El Congreso de Fecode en Villavicencio: UNA GRAN VICTORIA DE LAS FUERZAS AVANZADAS

José Fernando Ocampo

La defensa de los elementos más avanzados de la reforma educativa de 1994, el rechazo a la Ley 200 con la exigencia de la recuperación del régimen especial para los educadores, la denuncia de la privatización de la educación, la condena del sindicalismo sociopolítico, el rechazo de la reglamentación de la Ley General de Educación, la conquista de un salario digno para el magisterio, constituyeron los pilares de la victoria obtenida en el Congreso de Fecode celebrado en Villavicencio, contra la política del gobierno samperista y contra la traición del grupo de Jaime Dussán y sus conmilitones.

La hegemonía del dussanismo en la Federación Colombiana de Educadores durante este período le abrió paso a una contrarreforma reaccionaria patrocinada por el Ministerio de Educación, le permitió al gobierno cometer toda clase de atropellos contra el magisterio, les dejó manos libres a mandatarios seccionales como Álvaro Uribe Vélez, de Antioquia, y Antanas Mockus, de Bogotá, de cuyas administraciones él hace parte, para desarrollar una agresiva política privatizadora de la educación, y permitió que la Ley General de Educación se reglamentara en contravención de sus principios más progresistas. En una palabra, condujo a Fecode a la peor crisis de sus treinta y cinco años de historia.

Cuatro fuerzas de izquierda se aliaron para iniciar un proceso de recuperar la Federación: el frente de Tribuna Magisterial dirigido por el MOIR, Maestros Unitarios, Unidad Democrática y el frente de Educadores Luis Felipe Vélez. Con una posición democrática y la concepción de un sindicalismo clasista, conscientes del embate feroz del imperialismo norteamericano contra la soberanía nacional y de su injerencia directa en el campo educativo, lograron hacer aprobar más de veinte proyectos, a los cuales deberá ceñirse el nuevo Comité Ejecutivo que salga de la elección directa el próximo 3 de octubre.

Una victoria en el campo de la ideología

En el país se libra una intensa batalla ideológica en el campo educativo. Su origen es la Ley General de Educación. En ella se introdujo la autonomía escolar de las instituciones, que es la piedra de toque de toda la reforma educativa de 1994, complementada con la libertad de cátedra tal como se introdujo en la Constitución de 1991. No es una automía financiera y administrativa, como la concibe la ideología neoliberal, según la cual el Estado controla los contenidos de la educación, pero los planteles, convertidos en empresas de producción, se las tienen que arreglar para conseguir los recursos y en aplicar las técnicas de administración empresariales. Es, en esencia, la educación como mercancía, sometida a las leyes de la oferta y la demanda en medio de la competencia del libre mercado.

En cambio, la reforma lo que plantea es la autonomía escolar aplicada al currículo y a los planes de estudio, que despoja al Estado del control de los contenidos y lo obliga a financiar el servicio educativo con una administración descentralizada. Se trata de una solución opuesta. En consecuencia, todas las posiciones y tendencias pedagógicas pugnan por abrirse campo y ganar en la gran batalla ideológica. Ahí radica el fondo de esta revolución educativa; fue lo que defendió una de las resoluciones más importantes del Congreso.

Contra una educación para pobres

Por su condición de neoliberal, el gobierno de Samper hace alarde de considerar prioritaria la educación. Pero es pura demagogia. Sometido a los dictámenes del Banco Mundial y al chantaje de sus créditos condicionados, el Ministerio de Educación propugna una educación para pobres. Sus fórmulas consisten en el año cero, la promoción automática, los hogares comunitarios y la escuela nueva, plasmados todos en el Plan Decadal de Educación durante el Ministerio de María Emma Mejía. Se trata de recetas para una educación sin calidad, totalmente ajena a los contenidos científicos y técnicos, en completo hacinamiento en las aulas de clase, con la promoción de los estudiantes sin esfuerzo ni aprendizaje. Se propicia así una educación de buena calidad para un puñado de ricos y totalmente deficiente para la mayoría de la población.

Pero al mismo tiempo, estas medidas se disfrazan con documentos y resoluciones de jerga ininteligible, con lenguaje farragoso y plagado de circunloquios como la resolución 2343 sobre lineamientos generales del currículo. Y se confunde al magisterio con criterios de evaluación constructivistas que nadie entiende: ni los estudiantes, ni los padres de familia, ni los mismos educadores. El Congreso de Fecode se ocupó de esta problemática, rechazó toda esa parafernalia y definió medidas de lucha contra semejante política, a favor de una educación de la más alta calidad científica. Por eso defendió los preescolares de tres años, la obligación de rendimiento académico, las guarderías infantiles con personal capacitado, el restablecimiento de la jornada diurna única bajo las condiciones de aumento de la planta física y de un salario digno para los educadores, el aumento del presupuesto para vinculación de maestros con cargo al situado fiscal, y la capacitación gratuita de la más alta calidad científica para el magisterio.

Rechazo al neoliberalismo

Detrás de todas las políticas reaccionarias están el neoliberalismo y una teoría pedagógica denominada constructivismo que, como ocurre con su base material económica, rezuma individualismo y subjetivismo. Es una de esas concepciones ideológicas diseñadas para mantener los pueblos subdesarrollados en la ignorancia, al margen del desarrollo autónomo en ciencia y tecnología, entre el énfasis axiológico de la pedagogía y el abandono del estudiante a su propia suerte. Como dice el documento del salto educativo, «no se trata de enseñar, sino de aprender», porque concibe al maestro como simple guía que sólo requiere método pero no contenidos y al estudiante como su propio maestro, con la ilusión imposible de que por sí mismo descubra lo que la humanidad a duras penas ha logrado entender en miles de años. A esta presunción dogmática del profundo desprecio por el educador y por su tarea fundamental, también le salió al paso el Congreso, rechazando la promoción automática y la resolución de lineamientos generales del currículo, y en pro de una capacitación permanente, gratuita y dirigida a las áreas de conocimiento con énfasis en los contenidos que garanticen la posibilidad del ascenso en el escalafón.

El gobierno de Samper también está aplicando el neoliberalismo al servicio educativo. Ha intentado en todas las formas volver a municipalizar la educación, procurando descargarles el peso de la vinculación de nuevos educadores. Han sido dos entidades territoriales, Antioquia y Bogotá, los modelos de privatización mediante el programa Paces, los subsidios, los contratos con entidades privadas o cooperativas, todo en detrimento de la educación pública. En Villavicencio, el Congreso fue tajante en exigir el aumento del situado fiscal y el alivio a los municipios del peso de la vinculación de educadores, una vez aprobado por mayoría el rechazo a los métodos privatizadores. El dussanismo, acogiéndose a la política neoliberal, votó en contra de esta resolución, tal vez la de mayor significado del Congreso.

Por la recuperación del régimen especial

Como a todos los empleados del Estado, la Ley 200 de 1995 o Código Único Disciplinario también se les aplica a los educadores. Ésta es una norma que afina los trámites del debido proceso para apretar el gatillo de las causales de mala conducta y violar los derechos fundamentales. Para el magisterio significa la eliminación del régimen disciplinario especial, conquistado tras veinte años de luchas en las décadas de los años sesenta y setenta. El senador Dussán defendió la Ley 200 en su famosa carta al magisterio del país, publicada en Fecode Informa, y sus áulicos recorrieron el país haciéndole eco. Pero desesperados por el repudio del magisterio, prefirieron refugiarse en el Parlamento con la ilusión de que una maniobra de su senador resolviera tamaña fechoría. En Villavicencio también fue rechazado su proyecto de ley, porque somete a los maestros a dos regímenes en lugar de uno, al Estatuto Docente disminuido y al Régimen Único Disciplinario. Por eso se aprobó la unión con los empleados estatales, para luchar por la derogatoria de la Ley 200 y la recuperación del régimen especial para los educadores del sector público.

Lo que se respiró en Villavicencio fue el repudio al sindicalismo sociopolítico, practicado por la camarilla dirigente de Fecode con el único propósito de convertir los sindicatos en trampolines para escalar posiciones en el gobierno, tanto el nacional como el de las entidades territoriales.

El sindicalismo sociopolítico trata de convertir las organizaciones gremiales en correas de transmisión de las políticas oficiales. Por supuesto, es la resultante de una concepción desclasada de la sociedad, en la que se quiere hacer creer que el Estado somos todos, donde la dominación y la explotación de clase no existen, y haciendo aparecer el régimen gubernamental como el principal benefactor del pueblo oprimido.

Las consecuencias de semejante teoría y práctica están a la vista en la peor crisis de la historia de la organización sindical del magisterio colombiano. Por eso recibió el rechazo de la mayoría del Congreso.

Hacia una nueva victoria: las elecciones del Comité Ejecutivo

Contra la camarilla dussanista que detenta la mayoría de la dirección de Fecode, hemos logrado una victoria, con la posición consecuente defendida sin vacilaciones por el frente de educadores Tribuna Magisterial y los demás aliados del Bloque Alternativo de Oposición. Ha sido una lucha sin cuartel a lo largo de este período convulsionado y crítico.

Lo que viene de aquí en adelante es la elección del Comité Ejecutivo en forma directa. Los educadores de Tribuna Magisterial, dirigidos por el MOIR, presentarán tres listas: una en el norte del país, por la Costa Atlántica, encabezada por Luis Carlos Fuentes; otra por Antioquia y el nororiente, desde el Cesar y La Guajira hasta Arauca, con el primer renglón de Raúl Arroyave, y una tercera en el centro y sur del país, presidida por Álvaro Morales Sánchez.

Durante estos cuatro años, Tribuna Magisterial no ha cejado un solo instante en la lucha por la independencia de la Federación Colombiana de Educadores y en defensa de los intereses más sentidos de los educadores. Los tres candidatos que presentamos a consideración del magisterio son una garantía para el gremio, en pro de sus reivindicaciones fundamentales, pero también para la nación colombiana en la salvaguardia de la soberanía nacional, en un momento en que afronta la mayor ofensiva histórica del imperialismo norteamericano. Por esa razón esperamos el apoyo decidido del magisterio para nuestras listas en las elecciones del 3 de octubre al Comité Ejecutivo Nacional de Fecode.

Legado de Mosquera: «EN LAS ELECCIONES, DESENTRAÑEMOS LAS CONTRADICCIONES DE CLASE»

(Apartes de la entrevista al camarada Francisco Mosquera realizada por Cristina de la Torre en marzo de 1976 y publicada en Cuadernos de Alternativa, No. 3. Fue reproducida por Tribuna Roja, No. 24, diciembre de 1976.)

Pregunta. Con qué métodos participa el MOIR en la campaña electoral y cuáles son las principales experiencias recibidas a través de esta forma de lucha ?

Francisco Mosquera. El MOIR participa en la lucha electoral con el supremo criterio de contribuir a desembotar la conciencia de las masas y hacer más clara y comprensible la lucha de clases que subyace en las manifestaciones y actividades de la sociedad colombiana. La oligarquía dominante, como los explotadores en todos los tiempos, desata la más sórdida, cruel y sistemática lucha contra los explotados, pero, hipócrita y cobarde por naturaleza, se empeña a la vez en encubrir, mistificar y desfigurar esta lucha a los ojos de sus contradictores de clase. Mientras engaña, persigue y golpea con saña a las masas trabajadoras, la minoría detentadora del Poder no tiene la menor vergüenza de presentarse como protectora y benefactora de las grandes mayorías populares. Nuestro primer deber consiste pues en correr el velo que envuelve las contradicciones de clase y lograr que éstas puedan ser desentrañadas y entendidas diáfanamente por millones de personas. En primer lugar para que la clase obrera, y con ella el resto de las clases sojuzgadas de Colombia consiga identificar a sus verdaderos enemigos y los ardides y tretas de éstos. Y para que el proletariado, partiendo de esta base, se ponga en condiciones de organizar sus fuerzas y la de sus aliados en las múltiples batallas por la liberación nacional y la revolución democrática.

Arrancar el antifaz al mentiroso gobierno del «mandato claro» ha sido nuestra principal preocupación en esta campaña electoral. Hacer consciente que el señor López Michelsen en el Poder es el continuismo, o sea, la prolongación de la coalición liberal-conservadora proimperialista, antinacional, antipopular y antidemocrática que viene esquilmando a la nación y empobreciendo al pueblo. Que quienes traten de enmascarar por uno u otro medio esta cruda realidad terminarán haciéndole compañía a los vendepatria y traidores. Que sólo una línea consecuente de unidad de todas las fuerzas revolucionarias y patrióticas, dirigidas tanto contra el sistema en general como contra el régimen lopista que lo representa concretamente, ganará el respaldo entusiasta de las masas populares de la ciudad y del campo. Y efectivamente la consigna central de «contra el mandato de hambre a la carga», lanzada por nuestro Partido para la campaña electoral, compendia y recoge los deseos de combate de los sectores mayoritarios de la población colombiana que en carne propia padecen los catastróficos resultados de la política oficial. La gran prensa y reconocidos personajes de los partidos tradicionales se han quejado ya por la propaganda de descrédito emprendida por el MOIR contra el gobierno.

En todo caso la consigna constituyó un acierto, como será siempre conducente recoger la tradición de lucha de nuestro pueblo. Cuando exaltamos, por ejemplo, el emblema inmortal de los comuneros del siglo XVIII, «Unión de los oprimidos contra los opresores», y que bien puede ser el lema de la lucha de nuestros días, no quiere decir que acojamos el punto de vista ni las concepciones de los revolucionarios de aquella época. Sabemos como nadie en Colombia que no obstante caracterizar la actual revolución como una revolución de liberación nacional, democrático-burguesa, realizada por la alianza de todas las clases revolucionarias, es exclusivamente la clase obrera y su ideología invencible, el marxismo leninismo, el factor dirigente de la misma. En síntesis, la índole de los ataques contra la táctica revolucionaria y unitaria planteada por el MOIR para el actual periodo, así como la procedencia de esos ataques, prueban la justeza de nuestra posición política.

Resuelta la cuestión de la orientación y objetivos políticos de la campaña, se coloca en primer plano el problema de la vinculación a las masas. Aunque el continuismo ha tomado las máximas precauciones para impedir la libre concurrencia en estas elecciones de los partidos y movimientos opuestos a las corrientes afectas al régimen, como la del sostenimiento del estado de sitio, las fuerzas revolucionarias deben realizar todos los esfuerzos necesarios para extender sus efectivos y llegar a sitios y sectores de masas a donde en otras circunstancias sería dificultoso hacerlo. Esto no significa que si no hay elecciones el partido revolucionario de la clase obrera no arribaría a esos sitios y a esos sectores. Simplemente señalamos que, en el actual periodo de construcción del Partido, aprovechamos una ocasión propicia, el debate electoral, para lanzar la red hasta donde nos alcancen las energías. Después vendrá la recogida y consolidación del trabajo. La efectividad de esta tarea estriba obviamente en la adecuada distribución orgánica de las escasas unidades con que contamos. Después de la línea política, lo más importante son unas correctas medidas organizativas. De estos dos aspectos depende el acercamiento y la estrecha conexión con las masas y sus luchas. Ya un partido obrero apertrechado de una línea política correcta, con un estilo de trabajo revolucionario y vinculado íntimamente a las masas y sus luchas no habrá quien pueda destruirlo.

Finalmente, la labor de propaganda y agitación es un flanco que requiere la mayor atención. Sin ella muy poco podríamos avanzar. Existe un obstáculo enorme que debemos superar: la falta de recursos. Nuestro Partido se apoya exclusivamente en sus propias fuerzas y en las fuerzas de las masas. Pero en la actualidad el MOIR sigue siendo un partido pequeño, en gestación, y su arraigo en los amplios sectores del pueblo es aún incipiente. Para subsanar estas deficiencias hemos puesto la caldera a funcionar a todo vapor. Que no haya un militante ni un simpatizante del MOIR que no contribuya con su tiempo disponible y los recursos materiales mínimos a la campaña electoral.

Hemos concentrado las tareas de propaganda y agitación en tres instrumentos principales: 1) En nuestro órgano Tribuna Roja, para el cual elaboramos un plan especial de periodicidad y de aumento de tiraje. Ésta ha sido la más eficaz herramienta de difusión de nuestra línea, de información de nuestra actividad electoral y de aglutinación y organización en la etapa de expansión en que nos encontramos. Los frutos hasta el presente son satisfactorios. Hemos logrado sacar cada quince días 300 mil ejemplares de Tribuna Roja y sostenerlo con la sola venta. 2) En la programación de una gira nacional que pretende cubrir el mayor número de capitales, municipios y veredas. La directiva al respecto insiste en que todos los actos electorales del MOIR han de realizarse en plazas públicas y lugares abiertos, no importa que las manifestaciones y mítines no sean siempre nutridos. Esto con el propósito de movilizar la mayor cantidad de gentes posible. A pesar de las prohibiciones de varios alcaldes para efectuar las demostraciones públicas, en la mayoría de los casos hemos conseguido reunir en lugares abiertos buena proporción de personas, si se compara con el fracaso de los partidos tradicionales y se tiene en cuenta el escaso desarrollo del MOIR. Notamos en el grueso de los participantes en dichos actos una gran expectativa por las ideas revolucionarias y su actitud fundamental es la de escuchar los nuevos planteamientos. Y 3), en la propaganda mural. Éste ha sido el otro instrumento agitacional usado con especial esmero por nuestro Partido. Con medios de fácil acceso y utilización como la pintura mural, las tiras largas producidas en screen y colocadas en paredes visibles y los carteles con la imagen de nuestros dirigentes y candidatos, hemos hecho sentir la presencia del MOIR en la contienda electoral.

COLOMBIA, EN LA MÁS PELIGROSA ENCRUCIJADA

(Intervención de Héctor Valencia, secretario general del MOIR, en el acto de lanzamiento de candidatos al Concejo de Bogotá)

Bogotá, julio 22 de 1997

Camaradas y amigos:

Por la forma, quizá a un espectador desprevenido podría parecerle que estamos celebrando uno de esos actos que se estilan de tiempo en tiempo con motivo de las elecciones programadas por quienes le dictan su voluntad al país. Pero si aguzara su mente y su mirada, captaría que este evento no es una rutinaria manifestación política ante otra justa electoral. Sabría que con nuestras rojas banderas y la aclamación de nuestros candidatos, desde este Teatro Libre, aquí en Chapinero, estamos anunciando que nuestra campaña en los próximos comicios será el más amplio despliegue de la política que durante los últimos años hemos considerado decisiva para nuestro destino como nación: oponer cerrada resistencia a la recolonización emprendida por el gobierno de Estados Unidos. Y comprendería también que utilizaremos la forma de lucha electoral para destacar que el avance y triunfo de esa resistencia será imposible sin denunciar y derribar a quienes con su colaboracionismo están arruinando y entregando la patria.

Nuestro énfasis político corresponde al hecho, no suficientemente advertido en algunos sectores sociales, de que Colombia atraviesa la mayor encrucijada de su historia: estar expuesta a la esclavización. Todo obedece a que dentro de la política para un nuevo orden mundial, Washington está intensificando un burdo intervencionismo con el propósito de dar cumplimiento a su agenda particular de subyugación del país.

Dicha política no es enteramente nueva. La puja de los imperialismos por intensificar y extender a nivel mundial su explotación, condujo en la primera mitad del siglo XX a dos guerras mundiales. Al salir fortalecido de la última, el imperialismo norteamericano dio inicio a otro intento de imponer su dominación, con base en los criterios y mecanismos acordados en la conferencia de Bretton Woods para el orden económico occidental. Y ya en ese tiempo, 1944, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau, sentenció lo que ese orden implicaba para la soberanía del resto de naciones, empezando por la soberanía económica. Dijo, al despedir a los allí aglutinados, que lo que acababan de disponer para dar nacimiento al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial marcaba el fin del nacionalismo económico.

Por eso cuando los últimos presidentes de la superpotencia gringa hablan de nuevo orden económico internacional o de sus retóricos sinónimos: internacionalización, vigencia del libre comercio mundial o globalización, se refieren a una política que tratan de revigorizar aunque bajo otras formas se ha probado infructuosa durante más de cincuenta años.

En realidad, una mirada histórica revela que lo que la humanidad ha vivido durante más de un siglo es una lid entre los pueblos y el imperialismo, lid que en esencia corresponde al implacable antagonismo, sin conciliación posible, entre polos contrapuestos, el proletariado y los linces financieros. Esa confrontación abarca sucesos mayores como la toma del poder por parte de los trabajadores en la Unión Soviética y China, pasa por las luchas libradas por los pueblos del Tercer Mundo, y también cobija las batallas de los sindicatos en todas las latitudes y ante las más diversas fases del capitalismo.

Para implantar la apertura de la economía que precisa su dominación, los imperialistas adoptaron en las primeras décadas de su existencia disposiciones sobre libre comercio, incluido el de esa «mercancía clave», la fuerza de trabajo, disposiciones que iban en grave detrimento de la vida de los trabajadores. Partiendo de la agudización de las luchas generadas por la cruda explotación, Estados Unidos escarmentó por experiencia ajena, la de los imperialismos europeos, y alentó lo que se conoce como política de bienestar social y Estado benefactor, destinada primeramente a compensar a los fatales perdedores de siempre, los obreros, a quienes, por lo demás, hasta se les estimulaba a organizarse en sindicatos. Era ésta, evidentemente, una política preventiva, pues entre sus principales propósitos estaba alejar la posibilidad de conmociones sociales.

II

En razón de que el poderío soviético, invadido desde hace más de 40 años por el virus revisionista, se derruyó recientemente cuando la llamada guerra fría ya hacía mucho era más alianza que confrontación, Estados Unidos, al contar con suficiente capacidad económica y comercial, y, sobre todo, al quedar como la superpotencia poseedora de los instrumentos bélicos más poderosos, creyó llegado el momento de realizar su sueño de dominación planetaria. Sin rival equiparable, y acosado por las endemoniadas contradicciones que lo aquejan, como las que se revelaron con la crisis del petróleo en los años setenta, los menguados índices de crecimiento, y el tormento de la inflación que a veces aparece mezclada con la recesión, Estados Unidos desató una ofensiva global para que, sin ninguna consideración con la soberanía de las otras naciones, se le abriesen todos los mercados, se aceptasen los preceptos de un remozado liberalismo para el comercio internacional, y sus criterios políticos y sociales rigieran en los asuntos domésticos del resto de países.

La recolonización es una política a la que los magnates financieros norteamericanos se ven impelidos, sin parar mientes en que la desigualdad en el ingreso sea un fenómeno creciente en el hemisferio occidental, empezando por la propia sociedad norteamericana, que la inestabilidad en las relaciones laborales cunda por doquier y que el desempleo asole a Europa, tierra de duchos guardianes del sistema capitalista. Tampoco les inquietan las implicaciones de que en todas las latitudes sea la esclavitud asalariada la que va mal cuando se dice que el país va mal, al paso que son las elites financieras las que van bien cuando se dice que la economía va bien. Pero, sobre todo, menos parecen advertir que ante tales efectos desastrosos, el proletariado y el resto de destacamentos populares se vean también inexorablemente impelidos a la más tenaz y amplia resistencia, sin duda el ensayo general para «asaltos al cielo» más efectivos y perdurables.

El significado de todas estas actitudes de «inadvertencia y ceguera» es paradójico: los grandes señores del capitalismo imperialista siguen condenados, como lo sentenció Carlos Marx, a crear las propias condiciones de su derrota. Ilusos, ellos subrayan que en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, y posterior a la guerra fría, están viviendo el fin de la historia. El proletariado, por el contrario, sabiendo que en las sociedades de clases siempre se vive entre la posguerra y la preguerra, pone énfasis en que estamos en la época histórica que precede a las decisivas batallas mundiales por su emancipación, un verdadero principio de la historia, los «tiempos interesantes» que soñaba Mao.

III

En lo que constituye un rasgo fundamental de la actual política imperialista, Estados Unidos, en correspondencia con cada uno de los planes e intentos que durante las últimas cinco décadas ha realizado por imponer su supremacía, propulsa y hace aprobar toda una gama de normas para regir las relaciones internacionales, especialmente las económicas y comerciales, así como los organismos pertinentes que velen por su vigilancia y aplicación. Sobra decir que lo que por aberrante no haya alcanzado ese carácter legal, será refrendado por el espíritu propio del derecho anglosajón, según el cual la costumbre se convierte en ley. Lo que es costumbre del imperio se convierte en ley imperialista. ¿Acaso la intervención directa y militar no se blande hoy como un derecho legítimo, incubado en las mismas razones que se tuvieron para las invasiones norteamericanas que asolaron a las naciones de América Latina a lo largo del siglo?

Fenómeno similar ocurre con las medidas, garantías, criterios y prácticas que rigen las relaciones económicas. Una maraña de normas aprobadas en reuniones internacionales, siguiendo la ley del más fuerte. Normas que han terminado por conformar una especie de Constitución imperialista, con sus correspondientes códigos comerciales, civiles y penales, que defienden, legitiman y facilitan la colonización económica. Ahora bien, dentro de ese contexto jurídico universal construido por el imperialismo, las naciones son constreñidas a encajonar armónicamente su Constitución y sus códigos domésticos. De no hacerlo, para decirlo en palabras de los recalcitrantes neoliberales, estarían condenadas al aislamiento y al atraso; quedarían al margen de la corriente de internacionalización, excluidas de la globalización, rezagadas ante los avances tecnológicos. Todo gobierno que no adopte lo que la comunidad financiera considere como políticas económicas responsables, será castigado. Toda política económica nacional debe estar en coordinación con los empeños económicos del imperialismo.

Pero como si no bastase con el conjunto de normas que lo favorece, y que ya tiene un carácter de ley internacional, Washington erige otras unilateralmente y las coloca en la órbita de su seguridad nacional, con lo cual se confiere un título excepcional para intervenir a voluntad en cualquier lugar de la tierra. Y no contento con las organizaciones multilaterales en las que hace predominar sus intereses fundamentales, se ha ingeniado la creación e impulso, cuando no el aprovechamiento, de conocidas organizaciones no gubernamentales, para penetrar e incidir en los más diversos aspectos de la vida social. Es así como lo vemos preocupado y actuante en temas como la ecología, los llamados derechos humanos, la paz y hasta los derechos y reivindicaciones laborales. No se trata simplemente de que el diablo, como siempre, haga hostias. Ni de que, bajo el supuesto de que las ideologías se murieron, menos la de él, meta baza en las contradicciones sociales internas para apuntalar todo lo que disocie y anarquice, todo lo que menoscabe la necesaria unidad nacional. El asunto es que el imperialismo, cual hidra contemporánea, presenta diez mil rostros que necesitan ser reconocidos y, lo que es aún más importante, combatidos. Llegará el momento en que si esa hidra pretende, al igual que la de la mitología helénica, tener una cabeza inmortal, la espada de la clase obrera se la cortará de un tajo.

Si en el plano internacional la aplicación de políticas económicas de naturaleza imperialista exige el chantaje o, en su defecto, un crudo intervencionismo, a nivel nacional precisa de la antidemocracia y la represión. De allí que a la implantación de esas políticas le sea connatural el fascismo, esa constante del imperialismo. Cuestión que sin duda originará en su contra un tercer combate de la clase obrera y los pueblos que abarcará todos los confines de la tierra. En tal confrontación ya estamos inscritos los moiristas. Será una lucha formidable e histórica, cuyo desenlace victorioso constituirá la más vibrante oda a la alegría para la humanidad.

Camaradas y amigos:

Ante la actual política imperialista, la que el siempre esclarecido compañero Francisco Mosquera calificó como una «extorsión descarnada, cruda, y sin miramiento alguno», que exige el endurecimiento de la «dictadura burguesa de los vendepatria», no nos cansemos de reiterar que nuestro redoblado pregón de ¡resistencia!, es la guía, y será la acción.

IV

Estamos ante el hecho de que, aherrojadas entre la alambrada de las disposiciones jurídicas mencionadas antes, a las naciones se las presenta sumidas en la fatalidad de un orden internacional que las imposibilita para responder en defensa de su soberanía y autodeterminación. Para tratar de excusar su mansedad ante Estados Unidos, tal presentación es asumida como cierta en Colombia por gente carente de dignidad como Ernesto Samper y sus ministros, o gente rebosante de cinismo como casi todos los presidentes de los gremios y buen número de miembros de la llamada clase política. Individuos cuyos gestos y acciones de entrega quieren hacerlos aparecer como la única conducta posible, la posición «sensata y viable». En semejante catálogo de actitudes caben: los aspavientos airados de Samper frente al acoso de la Casa Blanca, que le han servido para ambientar sus vergonzosas concesiones; las explicaciones y ruegos ante congresistas norteamericanos por parte de ministros y dirigentes políticos y gremiales, actividades que bajo la denominación de hacer lobby son simple chalanería por el establo parlamentario de Washington con los intereses de la nación; los tristes debates en el Congreso, donde la ejemplar altivez patriótica de un puñado ha permitido apreciar al desnudo el colaboracionismo de la mayoría de senadores y representantes al aprobar leyes regresivas y reaccionarias exigidas por la potencia norteamericana y, por último, aunque bien podría ser lo primero, caben también los malabares, entre dichos y coplas escamoteados a la sabiduría popular, del ex ministro Serpa para irse despojando de todas las posiciones que, por retóricas, se pudiesen haber malentendido como opuestas al chantaje yanqui.

Debe advertirse que junto a las conductas colaboracionistas que tienen algunos visos vergonzantes, aún persisten las traiciones de César Gaviria, con su gavirismo y sus gaviristas, la renombrada panda de Los Andes, que cumplieron el tétrico papel de adecuar el país en todos los órdenes para que operaran eficazmente los novísimos medios de dominación imperialista. Son una especie de eunucos, dulces castrados de todo patriotismo y democracia, que custodian los más refinados intereses de los magnates internacionales. Agazapados durante los últimos tres años en instituciones financieras, políticas, diplomáticas y académicas ligadas a los centros estadounidenses de poder, ya empiezan a salir, confiando sin duda en que, como antes, en medio de sus paparruchas, periodistas diestros por siniestros les convertirán su degeneración política en moderno atractivo.

Merece mención una de las últimas salidas de López Michelsen, célebre por haber sido el presidente del mandato de hambre, demagogia y represión, sabio en menesteres y sofismas liberales, quien en su calidad de anciano brujo se ha convertido en consultor de los gobernantes de turno. Sin duda después de una lectura no de los escritos de Marx sino de alguna novela sobre ellos, hace varias semanas López se entregó con su acostumbrado gozo a especular sobre presuntas equivocaciones del marxismo y, como si con ello hubiera espantado un histórico fantasma, procedió luego, fresco, al gran descubrimiento de que tanto en Colombia como en América Latina la riqueza sigue concentrándose en un minúsculo grupo social.

Dentro de esta lógica, tan típica de López y tan imitada por otros liberales astutos en desatenderse del principal problema que enfrenta la nación, o en confundirlo, podemos esperar novísimas refutaciones de lo expresado por Lenin y Mao, antes de que alcancemos a saber sobre su descubrimiento de que el imperialismo existe, y que es nefasto.

El alto riesgo en que se ha colocado a Colombia se puede comprender más a fondo al observar los candidatos que han surgido para ocupar la próxima presidencia.

Desde Valdivieso, quien convirtió la Fiscalía en guarida de una tenebrosa inquisición política para perseguir a quienes eran señalados por Gelbard y Gaviria desde Washington, pasando por Pastrana, Sanín y Santos, hasta llegar a Serpa, que ahora apoya la extradición y ofrece su hoja de vida para que se examine su aquiescencia con la gran potencia, todos a una aceptando la política neoliberal y el intervencionismo de los Estados Unidos, así como la agenda de colonización que ha trazado para el país, es decir, la ruina de la patria. Washington tiene abiertas todas las opciones: entre ese grupo de favorecedores escogerá su favorito.

No es extraño, entonces, que en una situación tan comprometida para la nación, el MOIR haya decidido como contenido principal de la campaña electoral la denuncia más amplia y vigorosa contra la actual política norteamericana y contra los vendepatria.

Y que para esa labor en la capital de la República haya conformado una lista con algunos de sus mejores voceros, incluidos dirigentes sindicales, verdaderos comandantes de luchas obreras, que ahora extienden su actividad pública a todos los sectores populares para difundir allí el liderazgo correcto y firme que precisan Colombia y la revolución.

Camaradas Jesús Bernal, Eberto López, Aldo Cadena, Francisco Cabrera, Alvaro Morales, Lilia Avella, Fabio Arias, Alfonso Lorza y demás integrantes de la lista al Concejo de Bogotá: esta noche ponemos en sus fiables manos la bandera roja y antiimperialista del MOIR. Hagan que cada día más y más sectores de las masas la conviertan en enseña de sus más altas y sentidas aspiraciones.

Muchas gracias.

CONMEMORACIÓN DEL TERCER ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO MOSQUERA

(Palabras de Francisco Valderrama, el 1o. de agosto de 1997 Inauguración de la sede nacional del MOIR)

Después de varios años sin sede propia, abrimos ésta que hoy, en el tercer aniversario de la muerte del camarada Francisco Mosquera, bautizamos con su nombre. Este logro se lo debemos a los nuevos vientos favorables a la lucha revolucionaria del MOIR, que han empezado a soplar cada vez más fuertes con la destorcida de la política imperialista neoliberal.

En la vida de los partidos hay hechos que se convierten en puntos de referencia sobre el desarrollo de su historia. La Rebeca, nuestra primera sede, inaugurada en el auge inicial de los setenta, fue testigo de la expansión nacional del MOIR como partido de la clase obrera colombiana. De allí salieron la mayor parte de los militantes que se vincularon a la política de los «pies descalzos». ¡Cuántos encuentros memorables se realizaron en sus salones! La Rebeca fue punto de reunión de nuestras fuerzas en los años de auge, y de resistencia cuando las condiciones del país cambiaron y entramos en el túnel, como bautizó el camarada Mosquera ese período de retroceso de la lucha de las masas, que acompaña siempre el auge de todos los oportunismos.

Hoy, «cuando nos ganamos una nueva oportunidad» de convertirnos en vanguardia de la clase obrera y el pueblo en su lucha por la independencia, estamos seguros de que la sede Francisco Mosquera será testigo de una nueva expansión del Partido. Es la firme intención del Comité Regional de sostenerla abierta, para lo cual contaremos con el apoyo del Comité Ejecutivo Central, de los organismos nacionales y de toda la militancia.

La primera tarea que vamos a enfrentar es la de desarrollar a fondo la campaña electoral para el Concejo de Bogotá. Afortunadamente nuestros mejores dirigentes sindicales, en plausible decisión, han ocupado los primeros puestos en la conformación de nuestra lista. Se han puesto al frente de las tareas para sacar adelante una campaña electoral revolucionaria, que denuncie plenamente la intromisión del imperialismo norteamericano en nuestro país y el papel que en ella han tenido los colaboracionistas, que corretean acuciosos por los corredores del gobierno, la Fiscalía, los gremios y los diarios, preparando ideológicamente el terreno y empujando la entrega a pedazos de la soberanía. El último espectáculo grotesco lo acabamos de ver con la anunciada firma de un acuerdo sobre el respeto a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, condición sin la cual no pueden aspirar a recibir las limosnas del gobierno gringo. Nunca había sido tan abyecto el espectáculo de sumisión ante el imperio.

Después vendrá la campaña del Congreso, en la cual tendremos que garantizar que nuestro camarada Jorge Santos sea reelegido y ocupe la curul en la cual nos ha representado con lujo, ganándose el aprecio y el respeto de todos los revolucionarios y demócratas del país.

Convirtamos pues esta sede en un instrumento de cohesión del Partido en las tareas que nos esperan, cuidémosla y colaboremos con su mantenimiento y embellecimiento. Hagámosle honr a quien le da su nombre, el camarada Francisco Mosquera, guía ideológico del MOIR.

EL MOIR, DE LUTO POR FABIO TRUJILLO

(Mensaje enviado por el Comité Ejecutivo Central del MOIR a doña Nelly de Trujillo y a los hijos de Fabio Trujillo Agudelo, el 9 de mayo de 1997)

Al conocer tan infausta noticia nos apresuramos a expresarles, en nombre de todo el MOIR, y en especial de nuestros compañeros ligados a las luchas por el bienestar de los cafeteros colombianos, el profundo dolor que sentimos por la desaparición de tan querido dirigente.

En los muchos años de trasegar en nuestra búsqueda de los caminos para construir una patria digna, independiente y próspera, muy pocas veces nos hemos encontrado con una persona que, como Fabio Trujillo Agudelo, hiciera suyas las causas de los demás con tanta abnegación y desinterés.

Para nosotros es una gran pérdida el no poder contar con el sabio consejo de Fabio, y para los cafeteros lograr reemplazarlo será una tarea tan difícil como la de superar las inmensas dificultades que los agobian.

El MOIR honra la memoria de tan entrañable amigo y colocará su ejemplo como el sendero que deben seguir todos los patriotas y hombres de trabajo de Colombia.

EN MEMORIA DE ARIEL POCATERRA

Francisco Valderrama

Después de las elecciones de 1972 llegamos a Córdoba de la mano del compañero Pedro Vallejo, campesino de Ciénaga de Oro. Allí iniciamos el trabajo de construir un nuevo regional para el MOIR, entonces en el proceso de extenderse nacionalmente, a través de la política de «pies descalzos», como acertadamente la bautizó el camarada Francisco Mosquera. Se trataba de abandonar por completo el medio en el cual nos habíamos criado y sumergirnos en uno nuevo cuyos hábitos, costumbres, cultura y formas de expresión teníamos que apropiarnos para echar raíces y construir partido.

Ariel Pocaterra fue uno de nuestros primeros militantes en ese mismo año. Había nacido y vivido en Punta de Yanes, corregimiento de Ciénaga de Oro, y puerto de comercio sobre la Ciénaga Grandede Lorica en el pasado, que para el año mencionado sólo vivía de la gloria de antaño para tratar de olvidar su miseria presente. Allí, en un rancho avejentado por los soles ardientes del valle sinuano, vivía Ariel como campesino pobre sin tierra, trabajando en cultivos de pancoger cuando las circunstancias lo permitían, endeudado como todos con la Caja Agraria y deseoso de luchar por la tierra.

En las primeras reuniones nos causó curiosidad su lenguaje casi incomprensible. Con el transcurrir de las discusiones y cursillos, pero sobre todo con su lectura trabajosa, silabeada casi, minuciosa y repetida hasta el cansancio de los editoriales de Tribuna Roja, empezó a manejar nuestro lenguaje, a hacerse entender de todos con claridad, defendiendo con valentía las ideas antiimperialistas y populares de su partido, el MOIR.

Veinticinco años después, el compañero Ariel seguía en su lucha, impulsando la unidad y organización de los campesinos de la Ciénaga Grande de Lorica, como directivo de la Organización Nacional de Campesinos y Productores Agropecuarios, con el fin de aprovechar para los desheredados esos inmensos baldíos. Estaba haciendo lo que más le gustaba: asesorar a los campesinos pobres en su lucha por conseguir tierra donde trabajar, o en sus problemas laborales.

Cuando las condiciones del país habían cambiado y los vientos favorables empezaban a soplar con fuerza a favor de las organizaciones democráticas y antiimperialistas; cuando el aporte de Ariel era sustancial para el avance del Partido, fuerzas oscuras se confabularon para asaltar su rancho de Punta de Yanes y asesinarlo de cuatro certeros balazos ese fatal 7 de junio, sábado, a las 9:30 de la noche.

La vida de Ariel fue un ejemplo de militancia revolucionaria, de tenacidad para superar las propias deficiencias, de valentía y orgullo para defender su Partido y servir a su pueblo. De él, así como de Raúl Ramírez, el otro militante del Regional de Córdoba asesinado hace poco más de diez años en Puerto López, municipio del Bagre, podemos decir aquello que todos aspiramos a que sea inscrito en nuestras tumbas: pensó, luchó y vivió como un comunista.

PRIVATIZAN PLAYAS EN LA HEROICA

Cartagena, con el cierre de plantas como Álcalis, Conastil, Indugraco y Polymer, acompañada de las privatizaciones de empresas estatales, padece una gravísima situación de desempleo que ronda el 20% de la población activa, agravada con la llegada de miles de desplazados por la crisis agraria y el clima de violencia que sufre Bolívar. La ciudad ha subastado el puerto y el aeropuerto, entregado al peor postor Termocartagena, regalado $300.000 millones que valen el acueducto y el alcantarillado a los consorcios recomendados por el Banco Mundial. Y ahora piensan privatizar las playas por concesión.

Este inadmisible despropósito desalojará de los puestos de trabajo a miles de nativos que se ganan el sustento familiar, ya sea vendiendo frutas, bronceadores, agua de coco u ofreciendo sillas y carpas.Para engañar incautos, las medidas las disfrazan con la «defensa del interés general», el «rescate del espacio público», el «control de la droga».

Los firmantes nos oponemos a la privatización de las playas para entregárselas a las cadenas hoteleras, impidiendo el descanso, la recreación y el goce de los cartageneros y el turismo. Nos oponemos a las restricciones a los trabajadores de la economía informal y a los despidos en los hoteles. Exigimos una política de Estado que proteja a los trabajadores jubilados, impulse el empleo productivo y garantice los derechos de los trabajadores colombianos. Exigimos que el turismo sea fuente de trabajo, ingreso y bienestar para los cartageneros.

Por la conquista de tales objetivos se realizó una marcha el 22 de mayo, en el Parque Flanagan.

Esta lucha es impulsada por: Utradebol, Unión de Trabajadores Democráticos de Bolívar, filial de CGTD; CUT, Central Unitaria de Trabajadores, seccional Bolívar; Fetrabol, Federación de Trabajadores de Bolívar, filial de CTC; Sinucom, Sindicatos de Unidad de Comerciante Minoristas; Asociación de Vendedores de Artículos Turísticos; Sindicato de Vendedores de Cartagena; Sindicatos de Vendedores de Gafas; Asociación de Carperos y Salvavidas; Asociación de Silleteros, y otras muchas organizaciones.

EL RETORNO DE HONG KONG A CHINA: DERROTA DEL COLONIALISMO

Edgar Piñeros

Con el regreso de Hong Kong a su patria se pone fin a más de 150 años de humillaciones y ocupación colonialista inglesa.

Gran Bretaña declaró la guerra a China en 1839 con la finalidad de implantar allí la venta de sus productos, incluido el opio. Con el pacto de Nanjing, de 1842, Hong Kong fue convertido en «posesión perpetua de Inglaterra», se impusieron contribuciones al pueblo chino y ventajas aduaneras a la metrópoli. Al año siguiente, el «pacto» estableció la extraterritorialidad de su gobierno en el puerto chino.

En 1857 China fue nuevamente constreñida a firmar los pactos de Tientsin, con los cuales Inglaterra, Rusia, Francia y Estados Unidos obtienen la apertura comercial de los puertos marítimos y ríos navegables. Las utilidades que le proporcionaban el té y las sedes, únicos productos del imperio oriental, sólo alcanzaban para pagar el opio que entonces monopolizaba Gran Bretaña y era introducido de contrabando. Hong Kong, además, fue centro del tráfico de culíes, la mano de obra barata que era llevada a trabajar a otros continentes. China era todavía un país gobernado por un déspota feudal y languidecía en medio del atraso.

Los levantamientos populares y el saqueo colonialista contribuyeron a la caída del régimen imperial. Engels escribió que «no pasarán muchos años hasta que presenciemos la agonía del imperio más viejo del mundo y el despuntar del día de una nueva era para toda Asia.»

A finales del siglo China era apetecida como objetivo de la burguesía mundial dentro de su plan para la repartición del mundo. Derrotado por Japón en 1895, el país sufre el asedio de Rusia, Alemania y Francia, que se disputan partes de su territorio, lo cual es aprovechado por los británicos para forzarla a suscribir el Tratado Especial de Extensión de Límites, en 1898. El instrumento le permite a Inglaterra tomar en «arriendo», por 99 años, un área de 1.055 kilómetros. De este modo, la Perla del Oriente fue convertida en paraíso de las trasnacionales que tenían allí mercado libre para explotar al trabajador y libertad absoluta para sus operaciones financieras.

Pero en Asia los movimientos de liberación nacional se levantan por oleadas. China luchó resueltamente por la liberación de su territorio, por lo cual la Corona inglesa tuvo que enfrentar numerosas rebeliones. Al triunfar la revolución popular en 1949, con el Partido Comunista Chino a la cabeza, «la nación, parada sobre sus propios pies», como lo dijera Mao, inicia una serie de negociaciones con el Reino Unido hasta obtener la Declaración Conjunta con Gran Bretaña, del 26 de octubre de 1984, en la cual China reafirma su voluntad de ejercer su soberanía desde el 1º. de julio de 1997, para «salvaguardar la unidad nacional y la integridad territorial».

El acuerdo preparó el regreso de la colonia a la soberanía china. Pudo más la decisión inquebrantable del pueblo chino, que acaba de dar una lección imperecedera a las naciones que sufren la opresión imperialista.

Ante amenaza de privatización: TRABAJADORES DE TELECOM DE NUEVO AL PARO

Enrique Daza G.

Durante los últimos meses participamos con Juan Pablo Arango en la comisión pactada entre los sindicatos y el gobierno, para estudiar la conveniencia o no de la apertura en el servicio de larga distancia nacional e internacional. De esta comisión se produjo un estudio que, junto con el del Dr. Eduardo Sarmiento Palacio, concluyó que era desde todo punto de vista inconveniente efectuar esta apertura o privatizar Telecom. Después se realizaron seis foros regionales en los cuales hubo amplia participación de los trabajadores, organizaciones sindicales y populares, representantes de concejos municipales y asambleas departamentales, usuarios y ciudadanía en general. En estos foros se rechazó categóricamente la apertura en telecomunicaciones y se condenó la posición del gobierno y de los expertos de éste en la comisión, lo cual amplió el conocimiento de la opinión pública sobre el tema y ha servido para preparar las batallas que se librarán en el futuro inmediato en defensa de este importante patrimonio nacional.

El proceso de apertura en larga distancia, formalizado en la resolución 28 de 1996, se hizo sin estudios previos. Las recomendaciones de algunas firmas extranjeras que elaboraron documentos entre 1995 y 1996 se limitaron a sugerir mecanismos de liberalización y ninguno contempló qué le pasaría al país y a Telecom de introducirse la competencia. Lo que ha estado verdaderamente en juego son los multimillonarios intereses que existen alrededor de este negocio y los apetitos de las empresas multinacionales, principalmente norteamericanas, de apoderarse del mercado colombiano.

En realidad la legislación aperturista comenzó con el decreto 1900 de 1990, continuó con la ley 33 de 1992 y no ha concluido, ya que en la actualidad se cocinan nuevas resoluciones para entregar las partes más lucrativas del mercado del sector al capital extranjero. Entre los efectos de esta legislación incoherente, apresurada e irresponsable se encuentran: privar de la capacidad de control técnico en la materia a Telecom, que es quien puede hacerlo, trasladándosela al Ministerio de Comunicaciones, cuya capacidad de control es nula. Crear un enfrentamiento de decisiones entre la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones, el Ministerio de Comunicaciones y Telecom. Y, la más importante de todas, provocar un enfrentamiento artificial entre las telefónicas y Telecom, enfrentamiento detrás del cual están las empresas extranjeras y que provoca un gran desorden en el sector.

La heroica lucha de los trabajadores de Telecom, en 1992 y en 1996, ha impedido consumar estos atentados cuyas consecuencias hubieran sido devastadoras para la empresa.

La apertura programada en la resolución 28 de 1996, que entregaba la larga distancia a dos operadores más, hubiera tenido las siguientes implicaciones: deteriorar la situación de Telecom, eliminar sus transferencias al Tesoro nacional, reducir a cero sus contribuciones a la renta en un período de tres años, convertir sus utilidades en pérdidas y abandonar la telefonía social que hoy cubre Telecom.

Por otra parte, esta apertura habría significado trasladar a manos del Estado la responsabilidad de las pensiones mientras las ganancias se las llevan los monopolios, dejar al país sin la posibilidad de una base para el desarrollo tecnológico de la industria más importante del siglo XXI y entregar a manos privadas, mayoritariamente extranjeras, un recurso indispensable para la defensa de la soberanía nacional, e importante apoyo para la producción nacional y el fortalecimiento del mercado interno, eliminando una importante herramienta de redistribución del ingreso.

Esta política, junto a la de privatización, parte de un diagnóstico errado de la situación mundial y del contexto nacional. En lo nacional, porque subestima las fortalezas de Telecom: base tecnológica, capacidad de sus trabajadores, estructura financiera sana, experiencia, cubrimiento y función social. De otro lado, sobrestima las debilidades de la empresa: la falta de mayor autonomía frente a las decisiones coyunturales del gobierno, la necesidad de aprovisionar para el Fondo de Pensiones, y diversos problemas administrativos. Para corregir esas fallas los sindicatos plantean como solución una ley de gestión, provisiones paulatinas y una administración estable, idónea y profesional.

En lo internacional, la posición de los aperturistas es equivocada porque no tienen en cuenta la necesidad de fuertes empresas nacionales para enfrentar gigantescos monopolios trasnacionales. Hacen demagogia sobre la disminución de las tarifas,cuando las evidencias internacionales muestran lo contrario. No atienden la realidad mundial de la convergencia, o sea el ofrecimiento de paquetes integrados de servicios por parte de grandes empresas, lo cual se debe resolver en Colombia manejando integralmente el sector y creando una gran empresa nacional de telecomunicaciones.

Las tesis aperturistas niegan, por su parte, el hecho de que esta política está indisolublemente ligada a la apertura, que en América Latina ha significado aumento de la pobreza, desindustrialización, dependencia económica, pérdida de la soberanía nacional y concentración del ingreso.

Con sus propuestas, que incluyen la privatización de Telecom, el actual gobierno reduce la posición del país a la de un satélite sometido a la lucha de las potencias y las multinacionales por el control de mercados y territorios. Sobrestima los efectos inmediatos que sobre Colombia tiene la modernización tecnológica, como si ésta no estuviera también al alcance de Telecom y niega la experiencia histórica de cómo se construyeron las redes de telecomunicaciones con fuertes monopolios e intervención del Estado.

En los foros se demostró que quienes sostienen este diagnóstico cometen graves errores, y no pueden refutar los argumentos de los defensores del monopolio estatal, limitándose a repetir los lugares comunes de las corrientes neoliberales que se han convertido en un acto de fe en las bondades del libre mercado, las que no han sido comprobadas en ninguna parte del mundo.

Planteamos argumentos y cifras que demuestran que quienes se benefician con la apertura y la privatización son un puñado de grupos monopolistas colombianos y extranjeros, perjudicándose la inmensa mayoría de la población, la producción nacional y la nación entera, siendo que la ciudadanía a la que tanto apelan, es defensora de Telecom.

Sin embargo, ante la persistencia del gobierno en su intento de privatizar la empresa valiéndose de diversos subterfugios, los trabajadores deberán salir nuevamente al paro y a las calles decididos a impedir que se cometa este atropello contra los intereses nacionales. Las gestas de 1992 y 1996 deberán repetirse en 1997 seguramente con el apoyo masivo del resto de trabajadores encabezados por sus centrales obreras.

BARRIOS DE BOGOTÁ PELEAN POR EL AGUA

A medida que pasan los días, el racionamiento de agua en Bogotá se hace más y más intenso. Las protestas que se han realizado en Suba, Engativá y Villa de los Alpes son apenas el comienzo de la inconformidad popular que, dadas las irresponsabilidades viejas y recientes en Chingaza, pronosticábamos en Tribuna Roja de marzo pasado.

Cuando a fines de abril los funcionarios de la Empresa de Acueducto y los contratistas celebraban con lechona y cerveza la culminación de las reparaciones en el tramo del túnel que se derrumbó en enero, se conoció la noticia de nuevos derrumbes en los primeros 18 kilómetros. A pesar de los esfuerzos del señor Deeb para explicar por qué no se aprovecharon los tres meses que duraron los trabajos para inspeccionar y hacer el mantenimiento a todo el sistema, lo que quedó claro fue que se trató de un acto más de desgreño del clan Mockus.

Pasados tres meses, aún no se sabía nada sobre el tamaño de los desprendimientos. El 10 de julio los diarios publicaron declaraciones de Alejandro Deeb anunciando que los derrumbes, aunque no se precisaba su real dimensión, eran más grandes de lo previsto, y que remover los escombros podría prolongarse hasta finales de septiembre.

Tres días después, un trabajo periodístico firmado por Ignacio Gómez, en El Espectador, se refirió al peligro de taponamiento en el túnel de Usaquén, lo que privaría a la ciudad del suministro de la represa de San Rafael que, gracias a las abundantes lluvias, ha podido amortiguar la emergencia de Chingaza. Allí también se destaca cómo, al no ser usadas las aguas de la laguna de Chingaza y el embalse de Chuza, aumentó mucho más su nivel, y la Empresa de Acueducto ha venido abriendo las compuertas, produciendo el crecimiento del caudal del río Upía, que marca los límites entre los departamentos de Casanare y Meta. Las inundaciones hicieron que 104 familias de los municipios ribereños de Villa Nueva, Barranca de Upía y Cabuyaro perdieran sus viviendas y enseres.

Entre tanto, Deeb viaja interminablemente al exterior a gestionar nuevos créditos para el Plan Maestro de Abastecimiento de Agua, y firma contratos con las mismas empresas privadas responsables de los descalabros que tienen padeciendo a la ciudad un racionamiento que se vuelve permanente.

Los medios, que hacían registros de los índices de ahorro y del avance de los trabajos en el interior del túnel, enmudecieron de repente. Sin anuncios previos, los racionamientos cubren hoy indiscriminadamente toda la ciudad. Parece como si hubiesen acordado callar para contener una posible reacción de la ciudadanía. Tampoco se habla de lo que les costará a los bogotanos tanta desidia oficial. Pero de la exasperación de los habitantes de los barrios sí hablarán las protestas que crecerán en forma incontenible.