Editorial: Por un Polo unido y de izquierda democrática

Estados Unidos, la principal potencia imperialista mundial, viene padeciendo con progresiva severidad manifestaciones de su inevitable decadencia. Las intervenciones y ocupaciones militares, la imposición de las políticas de libre comercio para hacerse con los mercados de otras naciones, el saqueo de los recursos naturales y el trabajo de los países bajo su dominio, la descomunal acumulación y concentración de capital en unos cuantos bancos y multinacionales y la imposición del dólar como la moneda referente, han traído consigo la agudización de contradicciones con naciones y pueblos y con ello las resistencias y desgastes que socavan su dominio.

La recién iniciada crisis, que los expertos auguran larga, es resultado de las incursiones expoliadoras del capital financiero internacional que estimulado por la política de globalización, entró en el frenesí de las actividades especulativas y de usura en irreconciliable contradicción con el trabajo y el denominado sector real de la economía. La masa de capital financiero alcanzó tal desproporción frente a la producción mundial de mercancías y servicios, y al mismo comercio internacional, que ha provocado una de las mayores crisis del capitalismo en su fase monopolista y la de mayor extensión en el planeta, como resultante del predominio mundial de la superpotencia gringa. Tras años de imposición de la política de libre flujo de capitales y mercancías, conocida como globalización, las naciones débiles perdieron su soberanía económica a manos de las potencias dominantes y ahora sufrirán con rigor las consecuencias de las medidas con las que los gobiernos de esas potencias auxilian sus monopolios afectados por el descalabro financiero.

En términos de Francisco Mosquera: “A la par con la acumulación capitalista ocurren el auge constante y acelerado de la producción, la relegación del operario por la máquina y el descenso de la cuota de ganancia, fenómenos que se traducen en crisis periódicas que obligan al capitalismo a suspender drásticamente su carrera, la que reinicia de nuevo, sólo después de que haya eliminado buena cantidad de sus fuerzas productivas con la quiebra de las empresas y el despido de los obreros”. La crisis económica cae como una avalancha sobre todo el mundo y las medidas con las que gobiernos y multinacionales intentan sobreaguar, están dirigidas a aumentar la expoliación sobre las naciones y pueblos bajo su dominación, a la vez que se tornan más agudas las disputas inter imperialistas.

En este contexto se produce el recambio en la Casa Blanca, que como lo señalara anticipadamente Héctor Valencia, está dirigido a concretar las medidas necesarias para lograr mantener el dominio mundial, con un gobierno de “unificación nacional” que invoca los valores históricos de la sociedad estadounidense para apaciguar el descontento social y ganar acompañamiento en la búsqueda de salidas de sus inmensas dificultades.

En su discurso de posesión, y en posteriores pronunciamientos, el presidente Barack Obama reconoce la gravedad de la situación: economía debilitada, pérdida de viviendas y empleos (en enero 31 de 2009 el desempleo estaba en 7,6%), cierre de empresas, salud cara (cincuenta millones de estadounidenses carecen de asistencia médica y veinticinco millones tienen seguro médico limitado), baja cobertura y deficiente calidad de la educación, dependencia de energéticos y uso irracional de los mismos (importa el 65% del crudo que consume). En sus propias palabras: “La pérdida de confianza en nuestro país, y lo más sintomático: un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable”. Para motivar el apoyo a sus planes de rescate proclama la necesidad de reasumir el liderazgo mundial, ser la nación más próspera y poderosa de la Tierra y ser los guardianes del orden mundial, pero no dice cuál es el precio para el resto de naciones y pueblos, no aclara que es a costa del bienestar de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Dominar el mundo con la carta de los derechos humanos en la mano, pero dominarlo.

Al examinar con detenimiento cada una de las medidas y los nombramientos de los ejecutores de estas, queda al desnudo en menos tiempo del esperado la verdadera naturaleza del gobierno unificador. Disposiciones como el cierre de la cárcel de Guantánamo, la prohibición de la tortura en los procedimientos policivos, su diplomacia agresiva, y el anuncio de retirar las tropas de Iraq pero trasladándolas a Afganistán, no son otra cosa que la envoltura del plan de salvamento para el capital financiero y las multinacionales de su predilección, con dineros de los contribuyentes, en mayor detrimento de la angustiosa situación de los verdaderos afectados por la depresión económica.

En tal situación, es bueno examinar cuán blindada está Colombia para afrontar las repercusiones de la crisis mundial en nuestra economía, según lo han afirmado Álvaro Uribe y voceros de los gremios económicos. El país viene ya de por sí padeciendo un severo resentimiento económico como consecuencia de la aplicación a raja tabla del recetario neoliberal en los seis años del gobierno uribista; el saqueo de los recursos naturales estratégicos por parte de las multinacionales; la desnacionalización de empresas insignias del sector productivo; la privatización de los servicios públicos domiciliarios, la salud y la educación; la pérdida de la soberanía alimentaria y la quiebra de la producción agraria; el crecimiento del desempleo y la informalidad, el recorte de los derechos laborales y las libertades sindicales; la caída en el valor de las exportaciones; el aumento desmesurado de la deuda externa y pública, entre otros. La falacia sobre el blindaje de nuestra economía fue visible al instante por los resultados que arrojan los balances del año 2008: la industria decreció en 3.1%, la inflación superó en 2.76 puntos la meta del gobierno, en el mes de noviembre las exportaciones cayeron 27.2% y el Ministerio de Hacienda calcula en 600 mil los puestos de trabajo perdidos. No existe cuantificación de la disminución de la Inversión Directa Extranjera por la cancelación de proyectos de gran minería y petróleo.

Según la opinión de distintos analistas, la crisis económica de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, la caída en los precios de las materias primas, las dificultades que sobrevendrán en las exportaciones a Venezuela y Ecuador de mercancías con valor agregado, la disminución de remesas de los colombianos que laboran en el exterior y el disparo del precio internacional de los componentes de nuestra dieta básica, presagian un año de recesión y dificultades para la economía.

Tal es el panorama económico que rodea la etapa final del segundo mandato de Álvaro Uribe, que desnuda su caracterizado servilismo para con las multinacionales y los grupos económicos criollos, y demuestra que no es cierto que el crecimiento económico en los años anteriores pueda ser atribuible a la “seguridad democrática”. Pero no menos azarosas son sus dificultades políticas: los escabrosos contubernios de los políticos uribistas con el paramilitarismo y el narcotráfico, la yidispolítica, los mal llamados falsos positivos, crímenes cometidos por miembros del Ejército, penden sobre los involucrados como una espada de Damocles; el referendo reeleccionista está salpicado de dolo y corrupción y bastante traspapelado en su trámite; los partidos de la coalición uribista soportan serias divisiones, como resultado de la disputa por la sucesión; las censuras y objeciones de gobiernos y organismos internacionales al tratamiento por parte del Estado a temas como los derechos humanos, los derechos laborales y las libertades sindicales, le traen serios contratiempos en las relaciones diplomáticas y comerciales; el fracaso de la política de erradicación de cultivos ilícitos y del combate al narcotráfico y la negación por parte del Congreso de Estados Unidos a la aprobación del TLC, son claras manifestaciones del inevitable derrumbe del gobierno de la “seguridad inversionista”.

Las circunstancias son propicias para convocar a la más amplia convergencia en torno a una propuesta alternativa, de contenido democrático y progresista, que pueda sacar a Colombia del atolladero al que ha sido empujada por la dominación de Estados Unidos y el lacayismo de la oligarquía intermediaria. Esa propuesta es la del Polo Democrático Alternativo, que recoge en su Ideario de Unidad soluciones de raíz para los problemas que agobian a la nación y plantea el establecimiento de un gobierno en alianza con todos los demócratas que quieran aportar al ejercicio de nuestra soberanía y al restablecimiento de la democracia. Concretar esas alianzas y definir una táctica electoral adecuada, son asuntos de sumo cuidado, toda vez que su principal capital político es la seriedad de sus propuestas y la consecuencia de sus dirigentes y activistas en el ejercicio de la oposición radical a Álvaro Uribe y sus políticas, asunto que ha despertado gran simpatía y esperanza en la población. Con el gobierno entrado en desgate, sus filas en dispersión y el Partido Liberal sin propuesta convincente, al Polo le corresponde ocupar su sitial indiscutible de oposición real y consecuente y proponer un programa de gobierno de izquierda democrática y un candidato salido de sus filas para las elecciones presidenciales de mayo de 2010.

La esclarecida militancia polista no escuchará los cantos de sirena de los resucitados ejecutores del neoliberalismo, servidores acuciosos de los intereses del capital financiero y las multinacionales, que ahora posan de oposición, cuando en reiterados episodios acompañaron buena parte de las ejecutorias del gobierno y aplauden la seguridad democrática, los tratados de libre comercio, la inversión extranjera dirigida a la desnacionalización de empresas y privatización de recursos y servicios; mientras expresan de mil maneras no ser antiuribistas. Y llaman al Polo a alinearse en el “centro”, para mantener el statu quo, y a que participe en una consulta interpartidista que escoja candidato presidencial. A lo cual ha respondido con gran acierto el senador del MOIR, Jorge Enrique Robledo: “Es una táctica autodestructiva”. Es frustrar a los millones de colombianos que ven en el programa del PDA su redención, y una organización política capaz de encabezar la cruzada por reversar la apertura económica y las privatizaciones y recobrar la soberanía nacional. Esa tactica sería convertir al PDA en vagón de cola del maltrecho Partido Liberal, parafraseando la infame frase con la que el senador Gustavo Petro acusa a la Dirección del Polo de ambigüedad frente a las actuaciones de las FARC.

Sobre la reiterada difamación de Petro, de supuestas ambigüedades en la posición del Polo sobre las FARC, es necesario reafirmar que el Ideario de Unidad precisa con gran acierto lo que desde nuestra fundación como organización política, y más recientemente en la conformación de Alternativa Democrática y del Polo Democrático Alternativo, ha acompañado las definiciones tácticas del MOIR: la condena de las acciones insurreccionales y la lucha armada por estar claramente contrapuestas a las necesidades, anhelos, estado de conciencia de la sociedad y a la línea de organización y movilización de masas. Nadie puede endilgarnos inconsecuencias al respecto. El PDA y su política son la negación de esa táctica y sus degradaciones. Las campañas calumniosas agenciadas desde la Embajada gringa, el uribismo y la gran prensa, al calificar al Polo de contemporizador con las guerrillas, desconocen mañosamente los numerosos pronunciamientos del Partido, de su presidente y de su Dirección Nacional sobre el tema. Los métodos difamatorios son propios del autoritarismo imperante, que pretende que repitamos las consignas de la “seguridad democrática” y de la política antiterrorista de Estados Unidos, como única prueba, según ellos, de que desechamos tan nefastos procederes.

Las banderas amarillas del Polo ondearán airosas por todos los rincones de la patria, cuando al término del II Congreso se reafirme su orientación de izquierda democrática y la firme decisión de adelantar la campaña electoral de 2010 con candidato propio, aglutinando a todos los colombianos que ansían, “sin sectarismo pero sin ambigüedades”, como lo pide el presidente del Polo, Carlos Gaviria, recobrar la soberanía y la democracia. El campo está abierto y es prometedor, siempre y cuando descartemos caminos ya trillados y estemos dispuestos a desbrozar nuevos senderos.

Entrevista al senador Jorge Enrique Robledo: LA UNIDAD DEL POLO ES FÁCIL SI RENUNCIAN A DIVIDIRLO (*)

Tribuna Roja: ¿Cómo ve la situación del país?

Jorge Enrique Robledo: La situación económica y social está mal y con notable tendencia a empeorar, incluso hasta llegar a una crisis gravísima. Y ya empezó la campaña para las elecciones de 2010.

Hablemos primero de economía…

El año pasado la economía colombiana cayó durísimo. El crecimiento del país fue menos de la mitad que el de 2007. Decrecieron la industria y las ventas de energía y aumentó la cartera morosa en los bancos. Como dolorosa consecuencia, bajó el ya escaso consumo de los colombianos y se perdieron 600 mil empleos. Y esto ocurrió sin que se hubiera sentido todavía en el país el impacto de la crisis económica mundial.

¿Cómo se explica que en el año en que el gobierno tuvo los éxitos más sonoros contra las Farc, entrara en crisis la economía?

Algún ingenuo se preguntará si fue que desmontaron la “seguridad democrática”. Pero la verdad es que en años pasados la economía no creció por la política de seguridad de Uribe. Eso pudo contar, pero no fue lo determinante, que es lo que interesa precisar. Hasta el más sectario tendrá que aceptar que Uribe no tuvo nada que ver en el alza de los precios internacionales del café, el petróleo, el carbón y el níquel. Y el capital extranjero tampoco vino a Colombia por la seguridad. Llegó porque le entregaron a menos precio los recursos naturales y las empresas que privatizaron y, sobre todo, porque hubo un gran excedente de capital financiero en el mundo, que inundó todos los países. Si usted revisa las cuentas de América Latina, lo corriente fueron crecimientos económicos y de inversión extranjera iguales o mayores que los de Colombia.

Antes de mirar más el caso del país, ¿qué tan grave es la crisis internacional?

Gravísima. Los entendidos que hacen parte de los poderes que controlan el mundo están al borde del pánico. Ya es un lugar común entre ellos decir que es la peor crisis capitalista desde la Gran Depresión que empezara en 1929. Y podría ser peor, entre otras cosas porque la globalización neoliberal facilita que el tsunami económico que recorre el mundo se desplace destruyendo economías, y porque las grandes potencias se empeñan en dejar intactas las causas del fenómeno.

¿Cuáles serán las consecuencias sociales de la crisis?

Terribles en todas partes. Porque las pérdidas ya son mayúsculas y porque la idea de los que mandan en el mundo consiste en pasarles toda la crisis, primero, a los países pobres y, segundo, a los pobres y a las capas medias de todos los países, incluidos los de las potencias capitalistas, mediante más desempleo, peores salarios, más pobreza y miseria y en general más carencias en salud, educación, vivienda y en todo lo que se requiere para llevar una vida digna. Y es hasta ridículo decir que Colombia está blindada frente a lo que se viene.

Pero alguien dijo que como esta crisis probaba el fracaso de las políticas neoliberales, lo que venía era el fin de los imperialismos y las relaciones fraternas entre los pueblos, ¿qué opina?

Esa opinión refleja mucha ignorancia o mucha viveza. Es cierto que la crisis demuestra que las políticas neoliberales son incapaces de resolver los problemas de la humanidad. Entonces, hasta podría hablarse de su fracaso histórico. Pero lo que ocurre es que el neoliberalismo y el “libre comercio”, hablando en serio, no se definieron para servirles a los débiles, sino a las trasnacionales y a los imperios, empezando por Estados Unidos. Entonces, los que ganaron en grande en el auge de la economía mundial quieren ganar igual o más ahora, así el desempleo y el hambre lleguen a niveles de espanto. No hay una sola declaración de un mandamás del mundo diciendo que deben cambiarse las políticas neoliberales. Por el contrario, todos dicen: “más ‘libre comercio’”, es decir, más de la política que oprime y empobrece a los pueblos de la Tierra. Incluso, nadie puede demostrar que el nuevo gobierno de Estados Unidos ha renunciado a las concepciones imperialistas. Equivocarse en estos asuntos significa desarmar ideológicamente a los pueblos que necesitan con urgencia mejorar su capacidad de resistencia. Es interesante mencionar, además, que en una crisis como esta también pueden agigantarse las contradicciones entre las potencias, hasta provocar agudos enfrentamientos, que incluso terminen en guerras instigadas por ellas o entre ellas, como sucedió en los años 30 del siglo XX.

Entre paréntesis, ¿cómo es lo de Obama?

Hay que alegrarse porque el hijo de un negro africano haya llegado a la Casa Blanca, pues es un golpe al racismo, probablemente la ideología más repudiable que pueda concebirse. Pero de ahí a concluir que por el color de su piel hará un gobierno auténticamente democrático, hay mucho trecho. Es más: esa idea suena como a una especie de racismo, pero a la inversa, que tampoco resiste análisis. También es positivo que haya anunciado que cerrará ese centro de tortura que Bush montó en Guantánamo. Pero si se observa el gabinete y sus otras decisiones, y no se confunde la retórica con las realidades, no hay razones para ser optimistas en que el nuevo presidente cambiará la política neoliberal e imperialista de Washington, el punto crucial para determinar la naturaleza de cualquier gobierno norteamericano, y más en cuanto tiene que ver con los países satélites suyos, como es el caso de Colombia. A los izquierdistas afectados por la “obamanía” les recomendaría prudencia. ¿Para qué comprometerse con juicios definitivos? ¿No es más sensato esperar el veredicto de los hechos?

Se habla de protección económica en Estados Unidos, ¿por qué si son neoliberales?

Es un error pensar que en el “libre comercio” el Estado deja de jugar un papel determinante en la economía. En el capitalismo, lo que se le opone a la intervención estatal no es el neoliberalismo sino el caos. Sin el Estado, repito, el capitalismo se hunde en el caos. Lo que sucede en el “libre comercio” es que el Estado protege las empresas de los monopolistas en vez de las de los no monopolistas. Sin el Estado no podría haber privatizaciones. Por ejemplo, si el Estado no obligara a aportar para pensiones o para salud, pues no existirían esos negocios privados. Entonces, lo que ocurre en la crisis es que inevitablemente aumenta la intervención gubernamental en la economía, para que esta no se destruya. Y esa intervención, como es obvio en el capitalismo, tiene como primeros beneficiarios a los monopolistas que controlan el poder político en los países.

Volvamos a Colombia…

A Colombia le puede ir muy mal en la crisis. Depende en exceso de las ventas a Estados Unidos. Son fuertes compradores suyos Venezuela y Ecuador, que sin duda enfrentarán problemas. Presenta malos indicadores en inflación, tasas de interés, balanza de la cuenta corriente, déficit fiscal y sufre por el peor desempleo del continente americano. Y a eso súmele un Presidente que sostiene que a Colombia le irá bien si les va bien a los extranjeros, a los que se empeña en seguirles regalando el país, y que tiene una política contraria a la producción industrial y agropecuaria no monopolista y de desempleo y salarios bajos para los colombianos, política que intenta ocultar con las limosnas oficiales y las operaciones clientelistas. Y ya anunció un TLC con la Unión Europea, que será igual o peor que el firmado con la Casa Blanca.

Pasemos a la política. ¿Uribe será candidato?

Uribe está enfermo por el poder. Pero habrá que ver si puede convertirse en un tirano. Sobre su reelección, el uribismo está dividido. Vargas Lleras y otros congresistas se oponen. El respaldo de Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias a otra reelección es hipócrita. Expresaron su desacuerdo el Cardenal, el propietario de Semana, el jefe de la Andi, los periódicos El Tiempo y El Colombiano. Además, Uribe “no se manda”. Hay otros poderes. No es fácil que los monopolistas toleren la larga inestabilidad política propia del referendo reeleccionista. Como si fuera poco, el gobierno de Estados Unidos mantiene el TLC en el congelador, porque no lo convencen las explicaciones de Uribe sobre el paramilitarismo y la violencia contra los sindicalistas. Y viene una crisis económica y social de proporciones mayúsculas.

Si Uribe no va, ¿habrá un solo candidato uribista?

Es dudoso. Porque las ambiciones personales son enormes. No sería raro que terminaran como en agudos enfrentamientos, entre otras cosas porque Uribe, que tendría que ser imparcial para jugar como garante de esa unidad, seguramente buscaría imponer a un favorito suyo.

¿Cómo ve al Partido Liberal?

Sus dificultades son evidentes. Dejó de ser la primera fuerza política del país, entre otras razones porque Uribe le sonsacó a muchos de sus jefes y sus votos. Tampoco le ayuda que César Gaviria coincida con tantas políticas uribistas, como el TLC. Y no le veo un candidato capaz de generar entusiasmo entre los colombianos y unificar al liberalismo en la lucha por la Presidencia. Es por ello que César Gaviria intenta reforzarse con dirigentes de fuera de su partido, como Luis Eduardo Garzón o Germán Vargas Lleras.

¿Cuál es la propuesta de César Gaviria?

El 22 de junio del año pasado, en entrevista en El Tiempo, al lado de otra de Lucho Garzón, ambos anunciaron un acuerdo mediante el cual Garzón participaría en la consulta del Partido Liberal para escoger un candidato a la Presidencia. Gaviria explicó que era un plan supeditado a los principios de su partido y para vencer a Uribe o a alguien escogido por él, pero que no era una propuesta antiuribista. Resaltó como positivos la “seguridad democrática” y la “confianza inversionista”, dijo que uno de los precandidatos podía ser Germán Vargas Lleras y agregó que Lucho tenía que escoger entre esta propuesta y la del Polo. Después, el 21 de diciembre pasado, en el mismo periódico, César Gaviria insistió en la idea que resume su propuesta: consulta para escoger un candidato y en ella caben los uribistas, como Germán Vargas Lleras. Tres días antes, también en El Tiempo, Vargas Lleras explicó que solo lo alejaba de Uribe la reelección, porque él también quería ser Presidente, pero que, por razones programáticas y filosóficas, le mantendría todo su respaldo hasta el 7 de agosto de 2010.

¿Qué le dijo Gustavo Petro a César Gaviria?

A mi juicio, el senador Petro se equivocó en materia muy grave cuando el 24 de diciembre de 2008, y con el agravante de no haberle consultado a nadie en el Polo, le escribió a César Gaviria diciéndole que “tengo que adelantarme a decir que estoy en total acuerdo con esa propuesta”, en la que incluyó como posibles adherentes “a sectores del uribismo decepcionados” (*). Y propuso para el acuerdo un programa muy distante al Ideario de Unidad del Polo de soberanía y auténtica democracia, con el obvio objetivo de hacerlo aceptable para César Gaviria. . Resalta que allí no se diga nada sobre la soberanía nacional, las imposiciones de Washington y el FMI, las políticas neoliberales, el TLC, las privatizaciones, el Estado plutocrático, los derechos laborales, las leyes 100 y 142, por ejemplo, asuntos todos que son la causa de la desgracia que acosa a tantos colombianos.

¿Por qué el Polo no debe aceptar esa alianza?

Esa es una idea autodestructiva para el Polo, por razones de principios y de índole práctica. Si el Polo renuncia a sus ideas para asumir las de César Gaviria, pues renuncia a su razón de existir, que consiste en ganar pero para modificar profundamente a Colombia, según los postulados de la izquierda democrática. No olvide que nuestros postulados, en últimas, no son de los dirigentes sino del pueblo colombiano, que los necesita para poder darles solución a sus muchos sufrimientos. Y un error de ese calibre seguramente conduciría a que las bases abandonaran al Polo, porque para qué quedarse en una organización que a lo que aspira es a coadministrar el proyecto neoliberal que desemplea y hambrea a los colombianos. Recordemos, además, que el Polo es una fuerza joven, en ascenso, con más futuro que pasado y que con Carlos Gaviria obtuvo cerca de 2.7 millones de votos en 2006, la segunda votación en esos comicios, realidades que también indican que debemos ir con nuestro candidato y nuestras propuestas a las elecciones de mayo del año entrante, candidato con el que encabezaremos un gran proyecto de unidad nacional. Y si hay segunda vuelta en junio, miraremos qué hacer.

¿Cómo se seleccionaría el candidato del Polo?

En los estatutos del Partido se dice cómo. Si entre los precandidatos que se propongan ninguno obtiene el respaldo de por lo menos el 80 por ciento de los miembros de la Junta Nacional, se cita a una consulta entre quienes sean afiliados o se afilien al partido, y el que gane es el candidato de todos los polistas. Enfatizo en que ese candidato promoverá una gran unidad en torno suyo, en la que podrán participar desde los colombianos más pobres hasta el empresariado nacionalista, incluidas las organizaciones de las que hacen parte

¿Cuáles serán los temas del debate electoral?

Creo que el problema económico y social tenderá a determinar el debate político. Porque el desastre neoliberal y del “libre comercio” ya no puede ocultarse, como cada vez más se encargarán de recordarlo la quiebra de la economía de todos los sectores y el aumento del desempleo, la pobreza y el hambre, en un país que ya registra pésimos indicadores sociales. En este tema el único partido que puede hablar con toda la autoridad es el Polo, no solo porque advirtió lo que ocurriría, sino porque es el único que tiene disposición para proponer los cambios profundos que se requieren. Y seguirá el tema de la violencia que azota a Colombia, aspecto en el que insistiremos en que somos partidarios de encontrarles soluciones políticas a las violencias que martirizan a Colombia y en nuestra oposición a la lucha armada como mecanismo para resolver las contradicciones políticas y sociales, así como que condenamos el secuestro, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el terrorismo y toda suerte de actos contra la dignidad de las personas y sus derechos y bienes, sean estos cometidos por las Farc, el ELN, el paramilitarismo o agentes del Estado. Ojalá que dentro del Polo se deje de hacer proselitismo tergiversando la verdad sobre estos asuntos.

¿Por qué tanta agresividad de Gustavo Petro en contra de dirigentes del Polo?

Es notorio que intenta evadir el verdadero debate: él quiere una alianza con César Gaviria y hasta con algunos uribistas, en torno a un programa que no es el del Polo, para participar en una consulta que podría elegir como candidato presidencial a Germán Vargas Lleras o al propio César Gaviria. Otros estamos porque el Partido escoja entre sus dirigentes un candidato que vaya con nuestro programa a las elecciones de mayo de 2010, a la cabeza de un gran proyecto unitario. Y este debate, que debería tramitarse con tranquilidad, lo quiere ganar a punta de macartismo, haciéndole un enorme daño al Polo. Así, quien no esté de acuerdo con él, en el mejor de los casos, es un idiota útil de las Farc y en el peor… ha dicho o sugerido infamias peores. Su propósito de meter miedo dentro del Polo para que nadie le discuta tiene un origen que ha intentado ocultar: está en notoria minoría en el Partido, por lo que intenta imponer sus puntos de vista a las malas, apelando además a astucias como sabotear eventos del Polo, renunciar a sus cargos directivos y hasta a amenazar con no ir al II Congreso o salirse de la organización, si no se hace lo que él quiere. Como si fuera poco, atacó pública e irresponsablemente a Samuel Moreno, el alcalde del Polo en Bogotá. Su desconsideración con el deber elemental de no desprestigiar al Partido es evidente.

¿Cómo es la correlación de fuerzas para el II Congreso del Polo?

La lista nacional que encabezó Gustavo Petro obtuvo el 15 por ciento del total de los votos. Y en ella también estaban las fuerzas del senador Guevara, Lucho Garzón, María Emma Mejía y otros sectores menores. Cuando bien le va, sus posiciones en este debate las firman él y otro de los 18 senadores y representantes a la Cámara del Polo. Pero esté seguro que si decide irse del Polo, cosa que no quiero que suceda, se va con bastante menos respaldo que el que dice tener. Ya le pasó cuando renunció a su cargo en el Comité Ejecutivo Nacional del Polo.

Él se queja de la falta de garantías.

Lo que le falta no son garantías sino mayorías. Dice lo que se le antoja en unos medios de comunicación puestos a su servicio, incluso haciéndole daño al Polo. Y actúa en la misma forma. Como se quedó en pequeña minoría en los congresos de LGBT y jóvenes del Polo, retiró sus delegados para sabotearlos y lanzó falsedades contra esos eventos democráticos. Es el colmo que haya ocultado, y en medio de afirmaciones calumniosas (ver Semana, Feb.15.09), que, por unanimidad, el Congreso de los jóvenes rechazó la lucha armada y el secuestro, y que lo hizo en los mismos términos de una declaración que el Doctor Petro aprobó hace un año en la Junta Nacional del Partido. Además, tiene gente suya en todos los organismos de dirección del Polo que organizan el II Congreso y nadie ha dicho que no podrá hablar en sus plenarias; lo que se ha planteado es que él, como todos los delegados, tendrán que hablar sujetos a las reglas que se establezcan.

¿Cuál es su propuesta para lograr que el Polo salga unido del II Congreso?

Esa unidad es bien fácil de lograr si se renuncia al propósito de dividirlo. Lo primero es que cada polista entienda que un Polo dividido solo les sirve al uribismo y a las fuerzas retardatarias del país y que, por tanto, no hay que seguir a los dirigentes que mantienen en la boca la idea de dividir el Partido. Lo segundo es no olvidar que la unidad del Polo está montada sobre dos pilares: el Ideario de Unidad y los estatutos acordados por unanimidad en el Congreso de fundación del Partido, los cuales le marcan el rumbo de izquierda democrática. Lo tercero es actuar con ánimo unitario, democrático, tranquilo, esforzándonos para que las distintas tendencias del Polo, sin excepciones, hagamos consensos antes y durante el II Congreso, de manera que la mayor cantidad posible de temas se aprueben por unanimidad. Y lo cuarto es que todos aceptemos que en lo que no se logren consensos el Congreso votará por las diferentes propuestas y las decisiones mayoritarias serán acatadas por todos con total honradez y lealtad. Si se aceptan estas reglas del juego el Polo saldrá unido y fortalecido del Congreso. Y como creo saber dónde están las mayorías, soy optimista en que con un dirigente nuestro, que espero sea Carlos Gaviria, ganaremos las elecciones en 2010.

Notas:

(*) Versión ligeramente más amplia que la publicada en Tribuna Roja Nº 107
(**) Todos los documentos citados en esta entrevista pueden consultarse en www.senadorrobledo.org/?q=node/554

Frente a la crisis económica: Estados Unidos, “rescate financiero”; Colombia, derrumbe productivo

“De todas las crisis que se han vivido, la que puede producirse en Estados Unidos como fruto de la recesión sería, de hecho, la de mayor impacto pernicioso en todo el mundo”. Estas palabras de Héctor Valencia en 2001, entonces secretario general del MOIR, resultaron premonitorias. Así lo ratifican los informes de las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, la CEPAL y la OCDE que anticipan el desplome de la organización económica mundial y hablan de una profunda recesión e inclusive de depresión. Las proyecciones indican “perspectivas muy inciertas” y se ha pronosticado que la situación en 2009 será más grave que en 2008. Constantemente se corrigen a la baja las expectativas del desempeño para el año en curso. La caída del crecimiento mundial se ha presupuestado en el más bajo nivel desde la Segunda Guerra.

Las economías que generan el 70% del PIB mundial se han declarado oficialmente en recesión y el discurso de posesión de Barack Obama recordó los graves quebrantos de la superpotencia. “Estamos en medio de una crisis (…) Nuestra nación está en guerra (…) Nuestra economía está gravemente debilitada”. Se estima que la cifras negativas del PIB serán del 1,5% para Estados Unidos; del 2% para los 27 países de la zona euro; y del 2,5% para Japón. China e India, que venían subiendo a más del 9 y el 7 por ciento, no pasarán del 6; en tanto, Brasil y México, los líderes de América Latina, bajarán a menos del 2 por ciento y por debajo de cero, respectivamente.

“La fosa del crac” llamó Federico Engels a condiciones como las presentes, en las cuales las tasas de ganancia de los grandes trust financieros se han precipitado a un sexto del valor de la década de los sesenta y a la mitad del de los noventa; el comercio se paraliza; los mercados se sobresaturan; los productos abarrotan los almacenes; el dinero no fluye. Engels agregaba: “El crédito desaparece; las fábricas paran; las masas obreras carecen de medios de vida precisamente por haberlos producido en exceso, las bancarrotas y las liquidaciones se suceden unas a otras”.

II

De manera similar a lo acontecido luego del crac de 1929, cada país intenta sus propias soluciones, aun a expensas de los demás. De hecho, Estados Unidos tomó la iniciativa desde hace un lustro devaluando su moneda con respecto a las otras para enjugar sus déficit comerciales. La reunión del Grupo de los Veinte (G-20), de noviembre pasado, además de reiterar principios generales de la globalización fue, en la práctica, un llamado al ¡sálvese quien pueda!

Aunque el FMI habla de políticas fiscales y monetarias conjuntas y el Banco Mundial propaga el multilateralismo, se recrudece la competencia de los tesoros públicos en operaciones de salvamento para cada economía. Hasta en la misma Unión Europea se marcan diferencias de Alemania y Francia con los demás socios sobre el tratamiento a la crisis, todo dentro del frío cálculo de obtener ventajas en medio del maremágnum. “Necesitamos un enfoque común en Europa, pero debemos ser capaces de adaptarnos a cada situación nacional de manera flexible”, dijo la canciller alemana, Ángela Merkel, al oponerse a un fondo común de salvamento para la Unión Europea.

La más grande operación de “rescate” ha sido la emprendida por Estados Unidos. Pasando por encima de los dogmas del libre mercado, el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal han adquirido compromisos de “rescate” por 8,8 billones de dólares, de los cuales ya se han gastado 2,1, que corresponde al 15% del PIB. Intervienen en inversiones directas en instituciones financieras, en compras de deuda corporativa y de hipotecas respaldadas por Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae, en una significativa expansión de los préstamos tradicionales a los bancos, con extensión de términos hasta 90 días, y en el aseguramiento de deuda de instituciones financieras con garantías insuficientes, los llamados “activos tóxicos”. Las fuentes de esos recursos son la emisión monetaria –proscrita por el neoliberalismo– que en el último semestre creció 25% y un endeudamiento público que ya llega casi al 80% del PIB.

Tanto en el paquete de “salvamento” aprobado en la administración Bush, como en el propuesto por el gobierno de Obama, el objetivo ha sido la oxigenación del capital financiero. De cada 100 dólares destinados a atender la crisis, 92 han ido a parar a los bancos, usados para sanear sus balances lejos de los circuitos de producción. El Nobel de economía Paul Krugman ha calificado este tipo de intervención como “socialismo amargo: los contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si las cosas salen bien”. Y con respecto al plan del nuevo gobierno, acotó: “Por el momento, la respuesta del Gobierno de Obama a la crisis económica recuerda mucho la respuesta de Japón en la década de 1990: una ampliación presupuestaria suficientemente amplia para evitar lo peor, pero no lo suficiente como para que la recuperación arranque; apoyo al sistema bancario, pero con reservas a la hora de obligar a los bancos a afrontar sus pérdidas”.

III

“La economía colombiana está blindada por el éxito de la Seguridad Democrática y la confianza inversionista”, repitieron hasta la saciedad los altos funcionarios del uribismo, desde el propio jefe de Estado y el ministro de Hacienda hasta la junta directiva del Banco de la República. Aunque reconocen la “desaceleración”, niegan la posibilidad de la recesión.

Desde antes del estallido de la crisis, en agosto de 2008, ya los indicadores de Colombia mostraban un decaimiento causado principalmente por el precio mundial de los alimentos importados y de los combustibles (pese a ser un país productor de petróleo), que incidió fuertemente en la inflación. Así mismo, la revaluación del peso frente al dólar, generada por el ingreso voluminoso de divisas provenientes de las inversiones en la explotación de los recursos naturales, que golpeó severamente las exportaciones no tradicionales. El desempleo empezó a crecer desde febrero de 2008 y en algunas ciudades ya alcanzó niveles escandalosos. En enero de 2009, el índice de precios acumulado en un año se mantuvo por encima del 7% y el de los alimentos en más del 12%.

Mientras en las economías industrializadas el Estado interviene para sostener el crecimiento, en Colombia el FMI impele a aplicar otro tipo de política económica, diseñada para las colonias y obedecida al pie de la letra por las autoridades económicas. El Fondo, en una “misión de consulta” a la economía colombiana en enero de 2009, reconoció que “los mercados financieros colombianos se han visto afectados por la reciente turbulencia mundial”, ya que han aumentado las primas de riesgo de la deuda soberana, las tasas de interés y también los coeficientes de cartera vencida, especialmente los relacionados con el crédito de consumo. A contramano de lo que permite en los países poderosos, el FMI llama al cabal cumplimiento de las metas fiscales convenidas en los acuerdos suscritos con esa institución. Su verdadera preocupación es que en medio de la tormenta, Colombia entre en cesación de pagos de su deuda pública. Si ello ocurriera en las naciones endeudadas, se agravaría a escalas inimaginables el colapso de Wall Street. Así pagarán las naciones débiles los quebrantos de las poderosas.

El endeudamiento total del país ha crecido en términos absolutos en los últimos seis años, de septiembre de 2002 a septiembre de 2008, de 98 billones de pesos a 183, un 87% más, lo cual incluye la porción externa, que pasó de 18 mil a 28 mil millones de dólares. Esto último implica que, en la medida en que el peso se devalúe, como ha sido la tendencia en los últimos meses, al pasar de $1.678 en junio de 2008 a $2.520 en febrero de 2009, el aumento real de la deuda sería del 50%, el equivalente a deber cerca de 40 mil millones de dólares. El riesgo de una crisis cambiaria llevaría al Gobierno a una exigencia fiscal que lo obligaría a endeudarse aún más para honrar sus compromisos y a mayor costo, lo que, a su vez, encarecería el crédito para toda la economía y podría postrarla por completo, ampliando la recesión que ya se registra en la industria, que en 2008 sufrió una contracción de 3,3%.

Las expectativas del FMI no se alejan de esa eventualidad. Hay evidencia de la “disminución” de las exportaciones, restringidas tanto por la baja de demanda de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador como por la caída en los precios del petróleo y el carbón; de las remesas, provenientes en un 75% de Estados Unidos y España; y de la inversión extranjera, que ha decaído en los últimos meses. Todo lo anterior hace prever que el déficit consolidado de las cuentas externas del país supere en 2008 el 3,6% del PIB, el mayor desde 2004, y es de esperar un resultado peor para 2009. No será tampoco la confianza inversionista la que vendrá en ayuda de Colombia. Algunas firmas, como Glencore y otras, que han suscrito contratos para invertir en las “zonas francas”, están desistiendo de sus propósitos ante la escasez y el encarecimiento de los recursos a escala internacional.

Todo apunta a cifras negativas en el balance fiscal y en la balanza de pagos, lo cual acrecentará las necesidades de financiación mientras los mercados de crédito se restringen y aumentan su costo. El gobierno limita su acción a practicar el neoliberalismo, desechado en todas las latitudes, incluidas las potencias económicas que lo han predicado. No se proyecta un gasto mayor en infraestructura, como factor de aumento de la demanda efectiva. “No es un plan de choque. No hay obras nuevas”, han dicho los gremios de la construcción respecto a los proyectos gubernamentales, supuestamente aforados en 55 billones de pesos. No hay medidas proteccionistas para la producción industrial y agropecuaria ni control de capitales. Las propuestas oficiales para el empleo han sido calificadas como una “pequeñez” ante la “magnitud del problema”. A contravía, se promueven más inicuos tratados de comercio, como el que se está negociando con la Unión Europea, elevando a norma constitucional los axiomas neoliberales que han fracasado rotundamente.

IV

La obsecuencia del gobierno de Uribe a los ucases del FMI presagia funestos tiempos para las mayorías laboriosas. No sólo se incrementarán por la crisis los dos millones de desempleados existentes y se envilecerá en peor grado el empleo rural y urbano, sino que se intensificará la expulsión de campesinos del agro, con la acentuación de la pobreza y la miseria. Las prescripciones del Fondo, consistentes en eliminar “las rigideces presupuestales”, es decir, reducir todavía más las “transferencias” para educación, salud, saneamiento básico; reformar la seguridad social hacia un “sistema de pensiones de pilares múltiples”, que es crear distintas categorías en la individualización de la jubilación; “fortalecer los derechos de los acreedores”, que significa tener como prioridad fiscal el pago de la deuda pública; “seguir mejorando la eficacia del sistema tributario”, que se traduce en el acrecentamiento del recaudo de impuestos y en la profundización de la antidemocracia tributaria, harán más dolorosas las lesiones de la crisis mundial, que ya ha contagiado a la economía nacional.

El Polo Democrático Alternativo debe plantear una política económica que permita a la Nación colombiana sortear el brete de la crisis económica y construir un país hacia el pleno empleo, la producción y la distribución del ingreso. Para ello tiene la misión histórica de iniciar el desmonte del neoliberalismo con nuevas políticas macroeconómicas autónomas, que consulten el interés y el progreso nacionales, con políticas sectoriales que articulen y fomenten las distintas ramas de la producción, y con políticas sociales que partan de la universalización de los derechos sociales y económicos. Toda fórmula intermedia o “centrista” no será más que la mimetización, en medio de los afanes de la hora, de las tesis neoliberales y, a la larga, se tornará en motivo de más agudos padecimientos para la mayoría de la población. La hora es propicia para realzar los principios económicos de una Nueva Democracia, arropada en la enseña de la izquierda democrática.

Polo joven y Polo de Rosa ratifican carácter democrático del PDA

Los Congresos de los sectores juvenil y LGTB fueron de trascendencia para el avance y consolidación del PDA como alternativa política del país. Centenares de delegados elegidos democráticamente discutieron y acordaron los criterios programáticos y organizativos para el desarrollo y aplicación del Ideario de Unidad, lo que permitirá el fortalecimiento del Partido en estos sectores. Los eventos demuestran que la democracia es el principio que guía el funcionamiento interno del Polo, en donde se permite la participación activa de los sectores que se identifican con su programa de transformación.

Polo de Rosa

En la ciudad de Cali, entre los días 10 y 12 de enero, más de 160 delegados elegidos regionalmente adoptaron una estructura organizativa y unas posturas que reivindican sus posiciones ante la sociedad y el Estado.

El Congreso del Polo de Rosa refleja la naturaleza avanzada, pluralista y democrática del PDA, que desde su fundación contempla la lucha por alcanzar las plenas libertades civiles y políticas de la población, entre las que se destacan el respeto y la no discriminación por motivos de identidad sexual. En el mundo existen pocos partidos que estatutariamente contemplen el derecho de la comunidad LGTB a organizarse con el objeto de defender sus derechos frente a las concepciones retardatarias del establecimiento. El presidente del Polo, Carlos Gaviria, sintetizó estas ideas en su discurso de instalación al afirmar: “A la comunidad LGBT no hay que tolerarla, hay que respetarla”.

Dentro de las definiciones adoptadas, el Congreso ratificó el Ideario de Unidad y sus principios de soberanía y democracia, y demandó reconocimiento y respeto por la identidad sexual. En su declaración final, se resaltó la necesidad de que el Polo presente un candidato propio en las elecciones presidenciales: “Abogamos por seguir construyendo en la senda de la unidad el carácter de izquierda del Polo Democrático Alternativo. Defendemos la idea de un candidato propio, elegido en una consulta interna, que luego sea propuesto a los sectores democráticos e independientes no comprometidos con las políticas encabezadas por el gobierno de Uribe, con base en una agenda común de gobierno y sin renunciar a los principios del Partido”.

Polo Joven

Más de 80 mil jóvenes participaron en la elección de los 500 delegados al Primer Congreso del Polo Joven, de los cuales 417 se hicieron presentes en Ibagué, sede del evento. Nunca antes en la historia se había presentado la oportunidad para que las diferentes organizaciones juveniles de la izquierda se sentaran con paciencia, en un ambiente unitario, a discernir sobre la política educativa y el movimiento estudiantil, la salud y la seguridad social, la cultura, la juventud trabajadora, el neoliberalismo imperante, el agobiante conflicto armado, los derechos de las minorías étnicas y sexuales y la opresión contra la mujer.

Los jóvenes del Polo ratificaron la necesidad de construir una estructura organizativa, como herramienta indispensable en el propósito de vincularse a la lucha democrática de masas. Para tal efecto, el Congreso eligió una Coordinación Nacional integrada por 75 delegados.

La declaración política y las conclusiones de las once comisiones son prueba del compromiso de las juventudes del Polo por abanderar la construcción de una nueva democracia en Colombia. La declaración afirma que la política de recolonización imperialista le arrebata a la Nación su soberanía y recorta de manera persistente la escasa democracia existente. Y expresó que esta política de recolonización vulnera los derechos esenciales de la juventud y que, para conquistarlos, debe ligar sus luchas a las de todos los sectores patrióticos.

Este documento recogió textualmente la declaración que por unanimidad aprobó la Dirección Nacional del PDA reunida del 29 de febrero al 2 de marzo de 2008 en Bogotá: “El Polo Joven en correspondencia con el Ideario de Unidad del Polo Democrático Alternativo, reafirma su oposición a la lucha armada como mecanismo para resolver las contradicciones políticas y sociales y condena el secuestro, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el terrorismo y toda suerte de actos contra la dignidad de las personas y sus derechos y bienes, sean estos cometidos por las FARC, el ELN, el paramilitarismo o por agentes del Estado”.

Las discusiones del congreso juvenil partieron del análisis de las condiciones internacionales y nacionales, que son propicias para la izquierda colombiana. La crisis económica mundial evidencia un hecho irrefutable: el contundente fracaso de la globalización neoliberal, que impele a la construcción de un modelo de desarrollo basado en la defensa del mercado interno, de la producción y del trabajo nacionales. Esta situación, aunada al quiebre del andamiaje uribista, fue resaltada por los delegados como una oportunidad histórica de la izquierda democrática para “avanzar en el propósito de alcanzar el poder político y hacer realidad el sueño de una Colombia soberana, democrática y en paz, con la plena aplicación de los derechos y libertades de la población juvenil”.

El Congreso del Polo Joven también debatió la táctica electoral del Partido, y aprobó una resolución mediante la cual llama a “las instancias del partido a hacer todos los esfuerzos para que en las elecciones presidenciales participemos con un candidato propio, que defienda nuestra propuesta programática y sea factor de unidad y cohesión para la salvación de Colombia”.

El Congreso del Polo Joven señaló que el futuro del Polo está cifrado en su estrecha vinculación a las justas protestas del pueblo colombiano, como las libradas en el pasado reciente por los corteros de caña, la minga indígena, los trabajadores de la rama judicial y los estudiantes universitarios y de secundaria.

La participación activa de los jóvenes y de la comunidad LGTB es indispensable en la aspiración por alcanzar mayores niveles de bienestar y progreso. El Polo Democrático Alternativo acierta al dedicar sus esfuerzos a afianzarse en estos sectores, propiciando todos los espacios para que desempeñen un papel importante en la emancipación social y humana de Colombia.

Los dos Congresos, a la vez, constituyen un importante avance en la consolidación y fortalecimiento del PDA, y fueron un ejemplo para que estos procesos se repliquen en otros sectores como las mujeres, los trabajadores y los intelectuales, los artistas y los campesinos, y así poder preparar el contingente patriótico llamado a abanderar la transformación política, económica y social que claman las mayorías oprimidas.