SE AGIGANTA EL PELIGRO DE INVASIÓN RUSA

Los últimos acontecimientos de la crisis de Polonia han vuelto a colocar sobre el tapete los peligros de una intervención militar soviética para impedir por la fuerza el resquebrajamiento del pacto de Varsovia. Entre los elementos nuevos que influyen en la actual situación sobresalen el fortalecimiento de las organizaciones de los obreros y los campesinos; el predominio, en el seno del gobierno del Partido Unificado Polaco (POUP), de aquellos dirigentes que se muestran favorables a hacer las concesiones y las reformas exigidas por las masas laboriosas, y el ultimátum enviado por Moscú a Varsovia advirtiendo enérgicamente contra cualquier “desviación” que erosione la hegemonía rusa sobre Polonia.
La afrentosa carta de Moscú.

La ininterrumpida cadena de huelgas y movimientos de protesta populares, que se iniciara en junio de 1980 y se conquistara importantes reivindicaciones para la clase obrera polaca, continuó durante todo el primer semestre de este año. En febrero cayó el tercer Primer Ministro en lo que va de la crisis y el cuarto, Jaruzelski, se vio obligado a pedir a “Solidaridad” una tregua de 90 días a modo de respiro para el gobierno, la cual fue aceptada por los líderes sindicales, este acuerdo estuvo a punto de romperse bruscamente, a mediados de marzo, a raíz de los actos de brutalidad policial contra varios activistas gremiales en la ciudad de Bydgoszcz. Los obreros respondieron de inmediato con una huelga de advertencia de cuatro horas, mientras delegados del régimen y de “Solidaridad” negociaban una salida al incidente. El 31 de marzo se llegó a un acuerdo por medio del cual la dirigencia obrera, encabezada por Lech Walesa, suspendió la orden de un paro nacional. Entre los afiliados al sindicato se produjeron enfrentamientos, puesto que muchos de ellos señalaron que Walesa había cedido ante simples promesas del gobierno de que investigaría los hechos de Bydgoszcz. Por esos días se acentuaron los rumores acerca de una posible invasión rusa a tiempo que tropas del Pacto de Varsovia realizaban sus maniobras regulares precisamente en suelo polonés.

Después de la prueba de fuego de marzo, en la que se evidenció un acercamiento entre los principales cabecillas del gobierno y del Partido y de «Solidaridad», las autoridades principiaron a mostrar un tono abiertamente conciliador. A comienzos de abril se comprometieron a reconocer legalmente la organización campesina denominada «Solidaridad Rural» que agrupa unos 800.000 agricultores particulares. Ese mismo mes, Stanislaw Kania, dirigente máximo del POUP, afirmó que «tenemos la voluntad indeclinable de continuar el proceso de renovación social, desarrollar la democracia en el Partido y el Estado, reformar la economía nacional y la vida social». Y refiriéndose al sindicato independiente indicó que se trataba de «una organización de trabajadores que comprenden a millones de personas de buena voluntad, en la cual participan muchos cientos de miles de miembros del Partido». En efecto, cerca del 40% de los militantes del POUP está afiliado a «Solidaridad» y cumple con las tareas que ésta impulsa, lo cual dota a esta federación de un poderío excepcional e impele a la alta burocracia partidista a pensar más de dos veces sus determinaciones respecto al movimiento obrero.

Iniciado junio, el Primer Ministro Jaruzelski presentó al Parlamento un proyecto de ley laboral que garantiza el derecho de huelga de los trabajadores, con lo que se cumplía uno de los puntos principales de los acuerdos de Gdansk de agosto de 1980. Fue entonces cuando el Partido Comunista de la URSS escribió a su homólogo polonés una misiva, firmada por Leonid Brezhnev, que contenía un verdadero ultimátum. La carta reprende a Kania y Jaruzelski por no tomar «medidas prácticas» para combatir «la creciente amenaza contrarrevolucionaria». El documento los socialimperialistas dice que el «serio peligro» que se cierne sobre Polonia «constituye una amenaza a la existencia misma de un Estado polaco independiente». Más adelante se lee: «desde los primeros días de la crisis, juzgamos importante que el Partido resistiera en forma decisiva los intentos de los enemigos del socialismo de sacar ventaja de las dificultades. Sin embargo, esto no se ha hecho. Las constantes concesiones a las fuerzas antisocialistas y sus exigencias han llevado a la retirada del Partido ante la presión de la contrarrevolución doméstica». Y culmina diciendo que «estamos preocupados por el hecho de que la ofensiva de las fuerzas enemigas en Polonia amenaza los intereses de toda nuestra comunidad y la seguridad de sus fronteras …» Tan grosera intromisión en la vida de la nación polaca despertó una ola de repudio entre vastos sectores populares, que vieron en esta carta la referencia más clara a una invasión soviética. Asimismo, se puso de manifiesto la hipocresía de los mandamases del Kremlin, quienes por boca de Brezhnev afirmaron en noviembre de 1968, con motivo del V Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco: «Los Estados socialistas son partidarios de que se observe estrictamente la soberanía de todos los países. Nos pronunciamos resueltamente contra la injerencia en los asuntos internos de cualquier Estado, contra la violación de su soberanía».

Continúa la bancarrota
La polonés y su lacayismo con la URSS se han evidenciado particularmente en la quiebra económica que sufre el país hace ya más de cinco años. Desde cuando los revisionistas instauraron su hegemonía en Rusia, las relaciones entre ésta y la mayoría de los países de Europa Oriental comenzaron a parecerse cada vez más a los lazos existentes entre una potencia imperialista y sus neocolonias. Con los argumentos de la «división internacional del trabajo socialista» y la «integración económica», los nuevos zares sujetaron las economías de varias naciones del Este europeo, entre ellas la de Polonia, a los planes de desarrollo soviético y a las necesidades de Moscú. EL CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), manejado por los rusos, se puso al servicio de esta política. Lo que prima en el esquema no son lo requerimientos propios de cada economía nacional, sino los de la Unión Soviética, impidiéndose así el curso ascendente, autónomo y armónico de la producción en cada país. Uno de los resultados ha sido, como en el caso polaco, el descuido o el abandono oficial de importantes sectores que por una u otra razón no interesan a la URSS. Ello ha generado la escasez de numerosos artículos de consumo de origen agropecuario e industrial como carne, mantequilla, leche, repuestos, etc.

Con el fin de aliviar un poco la crisis, el gobierno polonés ha recurrido al crédito externo. En la actualidad, la deuda de Polonia con el exterior sobrepasa los 27 mil millones de dólares y este año deberá pagar 4 mil millones en servicio de la misma. Debido a la falta crónica de divisas que padece Rusia, Varsovia obtiene la mayor parte de los préstamos de bancos de Occidente, en especial de Alemania Federal, Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Al clausurarse el congreso del Partido, el Primer Ministro Jaruzelski indicó que este año la deuda externa de su país aumentará en cerca de 3.000 millones de dólares, como resultado de la importación de alimentos y materias primas. Asimismo, advirtió que el ingreso nacional decrecerá en un 15%, aproximadamente.

El sombrío panorama de la economía polonesa tiende a empeorar aún más, sobre todo si se tiene en cuenta que el gobierno se halla comprometido a cumplir con una serie de promesas hechas a «Solidaridad», para lo cual deberá contar con ingentes sumas de dinero. Si la crisis se profundiza, habrá una mayor indisciplina social y un mayor peligro de una intervención militar soviética.

La aguda escasez de artículos de consumo básico, los aumentos de los precios y la negativa del gobierno a elevar los salarios han creado, desde la última semana de julio, una situación extremadamente tensa. A lo anterior se agrega un fuerte racionamiento en los suministros de carne. En numerosas ciudades las masas se tomaron las calles para protestar contra este estado de cosas, a tiempo que «Solidaridad» organizaba paros parciales y movilizaciones a nivel nacional.

SIGNIFICATIVA PELEA DEL PROLETARIADO ARGENTINO

El pasado 22 de julio, convocados por la Confederación General del Trabajo, millares de obreros argentinos, a los que se sumaron empresarios del cordón urbano de Buenos Aires, llevaron a cabo un paro nacional de 24 horas en protesta por los bajos salarios y la quiebra generalizada de empresas que se viene registrando en ese país.

No obstante la aguda represión que han impuesto los militares argentinos sobre el pueblo, los proletarios salieron al combate y lograron paralizar incluso el puerto de Buenos Aires y un ramal entero de los ferrocarriles.

Como en toda América Latina y en los países que padecen condiciones de sojuzgación neocolonial, sectores de la burguesía nacional se han visto forzados a engrosar las justas manifestaciones de protesta de las clases populares. En Argentina han sido cerradas en los últimos meses 120 empresas, que daban empleo a más de 19.000 obreros.

La inflación, los elevados costos del crédito y la competencia de los productos imperialistas están arrastrando la economía argentina hacia la ruina. La batalla recién librada por el proletariado y empresarios argentinos resulta, entonces, aleccionadora. Indica que la burguesía parasitaria del Continente no tiene ya soluciones para la crisis generalizada, que los pueblos latinoamericanos no quieres aguantar más la coyunda del imperialismo norteamericano, y que en la lucha no pueden detenerlos ni los regímenes más sanguinarios.

SIRIA HACE DE PEÓN DEL SOCIALIMPERIALISMO

Desde cuando se conformó el Estado Israelita, en 1948, la región del Oriente Medio ha sido escenario de constantes convulsiones políticas y militares. Además de una actitud de agresión permanente contra los pueblos árabes, los judíos han sido el origen de cuatro grandes conflictos armados; 1948-1949, 1956, 1967 y 1973. La obstinada negativa de Israel y de los Estados Unidos a solucionar el problema de los palestinos, impidiéndoles a estos conformar un Estado soberano, ha contribuido decisivamente al clima de belicosidad que se vive en la zona hace ya más de tres decenios. Ahora hay un nuevo ingrediente que agrava la tensión y es la amenaza cada vez mayor que representa el expansionismo soviético en toda el área, incluido el Golfo Pérsico. En la actualidad, la Crisis del Líbano, país que padece la ocupación de un contingente del ejército sirio respaldado por Moscú, ha vuelto a colocar el cercano oriente como uno de los focos más peligrosos de las contradicciones internacionales.

La tragedia libanesa
A diferencia de otros países árabes, el Líbano había gozado durante muchos años de una atmósfera de estabilidad, hasta el punto de que se le conocía como “la Suiza del Medio Oriente”. No obstante, desde fines de los años sesentas, principiaron a agudizarse los enfrentamientos entre los cristianos maronitas (minoritarios, pero detentadores de grandes prerrogativas políticas y económicas), y la mayoría musulmana. La presencia de unos 400.000 refugiados palestinos, desplazados por Israel de sus tierras desde 1967 echó más leña al fuego. En 1969, el gobierno de Beirut se vio obligado a reconocer la legitimidad de la resistencia palestina y su derecho a conducir operaciones militares contra Israel desde el sur del Líbano. Pero los líderes cristianos de derecha (llamados falangistas), seguían considerando aquellos refugiados como “un Estado dentro del Estado” y un peligro contra la seguridad del Líbano, ya que los ataques palestinos a territorio judío exponían a su país a las represalias de Telaviv. En 1975, el entonces primer ministro israelita, Yitzhak Rabín, afirmó que un Líbano dominado por musulmanes sería “una amenaza real” para su nación.

En abril de 1975, como consecuencia de las contradicciones anteriormente señaladas, estalló en el Líbano una cruenta guerra civil que habría de prolongarse hasta las postrimerías del siguiente año y que se libró entre cristianos maronitas, por un lado, y musulmanes con apoyo palestino, por el otro. En enero de 1976, tropas regulares de la OLP, apuntaladas por Damasco, penetraron desde Siria para sumarse a las fuerzas que combatían a los falangistas. A partir de ese momento el conflicto empezó a adquirir proyecciones internacionales, puesto que Israel advirtió que no toleraría ninguna injerencia siria y simultáneamente Damasco anunció que no aceptaría el surgimiento de un bastión cristiano simpatizante de los israelitas y respaldado por éstos. A pesar de que en un comienzo Norteamérica declaró que se oponía a toda intervención en el Líbano, poco después, cuando ya era evidente el interés de Siria en la situación libanesa, el presidente Ford dijo:”Espero que los esfuerzos sirios sean coronados por el éxito”. Y como para remachar el punto de vista de la Casa Blanca, el enviado especial de Washington al Medio Oriente, Brown, anotó: “Estoy convencido de que la intervención siria es útil”, este cambio de política se debió, en primer lugar, a que los yanquis aún se hallaban anonadados por la derrota de Indochina y no deseaban verse involucrados en un conflicto en la explosiva región del Oriente Medio; en segundo lugar, a la ilusión estadinense de poder acercar a Siria y ponerla a jugar un papel apaciguador en la debacle libanesa. La táctica de Ford, conocida como “política del trípode” buscaba, por lo tanto, alcanzar la estabilidad interna con base en un presidente maronita, los cristianos moderadas y las tropas sirias.

El Kremlin, que ya empezaba a ganar cierta influencia en las esferas gobernantes de Damasco, vio con buenos ojos la confianza que su rival depositaba en el presidente sirio Assad y, en consecuencia, aprobó el plan de Ford. Debe tenerse en cuenta que la ofensiva militar estratégica de los soviéticos apenas estaba dando sus primeros pasos en ese momento.

A partir de junio de 1976, efectivos sirios comenzaron a ingresar al Líbano, a solicitud del debilitado e impotente gobierno de Beirut y con la misión de imponer a toda costa un cese al fuego. En primera instancia, con la ayuda de los falangistas, arremetieron contra los palestinos y los musulmanes libaneses que se negaban a renunciar a la lucha.

En octubre, los 20 países de la Liga Árabe y la OLP acordaron mantener en Líbano un contingente de paz de 30.000 hombres, compuesto primordialmente por sirios (poco después los otros países árabes retiraron su cuota de soldados y oficiales). Luego de 19 meses de guerra civil, 56 treguas fracasadas, decenas de miles de muertos y millones de dólares en pérdidas materiales, en noviembre de 1976 se logró un alto al fuego relativamente sólido. Nutridos destacamentos cristianos se establecieron al sur del río Litani, luego de haber desalojado a gran cantidad de refugiados palestinos. Desde esa época Israel suministra ayuda militar a los ejércitos maronitas, especialmente en el Líbano meridional.

Luego de 15 meses de calma, ésta fue interrumpida, en marzo de 1978, por ataques israelíes contra campamentos palestinos en Líbano. El objetivo de Tel Aviv era crear un ‘cinturón de seguridad’ en su flanco septentrional, limpiando dicha zona de enemigos y reforzando las tropas del líder cristiano ultraderechista Hadad, que para entonces ya había recibido de los sionistas varios millones de dólares en armamento. Como respuesta a la acción de Israel, en julio de ese año, Assad ordenó atacar las posiciones maronitas en varios puntos, incluida la capital, Beirut. Como quiera que las incursiones israelitas continuaron en los meses siguientes, en octubre el secretario de Estado, Cyrus Vance, envió una enérgica nota al régimen judío, aclarándole que los yanquis estaban “solemne y categóricamente opuestos a la intervención israelita en el Líbano” y que calificaban tal iniciativa como “un error histórico”; al mismo tiempo, el vicepresidente Mondale manifestaba que “Siria no es el único responsable de lo que pasa en Beirut”. Las anteriores aseveraciones revelan una continuación de la vieja política y la creencia ciega de la administración Carter en que con la colaboración de Damasco se resolvería la crisis libanesa, lo cual redundaría en beneficio del proceso de paz de Campo David. La ingenuidad del mandatario norteamericano se puso de manifiesto cuando pocos meses después, en 1979, Assad viajó a Moscú en procura de asistencia militar, la cual obtuvo. Un año más tarde, en octubre de 1980, Siria y la URSS firmaron un pacto de amistad, cooperación y respaldo recíproco, con lo que el socialimperialismo buscaba un medio a través del cual poner en práctica su política de hegemonismo en la región. Este hecho produjo un viraje radical en la correlación de fuerzas de la zona y concretamente en el problema libanés, puesto que las tropas sirias, equipadas y asesoradas por los soviéticos, empezaron a servir de instrumento para los designios de la superpotencia oriental. Así mismo, el ejército de Damasco, con los cuantiosos aportes de Moscú, se convirtió rápidamente en una poderosa fuerza armada (sólo en 1978 Rusia le vendió cerca de 1.500 mísiles de todo tipo). Al mismo tiempo, otro régimen amigo de la URSS, el libio, envió a Siria numerosos consejeros militares y ayuda financiera para el aprovisionamiento bélico de su aliado.

La crisis de los mísiles y el ataque a Irak
Actualmente, el contingente sirio estacionado en Líbano suma alrededor de 22.000 soldados, con influencia principalmente en el norte y el oriente. El control sirio sobre las montañas del este libanés puede proporcionar eventualmente a la URSS un puesto de observación de gran valía para vigilar los movimientos de los barcos estadinenses en el Mediterráneo Oriental. El carácter ocupacionista del ejército sirio, denunciado por cada vez más numerosos sectores de la población libanesa, se acentuó y adquirió visos anexionistas con los hechos sucedidos en abril de este año.

En medio de la lucha entre cristianos y sirios por el dominio del estratégico valle de Beca y de la ciudad de Zahle, fueron derribados dos helicópteros sirios por aviones israelitas. El 29 de abril, Damasco instaló en el mencionado valle varias baterías de mísiles antiaéreos SAM-6 de fabricación soviética; según Assad, con carácter “puramente defensivo”. La reacción de Israel se limitó a varias advertencias en el sentido de que estaba dispuesto a destruir la amenaza que representaban los proyectiles para sus intereses militares. De otro lado, el Departamento de Estado dijo que Washington “no ha dado luz verde a Israel para tomar ninguna acción militar en el Líbano”. De inmediato, Reagan envió un negociador especial a tratar el problema surgido; el embajador gringo recorrió las capitales de los países involucrados en las crisis, sin alcanzar ningún acuerdo concreto. Entre tanto, la Liga Árabe reunida en Túnez entre el 22 y el 23 de mayo, proclamó su respaldo a Siria y a la OLP en su confrontación con Israel. El presidente egipcio, Sadat, sin embargo denunció públicamente a Siria como la causante de los padecimientos de la nación libanesa y señaló que aquella busca desde hace tiempo extender su territorio a costa de la soberanía de su débil vecino.

Según Assad, Líbano y Siria, son indivisibles y ambos forman parte de una Gran Siria, “es difícil trazar una línea entre la seguridad del Líbano y la seguridad de Siria”. Moscú da a conocer su apoyo incondicional a las acciones sirias y empezó a mover sus fichas para tratar de ganar puntos ante los Estados árabes, entre los cuales predomina un fuerte sentimiento anti-israelita, y los que el secretario de Estado, Alexander Haig, trata de convencer de que el principal enemigo del área es el soviético. El asunto de los mísiles dejó en claro la debilidad real de Washington frente al socialimperialismo, así como las dificultades que tiene que salvar en tan compleja situación para ganarse los países árabes y sacar adelante su política anti-soviética en el Medio Oriente. Las vacilaciones y el afán de la Casa Blanca de llegar a un arreglo negociado responden precisamente a una correlación de fuerzas adversas y al intrincado ajedrez que debe jugar Washington.

Las cosas se complicaron en junio cuando se conoció que la víspera la aviación israelí había destruido un reactor nuclear iraquí en Bagdad, con el argumento de que allí se estaban creando facilidades para la elaboración de bombas atómicas que en un futuro emplearían contra Israel. El ataque aventurero del régimen de Begin generó contratiempos a la estrategia estadinense de contener a la Unión Soviética en la región, puesto que en algunos países árabes tradicionalmente amigos de Washington, como Jordania, se levantaron voces exigiendo la formación de un frente común contra Israel y aquel que lo apoye. El presidente Reagan deploró el hecho tan pronto como se enteró del mismo. Debido a que, esas condiciones podrían atraer a los gobiernos árabes para llevar a cabo sus planes y control del Oriente Medio.

No sólo los árabes condenaron el gabinete de Bejín. El mismo parlamento judío y los aliados europeos de Norteamérica dejaron oír su voz de protesta. Margaret Tatcher dijo que el ataque armado en tales circunstancias no puede justificarse; representa una grave violación del derecho internacional. El señor Mitterrand reprobó enérgicamente a Israel, sobre todo teniendo en cuenta que el reactor iraquí había sido financiado por Francia. Las potencias de Europa Occidental, cuyo abastecimiento petrolero depende de lo que ocurra en Medio Oriente y el Golfo Pérsico, han continuado adelantando su política de acercamiento a los árabes, y por lo tanto ven con preocupación actos como el bombardeo israelí.

No obstante, una vez que hubo pasado el nerviosismo que siguió al ataque contra Irak, pudo apreciarse con mayor tranquilidad la verdadera magnitud del problema, dentro del contexto de las contradicciones existentes en la zona. La reacción del mundo árabe, que en un principio parecía apuntar hacia un rompimiento radical con Estados Unidos y su socio judío, poco a poco se decantó hasta concretarse en una serie de declaraciones de repudio a la agresión israelita, sin que se tomara acción alguna. El mandatario norteamericano cambió el tono de sus afirmaciones de desconcierto del comienzo y procedió a justificar la medida de su aliado. Y lo que es más revelador; en las Naciones Unidas, Irak y Estados Unidos llegaron a un acuerdo en virtud del cual el Consejo de Seguridad censuraría a Israel, pero no le impondría sanciones económicas, como había solicitado Bagdad días antes.
¿Qué motivo este ablandamiento en la posición árabe? Indudablemente, el temor que les inspira a los pueblos del Cercano Oriente el hegemonismo soviético. Actos de vandalismo, como el que Afganistán, pesan más que el resentimiento contra las provocaciones del sionismo.

La cuestión palestina
Desde la conquista de la margen occidental del río Jordán (Cisjordania) y la Franja de Gaza, durante la guerra de 1967, los sionistas emprendieron la ocupación metódica de tales territorios creando numerosos asentamientos o colonias de población judía con el fin estratégico de desplazar definitivamente a los palestinos que habitan allí desde tiempos remotos e impedirles formar un Estado propio. Hasta ahora Israel ha establecido más de 100 colonias, sin contar los puestos militares permanentes que tiene en suelo árabe. Una tercera parte de las tierras agrícolas ha pasado a manos de los invasores, los cuales suman ya más de 70.000 en las áreas dominadas. Para expulsar a los legítimos propietarios palestinos, las autoridades israelitas recurren a la intimidación, a las leyes de todo tipo e incluso al empleo de defoliantes para arrasar los cultivos. Como consecuencia del expansionismo sionista, los cuatro millones de palestinos, a quienes se ha negado el derecho a la autodeterminación nacional, viven dispersos y muchos de ellos en calidad de refugiados, 700.000 en Cisjordania; 450.000 en Gaza; 400.000 en Líbano; 500.000 en Israel; 1.150.000 en Jordania; 250.000 en Siria; 250.000 en Kuwait; 50.000 en Arabia Saudita; 80.000 en Egipto; Irak, Libia y Argelia; 50.000 en Europa; 70.000 en América. Israel ha rechazado sistemáticamente su retorno a las fronteras anteriores a 1967, así como la creación de un Estado palestino en Gaza y la margen occidental. Recientemente Begin declaró que “mientras yo sirva a la nación como Primer Ministro, no abandonaremos parte alguna de Judea, Samaria o la Franja de Gaza”.

La posición israelita frente a la cuestión palestina ha sido el principal escollo para el logro, no sólo de la paz, sino de la unidad árabe contra el expansionismo soviético en la zona. La causa del pueblo palestino cuenta con enormes simpatías en todo el mundo. Sin embargo, este movimiento de liberación, a tiempo que combate por alcanzar sus nobles ideales nacionales, debe cuidarse de caer en garras del socialimperialismo, el cual se aprovecha de las luchas emancipadoras de los pueblos para alcanzar sus objetivos de conquista y expansión. Así mismo, el conflicto libanés debe ser resuelto por el pueblo del Líbano, con el concurso desinteresado del mundo árabe, pero sobre la base del respeto y la soberanía y la integridad territorial de aquel país y sin la interferencia de las superpotencias.

A partir de la segunda semana de julio, Israel emprendió una gran ofensiva por tierra, mar y aire contra las posiciones palestinas en el Líbano, durante la cual cayeron varios centenares de civiles indefensos. Los aviones bombardearon indiscriminadamente numerosos objetivos, incluida la capital libanesa, en lo que fue catalogado como la embestida más violenta del sionismo contra los campamentos de refugiados palestinos. Una vez más en todas las naciones árabes se elevaron voces de indignación y repudio por las acciones israelitas. No satisfecho con el provocador ataque contra Irak, el señor Begin, ahora envalentonado con la perspectiva de continuar como jefe de Estado, se ha embarcado en otra aventura terrorista que de seguro agudizará las tensiones de la zona del Cercano Oriente.

LAMENTABLE DECESO DE UN CAMARADA

El 6 de agosto falleció en Medellín Hernando Yepes Obando, miembro de la dirección del MOIR en Antioquia, presidente de la subdirectiva de Sittelecom, asesor de ASA e integrante del capítulo regional de la Asociación Colombo-China. El compañero Yepes, de 42 años, murió a causa de complicaciones originadas por un infarto. Sus exequias se efectuaron el 7 de agosto en medio del dolor de centenares de militantes, obreros y gentes humildes que supieron de su abnegada entrega a la causa de los oprimidos.

OSCAR RESTREPO VIVE EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO

En 1970 apareció en la cartelera de un colegio de secundario de La Dorada un periódico mural que se llamaba “El credo revolucionario”. Algunos de los elementos, azuzados por las directivas del establecimiento, trataron de arrancarlo y lo hubieran logrado de no interponérseles espontáneamente un muchacho que nada tenía que ver con la publicación y que había interrumpido varias veces sus estudios por penurias económicas. Se trataba de Oscar Restrepo Hurtado, quien desde aquel día sería reconocido como un revolucionario. Por entonces, según cuentan los estudiantes de la época, Oscar no pertenecía a ninguna organización política pero lo destacaba su preocupación por los problemas del pueblo. “Se indignaba ante la miseria, el hambre y la falta de escuelas”, relata uno de sus condiscípulos. Esa indignación perduró en su mente y en su espíritu hasta cuando el pasado 18 de mayo, su cuerpo sin vida apareció tirado en una zanja en la región de Puerto Triunfo, con señales de haber sido salvajemente torturado.

El MOIR nació luchando
“En La Dorada el MOIR nació luchando”, recuerda uno de nuestros primeros militantes de la localidad. Ello ocurrió en 1971 en medio de un valeroso paro cívico realizado por la población para rechazar arbitrarias alzas en las tarifas de los servicios públicos. Eran los días de auge del movimiento estudiantil de aquel año, y fue un grupo de adolescentes el que tomó en sus manos la bandera de los intereses populares, con base en los postulados programáticos de nuestro Partido. Entre ellos estaba Oscar, quien durante esas jornadas se destacó como dirigente, no obstante su juventud, ganándose el aprecio de las masas y el odio de los agentes de la oligarquía. Pocos meses después ya había sido detenido en dos oportunidades y era perseguido y hostigado por la policía y los cuerpos secretos gubernamentales. Pero eso no lo amilanó. Por el contrario, junto con otros cinco camaradas, se propuso continuar la labor partidaria.

Al iniciarse 1972 nuestro Comité Ejecutivo Central tomó la decisión de concurrir a las elecciones. Como en muchos otros lugares del país, en La Dorada el MOIR solamente contaba con un puñado de militantes, en su gran mayoría inexpertos, carentes de los mínimos recursos materiales, pero llenos de fervor y resueltos a llevar adelante la tarea, por difícil que ella pareciese. Valiéndose del montaje de breves obras de teatro recorrieron los barrios del puerto y algunos municipios vecinos. Venciendo todo tipo de obstáculos diseñaron e imprimieron ellos mismos los afiches, los pegaron, dirigieron pequeños mítines, repartieron volantes y culminaron las tareas de la contienda electoral. Obtuvieron a la postre 39 votos, de los que Oscar comentó que provenían “de las 39 personas más avanzadas de La Dorada”, y lograron dar a conocer su mensaje entre los desposeídos, lo cual los animó a continuar en la brega.

Durante el año siguiente, al interrelacionar los esfuerzos dispersos en la zona del Magdalena Medio y crear un comité regional, la organización del Partido se fortaleció considerablemente. Oscar fue encargado de coordinar las actividades de la Juventud Patriótica y puso en ello todo su empeño. Además del trabajo político, laboraba para su subsistencia y también para la de algunos de sus camaradas. Su familia provenía de Mistrató, Risaralda, donde él había nacido el 3 de agosto de 1947, pero se trasladó a La Dorada poco después. Desde la infancia aprendió allí diversos oficios y los practicaba cuando era menester. En 1973, junto con varios compañeros, Oscar vivía en una casa que les fue preciso restaurar para hacerla habitable. Se recuerda con admiración cómo reparó el agujereado techo de zinc, pintó las paredes y apuntaló las vigas de aquella vivienda. Trabajaba como ebanista, salía a pescar en ocasiones y efectuaba con esmero otras faenas, siempre y cuando se lo permitieran sus responsabilidades partidarias.

Cierto día debió salir hacia Fundación, en el departamento del Magdalena, porque uno de sus hermanos, que vivía allí, cayó abatido por el ejército en el curso de un movimiento cívico en el cual no estaba participando activamente. Tal crimen aumentó su odio contra el despótico régimen liberal-conservador y fortaleció su decisión de crear una patria nueva, que esté al servicio del pueblo en lugar de favorecer a los amos extranjeros de una minoría privilegiada.

Fundirse con el proletariado
A finales de 1973, Oscar Restrepo encabezó una protesta estudiantil y promovió la solidaridad con una huelga del magisterio. Construyó un núcleo de agitación y propaganda del MOIR, que desarrolló una importante labor cultural y echó las bases del grupo de activistas para la campaña electoral de 1974. En ella, aplicando las orientaciones de la política de unidad y combate, el Partido obtuvo una curul ene el Concejo de La Dorada, en alianza con otras fuerzas.

Para sus camaradas era ostensible el avance ideológico de Oscar. Recuerdan que “siempre fue muy sencillo, íntegro y activo; estudiaba el marxismo con disciplina, pero no para posar de teórico sino para resolver los problemas de la lucha de clases, y a cada acto le imprimía entereza y vida”. Como para el Partido ha sido imperioso vincular cuadros al movimiento obrero, Oscar Restrepo buscó con entusiasmo ser enganchado en los Ferrocarriles Nacionales hasta que lo consiguió. Se inició de “estampero” en el campamento de La Miel, entre La Dorada y Puerto Triunfo.

Tal labor es la más dura en los ferrocarriles. Consiste en pasar el día a lo largo de la carrilera, clavando y asegurando los rieles con un almádana que pesa entre 10 y 15 libras, bajo el sofocante calor de la ribera. “El que ‘tira estampa’, es el peor remunerado pero también el más combativo”, asevera Alcides Blanco Miranda, compañero de Oscar en la vía férrea y en la lucha sindical, y quien recuerda que este se compenetró muy pronto con los demás ferroviarios. “Llamaba la atención porque era infatigable en el trabajo, porque quería saber todos los detalles de las pasadas peleas del sindicato y porque siempre mostró un gran compañerismo”, agrega. Al cabo de unos cuantos meses Oscar fue elegido secretario de la subdirectiva de la estación de México, División Centrales. Ya había conformado células del Partido entre los obreros y también entre los pescadores. En efecto, al terminar la jornada y las reuniones partidarias a Oscar le quedaban alientos para ayudar a los trabajadores del río, especialmente en el “tiempo vidrio”, como se designa el período de escasez de pesca.

Emilio Troncoso, hoy presidente de la Unión Sindical de Pescadores del Río Magdalena y sus afluentes; Usprimag, se contaba entre el grupo precursor de la organización gremial y narra cómo nuestro camarada apoyó a los ribereños que los terratenientes pretendían desalojar de sus humildes rancheríos. Así se granjeó el aprecio de cientos de moradores de aquellos bravos parajes del Río Grande de la Magdalena.

La huelga de 1975
En 1975, después de un largo periodo de reflujo del proletariado ferroviario, la División Centrales, cuyas sub-directivas se habían renovado, inició un movimiento en demanda de mejores condiciones de trabajo y a la vez de rechazo a las camarillas que detentaban la dirección nacional del sindicato. La estación de México participó en el paro que finalmente se decretó; sin embargo, había un maquinista en desacuerdo con la protesta, al cual los ingenieros le dieron la orden de transportar un convoy hasta la estación de Grecia, cercana a Puerto Berrio. Cuando se iba a mover la máquina Oscar Restrepo y Guillermo Donato aparecieron al frente de un grupo de esposas e hijos de los huelguistas, y se tendieron con ellos sobre los rieles. A eso de la una de la mañana la empresa llamó a la policía que, a culatazos, los desalojó de la vía y retuvo a los dos dirigentes. El maquinista, después de presenciar el valor y decisión de los camaradas, se negó a cumplir la orden.

Casi de inmediato los obreros del campamento de La Miel se enteraron de la detención de Oscar. Entonces, con barricadas, le impidieron el paso “al tren de lujo” que había logrado llegar allí con pasajeros, y le notificaron al alcalde de La Dorada que solo lo dejarían pasar cuando los presos recobraran la libertad.

Las autoridades no tuvieron otra alternativa que ceder, mas aprovecharon la primera oportunidad para expulsar a los trabajadores, entre ellos Oscar y otros directivos sindicales. En esos días el partido había iniciado una política de extensión, vinculando compañeros a los sectores rurales y pequeñas poblaciones, y reforzando los organismos en lugares donde no estaban aún desarrollándose. Oscar fue enviado durante unos meses a Girardot; luego se le encomendó estructurar al MOIR en la localidad de Puerto Triunfo, Antioquia, población ubicada entre Puerto Boyacá y La Dorada.

Todo por servir a las masas
Nuestro camarada acometió la empresa en aquel poblado con el ahínco que lo caracterizaba, aprovechando al máximo cada ocasión para servir al pueblo, en cuyo corazón quedó imborrablemente presente. Desde un comienzo entabló amistad con los campesinos de San Luis y San miguel, comprendidos Santiago Berrio, Las Mercedes, Doradal, Florida, Alta Vista, Manzanares, Tierradentro, El Silencio, Río Claro, y la Danta. Caminaba infatigablemente por esa extensa región, no obstante que una afección en el fémur le causaba algunos dolores, pero que jamás logró impedirle cumplir una tarea; por esas veredas sembró con su ejemplo la semilla de la revolución.

En la actualidad la zona de Puerto Triunfo está militarizada y en ella pululan agentes secretos que se han propuesto intimidar a la población. Las gentes temen hasta por su nombre pero hablan de Oscar Restrepo, a ratos con los ojos llenos de lágrimas. Don Lucho, doña Juana, María, Juan, campesinos, gentes humildes y laboriosas, todos lo rememoran con inmenso afecto; “era como una hermano”, suelen decir. En cada sitio por donde uno pasa encuentra el recuerdo material de Oscar; arreglos de viviendas, árboles que ayudó a sembrar, ladrillos que fabricó. Yo acá no conocí a nadie que solo trabajara para la comida, el resto de tiempo lo dedicaba a colaborarles a los pobres, comenta un anciano, como nosotros recogía limón en la cosecha; cargaba zinc, gravilla o reunía para algún enfermo o necesitado.
Tal dedicación permitió que en 1978, Oscar formara parte del primer Concejo de Puerto Triunfo, y que fuera elegido para el periodo de 1980–1982. Carlos Londoño, de la Anapo Revolucionaria y concejal también del Frente por la Unidad del Pueblo, dice que “además de la inteligencia, admiraba su posición inquebrantable de batallar por los intereses de las masas. Exigió insistentemente, por ejemplo, un acueducto para el Puerto, ya que a las casas llega un agua contaminada que corta hasta el jabón”.

En 1979, el camarada sacrificado respaldó con firmeza una invasión campesina en Santiago Berrio y fue encarcelado por dos meses. Era su detención numero 20. Desde la cárcel de Medellín le escribió a un compañero, manifestándole mayor preocupación por las necesidades de los campesinos con él recluidos que por sí mismo. Y comentaba textualmente: “En ningún momento se me ha bajado la moral para seguir trasegando esa empinada cuesta que estamos comprometidos a remontar: la causa del socialismo (…). Estos son apenas pellizcos que nos da la reacción, pues los golpes demoledores vendrán luego”.

En esa localidad relatan que Oscar “se dio a conocer como amigo del obrero” desde cuando, recién llegado, conformó una junta cívica para rescatar los terrenos de la escuela, que habían sido arbitrariamente ocupados por la compañía constructora “Socorro”, de capital extranjero, terrenos que finalmente retornaron a la población.

Durante los primeros meses de este año, el camarada Restrepo continuó con su labor revolucionaria: “Pasó un par de semanas fabricando adobes que vendió para poder ir a la celebración de los doscientos años de los Comuneros”, cuenta una vecina de la modesta pieza donde habitaba. Posteriormente, el 1 de mayo, propuso en el concejo una resolución exaltando la fecha internacional de la clase obrera. Dieciocho días más tarde aparecería vilmente asesinado y sólo reconocible por su ropa, relata su esposa, Ana Nora Ochoa, que lo recuerda con entrañable cariño y a quien su existencia y muerte heroicas le renuevan su decisión revolucionaria.

El martirio de Oscar Restrepo enardeció y llenó de dolor al MOIR y a sus amigos ferroviarios, campesinos y pescadores. Al entierro acudieron los pobladores de Puerto Triunfo en forma masiva. Hasta las monjas se hicieron presentes, junto con delegaciones de toda la región. En cada lugar de Colombia se llevaron a cabo actos exaltando la memoria de quien fuera, según las emocionadas palabras de uno de sus camaradas, “un compañero del mañana, y al mismo tiempo de hoy, para el cual el pueblo y el Partido se convirtieron en su razón de ser y cuya vida es la mejor herencia de nosotros los moiristas”.

VISITA DEL CANCILLER CHINO

Entre el 7 y el 10 de agosto visitó a Colombia el Canciller dela Republica Popular China, Huang Hua, uno de los más destacados dirigentes del Partido Comunista y del Estado en aquel país socialista. Huang arribó a Bogotá en compañía de su esposa, la señora He Liliang; del vicecanciller Pu Shoushang; del subdirector del Departamento de América y Oceanía, Yang Mai, y del subdirector del Departamento de Protocolo de la Cancillería, Cao Yuanxin.

La delegación china adelantó conversaciones y contactos con el gobierno colombiano en los que intercambió opiniones sobre asuntos bilaterales y de interés común. El presidente Turbay y la mayoría de su gabinete, y personalidades de la política colombiana, ofrecieron el 8 de agosto un almuerzo a los visitantes chinos. El mismo día, por la tarde, el Canciller Huang asistió a un agasajo campestre organizado por la Asociación de Amistad Colombo-china. En la mayoría de estos actos Huang Hua estuvo acompañado por el embajador de la República Popular China en Colombia, Zhao Zhengyi.
Del discurso del canciller chino, pronunciado durante el banquete ofrecido en su honor por el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Carlos Lemos Simmonds, extractamos los siguientes apartes:

Salvaguardar la paz y la estabilidad internacionales nos permite concentrar nuestros esfuerzos para llevar a feliz término la construcción de nuestros respectivos países y elevar el nivel de la vida material y moral de nuestros pueblos. Esto encarna el deseo común de los pueblos chino y colombiano así como de los otros pueblos de los numerosos países tercermundistas. Mas es motivo de inquietud que la actual situación internacional se torne muy intranquila y se presenten convulsiones y tensiones por todas partes. Las contiendas entre las superpotencias y la expansión hegemonista imponen enorme amenaza contra el mundo. De ello la prueba de mayor relieve la constituye la bárbara invasión contra los países soberanos de Kampuchea y Afganistán. La reciente Conferencia Internacional sobre Kampuchea, en la que participaron más de 90 países, exige otra vez que los invasores retiren sus tropas y que se respete a plenitud la independencia, la soberanía, la integridad territorial y la neutralidad de Kampuchea, exigencias estas que reflejan la justa voz de la comunidad internacional y asimismo representan la única y correcta vía para solucionar el problema de Kampuchea y salvaguardar la paz internacional. Hoy han aumentado en el mundo los puntos calientes. Se han agravado las tensiones y agitaciones, incluida la situación en el área del Caribe. Consideramos indispensable que todos los países amantes de la paz y defensores de la justicia cierren sus filas, ejerzan una mayor presión sobre los invasores y den enorme y necesario apoyo a los pueblos en su resistencia a la agresión foránea. Sólo de este modo se podrán frenar los pasos de invasión del hegemonismo y defender la paz mundial. China está dispuesta a hacer esfuerzos junto con Colombia por salvaguardar la paz y la justicia internacional (…)”.

“China es un país socialista en vías de desarrollo y pertenece al tercer mundo. Los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica preconizados y practicados por el Gobierno y el pueblo chino bajo la dirección del presidente Mao Zedong y el primer ministro Zhou Enlai se han convertido en normas de relaciones internacionales universalmente reconocidas por la comunidad internacional. China, fiel a su convicción, no intervendrá jamás en los asuntos internos de otros países, no cometerá ningún acto que perjudique los beneficios de otros ni por ser poderoso atropellará a los débiles. Chino no tiene instalada ninguna base militar ni ha enviado ningún soldado al extranjero, no pretende estableces esferas de influencia en ningún lugar del mundo. El pueblo chino está determinado a hacer, junto con el pueblo colombiano y todos los pueblos amantes de la paz y sostenedores de la justicia, contribuciones a la sublime causa del progreso de la humanidad y de la paz mundial”.

COMUNICADO DEL FUP SOBRE EL BÁRBARO ASESINATO

Bogotá, junio 4 de 1881
En la tarde del lunes 18 de mayo, un campesino del lugar encontró botado en una rastrojera de Santiago Berrio, caserío distante tres kilómetros de Puerto Triunfo, Antioquia, el cadáver de Oscar Restrepo Hurtado, concejal del MOIR en este municipio. Sin uñas, sin lengua, cubierto de excoriaciones, con varios balazos en la cabeza y desfigurado por completo, el cuerpo presentaba señales inequívocas de que el compañero había sido salvajemente torturado. A pesar de que los sicarios actuaron con sumo sigilo, todo indica que los autores del sádico crimen fueron elementos de los aparatos de inteligencia del Estado. Desde hace rato el Magdalena Medio viene siendo militarizado gradualmente y en las últimas semanas han ido apareciendo allí sujetos extraños que esconden su identidad, y bajo la mirada complaciente de las autoridades se mueven a sus anchas en diferentes tipos de vehículos, indagando por los luchadores populares más reconocidos, especialmente por los activistas del MOIR. La misteriosa desaparición de Oscar Restrepo, ocurrida el viernes anterior, coincide según el testimonio de algunos de los pobladores de la localidad, con el notorio merodeo de dichos agentes secretos. Por los antecedentes de la sistemática persecución, los métodos utilizados, los brutales suplicios y demás marcas inconfundibles, así como el carácter netamente político del homicidio, no hay duda de que el directo responsable del mismo es el gobierno, que, a través del Ejército y del resto de instituciones armadas, apela a la violencia para estrangular el descontento del pueblo e impedir el sostenido avance de los partidos auténticamente revolucionarios.

El vandalismo de que fuera víctima el dirigente del MOIR no se trata de un hecho aislado. La lista de las personas vejadas, desaparecidas y muertas por la acción oficial en Colombia no se queda atrás de las que ostentan las satrapías militares del cono sur del Hemisferio. Debido a ello, el mandato turbayista, no obstante ufanarse de su índole civil y de origen comicial, tiene ganada, en el interior y en el exterior, una bien merecida fama de tiránico. Ante atrocidades como las denunciadas, cuán sarcásticas suenan las palabras del presidente, quien acaba de proclamar en Armenia que aspira para su período la distinción de que se le considere “la edad de oro de las garantías ciudadanas”. Y recalcó: “Que nadie sea perseguido, como nadie lo ha sido, por razón de su credo político (…); que los ciudadanos que dentro del marco de la constitución y de la ley quieran participar disputándose el favor de la opinión nacional, puedan hacerlo rodeados de las garantías que los miembros del gobierno estamos obligados a proporcionarles”, etc.

¿Cuáles garantías?, Oscar Restrepo era por segunda ocasión concejal de Puerto Triunfo. Su labor militante consistía en propagar las concepciones y los programas de la revolución, en organizar a las masas populares y apoyarlas en sus justos requerimientos, en señalar los desafueros del despotismo y las traiciones del oportunismo. He ahí compendiadas las más protuberantes infracciones que pagó con su vida. ¡Tal el artificioso funcionamiento de la actual democracia colombiana! Mientras los protagonistas de la coalición liberal-conservadora dominante disfrutan de prebendas monetarias y políticas, otorgadas a manos llenas por diversos órganos del Poder, las agrupaciones representativas de obreros y campesinos han de exponer su integridad y la de sus adherentes si desean llevar a cabo las tareas partidarias y expandir sus filas.

Las dulzonas promesas de imparcialidad de los mandatarios y las consabidas fórmulas democráticas de la Carta no pasan de ser meros formalismos, con los que se guardan las apariencias de que en Colombia existen idénticas oportunidades para la actividad pública de la minoría privilegiada y de la mayoría oprimida. Las libertades consagradas en el papel enmascaran la inclemente dictadura contra las masas trabajadoras. ¿Cómo hablar de garantías y condiciones iguales cuando, en vísperas de unos sufragios, las fuerzas represivas, para amedrentar a sus oponentes, masacran a mansalva, sin dar la cara y de manera tan bárbara a destacados voceros de los pobres de las regiones olvidadas?

Así resultan más que explicables las altas votaciones y la hegemonía que mantienen los dos partidos tradicionales en vastas porciones del territorio patrio.

Como quiera que el CAES, el tenebroso cuerpo encargado de reprimir la extorsión y el secuestro, se ha mostrado particularmente activo en aquellas zonas de Antioquia, que no se vaya a pretextar que Oscar Restrepo estuvo involucrado en proyectos de semejante jaez. Nadie, sin mentir, podrá sostener que el MOIR lo haya retenido o violentado para sacarle un peso, sencillamente porque sus métodos de lucha son contrarios por principio a tales modalidades. Tanto sus finanzas como sus batallas contra las clases expoliadoras vendidas al imperialismo dependen del respaldo consciente y organizado del pueblo, único recurso verdaderamente inobtejable e invencible.

La suerte corrida por Oscar Restrepo pesa como una condena sobre la cabeza de quienes persistan en refutar los dictámenes del régimen. Los integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo alertamos al país sobre las graves repercusiones del atroz asesinato. Cada vez más la reacción recurre a inicuos expedientes intimidatorios, justificándolos con bajos ardides y calumnias contra sus contrincantes. Nosotros combatimos porque los inmensos sectores populares, incluidos los industriales y comerciantes que contribuyen al progreso de la nación, conquisten un ambiente para trabajar en paz y libres del sojuzgamiento externo y de las coacciones internas. No somos nosotros los que queremos ensangrentar a Colombia. Hemos puesto las víctimas, no los verdugos. Por eso exigimos que se atrape a los culpables de las torturas y la muerte de Oscar Restrepo y que sean castigados ejemplarmente. Conminamos al gobierno para que se pronuncie públicamente sobre los cargos que le estamos formulando, si es que tiene algo que decir.

En todo caso el triunfo definitivo de la clase obrera y sus aliados no podrá ser impedido con las artes del crimen. La revolución revive con sus mártires y los venga venciendo.

FRENTE POR LA UNIDAD DEL PUEBLO (FUP)
Consuelo de Montejo, del MIL
Jaime Piedrahíta Cardona, de ANAPO
Francisco Mosquera, del MOIR
Álvaro Bernal Segura, de ANAPO
Avelino Niño, del MOIR
Enrique Molinares, del Movimiento Unitario Liberal
Enrique Hernández, del Movimiento Insurgencia Liberal
Germán Pérez Ariza, del MIL
José Zamudio, del MIL

EMPIEZA LA CAMPAÑA

Con una serie de masivos actos públicos en los principales municipios de la región del Magdalena Medio, el Frente por la Unidad del Pueblo dio comienzo a la contienda electoral, la que se llevará a todos los rincones de la patria y agitará el programa revolucionario con el que se ha comprometido. La candidata presidencial del Frente y dirigente del MIL, Consuelo de Montejo, encabezó la comitiva del FUP; la acompañaron Jaime Piedrahíta Cardona, líder nacional de Anapo Revolucionaria, y Carlos Valverde, y Marcelo Torres, dirigentes del MOIR.

En todos los lugares en los que se hicieron presentes los oradores del FUP, las gentes manifestaron su simpatía y su respaldo a los postulados antiimperialistas y antioligárquicos enunciados por Consuelo y demás camaradas.

Entre el 31 de julio y el 2 de agosto se realizaron concentraciones en La Dorada, Fresno Puerto Boyacá, Puerto Triunfo, La Sierra y Puerto Berrío. Además de los dirigentes nacionales, hicieron uso de la palabra en los diferentes actos, a nombre del MOIR, Álvaro Bedoya, Eduardo Muñetón, Fernando Guerra, John Ospina, Antonio Murcia y Luis A. Acevedo.

En Puerto Triunfo, Antioquia, se llevó a cabo un emocionante desfile en memoria de Oscar Restrepo, recientemente asesinado por esbirros del régimen. Consuelo marchó a la cabeza de centenares de personas hasta el cementerio local, donde fue depositada una ofrenda floral, en la tumba del camarada sacrificado. En todas las manifestaciones, los representantes del FUP expresaron su condena al abominable crimen.

En varios de los sitios visitados, consuelo intercambió opiniones con integrantes de las masas populares y se informó sobre sus problemas cotidianos. Conversó con pescadores en La Dorada y Puerto Salgar, con trabajadores del cemento en Puerto Boyacá y La sierra y con labradores y colonos de las laderas del Magdalena.

Revolucionarios Norteamericanos: «NOS CONSIDERAMOS CAMARADAS DE TODOS LOS PATRIOTAS COLOMBIANOS»

Uno de los aspectos menos conocidos de la sociedad norteamericana es el trabajo revolucionario que llevan a cabo los obreros, los estudiantes, los intelectuales y en general las gentes progresistas. Sin embargo, desde la época de las protestas masivas contra la guerra de Vietnam, entre 1965 y 1972, en los Estados Unidos son cada vez más comunes las manifestaciones de inconformidad con el sistema imperante, que atraviesa por una de las peores crisis de su historia en un momento en que la Unión Soviética, armada hasta los topes, inicia su ofensiva estratégica en procura de materias primas, mano de obra barata, facilidades militares, mercados y vías de comunicación en todo el mundo.

La competencia de Europa Occidental y del Japón, por otra parte, ha contribuido también al progresivo debilitamiento de ramas enteras de la economía norteamericana, como es el caso de la industria automotriz, que ha tenido que despedir cerca de 200 mil trabajadores en el curso de los últimos años. Al mismo tiempo, millones de negros, chicanos, puertorriqueños, cubanos, colombianos y miembros de muchas otras minorías nacionales de quienes depende un buen porcentaje de la producción agrícola y fabril del país, se han aglutinado en diferentes organizaciones de masas para combatir la discriminación racial, los bajos salarios y la ausencia de derechos democráticos. En estas circunstancias, algunos partidos políticos que buscan orientarse por un programa marxista-leninista han salido a la luz pública, y numerosos grupos independientes de obreros, periodistas, académicos y profesores universitarios, dispersos en varias ciudades, han multiplicado sus campañas de solidaridad con la lucha de los pueblos del Tercer Mundo.

Unos de estos grupos, radicado en Los Ángeles, en la Costa Pacífica de los Estados Unidos, edita desde hace algunos años una revista trimestral con el nombre de Colombia Report, en cuyas páginas se difunden las luchas del pueblo colombiano y las actividades de nuestro Partido. Un miembro del equipo de redacción, Raúl Fernández, profesor de economía en la Universidad de California, visitó recientemente a Colombia, por tercera vez desde 1975, y concedió a Tribuna Roja la siguiente entrevista:

¿Cuándo, cómo y por qué fundaron ustedes la revista?
Colombia Report nació como una iniciativa de varios ciudadanos norteamericanos vinculados a distintos centros universitarios de California; iniciamos labores hace tres años con un tiraje aproximado de 600 ejemplares y procuramos hacer una publicación dirigida principalmente a estudiantes, profesores, investigadores y periodistas especializados en la problemática en América Latina, aunque también vendemos suscripciones en sindicatos, partidos políticos y medios de comunicación. Nuestro objetivo es fomentar la solidaridad con la batalla que libran las naciones oprimidas del mundo contra las dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética, y en este sentido estamos desarrollando un trabajo informativo sobre luchas populares en Colombia y hemos escrito artículos de fondo sobre cuestiones económicas y de política internacional. Próximamente vamos a publicar una investigación sobre el agro colombiano, y en los números siguientes esperamos aumentar el tiraje, ampliar nuestro radio de acción y dar a conocer materiales que, junto con otros compañeros, hemos elaborado sobre México, Cuba y República Dominicana.

¿Cuál es la situación actual del movimiento obrero y de las fuerzas marxistas en los Estados Unidos?
Por muchos motivos, la conciencia del movimiento obrero norteamericano, en este momento, es mínima. Esto se explica entre otras cosas porque la explotación despiadada a que están sometidos los países neocoloniales por parte del imperialismo yanqui, particularmente en América Latina, ha permitido que los cartels dispongan de multimillonarias sumas de dinero para sobornar a algunas capas privilegiadas del proletariado estadinense y para mantener a las demás en el atraso, la apatía y el escepticismo. Las confederaciones sindicales han caído en manos de grandes y pequeñas camarillas de dirigentes corruptos, que constituyen verdaderas mafias vinculadas a los organismos del gobierno, a los magnates de la industria y a los dos partidos tradicionales. El caso del sindicato nacional del magisterio, que hace unos años otorgó un empréstito de 100 millones de dólares a la ciudad de Nueva York, es apenas una muestra al respecto.

No obstante, en el movimiento obrero de los Estados Unidos siempre han existido sectores importantes que se han negado a claudicar ante los monopolios. Un ejemplo reciente lo dieron 165 mil mineros del carbón que en 1978 realizaron una huelga de varios meses, paralizando la producción y el transporte d este mineral en todo el país. Los braceros de los puertos, los asalariados agrícolas de California, la Unión de Trabajadores Agrícolas de Texas y otras organizaciones similares también han emprendido valerosas protestas.

En cuanto a las fuerzas políticas de izquierda hay que señalar, en primer término, por orden de antigüedad, al Partido Comunista pro-soviético de los Estados Unidos, una agrupación que en sus orígenes sostuvo batallas revolucionarias pero que se disolvió lánguidamente, en 1944, bajo el embate liberal y reformista de Earl Browder.

Sus restos padecieron las consecuencias de la persecución oficial de la “caza de brujas” durante la época del macartismo, y hacia 1960 sólo había unos pocos militantes que por lo general operaban clandestinamente en frentes amplios, o camuflados dentro de las filas del Partido Demócrata. Hoy en día el revisionismo es una colectividad hipotecada a la política del Kremlin y con muy poca audiencia ante la clase obrera, y cuya principal actividad de prensa consiste en repetir los despachos de la agencia Tass sobre el desarme y la distensión.

Desde mediados de la década del sesenta, sin embargo, y bajo la influencia de la polémica chino-soviética, en Norteamérica surgieron numerosos grupos de orientación marxista-leninista. El más importante de ellos fue el Progressive Labor Party (Partido Progresista del Trabajo), fundado en 1965, que combatió con bastante éxito por imprimirles un rumbo revolucionario a las manifestaciones estudiantiles contra la guerra de Indochina, durante los gobiernos de Jonson y de Nixon. El PLP fue el primer destacamento en romper con las tesis revisionistas de la Unión Soviética, en clarificar el problema de la participación en elecciones y en crear una corriente maoísta en los Estados Unidos, que llegó a tener varios miles de militantes. Por errores de infantilismo de izquierda, en 1969 se escindió en varias tendencias, muchas de las cuales conformaron después el núcleo inicial de las tres principales organizaciones que se reclaman marxistas–leninistas en la actualidad: el Partido Comunista (ML), el Cuartel General Revolucionario de los Trabajadores y la Liga de Lucha Revolucionaria.

¿Cómo interpretan ustedes el fracaso electoral de Carter y la victoria de Reagan?
En los Estados Unidos la política internacional desempeña un papel definitivo en las campañas presidenciales, y existe allá una especie de tradición nacional que casi siempre reelige a los primeros mandatarios cuando el país se encuentra en crisis en el exterior. En las elecciones pasadas las cosas sucedieron al contrario por primera vez desde 1932, y el triunfo del lado de los republicanos.
Es apenas natural que ciertas consideraciones internas, como la inflación y el desempleo, hayan contribuido a la derrota fulminante de Carter en la mayoría de los Estados de la Unión. Pero lo que inclinó la balanza a favor de Ronald Reagan fueron los errores y vacilaciones de su antecesor en el manejo de la situación mundial. Durante el cuatrienio de los Derechos Humanos la Unión Soviética consolidó sus esferas de influencia en el Sureste Asiático, invadió Afganistán, sentó sus reales en América Central y reafirmó sus puestos de dominación en el Caribe, Angola, Etiopía, Yemen del Sur y Medio Oriente, al tiempo que cercó de alambras la frontera con Polonia.

En estas condiciones no es extraño que un hombre como Reagan representara mejor los intereses, los anhelos y las aspiraciones revanchistas de los monopolios yanquis, que terminan llevándolo a la Casa Blanca para que afilara de nuevo las espuelas del águila imperial.

Su programa de gobierno pretende restablecer los viejos privilegios y prerrogativas de que gozaban los Estados Unidos en el mundo de la última post-guerra, para ello se propone aumentar el presupuesto militar en un 67% durante los próximos 6 años, disminuir los gastos de asistencia pública y aprobar una reducción de impuestos que beneficia ante todo a las grandes corporaciones y al capital financiero. Sobra decir que ninguna de estas medidas podrá detener la decadencia del imperialismo norteamericano, ni las luchas de liberación nacional en Asia, África y América Latina.

¿Cuál es la realidad sobre las minorías nacionales, y en qué consiste el problema de los trabajadores indocumentados?
Incluidos los negros, dueños de tradición de lucha propia en muchas regiones del país, en los Estados Unidos hay decenas de millones de inmigrantes que provienen de todas partes del mundo, especialmente de Latinoamérica, y que subsisten en condiciones infrahumanas de vida, realizando trabajos mal remunerados que los obreros norteamericanos se niegan a hacer. Ya desde los años veinte México se convirtió en la fuente principal de mano de obra barata para empresas agroindustriales del sureste de los Estados Unidos. Luego llegaron oleadas de puertorriqueños, cubanos, dominicanos, haitianos, colombianos y de otras naciones del Continente. Algunos entran de manera legal, con sus papeles en regla, pero miles atraviesan la frontera sin permiso de las autoridades, acosados por la necesidad de ganarse el pan a cualquier precio.

Hay que señalar que el trabajo de estas personas, legal o ilegal, beneficia enormemente a la economía norteamericana, que no tiene que gastar ni un solo centavo para levantar y preparar a estos. “obreros cautivos”, a quienes por lo demás tampoco retribuye con ningún tipo de prestaciones sociales. Es la misma estructura económica del capitalismo monopolista la que crea estos fenómenos de desempleo y obliga a los pueblos a emigrar en masa. Los trabajadores nativos de los Estados Unidos, al igual que sus hermanos de clase provenientes de todos los países del mundo, son las víctimas de este sistema, aunque también serán sus sepultureros.

EL FUP POSTULA A CONSUELO

En un nutrido acto público, celebrado en el Concejo de Bogotá, el pasado 19 de junio, el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP) lanzó la pre-candidatura presidencial de la destacada dirigente del movimiento Independiente Liberal (MIL) y Concejal de Bogotá, Consuelo de Montejo. A la proclamación asistieron centenares de dirigentes populares de los barrios de la capital, en representación de las distintas fuerzas que integran el Frente.

En la tribuna estuvieron acompañando a Consuelo de Montejo: Jaime Piedrahíta Cardona, dirigente nacional del FUP, y Álvaro Bernal Segura, representante a la Cámara por la Anapo Revolucionaria; Francisco Mosquera, Marcelo Torres, Avelino Niño y Carlos Valverde, del MOIR; Enrique Hernández, de Insurgencia_Liberal; Germán Pérez Ariza y José Zamudio, del MIL.

Jaime Piedrahíta Cardona dio lectura al mensaje del FUP en el que se sustenta la exaltación del nombre de Consuelo. Posteriormente, la precandidata hizo uso de la palabra aceptando su nominación.

Previo al evento del Concejo se efectuó en las dependencias del diario El Bogotano una reunión de la dirección nacional del Frente, en la que se acordó la convocatoria del IV Foro del FUP en Cali el próximo 14 de noviembre. Allí se reiterarán los principios que rigen la actividad del Frente, a saber, el programa revolucionario, las normas democráticas de relación y funcionamiento y el no alineamiento. Igualmente se decidieron un plan nacional de giras, una campaña de finanzas y la apertura de comandos.

El Frente por la Unidad del Pueblo inicia de esta manera su batalla electoral, que abarcará todas las regiones del país y que arrancará a finales de julio por el Magdalena Medio. La comitiva del FUP estará encabezada por Consuelo de Montejo, Jaime Piedrahíta Cardona y demás dirigentes de los partidos de coalición.