EDITORIAL: LOS ACUERDOS Y LOS VIRAJES

El Partido Comunista viene publicando en su semanario “Voz Proletaria”, por entregas y con suspenso como en los novelones radiales de Félix B. Caignet, una serie de artículos bajo el título poco unitario de “Las posiciones oportunistas del MOIR”. Desleales a los compromisos y desleales en la discusión, los dirigentes del Partido Comunista recurren al método liberal de citar a su favor entre comillas expresiones, frases, calificativos, sin indicar la fuente de donde han sido tomados pero dando entender que se trata de declaraciones oficiales del MOIR. 0 le echan mano al recurso de acusarnos de anticomunistas, buscando de una plumada y desde una posición de gran partido invalidar las críticas que hemos formulado con mayor o menor tino, en medio de crecientes diferencias entre nuestras dos agrupaciones simple y llanamente lanzan sin demostrar afirmaciones de esta especie: “Curiosos maoístas estos del MOIR . . echan espuma porque no condenamos la rectoría de Luís Carlos Pérez, porque no nos oponemos (vaya locura!) al reconocimiento de Cuba por parte del gobierno colombiano. . .”. Con estos métodos se podrá confundir unos cuantos militantes y sectarizarlos, mas no se ayudará a esclarecer las viejas y las nuevas contradicciones de las distintas fuerzas de la izquierda colombiana ni a resolver los complejos problemas de nuestra revolución. Mucho menos se coadyuva a la unidad del pueblo.

Es bastante conocida la escrupulosidad con que lo verdaderos dirigentes del proletariado, desde Carlos Marx, han adelantado sus polémicas y han citado a sus adversarios, hasta el punto de que hoy podemos sostener con orgullo los marxista-leninistas que a nuestros jefes y maestros jamás se les comprobó una falsificación, una tergiversación, una invención. Los comunistas colombianos debemos ser fieles a esta tradición revolucionaria, así no seamos discípulos adelantados. La discusión pública que está planteada entre las dos organizaciones no es la primera que se presenta, como tampoco es la primera vez que los dirigentes del Partido Comunista se escudan en esa especie de macartismo al revés de motejar de anticomunista al MOIR, para tratar de despachar en esta forma, por la vía más rápida pero más oportunista, no sólo las contradicciones políticas, sino las divergencias ideológicas que nos separan.

Si algo está por verse en Colombia, al margen de la trayectoria larga o corta, buena o mala, que puedan ostentar los grupos políticos que se autocalifican de marxista-leninistas, es quién interpreta certeramente las condiciones internas y externas de la revolución y la conduce a la victoria, en una palabra, quién aplica consecuentemente una línea comunista auténtica. Todo esta en ciernes y aquellos que tienen más experiencia están obligados a saberlo mejor.

En cuanto a que los “maoístas del MOIR echan espuma” porque el Partido Comunista no condenó el reconocimiento de Cuba por parte del gobierno colombiano, es una calumnia infame. En verdad hemos tenido discrepancias en relación al análisis de la rectoría de Luis Carlos Pérez y de la “diferenciación” que el Partido Comunista hace de “ciertos sectores del gobierno”; en verdad divergimos sobre la interpretación de la revolución cubana y es posible que diverjamos también sobre la manera de enfocar el paso dado por el gobierno colombiano de reabrir relaciones con la gloriosa isla de Martí y de Fidel, pero en ningún momento se nos ha ocurrido (no se nos podría ocurrir), y nunca hemos propuesto ni dentro ni fuera de la UNO, ni en público ni en privado, que una política revolucionaria aconsejable fuese la de oponerse a la reapertura de relaciones entre los dos países. De algo estamos absolutamente seguros y tranquilos: con ataques de tan baja, estofa y de tal perversidad, la dirección del Partido Comunista no tendrá cuándo ganarle la pelea a nuestro Partido.

Pero en esta ocasión queremos examinar especialmente los conceptos que la dirección del Partido Comunista ha formulado alrededor de un asunto de palpitante actualidad: ¿qué pasó con la política de unidad sindical?

El MOIR ha sostenido en esencia que el proceso de unidad del sindicalismo independiente comienza a visualizarse con proyecciones prácticas en las postrimerías de marzo de 1972, a raíz del anuncio hecho por Tulio Cuevas y José Raquel Mercado de que la UTC y CTC trabajarían en busca de la fusión en una sola central más gobiernista, más patronal y más amarilla. Esta noticia, respaldada por el propio presidente Pastrana Borrero, contribuyó a disipar hasta la última ilusión que dentro del sindicalismo independiente pudiera aún quedar sobre la posibilidad de concertar acuerdos de unidad sindical con las camarillas de UTC y CTC, y colocó a los destacamentos sindicales avanzados en la perspectiva concreta de emprender a su vez la tarea de la conformación de una central unitaria. No obstante, para lograr este objetivo, había que empezar por reconocer “la existencia de muy diversos matices y tendencias políticas” dentro del movimiento obrero, y señalar claramente cuáles serían los principios programáticos y de funcionamiento de la nueva central. Sin acuerdos sobre tales puntos no podría pensarse en la unificación del sindicalismo independiente, o en la afiliación a la CSTC de más de medio centenar de organizaciones sindicales de disímil orientación política. Y en efecto, durante los encuentros de unidad sindical efectuados en 1972 y 1973 se fueron concretando estos principios, hasta concluir en el Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre de 1973 que convocó al congreso unitario. A la luz de aquellos acuerdos se vio la conveniencia de afiliar el mayor número de sindicatos a la CSTC. El MOIR cumplió con los compromisos contraidos y luchó y logró junto con sus aliados la vinculación de decenas de sindicatos a la CSTC. Para demostrar que la unidad obrera que se estaba gestando y que debía desembocar en el congreso unitario fue producto de claros y precisos acuerdos, el MOIR publicó en “TRIBUNA ROJA” del 18 de marzo pasado una selección de los documentos que en casi todo el país se aprobaron en los encuentros unitarios. Estos documentos señalan inequívocamente que la nueva central estaría al servicio del proletariado y el pueblo, combatiría a los imperialistas norteamericanos y sus lacayos colombianos, batallaría hasta aislar y derrotar a las camarillas vendeobreras de la UTC y CTC y se regiría por la “democracia sindical”.

Veamos ahora qué dice la dirección del Partido Comunista. En la primera entrega de su novelón publicado en “Voz Proletaria” del 3 de abril último, se lee: ” … el MOIR habla de presuntos acuerdos entre él y el PC. Esos acuerdos no existen sino en su calenturienta imaginación. No olvidemos que en 1973 el MOIR ingresa a la UNO después de haberle dado muchas vueltas. Para este grupo, profundamente desprestigiado después de su alianza oportunista con Zalamea, criticado a fondo por la clase obrera por su política suicida en el movimiento sindical, la alianza con el PC y el MAC fue una tabla de salvación. Su llamada política de ‘unidad y combate’, encontró en la UNO el ‘frente político’ de que hablaban. Y después se prendieron con todas sus fuerzas al congreso unitario citado por la CSTC. No hubo ni podía haber ‘convenio previo’. El PC no confunde los términos del movimiento sindical con el movimiento político”.

La dirección del Partido Comunista sostiene sin el menor reato que no hubo acuerdos para la política de unidad del movimiento obrero independiente, y niega de plano que el congreso unitario hubiera sido convocado por el Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre de1973. Pero, además, según se deduce de las frases que hemos transcrito, tampoco hubo acuerdos en la UNO, sino que la explicación de la alianza queda reducida a que el MOIR fue salvado gracias a la generosidad del MAC y del Partido Comunista. El MOIR no tiene inconveniente en reconocer que se ha beneficiado, como se beneficiaron las fuerzas revolucionarias en general con la política de unidad del movimiento sindical y de la Unión Nacional de Oposición, política que no ha sido casual o unilateral, sino que hace parte históricamente de un proceso de acuerdos unitarios de tres años. ¿Acaso el MAC y el Partido Comunista, condenado como revisionista por la clase obrera colombiana, no se beneficiaron también de esta política de unidad acordada, tanto para el movimiento obrero como para las organizaciones partidarias?

Continuemos. La dirección del Partido Comunista reconsideró sus afirmaciones de la primera entrega y calculó que si no hubo acuerdos, alguna interpretación habría que darle a los encuentros unitarios de 1972 y 1973. Y es así como en el tercer episodio del novelón de “Voz Proletaria” del 17 de abril se comenta al respecto: “Quien lea esa colección de materiales, publicados el 18 de marzo por ‘Tribuna Roja’, lo único que saca en claro es la gran misión unitaria y coordinadora de la CSTC, su participación creadora en los Comités Intersindicales y cómo en la medida que se limaban las asperezas, se encontraban líneas coincidentes y se elaboraba una política de diálogo, todos los sectores empeñados en el Congreso Unitario encontraban una mayor audiencia y se crecían”. En qué quedamos por fin ¿hubo o no acuerdos? La dirección del Partido Comunista es muy astuta y no se deja concretar: lo que pasó fue que “se limaban las asperezas”, “se encontraban líneas coincidentes” y “se elaboraba una política de diálogo”. Las fuerzas sindicales que asistieron a los encuentros unitarios durante todo este proceso de tres años, saben muy bien que lo que se elaboró no fue una abstracta e indefinida “política de diálogo”, sino una clara y precisa política unitaria para el movimiento sindical colombiano, que seguirá teniendo vigencia por mucho tiempo.

Lo anterior no obsta para que el Partido Comunista, siga gritando: ¡vivan los acuerdos! El compañero Alvaro Vásquez en un artículo editorial del mismo número de “Voz Proletaria” del 17 de abril hace un llamamiento a favor de la “lucha consecuente y sistemática por la unidad del movimiento obrero y popular, en la cual los comunistas deben hacer todo cuanto esté a su alcance para llegar a acuerdos y para unificar acciones, consignas de lucha y medios de llevarlas adelante”. Es decir, el Partido Comunista estima que los “comunistas deben hacer todo cuanto esté a su alcance para llegar a acuerdos” por la “unidad del movimiento obrero y popular”, aunque “el PC no confunde los términos del movimiento sindical con el movimiento político”. Es acertado realizar todos los esfuerzos porque se cumplan los acuerdos unitarios convenidos durante estos tres años, o que se llegue a nuevos acuerdos para consolidar la unidad del movimiento obrero y popular. Pero como la credibilidad se desgasta en las maniobras por justificar los yerros, nos vemos tentados a indagar a qué clase de acuerdos se refiere nuestro aliado: ¿a presuntos acuerdos de imaginaciones calenturientas, o acuerdos para perdonarle la vida a las organizaciones revolucionarias que no tienen más tabla de salvación que la que le arroje el Partido Comunista, o acuerdos para elaborar sólo una política de diálogo, o para desconocerlos y simplemente jurar que no existieron nunca?

Finalmente, recordemos la reciente experiencia del movimiento de los trabajadores bancarios, cuando la dirección de la CSTC ordenó levantar el paro nacional apoyando a unos cuantos esquiroles que pretextaban haberse opuesto al paro indefinido. “TRIBUNA ROJA” publicó las fotografías de las declaraciones dadas por los esquiroles a favor del paro indefinido, con lo cual quedaron destruidos los argumentos de la dirección de la CSTC para combatir e impedir a algunos dirigentes bancarios el acceso al congreso del 4 de marzo. A pesar de la importancia de estas pruebas, la dirección del Partido Comunista nada ha dicho sobre ellas en ninguno de los cinco capítulos del novelón de “Voz Proletaria”, porque implica tocar el asunto más espinoso que dio origen a las insuperables contradicciones de un considerable sector sindical con la dirección de la CSTC, en vísperas del congreso unitario. Sólo conocemos unas palabras del informe del compañero Gilberto Vieira al Pleno del Comité Central del PC que bien pueden referirse a la conducta de ese partido en el pasado movimiento bancario: “No podemos quedarnos atrás de las luchas de masas, ni tampoco actuar con ligereza, ni dar virajes sin explicación previa”. Si esta recomendación de Vieira a la dirección de su propio partido se refiere al pasado movimiento bancario, debió haberse señalado explícitamente y con ello se hubiera hecho justicia a un grupo de dirigentes sindicales que, con aciertos o errores, su único delito es haber combatido fielmente a favor de los intereses de su propia clase. De todas maneras la dirección del Partido Comunista debiera meditar sobre la recomendación, si es que desea servir sinceramente a la política de unidad que dice defender, y meditar particularmente en esto: “no podemos dar virajes sin explicación previa”.

NOTAS

1 Del artículo “Las posiciones oportunistas del MOIR (l)”, “Voz Proletaria”, abril 3 de 1975, pág. 5.
2 Idem.
3 Suplemento de “Voz Proletaria”, abril 17 de 1975.

LAS JORNADAS DE 1886

El siglo pasado fue testigo de gigantescas luchas del proletariado mundial por la conquista de la jornada laboral de 8 horas. En Norteamérica el movimiento en procura de esta importante reivindicación se inició en 1829, al solicitarse su inclusión en las leyes del Estado de Nueva York. A mediados de siglo se crearon las Grandes Ligas de Ocho Horas en los principales centros industriales del norte de los Estados Unidos. Hacia 1886, en diecinueve estados y un territorio ya existían leyes que ordenaban jornadas laborales máximas entre ocho y diez horas, aunque con cláusulas de escapatoria que hacían irrealizable su aplicación. En general, las jornadas de trabajo variaban entre 14 y 18 horas, de manera que los obreros “jamás veían a sus mujeres y a sus hijos a la luz del día” y vivían en la más espantosa pobreza.

Las huelgas del 1° de mayo.

El 17 de octubre de 1884, el Cuarto Congreso de la Federación de Gremios y Uniones Organizados de Estados Unidos y Canadá, aprobó una moción en la cual se proclamó que “la duración legal de la jornada de trabajo desde el 1° de mayo de 1886 será de ocho horas” y llamó al proletariado de Estados Unidos a realizar una movilización nacional para conquistar este derecho. La consigna rápidamente encarnó en grandes luchas de los trabajadores.

El 1° de mayo de 1886 fueron a la huelga en los Estados Unidos 340.000 trabajadores.

En Chicago el movimiento se amplió considerablemente durante los días siguientes. El 3 de mayo la policía atacó a los obreros en paro que realizaban un mítin, hubo seis muertos y no menos de cincuenta heridos. El 4 de mayo, la manifestación de protesta realizada en la plaza de Haymarket, que congregaba a 15.000 personas, fue violentamente atacada por la policía quien abrió fuego masacrando a los manifestantes. Quedaron también varios policías heridos y uno muerto.

El Juicio Político

De inmediato Chicago fue puesto bajo el estado de sitio y el toque de queda, se detuvo indiscriminadamente a centenares de obreros y dirigentes sindicales, a muchos de ellos se apaleó y torturó. Simultáneamente la prensa de la ciudad pedía la cabeza de los “rufianes rojos”, de “estos pestilentes individuos (Chicago Inter-Ocean, 6 de mayo de 1886) que a lo largo de meses y años han proclamado sus sediciosas y peligrosas doctrinas”, En medio de este clima de terror fueron apresados los dirigentes obreros Samuel Fielden, Augusto Spies, Michael Achwab, Geoge Engel, Adolph Ficher, Louis Lingg, Oscar Neebe y Albert Parson, a quienes se acusó de ser los responsables de la muerte del policía en Haymarket. En seguida, el 21 de junio, se inició el juicio con Joseph Gary como juez actuante -el juez felón, como fue llamado posteriormente- y Julius Grinnell, fiscal de Estado, a cargo de la acusación. El juicio fue una farsa montada contra los acusados, fiel expresión de la justicia burguesa defensora de los intereses capitalistas. El juez dispuso que el juicio fuese colectivo y no individual y permitió que el acusador designara a un alguacil especial para que seleccionara, a su amaño, los miembros del jurado, eliminando el procedimiento acostumbrado de escogerlos al azar.

El objetivo del proceso fue el de condenar a estos dirigentes del proletariado y montar en los Estados Unidos una campaña de terror contra la clase obrera, a quien se quería atemorizar para que cesara su grandiosa lucha en pro de “8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de educación”, lema que a través de las garngantas de los obreros recorría todo el país.

El 11 de agosto de 1886 el fiscal Grinnell concluyó ante el jurado su acusación con estas palabras: “La ley está bajo proceso. La anarquía está bajo proceso. Estos hombres han sido seleccionados, elegidos por el grand jury y enjuiciados porque fueron líderes. No fueron más culpables que los millares de sus adeptos. Señores del jurado: ¡declarad culpables a estos hombre, haced escarmiento con ellos, ahorcadlos y salvaréis a nuestras instituciones, a nuestra sociedad!”. La sentencia, dictada el 20 de agosto, condenó a siete de los acusados a la horca y a Neebe a quince años de prisión. Luego las penas de Fielden y Schwab fueron conmutadas por prisión perpétua. Posteriormente, debido a la protesta del pueblo de los Estados Unidos y del proletariado internacional, el gobernador del Estado de Illinois, el 26 de junio de 1893, concedió la libertad a Fielden, Shwab y Neebe. Una vez conocida la sentencia, los abogados defensores apelaron de inmediato, siendo negada su solicitud, pero obteniendo, en cambio, una última audiencia en la cual hablasen los acusados.

Una página heróica

La conducta de los líderes obreros ante el tribunal constituye una lección de firmeza y moral revolucionarias. Ni un signo de debilidad, ni una súplica de clemencia. Por el contrario, de sus labios se escuchó la reiteración de su fe inquebrantable en la victoria de la clase obrera.

La oración pronunciada por George Engel, tipógrafo de orígen alemán, fue una descripción valerosa de la explotación a la que son sometidos los obreros por la clase capitalista y un llamado a la lucha contra la opresión: “Aquí también, en esta “República Libre” , en el país más rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aquí he visto a seres humanos buscando algo con que alimentarse en los montones de basura de las calles… ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y en la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizados en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con la naturaleza y mediante ellas robaís a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar. Estamos convencidos de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña… No combato individualmente a los capitalistas, combato al sistema que produce sus privilegios”.

Parsons, al término de su brillante exposición desentraño la esencia del sucio proceso con estas palabras: “Vuestra Señoría sabe perfectamente que este proceso ha sido provocado, inspirado, encausado, orientado y propagandizado por los capitalistas, por los que creen que el pueblo no tiene más que un derecho y un deber, el de la obediencia”. Mientral Lingg, el más jóven, de apenas 23 años de edad, terminó su discurso con este grito de combate: “Soy enemigo del orden vigente y, contodas mis fuerzas, repito que mientras aliente un soplo de vida lo combatiré… ¡Os desprecio! ¡Desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra autoridad sostenida por la fuerza! ¡Ahorcadme por esto!.

El 11 de noviembre de 1886 Spies, Fisher, Engel y Parsons,-Lingg había muerto el día anterior víctima de un atentado hecho por la policía-, fueron conducidos al patíbulo. Los nudos corredizos adherían a sus cuellos y sendos capuchones cubrían sus rostros. Antes de que la trampa se abriese bajo sus pies, se oyó a Spies exclamar: “Tiempo llegará en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy estrangulais!”.

Treinta años después, Lenin, al frente del valeroso proletariado ruso, conducía a la victoria la Revolución Socialista de Octubre en Rusia e inauguraba una nueva era en la historia mundial: la era de la Revolución Socialista Proletaria Mundial que culminará con la emancipación de toda la humanidad y con la construcción de una sociedad nueva sin opresores ni oprimidos, sin explotadores ni explotados, sueño glorioso de los mártires de Chicago.

POR EL MAS AMPLIO FRENTE DE LUCHA ANTIIMPERIALISTA

Discurso pronunciado por el camarada Francisco Mosquera el Primero de Mayo de 1975, durante la concentración unitaria obrera realizada en la ciudad de Bogotá. Tomado de “TRIBUNA ROJA”


Compañeras y compañeros:

El primero de mayo de 1886, los Estados Unidos de Norteamérica, ya desde entonces uno de los más ricos países capitalistas, quedaron semiparalizados a consecuencia de un escalonamiento huelguístico de sus masas trabajadoras. La clase obrera que soportaba, tanto en Europa como en América, agotadoras jornadas de catorce, dieciséis y más horas diarias, venía impulsando un movimiento de amplias repercusiones en procura de las ocho horas de trabajo. Las huelgas de aquel día hacían parte de este movimiento. El capitalismo, que naciera “chorreando sangre por todos los poros de la piel” y que no ha estado dispuesto nunca a conceder a sus esclavos una sola conquista, dio por aquellos tiempos en Estados Unidos y a la vista de todos sobradas demostraciones de su naturaleza voraz y sanguinaria. El movimiento fue reprimido brutalmente. Los sabuesos del orden la emprendieron contra las manifestaciones de los huelguistas que se hallaban armados sólo del ardor de sus sentimientos y de la firmeza de sus convicciones y en Chicago la metralla homicida segó la vida de varios obreros. Posteriormente fueron encarcelados los principales adalides del movimiento por las ocho horas de trabajo, a quienes se les condenó a la horca en un juicio en el cual sus acusadores fueron a la vez sus jueces y verdugos. Los sentenciados subieron al cadalso sin haberse doblegado jamás ante sus victimarios y dejando un ejemplo de heroísmo sin par en defensa de la causa obrera. Este horrendo crimen perpetrado en nombre de la “libertad burguesa”, conmovió a la opinión pública y enardeció al proletariado de todos los países.

Desde aquellos dolorosos acontecimientos hasta hoy ha pasado mucha agua bajo el puente de la historia. Ante todo, la clase obrera mantiene vivo el recuerdo de los mártires de Chicago y en su memoria ha señalado el Primero de Mayo como el día universal de los trabajadores. Hoy es la fiesta de la clase obrera, el día más luminoso de la tierra.

Hoy, los obreros de Moscú y de Pekín, de Nueva York y de La Habana, de Praga y de París, de Hanoi y de Phnom Penh, los obreros de los cinco continentes, los que libres combaten y construyen en una patria libre y los que luchan por alcanzar su redención y el socialismo, se congregan como lo hacemos nosotros, levantando una sola bandera y renovando la fe en los ideales de un mundo pleno de felicidad y de esperanzas, un mundo libre de hambre, de odios y de guerras, un mundo nuevo sin amos ni señores, que proscriba para siempre la explotación del hombre por el hombre y emancipe a la humanidad entera.

Desde cuando Carlos Marx y Federico Engels pregonaron por primera vez su consigna “Proletarios de todos los países, uníos”, se han presentado profundas transformaciones revolucionarias. La constante histórica ha sido el desarrollo continuo de la lucha revolucionaria del proletariado que, superando mil obstáculos, marcha sin cesar hacia adelante elevando su conciencia, fortaleciendo sus partidos revolucionarios, estrechando entre sí sus lazos internacionalistas y golpeando a sus enemigos permanentes y ocasionales. El auge del capitalismo de libre competencia hace mucho tiempo quedó atrás y se convirtió en un capitalismo imperialista, desahuciado, que depende para su existencia cada vez más de la explotación de sus colonias y neocolonias. Siempre que los países imperialistas han hecho la guerra o se han comprometido en aventuras para atajar el avance revolucionario de los pueblos han perdido terreno. Al final de la Primera Guerra Mundial, en 1917, estalla en Rusia la Revolución Socialista de Octubre que inaugura toda una época, la época de las revoluciones socialistas. En la Segunda Guerra Mundial el ejército soviético derrota al ejército nazi y colabora a la independencia y al triunfo del socialismo en varios países de Europa Oriental y en Asia se suceden la Revolución China, que vincula al sistema socialista una cuarta parte de la población mundial, y las revoluciones del Norte de Corea y del Norte de Viet Nam.

El imperialismo norteamericano que llegó a su máximo apogeo después de la última conflagración mundial y extendió su dominio hegemónico a casi todo el globo, se retuerce en medio de una crisis aguda y el filo de los movimientos de liberación nacional de Asia, Africa y América Latina amputa sin piedad sus tentáculos de pulpo explotador. En nuestro continente, Cuba, a sólo noventa millas de Estados Unidos, arrojó a los imperialistas norteamericanos de su suelo y se proclamó el primer país socialista de América. Y ahora en el sudeste asiático, los pueblos del Viet Nam, Camboya y Laos, que contabilizan más de cincuenta años luchando primero contra los colonialistas franceses y japoneses y luego contra los intervencionistas norteamericanos, están a punto de alcanzar una victoria total en Indochina. Las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Camboya tomaron la capital camboyana el pasado 17 de abril y sus dirigentes anunciaron desde Phnom Penh que la nueva república será no alineada y neutral, y establecerá relaciones con todos los países según los principios de coexistencia pacífica. En el día de ayer se supo la jubilosa noticia que el reducto del gobierno pronorteamericano de Saigón había capitulado y que las Fuerzas Armadas Populares del Sur de Viet Nam habían ganado su prolongada y justa guerra de salvación nacional, con lo cual ha quedado abierto el panorama para la reunificación pacífica de todo Viet Nam. En Laos las Fuerzas Armadas Populares estrechan el cerco al estado mayor reaccionario y su triunfo definitivo está cercano.

En Indochina fracasaron todas las estrategias de los Estados Unidos: la guerra especial, la guerra local, la guerra secreta de Laos, la guerra aérea del Norte de Viet Nam. Nada les valió: ni los 150.000 millones de dólares que invirtieron, ni los millones de soldados que desembarcaron, ni los miles de millones de toneladas de bombas letales que arrojaron sobre la población civil, ni los sabotajes, ni el napalm, ni los genocidios, ni los treinta años de ardides y argucias diplomáticas. Nada pudo quebrar el espíritu de lucha de estos pueblos que desean vivir y trabajar en paz, pero que son profundamente celosos de su soberanía, su neutralidad, su integridad territorial, su honor nacional, y que no están dispuestos a aceptar ninguna injerencia en sus asuntos internos. En Indochina ha quedado demostrado una vez más que un pueblo por pequeño y atrasado que sea puede defender triunfalmente sus derechos a la autodeterminación nacional y puede vencer a la potencia más poderosa de la tierra, siempre que se decida a hacerlo, empuñe las armas y persista en una línea correcta.

El frente de combate de los movimientos de liberación nacional de Asia, Africa y América Latina, principal frente de la lucha antimperialista, se agiganta y le imprime una dinámica, un empuje y un vigor jamás conocidos al desarrollo de la revolución mundial. Mientras los revolucionarios de todos los países se regocijan de esta situación, los imperialistas y sus aliados contemplan con angustia el curso de los acontecimientos. Pero a quien más vivamente le entusiasman las victorias alcanzadas por las naciones coloniales y neocoloniales es a la clase obrera, cuyo día estamos celebrando, porque el proletariado internacional comprende plenamente que los triunfos de los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo no sólo despejan el camino hacia el socialismo en los países atrasados y contribuyen a la lucha emancipadora de los obreros en las repúblicas capitalistas, sino que son un insustituíble apoyo a la consolidación del sistema socialista mundial.

¿Cuál es la ubicación y el destino de Colombia en la actual coyuntura internacional? Colombia está ubicada entre los países del Tercer Mundo y su destino es aprender de ellos y acompañarlos en el venturoso sendero de la liberación. Pero la revolución colombiana no está tan adelante ni ha tenido una trayectoria como la de la revolución indochina. A pesar de que la dominación del imperialismo norteamericano sobre nuestra patria lleva tres cuartos de siglo y de que las fuerzas populares han librado muchas y perseverantes batallas contra los opresores extranjeros y sus lacayos colombianos, nuestra revolución se encuentra aún dispersa e incipiente. La dominación imperialista se ejerce en todos los terrenos: en el económico, en el político, en el cultural y en el militar. Nuestros recursos naturales renovables y no renovables son saqueados sin tasa ni medida, todas las principales ramas industriales están controladas por los inversionistas norteamericanos y el país ha sido obligado, a través de gobiernos manejados desde Washington, a suscribir acuerdos y a participar en organismos contrarios al interés nacional como la Organización de Estados Americanos y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Esta dominación tan larga y tan costosa tiene sumida a Colombia en una crisis crónica de atraso y de miseria, de la que sólo se favorece una minoría privilegiada de grandes burgueses y grandes terratenientes intermediarios de los monopolios, a tiempo que las inmensas masas populares padecen los flagelos del desempleo, del hambre, de la insalubridad, de la incultura, de la explotación.

Por eso las luchas y los objetivos de clase del proletariado perseguido y expoliado, del campesinado sometido al doble yugo de la explotación imperialista, y terrateniente, de los pequeños y medianos productores amenazados por la ruina, del estudiantado y de la intelectualidad patriótica, se entrelazan y se confunden en la suprema lucha y en el supremo objetivo de liberar a Colombia de la dominación extranjera, causa principal y determinante de todos los males del pueblo colombiano. Sólo mediante la conformación del más amplio frente de lucha revolucionario, integrado por todas las clases, capas, sectores y personas que en una u otra forma sufran o les indigne la opresión imperialista, podrá nuestro pueblo derrotar a sus tradicionales enemigos y construir una patria soberana, independiente, próspera, y en marcha al socialismo. El primer deber de los partidos revolucionarios y de los patriotas sin partido en Colombia es combatir con denuedo para levantar las talanqueras, destruir las falsas murallas, desbaratar todas las vacilaciones que se interponen artificialmente a la construcción de ese frente único de obreros, campesinos, pequeños y medianos productores y comerciantes, estudiantes, intelectuales, artistas, personalidades democráticas y que excluya y aplaste a los imperialistas norteamericanos y al puñado de advenedizos vendepatrias que le sirven de sostén y han mancillado el honor y la dignidad de la nación colombiana.

Empecemos con una lucha unitaria contra, el mandato de hambre, demagogia y represión de Alfonso López Michelsen, que ha recogido la peor herencia de los viejos regímenes liberal-conservadores. En el pasado debate electoral la Unión Nacional de Oposición advirtió que un gobierno lopista no significaría ningún cambio favorable para el pueblo colombiano. Nueve meses lleva la actual administración y ya presenta un balance negro: ha colmado de más y mejores garantías a los monopolios extranjeros, a la banca y corporaciones financieras, a los terratenientes; ha aumentado las cargas tributarías al pueblo y elevado escandalosamente el costo de la vida; ha autorizado despidos masivos de trabajadores de las empresas; ha derramado sangre inocente de campesinos, indígenas, obreros y estudiantes. Y el señor López, que hablaba de que en su gobierno no habría “delitos de opinión”, viene montando una bien orquestada campaña contra las manifestaciones de descontento popular, dirigida a establecer el estado de sitio y demás medidas represivas no sólo para facilitar el alza de la gasolina y del resto de derivados del petróleo, por orden de las compañías norteamericanas, sino para acallar la voz de las organizaciones y publicaciones de izquierda.

Pero los reaccionarios son torpes, no aprenden del desarrollo histórico y están condenados a escarmentar en cabeza propia. Siempre han creído que la tormenta revolucionaria podrá aplacarse sacando de la escena a unos cuantos agitadores; y con esa estratagema pretenden engañar al pueblo. Sin embargo, no logran más que engañarse a sí mismos, hasta que la ira huracanada de las masas arrase los cimientos de la vetusta sociedad y los triture o los expulse disparados de sus palacios como a Lon Nol en Camboya, como a Batista en Cuba. Los triunfos de la revolución colombiana y de la revolución mundial serán inevitables. Sobre los escombros de los imperios explotadores caerá el polvo de los siglos, y las tumbas de los mártires de Chicago seguirán eternamente florecidas.

DISCURSOS DEL PRIMERO DE MAYO: FERVOROSO LLAMAMIENTO A LA UNIDAD DEL PUEBLO COLOMBIANO

GILBERTO VIEIRA:

“El pueblo necesita unificarse en una poderosa oposición revolucionaria contra el mandato caro”

Compañeras, compañeros, camaradas! En nombre del Partido Comunista de Colombia saludo con profunda emoción a todos los destacamentos revolucionarios de la clase obrera y del pueblo colombiano aquí presentes para celebrar el día internacional de los trabajadores. Estamos hoy restaurando el sentido y el contenido revolucionario del 1° de mayo, que durante tanto tiempo la oligarquía conservadora-liberal impidió celebrar mediante el estado de sitio y que pretendió volver una fiesta bobalicona de San José Obrero, o como hoy que tratan de convertirla en un simple jolgorio. El 1° de mayo es la fiesta internacional de los trabajadores, el día en que pasan revista a sus fuerzas, el día de protesta contra la explotación del imperialismo y del capitalismo, el día en que el proletariado mundial levanta sus banderas anunciando su decisión de lucha hasta el fin, hasta el derrocamiento del sistema basado en la explotación del hombre por el hombre para instaurar el socialismo en todo el mundo.

Algunos personajes de la oligarquía y ciertos caga-tintas de la prensa capitalista se burlan de nuestra posición internacionalista. Pero ellos deben saber que el 1° de mayo suele reservarle a la clase obrera mundial grandes regalos históricos. Porque hace treinta años, en un día como hoy, entró victorioso el ejército soviético a Berlín y aplastó en su guarida los últimos restos de la dictadura fascista de Hitler. Y porque en este mismo 1° de mayo están celebrando el desfile de victoria los guerrilleros vietnamitas en la antigua ciudad de Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh.

El pueblo colombiano necesita que se unifique una oposición revolucionaria contra el régimen del mandato caro. Y esta oposición que estamos adelantando con actos tan formidables como éste, no es tanto una cuestión de palabras insultantes contra el señor López Michelsen. Es ante todo el gran movimiento de masas que se ha puesto en acción en Colombia por medio de las huelgas de obreros y empleados, de los paros cívicos y de las ocupaciones de tierras ociosas de los terratenientes urbanos y de los latifundistas en el campo. Es desarrollando esos movimientos de masas que podremos golpear los aspectos candentes de la política del gobierno, ante todo, el de la carestía de la vida, el de las grandes ganancias de los monopolios capitalistas, el de la entrega de las riquezas nacionales al imperialismo. Pero el gobierno del señor López Michelsen en lugar de dar solución a los problemas del pueblo colombiano, responde con insultos a los sectores de la oposcición revolucionaria, inventando supuestas acciones subversivas y amenazando al pueblo colombiano, curtido en tantas luchas contra la reacción, con el estado de sitio después de que el señor López Michelsen abusó descaradamente con el estado de emergencia dejando de lado al Congreso Nacional en la elaboración de las leyes a que está obligado.

Compañeras y compañeros: este gobierno como los anteriores del llamado Frente Nacional, continúa practicando también la política de división de la clase obrera. Contra éste, el Partido Comunista propone trabajar incansablemente a todos los sectores revolucionarios por la unidad de la clase obrera y todo el movimiento popular colombiano. Unamos nuestros esfuerzos, a pesar de nuestras diferencias ideológicas para ayudar a que la clase obrera despierte en Colombia y se ponga en movimiento, para que cobre conciencia de clase y aprecie la magnitud de su misión histórica liberadora. Apoyemos a la clase obrera en todas sus luchas diarias, por el alza de salarios en relación con el costo de la vida y por las justas prestaciones de los trabajadores. Pero enseñémosle a los obreros que no basta luchar contra los efectos del sistema de explotación capitalista, sino que tienen que luchar contra las causas, contra ese mismo sistema para derrocarlo y para abrir el camino en Colombia hacia la democracia verdadera que es la democracia socialista.

Este primero de mayo será memorable en la lucha del proletariado y del pueblo colombiano, porque aquí hemos marchado unidos distintos sectores revolucionarios, que, sin negar nuestras discrepancias ideológicas, demostramos al imperialismo yanqui y a la oligarquía que podemos unirnos, gritar las mismas consignas y levantar fraternal y vigorosamente las mismas banderas revolucionarias. Sigamos por este camino abierto en este glorioso primero de mayo. Afirmemos la unidad de acción de todos los sectores revolucionarios para golpear al enemigo principal del pueblo colombiano: el voraz imperialismo yanqui y sus agentes de la coalición liberal-conservadora que desgobiernan y deshonran a nuestra patria.

HUMBERTO MOLINA:

“La movilización de masas, única capaz de derrotar al enemigo”

Compañeras y compañeros: este Primero de mayo que en todo el mundo el proletariado conciente celebra combativamente, es celebrado ahora bajo circunstancias particulares que llenan a la clase obrera y a los pueblos de todo el mundo de justificado júbilo: la derrota del imperialismo norteamericano por los pueblos de Viet Nam y de Camboya que señala el comienzo cada vez más claro del declinamiento del enemigo fundamental de los pueblos, el imperialismo norteamericano, cuyo aislamiento como podemos observar es día a día creciente ante todos los pueblos del mundo. En Asia, donde está sufriendo los más rudos golpes; en Africa, donde los movimientos de liberación nacional lo van arrojando de su suelo; en América Latina, donde a pesar del débil despertar todavía de las masas, ya se refleja en progresivas, en crecientes reticencias de los propios gobiernos burgueses y proimperialistas a someterse incondicionalmente a sus dictados; y cuya última derrota, por la presión de los pueblos de Latinoamérica y no por la voluntad de los propios gobiernos burgueses y proimperialistas, lo ha constituído la derrota del imperialismo del bloqueo que quiso imponer a Cuba y que se expresa en el hecho de que todos los regímenes latinoamericanos cada vez en mayor medida se vean obligados a reconocer la existencia de Cuba, a respetar la existencia de Cuba, a reconocer el gobierno de Cuba, a reconocer ante los propios pueblos ante los cuales lo calumniaron que Cuba efectivamente es una alternativa y una alternativa válida para los pueblos de América Latina.

Este 1° de mayo también se celebra en circunstancias particulares para el movimiento de masas en Colombia. Se inscribe en el más importante ascenso del mismo en los últimos años. La clase obrera da muestras en los centros fabriles de estar despertando masivamente a la vida política.

Da muestras precisamente de estar comenzando a ponerse a la vanguardia de todas las luchas contra la burguesía, contra la explotación capitalista, y, en general, de las luchas democráticas de todo el pueblo colombiano. La clase obrera está mostrando efectivamente que ella puede cumplir en Colombia el papel histórico que le está asignando, el de ser vanguardia de la revolución, de todos los explotados y de todos los oprimidos contra los explotadores y contra los patronos capitalistas.

La movilización de masas es la única capaz de derrotar al enemigo; la movilización de masas es la única capaz de afirmar progresivamente la confianza de la clase obrera y del pueblo en su propia capacidad y en su capacidad para derrotar al enemigo. Es tarea, por consiguiente, en el inmediato futuro, en las luchas que nos esperan, continuar con la toma de calles para derrotar las pretenciones del enemigo de clase que quiere prohibirnosla en nombre de que se perturba la paz pública, cuando realmente lo que se está perturbando son las condiciones de su dominación política. Y precisamente, ante las amenazas del estado de sitio, la tarea inmediata es la de profundizar la organización y la movilización para demostrarle a este gobierno que no podrá pasar impunemente por encima de los intereses del pueblo colombiano. Y hay circunstancias que nos permiten pensar que preparándonos para el combate adecuadamente en el inmediato futuro, la clase obrera y el pueblo colombiano obtendrán grandes triunfos.

JAIME PIEDRAHITA CARDONA:

“La unidad de las clases populares, paso hacia la liberación”

Los revolucionarios de Alianza Nacional Popular somos perfectamente concientes de que el problema de la emancipación social y de liberación de las clases trabajadoras no podrá resolverse en Colombia únicamente por medio de un partido, sino con la alianza de todos los partidos revolucionarios y de las clases trabajadoras que acepten un programa común y unas reglas limpias de juego, así como la eliminación de métodos aventureros y anarquistas.

La historia actual de la lucha de clases y de la confrontación política en Colombia demuestra la importancia histórica y la urgencia estratégica de la unidad de clases populares y de partidos revolucionarios. Este es el primer paso en el camino de la liberación. En nombre del pueblo trabajador de ANAPO anuncio en este gran acto del 1° de mayo la disposición del partido de orientar sus luchas en esta dirección histórica de la unidad popular. Estoy en condiciones de afirmar que comprometo la fe del partido en esta gran tarea de la revolución colombiana. Porque los que dentro de un año no estén aquí, formando en este extraordinario ejército, yo os aseguro que serán la maleza despreciable entre el bosque ergido de nuestras banderas.

De otra parte, no será posible pensar en enfrentarse al imperialismo norteamericano si no se crean las condiciones para que la alianza política de las fuerzas revolucionarias de cada país se transformen en la formidable alianza de todos los pueblos latinoamericanos contra las fuerzas internas y externas que los explotan y oprimen. En desarrollo de esta estrategia revolucionaria la ANAPO propone un programa que identifique y agrupe a los que deben constituirse en las nuevas clases dirigentes del país: el proletariado, el campesinado, las clases medias identificadas con el pueblo en este programa común.

En la realización de esta unidad política de las clases trabajadoras está el poder llevar a efecto o realizar el socialismo con nuestras particularidades que enunciará el general Rojas Pinilla y que constituye la aspiración de todos los pueblos oprimidos y explotados no sólo de América Latina sino de todo el mundo. En esta dirección histórica están caminando los pueblos heróicos de Viet Nam y Camboya enfrentados al más cruel y agresivo imperialismo de la historia. En esta misma dirección está caminando el valiente y ejemplar pueblo de Cuba. En esta misma dirección se caminó en América desde Emiliano Zapata hasta Lázaro Cárdenas, desde fidel Castro hasta Salvador Allende.

GUSTAVO OSORIO:

“La clase obrera contribuirá al proceso de unidad popular”

Hoy, al iniciar nuestro acto del primero de mayo en forma unitaria que demuestra la fuerza pujante de nuestro pueblo, sean las primeras palabras para recibir jubilosamnete, como propio el triunfo llevado a cabo por las fuerzas revolucionarias de Viet Nam y de Camboya, que han dado al traste con el gobierno títere del imperialismo norteamericano en aquella región del planeta y que ha puesto a prueba una vez más que es completamente insostenible un régimen anti-popular que se asiente en las bayonetas oficiales, en el despotismo y en el desconocimiento de los más elementales derechos de cualquier ciudadano.

Nosotros continuaremos levantando contra viento y marea la lucha contra la carestía de la vida, la lucha por el reajuste general de sueldos y salarios, porque comprendemos justamente que esa lucha encarna una bofetada a la política del imperialismo, del Fondo Monetario Internacional de congelación de salarios, un reto, un golpe a la política de los capitalistas nacionales que quieren mayor enriquecimiento y un golpe a la política del señor López -su política de ingresos y salarios- que pretende imponerla sobre la base de acrecentar la miseria y la angustia de nuestro pueblo.

Nosotros queremos significar también la importancia que tiene la imagen de la unidad. Queremos significar cómo el orígen, la razón de ser de nuestra central, ha sido la lucha por la independencia del movimiento obrero y por la unidad del movimiento sindical. En consecuencia, ante esta gigantesca concentración, llamamos a todos los sectores a continuar trabajando por cimentar la política de unidad de acción, por unificar al movimiento sindical. Saber claramente que la unidad que nosotros propugnamos es distinta a la unidad del señor Tulio Cuevas. El señor Tulio Cuevas habla de unidad pero no tiene ninguna autoridad, porque una central nacida del estado de sitio, amamantada por la violencia oficial como la UTC, ha estado siempre fletada sirviendo a los intereses de la gran oligarquía y no puede hablar en la práctica sinceramente de unidad. Igualmente la CTC que nos expulsó en el Congreso de Cartagena por nuestra independencia y por nuestra lucha por la unidad, tampoco tiene autoridad, ni esa es la unidad que nosotros queremos, la que plantean esas centrales. Tampoco creemos que es la unidad que plantea el señor López en el sentido de una central obrera oficializada para que le bata incienso al régime, para que le apruebe la política de ingresos y salarios, la política concertada, que no es otra cosa que la política del caballo y el jinete, los explotadores encima y el pueblo sufriendo las consecuencias.

Consideramos nosotros que entonces, en estas circunstanicas, al movimiento sindical le cabe una gran responsabilidad. Porque además de acaudillar las luchas por las reivindicaciones económicas de los trabajadores, nuestra clase obrera debe cumplir el papel que le corresponde históricamente mediante la contribución al proceso de la unidad popular con otros sectores distintos a ella.

GILBERTO ZAPATA ISAZA:

“Desalojemos del poder a quienes nos han engañado 150 años”

Colombia, compañeros, no es un país libre, Colombia en un país ocupado. Nos tienen ocupados como a Francia en la época del nazismo. Aquí nos ocupan la Texas, la Frontino Gold Mines, aquí nos ocupan los dueños de los laboratorios extranjeros que sobrefacturan las materias primas por valor de 1.700 millones de pesos sin que diga nada el gobierno. Aquí nos tienen ocupados las 400 compañías extrajeras y los bancos con capital foráneo. Nosotros somos un país plenamente invadido por los yanquis, el imperialismo es dueño de Colombia. de ahí que de los 180.000 millones gastados por los yanquis en asesinar vietnamitas y camboyanos también haya dinero robado a los trabajadores colombianos. Porque el dinero sale del trabajo colombiano. El dinero que nos quitan los gringos, los imperialistas, a través de los cipayos colombianos es el trabajo de ustedes, es el trabajo de todos los colombianos y parte de ese dinero que ha salido como utilidad de Colombia y de toda América Latina, sirvió para comprar armas en contra de los valientes vietnamitas, que después de 35 años de lucha y de derrotar a los japoneses, a los franceses y a los gringos, se han cubierto de gloria y han podido extender su mensaje revolucionario por todo el mundo.

El Movimiento Amplio Colombiano que represento tiene el encargo de luchar contra los fetiches heredados del capitalismo. Vine a pedirle a las masas liberales, a esas que acompañaron equivocadamente a López, que ingresen a la revolución. El MAC quiere que los izquierdistas que vegetan solitarios en sus libros y en sus bibliotecas vengan y se integren a la revolución a través del MAC o de cualquiera de los partidos revolucionarios colombianos. Esa es nuestra tarea, tarea en la cual la juventud tiene un papel importante. Yo les rindo aquí el testimonio de mi homenaje a la juventud del MAC, a la juventud del MOIR, a la juventud del Partido Comunista, a toda la juventud colombiana, porque es la juventud la que tiene que hacer la revolución. Cuba fue un pueblo juvenil que hizo la revolución. Nosotros apenas les estamos indicando el camino, pero son ustedes, con su vigor, con su capacidad de sacrificio, con su valor, con su decisión, con su vocación revolucionaria los que tienen un día que desalojar del Palacio de Nariño y del Capitolio Nacional a esos que han engañado durante 150 años a Colombia.

¡Viva la juventud colombiana! ¡Viva la revolución colombiana! ¡Viva la unidad de la clase obrera y campesina!

LA MANIFESTACIÓN: UNA GRAN VICTORIA

La multitudinaria manifestación realizada en Bogotá fue el resultado de un acuerdo político entre varias organizaciones y partidos que unificadamente convocaron al pueblo bogotano a festejar el día de la clase obrera y a reafirmar su voluntad de combate contra el imperialismo norteamericano y su gobierno lopista de hambre, demagogia y represión. El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), el Partido Comunista, la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC), el Movimiento Amplio Clombiano, La Unión Revolucionaria Socialista y sectores de izquierda de la ANAPO realizaron el grandioso acto unitario del primero de mayo.

Con el objeto de interferir la celebración del día de los trabajadores, el gobierno puso en marcha un plan de intimidación, sabotaje y represión. La amplitud del trabajo cumplido por las organizaciones, la iniciativa desplegada por las brigadas de propaganda y la acogida que el pueblo le dio a los llamados al combate echaron por tierra las maniobras oficiales y garantizaron la nutrida asistencia a la concentración.

Las masas cumplieron la cita en La Hortúa. Poco a poco fueron agrupándose los efectivos de cada una de las organizaciones participantes hasta formar una abigarrada multitud lista para iniciar la marcha. Cuando el desfile, encabezado por las distintas delegaciones sindicales de la CSTC, se aprestaba para marchar, hicieron su aparición más de veinte buses repletos de manifestantes que agitaban banderas del MOIR y vivaban consignas revolucionarias.

Al pasar el desfile frente al comando nacional de la ANAPO, donde numerosas personas celebraban un acto conmemorativo del primero de mayo, se produjo un fraternal y emocionado intercambio de saludos.

Una gran muchedumbre se agolpó al paso del desfile respondiendo con entusiasmo las consignas unitarias agitadas por los manifestantes: “Viva la unidad revolucionaria del pueblo colombiano!”, “Abajo el imperialismo yanqui!”, “Abajo el gobierno lopista de hambre, demagogia y represión!”, “Viva la victoria de Viet Nam y Camboya!”, “Viva el internacionalismo proletario!”.

La plazoleta de la Gobernación de Cundinamarca y las bocacalles de la Avenida Jiménez con carrera séptima fueron colmándose rápidamente de manifestantes. Se destacaba sobre esa nutrida multitud revolucionaria, calculada por la gran prensa entre cuarenta y setenta mil personas, un bosque de banderas del MOIR y del PCC, murales alusivos a la victoria de los pueblos de Viet Nam y de Camboya y gigantescos afiches de Ho Chi Minh, el Che Guevara y otros héroes revolucionarios.

Llevaron la palabra por la CSTC, el compañero Gustavo Osorio; por el MOIR, el camarada Francisco Mosquera; por el Partido Comunista, el compañero Gilberto Vieira; por la Unión Revolucionaria Socialista, Humberto Molina; por la ANAPO, Jaime Piedrahita Cardona y por el Movimiento Amplio Colombiano, Gilberto Zapata Isaza. Todos los oradores coincidieron en hacer un fervoroso llamado al pueblo colombiano a combatir sin tregua a sus tradicionales enemigos y a prestar su solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo.

Una vez concluídas las intervenciones, millares de gargantas entonaron “La Internacional”, el himno universal del proletariado, cerrando este acto del primero de mayo, otra victoria espléndida de las fuerzas revolucionarias.