Editorial: LA IZQUIERDA PREVALECERÁ

Por Héctor Valencia, secretario general del MOIR

Conscientes de la profunda crisis nacional y convencidos de que la vía para la transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas de Colombia sólo la encontraremos con el ejercicio pleno de la soberanía nacional y con la ampliación y profundización de la democracia, hoy cada vez más restringida, el Polo Democrático Independiente y las fuerzas que componen la coalición Alternativa Democrática (Frente Social y Político, MOIR, Unidad Democrática, Movimiento Ciudadano y Opción Siete) nos comprometemos a avanzar en el proceso de unidad de nuestras fuerzas sobre la base de este Ideario de Unidad que les presentamos a los colombianos y colombianas (Párrafo introductorio del programa político del Polo Democrático Alternativo, PDA.).

No obstante que algunos árboles de las actuales campañas electorales para Congreso y Presidencia pueden haber dificultado la vista panorámica del bosque político, el hecho con mayores perspectivas de desarrollo en la situación nacional es la unidad que lograron concretar la casi totalidad de las organizaciones políticas de izquierda. Así lo indica la atracción y esperanza que este fenómeno despierta entre diversos y amplios estamentos sociales –amén de personalidades progresistas y demócratas– cuyos intereses económicos y políticos, incluso ideológicos, se contraponen al régimen que prima en Colombia. Y es obvio que la importancia que se le atribuye a dicha unidad desecha de entrada que por el hecho de haberse acordado de cara a los actuales comicios ella circunscriba su alcance a tal coyuntura electoral.

Si se tiene en cuenta el abigarrado conjunto de tendencias políticas que confluyeron al proceso unitario, se explica que las discusiones respecto al ajuste organizativo y a la concreción de un programa demandaran meses de ardua labor. En medio de una lucha franca y abierta se fueron amalgamando criterios hasta perfilar la nueva organización, dotándola de un eje, el Ideario de Unidad, que guiará sus actividades y sustentará su consolidación orgánica. En los pasos que condujeron a este logro no se les temió a las contradicciones; se asumieron y se partió de ellas, a sabiendas de que son inherentes a todo proceso unitario destinado a perdurar. Es más, las contradicciones que se manifestaron en la discusión y el debate de los diversos enfoque políticos y concepciones ideológicas, fueron el nervio del objetivo unitario alcanzado, como seguramente lo serán otras para su preservación y desarrollo futuros.

Muestra de ello es que en las primeras semanas posteriores a la constitución del PDA no tardaron en aparecer cuestiones neurálgicas que exigían solución. Los episodios de debate sobre los primeros puestos de la lista al Senado, que al final redundaron en una acertada decisión, tuvieron aspectos aleccionadores sobre la proyección y marcha de la recién creada organización. Entre ellos: que la amplitud para acoger nuevas fuerzas y personalidades no equivale a que las suyas sean puertas giratorias por donde se ingresa y sale a voluntad y sin ningún compromiso de atenerse en sus actividades políticas al Ideario y los estatutos que lo rigen, y que, ligado al ambiente democrático en donde se ventilen las controversias, está el acatamiento riguroso a lo que democráticamente se decida.

Pero precisamente al hacer prevalecer estos lineamientos se reveló que tras la rechazada exigencia de que una persona, cuya llegada fue bienvenida, ocupara el primer lugar en la lista, se escondía una pretensión de mayor calado: modificar el rumbo del PDA que acababa de ser señalado en sus estatutos y su programa. En efecto, se arguyó que el fondo de la cuestión, nunca expuesto ni discutido, radicaba en la existencia de un proyecto político que difería del acordado por todas las organizaciones congregadas en el PDA. Luego de que la autoría tanto de la exigencia como del proyecto se le atribuyó al alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, y su sector político, por todos los medios de comunicación se desataron editorialistas y comentadores adictos a otras ideas y banderías expresando un alud de consejos y consejas, recriminaciones y presiones, tachando de radicales a varios de sus candidatos; de inflexible la decisión democrática de la mayo¬ría; de postura intransigente la seria actitud política que caracteriza el surgimiento del PDA, y de tendencia a polarizar las manifestaciones críticas de la mayoría de sus dirigentes. Valen la pena unas cuantas acotaciones a tan abusivos afanes por de¬finirle a la izquierda su línea de conducta.

Radical por extrema, en cuanto en lugar de atenuarse se intensifica, es la situación colombiana de democracia y soberanía degradadas y una población menoscabada en sus derechos más elementales. No es de extrañar entonces el rigor y la contundencia de las posiciones críticas que frente a tal aberración social asumen tanto los integrantes de la izquierda como los no pocos demócratas que atesoran su arraigo nacional, reflejando así los anhelos de decenas de millones de compatriotas que la padecen. Simplemente es una actitud consecuente ante un estado de cosas que a los ojos de toda persona lúcida y civilizada clama que se cambie de raíz. Se explica así que quienes tienen uno u otro interés en que persistan los factores sociales y políticos que generan ese deplorable estado de cosas y, para ello, que se mantenga el predominio de los sujetos políticos que los alientan, se desboquen tratando de desvirtuar como radical toda opinión y conducta que anuncie y se dirija hacia tan esperado e indispensable cambio.

Lo que los principales voceros del anunciado proyecto político diferente expresan sin mayores especificaciones, y situándose en lo que alguien llamó el «extremo centro», es un culto a la moderación. Abogan porque propuestas y mensajes moderados presidan la actividad de una izquierda moderada. Ante semejante talante, por ahora basta decir que por definición el adjetivo moderado se le aplica en general a los partidos y personas de ideología conservadora. No hay registro histórico de un moderado que haya liderado algún avance social o que desde una posición moderada se haya aportado algo de importancia a la civilización. Y en cuanto a la lucha de clases del «marxismo gastado», es bueno aclarar que la lucha de clases no es una creación de la izquierda; la reconoce, la acepta y la libra, pero no la crea. La lucha de clases es una realidad objetiva que baña todo conjunto social. No hay período histórico de la vida en sociedad que pueda escapar a ella. Otra cosa es saber en qué interés y con cuáles métodos se libra en cada etapa o período. En esto parece que la reacción oligárquica y el imperialismo saben más que los adictos a la moderación conciliadora: la libran a diario de manera constante y abierta contra las clases populares.

Sin duda alguna, en los episodios mencionados y en las opiniones que en torno a ellos se emitieron se revela la existencia de dos tendencias: una, la de izquierda, cuyos fundamentos están contenidos en el Ideario de Unidad al que hace referencia el acápite inicial de este editorial, y otra opuesta que se autodefine como de centro. Entrañan ellas contradicciones llamadas a dirimirse con las reglas del juego democráticas prevalecientes en el escenario de unidad que ha constituido el PDA, lo que por lo demás le imprimirá a éste una necesaria y vigorosa dinámica. Arraigado por naturaleza en la izquierda, el MOIR, sin miopía que le impida apreciar la gran perspectiva, ni deslumbramiento que lo inhiba para avizorar las dificultades a superar, entrará sin prevenciones ni ambigüedades en esa liza. Allí sostendrá sus posiciones de principios con miras tanto a la indispensable resolución correcta de las diferencias como a la preservación de la gran identidad alcanzada con el resto de organizaciones.

***

En la inaugurada unión con otras fuerzas, la primera tarea, que concentra todos nuestros esfuerzos, está dirigida a elegir al compañero Jorge Enrique Robledo al Senado, a fin de que continúe su formidable labor política de convocar a los colombianos a que cojan camino hacia la resistencia civil contra todos los males que aquejan a la nación.

CARLOS GAVIRIA, VERDADERA OPCIÓN DE CAMBIO

Apartes de la semblanza escrita por David Jiménez Panesso, poeta y profesor universitario. Leída en el acto de presentación del Programa de Gobierno del doctor Carlos Gaviria.

Para trazar el perfil de Carlos Gaviria, como hombre público, intelectual y candidato a la presidencia de Colombia en representación de la izquierda democrática, nada más diciente que estas palabras, escritas por él como introducción a su ideario político: «Siempre he creído que las ideas son parte fundamental de la vida democrática. No puedo creer que podamos pensar los cambios que reclama la nación sin replantear¬nos con vigor el sentido de nuestras metas y aspiraciones colectivas. Tengo la convicción de que Colombia necesita pensar la política de otra manera; ejercerla a través de los medios de civilización y respeto que la humanidad entera busca anhelante. La ética, o, para decirlo de otra manera, la decencia pública, no es un adorno o sortilegio de la vida, sino que, por el contrario, expresa las realizaciones de la virtud ciudadana y la fuerza de la democracia, viva, actuante y participativa». Aquí está completo el retrato moral de Carlos Gaviria, con sus rasgos sobresalientes: la opción por la decencia y las formas civilizadas y respetuosas para enfrentar al adversario político, la defensa de la ética como inseparable compañera de la acción, la convicción de que la política exige ideas y que hay que pensarla para convertirla en metas colectivas. Cuando un político, en la coyuntura actual de la nación colombiana, afirma, y lo sostiene con su propio ejemplo, que la política también es cuestión de ideas y que en sus actos no puede prescindir de los principios éticos, algo está comenzando a cambiar, pues el espectáculo de la vida pública en el país, ha sido, desde hace mucho tiempo, todo lo contrario.

Los pedagogos y humanistas están destinados a traer a la política las exigencias de la verdad y de la justicia, sin adaptarlas a las medias tintas de las conveniencias privadas y a las mentiras de los que violentan la realidad para que ésta se pliegue a sus propias ambiciones. Ese contraste entre la política reducida a oficio lucrativo sin ideales y la política del que conserva ideales e intenta hacer valer principios en la práctica es lo que lleva a algunos a descalificar el idealismo en la vida pública y a condenarlo con el nombre de radicalismo. De Carlos Gaviria se dice todos los días que es un radical. No lo es, en el mal sentido que ha venido adquiriendo la palabra en las últimas décadas. Él es todo lo contrario de un dogmático y se encuentra en los antípodas del intolerante que se niega a escuchar las razones del adversario y trata de imponer las propias por medios distintos de la persuasión, incluida la fuerza. Radical, en el sentido estricto, etimológico, de la palabra, sí lo es, y esto significa que va a la raíz de los problemas, a las causas más profundas de los males sociales, y frente a ellos, propone soluciones de fondo, reformas duraderas, no paliativos ni medidas de compromiso.

Cuando un jurista con la trayectoria académica de Carlos Gaviria da el paso, y algunos juzgarán que un paso en falso, para adentrarse en la política, eso quiere decir que las reservas de humanismo acumuladas durante años de reflexión, lecturas y magisterio han encontrado un camino cierto hacia su expresión pública y aspiran a convertirse en impulso y guía para la acción. Su tránsito a la política no es la ya tradicional decisión de enriquecerse mediante el ejercicio del poder, sino, por el contrario, el idealismo del demócrata que se resiste a mantener las ideas guardadas en los anaqueles de la biblioteca o reservadas a la vida personal. Hay una máxima en filosofía que explica a la perfección este tipo de decisiones: no es sólo el pensamiento el que está obligado a entender y a adaptarse a las exigencias de la realidad; también la realidad debe seguir al pensamiento y transformarse de acuerdo con las concepciones de los hombres que buscan la verdad, en lugar de conformarse, como es norma hoy, y continuar tras de aquéllos que sólo se mueven por intereses particulares.

Con respecto al espectáculo de la vida política nacional decía Carlos Gaviria en una entrevista reciente, para la BBC, que la opinión pública, o un sector de ella, tenía frente al gobierno actual una relación de fe, capaz de contrariar las evidencias más aplastantes, lo cual le recordaba un pasaje del libro Sobre el amor de Stendhal. Un personaje de la obra encuentra a su amada en brazos de otro. Él se lo reprocha con vehemencia, pero ella lo niega. Cuando él insiste en que no puede negar lo que sus propios ojos están viendo, ella le dice: «Qué poco me quieres si das más crédito a tus ojos que a mis palabras». Con algunas variantes, son las palabras que todos los días dirige el presidente Álvaro Uribe a quienes se atreven a dudar de la magnitud de sus logros, de la credibilidad de sus cifras, del país de maravillas que ha llegado a ser Colombia durante su mandato, según él lo describe en sus discursos. Ha señalado que esta tendencia a construir realidades virtuales, en las cuales los conflictos y las miserias sociales desaparecen como por arte de magia, es un rasgo distintivo de los gobiernos autoritarios. Por métodos de propaganda, de repetición e insistencia por los canales masivos de comunicación, esa realidad construida pretende sustituir la realidad que los ciudadanos ven y experimentan todos los días.

Para la izquierda democrática es una verdadera fortuna que su representante más destacado sea un hombre de características tan opuestas al talante y la orientación del presidente actual. Carlos Gaviria es un maestro y un hombre de leyes, un apasionado de la justicia y del estado de derecho, un hombre formado en la filosofía, lector ejemplar y defensor, sin concesiones, de la autonomía individual. Es una fortuna que en la terrible degradación de la política que estamos contemplando en estos días, la izquierda pueda mostrar en su candidato el más alto ejemplo de honestidad y coherencia. Es una fortuna que la idea misma de una izquierda moderna y democrática se pueda deducir de la trayectoria de su candidato, de sus lecciones como maestro, de sus sentencias como magistrado y de sus posiciones sostenidas como senador. «Hay movimientos -dice Carlos Gaviria- que van en el sentido de la defensa de las libertades públicas, de los derechos individuales, de la igualdad y de un criterio redistributivo equitativo en la economía hay tendencias que sacrifican la vigencia de las libertades públicas y los derechos individuales, y les interesa más la consolidación de un estatus inequitativo que la construcción de un Estado más justo. A las primeras las llamo yo de izquierda y a las segundas, de derecha».

Carlos Gaviria estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia. Allí fue profesor durante treinta años, decano, director del Instituto de Ciencia Política y vicerrector general. Entre 1970 y 1971, estudió en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard. Entre 1993 y 2001, fue Magistrado de la Corte Constitucional, y presidente en 1996. En estos años, el nombre de Carlos Gaviria comienza a adquirir la resonancia que hoy tiene y a ser identificado por la opinión pública con algunas de las causas que en este momento unifican a los sectores democráticos del país. Desde la Corte Constitucional continuó su labor de pedagogía jurídica. Las lecciones fueron, básicamente, de respeto a la autonomía personal, de defensa de las minorías y de énfasis en el principio de igualdad. Para el magistrado Carlos Gaviria, la libertad en una sociedad democrática no es un principio abstracto sino la posibilidad individual de decidir sobre diferentes modos de vida. La idea de unidad nacional gregaria, todos detrás del mismo líder, de las mismas consignas, del mismo lenguaje, del mismo partido, está a un paso de abolir los fundamentos de la democracia, y pocas veces lo habíamos visto de manera tan clara como hoy.

No es exagerado afirmar que el comportamiento de Carlos Gaviria en el Senado de la República es ejemplar. Aquí vale la pena citar, por su total imparcialidad en este caso, el concepto que aparece en la página web de la organización ciudadana Votebien: «La mayoría de los análisis coinciden en señalar que el senador Gaviria es producto de una franja de opinión muy definida, que se congregó en torno a su figura para apuntalar un proyecto político». Y agrega: «Su voto es el más caracterizado en la franja de la opinión. Ex presidente de la Corte Constitucional, se convirtió en un fenómeno nacional al alcanzar la quinta mayor votación para el Senado». Su propósito en el Senado, explícito desde un principio, fue el de impulsar proyectos de ley para favorecer la igualdad material de los ciudadanos, el trato equitativo a los grupos discriminados y marginados como los indígenas, las mujeres, las negritudes y los homosexuales y el de promover y apoyar las iniciativas destinadas a la búsqueda de la paz mediante la generación de empleo, el fortalecimiento de la educación y la cultura y el reconocimiento del valor social del trabajo. Se sabe de las batallas que libró contra la reelección presidencial, contra las reformas laboral y tributaria, y, en general, contra la política social y económica de un gobierno que ha trabajado duramente para hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Es conocida también su insistencia en una política de paz negociada, que represente los intereses de toda la sociedad y que implique la abolición de las iniquidades en que está basada la sociedad colombiana.

Esta trayectoria ha conducido, por su propia coherencia, y en buena hora, a la candidatura presidencial de Carlos Gaviria.

Programa de gobierno de Carlos Gaviria Díaz: CONSTRUYAMOS DEMOCRACIA, NO MÁS DESIGUALDAD

Bogotá, febrero 24 de 2006

Los colombianos y colombianas necesitamos y merecemos vivir mejor. El objetivo final de la política y del Estado debería ser conducir las decisiones, canalizar los recursos y enfrentar los conflictos y las dificultades sociales de manera que se logre garantizar el máximo bienestar a todos los ciudadanos y ciudadanas. La propuesta que de manera sintética presentamos a consideración del país, se orienta en esa dirección. No pretende ser una fórmula mila¬grosa o una verdad indiscutible sino una invitación a construir juntos un modelo de sociedad y de Estado que supere las injusticias, deficiencias y enfrentamientos acumulados en el pasado y haga posible encontrar caminos de solución, equidad y progreso.

El lema de nuestra campaña resume bien el conjunto de la propuesta:

Construyamos democracia, no más desigualdad

Estamos convencidos de que la esencia de nuestros problemas radica en las enormes desigualdades de todo tipo que hoy padecemos como consecuencia del modelo económico, político y de ordenamiento social imperante, y en la precariedad, limitaciones y deformaciones de nuestra democracia. Por tanto es preciso dedicar todos los esfuerzos a combatir las desigualdades y a construir una democracia viva y vigorosa.

Sabemos que hay intereses muy fuertes, nacionales y transnacionales, que se han beneficiado de las inmensas desigualdades que existen en el país y que, por tanto, se oponen a reconocerlas y combatirlas. Y sabemos también que algunos sectores pretenden presentarnos el régimen vigente como una democracia profunda, señalando a quienes advertimos sus graves deficiencias como enemigos de la democracia.

No somos extremistas, ni guerreristas, ni enemigos de la democracia y del Estado Social de Derecho. Por el contrario, somos demócratas, defensores del Estado Social de Derecho y pretendemos con esta propuesta fundamentar e impulsar, sin sectarismos pero sin ambigüedades, una alternativa de izquierda democrática en el país que encarne la verdadera oposición al modelo y gobierno actuales. Una oposición que no sólo critique, sino que arriesgue soluciones. Que no sea más de lo mismo, sino que marque diferencias fundamentales. Que aprenda del pasado, pero que le apunte al presente y al futuro del país. Que sea incluyente, pero a partir de ideas y prác¬ticas que la diferencien claramente de la forma tradicional de hacer política. Que reubique a Colombia en el escenario internacional, y en especial en el nuevo mapa político de América Latina, pe¬ro sin plegarse a las imposiciones de ninguna potencia ni copiar acríticamente los modelos de otros países.

Para que la propuesta que presentamos pueda desarrollarse y convertirse en un programa de gobierno se requiere de la participación y la creatividad de todos y todas los/las que la comparten y apoyan. Participación en su discusión, maduración y difusión. Y participación activa y organizada en los próximos procesos electorales que la legitimarían y convertirían en un mandato popular. Pero sobre todo se requiere de una enorme creatividad para convertir las ideas en hechos y soluciones efectivas. El pueblo colombiano ya ha dado prue¬bas de su enorme creatividad. Esta es una oportunidad excepcional para que la creatividad produzca una nueva esperanza.

I. LA LUCHA CONTRA LA DESIGUALDAD

Recuperación del campo y el mercado interno con empleo y salario justos

Igualdad con recuperación del campo. Buscaremos la recuperación del papel social, cultural y productivo de la tierra mediante: el impulso a la productividad agro¬pecuaria para garantizar la soberanía y autoabastecimiento alimentario; la restricción a las importaciones de productos del agro que pueden producirse en Colombia; el establecimiento de precios de susten¬tación remunerativos, estables y garantizados por el Estado; la ejecución de un control sobre los costos de insumos agrope¬cuarios y demás costos de producción; la creación de créditos suficientes, oportunos y baratos para los campesinos; la condonación de las deudas del sector agro¬pe¬cua¬rio; el respeto y la ampliación de los territorios colectivos campesinos, indí¬genas y de comunidades negras; la redistribución del latifundio improductivo y la devolución de sus tierras a los desterrados por la violencia política de los últimos años.

Igualdad con desarrollo industrial. Impulsaremos la industria nacional, apoyaremos la pequeña y mediana empresa, y protegeremos el trabajo comunitario, solidario, cooperativo, mediante el fortalecimiento del aparato productivo nacional y el mercado interno y la restricción a las importaciones de productos hechos en Colombia.

Igualdad con seguridad laboral. Propondremos el fortalecimiento del seguro y el subsidio al desempleo, el primero destinado a aquellas personas que han perdido su trabajo, y el segundo a aquellas que nunca lo han tenido.

Igualdad con derechos laborales. Propiciaremos la aprobación del Estatuto del Trabajo, concertado con los trabajadores y ajustado a la Constitución Política y a las directrices de la Organización Mundial del Trabajo.

Construcción de un modelo económico que garantice la equidad

Igualdad sin Tratado de Libre Comercio, TLC. Nos opondremos a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y, en caso de ser ratificado, haremos lo posible para contrarrestar sus efectos nocivos y buscar su rene¬go¬cia¬ción.

Igualdad sin deuda pública. Buscaremos la renegociación de la deuda colombiana para recuperar recursos financieros que permitan fortalecer la inversión social; no aceptaremos los denominados Acuerdos Stand by que impongan al país exigencias legales y políticas públicas que vayan en contra de los intereses de la población; buscaremos mecanismos para suspender el proceso de canje de deuda externa por interna mostrando las graves consecuencias en materia de endeudamiento interno; exigiremos que el pago a los acreedores internacionales se haga de manera directa con los excedentes en divisas, para reducir el monto total de la misma en términos reales.

Igualdad con control de la economía. Presentaremos al Congreso de la República una iniciativa constitucional de reforma al Banco de la República con el fin de que su acción se dirija, de la mano de la política gubernamental, a incentivar los sectores productivos de la economía y no exclusivamente a mantener estabilidad y rentabilidad en el sistema financiero; buscaremos la recuperación de la soberanía sobre el control de cambios y el control monetario para incentivar los sectores productivos y garantizar el bienestar general.
Igualdad tributaria. Someteremos a discusión una reforma tributaria orientada por los principios de progresividad y equidad; propondremos la eliminación de las exenciones y descuentos tributarios a las rentas del capital; propondremos la creación de un impuesto permanente y progresivo sobre patrimonios líquidos superiores a 1.000 millones de pesos; propondremos las reestructuración del IVA, excluyendo los alimentos y productos de primera necesidad y elevando el de los bienes suntuarios y de lujo; crearemos un sistema de información sobre la propiedad de la tierra con el objeto de facilitar el proceso de recaudo de los impuestos sobre la misma.

II. LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA

Garantía de derechos políticos, económicos, sociales y culturales

Democracia con participación política y respeto a la diversidad. Ratificaremos la plena vigencia del Estado Social de Derecho; implementaremos una política nacional de construcción y profundización de la democracia plural y desde abajo; adelantaremos políticas que se dirijan a hacer efectivo el derecho a la participación de todas y todos y garanticen su incidencia en las instancias de decisión; propondremos reformas al sistema electoral y a las instancias de representación, de acuerdo con los principios de participación, transparencia, servicio público e interés nacional, a fin de garantizar la adecuada representación social y popular, étnica, de género, táreo y de diversidad religiosa y sexual; promocionaremos las formas de organización social comunitarias de base y apoyaremos la recuperación del tejido social.

Democracia sin discriminación. Protegeremos la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana y pondremos en marcha una política contra el racismo y la discriminación de la mujer, los negros, los indígenas, los raizales, los rom, los ancia¬nos, los jóvenes, la niñez, los desplazados por la fuerza y demás poblaciones discriminadas; aseguraremos las mismas oportunidades de empleo y defenderemos el precepto de «a igual trabajo, igual salario»; defenderemos los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, y su derecho a la libre opción sobre su cuerpo; rechazaremos las expresiones sexistas, racistas, la violencia pública y privada contra las mujeres y otros grupos de población; nos opondremos a la utilización del cuerpo como botín de guerra; e impulsaremos políticas que promuevan los derechos plenos de los homosexuales, bisexuales y transgene¬ristas.

Democracia con salud. Ante la grave situación de salud pública, la costosa demostración de lo inadecuado e inequitativo del sistema de salud impuesto con la ley 100 de 1993, proponemos poner en funcionamiento un nuevo sistema de salud basado en los siguientes principios:
1. La salud como un derecho humano fundamental y no como una mercancía. Para lograrlo se impulsará en el Congreso la derogatoria de la Ley 100 de 1993, con el propósito de acabar con la diferencia de una atención para ricos y otra para pobres, la mercantilización de la salud, la interme¬diación financiera y la corrupción rampante que permite que agentes privados nacionales y trasnacionales se apropien de gran parte de los recursos públicos dedicados a la salud; por consiguiente, el Estado no será más el árbitro de los negocios sino el garante efectivos del derecho a la salud.
2. Salud pública y atención de las enfermedades. Se diseñará un modelo que garantice a todos y a todas la atención oportuna y adecuada en caso de enfermedad y el suministro de los medicamentos necesarios, con particular atención a los ni¬ños, los ancianos, los discapacitados físicos y psicológicos y las mujeres embarazadas, y que permita la recuperación y el fortalecimiento de la red pública de hospitales y puestos de salud. Un modelo que tenga en cuenta los sistemas tradicionales de salud de los pueblos indígenas, afros, rom, campesinos, y su adecuada y respetada articulación al Sistema Nacional de Salud.

Democracia con educación y cultura. Nos proponemos fortalecer la educación pública mediante la presentación al Congreso de una Ley Estatutaria de Educación para que ésta sea universal, de calidad, gratuita y obligatoria en los niveles de preescolar, básica primaria, básica secundaria y media; fortaleceremos la formación técnica laboral y la universidad pública; haremos efectiva la libertad de cátedra; mediante la expedición de un Estatuto único de la profesión docente restableceremos los derechos laborales salariales y profesionales conculcados al magisterio; fomentaremos la investigación científica y el desarrollo tecnológico, lo mismo que el deporte masivo y la recreación gratuita.

Democracia con cultura y comunicaciones. Implementaremos una política cultural nacional y científica dirigida a apoyar los procesos de reconciliación, respeto a las diferencias, la tolerancia y la diversidad, así como a exaltar los valores culturales propios. El área de comunicaciones será considerada como estratégica para el país, por lo cual, el Estado impedirá el monopolio, recuperará el carácter de bien público y de servicio social de la información, impulsará la democratización de los medios de comunicación públicos, fortalecerá los medios alternativos de comunicación y regulará los medios de masas privados, garantizando el derecho a la expresión y a la libertad de prensa.

Democracia con seguridad social integral. La seguridad social integral es parte de la columna vertebral del Estado Social de Derecho que vamos a construir. Diseñaremos un modelo de seguridad social integral y de carácter público que elimine el lucro privado del sistema de pensiones y que garantice la seguridad alimentaria, la laboral, el ambiente sano. Como soporte de la seguridad social integral, el Estado pagará su deuda con el ISS.

Democracia con vivienda. Ejecutaremos políticas de vivienda digna con créditos que hagan posible la satisfacción de las necesidades de vivienda social e impidan que su construcción se convierta en un negocio para el beneficio del capital financiero.

Negociación política del conflicto social y armado

«Paz de carretera no es paz duradera». Reconocemos la existencia en el país del conflicto social y armado interno. Entendemos la paz como un valor que va más a allá de la superación del conflicto interno y que debe propiciar la superación de la cultura de la violencia y el establecimiento de formas y métodos sociales de concer¬tación de la diferencia. Teniendo en cuenta la historia reciente del país y la dinámica de los movimientos sociales reivindica¬ti¬vos y de resistencia, proponemos una política integral de paz que incluya: solución de las causas económicas, sociales y políticas más profundas del conflicto; negociación política con las organizaciones armadas y plena vigencia del Estado Social de Derecho.

Solución política del conflicto. Convocaremos a los partidos políticos, las organizaciones y movimientos sociales, los empresarios, las centrales obreras, las or¬ga¬nizaciones campesinas, indígenas y agropecuarias y demás agrupaciones de la sociedad para que, conjuntamente y de manera participativa, construyamos una política de diálogo con los grupos armados al margen de la ley; exigiremos a todos los sectores armados el respeto a la población civil, la naturaleza y el patrimonio público; nos empeñaremos en la realización de acuerdos humanitarios entre el Estado y los grupos armados al margen de la ley; presentaremos al Congreso de la República una iniciativa legislativa que cree mecanismos eficaces para garantizar la verdad, la justicia y la reparación integral de los daños sufridos por las víctimas de la guerra interna; adoptaremos una política nacional para superar la crisis humanitaria que atraviesa el país, teniendo especial cuidado en la atención de la población en condiciones de desplazamiento, emplazamiento y confinamiento forzados.

Política de drogas. Plantearemos el debate sobre la despenalización de la producción y consumo de estupefacientes y llevaremos una iniciativa al Congreso que recoja los resultados del mismo; crearemos estrategias culturales y de salud pública orientadas a prevenir el consumo de drogas; atacaremos la oferta de drogas otorgando alternativas de producción para los campesinos; y apoyaremos la investigación sobre usos alternativos de los cultivos que sirven de insumo para la producción de estupefacientes e incentivaremos su industrialización.

Democracia sin impunidad. Abogaremos por una administración de justicia imparcial, independiente, gratuita y eficaz; radicaremos en el Congreso de la República una ley en la cual se establezca la jurisdicción especial para la protección de los derechos sociales, económicos y culturales; incrementaremos el presupuesto asignado al sector de la justicia; adelantaremos un proceso, de la mano con el Consejo Superior de la Judicatura, dirigido a mejorar la preparación de los fiscales y jueces y demás profesionales encargados de administrar justicia en el país.

La dignidad del Estado: su soberanía

El principio de la libre autodeterminación. Reclamaremos y cumpliremos el principio de la libre autodeterminación de las naciones y los pueblos.

Una nueva política internacional. Estimularemos las relaciones con diferentes países de Latinoamérica y el Caribe, la Unión Europea, África y los países del Pacífico; apoyaremos el proceso de Integración Alternativa de las Américas vinculado a la Comunidad Suramericana de Naciones y el proceso de cambio que se viene gestando en diferentes países de la región.

Soberanía económica. Daremos primacía a la soberanía económica del país en la relación con los órganos multilaterales de crédito como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Seguridad soberana. Desmontaremos las bases militares de EU en Colombia y exigiremos la salida de las tropas extranjeras del territorio nacional.

Recuperación del patrimonio público. Defenderemos la gestión y la administración pública sobre los servicios públicos esenciales del Estado y las áreas económicas y sociales estratégicas.

Hacia un Estado regional, descentralizado y democrático

Una nueva organización territorial. Promoveremos la expedición de una ley orgánica de ordenamiento territorial que sea resultado de un proceso de construcción social, que consulte las realidades económicas, políticas, sociales, geográficas, ambientales y culturales de las poblaciones urbanas, campesinas, indígenas, raiza¬les y negras, y que permita la creación de regiones y provincias autónomas capaces de aprovechar sus fortalezas, garantizar la unidad de la nación y fortalecer la descentralización y desconcentración del poder del Estado frente al Ejecutivo.

Democracia con ambiente sano. Implantaremos un modelo de aprovechamiento solidario, sostenible y equitativo del patrimonio ecológico para garantizar la autosuficiencia, autonomía y soberanía alimentaria, energética y ecológica; defenderemos el patrimonio ambiental y tomaremos las medidas necesarias para impedir su privatización.

La lucha contra la corrupción
Cultura de honestidad. Estableceremos una política y una cultura de gestión pública honesta y participativa para la elaboración de los presupuestos, los planes de desarrollo y las políticas públicas.

Fortalecimiento de las instituciones. Fortaleceremos las instituciones ejecutivas del Estado para su eficiente gestión al servicio de la vigencia y el ejercicio de los derechos y libertades democráticas; fortaleceremos los órganos de control del Estado (Procuraduría, Contraloría y Defensoría del Pueblo) y los mecanismos de control social para garantizar el cabal y transparente ejercicio de la función pública; fortaleceremos la carrera administrativa, de tal forma que los cargos de libre nombramiento y remoción y los contratos de prestación de servicios no sean fuente de corrupción, politiquería y clientelismo.

Garantías políticas. Impulsaremos la aprobación de un Estatuto de la Oposición y el financiamiento estatal de las campañas políticas.

Gestión con responsabilidad. Consolidaremos la judicialización de los corruptos exigiendo que estos repongan los recursos apropiados de manera indebida.

Para que esta propuesta se convierta en realidad se requiere un amplio trabajo de participación y debate en todos los niveles de la sociedad colombiana. Es un camino de construcción democrática, en el cual la elección de Carlos Gaviria Díaz como Presidente de la República será un paso esencial pero apenas inicial para la verdadera transformación de Colombia.

MASIVOS APOYOS A CARLOS GAVIRIA

Bogotá, febrero 24 de 2006

De los artistas y escritores

En carta publicada por la prensa, Carlos Gaviria recibió el apoyo de más de ochocientos poetas, pintores, escritores, músicos, directores y guionistas de cine y televisión, dramaturgos, historiadores, caricaturistas, fotógrafos, periodistas y editores, encabezados por figuras de la prestancia de Juan Manuel Roca, Mario Rivero, Pepe Sánchez, Rogelio Echavarría, Rómulo Bustos, Nicolás Suescún, Santiago Mutis, Fernando Rendón, Rafael H. Moreno Durán (qepd), Rafael Gutiérrez Girardot (qepd), Óscar Collazos, Alfredo Molano, Reinaldo Spitaletta, Ricardo Cano Gaviria, Roberto Rubiano, Luis Fayad, Arturo Alape, Efraín Medina, Santiago García, Samuel Vásquez, Fabio Rubiano, Patricia Ariza, Rodrigo Sal¬darriaga, Antonio Samudio, Augusto Rendón, Pedro Alcántara, Fernando Oramas, Ángel Loochkartt, Felipe Arango, Lisandro Duque, Víctor Gaviria, Felipe Aljure, Ciro Guerra, Fernando Laverde, Carlos Mayolo, Jaime Barbini, Aristarco Perea, Jesús Abad Colorado, Arlex Herrera, Mónica Agudelo, Mauricio Miranda, Liuba H. Leap, Felipe Escobar, Patricia Hoher, Carlos Nicolás Hernández, Álvaro Camacho Guizado, Medófilo Medina, Carlos Vidales, Sergio De Zubiría, Nelson Fajardo, Carlos Sánchez y muchos otros.
De la carta de apoyo destacamos el siguiente párrafo: «Por todo esto creemos los firmantes de este documento que Carlos Gaviria Díaz es el único candidato a la presidencia de la república que nos representa y que representa también lo que ponemos de manifiesto. Es un humanista, un constitu¬cio¬nalista que viene de la Academia, que comporta una actitud democrática y abierta precisamente contraria a la actual, a la de un gobierno que ha hecho de una política de bolsillo un tráfico de conciencias. No vemos otro candidato que en verdad represente la otra cara de la moneda. Una moneda que no tenga por los dos lados el sello de la soberbia o la cara del engaño».

De los sindicalistas

Conscientes del deber proletario de unirnos con el resto de los sectores demócratas y progresistas, para adelantar actividades de resistencia contra el gobierno de Uribe Vélez y las políticas del gobierno norteamericano, los dirigentes del movimiento sindical recibimos con entusiasmo la postulación del senador Carlos Gaviria como candidato presidencial y lo animamos a continuar en el loable propósito de unificar en un gran frente a todos los damnificados por las medidas económicas y sociales, y por el autoritarismo del Estado comunitario y la seguridad democrática. Su candidatura a la Presidencia es un gran paso hacia una propuesta de unidad nacional que perdure y le traiga al país la concreción de una nación soberana y próspera con plena democracia. Para quienes firmamos, el programa que usted está agitando, y su candidatura que bien lo encarna, son garantía de una representación digna y esperanzadora en el próximo debate electoral.

Firman, del Comité Ejecutivo Nacional CUT, Gloria Ramírez, Miguel Antonio Caro, Alfonso Velásquez, Gustavo Triana, Álvaro Morales, Diógenes Orjuela, Domingo Tovar, Tarsicio Rivera, Orlando Ospina, Albín Anaya, y más de mil quinientos dirigentes de las centrales obreras y de los principales sindicatos del país.

De los indígenas Del Cauca:

«En reunión de Junta Directiva de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –ACIN Cxahb Wala Kiwe (Territorio del Gran Pueblo)–, hemos tomado la decisión de respaldar su Precandidatura Presidencial.»

Firman la declaración: Rangel Giovanni Yule Zape, Representante Legal Proyecto Integral; German Campo, Suplente. Proyecto Yulucx; Sara Dagua, Proyecto Sar Finxi Kiwe; Ezequiel Vitonas, Proyecto Nasa; Ernesto Cunda Dauqui, Proyecto Unidad Paez; Jairo Perdomo, Proyecto Global; Jorge Con¬da, Proyecto Cxa cxa wala.

De Caldas:

El Movimiento de Unidad Indígena Popular por Caldas decidió sumar sus fuerzas a la campaña Carlos Gaviria Presidente y anunció que se identifica con el proyecto político del candidato.

La Declaración de apoyo lleva las firmas de José Nelson Ortiz Guapacha, presidente de la organización, y de Sandra V. Trejos Ruiz, secretaria. El Movimiento cuenta en la actualidad con un diputado en el departamento, Félix Antonio Hernández, y ocho concejales en Supía y Riosucio. Eligió asimismo al alcalde de esta última población, Darío Edgardo Tabasco Bueno.

De los estudiantes de universidades privadas bogotanas

Más de dos mil estudiantes han firmado la carta de apoyo decidido a la candidatura de Carlos Gaviria, entre los cuales están los dirigentes Santiago Pardo y Santiago Espinosa (U. de los Andes), Mario Pinzón (El Rosario), Felipe Jiménez y Camilo Napoleón (Javeriana), Santiago Carrera (Tadeo Lozano), Federico Suárez, Manuel Sarmiento, Carlos Lozano (Externado), Gabriel Rodríguez (San Buenaventura), Juan Fernando Sánchez (La Sabana), Donaldo Casado y Paola Torres (Unilibre), Carlos André (Libertadores), Ignacio Pulido (Autónoma).

FALLECEN DESTACADOS DIRIGENTES REGIONALES DEL MOIR EN RISARALDA Y QUINDÍO

Bogotá, febrero 24 de 2006

ALBEIRO OSORIO VARGAS

Por Fernando Restrepo

El 28 de diciembre falleció en el hospital San Jorge, de Pereira, Albeiro Osorio Var¬gas, tras soportar una penosa enfermedad. Albeiro se vinculó al MOIR desde muy joven y le sirvió al Partido y a la causa de los trabajadores y del pueblo con un espíritu abnegado y sin vacilaciones.

Fiel a las enseñanzas de Mosquera, fue ante todo un hombre valiente y de principios que no se arredraba ante lo difícil de las tareas. Sin desmayo, supo mantenerse firme hasta el final aun en medio de las inevitables dificultades personales.

No transigió con los enemigos de clase y fue implacable también con todos aquellos que les hacen el juego y se lucran con el negocio del sometimiento de la nación. Albeiro enfrentó con coraje múltiples momentos de persecución, como cuando fue detenido en el Paro Cafetero de 2001. Estuvo siempre al lado de los obreros, campesinos y sectores populares. Actuó dinámi¬ca¬mente contra la privatización de la salud, fue un activo organizador de la gran marcha a Bogotá por la defensa de este derecho fundamental del pueblo y se vinculó con entusiasmo a la Minga Indígena Embera de octubre del año pasado.

Albeiro trabajó sin desfallecer en el sector de la salud, en el que llegó a ser un destacado dirigente nacional. Igualmente perteneció al Comité Ejecutivo Regional del MOIR y fue colaborador de Tribuna Roja.

En el departamento estuvo al frente del movimiento obrero. En el agudo conflicto de los trabajadores de Bavaria, puso su capacidad de lucha al servicio de esta batalla de resistencia. Asesoró con esmero a los trabajadores de Postobón, de Bienestar Familiar y de los bancos, y lideró con éxito la lucha de los vendedores ambulantes, en un periodo en que la administración local pretendió limpiar a sangre y fuego las calles pereiranas. Allí estuvo en medio de los gases lacrimógenos, los decomisos de mercancías, las amenazas, las palizas propinadas por los ESMAD contra los trabajadores de la calle y las madres cabeza de hogar que permanecen allí todavía. Tan feroz persecución le permitió organizar este sector que se encontraba atomizado y dentro de él dejó una semilla de resistencia que sigue sus enseñanzas.

Se propuso educar y cualificar el sector obrero, para así enfrentar en mejores condiciones las arremetidas del gobierno y del imperialismo. Albeiro era un estudioso de los temas nacionales e internacionales e hizo del conocimiento la mejor herramienta de liberación. Utilizó sus grandes conocimientos de autodidacta en sistemas y computación, y logró darle inicio a una biblio¬teca con los clásicos del marxismo, bajadas de la red, para estudio de los compañeros y militantes. Reactivó la Escuela de Formación, a la que quincenalmente asistían obreros, vendedores ambulantes y amigos del Partido.

Albeiro se comprometió con la causa de los desposeídos y profesó la filosofía de los grandes maestros del proletariado; compromiso que exige grandes sacrificios personales. Vio en ella el valioso arsenal de las armas ideológicas a la cual, necesariamente tendrán que acudir las generaciones futuras de jóvenes deseosos de emancipación, si de veras quieren alcanzar sus propósitos: el precioso legado de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y en nuestro entorno: Francisco Mosquera.

El ejemplo de Albeiro se propone como un modelo digno para los jóvenes actuales, a quienes también la sociedad imperialista les programa otro modelo bien opuesto: un modelo light de ser y actuar; modelo que tergiversa su natural instinto rebelde, por una seudo imagen juvenil carente de espíritu de lucha y de coraje porque los embota con los vapores mefíticos del consumo, de la moda y del afán de estar in, para terminar finalmente aceptando pasivamente el modelo que domestica y oprime. Albeiro soñó con una Colombia libre y soberana, en donde todos sus hijos puedan gozar de un futuro mejor, y en una patria para los obreros del mundo. Albeiro fue un comunista.

Su ejemplo y espíritu de lucha caen en terreno fértil y se multiplicarán por doquier.

OSVALDO AMARÍS

Por Antonio Gutiérrez

Osvaldo Amarís Sampayo nació hace 48 años en Cartagena. El Costeño, como muchos le decíamos, había escogido desde muy joven el camino de estar al lado de los desposeídos, y de rebelarse contra la injusticia. Ya en la década de los setentas del siglo XX participó en las luchas por la tierra de los campesinos de la Costa.

Lo conocimos en 1999 a raíz del terremoto de Armenia, en el alojamiento temporal 19 de Enero. Desde ese momento nos acompañó y se convirtió en uno de los líderes más destacados de la lucha de los damnificados que lo habían perdido todo. Participó de manera decisiva en la organización de la Dederación de Damnificados del Quindío. Y en medio de la lucha de masas para conquistar el derecho a la vivienda para las 11 mil familias de arrendatarios que habitaban los alojamientos temporales de la zona del desastre, y en especial al proyecto de los «Comuneros» de Montenegro, Osvaldo se vinculó al MOIR.

Entre las tantas virtudes de Osvaldo, es bueno destacar su facilidad de vinculación a las masas, la defensa vehemente de sus derechos y su capacidad para organizarlas y construir partido. Fueron muchas las movilizaciones que dirigió de los usuarios de los servicios públicos contra la privatización, las altas tarifas y los cortes de esos servicios, así como en defensa de la salud y la educación públicas.

Fue secretario local del MOIR en Montenegro, y miembro del Comité de Dirección Regional. Luchó contra el buro¬cratismo dentro del Partido. Decía que militante que no se vinculara y desarrollara trabajo de masas, no entendía en qué partido estaba. Combatió la pereza y la molicie en las tareas. Poseía una amplia cultura, ya que era un estudioso de la literatura, la música, el marxismo. Promovía el estudio de los escritos de nuestro fundador, Francisco Mosquera. Tenía una posición de clase proletaria y llevaba una vida sencilla. A sus intereses propios siempre les anteponía los intereses del partido, de las masas y de la revolución.

Osvaldo le puso gran énfasis al trabajo entre la juventud, y ahí sembró semillas que han empezado a dar importantes frutos. Muestra de ello es el desarrollo de compañeros como Raúl, Edwin, Carlos, Zulma, Jorge, Roberto, Alexis, Marta, Lucy, Yesenia, Julián, y muchos más.

En Montenegro abanderó la lucha contra el referendo uribista. Fue decisivo su papel de dirección en la derrota de la pretendida área metropolitana de ese municipio, hasta el punto que sus enemigos tuvieron que reconocerlo. Fue también destacada su participación en las moviliza¬ciones contra la fima del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y contra la reelección uribista.

Durante el último año Osvaldo no sólo abanderó las luchas del pueblo, también tuvo que librar su combate contra la enfermedad que en últimas le ganó la pelea, el cáncer pulmonar. Lo atormentaba «que acabara su vida sin haber hecho lo suficiente por la causa revolucionaria».

Es doloroso entregarle a la tierra los restos mortales de tan entrañable amigo y camarada, de un luchador revolucionario ejemplar como fue Osvaldo Amarís.

El mejor homenaje que podemos rendirle es convertir ese dolor en fuerza y continuar construyendo sin descanso el camino que recorría y que no pudo culminar, hasta que logremos conquistar una Colombia libre, soberana, democrática y popular como él la quería. Es el reto para quienes sus compañeros y para quienes dueron sus discípulos.

La muerte, como dijera Mao Tse Tung, tiene dos significados: puede tener el peso de una montaña o pesar menos que una pluma. Si se muere después de haber dedicado todos los esfuerzos a la defensa de los intereses del imperialismo y de los explotadores y opresores, pesa menos que una pluma. Pero si se muere después de haberse entregado a la lucha por el pueblo y por la patria, como lo fue en el caso de Osvaldo, tiene más peso que las tres cordilleras de los Andes colombianos.

JORGE ENRIQUE ROBLEDO EN EL ALMA DE LA NACIÓN

Por la redacción de TRIBUNA ROJA

Líder de las protestas cafeteras, las marchas campesinas y los paros agrarios, dirigente político y gremial, prolífico escritor y columnista, asesor de las ligas de servicios, arquitecto y profesor universitario, senador y tribuno, son algunas de las facetas de quien es hoy reconocido como una de las voces más preclaras en defensa de los intereses del país.

Hombro a hombro con los sectores populares

Fundada por Robledo hace ya 22 años, la Unión Cafetera Colombiana, posteriormente Unidad Cafetera Nacional –presidida por Fabio Trujillo Agudelo–, comenzó a granjearse la simpatía de los empobrecidos cultivadores al convocarlos a una serie de marchas de protesta que culminaron, en 1995, en el más grande paro cafetero de la historia colombiana. En él tomaron parte más de 151 municipios de diez departamentos y se logró la condonación de las deudas de cien mil pequeños caficultores.

Unidad Cafetera no ha cesado de crecer desde entonces. En un nutrido desfile hacia Bogotá, los productores regaron café por toda la Plaza de Bolívar y la tribuna de los oradores fue una chiva, transporte típico de los sectores campesinos; entretanto, Jorge Enrique Robledo intervenía en su nombre en el recinto del Congreso.

Ante este valeroso ejemplo, Ángel María Caballero, dirigente de los arroceros, y Jorge Enrique Robledo decidieron unir fuerzas y fue así como se fundó en 2000 la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, que agrupa hoy a un amplio espectro de sectores del campo que han adelantado batallas memorables en defensa de sus intereses, afectados por la creciente injerencia de los monopolios, como lo fuera el formidable paro agrario del 31 de julio de 2001.

Con su presencia y respaldo han contado, en una somera enumeración, la manifestación contra la Ley de Páramos, en 2005; la Marcha Pijao de Ibagué y la Minga Embera, del mismo año; el paro cívico de Manizales contra el cierre del Hospital de Caldas; en esa misma ciudad la protesta contra la venta de la CHEC y la toma de las compañías fosforeras por el capital foráneo; las movilizaciones en todo el país contra el aniquilamiento de la red pública hospitalaria; el impulso al referendo contra la privatización de la Empresa Telefónica y el liderazgo en rechazo de la privatización de la recolección de basuras y la valorización. Por otra parte, el paro petrolero de la USO en 2004, la resistencia de profesores y estudiantes de varias universidades, especialmente los de la Universidad Nacional de Colombia contra las lesivas reformas que impulsa el gobierno de Uribe Vélez, las manifestaciones de la CUT y demás centrales obreras, las marchas de los arroceros en El Espinal y hacia Bogotá, en la primera de las cuales los productores bloquearon las carreteras con maquinaria agrícola y hasta las avionetas fumigadoras volaron casi a ras de suelo en solidaridad con la protesta. Fueron importantes asimismlas marchas paneleras y la defensa de los productores en todo el territorio nacional, las protestas contra el Ingenio Padilla y el proyecto de ley por la derogatoria del IVA a la panela; durante una marcha panelera a Bogotá, los campesinos llevaban matas de caña como estandartes. También combatió Robledo contra la privatización de las telecomunicaciones y desempeñó un papel protagónico en la organización de las ligas de usuarios de los servicios públicos y en las protestas contra el alza en las tarifas de los servicios públicos y, en fin, en cuanta batalla del pueblo colombiano ha podido contribuir, con esfuerzo y dedicación ejemplares.

Patriota y demócrata consecuente

Todo líder que reclame el apoyo de la gente deberá ser juzgado por su dedicación a la causa de la soberanía nacional. Tal es la mayor valía política de Jorge Enrique Robledo. Desde que iniciara su vinculación al MOIR, Robledo no ha flaqueado en la batalla contra la dominación estadounidense. Y esta es también su más enaltecedora insignia en sus cuatro años en el Senado. Allí su principal esfuerzo se ha orientado a defender los fueros patrios y a desenmascarar a quienes, sin importar su bandería política, los han pisoteado.

Tanto desde el Congreso como en la prensa, los foros académicos y las diferentes expresiones de la lucha popular, Robledo no se ha cansado de fustigar la desna¬cio¬nalización de la economía a manos de los monopolios foráneos. Denunció que desde 1990 han pasado a manos extranjeras, entre otros, los bancos Ganadero y Bancoquia, el carbón y el gas de La Guajira, el níquel de Cerromatoso, las cementeras Diamante y Samper, Caracol Radio, Coltabaco, Ba¬va¬ria, Avianca y Tubos del Caribe. Agregó que es también notorio el avance de los capitales foráneos en los fondos de pensiones y cesantías, y en electricidad, acueductos, telecomunicaciones y salud, al igual que en el comercio. Señaló que la deuda externa pasó en el período de la apertura de 17 mil millones de dólares a 40 mil millones, con altas tasas de interés, y que las multinacionales están sacando cada vez más riquezas del país, como lo ilustra el hecho de que en 2004 enviaron a las casas matrices en el exterior utilidades por 2.337 millones de dólares.

Durante los últimos cuatro años, en sonados debates, Robledo mostró con cifras y con hechos cómo la política energética de Uribe es la más regresiva de la historia. Uribe Vélez entregó el gas de La Guajira y el petróleo de Caño Limón, volvió a imponer el viejo contrato colonialista de concesión y está obcecado en privatizar la Refinería de Cartagena.

El dirigente moirista ha reafirmado que la actual estrategia de Washington apunta a recolonizar el continente. Punta de lanza es el Tratado de Libre Comercio, TLC, del que Robledo es reconocido como el más esclarecido contradictor. El TLC es «la mayor amenaza contra la nación desde la Independencia de España», ha repetido, y una «evidente causa de traición a la patria».

La oposición al TLC lo llevó a hacer contacto con congresistas de Ecuador y Perú, con quienes firmó varias declaraciones, y a asistir a importantes foros en Quito y Lima. Como expresión de su compromiso internacionalista, el senador Robledo se solidarizó con la resistencia de Iraq contra la ocupación norteamericana, rechazó el golpe de Estado urdido por Washington contra el presidente Chávez y ha viajado a Estados Unidos, Suiza y España para atender compromisos con distintas organizaciones democráticas.

No rechaza el TLC por un prurito dogmático ni porque sea xenófobo. Al contrario, proclama: «Sacar al país de su crisis también exige mantener sus vínculos con el mundo, como es obvio, pero no con cualquier tipo de relación sino con la que le sirva al proyecto de progreso material y cultural y de independencia política de la nación colombiana. ¿O hicieron mal quienes en el siglo XIX entregaron sus vidas en la conquista de la soberanía y el derecho de autodeterminación nacional, para poder establecer relaciones internacionales diferentes a las del colonialismo?»

Ha dicho, por otra parte, que en Colombia no podrá haber auténtica democracia mientras se pisoteen los derechos de los trabajadores. «Estamos ante la más brutal arremetida contra las clases laboriosas y sus organizaciones sindicales: son millones los puestos de trabajo perdidos por la quiebra de la producción industrial y agraria y por los procesos de privatización del patrimonio público, se ha desmontado casi por completo la legislación laboral conquistada en décadas de arduas luchas, se reprimen los derechos a la organización y a la contratación colectiva, se desconoce el contrato individual de trabajo para dar paso a aberrantes formas de tercerización y se suprime la seguridad social mediante consecutivas reformas neoliberales, hasta el extremo de negar el derecho a pensionarse. En fin, abundan las pruebas de que un eje de la recolonización imperialista en curso es el detrimento acelerado y a fondo de las condiciones de vida y los derechos de los trabajadores de la ciudad y el campo».

Por una unidad nacional sin precedentes

En la audiencia pública sobre el TLC celebrada en el Capitolio el 14 de febrero, Robledo instó a crear «la más grande unidad que se haya dado en este país desde que somos República». Fue esta la más reciente de una serie de declaraciones en que el vocero del MOIR, ahora bajo el lema de «¡A mayor traición, mayor resistencia!», ha llamado a patriotas y demócratas a unificar esfuerzos, luchas y voluntades para hundir el Tratado, por ser contrario al interés de la nación.

En el curso de la actual campaña electoral y ante diversos auditorios, el dirigente moirista ha venido reiterando que se trata de una unidad sin precedentes, pues cobija no solo a las capas populares, sino también al empresariado mediano y grande y a todo aquel que haya resuelto ligar su suerte personal a la de la nación.

No resulta una coincidencia que el difícil camino hacia la unidad tendiera a irse abriendo a medida que transcurría el actual mandato del presidente Uribe. Piedra miliar fue la derrota aparatosa, también histórica, sufrida por el referendo uribista en octubre de 2003. Resultó en ella decisiva la activa propaganda de quienes, agrupados bajo el impulso de las centrales obreras en la Gran Coalición Democrática, convocaron a la abstención. También Robledo contribuyó a agitarla desde el bastión parlamentario, empleándose a fondo en la batalla contra el engendro bonapar¬tista.

Noviembre de 2003 marcó el siguiente hito: el jueves 26, en el Hotel de la Ópera, se fundó la bancada parlamentaria Alternativa Democrática y, en enero de 2004, se propuso a Carlos Gaviria como precan¬di¬dato presidencial. Robledo estuvo allí en primera línea, junto con otros ocho congresistas y con los principales dirigentes del MOIR, el Frente Social y Político, la Unidad Democrática, el Movimiento Ciudadano, el Partido Comunitario Opción Siete y Autoridades Indígenas de Colombia. Alternativa Democrática llegó también más adelante a un sólido acuerdo sobre unas bases pro¬gra¬má¬ticas expresamente opuestas en lo económico a las políticas del Consenso de Washington y el Fondo Monetario Internacional y, en especial, a su culmen, el TLC con Estados Unidos.

La propuesta unitaria siguió abriéndose paso, esta vez hacia los productores, con las consultas populares que casi por unanimidad rechazaron el TLC desde marzo de 2005. Celebradas en Cauca, Tolima, Cun¬dinamarca, Boyacá, Nariño y otros departamentos, fueron impulsadas con entusiasmo por los Cabildos Indígenas, los cultivadores de arroz, los productores de clima frío y combativos gremios como la Asociación Nacional por la Salvación Agrope¬cua¬ria. Robledo jugó en ellas un papel destacado.

A partir de febrero de 2005, con las cartas que se cruzaron Samuel Moreno Rojas, presidente del Polo Democrático Independiente, PDI, y Carlos Gaviria Díaz, coordinador nacional de Alternativa Democrática y precandidato a la Presidencia, se inició en firme el proceso de fusión entre ambas organizaciones, que amplió aún más el espectro de las fuerzas políticas. Las negociaciones culminaron el 26 de noviembre con la firma de un acuerdo político y organizativo y un Ideario de Unidad, orientación básica para las luchas venideras del pueblo colombiano por construir una patria amable, soberana y próspera.

La unidad que ha venido Robledo proponiendo no es meramente antirreelec¬cio¬nista. De lo que se trata no es de hacer uri¬bismo sin Uribe, asevera, sino de derrotar a fondo las políticas que se vienen aplicando en el país desde 1990 bajo los lineamientos neo¬li¬berales del Consenso de Washington y las imposiciones del FMI. En consecuencia, para consolidar una auténtica alternativa democrática, el senador del PDA está llamando a dar el voto por el doctor Carlos Gaviria.

Un revolucionario en el Congreso

«El parlamentario defensor del interés nacional», calificativo que no han dudado en reconocerle vastos sectores de opinión, explica el grande aporte que está haciendo Robledo desde la tribuna parlamentaria a la construcción de una historia propia para la nación colombiana.

Los debates de Robledo en el Senado, tanto en Plenaria como en Comisión Quinta, abordan los aspectos fundamentales de la vida económica y política. En materia petrolera y en el tema agropecuario, ha demostrado cómo el gobierno adelanta una política aquiescente con los intereses de las trasnacionales foráneas, en especial las norteamericanas. Los asuntos cafeteros tampoco han escapado a su escrutinio. En sus frecuentes citaciones a los ministros de Hacienda y Agricultura, como a la cúpula de la Federación de Cafeteros, ha expuesto en forma contundente y bien documentada cómo el gobierno y la dirigencia no solo no resuelven la crisis, sino que profundizan la política que se iniciara con la ruptura del Pacto Internacional de Cuotas. Ha estado denunciando además toda una serie de manejos con el patrimonio del Fondo Nacional del Café, perteneciente a los 600 mil caficultores colombianos.

Por el banquillo pasa también la política medioambiental, que no ha dudado en calificar de barbárica. Los intentos repetidos del gobierno por extender las aspersiones aéreas, hasta con agentes biológicos, a los parques naturales, el inicio de su proceso de privatización, el proyecto de Ley del Agua enfilado a privatizar todas las cuencas hídricas, la objetada Ley Forestal, son solo algunos de los atentados oficiales contra el medio ambiente denunciados por Robledo en el Congreso. En igual forma, ha arremetido contra la política de vivienda y demostrado que, además de ser un fracaso total, se halla al servicio de la especulación financiera.

Rechazó el llamado Estatuto Antiterro¬rista, con la autoridad de haberse opuesto siempre al secuestro, la extorsión y el atentado personal. Con esa misma autoridad censura el actual proceso de paz que adelanta el uribismo y su política de «Seguridad Democrática», aunque abogando sí por una solución política a los conflictos armados que desangran el país.

Los debates sobre modelo económico, salud, pensiones, educación, reforma laboral, reforma tribu¬taria, servicios públicos, privatizacio¬nes, alcohol carburante, corrup¬telas como las de Invercolsa y Com¬msa, negociados como el de Telmex-Tele¬com, que pretendía regalarle la empresa esta¬tal al señor Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del planeta, y, en fin, tantos otros aspectos de la realidad nacional, ponen de manifiesto que el trabajo parlamentario de Robledo está al servicio de la lucha por conquistar los dos bienes más preciados de la nación: la soberanía y la auténtica democracia.

Francisco Mosquera, inolvidable fundador del MOIR y faro de nuestra lucha revolucionaria, escribió: «Nadie es más respetable que quien respalda sus ideas con sus actos». Es justamente lo que hoy puede decirse de Robledo.

¿LA IZQUIERDA DEBE SER DE DERECHA?

Por Jorge Enrique Robledo

Después de lo mucho que han dicho quienes no militan en el Polo Democrático Alternativo (PDA) sobre lo que ocurrió con su lista al Senado, vale la pena dar la versión de un miembro de la organización. Y explicar qué debe ser la izquierda democrática según quienes militamos en ella y no de acuerdo con lo que quisieran nuestros adversarios, porque el colmo sería aceptar que en el ajedrez de la política nacional algunos se arrogaran el derecho a mover las piezas de los dos lados del tablero.

En reunión de la Mesa de Unidad, la máxima dirección del Polo, María Emma Mejía presentó un documento de respaldo al Ideario Programático, a las normas organizativas y al mecanismo para seleccionar el candidato único a la Presidencia, compromiso que obtuvo, como era de esperarse, respuesta positiva de todos los asistentes. A los pocos días y con el aval de Lucho Garzón se planteó su aspiración al número uno de la lista al Senado, puesto para el que hubo otros candidatos: Gustavo Petro y Jorge Enrique Robledo. Luego, excluí mi nombre para facilitar el acuerdo, Petro obtuvo el respaldo mayoritario y María Emma decidió retirarse, postura que por unanimidad se le solicitó no adoptar. La decisión democrática de la directiva del PDA sobre el primero en la lista generó malestar en la minoría del Polo Democrático Independiente (PDI), que intentó cambiarla, pero a la postre acordó someterse.

Estos hechos, que si se analizan sin prejuicios no dan para censurar al Polo, le sirvieron para alborotar a algunos que nunca votarán por este, pero al que le reclaman lo que nunca les han exigido a las agrupaciones que sí han contado con su respaldo. ¿Por qué es una aberración que en una organización política haya puntos de vista y aspirantes diferentes? ¿Por qué censurar que la mayoría de su dirección decida? ¿Por qué no pueden algunos de sus miembros expresar su desacuerdo con una decisión? Seriedad, hay que pedirles a ciertos comentaristas. ¿Por qué más bien no resaltan que el PDA superó, unido, un desacuerdo? ¿Por qué no ensalzan que no tiene propietario? ¿Por qué no se descubren ante las decisiones democráticas de unos dirigentes que fueron acatados? Que quienes son avisados en política y se oponen al Polo no se disfracen de amigos para hacerle censuras oportunistas. Y que quienes a pesar de tener dudas sí comparten su propuesta de cambiar profundamente a Colombia afinen su capacidad de análisis y entiendan que no hay organización de los seres humanos en la que no se presenten diferencias. ¿O acaso no se debate, se vota y se acata para elegir al Papa?

Ciertos comentarios sobre la contradicción que se presentó por el orden de la lista desnudaron otro tema de importancia: que lo que mortifica a algunos, y hasta los enfurece, es que el programa del Polo refleje los puntos de vista de la izquierda democrática y no los de los neoliberales, concepción que se resume muy bien en su defensa de la soberanía nacional y en su oposición al TLC. Y entendido quedó que estos tuvieron la ilusión de que el reparto de los números modificara el rumbo del PDA, cosa que, como se ha visto, nunca se planteó a la hora de ordenar a los candidatos.

Que quienes macartizan con el “radicalismo” del Polo y su “falta de amplitud”, precisen: ¿no hay que ser de principios en la crítica a las políticas que hambrean y les arrebatan cualquier posibilidad de futuro próspero a los colombianos? ¿La organización debe ser tan amplia que quepan hasta los partidarios del TLC y el neoliberalismo? ¿Su sueño debe ser ganarse el aplauso de Hommes y la cúpula uribista? ¿Debe asumir la viveza de criticar con posiciones de izquierda y ofrecerse para gobernar con las de derecha? ¿De lo que se trata no es de cambiar la vida de la gente sino la de los dirigentes?

Que los pueblos de América están hartos del actual modelo económico y social constituye una obviedad. Lo que se discute es si esa repulsa debe conducir al cambio de los responsables de esas orientaciones y, con ellos, de sus programas, o si, simplemente, hay que aprovecharse de la crisis para sustituir a los que mandan hoy, pero para gobernar con las mismas políticas.

Coletilla: ante la renuncia de Antonio Navarro a su renuncia, en buena lid habrá que ganarle la consulta del Polo, de forma que Carlos Gaviria sea su candidato único a la Presidencia.

LAS GRANDES MENTIRAS DE LOS GRANDES “GANADORES DEL TLC”

Por Aurelio Suárez Montoya

“El papel puede con todo”. Y con relación a los pronunciamientos públicos de importadores de productos agropecuarios, los funcionarios de empresas multinacionales, las empresas maquiladoras de confecciones y comercializadoras de oro y algunos de los grupos económicos más encumbrados y cercanos al presidente Uribe, quienes han suscrito grandes avisos de prensa instando a la firma inmediata del TLC, podría agregarse que mientras mayores los avisos, mayores las mentiras consignadas. Se trata de burdas reproducciones sintéticas a un alto costo de las columnas del comisionista Rudolf Hommes. Me referiré a cada una de las grandes falacias difundidas por estos “ganadores” del TLC.

1) EL TLC genera oportunidadesz. La ley comercial norteamericana de 2002 (TPA) establece la expansión de su economía como asunto de seguridad nacional. De tal forma que el TLC tiene ese propósito enmarcado dentro de la estrategia global estadounidense. Y, en esa dirección, las “oportunidades” se limitan a áreas que no representen competencia para el Imperio. Ellas son: elaboración de productos agrícolas tropicales, manufacturas livianas ensambladas con mano de obra barata y recursos naturales energéticos y no energéticos. Es precisamente en estas actividades de poco valor agregado, con bajo contenido de producto nacional, casi todas comercializadas por firmas multinacionales, en las cuales también se especializa al resto de países como el nuestro generando una “competencia entre pobres” para esforzarse para ingresar con menores costos a los respectivos nichos del gran mercado en la nueva división internacional del trabajo. A los firmantes de marras les preocupa más que mercaderes de trabajo envilecido y de géneros exóticos de México o de Centroamérica les hayan cogido alguna ventaja en este tipo de tráfico ruin que el hecho grave de que bienes norteamericanos se tomen el mercado interno.

2) Un entorno estable sin barreras para el comercio. Dicen los abuelos que “el bobo no es quien las dice sino quien las cree” y éste es un caso típico. El mundo conoce el sinnúmero de trabas proteccionistas que Estados Unidos mantiene. Sistemas de cuotas, normas sanitarias, normas técnicas de pesas y medidas, disposiciones de los distintos estados, para mencionar algunos. Las pruebas están al canto: pese a las preferencias en aranceles que se otorgaron a Colombia a través del sistema APTDEA, el aprovechamiento cobija un mínimo margen de acceso real; lo demás está bloqueado. Estados Unidos es quizás uno de los países con mayores demandas en la OMC debido a sus prácticas mercantiles arbitrarias. ¿Dónde está “el entorno amable”?

3) Creación de nuevas empresas y mejores y estables empleos. La experiencia de la actividad industrial colombiana en los últimos 15 años de apertura contradice a estos profetas del Paraíso. A comienzos de los pasados noventas había 635.000 trabajadores industriales; en 2005, el DANE reportó apenas 545.000, noventa mil menos, siendo empleos temporales tres de cada cinco. El TLC va a reforzar este tipo de perfil industrial de maquila y ensamble. Nadie puede mostrar que la compra de Bavaria, Coltabaco, Granahorrar, DIACO, estén en el conjunto de nuevas empresas y más empleo. No existe evidencia cierta en el curso de 15 años, del mismo tipo de desarrollo industrial que el TLC reforzará, que pueda mostrar la creación de más empresas y más y mejor empleo. A lo sumo se compran las ya existentes con el respectivo recorte de personal que genere a los compradores una tasa de retorno satisfactoria para el capital destinado. El desastre industrial no es tan conocido, aunque sea mayor que el agropecuario, simplemente porque los dirigentes gremiales de ese sector “le vendieron el alma al diablo”.

4) Los beneficios de los consumidores: más y mejores productos. Con lo que se hace más alharaca es con las importaciones de “comida barata”. Con relación a las de trigo, cuyos importadores son notables firmantes de las misivas al Presidente, no hay realidad que confirme tales favores al consumidor; por ejemplo, en cuatro años un producto como las pastas, hechas 100% con trigo extranjero, ha duplicado su precio por libra al pasar de $800 a $1500. Esos comerciantes, pese a la revaluación, no trasladan a los consumidores los márgenes que obtienen de comprar granos y aceites subsidiados. Y, en cuanto a las calidades, no debe olvidarse que los gringos lograron incluir en las ventajas del TLC a un porcentaje muy alto de su basura exportable: los residuos son restos de subproductos de cereales incluido el arroz, los desperdicios son cuartos traseros de pollo y vísceras de res y cerdo, los desechos pueden ser tóxicos y peligrosos, los “remanufacturados” son usados que tienen una pieza refabricada. ¿Es a tan finas mercancías a las que se refieren los suscriptores del correo electrónico a Uribe?

5) CHINA amenaza nuestras manufacturas. Ya pasó hace rato y más si de manufacturas se habla y de ellas nuestro principal renglón, las confecciones. Mientras China es el primer proveedor de los norteamericanos en esa rama, Colombia no está entre los primeros 25. ¿Cómo nos defenderá el TLC de China, si hasta Estados Unidos debe hacer transacciones temporales con esa nación para que no arrase su propia industria, si México con sus ventajas geográficas y con su TLC no pudo detenerla?

Si algo ha caracterizado a los defensores y “ganadores” del TLC en este debate es su intento de embaucar con verdades generales a la opinión. Los hechos no les ayudan y deben recurrir a la mendacidad. Sin embargo, a pesar de su descaro, no dejan de reconocer que el sector agropecuario saldrá gravemente lesionado; por eso es inexplicable, que como excepción entre todos los gremios rurales, la Federación Nacional de Cafeteros y su gerente, Gabriel Silva, se presten como Caín a la muerte de sus demás hermanos y a hacer parte del coro de sus verdugos. “Mentir que de la mentira algo queda”, era una práctica política de antaño que está en boga para esos y para casi todos los temas públicos, lo novedoso es que ahora también la usan prestigiosos empresarios.

BALANCE DE LAS NEGOCIACIONES DEL TLC CON ESTADOS UNIDOS

Por Enrique Daza Gamba

Cuando el 18 de mayo de 2004 se iniciaron las negociaciones del TLC con Estados Unidos, se nos dijo que el gobierno colombiano defendería los intereses nacionales, preservaría la unidad de la Comunidad Andina y de Latinoamérica y lograría un tratado diferente al aplicado a otros países, como los centroamericanos, México y Chile. Y que se había elaborado una audaz estrategia negociadora, que identificaba las líneas rojas que no se traspasarían.

Los antecedentes de otros tratados, al conocer el proyecto que Estados Unidos presentó, nos señalaron que el gobierno conducía el país a una trampa; que Estados Unidos no haría concesiones especiales y quería era vender sus excedentes; que quienes determinarían qué se negociaba, sobre qué texto y a qué ritmo eran ellos; que se negociaría toda la estructura económica del país y que estábamos ante la inminencia de ser anexados a la economía de la superpotencia. Que Estados Unidos quería todas las ventajas y que cada una de las pequeñas dádivas que dieran nos costaría sangre. Y, si fuera poco, que la diferencia de tamaño de las dos economías nos pondría en una situación desventajosa.

Nos calificaron de pesimistas y en diferentes escenarios de debate nos decían: ustedes creen que el TLC saldrá mal, nosotros que saldrá bien; confíen en nosotros, no cederemos y lograremos un buen tratado, ya que tenemos un buen equipo negociador y claros los objetivos.

Hoy, 20 meses después, el gobierno terminó aceptando todas las exigencias norteamericanas y está llevando el país a un despeñadero. La negociación resultó una gran estafa para la opinión pública. Después de tantos aspavientos, se va a firmar una copia de los tratados de Estados Unidos con Chile y otros países. El ministro Botero ha dicho que era muy difícil para Estados Unidos salirse de esos formatos. Se podía prever que lo ya firmado por Estados Unidos sería el piso mínimo que aceptarían, pues para ellos somos un país más para imponerle las reglas neoliberales.

Los negociadores y el mismo Uribe Vélez hablaron mucho de que no nos servía un acuerdo tipo Cafta, Nafta o Chile. Pero han aceptado que el TLC firmado por Perú, incluso peor que los anteriores, será el firmado por el gobierno colombiano, Su “hábil estrategia negociadora” quedó vuelta añicos. Estados Unidos les hizo toda clase de desplantes e incumplimientos y, a pesar de ello, los negociadores colombianos siempre veían «una excelente actitud de los norteamericanos».

Botero afirmó repetidamente que las preferencias comerciales andinas eran el piso de la negociación, pero al comenzar la última ronda ni siquiera los floricultores y textileros, considerados ganadores si se firma el TLC, tienen sus negocios asegurados. Cada que Colombia llegaba con concesiones, los gringos hacían nuevas exigencias. Las festividades judías, las vacaciones y el clima fueron excusas para aplazar temas y citas, mientras el gobierno colombiano estuvo siempre acucioso, con las rodillas heridas de tanto reclinarse.

Las líneas rojas y la defensa del interés nacional han sido simples farsas. El gobierno de Uribe, desde un principio, se comprometió a no pararse de la mesa de negociaciones por desmesuradas que fueran las pretensionesde Estados Unidos. De antemano tenían una actitud perdedora. Y en otros casos se asumió posición similar. Por ejemplo, Chile renunció a las franjas de precios como mecanismo de protección, y a los agricultores colombianos se les dijo que no se renunciaría a ellas…a menos que se consiguieran mecanismos de protección semejantes o equivalentes. Las franjas desaparecieron, pero no hay mecanismos de protección parecidos. Se ha negado la posibilidad de salvaguardias permanentes que tengan algún efecto paliativo, y el gobierno colombiano sigue tan campante. Al comienzo se hizo demagogia con la protección que se les daría a los productos sensibles. Hoy sólo quedan dos: arroz y pollos, pero no les han explicado a los colombianos cuándo y a cambio de qué fueron sacrificados los demás productos.

La negociación fue presentada como puramente comercial, cuando en realidad fueron aceptados por el gobierno otros temas que son el alma del TLC. Con base en él tendremos que modificar sustancial¬mente muchas características de nuestro sistema económico, mientras que en EU la legislación de cualquier condado prevalece sobre las estipulaciones del Tratado.

El gobierno de Uribe ha ido abandonando sus líneas rojas móviles al ritmo de las exigencias norteamericanas. Su se reduce a poner la firma donde le diga Estados Unidos. El proceso no ha sido más que el acercamiento al texto norteamericano y la negociación ha consistido en un esfuerzo infructuoso por hacer que el TLC sea digerible para la opinión pública y los productores nacionales. Ha sido el esfuerzo gubernamental para convencer al país, y en especial a los empresarios y dirigentes de diversos sectores, de que es imposible no firmar el TLC, así este signifique la recolonización nacional.

Se nos dijo que por el papel de Colombia en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, Estados Unidos nos tendría especiales miramientos. Pero ellos han sido claros: negocios son negocios. Así, lo que fue en su momento «la artillería pesada», el argumento supremo, se devolvió como un bumerang: rehén de la «ayuda» norteamericana, tan necesaria para los programas de «seguridad democrática», el gobierno uribista no tiene más alternativa que marchar al ritmo que impongan los gringos. La Iniciativa Regional Andina y el Plan Colombia se han convertido en instrumentos de chantaje para obligar a Uribe a firmar lo que quiera Estados Unidos. Ni siquiera sus afanes reeleccionistas le permiten aplazar la firma, a menos que los amos consientan en ello. El TLC será firmado cuando y donde los norteamericanos dictaminen, y su aprobación en el Congreso dependerá de que Uribe logre el apoyo de la mayoría de los parlamentarios, no importa cómo lo haga.

A pesar de lo prometido, la CAN quedará herida de muerte con el TLC. El gobierno colombiano intriga para que se modifique la legislación andina y convertir la CAN en un apéndice del TLC. Perderemos con ello nuestro principal socio comercial para productos manufacturados: Venezuela. Y sacrificaremos en el altar del libre comercio con Estados Unidos toda perspectiva de integración regional.

Como si fuera poco, el gobierno colombiano se ha adelantado a los deseos norteamericanos: la legislación sobre inversión, parques naturales, petróleo, agua y bosques presenta concesiones unilaterales y anticipadas a las exigencias del imperio. Uribe se obstina en asegurarle a Estados Unidos privilegios y garantías que estén acordes con lo que se definirá en el Tratado de Libre Comercio. Concesiones hechas por fuera de las mesas de negociación, señales de «buena voluntad», entregas gratuitas y unilaterales para «ablandar el corazón de los Estados Unidos», según la palabrería oficial tan manoseada.

Muchos colombianos han creído en la buena fe del gobierno y han pretendido asesorarlo, aconsejarlo y evitarle perjuicios y desgracias sin fin para el país. Su propia experiencia les permite hoy concluir que se está entregando todo. El movimiento sindical y diversas organizaciones populares no sólo no cayeron en las trampas del gobierno para llevarlos a avalar el Tratado bilateral, sino que lo han rechazado firmemente y han hecho inmensas y aguerridas movilizaciones en su contra. La Iglesia católica ha alertado contra los peligros que conlleva su firma; los intelectuales y artistas quieren que la cultura no se desnacionalice, y los verdaderos representantes de los sectores productivos lo com¬baten, ratificando su rechazo en masivas consultas populares. Solamente lo apoyan un puñado de trasnacionales, intermediarios financieros, grandes exportadores e importa¬dores y dirigentes gremiales fletados por el gobierno.

No nos queda duda de que el debate sobre el TLC es político. Es sobre el rumbo que debe seguir el país. Atarse a los designios norteamericanos o diversificar las relaciones internacionales; ampliar el mercado interno; elevar el nivel de vida de la población; promover la industrialización; resguardar la capacidad del Estado para fomentar el desarrollo y unirse con los países hermanos. Los candidatos a la Presidencia y al Congreso deben pronunciarse sobre tan vital asunto.

Es una hora de las definiciones. Los ciudadanos deben exigirles a sus candidatos estar al lado de los intereses nacionales y no respaldar el TLC. Si no lo impedimos, el TLC será firmado ahora o más adelante y perderemos la soberanía, la cual, en palabras del candidato presidencial Carlos Gaviria, es a los países como la dignidad a las personas.

AVANCES DE LA RESISTENCIA EN AMÉRICA LATINA

Por Francisco Valderrama Mutis

El año 2005 ha sido nefasto para Bush, tanto en lo interno como en su política exterior. América Latina ha contribuido a que sus ingentes problemas se agudicen y se prolonguen en 2006. Desde el fracaso de reintroducir la discusión sobre el ALCA en la cumbre de Mar del Plata, a comienzos de noviembre de 2005, ha venido desencadenándose en la región una serie de hechos que marcan el fortalecimiento indiscutible de una tendencia de resistencia civil a la política de libre mercado.

En cada uno de nuestros países se mueven organizaciones que, con diversos grados de desarrollo, acumulación de fuerzas, posibilidades de movilización y comprensión del problema, se ponen al frente del malestar generalizado del pueblo ante la aplicación salvaje del neoliberalismo, con sus secuelas de miseria, pobreza, humillación, degradación de los derechos laborales, toma de las principales empresas por las multinacionales extranjeras, privatización de los sistemas de salud, educación y servicios públicos domiciliarios y quiebra de las economías nacionales. La aplicación por doquier de esta política ha logrado que los trabajadores y pueblos orienten el filo de su lucha a cambiar a los dirigentes y sustituir los programas de gobierno que han destruido la riqueza de sus naciones.

El triunfo apabullante de Evo Morales en las elecciones de Bolivia marca, al decir de The New York Times, el avance más izquierdista de la lucha de los pueblos latinoamericanos. Su programa que incluye abiertamente la lucha contra el recetario neoliberal, la nacionalización de los recursos petroleros y gasíferos, y la citación de una constituyente para el próximo mes de julio, chocan abiertamente con la política de recolonización en boga. Las primeras medidas de su gobierno, enfrentándose a la multinacional Repsol, que había declarado como suyas las reservas energéticas que le pertenecen al pueblo boliviano; el llamado a las organizaciones populares a movilizarse y estar alertas para obligar al Congreso a adoptar las medidas de su programa de gobierno, y el reclamo constante de su independencia sintetizado en la frase «necesitamos socios, no patrones», muestran el talante con el que empezó a gobernar. Se enfrenta, sin embargo, a una situación tremendamente compleja en un país empobrecido hasta la médula, con unos sectores separatistas que trabajan soterradamente al lado de las multinacionales en Santa Cruz, Tarija y Beni, regiones en las cuales se concentra su riqueza energética, contradicciones con Chile por la pérdida de su costa sobre el Pacífico y la amenaza siempre presente de los Estados Unidos de bloquear los recursos financieros. Sus primeros actos de gobierno tienden a ampliar y desarrollar las fuerzas que lo apoyan, neutralizar a los separatistas y a los productores nacionales, para poder enfrentar los grandes retos que le impone el cumplimiento de sus promesas a los sectores más empobrecidos.

Por otra parte, en Venezuela, Chávez consolidó aún más su poder en las elecciones parlamentarias de 2005. La táctica de la oposición de retirar a sus candidatos, se convirtió en un bumerang contra sus pretensiones y le permitió establecer una mayoría apabullante en la Asamblea Nacional. Las continuas provocaciones del imperialismo norteamericano, acentuadas en sucesivas declaraciones de altos funcionarios de Washington, lo cual marca el grado de desespero con que el gobierno norteamericano ve el manejo político de Chávez en sus relaciones con los demás países de América Latina y la manera como ha obligado a las multinacionales petroleras a renegociar los contratos que las anteriores administraciones neoliberales les habían regalado, recuperando el 51% del control de todos ellos y cobrándoles, además, 4.000 millones de dólares que estas empresas habían dolosamente dejado de pagar en impuestos.

En el resultado electoral de Costa Rica también se reflejó la fuerza de la resistencia a la política de recolonización de Washington. Otón Solís, quien se opone con ahínco a la ratificación del TLC que los países centroamericanos firmaron con Estados Unidos, perdió apenas por unos miles de votos, cuando las encuestas daban como ganador a Arias por un 20% dos semanas antes de los comicios. Resultado indeciso que obligó a un reconteo manual que aún hoy no arroja resultados definitivos y que llevó a la respectiva comisión legislativa a detener el estudio del TLC hasta que el Tribunal Supremo Electoral haga la declaratoria oficial del ganador de las elecciones.

En México, avanza Andrés Manuel López Obrador. En su programa consigna banderas que van directamente contra la entrega que Fox le ha venido haciendo a los intereses de los Estados Unidos. El compromiso de proteger el maíz y el fríjol, mantener el carácter estatal de Pemex e impedir la privatización de la industria eléctrica, así como el rescate integral de la salud y la educación públicas, son banderas que le están ganando el apoyo del pueblo mexicano y que se inscriben dentro de la resistencia a la agresiva recolonización del imperialismo, en la complicada situación creada en su país por la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, TLCAN.

Ollanta Humala ha repuntado en el Perú con las mismas banderas de lucha contra el neoliberalismo y el imperialismo. La campaña de desprestigio desatada por todos los medios de comunicación afectos al régimen de Toledo muestran la preocupación por su avance. Su oposición al TLC, firmado apresuradamente por el actual gobierno, ha atraído a su causa a amplios sectores de la población que van a resultar golpeados directamente por las desmesuradas concesiones otorgadas a Washington.

En Haití, los resultados tampoco favorecen a la potencia imperialista. Sus candidatos perdieron de lejos con Preval, un heredero de las masas que apoyaban a Aristide, el presidente secuestrado y depuesto por el ejército norteamericano. Hoy la situación de este pequeño país no ha mejorado un ápice. Los destacamentos militares de los diversos países de América Latina que allí han sido enviados vigilan barriadas donde la pobreza llega a 80% de la población, después de que sufrieron los ajustes inclementes ordenados por el FMI, la privatización de todas las empresas y la quiebra de su agricultura por la aplicación inclemente de las recetas económicas del libre mercado. Finalmente, la fuerza del pueblo en las calles pudo derrotar la burda trampa montada bajo las narices de la ONU, y Preval tuvo que ser declarado ganador y presidente de su país.

En Colombia, el pueblo ha adelantado grandes movilizaciones contra el TLC y contra la reelección de Uribe, a través de sus centrales obreras, sus organizaciones populares y los partidos políticos. Además se ha logrado dar un primer paso de unificación de las fuerzas de izquierda en el Polo Democrático Alternativo, PDA. La adopción de un programa común, consignado en el Ideario de Unidad que contiene las aspiraciones de la población, con un carácter esencialmente nacional y democrático, y su aglutinamiento en una sola organización, con unas normas de funcionamiento aceptadas por todos, fortalece esa tendencia que campea por todo el subcontinente.

Será la confluencia de todas estas batallas la que permitirá derrotar el ambicioso proyecto de hegemonía global del imperialismo norteamericano, inmerso en la contradicción insoluble de tener que arrasar las economías de los países para darle un aire transitorio a sus propias afugias. Su pretensión solamente logrará acrecentar la resistencia de los pueblos, como está sucediendo ya en América Latina.