CREDITARIOS AL COMBATE

Desde que se puso en marcha la apertura económica, ésta es la cuarta vez en la cual los 8.250 trabajadores de la Caja Agraria se lanzan al combate por sus derechos y por la permanencia de la institución frente a gobiernos empecinados en liquidarla. Este último propósito forma parte de la quiebra en que se quiere sumir al campo colombiano para entregar la seguridad alimentaria de la nación en manos de los pulpos foráneos.

De tiempo atrás se la ha venido desangrando comprometiéndola en la cobertura de responsabilidades que corresponden al gobierno nacional. Los desastres de Armero y el río Páez fueron atendidos con dineros de la Caja, así como el problema de los desplazados por el conflicto fronterizo con Venezuela y las inundaciones en la Costa Atlántica. Los reinsertados de los procesos de paz, con la sola presentación de la cédula, también recibieron créditos que nunca fueron cubiertos por el gobierno. Recientemente se echó mano de recursos de la entidad para paliar las angustias de los pequeños agricultores afectados por la importación indiscriminada de productos subsidiados y de caficultores que atraviesan por su más aguda crisis.

Por todos estos conceptos, el gobierno le adeuda a la Caja Agraria 658 mil millones de pesos, de los que hasta la fecha no ha querido pagar un centavo.

Aparte de ello, los cambios en el régimen financiero la han debilitado á tal punto que acumula una pérdida de 339 mil millones de pesos; la resolución 1980 de 1994, por ejemplo, eliminó una serie de ventajas que tenía, tales como las provisiones por cartera vencida. Durante la larga crisis financiera, que finalmente la tiene en causal de liquidación, la Caja y el gobierno, a través de agencias como Fogafin, han firmado sucesivos convenios de recapitalización que deberían haberle reportado 342 mil millones de pesos, pero de los cuales sólo han ingresado 5 mil.

A esto se suma la complacencia de los altos directivos con deudores morosos que han contraído cuantiosas obligaciones. Tal es el caso de Cocosilk, cuya cartera vencida asciende a 3 mil millones de pesos, y el de algunos gerentes regionales que han incurrido en ilícitos por más de 2 mil millones. Cosa parecida ocurre con las deudas de grandes terratenientes, sobre los cuales recae el más alto porcentaje de la deuda morosa.

Tales son las verdaderas causas de las dificultades económicas por las que pasa la entidad.

¿Quién asumirá la carga?
Al ser presentado el pliego de peticiones, la administración de Carlos Gustavo Cano respondió que la culpa de la crítica situación corresponde a la carga laboral y que, como «el 60% de los trabajadores eran pícaros», le causaban más pérdidas que la guerrilla y la delincuencia juntas. Con esa concepción procedió a presentar un contrapliego, instrumento inventado y utilizado cada vez con más frecuencia por los patronos para escamotear las conquistas del movimiento sindical y con el cual hoy el presidente de la Caja y el gobierno de Samper pretenden eliminar el 90% de los derechos convencionales.

Comoquiera que esa actitud implicaba un enfrentamiento abierto con el sindicato, para contrarrestar una virtual parálisis de actividades Cano organizó un «plan de contingencia», que ha costado más de 3 mil millones de pesos.

Ante la intransigencia de la empresa 8.170 de los 8.250 trabajadores, el 97%, votaron a favor de la huelga y exigen el respeto a la convención colectiva vigente, el pago de la deuda contraída por el gobierno nacional, un régimen especial que le permita a la Caja, como entidad de fomento, contar con ventajas en el sector financiero, y que el Estado maneje en sus agencias un alto porcentaje de las cuentas oficiales, hoy en día colocadas en la banca privada.

Ésta sería la solución del conflicto que todos los patriotas debemos apoyar.

¡DERROTEMOS EL PACTO SOCIAL SAMPERISTA!

(Intervención del camarada Yesid García, miembro de la Dirección Nacional del MOIR, en el programa de TV del 12 de enero de 1996)

En diciembre, el gobierno, los representantes de los gremios económicos y un sector del sindicalismo firmaron por segunda vez el Pacto Social sobre productividad, precios y salarios. Lo que el gobierno llama un mecanismo de concertación es en realidad un pacto contra la nación, los trabajadores y el pueblo.

El pacto firmado acepta implícitamente el conjunto de la política económica aperturista del gobierno. Acepta la meta de inflación fijada por el Banco de la República, bajo la exigencia del FMI; da por sentado el escandaloso aumento al 16% del IVA, la aplicación de «los reajustes puntuales extraordinarios» y el desmonte de los supuestos subsidios en los servicios públicos domiciliarios; aprueba la sobretasa de los combustibles, el reajuste y la eventual libertad de tarifas de las telecomunicaciones, los proyectos de incremento de las tarifas de atención médica y la continuación de la rebaja de aranceles.

Los firmantes del atropello no ignoran que esta política encaja perfectamente con el siniestro plan de recolonización imperialista adelantado por Estados Unidos contra las naciones que, como la nuestra, hacen parte de lo que ellos consideran su patio trasero. El pacto pretende legitimar la imposición de la apertura económica, las privatizaciones y el avasallamiento político general. Cumple con los objetivos específicos de abaratar la mano de obra y envilecer la conciencia de los trabajadores al intentar que éstos renuncien mansamente a la conquista y preservación de sus derechos y se integren a la cadena de superexplotación que el imperialismo organiza desde Alaska hasta la Patagonia, con la vana ilusión de salvarse de su propia y profunda crisis.

El Pacto Social complementa el conjunto de leyes que han tenido en los últimos años el propósito neoliberal de abaratar la mano de obra, es decir, la regresiva reforma laboral plasmada en la Ley 50 de 1990, la 100 de 1993 que privatizó la seguridad social y la reciente Ley 200 de 1995 que establece un auténtico régimen de arbitrariedad y represión contra los servidores públicos.

El gobierno de Samper no sólo cuenta con una gran campaña respaldada por los medios masivos, para hacerles bombo a las cifras mentirosas del DANE, y con unos dirigentes gremiales que no chistan a pesar de que la mayoría de sus representantes se arruinan por la misma política que aquéllos respaldan, sino también con el apoyo de un puñado de vendeobreros enquistados en la cúpula de la CUT y de la CTC.

El control de los precios de los bienes y servicios de los que depende la inflación es responsabilidad del gobierno. Sin embargo, en el Pacto Social se acepta que los empresarios, el gobierno, el sector financiero y los comerciantes condicionen el cumplimiento de las alzas de precios, tasas de interés y tarifas a factores muy variables e imprecisos. El año pasado las altas tasas de interés quebraron a medio país y las perspectivas para este año son aún más oscuras. Mientras el gobierno hace demagogia con pactos que nadie cumplirá, los únicos que fueron sometidos por decreto a un compromiso claro y rotundo son los trabajadores. Para colmo el Pacto liga la remuneración de la fuerza de trabajo a la productividad, una de las prácticas predilectas del neoliberalismo. La clase obrera debe rechazar este criterio porque el aumento de la productividad implica una disminución de los salarios y un incremento de las ganancias del gran capital con respecto al valor total de la producción del país.

El salario mínimo decretado no compensará la amañada cifra de la inflación causada, tal como sucedió en el Pacto pasado y se repite en el actual, sin recuperar ninguno de los diez puntos perdidos en el lustro anterior. Los servidores del Estado que acumulaban un deterioro salarial superior al 30% en el último decenio, perdieron el año pasado 4.5% de su ingreso y recibirán, en 1996, un pírrico 17% ponderado, inferior al IPC. Cada año se acumula así la pérdida de la capacidad adquisitiva del salario mínimo y del salario de los trabajadores estatales.

Mención aparte merece el nombramiento del presidente de la CUT, Orlando Obregón, como ministro de Trabajo. Recibe de esta manera el pago por los servicios prestados a la estrategia global de las multinacionales y el imperialismo, de abaratar al máximo el precio de la mano de obra. Este paso abierto al bando del gobierno pretende plegar el rumbo del movimiento sindical a la política antiobrera de Samper. Utilizó su cargo en esa Central para convertirla en caja de resonancia de la llamada política social samperista. En el último congreso de la CUT, respaldado por otros sectores, obtuvo una mayoría precaria, no sólo para defender el anterior Pacto Social sino para comprometer su Central en la nueva negociación. Sin esta posición traidora el Pacto Social hoy no sería posible y hubiera sido rechazado por la totalidad del movimiento sindical, dado que la CGTD ha expresado, por segunda vez, su contundente rechazo a avalar la componenda antiobrera.

En 1996 el gobierno acentuará la aplicación del recetario del FMI. En particular, el movimiento sindical tendrá que enfrentar la oleada de privatizaciones que incluye sectores estratégicos de la producción como la minería y el petróleo, las comunicaciones, los servicios públicos y el sector financiero, en especial la Caja Agraria. La única manera de evitar esta política de arrasamiento contra la nación es a través de un amplio movimiento de resistencia que la derrote. Debemos seguir el ejemplo de la población y los trabajadores de Francia y otros países de Europa y América Latina, que mediante la movilización y la huelga, los instrumentos más eficaces en la lucha obrera, enfrentan valerosamente la ofensiva contra sus naciones, sus conquistas y sus derechos.

Buenas noches y a preparar las protestas de 1996.

NUEVAS CONQUISTAS DE LOS TRABAJADORES BANCARIOS

El anuncio hecho por Luis C. Sarmiento Angulo, acerca de que su aporte al éxito del Pacto Social consistía en imponerles a los trabajadores de los bancos de su propiedad un aumento salarial de 18%, no se cumplió. La firmeza de la dirección y de las bases de la Asociación Colombiana de Empleados Bancarios, ACEB, lo disuadieron de tal propósito, al igual que a los directivos del Grupo Santodomingo, propietario del Banco Comercial Antioqueño. En esta última entidad financiera, en el Anglo Colombiano y en el Banco de Bogotá, propiedad del señor Sarmiento, la combatividad de los asalariados derrotó el nefasto «pacto», establecido por el gobierno de Samper con la complicidad de la mayoría de la CUT. Los aumentos salariales son de los mejores conquistados en las negociaciones colectivas durante el año 1995. En las dos últimas instituciones se acordó 25.5% de incremento para el primer año de vigencia y, para el segundo, el Índice de Precios al Consumidor más un punto. En Bancoquia, la fórmula fue de 24.5% e IPC más 1.5%, respectivamente.

El presidente de ACEB, Luis Alfredo Sánchez, señaló que los sucesivos paros escalonados de 24 horas, realizados en el curso de los dos meses largos que duró la negociación, fueron el factor determinante en la superación de los topes establecidos por el gobierno para abaratar más aún el precio de la fuerza de trabajo nacional, en beneficio del gran capital nacional y extranjero. En el Banco Comercial Antioqueño, aparte de los logros salariales, la convención firmada a comienzos de octubre pasado significó avances importantes en materia de auxilios educativos y enganche de trabajadores temporales a término indefinido.

En el Bogotá se pactaron también mejoras en la reglamentación de los préstamos de vivienda, la prima de vacaciones y las partidas para atender la educación de los trabajadores y sus hijos. En materia de derechos sindicales, se acordaron permisos adicionales y la garantía de que no habría represalias contra quienes participaron en las jornadas de agitación con las cuales se presionó a los dos mayores grupos financieros del país.

Otro tanto sucedió en el Banco Ganadero, donde ACEB compartió la mesa de negociación con UNEB y Sintrabagán. Allí se alcanzó un alza de 24% para la vigencia 1995-1996 y el IPC más 1.5 para la siguiente, amén de sustanciales mejoras en materia prestacional.

Nuevamente la táctica de la Resistencia Civil fue la garantía de triunfo de los trabajadores para enfrentar las políticas antinacionales y antipopulares.

En Telecom: SIGUE FERIÁNDOSE SU PATRIMONIO

Fiel como su antecesor a los dictámenes del FMI, y a pesar de existir un acuerdo firmado en 1992 con los trabajadores, el actual gobierno expidió en diciembre de 1995 la resolución 028 en la cual define el cronograma para hacer entrega de los servicios de larga distancia nacional e internacional a los monopolios privados y extranjeros, obligando además a Telecom a dividir en varias entidades los servicios que hoy brinda al público.

Tan lesiva disposición la obligaría a vender sus acciones en las empresas teleasociadas que hoy funcionan en distintas ciudades, lo que en primer lugar acarrearía el cambio o sustitución patronal en perjuicio de numerosos trabajadores. Igualmente dejaría a las teleasociadas a merced de las multinacionales que tienen ya presencia en el país por conducto de los famosos con tratos de joint venture.

Conscientes del grave peligro que corre tan vital sector los trabajadores definieron como puntos fundamentales del pliego de peticiones aprobado en 1995 las siguientes reivindicaciones de carácter nacionalista: defender celosamente la unidad de Telecom; pugnar porque siga siendo el único operador de los servicios de larga distancia nacional e internacional; conservar las acciones que posee en las telefónicas locales, y extender la telefonía social y rural, por la vía de los subsidios cruzados a los sitios más distantes de la geografía patria. Acordaron por último, luchar porque se garanticen las prestaciones socioeconómicas de que hoy disfrutan los asalariados, puestas en peligro por un siniestro contrapliego que busca eliminarlas en un 90%.

Apelando a un censo sindical lleno de trámites engorrosos interminables, la administración ha dilatado la negociación colectiva, que debió haberse iniciado en enero.

Sittelecom ha afirmado que sólo el combate decidido será prenda de garantía para la defensa de la empresa y de un sector tan estratégico como son las telecomunicaciones, y convoca al movimiento obrero colombiano a unir esfuerzos contra el saqueo imperialista.

ESTADOS UNIDOS IMPUSO DESMEMBRAMIENTO A YUGOSLAVIA

Por Alejandro Torres y Salomón Ganitsky

«Los pueblos balcánicos podrían decir, como lo hacían en la antigüedad nuestros siervos: ‘Que Dios nos libre, más que de todas las tristezas, de las iras y del cariño de los señores’. La intervención de las «potencias» de Europa, tanto la hostil como la supuestamente amistosa, significa únicamente para los campesinos y obreros balcánicos nuevos impedimentos y trabas de todo género al libre desarrollo, que vienen a sumarse a las condiciones generales de la explotación capitalista. «(V. L Lenin, Los pueblos balcánicos y la diplomacia europea)

El pasado 21 de noviembre, en la base de Wright-Patterson, en Taitón, Ohio, concluyó el siniestro plan de desgarrara Yugoslavia que se propusieron los Estados Unidos y las demás potencias occidentales desde hace más de un lustro. Los virtualmente presos Slobodan Milosevic, Alija Izetbegovic y Franjo Tudjman presidentes de Serbia, Bosnia y Croacia respectivamente, protocolizaron los términos del acuerdo ideado por los estadounidenses y aceptado a regañadientes por los europeos, quienes debieron conformarse con que la firma del pacto se llevara a cabo en París y con sendas conferencias suplementarias en Londres y Bonn.

El conflicto balcánico pone al descubierto los rasgos más sobresalientes de la situación internacional: la consolidación de Estados Unidos como el único superpoder planetario; la creciente disputa en el campo del imperialismo, principalmente entre aquél y la Unión Europea; la estrategia imperialista de desintegrar a las naciones y sojuzgar a los pueblos mediante la utilización de falacias como las expediciones «humanitarias»; las secuelas ruinosas de la apertura y la internacionalización; la dramática decadencia rusa.

Y, no obstante la derrota temporal, la valerosa resistencia de los serbios preludia las ingentes batallas que habrán de librar las naciones oprimidas.

El Tratado
El pacto de Dayton contempla que Bosnia-Herzegovina será un nuevo Estado dividido en dos «entidades»: la Federación Croato-Musulmana y la “República Serbia”, profundizándose así la atomización que se había iniciado a comienzos del actual decenio, cuando Eslovenia y Croacia se separaron de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, RSFY.

Otros puntos esenciales del Tratado son:

1. Bajo supervisión imperialista Bosnia elegirá una presidencia colectiva, un parlamento y un tribunal constitucional. Tendrá moneda única. La capital, Sarajevo, se convertirá en una ciudad federal que a partir de marzo de 1996 quedará gobernada por los musulmanes. Decisión que desconoce al 25% de serbios que componen su población.

2. Además, Bosnia permanecerá ocupada por la Fuerza de Ejecución, compuesta por 60 mil soldados de la OTAN, 20 mil de ellos norteamericanos que tendrán como cuartel general a Tuzla; 13 mil británicos acuartelados en Gornji Vakuf; 7.500 franceses, junto con 4 mil españoles y 2 mil italianos, en Sarajevo. Los rusos que nunca sobrepasaron el umbral de las declaraciones intrascendentes, pidieron al final permiso para enviar, también ellos, un pequeño contingente invasor que a condición de no estar sujeto al comando de la OTAN, ¡fungirá bajo el mando de altos oficiales gringos!

Las partes deberán revelar a las tropas extranjeras la localización de los campos minados y bombas, suministrar mapas con la ubicación de sus fortificaciones, fábricas de munición, cuarteles, redes de comunicaciones, artillería antiaérea y radares. La OTAN, a diferencia de la ONU, tendrá el derecho a «observar, monitorear e inspeccionar» donde a bien tenga. Complementariamente, los Estados Unidos equiparán y entrenarán al ejército bosnio, mientras a los serbios se les obligará a reducir sus fuerzas.

3. En tanto que a los bosnios musulmanes se les concedió un corredor entre Gorazde y Sarajevo, dos ciudades dominadas por ellos, corredor que rompe la unidad territorial de la parte serbia del país, a los serbobosnios se les negó la ampliación de la franja de Posavina en Brcko que une sus partes oriental y occidental.

4. Eslavonia, la rica región petrolera gobernada por rebeldes serbios desde 1991, revertirá a Croacia a más tardar en dos años. Esto fue impuesto, entre otras «razones», mediante la presión de un extraordinario despliegue militar croata mientras transcurrían las negociaciones de Dayton.

5. A la Yugoslavia de Milosevic se le concedió el levantamiento de las sanciones que tuvo desde los inicios del conflicto y que habían sido aliviadas parcialmente a finales de 1994, cuando aceptó adelantar un bloqueo contra sus hermanos serbios de Bosnia-Herzegovina.

En síntesis, los serbios, a pesar de su fiera resistencia de más de tres años, durante los cuales siempre demostraron superioridad en la guerra contra sus enemigos internos, fueron derrotados por el poderío militar, económico y propagandístico de los imperialismos coligados.

La pax americana
El acuerdo de Dayton resultó de la ofensiva militar y diplomática emprendida por Clinton a mediados de 1995, momento en el que había inclinado a su favor todos los factores y no podía permitir ni un repunte europeo, ni una sucesión de victorias militares serbobosnias sobre los musulmanes. Los principales componentes de esa ofensiva fueron: el arrasamiento aéreo de las posiciones serbobosnias y la diplomacia del chantaje del señor Richard Holbrooke, su enviado en la región, que hizo sucumbir al presidente serbio, paso obligado para el logro de los planes de escisión.

La embestida final se inició con la conferencia del Grupo de Contacto efectuada en Londres el 21 de julio del pasado año. En ella los comandantes de la OTAN fueron instruidos para decidir autónomamente los bombardeos contra las fuerzas serbias, y autorizados para seleccionar los blancos y desarrollar los ataques sin previa consulta a las Naciones Unidas, requisito indispensable hasta ese momento para cualquier operación. Se adoptó el criterio de la «fuerza desproporcionada», que consistía en pretextar cualquier incidente para efectuar masivos bombardeos contra objetivos serbios.

De concierto con la reunión de Londres, el 4 de agosto Croacia lanzó en el sur de su territorio la «guerra relámpago» contra los rebeldes serbios que habían creado allí desde 1991 la República Democrática de Krajina y luchaban por la reunificación de Yugoslavia. Esta operación que causó el mayor éxodo de toda la guerra y trajo a la memoria de los serbocroatas el régimen pro nazi de los ustachas, fue planeada por Estados Unidos, que proveyó equipo militar, entrenamiento, espionaje desde aeroplanos no tripulados ubicados en la isla de Hvar, proporcionó fotografías de satélite que permitieron a los croatas ubicar los flancos serbios débiles, y participó directamente en la campaña. Washington llevó a cabo buena parte de esta intervención bajo la novísima modalidad de encargar las operaciones a compañías particulares de su país conformadas por exmilitares de alta graduación, con las cuales obligan a las naciones sometidas a realizar leoninos contratos de apoyo militar. Holbrooke, declaró cínicamente el sentido de la operación croata: «Guste o no, Tudjman trazó algunas nuevas líneas sobre el mapa, que nosotros no hubiéramos podido obtener mediante la diplomacia».

La OTAN, comandada por Estados Unidos, con el pretexto del estallido de un obús el 28 de agosto en el mercado de Sarajevo, el cual los serbios negaron tajantemente haber disparado, y a pesar de que éstos habían autorizado a Milosevic a negociar en su nombre la búsqueda de la paz, lanzó la más devastadora operación de combate de todo el conflicto, la cual redujo el territorio bajo control serbobosnio a menos de la mitad del total, como contemplaban los planes de paz diseñados por las potencias.

El ataque se fraguó desde el 10 de agosto, según se comprobó al ser revelado por presión rusa un memorando secreto suscrito por el general francés Bernard Janvier, comandante militar de las fuerzas de paz de la ONU, y el almirante norteamericano Leighton Smith, jefe del comando sur de la OTAN, y actualmente máxima autoridad de las tropas atlánticas de ocupación. El memorando detallaba que los ataques se efectuarían «con una amplia perspectiva geográfica» sobre los serbobosnios que sitiaban las «áreas de seguridad». Contemplaba el bombardeo de radares y determinaba hacer blanco sobre tropas desplegadas, puestos de mando y control, unidades de apoyo logístico, etc.

En uno de los más atroces actos de toda la guerra, los gringos decidieron probar en el área de Banda Luka los misiles «inteligentes» Tomahawk de navegación computarizada, provistos de una ojiva de 320 kilos de explosivos de alto poder y de aun mayor precisión que los empleados en la guerra del Golfo Pérsico. De éstos fueron disparados trece desde el crucero US Normandy.

El masivo ataque militar de la OTAN, y la arremetida del ejército fantoche de Croacia al occidente tanto de Bosnia como de Eslavonia, forzaron a los serbobosnios a retirar su artillería de las cercanías de Sarajevo y a permitir el acceso de tropas de las Naciones Unidas. El baño de sangre llevó al tratado de Wright-Patterson. La pax americana se imponía en Yugoslavia.

El líder de los serbobosnios, Radovan Karadzic, por los días en que se iniciaba este desenlace concedió una entrevista al diario español El Mundo en la que hizo un lúcido análisis de la situación. Así se refirió al plan de Londres: «Bajo la influencia estadounidense los musulmanes han rechazado dos planes de paz, porque una parte de Estados Unidos no quería que esta guerra terminara». Responsabilizó a Alemania y a grupos empresariales yanquis de la no conclusión del conflicto armado y agregó: «No se quiere debilitar sólo a los serbios; existe una estrategia cuya meta es debilitar también a los demás pueblos balcánicos. Los Balcanes no autosuficientes estarían obligados a comprar los productos europeos y a nuestras naciones no se las reconocería como socias, sino como simples servidoras. De hecho, con esta guerra se debilita también Europa, y eso impide que se refuerce como federación. Esto es positivo para Alemania, que se impone como líder en Europa … Somos un único pueblo, pero las diferencias se han vuelto radicales y la guerra nos ha alejado. A estas alturas, Bosnia tiene que ser dividida.»

Cómo se conformó la nación yugoslava
Los Balcanes han tenido importancia estratégica como cruce obligado de caminos entre Occidente y Oriente, entre Europa Central y el Mar Egeo y también como salida por el Adriático hacia el Mediterráneo. De ahí que hayan sido escenario de hechos fundamentales durante varios siglos y que sus pobladores deban haber batallado tenazmente por su independencia: ya contra los invasores de varios siglos del imperio otomano, ora contra las casas imperiales europeas y los distintos adalides de la fase superior del capitalismo.

Con su rápido triunfo en la llamada Primera Guerra Balcánica, entre 1912 y 1913, la Liga Balcánica integrada por Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria puso fin a la presencia turca en Europa y contribuyó a sellar la suerte del legendario Imperio Otomano. Lenin saludó así el triunfo de la Liga: “A pesar de que en los Balcanes se ha formado una alianza de monarquías y no de repúblicas, a pesar de que esa alianza se ha conseguido gracias a la guerra y no gracias a la revolución; a pesar de eso, se ha dado un gran paso adelante hacia la destrucción de los restos de la Edad Media en toda la Europa Oriental”
El surgimiento de una Serbia independiente que constituiría un obstáculo a la política austriaca de «expansión al este», causó una creciente agresión de Austria contra ella que incidió en el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando y su esposa el 28 de junio de 1914 en Sarajevo.

A comienzos de esa guerra, prominentes figuras crearon en Londres el Comité Yugoslavo, esto es, de los eslavos del sur, para hacer agitación en favor de sus compatriotas. En 1917, mediante la Declaración de Corfú, el Comité se proclamó gobierno en el exilio y llamó a conformar una alianza defensiva, a edificar un Estado unificado regido por una monarquía constitucional, en el cual habría igualdad para sus componentes, sus dos alfabetos y sus banderas, además de establecerse la tolerancia religiosa. En abril de 1918 el Congreso de las Nacionalidades Oprimidas de Austria-Hungría, conocido como el Pacto de Roma, afirmó el derecho de estos pueblos a su unidad nacional y a la autodeterminación. En octubre de 1918 Zagreb declaró rota su unión con Hungría, y se conformó un Estado unitario de serbios, croatas y eslovenos. En septiembre, los montenegrinos se levantaron contra Austria y el 26 de noviembre una asamblea nacional en Podgórica declaró la unión con Serbia. El 4 de diciembre se anunció al mundo el nacimiento del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1931 el rey Alejandro I cambiaría el antiguo nombre por el de Yugoslavia.
La Alemania nazi, necesitada de un flanco sur seguro para el logro de su objetivo de someter a la Unión Soviética, invadió a Yugoslavia el 6 de abril de 1941. La resistencia fue organizada por el Partido Comunista, que creó la valerosa guerrilla de los partisanos. Este esfuerzo fue dirigido por Josip Broz, un antiguo obrero metalúrgico, cuyo nombre de batalla era Tito y quien había sido elegido secretario general del Partido en 1937. En noviembre de 1942 organizó el Consejo Antifascista por la Liberación Nacional de Yugoslavia, AVNOJ, que se declaró gobierno provisional en noviembre de 1943. La Conferencia de Teherán de Stalin, Churchill y Roosevelt acordó apoyarlo como única resistencia efectiva contra Hitler en Yugoslavia.

A comienzos de 1944 los nazis son empujados a iniciar la retirada. Tito viaja a Moscú en septiembre y acuerda la colaboración con el Ejército Rojo, de donde resultó la operación conjunta mediante la cual liberaron Belgrado en octubre. Los germanos se les rindieron el 15 de mayo de 1945. La República Popular Federativa de Yugoslavia fue proclamada el 31 de enero de 1946 y en 1948 se incluyó en el nombre la palabra Socialista. Tito, hasta su muerte en 1980, encarnó la unidad nacional de estos pueblos gestada en siglos de historia común. Logró la hazaña de aglutinar en un solo Estado a dieciocho nacionalidades, varios alfabetos, tres regiones, veintitrés etnias, seis repúblicas y dos provincias.

Apertura y desintegración nacional
Sin embargo, Estados Unidos, aprovechando las contradicciones entre Yugoslavia y la Unión Soviética, empezó a incubar los gérmenes que a comienzos de los 90 harían explotar la unidad de la nación. La «ayuda» norteamericana de millones de dólares dio origen a la que sería luego una abultada deuda externa.

La reforma económica llevada a cabo en 1965 delegó en los bancos y en las empresas la definición de los más importantes asuntos económicos, desde los planes sociales hasta el manejo de la balanza de pagos. Las’ decisiones económicas se descentralizaron, quedando en manos de cada República. A finales de los años 70 el gobierno federal sólo conservaba entre sus funciones la representación en el extranjero, las negociaciones con el Banco Mundial y la acuñación de la moneda. Las diferencias entre Croacia y Eslovenia, más desarrolladas económicamente, con el resto de miembros de la federación, se ahondaron aun más. En 1990, mientras el PIB per cápita del conjunto de la nación era de US $ 2.490, el, de Eslovenia y Croacia alcanzaba US $ 7.450 y US $ 4.310 respectivamente. Como resultado de la reforma de 1965, se redujo a la mitad el crecimiento de la economía y 340 mil personas más quedaron desempleadas.

Al finalizar 1988 la inflación -había llegado a ser la más alta de Europa, cerca de 2.000%. La deuda externa rondaba los 20 mil millones de dólares y su servicio era creciente; la balanza comercial de 1987 y 1988 fue deficitaria; el dinar se depreciaba aceleradamente; el importante rubro de divisas obtenidas por la venta de la mano de obra yugoslava en los países de Europa Occidental, especialmente en Alemania, se había menguado; y, por último, Europa y los Estados Unidos empezaron a ejercer presión para que las repúblicas más avanzadas se «vincularan a la economía mundial», valga decir, se escindieran y pasaran a ser apéndices de las potencias occidentales.

El interés europeo por recolonizar la región se hizo cada vez mayor. Una resolución de 1988 sobre cooperación mutua entre Yugoslavia y la Comunidad Económica Europea subrayaba el apoyo de ésta a una nueva reforma elaborada e impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Uno de sus principales aspectos consistía en aprovechar los costos más bajos de la fuerza de trabajo yugoslava.

El 26 de noviembre de 1988 se aprueba por la Asamblea Federal un nuevo sistema económico en la Constitución. Se adopta la propiedad privada. Se establece el trato preferencial para el capital extranjero. Las empresas deben guiarse por la obtención de la máxima ganancia. Se declara la batalla contra la estabilidad en el empleo de los asalariados. Se congelan los salarios y se liberan los precios. Se pone en venta la propiedad estatal y se cierran o reestructuran las grandes entidades.
Mientras Estados Unidos se ocupaba de los avatares de la guerra fría, los europeos le sustraían zonas de influencia. En 1988 la Federación exportó US $ 4.100 millones a la Comunidad Europea e importó de ella US $ 4.300 millones. El 39% de este tráfico lo efectuó con Alemania.

Entretanto, el comercio bilateral con Estados Unidos llegó apenas US $ 1.300 millones, de los cuales US $ 800 millones fueron envíos yugoslavos a Norteamérica. De US $ 430 millones de inversión extranjera en todo el país en 1990, más de 40% provino de Alemania.
El presidente yugoslavo Borisav Jovic, al hacer un balance de la aplicación de la reforma sostuvo: «El precio que tuvimos que pagar no fue pequeño. Hay un fuerte descenso en la producción con graves consecuencias sociales para el país».

Empero, para la total subyugación del país no bastaban las exigencias económicas. Era imprescindible anarquizar las organizaciones que hundían sus raíces en la historia nacional común. La Liga de los Comunistas, concebida en la Constitución como «fuerza motriz básica», debía desaparecer. Por todas partes brotaron «movimientos», «concentraciones del pueblo», «marchas políticas», «uniones», y se alentó un «pluralismo político sin partidos». En Eslovenia y Croacia todos los nuevos cruzados se pronunciaron en favor de una confederación, separándose de Yugoslavia para incorporarse a la Comunidad Europea.

Con el desbarajuste se alentó también el regreso al pasado de rivalidades: algunas repúblicas emprendieron por su cuenta y riesgo la adopción de nuevas constituciones; surgieron rencillas territoriales; se acusaron mutuamente de las penurias causadas por las reformas; se pregonó la necesidad de crear ejércitos propios, de emitir cada quien su moneda, y se exacerbaron las diferencias raciales y religiosas.

Los líderes serbios descifraron el designio de las potencias. Borisav Jovic, en el discurso que pronunciara para asumir la presidencia el 15 de mayo de 1990, señaló: «Bastante claros son los mensajes que recibimos cada vez con más frecuencia, según los cuales puede tener un lugar en Europa, en sus procesos democráticos e integracionistas, sólo una Yugoslavia única, y que nadie más pueda, en estas áreas, aspirar a ocupar ese sitio. Pero al mismo tiempo no tenemos derecho a cerrar los ojos ante las ambiciones de algunos factores en el mundo que tratan de influir sobre nuestro desarrollo y dar prioridad a determinadas partes de nuestro país en lo que atañe a resolver las cuestiones políticas internas, con lo cual no contribuirán precisamente a la unidad yugoslava».

En un foro en el que el embajador de Estados Unidos aludió al supuesto compromiso de su país con la preservación de la unidad de Yugoslavia, Ranko Petkovic, director de la revista Política Internacional, afirmó: «Estados Unidos contempla con simpatías los cambios que tienen lugar en determinadas repúblicas yugoslavas y que pueden tener efectos desintegracionistas». Y agregó: «Es difícil fijar una línea divisoria entre los efectos de la reforma y los procesos de desintegración».

Las mieles de la “internacionalización” y el “libre mercado” ofrecidas por las potencias a la patria yugoslava, escondían las hieles del desmembramiento, la guerra civil y la agresión extranjera. La misión «humanitaria» de los imperios modernos había empezado en épocas de paz y continuaría durante la tormentosa guerra.

La guerra
El 25 de junio de 1991, Eslovenia y Croacia declararon la separación. El pueblo serbocroata se rebeló en Krajina en el suroccidente de Croacia y proclamó su propia república, manifestando su disposición de luchar por la reintegración del país. Los serbios de Eslavonia, en el extremo oriental, tampoco se sometieron a Croacia. Alemania de inmediato reconoció a los secesionistas. El 15 de enero de 1992, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos les dieron su aval.

En Bosnia-Herzegovina, donde gobernaba desde 1990 una coalición trinacional de croatas, bosnios y serbios, los dos primeros resolvieron separarse de la federación en febrero de 1992. Los serbobosnios, mayoritariamente campesinos, empuñaron las armas y en pocos días asumieron el control de 70% del territorio, reduciendo a los segregacionistas a unas pocas ciudades aisladas. Proclamaron la República Serbia de Bosnia, con capital Pale, cerca a Sarajevo.

Belgrado, que se opuso a los separatistas en un principio mediante la movilización de sus tropas, empezó a ser objeto de sanciones por parte de los parcializados organismos internacionales y las naciones «civilizadas». El 27 de mayo de 1992 la Unión Europea inició un embargo generalizado. Luego el GATT, la ONU, y el FMI procedieron de igual forma. Las retaliaciones económicas produjeron tal situación en Serbia que, al finalizar 1993, el 80% de la población se encontraba en el nivel de pobreza. De una fuerza de trabajo de 2 millones 300 mil personas, 1 millón estaban desempleadas, y se registraban 700 mil despidos temporales. El ingreso per cápita cayó de US $ 3.000 en 1990 a US $ 300 en 1993, y la inflación ascendió a 1.000% mensual.

Estados Unidos hacia la supremacía
Al finalizar 1992 se inician conversaciones de paz en Ginebra. En ellas las potencias presentan el primer plan de paz, elaborado por el ex secretario de Estado norteamericano Cyrus Vance y el británico Sir David Owen, en el cual proponían cantonizar a Bosnia dividiéndola en diez provincias autónomas. Se vislumbraba la posibilidad de un acuerdo. Pero como Estados Unidos necesitaba una mayor injerencia en el conflicto, Bill Clinton torpedeó las negociaciones, levantó el infundio de que los serbios llevaban a cabo una «limpieza étnica», que eran los principales propiciadores de la violencia y amenazó con bombardear a las fuerzas serbias que sitiaban Sarajevo. Izetbegovic, el presidente bosnio, alentado por el anuncio se evadió de las conversaciones.

A comienzos de 1993 se conoce que el Pentágono ha elaborado su propio proyecto de intervención o Plan de Operaciones de Contingencia para la Antigua Yugoslavia, en el cual se precisan básicamente las siguientes opciones:

1. La aplicación de medidas coactivas para hacer valer contra los serbobosnios la Resolución 781 de las Naciones Unidas que prohibe sobrevolar Bosnia. La ONU acató el ucase y en abril emite la Resolución 816 que autoriza la utilización de la fuerza «de manera proporcional a las circunstancias y naturaleza de los vuelos». La Resolución sería esgrimida en febrero de 1994 para justificar los primeros bombardeos de la OTAN contra los serbios, efectuados con cazas F-16 yanquis.

2. Presionar el levantamiento del embargo de armas contra Bosnia. Los Estados Unidos ordenaron que su flota en el mediterráneo se hiciera la de la “vista gorda”, lo que produjo un agrio enfrentamiento entre éstos y sus aliados. Un vocero europeo manifestó: «Es un hecho insólito que abre una de las mayores crisis de la historia reciente en las relaciones euro-americanas». Douglas Hurd, secretario de Estado del Foreign Office dijo: «El embargo es un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU aprobado por la OTAN». Willy Claes advirtió que ésta seguiría aplicando las decisiones del Consejo de Seguridad. El canciller francés Alain Juppé expresó a Warren Cristopher «su profunda inquietud». Los rusos notificaron retóricamente: «También tenemos armas y la posibilidad de suministrarlas». Pese a las «protestas», el boletín londinense de defensa Jane’s Sentinel denunció que entre abril de 1992 y el mismo mes de 1994, mientras el embargo estaba rigiendo, los musulmanes recibieron de Estados Unidos más de US $ 160 millones en armas.

3. Dar protección a Macedonia y Kosovo. A la primera la reconocerían cuando se separó de la Federación. Y sobre la segunda, los serbios expresaron desde 1990 que los círculos norteamericanos con los «prismáticos» de los «derechos humanos» y las «libertades democráticas», disimuladamente alentaban el separatismo de esta región y velaban el trato discriminatorio contra las minorías serbias y montenegrinas allí.

Una fuente del Pentágono dijo que este plan estaba basado en dos experiencias obtenidas en las intervenciones en Vietnam y el Golfo Pérsico: la primera, que el gradualismo no funciona, y que una vez tomada la decisión de intervenir ésta debe llevarse a la práctica inmediatamente y sin vacilaciones. De ahí que los Estados Unidos optaran por el arrasamiento aéreo en lugar de combatir con las tropas serbias en tierra. La segunda, extraída de la guerra del Golfo: que debían imponerse en las Naciones Unidas mandatos “cuidadosamente inespecíficos y aplicables a la mayoría de las circunstancias.” Reconoció, como si nada, que Resoluciones del Consejo de Seguridad que autorizaban la utilización de «todo lo necesario» permitieron la destrucción de casi toda la infraestructura iraquí en seis semanas, aunque las Naciones Unidas limitaban el uso de la fuerza al retiro de las tropas iraquíes de Kuwait.

Francisco Mosquera aclaró en ese mismo año el rumbo de los acontecimientos. Señaló que Clinton «no cejaría de instigar el desmembramiento de Yugoslavia, planteando la intervención directa y la destrucción de las fuerzas serbias que con denuedo intentan impedirlo». En esencia, advertía una vez más, sobre la obligación del proletariado de oponerse a la estrategia imperialista de atomizar a las naciones y convertirlas en especies de Emiratos Árabes, en ciudades estado, o «entidades», para facilitar así la labor expoliadora de los monopolios.

Siguiendo el Plan a pie juntillas, los gringos instigaron la separación de la República de Macedonia que se lanzó tras la vieja idea de formar una Gran Macedonia a costa de sus vecinos. Al acoger Estados Unidos la nueva repúbliqueta en febrero de 1994, el primer ministro helénico, Andreas Papandreu, alertó acerca de que el espurio Estado podría exceder sus límites territoriales y pretender apoderarse de la región griega macedónica, incluido el estratégico puerto de Salónica, entrada al Egeo.

Clinton, en abril de 1994, impulsa la creación del Grupo de Contacto compuesto por Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia y ellos mismos. Este paso buscaba reducir aun más a la impotencia a las Naciones Unidas y a sus incómodos reglamentos, tales como el poder de veto de los miembros del Consejo de Seguridad.

Washington también tomó la iniciativa en el terreno de las negociaciones. Convocó a musulmanes y croatas bosnios a saldar sus diferencias y a dirigir las energías contra los serbobosnios. Aquéllos estuvieron enfrentados durante casi todo 1993 por la posesión del norte y centro de Bosnia. El 23 de febrero de 1994 firmaron el cese al fuego, y en marzo crearon la Federación Croato Musulmana que se confederaría con Croacia. Karadzic exigió, sin lograrlo, que se levantaran las sanciones comerciales contra Serbia para negociar su eventual adhesión a un acuerdo que comprendiera a las tres partes.

Con base en el pacto croato-musulmán, el Grupo de Contacto elaboró un plan de paz para dividir Bosnia entre los serbios y la alianza recientemente conformada. Radovan Karadzic, que controlaba la mayor parte del territorio, condenó a «la mafia política internacional» y calificó el plan de «humillante». Exigió una distribución territorial equitativa y llamó a su pueblo a «prepararse para más guerra y aislamiento.» Belgrado amenazó con bloquear a sus hermanos serbobosnios por su rechazo a la propuesta de las potencias.

Este conjunto de hechos permitió a croatas y musulmanes pasar a la ofensiva militar tomando 250 Km2 en la región de Bihac, que fueron luego recapturados por los serbios. Mientras tanto, aviones británicos Sea Harrier FA-1, atacaron la base aérea de Ubdina, en la zona serbia al sur de Croacia. Ante esta agresión, Ratko Mladic, jefe militar serbobosnio, en nota de protesta dirigida al jefe de los Cascos Azules, expresó: «Usted transformó las fuerzas de paz en fuerzas de ocupación».

El año de 1994 culminó con la intervención de Jimmy Carter, quien alrededor del ofrecimiento de Karadzic de «poner fin a la guerra y llegar a compromisos sobre la cuestión territorial», logró una tregua que se mantuvo por cuatro meses. En mayo de 1995, la OTAN reanudó las hostilidades bombardeando los depósitos serbobosnios de armas en Pale.

En respuesta, éstos toman como rehenes a 145 cascos azules y a 22 observadores militares de las tropas de ocupación. Estados Unidos envía al Adriático al portaaviones Theodore Roosevelt y amenaza con que «responderá con firmeza y resolución». Los rusos anuncian otra de sus jeremiadas: «Haremos todo lo posible por detener las hostilidades en Bosnia, a condición de que la OTAN no efectúe más ataques aéreos». Sólo olvidaron que ya nadie los toma en cuenta. Los serbobosnios exigen de nuevo que las Fuerzas de Protección de las Naciones Unidas «adopten ante la parte serbia, el mismo comportamiento que con las otras dos partes». La mayoría de los rehenes son liberados pocos días después por mediación del presidente Milosevic.

Europa, en una desesperada reacción ante el avasallador predominio gringo, trata de desatar su propia iniciativa. Alemania envía tropas a Bosnia a un costo de US $ 245 millones, saliendo de su hibernación de cincuenta años. Wolker Ruehe, ministro de defensa alemán, al justificar la intromisión germana, le hace un llamado a Europa para que intensifique su acción.

Por su parte, Francia, propone a la ONU que su nueva Fuerza de Intervención Rápida, compuesta básicamente por helicópteros de ataque, entre cuanto antes en acción. Finalmente no serían los europeos ni las Naciones Unidas, sino la OTAN con sus Tomahawk gringos, la que definiría el desenlace del conflicto.

Para Clinton las cosas ya estaban en su sitio. Hizo saber al mundo que emprendería, junto a la creciente ofensiva militar, su contrapartida diplomática: «El papel de los Estados Unidos debe ser apoyar una vigorosa búsqueda diplomática de la paz, tenemos intereses vitales en limitar la extensión del conflicto… Haremos todo, excepto llevar tropas de tierra, para evitar que el Estado bosnio multiétnico sea destruido… Debemos recordar que los Balcanes son una zona preocupante… Sólo recurriremos a nuestras tropas de tierra si existe una paz verdadera sin tiroteos ni combates».

En una final demostración de su arrojo y capacidad militar, los serbobosnios, que a pesar de la ofensiva gringa mantenían el control sobre la mayoría del territorio, decidieron contraatacar al oriente de Bosnia-Herzegovina, en Srebrenica, Zepa y Gorazde, tres de las «áreas de seguridad» decretadas por la ONU en mayo de 1993. Estas,»áreas» eran enclaves musulmanes dentro del territorio serbio.

Clinton les canta nuevamente la tabla a sus aliados: «Los días de la ONU en Bosnia están contados si no logra restablecerla integridad de su misión. Los serbobosnios deben retirarse de Srebrenica.» Robert Dole exige una vez más que se levante el embargo de armas a Bosnia, el que de hecho nunca fue efectivo, y en total acuerdo con su presidente exige que la ONU comience «inmediatamente los preparativos de la retirada». El canciller francés, Hervé de Charette, le replica: «Las áreas protegidas tienen que restablecerse, estamos dispuestos a ayudar militarmente paca este objetivo, pero no nos vamos a involucrar sin el respaldo de’ las Naciones Unidas». Izetbegovic, obediente al Tío Sam, se niega a recibir al enviado de la ONU, el sueco Thorvald Stoltenberg, acusando a ese organismo de haber entregado a Srebrenica. John Major pone punto final a la disputa al convocar para el 21 de julio, en Londres, al Grupo de Contacto. Esa reunión fue el definitivo viraje en favor de la política norteamericana que condujo al desenlace descrito al comienzo de este artículo.

La desinformación y el humanitarismo imperialista
En julio del año pasado un espurio tribunal situado en La Haya emitió orden de captura contra los jefes de la resistencia serbobosnia Radovan Karadzic y Ratko Mladic, y contra el presidente de la República Serbia de Krajina, Milan Martic, acusándolos, entre otros delitos, de «genocidio y crímenes contra la humanidad». Los genocidas gringos de Hiroshima y Nagasaki, los germanos de Auschwitz, los puntales franceses de Bokassa -el sátrapa de Costa de Marfil-, elevaron a delito de lesa humanidad la defensa de la soberanía y la integridad de las naciones.

La orden de detención fue la consecuencia lógica de la escandalosa campaña de desinformación que durante los cuatro años de guerra se hizo en Occidente, acusando de las más crueles infamias a los defensores de la unidad yugoslava. Veamos algunos ejemplos.

Sobre la toma militar de Srebrenica por los serbosnios que fue esgrimida como argumento para la retaliación aliada, aduciendo que aquellos cometieron asesinatos masivos, la propia revista inglesa Tire Economist informa que allí se albergaban tropas bosnias a las cuales la ONU nunca había desarmado ni impedido que combatieran, y que el coronel alemán Thomas Karremans mencionó el hecho de que los musulmanes bosnios prendieron previamente fuego a unas 200 aldeas serbias aledañas a esa ciudad.

En cuanto a los francotiradores de Sarajevo, The Economist dice que una unidad de la marina francesa reportó que había llegado a la conclusión de que algunos de estos eran soldados bosnios disparando sobre su propia gente. Cyrus Vance, en un libro recientemente publicado, afirma que una comisión de balística de la ONU determinó que el misil que explotó en febrero de 1994 en Sarajevo, causando varias decenas de víctimas, provenía del lado musulmán. Por otra parte, las circunstancias en que se produjo el estallido del obús en esa capital el año pasado, cuyas macabras fotos recorrieron el mundo, y que pretextó la OTAN para el arrasamiento final, conducen a dar credibilidad a los serbios, quienes niegan la autoría del ataque.

Otro inri puesto a los serbios es el del racismo y las «limpiezas étnicas». Sin embargo, la expulsión de 150 mil de ellos de Krajina, echados por el ejército títere de Tudjman de las tierras meridionales de Croacia que habitaron por más de quinientos años, y que fueron lapidados por turbas enardecidas mientras huían, se convirtió, ése sí, en uno de los más despiadados eventos de todo el conflicto. Holbrooke bendijo brutalmente esa tragedia, proclamando que hace falta que el horror le preste una mano a la diplomacia.

Igual sucede con el supuesto número de víctimas bosnias de la guerra: el 4 de diciembre del año pasado, el semanario norteamericano Time, en un informe sobre Dayton, observó que aunque los líderes bosnios estiman en 150 mil el número de sus ciudadanos muertos o desaparecidos durante los pasados cuatro años, y que esta cifra es utilizada por autoridades internacionales, muchos sospechan que sus bajas no sobrepasan las 3.500 (Time, Volumen 146, No. 23, diciembre 4 de 1995).

Que basten estos hechos para mostrar otra de las mortíferas armas blandidas por quienes hoy huellan los Balcanes: el engaño y la manipulación de la opinión pública mundial.

Los imperialistas cavan su propia tumba
Algunos de los reacomodamientos posteriores a Dayton anuncian los enormes sucesos por venir. Bill Clinton impuso como secretario general de la OTAN al español Javier Solana luego de vetar al candidato de los europeos el holandés Rudd Lubbers; convenció a los republicanos de aprobar el envío de tropas a los Balcanes; y, para completar, inició su campaña reeleccionista junto a ellas en el cuartel general de Tuzla. Francia, que agobiada por el predominio norteamericano se retirara por iniciativa del general De Gaulle de la estructura militar de la OTAN en 1966, decidió, en medio del estruendo de sus pruebas nucleares, regresar a ella, abandonando su acariciada idea de que la Unión Europea Occidental se convirtiera en el germen de una «identidad de defensa europea».

Alemania, cuyos líderes tornaron a la senda del chovinismo aduciendo que es peor el «provincianismo germano que el imperialismo germano», optó por conformar un cuerpo élite de 50 mil «cascos verdes» que les permita llevar a cabo operaciones similares a la de Bosnia. Y, finalmente, en los distritos serbios de Sarajevo, los discriminados serbobosnios recibieron la «paz» impuesta desgarrando con furia la odiada bandera de barras y estrellas del Tío Sam.

***
Yugoslavia confirma las tesis de Francisco Mosquera de que el imperialismo norteamericano se ha erigido en la principal potencia hegemonista, pero que sus rivales, particularmente Europa, están dispuestos a ofrecerle una enconada resistencia en la reyerta por un nuevo reparto del mundo, la cual se escenificará hasta en el último recodo planetario.

Y, principalmente, la de que los pueblos del mundo, hermanados en la más amplia batalla jamás conocida en pos de objetivos comunes, arrojarán a todos los modernos imperios al basurero de la historia, empezando por el superpoder yanqui. Como lo señaló el esclarecido jefe proletario nacido en Colombia, para aquéllos, está a la orden del día: “Luchar por la soberanía de sus repúblicas, la autodeterminación, el progreso, la democracia y la unidad por encima de las diferencias de razas, de lenguas, de cultura, de desarrollo.”

Del legado de Mosquera: ¡POR LA SOBERANÍA ECONÓMICA, RESISTENCIA CIVIL!

(Éstas son los dos primeros apartes del documento escrito por el camarada Francisco Mosquera como mensaje en la conmemoración del Día Internacional del Proletariado (Publicado en el libro Resistencia civil, Editor Tribuna Roja, Bogotá, 1995))

Ante la severa retracción de su economía y la aguda competencia que le plantean Europa y Japón, dos de los poderosos bloques del momento, Estados Unidos desea salir de la encerrona centuplicando primordialmente la explotación de los países pobres que están bajo su yugo, incluida la totalidad de América Latina y, por supuesto, Colombia.
Se registran muchos síntomas perturbadores en la vida de la superpotencia. Son cerca de veinticuatro meses consecutivos de recesión, más profunda que la de comienzos de los ochentas, y la cual arroja índices pronunciados sobre la merma de las ganancias o el incremento de las pérdidas de las principales empresas, la estrechez de los mercados, los déficit en las cuentas nacionales, el paro forzoso de un notorio número de asalariados y el rezago en la capacidad productiva de la compleja industria, acrecido en estos tiempos duros de pelar. Aunque se reaviven pronto los negocios, sus desajustes estructurales de vieja data sólo continuarán reportándole desventajas de sumo cuidado.

El imperio del Norte desempolva los artículos de fe del neoliberalismo, a los cuales encomienda los saqueos de su recuperación, una estrategia que no abandonará por las buenas, aun a costa de arrasar el Continente. Por eso la contradicción se torna antagónica e inevitable. Y se equivocan los ilusos o los timoratos cuando atribuyen los gravísimos quebrantos de nuestra nación a otras causas aleatorias, mientras se agazapan tras paliativos engañosos con la inconfesable intención de capitular ante los enemigos de la patria. ¿No tiende acaso la tan zarandeada apertura hacia la plena colonización económica de Latinoamérica? ¿No nos vaticina daños sin cuento, como las quiebras en la incipiente producción; la subasta de los bienes públicos; el apoderamiento de recursos, servicios y plantas fabriles por parte de los monopolios extranjeros; la supresión de las reivindicaciones laborales; los despidos sin tasa ni medida en los sectores público y privado; el endémico y doloroso espectáculo de las bautizadas ocupaciones informales; el establecimiento de las tenebrosas maquilas; la dolarización de la economía; la eliminación de aranceles junto a la consiguiente alza de los impuestos indirectos, antitécnicos y regresivos, y, en fin, la ruina, con su rostro macabro?

Si los colombianos anhelan preservar lo suyo, sus carreteras, puertos, plantaciones, hatos, pozos petroleros, minas, factorías, medios de comunicación y de transporte, firmas constructoras y de ingeniería, todo cuanto han cimentado generación tras generación; y si, en procura de un brillante porvenir, simultáneamente aspiran a ejercer el control soberano sobre su economía, han de darle mayores proyecciones a la resistencia iniciada contra las nuevas modalidades de vandalismo de la metrópoli americana, empezando por cohesionar a la ciudadanía entera, o al menos a sus contingentes mayoritarios y decisorios que protestan con denuedo pero en forma todavía dispersa. Entrelazar las querellas de los gremios productivos, de los sindicatos obreros, de las masas campesinas, de las comunidades indígenas, de las agrupaciones de intelectuales, estudiantes y artistas, sin excluir al Clero consecuente ni a los estamentos patrióticos de las Fuerzas Armadas, de manera que, gracias a la unión, los pleitos desarticulados converjan en un gran pleito nacional

II
No transijamos con ninguna de las disposiciones lesivas al bienestar supremo de Colombia. Rechacemos en los diversos foros la grosera interferencia de Washington, cuyo Departamento de Comercio nos tilda de «proteccionistas», cuando a nuestra marioneta la obsesionan los caprichos del librecambio requerido por el Fondo Monetario Internacional. Salgámosle al paso a cada intimidación, como la proferida por el Procurador de la justicia estadinense, quien notificó que su gobierno secuestrará en el exterior a cualquier sospechoso, un típico desmán imperialista, recién ensayado en tierras panameñas, y con el cual se apuntala el dominio no únicamente militar sino económico. Tomemos nota también del plan del Departamento de Defensa yanqui, cuyo resumen fuera publicado por The New York Times, y dentro del cual se subraya cómo Estados Unidos debe «prevenir cualquier desafío que emerja de Europa Occidental, Asia (en particular Japón) o de las repúblicas de la extinta Unión Soviética», es decir, volver a la hegemonía total, erigirse de nuevo en el único árbitro nuclear del mundo, valiéndose para ello del intempestivo desenlace de la llamada Guerra Fría e importándole un bledo los desamores de los aliados de ayer.

Escuchemos la voz de El Espinal, desde donde los empresarios del campo denunciaron la crisis sin precedentes de la agroindustria, «un cuadro que puede derivar en movimientos unificados de imprevisibles consecuencias», según advirtieron. Allí, en concreto, se propuso por algunos sacar a las vías, en vez de las cacerolas venezolanas, los equipos, maquinarias y automotores para exigir un cambio en la pérfida actitud del régimen. Lo mismo que hicieran a principio del año los algodoneros del Cesar, quienes bloquearon con sus tractores y vehículos la transitada arteria entre Bosconia y Codazzi, tras el incumplimiento de las promesas gubernamentales.

Hagámonos eco de la inconformidad de los cafeteros que, desde los ricos hasta los pobres, ven con sorpresa e ira los propósitos de la panda gavirista de los Andes, pues se hallan en peligro los haberes de la Federación, comenzando por el banco de sus transacciones, transfigurado en sociedad mixta conforme al decreto 1748 de mediados de 1991. Se trata de un «irrespeto y una burla», según la enardecida polémica de los caldenses. Resulta obvio que sin aquellos instrumentos o instalaciones, levantados piedra a piedra, durante lustros, dentro y fuera de nuestros linderos, no podría Colombia influir en la comercialización del grano ni negociar con medios eficaces un nuevo pacto mundial del café en Londres.

Seamos solidarios con la mediana y pequeña industria, en especial con las declaraciones de los dirigentes de Acopi, mediante las cuales aquellos vastos sectores, uno de los más golpeados y dispuestos a no asumir una actitud «acrítica y pasiva», coadyuvan, deliberada o indeliberadamente, a exacerbar los ánimos de la sufrida población.

Recojamos, en cuanto rezuman validez, los múltiples pronunciamientos del prepotente gremio de la ANDI acerca del irregular manejo monetario y tributario, la escasez de crédito y estímulos, la competencia desleal y foránea, los malos convenios internacionales y el resto de desatinos de la administración. Así estos estratos altos crean en las supuestas bondades de determinadas medidas del modelo neoliberal, como el flujo franco de las inversiones imperialistas, la privatización de las empresas del Estado o el retroceso en las relaciones obrero-patronales, sus reclamos también caen y caben en la retorta de la resistencia colectiva.

Hasta las asociaciones financieras, los pulpos de la construcción y el gran comercio se quejan y temen. Este último, no obstante haber aplaudido a rabiar la baja o la eliminación de aranceles, la libertad de importaciones y las demás gabelas que le favorecen de la Iniciativa para las Américas, esbozada por George Bush, acabó haciendo una oposición acérrima contra las secuelas o puntos a su juicio adversos de dicho proyecto aperturista, particularmente la proliferación o el acrecentamiento del IVA, por ¡os que clama el ministro de Hacienda, y el consabido descenso de las ventas. Fenalco les sugirió a los afiliados colocar en sus almacenes y en sus casas «cintas verdes», a manera de «símbolo del descontento». ¡Quién lo creyera!

En esta dramática contienda la burguesía personificará siempre al elemento vacilante; pero el proletariado, por esencia, no. A él le corresponde entonces la orientación y animación del movimiento.

EN WASHINGTON SE MAQUINA LA CRISIS DE COLOMBIA

Al acercarse a un siglo y un milenio nuevos, Colombia enfrenta los embates de la recolonización que ha emprendido Estados Unidos. Las abigarradas e intensas contradicciones sociales que ese designio ha generado recientemente, son inequívoco anuncio de que para la gente éste es el tiempo de la resistencia, pues lo que aparece más nítido entre la maraña de acontecimientos es la necesidad de luchar por preservar la soberanía nacional y nuestro derecho a la autodeterminación.

En esa brega histórica, la inmensa mayoría de los colombianos, aquellos que hacen parte de las fuerzas y baluartes que poseen «algún arraigo o entronque con la nación y con su historia», podrán desentrañar la causa real y a los promotores internos y externos de sus males; prevenirse del letargo y la confusión en que los quieren sumir e iniciar la forja de un movimiento de resistencia y salvación nacionales. Esa misma brega será la que cimente las bases para el futuro desarrollo democrático e independiente de la nación.

I
El narcotráfico y los delitos conexos, así como la corrupción en todas sus formas, constituyen problemas nefastos para la marcha y progreso de la sociedad y como tal deben ser combatidos y extirpados sin demoras ni titubeos, pero no a costa de la independencia de la nación, como expresara nuestro recordado líder Francisco Mosquera. La soberanía nacional y no el resto de litigios, por preocupantes que sean o por terribles que se les haga aparecer, es lo primero que, cualquiera sea el desenlace de los actuales sucesos, debe preocupar a los colombianos. Nada más corrupto, antidemocrático y despreciable que embolatar, supeditar y entregar la soberanía e independencia de la nación con la disculpa de que lo prioritario son las hipócritas y mezquinas campañas de moralistas en plan de saciar sus apetitos de poder político y económico. Quienes así proceden entran en los linderos de un delito ante el cual palidecen las actividades de narcotraficantes y corruptos: la traición nacional. No puede existir solución real y verdadera a lo que hoy se discute en Colombia sin la supresión de la creciente intervención norteamericana.

II
Dos son las consideraciones principales de Estados Unidos al formular su estrategia contra el tráfico de narcóticos.

Primero. Si bien éstos se producen en Colombia y otros países de América Latina, necesitan como toda mercancía su realización, es decir, su venta, y ésta se efectúa en Estados Unidos. Es allí donde se genera el caudal monetario del narcotráfico, que según los cálculos más confiables alcanza en Estados Unidos una cifra superior a 200 mil millones de dólares. Suma enorme que circula primero por los vasos comunicantes de la economía norteamericana. Al gobierno gringo le interesa velar porque tal monto de dinero insufle sus redes bancarias y financieras, mas para ello también debe regular la circulación de la droga. Los linces financieros estadounidenses no poseen cortapisas morales ni principios políticos que les impidan que ese dinero repose y adquiera dinámica en Wall Street, y no fuera de allí. Por esa razón el tráfico no se acaba, ni se capturan grandes capos en los Estados Unidos. No es consistente y persistente la política antidrogas del gobierno norteamericano. Quieren regular, controlar y aprovechar el tráfico, no suprimirlo.

Segundo. Utilizar la lucha contra el narcotráfico como estrategia para su intervención política y económica en los diversos países. Blandiendo la amenaza de que es un problema de seguridad nacional para Estados Unidos, la utiliza para quitar y poner legislaciones y legisladores, organismos judiciales con sus correspondientes jueces y fiscales, jefes de policía y funcionarios públicos, incluidos primeros mandatarios. Todo ello con el objetivo de darle curso a su expoliación económica.

III
La Fiscalía echa mano de un sistema acusatorio auspiciado por los Mismos Estados Unidos desde los tejemanejes de la Constitución de 1991 y ejerce su función como un redivivo inquisidor asesorado por jueces encapuchados. Se compran y venden testigos y testimonios, operando la norma del mejor postor y el pago de beneficios. Sobra decir que, como lo demuestran diversos hechos del principal proceso que adelanta la Fiscalía, el postor más poderoso es Estados Unidos, tanto por lo que ofrece como por lo que puede quitar.

El fiscal expresa que no está al servicio de Norteamérica, pero su actividad judicial va dirigida contra las personas, ya sean políticos, funcionarios o delincuentes, que Estados Unidos le señala. Afirma que no recibe presiones de Washington, pero a juzgar por lo actuado esa presión no es necesaria, puesto que existen armonía y coincidencia remarcables con la Fiscalía y otras agencias norteamericanas. La señora Reno lo elogia y aplaude y el subsecretario Gelbard dice que sólo confía en él.

Con razón se ha dicho que el proceso de investigación que adelanta el fiscal Valdivieso arrasa con todo el Estado de Derecho. Esta fascistización de la justicia, en la parte sustantiva y en la de procedimiento, se nos ha presentado como la panacea y a los funcionarios encargados de ponerla en funcionamiento como infalibles moralizadores.

IV
La posición del gobierno de Samper ante la política norteamericana ha sido de acatamiento. Sus afanes han estado dirigidos a darles todo tipo de explicaciones y satisfacciones a los funcionarios de distinto rango de las agencias y departamentos gringos, en una muestra de indignidad política. Dos eventos resaltan la obsecuencia de Samper con los planes neocoloniales del gobierno norteamericano: su aceptación y cumplimiento de la política formulada por Clinton en la Cumbre de las Américas y la aprobación de la estrategia político-militar señalada por la Casa Blanca en la reunión de ministros de Defensa latinoamericanos en Williamsburg, en medio de las felicitaciones del vicepresidente Al Gore tanto a Samper como al ex ministro Botero Zea por los servicios prestados y favores ofrecidos. En la primera aprobó el neocolonialismo en lo económico, en la segunda el neocolonialismo en lo militar.

V
El Salto Social de Samper es a la vez un “aditamento y un cosmético” para la apertura económica que aplicó Gaviria, es decir, dos mandatarios para una misma política. Es diciente que, tras 18 meses de críticas a Samper por parte de los funcionarios al mando en Washington y de columnistas en diarios norteamericanos, éstas no contengan rechazos o quejas sobre su política económica. En lo económico ¡están servidos los señores! No queda duda de que aquí no existe una disputa sobre modelos económicos entre neoliberales extremistas y neoliberales moderados. El capitalismo inherente a la recolonización norteamericana es salvaje por naturaleza, y ése es el capitalismo que aceptan Gaviria y Pastrana, López, Samper y De la Calle, Juan Manuel y Nohemí, todos maleables ante las pretensiones norteamericanas. Las diferencias entre ellos son de menor cuantía, mientras grande es su identidad con la apertura económica y el neoliberalismo.

VI
Consecuente con los anteriores criterios sobre la situación política, que atraviesa la nación y ante las diversas salidas o soluciones que proponen distintas fuerzas políticas y sociales, el MOIR declara:

1. Ya que ninguno de los hechos y aspectos de la economía, la política y la vida social de la nación han estado sustraídos a la injerencia y presencia decisivas que en ellos ha tenido Estados Unidos, los juicios, consultas y fórmulas de solución planteados no conducirán a extirpar los males que impiden el desarrollo económico, político y cultural de la nación. El pueblo debe decidir en primera instancia su rechazo radical al intervencionismo imperial en los eventuales cambios institucionales y políticos de Colombia. Igualmente, debe rechazar todo chantaje, incluido el que viene ligado a la certificación o a la aprobación por parte de Washington de asuntos cuyo tratamiento y decisión incumben soberanamente a Colombia.

2. La actual embestida norteamericana sobre el país se propone un reajuste en el gobierno que proporcione mayor celeridad y eficacia a sus dictados. En las circunstancias actuales persigue un recambio en el poder político, el cual se intenta presentar como una solución cuando en verdad es una continuación de algo que, por encima de uno que otro escarceo, ha practicado Samper, y que constituye nuestro principal problema: la política de sumisión nacional a la superpotencia estadounidense.

3. Es una falacia la afirmación de que la inestabilidad promovida, maquinada y muñequeada por el gobierno de Estados Unidos y sus favoritos obra a favor de 1a nación y el pueblo colombiano. Entonces es mero candor reformista esperar que los fallos judiciales, que arrasan de paso con todo principio democrático en materia de derecho, abrirán espacios que serán llenados mediante un idílico y puro ejercicio democrático por miembros de las fuerzas de oposición. Es equivocado considerar que «la campaña contra la corrupción». la adelantan funcionarios neutrales para fines neutros y no por diablos predicadores alentados por personajes adictos al imperialismo y la apertura.

4. Siguiendo una ley universal, el gran antagonismo que han adquirido las contradicciones internas ha permitido que se ponga al desnudo la mediocridad y mezquindad de espíritu de encumbrados dirigentes, voceros y orientadores de la sociedad. Ya muy pocos precisarán aguzar el olfato para saber de dónde proviene lo que huele a podrido en Colombia. Y, lo que es más importante aún, ha permitido que aparezca con creciente nitidez una verdad elemental: la contradicción existente entre la nación y el imperialismo norteamericano preside y somete a su desarrollo todas y cada una de las demás contradicciones presentes en la sociedad, por lo que la condición sine qua non para la solución de nuestros males de estancamiento material, político y cultural, es el cese definitivo de todas las formas de intervencionismo extranjero en Colombia.

5. La casi totalidad de quienes han venido desempeñando el papel de dirigentes políticos y sociales han desestimado esta verdad que los hechos corroboran tozudamente. Mas lo peor es que muchos de ellos adoptan una actitud de pusilanimidad cómplice, y un puñado, con cinismo y desvergüenza infinitos, ha degenerado en agentes u abogados de la política emitida por Washington. Se debe insistir en la necesidad de señalar que, al impulsar la aplicación de dogmas neoliberales, menoscaban derechos democráticos, permiten el despojo de nuestros recursos y trabajo, y anarquizan la vida social, facilitando así los avances en la toma de la nación por parte de los Estados Unidos.

6. Ya que el programa de la administración Samper, bajo la denominación de Salto Social, acoge y aplica la política que Estados Unidos ha recetado a través del Fondo Monetario Internacional, como las privatizaciones de las empresas y haberes estatales, los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, y el deterioro de los salarios que quedó refrendado en el Pacto Social, llamamos a una verdadera resistencia antiimperialista mediante pronunciamientos y movilizaciones de masas.

El MOIR reitera hoy su convocatoria a los compatriotas, pertenecientes a todas las clases y todas las organizaciones, políticas y sociales que no admiten la opresión nacional a ponerse en pie de resistencia contra las imposiciones económicas, la intervención en los asuntos internos y todas las formas de coacción por parte del gobierno de los Estados Unidos, y contra todos aquellos que coadyuven a esos propósitos imperialistas.

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)
Comité Ejecutivo Central
Héctor Valencia, Secretario General
Bogotá, febrero 9 de 1996.

CENTRALES OBRERAS Y SINDICATOS BANCARIOS RESPALDAN HUELGA EN CAJA AGRARIA

La crisis financiera que soporta la Caja Agraria es el producto de medidas gubernamentales que deterioran la función social que debiera cumplir. De tiempo atrás se ha venido desangrando la institución, cuyos recursos se han destinado a atender desastres nacionales, el problema de los desplazados por el diferendo en la frontera con Venezuela y para paliar los conflictos surgidos de la importación indiscriminada de alimentos.

Ha sido así como el gobierno ha acumulado una deuda con la Caja de 658 mil millones de pesos. Llevada a causal de disolución ha pactado convenios de «recapitalización», que deberían haberle reportado 342 mil millones de pesos, pero sólo han ingresado 5 mil. Fuera de eso, la administración ha asumido actitudes complacientes frente a importantes deudores morosos.

Por ello rechazamos la descabellada pretensión del presidente de la entidad, doctor Carlos Gustavo Cano Sanz, de desmontar la convención colectiva de trabajo, lesionando los más caros interés de sus ocho mil trabajadores. Las centrales obreras CUT, CGTD y CTC, sus organizaciones filiales, así como los sindicatos que agrupan al sector financiero anunciamos a la opinión pública nuestro enérgico rechazo a este atentado y convocamos al conjunto del movimiento campesino y a los usuarios de la Caja Agraria a respaldar la lucha que libran sus trabajadores en defensa de la institución y de sus derechos laborales.

Jornada nacional de solidaridad
La CUT, la CGTD y la CTC han instruido a sus sindicatos filiales para que se vinculen en todo el país a una gran jornada nacional de protesta y movilización en solidaridad con la justa lucha de los trabajadores de la Caja, a partir del momento en que se vean forzados a declarar la hora cero de la huelga nacional. Igualmente en rechazo a la política privatizadora del actual gobierno que atenta contra la soberanía económica del país y los trabajadores, y cobija a otras importantes entidades del sector financiero.

Inminente paro nacional bancario
Doce organizaciones sindicales que representamos a la totalidad de los trabajadores bancarios, hemos ordenado a nuestros afiliados no recibir transacciones de la Caja Agraria, so pena de generar conflictos laborales en las entidades que pretendan realizarlas.

Asimismo iniciamos la preparación de un paro nacional bancario en solidaridad con los trabajadores creditarios, cuya realización estará sujeta a la concreción de un acuerdo satisfactorio que implique la garantía integral de los derechos consagrados en la convención colectiva.
Firman: Luis Eduardo Garzón, presidente de la CUT; Mario de J., Valderrama, presidente de la CGTD; Apecides Alvis F, presidente de la CTC.

Fenasibancol, Aceb, Uneb, Asdecos, Astraban, Adebic, Sintrabancol, Sintraban, Sintracitibank, Sintraprevi, Sintrabanteq, Sintrasudameris, Fedepetrol, Uso, Fensuagro, Sintraiss, Acotv, Sittelecom, Sindess, Sinucom, Fenaltrase y Utradec.

Unidad Cafetera: «HACER EFECTIVA CONDONACIÓN DE DEUDAS»

Condonar las deudas que están por debajo de $ 3 millones, refinanciar los créditos y bajar las tasas de interés constituyen «medidas favorables», dijo Fabio Trujillo, presidente de Unidad Cafetera Nacional, durante el Foro realizado en Manizales el 7 de febrero. “Sin embargo, el gobierno se niega a hacerlas efectivas, y esta demora puede llevar a que las entidades financieras embarguen definitivamente al campesino”.

También el coordinador de Unidad Cafetera, Jorge Enrique Robledo, denunció la tardanza oficial y protestó por el bajo precio interno. “Hay que enfrentar las maniobras de las multinacionales en el mercado mundial. La acción gubernamental no puede limitarse a trasladar al mercado interno los bajos precios que se den afuera”.

Monseñor José Luis Serna, obispo del Líbano, dijo que son casi ocho años «de un viacrucis espantoso» y concluyó que la movilización de los cultivadores es una lucha justa.

El FMI: UNA RECETA DELETÉREA

Por Alfonso Hernández

El Fondo Monetario Internacional, verdugo con ropaje de galeno, aplica sus sapientísimas e invariable fórmulas sin requerir de diagnóstico específico del país paciente. Bien podría, como el médico de la Mama Grande, adelantar sus tratamientos a través de suposiciones, correveidiles y recados. Con actitud adusta y proclamando la necesidad de severos planes de ajuste, prescribe a los pobres la miseria, a las economías languidecientes, la asfixia, y a las naciones que buscan el sendero de su propio desarrollo, las cadenas del neocolonialismo. No pocas veces sus emplastos e intervenciones han desembocado en verdaderas sangrías, como en la República Dominicana hace cerca de diez años y en Venezuela más recientemente.

La Misión Colombia, adscrita al mencionado organismo multilateral, presentó en noviembre pasado a la directiva del Banco de la República, como todos los años, el paquete de «recomendaciones» a las que han de ceñirse durante 1996 tanto el Emisor como el gobierno. Dichas recomendaciones, que pretenden fundamentarse en la urgencia del control de la inflación, poseen tres rasgos característicos.

1. Onerosas cargas para el pueblo
El Fondo exige, nuevamente, enormes alzas en las tarifas de los servicios públicos, en los precios del petróleo y en la gasolina, ya incrementados por la sobretasa en muchos de los municipios, y mayores impuestos. Sin importar que en los últimos cinco años ya se preparan otras dos: una de carácter nacional y otra para los entes territoriales como consecuencia de la reducción, también ordenada por el fondo, de las transferencias de la nación a los municipios y departamentos, a los que pretende forzar a alcanzar la llamada autonomía fiscal. ¡Trago amargo de la política de descentralización!

Desde luego, la rebaja de los salarios es parte esencial del recetario. En él se afirma que el sueldo mínimo sólo debe incrementarse con base en la inflación proyectada. El FMI, instrumento de los monopolios imperialistas, está decidido a reducir los costos de la mano de obra a niveles que hacen muy precaria la subsistencia del proletariado.

2. Mayores restricciones a la economía nacional
A juicio de los cerebros del ente financiero internacional, la economía colombiana debe evitar el gasto, sobre todo el gasto en desarrollo. Por eso ordena ahorrar los recursos del Fondo de Estabilización Petrolera, creado por consejo del Banco Mundial, con el fin de que el país consigne en el exterior los dineros de Cusiana. Con miras a lograr un superávit fiscal, el gobierno debe reducir sus erogaciones, suspender subsidios y cualquier otro apoyo a renglón alguno de la producción nacional.
Cuando la industria y la agricultura, e incluso la construcción, se debaten ante la quiebra por la competencia externa, y entre las pocas cifras que crecen constantemente están las de los concordatos, el FMI exige un drástico ajuste monetario y el aumento de las tasas de interés, que figuran ya entre las más altas del mundo. Las consecuencias no pueden ser otras que la mayor quiebra empresarial y la escalada del desempleo.

3. Aún más ventajas al capital extranjero
El memorando insiste en que se debe acelerar el proceso de privatizaciones. A un Estado cuyos súbditos viven agobiados por la carga impositiva, y que padece un crónico déficit fiscal, se le obliga con el pretexto de superar este desbalance a deshacerse de las pocas empresas rentables como Ecopetrol y Telecom, para entregarlas a las multinacionales que controlan esas ramas de la actividad económica.

Además, el Fondo dispone que, mientras se restringen los movimientos monetarios y crediticios nacionales, se abran las puertas al endeudamiento externo privado a corto plazo, con lo que el capital extranjero alcanzará un mayor dominio sobre los diferentes renglones de la producción del país. Los capitales golondrina, cuyas maniobras especulativas jugaron un papel determinante en la crisis mexicana, tienen franqueado el acceso a la economía de Colombia.

El gobierno de Samper ha venido aplicando, con la sumisión que le es característica, las imposiciones del Fondo Monetario. El alegato del ministro de Hacienda en la carta que le dirige al presidente de la Misión Colombia, Paulo Neuhaus, es sólo para reclamar que se le reconozca que ha cumplido el mandado a cabalidad.

Los prepotentes economistas del imperialismo están notificados de la decisión de los colombianos de rechazar sus planes de desajuste. Esto es lo que indican las luchas de los trabajadores de Ecopetrol y de la Caja Agraria. La perentoria advertencia viene también de los asalariados del sector eléctrico del Ecuador, de los proletarios del petróleo en el Perú, de los mineros de Chile, de los habitantes de las favelas de Río, y de las gigantescas protestas del pueblo de Córdoba y otras provincias de Argentina. Es cierto que los tejemanejes del Fondo Monetario acrecen las ganancias de los magnates, pero, como contrapartida, están adunando las voluntades de los pueblos latinoamericanos en contra de sus fechorías.