VIOLENCIA CONTRA EL FUP ORDENA DIRECCIÓN DEL PC

Un grupo del Partido Comunista revisionista trató infructuosamente de sabotear la importante manifestación que el Frente por la Unidad del Pueblo realizó en el Parque Colón de la ciudad de Cúcuta, el pasado 21 de octubre.

Días antes de efectuarse el acto, Julio César Pernía, el nuevo compañero de la UNO, imprimió y distribuyó un pasquín titulado “David”, del que figura como director, en donde se persiste en la andanada de calumnias contra nuestro Partido y el FUP. Lo más revelador es que el libelo está financiado con avisos oficiales de la Empresas Municipales y de la Lotería de Cúcuta.

Posteriormente, los dirigentes de la UNO soltaron su jauría con la orden de estropear la propaganda que invitaba a la concentración del FUP y de agredir a nuestros activistas. Se dedicaron a embardunar con aceite quemado los avisos que no pudieron tapar o desgarrar.

El día de la manifestación, ensoberbecidos por el gran número de personas que concurrió a pesar del persistente torpedeo, los mamertos mezclaron a su chusma entre los asistentes, con el propósito de romper el acto. Empezaron provocando a las masas con gritos injuriosos y empujones. Como esto les faltara, lanzaron varias veces consecutivas un cable mojado contra las cuerdas de la luz, privando momentáneamente del fluido eléctrico al sector. Ni aun así lograron su torvo cometido. Entonces, en el límite del desespero, desataron una cobarde pedrea contra manifestantes y oradores.

Ante este último desafuero, los militantes del FUP, firmemente apoyados por el pueblo, hicieron poner pies en polvorosa a los vándalos, lo que permitió la culminación exitosa del mitin.

Hechos similares a los anteriores, que seguiremos denunciando sistemáticamente, han venido sucediendo en diferentes partes del país, evidenciando en esta forma la consigna de la dirección del Partido Comunista de formar grupos de choque para desencadenar la violencia contra el FUP, en un vano intento por atajar nuestra campaña electoral revolucionaria.

Estos procedimientos dejan al desnudo una vez más la tendencia del Partido Comunista a degenerar en una secta socialfascista, a medida que aumenta la crisis de su política de división y traición. Mientras se muestra vacilante ante el régimen de López, envenena a su militancia con el más hirsuto sectarismo contra los partidos y sectores revolucionarios. A la larga, sólo logrará ganarse el repudio de las mayorías populares, forjadoras de la nueva Colombia, quienes sabrán sancionar a los saboteadores y vendepatria.

CONTINUA CONFLICTO EN CEMENTOS

En solidaridad son los sindicatos en conflicto y en señal de protesta por el despido de 51 activistas en Cementos Caldas y 10 en Argos, la Federación de Trabajadores del Cemento y la Construcción (Fenaltraconcem) decretó un paro nacional de 24 horas para los próximos días.

Los dirigentes sindicales exigieron la firma de la convención colectiva en Cementos Diamante, dilatada irresponsablemente por los empresarios. Urgieron además la solución directa del conflicto en Cementos Caldas, donde el pliego fue sometido por el gobierno a un tribunal de arbitramento de mayoría patronal. Alertaron finalmente contra el despido inminente de miles de obreros de la construcción, ante la escasez artificial de cemento provocada por los grandes fabricantes. La decisión de paro fue tomada por el Consejo Consultivo de Fenaltraconcem reunido en Bogotá, el 22 de octubre.

60 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DE OCTUBRE

Lenin escribió este comunicado, en nombre del Comité Militar Revolucionario, a las 10 de la mañana del día de la insurrección.

El gobierno provisional ha depuesto. El poder del Estado ha pasado a manos del órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, el Comité Militar Revolucionario, que encabeza al proletariado y a la guarnición del Petrogrado.

La causa por la cual luchó el pueblo: el ofrecimiento inmediato de una paz democrática, la abolición de la propiedad terrateniente sobre la tierra, el control obrero sobre la producción y la creación de un gobierno soviético, esa causa esta asegurada.

¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!

SINTRACREDITARIO EN GUARDIA CONTRA AGRESIÓN PATRONAL

La Superintendencia bancaria multó el pasado mes de agosto a la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, al descubrirse un “autopréstamo” que hizo, con el dinero de la institución, el ex ministro de Agricultura, Álvaro Araujo Noguera, cuando ocupaba la Gerencia General. El cómplice de tal “operación fue el subgerente administrativo, Hugo Mazuera Herazo, quien hoy pretende, desde el más alto cargo de la entidad, culpar a los trabajadores del descalabro de la misma.

Mazuera inició una peregrina cruzada de “rescate de la economía” de la Caja que consiste en que los asalariados se “aprieten el cinturón” y no reclamen sus derechos. Esto cuando el 75% del personal a su servicio gana menos de $4.500, “la peor remuneración de una institución bancaria en el país”, según la expresión de un directivo sindical.

So pretexto de una “poda de cargos burocráticos”, el actual gerente ha desencadenado una furiosa represión, cancelando el contrato a alrededor de 500 compañeros en menos de 6 meses. Ha violado sistemáticamente la convención colectiva pactada el 27 de mayo último, recortando los incentivos de localización a los trabajadores que desempeñan sus labores en regiones difíciles, desconociendo el reajuste de viáticos – medida que afecta gravemente a los inspectores agropecuarios – rebajando arbitrariamente los niveles de salarios e irrespetando permanentemente el régimen promocional establecido. No satisfecho con estas medidas, Mazuera Herazo, en su desaforada campaña por destruir el sindicato, ha tomado represalias contra dirigentes y activistas, expulsando, por ejemplo, a dos asesoras de la pasada convención, a dos miembros de la junta directiva de la seccional de Nariño y al tesorero de la seccional de Bolívar. Los tres últimos cobijados por fuero sindical.

Macartismo patronal
Ante la protesta contra sus desafueros, y ante su incapacidad para resolver los problemas laborales, Mazuera, con el apoyo de la gran prensa, ha pretendido encubrir el escándalo ocasionado por los oscuros manejos del presupuesto, posando de víctima inocente de los que él ha llamado “una intromisión violenta del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) en la acción sindical”. Mientras tanto, el ex viceministro de Agricultura, formuló graves cargos contra el presidente de Sintracreditario, compañero Rafael Conde, contra el presidente de la Junta Directiva de la seccional de Cundinamarca, Ángel Peñuela y contra varios dirigentes sindicales más del Huila, Tolima, Risaralda y Caquetá, recurriendo para ello al macartismo y la calumnia.

Los trabajadores de la Caja Agraria manifestaron su protesta por esta campaña ruin y policiva desatada por las fuerzas patronales. Reiteraron su firme propósito de defender la organización sindical, y continuar desenmascarando la política de utilizar a la Caja Agraria como palanca de los organismos financieros del imperialismo, con la cual se viene perjudicando sensiblemente al campesinado colombiano, a través de préstamos esclavizantes que no solamente impiden su desarrollo, sino que acabarán por arruinarlo.

LA ANUC RESPALDA AL FRENTE

La XVI reunión de la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), celebrada en Tuluá los días 24, 25 y 26 de septiembre, aprobó una declaración política en la que resalta al Frente por la Unidad del Pueblo y a su candidato, Jaime Piedrahita Cardona.

Luego de manifestar su más enérgico rechazo al régimen lopista y a los candidatos de la oligarquía liberal–conservadora, los compañeros de la ANUC señalan de manera perentoria que las masas campesinas deben vincularse a la lucha política de los partidos y grupos revolucionarios que, en forma sincera y consecuente, están impulsando la unidad del pueblo colombiano.

El documento afirma: “Consideramos positivo y favorable para el desarrollo de la lucha campesina el espíritu unitario que impulsó a diversas fuerzas políticas de oposición a unirse en el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP), que impulsa la candidatura de Jaime Piedrahita Cardona, en su campaña de propaganda a las luchas populares y de denuncia a las arbitrariedades del sistema, al tiempo que se difunde un programa democrático y se levanta la bandera del no alineamiento como una política que le corresponde asumir a nuestro pueblo en la lucha contra el imperialismo y toda forma de dominación extranjera”.

EN COLOMBIA HASTA LOS NIÑOS INVADEN

El título de esta crónica no debe producir sorpresa a nadie porque en este país, sometido a la rapiña de los grupos dominantes, hasta los derechos más elementales del pueblo son pisoteados a tal punto que la respuesta popular no se hace esperar y “hasta los niños invaden”.

En el barrio Buena Esperanza, de Pereira, los padres de familia, ante la despreocupación que el gobierno muestra por la educación, decidieron construir un local destinado a la instrucción de sus hijos. En mayo de 1975 lograron arrancar al gobierno departamental la promesa de que la construcción sería dedicada al funcionamiento de una escuela.

Sin embargo, nunca fue cumplida. El gobierno alegremente se olvidó de nombrar profesores y acondicionar el local. Pasado algún tiempo, y de manera poco clara, la sociedad San Vicente de Paúl entró a tomar posesión del local y lo vendió a terceros.

Tamaña injusticia despertó la indignación de los habitantes del barrio Buena Esperanza, quienes durante seis meses lucharon infructuosamente para que fuera respetado el acuerdo. El gobierno departamental y la sociedad San Vicente de Paúl se negaron a deshacer lo que parecía ser un negocio redondo.
Ante esta situación se formó un comité prodefensa de la escuela y el último domingo de agosto, los niños, con el apoyo y respaldo de padres y vecinos, tomaron en sus manos la lucha en defensa del derecho a la educación. Cientos de niños portando pancartas invadieron el local con la firme decisión de no abandonarlo hasta que el gobierno cumpliera su compromiso.

«GOLPE AL HEGEMONISMO»

Carta del MOIR al MNDP

Bogotá, 1 de octubre de 1977.

El MOIR celebra el salto a la liza política del Movimiento Nacional democrático Popular, y hace votos porque la naciente organización se desarrolle y consolide en el cumplimiento de la vocación voluntariamente escogida de enrolarse bajo las banderas de los desposeídos y oprimidos.

Ciertamente los supuestos programáticos esbozados en sus pronunciamientos públicos, de liberación nacional, de transformación democrática y de unidad, nos aproximan en asuntos medulares y cosecharán los resultados esperados, a condición de que porfiemos en ellos con acierto en medio de los vaivenes de la lucha.

La crisis de la sociedad colombiana trae consigo, como uno de sus tantos fenómenos característicos, la proliferación de grupos y subgrupos que, en el enfrentamiento con los poderes establecidos y decadentes, pujan por adquirir cuerpo y supremacía partidaria. Tras la implantación del Frente Nacional y la consiguiente agudización de las contradicciones de clase, dicho fenómeno ha sido particularmente notorio. El MOIR surgió también dentro de este proceso. Comprendemos que la inevitable multiplicidad de siglas conlleva factores adversos, manifestados en la dispersión de fuerzas, la difusión de las masas y la constatación diaria de que no todos los partidos que reclaman la vocería de la mayoría avasallada jalonan la revolución, y al contrario, tórnanse en lastre que ésta debe arrojar por la borda para continuar su ascenso. Sin embargo, por el recio y prolongado trajinar en que estamos empeñados, poco a poco a terminado por configurarse con nitidez un gran torrente unitario en torno a premisas clarificadoras que nos distinguen de las facciones oportunistas y que presentan una alternativa viable y salvadora al pueblo colombiano. Por eso, la Fundación del Movimiento Nacional Democrático Popular y sus definiciones revolucionarias merecen nuestro aplauso, al igual que los aportes decisivos dados en el mismo sentido por los otros destacamentos que conforman el Frente por la Unidad del Pueblo.

Ustedes levantan el objetivo supremo de la liberación nacional y llaman a aferrarnos fuertemente a él, aún después de coronada la independencia, alertando que el frente no puede alinearse”con ninguno de los dos bloques hegemónicos que hoy se disputan el reparto del mundo”. Esta demanda coincide con la posición asumida por el MOIR a lo largo de las discusiones y gestiones en pro de la unidad, y en su defensa hemos encarado, de una parte, la desviación de los bandos trotskistas que contraponen, a la revolución democrático – liberadora, determinada por las particularidades del país, la escarapela de un socialismo pequeño burgués enrumbado a entorpecer la unión de todas las clases y sectores antiimperialistas y patrióticos; y de la otra, la sectaria ocurrencia de los revisionistas de uncir la alianza revolucionaria a los designios de la Unión Soviética.

Nuestra finalidad es la construcción de una sociedad socialista y el comunismo. Jamás hemos ocultado estas máximas aspiraciones, las cuales suponen, dicho sea de paso no sólo la dictadura de la clase más democrática, el proletariado, sino, desde el punto de vista económico, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Sabemos que semejante proyecto para la Colombia neocolonial y semifeudal de hoy, cerraría las puertas a la colaboración indispensable de pequeños y medianos industriales y comerciantes, e incluso de capas numerosas del campesinado, que estarían dispuestos a acompañarnos en la magna empresa de arrancar la nación de las fauces del imperialismo norteamericano, pero tras requerimientos esencialmente democráticos. Sobra relievar que sin la activa participación de sectores de tanto peso en la economía y la política nacionales, la revolución liberadora seria algo más imposible y sin ésta, nuestras metas últimas se verían aplazadas indefinidamente.

El análisis de la sociedad colombiana y de sus antagonismos de clase nos ha llevado a proponer en esta etapa un programa nacional y democrático, y de cuya victoria resultaran progresos históricos de tal magnitud como la nacionalización de los monopolios extranjeros y colombianos, la confiscación de la tierra de la clase terrateniente y su reparto entre los campesinos que la trabajan, la protección y estimulo de los pequeños y pequeños productores y comerciantes y el control y orientación general de la economía por parte de una Estado de clases y fuerzas populares y antiimperialistas, basado en la alianza obrero-campesina y dirigido por el proletariado. La justa interpretación y el desarrollo de las reivindicaciones enumeradas, permitirán concentrar el ataque contra el imperialismo norteamericano y la gavilla traidora de grandes burgueses y grandes terratenientes que lo acolitan, así como aglutinar en el otro platillo de la balanza al resto de la nación, en una gigantesca unión que abarque al 90% y más de la población colombiana.

La diferencia de fondo en este aspecto con trotskistas y socialisteros afines estriba en que estos desfiguran y relegan a un segundo o tercer orden los problemas de la liberación nacional y del frente patriótico, cuando no los suprimen del todo de la lista de especulaciones de su vademécum doctrinario, mientras nosotros creemos que de la acertada solución de aquellos dependen los demás móviles de la revolución. Para que el proletariado de un país pueda emprender la edificación socialista, debe antes que nada garantizar la cabal autodeterminación de su república. Hablar de socialismo en Colombia, sin plantearse seriamente el logro de su liberación de sus transformaciones democráticas, único camino que nos conduce a él, es charlatanería repugnante digna de ser desenmascarada con la mayor severidad. La contienda contra estas contracorrientes oportunistas se ha venido librando exitosamente. Los contingentes marxistas-leninistas, revolucionarios, democráticos y patrióticos incrementan su prestigio y cohesión, a tiempo que el trotskismo sólo encuentra para sus ditirambos obreristas eco en los gacetilleros de la prensa oligárquica.

La rivalidad contra el revisionismo tiene el mismo norte pero desde coordenadas diferentes. Con la mira puesta en la apremiante necesidad de redimir el país postrado a las plantas del imperialismo norteamericano, venimos insistiendo en la creación de un solo frente, sin apartar a nadie que pueda y desee coadyuvar a la causa libertaria, y aprovechando las excelentes condiciones producidas por la agudización de las dificultades de las clases lacayunas y por el crecimiento de la conciencia antiimperialista y del ímpetu combativo de las masas populares. Uno de los inconvenientes con los que trompicamos desde un principio fueron las dispares interpretaciones que acerca de la situación internacional mantienen los partidos susceptibles de engrosar la alianza revolucionaria. Cuestión apenas natural si se comprende que en Colombia repercuten de mil maneras los múltiples conflictos de un universo cada vez más convulsionado e interrelacionado.

Nos complace señalar que el enfoque del MOIR respecto de la actualidad internacional registra importantes convergencias con el que ustedes han sostenido abiertamente en esta materia. Las más negras amenazas del planeta parten de las dos superpotencias, el imperialismo norteamericano y el social imperialismo soviético. La frenética ambición de ambas consiste en engullirse uno a uno los países, hasta envolver el globo entero con el manto imperial. Los planes de dominación los ejecutan, ya mediante avenimientos temporales, ya en desenfrenada disputa. De las dos, la primera nombrada se halla en franco retroceso. La segunda atraviesa los periodos de efímero auge, y por consiguiente, muestra mayor agresividad y acarrea los principales peligros de una nueva conflagración mundial. No todas las repúblicas socialistas surgidas en la última postguerra lograron mantener su soberanía, y cayeron en la orbita del social imperialismo soviético. La nación más populosa, la República Popular China, que construye el socialismo en una cuarta parte de la humanidad, ha hecho fundamentada en una certera apreciación de las complejas contradicciones del mundo contemporáneo, las mejores contribuciones en cuanto a la elaboración de la táctica general revolucionaria de los pueblos que combaten por su emancipación y contra las intenciones hegemónicas y guerreristas de las dos superpotencias.

Aunque la tendencia palpable reside en que cada día mayor numero de agrupaciones y personas se compenetran de estas tesis, no todos nuestros aliados las comparten. No obstante con ellos pudimos llegar a identificaciones mínimas y sustanciales que contemplan plenamente los deberes internacionalistas de la revolución colombiana, sintetizados en el apoyo de los pueblos sometidos, a las naciones socialistas y a los movimientos revolucionarios de todas las latitudes, conviniendo, eso sí, en no ubicar el frente al lado de ningún bloque de Estados. Tal entendimiento parte de la realidad de que Colombia es una neocolonia de los Estados Unidos y que debe alcanzar pronto su liberación nacional y preservar su soberanía después del triunfo, estableciendo relaciones en pie de igualdad y mutuo beneficio con todos los países sin excepción. Como se ve, la fórmula acordada es correcta en lo fundamental. Hicimos, desde luego, concesiones no de principio en pro de soluciones positivas. ¿Qué conseguimos a cambio? Concretamos significativos avances en la unidad de las corrientes antiimperialistas y antioligárquicas, tan indispensable para nuestros propósitos revolucionarios. El destino de Colombia se confunde con el de miles de millones de seres de los cinco continentes y el más grande respaldo que podamos brindar internacionalmente al proletariado y a los pueblos será la conquista de nuestra integral independencia, con lo que propinaremos un contundente golpe al hegemonismo de las superpotencias.

No ha sido fruto del azar que el Partido Comunista de Colombia haya exigido encajonar la alianza en la influencia soviética, tras el subterfugio de que se consignase explícitamente en el programa unitario el apoyo a Cuba, cuyo gobierno actúa rítmicamente a los compases de Moscú. Tampoco es un secreto que tan excluyente exigencia impidió conformar un solo frente. Desenlace que hemos sido los primeros en lamentar porque las hostilidades, ahora, entre fuerzas opuestas a la dictadura de la coalición liberal-conservadora, proporcionan a esta un respiro en los momentos que más lo requiere. De todas maneras la batalla ideológica y política por la unidad la estamos ganando y debemos proseguirla con tesón y consecuentemente.

El no alineamiento ha terminado por convertirse en Colombia en una línea demarcatoria entre la unión y la división del pueblo, entre el revisionismo y el marxismo-leninismo. Este postulado unitario es un lanzazo en el costado de imperialistas y socialimperialistas, y favorece a la revolución colombiana y a las naciones que pugnan por su autodeterminación. Las verdaderas repúblicas socialistas, que se encuentran en la primera fila de estas naciones y que no propician bloques ni pactos internacionales de sojuzgación, son las más interesadas en que las relaciones entre los países se lleven a cabo sobre el respeto pleno a la independencia nacional, la igualdad y la libre decisión de los pueblos. En definitiva, solo a quienes se sientan a gusto con el papel de lazarillos colombianos de los dominadores extranjeros, les produce escozor la consigna del no alineamiento.

No queremos poner punto final a esta carta sin subrayar la meritoria labor que ustedes han desarrollado entre el campesinado, especialmente por sustraer a la ANUC del tutelaje oficial y encauzarla en la tarea de barrer al régimen terratenientes y a sus apuntaladores oligárquicos e imperialistas. Los intereses de los pobres del campo le proporcionan contenido básico a la revolución democrática de liberación nacional. Con sobrada razón los fundadores del Movimiento Nacional Democrático Popular dicen que “hay que engrosar la lucha política del pueblo con esa gran reserva revolucionaria que son las masas campesinas”. Sin ello no habrá frente, ni Poder popular, ni patria liberada. Consciente de esto, nuestro Partido hace también ingentes esfuerzos por vincularse y organizar principalmente a los campesinos pobres y medios y señala con insistencia que las invasiones a las granes fincas, dirigidas por ustedes y demás sectores revolucionarios, son surcos fecundos de unidad y combate.

Por todo lo anterior, la noticia de la fundación del Movimiento Nacional Democrático Popular y su determinación de participar en el Frente por la Unidad del Pueblo, representa buenas nuevas que esparcen por doquier los fogoneros de la revolución y llenan de alegría a las masas populares.

Fraternalmente
Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR
Francisco Mosquera
Secretario General

VICTORIOSA HUELGA DE CHOFERES EN BUCARAMANGA

Precedidos por las banderas del Sindicato Nacional de Choferes y de Unimotor, 60 buses desfilaron por las calles de Bucaramanga el 6 de octubre, celebrando el triunfo de la huelga que realizó durante tres días el transporte en la capital santandereana. Al conquistar el principal objetivo del movimiento, un salario básico, los 250 conductores de Unitransa dieron fin a la llamada «guerra del centavo» que los enfrentaba a unos contra otros. Andrés Gutiérrez, presidente del sindicato Nacional y Fernando Jaimes, presidente de Unimotor, suscribieron la nueva convención colectiva en nombre de los trabajadores.

El cese de actividades de los choferes bumangueses constituyó un poderoso respaldo al paro cívico de Barrancabermeja. Como Unitransa abarca 16 de las 24 rutas existentes, el transporte fue casi nulo en la ciudad el 4 y 5 de octubre. Los motoristas levantaron consignas de apoyo a la USO y la población entera contribuyó a hacer efectiva la solidaridad con los obreros petroleros.

Junto a Fecode, Sittelecom, Utrasan, Festra y la USO, las dos organizaciones en conflicto efectuaron manifestaciones el 30 de septiembre y el 3 y 4 de octubre. En el curso de las mismas fueron detenidos durante algunas horas, el concejal del MOIR en Bucaramanga, Gildardo Jiménez y Luis Méndez, directivo del Sindicato Nacional de Chóferes.

Queda pendiente la lucha por la jornada laboral de ocho horas. Según directivos del Sindicato, las organizaciones de choferes ya acordaron con tal propósito acciones unificadas en todo el país.

Piedrahita ante los periodistas: «POR UN ESTADO DEMOCRÁTICO Y REVOLUCIONARIO»

El pasado 11 de octubre, se realizó una rueda de prensa con el compañero Jaime Piedrahita Cardona, candidato presidencial del Frente por la Unidad del Pueblo. En el acto que se efectuó en la sede del Círculo de Periodistas de Bogotá, Piedrahita Cardona analizó el desarrollo del proceso unitario del FUP, explicó su programa nacional y democrático y refrendó la decisión del Frente de comandar los embates de las masas descontentas contra los resquebrajados cuarteles de la oligarquía liberal-conservadora. Posteriormente, el candidato revolucionario contestó las preguntas de los periodistas.

Alianza antiimperialista

La primera parte de la intervención de Piedrahita estuvo dedicada a pormenorizar los hechos que dieron origen al FUP. “He de empezar – afirmó – diciendo que desde hace mucho tiempo en Colombia no había logrado conformarse una coalición de fuerzas revolucionarias y de la oposición como la que configura hoy el Frente por la Unidad del Pueblo. En efecto, algo de gran importancia y de consecuencias de largo alcance se está gestando en el agusanado vientre de esta anciana sociedad, capaz de producir las condiciones necesarias como para que partidos de mayor o menor heterogeneidad ideológica y política, cuya coincidencia sustancial es la lucha común contra los principales enemigos de nuestro pueblo, hayan resuelto unirse. Dichas fuerzas son, como es sabido, la ANAPO, el MOIR, el MIL, el MNDP, el MAC y los CDPR. Seis organizaciones que, sin lugar a dudas, constituyen una fuerza decisiva, sino la mayoría del movimiento revolucionario colombiano. Esta alianza de partidos y sectores revolucionarios y de izquierda, inicialmente integrada por las agrupaciones mencionadas, no se ha conformado como un círculo cerrado y excluyente con relación al resto de movimientos revolucionarios y populares hoy existentes o que aparezcan en el futuro. Todo lo contrario. Nuestra misión y aspiración máxima es que a ella ingrese la mayoría de nuestros compatriotas.

Impulso a las luchas populares

Sobre el papel jugado por el FUP en las últimas manifestaciones de descontento popular, el candidato dijo: “Prestamos apoyo resuelto a las luchas de las masas asalariadas, entre las que sobresalen las de los educadores y obreros petroleros, cuyo más antiguo y apreciado dirigente, Diego Montaña Cuéllar, es uno de los forjadores del Frente. ¿Y qué decir de la magnífica y grandiosa batalla librada por el pueblo colombiano, y el de Bogotá en particular, durante el Paro Cívico Nacional del pasado 14 y 15 de septiembre? Al lado de las masas sublevadas, detrás de sus barricadas, en los alzamientos callejeros ocurridos, estuvieron los destacamentos de todos los partidos de nuestro Frente”.

Independiente de todo poder foráneo

Con relación a las circunstancias que han determinado que las fuerzas distintas de la coalición gobernante vayan divididas a la próxima contienda electoral, Piedrahita Cardona expresó: “Contrasta la actitud asumida por el Partido Comunista con las gestiones hechas por las fuerzas del FUP para lograr la unificación de todos los grupos de izquierda. Empezó por rechazar sin justificación valedera la invitación hecha por ANAPO al primer foro de los partidos revolucionarios y de oposición del pasado 18 de febrero. Exigió como una condición previa para ingresar al frente revolucionario, el apoyo irrestricto al régimen cubano y, por consiguiente, al bloque de Estados dentro del cual se alinea internacionalmente Cuba, o sea, el presidido por la Unión Soviética. Como quien dice, para ser revolucionario en Colombia, para luchar contra la dominación extranjera norteamericana, se requiere primero, a juicio del Partido Comunista, alinearse al lado de la Unión Soviética”.

Posteriormente subrayó: “En suma, es un criterio unánime de los partidos que conformamos esta alianza revolucionaria, que tanto el Frente como el futuro Estado revolucionario de nuestro país, sean realmente independientes de todo centro de Poder foráneo”.

El candidato del Partido Comunista

Jaime Piedrahita desenmascaró la táctica de quienes se han levantado rabiosamente contra la unidad: “El Partido Comunista ha pretendido inflar el globo de una falsa candidatura anapista y, no contento con ello, ha tachado mi candidatura de divisionista. Flaca memoria la del improvisado candidato que se ha prestado a este triste juego. ¿Acaso se ha olvidado el señor Pernía que cuando él pertenecía a la dirección nacional de mi partido aprobó la proclamación de mi candidatura, primero el 11 de diciembre de 1976 en el IV Congreso de ANAPO y después la ratificó en comunicado público el 16 de marzo de 1977? Contra estos hechos evidentes, ¿cómo podrá él convencerse y convencer a los demás de que fue él y no yo el proclamado candidato por ANAPO, si todo el mundo sabe que su candidatura data de la reunión del Partido Comunista del 6 de agosto de 1977?”.

El despotismo oficial

A continuación, el candidato unitario se refirió al actual régimen presidido por Alfonso López: “El gobierno ha legislado y hecho legislar al Congreso sólo para recortar más y más los derechos democráticos de reunión, expresión y movilización de las masas, y los de huelga y contratación colectiva de la clase obrera. Al mismo tiempo da dentelladas una y otra vez contra las más sentidas reivindicaciones populares como vivienda, asistencia médica, educación y servicios públicos. Desalojos de barrios enteros ejecutados a culata y bolillo: hospitales paralizados, universidades, escuelas y colegios cerrados por falta de financiación pública; extensas zonas de ciudades y poblaciones sin transporte urbano adecuado, sin servicios de luz y agua potable; millones de colombianos en el campo en condiciones infrahumanas de vida. Tal es el desolador panorama que ofrece el país”.

Programa nacional y democrático

El candidato del FUP finalizó: “¿Qué va hacer el Frente por la Unidad del Pueblo en las próximas elecciones? Preparar más al pueblo colombiano para el camino revolucionario. ¿Cómo? Sosteniendo en todas partes que el desarrollo del país y los grandes problemas nacionales no tienen salida en el actual marco de la dominación extranjera norteamericana, sustentada en los gobiernos liberal-conservadores. Que la única solución es la revolución y que esta significa conquistar la independencia del país, nacionalizar los grandes monopolios colombianos y extranjeros, confiscar los grandes latifundios y repartirlos entre los campesinos que trabajan la tierra. Que todo ello supone sustituir el actual Estado oligárquico por un Estado nuevo, democrático y revolucionario de obreros, campesinos, pequeños y medianos industriales y comerciantes, y de todas las gentes patrióticas”.

TOMA DE TIERRAS EN PUERTO BOYACÁ

En la vereda El Tigre del municipio de Puerto Boyacá, a orillas del río Magdalena, 45 familias campesinas invadieron el viernes 2 de septiembre un latifundio abandonado de más de 250 fanegadas. La finca “La Perla”, propiedad de una casta de grandes terratenientes con miles de hectáreas improductivas diseminadas por toda la región, se convirtió en un hormiguero de trabajadores del campo que se adjudicaban de común acuerdo las parcelas y levantaban sus humildes viviendas con estacas, tablones de madera y techos de madera y techos de palma.

Sin pedirle permiso a nadie, y mucho menos a sus tradicionales opresores, hostilizados a diario por la fuerza pública, pero resueltos a triunfar sobre todos los obstáculos, los campesinos reivindicaban que la tierra pasara a ser de los que la trabajan.

El mismo viernes por la tarde se presentó un piquete de la policía con orden de desalojarlos, pero la resistencia de los hombres, las mujeres y los niños impidió que los propósitos del régimen se perpetraran. En la mañana siguiente llegó un destacamento del ejército que, después de golpear brutalmente a los invasores, quemó sus escasos haberes, y, amenazándolos de muerte, consiguió expulsarlos a golpes de culata y encarcelar a sus dirigentes.

Como respuesta a los atropellos de la soldadesca, en la madrugada del domingo 4 de septiembre los compañeros iniciaron una marcha que recorrió varias veredas y terminó por concentrarse al medio día en la plaza central de Puerto Boyacá. Allí se realizó una inmensa manifestación, con el apoyo solidario de todos los sectores populares.

Ante las amenazas de la represión, los agricultores de El Tigre se instalaron con sus mujeres y sus hijos dentro de la iglesia, donde permanecieron varios días en señal de protesta. Han pasado para siempre los tiempos en que los oprimidos se dejaban atropellar impunemente “Recibimos la solidaridad de todo el pueblo, en alimentos, ropas, drogas y lo más importante; recibimos la presencia continua de miles de personas que nos alentaban permanentemente a proseguir la lucha”, relata un campesino “y así será –termina diciendo- aunque no cueste la vida”.