COLOMBIA, EN LA MÁS PELIGROSA ENCRUCIJADA

(Intervención de Héctor Valencia, secretario general del MOIR, en el acto de lanzamiento de candidatos al Concejo de Bogotá)

Bogotá, julio 22 de 1997

Camaradas y amigos:

Por la forma, quizá a un espectador desprevenido podría parecerle que estamos celebrando uno de esos actos que se estilan de tiempo en tiempo con motivo de las elecciones programadas por quienes le dictan su voluntad al país. Pero si aguzara su mente y su mirada, captaría que este evento no es una rutinaria manifestación política ante otra justa electoral. Sabría que con nuestras rojas banderas y la aclamación de nuestros candidatos, desde este Teatro Libre, aquí en Chapinero, estamos anunciando que nuestra campaña en los próximos comicios será el más amplio despliegue de la política que durante los últimos años hemos considerado decisiva para nuestro destino como nación: oponer cerrada resistencia a la recolonización emprendida por el gobierno de Estados Unidos. Y comprendería también que utilizaremos la forma de lucha electoral para destacar que el avance y triunfo de esa resistencia será imposible sin denunciar y derribar a quienes con su colaboracionismo están arruinando y entregando la patria.

Nuestro énfasis político corresponde al hecho, no suficientemente advertido en algunos sectores sociales, de que Colombia atraviesa la mayor encrucijada de su historia: estar expuesta a la esclavización. Todo obedece a que dentro de la política para un nuevo orden mundial, Washington está intensificando un burdo intervencionismo con el propósito de dar cumplimiento a su agenda particular de subyugación del país.

Dicha política no es enteramente nueva. La puja de los imperialismos por intensificar y extender a nivel mundial su explotación, condujo en la primera mitad del siglo XX a dos guerras mundiales. Al salir fortalecido de la última, el imperialismo norteamericano dio inicio a otro intento de imponer su dominación, con base en los criterios y mecanismos acordados en la conferencia de Bretton Woods para el orden económico occidental. Y ya en ese tiempo, 1944, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau, sentenció lo que ese orden implicaba para la soberanía del resto de naciones, empezando por la soberanía económica. Dijo, al despedir a los allí aglutinados, que lo que acababan de disponer para dar nacimiento al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial marcaba el fin del nacionalismo económico.

Por eso cuando los últimos presidentes de la superpotencia gringa hablan de nuevo orden económico internacional o de sus retóricos sinónimos: internacionalización, vigencia del libre comercio mundial o globalización, se refieren a una política que tratan de revigorizar aunque bajo otras formas se ha probado infructuosa durante más de cincuenta años.

En realidad, una mirada histórica revela que lo que la humanidad ha vivido durante más de un siglo es una lid entre los pueblos y el imperialismo, lid que en esencia corresponde al implacable antagonismo, sin conciliación posible, entre polos contrapuestos, el proletariado y los linces financieros. Esa confrontación abarca sucesos mayores como la toma del poder por parte de los trabajadores en la Unión Soviética y China, pasa por las luchas libradas por los pueblos del Tercer Mundo, y también cobija las batallas de los sindicatos en todas las latitudes y ante las más diversas fases del capitalismo.

Para implantar la apertura de la economía que precisa su dominación, los imperialistas adoptaron en las primeras décadas de su existencia disposiciones sobre libre comercio, incluido el de esa «mercancía clave», la fuerza de trabajo, disposiciones que iban en grave detrimento de la vida de los trabajadores. Partiendo de la agudización de las luchas generadas por la cruda explotación, Estados Unidos escarmentó por experiencia ajena, la de los imperialismos europeos, y alentó lo que se conoce como política de bienestar social y Estado benefactor, destinada primeramente a compensar a los fatales perdedores de siempre, los obreros, a quienes, por lo demás, hasta se les estimulaba a organizarse en sindicatos. Era ésta, evidentemente, una política preventiva, pues entre sus principales propósitos estaba alejar la posibilidad de conmociones sociales.

II

En razón de que el poderío soviético, invadido desde hace más de 40 años por el virus revisionista, se derruyó recientemente cuando la llamada guerra fría ya hacía mucho era más alianza que confrontación, Estados Unidos, al contar con suficiente capacidad económica y comercial, y, sobre todo, al quedar como la superpotencia poseedora de los instrumentos bélicos más poderosos, creyó llegado el momento de realizar su sueño de dominación planetaria. Sin rival equiparable, y acosado por las endemoniadas contradicciones que lo aquejan, como las que se revelaron con la crisis del petróleo en los años setenta, los menguados índices de crecimiento, y el tormento de la inflación que a veces aparece mezclada con la recesión, Estados Unidos desató una ofensiva global para que, sin ninguna consideración con la soberanía de las otras naciones, se le abriesen todos los mercados, se aceptasen los preceptos de un remozado liberalismo para el comercio internacional, y sus criterios políticos y sociales rigieran en los asuntos domésticos del resto de países.

La recolonización es una política a la que los magnates financieros norteamericanos se ven impelidos, sin parar mientes en que la desigualdad en el ingreso sea un fenómeno creciente en el hemisferio occidental, empezando por la propia sociedad norteamericana, que la inestabilidad en las relaciones laborales cunda por doquier y que el desempleo asole a Europa, tierra de duchos guardianes del sistema capitalista. Tampoco les inquietan las implicaciones de que en todas las latitudes sea la esclavitud asalariada la que va mal cuando se dice que el país va mal, al paso que son las elites financieras las que van bien cuando se dice que la economía va bien. Pero, sobre todo, menos parecen advertir que ante tales efectos desastrosos, el proletariado y el resto de destacamentos populares se vean también inexorablemente impelidos a la más tenaz y amplia resistencia, sin duda el ensayo general para «asaltos al cielo» más efectivos y perdurables.

El significado de todas estas actitudes de «inadvertencia y ceguera» es paradójico: los grandes señores del capitalismo imperialista siguen condenados, como lo sentenció Carlos Marx, a crear las propias condiciones de su derrota. Ilusos, ellos subrayan que en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, y posterior a la guerra fría, están viviendo el fin de la historia. El proletariado, por el contrario, sabiendo que en las sociedades de clases siempre se vive entre la posguerra y la preguerra, pone énfasis en que estamos en la época histórica que precede a las decisivas batallas mundiales por su emancipación, un verdadero principio de la historia, los «tiempos interesantes» que soñaba Mao.

III

En lo que constituye un rasgo fundamental de la actual política imperialista, Estados Unidos, en correspondencia con cada uno de los planes e intentos que durante las últimas cinco décadas ha realizado por imponer su supremacía, propulsa y hace aprobar toda una gama de normas para regir las relaciones internacionales, especialmente las económicas y comerciales, así como los organismos pertinentes que velen por su vigilancia y aplicación. Sobra decir que lo que por aberrante no haya alcanzado ese carácter legal, será refrendado por el espíritu propio del derecho anglosajón, según el cual la costumbre se convierte en ley. Lo que es costumbre del imperio se convierte en ley imperialista. ¿Acaso la intervención directa y militar no se blande hoy como un derecho legítimo, incubado en las mismas razones que se tuvieron para las invasiones norteamericanas que asolaron a las naciones de América Latina a lo largo del siglo?

Fenómeno similar ocurre con las medidas, garantías, criterios y prácticas que rigen las relaciones económicas. Una maraña de normas aprobadas en reuniones internacionales, siguiendo la ley del más fuerte. Normas que han terminado por conformar una especie de Constitución imperialista, con sus correspondientes códigos comerciales, civiles y penales, que defienden, legitiman y facilitan la colonización económica. Ahora bien, dentro de ese contexto jurídico universal construido por el imperialismo, las naciones son constreñidas a encajonar armónicamente su Constitución y sus códigos domésticos. De no hacerlo, para decirlo en palabras de los recalcitrantes neoliberales, estarían condenadas al aislamiento y al atraso; quedarían al margen de la corriente de internacionalización, excluidas de la globalización, rezagadas ante los avances tecnológicos. Todo gobierno que no adopte lo que la comunidad financiera considere como políticas económicas responsables, será castigado. Toda política económica nacional debe estar en coordinación con los empeños económicos del imperialismo.

Pero como si no bastase con el conjunto de normas que lo favorece, y que ya tiene un carácter de ley internacional, Washington erige otras unilateralmente y las coloca en la órbita de su seguridad nacional, con lo cual se confiere un título excepcional para intervenir a voluntad en cualquier lugar de la tierra. Y no contento con las organizaciones multilaterales en las que hace predominar sus intereses fundamentales, se ha ingeniado la creación e impulso, cuando no el aprovechamiento, de conocidas organizaciones no gubernamentales, para penetrar e incidir en los más diversos aspectos de la vida social. Es así como lo vemos preocupado y actuante en temas como la ecología, los llamados derechos humanos, la paz y hasta los derechos y reivindicaciones laborales. No se trata simplemente de que el diablo, como siempre, haga hostias. Ni de que, bajo el supuesto de que las ideologías se murieron, menos la de él, meta baza en las contradicciones sociales internas para apuntalar todo lo que disocie y anarquice, todo lo que menoscabe la necesaria unidad nacional. El asunto es que el imperialismo, cual hidra contemporánea, presenta diez mil rostros que necesitan ser reconocidos y, lo que es aún más importante, combatidos. Llegará el momento en que si esa hidra pretende, al igual que la de la mitología helénica, tener una cabeza inmortal, la espada de la clase obrera se la cortará de un tajo.

Si en el plano internacional la aplicación de políticas económicas de naturaleza imperialista exige el chantaje o, en su defecto, un crudo intervencionismo, a nivel nacional precisa de la antidemocracia y la represión. De allí que a la implantación de esas políticas le sea connatural el fascismo, esa constante del imperialismo. Cuestión que sin duda originará en su contra un tercer combate de la clase obrera y los pueblos que abarcará todos los confines de la tierra. En tal confrontación ya estamos inscritos los moiristas. Será una lucha formidable e histórica, cuyo desenlace victorioso constituirá la más vibrante oda a la alegría para la humanidad.

Camaradas y amigos:

Ante la actual política imperialista, la que el siempre esclarecido compañero Francisco Mosquera calificó como una «extorsión descarnada, cruda, y sin miramiento alguno», que exige el endurecimiento de la «dictadura burguesa de los vendepatria», no nos cansemos de reiterar que nuestro redoblado pregón de ¡resistencia!, es la guía, y será la acción.

IV

Estamos ante el hecho de que, aherrojadas entre la alambrada de las disposiciones jurídicas mencionadas antes, a las naciones se las presenta sumidas en la fatalidad de un orden internacional que las imposibilita para responder en defensa de su soberanía y autodeterminación. Para tratar de excusar su mansedad ante Estados Unidos, tal presentación es asumida como cierta en Colombia por gente carente de dignidad como Ernesto Samper y sus ministros, o gente rebosante de cinismo como casi todos los presidentes de los gremios y buen número de miembros de la llamada clase política. Individuos cuyos gestos y acciones de entrega quieren hacerlos aparecer como la única conducta posible, la posición «sensata y viable». En semejante catálogo de actitudes caben: los aspavientos airados de Samper frente al acoso de la Casa Blanca, que le han servido para ambientar sus vergonzosas concesiones; las explicaciones y ruegos ante congresistas norteamericanos por parte de ministros y dirigentes políticos y gremiales, actividades que bajo la denominación de hacer lobby son simple chalanería por el establo parlamentario de Washington con los intereses de la nación; los tristes debates en el Congreso, donde la ejemplar altivez patriótica de un puñado ha permitido apreciar al desnudo el colaboracionismo de la mayoría de senadores y representantes al aprobar leyes regresivas y reaccionarias exigidas por la potencia norteamericana y, por último, aunque bien podría ser lo primero, caben también los malabares, entre dichos y coplas escamoteados a la sabiduría popular, del ex ministro Serpa para irse despojando de todas las posiciones que, por retóricas, se pudiesen haber malentendido como opuestas al chantaje yanqui.

Debe advertirse que junto a las conductas colaboracionistas que tienen algunos visos vergonzantes, aún persisten las traiciones de César Gaviria, con su gavirismo y sus gaviristas, la renombrada panda de Los Andes, que cumplieron el tétrico papel de adecuar el país en todos los órdenes para que operaran eficazmente los novísimos medios de dominación imperialista. Son una especie de eunucos, dulces castrados de todo patriotismo y democracia, que custodian los más refinados intereses de los magnates internacionales. Agazapados durante los últimos tres años en instituciones financieras, políticas, diplomáticas y académicas ligadas a los centros estadounidenses de poder, ya empiezan a salir, confiando sin duda en que, como antes, en medio de sus paparruchas, periodistas diestros por siniestros les convertirán su degeneración política en moderno atractivo.

Merece mención una de las últimas salidas de López Michelsen, célebre por haber sido el presidente del mandato de hambre, demagogia y represión, sabio en menesteres y sofismas liberales, quien en su calidad de anciano brujo se ha convertido en consultor de los gobernantes de turno. Sin duda después de una lectura no de los escritos de Marx sino de alguna novela sobre ellos, hace varias semanas López se entregó con su acostumbrado gozo a especular sobre presuntas equivocaciones del marxismo y, como si con ello hubiera espantado un histórico fantasma, procedió luego, fresco, al gran descubrimiento de que tanto en Colombia como en América Latina la riqueza sigue concentrándose en un minúsculo grupo social.

Dentro de esta lógica, tan típica de López y tan imitada por otros liberales astutos en desatenderse del principal problema que enfrenta la nación, o en confundirlo, podemos esperar novísimas refutaciones de lo expresado por Lenin y Mao, antes de que alcancemos a saber sobre su descubrimiento de que el imperialismo existe, y que es nefasto.

El alto riesgo en que se ha colocado a Colombia se puede comprender más a fondo al observar los candidatos que han surgido para ocupar la próxima presidencia.

Desde Valdivieso, quien convirtió la Fiscalía en guarida de una tenebrosa inquisición política para perseguir a quienes eran señalados por Gelbard y Gaviria desde Washington, pasando por Pastrana, Sanín y Santos, hasta llegar a Serpa, que ahora apoya la extradición y ofrece su hoja de vida para que se examine su aquiescencia con la gran potencia, todos a una aceptando la política neoliberal y el intervencionismo de los Estados Unidos, así como la agenda de colonización que ha trazado para el país, es decir, la ruina de la patria. Washington tiene abiertas todas las opciones: entre ese grupo de favorecedores escogerá su favorito.

No es extraño, entonces, que en una situación tan comprometida para la nación, el MOIR haya decidido como contenido principal de la campaña electoral la denuncia más amplia y vigorosa contra la actual política norteamericana y contra los vendepatria.

Y que para esa labor en la capital de la República haya conformado una lista con algunos de sus mejores voceros, incluidos dirigentes sindicales, verdaderos comandantes de luchas obreras, que ahora extienden su actividad pública a todos los sectores populares para difundir allí el liderazgo correcto y firme que precisan Colombia y la revolución.

Camaradas Jesús Bernal, Eberto López, Aldo Cadena, Francisco Cabrera, Alvaro Morales, Lilia Avella, Fabio Arias, Alfonso Lorza y demás integrantes de la lista al Concejo de Bogotá: esta noche ponemos en sus fiables manos la bandera roja y antiimperialista del MOIR. Hagan que cada día más y más sectores de las masas la conviertan en enseña de sus más altas y sentidas aspiraciones.

Muchas gracias.

CONMEMORACIÓN DEL TERCER ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO MOSQUERA

(Palabras de Francisco Valderrama, el 1o. de agosto de 1997 Inauguración de la sede nacional del MOIR)

Después de varios años sin sede propia, abrimos ésta que hoy, en el tercer aniversario de la muerte del camarada Francisco Mosquera, bautizamos con su nombre. Este logro se lo debemos a los nuevos vientos favorables a la lucha revolucionaria del MOIR, que han empezado a soplar cada vez más fuertes con la destorcida de la política imperialista neoliberal.

En la vida de los partidos hay hechos que se convierten en puntos de referencia sobre el desarrollo de su historia. La Rebeca, nuestra primera sede, inaugurada en el auge inicial de los setenta, fue testigo de la expansión nacional del MOIR como partido de la clase obrera colombiana. De allí salieron la mayor parte de los militantes que se vincularon a la política de los «pies descalzos». ¡Cuántos encuentros memorables se realizaron en sus salones! La Rebeca fue punto de reunión de nuestras fuerzas en los años de auge, y de resistencia cuando las condiciones del país cambiaron y entramos en el túnel, como bautizó el camarada Mosquera ese período de retroceso de la lucha de las masas, que acompaña siempre el auge de todos los oportunismos.

Hoy, «cuando nos ganamos una nueva oportunidad» de convertirnos en vanguardia de la clase obrera y el pueblo en su lucha por la independencia, estamos seguros de que la sede Francisco Mosquera será testigo de una nueva expansión del Partido. Es la firme intención del Comité Regional de sostenerla abierta, para lo cual contaremos con el apoyo del Comité Ejecutivo Central, de los organismos nacionales y de toda la militancia.

La primera tarea que vamos a enfrentar es la de desarrollar a fondo la campaña electoral para el Concejo de Bogotá. Afortunadamente nuestros mejores dirigentes sindicales, en plausible decisión, han ocupado los primeros puestos en la conformación de nuestra lista. Se han puesto al frente de las tareas para sacar adelante una campaña electoral revolucionaria, que denuncie plenamente la intromisión del imperialismo norteamericano en nuestro país y el papel que en ella han tenido los colaboracionistas, que corretean acuciosos por los corredores del gobierno, la Fiscalía, los gremios y los diarios, preparando ideológicamente el terreno y empujando la entrega a pedazos de la soberanía. El último espectáculo grotesco lo acabamos de ver con la anunciada firma de un acuerdo sobre el respeto a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, condición sin la cual no pueden aspirar a recibir las limosnas del gobierno gringo. Nunca había sido tan abyecto el espectáculo de sumisión ante el imperio.

Después vendrá la campaña del Congreso, en la cual tendremos que garantizar que nuestro camarada Jorge Santos sea reelegido y ocupe la curul en la cual nos ha representado con lujo, ganándose el aprecio y el respeto de todos los revolucionarios y demócratas del país.

Convirtamos pues esta sede en un instrumento de cohesión del Partido en las tareas que nos esperan, cuidémosla y colaboremos con su mantenimiento y embellecimiento. Hagámosle honr a quien le da su nombre, el camarada Francisco Mosquera, guía ideológico del MOIR.

EL MOIR, DE LUTO POR FABIO TRUJILLO

(Mensaje enviado por el Comité Ejecutivo Central del MOIR a doña Nelly de Trujillo y a los hijos de Fabio Trujillo Agudelo, el 9 de mayo de 1997)

Al conocer tan infausta noticia nos apresuramos a expresarles, en nombre de todo el MOIR, y en especial de nuestros compañeros ligados a las luchas por el bienestar de los cafeteros colombianos, el profundo dolor que sentimos por la desaparición de tan querido dirigente.

En los muchos años de trasegar en nuestra búsqueda de los caminos para construir una patria digna, independiente y próspera, muy pocas veces nos hemos encontrado con una persona que, como Fabio Trujillo Agudelo, hiciera suyas las causas de los demás con tanta abnegación y desinterés.

Para nosotros es una gran pérdida el no poder contar con el sabio consejo de Fabio, y para los cafeteros lograr reemplazarlo será una tarea tan difícil como la de superar las inmensas dificultades que los agobian.

El MOIR honra la memoria de tan entrañable amigo y colocará su ejemplo como el sendero que deben seguir todos los patriotas y hombres de trabajo de Colombia.

EN MEMORIA DE ARIEL POCATERRA

Francisco Valderrama

Después de las elecciones de 1972 llegamos a Córdoba de la mano del compañero Pedro Vallejo, campesino de Ciénaga de Oro. Allí iniciamos el trabajo de construir un nuevo regional para el MOIR, entonces en el proceso de extenderse nacionalmente, a través de la política de «pies descalzos», como acertadamente la bautizó el camarada Francisco Mosquera. Se trataba de abandonar por completo el medio en el cual nos habíamos criado y sumergirnos en uno nuevo cuyos hábitos, costumbres, cultura y formas de expresión teníamos que apropiarnos para echar raíces y construir partido.

Ariel Pocaterra fue uno de nuestros primeros militantes en ese mismo año. Había nacido y vivido en Punta de Yanes, corregimiento de Ciénaga de Oro, y puerto de comercio sobre la Ciénaga Grandede Lorica en el pasado, que para el año mencionado sólo vivía de la gloria de antaño para tratar de olvidar su miseria presente. Allí, en un rancho avejentado por los soles ardientes del valle sinuano, vivía Ariel como campesino pobre sin tierra, trabajando en cultivos de pancoger cuando las circunstancias lo permitían, endeudado como todos con la Caja Agraria y deseoso de luchar por la tierra.

En las primeras reuniones nos causó curiosidad su lenguaje casi incomprensible. Con el transcurrir de las discusiones y cursillos, pero sobre todo con su lectura trabajosa, silabeada casi, minuciosa y repetida hasta el cansancio de los editoriales de Tribuna Roja, empezó a manejar nuestro lenguaje, a hacerse entender de todos con claridad, defendiendo con valentía las ideas antiimperialistas y populares de su partido, el MOIR.

Veinticinco años después, el compañero Ariel seguía en su lucha, impulsando la unidad y organización de los campesinos de la Ciénaga Grande de Lorica, como directivo de la Organización Nacional de Campesinos y Productores Agropecuarios, con el fin de aprovechar para los desheredados esos inmensos baldíos. Estaba haciendo lo que más le gustaba: asesorar a los campesinos pobres en su lucha por conseguir tierra donde trabajar, o en sus problemas laborales.

Cuando las condiciones del país habían cambiado y los vientos favorables empezaban a soplar con fuerza a favor de las organizaciones democráticas y antiimperialistas; cuando el aporte de Ariel era sustancial para el avance del Partido, fuerzas oscuras se confabularon para asaltar su rancho de Punta de Yanes y asesinarlo de cuatro certeros balazos ese fatal 7 de junio, sábado, a las 9:30 de la noche.

La vida de Ariel fue un ejemplo de militancia revolucionaria, de tenacidad para superar las propias deficiencias, de valentía y orgullo para defender su Partido y servir a su pueblo. De él, así como de Raúl Ramírez, el otro militante del Regional de Córdoba asesinado hace poco más de diez años en Puerto López, municipio del Bagre, podemos decir aquello que todos aspiramos a que sea inscrito en nuestras tumbas: pensó, luchó y vivió como un comunista.

PRIVATIZAN PLAYAS EN LA HEROICA

Cartagena, con el cierre de plantas como Álcalis, Conastil, Indugraco y Polymer, acompañada de las privatizaciones de empresas estatales, padece una gravísima situación de desempleo que ronda el 20% de la población activa, agravada con la llegada de miles de desplazados por la crisis agraria y el clima de violencia que sufre Bolívar. La ciudad ha subastado el puerto y el aeropuerto, entregado al peor postor Termocartagena, regalado $300.000 millones que valen el acueducto y el alcantarillado a los consorcios recomendados por el Banco Mundial. Y ahora piensan privatizar las playas por concesión.

Este inadmisible despropósito desalojará de los puestos de trabajo a miles de nativos que se ganan el sustento familiar, ya sea vendiendo frutas, bronceadores, agua de coco u ofreciendo sillas y carpas.Para engañar incautos, las medidas las disfrazan con la «defensa del interés general», el «rescate del espacio público», el «control de la droga».

Los firmantes nos oponemos a la privatización de las playas para entregárselas a las cadenas hoteleras, impidiendo el descanso, la recreación y el goce de los cartageneros y el turismo. Nos oponemos a las restricciones a los trabajadores de la economía informal y a los despidos en los hoteles. Exigimos una política de Estado que proteja a los trabajadores jubilados, impulse el empleo productivo y garantice los derechos de los trabajadores colombianos. Exigimos que el turismo sea fuente de trabajo, ingreso y bienestar para los cartageneros.

Por la conquista de tales objetivos se realizó una marcha el 22 de mayo, en el Parque Flanagan.

Esta lucha es impulsada por: Utradebol, Unión de Trabajadores Democráticos de Bolívar, filial de CGTD; CUT, Central Unitaria de Trabajadores, seccional Bolívar; Fetrabol, Federación de Trabajadores de Bolívar, filial de CTC; Sinucom, Sindicatos de Unidad de Comerciante Minoristas; Asociación de Vendedores de Artículos Turísticos; Sindicato de Vendedores de Cartagena; Sindicatos de Vendedores de Gafas; Asociación de Carperos y Salvavidas; Asociación de Silleteros, y otras muchas organizaciones.

EL RETORNO DE HONG KONG A CHINA: DERROTA DEL COLONIALISMO

Edgar Piñeros

Con el regreso de Hong Kong a su patria se pone fin a más de 150 años de humillaciones y ocupación colonialista inglesa.

Gran Bretaña declaró la guerra a China en 1839 con la finalidad de implantar allí la venta de sus productos, incluido el opio. Con el pacto de Nanjing, de 1842, Hong Kong fue convertido en «posesión perpetua de Inglaterra», se impusieron contribuciones al pueblo chino y ventajas aduaneras a la metrópoli. Al año siguiente, el «pacto» estableció la extraterritorialidad de su gobierno en el puerto chino.

En 1857 China fue nuevamente constreñida a firmar los pactos de Tientsin, con los cuales Inglaterra, Rusia, Francia y Estados Unidos obtienen la apertura comercial de los puertos marítimos y ríos navegables. Las utilidades que le proporcionaban el té y las sedes, únicos productos del imperio oriental, sólo alcanzaban para pagar el opio que entonces monopolizaba Gran Bretaña y era introducido de contrabando. Hong Kong, además, fue centro del tráfico de culíes, la mano de obra barata que era llevada a trabajar a otros continentes. China era todavía un país gobernado por un déspota feudal y languidecía en medio del atraso.

Los levantamientos populares y el saqueo colonialista contribuyeron a la caída del régimen imperial. Engels escribió que «no pasarán muchos años hasta que presenciemos la agonía del imperio más viejo del mundo y el despuntar del día de una nueva era para toda Asia.»

A finales del siglo China era apetecida como objetivo de la burguesía mundial dentro de su plan para la repartición del mundo. Derrotado por Japón en 1895, el país sufre el asedio de Rusia, Alemania y Francia, que se disputan partes de su territorio, lo cual es aprovechado por los británicos para forzarla a suscribir el Tratado Especial de Extensión de Límites, en 1898. El instrumento le permite a Inglaterra tomar en «arriendo», por 99 años, un área de 1.055 kilómetros. De este modo, la Perla del Oriente fue convertida en paraíso de las trasnacionales que tenían allí mercado libre para explotar al trabajador y libertad absoluta para sus operaciones financieras.

Pero en Asia los movimientos de liberación nacional se levantan por oleadas. China luchó resueltamente por la liberación de su territorio, por lo cual la Corona inglesa tuvo que enfrentar numerosas rebeliones. Al triunfar la revolución popular en 1949, con el Partido Comunista Chino a la cabeza, «la nación, parada sobre sus propios pies», como lo dijera Mao, inicia una serie de negociaciones con el Reino Unido hasta obtener la Declaración Conjunta con Gran Bretaña, del 26 de octubre de 1984, en la cual China reafirma su voluntad de ejercer su soberanía desde el 1º. de julio de 1997, para «salvaguardar la unidad nacional y la integridad territorial».

El acuerdo preparó el regreso de la colonia a la soberanía china. Pudo más la decisión inquebrantable del pueblo chino, que acaba de dar una lección imperecedera a las naciones que sufren la opresión imperialista.

Ante amenaza de privatización: TRABAJADORES DE TELECOM DE NUEVO AL PARO

Enrique Daza G.

Durante los últimos meses participamos con Juan Pablo Arango en la comisión pactada entre los sindicatos y el gobierno, para estudiar la conveniencia o no de la apertura en el servicio de larga distancia nacional e internacional. De esta comisión se produjo un estudio que, junto con el del Dr. Eduardo Sarmiento Palacio, concluyó que era desde todo punto de vista inconveniente efectuar esta apertura o privatizar Telecom. Después se realizaron seis foros regionales en los cuales hubo amplia participación de los trabajadores, organizaciones sindicales y populares, representantes de concejos municipales y asambleas departamentales, usuarios y ciudadanía en general. En estos foros se rechazó categóricamente la apertura en telecomunicaciones y se condenó la posición del gobierno y de los expertos de éste en la comisión, lo cual amplió el conocimiento de la opinión pública sobre el tema y ha servido para preparar las batallas que se librarán en el futuro inmediato en defensa de este importante patrimonio nacional.

El proceso de apertura en larga distancia, formalizado en la resolución 28 de 1996, se hizo sin estudios previos. Las recomendaciones de algunas firmas extranjeras que elaboraron documentos entre 1995 y 1996 se limitaron a sugerir mecanismos de liberalización y ninguno contempló qué le pasaría al país y a Telecom de introducirse la competencia. Lo que ha estado verdaderamente en juego son los multimillonarios intereses que existen alrededor de este negocio y los apetitos de las empresas multinacionales, principalmente norteamericanas, de apoderarse del mercado colombiano.

En realidad la legislación aperturista comenzó con el decreto 1900 de 1990, continuó con la ley 33 de 1992 y no ha concluido, ya que en la actualidad se cocinan nuevas resoluciones para entregar las partes más lucrativas del mercado del sector al capital extranjero. Entre los efectos de esta legislación incoherente, apresurada e irresponsable se encuentran: privar de la capacidad de control técnico en la materia a Telecom, que es quien puede hacerlo, trasladándosela al Ministerio de Comunicaciones, cuya capacidad de control es nula. Crear un enfrentamiento de decisiones entre la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones, el Ministerio de Comunicaciones y Telecom. Y, la más importante de todas, provocar un enfrentamiento artificial entre las telefónicas y Telecom, enfrentamiento detrás del cual están las empresas extranjeras y que provoca un gran desorden en el sector.

La heroica lucha de los trabajadores de Telecom, en 1992 y en 1996, ha impedido consumar estos atentados cuyas consecuencias hubieran sido devastadoras para la empresa.

La apertura programada en la resolución 28 de 1996, que entregaba la larga distancia a dos operadores más, hubiera tenido las siguientes implicaciones: deteriorar la situación de Telecom, eliminar sus transferencias al Tesoro nacional, reducir a cero sus contribuciones a la renta en un período de tres años, convertir sus utilidades en pérdidas y abandonar la telefonía social que hoy cubre Telecom.

Por otra parte, esta apertura habría significado trasladar a manos del Estado la responsabilidad de las pensiones mientras las ganancias se las llevan los monopolios, dejar al país sin la posibilidad de una base para el desarrollo tecnológico de la industria más importante del siglo XXI y entregar a manos privadas, mayoritariamente extranjeras, un recurso indispensable para la defensa de la soberanía nacional, e importante apoyo para la producción nacional y el fortalecimiento del mercado interno, eliminando una importante herramienta de redistribución del ingreso.

Esta política, junto a la de privatización, parte de un diagnóstico errado de la situación mundial y del contexto nacional. En lo nacional, porque subestima las fortalezas de Telecom: base tecnológica, capacidad de sus trabajadores, estructura financiera sana, experiencia, cubrimiento y función social. De otro lado, sobrestima las debilidades de la empresa: la falta de mayor autonomía frente a las decisiones coyunturales del gobierno, la necesidad de aprovisionar para el Fondo de Pensiones, y diversos problemas administrativos. Para corregir esas fallas los sindicatos plantean como solución una ley de gestión, provisiones paulatinas y una administración estable, idónea y profesional.

En lo internacional, la posición de los aperturistas es equivocada porque no tienen en cuenta la necesidad de fuertes empresas nacionales para enfrentar gigantescos monopolios trasnacionales. Hacen demagogia sobre la disminución de las tarifas,cuando las evidencias internacionales muestran lo contrario. No atienden la realidad mundial de la convergencia, o sea el ofrecimiento de paquetes integrados de servicios por parte de grandes empresas, lo cual se debe resolver en Colombia manejando integralmente el sector y creando una gran empresa nacional de telecomunicaciones.

Las tesis aperturistas niegan, por su parte, el hecho de que esta política está indisolublemente ligada a la apertura, que en América Latina ha significado aumento de la pobreza, desindustrialización, dependencia económica, pérdida de la soberanía nacional y concentración del ingreso.

Con sus propuestas, que incluyen la privatización de Telecom, el actual gobierno reduce la posición del país a la de un satélite sometido a la lucha de las potencias y las multinacionales por el control de mercados y territorios. Sobrestima los efectos inmediatos que sobre Colombia tiene la modernización tecnológica, como si ésta no estuviera también al alcance de Telecom y niega la experiencia histórica de cómo se construyeron las redes de telecomunicaciones con fuertes monopolios e intervención del Estado.

En los foros se demostró que quienes sostienen este diagnóstico cometen graves errores, y no pueden refutar los argumentos de los defensores del monopolio estatal, limitándose a repetir los lugares comunes de las corrientes neoliberales que se han convertido en un acto de fe en las bondades del libre mercado, las que no han sido comprobadas en ninguna parte del mundo.

Planteamos argumentos y cifras que demuestran que quienes se benefician con la apertura y la privatización son un puñado de grupos monopolistas colombianos y extranjeros, perjudicándose la inmensa mayoría de la población, la producción nacional y la nación entera, siendo que la ciudadanía a la que tanto apelan, es defensora de Telecom.

Sin embargo, ante la persistencia del gobierno en su intento de privatizar la empresa valiéndose de diversos subterfugios, los trabajadores deberán salir nuevamente al paro y a las calles decididos a impedir que se cometa este atropello contra los intereses nacionales. Las gestas de 1992 y 1996 deberán repetirse en 1997 seguramente con el apoyo masivo del resto de trabajadores encabezados por sus centrales obreras.

BARRIOS DE BOGOTÁ PELEAN POR EL AGUA

A medida que pasan los días, el racionamiento de agua en Bogotá se hace más y más intenso. Las protestas que se han realizado en Suba, Engativá y Villa de los Alpes son apenas el comienzo de la inconformidad popular que, dadas las irresponsabilidades viejas y recientes en Chingaza, pronosticábamos en Tribuna Roja de marzo pasado.

Cuando a fines de abril los funcionarios de la Empresa de Acueducto y los contratistas celebraban con lechona y cerveza la culminación de las reparaciones en el tramo del túnel que se derrumbó en enero, se conoció la noticia de nuevos derrumbes en los primeros 18 kilómetros. A pesar de los esfuerzos del señor Deeb para explicar por qué no se aprovecharon los tres meses que duraron los trabajos para inspeccionar y hacer el mantenimiento a todo el sistema, lo que quedó claro fue que se trató de un acto más de desgreño del clan Mockus.

Pasados tres meses, aún no se sabía nada sobre el tamaño de los desprendimientos. El 10 de julio los diarios publicaron declaraciones de Alejandro Deeb anunciando que los derrumbes, aunque no se precisaba su real dimensión, eran más grandes de lo previsto, y que remover los escombros podría prolongarse hasta finales de septiembre.

Tres días después, un trabajo periodístico firmado por Ignacio Gómez, en El Espectador, se refirió al peligro de taponamiento en el túnel de Usaquén, lo que privaría a la ciudad del suministro de la represa de San Rafael que, gracias a las abundantes lluvias, ha podido amortiguar la emergencia de Chingaza. Allí también se destaca cómo, al no ser usadas las aguas de la laguna de Chingaza y el embalse de Chuza, aumentó mucho más su nivel, y la Empresa de Acueducto ha venido abriendo las compuertas, produciendo el crecimiento del caudal del río Upía, que marca los límites entre los departamentos de Casanare y Meta. Las inundaciones hicieron que 104 familias de los municipios ribereños de Villa Nueva, Barranca de Upía y Cabuyaro perdieran sus viviendas y enseres.

Entre tanto, Deeb viaja interminablemente al exterior a gestionar nuevos créditos para el Plan Maestro de Abastecimiento de Agua, y firma contratos con las mismas empresas privadas responsables de los descalabros que tienen padeciendo a la ciudad un racionamiento que se vuelve permanente.

Los medios, que hacían registros de los índices de ahorro y del avance de los trabajos en el interior del túnel, enmudecieron de repente. Sin anuncios previos, los racionamientos cubren hoy indiscriminadamente toda la ciudad. Parece como si hubiesen acordado callar para contener una posible reacción de la ciudadanía. Tampoco se habla de lo que les costará a los bogotanos tanta desidia oficial. Pero de la exasperación de los habitantes de los barrios sí hablarán las protestas que crecerán en forma incontenible.

Jesús Bernal, cabeza de lista al Concejo: «LIDERAREMOS LA BATALLA CONTRA LA VENTA DE BOGOTÁ»

(Apartes de la intervención de Jesús Bernal Amorocho en el acto de lanzamiento de los candidatos del MOIR al Concejo de Bogotá, en el Teatro Libre, el 22 de julio de 1997.)

El Comité Ejecutivo Central del MOIR, en forma acertada, ha puesto al frente de la justa electoral que se avecina a quienes nos ha correspondido estar en la primera línea de combate en estos últimos años, para llegar a los barrios, veredas y frentes de trabajo, con un programa de resistencia contra el avasallamiento norteamericano y los apátridas.

Para el Concejo de Bogotá, la dirección de mi Partido ha decidido lanzar una lista de reconocidos líderes del movimiento obrero cuya trayectoria y experiencia de lucha constituyen segura garantía de su actuación en favor del pueblo en esa corporación. Está integrada por los nombres de destacados dirigentes de las centrales obreras CGTD y CUT, de Fecode y de los estatales.

Tenemos en esta lista a Francisco Cabrera, destacado dirigente del incoformismo de los sectores populares en los barrios bogotanos y un estudios de los problemas de la capital.

A Lilia Avella, líder de los trabajadores estatales en Utradec, cuyo infatigable trabajo de organización viene rindiendo excelentes frutos.

A Alfredo Rubiano, presidente de Sinucom, el combativo sindicato de los vendedores ambulantes, al cual le entregó los últimos años de su vida el camarada Víctor Moreno recientemente fallecido.

A Fabio Arias, fiscal nacional de la CUT y destacado dirigente de las luchas de los trabajadores del SENA.

A Aldo Cadena, presidente nacional de Sindess, el sindicato de los trabajadores de la salud.

A Eberto López, presidente nacional de Sittelecom, el inolvidable capitán de las jornadas en defensa del carácter estatal de las telecomunicaciones, y a quien les habla, a mucho honor, presidente nacional del sindicato de trabajadores de la Caja Agraria y cabeza de la lista moirista para el consejo de la capital de Colombia. Todos, orientados por el MOIR, hemos participado en las batallas antimperialistas de nuestro pueblo.

El MOIR lanzará también listas de candidatos a las Juntas Administradoras Locales, conformadas por destacados dirigentes populares, varios de los cuales nos acompañan esta memorable noche. Y contra la deplorable costumbre de prometer vanamente el oro y el moro en las campañas electorales, nuestra única promesa es la de continuar librando la pelea contra los enemigos de la nación.

Aprovecharemos la batalla electoral para educar al pueblo y agitar nuestras banderas antimperialistas. Le diremos a los obreros y los campesinos de Colombia que sus males sólo tendrán solución con la revolución. Tal como lo hicimos en la campaña electoral pasada cuando llevamos al Senado de la República al camarada Jorge Santos, dirigente de los obreros petroleros, y como lo reafirmaremos con su nombre de nuevo en la próxima campaña de Senado, impulsando un programa nacional y democrático. Con los votos de los obreros y gentes del pueblo, nos proponemos conquistar posiciones en los organismos de elección popular para desde allí constituirnos en heraldos y guardianes de las aspiraciones populares. Estamos creando una nueva escuela de tribunos y portavoces de la revolución en las corporaciones públicas, cuyo exponente modelo es Jorge Santos, y a fe que la profundizaremos en esta campaña.

Los dirigentes de la lista moirista al Concejo de la Capital y la militancia del Partido, lideraremos la batalla contra la venta de la ciudad que impulsa el imperialismo y sus agentes, como el payaso de Mockus, o los que aspiran a reemplazarlo. Igual que en el abanico nacional para la presidencia, en el Distrito los candidatos a la alcaldía son personajes mezquinos y mediocres con un pasado de vendepatrias. Carlos Ossa desde el Banco de la República y Hommes desde el Ministerio de Hacienda, hicieron parte de la pandilla gavirista que implantó la apertura. Peñalosa ha prestado sus servicios al Banco de Bogotá, donde se proyecta establecer maquilas para esquilmar el trabajo de los obreros colombianos. El vástago de los Lleras es la ficha del samperismo. Y Galán, el hermano de Luis Carlos, nos recuerda las tesis del Nuevo Liberalismo, que le permitieron a Gaviria llegar al Palacio de Nariño.

Utilizaremos la campaña electoral para denunciar que en la capital de la república las consecuencias de la apertura también han sido dramáticas. Bogotá registró la mayor inflación del país, 24.34%. 73 empresas manufactureras entraron en concordato en 1996 y en 1995 lo hicieron 64. Entre 1995 y 1996 se perdieron 95.000 puestos de trabajo. Un millón y medio de personas subsisten en la llamada economía informal. Al pueblo bogotano le imponen el autovalúo, la valorización general y local, la sobretasa a la gasolina, peajes urbanos y reestratificacion. Mientras, tanto vivimos el suplicio de la inseguridad, el racionamiento de agua por la irresponsabilidad y los negociados de las administraciones, el traumatismo de las vías destartaladas o la falta de ellas y el caos permanente por los trancones. El pueblo trabajador pasa horas vitales encerrado en un bus. La indolencia frente a los padecimientos de los humildes no tiene límite.

Cuando acepté encabezar la lista del MOIR al Consejo de Bogotá, recordé el compromiso con mi Partido durante más de dos décadas. Debo expresar que todo lo que soy se lo debo a la formación que recibí en mi casa y a mi Partido, el partido de Francisco Mosquera, el jefe político e ideológico del proletariado colombiano. Hoy, tres años después de su fallecimiento, guardo en mi memoria todas sus enseñanzas, y también, por qué no, sus críticas. En esta campaña electoral, con la guía del Comité Ejecutivo Central del MOIR, voy a aplicarme a fondo para sacar adelante su legado y aspiro a llevarlo a los habitantes de esta ciudad. El pensamiento de Francisco Mosquera, fundador y jefe del MOIR, seguirá vigente en la mente de los desposeídos de Colombia, y todos mis esfuerzos contribuirán para que eso sea una realidad.


Lista del MOIR al Concejo de Bogotá

Jesús Bernal Presidente del sindicato de la Caja Agraria
Eberto López Presidente del sindicato de Telecom
Aldo Cadena Presidente del sindicato nacional de la salud, Sindess
Francisco Cabrera Dirigente de barrios populares de Bogotá
Álvaro Morales Comité Ejecutivo Nacional de Fecode
Lilia Avella Dirigente de los trabajadores estatales
Fabio Arias Fiscal de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT
Cecilia Vargas Dirigente nacional del sindicato del Sena
Jaime Paz Presidente de Sintracreditario-Cundinamarca
Arnulfo Piñeros Presidente ACEB-seccional Bogotá


Lista para ediles en Bogotá
Usaquén: Jairo Solano (Z. 1).
Chapinero: Hernán Medina (Z. 2).
Santa Fe: Manuel Alfredo Rubiano, Nelson Flórez y William Blanco (Z. 3)
San Cristóbal: Ómar Puerto y Emma Victoria Mejía (Z. 4).
Tunjuelito: César Aldana (Z. 6).
Bosa: Pedro Pablo Sierra (Z. 7).
Kennedy: Carlos E. Fonseca (Z. 8).
Fontibón: Miguel Á. Delgado (Z. 9).
Engativá: Carlos Suárez (Z. 10).
Suba: Alirio Lugo (Z. 11).
Puente Aranda: Teódulo Cárdenas (Z. 16).
Uribe Uribe: Álvaro Díaz y Luis Orduz (Z. 18).

«VOCEROS Y GUÍAS DE LAS LUCHAS POPULARES»

(Discurso del senador del MOIR, Jorge Santos Núñez, el 22 de julio de 1997 en el Teatro Libre de Bogotá)

Jorge Santos Núñez

Entre los deberes de la lucha, acaso uno de los más gratos sea encontrarse en un evento como el de esta noche, una verdadera celebración, una genuina fiesta del espíritu popular revolucionario. Es la impresión de regocijo que nos produce el lanzamiento de nuestras candidaturas al cabildo capitalino. No hay duda de que Jesús Bernal, Eberto, Aldo, Francisco y Lilia personifican lo más capaz, lo más consecuente que los trabajadores y el pueblo de Bogotá pueden elegir para el Concejo.

Jesús Bernal, con su férrea conducción al frente de los trabajadores de la Caja Agraria, en numerosos conflictos laborales y especialmente en el reciente paro de la entidad, fue determinante para propinarle una derrota a la política privatizadora del gobierno de Samper. Las gentes de Colombia siguieron con simpatía la resonante batalla de los creditarios; en Jesús Bernal, quien encabeza la lista moirista, tendrán en el Concejo un representante, un vocero y un conductor seguro.

Eberto López, su papel estelar en las horas críticas de la huelga de los trabajadores de Telecom, que paró las telecomunicaciones, fue decisivo para frustrar el atentado contra ese estratégico pilar de la soberanía patria. Sin duda alguna, Eberto volverá al primer plano con la confrontación impuesta que se avecina en Telecom.

Aldo Cadena, el aguerrido dirigente de los trabajadores del sindicato nacional de la salud; de su firmeza e inteligencia fueron testigos los colombianos en el reciente paro nacional de los hospitales y clínicas.

Lilia Avella, cuya formidable labor de organización y orientación entre los trabajadores del Estado se constató en el reciente paro nacional estatal.

Y Francisco Cabrera, aplicado al estudio de los problemas de la ciudad, con un papel al frente de importantes protestas de la población bogotana, reconocido en numerosos barrios de la capital.

No hay duda de que los bogotanos distinguirán esta lista como la de los abanderados de la reivindicaciones populares y, sobre todo, como la de los voceros y guías de sus luchas.

Los hombres del MOIR en las corporaciones públicas venimos desempeñando el papel de tribunos populares y de portaestandartes de la revolución. Por ello la quema de la bandera gringa en el recinto del Senado constituyó la expresión concentrada de nuestra política en la actual hora oscura que vive Colombia. Nuestro objetivo, expresado allí como un acto simbólico, habrá de convertirse en una realidad trascendente y definitiva para el país: que el yugo del imperialismo norteamericano arda a manos del pueblo y desaparezca para siempre.

En la búsqueda de tan grandiosa meta, a las luchas en la capital de la república les corresponde un papel de primera magnitud. Para facilitar el acrecimiento de nuestra influencia y labor de dirección en las movilizaciones populares, necesitamos representación en el Concejo de la capital. Compañeros, démosle esa victoria a la ciudad capital y continuemos la lucha.