MENSAJE DESDE LA CÁRCEL

Los siguientes son extractos del mensaje enviado por Consuelo de Montejo desde la cárcel de El Buen Pastor, al acto en que fue proclamado su nombre para las listas del FUP al Concejo de Bogotá:

“El tiempo de cárcel que estoy pagando, no lo he tomado como una condena a Consuelo de Montejo. Lo he tomado como es en toda su dimensión; es la cárcel y la persecución a todo un pueblo que se atreve a disentir de lo que pasa en el país y que recibe presiones y amenazas; es la cárcel simbólica para todos y cada uno de ustedes y el castigo ejemplar, como dirían ellos, a una subversión insistente y a un periódico que dizque hace la apología del delito.

Por eso quiero hoy, desde esta celda, darle las gracias a todos y cada uno de esos colombianos ya sean profesionales, trabajadores, campesinos, estudiantes o mujeres. Esta marcha no es más que el principio, ahora sí con verraquera, del cambio de Colombia. Porque con estos hechos el pueblo ha adquirido conciencia, y cuando se tiene conciencia se puede luchar.

He querido hacer este breve resumen de mi pensamiento en una ocasión como hoy, donde un grupo de compañeros de oposición, como el MOIR, la ANAPO y la DP con los liberales independiente, se rebelan contra el régimen democrático existente y lanzan mi candidatura al Concejo de Bogotá, para el próximo periodo.

Y al aceptar esta postulación, no lo hago con un fin electorero. Lo hago simple y llanamente porque tengo que creer que la democracia no se ha perdido todavía en Colombia, y que el pueblo, sin distingos políticos, ya anacrónicos, puede votar con mi nombre PROTESTA.

PROTESTA por la persecución que se hace a los pobres y humildes.

PROTESTA por la forma como se explota a los campesinos y trabajadores.

PROTESTA por la forma como se viola la Constitución y el derecho de huelga.

PROTESTA por como se protegen los privilegios de una oligarquía político-militar en detrimento de una ciudadanía.

PROTESTA por una inflación continuada, que merma día a día los ingresos de las familias.

PROTESTA porque la justicia se aplica a los de ruana, mientras los grandes delincuentes se pasean por las calles.

PROTESTA por un Estado de alta policía que viola los derechos humanos y se ensaña en mujeres y jóvenes, mientras es incapaz de prestar ayuda a damnificados y heridos de las tragedias nacionales.

PROTESTA porque ya no existe libertad de prensa, información ni pensamiento.

PROTESTA, PROTESTA, PROTESTA, porque mi nombre hoy no es una candidatura. Es un movimiento de PROTESTA.

HOMENAJE A MAURICIO JARAMILLO EN SOGAMOSO

El 8 de diciembre del año pasado, en el Mesón de la Villa de la ciudad de Sogamoso, la dirección regional del MOIR en Boyacá y Casanare ofreció un homenaje al camarada Mauricio Jaramillo, quien fuera detenido el 22 de febrero de 1979 en Miraflores, y quien pasara más de 6 meses en la cárcel EL Barne por defender los derechos de los pobres del campo en el departamento.

Al acto asistieron delegaciones obreras de Acerías Paz del Río y representantes sindicales del magisterio, de los profesores universitarios, de Sittelecm, Aceb y del gremio local de choferes. Llevaron la palabra los compañeros Álvaro Morales, del regional del MOIR en Boyacá. Enrique Daza, dirigente nacional de nuestro Partido, y Mauricio Jaramillo.

En su intervención, el camarada homenajeado reclamó la solidaridad de todos los revolucionarios colombianos para con los miles de presos políticos recluidos actualmente en las mazmorras del régimen; denunció de manera enérgica la represión del gobierno turbayista contra las masas populares del país, y dijo que los trabajadores, campesinos, estudiantes y demás sectores empobrecidos de Colombia, lejos de arredrarse con los atropellos que se cometen a diario contra ellos, encontrarán la fortaleza necesaria para continuar su lucha y llevarla a la victoria.

MÁS ASESINATOS Y ATROPELLOS

La escalada represiva que al amparo del estado de sitio y el estatuto de Seguridad desencadenara hace ya año y medio el régimen turbayista, continua interfiriendo de manera alevosa las actividades legales de los partidos políticos adversos al bipartidismo tradicional, y cada vez más prohija brutalidades de corte fascista. Muestra palpable de ellos son los criminales atropellos para militantes del MOIR y de las fuerzas integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo, en diferentes regiones del país.

Asesinatos en Toro y Puerto Nare
Vicente Ortiz, diputado a la Asamblea del Valle del Cauca por el FUP, vivía en Toro, al norte del departamento, donde poseía un modesto viñedo. El 22 de septiembre pasado, en horas de la noche, cuando estaba parado junto al pequeño camión que utilizaba para distribuir el producto de su trabajo, un taxi ocupado por un grupo de hampones se le acercó, y de su interior salieron varios tiros de escopeta. Uno de ellos le atravesó el hombro izquierdo y le interesó el cuello, sin producirle heridas mortales.

No obstante las denuncias formuladas, y a sabiendas de que los únicos enemigos del compañero Ortiz eran los encopetados personajes de la oligarquía liberal-conservadora del municipio de Toro, las autoridades mantuvieron una criminal indiferencia. Esta circunstancia envalentonó a sus victimarios. Veintidós días después del primer atentado, y viendo que Vicente había continuado su lucha por organizar a los trabajadores y campesinos pobres de la región, repitieron el ataque y lo asesinaron cobardemente.

Un comunicado de la dirección regional del FUP en el Valle consignó, entre otras cosas: “Traduciremos nuestro dolor en fuerza y confiados en el inagotable caudal de recursos de nuestro pueblo, haremos realidad la Colombia libre, popular y democrática por la que luchara, por la que tanto soñara y por la que ofrendara su vida nuestro querido compañero Vicente Ortiz”.

Una villanía similar fue la cometida el 29 de diciembre en la vereda Mulas, del municipio de Puerto Nare, departamento de Antioquia, contra el camarada Guillermo Misas, presidente de la liga campesina de esa localidad y dirigente del MOIR, muerto de un disparo por la espalda.

De tiempo atrás, los terratenientes de la región del Nare venían hostigando al líder campesino. No era la primera vez que enviaban matones a dispararle, contando con la complacencia de las autoridades, pues durante la Semana Santa de 1979 ya lo habían hecho, y algún tiempo después quemaron el humilde rancho que habitaba con su familia en un pequeño pedazo de tierra, propiedad de los Ferrocarriles.

El comité local de nuestro partido en Puerto Nare lamentó la muerte de Guillermo Misas, destacando la trayectoria de su vida, dedicada a la centenaria lucha de los campesinos colombianos por la tierra para el que la trabaja, y su esclarecido impulso a la alianza obrero–campesina, pilar de la lucha antiimperialista y revolucionaria del pueblo colombiano.

Nuevos atentados
Los métodos delincuenciales de la oligarquía colombiana y sus agentes son los mismos en todo el territorio nacional; también en San Pedro de Urabá, el pasado 11 de enero, esbirros de la coalición gobernante balearon e hirieron gravemente a Evelio López, veterano dirigente del Sindicato de Laminación y Derivados, directivo del Frente Sindical Autónomo de Antioquia y actualmente dirigente campesino en Urabá, y candidato al concejo de San Pedro por el FUP.

Y en Magangué, Bolívar, el 27 de noviembre, fue montado un aparatoso operativo militar para allanar el Centro Médico de Especialistas, donde detuvieron al doctor Roberto Giraldo, junto con el dirigentes moirista Alberto Herrera, en un intento por desacreditar el Centro, que presta servicio a las gentes humildes de la región. Los compañeros fueron conducidos a Barranquilla, donde se les interrogó en relación con falsas acusaciones, y diez días más tarde fueron puestos en libertad.

JOSÉ JARAMILLO GIRALDO

Combatió ejemplarmente, hasta el último aliento
José Jaramillo Giraldo, director de la Alianza Nacional Popular, falleció en Bogotá el 5 de noviembre del año pasado a la edad de 64 años, se preciaba de ser, como lo fue, un defensor de los intereses del pueblo colombiano y un rebelde contra la opresión y la explotación que sobre los desposeídos ejerce la oligarquía. Por esta razón, más de dos mil apesadumbrados militantes revolucionarios acompañaron su féretro y centenares de personas humildes desfilaron ante él, cuando era velado en cámara ardiente en uno de los salones del Concejo de Bogotá, tribuna postrera de su aguerrida oratoria.

En las batallas del pueblo
Nacido en Manizales en 1915, Jaramillo Giraldo vivió su juventud en Popayán. Allí comenzaron sus combates, al lado de los indígenas paeces y guambianos, víctimas de incontables atropellos por parte de los terratenientes del Cauca.

Poco tiempo después, José Jaramillo orientó y respaldó varias huelgas en Calí. Tres veces fue encarcelado por colocarse de parte de los obreros, pero la prisión no lo arredró; templó su espíritu de luchador, que volvería a manifestarse en múltiples ocasiones y en diferentes lugares de Colombia, como en Anserma, donde respaldó a los recolectores de café y denunció los crímenes oficiales contra ellos cometidos para reclamar sus derechos.

El prestigio que estas batallas le ganaron en las filas del pueblo le valió su elección a la Asamblea de Caldas, y posteriormente al Congreso, en donde se destacó por sus fogosas denuncias de la explotación y de la corrupción política y administrativa.

En 1986, como candidato presidencial de la ANAPO, Jaramillo obtuvo más de 850.000 votos, en una campaña de tan sólo 26 días. Su candidatura desató la ira de la oligarquía liberal-conservadora, que propició dos atentados contra su vida.

Hacia la unidad del pueblo
Durante diez años, como parlamentario, José Jaramillo Giraldo continuó denunciando las injusticias cometidas contra obreros, campesinos, maestros y estudiantes de todas las regiones colombianas, y destapando grandes fraudes de los monopolios extranjeros y nacionales en contra de los intereses del país.

En 1976, junto con Jaime Piedrahita Cardona, Jaramillo encabezó la reestructuración de la línea revolucionaria de la Anapo. Los altos mandos anapistas se habían negado a proclamar una posición antiimperialista. Jaramillo Giraldo y Piedrahita se rebelaron contra el sector reaccionario y orientaron a su partido por un nuevo camino. En diciembre de este año, durante el IV Congreso Nacional de la ANAPO, en el cual Jaramillo fuera elegido director nacional del Partido, dijo que su propósito era “iniciar ya una política de estrecho entendimiento con todas las fuerzas revolucionarias de Colombia para luchar contra el imperialismo yanqui, contra el feudalismo colombiano y contra los grandes monopolios”. No obstante que desde 1973, como consecuencia de un accidente, José Jaramillo había perdido la vista, continuaba en la batalla.

Convocado por la nueva dirección anapista, en febrero de 1977 se realizó el I Foro Nacional de la Oposición Popular y Revolucionaria, que diera origen al Frente por la Unidad del Pueblo, FUP. En la clausura, Jaramillo expresó su convicción de que se trataba de un momento histórico, y exhortó al combate a los militantes de todos los sectores políticos allí reunidos. El 15 de junio del mismo año tuvo lugar el II Foro, que consolidó el Frente y proclamó la candidatura presidencial de Jaime Piedrahita Cardona. En su emocionada intervención, Jaramillo Giraldo celebró las luchas antiimperialistas, exaltó la candidatura de Piedrahita y desenmascaró el sectarismo divisionista del Partido Comunista.

Durante la campaña del FUP, a pesar de su avanzada edad y de la enfermedad que lo aquejaba, Jaramillo recorrió el país de extremo a extremo, estuvo presente en más de mil actos, y fue aclamado por las gentes del pueblo. Contagiaba su fervor revolucionario y siempre encontraba tiempo y lugar para departir con los humildes, defendiendo con vigor los ideales revolucionarios y patrióticos. En todas y cada una de estas ocasiones, el dirigente estuvo acompañado por su esposa, la valiente, fiel e infatigable Solita de Jaramillo. “Nunca he lanzado una consigna y me he quedado en casa. La he ido a defender en la plaza pública”, dijo por entonces Jaramillo a un periodista que lo entrevistó en Medellín. Y así lo estaba demostrando. Elegido concejal de Bogotá por el FUP el líder de ANAPO continuó su labor revolucionaria hasta cuando las fuerzas se lo permitieron. A mediados de 1979 su salud empeoró sensiblemente. Casi cinco meses batalló con la enfermedad que finalmente le causó la muerte. Sin embargo, desde su lecho envió al III Foro del FUP, en Pereira, su último mensaje de rebeldía, acogido por los asistentes con prolongados aplausos.

El adiós al amigo y compañero
El 6 de noviembre, en medio de banderas de la Anapo y de decenas de coronas enviadas por los partidos revolucionarios, por gentes del pueblo conmovidas por su fallecimiento, José Jaramillo Giraldo fue sepultado en el Cementerio Central. A sus exequias concurrieron dirigentes nacionales y delegados de su partido en todo el país, así como los militantes del MOIR, encabezados por su secretario general, Francisco Mosquera, y de la Democracia Popular. Ante su tumba, su compañero de tantas lides, Jaime Piedrahita Cardona, lo despidió con emocionadas palabras.

Espontáneamente, las miles de personas allí congregadas entonaron La Internacional, y gritaron en honor a la memoria del querido dirigente: ¡Viva José Jaramillo Giraldo!”.

EDITORIAL: FRENTE REVOLUCIONARIO O COMPONENDA REFORMISTA

Francisco Mosquera; Secretario General; Bogotá, diciembre 16 de 1979

La carta que el camarada Francisco Mosquera envió a la dirección de FIRMES a mediados de diciembre pasado, y que a continuación reproducimos a manera de comentario editorial, contiene las condiciones mínimas demandadas por el MOIR para conformar, en las circunstancias actuales, un frente único revolucionario de liberación nacional en Colombia. Ninguno de tales requisitos fue aceptado por los voceros de la contraparte en la ronda de negociaciones, ni siquiera sopesado o discutido con la seriedad que el tema requiere. Llegaron a lo sumo a presentar formulas eclécticas con las cuales se simula recoger los postulados de la revolución, cuando en realidad se toma el atajo del reformismo.

En el afán de conciliar lo inconciliable, los pactos del llamado Frente Democrático terminaron siendo un amasijo de recetas inconexas, confusas y hasta contradictorias. El programa se anuncia y se deja para concretarlo en el futuro con la hipotética participación de otras fuerzas. Mientras tanto, la minuta de reformas constituye el alma del entendimiento, bajo cuya inspiración se efectuará la campaña electoral. Ni una sola referencia al no alineamiento, lo que les permitirá a los revisionistas impenitentes y a los mamertos vergonzantes defender o justificar el expansionismo soviético, sobre todo después de la invasión a Afganistán. La ausencia de unas claras normas democráticas de funcionamiento dará vía libre al ventajismo del Partido Comunista. Y así, cada uno de los puntos de la componenda aprobada por Firmes y el PC, puntos en verdad convenidos entre ellos desde hacia muchos meses, impidió la participación del MOIR y demás partidos del Frente por la Unidad del Pueblo en semejante alianza.

A pesar de que los componentes de la nueva coalición bautizada Frente Democrático especularon sobre la presunta división del FUP y del MOIR, las recias batallas que venimos librando desde 1978 contra el despotismo y el oportunismo han elevado considerablemente la conciencia y la cohesión de nuestros efectivos; y no obstante el cúmulo de dificultades que atravesamos, acometemos con entusiasmo y fe en el porvenir las importantes tareas de la causa obrera.

Compañeros
ENRIQUE SANTOS CALDERÓN
GERARDO MOLINA y demás miembros de la dirección nacional de FIRMES

Apreciados compañeros:

A instancias de ustedes nos acercamos a la mesa de negociación, y hoy, una vez más, nos vemos enfrascados con varias agrupaciones en el consabido debate sobre la conformación de un frente unido revolucionario. Hemos estado escépticos al respecto, a pesar de que ustedes, en las entrevistas bilaterales, hablaron de no vetar a ningún contingente apto para contribuir a la alianza proyectada, y de interceder para que a ésta concurran el MOIR y el Partido Comunista, enfatizando que preferirían no unirse con ninguno de los dos si uno de ellos faltara. La intención es buena y no abunda agregar que nosotros también deseamos la unidad, por la cual nos hallamos prestos, como siempre, a transar en aras de soluciones positivas. Los obstáculos provienen, a nuestro juicio, de la contracorriente oportunista y liberal, boyante en los últimos años, que, so capa de resistir a la represión y combatir el militarismo, pide el apuntalamiento de la democracia oligárquica, o sea de la dictadura ejercida sobre el pueblo por parte de la minoría burgués-terrateniente intermediaria del imperialismo norteamericano. Esta contracorriente se ha salido de madre y con sus tesis reformistas y sus concepciones retardatarias inundan los terrenos de las más diversas manifestaciones políticas. He ahí el motivo de nuestro escepticismo. Si en lugar de propender por una nueva sociedad se nos invita a prolongar la agonía de la vieja, mucho tememos que no sería viable la avenencia, por lo menos hasta cuando un cambio radical en la correlación de fuerzas le imponga al frente único el rumbo compatible con los anhelos libertarios de los obreros, los campesinos y el resto de clases y capas revolucionarias.

A medida que cunde el caos y se desata la crueldad de las autoridades, crece el vocerío de quienes reclaman reajustes al orden jurídico predominante, o solicitan que se cumplan con la recíproca vigilancia y la escrupulosa separación de las ramas del Poder, o recaban el nombramiento de procuradores imparciales y con mayores atribuciones, todo dizque enderezado a aplacar los desenfrenos de la soldadesca y a temperar la democracia en Colombia. Muchos abogan por la truculenta y corrompida justicia ordinaria cuando impugnan los consejos verbales de guerra. Sobran aquellos que reprueban la tortura pero suspiran porque la república de los torturadores funcione cual un relojito. Algunos imaginan que si se levanta el estado de sitio las elecciones serán libres. Esto en Colombia donde, pese a 150 años de historia republicana, el despotismo terrateniente se asocia todavía al del gran capital; donde el Ejecutivo prevalece omnipotente sobre unas corporaciones electivas huérfanas de influencia y sobre una justicia postrada cada vez más a sus arbitrios; donde los derechos del pueblo se hallan sepultados bajo un alud de reglamentaciones prohibitivas, y donde, para colmo de males, el imperialismo se enseñorea como el amo supremo. “La joya es preciosa, basta arreglarle la moldura”, pregonan los restauradores. En suma, al país se le quiere burlescamente sacar del cuerpo el terror oficial y demás demonios, se le quiere exorcizar, evocando los milagros sesquicentenarios del vetusto Estado, que mantiene a la nación en bancarrota e hipotecada al extranjero y a las masas trabajadoras sumergidas en la más abominable esclavitud.

El MOIR no objeta la lucha contra las medidas represivas y a favor de las libertades públicas y los derechos democráticos para los oprimidos; por el contrario, hemos creído y seguimos creyendo convenientes y urgentes los pronunciamientos y movilizaciones en ese sentido. Las dos o tres conquistas que las masas populares arrebaten al enemigo en la contienda, les servirán, les deben servir, para avanzar en pos de su liberación y no para acogerse a una falsa e inicua estabilidad que equivaldría a la consolidación de su envilecimiento. Entre otras modalidades de combate, participamos en las elecciones, no obstante los manipuleos antidemocráticos de las mismas, porque cualquier resquicio que nos otorguen u obtengamos para manifestarnos, lo utilizaremos en la agitación de nuestras ideas y en la organización de nuestras filas. Las reivindicaciones democráticas alcanzadas bajo el dominio expoliador no son el fin sino un medio en la marcha tras los objetivos revolucionarios, y nunca sacrificaremos los segundos por las primeras.

Nos negamos a concurrir al Foro de los Derechos Humanos precisamente porque este certamen convirtió la pelea contra el militarismo y el Estatuto de Seguridad en una coraza protectora de las instituciones, de los códigos y demás instrumentos “pacíficos” del régimen. Como la inflación aumenta sin cesar y el costo de la vida y la miseria de las masas bordean los límites de la tolerancia, es decir, como la superexplotación del imperialismo y sus fámulos ha sumido a la nación en la peor de sus crisis, las marionetas al mando recurren sin titubeos a la violencia institucionalizada para sofocar el descontento, la inconformidad, la rebeldía. Pero si los descontentos, los inconformes y los rebeldes aceptan voluntariamente el ordenamiento legal, la oligarquía no tendría el menor reparo en levantar las medidas de emergencia, mientras la expoliación continúe su carrera desbocada.

Batallemos unidos contra la escalada fascistoide y aprovechemos estas lides por las libertades para encauzar un poderoso movimiento que conduzca a la revolución y no a la restauración, que mire hacia el futuro y no al pretérito, que defienda la nueva democracia de los contingentes antiimperialistas y no la vieja democracia de los intermediarios antinacionales. Dilucidar tópico tan fundamental lo estimamos apremiante.

Puesto que somos sinceramente partidarios de un entendimiento de verdad perdurable, que trascienda los comicios de 1980 y soporte los rigores de una larga travesía, no nos queda más disyuntiva que la de abocar y esclarecer este y otros temas. Sea para echar sólidas bases a la cooperación propuesta, sea para ponernos de acuerdo en los desacuerdos.

Con la salvedad del FUP, los demás asistentes a las reuniones de negociación se muestran muy inclinados a que el frente no elabore un programa democrático-revolucionario de liberación nacional e insisten en que aquel se bandee con una plataforma de acción inmediata, o como se llame, que se reduciría a unas cuantas reformas al régimen y a las peticiones de libertad formal. Contra la conveniencia del programa exigido por nosotros se han levantado mil y un sofismas. Que cualquiera lo puede firmar y desconocer más tarde, tal cual ha sucedido en el pasado. Que es mejor tratar de esbozarlo poco a poco conforme a los progresos que se vayan obteniendo. Que definiciones demasiado extremas ahuyentarían a otros afiliados con ideas distintas a las nuestras. Sin embargo, en el fondo, semejantes alegatos únicamente esconden la conciliación con la contracorriente oportunista y liberal en boga. Una coalición que no recoja ni se guíe por las reivindicaciones económicas y políticas esenciales de las clases antiimperialistas y revolucionarias, especialmente en la hora actual, se torna sin remedio en la oposición de su majestad y como toda oposición en los sistemas de democracia burguesa, su triste papel será el de sugerir rectificaciones que ayuden a la buena gestión de las administraciones que combata, hasta conseguir algún día que los reales detentadores del Poder le permitan el privilegio de gobernar, en reconocimiento desde luego a no haberle pisado jamás ni un callo a la Constitución reinante.

Eso por un lado y, por el otro, si las masas laboriosas de la ciudad y el campo, incluidos los pequeños y medianos industriales y comerciantes, no ven traducidos en los postulados del frente sus intereses más vitales y sus aspiraciones más sentidas, lejos de rodearlo y engrosarlo con entusiasmo terminarán decepcionándose de él. La duración y la vitalidad de los pactos unitarios se relacionan sin duda con esta cuestión. Un convenio alrededor de tareas inmediatas y simples reformas recorrerá a cada instante al albur de resquebrajarse fácilmente, a causa de las contradicciones de monta que a menudo plantea la lucha de clases. A la inversa, un acuerdo mínimo suscrito sobre un programa estratégico, aceptable para las distintas fuerzas revolucionarias, tendría mejores posibilidades de subsistir a las pruebas del tiempo. El programa no lo es todo, pero determina la orientación y el carácter del frente. Lo puede admitir, ciertamente, de palabra, cualquier persona o grupo y después retractarse, más nos proporciona un arma importante, teórica y política, contra las vacilaciones y la entrega. Su ausencia sólo les convendrá a los sectores más indecisos y menos numerosos, los cuales quedarían con las manos sueltas para interpretar falazmente y a su acomodo los problemas candentes, de incumbencia general, y sembrar la confusión.

La coalición que propugnamos consiste en un convenio de clases dispares que, no obstante regirse por convenios encontrados, ya que cada una ocupa un puesto especial en la sociedad, se unen porque padecen los vejámenes y las persecuciones del imperialismo y sus lacayos, enemigos comunes, así los soporten de manera y en grados diferentes. Entre tales destacamentos sublevables contamos, aparte de los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía urbana, a la burguesía nacional y a todos aquellos que en un momento dado se hallen dispuestos a apoyar el proceso emancipador y a contribuir a la salvación de Colombia. Para allanar el sendero de la unión, el proletariado se reserva sus metas socialistas propiamente dichas y propone a sus aliados un programa nacional y democrático, tendiente a derrotar a la minoría opresora, independizar la nación de la coyunda imperialista, adelantar las transformaciones económicas que el desarrollo del país requiere e instaurar un nuevo Estado de las clases revolucionarias. No de otro modo concebimos en las condiciones actuales un frente único de liberación nacional. Lo demás serán acciones unitarias restringidas, electorales o de visos semejantes. La creación de la más amplia alianza, destinada a emancipar el pueblo y cambiar a Colombia, ha de confundirse, es, se concentra en la lucha por la revolución, por su triunfo. No depende de los buenos oficios de nadie, ni de la postura en particular de uno o dos grupos, aunque los anime la mejor voluntad del mundo. Depende de la derrota de las posiciones reaccionarias predominantes, que encarnan tanto dentro como fuera del frente determinadas clases. El que haya unidad o no lo define, en último término, quien tome la iniciativa, es decir, qué clases poseen la fuerza o les favorecen los acontecimientos en una base precisa de la contienda. Nosotros, verbigracia, hemos advertido sobre lo ventajoso de aliarnos con la burguesía nacional, por lo cual, incluso fuimos anatematizados en años anteriores; sin embargo, la naturaleza de esta clase y los tropiezos de la revolución, la han colocado casi siempre cerca de las fórmulas trajinadas y mentirosas de la “culta” derecha y distantes de las certeras soluciones de la izquierda “inculta”. Habernos coligado con ella, absolviendo y legitimando sus sumisas ilusiones, por el prurito de hacer un frente, antes que una necedad hubiera configurado una traición. Mas el tiempo discurre a favor nuestro. Periodos llegarán en que no luzca tan promisorio tararear las salmodias de los círculos vendepatria; entonces sí los requisitos los establecerán, implícita o explícitamente, las fuerzas revolucionarias y el frente único será una realidad incuestionable.

Aplaudimos los esfuerzos para aproximar sectores disidentes de los partidos tradicionales, empero no habrá forma de convencernos de que la coalición se halla en pactar con arreglo a las pautas de la cháchara liberal-conservadora. Los amigos pertenecientes a aquellas banderías que ambicionen librar la batalla por el progreso de Colombia y la felicidad del pueblo, han de saber que fracasarán en el empeño de persuadir a la revolución de que defienda las “excelencias” de la podrida justicia ordinaria, las “ventajas” de las satrapías civiles, o cualesquiera de las otras virtudes de la democracia oligárquica, ya que todo avance real del país o de las masas populares resulta incompatible con las instituciones del régimen vigente. En ello estriba el interrogante. ¿Lograremos un frente con levadura revolucionaria, o en las difíciles circunstancias de la hora, para ganarnos a unos cuantos disidentes habremos de resignarnos a ayudarles a vender sus antiguallas bajo novedosas etiquetas? Y más específicamente: ¿Lograremos superar la contracorriente oportunista y liberal en boga y construir una amplia coalición orientada por un programa auténticamente nacional y democrático? En 1974 y en elecciones posteriores, por encima de los intentos e intrigas del Partido Comunista, descartamos la opción de acercarnos a la dirección rojista, puesto que esta decadente tendencia no renunciaba a su marcada contemporización con los intereses y las miras de las clases dominantes, y no había medios de contrarrestar las componendas, primero del General y luego de la “capitana”. Preferimos en sucesivas ocasiones coligarnos con el ala progresista de Anapo, lo que se comprobó acertado. Hoy, cuando ya empezaron las inscripciones para los sufragios de 1980 y vuelve a menearse lo de la unidad, llamamos la atención: ¡Liberales en un frente revolucionario, sí!; ¡Revolucionarios en un frente liberal, no!

Los puntos programáticos patrocinados por el MOIR no son tan extremos ni tan asustadores como se los pretende motejar. Apuntan, desde luego contra los monopolios extranjeros y colombianos, el capital financiero, los grandes terratenientes, los magnates del comercio importador y exportador, los pulpos urbanizadores, en una palabra, contra los imperialistas y las clases lacayunas, que seguramente no pasan del cinco por ciento de la población. En cambio no tienen por que ahuyentar al restante noventa y cinco por ciento, siendo que recogen los requerimientos elementales de las abrumadoras mayorías atrapadas en una asfixiante atmósfera económica y política. Nuestro programa unitario no contempla la abolición de la propiedad privada, sólo anula sus formas monopolísticas. De aplicarse, las diversas capas del campesinado saldrían gananciosas con la supresión del saqueo imperialista y del sistema terrateniente; gozarían, ¡por fin!, de un tema propicio para laborar, y los menos acomodados o los más pobres rescatarían la tierra usurpada. Los industriales y comerciantes no monopolísticos se librarían de las trabas que entorpecen sus actividades cuando no los conducen a la ruina. El proletariado daría un salto gigantesco hacia su emancipación. Y así, cada clase, cada sector, cada estamento del pueblo, satisfaría sus mínimas y esenciales aspiraciones. Al indígena, al intelectual, al artista, a la mujer discriminada, en suma, a todas las fuerzas revolucionarias les sobrarán alicientes para unirse y combatir tras las metas del frente único de liberación nacional, hasta vencer y estructurar un Estado suyo, sin el cual ninguna de sus conquistas sería duradera, ninguno de sus derechos democráticos cierto. Bajo la tutela del nuevo Estado quedarían los recursos naturales básicos del país y los monopolios nacionalizados, la planeación económica y la salvaguardia de la soberanía nacional.

No se trata pues de un programa sectario, impositivo, extremo o elaborado a espaldas de la realidad viviente. Descalificarlo con esos epítetos, digámoslo de una vez, obedece a que significaría un escollo para amistarse con segmentos del liberalismo y el conservatismo, considerados decisivos así no cedan un ápice en sus fueros ni traspongan un milímetro la frontera de la democracia oligárquica, y cuando critican las fallas, los excesos y si se quiere las injusticias del régimen, lo resguardan a morir, comprometiéndose, máximo, en una cruzada para refaccionarlo. A estas vertientes sólo una minuta de reformas les cae como anillo al dedo, permitiéndoles entrar al juego denominado frente democrático, incluso con sus respectivos candidatos, todavía en salmuera, para la nominación presidencial de 1982. Hasta Belisario Betancur llegaría a simbolizar un as barajable.

Dentro del panorama descrito, el Partido Comunista ha venido desechando la efectividad y la trascendencia de un frente con perfiles claramente plasmados desde ahora. No hará tres meses que el secretario de tal agrupación sostuvo: “El problema que tiene el PC es que difícilmente encuentra sectores de izquierda con los cuales entenderse” y procedió a tachar uno a uno los eventuales aliados: “La Anapo ha desaparecido y los sectores de izquierda que han sido nuestros compañeros en otras campañas electorales están también en situación bastante difícil”. De ustedes comentó: “Estamos viendo si el movimiento ‘Firmes’ se desarrolla, esto hasta ahora no se puede medir, tal vez en las elecciones próximas se podría saber…;” agregó: “Fuera de eso existen unos pequeñísimos grupos socialistas de carácter local, porque no han podido construir un partido de carácter nacional”. Y remató: “Al Moir no lo mencionamos o incluimos siquiera”. Sus esperanzas de realinderación las cifró entonces en lo siguiente: está el problema de surgimiento de nuevos sectores democráticos liberales y conservadores. Este hecho puede tener una gran perspectiva futura pero no inmediata.” 1

Dentro del mismo tenor pululan infinidad de declaraciones y comentarios cuya única estrategia reside en pescar cualquier convenio con las disidencias de los partidos tradicionales. Según ese enfoque, una participación conjunta en la próxima refriega electoral, por más unitaria que se muestre, pero sin el curso de aquellas disidencias, no definiría absolutamente nada a consecuencia de la espera de los socios pudientes para los comicios de 1982.

Sin imprimirle un derrotero revolucionario, que habrá de partir de la suscripción de un programa auténticamente nacional y democrático, la unidad concluirá siendo subastada. Ya la gran prensa le batió palma al espíritu conciliador que cunde por doquier. Luis Carlos Galán, refiriéndose a las noticias publicadas prematuramente acerca de la concertación del frente único, acotó que “al liberalismo le conviene la competencia de una izquierdas organizada y seria que respeta la Constitución” 2. Y El Tiempo, vocero oficioso de este y de todos los gobiernos de la hegemonía liberal-conservadora, ofreció sus páginas a la anunciada alianza para que divulgue su “examen de la problemática colombiana” y sus “soluciones más acertadas”3. De oscuro presagio son los pronunciamientos conocidos a raíz de las gestiones iniciales por coordinar dentro de un solo bloque a las colectividades contrapuestas al bipartidismo dominante. A las gentes del común no les producirá gracia alguna el que su acción se reduzca a colaborar con sus depredadores en el arte del buen gobierno, mediante un pugilato este sí académico; ni que sean los diarios más abyectos los que le proporcionen asilo al frente para ventilar su política. Ustedes han de comprender también nuestra preocupación. O existe un asombroso malentendido que merece despejarse inmediatamente, o la línea trazada urge una corrección de fondo.

Verdaderamente los partidos tradicionales se están decomponiendo. Pero lo que entró en crisis fue su hegemonía secular, vale decir, su dictadura, sus tesis, su moral, sus felonías, su sociedad entera. ¿Cómo ejercer de albaceas testamentarios de una época que se despide para siempre de la escena? Somos nosotros y no al contrario los que debemos instar a los liberales y conservadores de avanzada a culminar la empresa tantas veces interrumpida de construir una república popular, democrática y soberana, única con el porvenir asegurado.

Objeto de agudas divergencias ha sido también el punto del no alineamiento. Desde años atrás el MOIR planteó rotundamente que el frente ni por asomo ha de matricularse en la política de ningún Estado o grupo de Estados, y mucho menos si se deseaba preservarle su amplitud. Así respondimos a las excluyentes exigencias del Partido Comunista de que el respaldo a Cuba, más concretamente a su gobierno y por lo tanto a los planes expansionistas de la Unión Soviética, equivalía a una intransigible cuestión de principios para la unidad. Desde 1975 la división halló en este foco de perturbación los mejores pretextos para hacer su agosto. Ustedes, según los enunciados de Firmes, recogen o coinciden con la premisa del no alineamiento, aun cuando la expliquen de manera distinta. Esto hizo factible en realidad el intercambio de opiniones que estamos efectuando. De otra parte, se nos comunica que el Partido Comunista depondría su antigua posición, ya que de otra forma no habría ninguna posibilidad de acuerdo. No vemos entonces por que persiste la negativa a que se señale expresamente conclusión tan clave, aceptada prácticamente por la totalidad de los interesados en la alianza. Aquí tampoco nos hallamos ante un requisito que reste efectivos, sino a la inversa, ante una estipulación positiva que infundirá confianza a las más disímiles tendencias, sobre todo a los liberales y conservadores de avanzada. A la nación entera le agradará un postulado de esa índole, que comprende a los componentes de la unidad a mantenerla independiente de las presiones foráneas, y, luego del triunfo, a la revolución misma libre de cualquier injerencia en sus asuntos internos. Reconózcase o no, el no alineamiento inevitablemente se relaciona con el aspecto primordial de la salvaguardia de la soberanía, con el pleno ejercicio del derecho a la autodeterminación de la nación colombiana.

Debido a la situación internacional y debido en particular a los antecedentes y ensayos truncos por fundar un frente único en Colombia, se hace indispensable que se avale públicamente, al margen de la forma, que la coalición que vamos a convenir no será ubicada, por parte de los aliados, en la órbita de ningún Estado. Asimismo, ha de quedar nítida y abiertamente convenido que la candidatura presidencial solo puede recaer en la cabeza de aquellos que además de refrendar el programa y acatar las normas de funcionamiento, como es lógico, estén en condiciones, por su trayectoria, de actuar cual genuinos garantes del no alineamiento. Una coalición formalmente no alineada con un candidato de hecho alineado tipificaría una burla inadmisible.

Lo anterior no obsta para promover una política de cabal respeto, en el plano exterior, de la autodeterminación de las naciones, y proclamar la decisión de propiciar las relaciones con todos los países del orbe, en pie de igualdad y beneficio recíproco; así como de reconocer los deberes internacionales de apoyar a los pueblos que luchan por su liberación, a las repúblicas socialistas y a los movimientos revolucionarios de todas las latitudes.

Por último, faltaría revistar cuanto concierne a la estructura y operancia de la unión. Es menester definir meridianamente las reglas de relación entre los aliados y de organización democrática que prescriban derechos y obligaciones iguales para todos. La dirección debe ser compartida sin excepción por las fuerzas integrantes y las resoluciones adoptadas por unanimidad. Está cláusula la estimamos demasiado cara e imprescindible en las circunstancias actuales, después de las experiencias negativas en las anteriores alianzas con el Partido Comunista. Una política suelta, o de hechos cumplidos, o las violaciones de los compromisos pactados colocarían ipso facto a la unidad en entredicho. Las posiciones que involucren al frente en los múltiples problemas del país han de debatirse satisfactoriamente y aprobarse por consenso. De lo contrario se crearía una situación tal en la que las rectificaciones y polémicas lloverían a cada paso, dando hacia fuera un espectáculo de completo desbarajuste antes que de cohesión y coordinación.

No nos mueve un ánimo de vindicta; sin embargo, subsisten no pocas materias controvertibles, como las providencias tomadas por el Foro de los Derechos Humanos y las vicisitudes de la unificación del movimiento sindical colombiano, sobre las cuales el frente no podrá auspiciar, ni directa ni indirectamente, ni ahora ni después, la versión de quienes han sido por excelencia nuestros detractores. No queremos llevar a nadie a una trampa ni que se entrampe. Y aunque se han hecho a la ligera conjeturas relativas al alcance de nuestros argumentos o de nuestra actitud, aspiramos fervientemente a constituir una alianza que jalone el proceso revolucionario y no una parodia intrascendente. Si no exigiéramos precisión, claridad y garantías mínimas, de seguro no estuviéramos resueltos a buscar una salida unitaria. Mas un lustro de acrimonias y profundas desavenencias no desaparecerá por ensalmo, merced a la vecindad de unos comicios, a las ansiedades de la esquiva opinión, o a que nos sentemos un buen día alrededor de la mesa de discusiones. Además, Firmes y los miembros de la UNO han coincidido desde hace mucho tiempo en infinidad de criterios y actividades, lo que les permite formalizar entre sí, en un abrir y cerrar de ojos, los convenios que han venido desarrollando en la práctica. En cambio entre ustedes y el FUP el caso es bastante inverso.

Sin unos cánones justos de funcionamiento, el frente, por ejemplo, no pasaría ni el fogueo de las votaciones de marzo, para las que habrían de elaborarse listas únicas que materialicen efectivamente la cooperación convenida y reflejen, por consiguiente, la representación equitativa de los destacamentos congregados. Si prima el ventajismo, la mancomunidad de unos grupos contra otros, no lograríamos ni siquiera el despegue de la coalición.

Las normas de funcionamiento tampoco son excluyentes ni tienen por qué incomodar a nadie. Se encaminan a consolidar el clima de entendimiento, a favorecer la independencia ideológica y organizativa de las colectividades comprometidas y a robustecer la cohesión en la lucha revolucionaria por liberar y transformar a Colombia.

Estudiaremos con la más viva atención las observaciones que les merezca el presente resumen escrito de los puntos de vista fijados ya por los voceros de nuestro Partido en las rondas iniciales de negociación.

Sin más por el momento, fraternalmente,

Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR)
Comité Ejecutivo Central

HONREMOS LA MEMORIA DE JOSÉ JARAMILLO

En el día de hoy, 5 de noviembre, falleció en Bogotá José Jaramillo Giraldo. El infausto suceso enluta las banderas del MOIR e invade de profundo pesar a su militancia.

José Jaramillo Giraldo fue un notable dirigente de nuestro pueblo, el máximo inspirador de la corriente revolucionaria de Anapo y uno de los fundadores del FUP. No obstante ser víctima de penosa y prolongada enfermedad, su infatigable espíritu de luchador nato y el contagioso fervor con que adelantó siempre las actividades revolucionarias, le ganaron la admiración y el aprecio no sólo de los partidos integrantes del Frente sino del sinnúmero de gentes sencillas que lo conocieron y lo amaron. La aleccionadora dedicación de todas sus energías en la última etapa de su vida a la suprema empresa de echar a andar la unidad de los oprimidos de Colombia, hará imperecedero su nombre en los anales de nuestra revolución. Las vigorosas intervenciones suyas, clamando contra los poderosos y por la insubordinación de los desheredados, seguirán resonando por todos los confines de la patria. Venciendo la adversidad y haciendo gala de entusiasmo participó en las tareas preparatorias del III Foro del FUP. Las emocionantes palabras enviadas a Pereira a los delegados del Foro, llamando al combate contra el despotismo y el oportunismo, fueron el postrer mensaje de rebeldía que nos dirigiera, al que responderemos lealmente, invocando su ejemplo y honrando su memoria.

El MOIR manifiesta el inmenso dolor que le produce la desaparición de José Jaramillo Giraldo, el amigo y compañero de inolvidables batallas, especialmente en estos momentos cruciales dela historia del país, cuando las masas empobrecidas tanto esperaban de su valerosa conducta y de su oportuno consejo. Sobreponiéndonos a está perdida irreparable, declaramos que redoblaremos esfuerzos en el empeño de cimentar entre el pueblo los postulados revolucionarios que con él agitamos a lo largo y ancho de Colombia.

¡POR UN FRENTE MUNDIAL CONTRA EL SOCIALIMPERIALISMO SOVIÉTICO!

¡Fuera rusos de Afganistán!

FRANCISCO MOSQUERA, Secretario General del MOIR; Bogotá, enero 11 de 1980.

La invasión de las tropas soviéticas a Afganistán, iniciada el pasado 27 de diciembre, configura un acontecimiento de suma gravedad que habla por sí solo de los planes siniestros de dominación mundial de los amos de Moscú. Es la primera vez que los socialimperialistas intervienen militarmente en forma directa en un país del Tercer Mundo. En 1968 lo habían hecho en Checoslovaquia, nación de la Europa Central. En 1975 ocuparon Angola, pero con soldados de su colonia cubana, y más recientemente sometieron a Kampuchea y Laos a través de sus marionetas vietnamitas. Hoy su delirio expansionista los ha llevado a efectuar esta nueva aventura, ya sin tapujos de ninguna índole y haciendo gala del peor cinismo. Los argumentos de que con su intromisión bélica “protegen” la seguridad de Afganistán, ‘ayudan’ a la revolución afgana, o actúan dentro del derecho internacional, no convencen a nadie.

Por el contrario, desde el primer momento ha quedado claro que los soviéticos bañaron en sangre a Afganistán y vienen obrando como sólo sabían hacerlo las hordas hitlerianas. Depusieron y asesinaron al primer ministro Amín para imponer un gobierno completamente dócil a sus vandálicos caprichos. Por ello la respuesta militar del pueblo afgano ha sido inmediata y decidida, y cuenta con la participación de considerables segmentos del ejército regular que se han pasado a la resistencia armada.

De otra parte, una inmensa mayoría de Estados ha condenado la invasión y la considera un serio atentado contra la paz mundial. Todo indica que los social-fascistas utilizarán a Afganistán para apoderarse posteriormente de Pakistán, inmiscuirse en Irán y demás países vecinos, controlar la entrada al Golfo Pérsico y someter a su égida el Asia Meridional y Occidental. Tales proyectos no pueden menos que significar un inminente peligro para Europa, el Japón y los Estados Unidos, que verán comprometidos vitales centros de abastecimiento de combustibles y cruces marítimos y terrestres de importancia estratégica.

Asimismo los pueblos del mundo y las naciones amantes de la paz comprenden que su porvenir se halla severamente amenazado por el hegemonismo soviético. La república Popular China, el principal bastión de lucha contra las ambiciones imperialistas del Kremlin, será sin duda uno de los blancos de ataque preferidos de los belicistas rusos.

Sin embargo, hay un aspecto supremamente positivo en todo aquello, y es que la opinión pública mundial ha comenzado a aceptar, a punta de golpes y decepciones, que la Unión Soviética no sólo dejó de ser la cuna del socialismo para convertirse en el más tenebroso baluarte de la reacción internacional, sino que hace mucho abandonó los principios de la coexistencia pacífica entre los Estados y desempolvó la vieja bandera de la dominación colonial y de la guerra para sojuzgar a las naciones y buscar un nuevo reparto del planeta. El hegemonismo soviético es un problema de todos los pueblos, y por ende a éstos corresponde resolverlo, promoviendo la conformación del más amplio frente de combate jamás conocido, en el que participen, en una u otra forma, desde los países atrasados y dependientes del Tercer Mundo, las repúblicas socialistas y las naciones ricas del Segundo Mundo, hasta los Estados Unidos. Un frente de esas proporciones impedirá la guerra mundial o la decidirá a favor de la revolución internacional. Con un frente así, los socialimperialistas serán vencidos y los pueblos contarán con el mejor ambiente para la emancipación de las naciones, para el desarrollo del socialismo y para la conquista de la democracia y la libertad en el orbe entero. El primer deber internacionalista del proletariado y de los partidos auténticamente comunistas será contribuir a la integración a nivel mundial de este frente único contra el socialimperialismo soviético.

En la historia quienes acariciaron sueños de dominación imperial fracasaron irremisiblemente. Los soviéticos también terminarán siendo aplastados por mucho alboroto que armen y por muy temibles que parezcan. El pueblo afgano saldrá victorioso y obtendrá su liberación a pesar de las duras pruebas del presente y del futuro.

¡Apoyemos a Afganistán en su resistencia contra la ocupación soviética! ¡Conformemos un frente único mundial contra el socialimperialismo soviético!

AGRADECIMIENTO DE SOLITA DE JARAMILLO

Compañeros
Frente por la Unidad del Pueblo

Por medio de la presente quiero manifestar a ustedes mis sentimientos de agradecimiento por su sincera actitud y solidaridad ante la prolongada enfermedad y posterior fallecimiento de mi esposo, José Jaramillo Giraldo. En la seguridad de que la lucha a la cual él entregó su vida entera logrará la victoria y en ese esfuerzo debemos perseverar sin descanso.

Fraternalmente,

RESPALDO NACIONAL A CONSUELO

El siguiente es el comunicado que el Frente por la Unidad del Pueblo emitió con ocasión de la condena a un año de cárcel con que los mandos militares, en represalia, sancionaron arbitrariamente a la directora de El Bogotano.

A ningún colombiano medianamente interesado en el desenvolvimiento de la situación política se le oculta la gravedad del enorme atropello que las Fuerzas Armadas están cometiendo en la persona de Consuelo de Montejo.

Comentaristas de las más diversas denominaciones han deplorado y censurado el hecho. Hasta El Tiempo, abogado por antonomasia de las iniquidades del gobierno, se atrevió a señalar, utilizando una manida frase de Fouché, que la arbitraria medida “más que un crimen es una estupidez”. No cabe duda de que privar de la libertad durante un año a una periodista por denunciar y combatir los horrores del Estado oligárquico, constituye un crimen reprobable. Pero, además, la tropelía ha sido urdida y llevada a cabo de manera tan burda, que incluso a los más obsequiosos defensores de los desafueros oficiales les ha parecido una estupidez.

Ciertamente, existe nítido y generalizado convencimiento de que la condena entraña una ruin venganza de los altos mandos militares, para quienes la crítica, el valor y la independencia de carácter tipifican faltas imperdonables. Y Consuelo de Montejo ha criticado con carácter y valentía la corrupción administrativa, las torturas a los presos políticos y muchas de las infamias a que a diario son sometidos los trabajadores de la ciudad y el campo. Desde los tiempos del mindefensa Abraham Barón Valencia, el generalato buscó montar un proceso que le permitiera arrestar a la directora de El Bogotano, salvando las apariencias, mediante el manipuleo de un juicio jurídico con todas sus formalidades. Finalmente, fue necesario el Estatuto de Seguridad para que, basándose en un pretexto fútil, como la venta de un arma, los uniformados lograran cobrar en Consuelo el delito de opinión.

Para las organizaciones de las masas que pelean por su propia subsistencia ante los embates de la represión y para los partidos opuestos al régimen, el encarcelamiento de Consuelo no sólo representa un eslabón más en la larga cadena de vejámenes perpetrada por los detentadores del Poder, sino que, debido a las características del mismo y a las repercusiones que tiene para el futuro inmediato, significa un primer zarpazo sobre las pocas publicaciones no controladas por la oligarquía y el imperialismo.

La batalla por la libertad de Consuelo de Montejo y demás presos políticos inobjetablemente se enmarca en la gran contienda que las clases y colectividades revolucionarias vienen adelantando contra la militarización del Estado, el Estatuto de Seguridad y todas y cada una de las disposiciones represivas.

Como protesta por los innumerables atropellos de los aparatos militares y en defensa de los derechos democráticos para las masas populares, el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP) propone a las fuerzas patrióticas y de avanzada, primero, la conformación de un movimiento tendiente a impulsar la batalla política por la libertad de Consuelo de Montejo, y segundo, la integración de comités amplios, a distinto nivel, que promuevan el nombre suyo para el Concejo de Bogotá en las próximas elecciones y, en el resto del país, para las listas departamentales o municipales, allí donde las condiciones lo permitan.

La consigna en este caso ha de ser la de presionar por conseguir la libertad de Consuelo lo más pronto posible y alertar sobre los nuevos atentados al derecho de expresión que el régimen prepara calculadamente.

¡Unión contra el despotismo!

Frente por la Unidad del Pueblo (FUP).

Por la ANAPO, Jaime Piedrahita Cardona.
Por el MOIR, Francisco Mosquera.
Por el DP, Miguel Gamboa.

PALABRAS DE JAIME PIEDRAHITA ANTE LA TUMBA DE JOSÉ JARAMILLO

Compañeras y compañeros, señoras y señores:

No vengo a hablar del parlamentario y presidente del Congreso de Colombia, ni del presidente de la Corte Suprema de Justicia, ni del presidente del Gran Consejo Electoral, ni del jurisconsulto, sino del José Jaramillo Giraldo que iniciara su vida pública hace cincuenta años en Popayán, en la lucha abierta por los derechos de los indígenas del Cauca, siempre vejados y siempre perseguidos; del José Jaramillo Giraldo que rescata de las gestas comuneras el manifiesto de las mujeres de Cáqueza en el cual exigían a sus dirigentes, hace doscientos años, socializar el común; del extraordinario intérprete de la definitiva participación de las masas populares en las lides libertarias, sin cuyo concurso jamás hubiéramos logrado la primera independencia ni forjado la nacionalidad; del José Jaramillo Giraldo abanderado de las luchas de los campesinos por la tierra; del defensor delas reivindicaciones políticas y económicas del proletariado, y del José Jaramillo que se preocupó siempre por encender entre la juventud el fuego de la rebeldía, con su ejemplo y su verbo revolucionario, para que continúen la brega de sus mayores, hasta ganar para Colombia la completa emancipación y situarla dentro de las naciones prosperas y avanzadas del orbe.

Yo estoy seguro que a José Jaramillo Giraldo no le hubiera agradado que viniéramos hoy simplemente a lamentarnos, cuando hay tantas cosas de su formidable y tensa parábola vital que debemos exaltar y resaltar. Ni siquiera esta trágica ceguera de los últimos años lo arredró; “Sin un campo de luz en las cuencas de coral de mis ojos muertos”, como a veces comenzaba sus discursos en las plazas y veredas, recorrió todo el país defendiendo la verdad de los humildes; porque vio más allá que muchos de sus coetáneos. Lo recuerdo irrumpiendo entre las multitudes en las incontables campañas que realizamos juntos, en donde superó todos los límites del esfuerzo y la oratoria para combatir al régimen bipartidista del Frente Nacional que ha expoliado sin piedad al pueblo durante cuatro largos lustros. Rememoro su intervención determinante en los grandes momentos clarificadores por orientar a las huestes de Anapo en el sentido del cambio revolucionario y de la lucha por romper la dependencia externa. Nunca transigió con la componenda ni la entrega. Cuando la lógica de la contienda entre oprimidos y opresores llevó al general Gustavo Rojas Pinilla a encabezar un movimiento objetivamente enfrentado al poder oligárquico, la figura de José Jaramillo Giraldo ocupó la primera línea. Su candidatura presidencial fue precisamente el audaz desafío que un partido en ciernes lanzaba al rostro de los paniaguados del sistema y que en gran medida contribuyó a desencadenar el espectacular ascenso del anapismo en abril de 1970, infortunadamente desaprovechado.

José Jaramillo Giraldo, lejos de dejarse arrastrar por la marea oportunista, se irguió con valentía contra la claudicante corriente que había resuelto besar el manto de los poderosos. No fue óbice para el incansable luchador la enormidad de la empresa ni el nuevo camino erizado de obstáculos que estaba decidido a emprender. La reorganización de las fuerzas revolucionaria de Anapo, y la unidad de éstas con los partidos revolucionarios, se convirtieron desde entonces en sus preocupaciones principales. Por ello lanzó, hace más de dos años, el llamamiento a la unidad de la izquierda, que tan entusiasta acogida tuvo en el MOIR, la Democracia Popular y otros sectores y personalidades de nuestro pueblo; José Jaramillo Giraldo empeñó en este tramo de su vida la totalidad de su portentosa capacidad humana para poner en marcha la anhelada unión de los oprimidos de Colombia. Con justicia podemos decir hoy que en la creación del Frente por la Unidad del Pueblo, en la adopción de su programa nacional y democrático y en la batalla librada contra las candidaturas de la oligarquía, el aporte de José Jaramillo Giraldo fue decisivo. Con fervor y dinamismo, de los que todos debemos aprender, llevó a cabo las tareas fundamentales en el arranque de la vida del Frente.

Y así, en los últimos años, los problemas relativos a la construcción de una única alianza de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas en Colombia, venían reclamando enteramente la atención de José. A semejanza del comandante que permanece firme a la vanguardia de sus efectivos, aun en las peores vicisitudes, José siguió adelante en el combate por la unidad del pueblo, por encima de limitaciones que en cualquier otro hombre lo hubieran reducido a la inactividad.

La muerte de José Jaramillo Giraldo, cuando son evidentes los síntomas de que una próxima borrasca se cierne sobre nuestro país, hace más ostensible el vacío que deja entre nosotros. Presintiendo que se cerraba el ciclo de su fructífera existencia y leal a los principios que guiaron su diario trajinar de combatiente, a cada momento nos insistía en proseguir en la pelea, a marchar siempre adelante, que la crisis de la sociedad colombiana no puede tener otra solución que el triunfo total y completo de los sojuzgados y perseguidos. En el mensaje que nos enviara a Pereira nos alertó en que, ante las graves dificultades de la hora, los revolucionarios habremos de perseverar en la lucha contra la escalada represiva, sin claudicar ante nada. José vislumbró que las condiciones adversas tendrán que cambiar y que el pueblo colombiano, después de tanto sufrir y batallar, encontrará al fin su destino. A quienes le conocimos, le seguimos y le amamos nos corresponde trabajar incansablemente hasta hacer realidad lo que fuera el motivo capital de todos sus desvelos; la victoria de la revolución colombiana.

Compañero José Jaramillo Giraldo: esta mañana, cuando te vimos metido en tu cadáver de capitán valiente, al lado de la incomparable Solita, de tus hijos Rubén, Luz, Gloria, Patricia, Leonardo, Manuel Augusto, y rodeado de los hombres y mujeres de tu patria, nos inclinamos para recoger tu último mensaje y transmitirlo a los cuatro vientos. Ahora eres parte de la historia, has sumado tu voz a la voz de los volcanes, para seguir clamando, junto a los inmortales, por la grandeza y el progreso de los pueblos.