OFENSIVA PRIVATIZADORA EN UNIVERSIDADES PÚBLICAS

Por Paula Ganitsky

La Universidad Distrital, entre otras muchas, es víctima de la política privatizadora, que persigue entregar las universidades públicas a «las leyes del mercado», sustituyendo la financiación estatal por el alza de matrículas, la venta de cursos e investigaciones y el endeudamiento de los estudiantes y sus familias con préstamos que deberán ser pagados a altas tasas de interés.

Con el pretexto de que la corrupción es un hecho corriente en la Distrital, se ha adelantado una campaña de desprestigio contra la institución, amenazando con su cierre inminente en caso de no adelantarse la reforma de la misma para convertirla en una empresa comercializadora de mercancías educativas. En pocas palabras, avanzar a grandes pasos con la privatización.

La pregunta sería: ¿porqué los lineamientos de educación son diseñados por agencias imperialistas y el gobierno les da todo su respaldo? El imperialismo exige que el gobierno disminuya el gasto público, y una forma de hacerlo son las privatizaciones. Pero no contento con esto, ordena que la mano de obra tiene que ser sumamente barata y por eso el estudiante no puede aspirar a muchos conocimientos, lo cual se puede comprobar con los nuevos pénsum de las carreras, que niegan el conocimiento científico para orientarse solamente a lo requerido por las empresas trasnacionales.

Se trata de poner la universidad al servicio de los intereses privados monopolistas, del capital financiero internacional, y convertirla en «uno de los ejes vertebrales del desarrollo social, político, económico y cultural en el contexto del mundo globalizado».1

En contra de esta política, los estudiantes han iniciado un proceso de discusión, organización y combate, en asambleas, reuniones, mítines y protestas, que han tenido su mayor expresión en la movilización del 6 de septiembre, durante la cual se hizo entrega al rector del Pliego de estudiantes Universidad Distrital. En él se recoge la exigencia de financiación total por parte del Estado, el rechazo a las prácticas privatizadoras, la democratización de la Universidad, la necesidad de organización, el reclamo de una educación científica y el rechazo al Plan de Desarrollo de la Universidad Distrital, que recoge sin reserva alguna la totalidad de las imposiciones del Banco Mundial.

El éxito de la defensa de la Universidad sólo puede ser resultado de la lucha de los sectores interesados en su existencia, y principalmente del estudiantado. Si la queremos llevar a cabo, debemos adelantar las tareas necesarias para construir una organización estudiantil independiente y democrática, que juegue el papel que le corresponde en contra del atraso y la dependencia económica y por el desarrollo de la ciencia, en la búsqueda de una Colombia soberana, con una economía firmemente asentada en el fortalecimiento de sus propias potencialidades económicas, la elevación del bienestar del pueblo y la defensa de la producción nacional.

La Juventud Patriótica, organización del MOIR, lucha por una educación gratuita, científica y al servicio de las masas e invita a los estudiantes colombianos a unirnos férreamente para la defensa del siguiente programa:

1. Educación gratuita, con adecuada financiación estatal a todos los niveles.

2. Fortalecimiento de la universidad pública, con suficiente dotación e inversión y profesorado tiempo completo.

3. Ampliación de la cobertura.

4. Sistemas de bienestar estudiantil, con residencias, restaurantes, fomento del deporte y actividades culturales.

5. Congelamiento de matrículas en la universidad pública y rebaja progresiva de las mismas hasta la completa gratuidad.

6. Dirección colegiada democrática, con participación mayoritaria de profesores y estudiantes, elegidos popularmente. Creación y fortalecimiento de consejos estudiantiles.

7. Investigación científica independiente de condicionamientos y al servicio de la nación.

NOTAS

1 Universidad Distrital FJC, Plan de Desarrollo 2001 – 2005, Educación de calidad para la equidad social.

CON EL PARO AVANZO LA RESISTENCIA CIVIL EN EL CAMPO. LLAMADO A LA UNIDAD EN DEFENSA DEL AGRO

Comunicado suscrito en Ibagué, el 10 de agosto de 2001, por Ángel María Caballero y Jorge Enrique Robledo, presidente y secretario de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria.

La mayor movilización realizada en Colombia en defensa de la producción agropecuaria concluyó con un éxito indiscutible. Porque desnudó la pavorosa crisis de cafeteros, paperos, arroceros, lecheros, algodoneros, paneleros, maiceros y del resto del agro; comprobó el acierto de las peticiones que motivaron la protesta; demostró que sí es posible unir en un solo haz de voluntades a campesinos, jornaleros, empresarios e indígenas y evidenció que existe una organización gremial de carácter nacional capaz de coordinar los esfuerzos de muchos en una misma dirección y de ganar la solidaridad de la gente de bien de todo el país.

En actos de ejemplar valor civil y patriotismo, miles y miles de colombianos de 250 municipios, en dieciséis departamentos, se manifestaron en vías y plazas de la república y se plantaron en 30 puntos de las carreteras de Colombia, exigiéndole al gobierno de Andrés Pastrana Arango la modificación sustancial de la política neoliberal que ha sumido al agro y al país en un gran desastre, el cual alcanzará proporciones incalculables si no se toman los correctivos del caso.

El Paro Nacional Agropecuario fue fruto del esfuerzo de las diferentes agremiaciones que conforman la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, con el respaldo de una diversa gama de organizaciones regionales y de algunas de las que hacen parte del Consejo Nacional Campesino. Además, la lucha se libró acompañada de un apoyo nacional pocas veces visto en el país: gremios, personalidades, sindicatos, asociaciones, cooperativas, asambleas departamentales, concejos municipales, gobernadores, alcaldes, curas párrocos, jerarcas de la Iglesia y medios de comunicación, de una u otra manera expresaron su simpatía o respaldo a la protesta.

Aislado como nunca quedó el gobierno de Andrés Pastrana, reconocido continuador de las políticas de apertura y privatización dictadas y mantenidas desde hace una década por el Fondo Monetario Internacional. De nada le valió al pastranismo su tentativa de confundir a los colombianos con medidas y afirmaciones que nunca pasaron de ser fugaces cortinas de humo diseñadas para ocultar que sus políticas conducen a la definitiva destrucción del aparato agropecuario nacional y de la producción de todo el país. Y la indignación de los colombianos llegó al colmo cuando la Presidencia de la República —pasando por encima de gobernadores y alcaldes— ordenó reprimir con brutalidad y saña a unos labriegos que protestaban a pecho descubierto e inermes, represión que produjo decenas de contusos, heridos y presos y la ignominiosa muerte de los campesinos huilenses Víctor Mauricio Carvajal y José Guzmán, razón principal, junto a su pliego departamental, para que la Asociación Agropecuaria del Huila mantenga algunos bloqueos en vías principales de la región.

La amplitud de la acogida se explica por la justeza de los objetivos del paro, dirigidos a lograr del Estado el soporte que el sector requiere para salvarse y prosperar: cese de las políticas que fomentan la importación de millones de toneladas anuales de productos que en sus países de origen reciben cuantiosos subsidios directos que ya llegan a los 370 mil millones de dólares anuales o que, en otros casos, se obtienen a bajo costo por la extrema miseria de los productores; precios de sustentación que garanticen una rentabilidad justa para la inversión en el agro; crédito suficiente, oportuno y barato; control a los aumentos en los precios de los insumos, los impuestos, los combustibles y la energía eléctrica; que se financien adecuadamente la investigación científica, la asistencia técnica y la ampliación y mantenimiento de distritos de riego; condonación de las deudas bancarias del sector, como medida excepcional por ser hoy impagables, y fin de los procesos judiciales contra los deudores.

También se plantea que se atiendan los reclamos democráticos de las comunidades indígenas y se aplique la Ley 40 de 1990, la cual prohíbe la elaboración de panela falsa en los derretideros de azúcar y su producción a escala industrial. Y se rechaza que se vincule el país al ALCA, porque ello significaría eliminar los aranceles y las cuotas de importación, que sería el fin de la producción nacional que hoy penosamente sobrevive en el campo.

Además, en cuanto a las 560 mil familias cafeteras se pugna porque el gobierno le transfiera suficientes recursos al Fondo Nacional del Café para elevar de manera inmediata el precio interno y que encabece el reclamo de los países productores ante los gobiernos de Estados Unidos y de los demás países desarrollados en contra de la agresión económica que significan sus estímulos a la superproducción mundial del grano.

Lo que sigue es promover la unidad más amplia y democrática que pueda concebirse con la totalidad de las organizaciones vinculadas a la producción rural —agremiaciones, sindicatos, cooperativas, resguardos indígenas, etc. —tendiente a realizar un gran congreso nacional agrario en el que se busquen coincidencias y se propicien acuerdos frente a la actual política agropecuaria con miras a que, con el respaldo de todas las fuerzas sociales, políticas y religiosas interesadas en el progreso de la nación, nos empeñemos en las tareas que permitan sacar el agro de la postración en que se encuentra.

«LOS PUNTOS PROGRAMÁTICOS DE SALVACIÓN AGROPECUARIA, MÁS VIVOS HOY QUE NUNCA»

El paro agropecuario en Antioquia

Taponadas principales arterias del suroeste

«Soy un enamorado de estas tierras, pero el banco sigue empeñado en que me saca», dice Esteban Restrepo, joven caficultor de Andes, de la vereda Guaymaral, cuya finca es una de las casi 300 que están para remate en ese solo municipio. La suya es una tierra de ladera trabajada empeñosamente por tres generaciones. Aun cuando el avalúo en catastro pasa de 120 millones de pesos, el juzgado la está feriando al 40% del valor. Ya Restrepo ha tenido que ir vendiendo la maquinaria del beneficiadero para empezar a amortizar la enorme deuda con el banco –62 millones de pesos. En una breve frase resume su tragedia: «Esta finca, mi abuelo la fundó, mi papá la consolidó y yo la estoy perdiendo».

El viernes 27 de julio, durante las jornadas preparatorias en las que Salvación Agropecuaria se lanzó a promover el paro, la Unidad Cafetera Nacional y el Grupo Candela* llamaron a la desobediencia civil para impedir los desalojos y remates que arrancaban esa mañana. Centenares de campesinos se plantaron frente a las puertas del juzgado y coronaron su objetivo.

La victoria infundió más ánimos a los miles de productores, ya resueltos a salir al combate. De las 75 veredas de Andes, estuvieron presentes en el paro delegaciones de cincuenta.

Misa de despedida

Desde esta misma población emprendieron camino el lunes por la noche 45 buses de escalera —cuyo alquiler costó en total trece millones—, con dos mil campesinos provenientes de siete municipios. Monseñor Jorge Álvarez, párroco de Andes, les celebró una misa hacia las nueve y, antes de despedirlos, les impartió la bendición.

Otras diez escaleras, llenas a reventar, trasladaron a la gente de Pácora y Aguadas, Titiribí, Santa Bárbara y Abejorral. Los unos y los otros fueron distribuidos en tres cruces, La Pintada, Puente Iglesia y Bolombolo, taponando los puentes que atraviesan el río Cauca.

El bloqueo entrañaba complejidades de logística, mucho más intrincadas por la severa crisis que afecta a la región. Buscando resolverlas, un grupo de activistas de Salvación Agropecuaria recorrió las veredas durante dos semanas en colecta de víveres. La USO, Adida, el movimiento sindical y la Cooperativa Cafetera Municipal de Andes, la mayor de su clase en el país, le brindaron al paro un fuerte apoyo financiero. Salvo contadas excepciones, los alcaldes del suroeste también prestaron su valioso concurso.

En el transporte y ayuda solidaria sobresalió el Grupo Candela, con Luis Norberto Restrepo a la cabeza. Seis de sus líderes, propietarios de fincas, le donaron al comité preparatorio quince reses y cinco cerdos.

El comité estuvo integrado, en representación de Unidad Cafetera, por Eugenio Ramírez, su presidente en el departamento, y Jorge Gómez, coordinador. Por Andes, Luis Norberto Restrepo, Jorge Escobar y Gabriel Gaviria. Por Támesis, Bernardo Restrepo y Javier Jaramillo. Por Pueblorrico, Noé Velásquez y Silvio Foronda. Por Tarso, Edith Nora Arcila y Emiro Valle. Por Betania, Pablo Álvarez y Johann Sánchez. Por Jardín, Nabor Giraldo y Gustavo Araque, y por Aguadas, Caldas, Aurelio Ramírez.

Al frente de los cuatrocientos indígenas embera-chamíes estuvieron el gobernador del Resguardo de Cristianía, Amado Carupia, y los dirigentes Rosa Elena Yagarí y Albeiro Tascón.

Arremete la policía

El paro en La Pintada se inició a medianoche, el martes 31. Todo ese día se mantuvo el bloqueo, pese al continuo hostigamiento.

Durante la segunda madrugada, la fuerza pública lanzó una operación envolvente con tres tanquetas y doscientos antimotines. La tensión siguió en alza hasta las seis y media de la mañana. A esa hora, el coronel amenazó por el micrófono: «Les damos diez minutos para desalojar». Transcurrido este plazo, volvió a oírse su voz por el parlante: «¿Qué respuesta me tienen?» En las carpas, allí delante, se escuchó un grito unánime: «Nos quedamos aquí». La policía, de inmediato, cargó contra la gente, saturando de gases la calzada y arrasando cambuches y fogones. Allí quedaron detenidos Jorge Gómez, la indígena embera Emilse Panchí, Javier Gaviria, Antonio Noreña, Mónica Franco y Viviana Restrepo.

La arremetida sembró algún desconcierto en los momentos iniciales, pero la multitud tornó a agruparse y taponó otra vez la carretera. Desalojados de un trayecto, los campesinos volvían a instalarse a pocas cuadras.

El jueves 2 de agosto, hacia la una de la tarde, irrumpieron de nuevo las tanquetas, lo que obligó a la gente a retirarse a unos potreros aledaños. El paro agrario en La Pintada logró llevar su resistencia hasta el viernes 3 de agosto a las dos de la tarde.

En Bolombolo, el martes, la policía entró a patadas y a bolillo, apoyada por las tanquetas, y alcanzó a despejar la carretera, aunque los dos millares de personas permanecieron agrupados coreando consignas y exigiendo negociación. Después de larga puja se llegó a un primer acuerdo con el coronel Galvis, que mandaba el operativo: cinco minutos cada hora, sería abierto el paso.

El miércoles, temprano, se apareció el coronel Arias y ordenó destruir fogones y cambuches. Gabriel Gaviria y algunos otros líderes se acercaron a protestar por el incumplimiento del acuerdo, y entonces Arias les gritó:

—Traigo una orden presidencial y me importan un c… los negocios que hayan hecho con Galvis.

—No es sólo Galvis, coronel –le replicó Gaviria—. Los alcaldes son los garantes del acuerdo. Vamos a hablar con ellos.

—¡Ja! Los alcaldes valen huevo.

Dos concejales de Andes, Manuel Felipe Suárez y Jaime Henao, intentaron reunir a la gente un kilómetro más allá, sobre la ye que sale hacia Concordia, pero la policía lo impidió.

El alcalde de Andes, Jaime Arbeláez, llegó poco después con las volquetas del municipio a trasladar a los labriegos de regreso a sus casas.

Buen balance

El séptimo aniversario de la muerte de Francisco Mosquera, el jefe del MOIR, se conmemoró frente al puente de La Pintada la noche del miércoles 1º de agosto. Ante los más de mil agricultores que ocupaban la vía, Jorge Gómez, el secretario regional, se trepó encima de un vehículo y desde allí explicó quién era el dirigente fallecido y por qué se exaltaba su memoria. Como cierre del acto resonó por el río Cauca la hermosa música de La Internacional, himno desconocido para la mayoría de la gente.

Dirigentes de Unidad Cafetera y otras agremiaciones hicieron un balance del paro. «Avanzamos en combatividad, conciencia y organización», expresa Rigoberto Hernández, de Unidad Cafetera de Andes. «Para todos nosotros fue una experiencia diría que invaluable —anota Héctor Darío Rendón, secretario de la Liga de Usuarios del mismo municipio—. Aprendimos muchísimo, entre otras cosas, a distinguir al enemigo».

«Quedó muy arraigada entre la gente la convicción de que el único método correcto es el de la lucha de masas —dice Gabriel Gaviria—. Para el próximo paro, lo que nos proponemos es atraer mucho mayor fuerza».

Un trovero profesional, Gustavo Zapata, que animó la jornada en Bolombolo desde la medianoche del martes, evoca emocionado: «Fue muy bella esa convivencia y enorme el espíritu de solidaridad que uno veía en los fogones».

Marino Zapata, dirigente de Asocomunal de Andes, que reúne 74 juntas, recuerda que al principio se creó cierta confusión. «Cuando la policía cargó contra nosotros, los ánimos fluctuaban entre el asombro y el temor, pues nadie imaginó que fuera a ser tan agresiva. Pero después la gente logró sobreponerse y continuar la resistencia. Hombre, y resulta que ahora a todo el mundo como que se le abrieron las ganas de seguir reclamando los derechos».

Luis Norberto Restrepo comenta: «Es la primera vez que tomo parte en un paro agropecuario de estas magnitudes, y me causó sorpresa e indignación el modo tan salvaje como el gobierno atropelló a los campesinos, congregados de manera pacífica. El desorden lo puso fue el gobierno. La policía se robó la comida, nos averió los carros y nos quemó los maletines donde traíamos la ropa. Eso fue un acto de barbarie».

También Jaime Arbeláez, el alcalde conservador de Andes, censuró lo excesivo del ataque y apoyó como justos los principales puntos de Salvación Agropecuaria.

«¿Cuándo vamos p´al otro?, es lo que a uno le preguntan en el campo», resume Luis Norberto Restrepo.

* Cafeteros de Andes, hoy Grupo de Apoyo Cafetero del Suroeste.


La crisis tocó fondo entre los productores de Andes. Cunde la desocupación. Los bancos de la plaza permanecen vacíos, cierran cada semana decenas de negocios y, en los medios rurales –salvo en cosecha cafetera–, tan sólo una persona de cada cuatro goza de algún empleo, así sea por dos o por tres días a la semana. Tan grave es lo que ocurre, que multitud de jornaleros cumplen las ocho horas sólo por la comida.

Se ha perdido la dieta básica o, en más crudas palabras, el campesino está aguantando física hambre. Por lo costoso del transporte, el campesino casi no usa ya las escaleras para bajar al pueblo. No pocas veces, una sola persona, en mula o a pie, hace el mercado para varias familias.

El trueque es habitual, como en la Antigüedad. El campesino cambia su pancoger por azúcar y aceite, legumbres y revuelto.

Cada fin de semana, los carniceros hacen lo que ya se conoce como la polla de la carne. A cincuenta, cien y doscientos pesos la boleta, según la calidad, se rifan unos kilos entre los centenares de familias.

33 bloqueos en todo el país durante el paro agropecuario

«Cuando el departamento de Boyacá, la cuna de la libertad, sale a la lucha es porque algo profundo está ocurriendo», manifestó Tarcicio Cuervo, líder de los pequeños y medianos papicultores que lograron paralizar por ocho días la carretera Bogotá-Tunja-Bucaramanga, en cercanías de Ventaquemada.

Hubo también bloqueos en Moniquirá, Togüí, Belén, Saboyá y San José de Pare, en Boyacá; Barbosa, Cite, Puente Nacional, Oiba y San Gil, en Santander; Sincerín, corregimiento de Arjona, en Bolívar; El Palo, en Caldas, con participación de trece municipios; Timbío, en Cauca, con delegados de ocho poblaciones, dirigidos por Agropemca, que reúne a los pequeños y medianos agricultores; La Virginia, en Risaralda, con labriegos de dieciocho localidades y la presencia del Consejo Regional Campesino, las comunidades indígenas y el Comité de Ganaderos; La Ye, Puente El Patá, El Tejar, Timaná y Puerto Seco, en Huila, donde más de diez mil agricultores mantuvieron el paro durante dieciocho días; Chachagüí y El Pilón, en Nariño; Calarcá, Quindío, sobre la vía que sube hacia La Línea; Lérida, Fresno, Cajamarca y Saldaña, en Tolima, este último hasta el viernes al mediodía; Villeta, Villapinzón y Sibaté, en Cundinamarca, y La Pintada, Puente Iglesia y Bolombolo, en Antioquia.

Con diez tractores y buen número de vehículos, los maiceros de Córdoba organizaron una marcha en Cereté. También con sus desmotadoras y tractores desfilaron por la capital del Cesar los arruinados algodoneros, quienes mostraron la dramática bancarrota de la producción, que cayó de 70 mil hectáreas a sólo 1.200 este año. Los agricultores del departamento del Magdalena organizaron resonantes marchas en Aracataca, Fundación, Ciénaga y Santa Marta.

En el Valle del Cauca, se hicieron mítines sobre la vía a Palmira y en la doble calzada que conduce a La Paila.


El 1o. de septiembre, en Ibagué, sesionó la junta directiva de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, con la presencia de 146 delegados en representación de 34 organizaciones. Los asistentes convinieron en centrar sus esfuerzos en las tareas de crecimiento, con el fin de ir paso a paso consolidando la propia fuerza. Aprobaron por unanimidad dar vía libre al Congreso de Fundación de la Unidad Nacional de Papicultores, que tendrá lugar en el departamento de Boyacá, en el mes de noviembre. Y, como aspecto cardinal de las conclusiones, acordaron por unanimidad convocar el Congreso Nacional Agropecuario, que será el más amplio y unitario de que se tenga noticia en la historia de Colombia.

Instaló la junta nacional el presidente de Salvación Agropecuaria, Ángel María Caballero, quien a lo largo de su discurso declaró:

«Los puntos programáticos que enarbolamos durante el Paro Nacional Agropecuario siguen más vivos hoy que nunca».

«Se han perdido en el campo un millón de empleos y se ha dejado marchitar la producción nacional, al irla remplazando por alimentos extranjeros. No están creciendo ni el café, ni el arroz, ni las exportaciones de banano. Entonces ¿cuál reactivación?»

«A países como Colombia, la Organización Mundial del Comercio los obligó a eliminarle al campo los subsidios, pero la misma OMC permite que los productores de Estados Unidos y otras naciones ricas sigan disfrutando de ellos».

Al rematar su enérgica denuncia con un rechazo al Plan Colombia, Caballero llamó a emprender por todo el país una jornada de protesta contra el ALCA, el acuerdo de libre comercio impulsado por Estados Unidos y que le dará el puntillazo a la producción nacional.

El paro en Villeta, Cundinamarca

36 horas de altiva resistencia

Disparadas a ras y a lo más denso del gentío, las cuatro latas salieron a presión y anegaron el sitio con humo lacrimógeno. Los mil perplejos campesinos, que por primera vez sentían su escozor, se replegaron hacia arriba, doblados de la asfixia. Tras quedarse al acecho unos minutos, la gran tanqueta negra embistió recia contra la barricada, quitando con la pala los gigantescos bloques de concreto, y enfiló hacia el rellano, seguida de no menos de cien antimotines. Eran las cuatro y once de la tarde. Agrupándose en torno a los cambuches, la multitud se quedó inmóvil, todo el mundo a la expectativa.

Desde dentro de la tanqueta, el coronel dio dos minutos por el altoparlante. Nadie pareció oírlo, y el robusto aparato, en viva arremetida, se metió entonces dando giros a destruir las enramadas y a tirar por el suelo los fogones, donde en indios inmensos humeaba el almuerzo.

Las filas de camiones calentaron motores y empezaron a circular en ambas direcciones. Justo en aquel instante, un tropel de muchachos se volcó a hostilizar a los choferes, ocupando un trayecto de la vía, y el coronel, al darse cuenta, se lanzó a perseguirlos. Un error infantil, pues al irse escudando a los camiones, atraído como una mosca por los grupos de jóvenes que se alejaban hacia el alto, el genial estratega en la tanqueta se aisló de sus líneas. Cuando advirtió su yerro, ya estaba distanciado por lo menos quinientos metros. En la parte de abajo, mientras tanto, otros piquetes de activistas, aprovechando la ocasión, obligaron a seis choferes a atravesar sus mulas. Eran las cuatro y veinticinco.

Tanqueta y coronel quedaron encerrados entre las filas de camiones y en un recodo muy estrecho. El resto de su fuerza, bastante dividida, no tuvo más remedio que desplazarse hacia el rellano.

Cuando el brioso piquete de muchachos llegó corriendo a dar el parte, se oyó un fuerte rugido de alegría. Los cientos de labriegos, que formaban ahora una herradura frente a la débil línea policial, no cabían en sí de excitación. En cosa de minutos, la derrota se les había transformado en victoria.

Don Anatolio, «berraco y con más ganas»

Por la unidad, por la denuncia, por la presencia altiva en los bloqueos de millares de mujeres y hombres, la airada protesta de Salvación Agropecuaria cumplió sus objetivos iniciales.

No fue menor el éxito de la acerada propaganda. Desde varias semanas antes, la noticia se regó como pólvora por todo el Gualivá. Se repartieron boletines, se pegaron carteles, se hicieron asambleas, se predicó en los púlpitos, se habló en las emisoras. Impulsándose al eco de los altoparlantes, que atronaba en los cerros, camionetas y yips se perdieron a veces por trochas sumergidas en caña panelera. Tan grande fue el impacto, que en varias reuniones, ya todo el vecindario en plan de broma, se empezó a hablar en clave.

—Aquí en Cocunche –preguntaba don Isaac, al hacer el listado de los participantes— ¿quiénes son los que el martes van a ir a la fiesta donde don Anatolio?

Y, en lógica chuscada, los paisanos que no habían podido ir al bloqueo lo atajaban por el camino, al sábado siguiente:

—Y qué, don Isaac —le preguntaban, socarrones—, ¿salió don Anatolio muy aplanchado de ese baile?

—No, aplanchado no –les respondía el dirigente—. Lo que salió fue muy berraco ¡y con más ganas!

***

Cristoviejo. Miércoles, 1º de agosto, dos y media de la mañana. Baja del cerro un viento frío y una lluvia ligera cae sobre las carpas. Decenas y decenas de personas se encuentran dormitando, tendidas sobre plásticos, pero algunas prefieren levantarse y se arriman a los fogones a calentar el cuerpo. En dos o tres de ellos se está sirviendo apenas la comida. Es otra vez sancocho, el plato de las huelgas, pero con buena carne, obsequio del comercio de Villeta. «Se puede repetir», anuncia a gritos la patrona.

Resguardados bajo un alero y hablando entre susurros, un puñado de hombres aquilata el qué hacer cuando despunte la mañana. Y en vívido contraste, a unos metros, Chucho ajusta dos horas ensartando sin pausa chistes verdes, todos algo subidos y aclamados con gritos exultantes y explosiones de risa.

Guitarra en mano y afinando las voces, se preparan Arcadio y don Vicente.


La provincia panelera del Gualivá madrugó el martes 31 de julio a la importante cita en Cristoviejo, una explanada que da a la carretera Bogotá-Medellín, dos kilómetros arriba de Villeta.

Útica estuvo encabezada por John Ávila, presidente del Concejo. Villeta, por Guillermo Gaitán. Quebradanegra, por Jesús Romero y el concejal Jairo Hernández. La Vega, por Carlos Cruz. San Francisco, por el párroco Luis Eduardo Orjuela, quien llegó a la cabeza de dos buses. Nocaima, por el ex alcalde Hernando Gaitán y los dirigentes Noralba Gaitán, Isaac Pinzón y Elvira Urrea. Vergara, por Alcira Velásquez. Nimaima, por Hernando García, y La Peña, por José Miguel Garzón y Luis Hernández, presidente del Concejo.

La resistencia se prolongó hasta el miércoles 1º de agosto, a la dos de la tarde, cuando los cientos de labriegos fueron desalojados por policía antimotines e infantería del ejército, apoyadas por la tanqueta lanzagases y por un tanque cascabel con ametralladora punto 50. En los desmanes policiales del martes resultaron heridos Libardo Martínez, de Villeta, y Luis Ángel Muñoz, de Quebradanegra

CONGRESO NACIONAL AGROPECUARIO

Convocatoria

Comunicado suscrito por Ángel María Caballero y Jorge Enrique Robledo, presidente y secretario de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, el 1o. de septiembre de 2001 en Ibagué.

Cada día los colombianos conocen y comprenden más la muy grave crisis que sufre el sector agropecuario. La reducción del área cultivada, el aumento de las importaciones, el incremento del desempleo, la caída de las utilidades de los sectores sobrevivientes y el agravamiento de la pobreza y la miseria son los hechos que amplían la corriente de opinión que pide profundas modificaciones en la política agraria nacional. También aumenta el acuerdo en torno a que el desastre tiene origen en las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional y en que, de no modificarse éstas, los problemas deberán acentuarse y, con ellos, los de toda la nación.

Además, avanza la unidad de campesinos, jornaleros, indígenas y empresarios en la búsqueda de que se defina una política de Estado que le ponga coto a la avalancha de importaciones agropecuarias, asegure precios de sustentación remunerativos y estables, ofrezca créditos abundantes y baratos, condone las deudas bancarias del sector, controle los costos de producción, garantice la investigación científica y la asistencia técnica, respalde el mantenimiento y construcción de distritos de riego, atienda las peticiones democráticas de las comunidades indígenas y resuelva positivamente los demás reclamos de los productores y regiones en defensa del agro.

Pero contrario a lo que se requiere, el gobierno de Andrés Pastrana Arango insiste en las mismas orientaciones que han fallado para mantener y desarrollar el agro nacional, como bien lo ilustra su decisión de incluir a Colombia en el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, pacto que profundizará la apertura a las importaciones provenientes de naciones que les ofrecen grandes subsidios a sus agricultores y ganaderos o que producen con mano de obra de costos bajísimos, que impondrá una mayor disminución del respaldo estatal a los productores y que especializará al país en cultivos tropicales, los cuales sufren, agravadas por la indiferencia oficial, por las manipulaciones de su comercio y producción por parte de las trasnacionales.

Ante estas realidades, hemos decidido convocar el más amplio Congreso Nacional Agropecuario que pueda concebirse, en el que puedan participar, sin distinción alguna, todas las organizaciones del sector y todas las personalidades interesadas en su suerte, con el propósito de agrandar la base social de la resistencia civil a las políticas neoliberales, a partir de unirnos en el programa específico y las tareas democráticas capaces de sacar el campo de la encrucijada en que se encuentra. Dicho congreso se realizará en Bogotá, el día 18 de octubre de 2001, a partir de las 9 a.m., evento al que le estamos extendiendo cordial invitación.

«ANTES LOS AGRICULTORES ESTABAMOS DORMIDOS»

Luego del Paro Agrario ha tenido lugar un hecho de enorme significación: las vívidas reuniones de los agricultores para evaluar su lucha. La primera lección es que la brutalidad con que el gobierno de Pastrana trató la protesta, lejos de doblegarlos, se convirtió en poderoso acicate para futuras contiendas y les sirvió para identificar quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Como nota común, en los distintos análisis se destaca el gran aprecio que Salvación Agropecuaria ha ganado entre los productores del campo.

En Villeta, en emotiva reunión de unos 150 labriegos celebrada en una cancha de tejo ubicada en el propio Mercado de la Panela, luego del informe del doctor José Fernando Ocampo, coordinador departamental de Unidad Panelera, don Jesús Romero, de Quebradanegra, y uno de los pilares de la naciente organización en el Gualivá, expresó con sencillez: «Lo importante fue que pudimos convivir sin importar el color político, ni otras diferencias. El paro nos dio la pauta para saber qué es el pueblo y qué es la oligarquía; aprendimos a protegernos unos con otros y hemos cogido experiencia para ser más fuertes la próxima vez».

Como la arrogante actitud del gobierno de no dar respuesta a una sola de las exigencias de los cultivadores preocupaba a algunos, don Guillermo Gaitán, también líder de Unidad Panelera, tranquilizó a sus compañeros: «Más tarde nos vamos a dar cuenta de que el paro fue un éxito, así hoy haya quienes se sientan derrotados». Y ante la patraña oficial acerca de que el paro lo manipuló la guerrilla, objetó rotundamente: «Esa es una disculpa para impedir las luchas», y agregó: «Debemos seguir apoyando al doctor Ocampo; ahora tenemos un líder, que ha demostrado que sí está al lado de nosotros». Un agricultor mencionó que el gobierno también dijo que el paro fue movido por intereses políticos y electorales: «Pues si son intereses políticos, estamos en condiciones de someternos a un cambio; yo no dudo en apoyar al que llegue a aportarnos, y si viene la maquinaria política ya no va a ser como antes».

Un dirigente anotó que el paro le hizo darse cuenta de cuál es el «Estado social de derecho del que tanto hablan. Estamos ante un Estado apático, al que no le duele la gente. Un Estado de represión. Nos quedó la enseñanza de para qué sirve el gobierno que hemos elegido. Lo que tenemos es que formar más líderes y tener mayor organización». Y otro remató: «Nos quedó el sabor de que el gobierno no quiere saber nada del campo».

Al rayar la una de la tarde, cuando la mayoría debía emprender el regreso a las veredas, sus afanes se concentraron en definir qué hacer para enviar una buena delegación a Ibagué, a la Junta Nacional de Salvación Agropecuaria, el 1 de septiembre. Alguno propuso que para ello se apropiaran unos dineros conseguidos para el paro y que no se habían gastado; la aprobación fue unánime. Además, todos acogieron clamorosamente la propuesta hecha por uno de los más pobres: «Hay que empezar a aportar para constituir un fondo con el cual cubrir los gastos que se vienen y continuar la lucha».

Ventaquemada

Al balance de Ventaquemada, escenario de uno de los más multitudinarios bloqueos, asistieron paperos de ese municipio y de Sibaté, Gachancipá, Villapinzón, Chocontá, Tuta, Paipa, Siachoque, San Pedro, Belén, Toca. El acto lo presidieron los dirigentes Jorge Robledo, Tarcicio Cuervo, Fulvio Ávila, Alberto Caro y Víctor Dávila.

Robledo profundizó en los puntos del comunicado de balance, publicado en El Tiempo; diseccionó los últimos diez años de política antiagraria oficial, ruinosos para todos los sectores; habló de los antecedentes de Salvación Agropecuaria; y enfatizó en que ésta es una organización de lucha, de resistencia civil, y absolutamente independiente del gobierno. Resaltó la ejemplar batalla de Ventaquemada, la cual, dijo, aumentaba su certeza de que a la larga vamos a ganar y les aseguró a los cultivadores que podían estar tranquilos porque los jefes de la organización «están en esto de verdad».

Tarcicio Cuervo, un papicultor que desde cuando tuvo noticia del paro se entregó a prepararlo, manifestó: «En Boyacá somos 16 mil paperos, casi todos pequeños y medianos. Con las políticas estultas de estos vendepatria, los primeros que caemos somos los pequeños. En buena hora apareció Salvación Agropecuaria; si no participamos en ella vamos a terminar hundidos. Debemos crear una organización, llámese como se llame. Fedepapa, amangualada con el gobierno, no ha hecho sino ayudar a quitarnos los derechos». Ante una pregunta sobre las reuniones sostenidas con el Ministerio de Agricultura, Cuervo fue claro: «Las comisiones nombradas por el gobierno son para dilatar. En las reuniones posteriores vamos a seguir las orientaciones de Salvación Agropecuaria. Si el gobierno no se compromete con la no importación y la baja de los insumos, no asistiremos a ninguna de las citas que nos ponga». Sus apreciaciones las apuntaló Juan Ruiz, de Ventaquemada, agricultor que siembra unas 500 cargas y que participó en el paro porque «a los grandes nos afectan también los problemas que padecen los pequeños. Quienes estuvimos en el paro protestamos por la ausencia de Fedepapa, que no pronunció ni una palabra en nuestro favor. Y ningún político tradicional nos acompañó».

Fulvio Ávila, uno de los fundadores de Unidad Panelera, contó cómo la ira que le causaron sus propias tragedias como agricultor lo llevaron a intentar en vano conformar una organización agraria de importancia; aspiración que hoy ve satisfecha con Salvación Agropecuaria, «que nos llevó a la marcha nacional, que aprobó el paro en el que estalló toda nuestra rabia, porque antes los campesinos estábamos dormidos».

Mari Zárate, viajó desde Sibaté. Ella es hija de don Pedro, un curtido cultivador. Los dos impulsaron la marcha con la que unos 200 productores de ese municipio se vincularon al paro. Mari felicitó a los boyacenses: «Ustedes sacaron la cara por nosotros. Debemos seguir en esta línea, porque cuando nos agrupamos sabemos qué cosas están fallando y qué podemos hacer». Luego denunció algunas de las dolencias de los paperos: «La asistencia técnica la dan las casas comerciales según lo que nos quieran vender. Los costos suben porque los de las casas dicen que sus productos se mueven de acuerdo con el cambio del dólar, pero con la papa no sucede igual. Estamos quedando en manos extranjeras: Papas Margarita ya no es nacional; Congelagro dice que las importaciones de la industria son apenas 5%, pero deben de ser mucho más; McDonalds trae la papa exclusivamente de Estados Unidos».

«Hemos ganado mucho en este paro porque lo hicimos alrededor de una organización sólida. Debemos apoyar decididamente el movimiento de Salvación Agropecuaria», dijo Gonzalo Pulido, de Villapinzón, otro de los sitios que se bloquearon en Cundinamarca. Y comentó su amarga experiencia como productor: «Yo llegué a sembrar 250 hectáreas de cebada y ahora cultivo 12 ó 13, porque a ese extremo me llevó la apertura. Los agricultores estamos dispuestos a librar la lucha. Y si toca que se desate una nueva pelea por la Independencia, aquí tenemos los antecedentes del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá». Epifanio Cuervo, de Chíquiza, insistió en la organización: «Debemos unirnos en torno de Salvación Agropecuaria, que es la única que lucha por el sector, la que tiene ideas claras para ganar la batalla. Debemos conformar un frente amplio de resistencia para defender el agro».

Aníbal González, de Ventaquemada, contó: «Yo fui de la ANUC, pero el gobierno la acabó; nos dividimos y eso lo terminaron manejando los oligarcas. El gobierno crea esas organizaciones y luego las dispersa. Pero si creamos una por fuera del gobierno, será fuerte y de todos los productores». Y Germán Grimaldos, de Belén, lo reforzó: «Debemos pensar en unirnos a Salvación Agropecuaria, para que se determine cuándo va a ser el próximo paro». Celestino Garzón, para ponerle piso firme a la idea, propuso: «Hagamos una gira de Robledo por Boyacá, porque a todos nos afecta la situación».

Al final intervinieron Víctor Dávila, coordinador departamental de Salvación Agropecuaria, y Alberto Caro quien, no obstante la campaña difamatoria contra él, por parte de altos directivos de Fedepapa, se dedicó incansablemente a organizar la lucha. Víctor destacó el apoyo que al paro en Boyacá le dieron la CUT, el sindicato de maestros, el del Incora, los trabajadores de Acerías Paz del Río, los estudiantes de agronomía de la Universidad. Con vivo entusiasmo concluyó: «Tenemos que llegar a los 123 municipios del departamento para promover el programa de Salvación Agropecuaria, que vamos a lograr que sea defendido por toda la nación». Caro señaló: «Esta reunión, así como el paro, son un hito en la lucha agraria.Vamos a retornar cargados de mensajes claros a nuestras veredas. Al oponernos a las importaciones debemos denunciar que la sobreproducción de papa, que repetidamente padecemos, se debe a que este es el único cultivo importante que nos queda en tierra fría, ya que las importaciones acabaron con la producción de cereales».

En la reunión estuvo la ex alcaldesa de Tenjo, Clementina del Pilar González, quien resaltó la «magistral intervención de Jorge Robledo» y la labor de Buenaventura Bonilla, concejal del MOIR en Gachancipá, «que ha venido sembrando la semilla en el centro de la Sabana de Bogotá para defender el campo, nuestro trabajo, nuestra familia». Al final de su saludo, expresó: «Si nos organizamos y por medio de Salvación Agropecuaria expresamos nuestros objetivos, podremos ser más fuertes y lograr lo que nos proponemos. Ojalá pueda participar mucho más, porque mi vida está en el campo». Con similares palabras se expresó el diputado Mario Moreno. A punto de concluir el acto arribó el gobernador Miguel Ángel Bermúdez, quien expresó su solidaridad con los productores y criticó al gobierno por recurrir «al facilismo de botar a todo el mundo de los trabajos cuando lo que hay que hacer es incrementar los ingresos y la producción».

La reunión se clausuró con un minuto de silencio en memoria de los dos campesinos alevemente asesinados por el gobierno en el Huila.

MALESTAR AGRARIO IRRITA A MÉXICO Y DESAFÍA AL PRESIDENTE

Varios sectores agrícolas al borde del alzamiento civil

Apartes del artículo de Ginger Thompson, aparecido en la página de internet de The New York Times del 22 de julio de 2001. Traducción, Alejandro Torres.

Por decenas de miles los campesinos mejicanos están abandonando sus minúsculas parcelas, que son su único patrimonio. A pesar de que los campos verdean de caña de azúcar, los pequeños agricultores padecen el empeoramiento de sus condiciones de vida. Pero también en las últimas semanas, otros millares de campesinos han llevado su lucha a las calles, incluso a las de la capital del país, lo que ha puesto a varios sectores agrícolas al borde del alzamiento civil.

Los labriegos son afectados por una combinación de fuerzas que van desde la explosión de la libertad comercial bajo el Tratado de Libre Comercio, TLC, hasta la caída de los precios del mercado y el recorte del apoyo gubernamental. Todos a una, los productores de arroz, maíz y café están siendo lastimados.

De la misma manera que los productores de California, Mississipí y Florida se quejan de que el TLC ha arrojado a cientos de ellos fuera de los negocios, los granjeros mejicanos se sienten apabullados. Se quejan de que se están ahogando en un mar de importaciones, y que el acuerdo no les ha dado acceso al mercado estadounidense como les fue prometido.

Este mes, cinco mil cultivadores de caña de azúcar llegaron a la capital y bloquearon el acceso a las oficinas gubernamentales, demandando 420 millones de dólares de los 60 ingenios azucareros de la nación. Decenas de miles más han emprendido sus propias protestas, forzando al gobernador de un estado a declarar la emergencia. Otros gobernadores admiten su preocupación porque las protestas puedan causar candentes levantamientos o hasta un incendio social generalizado.

«Todo el campo mexicano está convertido en un desastre», denunció Carmelo Balderas, mientras desyerbaba la caña azucarera en la hectárea que posee cerca del ingenio de San Miguelito, en Amatlán, en el estado de Veracruz. «No queda casi ningún lugar en el país donde el pequeño agricultor pueda vivir dignamente. Y el problema de México es que cuando los campesinos dejan de comer, todos dejan de comer», añadió.

Balderas cuenta que, en los años recientes, dos de sus cuatro hijos han emigrado a Estados Unidos. Al preguntársele la razón, apunta en dirección al ingenio de San Miguelito; los propietarios del ingenio aún le adeudan tres mil dólares por la caña que éste les entregó en la pasada zafra. Sus hijos, como muchos otros jóvenes del poblado, se cansaron de confiar en los cada vez menores e inseguros ingresos provenientes de esta actividad.

Una intensa protesta tuvo lugar al comienzo de este mes en el estado nororiental de Sinaloa. Cultivadores de maíz bloquearon el acceso a los depósitos de gas para exigirle al gobierno imponer mayores tarifas arancelarias al maíz importado de Estados Unidos. En total, en Méjico hay 3.5 millones de cultivadores de maíz, todos igualmente abrumados por la caída de 45% en los precios del cereal durante los últimos tres años. Los agricultores de Sinaloa aducen que las importaciones de maíz de Estados Unidos les han impedido vender dos millones 400 mil toneladas. Dichas importaciones se han incrementado 14% o más al año desde que en 1994 arrancó el TLC, el acuerdo comercial entre Méjico, Estados Unidos y Canadá.

Después de dos días de protestas, el gobernador de Sinaloa, Juan S. Millán, declaró la emergencia cuando los atemorizados conductores empezaron a acopiar gasolina y los más importantes negocios del estado fueron obligados a cerrar o a reducir enormemente sus servicios, particularmente los hoteles de la ciudad turística de Mazatlán

Pocos días más tarde, en el estado de Campeche, cultivadores de arroz tomaron el control de dos plantas procesadoras del cereal para demandar que el gobierno renegocie US$ 4 millones en créditos. Y a mitad de julio, los gobernadores de nueve estados productores de café acordaron presionar al gobierno nacional para que cree un fondo de emergencia que ayude a resarcir a los cafeteros devastados por los declinantes precios.

Los gobernadores, incluidos los de Veracruz, Oaxaca y Nayarit, señalan que la crisis en sus estados ha producido nuevas oleadas de migrantes hacia Estados Unidos. Y utilizando la experiencia de su propio estado como una advertencia, el gobernador de Chiapas, Pablo Salazar, dijo que las áreas más afectadas son las más propensas a los levantamientos armados.

El 20 de julio, labriegos de Chihuahua se congregaron en un retén aduanero e hicieron devolver embarques de grano provenientes de Estados Unidos. Un líder de la protesta, integrante de El Barzón, un movimiento nacional de pequeños campesinos, les dijo a reporteros mejicanos que las demostraciones sólo finalizarían cuando el gobierno adoptara decisiones para ayudar a los labriegos.

La industria azucarera mejicana es un muestrario de problemas complejos y embrollados. En las décadas siguientes a la Revolución Mejicana, el gobierno distribuyó entre los campesinos millones de pequeñas parcelas, más de la mitad del territorio nacional, como una forma de auspiciar la paz en las regiones más empobrecidas. Con el tiempo, dichas parcelas se han hecho aún más pequeñas debido al proceso de partición por herencia. Hoy, los ingenios del país son abastecido por millares de pequeños sembradores de caña. San Miguelito tiene contratos con unos 4.500 cultivadores, dijo Ramón Martínez Amaya, director de la planta. Y como muchos otros de los ingenios del país, está en grave estado. Tiene áreas enteras y maquinaria sin estrenar, pero el señor Martínez sostiene que no hay dinero para instalarla. «En términos globales», dice, «esta planta se volvió obsoleta frente a las exigencias modernas».

Rodolfo Perdomo, quien opera una compañía llamada Grupo Perno, sostiene que a pesar de que la maquinaria es obsoleta, las refinerías mejicanas han incrementado su producción de azúcar durante los últimos siete años, anticipándose a la apertura del mercado del azúcar en Estados Unidos, según quedó establecido en el TLC. De acuerdo con el gobierno, para finales de octubre el TLC deberá permitir a los ingenios exportar a Estados Unidos todos sus excedentes de azúcar, estimados en 500 mil toneladas. Empero, la llamada «carta adjunta» añadida por Estados Unidos al acuerdo, pero no reconocida por Méjico, limita los envíos a 116 mil toneladas, para proteger a los azucareros estadounidenses.

Mientras tanto, dice Perdomo, el mercado azteca del azúcar se está reduciendo por las crecientes importaciones del jarabe de maíz proveniente de Estados Unidos, mucho más barato. Este edulcorante es preferido al azúcar por la poderosa industria mejicana de las gaseosas. «Fuimos traicionados», dice Perdomo. «Se nos ha forzado a vender azúcar donde podamos y al precio que podamos, para no ahogarnos en ella».

En Amatlán, los productores de azúcar aguantan porque están endeudados. Muchos dicen que el ingenio San Miguelito les debe entre US$ 1.500 y US$ 3.000 de esta cosecha. Para muchos, tales cantidades significan las ganancias de todo el año.

Para el presidente Fox, el alzamiento de las pobres comunidades rurales mejicanas, cerca de 28% de la población, es un sobrecogedor desafío. Hijo de rancheros, ha prometido ayudar a los pequeños campesinos a hallar nuevos mercados, a organizarse en cooperativas agrícolas y a encontrar financiación para modernizar sus operaciones. En las últimas semanas su administración ha negociado acuerdos con productores de maíz de Sinaloa y con cañeros en Veracruz, orientados fundamentalmente a garantizar el pago de lo que se les adeuda. Pero Fox, antiguo ejecutivo corporativo, está también comprometido con los principios del libre comercio. Y miembros de su administración han dicho que su moderna revolución implica que los pequeños labradores enfrenten una dura realidad: no todos sobrevivirán.

El secretario de Agricultura, Javier Usabiaga, dice que el gobierno no puede permitirse programas paternalistas que mantengan a los labriegos en el pasado. Más que caridad, dice, la administración Fox quiere cambiar la forma en que está organizada la industria. «Tenemos que cambiar una cultura completa. Un pequeño granjero, sin importar qué tan productivo sea, no es capaz de ganar suficiente dinero para sobrevivir. Va a tener que empezar a dejar sus cosechas y a producir leche, carne o cualquier otra cosa. Tendrá que convertirse en campesino de tiempo parcial».

Cansados de depender de los funcionarios de los ingenios para el pago de sus cosechas de caña, en Amatlán, Mari Cruz Hernández y su esposo, Daniel Beristain, decidieron sembrar frutas y flores en el acre que heredaron de su madre. Recientemente empezaron a plantar lichi en la mitad de su terruño. En la otra mitad planean sembrar gladiolos. Los gladiolos, espera Cruz, florecerán cada cuatro meses y les ayudarán a sobrevivir a ella y a su esposo con su anciana madre, durante los tres años que se tomarán los frutales en empezar a producir. «Estoy cansada de trabajar todo el año y que al final la fábrica no pague», dice ella. «Ellos nos convirtieron en mendigos. Y hemos decidido decir: no más».

Muchos jóvenes en el poblado, dice Mari Cruz Hernández, parecen estar tomando decisiones similares. Cruz señala un tren que pasa sobre sus campos. Se dirige al sur, dice, hacia Guatemala, y agrega: el tren que va al norte pasa todas las tardes. Cientos de centroamericanos se dirigen a Estados Unidos arracimados en los vagones. Y cada vez más, añade, los jóvenes aldeanos han empezado a saltar a bordo. Reconoce que por su mente ha cruzado la idea de marchar al norte. Pero sus objetivos aún están centrados en su hogar. «Algunas veces hay que arriesgar algo para seguir adelante», dice. «Si los migrantes arriesgan todo para marcharse, entonces nosotros podemos arriesgarnos para permanecer aquí».

En la espuria Corte de La Haya: SLODOVAN MILOSEVIC PONE EN LA PICOTA A ESTADOS UNIDOS

Apartes del discurso que no le fue permitido leer al ex presidente de Yugoslavia, Slobodan Milosevic, en su comparecencia del pasado 30 de agosto. Traducción de Alejandro Torres.

1. La Carta de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, no le da poder al Consejo de Seguridad para crear una corte criminal.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se ha arrogado un poder que no posee, adulterando la Carta de la ONU, poniéndose por encima de la ley y amenazándonos a «Nosotros pueblos de las Naciones Unidas» con un futuro sin normas en el cual una superpotencia puede emplear el látigo de la guerra para imponer sus pretensiones. La Corte Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, CPIY, es ilegítima y su creación corrompe la naturaleza de las Naciones Unidas.

Quienes propusieron desde hace tiempo la hegemonía mundial de Estados Unidos, reclamaron abiertamente una discrecionalidad ilimitada para el Consejo de Seguridad. John Foster Dulles escribió en 1950: «El Consejo de Seguridad no es un organismo únicamente para hacer cumplir los acuerdos legales. El es en sí mismo la ley… Ningún mandato está establecido para orientarlo, él puede decidir de acuerdo con lo que considere conveniente».

1. Una corte coyuntural, creada por un poder político global que arremete contra otro país para servir a sus intereses geopolíticos, es incapaz de ser ecuánime y conduce a la división y a la violencia.

Así como el Consejo de Seguridad creó una corte criminal para enjuiciar la conducta de un país como Yugoslavia, podrá erigir una similar para cualquier nación, seleccionando los enemigos o las oportunidades políticas y económicas para atacar hoy a un pueblo mañana a otro. Por el contrario, ese poder político global y quienes satisfagan sus antojos, nunca se expondrán a dicho enjuiciamiento selectivo. Si hubiera de establecerse una corte criminal internacional, ella debería actuar igualmente frente a todas las naciones y ninguna podría estar por encima de la ley. Un tribunal ad hoc para una sola nación pervierte el derecho internacional.

¿Qué corte juzgará la criminalidad de los bombardeos de la aviación norteamericana sobre civiles indefensos, sus casas, sistemas de acueducto, plantas de energía, fábricas, edificios de oficinas, escuelas, hospitales, que cobraron directamente miles de vidas y causaron pérdidas de billones de dólares por daños a la propiedad en Belgrado, Nis, Novi Sad y en otras ciudades, poblados y villas? ¿Cuál tribunal se ocupará de la amenaza para el mantenimiento de la paz mundial que significó el bombardeo de la embajada de China por Estados Unidos?

¿Quién será hecho responsable de la devastación de Prístina por los bombarderos de la OTAN, o por los ataques a las columnas de refugiados en Kosovo y Metohia? ¿No fue un crimen el uso por parte de los Estados Unidos de bombas de dispersión que hicieron volar fragmentos de metal afilado en el patio del hospital en Nis? ¿Actuará el Consejo de Seguridad para prevenir y castigar el uso por Estados Unidos de uranio empobrecido, cuya radiación afecta indiscriminadamente durante millones de años el aire, el agua, el suelo y la cadena alimenticia que toca?

¿Puede acaso una corte criminal contra Yugoslavia, que ignora la aguda violencia causada por Estados Unidos; que distrae la percepción de la opinión pública sobre la conducta de este país; y que mediante su silencio cómplice legitima los ataques aéreos y con misiles sobre la población civil y el uso de armas ilegales contra un país tras otro, contribuir a fomentar la esperanza en el imperio de la ley, la justicia o la paz?

Estados Unidos, inmune al control o al enjuiciamiento y puesto por encima de la ley, usa su poder para perseguir a los enemigos que selecciona con el fin de atemorizarlos y luego vilipendiarlos; fabrica y vende armas a ciertas naciones y a grupos que buscan derrocar a los gobiernos a los que se opone; usa con impunidad armas ilegales contra pueblos indefensos; busca consolidar y expandir su cuasimonopolio de las armas nucleares y de los más sofisticados cohetes; gasta billones en el auspicio unilateral de la Guerra de la Estrellas, asegurando una continuada carrera armamentista. Mientras tanto la pobreza abruma a miles de millones de seres, el hambre incapacita a millones, la inanición cobra centenares de miles de vidas, y el sida se esparce entre las naciones pobres.

Estados Unidos mella la protección internacional del ambiente; mina el control de las armas nucleares amenazando con retirarse de las previsiones contempladas en los tratados de No Proliferación y de Misiles Antibalísticos; rehusa los convenios de protección de la vida contra las minas antipersonales, las cuales continúa fabricando, vendiendo y emplazando; amenaza con resquebrajar el tratado sobre control de las armas biológicas y químicas; y, regularmente, se embarca en operaciones encubiertas y en violentas intervenciones militares en otras naciones, a las que les viola su soberanía y su legislación.

2. La Corte Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, CPIY, es incapaz de proteger los derechos fundamentales o de brindar un debido proceso legal.

El mandato estatutario de la CPIY la hace hostil a cualquier preocupación por los derechos de quienes son acusados ante ella. El derecho a la asistencia legal, firmemente establecido en la legislación internacional, ha sido negado o frustrado por este tribunal. La Secretaría me negó, durante varias semanas después de mi acusación, el derecho a consultar sobre asuntos legales con abogados de mi escogencia. Estos injustos fenómenos son inherentes al propósito y a la naturaleza de un tribunal temporal ad hoc, que opera sin el personal requerido según la tradición legal, bastante alejado del sitio donde ocurrieron los eventos y del que proviene el acusado; y dispuesto por quien lo creó, no para presumir la inocencia, sino para admitir como verídicos los terribles crímenes bajo proceso y la culpa del acusado en su consumación. Con esto protege a los verdaderos criminales: los líderes de la OTAN, quienes mataron a miles de personas inocentes durante su brutal agresión.

El arresto ilegal de un individuo y su entrega y aislamiento en la prisión de una corte ilegítima en una nación distante, amenazan la libertad de todo el planeta. La ONU, al realizar o aceptar el secuestro internacional de líderes políticos, notifica al mundo que está dispuesta a utilizar los antiguos métodos de la violencia, la coerción y el engaño. Este proceder será responsable por la única respuesta que puede provocar: la generalizada utilización de los mismos medios.

El nuevo gobierno de Serbia es un títere de Estados Unidos. Si existiere alguna expectativa entre los pueblos serbio o yugoslavo de mejorar su situación al amparo de un gobierno impuesto por esa potencia, deberían preguntarles a los iraníes si creen que tuvieron una vida mejor bajo el régimen del Sha de Irán, impuesto en 1953 y entronizado durante 25 años por Estados Unidos, que la que habrían tenido bajo el gobierno democráticamente elegido del presidente Mossadegh. ¿Fue acaso mejor para el pueblo guatemalteco la larga lista de gobiernos militares que durante décadas lo reprimieron brutalmente, que el gobierno del presidente Jacobo Árbenz elegido democráticamente y derrocado por las fuerzas norteamericanas en 1954? ¿Para el pueblo congolés fue mejor Mobutu, quien por cuatro décadas trató despóticamente, quebró y degradó a su país, que el gobierno democráticamente elegido de Patricio Lumumba, asesinado con la complicidad de los Estados Unidos en 1961? ¿Le prestó, a lo largo de más de dos décadas, un mejor servicio a la democracia y al bienestar del pueblo, el general Pinochet, que el gobierno elegido democráticamente de Salvador Allende, muerto en Chile, en 1973, durante un golpe militar auspiciado por Estados Unidos? En realidad sería difícil hallar cuatro mayores tragedias nacionales en los últimos cincuenta años, todas causadas por la decisión de Estados Unidos de controlar esas regiones.

Ayudado por varios países europeos, Estados Unidos se obstinó durante toda una década en su esfuerzo por desintegrar y destruir la República Federal de Yugoslavia. Provocó la secesión de Eslovenia instigada por Alemania, y la de Croacia, con la expulsión de 500 mil serbios de sus fronteras. Luego Bosnia fue conducida a abandonar la República Federal de Yugoslavia y segregada antinaturalmente, de acuerdo con las creencias religiosas, en tres regiones: una para los musulmanes, una de católicos romanos y otra para los cristianos ortodoxos orientales. Ahora Macedonia está en medio de la tormenta, al borde de la guerra civil, debido a la agresión norteamericana que estimuló y apoyó al terrorista Ejército de Liberación de Kosovo, ELK. De esa manera la antigua Yugoslavia perdió la mitad de su población y riqueza y quedó reducida únicamente a Serbia y Montenegro. Kosovo y Metohia, históricamente preciosas partes de Serbia, permanecen ocupadas por las fuerzas de la OTAN, luego del bombardeo aéreo de 79 días en 1999.

Estados Unidos pretende perseguir y mancillar a los líderes que desafiaron sus propósitos y, junto con el pueblo, defendieron la libertad y resistieron la agresión de la máquina de guerra de la OTAN; simultáneamente osa hacer aparecer como salvajes a esos pueblos. Madeleine Albright, mientras era embajadora de los Estados Unidos en la ONU, fue quien forzó la creación de la CPIY. El embajador estadounidense en ese tribunal, David Scheffer, aceptó que la CPIY es «apoyada, financiada, dotada de personal y abastecida de información», básicamente por Estados Unidos.

Los tribunales ad hoc son ilegítimos; incapaces de aplicar una justicia igual para todos; inhábiles por naturaleza para conducir juicios justos o garantizar un debido proceso; sus víctimas son condenadas desde mucho antes por los medios de comunicación controlados por Estados Unidos;y constituyen un arma de éstos para establecer su control a largo plazo y la explotación de naciones y regiones del mundo. Esa es su globalización, ese es su nuevo colonialismo.

A los 25 años del fallecimiento de Mao Tsetung: «EL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO ES UN TIGRE DE PAPEL»

Para conmemorar los 25 años de la muerte de Mao Tsetung, hemos decidido reproducir este texto, publicado en el Tomo V de sus Obras Escogidas, que forma parte de una conversación con dos personalidades de América Latina, llevada a cabo el 14 de julio de 1956. Su contenido se ajusta plenamente a las condiciones que viven los pueblos de Asia, Africa y América, en esta etapa de recolonización imperialista conocida como «globalización». Asimismo, su definición de la naturaleza del imperialismo, expresada en su título, tiene una gran actualidad y alienta las luchas de la clase obrera y de los pueblos por su emancipación definitiva.

Los Estados Unidos han contraído deudas por todas partes. Se han endeudado con los países de América Latina, de Asia y Africa, así como de Europa y Oceanía. Todos los países del mundo, incluida Inglaterra, sienten aversión a los Estados Unidos. A las grandes masas populares no les gustan los Estados Unidos. El Japón tampoco los quiere, porque sufre su opresión. Ninguno de los países de Oriente ha quedado a salvo de la agresión norteamericana. Los Estados Unidos han invadido la provincia china de Taiwan. Japón, Corea, Filipinas, Vietnam y Pakistán son todos víctimas de su agresión, y eso que algunos de ellos son sus aliados. Los pueblos están descontentos, y lo están también las autoridades de algunos países.

Todas las naciones oprimidas quieren

la independencia

Todo está sujeto a cambio. Las grandes fuerzas decadentes tendrán que ceder el lugar a las pequeñas fuerzas nacientes. Las fuerzas pequeñas se transformarán en grandes, porque la gran mayoría de la gente exige el cambio.(…)

La dinastía Ching fue derrocada hace mucho. ¿Quiénes la derrocaron? El partido dirigido por el Dr. Sun Yatsen y el pueblo. Como Sun Yatsen disponía de una fuerza muy pequeña, los dignatarios de la dinastía Ching lo miraban por encima del hombro. Fracasó en numerosos levantamientos, pero a la postre logró echar abajo a la dinastía Ching. Lo grande no tiene nada de temible. Será derribado por lo pequeño. Y lo pequeño se hará grande. Luego de derrocar la dinastía Ching, el Dr. Sun Yatsen fracasó. Esto se debió a que no satisfizo las demandas del pueblo, tales como la reivindicación de la tierra y la exigencia de luchar contra el imperialismo. Tampoco comprendió la necesidad de reprimir a los contrarrevolucionarios, quienes andaban sueltos por todas partes. Fue derrotado a manos de Yuan Shikai, cabecilla de los caudillos militares del Norte. La fuerza de Yuan Shikai era mayor que la de Sun Yatsen. Pero también aquí rigió esta ley: fuerzas pequeñas pero vinculadas con el pueblo se hacen poderosas, mientras que fuerzas grandes que se oponen al pueblo se hacen débiles. Posteriormente, los revolucionarios demócratas burgueses encabezados por Sun Yatsen, en colaboración con nosotros, los comunistas, echaron por tierra el régimen de los caudillos militares dejado por Yuan Shikai.

La dominación de Chian Kaishek en China, reconocida por los gobiernos de todos los países del mundo, perduró veintidós años, representando la mayor fuerza del país. Nuestra fuerza era pequeña; aunque, en un tiempo, nuestro Partido llegó a tener unos cincuenta mil militantes, sólo le quedaron unos miles luego de la represión contrarrevolucionaria. El enemigo hacía estragos por todas partes. Pero también esta vez rigió la misma ley: Los poderosos fracasaron, pues se hallaban separados del pueblo, en tanto que los débiles salieron victoriosos, porque estaban vinculados con el pueblo y trabajaban por él. Este fue efectivamente el desenlace.

En los tiempos de nuestra guerra contra el Japón, éste era muy poderoso, las tropas kuomintanistas se encontraban arrinconadas en regiones apartadas, y las fuerzas armadas dirigidas por el Partido Comunista sólo podían hacer la guerra de guerrillas en las zonas rurales detrás de las líneas enemigas. El Japón ocupó grandes ciudades como Pekín. Tientsín, Shangai, Nankín, Wuján y Cantón. Sin embargo, igualmente en virtud de esta ley, el militarismo japonés, así como la Alemania hitleriana, se vino abajo al cabo de unos pocos años.

Nosotros pasamos por numerosas dificultades: Fuimos expulsados del sur y obligados a ir al norte, y el número de nuestros efectivos se redujo de varios centenares de miles a unas decenas de miles. Al final de la Gran Marcha de 25 mil li (11 mil km), sólo nos quedaban 25 mil hombres.

En la historia de nuestro Partido ha habido numerosos errores de línea, tanto de «izquierda» como de derecha. Los más graves fueron la desviación derechista de Chen Tusiu y la «izquierdista» de Wang Ming. Se registraron, además, los casos de desviación derechista de Chang Kuotao, Kao Kang y otros.

Cometer errores tiene su lado positivo, pues de ello se pueden extraer enseñanzas para el pueblo y para el Partido. Hemos tenido muchos maestros por lo negativo, como Japón, Estados Unidos, Chiang Kaishek, Chen Tusiu, Li Lisan, Wang Ming, Chang Kuotao y Kao Kang. Nos costó un precio muy alto aprender de estos maestros. En el pasado, Inglaterra desencadenó muchas guerras contra nosotros. A Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania, Italia, Rusia zarista y Holanda les gustaba mucho esta tierra nuestra. Ellos han sido nuestros maestros por lo negativo, y nosotros sus alumnos.

A través de la lucha contra el Japón en la Guerra de Resistencia, nuestro ejército creció hasta tener novecientos mil efectivos. Después vino la Guerra de Liberación. Nuestro armamento era inferior al del Kuomintang, y éste contaba entonces con un ejército de cuatro millones de efectivos; pero, en el curso de los tres años de guerra, les aniquilamos en total ocho millones. El Kuomintang, sustentado por el imperialismo norteamericano, no pudo derrotarnos. Los poderosos no pueden ganar, mientras que los débiles siempre logran la victoria.

En la actualidad, el imperialismo norteamericano exhibe una gran fuerza, pero en realidad no la tiene. Políticamente es muy débil, porque está divorciado de las grandes masas populares y no agrada a nadie; tampoco agrada al pueblo norteamericano. Aparentemente es muy poderoso, pero en realidad no tiene nada de temible: Es un tigre de papel. Mirado por fuera parece un tigre, pero está hecho de papel y no aguanta un golpe de viento y lluvia.

Pienso que Estados Unidos no es más que un tigre de papel. (…)

Sólo podrá haber paz cuando haya sido eliminado el imperialismo. Llegará el día en que el tigre de papel será destrozado. Pero no desaparecerá por sí mismo; para ello hace falta el golpe del viento y la lluvia.

Cuando afirmamos que el imperialismo norteamericano es un tigre de papel, estamos hablando en términos estratégicos. Visto como un todo, debemos despreciarlo; pero, en cuanto a cada una de sus partes, debemos tomarlo muy en serio. Él posee garras y dientes. Para acabar con él hemos de hacerlo por partes. Si, por ejemplo, tiene diez dientes y en el primer golpe le arrancamos uno, le quedarán nueve; le arrancamos otro más y le quedarán ocho. Cuando le hayamos quitado todos los dientes, le quedarán todavía las garras. Siempre que procedamos paso a paso y de modo concienzudo, conseguiremos finalmente el éxito.

Desde el punto de vista estratégico, se debe despreciar por completo al imperialismo norteamericano, mientras que en lo táctico hay que tomarlo muy en serio. En la lucha contra él, es necesario prestar atención a cada batalla y a cada caso. Actualmente, Estados Unidos es un país poderoso; pero, examinándolo con una óptica amplia, en su conjunto y en perspectiva, se hallará que este tigre morirá sin remedio, porque es impopular, aplica una política que no complace a nadie, y oprime y explota a los pueblos. Vistas así las cosas, no tiene nada de temible y podemos despreciarlo. Sin embargo, Estados Unidos todavía cuenta con cierta fuerza, produce anualmente más de cien millones de toneladas de acero y atropella a la gente por todas partes. Se hace por eso necesario proseguir la lucha contra él, empeñar grandes esfuerzos en ello y arrebatarle posición por posición. Esto requiere tiempo.

Todo parece indicar que los países de América, Asia y Africa tendrán que seguir peleando con Estados Unidos hasta el fin, hasta que el viento y la lluvia destruyan este tigre de papel. (…)

Nuestros amigos latinoamericanos, asiáticos y africanos y nosotros estamos todos en la misma posición y realizamos el mismo trabajo haciendo algo en favor de los pueblos para disminuir la opresión que sobre éstos ejerce el imperialismo. Si hacemos bien ese trabajo, podremos liquidar de raíz la opresión imperialista. En este sentido somos camaradas.

En la lucha contra la opresión imperialista, ustedes y nosotros tenemos idéntica naturaleza; lo único que nos diferencia es la ubicación geográfica, la nacionalidad y el idioma. En cambio, somos diferentes por naturaleza de los imperialistas, y el solo verlos nos produce malestar.

¿Para qué se necesita el imperialismo?

No lo necesita el pueblo chino, no lo necesitan los demás pueblos del mundo. No hay necesidad de que exista el imperialismo.

ARGENTINA BAJO EL PESO DEL PESO

Los salarios y las pensiones se rebajaron en más de 30%, parte de los cuales se pagan en bonos, los llamados patacones.

Por Alfonso Hernández

En los últimos meses, el mundo del agio se ha estremecido ante el riesgo de un cese de pagos de la deuda externa por parte de los países latinoamericanos. El epicentro de las actuales sacudidas es Argentina, que con la Ley de Convertibilidad fue aplaudida como el remanso de la moneda y las finanzas.

Los afanes no son injustificados. Su deuda pública externa alcanza la fabulosa suma de 127 mil millones de dólares, más de 50% del producto interno bruto; los pocos recursos frescos que recibe están recargados con tasas de interés doce puntos por encima de las que se pagan en Estados Unidos y superiores también a las que se cobran a México o Brasil. Desde junio, se han retirado más de diez mil millones de los bancos, y el apurado gobierno enfrenta las airadas protestas de la población, a la que se le abruma con recortes salariales y se le asedia con el desempleo y mayores impuestos. El paquete de «ayuda» por ocho mil millones de dólares, recientemente aprobado por el Fondo Monetario Internacional, después de numerosos regateos y condiciones lesivas, no logrará sino aplazar el desencadenamiento de una crisis más profunda. Ya en 1995 y en diciembre pasado, el FMI había hecho otros millonarios desembolsos y las aulagas en vez de aliviarse, se agravaron. La exangüe Argentina, tras una década de saqueo inmisericorde, ya no se vale por sí sola y requiere de más y más financiamiento, cuyas posibilidades de pago están harto envolatadas.

Para colmo, todo esto ocurre cuando en Estados Unidos la producción se abate, caen persistentemente las bolsas de valores y se incrementa la tasa de desempleo. En Japón, el estancamiento se prolonga ya por una década y la Comunidad Europea, en particular Alemania, ha entrado en graves dificultades. Al parecer, las dolencias de los países pobres y las de los desarrollados se reforzarán mutuamente. La euforia capitalista de los años noventas se torna en guayabo y en el nuevo orden mundial cunde el desorden.

Los problemas de Argentina no son sólo financieros. La recesión, que comenzó hace más de tres años, no amaina; el desempleo se ha trepado a 16% y cerca de 40% de quienes figuran como ocupados se rebuscan en la economía informal. Los precios internacionales de los alimentos, uno de los renglones de mayor importancia en la economía gaucha, se desploman y la producción industrial y el comercio exterior se resienten por la sobrevaluación del peso. Las propias multinacionales automotrices han rebajado en más de 30% su producción y trasladado parte de sus operaciones a Brasil.

Al comenzar los años noventas, se vociferó contra la inflación, la corruptela gubernamental, la acrecida deuda externa, el magro desarrollo. Estas verdades se utilizaron sólo para abrirles campo a manipulaciones financieras más lucrativas y seguras. El evangelio capitalista se radicalizó: el progreso se lograría atrayendo a toda costa a los inversionistas extranjeros y la pobreza se erradicaría enriqueciendo a los ricos. Argentina se distinguió por el celo con que ejecutó el dogma en boga. A la cabeza de la nación, de tiempo atrás mancillada por chafarotes y demagogos, se pusieron los funambulescos personajes que se requerían para alentar a la víctima y luego ultimarla. Como presidente asumió Carlos Menem, calificado por su pueblo como la pesadilla de cualquier sicoanalista, personaje escaso de ideas y nulo en principios. Sus desafueros de arribista hicieron enrojecer de vergüenza a todos los que habían ocupado la Casa Rosada. Nombró como ministro de economía a Domingo Cavallo, para que la emprendiera a coces contra los renglones que les daban el sustento a sus conciudadanos.

Las empresas públicas se privatizaron en masa. Yacimientos Petrolíferos Fiscales se remató en la Bolsa de Nueva York. Igualmente se feriaron compañías eléctricas, de gas y agua, de acero y petroquímicas, canales de televisión y Aerolíneas Argentinas, entre otras. Se dieron en concesión miles de kilómetros de carreteras, y el sistema de pensiones pasó a manos de la banca. De la subasta no escaparon los aeropuertos ni el servicio postal ni las represas hidroeléctricas.

Con el pretexto de orientar el país hacia la exportación y de insertarlo en la economía global, se rebajaron drásticamente los aranceles y se impuso la llamada disciplina de mercado. La banca se concentró fuertemente y pasó a manos del capital extranjero.

Pero Argentina, llevando al colmo la pérdida de soberanía, implantó la Ley de Convertibilidad, consistente en garantizar el valor del peso poniéndolo a la par con el dólar y asegurando que por cada uno que entre en circulación, habrá un dólar en las reservas del Banco Central. Así, los inversionistas no corren ningún peligro al invertir en Argentina, pues cuando quieren sacar sus capitales, el banco les entrega tantos dólares cuantos pesos tengan. Al pueblo se le aseguró que con esa disposición quedaba conjurada la tendencia inflacionista.

Dicha política económica provocó un ingreso importante de capitales. Rápidamente los financistas se adueñaron de las compañías privatizadas, de numerosos supermercados, de la banca y de enormes extensiones de tierra. Las importaciones y el consumo se dispararon y la balanza comercial se resintió. Los fondos de inversión, alentados por la estabilidad monetaria, se apresuraron a hacer allí un centro de operaciones.

La propia movilidad de capitales facilitada por la Ley de Convertibilidad hizo que Argentina se conmocionara con cada remezón de cualquier país. Padeció el «efecto tequila» en 1995, cuando su producto interno sufrió una fuerte caída. De nuevo, en 1997, cuando la tormenta financiera asoló a los pueblos asiáticos, entró en una recesión de la que aún no se recupera. Los problemas financieros de Rusia, Brasil y Turquía, agrandaron el descalabro. Los inversionistas empezaron a mirar con mayor desconfianza a los países del tercer mundo y a retirar los capitales de algunos de ellos. Además, era evidente que la Argentina, acorralada en el comercio internacional por una moneda sobrevaluada y por unos precios declinantes de sus productos de exportación, enfrentaría enormes tropiezos para pagar sus deudas. Lo más grave: la restricción del gasto público, el desestímulo a la producción nacional y la merma drástica de los salarios, restringieron el mercado interno y llevaron a la quiebra a multitud de empresas. Como ya se señaló, las propias multinacionales entraron en dificultades y empezaron a retirar parte de las operaciones.

La convertibilidad, al limitar la emisión de pesos a los dólares que ingresan, determinó una drástica reducción del dinero en circulación. Cada vez que, por cualquier motivo, los inversionistas extranjeros retiran sus fondos de Argentina, la economía interna padece iliquidez, las tasas de interés se disparan y las actividades productivas supérstites se lesionan. Diríase que Argentina cruje bajo el peso de su peso. Las mismas disposiciones adoptadas para darles seguridad a los capitales terminan por amenazarlos.

La solución que ofrece el FMI consiste en aplicar a los vapuleados gauchos una dosis más fuerte de la misma medicina que los tiene postrados. Ya se aprobó «la ley de déficit cero», por la cual el gobierno sólo puede gastar el dinero que recaude por impuestos. En 1999 el déficit público se estimó en 3.8 del PIB, el FMI ordenó bajarlo a 2,2%, lo que significó el despido de 255 mil empleados federales, cifra que se incrementará con la nueva medida. Los salarios y las pensiones se rebajaron en más de 30%, parte de los cuales se pagan en bonos, los llamados patacones. Además, se han de restringir los gastos de las provincias y la participación de éstas en los ingresos del gobierno federal.

Cuando Menem asumió el poder, la deuda externa era de 58 mil millones de dólares, hoy se ha casi triplicado; la economía no crecía, hoy declina; la gente trataba de sacar su dinero del país, ahora se precipita a hacerlo. El desempleo y la pobreza se han multiplicado y la nación ha transferido su riqueza a las trasnacionales. En lo único que los reformadores pueden reclamar éxito, triste éxito, es en el control de la inflación. La acabaron llevando a la deflación. Frenaron el alza de los precios agotando la capacidad de compra. Curaron la enfermedad, matando al paciente.

En toda esta catástrofe el Estado ha sido protagonista. Les entregó a los especuladores las empresas oficiales libres de cargas y a precios de ganga. Les otorgó el control sobre los servicios públicos, garantizándoles rentabilidad mediante disposiciones de toda índole. En 1995, destinó ingentes recursos públicos a financiar los grandes bancos y demás instituciones financieras. Ha eliminado casi totalmente los impuestos a los grandes inversionistas. Y mediante la Ley de Convertibilidad asegura utilidades a los financistas, echando mano de los dineros del Estado. Dineros públicos, disposiciones legales y contingentes policiales son los instrumentos de intervención del Estado para traspasar la mayor parte del producto nacional a un puñado de plutócratas. A pesar de esas evidencias, los neoliberales siguen parlando y garlando sobre reducir la intervención del Estado en la economía y no faltan quienes se han tragado el cuento. En realidad, las órdenes del Fondo Monetario, que los gobiernos de estos países aplican a rajatabla, no son más que una intervención masiva y burda en pro de los monopolistas internacionales.

Mientras que al pueblo se le imponen cargas enormes para que responda por las acreencias, el FMI y el gobierno norteamericano juegan a la devaluación de la deuda pública argentina con el fin de que las empresas españolas, en particular los bancos Santander y Bilbao Vizcaya, sean presa fácil del City Bank y del Lloyds. Desde su rancho de Texas, George Bush, el hijo tarambana del ex presidente, dijo que un paquete de salvamento del FMI podía entorpecer las reformas (es decir, los mayores sacrificios) que deben llevar a cabo los argentinos. Estas declaraciones, y otras emitidas por altos funcionarios del Tesoro y del Fondo, han provocado verdaderas caídas en la Bolsa de Madrid, de los precios de las acciones de los bancos ibéricos y de los bonos de deuda pública argentina, mayoritariamente en manos de esos bancos.

La situación social es ya insufrible. El hambre, la mortalidad infantil, la insalubridad, hacen mella en grandes masas. El trueque se ha vuelto a imponer. Miles de desempleados o empleados de medio tiempo acuden a unos lugares irónicamente llamados clubes donde cambian algún artículo por comida o por ropa. Numerosos profesionales, con unos cuantos cachivaches en la mano, intentan venderlos de casa en casa. Son muy amargas las privaciones que se les han impuesto a los argentinos. Tan grande como su amargura es su ira. Ya no hay día en que las ciudades y las carreteras no se vean conmocionadas por los miles de enfurecidos obreros, empleados públicos, mujeres, campesinos y desempleados o piqueteros. A medida que crece el descontento, se hace patente que los argentinos van a conformar uno de los más bravíos destacamentos de la gesta latinoamericana contra el dominio gringo.

Crisis cafetera: PRESIDENTE PASTRANA LANZA CORTINA DE HUMO

Es el gobierno el que tiene la principal responsabilidad por los errores cometidos en la orientación de la caficultura nacional

Por la gran importancia que tiene para la comprensión de los principales problemas de la crisis cafetera, publicamos completo el comunicado de Unidad Cafetera Nacional, en referencia a la carta que el presidente de la República les enviara a los directivos de la Federación Nacional de Cafeteros, acusándolos de ser los culpables de los problemas actuales de la caficultura colombiana

Como es sabido, Unidad Cafetera Nacional ha tenido no pocas diferencias con la Federación de Cafeteros, principalmente en lo que deben ser las relaciones entre los gremios de productores y los gobiernos nacionales. De ahí que les corresponda a los dirigentes de la Federación responder como les parezca a la carta de críticas que les envió el presidente de la República sobre su papel en la definición de la política cafetera colombiana.

Pero también es claro que el gobierno tiene la principal responsabilidad en los errores cometidos en la orientación de la caficultura nacional. Y la tiene porque quienes dicen la última palabra en las decisiones del Comité Nacional de Cafeteros son el ministro de Hacienda y el propio presidente de la República. En efecto, el Artículo 13 de los estatutos de la Federación de Cafeteros señala: «El ministro de Hacienda y Crédito Público tendrá tantos votos cuantos sean necesarios para equilibrar el poder de voto entre el gobierno y los representantes cafeteros. Cuando ocurran empates al votarse una medida, los dirimirá el señor presidente de la República».

Y es fácil poner ejemplos de posiciones recientes del Comité Nacional de Cafeteros en las que se ha perjudicado a los caficultores, bien sea por acción o por omisión. A diferencia de lo que ocurrió con las corporaciones de ahorro y vivienda, salvadas con recursos del Estado y en favor de sus propietarios, el gobierno rescató al Bancafé pero se quedó con todas sus acciones y, además, en el proceso de apropiárselo, le impuso al Fondo Nacional del Café botar en ese banco 300 mil millones de pesos del dinero del precio interno del grano. También es sabido que esta administración no ha hecho nada por modificar la Ley 9 de 1991, la cual grava con un impuesto discriminatorio de cien mil millones de pesos anuales a los cafeteros colombianos.

Tampoco puede el gobierno cerrar los ojos ante las consecuencias del rompimiento del Pacto Internacional del Café, la indudable base de la crisis de la caficultura nacional, porque el presidente de la República es, según la Constitución, el «encargado de dirigir las relaciones internacionales». Cómo se nota su silencio frente a las maniobras de Estados Unidos y de los otros países desarrollados para generar superproducción cafetera en el mundo y envilecer el precio internacional.

En la carta hay otros dos aspectos que tampoco pueden dejarse pasar. En ella es notorio el malestar del presidente porque se le estén pidiendo «cuantiosas inversiones» del gobierno para atender la crisis de los caficultores, como si se preparara el terreno para negar dicha solicitud. Y allí se pone en duda que las «instituciones cafeteras» sean «instrumentos válidos» en este momento, con lo que podría estarse preparando su desmonte, lo que significaría un verdadero puntillazo a la caficultura nacional, porque se eliminaría el precio de sustentación del café y se les acabaría de entregar la totalidad del comercio interno y externo del grano a las mismas trasnacionales que tienen postradas las cotizaciones internacionales.

Que el gobierno no tire cortinas de humo para velar las causas de la crisis, para no dar los recursos necesarios que permitan elevar de manera inmediata el precio interno del café y condonar las deudas impagables de los productores, para terminar atentando contra la estabilidad de las instituciones cafeteras y para permanecer indiferente ante las bajas cotizaciones en el mercado mundial. Hoy más que nunca se requiere de la unidad de los productores en la exigencia de que el Estado no puede abandonarlos a su suerte.