DECLARACIÓN POLÍTICA DEL III FORO DEL FUP

La realización del III Foro del Frente por la Unidad del Pueblo implica de por sí una importante victoria de las fuerzas revolucionarias de Colombia, llamada a ejercer considerable influencia en los acontecimientos políticos del inmediato futuro. Los integrantes del FUP venimos de librar exitosas batallas contra las tendencias oportunistas que, como salida para la conformación del frente, propugnan una línea de conciliación con las posiciones oligárquicas. A ello obedece que hubiéramos podido reestructurar nuestras agrupaciones partidarias y mantener un bloque unificado que a manera de polo de atracción contribuya eficazmente a encauzar las luchas y la rebeldía del pueblo en las críticas condiciones del momento. No exageramos pues al concluir desde ya que esta espléndida y oportuna cita revolucionaria en la ciudad de Pereira repercutirá positivamente a todo lo largo y ancho de la geografía patria, en bien de la causa de los explotados y sojuzgados.

Empezamos por proclamar nuestra inquebrantable resolución de robustecer el Frente, facilitando los acuerdos con las agrupaciones y personas preocupadas en la suerte del país y dispuestas a cooperar con nosotros en la brega por rescatar la nación de las garras de los monopolios, principalmente estadinenses, y de la minoría vendida que acolita el constante e inclemente saqueo de nuestras riquezas y recursos naturales. Nunca fue tan urgente la creación de una vasta alianza de los oprimidos para frenar los abusos inauditos de sus opresores como ahora, porque tampoco había sido tan honda la crisis de la economía colombiana ni tan deplorable la situación de las clases trabajadoras.

El desbarajuste es tal, que hasta las capas menos débiles de los productores nacionales, inclinados siempre a respaldar las más aberrante determinaciones oficiales han comenzado a tornar por las últimas medidas del gobierno. La política económica del régimen se ha venido convirtiendo en una inminente amenaza de ruina para los pequeños y medianos industriales y empresarios agrícolas, es decir, para los sectores no monopolistas de la producción colombiana que a pesar de sus notables contribuciones al desarrollo, cada día se ven más y más acorralados ante la competencia externa, los créditos especulativos y el encarecimiento de insumos y materias primas. Con la contratación de nuevos y cuantiosos préstamos a la banca internacional y con la liberación de importaciones, no sólo se festinarán las divisas acumuladas durante años, sino que se seguirá hipotecando la nación y creciendo el mercado del país al imperialismo. Desde luego que los más afectados por la expoliación de los grandes consorcios son los obreros y los campesinos, los cuales se hallan roídos por el hambre y la miseria, sometidos a los peores abusos de la violencia represiva y sin la mínima esperanza de aliviar sus sufrimientos mientras imperen las presentes relaciones sociales. Todo este proceso demuestra la veracidad de nuestras concepciones acerca del frente único de liberación nacional y la urgencia que tenemos de forjarlo. A la gesta emancipadora concurrirán con sus destacamentos de combate tanto las masas laboriosas de la ciudad y el campo, como el resto de clases y estamentos democráticos y patrióticos, incluidos los burgueses nacionales con contradicciones crecientes y agudas con los monopolios imperialistas y el Estado vendepatria.

Pero creemos firmemente que el frente, por el que trabajamos sin desmayo los integrantes del FUP, ha de tener en cuenta y sacarle todo el partido a la crisis que surge de las condiciones de dominación neocolonial del imperialismo norteamericano sobre Colombia, antes que minimizarla o tratar de esconderla. De una inconsecuencia infinita han sido los grupos políticos que dizque para crearle ambiente a la unidad, optan por silenciar la causa básica que la hará posible; el sometimiento del país a los intereses y dictados de Washington.

Las calamidades públicas y, en particular, el escalonamiento represivo, la preponderancia del militarismo, la reimplantación del estado de sitio, el Estatuto de Seguridad y toda esa pesadilla de allanamientos, torturas y crímenes mil, obedece en última instancia a la postración de la nación ante los amos de la superpotencia de Occidente.

Y ese cuadro tiende a agravarse. Por ello el frente irá aglutinando progresivamente a más vastos sectores populares, a la intelectualidad revolucionaria y también a los pequeños y medianos industriales y comerciantes. Cuanta más claridad hagamos de los factores verdaderos del caos reinante, más cerca estaremos de nuestros objetivos finales. Y no al contrario, como torpemente lo calcula la oposición oportunista.

Tenemos por delante una campaña electoral que habremos de aprovechar al máximo para educar al pueblo en las ideas de la revolución, organizarlo masivamente y apoyarlo con decisión en sus múltiples batallas por el pan, la libertad y demás peticiones esenciales. Manifestamos nuestra disposición a buscar acuerdos con todas las colectividades políticas, a nivel nacional o departamental, que deseen unificar esfuerzos con el FUP en los próximos comicios en torno a unos puntos mínimos revolucionarios.

Las alianzas electorales necesariamente coadyuvarán a abrirle paso al frente único. De ahí su importancia. Por eso pondremos especial énfasis en tales acuerdos, sin vetos de ninguna especie, y abarcando obviamente a los grupos liberales y conservadores contrarios al régimen. Nuestras condiciones, lejos de ser excluyentes, despejan, en las circunstancias vigentes, el camino de la unidad del pueblo.

Recabamos un programa que recoja las más sentidas reivindicaciones económicas y políticas de las clases antiimperialista y nos oponemos a una plataforma reformista que en el fondo no puede ser más que el resumen almibarado de los planteamientos oligárquicos. Demandamos el respeto de los principios que deben regir las relaciones en pie de igualdad entre los aliados y el funcionamiento democrático de la alianza. Persistimos en el no alineamiento, o sea, que el frente no se matricule en la órbita de ningún Estado extranjero, y mucho menos en la de la Unión Soviética, como han insistido los dirigentes del Partido Comunista. En fin, las propuestas del FUP recogen las aspiraciones fundamentales del pueblo y la nación colombiana, garantizan la cohesión y el entendimiento entre las clases y fuerzas participantes de la unidad y proclaman categóricamente que la nueva república democrática y popular no sólo culminará la independencia del país del yugo norteamericano, sino que preservará la auténtica soberanía nacional contra cualquier otro intento de subyugación foránea.

Por lo demás, la difícil situación económica de las mayorías, por efecto de la inflación desbordada, el alto costo de la vida, los bajos salarios, etc., así como el recrudecimiento de la represión, colocarán a la orden del día las peleas de los explotados y oprimidos por mejores condiciones de vida y contra la militarización progresiva y cada una de las disposiciones despóticas. Expresamos la conveniencia de promover las acciones unitarias correspondientes que les permitan a las masas salir airosas de dichos combates, no obstante la escalada represiva y la completa negación de los derechos del pueblo. Preparemos las condiciones políticas para la gestación de un poderoso movimiento de protesta que le salga al paso al despotismo y permita a la revolución tomar la iniciativa a un corto plazo.

Solidaricémonos con las luchas de los obreros por los aumentos de salarios y la defensa de sus sindicatos.

Respaldemos las asociaciones y ligas campesinas que combaten por recuperar su tierra hoy en manos de la tiránica y ociosa clase terrateniente.

Apoyemos las valerosas movilizaciones del estudiantado y de la juventud en general en pro de sus derechos y de la emancipación de la nación.

Unámonos con todos los que se atreven a enfrentar al imperialismo norteamericano, que de la unión de los de abajo depende la prosperidad y la grandeza de Colombia.

Frente por la Unidad del Pueblo
Pereira, septiembre 29 de 1979

«Las propuestas del FUP recogen las aspiraciones fundamentales del pueblo y la nación colombiana, garantizan la cohesión y el entendimiento entre las clases y fuerzas participantes de la unidad y proclaman categóricamente que la nueva república democrática y popular no sólo culminará la independencia del país del yugo norteamericano sino que preservará la auténtica soberanía nacional contra cualquier otro intento de subyugación foránea».

TERRORISMO OFICIAL CONTRA DIRECTIVOS SINDICALES

Gustavo Manjarrés, operario de locomotora de los Ferrocarriles, apareció muerto el pasado 7 de noviembre en la estación de Girardot, 58 días después de que fuera retenido en la base militar de Tolemaida. El cuerpo del trabajador mostraba claras señales de tortura. A las nueve de la noche, según testigos presenciales, cuatro camiones repletos de soldados cercaron la estación del ferrocarril y dejaron en un andén el cadáver de Manjarrés. Luego militarizaron la población para impedir las protestas de la ciudadanía.
Se conoció también que Marco Aurelio Romero, secretario general del Sindicato ferroviario en Girardot, permanece detenido en Tolemaida, a donde fue llevado el 25 de agosto. Romero presenta heridas en la cara y tiene quemaduras en los pies, al parecer causadas por un ácido.

Un comunicado suscrito por el Comité Regional de Solidaridad de Cundinamarca exigió en días pasados la inmediata libertad de Romero y reclamó del movimiento sindical una campaña enérgica para salvar su vida.

Protestas por asesinato
La Asociación Médica Sindical (ASMEDAS), presidida por Eduardo Arévalo Burgos realizó el 21 de noviembre una jornada de protesta en todo el país, para denunciar el asesinato del doctor Humberto Rodríguez, perpetrado el 10 de noviembre en Cali por el F-2. El profesional valluno descendía de una buseta en compañía de su anciana madre, cuando fue muerto a quemarropa.

Los médicos residentes e internos del hospital Universitario de Cali llevaron a cabo paros escalonados para exigir que el gobierno ponga término a los constantes atropellos contra el personal adscrito a los servicios de salud. Voceros de ANIR rebelaron que alrededor de 40 médicos han sido retenidos y torturados por el ejército en los últimos meses.

Militarizado Acueducto de Bogotá
En la madrugada del 27 de octubre, una patrulla de la policía dejó malherido en la Clínica Fray Bartolomé de las Casas a Gustavo Mejía, presidente del Sindicato del Acueducto de Bogotá.

La policía dijo que se trataba de un “accidente de tránsito”. Directivos del sindicato denunciaron, empero, que Gustavo Mejía ya había sido víctima de un primer “accidente”, cuando sujetos desconocidos lo agredieron a mediados de septiembre para quitarle una libreta de apuntes. A más de esto, el dirigente venía recibiendo llamadas telefónicas amenazantes.

El intento criminal hace parte de una escalada represiva que incluye el nombramiento de militares en cargos importantes de la empresa, el llamamiento de 45 trabajadores reservistas a servicio militar – incluidos directivos de Sintracueducto – y la militarización de las instalaciones.

Otro atentado
Alfredo Morales, presidente del Sindicato del Minhacienda, actualmente en huelga, denunció que en la mañana del 17 de noviembre y en el momento en que salía de su residencia, 12 matones le tendieron una emboscada, de la que solo pudo escapar ileso gracias al oportuno auxilio de los vecinos.

Según lo afirma el boletín difundido por Sintrha, el gobierno de Turbay busca aplastar con violencia el movimiento que adelanta los trabajadores de ese Ministerio.

Despotismo turbayista en Anchicayá
El régimen ha declarado la guerra al Sindicato de Trabajadores de Anchicayá, en el Valle. En los meses posteriores al cobarde asesinato del vicepresidente de la junta directiva, Manuel Salvador Montoya, perpetrado por agentes secretos a mediados de 1979, el ejército detuvo a Ángel M. Nazarith, Eliud Gómez, Rafael Rueda, Julio H. Mena, Héctor F. Vargas, José del C. Barreto y Bernabé Casas, directivos y activistas de la organización, a quienes se trasladó a un sitio de torturas llamado “La Remonta”. Allí los compañeros fueron sometidos a los castigos más salvajes. También fue detenida Elizabeth Caicedo, esposa de Eliud Gómez, un mes después de haber dado a luz.

MENSAJE DE JOSÉ JARAMILLO GIRALDO AL FORO

Bogotá, septiembre 28 de 1979

Compañeros delegados al III Foro del FUP:

Lo más indignante de la situación nacional consiste en que por encima de las villanías que a diario comete la oligarquía contra el pueblo, ésta se jacta de democrática y protectora de los derechos de los oprimidos. La represión que con tanta saña han impuesto los verdugos del régimen está dirigida a sostener los negociados de los monopolios extranjeros y colombianos que se enriquecen por cuenta del sudor y la sangre de los trabajadores. Existe identidad económica, política y jurídica entre gobierno, ejército y altas directivas de los partidos tradicionales. Pero ninguno de ellos puede ser eximido de responsabilidad de cuanto viene sucediendo en el país. El Presidente es el jefe de las Fuerzas Armadas y en su condición de tal firmó el estado de sitio, el Estatuto de Seguridad y los otros decretos represivos. Todos son cómplices de los desastres sociales y de las torturas y demás atropellos conocidos. Los directivos de la coalición bipartidista apoyan el juego del gobierno.

Las circunstancias históricas son demasiado graves para que se permitan desconocerla a titulo de elegante despreocupación quienes ya son ciudadanos. Todo patriota verdadero está en obligación de luchar para derribar algo que está podrido desde sus bases. Esto no es el problema de una sola clase, es el problema de todo un pueblo contra la pandilla acampada en el Poder, que no pasa del cinco por ciento de la población colombiana, pero que tiene las armas y el dinero de las mafias, los recursos del peculado, el serrucho y la cocaína. La revolución nacional y democrática ya no es solo una simple aspiración, sino una necesidad vital para los estamentos populares salvarse y salvar a Colombia.

La obligación de todo revolucionario es ofrecer lo que pueda dar; ni le pedimos más, ni le recibimos menos. No estoy en posibilidades de entregar mucho pero lo que pueda aportar lo aporto y lo aportaré. Inclusive, aunque parezca exagerado, hasta la última gota de sangre que corre por mis venas. Los hechos lo dirán.

MOVILIZACIÓN VICTORIOSA EN BANCO DE BOGOTÁ

Al resumir las experiencias de la reciente negociación, la junta directiva de ACEB destacó la combatividad de los 5.500 trabajadores del Banco de Bogotá; el 12 de noviembre consiguieron un aumento salarial del 35 por ciento después de un exitoso paro de 7 días. Según el presidente de ACEB, Hugo Cruz, la participación masiva de los trabajadores en los mítines no tiene antecedentes en el Banco de Bogotá.

Los asalariados obtuvieron 2.100 pesos para el primer año y 2.200 para el segundo, y los cajeros se beneficiaron con 300 pesos adicionales. ACEB firmó convenciones similares en los bancos Comercial Antioqueño, Anglo Colombiano y Ganadero, en beneficio de 8.000 trabajadores.

La Asociación Nacional de Empleados del Banco de la República firmó el 10 de diciembre la nueva convención, con aumentos de 2.100 y 2.200 pesos. Poco antes de iniciarse la discusión del pliego, una asamblea delegataria reunida en San Andrés Islas había derrotado la hegemonía de la UTC y elegido una junta directiva anti-patronal, presidida por Valeriano Berrío. Este triunfo de las fuerzas consecuentes abre el camino para un nuevo fortalecimiento del sindicalismo de industria en el sector bancario.

COLOMBIA NO PUEDE ESTAR CONDENADA ETERNAMENTE A LA ESCLAVITUD Y A LA MISERIA

En noviembre de 1976, mi partido, la Alianza Nacional Popular, ANAPO, realizó su congreso nacional con el propósito de destituir la dirección reaccionaria, entreguista y conciliadora de María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, y se designó como jefe a quien lo merecía por mil títulos, a José Jaramillo Giraldo. Desde entonces la ANAPO resolvió convocar a las masas y a los partidos de la oposición democrática, popular y revolucionaria, para que conformáramos un frente único de lucha. Fue así como en febrero y julio de 1977 se realizaron el Primero y Segundo Foros, y en este último se creó y se proclamó definitivamente este glorioso movimiento, el Frente por la Unidad del Pueblo.

Guiados por el ejemplo de compañeros llenos de coraje, como Oscar Gutiérrez y Mauricio Jaramillo, o como tantos otros luchadores que en las cárceles de la oligarquía, bajo la pezuña militar, han padecido la represión y la tortura, para acompañar sus luchas y para gritar con ellos el nombre de Colombia y el de la libertad de nuestro pueblo, hemos venido aquí, a impulsar y a continuar el proceso que conduzca la toma del Poder para el pueblo colombiano.

La Anapo revolucionaria, la Anapo consecuente con los principios del nacionalismo popular y revolucionario como una vía al socialismo, los que guardamos la memoria del caudillo, general Rojas Pinilla, decimos que la Anapo está en pie de lucha, porque la revolución nos llama y porque la mejor manera de rendirle tributo al testamento revolucionario de Rojas Pinilla es acompañando a estos otros compañeros revolucionarios del Frente por la Unidad del Pueblo.

Esta unidad queremos que se haga bajo la bandera de un programa claramente revolucionario. No un programa liberaloide. No un programa meramente reformista. No un programa oportunista. No un programa para conseguir algunas curules. Sino un programa que consulte la cólera del pueblo colombiano, que exige echar al mar a los imperialistas yanquis y aplastar a la oligarquía vendepatria.

En medio de las circunstancias azarosas que vive hoy el país, bajo la militarización del Estado y de la justicia, bajo la conversión de Turbay Ayala en un títere de las fuerzas oscuras y reaccionarias, con el pueblo que hoy asiste a este Foro revolucionario, y con quienes no pudieron asistir, con todos ellos, le estamos diciendo a Turbay Ayala, y a toda la casta militar, que no habrá armas, ni fusiles, ni cárceles, ni torturas que puedan detener a estos combatientes que se han decidido por la libertad.

No nos intimidará pues que la oligarquía amenace con afianzar y reforzar el Estatuto de Seguridad, un estatuto infame y fascista cuyo único objeto ha sido el de reprimir a los proletarios y no combatir a los bandidos y a los delincuentes. En la Cámara de Representantes yo tuve la oportunidad de enrostrarle al ministro de justicia que nos dijera el nombre de un solo mafioso, de un contrabandista, de un cocainero, de un especulador, de un acaparador, de uno de los delincuentes de cuello blanco, de los hampones de las finanzas, de los hampones de levita, que esté en las cárceles. No hay ninguno porque todos estos delincuentes cuentan con la complicidad del gobierno y de los jueces del ejército. Y además porque son socios de Turbay Ayala y de Camacho Leyva.

Queda pues demostrado que no nos chantajean ni la represión ni las amenazas. Y lo que es más importante, que el pueblo colombiano ha perdido la apatía y ha perdido la indiferencia para decidirse a luchar por la conquista del Poder con el ejemplo victorioso del pueblo de Nicaragua, donde hasta las mujeres y los niños levantaron los machetes y las escopetas y las herramientas; y con el coraje que da luchar por la propia patria cuando se tienen la razón y la verdad, derrotaron y expulsaron al tirano Somoza y al imperialismo yanqui que lo apoyaba. ¡Sí se puede derrotar a la oligarquía y al imperialismo norteamericano! ¡Sí se puede lograr el triunfo del pueblo! ¡Colombia no puede estar condenada eternamente a la esclavitud y a la miseria! ¡Colombia no puede estar siempre destinada al saqueo infame de la potencia yanqui! ¡Tampoco puede permanecer sin remedio bajo la dictadura de una casta corrupta e incapaz! ¡No hay Somoza que dure cien años y no habrá oligarquía colombiana que dure también cien años! El Frente por la Unidad del Pueblo convocará y aglutinará a las mayorías colombianas y las dotará de una conciencia revolucionaria y de un nivel político que serán más poderosos que los cañones y los fusiles de los opresores.

A reforzar, pues, el Frente por la Unidad del Pueblo, destacamento de los patriotas y de las gentes que queremos una Colombia democrática, soberana y libre, único instrumento que consagra la liberación social y política de nuestra patria.

AGUDOS CONFLICTOS SINDICALES

ILEGALIZADA HUELGA EN AMAGÁ
Una resolución del 22 de noviembre de 1979, firmada por Luis Roberto García, viceministro del Trabajo, declaró ilegal la huelga en Carbones San Fernando de Amagá. Otra resolución, dictada un mes antes por el ministro de Trabajo, Rodrigo Marín Bernal, había convocado tribunal de arbitramento.

La contradictoria situación sin resolverse y los 86 obreros continúan el cese, que ya se prolonga por siete meses. Hernán Taborda, presidente del Sindicato de la Industria Minera de Antioquia, reclamó el cumplimiento de la convocatoria del arbitramento. De otra parte, 47 trabajadores de Excarbón de Titiribí, afiliados el mismo sindicato, salieron a huelga el 31 de diciembre para exigir respuesta al pliego petitorio.

TEXACO VENDE CAMPOS DE ORITO
Los yacimientos que la Texas posee en Orito (Putumayo) fueron comprados en fecha reciente por Ecopetrol, pero ingresarán a la compañía Mixta Petrolera del Río, de la cual es socia la empresa estatal. Se busca impedir con esta maniobra que las conquistas convencionales de la USO se extiendan a 1.500 trabajadores de Orito, incluidos los 1.200 que laboran bajo el sistema de contratistas. Los tres sindicatos existentes en la Texas conformaron un comité conjunto para exigir la unificación de convenciones, según lo informó Cecilio Guerrero, directivo de la organización de base.

UNIVERSIDAD NACIONAL DESPIDE A DIRECTIVOS SINDICALES
A raíz del paro de protesta del 6 de septiembre organizado por Fenaltrase, la Universidad Nacional ordenó la expulsión de Marcos Manzano, presidente del sindicato, Eliécer Duque, Armando Hernández, Álvaro Rendón, Libardo Galvis, Rosendo Romero y Alfonso Ospina, que hacen parte de la junta directiva. La arbitraria medida se llevó a cabo en vísperas de la presentación del pliego, cuya principal reivindicación es la defensa del carácter de trabajadores oficiales que ostentan los 2.600 asalariados

70 DÍAS DE PARO EN BENEFICENCIA DE MANIZALES
EL 16 de noviembre culminó el cese de actividades que desde comienzos de septiembre adelantaban cerca de 1.400 trabajadores de la Beneficencia de Manizales, adscritos a diferentes centros hospitalarios. El sindicato logró echar atrás la inminente clasificación de los trabajadores como empleados públicos, si bien el gobierno departamental amenaza otra vez con imponerla.

TERMINA HUELGA EN SIDELPA
EL 17 de noviembre terminó la cuarta huelga de los 750 obreros de Siderúrgica del Pacifico (Sidelpa), que duró 41 días. En salarios se pactaron 68 y 73 pesos para el personal de planta, a más de otras reivindicaciones. Sidelpa es la más importante siderúrgica semi-integrada del país. Produce las dos terceras partes de los aceros especiales que se elaboran en Colombia, así como aceros inoxidables. En Simesa, otra siderúrgica ubicada en Medellín, el sindicato firmó en la etapa de prehuelga aumentos de 48 y 54 pesos.

DOS HUELGAS MÁS DECLARADAS ILEGALES
El 9 de septiembre fue ilegalizada la huelga de los 500 obreros de Industrias Metálicas de Palmira (IMP). El Ministerio argumentó que el sindicato había «irrespetado» a funcionarios oficiales el 9 de octubre , día en que comenzó el cese de actividades.

La policía obligó el 23 de noviembre a los huelguistas a reingresar al trabajo. A mediados del año había sido ilegalizada la huelga de Punto Sport Catalina, también con un pretexto baladí urdido por el sector holmista del sindicalismo valluno.

PERSECUCIÓN SINDICAL EN PAÑOS OMNES
Gilmer Cañas, presidente del Sindicato de Paños Omnes, de Pereira, fue despedido en los primeros días de diciembre pasado, dentro de una feroz campaña de persecución contra el sindicato. Ya con anterioridad habían sido destituidos cinco obreros. Esto ocurre mientras se adelanta la preparación del pliego de peticiones.

MINISTERIO MANIPULADO POR LOS PATRONOS
A petición de la Compañía de Empaques de Medellín, el Ministerio de Trabajo confiscó el 8 de enero los libros de actas del sindicato, con el fin de «levantar un informe sobre asambleas y reuniones de los últimos 10 años», según manifestó cínicamente un funcionario del mismo Ministerio. El secretario general del sindicato, Jaime Tangarife, quien denunció el insólito hecho, dijo también que la Oficina de Asuntos Colectivos, encargada de pronunciarse sobre el pliego de peticiones de los 2.500 trabajadores, extravió en días pasados el expediente. Como se sabe, la compañía viene eludiendo las negociaciones desde hace ocho años. Para colmo, toda la junta directiva de la organización sindical se encuentra despedida.

CUARTA HUELGA EN PELDAR
Los gigantescos hornos de Peldar, empresa del monopolio Ardila Lulle, se encuentran apagados desde el 27 de diciembre a raíz de la huelga que realizan sus 800 trabajadores. Estos exigen estabilidad laboral, primas extralegales y de antigüedad y aumento salarial de 250 pesos. Este es el cuarto movimiento huelguístico que se registra en Peldar. Los anteriores se presentaron en 1955, 1961 y 1969.

ESTAMOS POR LA DERROTA DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO Y POR PRESERVAR LA COMPLETA INDEPENDENCIA NACIONAL

Sobre el cruel y oscuro panorama de crisis y de miseria que ha ocasionado la oligarquía colombiana, campea la más brutal represión en todas sus manifestaciones. Desde el cerco a la lucha sindical, la limitación arbitraria de las alzas de salarios, la persecución contra todas las fuerzas que de una u otra manera luchan por el porvenir de Colombia, el acoso de las organizaciones campesinas de base y, últimamente en lo más grande de su brutalidad, la persecución a través del Estatuto de Seguridad, las torturas, la intimidación, todo eso porque de otra manera los planes de la oligarquía, que consisten en exprimir hasta la última gota de sudor del trabajo de nuestro pueblo, no se podrían cumplir. La represión como complemento de su programa económico, he allí el panorama al que nos enfrentamos, he allí la situación contra la que nos rebelamos.

En lo que va corrido del gobierno de Turbay, que ha sido un año largo, sumamente largo para el pueblo, han asomado las orejas del militarismo y la represión como símbolo de que la fementida democracia representativa es un embeleco. Se han venido trabando los engranajes con los cuales funciona el sistema de la oligarquía. Para ellos las cosas tampoco están buenas.

Antes de un temblor, las alimañas y los animales que viven en las cuevas bajo la tierra salen a la superficie. Eso es lo que está pasando en nuestro país. Si toda esa caterva repugnante que hoy campea en el Poder se quita las caretas y no tiene ningún escrúpulo en presentarse tal como es ante los ojos de todos los colombianos, eso indica que se ciernen sobre nuestra patria grandes estremecimientos. Sencillamente la descomposición social anuncia la revolución. Las instituciones con que se ha pretendido mostrar a Colombia como una maravilla democrática, dejaron de funcionar. Todo el aparato tiende a recargarse sobre una sola pieza, la pieza militar, que, a fuerza de ser usada, también se habrá de desgastar.

Pero a pesar de todas las medidas que se han tomado, nuestro pueblo ha luchado. Han continuado las huelgas obreras y los campesinos no se han detenido en su trabajo de organizarse. Crece y crece la inconformidad en todo el país. Nuestro pueblo es un pueblo muy grande. Todavía no se ha hecho ver. Podemos entonces seguir confiados hacia delante. El pueblo colombiano apenas comienza a escribir su historia. En lo que hemos conocido de sus luchas se ha descubierto lo rico de su veta democrática, patriótica y revolucionaria. Bien vale la pena explotar esta mina, llegando a más amplias masas populares. Tenemos algunos instrumentos para ello, contamos con la existencia misma de nuestros movimientos, contamos con un frente, una coalición revolucionaria, con un programa revolucionario. En esto nos diferenciamos de otras fuerzas que, de una u otra manera, tienen contradicciones con el gobierno. Nosotros no estamos silenciando la necesidad ni la inevitabilidad de la revolución colombiana. No nos hacemos ilusiones sobre ilusiones intermedias.

Cualquier colombiano con cuatro dedos de frente puede comprender que la crisis actual no tiene solución bajo el régimen que nos domina, que se necesita una transformación total y radical. No hemos aceptado por tanto las invitaciones que se nos han hecho a endulzar nuestro lenguaje, a mellarle la punta a nuestra lanza.

Algunas personas equivocadamente consideran que hoy la clave para unir a la inmensa mayoría de los colombianos está en que dejemos de hablar de la revolución. Para algunas personas, que no pueden ser muchas en este país, plantear la necesidad de un programa revolucionario, plantear la necesidad de una nueva Colombia democrática y popular, es algo que nos perjudica. Nosotros no compartimos esos cálculos. Consideramos que tenemos, por el contrario, que ir abriendo el derrotero, sin inquietarnos por las dificultades del momento. Sabemos que por el camino de la revolución avanzará la inmensa mayoría de los colombianos. Cualquier programa que no se proponga esa meta será un programa que podrá adornar la situación, si se quiere, que conseguirá en algún momento algunas expectativas, pero no será un programa acorde con la realidad nacional. Será un programa de soñadores, y quizás no de soñadores sino de vacilantes y de temerosos. Y el pueblo colombiano no merece una dirección así sino una dirección revolucionaria que se foguee en miles de combates. Por eso nuestra revolución no sólo se realiza bajo la consigna de la oposición al régimen, contra el despotismo, sino que también se realiza bajo la consigna del rechazo al oportunismo.

Predicamos el no alineamiento porque, como lo hemos dicho muchas veces, no sólo estamos por la derrota del imperialismo norteamericano sino por preservar la completa independencia nacional. Tenemos la decisión y el anhelo de desterrar de nuestro país no solo a quienes nos han explotado, a quienes desmembraron a Panamá, a quienes saquearon nuestro petróleo, a quienes han usurpado todo el trabajo nacional, sino también porque queremos un país verdaderamente libre. Por eso decidimos que estamos contra el imperialismo norteamericano pero también contra toda otra forma de dominación extranjera. Nuestro mensaje es el único que sinceramente se hilvana con los sentimientos de hasta el más humilde de los colombianos, que nunca querría ver que cambiemos una dominación por otra sino que lleguemos plenamente a la liberación, a la independencia y a la autodeterminación. Esa es la gran tarea del Frente por la Unidad del Pueblo.

JAIME PIEDRAHÍTA CARDONA: EL FUTURO SERÁ PROPICIO PARA LA GRAN REBELIÓN DE LOS EXPLOTADOS

Compañeras y compañeros:

Dije en mí declaración del 9 de julio de 1978, ante el deplorable espectáculo de muchos viejos y recientes sectores de la izquierda sumidos en una especie de congoja post-electoral – que abate invariablemente a los que toman las elecciones del régimen por lo que no son -, que los partidos integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo nunca pretendimos transformaciones sustanciales de la sociedad colombiana mediante la lidia comicial. Lo había dicho ya en algunas de mis intervenciones televisadas de la campaña eleccionaria y repetido en un sinnúmero de discursos pronunciados ante nutridas manifestaciones y hasta en los gratos intercambios de impresiones habidos en pequeñas reuniones con gentes de mi pueblo.

La vida ha aclarado a fondo entre nuestros destacamentos la fundamental cuestión de que debido a que el enemigo concentra una desproporcionada superioridad de fuerzas con respecto a las agrupaciones políticas populares, lo habitual es que en la lucha electoral los partidos revolucionarios permanezcan en minoría.

Lo que no nos impidió ni nos impedirá extender y acrecentar nuestros efectivos, ni ser concientes de que nuestro papel actual consiste en acumular fuerzas y aguardar la coyuntura favorable a la revolución. Mi candidatura en las pasadas elecciones, símbolo del repudio airado de patriotas, demócratas y revolucionarios a la iniquidad imperante en el país, no tuvo otro sentido que contribuir a este objetivo.

Así, durante un año recorrimos la geografía patria propagando las ideas de la revolución, promoviendo la unidad de las masas populares contra sus seculares enemigos, adelantando entre cientos de miles de obreros, campesinos y capas medias de la población la firme esperanza en la conquista de una nueva Colombia libre de amos extranjeros y déspotas traidores, sobre todo, echamos las bases para la construcción del frente único de liberación nacional.

Hoy, al pasar revista a nuestras fuerzas el balance es altamente satisfactorio; el multitudinario contingente de combatientes populares venidos de los cuatro puntos cardinales del país a Pereira nos dice que el Frente por la Unidad del Pueblo empieza a echar raíces entre las masas de obreros y campesinos. La determinación de luchar hasta el fin, la abnegación y el entusiasmo que ustedes, compañeros, traen a este Foro son la mejor garantía de que poco a poco nos ganaremos el inmenso corazón del pueblo y de que nos sea otorgado por oprimidos y desarrapados el supremo honor de ser sus abanderados y adalides. No puedo menos que expresar mi gran reconocimiento a mis excelentes compañeros, los respectivos dirigentes máximos del MOIR y de la Democracia Popular. Particularmente valioso y decisivo ha resultado, a mi juicio, el papel desempeñado en este proceso por ese joven y lúcido jefe que es Francisco Mosquera.

Conviene también, a la hora de iniciar el nuevo tramo de nuestra brega, recalcar que el programa con que se fundó el Frente – que refrendará esta reunión – es el programa de la revolución colombiana. Insisto, entonces y ahora, en que la deseable unidad de las fuerzas contrarias al régimen tuviera como base el reconocimiento explícito de los intereses vitales de la nación y el pueblo. Sabido es que las fuerzas de izquierda no pudieron concurrir unidas al pasado debate electoral por el empecinamiento del Partido Comunista, que naturalmente rechazamos, de alinear el Frente.

Acontecimiento tan importante como la decisión de la cumbre del Movimiento de los Países no Alineados, realizada en la Habana en días pasados, demuestra que lo que está en juego en esta materia no es asunto de poca monta.

La preocupación de los No Alineados, por mantenerse equidistantes de los dos bloques mundiales muestra a las claras la tendencia universal que predomina en los pueblos del Tercer Mundo: impulsar la lucha por la liberación nacional del yugo extranjero y por el mantenimiento de su independencia estatal.

Debo empezar mis consideraciones sobre la situación nacional diciendo que el controvertido triunfo electoral de Turbay Ayala como presidente de la República significó el acentuamiento de las crisis del régimen bipartidista.

Que así sucedería lo advertimos con anticipación; verdad que para pronosticarlo bastaba con reparar en la innegable tendencia al deterioro del aparato institucional montado por la oligarquía de los dos partidos en 1957, cuyas manifestaciones son visibles en la vida diaria desde tiempo atrás. En solo su primer año de gobierno Turbay ha cometido tantos actos de bandidaje contra el país, tantas y tan horrendas tropelías contra la gente sencilla que, comparados con él, todos sus predecesores se quedaron indudablemente cortos. Dolencias colombianas tan crónicas como el hambre, la miseria, el desempleo, la falta de vivienda, de asistencia médica, de servicios públicos, de educación y cultura se han extendido y, aún más, exacerbado.

Opinan algunos que para conjurar la avalancha represiva es preciso salir por los fueros de la Constitución, las leyes y las instituciones que de ellas se derivan. Que el peligro para las libertades y derechos de los colombianos lo encarna Camacho Leyva, pero no Turbay Ayala. Que el Congreso, la justicia ordinaria y el gobierno civil son otros tantos escudos protectores contra la arbitrariedad de los cuarteles. Los autores de la propuesta, el Partido Comunista, “Firmes” y sus amigos, cuando algunos voceros del gobierno los tildaron de subversivos con ocasión del Foro por la defensa de los Derechos Humanos, se ahogaron en protestas de fidelidad a las instituciones republicanas. Tan curiosas apreciaciones no llamarían la atención si no fuera porque amenazan con confundir a las masas en un momento crucial como el que vivimos. A mi entender, decirle al pueblo que defienda la democracia de los grandes capitalista y terratenientes es pedirles a los esclavos que le canten a sus propias cadenas. En Colombia, que no es un estado independiente sino una parte del traspatio yanqui, que no es una república popular sino una república oligárquica, ¿qué derechos pueden tener las amplias mayorías?

El derecho a la vida es aquí la opulencia y el derroche de la aristocracia de las finanzas y el latifundio; la miseria, el hambre, la desnutrición y las privaciones para el grueso del pueblo.

El derecho de reunión significa que los edificios públicos, las avenidas y plazas, amén de los clubes y palacios privados, están a disposición de los partidos, gremios y círculos de la casta dominante y que si el populacho quiere reunirse debe desafiar bayonetas y metralla en la calle o arriesgarse a que sus concentraciones en recinto cerrado caigan bajo la férula inquisidora del Estatuto de Seguridad.

El derecho al trabajo es para los poseedores la libertad de explotar obreros y siervos; para los desposeídos, el cautiverio asalariado cuanto no el desempleo y la indigencia.

El derecho de organización es la omnipotencia de los monopolios y conglomerados financieros, y la hostilización, la persecución y la congelaciones de los fondos de las organizaciones obreras y campesinas, cuando no su ilegalización y destrucción.

El derecho de huelga equivale a la prerrogativa que tienen los potentados de presionar y amenazar al gobierno siempre que lo exijan sus rapaces intereses; para la clase obrera se reduce a la batalla contra la voracidad de los explotadores en la que los huelguistas se jueguen el pan de sus familias, la existencia de sus organizaciones, su libertad y hasta sus propias vidas.

La libertad de expresión, mordaza y censura cuando la quiere ejercer el pueblo, es también cumplida servidora de los poderes económicos dominantes, que a través de la gran prensa, la radio, la televisión, la educación y la cultura, difunden la sumisión ante el imperialismo norteamericano y el oscurantismo.

La libertad de sufragio tipifica una de las más comprimidas instituciones políticas; en la práctica es la compra de votos, la coacción sobre los empleados públicos por parte de las maquinarias de los partidos tradicionales, el fraude electoral y, sobre todo, la lucha desproporcionadamente desigual entre los partidos que detentan el poder y las fuerzas que combaten el régimen.

Tal la tramposa democracia que algunos sectores de a izquierda nos llaman a apuntalar, en la creencia de que ante la amenaza de la dictadura militar el pueblo va a correr a defender al gobierno civil, que es la dictadura camuflada de la oligarquía. El dilema planteado por los participantes del Foro de los derechos Humanos es, por tanto, un falso dilema. Con o sin rogativas constitucionales, con gobierno civil o sin él, la única perspectiva cierta del régimen es su revolución acelerada hacia el fascismo y la generalización de la violencia contra el pueblo. ¿No dijo categóricamente Camacho Leyva que Pinochet había sido la solución de Chile? ¿Y el mismo Turbay no declaró para la prensa extranjera, que el golpe militar en Uruguay se justifica porque el gobierno civil fue incapaz de mantener la paz? El verdadero dilema estriba en si aquí también, en Colombia, el pueblo será desarmado ideológicamente y marchará inerme al sacrificio, como en Chile, o si, a la inversa, tomará conciencia, se unirá para enfrentar la embestida terrorista oficial que, pese a todo, apenas comienza.

Nos uniremos con todo partido, grupo o personalidad que quiera contribuir conjuntamente con el Frente por la Unidad del Pueblo, a que las masas dispongan su ánimo y se movilicen al combate, aglutinadas por un programa revolucionario.

Combatiremos la pretensión de propalar a tambor batiente la propaganda del enemigo en el campamento de la revolución. Delante nuestro tenemos la histórica tarea de desentrañar, en el seno mismo de las masas, que la democracia colombiana es la dictadura de la minoría plutocrática contra las mayorías trabajadoras.

El curso entero del movimiento revolucionario colombiano depende del desenlace de tan trascendente labor esclarecedora; si el vocerío en defensa de las instituciones lograra hacer carrera, serían imponderables los males que sobrevendrían para el país; aletargado el ímpetu de los oprimidos, se alejaría enormemente la proximidad de la revolución.

Si, al contrario, las masas, convencidas por su propia experiencia, abrazan el programa nacional y democrático de liberación nacional y revolución agraria, la unidad del pueblo se abrirá paso y el triunfo de la sublevación popular estará asegurado. Por fortuna, no es difícil darse cuenta de que Colombia marcha hacia el colapso y el desbarajuste total; que en tiempos de crisis los pueblos avanzan a grandes zancadas y aprenden en meses y aun en días lo que antes no asimilaron en años e inclusive en décadas. El futuro cercano, propicio para la gran rebelión de los explotados, sólo podrá ser aprovechado a fondo a condición de que hoy afrontemos a pie firme la ventisca de los conciliadores y avancemos en medio de la temporal oscuridad, seguros de la victoria final.

LAS BATALLAS POR LAS LIBERTADES PÚBLICAS TIENEN QUE DESTRUIR Y NO FOMENTAR LAS ILUSIONES EN LOS REMIENDOS AL ORDEN JURÍDICO

Francisco Mosquera

Queridos compañeros:

Desde el II Foro del FUP a hoy han transcurrido dos años largos. En muy contados lapsos de nuestra vida revolucionaria hubimos de afrontar problemas tan agudos como en éste. Pero jamás fueron tan aleccionadoras las experiencias, al comprobar una vez más que sólo con una posición de principios conseguiremos, ante los peores aprietos, salir avantes en la magna empresa de contribuir a la emancipación del pueblo y a la salvación de Colombia. Nuestros tropiezos se los debemos a la combinación singular de dos fenómenos bastante contundentes; la fascistización acelerada del régimen y el desencadenamiento del chubasco reformista. A medida que la minoría opresora destila su crueldad para las masas, el oportunismo busca embriagarlas con las prédicas de la perdida fe en las instituciones republicanas oligárquicas. Con la disculpa de resistir a la creciente influencia de los militares en las determinaciones del Estado, optan por reivindicar la vieja democracia antipopular y vendepatria de la coalición burgués-terrateniente pro imperialista.

Mientras el gobierno, zarandeado por la crisis, se inclina a imitar el comportamiento de sus colegas, los gorilas del Continente, la oposición lo reconviene a que coja de modelo aun cuando fuese la administración de Misael Pastrana. Las insolencias oficiales se contestan con plegarias para que los desaforados de San Carlos recobren la sensatez. Por cada atropello se devuelve un cumplido, por cada culatazo una flor. He ahí el telón de fondo de la política colombiana en los últimos dos años. Entre el fuego cruzado de los aparatos represivos y de las contracorrientes liberalizantes hemos llevado a cabo las actividades partidarias, a partir de la fecha en que, en Bogotá, decidimos proclamar la candidatura de Jaime Piedrahita Cardona y aprovechar los comicios de 1978 para difundir el programa de la revolución e ir vinculándonos a los más amplios estratos populares. Interpretando cabalmente dicha circunstancia este III Foro del Frente por la Unidad del Pueblo lo convocamos bajo los auspicios de la lucha contra el despotismo y el oportunismo.

Enormes inconvenientes hemos tenido a causa de ambos factores. La conculcación sistemática de las libertades públicas y el terror ocasionado por la lluvia de decretos coercitivos y por indescriptibles vejámenes con que las Fuerzas Armadas avasallan a las mayorías laboriosas, anulan casi por completo la acción de nuestros partidos. Durante la campaña electoral soportamos abiertamente las prohibiciones de gobernadores y alcaldes, cuando no ese sabotaje menudo de las pequeñas trabas, de las dilaciones y los trámites sin fin, que terminan impidiendo de plano el ejercicio de los derechos de reunión y movilización. Con el restablecimiento del estado de sitio y de sus recurrentes disposiciones intimidatorias, nuestros cuadros y activistas que atienden labores de agitación y propaganda, culminan casi siempre en las celdas de las brigadas y sometidos a los más humillantes y brutales tratamientos. Por decenas y centenas contamos los compañeros de los sindicatos, de las asociaciones campesinas y del estudiantado que han purgado o purgan en las cárceles su amor a la nación colombiana y su lealtad a la causa de los explotados y oprimidos. En forma por demás procaz e inaudita, el ministro de Justicia ha retado al país para que se le señale “un solo ejemplo en el territorio nacional” sobre una “manifestación de orden sindical que se haya reprimido en Colombia” con el Estatuto de Seguridad 1. Pues bien, nos encontramos reunidos muchos delegados procedentes de capitales de departamento, poblaciones intermedias y aldeas apartadas y todos estamos en condiciones de destruir las imposturas gubernamentales, no con uno, sino con miles de casos concretos confirmatorios de que el odiado Estatuto sirve antes que nada para afianzar la superexplotación de los obreros y los campesinos, apresando a sus dirigentes más acuciosos y rompiendo sus organizaciones de masas.

Aquí, entre nosotros, ya se halla afortunadamente Oscar Gutiérrez, rodeado por el afecto de sus camaradas y amigos, a quien un consejo verbal de guerra obligó a pagar un año en presidio, luego de sindicarlo de infringir uno de los artículos del susodicho decreto, el que se refiere a la obstrucción de las vías. Ese fue el subterfugio. El motivo real consistió en que Oscar, junto a varios afiliados del Sindicato Nacional de Trabajadores Agrícolas, encabezó en Chinchiná un mitin de recolectores de café y repartió una chapola en la que se demandaba por parte de estos el aumento de 2.80 a 5 pesos por kilo recogido. Imperdonable impertinencia, gravísima osadía que los esclavos sin pan se atrevan a perturbar la bonanza del club de exportadores y de potentados de la Federación de Cafeteros, que se dan la gran vida a costa de la hambruna y los padecimientos de los insustituibles productores de la riqueza. Y a los ausentes, los que no pudieron asistir a esta magnifica concentración, también les sobran testimonios para desmentir al ministro y al gabinete entero. Mauricio Jaramillo, secretario regional del MOIR en Boyacá, ha completado más de siete meses detenido en la penitenciaria de El Barne, por cuenta de la justicia penal militar. El hecho de que solo después de tanto tiempo se le haya revocado, hace cinco días, el auto de detención, por carecer de fundamento, nos indica que contra nuestro camarada se urdió una iniquidad monstruosa. Lo que se quiso castigar en Mauricio no fueron actos aventureros de ninguna índole, como lo propalara calumniosamente el periódico de los Santos, sino sus tesoneros esfuerzos por organizar y orientar al pueblo boyacense y especialmente a los campesinos famélicos de esas tierras ubérrimas. La razón inconfesable de su detención estriba en que el gamonalato de Miraflores, representado por el propio gobernador Perico Cárdenas, ha resuelto sacar a viva fuerza el coco del MOIR, que comenzó a aparecer por sus vicarías electorales esparciendo extrañas ideas de que Colombia debe ser libre y soberana y de que los latifundios incultivados han de entregarse a quienes los trabajen.

Me haría interminable si enumerara la lista cada hora más extensa de los desafueros y atrocidades perpetrados por la coalición liberal-conservadora a través de los diversos instrumentos de su poder dictatorial. Además de las combativas huestes del FUP, han sido pasto del suplicio todos aquellos que con uno u otro lema se atrevieron a arrostrar la cólera de los manipuladores de turno de la vetusta República.

Por el contrario, son las autoridades las que no han rebatido las denuncias publicadas dentro y fuera del país referentes a que en Colombia se utiliza la tortura para substanciar los sumarios y comprometer a los procesados políticos, no obstante los múltiples malabares y declaraciones por desbastar la fundada impugnación de sus críticos. Con la revolución nicaragüense los memos del turbayismo quisieron ganar indulgencias con avemarías ajenas. Posaron, junto al señor Carter, de demócratas virginales, cuando hasta los contados gobiernos civiles de la América neocolonial, sin exceptuar el colombiano, echan mano de los métodos predilectos de las satrapías militares del Hemisferio. A pesar de las elecciones, del Parlamento, de la Corte Suprema, de la Procuraduría, es decir, de todo el andamiaje de la llamada democracia representativa, la tradicional alianza bipartidista sigue inexorablemente las huellas del somocismo. La diferencia ubícase quizás en que Somoza tenía la cámara de los tormentos en el cuarto de costura del palacio Presidencial, al lado de su alcoba, y en Colombia aún funciona en las caballerizas del Ejército.

El oportunismo nos ha ocasionado igualmente considerables estragos. El ventarrón reformista nubló la visión y embotó la mente de no pocos compañeros nuestros, y otros, las veletas, salieron expelidos por las escotillas del MOIR, abiertas hasta en los momentos de dura inclemencia. En su carta de renuncia Bula y Pardo plantearon en el fondo una revisión de la estratega y la táctica revolucionarias, basados en la deleznable premisa de que el último de los balances electorales constituye una lamentable frustración, debido, en particular, a que no estuvimos lo suficientemente elásticos y generosos en las propuestas de la construcción del frente único; y solicitaron asilo a Firmes, en donde experimentan con las recetas de una alquimia política más antañona y menos redentora de lo que ellos se imaginan. No voy a aburrirlos ahora con una pormenorizada refutación de cuanto merece señalarse de esta página raída. Sin embargo, quiero precisar uno o dos asuntos primordiales. Para los obreros, campesinos, y el resto de capas medias de la población, en cuyo nombre fundamentalmente combatimos las fuerzas componentes del FUP, las elecciones organizadas por la dictadura oligárquica proimperialista, se efectúan bajo reglas de juego muy desfavorables, tanto por las abismales desventajas financieras ante los candidatos aupados por las chequeras de los magnates del capital y de la tierra, como por la coerción del Estado que se ensaña exclusivamente contra el pueblo raso. Saltarse esta protuberante realidad a la torera y achacar nuestro exiguo poder electoral a que no maniobramos bien, o no sopesamos todas las fórmulas, incluidas las de ceder los puntos básicos que harán del frente un entendimiento perdurable y no una componenda transitoria, es creer con sospechosa candidez que las bárbaras condiciones de sojuzgación desaparecerán al conjuro de intrigas de unos cuántos maquinadores con astucia.

A las clases avasalladas les pasa con la utilización del sufragio algo idéntico a lo que les sucede con las otras manifestaciones de lucha: que cualquier enfrentamiento con los expoliadores se les complica y les demanda titánicos empeños e infinitos sacrificios. En los períodos de ofensiva reaccionaria y de consolidación de nuestras fuerzas, el avance es lento, los triunfos mínimos o efímeros y el trabajo de los revolucionarios entre las masas ha de ser paciente como nunca y de constante clarificación ideológica. Ningún golpe de ingenio enmendará la situación. Desde luego la pericia con que se opere el timón de mando ejercerá influencia determinante en el rumbo de los acontecimientos. Sin embargo, la principal responsabilidad de nuestra dirigencia consiste en comprender profundamente a qué clases servimos y por qué momento de la contienda de dichas clases atravesamos. Ignorar que la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano sobre Colombia representa la primera causa de los graves males del país, o sembrar la ilusión de que el proceso de fascistización progresiva se contendrá con las reparaciones a las vieja máquina de la democracia oligárquica, o canjear los programas de la revolución por una plataforma reformista, todo dizque en aras de la unidad de las izquierdas, en nada beneficiará a las inmensas mayorías que, además de proseguir soportando la asfixiante atmósfera de miseria y violenta coacción, no gozarían siquiera de la ventaja estratégica de visualizar el origen material, económico de los proyectos letales de sus enemigos ni descubrir la forma adecuada de contrarrestarlos. Los portavoces del reformismo colombiano se parecen mucho a Felipe González, el jefe del socialismo español, que acaba de renunciar a lo único que lo ataba al marxismo, el rótulo de tal, en una espectacular maniobra encaminada a granjearse definitivamente la confianza de la burguesía. El señor González podrá incrementar sus escrutinios e incluso recibir la autorización para gobernar a la España post-franquista, pero cada voto a su favor será un paso más de alejamiento de las posiciones y de los intereses de las masas esclavizadas de su país.

No se requiere demasiada perspicacia para prever que si desistimos de pugnar por las peticiones económicas y políticas esenciales de los trabajadores de la ciudad y el campo se nos compondría la suerte en una feria comicial. Si en lugar de exigir la confiscación de los gigantescos monopolios extranjeros y colombianos, nos transamos porque sean “democratizados” o supervigilados mediante “leyes de control”, acogiéndonos, por ejemplo, a las proposiciones de los Agudelo Villa, de seguro que nuestras acciones electorales se valorizarían a los ojos de los imperialistas y sus intermediarios. Si acallamos la consigna de que los grandes fundos ociosos han de ser para los campesinos que los trabajen, la clase terrateniente cesaría la cruenta persecución en las zonas rurales contra el FUP. En una palabra, si traicionamos a la nación y al pueblo y adoptamos los criterios de sus opresores, así fuere de manera solapada, suavizaríamos de un lapo buena parte de nuestros actuales contratiempos. Más los asistentes a este Foro queremos constituirnos en dignos representantes de las clases oprimidas de Colombia y por ende corremos junto a ellas todas las contingencias derivadas del estado de esclavitud y represión en que se debaten. Nuestros triunfos se confundirán con los de asalariados y labriegos y nuestras derrotas con las suyas. Los compromisos que pactemos y las concesiones que admitamos serán para abrirle paso a la unidad del pueblo e imponer sus verdades, y no para salvarnos de un resbalón electoral e implorar protección bajo el alero de los detentadores del Poder o de la oposición oportunista ¿Cómo van a estar las agrupaciones políticas de los obreros y los campesinos, si estos a pesar de los progresos del movimiento unitario por una nueva democracia en marcha al socialismo, continúan en lo substancial aplastados, confundidos, dispersos y desorganizados?

Con unos u otros términos, tales han sido las discusiones adelantadas desde los comicios de 1978 en el seno de las fuerzas revolucionarias. Pienso que sin haber extirpado del FUP la quinta columna portadora de los planteamientos liberalizantes, no hubiéramos reconstituido el Frente ni arribado a Pereira este 29 de septiembre, decididos a superar con entusiasmo todos los obstáculos que surjan en el cumplimiento de las tareas por venir. Lo mismo que el MOIR, la DP y la ANAPO han librado su batalla interna, ideológica y política, por persistir en la orientación correcta. No somos muchos y los embates del despotismo y el oportunismo nos acarrearán complicaciones jamás conocidas. ¡Preparémonos para lo peor! Aprendamos de los inolvidables desbrozadores del camino revolucionario de todos los tiempos y de todos los países que se ganaron el afecto de las multitudes, porque, a la hora de señalar los derroteros, prefirieron quedarse solos a cortejar las anticuadas ideas de la reacción predominante.

En cuanto al problema de ampliar el radio de las alianzas; repetimos algo, a lo cual nos hemos ceñido indefectiblemente: estamos dispuestos a intercambiar opiniones y agotar las diligencias con las colectividades interesadas en la creación de un frente único de liberación nacional, sin vetar a nadie y abarcando, por supuesto las diversas fracciones liberales y conservadoras opuestas al régimen. Empero, como queda visto, la unidad no depende meramente de deseos e intenciones. El mismo 18 de febrero de 1977, día de la fundación del FUP, intuíamos las recias reyertas con las contracorrientes que conspiran dentro del portentoso movimiento unitario del pueblo colombiano. Examinando sólo la experiencia del presente decenio, comprobarán ustedes que entre los escombros de la división se hallaron siempre los vestigios del sabotaje del Partido Comunista revisionista. En 1975 éste horadó los basamentos organizativos del frente, o sea las normas democráticas de organización y funcionamiento, reduciendo la UNO a lo que es hoy, un juguete de sus apetitos electorales, al que le echa cuerda de cuando en cuando. En 1977 atravesó también su burra muerta en la senda de la unión, al formular la exigencia inadmisible de uncir los acuerdos a la política expansionista de la Unión Soviética, con lo que destrozó la izquierda anapista y sonsacó de las filas de ésta un candidato presidencial fletado y desechable. Ahora que se acercan los denominados comicios de mitaca y se palpa de nuevo la inquietud por la unidad, cabe preguntarse ¿mientras que las pretensiones sectarias y antinacionales del revisionismo repercutan en no despreciables segmentos de la intelectualidad y del pueblo, resultará muy difícil que haya en Colombia no dos o tres bloques, sino una única coalición de los destacamentos antiimperialistas.

Que las elecciones de 1980 proporcionarán el escenario para el reestreno del conocido pleito en torno a los requisitos de la conformación del frente único, nos lo anuncian los pronunciamientos de las más disímiles tendencias. Muchas de éstas tercian por un programa de reformas, tras la peregrina consideración de no asustar al electorado. Los dirigentes de Firmes, verbigracia, aunque de un lado contribuyen positivamente a plantear que no “tenga cabida” en la discusión la problemática de las disensiones internacionales, método aceptable para no alinderar la alianza con ningún Estado ni grupo de Estados a nivel mundial, y lo cual admitimos sin reservas, del otro, relegan al olvido las reivindicaciones históricas de las clases sojuzgadas. Y relativo al tema democrático se atienen a las conclusiones del consabido Foro de los Derechos Humanos que propugna el reencauche de la vieja democracia oligárquica, soslayando un par de cuestiones que reclaman pronta clarificación entre las masas populares. La primera concierne a que el proceso de fascistización acelerado del país obedece a la cada vez más aguda explotación neocolonial del imperialismo norteamericano. La confusión reinante al respecto urge despejarse. De lo contrario, la participación de las fuerzas progresistas en la lucha electoral se circunscribirá exclusivamente a la caza de unos cuantos votos, y no la aprovecharíamos en educar a los desposeídos y oprimidos acerca del origen de todas sus desgracias y de la forma de librarse de ellas. La segunda atañe a la defensa que debemos hacer de la nueva democracia de los obreros, los campesinos y el resto de contingentes del pueblo colombiano, cuya victoria se concretará en la instauración de un Estado compuesto y gobernado por tales clases y capas revolucionarias. Comprendemos la necesidad de combatir bajo el actual régimen a favor de los derechos de los trabajadores y de todo el pueblo y contra el escalonamiento militarista y represivo; no obstante, las batallas por las libertades públicas tienen que orientarse a destruir y no a fomentar las ilusiones de que con los remiendos al orden jurídico prevaleciente las mayorías expoliadas verán aminorados sus sufrimientos o disfrutarán de garantías ciertas.

En 1972 el MOIR inició la sistematización de su línea consecuentemente unitaria y desde entonces la ha practicado con ahínco y persistencia. Descontando las ingentes vicisitudes, los logros son más notables de lo que parecen. Sólo muy escasas y reducidas sectas persisten todavía en que a la revolución colombiana le corresponde en esta etapa un carácter socialista y no nacional y democrático. Lo cual constituye un avance importantísimo, puesto que empieza a reconocerse lo imprescindible de la recíproca colaboración de las clases y los partidos contrarios al imperialismo y sus fámulos dentro del más vasto frente único. Hasta quienes se mofaban de nosotros y nos solían decir; “¿dónde está ese capitalismo nacional del que ustedes hablan?”, hoy admiten la existencia de una burguesía patriótica, susceptible de aliarse con la revolución. La diferencia ahora hállase más bien en que tales sectores reciben sin beneficio de inventario todas y cada una de las tesis de aquella burguesía, plegándosele en materia de programa y democracia. Asimismo, ganan partidarios las concepciones del no alineamiento y de que las relaciones entre los aliados han de regirse por normas de organización democrática, los otros dos cerrojos de la unidad. Como se aprecia, estos progresos representan conquistas invaluables del pensamiento revolucionario que no computan lo escrutadores de la Corte Electoral. El movimiento unitario del pueblo colombiano crece inconteniblemente y a la larga aplastará a cuantos se le pongan por delante.

A nosotros, compañeros delegados, nos compete perseverar en las posiciones de principio que hemos venido definiendo sin claudicaciones y recurrir siempre a las grandes masas, nuestro seguro apoyo político. Las dificultades del momento son pasajeras comparadas con el luminoso porvenir de Colombia. Los obreros, los campesinos y los revolucionarios todos tejen con sus luchas diarias la mortaja del sistema expoliador, destinado a fenecer y a ser sustituido por una república nueva, libre, popular, democrática, autosuficiente y auténticamente soberana.

Muchas gracias

Nota:
1. El Espectador, abril 30 de 1979.

INDIGNACIÓN POPULAR POR ENCARCELAMIENTO DE CONSUELO

Desde el día en que toda Colombia pasó a ser regida por el Estatuto de Seguridad, y los militares reemplazaron al César, argumentos más toscos y procesos aún más amañados que los que venían manipulando la justicia ordinaria, son montados a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

No otro es el caso que los solícitos generales han perpetrado en la persona de Consuelo de Montejo, directora de El Bogotano, condenada a un año de prisión bajo la sindicación de “tráfico de armas”. El pretexto lo encontraron en una carabina comprada en los Estados Unidos, que Consuelo no declaró al introducirla al país en 1974, y que hace ya más de un año le fue vendida a Eduardo Ramírez Bejarano, conocido de la periodista.

Alevoso proceso
El 3 de junio pasado, el arma fue confiscada por el ejército, y su propietario detenido. Cinco días más tarde, la Sexta Brigada expedía la resolución 0021 por medio de la cual se declaraba inocente a Eduardo Ramírez y se le ponía en libertad. Al mismo tiempo, la mencionada Brigada abría una investigación sobre Consuelo de Montejo por “tráfico ilegal de armas”.

Jurídicamente es innegable que la parlamentaria cuenta con suficientes argumentos a su favor. La acción ha prescrito porque el arma fue decomisada cuando ya había transcurrido más de un año desde su venta. Los peritos asignados por las Fuerzas Armadas manifiestan desconocer las características fijadas por el ejército para determinar que un arma sea considerada de su uso privativo y concluyen su informe señalando que “el ejército no cuenta dentro de su dotación con armas como ésta”. Además, si la compra y el porte no fueron sancionados tampoco puede serlo la venta. Pero lo cierto es que aquí vieron los militares la oportunidad para cobrarle a Consuelo el coraje y la entereza con que ha criticado las actividades de las Fuerzas Armadas, y el apoyo que, desde su periódico, ha brindado a los obreros y campesinos en sus luchas y en la defensa de sus derechos.

Un claro ejemplo de ello está consignado por El Bogotano el mismo día de la detención de la periodista. En esa ocasión ella misma denunciaba desde su columna “Ser o no ser” la muerte a golpes del obrero ferroviario Gustavo Manjarrés en las instalaciones de la Décima Brigada de Tolemaida, y las infames torturas a que fuera sometido su compañero Marco Aurelio Romero, cuando ella rendía descargos a pocos metros de allí.

Por eso la condena y el encarcelamiento de Consuelo de Montejo son una arremetida feroz contra uno de los pocos reductos que sobreviven de periodismo independiente y, por tanto, una flagrante violación de la libertad de prensa y expresión; es, un caso más, entre la multitud de casos que padecen miles de colombianos, de persecución política, en este país donde según el presidente de la República el único prisionero político es él.

De tal calidad moral sería el coronel Hernán Pinilla, Comandante de la Décima Brigada, y por tanto quien adelantara la farsa y firmara la condena contra Consuelo, que antes de que ella cumpliera veinte días de reclusión, fue dado de baja por mala conducta.

Oleada de protestas

Pero lo que los generales no calcularon en su afán por sacar partido de la coyuntura, fue la reacción que provocaría semejante iniquidad. Desde los más diversos sectores, desde múltiples organizaciones tanto políticas como gremiales, y desde los más apartados rincones del país, se han oído las voces de repudio por tan criminal atentado y la exigencia permanente de la libertad de la ex parlamentaria.

El representante a la Cámara por el FUP, Álvaro Bernal Segura, presentó el noviembre pasado una proposición reclamando la excarcelación y denunciando que “la señora Consuelo de Montejo ha sido detenida como evidente represalia por su valiente actitud frente al despotismo y la corrupción administrativa”.

Muchos senadores y representantes de todas las tendencias políticas apoyaron esta iniciativa y en mensajes y declaraciones a la prensa coincidieron en afirmar que la arbitraria medida es un ejemplo más de la dictadura militar propiciada por el mismo gobierno de Turbay Ayala.

Rodrigo Lara Bonilla, Emilio Urrea, Eduardo Fonseca, Luis Carlos Galán, David Aljure, Gustavo Rodríguez Vargas, Alegría Fonseca, Mario Montoya, Ernesto Lucena y Gilberto Vieira, fueron algunos de los congresistas que adhirieron al rechazo provocado por la injusta condena. Hasta Luz Castilla de Melo, connotada turbayista, no dudó en afirmar: “…en esta ocasión al gobierno se le fue la mano”. Igualmente enviaron sendos mensajes a este plebiscito de solidaridad: el Comité Liberal Independiente, María Eugenia Rojas de Moreno; el Comité Político de Democracia Cristiana, Luis Villar Borda, a nombre del liberalismo de izquierda, y el Partido Socialista de los Trabajadores. Organizaciones campesinas, sindicales y estudiantiles demostraron también su apoyo a Consuelo. La Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, línea Sincelejo; las Ligas Campesinas del Meta y los Llanos Orientales, organizaciones campesinas de Caldas y la Costa Atlántica, Sintracreditario, Sindes, la Asociación Nacional de Empleados del Banco de la República, Sintrahacienda, Aceb, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Compañía Nacional de Tabaco, Sintrapolímeros, Sintraindupalma, Sinucom y Unimotor, entre otros, hicieron pública su solidaridad.

Los más variados columnistas del país, así como las organizaciones de los asalariados de la prensa, calificaron el hecho como el más grave atentado contra la libertad de expresión. La Sociedad Interamericana de Prensa solicitó, en forma enérgica, al gobierno de Turbay Ayala, la inmediata libertad de la aguerrida periodista. Daniel Samper, Maria Teresa Herrán, Maria Jimena Dussán, Consuelo Araujo, Eduardo Caballero, Enrique Santos Calderón, y otros comentaristas, hicieron un llamado a todos sus colegas para que expresaran su solidaridad con la directora de El Bogotano. La revista Alternativa, terminó así su nota editorial de noviembre: “Cada día que pase Consuelo de Montejo en la cárcel, es un golpe más para la libertad de prensa en el país”.

La mayoría de estas organizaciones, incluido el MOIR, formaron el pasado 27 de noviembre el Comité pro-libertad de Consuelo de Montejo.

Su directiva quedó integrada así: Patricia Montejo de Cáceres, Solita viuda de Jaramillo, Álvaro Bernal Segura, Margoth Uribe de Camargo, Avelino Niño, Urbano Alméciga, Samuel Klarh, Pastor Pastrán y el presbítero Eduardo Vasco. Más de doscientos integrantes del Comité, dirigentes cívicos y políticos, estudiantes y populares, campesinos y obreros, se impusieron como tarea realizar una amplia campaña de denuncia del vil atropello, para exigir del gobierno la inmediata libertad de la periodista. Comités similares a éste se han conformado en otras partes del país.