PROCLAMADA CANDIDATURA DE JORGE SANTOS

Ante más de mil personas congregadas en el salón de actos del Hotel Bacatá, de la Capital, fue proclamada el 25 de noviembre la candidatura al Senado de Jorge Santos, dirigente de los trabajadores petroleros, con el respaldo del MOIR, y del Bloque Democrático Regional de Santander.

El expresidente de la Unión Sindical Obrera, USO, al aceptar su proclamación, manifestó: «Mi campaña para el Senado tiene como divisa la resistencia civil del país ante la política de avasallamiento económico de Estados Unidos sobre la nación.»

Se hicieron presentes el secretario general del MOIR, Francisco Mosquera; los miembros del Comité Ejecutivo Central, Marcelo Torres, Héctor Valencia, Yezid García, Enrique Daza y Oscar Parra; estuvieron en la mesa directiva los presidentes de Sittelecom, Ebertó López; Asociación Colombiana de Empleados Bancarios, ACEB, Luis Sánchez; Sintracreditario, Jesús Bernal; Sindicato Nacional de la Salud y la Seguridad Social, Sindess, Aldo Cadena; Sinucom, Alfredo Rubiano; el vicepresidente de Fecode, José Fernando Ocampo; el expresidente de Asmedas, Alberto Esquenazi; los miembros de la junta nacional de la USO, Gustavo Triana, Roberto Smalbach, Carlos Muñoz y Rodolfo Gutiérrez; el directivo nacional del sindicato del SENA, Fabio Arias, y cinco miembros del comité ejecutivo de la CGTD, entre ellos, Iván Toro.

Por el Bloque Democrático Regional de Santander asistieron los concejales de Barrancabermeja, Rafael Rodríguez Arenilla y Pedro León Romero.

Por el gremio de artistas, apoyaron la candidatura, entre otros, Ricardo Camacho y Jorge Plata, del Teatro Libre de Bogotá; el actor y cantante César Mora, y los actores del TLB, Gustavo Martínez, Ricardo de los Ríos, Beatriz Rosas y Leonardo Zossi.

Estuvieron como observadores Julio Roberto Gómez Esguerra, secretario general de la Confederación de Trabajadores Democráticos, CGTD; Wilson Borja, del comité ejecutivo de la CUT; Mariano Porras, concejal de Bogotá; Jesús Aníbal Suárez, de la dirección nacional de la Unión Patriótica; Flor Alba Ardila, dirigente del. Partido Comunista Colombiano; Daniel Rico, presidente de Fedepetrol; Jorge Gamboa, dirigente nacional de la USO; y José Torres Flórez, vicepresidente de la CGTD. Enviaron mensajes de saludo al acto el precandidato presidencial liberal David Turbay Turbay, el presidente de la CGTD, Mario de J. Valderrama y el dirigente del Bloque Democrático Regional de Santander y candidato a la Cámara, Abelardo Rueda Tobón.

En Bogotá: tarjetón 1042: FRANCISCO PAREJA, A LA CÁMARA

«Estamos hoy ratificando nuestro compromiso en Bogotá con la lista 1042 a la Cámara que encabeza el compañero Francisco Pareja», afirmó Jorge Santos, durante el acto realizado en la sede nacional de la campaña el 31 de enero. «En la capital disponemos ahora de mayor artillería con la candidatura de Francisco Pareja», señaló Marcelo Torres.

Tomaron asiento en la mesa directiva, además, Jaime Moreno y Cecilia Vargas, directiva del sindicato del SENA.

El compañero Francisco Pareja anunció que coordinará su labor parlamentaria con la de Jorge Santos, y que ambos se convertirán en voceros de los sectores perjudicados y arruinados por la apertura económica»

Inauguración de la sede
Cuatro días antes se había inaugurado la sede del BDR-MOIR en Bogotá, situada en la Carrera 13 con Avenida Jiménez. El mítin contó con la presencia del Comité Ejecutivo de nuestro Partido y estuvo presidido por Francisco Valderrama, secretario del regional de Cundinamarca. Los asistentes conmemoraron además los cien años del nacimiento de Mao Tsetung y reafirmaron el objetivo programático de nuestro Partido de conducir a la nación hacia la segunda independencia, mediante una revolución de Nueva Democracia que abra el camino al socialismo.

El camarada Valderrama aseveró que las condiciones en que enfrentamos el debate son altamente favorables. El fracaso de la apertura económica, la lucha persistente del movimiento sindical, las protestas de los gremios económicos, la indignación del país entero ante la descarada intromisión del ejército norteamericano, el entusiasmo que ha despertado la candidatura de Jorge Santos, nos permiten desarrollar una campaña con vastas proyecciones en materia de alianzas y con enormes posibilidades de llevar por primera vez al Senado a uno de nuestros dirigentes más preclaros.

FERNANDO MAGALLANES: LA AVENTURA DE CIRCUNNAVEGAR EL GLOBO

Conferencia dictada por el maestro Germán Arciniegas, el 27 de octubre de 1993, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, invitado por la Fundación para el Fomento de la Ciencia y la Cultura, Cienciacultura, que preside el doctor Fernando Pava de la Espriella.

denominada curiosamente el Descubrimiento de América.

Siempre me ha llamado la atención el caso de Magallanes. Para poder juzgarlo, parto de la edad justa en que yo me lo acierto a imaginar, es decir, cuando Fernando de Magallanes tenía de diez a doce años de edad. En esa época Lisboa era una ciudad mágica. Mágica, seguramente por la gracia de don Enrique el Navegante.

Por la época del Descubrimiento, Europa vivía una tremenda crisis, y yo me pongo a pensar en los niños del temperamento de Magallanes, cuando les toca presenciar en Lisboa una serie de acontecimientos que les van a resultar inolvidables. Sítúense ustedes a la edad de diez años en esta ciudad, en el momento en que se riega la noticia traída por Martín Behaim: el prodigio de que el mundo era redondo como una bola. Behaim, un soñador medio loco, había entrado en contacto con un personaje llamado Cristóbal Colón, y llega a Lisboa, justo a la ciudad adonde tenía que llegar. ¿Por qué la capital de Portugal se convirtió en el lugar en donde había de resolverse el problema de lo que entonces se llamaba el mundo, o más modestamente, el universo?

La crisis de Europa abarcaba todos los campos. Era una debacle moral, económica, filosófica, y afectaba particularmente a la Iglesia, que estuvo al borde del completo desmoronamiento. Se la veía como una crisis universal, porque hasta ese momento lo que se conocía del universo giraba alrededor del mar Mediterráneo. Al universo le habían puesto un límite, las columnas de Hércules, en cuya puerta se veía un letrero que decía Non plus ultra, de aquí no se puede pasar. Las salidas quedaban cerradas. Y es en ese momento de gran incertidumbre cuando los turcos resuelven desatar su poderío bélico, y los mahometanos entrar con la cimitarra degollando lo que se les ponía por delante, como si el viejo continente fuera un san Juan Bautista.

En los siglos precedentes el Mediterráneo había sido un bazar oriental. Se cruzaban los barcos que traían sedas, alfombras, tapices, canela, pimienta, nuez moscada, damascos. Alcanza uno a ver en las pinturas cómo se vestían los príncipes, las mujeres, los arzobispos. Los dux de Venecia se hacían retratar con la mezquita de Damasco al fondo, tocados con suntuosos vestidos orientales. De Pisa sale, en la época de las Cruzadas, una flota de cuatrocientas naves. Y cuando advierte uno el escándalo de las tres carabelitas que vinieron a América, se da cuenta de hasta dónde el Mediterráneo era un espejo del Oriente.

Cuando uno recorre hoy el Mediterráneo se da cuenta del encanto oriental que siguen recogiendo las ciudades, el arte, las iglesias, los altares bizantinos, las tradiciones. Uno arriba a Venecia y tiene impresión de que se encuentra en Persia Ante las cúpulas de cebolla de San Marcos cree uno estar a dos cuadras del Taj Mahal. Por los canales lo que circula es como un soplo que procede de Oriente. En Génova se detiene uno frente a la puerta mayor la catedral y lo primero que advierte son unas columnitas delgadas, cada una de mármol, cada una de un color distinto. Los guías, unos individuos ignorantes que se ufanan de saberlo todo, narran cómo cada columna proviene de un lugar distinto del Oriente. Es como si a uno le mostraran en la puerta misma de la catedral un mapa de Oriente. Las dos columnas, a la entrada de la plaza de San Marcos, son dos monolitos de mármol traídos de dos provincias de Oriente. Lo mismo ocurre en Pisa, en Florencia y hasta en los pueblos más insignificantes. No hay nada más impresionante que el conjunto de la plaza de Pisa, donde levantan la Torre Inclinada, el Baptisterio la catedral: cada una parece una maravilla oriental.

Todo eso era lo que se estaba volviendo añicos. Entraron los turcos por el Danubio, ocuparon a Atenas, se tragaron la antigua Grecia. Y obviamente, los ojos de ese universo que cabía en el Mediterráneo se vuelven a la puerta que permanecía cerrada, puerta del Non plus ultra. Se trataba de una puerta sin abras, imaginaria, fantástica. El único guardián era España, que cuando se trataba de no dejar pasar una idea se enclaustraba en un fanatismo tan inamovible como la Roca de Gibraltar. La salida era entonces, claro, por Lisboa. No propiamente para atravesar el Atlántico. Los barcos surcaban el Estrecho y empezaban a costear, rumbo a Francia, a Inglaterra, a Suecia, al mar Báltico… y hacia el misterio del África.

Por la época del Descubrimiento la fiebre de los viajes se hallaba en su furor. Y lo que les tocaba presenciar a los muchachos eran esas primeras aventuras rumbo a mares desconocidos del sur. A uno le queda casi imposible imaginarse hoy un mundo en el que se ignoraban las cuatro quintas partes del África. África no era negra. Se hallaba circunscrita a Marruecos, a Egipto: un África bronceada, no negra. Hacia 1500 se difunden por el viejo continente las noticias de los elefantes y de los cocodrilos. Después vendríamos nosotros con nuestros modestos caimanes.

Un hombre como Benedetto Dei se lanza a viajar por el África y a escribir cartas a los Vespucci sobre sus experiencias, y se despierta en esos muchachos una enorme curiosidad, la más grande que sea dable concebir. De manera que cuando se publica el mapa de Behaim, la primera representación de la Tierra en forma de esfera, los muchachos se quedan lelos. A nosotros hoy no nos han sorprendido con nada que pueda abarcar esos alcances. Martín Behaim se había educado en parte en Italia y había heredado además la curiosidad de los ingenios del Rin, de los dibujantes de mapas, del inventor de la imprenta, de los astrónomos, del arquitecto que levantó la torre de la catedral de Colonia y del que construyó la iglesia de Nüremberg. La Crónica de Nüremberg nos sigue resultando más fascinante que la Biblia de Gutenberg. Es la época de Durero, que coincide con la del Descubrimiento. Y a ella pertenecen Martín Behaim y Fernando de Magallanes, aún adolescente. Ya hubiera tenido uno la dicha de haber pertenecido a ese año y a esa época.

¿Qué relación pudieron guardar entre sí todos estos hechos? Uno ciego tiene la suerte de contar más con la imaginación que con los documentos. Me doy cuenta de lo que pasaría por la mente de Colón, del rey don Juan, de Magallanes, cuando vieron el globo. Colón estaba al tanto porque sostenía correspondencia con Martín Behaim y porque conocía, por Toscanelli, la teoría del mundo esférico. Un planisferio y una esfera resultan tan distintos como un globo y una hoja de papel. Y ellos sin duda se preguntaron: ¿cómo se colocará en el cielo, cómo girará, cómo estarán pegados los hombres que habitan allá abajo, en las antípodas?

Cuando Magallanes contaba doce años cumplidos fue cuando regresó Colón de Cuba, relatando las maravillas de las tierras descubiertas. Claro que cometió una gran cantidad de errores. En el tercer viaje decía Colón que el mundo era mucho más pequeño de lo que se pensaba. Murió convencido que el Ganges era el Orinoco y él mismo, el virrey de la Tierra Firme del Asia. Pero quedó planteado el problema de cómo giraba la bolita. Magallanes, más práctico, dijo: «Yo voy a darle la vuelta».

Naturalmente, la esfera de Behaim estaba plagada de equivocaciones. No se había aún encontrado el paso entre el Atlántico y el Pacífico, que fue justamente lo que descubrió Magallanes. Entonces, lo único que aparece como una solución posible en el globo de Behaim es la entrada del Río de la Plata. Allí podía hallarse la boca del estrecho. Magallanes va a buscarla por el Río de la Plata, pero la topa más abajo, en la Patagonia.

Lo que a uno lo sorprende es concluir como la vida de Magallanes se concentra en la búsqueda de ese estrecho. Siendo portugués, no parecía difícil conseguir que su propio rey aceptara el proyecto y le aportara los medios necesarios para armar una flotilla e ir en su búsqueda. ¿Cuál fue la reacción del monarca? Hay una tendencia equivocada a condenarlo, porque nosotros escribimos la historia con los resultados en la mano, pero el rey casi nada sabía. Ni siquiera albergaba la certeza de que la Tierra fuera esférica. Además, toda la historia de las navegaciones portuguesas apuntaba hacia el África. Sus capitanes trataban de llegar al país del Preste Juan, que según la leyenda había creado un imperio cristiano en tierras remotas. Resultaba más lógico, si se quería ir hacia Oriente, buscar la salida por el oriente, al revés de lo que proponía Colón, ir al Oriente partiendo por occidente. Según la tradición, desde Marco Polo se imponía como más racional el camino de Oriente. La esfera todavía pertenecía al mundo de la imaginación. Faltaba comprobar que se ajustara a la realidad.

Bartolomé Díaz siguió la costa africana hasta alcanzar el cabo de Bojador, en vez de atravesar el Atlántico, mar tempestuoso, mar tenebroso, mar intransitable. Díaz llegó con buena estrella hasta el Cabo de las Tempestades, en la última punta del África. Tanto que le dio el nombre de Cabo de la Buena Esperanza. Si no se le amedrentan sus compañeros, habría proseguido la exploración y abierto el paso por el Indico. Pero con él quedaba despejado el camino, y éste era el dato cierto que manejaba el rey de Portugal: allí había resultados concretos. Cuando Díaz regresó, en 1489, traía marfil blanco y marfil negro, es decir, esclavos. Venía cargado con pimienta y otras especias. Ahí estaba el futuro, no cabía ninguna duda. La vuelta de Colón fue en cambio algo precaria. Una tempestad que lo coge en las Islas Azores lo desvía de su ruta. El mar se encrespa allí y también las cartas de Colón. Pinzón queda convencido de que su capitán ha naufragado, y al revés. Al atracar frente a las bocas del Tajo, Colón se encuentra con Bartolomé Díaz, el rival que había descubierto el otro camino. Todo lo que portaba eran nueve indios desnudos. Todo el oro que éstos exhibían era un moquito en la nariz. Para mayor desgracia, Díaz no conocía al italiano, o, por lo menos, no se acordaba de él. Colón se le presenta: «Soy el almirante». «¿Almirante, y con una sola carabelita? -le responde el otro-. A ver, muestre los papeles».

A Magallanes le pasó lo mismo que a Colón. Fue a proponerle el viaje al rey, una empresa harto discutible porque según la bula del Papa, el viaje hacia occidente implicaba internarse en el mar español. No aparecía claro hasta dónde llegaba la propiedad de la que habían sido investidos los españoles. Al hacer la repartición, el papa no sabía con certeza que la Tierra fuera redonda. Cuando Magallanes le expone su proyecto al rey de Portugal, éste la contesta que el camino es por el oriente. Stefan Zweig, en su maravillosa biografía, relata el diálogo y describe también lo que era Lisboa. Abierto el comercio con las costas de África y más tarde con la India, la ciudad se había convertido en un emporio. La notable riqueza de sus porcelanas refleja el arte hindú. Y entonces el rey decide negarle toda ayuda a Magallanes, como se la había negado a Colón.

Cabrales descubre el Brasil, pero su propiedad les resulta a los portugueses de carambola, pues ante sus quejas, el papa traza una segunda línea de partición, más corrida hacia el occidente. Aun así, los portugueses no aprovecharon las inmensas posibilidades que les ofrecía el Brasil. Su colonización data de ayer, de la República. Ocurrió lo mismo que en Norteamérica, donde los ingleses ni siquiera alcanzaron a divisar las orillas del Mississipi. La conquista de Estados Unidos se logró en la República. En realidad, los grandes descubrimientos oceánicos fueron acometidos por italianos.-Colón, Vespucci, Caboto, Verrazano-, y los descubrimientos de las tierras firmes y de los grandes ríos, por españoles. El descubrimiento del Orinoco es una de las más fascinantes aventuras que puedan relatarse.

Magallanes decidió entonces llevar la idea a los españoles. Huele como a traición; desde el punto de vista, del patriotismo, acudir al rival de Portugal. Se ha exagerado la rivalidad entre Portugal y España. Siendo la misma dinastía, con Felipe II se unifican el trono de Portugal y de España. Rivalidades locales existían, pero no alcanzaban a ser como las de Francia y Alemania. Por otra parte, Magallanes abrigaba la convicción de que se le podía dar la vuelta al mundo y de que se trataba de una empresa forzosa de la humanidad toda. Magallanes se hacía esta consideración: cómo va a ser que no haya una puerta que comunique el Atlántico con el mar del otro lado. Vespucci la había buscado. Colón también, y creyó que era por Nicaragua. Se equivocaron ambos. Magallanes tenía un indicio de que se encontraba más hacia el sur. Como no lo apoyó el rey de Portugal, se fue con dolor a ofrecerle sus servicios al rey Carlos, que era alemán, y allí encontró buena acogida. Una cosa es el patriotismo tal como sé interpreta hoy y otra distinta tomo se interpretaba en aquella época. Durante la rendición de Breda, a quien se entregan las llaves de la ciudad es a Andrea Doria, un mercenario al servicio de Venecia. Es el momento que inmortaliza el cuadro de Velázquez.

Y entonces Magallanes se lanza a la expedición, que tuvo la suerte de contar con su propio cronista, Francisco Antonio Pigafetta, un italiano que cimienta las bases del reportaje universal con su espléndida historia. Magallanes pasa el Estrecho y ve el Pacífico, se interna en él, ya consciente de que lo asiste la razón, y llega a las Filipinas. Allí muere, prácticamente asesinado, porque lo traicionan sus compañeros, y es entonces Elcano el que prosigue la hazaña y el que le da la vuelta al mundo.

El diario de Juan Sebastián de Elcano permaneció inédito durante siglos. Lo encontró la señora Rómoli, una historiadora anglo-americana-colombiana, que le dio la clave a Mauricio Obregón. El diario fue publicado por la Academia Colombiana de Historia; con los comentarios de éste.

LOS OBREROS NO SE DOBLEGAN ANTE LA REPRESIÓN

Declaración de los sindicatos de trabajadores de Acerías Paz del Río, Telecom y Caja Agraria
Bogotá, Febrero 12 de 1994.
Pese a los ingentes esfuerzos hechos por las comisiones negociadoras de nuestros sindicatos para llegar a soluciones aceptables para las partes en la negociación de nuestros pliegos, tenemos hoy que manifestar a la opinión pública que por parte del gobierno nácional y la presidencia de Acerías Paz del Río sólo hemos encontrado la intransigencia y la decisión de imponer las nefastas medidas de la política laboral oficial y, en particular, de la ley 100 que reformó regresivamente la seguridad social y el régimen pensional.

En el caso de Aceríás Paz del Río, la pretensión de desconocer y desmontar un régimen pensional especial, fruto de las luchas y bajo las difíciles y riesgosas condiciones de trabajo de la minería y la siderúrgica, pactado desde hace años en la convención colectiva de trabajo, no le deja a la organización sindical alida diferente a la realización de la huelga general , en las próximas horas, reiterando nuestra voluntad de diálogo abierto.

En Telecom, el resultado de las reuniones adelantadas en el día de ayer con los ministros de Comunicaciones y Trabajo, donde el gobierno expresó que no va a respetar los derechos adquiridos por los trabajadores en el campo pensional, implica que la empresa entrará en anormalidad laboral a partir del lunes.

En el caso de la Caja Agraria, pese a que las negociaciones continúan este fin de semana, está aprobada la huelga nacional y su hora cero depende fundamentalmente de la voluntad política de la administración de llegar a acuerdos definitivos sobre el pliego petitorio.

Llamamos a la opinión pública, a la iglesia, a los trabajadores y sus organizaciones sindicales, a las fuerzas políticas y al pueblo de Colombia a pronunciarse y rodear de solidaridad los 25.000 trabajadores que representamos que con su lucha están dispuestos a hacer respetar sus derechos frente a la ofensiva reaccionaria del gobierno neoliberal de César Gaviria.

Sindicato de Acerías paz del Río, Comité Central de Huelga: Orlando Donoso Orozco, Sigifredo Meneses Aparicio, Hernán Sanabria Cruz.

Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecom “Sittelecom”: Eberto López, presidente, Alfredo Wilches, secretario.

Asociación de profesionales de Telecom, Victor Fajardo.

Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria “Sintracreditario”, Jesús A. Bernal Amorocho, presidente, Julio Martín Ríos Sanabria, secretario general.

LE AGUARON LA FIESTA A SALINAS EN MÉXICO

Raúl Fernández, desde Estados Unidos

El mismo día en que el mandatario azteca Salinas de Gortari anunciaba el inicio del tan manido Tratado de Libre Comercio, TLC o Nafta, se le complicó la situación en el estado de Chiapas, donde un numeroso grupo de simpatizantes de Emiliano Zapata se declaró en rebelión armada contra el gobierno federal. Este acto contribuyó aún más a poner al descubierto y en ridículo al entreguista y reaccionario Partido Revolucionario Institucional, PRI, y a su dirigente de turno.

De por sí la firma del acuerdo había adquirido características circenses. Lo más grotesco de las deliberaciones fue que Clinton, para obtener la venia del Congreso, aceptó que cada parlamentario en Washington impusiera lo que su respectivo distrito electoral exigía en procura de proteger sus intereses, sin que México se atreviera a chistar. Un congresista de Texas votó a favor del Nafta sólo después de que el Pentágono prometiese ampliar un contrato anterior con su distrito para construir aviones de carga. Otro, de la Florida, condicionó su apoyo a que el Departamento de Estado lograra la extradición, desde México, de un individuo acusado de un crimen en Estados Unidos. Un representante más, de Georgia, dio su aprobación luego que el Departamento de Agricultura hizo gestiones con el objeto de imponer trabas a las importaciones de mantequilla de maní provenientes del Canadá. Hubo quienes hasta consiguieron favorecer a los fabricantes de escobas en sus jurisdicciones. Con este tipo de disparidades, en repetidas ocasiones cualquier congresista norteamericano se halló en capacidad de negociar sin que se tuviese en cuenta al sumiso gobierno mexicano. En resumidas cuentas el mercado de México abrió más sus fronteras a las mercaderías estadinenses, mientras la Casa Blanca insistía en las medidas proteccionistas.

El Tratado de Libre Comercio puede ser resumido en unas pocas tesis.

Primero: no es tanto un tratado de «libre comercio» sino más bien de libre inversión, pues, desde hace varios años se hallan casi eliminadas las tarifas de México sobre productos provenientes de Norteamérica. Lo que se abre por completo con el Nafta es el campo para la inversión de capitales de Estados Unidos en México, que son protegidos contra las nacionalizaciones y autorizados para usar partes norteamericanas.

Segundo: la libre inversión se ve limitada frente a terceros por un capítulo que establece las llamadas «reglas de origen». Estas simplemente hacen que bienes provenientes de México, Estados Unidos o Canadá sean legalmente considerados como domésticos, no así los que procedan de Japón u otros países; para éstos se fijan restricciones. De esta forma se le dificulta al resto del mundo industrializado llevar tranquilamente sus mercaderías a México, o ensamblarlas allí y utilizar la patria de Cuauhtémoc como plataforma de exportación al mercado estadinense. Bien lo dice Mickey Kantor, importante delegado de Washington: «El libre comercio no existe, lo que existen son reglas del juego». Ya las compañías de automóviles de Estados Unidos están anunciando planes para aumentar su inversión en los territorios de su vecino del sur. El gran perdedor será Japón, cuyos materiales para la producción de automóviles serán considerados «no domésticos», a menos que los compre a compañías gringas. El único resquicio se presenta en la producción de camiones y camionetas cuyas exportaciones desde México no tienen controles. En cuanto a los demás automotores se previeron ciertas cortapisas para el envío a Estados Unidos. Una compañía japonesa ya establecida en México desde hace años, la Nissan, ha indicado que tratará de utilizar esta licencia para producir camiones de exportación a Estados Unidos.

Tercero: no es posible contemplar el tratado como un estímulo para el progreso del país azteca, ya que los planes y decisiones de las empresas norteamericanas que busquen establecerse allí van a basarse en los bajísimos salarios, que han extendido la miseria bajo el régimen de Salinas de Gortari. Sin pobreza no habrá inversión. No existe siquiera la posibilidad de que el capital foráneo conduzca a elevar el nivel de vida, ya que en realidad sólo un puñado de multinacionales estarán en capacidad de colocar grandes sumas. El aumento en el empleo será muy inferior a la aplastante pérdida de ocupaciones que ya se viene presentando merced a las medidas de privatización. Ahí está el ejemplo de Puerto Rico, donde las multinacionales norteamericanas han campeado a sus anchas por cincuenta años y la isla del encanto sigue siendo ni más ni menos un paupérrimo país del archipiélago antillano.

Cuarto: el nivel de vida de la clase obrera norteamericana será el más afectado por el TLC. Los grandes monopolios incrementarán en México la oferta de empleos y el conjunto de los trabajadores estadinenses se verá amenazado con la pérdida de sus puestos, a menos que cedan ante la presión por rebajar sus salarios y prestaciones. Debido a ello el movimiento obrero de Estados Unidos se ha opuesto radicalmente al tratado. Así que ni México se beneficia en forma significativa; y la masa trabajadora de Estados Unidos queda notoriamente perjudicada.

Quinto: el desplazamiento de mexicanos de sus tierras y la merma de la producción agrícola serán un hecho inexorable, una vez que el campo desprotegido se enfrente a la competencia de los poderosos consorcios de la agricultura gringa. El gobierno de Salinas ha jugado el destino de su pueblo a la ruleta rusa del mercado libre, es decir, al afán de ganancia de los pulpos económicos del Norte.

A nadie debería sorprender que las ideas de una imprevista rebelión armada encontraran eco en el sureño estado de Chiapas. En el transcurso de 1993 se registraron, a lo largo y ancho del país, numerosos movimientos de protesta por parte de campesinos abrumados de deudas, y que veían su futuro en peligro por la desaparición de los precios de garantía bajo el régimen salinista. En Chiapas, zona cafetera, la caída de las cotizaciones de sustentación había causado estragos severos en las condiciones de vida.

En los estados de Guerrero, Morelos y Michoacán, la exasperación rural provocó brotes de violencia contra las autoridades. Al menos cuatro pueblos protagonizaron sus Fuenteovejunas en 1993, pasando por las armas o linchando a representantes gubernamentales prepotentes y abusivos.

El Tratado de Libre Comercio le prohíbe a México participar, junto con otros países, en grupos que busquen proteger el precio internacional del café. Además, el predominio del latifundio, hecho que dio lugar a la revolución agrarista de Emiliano Zapata, es otra vez una realidad en el México de la apertura económica.

A pocos días de los choques violentos, un portavoz del Departamento de Estado afirmaba en Washington que no había conexión alguna entre el Nafta y lo ocurrido en Chiapas. ¿Estaría ciego o sordo? El primer comunicado emitido por los insurgentes indicaba que las repentinas acciones se debían en parte a que el Tratado de Libre Comercio era algo así como «la sentencia del muerte del territorio indígena»

PARA MÉXICO, EL NAFTA; PARA LOS PAÍSES POBRES, EL GATT

A mediados de diciembre concluyó la Ronda Uruguay del GATT. Al finalizar las discusiones, una emisora japonesa de televisión juzgaba así los resultados: en escala de 1 a 100, Estados Unidos obtenía 90, Europa 90 y Japón 70. Estados Unidos, porque mantuvo la potestad de aplicar castigos antidumping a su antojo. Europa, por la victoria francesa contra Hollywood. Y Japón, por haberse visto forzado a abrir el mercado del arroz. No se menciona para nada a los países pobres, los cuales, en la misma escala, a duras penas pasan de 0.

Durante las conversaciones de la Ronda, Estados Unidos y Europa se pusieron de acuerdo sobre cuestiones secundarias, para entrar después a imponerles el arreglo a los demás. Como afirmara sin ambages un miembro de la delegación norteamericana, «los que mandan son los que más mercado poseen». Un estudio de la agencia religiosa Christian Aid indicaba que el acuerdo reducirá los mercados y el volumen de exportación de los países del Tercer Mundo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, publicó un análisis preliminar donde estima que, como resultado del acuerdo, la Comunidad Europea obtendrá adicionalmente unos 80.000 millones de dólares en exportaciones, mientras que África perderá 2.500 millones e Indonesia casi 2.000.

En cuanto a la agricultura, se ven muy pocas gestiones que permitan el acceso del Tercer Mundo a nuevos mercados. Ante esta situación el delegado brasileño Luis Felipe Palmeira, dijo que «además de que los alcances del acuerdo no llenaron las expectativas, habrá en el mercado un mayor número de exportaciones subsidiadas de los países desarrollados durante los próximos años, lo que nos costará puestos de trabajo y divisas». La negociadora por Filipinas Lilia Bautista sostuvo: «Entre los dos (Estados Unidos y Europa) están decidiendo el destino del mundo entero. En el transcurso de toda la Ronda nosotros hemos sido los generosos».

En el sector de los textiles, el acuerdo multifibras se prorroga y sólo se plantea su gradual eliminación… ¡en quince años! En lo que a la propiedad intelectual se refiere, Europa y Estados Unidos aumentaron los controles y presiones sobre la utilización de tecnologías, pagos de regalías, etcétera, fortaleciendo la tendencia hacia el monopolio tecnológico de la informática y de la biotecnología en manos de un puñado de países ricos. Se dieron, desde luego, toda una serie de exclusiones para que el pacto no se fuera al traste: europeos y gringos decidieron no hablar de servicios financieros, ni meterse en la cuestión de los subsidios a las compañías fabricantes de aviones jet para pasajeros.

El tratado no le convino mucho a Japón, que no participó y que continúa enfrascado en un violento pleito con Estados Unidos sobre el mercado de los chips para computadores. Apenas terminada la Ronda, el delegado de Estados Unidos, míster Kantor, amenazó al Japón con severas sanciones a menos que la nación nipona cumpliera la promesa hecha de garantizar el 20% de su mercado interno para los chips producidos en Gringolandia.

En Londres investigadores del Gatt Proyect estiman que la Ronda Uruguay acabará por acelerar el desplazamiento de empleos de Europa a otras regiones de bajos salarios. En Inglaterra, durante los años de 1992 y 1993, las mil mayores empresas eliminaron más de millón y medio de empleos. En Alemania se prevé que una de cada tres compañías plantea transferir parte de sus operaciones al Este de Europa y al Asia, mientras el paro en la Comunidad Europea ronda por el 10%, lo que equivale a unos 20 millones de cesantes.

Para el consumo doméstico la gran prensa norteamericana se mostró poco satisfecha: The New York Times calificó los resultados de la Ronda como un «éxito limitado». El más conservador Christian Science Monitor sacó en conclusión que «se había evitado una guerra comercial». En resumidas cuentas, no se acordó mayor cosa. Y en cuanto a reglas y mecanismos, todo sigue igual: Estados Unidos continúa esgrimiendo el argumento de la fuerza para salirse con la suya mediante prácticas retaliatorias y vendettas comerciales, en defensa de su propia producción. ¡Y ay del gobierno latinoamericano que ose pagar con la misma moneda!

Nafta y el GATT representan un paso adelante en el férreo dominio de los grandes conglomerados, en especial de los dedicados al comercio de importación-exportación, como Cargill Procter and Gamble, etc. Se lanzó a los pueblos débiles a competir unos con otros a ver cual es el que termina envileciendo más los salarios y las condiciones de vida.

¿Qué es el GATT?
Finalizada la Segunda Guerra se fundan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dos organismos encargados de regir los destinos financieros del globo y que terminaron bajo el control directo de Washington. Había surgido una nueva hegemonía, la norteamericana.

En materia de comercio internacional se creó una especie de conferencia flotante, con débiles poderes, ocupada en tratar de reducir las barreras tarifarías a los productos manufacturados. No se olvide que en la crisis de los treintas se había desatado una encarnizada guerra proteccionista entre Japón, Alemania y Estados Unidos. La conferencia, denominada GATT, se encaminaría a impedir que aquello no volviera a pasar.

En sus cuatro décadas y pico de vida el GATT ha adelantado sus gestiones a través de varias rondas. La última de éstas, conocida como Ronda Uruguay, comenzó en 1986.

Entre los temas que se barajaron en la Ronda Uruguay hay que destacar cuatro: la extensión de las normas a la agricultura, a los servicios (comprendidos los bancarios) y a los textiles; las exigencias a los pueblos débiles en materia del medio ambiente, la seguridad física y la salud pública, incluso con mengua de sus derechos nacionales; la creación de reglas especiales para la «propiedad intelectual», que favorecen ante todo a Estados Unidos, y la formación de la Organización Mundial del Comercio, OMC.

Las enormes dificultades por que atraviesa el GATT se originan en el empeño que muestran los tres grandes bloques mundiales que defienden a muerte sus mercados y colonias. Estados Unidos exige terminar con los subsidios pero no tiene ningún reato en fijar cuotas a los textiles y entorpecer la entrada de flores, azúcar y otros productos del exterior. Japón persiste en proteger su industria automotriz y de microcomputadores. Francia ha recibido la solidaridad de Europa, con excepción de Inglaterra, en la lucha contra los Estados Unidos en relación con las oleaginosas. La Comunidad Económica Europea restringe sus fronteras al banano latinoamericano. Todo esto, más el creciente descontento de los trabajadores europeos, sirvió de marco a las últimas reuniones de la Ronda Uruguay tras siete años de continuos forcejeos. El resultado, reducción del 21% de las exportaciones subsidiadas en un plazo de seis años.

Con el lema del “libre comercio” lo que se está planteando apunta a minar la capacidad de cada nación de producir su propia comida. Por ello, en los países donde tales secuelas se vislumbran, los sectores a los que les va a tocar sufrirlas han lanzado protestas airadas. En Francia decenas de miles de agricultores salen a las calles para resistirse a que sean arruinadas sus fincas, cultivadas durante siglos. En Bélgica se organizan manifestaciones en tractores para rechazar los cambios sugeridos en la Ronda Uruguay. En Holanda arrojan al pavimento toneladas de verduras frescas con el fin de demostrar su profundo desacuerdo. Lo propio ocurre en Japón.

Con respecto a las cuestiones ambientales, de seguridad física y de salud pública, en las últimas dos décadas ciertos países han aprobado leyes que protegen a los consumidores y defienden el entorno contra las plagas de contaminación, los pesticidas, etc. En la Ronda Uruguay hay quienes sostuvieron que dichas disposiciones constituían formas de «competencia desleal», y por ende habían de ser suprimidas.

¿Cómo repercute lo anterior en la práctica? Tomemos un caso. Japón, que ha conseguido mantener a flote a sus arroceros alegando con razón que el grano importado de Estados Unidos contiene grandes dosis de pesticidas, no podrá esgrimir este argumento sopena de ser sancionado.

La eliminación de esas restricciones se basa en los criterios de una oscura organización con sede en Roma, llamada Codex Alimentarius, que no es otra cosa que «pata de cabra» de las multinacionales. Los estándares aplicados por ella en materia de pesticidas, aditivos y químicos son mucho más laxos que los generalmente aprobados por las leyes nacionales en buena parte del mundo. Verbigracia, en el caso de agente tan carcinógeno como DDT, el Codex Alimentara autoriza un nivel de residuos cincuenta veces mayor que el permisible en Estados Unidos. En cuanto al heptacloro, un peligroso pesticida, tolera una medida cincuenta veces mayor que la existente en aquel país. Lo que se persigue entonces es imponer un mínimo común denominador, bajo el eufemismo de la “armonización”.

El tercer tema, el del afianzamiento de medidas para proteger la «propiedad intelectual», se refiere a una serie de disposiciones que les otorga a las multinacionales de Estados Unidos un control efectivo sobre patentes y licencias en los ramos de la biotecnología, especialmente semillas y drogas, software y otros. La International Trade Commission de Estados Unidos ha estimado que al ponerse en vigor las reglas promovidas por la delegación gringa, ese país podría recibir por licencias y patentes uno 61 mil millones de dólares anuales, a costa de los países del Tercer Mundo; suma que supera a 1a que éstos pagan por el servicio de la deuda externa.

Todos los objetivos que perseguían los yanquis y sus amigos se llevarán a cabo mediante la creación de la Organización Mundial del Comercio, institución que sucederá al GATT a partir de 1995 y que contará con personería jurídica en cada uno de lo países miembros y con pleno poder para dirimir disputas y autorizar medidas de retaliación.

El carácter ampliamente favorable al dominio de los trusts sobre todo los de Estados Unidos, del que están saturadas las proposiciones de la Ronda Uruguay, ha provocado una enconada reacción de protesta. No sólo de los agricultores japoneses europeos, sino también de productores tan distantes como lo de África y Malasia, a los que se han venido sumando los consumidores en Europa y Estados Unidos, las organizaciones del medio ambiente y los sindicatos

ALÓ…ALÓ

Con este cuento, Ángel Galeano ganó el concurso nacional Carlos Castro Saavedra
Eran las tres de la mañana cuando sonó el teléfono. Mauricio Jaramillo se sintió atravesado por el corrientazo y en el sobresalto se aferró a la estilográfica.

¿A quién se le ocurría llamar a esa hora? Mil suposiciones se amontonaron en su cerebro golpeteándole las sienes. ¿Una mala noticia? El timbronazo trajo consigo los oscuros presentimientos de alguna desgracia que Mauricio creyó ver danzando sobre la noche como parca funesta.

La montonera de presagios le resecó la garganta y la lengua y los labios.

Como si tuviesen voluntad propia, sus ojos buscaron el aparato y cayeron sobre él, feroces. Mecanismo gris en cuya barriga los diez dígitos negros se veían aprisionados en círculos transparentes. No podía ser Zulma, su mujer, porque a pesar de la distancia se mantenían comunicados. Hacía varias semanas se había trasladado a los laboratorios de la Fundación para la Erradicación de la Malaria, a orillas del mar, con el fin de realizar una investigación por comisión de la universidad. No habían transcurrido más de seis horas desde que hablara con ella por teléfono y le oyera su deliciosa voz, cuya dulzura significaba para él la variante femenina de la fuerza. Al fondo, el rumoreo de las olas. La sintió alegre a pesar de la distancia, esa distancia enemiga que los separaba y a la vez les refrendaba su cercanía.

Después de la explosión en el puente le fue imposible conciliar el sueño. Sonó tan cerca el bombazo que los vidrios de la ventana vibraron. Se apresuró hasta el cuarto de la niña para tranquilizarla y luego telefoneó a Zulma para sosegarse los dos. Un alargado silbido quedó suspendido en el aire y la gente de los edificios colindantes al Estadio se asomaron a sus ventanas en silencio, como autómatas, comprobando la pesadilla pero sin despertarse. Y se agacharon a recoger los vidrios quebrados…

Por fortuna la niña se durmió pronto, inocente del juego letal. En cambio él abandonó la cama y dio vueltas y vueltas por el apartamento, hasta que decidió aprovechar el insomnio impuesto y se sentó en su estudio a escribirle una carta a Zulma.

Pronto cortarían el suministro de electricidad y debía apresurarse. Con el apagón el silencio se tornaba más espeso y evidente. De repente las cosas desaparecían y con ellas los sonidos. El monstruo devoraba todo lo existente, hasta los deseos de dormir. Al apagarse el foco del poste público, desaparecía la ventana con aquella cortina de flores estampadas que estimulaban su imaginación todas las noches antes de dormirse. Se esfumaban también las sombras rectangulares de las celosías y cesaba el baile de las flores sobre la pared. El techo de madera enlacada se perdía, lo mismo el cuadro del maestro Pedro Nel Gómez y las fotografías de Zulma con la niña en los trigales de Suesca.

La ausencia de Zulma se multiplicaba y él luchaba por recuperarla imaginándola concentrada en su trabajo frente al mar.

Chapoteaba en esas cavilaciones nostálgicas, cuando el teléfono sonó de nuevo, como si fuese otra maldita bomba, rebullendo la noche y patentizando aún más el silencio.

Sus manos, sin medirse, se abalanzan sobre el auricular…

Voz queda, para que la oyesen al otro lado de la línea y cauta, para no despertar la niña.

Era posible una broma, pero la voz de aquella mujer sonaba tan respetable y urgida, que por un instante recordó a su anciana madre. Así, cualquier posibilidad de chanza quedaba conjurada para empezar.

Sin embargo, Mauricio Jaramillo no era la clase de hombre que tragara entero y menos a esas alturas de la noche. Prestó mayor atención a su interlocutora, buscando indicios que echaran por tierra la respetabilidad ganada en el primer impacto. Esculcó la voz y sus alrededores, por si sonaba música o bulla propia de algún burdel. Podría tratarse de una prostituta borracha. Pero sólo escuchó la pausada voz femenina y su respiración lenta.

Dudó.

No era una broma, ni tampoco asunto de tragos. No quedaba otra cosa que una equivocación. Sucede a menudo. Se entrecruzan las líneas o sencillamente se confunden números al marcar. Le preguntó qué necesitaba y ella le contestó que hablar con él.

Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Él no quiso decir su nombre ni tampoco repetir el número marcado. Le dijo que se había equivocado, pero ella respondió con firmeza que no y que aunque no se conocían necesitaba hablar con él.

Mauricio Jaramillo sintió afán de colgar el teléfono. ¡Qué tontería! Pronto cortarían la electricidad y aquella mujer desconocida y extraña le quitaba el tiempo. La carta para Zulma iba por la mitad y él tenía vivos deseos de conversar con su mujer. Asumía el hecho de escribir como un acto de conversación. Contarle cómo iba la niña en el colegio y cuánto la extrañaba. Era tan hermoso escribirle. Sentía como si la tuviese frente y se susurraran intimidades y confesiones represadas. Pero aquella señora se entrometía. Lo mejor sería colgar el teléfono, desconectarlo si fuese necesario y san-se-acabó.

La mujer le suplicó que no lo hiciera «Por lo que más quiere en el mundo –le imploró- no cuelgue».

Mauricio Jaramillo no hallaba qué hacer. Lo conmovían aquellas palabras. De nuevo, la imagen de su anciana madre cruzó como rayo ante sus ojos. Aquella mujer poseía el don de un puente, no había duda Algo en su súplica lo denotaba. Quizás tenía el cabello blanco, recogido en moño sobre la nuca. Le pareció ver sus manos temblorosas. Dedos alargados, finos, nerviosos, enredándose y desenredándose en el cable teléfono. La imaginó sentada en un sillón de cuero, con los pies enchinetados, subidos sobre un camafeo aterciopelado. Tal vez una bufanda de lana alrededor del cuello… Suplicaba pero sin debilitar su voz. Con dignidad. ¿Cómo decirle no a una mujer así? Obligaba atenderla, so pena de ser desalmado y Mauricio Jaramillo tenía todo, menos de cruel y despiadado.

Si desdeñaba repetir el número que Mauricio esperaba oírle decir, para dar por terminado el asunto con un triunfante “se equivoco”; despreciaba decir su nombre y aposta ni le interesaba el de él; si, en cambio de excusarse pedía, a su manera, un minuto para conversar… entonces, ¿qué quería?

Se lo preguntó escuetamente y ella le respondió más directa aún: «Sólo quiero conversar». Tres palabras que lo desarmaban y despertaban en él cierta mezcla de curiosidad y simpatía.

Miraba la estilográfica aprisionada entre sus dedos y le pareció que lo invitaba a continuar escribiendo. Pensaba en la carta de Zulma… Pensaba en Zulma. Pronto caería la penumbra. A lo mejor estallaría otra bomba… Nadie lo sabía. La incertidumbre galopaba por la ciudad sin tasa ni medida. Y en medio de ese mare mágnum sonaba la voz de aquella mujer desconocida jalonándolo, convidándolo a dejarse llevar en una conversación aventurada…

Pedía un minuto.

Al fin y al cabo ya había interrumpido su carta y sólo pedía un minuto. Mauricio Jaramillo arrió banderas y dejó la estilográfica sobre la hoja medio escrita. Sirvió café del termo y vio ascender el vapor caliente. Se saboreó. Así le gustaba el café.

«Gracias. Algo me decía que con usted se podría hablar. Porque lo único que quiero es eso: conversar y que me conversen… Verá, soy casi una anciana y ya nadie vive conmigo. Pasan días enteros, semanas, ¿sabe? y nadie habla conmigo. Y ahora, en este infierno de bombas y apagones, siento necesidad incontrolada de conversar con alguien… Debe ser miedo. ¿Usted qué cree? Claro que no me siento acobardada. Muy adentro me veo tranquila, ¿sabe? Esto debe ser una especie de miedo, a lo mejor muy antiguo, pero para mí es nuevo, que nunca había experimentado… Me hace falta hablar con alguien. De vez en cuando leo los trozos de La Vorágine, para reconfortarme. Y algo de Cumbres Borrascosas, pero mis ojos ya no dan la medida. Se cansan muy rápido. A veces trato de amortiguar la necesidad hablando sola, conmigo misma, pero no basta, ¿sabe? Hablo con las bifloras y las chafleras, pero no es lo mismo. Empieza una a creer que se está enloqueciendo de veras. En esos momentos es cuando marco un número telefónico cualquiera, al azar. Busco un pretexto para entablar conversación, pero… ¿sabe? me cuelgan el teléfono. La mayoría lo hace. Me dejan hablando sola… ¿Aló?, ¿sigue usted ahí?… ¿aló?…»

Mauricio Jaramillo sintió vergüenza. ¿Cómo era posible que por su cabeza hubiese pasado la idea de colgar el teléfono? Aquella mujer lo empezaba a conmover.

Se comparó. Así como él deseaba conversar con Zulma así mismo aquella mujer solitaria buscaba comunicación con alguien. ¿Por qué negárselo? ¿Qué derecho tenía él de privarla por un minuto de hablar?… ¿O dos, o tres?…

«Uf, que alivio, Dios mío. Por un instante creí que usted me había traicionado también. Hay gente que no cuelga pero se pone a hacer otra cosa y deja descolgado el teléfono o se duerme y me dejan con la palabra en la boca. Algo me decía que usted no era como los demás hombres. Sí, por su voz, ¿sabe? He aprendido a diferenciar las voces y a saberlas amistosas u odiosas. Hay unas más solitarias que la mía. Lo sé. Tienen un dejo triste que largan en cada frase. Suenan amargas, como si cargaran una horrible tonelada de penas. Eso me subleva, ¿sabe? Siento grandes deseos de animarlos… Sobre todo cuando son jóvenes. Fíjese, los llamo para alimentarme el alma y termino dando ánimos… Pero muchos no me entienden y puede más su corrosión y cuelgan… Bueno, pero no se trata de que yo sea la única que hable, ¿verdad? Dígame algo, algo de usted…»

Mauricio Jaramillo no supo qué responder. Estaba sorprendido. La imagen de aquella anciana crecía en fortaleza.

«Continúe hablando», le pidió y ella le respondió que la halagaba al decirle eso, pero que quería oírlo a él también. Le preguntó si era casado y si tenía hijos. «Una hija y la quiero mucho».

Fue cuando la anciana le martilló la cabeza diciéndole que hiciera como si no la tuviera. «Es terrible lo que usted me pide. ¿Por qué habría de ignorar a mi propia hija?» Con voz tranquila, la anciana le replicó que hablaba así para que él comprendiese mejor la situación por la que atravesaba ella.

«¿Sabe cuántos hijos tengo? Cinco: cuatro hombres y una mujer. Y sin embargo, estoy sola, llamándolo a usted a esta hora… No demoran en quitar la luz… Aguarde un momento, tengo que ir a revisar que la puerta esté bien cerrada. No cuelgue. Ya regreso…»

Mauricio Jaramillo la oyó alejarse. Eran pasos desiguales, lentos. Como si arrastrara uno de los pies. Por un instante silencio total y luego, de nuevo, los pasos acercándose.

«¿Aló?… Sabía que podría confiar en usted, que no colgaría. ¿Puedo pedirle un favor especial?… No se preocupe. Es sencillo para usted, lo sé. Le queda fácil… Gracias de nuevo… Lo que quiero pedirle es que cuando se vaya la luz no cuelgue, ¡por favor!… Y si estalla otra bomba tampoco. ¿Sí? No me deje sola. Gracias. Es terrible estar sola, mejor dicho, sentirse sola. Y fíjese, con cinco hijos. Pero todos se han marchado ya. Han tomado cada uno su propio camino y me he quedado sola… Es la vida. Sabía que eso sucedería algún día, pero es difícil vivirlo. No somos dueños de los hijos, ni de nadie… ¿Aló?… ¿Oiga?… ¿Me escucha?…»

Sí, claro que la escuchaba. Mauricio Jaramillo quiso saber dónde vivía y cuál era su nombre. Un creciente interés se iba apoderando de él. Pero la anciana empezaba a dar muestras de fatiga y la sola idea de que colgara lo inquietó. Ahora los papeles se invertían. El temor rondaba a Mauricio. Para evitar la desconexión le pidió el número telefónico. Empezó a dictárselo, pero mostró duda en el cuarto número. Mientras ella fue por la libreta para cerciorarse, Mauricio Jaramillo aprestó la estilográfica de nuevo. Oyó cuando la anciana caminó pesadamente, cojeando, y luego cuando abrió un cajón. Mauricio imaginó un nochero de madera pulida. La anciana cerró el cajón y rengueó de nuevo. Pasos desiguales acercándose… A Mauricio le parecía verla arrastrando un pie…

Sí, la llamaría después. Quizás al día siguiente. ¿Qué tanto era una llamada? Para ella significaba compañía. Cuántas personas de esa edad estarían en las mismas… Sí, la llamaría a la noche siguiente y la saludaría y le comentaría cualquier cosa… Valía la pena…

De repente. Mauricio sintió como si le pegasen un puñetazo en el oído… Dos segundos después, el terrible eco de una explosión llegó hasta su balcón y luego quedó todo a oscuras… y en silencio.

SIGUE DETENIDO JAVIER ZAPATA

Se mantiene la persecución contra Javier Zapata, miembro del Comité Regional de nuestro Partido en Sucre. Javier cumplió 13 meses de estar preso en la Cárcel Nacional de Sincelejo el pasado 15 de febrero.

Después de más de un año, la Fiscalía, por fin, se ha decidido a solicitar las pruebas pertinentes. Aunque tal providencia fuera requerida el 19 de diciembre, el expediente apenas llegó a Sincelejo el 15 de febrero. Exigimos una vez más su libertad inmediata.

IMPORTANTES ALIANZAS EN LA COSTA ATLÁNTICA

En Atlántico con Ernesto Certaín; Bolivar, con Alvaro Bennedetti, con Mauro Tapias
Jorge Santos y Marcelo Torres visitaron la Costa entre el 29 de noviembre y el 4 de diciembre, presidiendo importantes concentraciones.

En sus dos visitas a la capital del Magdalena, Santos realizó masivos encuentros en el Centro Vacacional Bellavista y la Universidad del Magdalena. Sus discursos fueron transmitidos por Radio Galeón.

En Sincelejo, el 4 de diciembre, los candidatos de la resistencia civil exigieron la inmediata libertad del camarada Javier Zapata, a quien expresaron personalmente su solidaridad.

En Cartagena, centenares de militantes y amigos llenaron el auditorio de la Asamblea Departamental. En la mesa directiva se hallaban, además de los candidatos al Senado, Alberto Herrera, secretario del Regional; Luis Carlos Fuentes, presidente del Sindicato único de Educadores de Bolívar, Sudeb, y candidato al Concejo de Cartagena; Fredy Bolívar, candidato a la Asamblea Departamental; y Auri Sará y Candelario Jimenéz presidente y vicepresidente de la USO.

Más de cien dirigentes obreros de Bolívar firmaron una declaración en que hacen público su respaldo a la candidatura de Santos. La suscriben los miembros del comité ejecutivo de Utradebol, con su presidente, Antonio Cantillo Bustillo, y los compañeros Raúl Pérez, Arquímedes Barrios, José Luis Esquivia, Gregorio Gómez, Carlos Carrascal, Inalides Castro,. Rangel Ortega, Gustavo Ariza y Genrardo Collazos. Además, por Sudeb, los directivos Medardo Hernández, Amanda Gordon de A., Luis A. Mendoza y Yaneth Meléndez, y los presidentes de Sintrenal, Arnoldo Ariza; de Sindimúsica, JairoBernett; de Sintrapetrocol, Luis Pájaro; de Sintracreditario, José Arlex Arias, y de Anebre, Rafael Ortiz, entre muchos otros.

En las listas para la Cámara, el MOIR llegó a un acuerdo con el representante y dirigente del Movimiento Caribe Liberal, Alvaro Benedetti Vargas, sobre la base de: «1. La defensa incondicional de la producción nacional y el rechazo a la actual política de apertura económica. (…)

«2. Defender el derecho al trabajo y combatir la política llamada de «modernización del Estado», la cual ha traído consigo el despido de más de 50 mil empleados públicos y la liquidación y subasta de decenas de empresas estatales.

«3. Defender la soberanía nacional y oponerse a la presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio patrio.» (…)

En Barranquilla presidieron una multitudinaria asamblea, en compañía de Jorge de Oro, Néstar de Ferrer y Rafael Osorio, dirigentes regionales del MOIR, a la que concurrieron Ernesto Certain, dirigente del Bloque Independiente Liberal del Atlántico, José Palacio, presidente de la Unión de Trabajadores del Atlántico, Utral, filial de la CGTD, y otras importantes personalidades del movimiento sindical. Efraín Castro y Emiliano Ospina, veteranos dirigentes obreros, se sumaron a las fuerzas comprometidas en la campaña.

Los siguientes son apartes de la Declaración Política:

«El Bloque Independiente Liberal del Atlántico, BILA; el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, el Movimiento Liberal Autónomo, han decidido apoyar la candidatura a la Cámara de Representantes del doctor José Antonio Llinás Redondo, 24 en el tarjetón electoral, al encontrar plena coincidencia en puntos programáticos cruciales para el desarrollo del país, tales como: lo. Defensa de la soberanía nacional. 2o. Defensa de la producción nacional. 3o. Defensa de los intereses de los trabajadores y el pueblo colombiano.

«Los firmantes de este acuerdo rechazamos la política de apertura económica indiscriminada».

En Valledapar, el Movimiento de Renovación Liberal, MRL, y el MOIR sellaron, un acuerdo para llevar a la Cámara de Representantes a sus dirigentes Mauro Tapias Delgado y Aldo Cadena, presidente de Sindess. Ambas fuerzas coincidieron en «denunciar los efectos negativos para el país provenientes de la aplicación indiscriminada del modelo económico neoliberal».

FESTRALVA, FILIAL DE CTC, RESPALDA A SANTOS

En el valle
FESTRALVA, FILIAL DE CTC, RESPALDA A SANTOS
La Federación Sindical de Trabajadores Libres del Valle, Festralva, filial de la CTC, en reunión de su comité ejecutivo realizada el 10 de febrero, resolvió respaldar la candidatura al Senado de Jorge Santos Núñez. La decisión adoptada por la federación fue previamente aútorizada por un Congreso,que acordó vincularse a la lucha política con candidatos obreros y populares que le permitan al movimiento proyectarse más a los problemas de la comunidad y la nación, a la vez que oxigenar la bicha sindical.

Ya desde las pasadas elecciones, conjuntamente con el Movimiento Liberal Social demócrata, que en Buenaventura dirige Fredy Salas Guaitotó, más los sindicatos de la entonces Utraval y el MOIR, Festralva participo en las elecciones y ayudó a elegir a Fredy Salas a la Asamblea Departamental.

Para la Cámara, Festralva está respaldando la lista de negritudes que encabeza Edgar Roberto Carabalí y que lleva en segundo renglón al dirigente del MOIR y concejal de Puerto Tejada, Adolfo Tigreros.

Para el Senado siempre estuvo en mente la candidatura de Jorge Santos, quién finalmente fue acogido el 10 de febrero.