LA CUESTIÓN NACIONAL Y EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO

“Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto”.
“Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad”. “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Más, por cuanto el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués”.
“El aislamiento nacional y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía, la libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de existencia que le corresponden”.
“El dominio del proletariado los hará desaparecer más de prisa todavía. La acción común del proletariado, al menos el de los países civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación”.
“En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra”.
“Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones, desaparecerá la hostilidad de las naciones entre sí”.
“En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente”.
“En todos estos movimientos ponen en primer termino, como cuestión fundamental del movimiento, la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos desarrollada que ésta revista”.
“El fin, los comunistas trabajan en todas partes por la unión y el acuerdo entre los partidos democráticos de todos los países”.
“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos, proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”.

“¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES UNIDOS!”
(C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, diciembre de 1847 – enero de 1848)

“Me he venido convenciendo más y más, y ahora hay que inculcárselo a la clase obrera inglesa, que ella no podrá hacer nunca nada decisivo aquí, en Inglaterra, mientras no rompa de la manera más completa con su política irlandesa, con la política de las clases dominantes; mientras no haga causa común con os irlandeses y tome, incluso, la iniciativa para romper la Unión forzosa de 1801 y la remplace con una confederación igual y libre. El proletariado inglés debe seguir esta política, y no por simpatía a Irlanda. Si no, el pueblo inglés seguirá siendo llevado de la brida por las clases dominantes, pues tendrá que unirse a ellas para hacer frente común contra Irlanda. Todo movimiento popular en la propia Inglaterra es paralizado por la discordia con los irlandeses, que forman, en la misma Inglaterra, una fracción muy importante de la clase obrera. La primera condición de emancipación aquí, el derrocamiento de la oligarquía agraria inglesa, sigue siendo imposible, porque no se podrá tomar la plaza al asalto mientras esta oligarquía conserve en Irlanda sus fortines, muy sólidos. Pero, tan pronto como el pueblo irlandés tome su propia causa en sus manos, tan pronto como se haga su propio legislador, tan pronto como se gobierne a si mismo y disfrute de su autonomía, el aniquilamiento de la aristocracia agraria (que son, en gran parte, los mismos terratenientes aristócratas ingleses) será infinitamente más fácil que aquí, por que en Irlanda el problema no es solamente de orden económico, sino que se plantea al mismo tiempo la cuestión nacional, pues en Irlanda los terratenientes no son, como en Inglaterra, los dignatarios y representantes tradicionales de la nación, sino sus opresores odiados a muerte. Y no está paralizada solamente la evolución social interior de Inglaterra por las relaciones existentes con Irlanda, sino, además, su política exterior y, sobre todo, su política con Rusia y los Estados Unidos de América”.

(Carta de C. Marx a Luis Kugelmann; 29 de noviembre de 1869)

“Un pueblo que oprime a otro pueblo forja sus propias cadenas”.
(C. Marx. Extracto de una comunicación confidencial – 1870)

“Para que las distintas naciones convivan o se separen (cuando más les convenga) libre y pacíficamente, formando diferentes Estados, es necesaria la plena democracia defendida por la clase obrera. ¡Ni un solo privilegio para ninguna nación, para ningún idioma! ¡Ni la más mínima vejación, ni la más mínima injusticia para ninguna minoría nacional! Tales son los principios de la democracia obrera”.

“Los obreros concientes están a favor de la plena unidad de los obreros de todas las nacionales en las organizaciones obreras de cualquier índole. Culturales, sindicales, políticas, etc. Los obreros crean en todo el mundo su cultura internacional, que han venido preparando desde hace mucho los defensores de la libertad y enemigos de la opresión. Al viejo mundo, al mundo de la opresión nacional de las discordias nacionales o del aislamiento nacional, los obreros oponen el nuevo mundo de la unidad de los trabajadores de todas las naciones, en el que no hay lugar para ningún privilegio ni para la menor opresión del hombre por el hombre”.

(V.I. Lenin. La clase obrera y la cuestión nacional, 16 de mayo de 1913)

“El nacionalismo pequeño burgués llama internacionalismo al mero reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones (que tiene un carácter puramente verbal), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto que el internacionalismo proletario exige: 1) la subordinación de los intereses de lucha proletaria en un país a los intereses de esta lucha en escala mundial; 2) que la nación que ha conquistado el triunfo sobre la burguesía sea capaz y esté dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento del capital internacional”.

(V.I. Lenin. Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial, junio de 1920)

El socialismo y la autodeterminación de las naciones
“Si la emancipación de la clase obrera exige su fraternal unión y colaboración, ¿Cómo van a poder cumplir esta gran misión con una política exterior que persigue designios criminales, que pone en juego prejuicios nacionales y dilapida en guerras de piratería la sangre y las riquezas del pueblo? La aprobación impúdica, la falsa simpatía o la indiferencia idiota con que las clases superiores de Europa han visto a Rusia apoderarse del baluarte montañoso del Cáucaso y asesinar a la heroica Polonia; las inmensas usurpaciones realizadas sin obstáculo por esa potencia bárbara, cuya cabeza está en San Petersburgo y cuya mano se encuentra en todos los gabinetes de Europa, han enseñado a los trabajadores el deber de iniciarse en los misterios de la política internacional, de vigilar la actividad diplomática de sus gobierno respectivos, de combatirla, en caso necesario, por todos los medios de que dispongan; y cuando no se pueda impedir, unirse para lanzar una protesta común y reivindicar que las sencillas leyes de la moral y de la justicia que deben presidir las relaciones entre los individuos, sean las leyes supremas de las relaciones entre las naciones.
“La lucha por una política exterior de esté genero forma parte de la lucha general por la emancipación de la clase obrera”.

(C. Marx. Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, 27 de octubre de 1864).

“Una cosa es indudable; el proletariado triunfante no se puede imponer a ningún otro pueblo felicidad alguna sin socavar con este acto su propia victoria”.

(F. Engels. Carta a C. Kautsky; 12 de septiembre de 1882).

“El imperialismo es la época de la opresión de las naciones del mundo entero, por un puñado de ‘grandes’ potencias, razón por la cual la lucha por la revolución socialista internacional contra el imperialismo es imposible sin el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación. ‘Un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre’ (Marx y Engels). Un proletariado que acepte que su nación ejerza la menor violencia sobre otras naciones no puede ser socialista”.

(V.I. Lenin. El socialismo y la guerra. Julio – agosto de 1915).

“En torno a la cuestión colonial se formó en la comisión una mayoría oportunista, y en el proyecto de resolución apareció una frase monstruosa que versaba: ‘El Congreso no condena en principio y para todos los tiempos toda política colonial, que puede desempeñar una función civilizadora en un régimen socialista’. De hecho esta tesis equivalía a una regresión directa a la política burguesa y a la concepción burguesa, que justifica las guerras y atrocidades colonialistas. Esto es una regresión hacia Roosevelt, dijo un delegado americano. Las tentativas de justificar esta regresión con las tareas de la ‘politica colonial socialista’ y de llevar a cargo reformas positivas en las colonias fueron desafortunadas en sumo grado. El socialismo jamás a renunciado ni renuncia a defender que se hagan reformas también en las colonias, pero esto no tiene ni debe tener nada de común con el debilitamiento de nuestra posición de principios contra las conquistas, el sometimiento de otros pueblos, la violencia y el saqueo que constituyen la ‘politica colonial’.el programa mínimo de todos los partidos socialistas se refiere a las metrópolis y a las colonias. El propio concepto de ‘politica colonial socialista,’ es un embrollo sin pies ni cabeza. El Congreso ha obrado muy bien al arrojar de la resolución las susodichas palabras y sustituirlas por una condenación más enérgica todavía de la política colonial que en resoluciones anteriores”.

(V.I. Lenin. El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart, septiembre de 1907).

“El socialismo triunfante debe implantar necesariamente la democracia completa y, por consiguiente, no sólo hacer efectiva la plena igualdad de derechos de las naciones, sino también convertir en realidad el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, es decir el derecho de libre separación política. Los partidos socialistas que no demuestren con toda su actividad tanto hoy como durante la revolución y después de triunfar ésta que liberaran a las naciones oprimidas y establecerán con ellas relaciones basadas en la libre alianza – y la libre alianza, no es más que una frase embustera sin la libertad de separación, esos partidos cometerán una traición al socialismo.
“El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por ‘su nación’. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora”.

(V.I. Lenin. La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, enero-febrero de 1916).

El problema nacional y la revolución
“No hay país en Europa, que no posea en algún rincón remoto, al menos un pueblo permanente, dejado por alguna población anterior, relegado y subyugado por la nación que posteriormente se convirtió en depositaria del desarrollo histórico. Esos re remanentes de una nación, aplastados sin misericordia, como decía Hegel, por el curso de la historia, este desecho nacional es siempre el representante fanático de la contrarrevolución y continua siéndolo hasta ser completamente exterminado o desnacionalizado, puesto que toda su existencia es en si misma una protesta contra una gran revolución histórica.
“En Escocia, por ejemplo, los escoceses, defensores de los Estuardos entre 1640 y 1745. En Francia los bretones, defensores de los Borbones entre 1792 y 1800. En España los vascos, defensores de Don Carlos”.
“En Austria, los esclavos del Sur paneslavistas no son más que el desecho nacional de mil años de desarrollo inmensamente confuso. Es la cuestión más natural del mundo que este desecho nacional, tan enmarañado como el desarrollo que lo trajo a la vida, sólo vea su salvación en la reversión de todo el desarrollo europeo, el cual según él debe provenir no del oeste hacia el este, sino del este hacia el oeste, y que su arma de liberación, su vinculo de unión, sea el flagelo ruso”.
“En Austria, dejando a un lado a polacos e italianos, los alemanes y los magiares han asumido la indicativa histórica, tanto en el año de 1848 como en los mil años anteriores. Ellos representan la revolución.
Los eslavos del Sur, que han ido a la zaga de alemanes y magiares durante mil años, solamente se irguieron en 1848 para instaurar su independencia nacional a fin de aplastar al mismo tiempo la revolución de alemanes y magiares. Ellos representan contrarrevolución”.

(F. Engels. La lucha de los magiares, 13 de enero de 1849).

“A las frases sentimientos que aquí se nos ofrecen acerca de la fraternidad, en nombre de las naciones más contrarrevolucionarias de Europa, nosotros respondemos que el odio a los rusos fue continua siendo la primera pasión revolucionaria de los alemanes; que desde la revolución se ha agregado un odio a los checos y a los croatas, y que, junto con los polacos y los magiares, sólo podremos asegurar la revolución contra estos pueblos eslavos con los actos más decididos de terrorismo.
Sabemos donde están concentrados los enemigos de la revolución, en Rusia y en las tierra eslavas de Austria; y ninguna frase, ninguna referencia a un futuro democrático indefinido de estas tierras nos impedirá tratar a nuestros enemigos como enemigos”.

(F. Engels. El paneslavismo democrático, 16 de febrero de 1849).

“Como es sabido, Marx era partidario de la independencia de Polonia desde el punto de vista de los intereses de la democracia europea en su lucha contra la fuerza e influencia, bien podría decirse; contra la omnipotencia y la predominante influencia reaccionaria del zarismo. El acierto de este punto de vista encontró su confirmación más palmaria y real en 1849, cuando el ejército feudal ruso aplastó la insurrección nacional-liberadora y democrático-revolucionaria de Hungría. Y desde entonces hasta la muerte de Marx, e incluso más tarde, hasta 1890, cuando se cernía la amenaza de una guerra reaccionaria del zarismo, en alianza con Francia, contra la Alemania no imperialista, Engels se mostraba partidario, ante todo y sobre todo, de la lucha contra el zarismo. Por eso, y solamente por eso, Marx y Engels se manifestaron contra el movimiento nacional de los checos y de los eslavos del sur. La simple consulta de cuanto escribieron Marx y Engels en 1848-1849 demostrará a todos los que se interesen por el marxismo, no para renegar de él, que Marx y Engels contraponían a la sazón, de modo directo y concreto, ‘pueblos enteros reaccionarios’ que servían de puestos de avanzada de Rusia en Europa a los ‘pueblos revolucionarios’; alemanes, polacos y magiares. Esto es un hecho. Y este hecho fue señalado entonces con indiscutible acierto; en 1848, los pueblos revolucionarios combatían por la libertad, cuyo principal enemigo era el zarismo, mientras que los checos y otros eran realmente pueblos reaccionarios, puestos de avanzada del zarismo.
“Si la situación concreta ante la que se hallaba Marx en la época de la influencia predominante del zarismo en la política internacional volviera a repetirse bajo otra forma, por ejemplo, si varios pueblos iniciasen la revolución socialista (como en 1848 iniciaron en Europa la revolución democrático-burguesa), y otros pueblos resultasen ser los pilares principales de la reacción burguesa, nosotros también deberíamos ser partidarios de la guerra revolucionaria contra ellos, abogar por ‘aplastarlos’, por destruir todos sus supuestos de avanzadas, cualesquiera que fuesen los movimientos de pequeñas naciones de allí surgiesen. Por tanto, no debemos rechazar, ni mucho menos, los ejemplos de la táctica de Marx, lo que significaría reconocer de palabra el marxismo y romper con él de hecho, sino, a base de su análisis concreto, extraer enseñanzas inapreciables para el futuro. Las distintas reivindicaciones de la democracia, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático (hoy socialista) mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una particular se halle en contradicción con el todo; entonces hay que desecharla. Es posible que en un país, el movimiento republicano no sea más que un arma de las intrigas clericales o financiero monárquicas de otros países, entonces, nosotros no deberemos apoyar ese movimiento concreto. Pero sería ridículo excluir por ese motivo del programa de la socialdemocracia internacional a consigna de la República”.

(V.I. Lenin. Balance de la discusión sobre la autodeterminación, julio de 1916).

“El carácter indiscutiblemente revolucionario de la inmensa mayoría de los movimientos nacionales es algo tan relativo y peculiar como lo es el posible carácter reaccionario de algunos movimientos nacionales concretos. El carácter revolucionario del movimiento nacional, bajo las condiciones de la opresión imperialista, no presupone en modo alguno, forzosamente, la existencia de elementos proletarios en el movimiento, la existencia de un programa revolucionario o republicano a que obedezca el movimiento, la existencia en éste de una base democrática. La lucha que el emir de Afganistán mantienen por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir, y de sus correligionarios, puesto que esta lucha debilita, descompone, socava los cimientos del imperialismo.
La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha revolucionaria, a pesar del origen burgués y la condición burguesa de los lideres del movimiento nacional egipcio y a pesar de que están en contra del socialismo; en cambio, la lucha del gobierno laborista ingles por mantener la situación de dependencia de Egipto es por las mismas causas, una lucha reaccionaria, a pesar del origen proletario y de la condición proletaria de los miembros de este gobierno, y a pesar de que son ‘partidarios’ del socialismo. Y no hablemos del movimiento nacional de otros países coloniales y dependiente más grandes como la India y China, cada uno de cuyos pasos en la senda de la liberación, aun cuando infrinja las exigencias de la democracia formal, representa un mazazo asestado contra el imperialismo, es decir, un paso indiscutiblemente revolucionario”.

(J. Stalin. Los fundamentos del leninismo, abril de 1924)

“La igualdad nacional de derechos, que, en sí, es una conquista política de gran importancia, corre sin embargo el riego de quedar educida a una palabra vacía, si no existen las posibilidades y los recursos suficientes para poder utilizar este derecho de importancia extraordinaria. Es indudable que las masas trabajadoras de los pueblos atrasados son impotentes para utilizar los derechos que les confiere la ‘igualdad nacional de derechos’ en la misma medida en que pueden hacerlo las masas trabajadoras de las nacionalidades avanzadas; la desigualdad efectiva entre las nacionalidades (cultural, económica), heredada del pasado y que no puede ser liquidada en el espacio de uno o dos años, se deja sentir. Esta circunstancia se experimenta con particular intensidad en Rusia, donde toda una serie de nacionalidades no han tenido tiempo de pasar por el desarrollo capitalista, y donde otra ni siquiera han entrado en él, y carecen o casi carecen de un proletariado propio; donde, a pesar de la completa igualdad nacional de derechos, que ya ha sido realizada, las masas laboriosas de esta nacionalidades son impotentes, en virtud de su atraso cultural y económico, para utilizar en grado suficiente los derechos adquiridos por ellas. Esta desigualdad se dejará sentir aún con mayor intensidad ‘al día siguiente’ de la victoria del proletariado en Occidente, cuando entren inevitablemente en escena las múltiples y atrasadas colonias y semicolonias, situadas en los más diversos grados de desarrollo. De aquí, precisamente, la necesidad de que el proletariado triunfante de las naciones avanzadas acuda en ayuda, ayuda real y prolongada, de las masas trabajadoras de las nacionalidades atrasadas, para su desarrollo cultural y económico; la necesidad de que les ayude a elevarse al grado superior de desarrollo, a alcanzar a las nacionalidades que se han adelantado. Sin esta ayuda es imposible organizar la convivencia pacifica y la colaboración fraternal de ellos trabajadores de naciones y pueblos diversos en una economía mundial condiciones tan necesarias para la victoria definitiva del socialismo”.

(J. Stalin. El planteamiento del problema nacional, 2 de mayo de 1921).

La nueva situación mundial
“A mi juicio, los Estados Unidos y la unión Soviética constituyen el primer mundo; fuerzas intermedias como el Japón, Europa y Canadá integran el segundo mundo, y nosotros formamos parte del tercero. El tercer mundo comprende una gran población. Toda Asia, excepto el Japón, pertenece al tercer mundo, África entera pertenece también a éste, e igualmente América Latina”.

(Mao Tsetung. Conversación sostenida con un dirigente del tercer mundo; febrero de 1974).

“El revisionismo soviético y el imperialismo norteamericano, confabulándose entre sí, han perpetrado tantas fechorías e infamias que los pueblos revolucionarios del mundo entero no los perdonarán. Están alzándose los pueblos de los diversos países. Ha comenzado un nuevo periodo histórico, el de la lucha contra el imperialismo norteamericano y el revisionismo soviético”.

(Mao Tsetung. Mensaje a los dirigentes de Albania, 17 de septiembre de 1868).

Puede afirmarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, como resultado de ésta otros centenares de millones pasaran inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará mucho espacio en el mundo; incluso es probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista”.

(Mao Tsetung. Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 27 de febrero de 1957).

TRAZOS BIBLIOGRÁFICOS DE CARLOS MARX

El 14 de marzo de 1983 los marxista-leninistas y los obreros avanzados del mundo conmemoran, con profundo respeto, el primer centenario del fallecimiento del fundador del socialismo científico, Carlos Marx. La exaltación de su memoria, repetida en esta ocasión por millones de personas en todos los países de la Tierra, confirma el vaticinio que ante su tumba hiciera su gran amigo y camarada, Federico Engels: “Su nombre y su obra vivirán a través de los siglos”.
Hace cien años, en efecto, “Marx dormía dulcemente para siempre en un sillón”, según las palabras de Bladimir Ilich Lenin. Pero a pesar del tiempo, sus ideas mantienen validez y han hallado continuadores que conquistaron victorias históricas imperecederas.
Como su obra, su vida está llena de lecciones proletarias de las cuales cada día pueden aprender los revolucionarios, y el marxismo, desarrollado al calor de la lucha por el mismo y por Engels, Lenin, Stalin y Mao Tsetung, es la ideología de la clase obrera, la expresión teórica de sus intereses la ciencia de la transformación de la sociedad.

Los primeros años
Carlos Marx nació el 5 de mayo de 1818 en la ciudad alemana de Tréveris, en la Prusia renana; fue el tercero entre los siete hijos de la familia del abogado Heinrich Marx, un hombre relativamente acomodado y progresista que había recibido la influencia de la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII, cuando Renania perteneció a Francia como consecuencia de las guerras napoleónicas y fueron abolidas allí muchas de las cargas feudales.
Tras ser reincorporada a Prusia, en 1814, la región experimentó sensibles retrocesos políticos y económicos, la gente sufrió un acelerado desempleo y vio crecer el descontento a la par con la influencia de las corrientes políticas francesas que proclamaban el socialismo en sus formas utópicas y pequeño burguesas.

En Tréveris acudió Marx al colegio y, a los 17 años, con ocasión del final de sus estudios básicos, redacto un trabajo titulado “Reflexiones de un joven al elegir profesión”, en el cual consignó su deseo de poner su vida”al servicio de la humanidad”. Acto seguido se matriculo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Bonn, y un año después se traslado a la de Berlín, donde obtuvo su doctorado en jurisprudencia en 1841.

Durante su vida universitaria, Marx se interesó de manera especial en la filosofía y la historia. Desde entonces su rigor y su dedicación se hicieron patentes y pronto descolló entre los jóvenes “hegelianos de izquierda”, los cuales, sobre todo bajo la influencia de Ludwing Feuerbachm propugnaban una revisión crítica de la filosofía clásica alemana y se proponían extraer conclusiones radicales de los escritos de Hegel. En su tesis de grado Marx defendió la lucha que, contra los perjuicios religiosos y en pro del materialismo, había esbozado el filósofo antiguo Epicuro. Sus ideas se enmarcaban aún en lo que describió en una carta a su padre como “mi actitud y mi desarrollo anterior, puramente idealista”.

De la filosofía a la política
Tan pronto como terminó sus estudios universitarios, Marx intentó hacerse profesor en Bonn, pero pronto captó que la política reaccionaria del Estado prusiano cerraba las puertas de la cátedra a cualquier tipo de pensamiento crítico. Sin embargo, los acontecimientos históricos del momento no dejaban margen para la inactividad. En abril de 1842, de nuevo en Renania, Marx se vinculó a la “Gaceta del Rin”, periódico fundado meses atrás por la inquieta burguesía de la ciudad de Colonia, en octubre fue nombrado como su jefe de redacción, y lo convirtió en el más importante vocero de la democracia revolucionaria. En el curso de su infatigable trabajo periodístico, Marx tomó contacto con la vida y la lucha de las masas populares de Alemania y conoció el movimiento obrero de diversos países. Poco a poco, se empapó de las ideas socialistas que por esos días circulaban en Europa.
El gobierno de Prusia, atemorizado por las orientaciones del periódico y por la influencia que acumulaba, lo sometió a la censura hasta el punto de prohibirle la publicaciones de una aviso de la traducción de la “Divina Comedia” de Dante, “porque con las cosas divinas no debe hacerse comedia”, y terminó por ordenar su cierre en enero de 1843. Marx decidió entonces abandonar su patria, y con varios amigos y colaboradores concertó la fundación de una nueva publicación que asimilara las corrientes del socialismo francés y las propagara entre los trabajadores alemanes. Al mismo tiempo, se dedicó con ardor a la economía, pues consideraba que su conocimiento le era imprescindible para estimular la unidad en la acción política entre los intelectuales revolucionarios y las masas obreras.

Antes de su partida, Marx contrajo matrimonio con Jenny von Westphalen, amiga suya desde la infancia, y en su compañía viajó a París. En Francia escribió una penetrante “Critica de la ‘Filosofia del Derecho’ de Hegel”, a través de la cual superó los planteamientos meramente antirreligiosos de Feuerbach y de todo el “hegelianismo de izquierda”, que, aunque materialista en la interpretación de la naturaleza, seguía siendo idealista en cuanto a los fenómenos históricos, sociales y políticos. Poco después señalaría:”los filósofos no ha hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

En Paris, Marx alternó sus investigaciones con una diligente brega política. Frecuentaba los suburbios obreros y trabó amistad con dirigentes de los trabajadores, en particular con los de la llamada Liga de los Justos, aunque también con líderes como Luis Blanc, Pedro José Proudhon y Miguel Bakunin. Tras la superación de numerosos escollos, finalmente en enero de 1844 aparecieron los “Anales Franco-Alemanes”, bajo la dirección suya y de Arnoldo Ruge, y con la colaboración del poeta Heinrich Heine; empero, las dificultades para la circulación en Alemania y las discrepancias entre sus directores no permitieron que hubiera una segunda entrega.

Ya en este órgano de expresión, a los 26 años, Marx se revelaba como el revolucionario que propone “someter todo lo existente a una critica implacable”, llegar a la raíz de las cosas y hacer que la teoría llegue a las masas para que éstas se la apropien, conviertan “el arma de arma de la critica” en “la critica de las armas” y así estén en capacidad de “derribar todos los sistemas en los que el hombre es humillado, esclavizado, abandonado y despreciado”.

Construyendo el partido obrero
En septiembre de 1844 Marx se encontró en París con Federico Engels, quien a partir de la mutua identificación ideológica que los ligó desde entonces, fue su más entrañable compañero de combate. Juntos, Marx y Engels, arremetieron contra las teorías socialistas pequeño burguesas que primaban entre los grupos revolucionarios parisinos y contra la filosofía alemana. Tras exhaustivos estudios, armados a la par de contundentes razones y de una ironía demoledora, refutaron el idealismo hegeliano en “La sagrada familia” y “La ideología alemana”. Posteriormente, Marx hizo lo propio con las doctrinas liberales de la “Filosofía de la miseria” de Proudhon, en su “miseria de la filosofía”.

En 1845, molesto por la creciente influencia de Marx entre el proletariado, el gobierno de Prusia gestiono ante el de Francia su expulsión. Se trasladó entonces a Bruselas, desde donde continuó su lid. Entre tanto nacieron sus dos primeras hijas, Jenny y Laura, y su hijo Edgar, quien solo viviría ocho años. A mediados de 1847, la Liga de los Justos celebró un congreso al cual fueron invitados Marx y Engels; con su guía, la organización tomó el nombre de Liga de los Comunistas, y cambio el viejo lema de la hermandad del género humano por el de “Proletarios de todos los países, uníos”. El segundo congreso de la Liga, realizado en noviembre, les encomendó la redacción del “Manifiesto del Partido Comunista”, que vio la luz en Londres en 1848. Este programa genial expone claramente la concepción proletaria del mundo, su definición del materialismo, la dialéctica, la lucha de clases, la misión histórica de la clase obrera, el papel de vanguardia de su partido y su actitud internacionalista.

Días antes de aparecer el “manifiesto” estalló en Francia la revolución democrático-burguesa de febrero del 48 y Marx fue detenido y deportado a Bélgica. Regresó a París, reorganizó allí el Comité Central de la Liga, del cual fue elegido presidente, y paso luego a Alemania. Tras establecerse en Colonia, fundó la “Nueva Gaceta del Rin”, que publicó entre junio de 1848 y mayo de a849.
Desde sus páginas, Marx y Engels orientaron la actividad de las masas, no sólo alemanas sino también de otros países. Analizaron certera y profundamente los borrascos acontecimientos, casi diarios, de las revoluciones europeas, y defendieron los combatientes de ciudades y pueblos de Francia, Austria, Italia, Hungría, Bohemia y Polonia. Viajaban de un lugar a otro, organizando a los obreros y a los demócratas; impartían consignas, desenmascaraban a los oportunistas y acrecían la influencia de su tribuna periodística.

Al triunfar la contrarrevolución, la “Nueva Gaceta del Rin”, fue clausurada y sus redactores sometidos a dos juicios, en los cuales Marx no compareció como acusado sino como acusador. Aunque absuelto en ambos, fue expulsado otra vez de Alemania, y un mes más tarde de Francia también.

Ya había nacido su hijo Guido, muerto pocos meses después, cuando Marx se trasladó a Londres, donde residiría el resto de su vida. Al confrontarse con la realidad de las batallas sus tesis se fortalecieron. La historia de aquellos años de la “primavera de los pueblos” había revelado con especial fuerza su genialidad, energía, voluntad, abnegación y valor proletarios. Con todo, aún le esperaban logros más sorprendentes.

Tiempos de miseria
La década siguiente fue para Marx tan penosa como para todos los emigrantes que arrojó a playas extrañas la derrota de 1849. Llego a Londres sin un centavo, sin trabajo ni posibilidad de hallarlo y con escasos conocidos, la mayoría artesanos y obreros, que en nada podían ayudarle. De no haber sido por la solicita y desinteresada ayuda de Engels, quien se traslado a Manchester y laboró durante años en la administración de una fábrica de su padre, la miseria lo habría aplastado. Su familia padeció varios desahucios y pasó semanas enteras de hambre, pan y papas. En las cartas que se cruzó con Engels puede seguirse su lidia cotidiana con las deudas a las caseras, al panadera, al lechero, al verdulero, al carnicero y a los prestamistas, a los cuales empeñaba su abrigo y, cuando era necesario, los de su esposa y sus hijos. Sólo tres de estos sobrevivieron; Jenny, Laura y Eleanor. En Londres murieron Edgar y Francisca, está última victima de la pulmonía, antes de cumplir un año.

A todo ello hay que sumar la avalancha reaccionaria que se abatió sobre Europa y apuntó sus baterías contra Marx y la Liga de los Comunistas. No hubo calumnia, por mezquina y absurda que fuera, que no se les lanzara, tanto desde las posiciones del absolutismo como desde las del oportunismo. La disolución de la Liga sobrevino a fines de 1852, pero nada conmovía la tenacidad de Carlos Marx, ni impedía el perfeccionamiento de sus teorías, el análisis de las recientes experiencias y el conocimiento cada vez más amplio de los avances de la humanidad y de la cultura de todas las épocas. Ni siquiera perdí su chispeante sentido del humor.
A menudo se halla, leyendo la dialéctica colección de escritos que conformaban sus cartas a Engels, frases como ésta, a propósito del aislamiento en el cual se encontraban. “Ahora hemos acabado con el sistema de las mutuas concesiones, de las semiverdades admitidas por aquellos de las buenas maneras, y con nuestra obligación de compartir el ridículo publico en el partido con todos esos asnos”.

En dos brillantes análisis de los eventos de 1848 a 1850, “las luchas de clases en Francia” y “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, Marx sacó las enseñanzas de los errores y consecuencias del aventurismo, del papel de los campesinos en la revolución bajo la dirección de la clase obrera y de la inevitabilidad de que la lucha de clases conduzca a la dictadura del proletariado la cual constituye una etapa de tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases, el comunismo.

Al mismo tiempo Marx redactó incontables artículos para el “New York Daily Tribune”, influyentes diario norteamericano desde cuyas paginas analizó los acontecimientos europeos y procesos como los de Estados Unidos, China y Rusia, fustigando sin tregua al gobierno prusiano, al pelele Luis Bonaparte y a toda la gama de desviaciones derechistas e “izquierdistas” de las sectas enquistadas en el movimiento obrero. Colaboró también con publicaciones de los trabajadores ingleses, con la “nueva Gaceta del Oder” y con otros periódicos europeos. Pero su labor fundamental se concentró en la ciencia económica que, junto con los principios filosóficos, desbrozados desde 1844, y con la estrategia y la táctica del proletariado, definidas en sus rasgos esenciales entre ese año y 1871, constituye una de las partes integrantes del marxismo.

“El Capital”
A pesar de las estrecheces del exilio, Marx aprovechó cabalmente las condiciones de Inglaterra, a la sazón en país más desarrollado del orbe, para desentrañar las leyes que rigen el capitalismo. Trabajaba todos los días desde las nueve de la mañana hasta la siete de la tarde en la Biblioteca del Museo Británico, donde consultó lo inimaginable en materia de economía política, así como de historia de la técnica, química agrícola, geología, matemáticas y otras ciencias. Además del constante respaldo material de Engels, contó con el apoyo y la solidaridad entusiasta de su familia, dentro de la cual, debido al profundo color negro de su pelo, lo llamaban con cariño El Moro. Pudo, de esta forma, cumplir consecuentemente, incluso en los artículos ocasionales, con su propia consigna de que “el escritor, por cierto, debe tener la posibilidad de ganarse la vida para poder existir y escribir, pero en modo alguno debe existir para ganarse la vida”.

Como el desenvolvimiento del acontecer europeo y la acelerada crisis económica lo llevaron a la certera predicción de que pronto de desencadenaría un nuevo auge de los movimientos democrático-burgueses y de la liberación nacional, Marx se afanó por ahondar su análisis de la sociedad capitalista. En 1859 apareció la “contribución a la crítica de la economía política” y quedaron esbozados los lineamientos básicos para su profundización.
En ellos resumió los principales aspectos que desarrollaría más tarde en su obra cumbre, “El Capital”. Partiendo de que el modo como los hombres se entrelazan y se dividen para producir los bienes indispensables al mantenimiento de su vida proporciona la base sobre que se levanta el resto de las relaciones sociales, comprendidas las instituciones, la política, las ideas, etc, Marx elaboró su concepción materialista de la historia. Averiguó asimismo las causas del tránsito e una sociedad a otra, llamando la atención sobre el hecho de que, cuando aquellas relaciones entraban el desarrollo de las fuerzas productivas, advienen las revoluciones que garantizan el progreso del género humanos.
Evolución que arrancando de las formas primitivas del producción y pasando por el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, ineluctablemente desembocará en el régimen capitalista, antesala de la desaparición de las clases y con ella de la “prehistoria de la humanidad”.

Sin embargo la monumental tarea de culminar la formulación de sus tesis le demandó muchos más esfuerzos y sólo en 1867, aparecería el primer volumen de “El Capital”. Cuando lo concluyó a las dos de la madrugada del 16 de agosto, lo primero que hizo Marx fue comunicárselo a Engels, “Así pues, le escribió, el tomo ya esta listo. Ello ha sido posible única y exclusivamente gracias a ti. De no haber sido por tu abnegada ayuda, no hubiera podido preparar tan enorme trabajo para los tres tomos. Te abrazo y te saludo lleno de gratitud, querido y fiel amigo”. Con razón señalaba Lenin que el proletariado podía sentir el orgullo de que su ciencia hubiera sido creada “por dos sabios y luchadores cuyas relaciones superan las más emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres”.

En “El Capital” se describe las leyes del movimiento de la sociedad burguesa, se estudia su historia, se prevé su decadencia y se prueba su carácter pasajero y limitado. Allí Marx puso al desnudo las contradicciones internas de aquel sistema y el inexorable curso de su agudización. Reveló como el capitalismo crea las condiciones materiales para la victoria del proletariado, que requiere de la “expropiación de los expoliadores”. Al poner de manifiesto el mecanismo de la explotación de los asalariados, Marx descubrió cómo la plusvalía se origina en la diferencia entre el costo de la fuerza de trabajo obrero y el valor superior que produce su jornada de trabajo, excedente que va a parar al bolsillo del capitalista. Con ello revolucionó toda la economía política anterior.

En este tomo inicial, Marx trató el proceso de la producción del capital. En el segundo y el tercero, que Engels redactó sobre los miles de páginas dejadas en borrador por Marx, en una tarea que le tomó once años, se examinan, respectivamente, el proceso de su circulación y el de la producción capitalista en su conjunto.

“Viva la Internacional”
Una de las razones por la cual Marx no pudo rematar personalmente su magna obra critica, fue la atención que prestó al aglutinamiento de los obreros, en un periodo que constituyó la cumbre de su actividad política partidaria. El 28 de septiembre de 1864, como coronación de múltiples empeños organizativos fue fundada en Londres, durante un mitin celebrado en St. Martín’s Halls, la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Primera Internacional. En su Consejo General había representantes de los obreros ingleses, franceses, italianos y alemanes. Pronto aparecerían seccionales suyas en los demás países europeos y en los Estados Unidos.

Marx, escribió el primer “Manifiesto” de la Internacional y gran cantidad de sus acuerdos, declaraciones y llamamientos. Se esforzó desde su dirección en la paciente labor de educar a los obreros, demostrándoles la inconsistencia y debilidades del reformismo, el sectarismo y el dogmatismo, y en inculcarles los principios científicos y la táctica revolucionaria. Tuvo que enfrentarse con numerosas y arraigadas tendencias oportunistas, en particular con las que encabezaron Proudhon, Lasalle y el anarquista Bakunin, y debió luchar también con las concepciones liberales predominantes en Inglaterra, a cuyos obreros llamó a la solidaridad con la causa de la liberación de Irlanda, sentenciando algo que la historia se ha encargado de demostrar en múltiples ocasiones: “Un pueblo que esclaviza a otro, forja sus propias cadenas”.

Fue Marx, cuando estalló la conflagración franco-prusiana de 1870, quien redactó el primer llamamiento de la Internacional a los obreros de ambos países. Caracterizando el conflicto como una guerra dinástica, predijo el derrumbe de Bonaparte y acogió con beneplácito la actitud internacionalista asumida por los proletarios de lado, y lado. En una segunda proclama, después de la capitulación del ejército francés en Sedán y de la reinstauración de la república en Francia, señaló que los alemanes habían convertido la rapiña en su objetivo, y a la vez advirtió a los obreros franceses que no se sublevaran sin haberse preparado. Pero al enterarse del estallido de la revolución obrera el 18 de marzo de 1871 en París, exhortó a la Internacional para que todos los trabajadores a apoyaran. Saludó emocionado la gesta del “asalto al cielo”, como llamó a la Comuna de Paris. No obstante la derrota, debida a errores que él también analizó, dio, en “La guerra civil en Francia”, brillante y profundo ensayó, un nuevo paso de trascendencia extraordinaria en el desarrollo de la teoría de la dictadura del proletariado, al precisar que un Estado del tipo del que creó la Comuna era “la forma política descubierta, al fin, para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo”. En aquel momento en que alcanzo a entrever la materialización de sus ideales, simbolizada en la bandera roja que ondeo sobre el Hotel de Ville, exclamó: “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo gloriosos de una nueva sociedad”. Toda una centuria transcurrida desde entonces ha corroborado aquella aseveración.

Las tareas finales
Tras la caída de la Comuna y los triunfos del nacionalismo burgués, los bakuninistas pretendieron escindir la Internacional, y Marx y Engels lograron que su Consejo General fuera trasladado a Nueva York, previendo para el futuro una nueva etapa que demandaría de los obreros la construcción de agrupaciones auténticamente socialistas y de masas que realizaran una larga tarea de preparación de la revolución, basados en la experiencia universal del proletariado y tomando en cuenta las condiciones especiales de cada nación. En consecuencia, aportaron valiosos elementos al desarrollo del Partido Socialdemócrata Alemán, concretados en su “critica del programa de Gotha”. De igual manera redactaron textos de importancia para los combatientes de Francia, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos.

Enfatizaron en este periodo su faena intelectual, en particular los estudios materia de los tomos II y III de “El Capital”. Sin embargo, la intensa labor en la Internacional y sus concienzudas y fatigosas investigaciones minaron al cabo la salud de Carlos Marx. Tuvo que someterse a varias curas y soportar dolorosas enfermedades que prácticamente no le permitían dormir. Además, la pleuritis y la bronquitis que de años atrás lo atormentaban, se hicieron más acentuadas. El 2 de diciembre de 1881 su esposa falleció, en enero de 1883 murió su hijo mayor. Gravemente enfermo estos golpes hicieron decaer sus fuerzas hasta cuando por última vez se sentó en su sillón el 14 de marzo de 1883. “A las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días”.

Al pie de su tumba, su “querido y fiel amigo” pronuncio un discurso fúnebre. Con la última palada de tierra de ese 17 de marzo en el cementerio de Highgate de Londres, se abrió una era en la historia de la humanidad. Lo que comenzó con un puñado de visionarios hoy son una causa tangible y extendida sobre la faz del mundo, un año después de que Engels le escribiera a Joseph Becker: “Ustedes y yo somos casi los últimos sobrevivientes de la vieja guardia de 1848. Pues bien, ¡seguiremos en la lucha! Las balas silban, nuestros amigos caen en torno nuestro, pero ésta no es la primera vez que lo hemos visto. Y sí una bala nos pega a alguno de nosotros, puyes que venga; sólo pido que pegue limpia y derechamente, sin postrarnos en la larga agonía”.

RECUERDOS ACERCA DE MARX

“Marx era de estatura mediana, de anchas espaldas, corpulento y de porte enérgico. Su frente era alta y finamente modelada. El cabello era negro y espeso como un cuervo. La boca ya mostraba en aquella época se rasgo sarcástico que tanto temían sus enemigos. Marx había nacido para dirigente del pueblo. Su discurso era breve, conciso y de una lógica contundente. No malgastaba palabras superfluas. Cada frase una idea y cada idea un eslabón imprescindible en la cadena de su argumentación. Marx no tenía nada de soñador. Cuanto más me daba cuenta de la diferencia entre el comunismo del periodo de Weitling y el del Manifiesto Comunista, más convencido estaba de que Marx representaba la edad viril de la idea socialista.

“Friedrich Engels, hermano espiritual de Marx, más bien representaba el tipo germánico. Delgado, elástico, de cabello y bigotes rubios, se parecía más aun joven y apuesto teniente de la guardia que aún intelectual”.

“Y sin embargo, Engels, que de continuo se limitaba a destacar la importancia de su inmortal amigo, coadyuvó enormemente a la instauración y difusión del socialismo moderno. Engels era de esos hombres a los que hay que conocer de cerca para admirarlos y quererlos”.
“Esos fueron los hombres que habían tomado en sus manos la causa del proletariado”.

(Friedrich Lessner, 1848)

Todas las personas verdaderamente importantes que he conocido eran muy laboriosas y trabajaban duro. En el caso de Marx ambas características se daban en grado sumo. Era colosal su entrega al trabajo, y como de día a menudo estaba ocupado – ante todo en los primeros tiempos de la emigración, buscaba refugio en la noche. Cuando a altas horas de la noche regresábamos de alguna reunión o sesión, se sentaba regularmente a su mesa y trabajaba durante algunas horas. Y estas cuantas horas se iban ampliando cada vez más, hasta que por último trabajaba durante toda la noche para descansar por la mañana. Su esposa le hacía las más diversas advertencias acerca de esa costumbre suya, pero Marx decía que su naturaleza así lo exigía.

(Wilhelm Liebknecht, 1896)

El trabajar se había convertido para Marx en una verdadera pasión, que le absorbía hasta el punto de olvidarse de comer. En no pocas ocasiones hubo que llamarle repetidamente antes de que acudiera al comedor, y apenas había ingerido el último bocado volvía a dirigirse a su gabinete de trabajo. Era persona muy poco dada a la comida e incluso sufría de falta de apetito, que intentaba combatir mediante el consumo de manjares muy salados. Su estomago tenía que pagar por la enorme actividad de su cerebro. Marx sacrificaba todo su cuerpo en aras de su cerebro; la actividad mental constituía su máxima satisfacción. A menudo le oí repetir la siguiente frase de Hegel, maestro de la filosofía de juventud: “Incluso el criminal pensamiento de un malvado es más sublime y majestuoso que los milagros del cielo”.

(Paul Lafargue, 1865)

“Y en ocasiones estoy convencida de que (a Marx y a Engels) los unía un lazo casi tan fuerte como su entrega a la causa de los obreros; su inagotable e indestructible humos. Es difícil encontrar otras dos personas que demuestren tanto placer como ellos por el chiste y la risa. Muy a menudo, especialmente cuando las circunstancias exigían decoro y discreción, los he visto prorrumpir en risas hasta el punto de que las lágrimas les corrían por las mejillas; e incluso aquellos que se creían obligados a mostrar su disconformidad, no podían por más que unirse a las carcajadas. ¡Cuantas veces he observado que no se atrevían a mirarse a las caras, porque sabían que una sola mirada les bastaría para desencadenar una explosión de risas!

(Eleanor Marx-Avleing, 1895)

“Marx no limitaba sus actividades al país en el cual había nacido. ‘Soy ciudadano del mundo- decía-, y allí donde me encuentro, allí actúo. Y en efecto, en todos los países hacía los cuales le habían llevado los acontecimientos y las persecuciones políticas, en Francia, Bélgica e Inglaterra tomó parte activa en los movimientos revolucionarios que allí se desarrollaban”.

(Paul Lafargue, 1890)

“Para Marx, la política era un estudio. Odiaba a muerte a los politicastros y el politiquero, se exasperaba cuando hablaba de esas ‘cabezas huecas’ que con ayuda de unas cuantas frases hechas arreglan los asuntos, y tomando por hechos reales sus deseos e imaginaciones más o menos confusas, dirigen los destinos del mundo desde la mesa de la taberna desde los periódicos, o desde las asambleas y parlamento. Pero por fortuna lo hacen sin que el mundo se preocupe de ello. Con la expresión de ‘cabezas huecas’ se refería a menudo a famosas y renombradas ‘personalidades’”.

(Wilhelm Liebhknecht, 1896)

“Marx es un hombre de enorme inteligencia y por añadidura un erudito en el más amplio y profundo sentido de la palabra. Es un economista concienzudo, al lado del cual Manzini, apenas puede ser llamado un discípulo. Por otra parte, Marx está entregado apasionadamente a la causa del proletariado. Nadie tiene el derecho de poner en duda esta circunstancia, pues pronto hará treinta años que está a su servicio con una tenacidad y fidelidad jamás disimuladas. A ella le ha dedicado toda su vida. No se puede amar a los oprimidos sin odiar a los opresores, y en consecuencia no es posible amar al proletariado sin odiar a la burguesía. Resulta imposible servir durante treinta años a una causa con apasionada entrega, sin amarla. Así pues, sólo el feo prejuicio de la difamación puede tener el atrevimiento de negar el amor de Marx por la causa del proletariado”.

(Majail Alexandrovich Bakunin, 1871)

“Cuando llegaron a Londres los fugitivos de la Comuna, Marx y su familia hicieron extraordinarios esfuerzos para prestar la máxima ayuda y ofrecer sus servicios. Y aparte de los fugitivos que entraban y salían de su casa podían verse allí a menudo trabajadores de provincias, venidos desde Manchester, Liverpool, Londres, desde el continente, desde América y desde otras lejanas partes de la Tierra”.
“Marx tenía la mano y la casa abiertas”

(Friedrich Adolf Sorge, 1871)

“El cerebro de Marx estaba repleto de una increíble cantidad de hechos históricos y científicos y de teorías filosófica, y era capaz de hacer uso apropiado de todos esos conocimientos y observaciones reunidos en largos trabajos intelectuales. Su secreto semejaba un buqué de guerra anclado en el puerto y con las maquinas a pleno vapor, dispuesto en todo momento a zarpar en cualquier dirección del pensamiento. El Capital nos releva a buen seguro un intelecto de sorprendente fuerza y altos conocimientos, pero ni para mí ni para ninguno de quienes conocíamos de cerca de Marx. El Capital u otra obra suya reflejaban toda la magnitud de su genio y saber. Estaba muy por encima de sus obras”.

(Paul Lafargue, 1890)

“El doctor Marx – así se llama mí ídolo, es un hombre todavía joven (tendrá lo sumo 24 años), que asestará el golpe mortal a la religión y a la política medievales. Combina la más profunda seriedad filosófica con el chiste más mordaz.
Imaginate Rousseau, Voltaire, Holbach, Lessing, Heine y Hegel combinados en una sola persona; digo combinados no amontonados. Y entonces tienes al doctor Marx”

(Moses Hess, 1841)

“Marx, mi co-redactor, luchaba siempre con apuros y esperaba injustamente que la empresa le ayudara a salir de ellos. Hay que decir que es de naturaleza muy particular, indicadísima para un erudito y escritor, pero completamente inservible para periodista. Lee muchísimo, trabaja enorme intensidad y posee un talento critico que en ocasiones se convierte en dialéctica que desemboca en arrogancia. Pero nunca lleva las cosas a su término; las interrumpe de continuo y se arroja siempre de nuevo a un inmenso mar de libros”.

(Arnold Ruge, 1844)

SOBRE EL CAPITALISMO

“Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio atento de ese sistema economito. La obra principal de Marx. El Capital, está consagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, la capitalista”.

“La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo. Marx prosiguió su obra; demostró esa teoría y la desarrolló consecuentemente; mostró que el valor de la mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción”.

“Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica integra de los productores aislados, significa que este vínculo se hace cada vez más estrecho. El capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo; la fuerza de trabajo del hombre se transforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al proletario de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista”.

“La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx”.

“El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los pequeños propietarios y crea un ejército de desocupados”.

“Al aumentar la dependencia de los obreros del capital, el sistema capitalista crea la gran fuerza del trabajo conjunto”.

“Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía mercantil, desde el simple truque, hasta sus formas más elevadas, hasta la gran producción”.

“Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra claramente, año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad de esta doctrina de Marx”.

“El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital”.

(V.I. Lenin. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. 1913)

La plusvalía
Desde que la Economía política sentó la tesis de que el trabajo es la fuente de toda riqueza y de todo valor, era inevitable esta pregunta: ¿Cómo se concilia esto con el hecho de que el obrero no perciba la suma total de valor creada por su trabajo, sino que tenga que ceder una parte de ella al capitalista? Tanto los economistas burgueses como los socialistas se esforzaban por dar a esta pregunta un contestación científica sólida; pero en vano, hasta que por fin apareció Marx con la solución. Esta solución es la siguiente. El actual modo de producción capitalista tiene como premisa la existencia de dos clases sociales; de una parte, los capitalista, que se hallan en posesión de los medios de producción y de sustento, y de otra parte, los proletarios, que, excluidos de esta posesión, sólo tienen una mercancía que vender, su fuerza de trabajo, mercancía que, por tanto, no tiene más remedio que vender, para entrar en posesión de los medios de sustento más indispensables. Pero el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción, y también, por tanto en su reproducción, por consiguiente, el valor de la fuerza de trabajo de un hombre medio durante un día, un mes, un año, se determina por la cantidad de trabajo plasmada en la cantidad de medio de vida necesarios para el sustento de esta fuerza de trabajo durante un día, un mes o un año. Supongamos que los medios de vida para un día exigen seis horas de trabajo para su producción o, lo que es lo mismo, que el trabajo contenido en ellos representa una cantidad de trabajo de seis horas; en este caso, el valor de la fuerza de trabajo durante un día se expresará en un suma de dinero en la que se plasmen también seis horas de trabajo. Supongamos además, que el capitalista para quien trabaja nuestro obrero le paga esta suna, es decir, el valor integro de su fuerza de trabajo. Ahora bien, si el obrero trabaja seis horas al día para el capitalista, habría reembolsado a éste íntegramente su desembolso, seis horas de trabajo por seis horas de trabajo. Claro está que de este modo n quedaría nada para el capitalista; por eso éste concibe la cosa de un modo completamente distinto. Yo, dice él, no he comprado la fuerza de trabajo de este obrero por seis horas, sino por un día completo. Consiguientemente, hace que el obrero trabaje, según las circunstancias, 8, 10, 12, 14, y más horas, de tal modo que el producto de la séptima, de la octava y siguiente horas es el producto de un trabajo no retribuido, que, por el momento, se embolsa el capitalista. Por donde el obrero al servicio del capitalista no se limita a reponer el valor de su fuerza de trabajo, que se le pagan sino que, además crea una prevalía que, por el momento, se apropia el capitalista y que luego se reparte con arreglo a determinadas leyes económicas entre toda la clase capitalista. Esta plusvalía forma el fondo básico del que emanan la renta del suelo, la ganancia, la acumulación del cantal; en una palabra, todas las riquezas consumidas o acumuladas por las clases que no trabajan. De este modo, se comprobó que el enriquecimiento de los actuales capitalista consiste en la apropiación del trabajo ajeno no retribuido, ni más ni menos que el de los esclavistas o el de los señores feudales, que explotaban el trabajo de los siervos, y que todas estas formas de explotación sólo se diferencian por el distinto modo de apropiarse el trabajo no pagado. Y con esto, se quitaba la base de todas esas retóricas hipócritas de las clases poseedoras de que bajo el orden social vigente reinan el derecho y la justicia, la igualdad de derechos y deberes y la armonía general de intereses. Y la sociedad burguesa actual se desenmascaraba, no menos que las que la antecedieron, como un establecimiento grandioso montado para la explotación de la inmensa mayoría del pueblo por una minoría insignificante y cada vez más reducida”.

(F. Engels, Carlos Marx, 1877)

La fuerza del trabajo
“Detengámonos a analizar un poco de cerca esta peregrina mercancía, que es la fuerza de trabajo. Posee, como todas las demás mercancías, un valor. ¿Cómo se termina este valor?

“El valor de la fuerza de trabajo, como el de otra mercancía, lo determina el tiempo de trabajo necesario para la producción, incluyendo, por tanto, la reproducción de este articulo especifico, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor”.

“El carácter peculiar de esta mercancía especifica, de la fuerza de trabajo, hace que su valor de uso no pase todavía de hecho a manos del comprador al cerrarse el contrato entre éste y el vendedor. Como toda mercancía, tiene ya un valor antes de lanzarse a la circulación, puesto que, para producirla, fue necesaria una determinada cantidad de trabajo social. Pero su valor de uso no se manifiesta hasta después, pues reside en el empleo o aplicación de la fuerza de trabajo. Por tanto, la enajenación de la fuerza de trabajo y su ejercicio real y efectivo, es decir, su existencia como valor de uso, no coincide en el tiempo. Y ya sabemos que, tratándose de mercancías en que la enajenación formal del valor de uso mediante la venta y su entrega real y efectiva al comprador se desdoblan en el tiempo, el dinero del comprador funciona casi siempre como medio de pago. En los países en que impera el régimen de producción capitalista, la fuerza de trabajo no se paga nunca hasta que ya ha funcionado durante el plazo señalado en el contrato de compre, v.gr. al final de cada semana. Es decir, que el obrero adelanta en todas partes al capitalista el valor de uso de la fuerza de trabajo y el comprador la consume, la utiliza, antes de habérsela pagado al obrero, siendo, por tanto, éste el abre crédito al capitalista.

Ya sabemos cómo se determina el valor que el poseedor del dinero paga al poseedor de esta característica mercancía que es la fuerza de trabajo. Qué valor de uso obtiene aquel a cambio del dinero que abona es lo que ha de revelar el consumo efectivo de la mercancía, el proceso de consumo de la fuerza de trabajo es, al mismo tiempo, el proceso de producción de la mercancía y de la plusvalía. El consumo de la fuerza de trabajo, al igual que el consumo de cualquier otra mercancía, se opera al margen del mercado o de la órbita de la circulación. Por eso, ahora, hemos de abandonar esta ruidosa escena, situada en la superficie y a la vista de todos, para trasladarnos, siguiendo los pasos del poseedor del dinero y del poseedor de la fuerza de trabajo, al taller oculto de la producción, en cuya puerta hay un cartel que dice: “No admíttance except on business”. Aquí, en este taller, veremos no sólo cómo el capital produce, sino también cómo se produce el mismo, el capital. Y se nos revelará definitivamente el secreto de la producción de la plusvalía.
“El antiguo poseedor de dinero abre la marcha convertido en capitalista, y tras él viene el poseedor de la fuerza de trabajo transformado en obrero suyo aquel, pisando recio y sonriente, desdeñoso, todo ajetreado; ésta tímido y receloso, de mala gana, como quien va a vender su propio pellejo y sabe la suerte que le aguarda; que se la curtan”.

“El obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien su trabajo pertenece. El capitalismo se cuida de vigilar que este trabajo se ejecute como es debido y que los medios de producción se empleen convenientemente, es decir, su desperdicio de materias primas cuidando de que los instrumentos de trabajo se traten bien, sin gastarse más que en aquella para en que lo exija su empleo racional”.

(C. Marx. El Capital, 1867)

La acumulación capitalista y la crisis
“Como la primera metamorfosis de la mercancía es a la vez venta y compra, este proceso parcial es al mismo tiempo un proceso autónomo. El comprador tiene la mercancía, el vendedor el dinero, eso es, una mercancía que conserva una forma adecuada para la circulación, ya se presente temprano o tarde en el mercado. Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita comprar inmediatamente por el solo hecho de haber vendido – la antitesis inmanente a la mercancía, valor de uso y valor, trabajo privado que a la vez tiene que presentarse, como trabajo directamente social, trabajo especifico y concreto que al miso tiempo cuenta únicamente como general y abstracto, personificación de la cosa y confiscación de las personas, esa contradicción inmanente, adopta formas más evolucionadas de un movimiento en la antitesis de la metamorfosis mercantil; estas formas entrañan la posibilidad, pero únicamente la posibilidad de la crisis”.

“Los limites de la producción, los fija la ganancia del capitalista, y en modo alguno la necesidad de los productores. El desarrollo incondicional de las fuerzas productivas, y por lo tanto la producción en masas, sobre la base de una masa de productores que se encuentran encerrados dentro de los limites de los medios de subsistencia necesarios, por un lado, y, por el otro, la barrera erigida por la ganancia de los capitalistas. (constituyen) la base de la superproducción moderna. La superproducción esta condicionada de modo especifico por la ley general de la producción de la capital. Producir hasta el límite establecido por las fuerzas productivas, es decir, explotar el máximo volumen de trabajo con el volumen dado de capital, sin tener en cuenta los limites reales del mercado o de las necesidades respaldadas por la capacidad de pago; y esto se lleva a cabo por medio de una continua expansión de la reproducción y la expansión de la reproducción y la acumulación, y entonces, por una constante reconversión de la renta en capital, mientras que, por otro lado, la masa de productores se mantiene apegada al nivel medio de necesidades, y que tiene que mantenerse apegada a él de acuerdo con la naturaleza de la producción capitalista. Por un lado hay sobreabundancia de todos los estudios de producción y sobreabundancia en todos los tipos de mercancías no vendidas en el mercado. Por el otro lado, capitalistas a la bancarrota y obreros desposeídos y hambrientos”.

(C. Marx. Teorías sobre la plusvalía. Tomo III)

“La differentia specifica de la producción capitalista (radica en que), la fuerza de trabajo no se compra aquí para satisfacer, mediante sus servicios o su producto, las necesidades personales del comprador. El objetivo perseguido por este es la valorización de su capital, la producción de mercancías que contengan una parte de valor que nada le cuesta al comprador y que sin embargo se realiza mediante la venta de las mercancías. La producción de plusvalor, el fabricar un excedente, es la ley absoluta, de este modo de producción. Solo es posible vender fuerza de trabajo en tanto la misma conserva como capital los medios de producción, reproduce como capital su propio valor y proporciona, en el trabajo impago, la fuente de pluscapital”.

“Al progresar la acumulación se opera una gran revolución en la relación que existe entre la masa y los medios de producción y la masa de fuerza de trabajo que los mueve. Esta revolución se refleja, en la relación variable que existe entre su parte de valor convertida en medios de producción y la que se convierte en fuerza de trabajo. Denomino a esta composición la composición orgánica del capital”.

“El volumen creciente de la magnitud de los medios de producción comparado con el de la fuerza de trabajo incorporada a ellos, expresa la productividad creciente del trabajo. El aumento de ésta se manifiesta, pues, en la reducción de la masa de trabajo con respecto a la masa de medios de producción movidos por ella, esto es, en la disminución de magnitud del factor subjetivo del proceso laboral comparado con sus factores objetivos”.

“Todo capital individual es un concentración mayor o menor de medios de producción, con el comando correspondiente sobre un ejército mayor o menor de obreros. Toda acumulación se convierte en medio al servicio de una nueva acumulación. Amplia, con la masa acrecentada de la riqueza que funciona como capital, su concentración en las manos de capitalistas individuales y por tanto el fundamente de la producción a gran escala y los métodos de producción específicamente capitalistas”

“La población obrera, pues, con la acumulación del capital producida por ella misma, produce en volumen creciente los medios que permiten convertirla en relativamente supernumeraria. Es esta una ley de población que es peculiar al modo de producción capitalista. Pero si una sobrepoblación obrera es el producto necesario de la acumulación o del desarrollo de la riqueza sobre una base capitalista, esta sobrepoblación se convierte a su vez, en palanca de la acumulación capitalista, e incluso en condición de existencia del modo capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva a disposición del capital, que le pertenece a éste tan absolutamente como si lo hubiera criado a sus expensas. Esa sobrepoblación crea, para las variables necesidades de valorización de capital, el material humano explotable y siempre disponible, independientemente de los límites del aumento real experimentado por la población.

“La masa de la riqueza social, pletórica y transformable en pluscapital gracias al progreso de la acumulación, se precipita frenéticamente sobre todos los viejos ramos de la producción cuyo mercado se amplía de manera súbita, o sobre ramos recién inaugurados.
En todos los casos de esta índole es necesario que se pueda volcar súbitamente grandes masas humanas en los puntos decisivos, sin que con ello se rebaje la escala alcanzada por la producción en otras esferas. La sobrepoblación proporciona esas masas. El curso vital característico de la industria moderna, la forma de un ciclo decenal – interrumpido por oscilaciones menores de periodos de animación media, producción a toda marcha, crisis y estancamiento, se funda sobre la formación constante, sobre la absorción mayor o menor y la reconstitución del ejército industrial de reserva o sobrepoblación”.

(C. Marx. El Capital. Tomo I, 1867)

“Con la progresiva disminución relativa del capital variable con respecto al capital constante, la producción capitalista genera una composición orgánica crecientemente más alta del capital global, cuya consecuencia directa es que la tasa del plusvalor, manteniéndose constante el grado de explotación del trabajo e inclusive si éste aumenta, se expresa en una tasa general de ganancia constantemente decreciente. La tendencia progresiva de la tasa general de ganancia a la baja sólo es, por tanto, una expresión peculiar al modo capitalista de producción, al desarrollo progresivo de la fuerza productiva social del trabajo”.

“La disminución relativa del capital variable con respecto al constante, que corre pareja con el desarrollo de las fuerzas productivas, sirve de acicate al crecimiento de la población obrera, mientras crea permanentemente una sobrepoblación artificial. La acumulación del capital, considerada con arreglo al valor, resulta amortiguada por la disminución de la tasa de ganancia, para acelerar aún más la acumulación del valor de uso, mientras que ésta, a su vez imprime un movimiento acelerado a la acumulación con arreglo al valor”.

“La producción capitalista tiende constantemente a superar estos limites que le son inmanentes, pero sólo lo consigue en virtud de medios que vuelven a alzar ante ella esos mismos limites en escala aún más formidable”.

“El verdadero limite de la producción capitalista lo es el propio capital; es éste, que el cantal y su autovalorización aparece como punto de partida y punto terminal, como motivo y objetivo de la producción. El medio – desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales, entra en constante conflicto con el objetivo limitado, el de la valorización del capital existente”.

“Por ello, si el modo de producción capitalista es uno medio histórico para desarrollar la fuerza productiva material y crear el mercado mundial que le corresponde, es al mismo tiempos la constante contradicción entre esta su misión histórica y las relaciones sociales de producción correspondientes a dicho modo de producción”.

“El conflicto entre las fuerzas impulsoras antagónicas se desahoga periódicamente mediante crisis. Estas siempre son sólo soluciones violentas momentáneas de las contradicciones existentes, erupciones violentas que restablecen por el momento el equilibrio perturbado”.

(C. Marx. El Capital, Tomo III)

“De ahí que el máximo desarrollo de la fuerza productiva, junto con la expansión máxima de la riqueza existente, coincida con la depreciación del capital, la degradación del obrero y la postración más absoluta de sus facultades vitales. Estas contradicciones derivan en estallidos, cataclismos, crisis en las cuales, mediante la suspensión momentánea del trabajo y la aniquilación de una gran parte del capital, este último se reduce violentamente hasta el punto desde donde pueda proseguir su marcha”.

“Es ésta la tendencia a la baja en la tasa de ganancia en todo respecto, la ley más importante de la moderna economía política y la esencial para comprender las relaciones más dificultosas. Es desde el punto de vista histórico la ley más importante”.

(C. Marx. Elementos fundamental para la critica de la Economía Política (Grundisse) 1857 – 1858. Tomo II)

“En las crisis del mercado mundial se revelan en forma notable las contradicciones y antagonismos de la producción burguesa. En lugar de investigar la naturaleza de los elementos en pugna que brotan en la catástrofe, los apologistas se conforman con negar la catástrofe misma y con insistir, frente a su repetición regular y periódica, que si la producción se llevase a acabo de acuerdo con los manuales, las crisis jamás ocurrirían. De tal manera, la apologética consiste en la falsificación de las más simples relaciones económicas, y en especial, en aferrarse al concepto de la unidad frente a la contradicción”.

(C. Marx. Teorías sobre la plusvalía. Tomo III)

EL SOCIALISMO CIENTÍFICO

“Los conceptos de los utopistas han dominado mucho tiempo las ideas socialistas del siglo XIX, y en parte aún las siguen dominando hoy. El socialismo es, para todos ellos, la expresión de la verdad absoluta, de la razón y la justicia, y basta con descubrirlo para que por su propia virtud conquiste el mundo. Y, como la verdad no está sujeta a condiciones de espacio, ni de tiempo, ni al desarrollo histórico de la humanidad, sólo el azar puede decidir cuándo y dónde este descubrimiento ha de revelarse. Añádase a esto que la verdad absoluta, la razón y la justicia varían con todos los fundadores de cada escuela; y, como el carácter especifico de la verdad absoluta, la razón y la justicia, está condicionado, a su vez, en cada uno de ellos, por la inteligencia personal, las condiciones de vida, el estado de cultura y la disciplina mental, resulta que en este conflicto de verdades absolutas no cabe más solución que éstas se vayan puliendo las unas y la otras. Y, así, era inevitable que surgiese una especia de socialismo ecléctico y mediocre, como el que, en efecto, sigue imperando todavía en las cabezas de la mayor parte de los obreros socialistas de Francia e Inglaterra; una mezcolanza extraordinariamente abigarrada y llena de matices, compuesta de los desahogos críticos, las doctrinas económicas y las imágenes sociales del porvenir menos discutibles de los diversos fundadores de sectas, mezcolanza tanto más fácil de componer cuanto más los ingredientes individuales, habían ido perdiendo, en el torrente de la discusión, sus contornos perfilados y agudos, como los guijarros lamidos por la corriente de un río. Para convertir el socialismo en una ciencia, era indispensable, ante todo, situarlo en el terreno de la realidad”.

(F. Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico, 1877)

“Estos dos grandes descubrimientos; la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se los debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia, que sólo nos queda por desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones”.

(F. Engels, op, cit)

“El Estado moderno, cualesquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, en el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuman en propiedad tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza. Más, al llegar a la cúspide, se derrumba. La propiedad del estado sobre las fuerzas productivas no es solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución”.

Esta solución sólo puede estar en reconocer de un modo efectivo el carácter social de las fuerzas productivas modernas y por lo tanto en armonizar el modo de producción, de apropiación y de cambio con el carácter social de los medios de producción. Para esto, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de estas fuerzas productivas que ya no admite otra dirección que la suya.
Haciéndolo así, el carácter social de los medios de producción y de los productos, que hoy se vuelven contra los mismos productores, rompiendo periódicamente los cauces del modo de producción y de cambio, y que sólo pueden imponerse con una fuerza y eficacia tan destructoras como el impulso ciego de las leyes naturales, será puesto en vigor con plena conciencia por los productores y se convertirá, de causa constante de perturbaciones y de cataclismos periódicos, en la palanca más poderosa de la producción misma.

“El día en que las fuerzas productivas de la sociedad moderna se sometan al régimen congruente con su naturaleza, por fin conocida, la anarquía social de la producción dejará el puesto a una reglamentación colectiva y organizada de la producción acorde con las necesidades de la sociedad y del individuo”.

(F. Engels, op,cit)

“Pues el socialismo no es más que el paso siguiente al monopolio capitalista de Estado. O en otros términos, el socialismo no es más que el monopolio capitalista de Estado PUESTO AL SERVICIO DE TODO EL PUEBLO y que, por ello HA DEJADO DE SER monopolio capitalista”.

(V. I. Lenin. La catástrofe que nos amenaza y cómo luchar contra ella, 1917)

La lucha de clases
“La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días en la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y aprendices; en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron en secular antagonismo unos contra otros, mantuvieron una lucha constante, ya velada, ya abierta, lucha que siempre terminó con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento general de las clases contendientes. La moderna sociedad burguesa, que ha brotado de las ruinas de la sociedad feudal, no ha terminado con las contradicciones de clase.
Únicamente ha sustituido las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha. Por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose cada vez más en dos campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente, la burguesía y el proletariado”.

(C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1818)

“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria, el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. Las capas medias, el pequeño industrial el pequeño comerciante, el artesano y el campesino, luchan todas ellas contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son pues, revolucionarias sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver a tras la rueda de la historia. Son revolucionarias +únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los de el proletariado”.

(C. Marx y F. Engels, op cit)

Lucha de clases en el socialismo
“El error de la internacional amarilla ‘de Berna’ consiste en que sus lideres reconocen sólo de palabra la lucha de clases y el papel dirigente del proletariado. Tienen miedo de reconocer que la dictadura del proletariado es también un periodo de lucha de clases, la cual es inevitable mientras las clases no hayan sido suprimidas y reviste diversas formas, siendo particularmente violenta y especifica durante el primer periodo después de derrocado el capital.
Una vez conquistado el poder político, el proletariado no cesa en su lucha de clase, sino que la continua hasta que las clases hayan sido suprimidas, pero naturalmente, en otras condiciones, bajo otra forma y con otros medios.

(V. I. Lenin. Una gran iniciativa, 1919)

“Como tratar las contradicciones entre nosotros y el enemigo y las existentes en el seno del pueblo en la sociedad socialista es una ciencia, una ciencia que merece estudiarla concienzudamente. En las condiciones de nuestro país, la actual lucha de clases es, parcialmente, manifestación de las contradicciones entre nosotros y el enemigo, pero, en la mayoría de los casos, manifestación de las contradicciones en el seno del pueblo. Un reflejo de este estado de cosas son los desordenes que ahora promueve un reducido número de personas.
Suponiendo que el globo terrestre se destruya dentro de diez mil años, por lo menos durante estos diez mil año habrá desordenes. Pero no nos corresponde ocuparnos de asuntos tan lejanos como los que han de ocurrir en términos de diez mil años. Lo que nos incumbe es hacer serios esfuerzos por adquirir, en un periodo de varios quinquenios, las experiencias necesarias por tratar este problema.

(Mao Tsetung. Discursos en una conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma del Partido, 1957)

El comunismo
“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un periodo político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”.

(C. Marx. Critica del Programa de Gotha, 1875)

“El derecho igual sigue siendo aquí en el socialismo, en principio, el derecho burgués, aunque ahora el principio y la práctica ya no se tiran de los pelos, mientras que el régimen de intercambio de mercancías y el intercambio de equivalente no se da más que como termino medio, y no en los casos individuales.

A pesar de este progreso, este derecho igual sigue llevando implícita una limitación burguesa. El derecho de los productores es proporcional al trabajo que han rendido; la igualdad, aquí, consiste en que se mide por el mismo rasero, por el trabajo”

(C. Marx, op cit)

“En una fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadota de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no es solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”.

(C. Marx, op. cit).

ACERCA DE LA MUJER

Con la división del trabajo, que lleva implícitas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la sociedad en diversas familias contrapuestas, se da, el mismo tiempo, la distribución y, concretamente la distribución desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que, por lo demás, ya aquí corresponde perfectamente a la definición de los modernos economistas, según la cual es el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de otros. Por lo demás la división del trabajo y la propiedad derivada son términos idénticos; uno de ellos dice, referido a la esclavitud, lo mismo que al otro, referido al producto de ésta”.

(C. Marx y F. Engels. La ideología alemana)

“LA familia moderna contiene un germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, la miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado”.

(C. Marx citado por F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1891)

“Así, pues las riquezas, a medida que iban en aumento, daban, por una parte, al hombre una posición más importante que a la mujer en la familia, y por otra parte hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden de herencia establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciera la fijación según el derecho materno. Este tenía que ser abolido, y lo fue”

“El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuño también las riendas en la casa, la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo en los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas mas suaves, pero no, ni mucho menos, abolida”

“Famulus, quiere decir esclavo domestico, y familia es el conjunto de los esclavos pertenecientes a un mismo hombre”.

“El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado”.

“En cuanto los medios de producción pasen a ser propiedad común, la familia individual dejara de ser la unidad económica de la sociedad. La economía domestica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también. La sociedad cuidará con el mismo esmero de todos los hijos, sean legítimos o naturales. Así desaparecerá el temor a las “consecuencias”, que es hoy el más importante motivo social-tanto desde el punto de vista moral como desde el punto de vista económico, que impide a una joven soltera entregarse libremente al hombre a quien ama.
¡No bastara eso para que se desarrollen progresivamente unas relaciones sexuales más libres y también para hacer a la opinión pública menos rigorista acerca de la honra de las vírgenes y la deshonra de las mujeres! Y, por último, ¡No hemos visto que en el mundo moderno la prostitución y la monogamia, aunque antagónicas son inseparables, como polos de un mismo orden social!
¿Puede desaparecer la prostitución sin arrastrar consigo al abismo a la monogamia?

“Por eso, cuando lleguen a desaparecer las consideraciones económicas en virtud de las cuales las mujeres han tenido que aceptar esta infidelidad habitual de los hombres, la preocupación por su propia existencia y aun más por el porvenir de los hijos, la igualdad alcanzada por la mujer, a juzgar por toda nuestra experiencia anterior, influirá mucho más en el sentido de hacer monógamos a los hombres que en de hacer poliandras a las mujeres”.

(F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1891)

El derecho al trabajo
“Si la mujer cumple con sus deberes en el servicio privado de la familia, queda excluida del trabajo social y no puede ganar nada; y sí quiere tomar parte en la industria social y ganar por su cuenta, le es imposible cumplir con sus deberes de familia. Lo mismo que en la fábrica, le acontece a la mujer en todas las ramas del trabajo, incluidas la medicina y la abogacía”.

(F. Engels, op, cot, 1891)

“Por último, en las haciendas capitalistas, el trabajo del hombre predomina sobre el de la mujer. ¿Qué significa esto? Esto significa que en la agricultura la obrera, la proletaria y la campesina, debe esforzarse mucho más, derrengarse, deslomarse en el trabajo en perjuicio de su salud y de la de sus hijos, para equipararse en lo posible a los hombres, que trabajan en la gran producción capitalista. Esto significa que la pequeña producción sólo se mantiene bajo el capitalismo a base de exprimir al obrero más cantidad de trabajo que la que saca de él la gran producción”.

(V. I. Lenin. La pequeña producción en la agricultura, 1913)

El divorcio
“En la mayoría de los casos, el derecho al divorcio es irrealizable bajo el capitalismo, ya que el sexo oprimido está agobiado económicamente, y la mujer, cualquiera que sea la democracia, siegue siendo bajo el capitalismo la “esclava del hogar”, recluida en la alcoba, en el cuarto de los niños, en la cocina”.

“Bajo el capitalismo, el derecho al divorcio, lo mismo que todos los derechos democráticos sin excepción, es de difícil realización, es algo condicional, limitado, restringido en virtud de las formalidades a que está sujeto”.

“Cuanto más plena sea la libertad de divorcio, más claro serpa para la mujer que el origen de su ‘escalvitud domestica’ residen en el capitalismo, y no en la falta de derechos”.

(V. Lenin. Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”, 1924)

“Si el matrimonio fundado en el amor es el único moral, sólo puede ser moral el matrimonio donde el amor persiste. Pero la duración del acceso del amor sexual es muy variable según los individuos, particularmente entre los hombres en virtud de ello, cuando el afecto desaparezca o sea reemplazado por un nuevo amor apasionado, el divorcio será un beneficio lo mismo para ambas partes que para la sociedad. Sólo que deberá ahorrarse a la gente el tener que pasar por el barrizal inútil de un pleito de divorcio”.

(F. Engels, op cit, 1891)

La llamada
“reivindicación” del amor libre

“De momento debo expresar mi opinión sobre lo siguiente; le aconsejo que suprima en absoluto la reivindicación (femenina) del amor libre. Prácticamente, es una reivindicación burguesa, y no proletaria. En realidad ¿Qué en tiende usted por esta reivindicación? ¿Qué se puede entender por una tal reivindicación?

1) ¿Que la mujer se vea libre de todo cálculo material (financiero) en cuestiones de amor? 2) ¿Qué sea vea también libre de toda preocupación material? 3) ¿De los prejuicios religiosos? 4) ¿De las prohibiciones de la cabeza de familia, etc.? 5) ¿De los prejuiciosos de la sociedad? 6) ¿De la mezquina atmósfera (campesina, o pequeño burguesa, o intelectual-burguesa) del medio ambiente? 7) ¿De las trabas de la ley, de los tribunales y de la policía? 8) ¿De la seriedad en el amor? 9) ¿De la procreación? 10) ¿De la libertad de adulterio? etc.

He enumerado muchos matices (no todos, naturalmente). Usted, naturalmente, no comprende por esta reivindicaron los No. 8-10, sino los No. 1-7, para los No. 1-7 es preciso elegir otra denominación, pues el amor libre no expresa con exactitud esta idea”.

“Precisamente porque en la sociedad moderna las clases más locuaces, alborotadas y mejor situadas comprenden por ‘amor libre’ los No. 8-10, precisamente por eso dicha reivindicación no es una reivindicación proletaria, sino burguesa”.

INTENSA ACTIVIDAD CONMEMORATIVA

Para la conmemoración del centenario de la muerte de Marx, el Comité Ejecutivo Central designó, a finales del año pasado, una comisión de camaradas para que se encargase de decidir y preparar la programación respectiva. Los compañeros encargados en esta tarea fueron; Diego Betancur, Héctor Valencia, Carlos Naranjo, Clemencia Lucena, Diego Escobar, Martha Lasprilla, Hugo Cruz, Fadua Katah, Marcelo Torres, Enrique Daza, Gabriel Iriarte y Daniel Paternina.

Entre las actividades acordadas se destaca el ciclo de conferencias que durante más de un mes se llevaron a cabo en las más diversas ciudades y poblaciones del país, por parte de decenas de compañeros que se repartieron entre sí los múltiples temas concernientes al marxismo. Por ejemplo, Héctor Valencia trató sobre la cuestión filosófica; Diego Betancur se ocupó de la biografía de Marx, Clemente Forero disertó acerca de la teoría marxista del dinero; José Fernando Ocampo se refirió a la teoría de Marx y el revisionismo; Marcelo Torres sustentó la vigencia histórica de Carlos Marx; Santiago Perry habló de la teoría marxista del problema agrario; Yolanda Nieto expuso respecto al marxismo y la emancipación de la mujer; Clemencia Lucena sobre Marx y su cultura: Yezid García analizó la cuestión del Estado, Edgar Andrade la teoría económica de Marx; Iván Toro resumió las enseñanzas del Manifiesto Comunista; Diego Escobar y enrique Daza trataron el problema internacional entre otros muchos expositores.

Se elaboró igualmente un audiovisual sobre la vida y la obra de Carlos Marx, con sus respectivas y profundas repercusiones en la lucha del proletariado de la última centuria. Se repartieron sendas copias de dicho audiovisual para ser entregadas a los regionales del país; Julián Barba, Elsa Arenas, Mario González, Gustavo de la Hoz, Marco González y Luz Marina Correal.

Varios artistas se vincularon en una u otra forma a las efemérides. Vale la pena resaltar la colaboración de Clemencia Lucena, Eugenia Escobar, Miguel Ángel Echevarria y de Eduardo Emilio Esparza, quien hizo una hermosa serigrafía de Marx, cuyas copias fueron vendidas para contribuir a las finanzas de la campaña.

MATERIALISMO HISTÓRICO Y MATERIALISMO DIALÉCTICO

“En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo en sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social.
Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino porque, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, veos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.

A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónico, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por tanto, la prehistoria de la sociedad humana”.

(C. Marx, Prologo de la “Contribución a la critica de la economía política”, 1859)

“Es verdad que las fuerzas productivas, la práctica y la base económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo, quien niegue esto no es materialista. Pero hay que admitir también que, bajo ciertas condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo. La creación y divulgación de una teoría revolucionaria desempeña el papel principal y decisivo en determinados momentos, refiriéndose a lo cuales dijo Lenin:
‘Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario’. Cuando hay una tarea por cumplir (sea la que fuere), pero se carece todavía de orientación, método, plan o política, lo principal y decisivo es determinar una orientación, método, plan o política. Cuando la superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto?
No. La razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la relación que a su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, y la superestructura sobre la base económica. No vamos así en contra del materialismo, sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos firmemente el materialismo dialéctico”.

(Mao Tsetung. Sobre la contradicción, 1937)

“La gran cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos determinados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables, al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie interrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos, se acabo imponiendo siempre una trayectoria progresiva; esta gran idea cardinal se halla ya tan arraigada sobre todo desde Hegel, en la conciencia habitual, que, expuesta así, en términos generales, apenas encuentra oposición.
Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra cosa es aplicarla a la realidad concreta, en todos los campos sometidos a investigación. Si en nuestras investigaciones nos colocamos siempre en este punto de vista, daremos al traste de una vez para siempre con el postulado de soluciones definitivas y verdades eternas, tendremos en todo momento la conciencia de que todos lo resultados que obtengamos serán forzosamente limitados y se hallarán condicionados por las circunstancias en las cuales los obtenemos; pero ya no nos infundirán respeto esas antitesis irreductibles, para la vieja metafísica todavía en boga; de lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo idéntico y lo distinto, lo necesario y lo fortuito, sabemos que estas antitesis sólo tienen un valor relativo, que lo que hoy reputamos como verdadero encierra también un lado falso, ahora oculto, pero que saldrá a la luz más tarde, del mismo modo que lo que ahora reconocemos como falso guarda su lado verdadero, gracias al cual fue acatado como verdadero anteriormente; que lo que se afirma necesario se compone de toda una serie de meras casualidades y que lo que se cree fortuito no es más que la forma detrás de la cual se esconde la necesidad, y así sucesivamente”.

“El viejo método de investigación y pensamiento que Hegel llama “metafísico” método de que ocupaba preferentemente la investigación de la cosas como algo hecho y fijo, y cuyos residuos embrollan todavía con bastante fuerza las cabezas tenía en su tiempo una gran razón histórica de ser. Había que investigar las cosas antes de poder investigar los procesos. Había que saber lo que era tal o cual cosa, antes de pulsar los cambios que en ella se operaban. Y así acontecía en las ciencias naturales. La vieja metafísica que enfocaba las cosas como fijas e inmutables, nació de una ciencia de la naturaleza que investigaba las cosas muestras y las vivas como cosas fijas e inmutables. Cuando estas investigaciones estaban ya avanzadas que era posible realizar el progreso decisivo, consistente en pasar a la investigación sistemática de los cambios experimentados por aquellos objetos en la naturaleza misma, sonó también en el campo filosófico la hora final de la vieja metafísica. En efecto, si hasta fines del siglo pasado las Ciencias Naturales fueron predominantemente ciencias colectoras, ciencias de objetos hechos, en nuestro siglo son ya ciencias esencialmente ordenadoras, ciencias que estudian los procesos, el origen y el desarrollo de estos objetos y la concatenación que hace de estos procesos naturales un gran todo. La fisiología, que investiga los fenómenos del organismo vegetal y animal, la embriología, que estudia el desarrollo de un organismo desde su germen hasta su formación completa, la geología, que sigue la formación gradual de la corteza terrestre, son todas ellas, hijas de nuestro siglo”.

(F. Engels. Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, 1888)

EL ARTE Y LA LITERATURA

La concepción materialista y dialéctica
del arte literario
“No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”

“La producción de la ideas, de las representaciones de la conciencia, está, en primer lugar, directamente entrelazada con la actividad material y con las relaciones materiales de los hombres. La conciencia no puede ser nunca algo distinto del ser consciente, y el ser de los hombres es el proceso real de su vida”.

(Marx-Engels. La ideología alemana)

“El desenvolvimiento político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc. Se basa en el desarrollo económico, pero estos elementos interactúan entre sí y reaccionan también sobre la base económica. No es que la situación económica sea la causa, la única activa, mientras que todo lo demás es pasivo. Hay, por el contrario, infracción sobre la base de la necesidad económica, la que en última instancia siempre se abre camino”.

(Engels. Carta a H. Starkenburg, 1894)

Pero la dificultad no consiste en comprender que el arte griego y la epopeya están vinculados a ciertas formas del desarrollo social. La dificultad reside en que ambos nos preocupan todavía un placer estético que aun tienen para nosotros, en cierto sentido, el valor de normas y de modelos accesibles.

Un hombre no puede volver a ser niño, de caer en la puerilidad. ¿Pero no encuentra acaso placer en la ingenuidad del niño y, una vez llegado a un nivel superior, debe aspirar él mismo a reproducir la verdad? En la naturaleza infantil ¿no habrá época para revivir su carácter en su verdad natural? ¿Por qué la infancia histórica de la humanidad, allí donde ha alcanzado su más lindo florecimiento; porque esa etapa de desarrollo acaba para siempre no ejercerá in hechizo eterno? Existen niños maltratados y otros que adoptan aires de personas mayores. Muchos de pueblos de la antigüedad pertenecen a esta categoría. Los ciegos eran niños normales. El encanto que ejerce sobre nosotros su arte no esta en contradicción con el carácter primitivo de la sociedad en que creció. Es, más bien, su producto y, por el contrario, se encuentra vinculado en forma indisoluble al hecho de que las condiciones insuficientemente maduras en que nació, únicas en que podía haber nacido no podrán volver a darse”.

(C. Marx. Introducción a la Critica de la Economía Política)

“Las obras artísticas y literarias, como formas ideológicas, son producto del reflejo en el cerebro del hombre de una existencia social determinadas. El arte y la literatura revolucionarios, son producto del reflejo de la vida del pueblo en el cerebro de los artistas y escritores revolucionarios. En la misma vida del pueblo están los yacimientos de materia prima para el arte y la literatura, material en estado natural, no elaborado, pero, a la vez, el más vivo, el más rico y el más fundamental”.

(Mao Testung. Intervenciones en el foro Yenán)

El arte y la política
“Esquilo, el padre de la tragedia, y Aristófanes, el padre de la comedia, fueron ambos poetas decididamente de tendencia; no menos lo fueron Dante y Cervantes, y lo mejor de Amor y Engaño de Schiller es que constituye el primer drama político alemán de tendencia. Los rusos y los noruegos modernos, que nos dan novelas excelentes, son todos poetas de tendencia”.

(F. Engels, Carta a Minna Kautsky, 1885)

“En oposición alas costumbres burguesas, en oposición a la prensa burguesa patronal y mercantil, en oposición al arribismo literarios y al individualismo burgués, al “anarquismo aristocrático” y a la caza del provecho, el proletariado socialista debe preconizar el principio de una literatura de partido, desarrollarlo y aplicarlo en una manera tan plena y entera como sea posible.

“¿En qué consiste, pues, este principio? No solo en que, para el proletariado socialista, la literatura no debe ser un medio de enriquecimiento para individuos o grupos de individuos, sino que no debe ser en absoluto un asunto individua, independiente de la causa general del proletariado. ¡Abajo los literarios sin partido! ¡Abajo los superhombres de la literatura!

(V.I. Lenin. La organización del Partido y la literatura de partido)

“En el mundo actual, toda la cultura, todo el arte y la literatura pertenecen a una clase determinada y están subordinados a una línea política determinada. No existe, en realidad, arte por el arte, ni arte que este por encima de las clases, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella. El arte y la literatura proletarios son parte de la causa de la revolución proletaria en su conjunto; son, como decía Lenin, ‘rueda y tornillo’ del mecanismo general de la revolución”.

(Mao Tsetung, Intervenciones en el foro de Yenán)

El problema del realismo
“Realismo significa, según mi modo de ver, aparte de fidelidad en los detalles, reproducción fiel de caracteres típicos en circunstancias típicas.

(F. Engels, Carta a Margaret Harkmess, 1888)

“Cuanto más escondidas se mantienen las opiniones del autor, tanto mejor para la obra de arte. El realismo de que yo hablo puede también manifestarse a pesar de las ideas del autor. Permitanme un ejemplo; Balzac, a quien yo tengo por un maestro del realismo con mucho superior a todos los Zolas del pasado, del presente y del futuro, nos da en la Comedia Humana una excelente historia realista de la sociedad francesa, puesto que, bajo la forma de una crónica, describe casi año a año, desde 1816 hasta 1848, el empuje siempre creciente de la burguesía ascendente contra la sociedad nobiliaria. Describe cómo los últimos restos de esta sociedad, para el ejemplar, iban cayendo poco a poco ante el ataque del rico y vulgar villano venido a más o eran corrompidos por él; como la grande dame, ayuda infidelidad conyugal era tan sólo un medio para afirmarse perfectamente adecuado con el modo en que disponían de ella para el matrimonio, dejaba paso a la señora de la burguesía, que elegía marido por amor a la caja de caudales o al guardarropa; y, en torno a este cuadro central, agrupa una historia completa de la sociedad francesa, de la que yo, incluso en las particularidades económicas, he aprendido más que de todos los historiadores, economistas y estadistas profesionales de este período juntos”.

(F. Engels, Ibid)

“Estudiamos marxismo con el fin de aplicare el punto de vista del materialismo dialéctico y del materialismo histórico en la observación del mundo, de la sociedad, del arte y la literatura, y no con el fin de escribir disertaciones filosóficas en nuestras obras artísticas y literarias. El marxismo sólo puede abarcar, pero no reemplazar, el realismo en la creación artística y literaria, igual que sólo puede abarcar, pero no sustituir las teorías atómica y electrónica en la física. Las fórmulas dogmáticas, vacías u secas, destruyen el impulso creador; pero no sólo eso, sino que también, en primer término, destruyen el marxismo”.

(Mao Tsetung, Intervenciones en el foro de Yenán)

Sobre el estilo literario
“Además, la verdad es universal, no pertenece a mí solo, pertenece a todos, es dueña de mí, y no yo dueño de ella. Mi patrimonio es la forma, que constituye mi individualidad espiritual. ‘El estilo es el hombre’”.
(C. Marx – F. Engels. Notas sobre las novísimas instrucciones de la censura Prusia)

“En esta obra de Proudhon predomina aún, permítaseme la expresión, un estilo de fuerte musculatura, lo cual, a mi juicio, constituye su principal merito. Se ve que, incluso en los lugares donde Proudhon se limita a reproducir lo viejo, dicha reproducción constituye para él in descubrimiento propio; cuado dice es para él algo nuevo y como tal lo presenta. La audacia provocativa con que ataca el sancha sanctorum de la economía política, las ingeniosas paradojas con que se burla del sentido común burgués, la critica demoledora, la ironía mordaz, ese profundo y sincero sentimiento de indignación que manifiesta de cuando en cuando contra las infamias del orden existente, su convicción revolucionaria, todas estas cualidades contribuyeron a que el libro ¿Qué es la propiedad? Electrizase a los lectores y produjese una gran impresión desde el primer momento de su salida a la luz”.

(C. Marx, Miseria de la filosofia)

Cultura nacional, científica y de masas
“La cultura debe tener su propia forma, es decir, una forma nacional. Nacional en la forma y de nueva democracia en el contenido, tal es nuestra nueva cultura de hoy”.

“La cultura de nueva democracia es científica. Está contra toda idea feudal y supersticiosa, y por la búsqueda de la verdad en los hechos, por la verdad objetiva y por la unidad entre la teoría y la práctica”

“La cultura de nueva democracia pertenece a las masas y es, por lo tanto, democrática. Debe servir a las masas trabajadoras, a los obreros y a los campesinos, que constituyen más del 90% de la nación, y convertirse gradualmente en su propia cultura”.

(Mao Tsetug. Sobre la nueva democracia)

EL PARTIDO

“En si lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase más que constituyéndose el mismo en partido político distinto y opuesto a todos lo antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras”.

“Esta constitución del proletariado el partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la Revolución social y de su fin supremo; la abolición de la clases”.

(C. Marx. Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1871)

“Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y por la otra, en que, en las diferentes fases de desarrollo porque pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto”
“Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera pero, al mismo tiempo, defienden también dentro del movimiento actual, el provenir de este movimiento”.

(C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848)

“Por oposición al ‘Maniifesto Comunista’ y a todo el socialismo anterior. Lasalle concebía el movimiento obrero desde el punto de vista nacional más estrecho. ¡Y, después de la actividad de la Internacional, aún se siguen sus huellas en este camino!”.

“Naturalmente, la clase obrera, para poder luchar, tiene que organizarse como clase en su propio país, ya que éste es la palestra inmediata de sus luchas. En este sentido, su lucha de clases es nacional, no por su contenido, sino, como dice el Manifiesto Comunista, por su forma”

(C. Marx. Critica del Programa de Gotha, 1875)

“No hay que dejarse engañar por los gritos de ‘unidad’ precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones; así ocurre con los actuales bakuninistas del Jura suizo, que han sido los instigadores de todas las escisiones y que por nada claman tanto como por la unidad”.

“Los sectarios más inveterados y los perores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad”.

“Es lógico y está muy bien que toda dirección de partido busque éxitos en sus trabajos. Pero hay circunstancias en las que se debe tener el valor de renunciar a los éxitos inmediatos en aras de cosas más importantes. Sobre todo un partido como el nuestro, cuyo éxito final esta plenamente asegurado y cuyo crecimiento en nuestra época y ante nuestros propios ojos han sido tan gigantescos que no necesita, siempre y en todas las condiciones, obtener éxitos inmediatos. Tomemos el ejemplo de la Internacional. Después de la comuna logró éxitos enormes. Los burgueses, muertos de miedo, la creían impotentes. La gran masa de militantes de la Internacional pensaba que las cosas iban a continuar así eternamente. Nosotros sabíamos perfectamente que el globo tenía que reventar. Gente de las más despreciables había adherido a la internacional. Los sectarios que se hallaban en sus filas se aprovecharon abusivamente de su condición de miembros de la Internacional y llegaron en su desfachatez a suponer que se les iba a tolerar las más grandes necedades y vilezas. Pero nosotros no lo toleramos. Sabiendo perfectamente que el globo tenía que reventar algún día, procuramos no aplazar la catástrofe y lograr que la Internacional saliese de ella limpia e incorrupta. El globo estallen La Haya, y ya sabe usted que la mayoría de los miembros del Congreso a sus casas profundamente desilusionada. Pero estos, decepcionados, que se imaginaban que en la Internacional hallarían el ideal de la fraternidad y la reconciliación universales, provocan casi todos ellos en sus organizaciones locales peleas mucho más graves que las que estallaron en La Haya. Ahora, los intrigantes sectarios predican la reconciliación y nos acusan de ser unos intratables y unos dictadores. Pero ¿Cuál hubiera sido el resultado si nosotros hubiésemos tratado de encubrir la escisión inminente? Los sectarios, esto es, los bakuninistas, habrían tenido un año más a su disposición para realizar en nombre de la Internacional estupideces e infamias aún mayores”.

“Por lo demás ya el viejo Hegel decía que un partido demuestra su triunfo aceptando y resistiendo la escisión. El movimiento proletario pasa necesariamente por diversas fases de desarrollo, y en cada una de ellas se atasca parte de la gente, que ya no sigue adelante”.

(F. Engels. Carta a A. Bebel, 1873)