EL FUP REAFIRMÓ PRINCIPIOS UNITARIOS

Con vigoroso entusiasmo revolucionario, aproximadamente ocho mil personas celebraron el pasado 29 de septiembre en Pereira el Tercer Foro del Frente por la Unidad del Pueblo, FUP. Enormes banderas de ANAPO, el MOIR y de la Democracia Popular, DP, se descolgaban desde el techo del coliseo Polideportivo, cuyas tribunas y cuyo escenario dieron abasto para albergar a los asistentes. Varias delegaciones tuvieron que permanecer afuera y desde allí escuchar las intervenciones. Una gigantesca pancarta detrás de la tarima principal, decía: “Contra el despotismo y el oportunismo: ¡Viva el II Foro Nacional del FUP!”, en letras amarillas sobre fondo rojo.

En la tribuna principal se encontraban Jaime Piedrahita Cardona y su esposa Amparo de Piedrahita; Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, y Miguel Gamboa, secretario político de la DP, quienes integraron la mesa directiva del encuentro. Los acompañaban Álvaro Bernal Segura, Otto Ñañez y Hernando Franco, del Comando Nacional del FUP; Froylán Rivera, presidente de la DP; Marcelo Torres, dirigente nacional del MOIR, Germán López, líder de ANAPO de Bolívar; Luis Enrique Arango y Aurelio Suárez dirigentes del MOIR en Risaralda y Rodrigo González, dirigente regional de la DP.

El evento se inició a las 7 de la noche cuando las delegaciones, provenientes de todos los rincones del país, entonaron el Himno Nacional. Enseguida se leyó un emocionado y combativo saludo dirigido al Foro desde su lecho de enfermo por el compañero José Jaramillo Giraldo, quien falleciera el pasado 5 de noviembre. El mensaje fue recibido con un prolongando aplauso.
Gritos de alegría estallaron en las graderías cuando se anunció la libertad de los compañeros Oscar Gutiérrez y Mauricio Jaramillo, quienes permanecieron en las mazmorras del régimen durante varios meses.

La primera intervención del Foro la hizo el representante a la Cámara por la ANAPO y el FUP, compañero Álvaro Bernal Segura. Luego se dirigieron a los presentes Miguel Gamboa, Francisco Mosquera y Jaime Piedrahita Cardona. Para finalizar, Luis Enrique Arango, coordinador del Comité Departamental del FUP en Risaralda, leyó la declaración política del III Foro cuyos principios revolucionarios y democráticos fueron aclamados por todos los delegados.

UNA LECCIÓN PARA APRENDER DE LOS OBREROS TUMAQUEÑOS

En el extremo sur-occidental del departamento de Nariño, a orillas de la bahía de Tumaco, un puerto de 100 mil habitantes que acaba de sufrir ingentes pérdidas por el terremoto del pasado 12 de diciembre, están ubicadas las instalaciones principales de una de as empresas madereras más grandes del país.

Fundada en 1955 por un grupo de industriales colombianos que terminó declarándose en quiebra 8 años después, la factoría que hoy se conoce con el nombre de Maderas y Chapas de Nariño fue adquirida a finales de 1967 por la Potlach Forests Inc., a un costo de 120 millones de pesos, después de una oscura transacción financiera con otro consorcio multinacional que había comprado los pasivos de la fábrica en 1963.

Los magnates de la Potlach recuperaron con creces el capital inicial que habían invertido y remitieron a la metrópoli millones de dólares en ganancias. Posteriormente vendieron las acciones de la compañía a una sociedad colombo-norteamericana conformada por Jack Simplot, acaudalado hombre de negocios, y Oliverio Phillips Michelsen, pariente cercano del ex presidente Alfonso López. Los nuevos propietarios saquearon una buena parte de los recursos forestales de la Costa del Pacífico, estafaron al fisco durante años sucesivos y amasaron una fortuna muy jugosa con el sudor de medio millar de asalariados tumaqueños, hasta cuando la situación cambió para los unos y los otros, intempestivamente, en la madrugada del 9 de agosto de 1977.

Ese día, 580 trabajadores burlaron la vigilancia de la fuerza pública y ocuparon los talleres, las bodegas, los depósitos de materia prima y todos los edificios de la empresa. Un obrero de la planta de triples, relata: “Llevábamos siete meses peleando con los patronos para que nos pagaran 14 semanas de salarios atrasados que nos debían, sin contar las horas extras, las primas, las prestaciones sociales y eso que llaman ahora los intereses a las cesantías. Habíamos hecho paros, huelgas, desfiles y manifestaciones de protesta sin que el gobierno tomara cartas en el asunto. Una mañana amanecimos con la noticia de que los dueños se habían ido de Tumaco sin cancelarnos la deuda. Entonces resolvimos tomarnos la fabrica, apoderarnos de la maquinaria y poner esta vaina a producir para nosotros mismos”.

Hoy, al cabo de dos años y medio, con el único apoyo de su propio esfuerzo y sin ayuda oficial, los proletarios de Maderas y Chapas de Nariño todavía se mantienen en sus puestos de trabajo. Para ellos han sido 28 meses de trabajos continuos de una lucha larga y difícil. Una lucha cuyos orígenes se remontan a 1963, cuando los yanquis sacaban de la selva tumaqueña las primeras trozas de cuángare, y que aún no ha terminado.

Los iniciadores del negocio
Poco tiempo después de que la Potlach Forest Inc, se estableciera en el puerto de Tumaco, algunos dirigentes sindicales denunciaron que los abogados de la compañía habían sobornado a las altas esferas del Inderena para conseguir una concesión forestal de 143 mil hectáreas, sobre los ríos Mira y El Jagua; en una región que abarca inmensas extensiones de tierra en varios municipios del departamento. El Ministerio de Agricultura, como era de esperarse, se apresuró a negar rotundamente el hecho. Lo cierto fue que el 17 de octubre de1969 se descubrió que dos encumbrados funcionarios públicos habían recibido un cheque irregular por 327.795 pesos, y que el día 23 del mismo mes se acordaron los términos del decreto que adjudicaba a la empresa una superficie de bosques naturales equivalente al 4.6% del territorio de Nariño.

La maniobra despojó de sus parcelas a centenares de pequeños propietarios, indígenas y campesinos, que cultivaban sus fundos en calidad de colonos independientes. Los que se oponían a dejar sus campos de labranza eran expulsados de ellos a la fuerza; los que se quedaban tenían que alquilarse por temporadas, mano de obra barata para los intermediarios de la compañía. Esta última aumentó sus ingresos hasta el punto de que pudo acaparar dos años más tarde la mayoría de las acciones de Aserríos Iberia Ltda., que detentaba a su vez otra concesión de 72 mil hectáreas sobre las riberas del bajo Patía. Las dos factorías asociadas ampliaron su capacidad de producción y llegaron a convertirse en la fuente de empleo más importante de la zona. Alrededor de 800 familias trabajadoras dependían directamente de los salarios que se pagaban todas las quincenas en las ventanilla de la administración, y un número muy grande de corteros, balseros, estibadores y contratistas laboraban a destajo para sus amos norteamericanos, hundidos hasta las rodillas en los guandales de la manigua por miserables jornales de simple subsistencia.

Una idea aproximada de la explotación a que estaban sometidos estos esclavos del monopolio imperialista se puede deducir de los siguientes datos. A los “nativos”, como se les dice despectivamente a los hombres que se internan en la selva con sus mujeres y sus hijos, durante semanas enteras, para talar los árboles del bosque y arrastrarlos hasta las vegas de los grandes ríos, la empresa les compraba las trozas a razón de 80 centavos el pie tablar. Este mismo pie tablar transformado en pie cúbico y enviado a los mercados extranjeros era vendido en dólares por el equivalente a 22 pesos. Una investigación realizada en 1977 demostró que Maderas y Chapas de Nariño exportaba un promedio de 5 millones de pies cúbicos de madera el año, y que la casa matriz de los Estados Unidos, durante el tiempo que operó en Tumaco, recibió dividendos por un valor cercano a los 1.190 millones de pesos colombianos.

Por otra parte, la deforestación criminal de la compañía contribuyó de manera decisiva a que las reservas maderables de la Costa del Pacífico, según estadísticas del Inderena, pasaran en pocos años de 2 millones 560 mil hectáreas a 843 mil, reduciéndose en un 68%. Enormes terrenos de bosques ricos en toda clase de especies fueron arrasados por los “winches” de la Potlach. Los obreros trabajaban en jornadas agotadoras por salarios de hambre y sus dirigentes eran perseguidos a la menor señal de insubordinación. Los dueños de pequeños y medianos aserríos, obligados a ganarse el pan en condiciones muy desventajosas, no podían competir con el poderío económico de los yanquis y tenían que enajenar sus medios tradicionales de vida al mejor postor. Un anciano cotero de los playones del Mira, que todavía recuerda las épocas en que “uno cogía mil quintales de corteza de mangle y los feria por dos centavos”, resumió los años de saqueo del consorcio norteamericano con estas palabras: “Lo que esos señores le dejaron a Tumaco, repartido entre 100 mil tumaqueños, no alcanza ni para comprarle una lata de sardinas a cada uno”.

Una estafa tras otra
En 1971, la Potlach Forest Inc, vendió sus pertenencias en Tumaco por una suma considerable de dinero y trasladó sus toldas fuera del territorio nacional. Sus años de pillaje en el departamento de Nariño habían sido más que provechosos para ella. Había contado con el apoyo incondicional de los gobiernos de Lleras Restrepo y de Pastrana y con la generosa colaboración de gamonales políticos, alcaldes, tinterillos, ministros, y otros funcionarios. Los impuestos que pagaba al Estado eran insignificantes. Y para completar el cuadro, las disposiciones que reglamentan la inversión extranjera en el país, le proporcionaron todos los instrumentos legales que necesitaba para escabullirse de Colombia, impunemente, después de haberse enriquecido a expensas de miles de compatriotas.

La nueva sociedad que se formó para adquirir la empresa estaba constituida por un accionista mayoritario de nacionalidad colombiana, Oliverio Phillips Michelsen, por el ciudadano norteamericano Jack Simplot, conocido en su tierra de origen por sus ejecutorias millonarias como agricultor y comerciante. Ambos personajes continuaron la tala indiscriminada de bosques y obtuvieron grandes beneficios; en un solo año, 1973, produjeron una cifra aproximada a los 17 mil metros cúbicos de triplex y exportaron a los Estados Unidos más de 61 mil toneladas de madera.

No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que el primo del ex presidente Alfonso López, siguiendo una antigua tradición familiar, se dedicara a hacer de las suyas con los ingresos de la factoría. Envalentonado con el triunfo del Mandato Claro en las elecciones de 1974, Oliverio Phillips Michelsen incurrió en un largo historial de malos manejos administrativos, giró cheques sin respaldo por varios millones de pesos, se endeudó con bancos y corporaciones financieras y dilapidó los fondos de reserva, todo ello en complicidad con numerosos amigos y familiares enquistados en la nómina. Satíricamente, los tumaqueños cuentan que “eran tantos los conocidos y parientes que él nombraba en los cargos bien retribuidos de la compañía, que hasta el perro de su casa devengaba honorarios como celador”.

La consecuencia inmediata de semejante corruptela recayó sobre los hombros de 580 asalariados de Maderas y Chapas de Nariño, y de millares de campesinos corteros que laboraban por contrato en los puestos de compra o aprovechamiento de la empresa, hasta donde llegaban remontando la corriente de los ríos, una vez a la semana, los remolcadores venidos de Tumaco, para llevarse las balsas de virola, de sajo o de tangaré.

En el mes de agosto de 1976 el binomio Phillips Simplot ordenó destituir masivamente a los operarios de distintas secciones de la fábrica, y comenzó a retrasarse cada vez con más frecuencia en el pago de las trozas a los colonos. En septiembre dejó de cancelar salarios en las plantas de triplex y molduras, con una disputa diferente todas las quincenas, y al finalizar el año le estaba debiendo a los trabajadores 14 semanas completas de remuneración, sin tener en cuenta las primas, los seguros médicos, las horas extras y demás “abalorios y chucherías”, como el ex presidente López denominaba las prestaciones sociales de las clase obrera.

Una vez más, los verdaderos forjadores de la riqueza forestal de la costa del Pacífico habían caído en las redes del fraude. Pero en esta ocasión, al igual que en tantas otras regiones apartadas de Colombia durante el cuatrienio del Mandato Claro, la respuesta no se hizo esperar.

Primeros enfrentamientos
El 31 de enero de 1977, cuando ya se había vencido el plazo para el pago de los intereses a las cesantías, el proletariado maderero se lanzó a una huelga de 24 horas que terminó en desfiles callejeros de miles de manifestantes. Durante los meses de febrero, marzo y abril se desató una oleada de persecución patronal contra los dirigentes del paro. Muchos de ellos fueron despedidos con el consentimiento explícito del Ministerio de Trabajo y tuvieron que salir a buscar el sustento para sus familias en una ciudad como Tumaco, que ostenta uno de los índices de desocupación más altos del país, y en donde los capataces de la política liberal–conservadora acaparan las pocas oportunidades de empleo o las otorgan previo el “enganche” obligatorio del voto y con la entrega anticipada de la cédula de ciudadanía.

Mientras tanto, la paciencia de los trabajadores iba llegando al límite del agotamiento. El 27 de mayo se concentraron el campo de aviación, impidieron el aterrizaje de una nave comercial proveniente de Cali y programaron una nueva marcha para la semana siguiente; el régimen lopista incrementó los allanamientos y la detenciones contra los miembros más destacados del sindicato, pero el descontento de los desposeídos siguió creciendo en forma incontenible. El viernes 10 de junio se apoderaron por segunda vez del aeropuerto. Un avión de Satena que esperaba en plataforma no pudo despegar, y la pista de asfalto se pobló de troncos, piedras, llantas incendiadas y viviendas improvisadas en cartón que sirvieron de albergue a los obreros, a sus esposas y a sus hijos, durante cinco días consecutivos.

El sábado por la mañana las mujeres de los huelguistas recorrieron las calles del puerto haciendo reuniones en las casas y mítines en los sitios públicos, y en menos de 8 horas habían recogido entre la población toda la solidaridad necesaria para que sus compañeros continuaran en la lucha. El domingo 12 de junio una inmensa multitud se volcó sobre las vías de acceso al aeropuerto para respaldar a los combatientes de Maderas y Chapas de Nariño. El lunes 13 los estudiantes de bachillerato se adueñaron del Puente del Morro en violentos choques con el ejército, y en todo el casco urbano se comenzó a respirar una atmósfera de rebeldía que amenazaba con desbordarse de un momento a otro. El gobernador del departamento destituyó entonces al alcalde para reemplazarlo por un comandante militar, cuyo primer decreto fue la implantación del toque de queda a partir de las 6 de la tarde, sin que la medida lograra detener las movilizaciones de protesta en los barrios populares. Por último, el martes 14 de junio al anochecer, una avioneta oficial aterrizó en Tumaco con cinco millones de pesos que solamente en parte mínima podían cubrir las acreencias de los asalariados.

Jack Simplot y Oliverio Phillips Michelsen abandonaron las instalaciones de la fábrica algunas semanas después, cuando aún le estaban debiendo a los trabajadores una suma que en la actualidad se eleva a más de 130 millones de pesos. Con los corteros independientes, que talaban los árboles del monte destroncando las riberas de los ríos hasta la frontera con el Ecuador, también habían contraído obligaciones cuantiosas. En cuotas al Instituto Colombiano de Seguros Sociales, en impuestos al municipio, en regalías al Inderena, en créditos con bancos privados y estatales y en decenas de contratos más, los protegidos del “Hijo del Ejecutivo” quedaron con un saldo en rojo que en total asciende a 335 millones de pesos y que todavía hoy se han negado a cancelar. Lo cual no ha sido obstáculo para que a Oliverio Phillips Michelsen se le haya premiado con la presidencia de la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (CONIF), una guarida de burócratas supuestamente encargada de la reforestación de bosques naturales, pero que en los últimos cuatro años no ha reforestado ni siquiera el 1% de las áreas desbastadas por los grandes monopolios madereros.

Una pelea que apenas comienza
Con el robo al proletariado de Madera y Chapas de Nariño y el cierre de la factoría, dos hechos que se consumaron con el visto bueno del gobierno de ese entonces, una tercera parte de la población laboriosa de Tumaco, que en una u otra forma dependía de la actividad de esta industria, perdió su fuente de ingresos y muchas personas se vieron abocadas a la ruina. Otra manera, no tan sencilla de conseguir un nuevo empleo, es buscar algún padrino dentro de las filas de la administración pública local, corrompida por un destacamento de caciques liberales y conservadores al servicio del Samuel Alberto Escrucería, el veterano parlamentario turbayista que entre las gentes del pueblo se conoce como el “Anastasio Somoza del imperio tumaqueño”. Pero los trabajadores no quisieron rebajarse a eso; por el contrario, el 9 de agosto de 1977 resolvieron traspasar las cercas de alambre que rodean los edificios de la empresa, tomarse los talleres de las oficinas, ocupar las plantas y la maquinaria y ponerlas a marchar bajo la dirección del sindicato.

Con un préstamo de 114 mil pesos que utilizaron para adquirir materia prima y solucionar otros problemas urgentes, los obreros hicieron funcionar los tornos, las prensas y rebordeadoras. Los campesinos corteros volvieron a empuñar el hacha en los lugares de aprovechamiento. Los remolcadores reiniciaron la navegación por las quebradas y los ríos arrastrando las balsas kilométricas de troncos engrapados. Se organizaron los horarios, se estipularon las normas de la disciplina y la repartición de utilidades, los “corrales” se llenaron otra vez de trozas y 580 operadores regresaron a sus puestos de trabajo. Hoy en día están produciendo un promedio mensual de 160 toneladas de triplex y 15 mil metro cúbicos de tabla rasa.

Al principio, la labor de los nuevos gestores de la empresa fue bloqueada por los antiguos propietarios mediante toda clase de intrigas y de sabotajes que contaron con la aprobación de las autoridades. Luego tuvieron que realizar nutridas manifestaciones de protesta para que la aduana de Tumaco les entregara unas lijas importadas sin las cuales no es posible el pulimento del triplex, y que por órdenes superiores se encontraban oxidándose al aire libre en los muelles del puerto. Algunos meses después, siguiendo indicaciones de Ecopetrol, la Texas Petroleum Company se negó a venderles el combustible que requerían para mover las calderas. El 18 de octubre de 1979 una resolución del Inderena les canceló el permiso para continuar la explotación de los bosques en una buena parte de las concesiones de la compañía. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, el terremoto del pasado 12 de diciembre dejó sin techo a la casi totalidad de los trabajadores y desniveló los gigantescos tornos que descortezan la madera. Ninguna de estas dificultades, sin embargo, ha conseguido detenerlos en su empeño de seguir hacia delante.

Recientemente, en una campaña demagógica destinada a demoler las conquistas que han alcanzado los obreros al cabo de 28 meses de esfuerzos y de sacrificios, el régimen turbayista les ha propuesto la constitución de una cooperativa para que sean ellos mismos los que acaben pagando las deudas de Jack Simplot y Oliverio Phillips. Con el señuelo de que la fábrica pasaría a ser propiedad de los asalariados, la iniciativa del gobierno pretende que éstos aporten sus propias acreencias como capital inicial, y que se comprometan a cancelar las demás obligaciones contraídas por los anteriores dueños en un plazo máximo de seis años.

Sobran las razones para demostrar que semejante propuesta solo busca legalizar la estafa y proteger a los estafadores, como ocurrió hace pocos años con los proletarios de las minas norteamericanas en las regiones auríferas de Antioquia y el Chocó. Una cooperativa controlada por funcionarios oficiosos del señor Turbay Ayala sólo puede conducir a la quiebra, al peculado o a la ruina. Los trabajadores madereros de Tumaco, que han luchado durante tantos años, contra sus opresores nacionales y extranjeros, sabrán eludir la trampa y persistir en el combate.

DECLARACIÓN POLÍTICA DEL III FORO DEL FUP

La realización del III Foro del Frente por la Unidad del Pueblo implica de por sí una importante victoria de las fuerzas revolucionarias de Colombia, llamada a ejercer considerable influencia en los acontecimientos políticos del inmediato futuro. Los integrantes del FUP venimos de librar exitosas batallas contra las tendencias oportunistas que, como salida para la conformación del frente, propugnan una línea de conciliación con las posiciones oligárquicas. A ello obedece que hubiéramos podido reestructurar nuestras agrupaciones partidarias y mantener un bloque unificado que a manera de polo de atracción contribuya eficazmente a encauzar las luchas y la rebeldía del pueblo en las críticas condiciones del momento. No exageramos pues al concluir desde ya que esta espléndida y oportuna cita revolucionaria en la ciudad de Pereira repercutirá positivamente a todo lo largo y ancho de la geografía patria, en bien de la causa de los explotados y sojuzgados.

Empezamos por proclamar nuestra inquebrantable resolución de robustecer el Frente, facilitando los acuerdos con las agrupaciones y personas preocupadas en la suerte del país y dispuestas a cooperar con nosotros en la brega por rescatar la nación de las garras de los monopolios, principalmente estadinenses, y de la minoría vendida que acolita el constante e inclemente saqueo de nuestras riquezas y recursos naturales. Nunca fue tan urgente la creación de una vasta alianza de los oprimidos para frenar los abusos inauditos de sus opresores como ahora, porque tampoco había sido tan honda la crisis de la economía colombiana ni tan deplorable la situación de las clases trabajadoras.

El desbarajuste es tal, que hasta las capas menos débiles de los productores nacionales, inclinados siempre a respaldar las más aberrante determinaciones oficiales han comenzado a tornar por las últimas medidas del gobierno. La política económica del régimen se ha venido convirtiendo en una inminente amenaza de ruina para los pequeños y medianos industriales y empresarios agrícolas, es decir, para los sectores no monopolistas de la producción colombiana que a pesar de sus notables contribuciones al desarrollo, cada día se ven más y más acorralados ante la competencia externa, los créditos especulativos y el encarecimiento de insumos y materias primas. Con la contratación de nuevos y cuantiosos préstamos a la banca internacional y con la liberación de importaciones, no sólo se festinarán las divisas acumuladas durante años, sino que se seguirá hipotecando la nación y creciendo el mercado del país al imperialismo. Desde luego que los más afectados por la expoliación de los grandes consorcios son los obreros y los campesinos, los cuales se hallan roídos por el hambre y la miseria, sometidos a los peores abusos de la violencia represiva y sin la mínima esperanza de aliviar sus sufrimientos mientras imperen las presentes relaciones sociales. Todo este proceso demuestra la veracidad de nuestras concepciones acerca del frente único de liberación nacional y la urgencia que tenemos de forjarlo. A la gesta emancipadora concurrirán con sus destacamentos de combate tanto las masas laboriosas de la ciudad y el campo, como el resto de clases y estamentos democráticos y patrióticos, incluidos los burgueses nacionales con contradicciones crecientes y agudas con los monopolios imperialistas y el Estado vendepatria.

Pero creemos firmemente que el frente, por el que trabajamos sin desmayo los integrantes del FUP, ha de tener en cuenta y sacarle todo el partido a la crisis que surge de las condiciones de dominación neocolonial del imperialismo norteamericano sobre Colombia, antes que minimizarla o tratar de esconderla. De una inconsecuencia infinita han sido los grupos políticos que dizque para crearle ambiente a la unidad, optan por silenciar la causa básica que la hará posible; el sometimiento del país a los intereses y dictados de Washington.

Las calamidades públicas y, en particular, el escalonamiento represivo, la preponderancia del militarismo, la reimplantación del estado de sitio, el Estatuto de Seguridad y toda esa pesadilla de allanamientos, torturas y crímenes mil, obedece en última instancia a la postración de la nación ante los amos de la superpotencia de Occidente.

Y ese cuadro tiende a agravarse. Por ello el frente irá aglutinando progresivamente a más vastos sectores populares, a la intelectualidad revolucionaria y también a los pequeños y medianos industriales y comerciantes. Cuanta más claridad hagamos de los factores verdaderos del caos reinante, más cerca estaremos de nuestros objetivos finales. Y no al contrario, como torpemente lo calcula la oposición oportunista.

Tenemos por delante una campaña electoral que habremos de aprovechar al máximo para educar al pueblo en las ideas de la revolución, organizarlo masivamente y apoyarlo con decisión en sus múltiples batallas por el pan, la libertad y demás peticiones esenciales. Manifestamos nuestra disposición a buscar acuerdos con todas las colectividades políticas, a nivel nacional o departamental, que deseen unificar esfuerzos con el FUP en los próximos comicios en torno a unos puntos mínimos revolucionarios.

Las alianzas electorales necesariamente coadyuvarán a abrirle paso al frente único. De ahí su importancia. Por eso pondremos especial énfasis en tales acuerdos, sin vetos de ninguna especie, y abarcando obviamente a los grupos liberales y conservadores contrarios al régimen. Nuestras condiciones, lejos de ser excluyentes, despejan, en las circunstancias vigentes, el camino de la unidad del pueblo.

Recabamos un programa que recoja las más sentidas reivindicaciones económicas y políticas de las clases antiimperialista y nos oponemos a una plataforma reformista que en el fondo no puede ser más que el resumen almibarado de los planteamientos oligárquicos. Demandamos el respeto de los principios que deben regir las relaciones en pie de igualdad entre los aliados y el funcionamiento democrático de la alianza. Persistimos en el no alineamiento, o sea, que el frente no se matricule en la órbita de ningún Estado extranjero, y mucho menos en la de la Unión Soviética, como han insistido los dirigentes del Partido Comunista. En fin, las propuestas del FUP recogen las aspiraciones fundamentales del pueblo y la nación colombiana, garantizan la cohesión y el entendimiento entre las clases y fuerzas participantes de la unidad y proclaman categóricamente que la nueva república democrática y popular no sólo culminará la independencia del país del yugo norteamericano, sino que preservará la auténtica soberanía nacional contra cualquier otro intento de subyugación foránea.

Por lo demás, la difícil situación económica de las mayorías, por efecto de la inflación desbordada, el alto costo de la vida, los bajos salarios, etc., así como el recrudecimiento de la represión, colocarán a la orden del día las peleas de los explotados y oprimidos por mejores condiciones de vida y contra la militarización progresiva y cada una de las disposiciones despóticas. Expresamos la conveniencia de promover las acciones unitarias correspondientes que les permitan a las masas salir airosas de dichos combates, no obstante la escalada represiva y la completa negación de los derechos del pueblo. Preparemos las condiciones políticas para la gestación de un poderoso movimiento de protesta que le salga al paso al despotismo y permita a la revolución tomar la iniciativa a un corto plazo.

Solidaricémonos con las luchas de los obreros por los aumentos de salarios y la defensa de sus sindicatos.

Respaldemos las asociaciones y ligas campesinas que combaten por recuperar su tierra hoy en manos de la tiránica y ociosa clase terrateniente.

Apoyemos las valerosas movilizaciones del estudiantado y de la juventud en general en pro de sus derechos y de la emancipación de la nación.

Unámonos con todos los que se atreven a enfrentar al imperialismo norteamericano, que de la unión de los de abajo depende la prosperidad y la grandeza de Colombia.

Frente por la Unidad del Pueblo
Pereira, septiembre 29 de 1979

“Las propuestas del FUP recogen las aspiraciones fundamentales del pueblo y la nación colombiana, garantizan la cohesión y el entendimiento entre las clases y fuerzas participantes de la unidad y proclaman categóricamente que la nueva república democrática y popular no sólo culminará la independencia del país del yugo norteamericano sino que preservará la auténtica soberanía nacional contra cualquier otro intento de subyugación foránea”.

TERRORISMO OFICIAL CONTRA DIRECTIVOS SINDICALES

Gustavo Manjarrés, operario de locomotora de los Ferrocarriles, apareció muerto el pasado 7 de noviembre en la estación de Girardot, 58 días después de que fuera retenido en la base militar de Tolemaida. El cuerpo del trabajador mostraba claras señales de tortura. A las nueve de la noche, según testigos presenciales, cuatro camiones repletos de soldados cercaron la estación del ferrocarril y dejaron en un andén el cadáver de Manjarrés. Luego militarizaron la población para impedir las protestas de la ciudadanía.
Se conoció también que Marco Aurelio Romero, secretario general del Sindicato ferroviario en Girardot, permanece detenido en Tolemaida, a donde fue llevado el 25 de agosto. Romero presenta heridas en la cara y tiene quemaduras en los pies, al parecer causadas por un ácido.

Un comunicado suscrito por el Comité Regional de Solidaridad de Cundinamarca exigió en días pasados la inmediata libertad de Romero y reclamó del movimiento sindical una campaña enérgica para salvar su vida.

Protestas por asesinato
La Asociación Médica Sindical (ASMEDAS), presidida por Eduardo Arévalo Burgos realizó el 21 de noviembre una jornada de protesta en todo el país, para denunciar el asesinato del doctor Humberto Rodríguez, perpetrado el 10 de noviembre en Cali por el F-2. El profesional valluno descendía de una buseta en compañía de su anciana madre, cuando fue muerto a quemarropa.

Los médicos residentes e internos del hospital Universitario de Cali llevaron a cabo paros escalonados para exigir que el gobierno ponga término a los constantes atropellos contra el personal adscrito a los servicios de salud. Voceros de ANIR rebelaron que alrededor de 40 médicos han sido retenidos y torturados por el ejército en los últimos meses.

Militarizado Acueducto de Bogotá
En la madrugada del 27 de octubre, una patrulla de la policía dejó malherido en la Clínica Fray Bartolomé de las Casas a Gustavo Mejía, presidente del Sindicato del Acueducto de Bogotá.

La policía dijo que se trataba de un “accidente de tránsito”. Directivos del sindicato denunciaron, empero, que Gustavo Mejía ya había sido víctima de un primer “accidente”, cuando sujetos desconocidos lo agredieron a mediados de septiembre para quitarle una libreta de apuntes. A más de esto, el dirigente venía recibiendo llamadas telefónicas amenazantes.

El intento criminal hace parte de una escalada represiva que incluye el nombramiento de militares en cargos importantes de la empresa, el llamamiento de 45 trabajadores reservistas a servicio militar – incluidos directivos de Sintracueducto – y la militarización de las instalaciones.

Otro atentado
Alfredo Morales, presidente del Sindicato del Minhacienda, actualmente en huelga, denunció que en la mañana del 17 de noviembre y en el momento en que salía de su residencia, 12 matones le tendieron una emboscada, de la que solo pudo escapar ileso gracias al oportuno auxilio de los vecinos.

Según lo afirma el boletín difundido por Sintrha, el gobierno de Turbay busca aplastar con violencia el movimiento que adelanta los trabajadores de ese Ministerio.

Despotismo turbayista en Anchicayá
El régimen ha declarado la guerra al Sindicato de Trabajadores de Anchicayá, en el Valle. En los meses posteriores al cobarde asesinato del vicepresidente de la junta directiva, Manuel Salvador Montoya, perpetrado por agentes secretos a mediados de 1979, el ejército detuvo a Ángel M. Nazarith, Eliud Gómez, Rafael Rueda, Julio H. Mena, Héctor F. Vargas, José del C. Barreto y Bernabé Casas, directivos y activistas de la organización, a quienes se trasladó a un sitio de torturas llamado “La Remonta”. Allí los compañeros fueron sometidos a los castigos más salvajes. También fue detenida Elizabeth Caicedo, esposa de Eliud Gómez, un mes después de haber dado a luz.

MENSAJE DE JOSÉ JARAMILLO GIRALDO AL FORO

Bogotá, septiembre 28 de 1979

Compañeros delegados al III Foro del FUP:

Lo más indignante de la situación nacional consiste en que por encima de las villanías que a diario comete la oligarquía contra el pueblo, ésta se jacta de democrática y protectora de los derechos de los oprimidos. La represión que con tanta saña han impuesto los verdugos del régimen está dirigida a sostener los negociados de los monopolios extranjeros y colombianos que se enriquecen por cuenta del sudor y la sangre de los trabajadores. Existe identidad económica, política y jurídica entre gobierno, ejército y altas directivas de los partidos tradicionales. Pero ninguno de ellos puede ser eximido de responsabilidad de cuanto viene sucediendo en el país. El Presidente es el jefe de las Fuerzas Armadas y en su condición de tal firmó el estado de sitio, el Estatuto de Seguridad y los otros decretos represivos. Todos son cómplices de los desastres sociales y de las torturas y demás atropellos conocidos. Los directivos de la coalición bipartidista apoyan el juego del gobierno.

Las circunstancias históricas son demasiado graves para que se permitan desconocerla a titulo de elegante despreocupación quienes ya son ciudadanos. Todo patriota verdadero está en obligación de luchar para derribar algo que está podrido desde sus bases. Esto no es el problema de una sola clase, es el problema de todo un pueblo contra la pandilla acampada en el Poder, que no pasa del cinco por ciento de la población colombiana, pero que tiene las armas y el dinero de las mafias, los recursos del peculado, el serrucho y la cocaína. La revolución nacional y democrática ya no es solo una simple aspiración, sino una necesidad vital para los estamentos populares salvarse y salvar a Colombia.

La obligación de todo revolucionario es ofrecer lo que pueda dar; ni le pedimos más, ni le recibimos menos. No estoy en posibilidades de entregar mucho pero lo que pueda aportar lo aporto y lo aportaré. Inclusive, aunque parezca exagerado, hasta la última gota de sangre que corre por mis venas. Los hechos lo dirán.

MOVILIZACIÓN VICTORIOSA EN BANCO DE BOGOTÁ

Al resumir las experiencias de la reciente negociación, la junta directiva de ACEB destacó la combatividad de los 5.500 trabajadores del Banco de Bogotá; el 12 de noviembre consiguieron un aumento salarial del 35 por ciento después de un exitoso paro de 7 días. Según el presidente de ACEB, Hugo Cruz, la participación masiva de los trabajadores en los mítines no tiene antecedentes en el Banco de Bogotá.

Los asalariados obtuvieron 2.100 pesos para el primer año y 2.200 para el segundo, y los cajeros se beneficiaron con 300 pesos adicionales. ACEB firmó convenciones similares en los bancos Comercial Antioqueño, Anglo Colombiano y Ganadero, en beneficio de 8.000 trabajadores.

La Asociación Nacional de Empleados del Banco de la República firmó el 10 de diciembre la nueva convención, con aumentos de 2.100 y 2.200 pesos. Poco antes de iniciarse la discusión del pliego, una asamblea delegataria reunida en San Andrés Islas había derrotado la hegemonía de la UTC y elegido una junta directiva anti-patronal, presidida por Valeriano Berrío. Este triunfo de las fuerzas consecuentes abre el camino para un nuevo fortalecimiento del sindicalismo de industria en el sector bancario.

COLOMBIA NO PUEDE ESTAR CONDENADA ETERNAMENTE A LA ESCLAVITUD Y A LA MISERIA

En noviembre de 1976, mi partido, la Alianza Nacional Popular, ANAPO, realizó su congreso nacional con el propósito de destituir la dirección reaccionaria, entreguista y conciliadora de María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, y se designó como jefe a quien lo merecía por mil títulos, a José Jaramillo Giraldo. Desde entonces la ANAPO resolvió convocar a las masas y a los partidos de la oposición democrática, popular y revolucionaria, para que conformáramos un frente único de lucha. Fue así como en febrero y julio de 1977 se realizaron el Primero y Segundo Foros, y en este último se creó y se proclamó definitivamente este glorioso movimiento, el Frente por la Unidad del Pueblo.

Guiados por el ejemplo de compañeros llenos de coraje, como Oscar Gutiérrez y Mauricio Jaramillo, o como tantos otros luchadores que en las cárceles de la oligarquía, bajo la pezuña militar, han padecido la represión y la tortura, para acompañar sus luchas y para gritar con ellos el nombre de Colombia y el de la libertad de nuestro pueblo, hemos venido aquí, a impulsar y a continuar el proceso que conduzca la toma del Poder para el pueblo colombiano.

La Anapo revolucionaria, la Anapo consecuente con los principios del nacionalismo popular y revolucionario como una vía al socialismo, los que guardamos la memoria del caudillo, general Rojas Pinilla, decimos que la Anapo está en pie de lucha, porque la revolución nos llama y porque la mejor manera de rendirle tributo al testamento revolucionario de Rojas Pinilla es acompañando a estos otros compañeros revolucionarios del Frente por la Unidad del Pueblo.

Esta unidad queremos que se haga bajo la bandera de un programa claramente revolucionario. No un programa liberaloide. No un programa meramente reformista. No un programa oportunista. No un programa para conseguir algunas curules. Sino un programa que consulte la cólera del pueblo colombiano, que exige echar al mar a los imperialistas yanquis y aplastar a la oligarquía vendepatria.

En medio de las circunstancias azarosas que vive hoy el país, bajo la militarización del Estado y de la justicia, bajo la conversión de Turbay Ayala en un títere de las fuerzas oscuras y reaccionarias, con el pueblo que hoy asiste a este Foro revolucionario, y con quienes no pudieron asistir, con todos ellos, le estamos diciendo a Turbay Ayala, y a toda la casta militar, que no habrá armas, ni fusiles, ni cárceles, ni torturas que puedan detener a estos combatientes que se han decidido por la libertad.

No nos intimidará pues que la oligarquía amenace con afianzar y reforzar el Estatuto de Seguridad, un estatuto infame y fascista cuyo único objeto ha sido el de reprimir a los proletarios y no combatir a los bandidos y a los delincuentes. En la Cámara de Representantes yo tuve la oportunidad de enrostrarle al ministro de justicia que nos dijera el nombre de un solo mafioso, de un contrabandista, de un cocainero, de un especulador, de un acaparador, de uno de los delincuentes de cuello blanco, de los hampones de las finanzas, de los hampones de levita, que esté en las cárceles. No hay ninguno porque todos estos delincuentes cuentan con la complicidad del gobierno y de los jueces del ejército. Y además porque son socios de Turbay Ayala y de Camacho Leyva.

Queda pues demostrado que no nos chantajean ni la represión ni las amenazas. Y lo que es más importante, que el pueblo colombiano ha perdido la apatía y ha perdido la indiferencia para decidirse a luchar por la conquista del Poder con el ejemplo victorioso del pueblo de Nicaragua, donde hasta las mujeres y los niños levantaron los machetes y las escopetas y las herramientas; y con el coraje que da luchar por la propia patria cuando se tienen la razón y la verdad, derrotaron y expulsaron al tirano Somoza y al imperialismo yanqui que lo apoyaba. ¡Sí se puede derrotar a la oligarquía y al imperialismo norteamericano! ¡Sí se puede lograr el triunfo del pueblo! ¡Colombia no puede estar condenada eternamente a la esclavitud y a la miseria! ¡Colombia no puede estar siempre destinada al saqueo infame de la potencia yanqui! ¡Tampoco puede permanecer sin remedio bajo la dictadura de una casta corrupta e incapaz! ¡No hay Somoza que dure cien años y no habrá oligarquía colombiana que dure también cien años! El Frente por la Unidad del Pueblo convocará y aglutinará a las mayorías colombianas y las dotará de una conciencia revolucionaria y de un nivel político que serán más poderosos que los cañones y los fusiles de los opresores.

A reforzar, pues, el Frente por la Unidad del Pueblo, destacamento de los patriotas y de las gentes que queremos una Colombia democrática, soberana y libre, único instrumento que consagra la liberación social y política de nuestra patria.

AGUDOS CONFLICTOS SINDICALES

ILEGALIZADA HUELGA EN AMAGÁ
Una resolución del 22 de noviembre de 1979, firmada por Luis Roberto García, viceministro del Trabajo, declaró ilegal la huelga en Carbones San Fernando de Amagá. Otra resolución, dictada un mes antes por el ministro de Trabajo, Rodrigo Marín Bernal, había convocado tribunal de arbitramento.

La contradictoria situación sin resolverse y los 86 obreros continúan el cese, que ya se prolonga por siete meses. Hernán Taborda, presidente del Sindicato de la Industria Minera de Antioquia, reclamó el cumplimiento de la convocatoria del arbitramento. De otra parte, 47 trabajadores de Excarbón de Titiribí, afiliados el mismo sindicato, salieron a huelga el 31 de diciembre para exigir respuesta al pliego petitorio.

TEXACO VENDE CAMPOS DE ORITO
Los yacimientos que la Texas posee en Orito (Putumayo) fueron comprados en fecha reciente por Ecopetrol, pero ingresarán a la compañía Mixta Petrolera del Río, de la cual es socia la empresa estatal. Se busca impedir con esta maniobra que las conquistas convencionales de la USO se extiendan a 1.500 trabajadores de Orito, incluidos los 1.200 que laboran bajo el sistema de contratistas. Los tres sindicatos existentes en la Texas conformaron un comité conjunto para exigir la unificación de convenciones, según lo informó Cecilio Guerrero, directivo de la organización de base.

UNIVERSIDAD NACIONAL DESPIDE A DIRECTIVOS SINDICALES
A raíz del paro de protesta del 6 de septiembre organizado por Fenaltrase, la Universidad Nacional ordenó la expulsión de Marcos Manzano, presidente del sindicato, Eliécer Duque, Armando Hernández, Álvaro Rendón, Libardo Galvis, Rosendo Romero y Alfonso Ospina, que hacen parte de la junta directiva. La arbitraria medida se llevó a cabo en vísperas de la presentación del pliego, cuya principal reivindicación es la defensa del carácter de trabajadores oficiales que ostentan los 2.600 asalariados

70 DÍAS DE PARO EN BENEFICENCIA DE MANIZALES
EL 16 de noviembre culminó el cese de actividades que desde comienzos de septiembre adelantaban cerca de 1.400 trabajadores de la Beneficencia de Manizales, adscritos a diferentes centros hospitalarios. El sindicato logró echar atrás la inminente clasificación de los trabajadores como empleados públicos, si bien el gobierno departamental amenaza otra vez con imponerla.

TERMINA HUELGA EN SIDELPA
EL 17 de noviembre terminó la cuarta huelga de los 750 obreros de Siderúrgica del Pacifico (Sidelpa), que duró 41 días. En salarios se pactaron 68 y 73 pesos para el personal de planta, a más de otras reivindicaciones. Sidelpa es la más importante siderúrgica semi-integrada del país. Produce las dos terceras partes de los aceros especiales que se elaboran en Colombia, así como aceros inoxidables. En Simesa, otra siderúrgica ubicada en Medellín, el sindicato firmó en la etapa de prehuelga aumentos de 48 y 54 pesos.

DOS HUELGAS MÁS DECLARADAS ILEGALES
El 9 de septiembre fue ilegalizada la huelga de los 500 obreros de Industrias Metálicas de Palmira (IMP). El Ministerio argumentó que el sindicato había “irrespetado” a funcionarios oficiales el 9 de octubre , día en que comenzó el cese de actividades.

La policía obligó el 23 de noviembre a los huelguistas a reingresar al trabajo. A mediados del año había sido ilegalizada la huelga de Punto Sport Catalina, también con un pretexto baladí urdido por el sector holmista del sindicalismo valluno.

PERSECUCIÓN SINDICAL EN PAÑOS OMNES
Gilmer Cañas, presidente del Sindicato de Paños Omnes, de Pereira, fue despedido en los primeros días de diciembre pasado, dentro de una feroz campaña de persecución contra el sindicato. Ya con anterioridad habían sido destituidos cinco obreros. Esto ocurre mientras se adelanta la preparación del pliego de peticiones.

MINISTERIO MANIPULADO POR LOS PATRONOS
A petición de la Compañía de Empaques de Medellín, el Ministerio de Trabajo confiscó el 8 de enero los libros de actas del sindicato, con el fin de “levantar un informe sobre asambleas y reuniones de los últimos 10 años”, según manifestó cínicamente un funcionario del mismo Ministerio. El secretario general del sindicato, Jaime Tangarife, quien denunció el insólito hecho, dijo también que la Oficina de Asuntos Colectivos, encargada de pronunciarse sobre el pliego de peticiones de los 2.500 trabajadores, extravió en días pasados el expediente. Como se sabe, la compañía viene eludiendo las negociaciones desde hace ocho años. Para colmo, toda la junta directiva de la organización sindical se encuentra despedida.

CUARTA HUELGA EN PELDAR
Los gigantescos hornos de Peldar, empresa del monopolio Ardila Lulle, se encuentran apagados desde el 27 de diciembre a raíz de la huelga que realizan sus 800 trabajadores. Estos exigen estabilidad laboral, primas extralegales y de antigüedad y aumento salarial de 250 pesos. Este es el cuarto movimiento huelguístico que se registra en Peldar. Los anteriores se presentaron en 1955, 1961 y 1969.

ESTAMOS POR LA DERROTA DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO Y POR PRESERVAR LA COMPLETA INDEPENDENCIA NACIONAL

Sobre el cruel y oscuro panorama de crisis y de miseria que ha ocasionado la oligarquía colombiana, campea la más brutal represión en todas sus manifestaciones. Desde el cerco a la lucha sindical, la limitación arbitraria de las alzas de salarios, la persecución contra todas las fuerzas que de una u otra manera luchan por el porvenir de Colombia, el acoso de las organizaciones campesinas de base y, últimamente en lo más grande de su brutalidad, la persecución a través del Estatuto de Seguridad, las torturas, la intimidación, todo eso porque de otra manera los planes de la oligarquía, que consisten en exprimir hasta la última gota de sudor del trabajo de nuestro pueblo, no se podrían cumplir. La represión como complemento de su programa económico, he allí el panorama al que nos enfrentamos, he allí la situación contra la que nos rebelamos.

En lo que va corrido del gobierno de Turbay, que ha sido un año largo, sumamente largo para el pueblo, han asomado las orejas del militarismo y la represión como símbolo de que la fementida democracia representativa es un embeleco. Se han venido trabando los engranajes con los cuales funciona el sistema de la oligarquía. Para ellos las cosas tampoco están buenas.

Antes de un temblor, las alimañas y los animales que viven en las cuevas bajo la tierra salen a la superficie. Eso es lo que está pasando en nuestro país. Si toda esa caterva repugnante que hoy campea en el Poder se quita las caretas y no tiene ningún escrúpulo en presentarse tal como es ante los ojos de todos los colombianos, eso indica que se ciernen sobre nuestra patria grandes estremecimientos. Sencillamente la descomposición social anuncia la revolución. Las instituciones con que se ha pretendido mostrar a Colombia como una maravilla democrática, dejaron de funcionar. Todo el aparato tiende a recargarse sobre una sola pieza, la pieza militar, que, a fuerza de ser usada, también se habrá de desgastar.

Pero a pesar de todas las medidas que se han tomado, nuestro pueblo ha luchado. Han continuado las huelgas obreras y los campesinos no se han detenido en su trabajo de organizarse. Crece y crece la inconformidad en todo el país. Nuestro pueblo es un pueblo muy grande. Todavía no se ha hecho ver. Podemos entonces seguir confiados hacia delante. El pueblo colombiano apenas comienza a escribir su historia. En lo que hemos conocido de sus luchas se ha descubierto lo rico de su veta democrática, patriótica y revolucionaria. Bien vale la pena explotar esta mina, llegando a más amplias masas populares. Tenemos algunos instrumentos para ello, contamos con la existencia misma de nuestros movimientos, contamos con un frente, una coalición revolucionaria, con un programa revolucionario. En esto nos diferenciamos de otras fuerzas que, de una u otra manera, tienen contradicciones con el gobierno. Nosotros no estamos silenciando la necesidad ni la inevitabilidad de la revolución colombiana. No nos hacemos ilusiones sobre ilusiones intermedias.

Cualquier colombiano con cuatro dedos de frente puede comprender que la crisis actual no tiene solución bajo el régimen que nos domina, que se necesita una transformación total y radical. No hemos aceptado por tanto las invitaciones que se nos han hecho a endulzar nuestro lenguaje, a mellarle la punta a nuestra lanza.

Algunas personas equivocadamente consideran que hoy la clave para unir a la inmensa mayoría de los colombianos está en que dejemos de hablar de la revolución. Para algunas personas, que no pueden ser muchas en este país, plantear la necesidad de un programa revolucionario, plantear la necesidad de una nueva Colombia democrática y popular, es algo que nos perjudica. Nosotros no compartimos esos cálculos. Consideramos que tenemos, por el contrario, que ir abriendo el derrotero, sin inquietarnos por las dificultades del momento. Sabemos que por el camino de la revolución avanzará la inmensa mayoría de los colombianos. Cualquier programa que no se proponga esa meta será un programa que podrá adornar la situación, si se quiere, que conseguirá en algún momento algunas expectativas, pero no será un programa acorde con la realidad nacional. Será un programa de soñadores, y quizás no de soñadores sino de vacilantes y de temerosos. Y el pueblo colombiano no merece una dirección así sino una dirección revolucionaria que se foguee en miles de combates. Por eso nuestra revolución no sólo se realiza bajo la consigna de la oposición al régimen, contra el despotismo, sino que también se realiza bajo la consigna del rechazo al oportunismo.

Predicamos el no alineamiento porque, como lo hemos dicho muchas veces, no sólo estamos por la derrota del imperialismo norteamericano sino por preservar la completa independencia nacional. Tenemos la decisión y el anhelo de desterrar de nuestro país no solo a quienes nos han explotado, a quienes desmembraron a Panamá, a quienes saquearon nuestro petróleo, a quienes han usurpado todo el trabajo nacional, sino también porque queremos un país verdaderamente libre. Por eso decidimos que estamos contra el imperialismo norteamericano pero también contra toda otra forma de dominación extranjera. Nuestro mensaje es el único que sinceramente se hilvana con los sentimientos de hasta el más humilde de los colombianos, que nunca querría ver que cambiemos una dominación por otra sino que lleguemos plenamente a la liberación, a la independencia y a la autodeterminación. Esa es la gran tarea del Frente por la Unidad del Pueblo.

JAIME PIEDRAHÍTA CARDONA: EL FUTURO SERÁ PROPICIO PARA LA GRAN REBELIÓN DE LOS EXPLOTADOS

Compañeras y compañeros:

Dije en mí declaración del 9 de julio de 1978, ante el deplorable espectáculo de muchos viejos y recientes sectores de la izquierda sumidos en una especie de congoja post-electoral – que abate invariablemente a los que toman las elecciones del régimen por lo que no son -, que los partidos integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo nunca pretendimos transformaciones sustanciales de la sociedad colombiana mediante la lidia comicial. Lo había dicho ya en algunas de mis intervenciones televisadas de la campaña eleccionaria y repetido en un sinnúmero de discursos pronunciados ante nutridas manifestaciones y hasta en los gratos intercambios de impresiones habidos en pequeñas reuniones con gentes de mi pueblo.

La vida ha aclarado a fondo entre nuestros destacamentos la fundamental cuestión de que debido a que el enemigo concentra una desproporcionada superioridad de fuerzas con respecto a las agrupaciones políticas populares, lo habitual es que en la lucha electoral los partidos revolucionarios permanezcan en minoría.

Lo que no nos impidió ni nos impedirá extender y acrecentar nuestros efectivos, ni ser concientes de que nuestro papel actual consiste en acumular fuerzas y aguardar la coyuntura favorable a la revolución. Mi candidatura en las pasadas elecciones, símbolo del repudio airado de patriotas, demócratas y revolucionarios a la iniquidad imperante en el país, no tuvo otro sentido que contribuir a este objetivo.

Así, durante un año recorrimos la geografía patria propagando las ideas de la revolución, promoviendo la unidad de las masas populares contra sus seculares enemigos, adelantando entre cientos de miles de obreros, campesinos y capas medias de la población la firme esperanza en la conquista de una nueva Colombia libre de amos extranjeros y déspotas traidores, sobre todo, echamos las bases para la construcción del frente único de liberación nacional.

Hoy, al pasar revista a nuestras fuerzas el balance es altamente satisfactorio; el multitudinario contingente de combatientes populares venidos de los cuatro puntos cardinales del país a Pereira nos dice que el Frente por la Unidad del Pueblo empieza a echar raíces entre las masas de obreros y campesinos. La determinación de luchar hasta el fin, la abnegación y el entusiasmo que ustedes, compañeros, traen a este Foro son la mejor garantía de que poco a poco nos ganaremos el inmenso corazón del pueblo y de que nos sea otorgado por oprimidos y desarrapados el supremo honor de ser sus abanderados y adalides. No puedo menos que expresar mi gran reconocimiento a mis excelentes compañeros, los respectivos dirigentes máximos del MOIR y de la Democracia Popular. Particularmente valioso y decisivo ha resultado, a mi juicio, el papel desempeñado en este proceso por ese joven y lúcido jefe que es Francisco Mosquera.

Conviene también, a la hora de iniciar el nuevo tramo de nuestra brega, recalcar que el programa con que se fundó el Frente – que refrendará esta reunión – es el programa de la revolución colombiana. Insisto, entonces y ahora, en que la deseable unidad de las fuerzas contrarias al régimen tuviera como base el reconocimiento explícito de los intereses vitales de la nación y el pueblo. Sabido es que las fuerzas de izquierda no pudieron concurrir unidas al pasado debate electoral por el empecinamiento del Partido Comunista, que naturalmente rechazamos, de alinear el Frente.

Acontecimiento tan importante como la decisión de la cumbre del Movimiento de los Países no Alineados, realizada en la Habana en días pasados, demuestra que lo que está en juego en esta materia no es asunto de poca monta.

La preocupación de los No Alineados, por mantenerse equidistantes de los dos bloques mundiales muestra a las claras la tendencia universal que predomina en los pueblos del Tercer Mundo: impulsar la lucha por la liberación nacional del yugo extranjero y por el mantenimiento de su independencia estatal.

Debo empezar mis consideraciones sobre la situación nacional diciendo que el controvertido triunfo electoral de Turbay Ayala como presidente de la República significó el acentuamiento de las crisis del régimen bipartidista.

Que así sucedería lo advertimos con anticipación; verdad que para pronosticarlo bastaba con reparar en la innegable tendencia al deterioro del aparato institucional montado por la oligarquía de los dos partidos en 1957, cuyas manifestaciones son visibles en la vida diaria desde tiempo atrás. En solo su primer año de gobierno Turbay ha cometido tantos actos de bandidaje contra el país, tantas y tan horrendas tropelías contra la gente sencilla que, comparados con él, todos sus predecesores se quedaron indudablemente cortos. Dolencias colombianas tan crónicas como el hambre, la miseria, el desempleo, la falta de vivienda, de asistencia médica, de servicios públicos, de educación y cultura se han extendido y, aún más, exacerbado.

Opinan algunos que para conjurar la avalancha represiva es preciso salir por los fueros de la Constitución, las leyes y las instituciones que de ellas se derivan. Que el peligro para las libertades y derechos de los colombianos lo encarna Camacho Leyva, pero no Turbay Ayala. Que el Congreso, la justicia ordinaria y el gobierno civil son otros tantos escudos protectores contra la arbitrariedad de los cuarteles. Los autores de la propuesta, el Partido Comunista, “Firmes” y sus amigos, cuando algunos voceros del gobierno los tildaron de subversivos con ocasión del Foro por la defensa de los Derechos Humanos, se ahogaron en protestas de fidelidad a las instituciones republicanas. Tan curiosas apreciaciones no llamarían la atención si no fuera porque amenazan con confundir a las masas en un momento crucial como el que vivimos. A mi entender, decirle al pueblo que defienda la democracia de los grandes capitalista y terratenientes es pedirles a los esclavos que le canten a sus propias cadenas. En Colombia, que no es un estado independiente sino una parte del traspatio yanqui, que no es una república popular sino una república oligárquica, ¿qué derechos pueden tener las amplias mayorías?

El derecho a la vida es aquí la opulencia y el derroche de la aristocracia de las finanzas y el latifundio; la miseria, el hambre, la desnutrición y las privaciones para el grueso del pueblo.

El derecho de reunión significa que los edificios públicos, las avenidas y plazas, amén de los clubes y palacios privados, están a disposición de los partidos, gremios y círculos de la casta dominante y que si el populacho quiere reunirse debe desafiar bayonetas y metralla en la calle o arriesgarse a que sus concentraciones en recinto cerrado caigan bajo la férula inquisidora del Estatuto de Seguridad.

El derecho al trabajo es para los poseedores la libertad de explotar obreros y siervos; para los desposeídos, el cautiverio asalariado cuanto no el desempleo y la indigencia.

El derecho de organización es la omnipotencia de los monopolios y conglomerados financieros, y la hostilización, la persecución y la congelaciones de los fondos de las organizaciones obreras y campesinas, cuando no su ilegalización y destrucción.

El derecho de huelga equivale a la prerrogativa que tienen los potentados de presionar y amenazar al gobierno siempre que lo exijan sus rapaces intereses; para la clase obrera se reduce a la batalla contra la voracidad de los explotadores en la que los huelguistas se jueguen el pan de sus familias, la existencia de sus organizaciones, su libertad y hasta sus propias vidas.

La libertad de expresión, mordaza y censura cuando la quiere ejercer el pueblo, es también cumplida servidora de los poderes económicos dominantes, que a través de la gran prensa, la radio, la televisión, la educación y la cultura, difunden la sumisión ante el imperialismo norteamericano y el oscurantismo.

La libertad de sufragio tipifica una de las más comprimidas instituciones políticas; en la práctica es la compra de votos, la coacción sobre los empleados públicos por parte de las maquinarias de los partidos tradicionales, el fraude electoral y, sobre todo, la lucha desproporcionadamente desigual entre los partidos que detentan el poder y las fuerzas que combaten el régimen.

Tal la tramposa democracia que algunos sectores de a izquierda nos llaman a apuntalar, en la creencia de que ante la amenaza de la dictadura militar el pueblo va a correr a defender al gobierno civil, que es la dictadura camuflada de la oligarquía. El dilema planteado por los participantes del Foro de los derechos Humanos es, por tanto, un falso dilema. Con o sin rogativas constitucionales, con gobierno civil o sin él, la única perspectiva cierta del régimen es su revolución acelerada hacia el fascismo y la generalización de la violencia contra el pueblo. ¿No dijo categóricamente Camacho Leyva que Pinochet había sido la solución de Chile? ¿Y el mismo Turbay no declaró para la prensa extranjera, que el golpe militar en Uruguay se justifica porque el gobierno civil fue incapaz de mantener la paz? El verdadero dilema estriba en si aquí también, en Colombia, el pueblo será desarmado ideológicamente y marchará inerme al sacrificio, como en Chile, o si, a la inversa, tomará conciencia, se unirá para enfrentar la embestida terrorista oficial que, pese a todo, apenas comienza.

Nos uniremos con todo partido, grupo o personalidad que quiera contribuir conjuntamente con el Frente por la Unidad del Pueblo, a que las masas dispongan su ánimo y se movilicen al combate, aglutinadas por un programa revolucionario.

Combatiremos la pretensión de propalar a tambor batiente la propaganda del enemigo en el campamento de la revolución. Delante nuestro tenemos la histórica tarea de desentrañar, en el seno mismo de las masas, que la democracia colombiana es la dictadura de la minoría plutocrática contra las mayorías trabajadoras.

El curso entero del movimiento revolucionario colombiano depende del desenlace de tan trascendente labor esclarecedora; si el vocerío en defensa de las instituciones lograra hacer carrera, serían imponderables los males que sobrevendrían para el país; aletargado el ímpetu de los oprimidos, se alejaría enormemente la proximidad de la revolución.

Si, al contrario, las masas, convencidas por su propia experiencia, abrazan el programa nacional y democrático de liberación nacional y revolución agraria, la unidad del pueblo se abrirá paso y el triunfo de la sublevación popular estará asegurado. Por fortuna, no es difícil darse cuenta de que Colombia marcha hacia el colapso y el desbarajuste total; que en tiempos de crisis los pueblos avanzan a grandes zancadas y aprenden en meses y aun en días lo que antes no asimilaron en años e inclusive en décadas. El futuro cercano, propicio para la gran rebelión de los explotados, sólo podrá ser aprovechado a fondo a condición de que hoy afrontemos a pie firme la ventisca de los conciliadores y avancemos en medio de la temporal oscuridad, seguros de la victoria final.