio millar de personas, que vivaron a Jorge Santos, Marcelo Torres y Eberto López, los dirigentes corearon las consignas de la resistencia civil contra la dominación norteamericana y contra el gobierno de Gaviria, el más entreguista de la historia.

La reunión estuvo encabezada por Mario Hernández, secretario del MOIR en Antioquia, y Felipe Mora, del Comité Ejecutivo Central; Antonio López y Jorge Aristizábal, dirigentes regionales, y Jesús Hernández, presidente del sindicato de Vicuña; Gerardo Gutiérrez, presidente de la seccional de Sittelecom; Henry Vélez, presidente de la seccional de ACEB; Albeiro Franco, presidente de la Unión de Trabajadores Bananeros, Utraiban; Germán Restrepo, presidente del sindicato de Empaques; Julio Bonilla, presidente del sindicato del Metro de Medellín; Gerardo Sánchez, presidente del sindicato de Textiles Rionegro; Rubén Holguín, presidente del sindicato de la Industria Química; Jairo Gutiérrez, presidente del sindicato de los Sanandresitos; Carlos Mario Cano, presidente del sindicato de Solla; Alfonso Berrio, vicepresidente de la Asociación de Institutores de Antioquia, Adida, y Octaviano Acosta, presidente del sindicato de la Industria Ladrillera. Se hizo presente el compañero Arturo Rojas, padre de Rodrigo Rojas Acosta, dirigente del MOIR y la USO recientemente asesinado en Barranca.

Estuvieron además en la mesa directiva Libardo Botero, coordinador de Cedetrabajo en el departamento; Jorge Gómez, coordinador de la Unidad Cafetera Gonzalo Mejía, presidente de la Acción Comunal de Itagüí; Ernesto Jaramillo, directivo de la misma entidad; y Vasilio Calasanz, dirigente de la JUPA.

“Gaviria es un traidor a la patria que ocupa de manera deshonrosa el solio de Bolívar -denunció el candidato al Senado- y está rodeado de una camarilla contraria al interés de la nación. Es la hora en que el pueblo colombiano debe unirse en defensa de la dignidad pisoteada. Es la hora de la resistencia civil”.

MI CANDIDATURA AL SERVICIO DEL PUEBLO

Apartes del discurso de Santos
Saludo muy complacido la presencia de ustedes en esta noche memorable. La de destacados lideres del movimiento obrero; parlamentarios, diputados y concejales de diferentes fuerzas políticas, de los vendedores ambulantes, indígenas, delegados de los barrios, la juventud, los intelectuales y la de muchos otros sectores de Bogotá y el resto del país, que imprime a este acto un vigoroso carácter popular y una incuestionable representatividad.

Particularmente grata me resulta la nutrida presencia de mis compañeros del Bloque Democrático Regional de Barrancabermeja.

Cuando el gobierno de Gaviria entra en su fase final, para buena parte de los colombianos es claro que la raíz de tanto desastre es la nefasta política de apertura económica.

La crisis agropecuaria nacional habla por sí sola. La drástica disminución de la superficie sembrada no es una consecuencia del clima y de la baja de los precios internacionales, como quiso hacerlo ver el gobierno. Pues fue por decisión oficial que se desprotegió al sector rural para importar trigo, arroz, soya, leche en polvo, pollos y otros productos del agro. Así, entraron más de dos millones de toneladas de alimentos y materias primas agrícolas, una cantidad sin precedentes. Las importaciones de carne, lejos de mejorar la dieta del común, asestaron los últimos golpes al hato ganadero. Los muslos “pichos” de los pollos gringos no sólo arruinan la avicultura sino que intoxican a las gentes. Contra toda evidencia se sostuvo que la competencia extranjera estimulaba la producción nativa; la realidad es que los países ricos nos venden subsidiados sus excedentes, mientras se quiebra a los cultivadores colombianos.

La libertad de importaciones golpeó también a la industria nacional. Los textiles, los cigarrillos, los cueros, las confecciones, el calzado, la metalmecánica, entre otras ramas, sufren reveses por el aumento de los artículos foráneos que ingresan de contrabando con la venia de las autoridades. Álcalis de Colombia sucumbió por la desprotección oficial ante la competencia extranjera. La importación de sal no deja de ser un cruel sarcasmo en un país con abundantes salinas que se cierran o desmejoran a ojos vistas.

Después de tres años de soportar las ventas crecientes de mercancías extranjeras en nuestro mercado, se padecen reducciones de personal, cierres de empresas o su conversión en importadoras. El auge de las exportaciones, otro de los mágicos resultados anunciado por los defensores de la apertura, nunca llegó.
El recorte de las mismas ha sido brusco y significativo en su valor y volumen. La primera víctima de la oleada librecambista fue la economía cafetera; con el desplome del pacto mundial del café, por voluntad de Estados Unidos, y el consiguiente descenso de los precios, más de trescientas mil familias se hallan al borde del colapso y una buena porción ya ha caído en él. En seguida se desplomaron los precios del algodón; las praderas antes animadas por el vaivén de las motas blancas ahora languidecen por el drama de miles de brazos desocupados. La Comunidad Económica Europea restringió drásticamente las exportaciones de banano de Latinoamérica. Cuotas, disposiciones sanitarias, reglamentos obstruccionistas, aduanas infranqueables y mil trabas más se levantan contra los textiles, flores y en general contra nuestros productos en los ámbitos norteamericanos y europeos. A tiempo que los emporios industriales gozan de entera libertad para invadirnos con sus mercaderías, nos venden las suyas subvencionadas, las introducen de contrabando o a precios de dumping. El gobierno gavirista, por el contrario, libera las importaciones y priva de subsidios a nuestras exportaciones. Con razón se ha calificado esta apertura como de una sola vía. Definitivamente, hay que ser un mendaz propagandista del interés foráneo para decir, como lo hiciera el jefe de la Casa de Nariño en reciente artículo pagado en The New York Times, que el libre comercio es bueno porque varios estados de la Unión Americana han aumentado en cuatro o diez veces sus exportaciones hacia la desvalida Colombia.
La política de debilitar nuestra empresa estatal de petróleos, acentuada durante la administración Barco, prosiguió a todo timbal. Exportamos 300 mil barriles diarios de crudo pero a pesar de ello importamos 30 mil barriles, también diarios, de gasolina. Tenemos la materia prima, los obreros y el personal técnico pero el gobierno prefiere que prosiga año tras año el desangre de pagar en dólares, a precios internacionales, gasolina importada, que nos venden las multinacionales, en vez de construir otra refinería. A la legua se ve el ánimo de favorecer a las empresas petroleras foráneas, la traición al interés nacional. Lo gastado en los últimos años en gasolina importada habría bastado para construir más de una refinería. No sólo se han frenado los programas de expansión de Ecopetrol sino que se la exprime inmisericordemente con impuestos y transferencias de sus utilidades a otros sectores oficiales. En 1982, unos ingenieros y técnicos sabían que estaban a punto de anunciar el hallazgo del gran yacimiento de Cusiana, pero entonces, el antiguo presidente de Ecopetrol, José Fernando Isaza, les negó todo recurso. Este viajó a Estados Unidos donde al poco tiempo firmó el respectivo contrato de asociación con la Triton que recibió así, a cambio de nada, una verdadera gallina de los huevos de oro. Bajo el infame régimen que impera entre nosotros, hombres valiosos y patrióticos como Francisco Chona, son relegados por defender la expansión de la empresa estatal del petróleo, pero los Isazas, fletados por las multinacionales, son celebrados y promovidos por entregar los intereses de la nación. Ahora se habla de “cusianización” de la economía y no son pocos quienes creen que pronto nadaremos en la abundancia. Pero no se repara en los alarmantes anuncios oficiales hechos con la mayor frescura. Los miles de millones de dólares que se espera de los nuevos yacimientos se emplearán, parte para pagar deuda externa por anticipado y parte para mantenerlos congelados en un fondo extranjero. No se piensa en lo que indica el sentido común y el interés nacional: aumentar las inversiones estatales en la industria petrolera que nos independicen de las multinacionales; invertir en otras áreas productivas; crear una eficiente refinería; comprar tecnología avanzada, y emprender programas de capacitación del más alto nivel para nuestros técnicos y trabajadores.
Pero quizá lo más regresivo sea la política oficial de privatizaciones. Así, se ha reducido considerablemente el tamaño Estado, o simplemente se ha previsto la venta de una larga lista de sus entidades: Ferrocarriles nacionales, Colpuertos, la Flota mercante, Álcalis, el Banco Cafetero el Sena, el Ica, el Inscredial, Telecom, Caja Agraria e incluso Ecopetrol, algunas de ellas las empresas más rentables e importantes del Estado. Unas y otras se entregan al gran capital financiero, lo cual trae consigo el deterioro “notable de las condiciones, de vida del pueblo, especialmente en materia de salud, educación y asistencia social.

La administración Gaviria pasará a la historia como uno los gobiernos más antiobreros del país. Su reaccionaria reforma laboral arremetió contra la estabilidad y abrió paso a la generalización del trabajo temporal arrebató la retroactividad de las cesantías, creó obstáculos al sindicalismo de industria, a la negociación colectiva y a la huelga, y estableció condiciones para desmejorar los salarios y prestaciones. La ley de seguridad social empeoró las cosas al aumentar edad y los aportes requeridos para la jubilación, al tiempo que disminuye el porcentaje de salario base para recibirla. Invariablemente, los paros de los trabajadores son declarados ilegales.

El régimen se ufana de la interminable lista de nuevos derechos de la Constitución gavirista pero en la práctica aumentaron los instrumentos represivos: una Fiscalía General y un código penal

En el nuevo orden constitucional, muchas esperanzas suscitó el situado fiscal y las transferencias a los departamentos y municipios en materia de educación básica y salud. Pronto se reveló como un disfraz de la nueva filosofía oficial: el verdadero objetivo consiste en que dentro de unos años, departamentos y municipios deberán encargarse de la totalidad de dichos gastos. Así ejecuta el gobierno de Gaviria el mandato del FMI sobre “presupuesto equilibrado”, que ordena reducir sustancialmente las erogaciones del Estado en materia social, con vistas a utilizar de preferencia los fondos públicos en el pago de deuda externa y para cubrir los aportes oficiales a las inversiones extranjeras.

Quizá el aspecto más publicitado del llamado “revolcón” ha sido la supuesta lucha contra el clientelismo y la corrupción de la clase política. Mas lo cierto es que Gaviria los ha instituido en una proporción que supera todo lo anterior. Ahora se emplean miles de millones no sólo para sobornar al Congreso sino para reclutar nuevos cuadros entre la intelectualidad, a través de fondos como Colfuturo, administrado por la primera dama, y el presidente Gaviria maneja directamente multimillonarias partidas que nadie controla.

Pero el gobierno se ha topado con la valerosa resistencia de los afectados por sus medidas. Ya el 14 de noviembre de 1990 la clase obrera recibió con un paro nacional al mandatario aperturista. Luego vino la memorable huelga de Telecom. En batalla que hizo enmudecer las comunicaciones del país, los trabajadores le ganaron aquella partida al gobierno. Se ganó desde las calles en multitudinarias manifestaciones, con la solidaridad de numerosos contingentes del movimiento obrero. Y se triunfó gracias a una orientación justa, que se ha venido ganando la confianza de los trabajadores. Ni la cárcel, ni la persecución adelantada por la Fiscalía, lograron doblegar la voluntad de lucha de los trabajadores. Hazañas a las que contribuyó decisivamente nuestro entrañable compañero Eberto López Machado. La huelga de Telecom fue una magnífica lección de los trabajadores al país sobre cómo enfrentar los designios antinacionales y regresivos de Gaviria.

Durante 1992 y 1993 se realizaron los formidables paros y movilizaciones de la Caja Agraria, el Sena, la USO y Fecode. La huelga y las muchedumbres en las calles revelaron sus potentes virtudes. Se defendió eficazmente la estabilidad, el carácter estatal de las entidades en conflicto, las reivindicaciones económicas y se obligó al gobierno a pactar una ley general de educación.

Quiero decir ahora dos palabras sobre Ecopetrol. No sólo porque es escenario fundamental de mi experiencia como dirigente obrero sino porque constituye la empresa productiva más importante del país, vital para la nación. El gobierno rechazó la inclusión de la política petrolera en el pliego de peticiones de la USO. Nosotros respondimos: si quienes extraemos y transformamos el estratégico recurso no podemos decir ni “mu” sobre cómo dirigir su explotación, entonces pararemos la producción. Ni una gota de crudo saldrá de los pozos, ni un galón de gasolina de las refinerías, ni una tonelada de materias primas de las plantas petroquímicas. Este gobierno de gustos confusos y de maneras dudosas les teme, y hace bien en temerles, a la voz y a la acción resueltas del conjunto de los trabajadores. El ministro de Minas tuvo que sentarse 30 horas con nuestros negociadores, comprometiéndose a que Ecopetrol no sería incluida en el programa de privatizaciones; a aumentar las inversiones para la refinería y a permitir la participación de los trabajadores en los procesos de reversión.

Más tarde se anunció el zarpazo contra la seguridad social; para los obreros de Ecopetrol aceptarla pasivamente equivalía a perder casi la mitad de la convención pactada. De nuevo advertimos que de consumarse el atropello echaríamos mano del medio del proletariado: la movilización y la huelga. El gobierno captó que la cosa iba en serio y tuvo que exceptuar a Ecopetrol de la aplicación de la proyectada ley. Gaviria, como decimos los ribereños, tuvo que “recoger piola”. La gran prensa ha querido ver el hecho como un privilegio que se nos concede. Nada más falso. Se irritan porque a los petroleros no nos llama ni cinco la atención el dejarnos arrebatar los ahorros de toda nuestra vida para enriquecer al capital financiero. Los asalariados de Ecopetrol no tenemos ningún derecho que no hayamos obtenido con nuestra lucha. Si el movimiento obrero colombiano pelea, nadie tampoco podrá arrancarle sus derechos.

Teníamos razón al no basar nuestra táctica en la concertación con el gobierno. A la vista está que los sectores del movimiento sindical, donde más se han perdido conquistas democráticas y derechos adquiridos ha sido allí donde asomó el rostro de la vacilación, la entrega, y el colaboracionismo con la política oficial. En cambio, los sectores que se movilizaron hicieron respetar sus derechos y los de la nación. Es cierto que éstas han sido victorias parciales, pero también lo es que sólo la resistencia masiva hace retroceder los planes del Ejecutivo. No en vano los afligidos agricultores exclamaban, ante el derrumbe de sus empresas por la apertura, que se veían en la necesidad de adoptar los paros y marchas, propios de los obreros.

No está de más recordarle al país que fue el MOIR la fuerza que mas tempraneramente advirtió sobre las terribles consecuencias de la apertura económica. Ni tampoco que quien ha trazado nuestra línea general, al frente del Partido, ha sido nuestro querido Secretario General, el compañero Francisco Mosquera.

Mi candidatura al Senado quiere ser el vehículo de expresión de los sectores lesionados por la política aperturista. Mi campaña tiene como divisa la resistencia civil ante el avasallamiento de Estados Unidos sobre la nación. Está al servicio de la lucha de los trabajadores, y también de los industriales, los empresarios agrícolas, y la clase media, los habitantes de los barrios populares, los vendedores ambulantes, la juventud y los intelectuales y todas las fuerzas democráticas e inconformes con el actual estado de cosas.

Esta cruzada se ubica en la perspectiva de la gran corriente patriótica y democrática de Colombia que pugna por instaurar un nuevo Estado cuya dirección recaiga en manos de la clase obrera y los campesinos, la burguesía nacional, la pequeña burguesía y los técnicos e intelectuales. Será su misión suprema defender la soberanía nacional y establecer un régimen que haga realidad el ejercicio pleno de los derechos democráticos. Y que se empeñe en alcanzar un nivel de vida que acabe con la pobreza y satisfaga las necesidades fundamentales de las mayorías.

El nuevo Estado promoverá la industria, para alcanzar pronto un desarrollo moderno, próspero e independiente. Lo propio realizará con la agricultura, al tiempo que llevará a cabo una reforma agraria basada en el principio de que la tierra debe ser para quien la trabaja. Auspiciará la formación de una cultura del más alto nivel científico, que asimile los avances en materia tecnológica y artística, que defienda a la nación y sirva al pueblo.

En política exterior el nuevo Estado mantendrá relaciones diplomáticas y comerciales con el mundo entero, siempre que se observen los principios de coexistencia pacífica, .el beneficio mutuo, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos.

La movilización popular implica no sólo la lucha contra el actual sino contra el próximo gobierno, sea el de Samper, Pastrana o De la Calle. Los tres han estado estrechamente ligados a la política que ha arruinado a Colombia. Los tres han participado con sustanciales cuotas en el gobierno de Gaviria y apoyaron y apoyan sus decisiones contra el pueblo desde el Ejecutivo y desde el Congreso. Los tres se disponen a proseguir las nefastas políticas de privatización, el desmonte de las conquistas obreras y la seguridad social, la desprotección de la industria y el agro, y la complacencia ante las multinacionales. Son exponentes del continuismo, partidarios del vasallaje económico impuesto por Estados Unidos. Deben recibir, por tanto, el más decidido rechazo de los sectores productivos y las masas trabajadoras colombianas.

Compañeras y compañeros:
Repito que mi candidatura está al servicio de la histórica tarea. El primer paso es conquistar un escaño en el Senado. Desde allí mi papel será empeñarme a fondo para que el pueblo se una, para que logremos echar atrás la acometida aperturista y preparemos las condiciones para que los de abajo asuman el poder y dirijan a Colombia. En esa labor contaremos también desde la Cámara con la experiencia de nuestro querido compañero Abelardo Rueda Tobón, y desde Barrancabermeja con el contingente del Bloque Democrático Regional.

He dedicado la mayor parte de mi existencia a la defensa de los intereses de mis compañeros de Ecopetrol y de mis hermanos de clase, los proletarios de toda Colombia. Juro solemnemente que dedicaré la totalidad de mis energías a satisfacer el altísimo honor que me ha sido conferido por ustedes esta noche: el de servir plenamente, hasta con mi propia vida si fuese necesario, a la causa de los trabajadores, de mi pueblo y de mi patria.

Muchas gracias, compañeros.

QUE NUESTRA VOZ RESUENE EN EL CONGRESO

Intervención de Marcelo Torres

Con esta celebración nocturna hemos culminado el arranque de la campaña electoral. Al consumar la, proclamación de la patriótica candidatura de la resistencia civil al Senado de la República, podemos decir que alcanzamos ese punto de tensión de las fuerzas imprescindible a toda empresa de envergadura para conquistar la victoria.

La iniciativa nacida en la ribera del Magdalena, en la ciudad del petróleo, se ha erguido en toda su estatura y hoy proyecta su sombra sobre el mapa nacional entero. La organización, los recursos y los espíritus todos, tanto del MOIR como del Bloque Democrático Regional y de varias otras agrupaciones, se han fundido en un haz de voluntades, se hallan compactadas como un puño cerrado. Podemos decir que a pesar de la enorme desproporción en que nos coloca la debilidad de nuestras fuerzas frente a los poderes establecidos, esta campaña la ha puesto en movimiento un ímpetu irresistible, que le viene de expresar una necesidad del movimiento popular y de la indudable simpatía que ha despertado en el conjunto del movimiento obrero colombiano.

Como en los pueblos antiguos, nuestra debilidad al filo de la medianoche pide el amanecer, que para nosotros será el 13 de marzo. Hacia ese día señalado estamos marchando. Vamos en pos de 30 mil votos de ustedes, de 30 mil patriotas, para elegir senador de la República a Jorge Santos Núñez.

En estos días turbulentos que corren, cuando no se divisa fin a tanta violencia que parece ya sin control, cuando hace rato sobrevino sobre Colombia la apertura económica con todos sus horrores, un asunto clave desde la orilla de los trabajadores y del movimiento popular es el de cómo enlazar las grandiosas fuerzas, los paros cívicos, las manifestaciones y el tumulto callejero a escenarios que les den la resonancia y la repercusión que deben tener en el conjunto de la nación. He aquí el poderoso motivo por el cual elegir un auténtico vocero del sentir y del interés popular. Es ni más ni menos una apremiante necesidad del desenvolvimiento de las fuerzas patrióticas y democráticas del país.

Son muchos los colombianos conscientes de que entre esa mayoría parlamentaria en el Congreso las vicisitudes y los padecimientos del pueblo no tienen doliente. Que lo que hay es un Congreso celestina de la administración Gaviria y que las relaciones entre el ejecutivo y el grueso del Congreso se han convertido en una permanente, en una gigantesca y escandalosa operación de soborno. Es preciso por ello que los estampidos de las luchas que libra nuestro pueblo en calles y caminos resuenen y retumben en el Congreso.

Como también las denuncias que allí se hagan sobre como se maquina en ese recinto contra la nación y los intereses populares, han de contribuir a desencadenar las movilizaciones de protesta. Mientras haya Congreso, mientras no sea clausurado a cañonazos, como lo ordenó Yeltsin, mientras no sea sellado por un golpe de cuartel, como lo decidió Fujimori, nosotros sabremos utilizar esta institución históricamente caduca pero políticamente vigente para atizar la lucha por la emancipación.

Tal urgencia y la deseable unidad de las fuerzas democráticas opositoras del régimen y antiaperturistas recibirán un extraordinario refuerzo cuando sea elegido un genuino representante de la clase obrera al Congreso, cuando Jorge Santos irrumpa en el Senado de la República. Porque ese día los obreros, los desempleados, los vendedores ambulantes, los industriales nacionales, los empresarios agrícolas, los habitantes de las grandes barriadas, los indígenas, los maestros y los estudiantes, los intelectuales y los artistas escribirán un grandioso capítulo lleno de tempestuosas batallas de nuestro pueblo. El gong de la resistencia civil acaba de sonar. El combate apenas se inicia, compañeros.

HAGAMOS DEL DEBATE UN CURSILLO QUE EDUQUE A LAS MASAS

Palabras de Francisco Mosquera el 25 de noviembre

Queridos compañeros:

Tras dos decenios de echar mano de las modalidades del sufragio, estamos al principio de la campaña electoral, la segunda que emprendemos luego de haberse sustituido la vieja Carta de 1886 por otra mucho más arrevesada. Siempre, o casi siempre, concurrimos a los comicios en compañía de diversos aliados, apisonando los cimientos del frente único y esparciendo las ideas revolucionarias. Mientras en cada departamento iremos a la contienda por la Cámara, en todo el país conformaremos una lista única para el Senado, convertido ahora en circunscripción nacional. En procura de los correspondientes objetivos concertamos, alrededor de unas pautas programáticas mínimas, la mutua colaboración con el bloque Democrático Regional que nació del compromiso entre varias fuerzas con vínculos populares en la ribera del Magdalena Medio. Unidad que, por sus preludios o proyecciones, ofrece tema abundante de análisis. Pero como el debate actual entraña características muy señaladas, un tanto diferentes de las conocidas en etapas anteriores, deseo esta noche referirme a ellas, aun cuando tenga que limitarme a un apretado resumen.

Con el advenimiento del cesarismo del revolcón, Colombia concluyó sumida en las tinieblas de la incertidumbre. Nadie sabe a qué atenerse; cualquier disposición, por dañina que fuere, no asegura nada, ni siquiera su continuidad. La norma es la falta de normas. Los industriales, los agricultores, los comerciantes y hasta los contribuyentes denuncian que poco les vale acatar o disentir, pues más se demoran en someter con humildad sus actividades a los dictámenes de las élites burocráticas que en verlas interferidas de nuevo por los cambios de criterio de éstas; la mejor forma de endurecer la dictadura burguesa de los vendepatria.

En el terreno de las elecciones dichos métodos han significado la supresión en la realidad de los escasos visos democráticos, sobre los que tanto parlotean las minorías gubernamentales. Reglamentan los procedimientos conforme a las conveniencias del día; transfieren a los organismos subalternos la toma de decisiones de fondo, y mantienen en reserva los recursos legales o no que les sirvan para doblegar oportunamente a los adversarios de peligro. El reconocimiento de los partidos se ha trocado, bajo su arbitrio, en un artilugio de selección entre admisibles e inadmisibles, que les permite definir quiénes merecen disfrutar hacia la medianoche de los diez minutitos de consolación televisiva, en qué lugar ubicarlos en el tarjetón o cuántas mercedes deben otorgárseles. Son ardides, arterías, minucias; sin embargo, de tales trapisondas depende, de un momento a otro, la suerte en las urnas de los movimientos, en especial de las vertientes opositoras. Al MOIR se le suspendió la personería jurídica, luego de haberse jugado con esto durante meses de definiciones claves para el régimen. A una agrupación se le suprime la carta de ciudadanía si no llega al Congreso o no obtiene un determinado número de votos. También la rifa si hace uso de la elemental licencia de declarar la abstención por razones tácticas. La apelación para recuperarla consiste en recoger 50.000 firmas que el Consejo Electoral examina y resuelve sin más aceptarlas o glosarlas. Otra traba a esgrimir contra los pequeños se halla en la caución que se exige como prenda de las inscripciones. Según la enésima providencia, la última, la Ley del 11 de noviembre pasado, la fijó, por ejemplo, en aproximadamente doce millones de pesos para el ámbito del Senado, los cuales cancelarán aquellos grupos que no alcancen una cantidad relativa de sufragantes. Nos encontramos ante impedimentos de cicatero, oscuros, pero impedimentos al fin y al cabo.

En los albores de la reforma constitucional aparecieron las prácticas amañadas que vendrían después, ese nebuloso reino de los “mecanismos”, la interinidad de las regulaciones, el reemplazo de las reglas por los acuerdos pasajeros. Respecto a la enmienda, Barco elaboró cuatro o cinco proyectos a través de sendos conciliábulos, llevó un texto a las cámaras que lo aprobaron en dos legislaturas tras largas discusiones y, con el pretexto de haberse previsto un referendo encaminado a dirimir el asunto de la extradición, lo retiró abruptamente. En otras palabras, al parlamento le estaba vedada cualquier iniciativa. Más tarde Gaviria, apuntando hacia la conciliación con los señores de la droga, la prohibió de un plumazo por medio de sus decretos y de su constituyente. A él mismo lo nominaron con una simple e inexplicable misiva de un hijo de Luis Carlos Galán, que fuera leída en los funerales de éste. Y los mancebos de Palacio comenzaron a hacer de las suyas.

En las justas del 11 de marzo de 1990 se le permitió a una comparsa de estudiantes aleccionados, en su mayoría pertenecientes a las universidades más aristocráticas y confesionales de Bogotá, depositar la “séptima papeleta” con lo cual principió a dársele un barniz de cosa limpia a la Asamblea del Hotel Tequendama. El registrador admitió que la intentona no tenía fundamento ni podría ser escrutada; sin embargo, agregó, naturalmente, que la maniobra no invalidaba los escrutinios. Los diarios de los grandes rotativos se encargarían de efectuar el recuento, asignándole las cifras que se les antojaran. Y para la confrontación presidencial del 27 de mayo el primer magistrado decretó la consulta sobre el engendro que venía cocinándose. La Corte Suprema de Justicia lo bendijo tres días antes, el 24, sin importarle que transgredía el artículo 218 de la Ley de leyes y por ende la cláusula 13 del plebiscito de 1957. Resultaba claro que el país dejaría de regirse por los preceptos de la normatividad.

Puesto en el solio el favorito de Virgilio Barco y expedido el decreto 1926 del 24 de agosto de 1990, las autoridades instalarían las mesas de votación del 9 de diciembre, en donde se perfilaron los contornos de la corporación propuesta, sus componentes, sus limitaciones. Los esquemas surgieron de las componendas entre Gaviria, Gómez Hurtado y los amnistiados del caserío de Santo Domingo, un extraño maridaje en el que éstos, los activistas del M-19, se dedicaron a las labores de zapa y al embellecimiento de los pérfidos atentados contra el pueblo colombiano, sin omitir los pasos emprendidos por Washington hacia la plena colonización económica de América Latina, el objetivo primordial de las transformaciones jurídicas del Continente. La medida, brotada de las despóticas competencias del estado de sitio, como la consulta de mayo, e igualmente refrendada por el máximo tribunal, era de por sí un veto al Congreso, debido a que le quitaba de un tajo su preponderancia de enmendar la Constitución, y un golpe aleve contra los electores que sólo cinco meses atrás lo habían designado con cerca de ocho millones de sufragios. A los parlamentarios se les obligaba a renunciar a su investidura si resolvían candidatizarse para la constituyente, a tiempo’ que se les tranquilizaba con la hipócrita promesa de que su período sería respetado sin cortapisa alguna. Y de remate, la extraordinaria Asamblea de 1991, antes de salir del escenario, en un postrer desplante clausuró el órgano legislativo, extrayendo de su seno un “congresito” y mofándose del propio decreto al que le debía su existencia. De nada les valió a los padres de la patria que hubieran sancionado cuanta proposición les presentara el Ejecutivo. Votaron a favor del presidente y éste los botó. La confabulación fue producto obviamente de otro pacto, esta vez suscrito por López Michelsen, quien tantas dudas expresara acerca del fragoso proceso. Y Gaviria quedó a la vez investido de la potestad de invertir discrecionalmente los trámites, o las consabidas políticas del Estado, aun las emanadas del círculo de sus íntimos. Ya lo hizo con los sueldos de militares y congresistas, los auxilios de los cuerpos colegiados, las inversiones foráneas, los impuestos, etc.

Todavía nos resta trecho para seguir explicando por plazas y recintos tamañas irregularidades. Hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas en la comprensión de los menesteres de la lucha de clases.

En esta ocasión nuestro Partido goza de algunas ventajas. Durante más de 25 años soportamos los embates de una tendencia que campeó a sus anchas dentro del movimiento popular, compuesta de variados matices, sostenida en todo sentido por La Habana, cuyos propósitos y despropósitos recibían constante propaganda y que contaban por lo menos con la admiración de la derecha. Innúmeros reveses nos acarrearon sus maquinaciones. Mas el diagnóstico cambió sustancialmente. Aquellos que creían a la par en el “bálsamo santo” y en el “puño brutal de Bakunine”, cual lo proclama el Anarkos de Valencia, se tropezaron de pronto con una dificultad enorme tras el hundimiento de la Unión Soviética, que los abandonaban quienes eran el básico sostén moral y material de la contracorriente. El mundo había sufrido una transformación profunda, de esas que de vez en cuando nos depara la historia. Tres alteraciones sucesivas ocurrieron: primero, la tergiversación del socialismo; segundo, la caída del imperio ruso, y tercero, el resurgir de la hegemonía norteamericana. Acaecimientos llamados a modificarle la faz al planeta y a influir en la vida de cada persona.

Durante el entreacto del payaso Nikita Kruschov, el Krem1in renegó del marxismo, partiendo de la desfiguración de la memoria de Stalin y encarando una meticulosa operación ideológica tendiente a resucitar a mediano plazo el modo de producción capitalista. Labor sin la cual sería prácticamente imposible la restauración. A Leonid Brezhnev le correspondió extender el poderío soviético por el orbe entero, recurriendo a la violencia, al engaño y a la intriga. Por medio de sus títeres y ejércitos cipayos, tal cual lo hiciera Inglaterra en su hora, holló pueblos en África, Asia y América Latina. A Afganistán la invadió con sus propias tropas. Se erigió en emperador zarista de los trabajadores, un contrasentido. Y Mijaíl Gorbachov dispuso sobre el reordenamiento de la casa, conforme a las necesidades de la naciente oligarquía que reclama leyes adecuadas, el establecimiento en regla de la especulación y el agio, bancos, libertad de negocios, registro notarial de las propiedades. No lucía lógico que los privilegiados continuaran guardando sus caudales bajo el colchón; que a los ricos les estuviera impedido cruzar el Mediterráneo en yates particulares; que la señora Raisa no pudiese ir de compras a los almacenes La Fayette de París y pagar con tarjetas de crédito, o que los amos de la sociedad no poseyeran periódicos y galerías de arte. En cuanto a las formas de sojuzgación externa, también cambiaron, dejándose de lado el dominio directo colonial, con el objeto de unir la tolerancia seudodemocrática y la soberanía de papel con el saqueo y las amenazas, o sea el neocolonialismo. Se afrontó entonces la empresa de aclimatar el sistema presidencialista, el bicameralismo y las demás refacciones del Estado.

Pese a todo Moscú hizo mal sus cómputos. Gastó demasiado en la maquinaria bélica que dotara de armas no sólo convencionales sino nucleares, descuidando las otras ramas productivas. Al final cayó en cuenta de que las fábricas, en lugar de ampliarse, envejecían; los pozos petroleros y los oleoductos se aherrumbraban, y las faenas agropecuarias tendían hacia el estancamiento. Sólo con la ayuda de Occidente logró descender a tierra a un astronauta sentenciado a vagar sin remedio por los espacios siderales. Y sobrevino el colapso.

Atronadores aplausos se oyeron por doquier ante la actitud moscovita. Los estadistas de las más disímiles naciones miraron complacidos cómo la denominada “guerra fría” había cesado y previeron mil años de benevolencia entre los hombres. Hasta los curitas de parroquia predicaron que, con la llegada del mesías de la perestroika, la humanidad doliente descubrió por fin la senda hacia la paz paradisíaca. Al contrario: Gorbachov terminó prisionero de los agentes de sus aparatos represivos; y, con la fuga de las repúblicas del Pacto de Varsovia que desertaban del rebaño, junto con la desmembración soviética y el ascenso de Boris Yeltsin en Rusia, el flamante presidente perdió el empleo por física sustracción de materia. Los Estados Unidos supieron aprovechar las oportunidades que el azar les brindaba. Respaldaron con furor a ambos mandatarios. A uno cuando estaba detenido por la soldadesca y al otro cuando ésta vacilaba en tomarse e1 edificio del Soviet Supremo y conducir a los diputados a la cárcel. El apoyo lo condicionaron, por supuesto, a una sola pero decisiva petición, que se implantaran los cánones burgueses a lo largo y ancho del territorio ruso, facilitando la entrada de los capitales extranjeros. Y los yanquis ganaron la disputa por el control mundial después de décadas de confrontaciones, mientras que los herederos de los Romanov se resignaban a pasar de superpotencia a ser un mero apéndice del imperialismo norteamericano.

El clima de cierta estabilidad que antes prevalecía a causa del equilibrio entre los dos colosos, empezó a enrarecerse por los avatares de la multipolaridad. Las pugnas comerciales que han mantenido los monopolios de América, Europa y Japón, e incluidos los de la misma Rusia, salieron a flote con todas las repercusiones de una competencia cada día más aguda. El globo en vez de enfriarse se calienta. Washington no ha dudado en recurrir a la fuerza en busca de consolidar la reconquista. En 1983 se atrevió a desalojar de la diminuta isla de Granada, en el Caribe, a las escuadras cubanas, un ensayo remoto. Le seguiría Panamá, en el 89, desde donde atalaya e infiltra a Latinoamérica. Posteriormente Irak y Somalia. Conminó a la disuelta Yugoslavia, a Corea del Norte y a los vecinos de Haití. En consecuencia, las guerras no amainan, se diseminan.

De cualquier modo el fenómeno se traducirá en una extensión sin fronteras del capitalismo. En los más apartados y escondidos parajes se instalarán factorías semejantes entre sí que pondrán en oferta géneros idénticos o parecidos. La inevitable superproducción traerá consigo la estrechez relativa de los mercados, el desempleo, la explosión de los conflictos laborales a una escala jamás conocida. Los problemas de los pueblos continúan siendo los mismos de ayer aunque ahora enfrenten enemigos distintos. Las verdades de Marx y Lenin, lejos de marchitarse, cual lo pregona la burguesía que carece de respuesta para los interrogantes de la actualidad, volverán a ponerse de moda. Parece que el socialismo, al igual de lo acontecido al sistema capitalista, adolecerá de tropiezos y altibajos durante un interregno prolongado, antes del triunfo definitivo. Y los obreros, con sus batallas revolucionarias, proseguirán tejiendo el hilo ininterrumpido de la evolución histórica.

En consonancia con los vuelcos planetarios, a Colombia, que ha sido desde hace más de una centuria un algorín de los asentistas del Norte, se le redujeron sus posibilidades, sus márgenes, su autonomía de vuelo. En los sesentas los planes de la Casa Blanca para el hemisferio, la Alianza para el Progreso, la desaparecida Alalc, el Pacto Andino, preservaban intactos los artificios del desvalijamiento y, conforme a estos términos exactos, se trataba de una expoliación disimulada, astuta, que nos permitía algún grado de desarrollo, complementario a la sustracción de las riquezas del país. Digamos que los gringos chupaban el néctar con ciertas consideraciones. Pero con la apertura la extorsión se ha tomado descarnada, cruda, sin miramiento alguno.

Cuando el Comité Ejecutivo Central del MOIR miraba con detenimiento y antelación la nueva política saqueadora, pronta a instalarse, llegó a varias conclusiones pertinentes. El viraje debían abocarlo con cuidado los mandatarios. A pesar de que lo ubicaban en los terrenos de la cuestión económica, forzosamente abarca un universo de preparativos y sustentáculos que revuelcan el discurrir de la caduca república. Partiendo de un problema inicial: se necesita alguien que lo enrute y conduzca a buen puerto; un conjunto amplio de funcionarios ilustrados, catedráticos expertos y discípulos maleables que sepan del asunto. La clave estuvo en la incorporación al ajetreo público de la panda de los Andes, una especie de culto de las adoratrices de la especulación. No es raro que el presidente y su consorte provengan de allí; que doña Ana Milena haya montado a Colfuturo en donde, además de correr dineros a porrillo, hacen fila los alumnos mansos y distinguidos que recibieron becas de posgrado en el exterior, o que los periódicos promocionen los estudios de la Academia americana. El duelo económico se decide en la arena ideológica.

A los oficiales de las Fuerzas Armadas también los educan o reeducan allá porque las artes marciales representan otro puntal imprescindible. Hay que domesticarlos y civilizarlos, reorientando incluso las charlas que escuchan, pues muchos de los egresados de esas escuelas dieron mal ejemplo, como el general Pérez Jiménez que se desvió hacia la dictadura, o el general Noriega que amasó una fortuna traficando en cocaína; y los mandos han de comportarse bien, acatar los derechos humanos, ser respetuosos de las declaraciones de la Conferencia Episcopal, no asesinar a quienes protestan o a los que ejercitan el terrorismo, en fin, proporcionar sustento a la majestad de la Ley. Mas todo debe ejecutarse sin desmedro de los operativos encubiertos de las unidades del Pentágono, y a ratos no tan encubiertos. Se conoce de la presencia de contingentes suyos en Perú, Bolivia y otras partes. En el departamento de Amazonas se detectó uno de ellos. Hemos padecido asimismo la interferencia y el bloqueo en nuestro mar Caribe. Y la opinión se ha enterado con alarma de que aviones militares de transporte sobrevuelan, con permiso o sin él, encima de nosotros; y que en más de un lance estuvieron a punto de colisionar con naves repletas de pasajeros. Es decir, que nos hostigan por aire, mar y tierra. La agresión constituye otro elemento adicional de la apertura, ya que, a medida que avanza ésta, la resistencia civil se expande cual reguero de pólvora por el Continente.

Dentro de las adecuaciones legales que han dotado a la gran burguesía de los medios para escoger entre cualquier opción, se destaca la Ley 50 de 1990, con que se cercenan los logros conseguidos por los asalariados en más de tres cuartos de siglo de arduas peleas. En síntesis, el objeto estriba en asegurar, en un santiamén, la disminución de las remuneraciones y la supresión de las normas permisivas del Código Laboral. Otra vez las normas. Sin mano de obra barata no habrá neoliberalismo que funcione. Como la América Latina acusa algún desarrollo y algunos adelantos tecnológicos que conllevan progresos sindicales, Colombia, pletórica de dinamita, secuestros y laboratorios de coca, nunca será atractiva para Wall Street, si no entraba la industria nacional, no arruina a los empresarios agrícolas y no, envilece a las masas laboriosas.

Sucede igual con las expectativas que generan los jugosos tejemanejes de las entidades estatales, de cuya subasta no se eximen siquiera la Caja Agraria, el Banco Cafetero, Terpel y Ecopetrol, Telecom, el Sena, los Seguros Sociales, la Flota Mercante, las electrificadoras y otras instituciones respecto a las cuales el presidente ha dicho que no son transables. Si el régimen pudiera enajenar los escritorios del Ministerio de Educación, lo haría, como lo efectuaron en el siglo pasado los radicales con el Capitolio, que “sacaron a remate”; y vendieron, “a menos precio”, el lote destinado por Mosquera para construir el Palacio Presidencial.

La regionalización, la maquila, el estímulo a la microempresa, las facilidades concedidas a las importaciones y la integración concertada con los gobiernos de los países hermanos hacen parte de los múltiples “mecanismos”. Mientras se empobrece la nación al pueblo se le abruma con gravámenes confiscatorios. En su misión de almojarife el señor Gaviria no se para en pelillos. Como aspira atender con holgura sus carísimos cometidos y sofocar el descontento, urge de plata, mucha plata. Provee dos reformas tributarias seguidas, soborna al Congreso y miente. Quienes se hayan retrasado en el pago de los impuestos habrán de resarcirlos con las tasas del interés vigente para las transacciones mercantiles. A las gentes se les exprime con el propósito de reanimarlas.

En medio de tan tremendas conmociones transcurre la liza comicial. Nuestra participación en ella nos permite hacerles propaganda no sólo a los acendrados convencimientos sino a las recientes conclusiones. De otra parte, el arranque ha sido con entusiasmo; y habremos de contar, como pocas veces antes, con los invaluables aportes de los activistas sindicales que de una forma u otra acogen las orientaciones partidarias, puesto que tuvimos la buena estrella de integrar para el Senado una lista encabezada, en cuanto al MOIR, por Jorge Santos Núñez, expresidente de la USO, y por Marcelo Torres, componente del Comité Ejecutivo Central desde hace años, hoy de nuevo director y ejecutor de nuestro debate. Es obvio que Marcelo, aun cuando no fue sindicalista, también le imprime ese sello proletario a la fórmula que le hemos propuesto al pueblo. ¿Acaso los dirigentes y miembros del Partido no somos representantes de los obreros de Colombia? Y los trabajadores de las tierras de Colón y Magallanes se hermanarán inexorablemente. Lo puso de manifiesto el Tratado de Libre Comercio, que rubricaran Estados Unidos, Canadá y México, y ante el cual los asalariados estadinenses protestaron con fiereza. En presencia de un enemigo común, lenguaje común y lucha común. A medida que el imperialismo alarga sus tentáculos se debilita afuera y adentro. Su derrumbe será inevitable; ayudémoslo a que su desaparición sea rápida. Pese a los obvios apremios la situación actual es excelente. Yo les aconsejaría que no pierdan la marea alta.

Creo que con Marcelo y Jorge al frente de esta brega los rendimientos políticos están garantizados.

Muchas gracias.