A los 60 años de la invasión: “LOS AFGANOS PREFIEREN MORIR CIEN VECES A RENDIRSE UNA SOLA VEZ”

Después de 26 meses, 100.000 soldados soviéticos continúan hollando el territorio de Afganistán y masacrando sin piedad a su pueblo, no obstante el repudio universal que ha provocado la invasión y los contratiempos que ésta le acarrea al Kremlin. La barbarie de que han hecho gala los socialimperialistas no ha podido doblegar a los valientes guerrilleros afganos que en desigual combate mantienen a raya a las divisiones rusas, equipadas con los más sofisticados y letales armamentos. La consigna de “Fuera rusos de Afganistán” retumba por doquier en el mundo y recuerda a los pueblos hasta donde es capaz de llegar Moscú en su desaforada carrera expansionista. En la agreste geografía de ese remoto país de quince millones de habitantes se libra un duelo entre la mayor potencia militar de todos los tiempos y una atrasada nación del Tercer Mundo que se desangra en la lucha por defender su soberanía.

Los afganos no se rinden

“Nosotros no nos transformamos en intrusos en las tierras de otros y no nos inmiscuimos en los asuntos internos de otros. Pero siempre lograremos defender nuestros derechos y legítimos intereses”. Esta declaración formulada por Leonid Brezhnev, en agosto de 1980, a propósito de Afganistán, revela el descaro de los revisionistas del Kremlin, quienes de palabra se dicen respetuoso de la independencia de las naciones pero en la práctica pisotean este precepto esencial del internacionalismo proletario. Un artículo aparecido en la revista Novedades de Moscú, en abril de 1980, indicaba: “El principio de la no intervención en su conjunto es bueno… pero la historia y la política no siempre concuerdan con fórmulas legales”. Estos son algunos de los razonamientos esgrimidos por los soviéticos para justificar la agresión contra Afganistán, la cual hasta ahora presenta un dantesco saldo de más de medio millón de muertos entre la población civil, dos millones de refugiados, centenares de aldeas demolidas e incontables cosechas arrasadas.

En su furor bélico, los invasores han empleado toda clase de armas contra la resistencia, incluidas las químicas. Abundan las pruebas del uso de una sustancia, denominada “lluvia amarilla”, que los aviones rusos dejan caer sobre las montañas afganas y que provoca en sus víctimas la muerte por asfixia. De igual modo, se han arrojado bombas de napalm y defoliantes contra indefensos aldeanos que para protegerse muchas veces no cuentan sino con viejos fusiles.

Un soldado del ejército pelele de Kabul, quien desertó y huyó a Pakistán, hizo a unos periodistas franceses el siguiente relato, en mayo de 1980: “Partimos y más tarde entramos a una aldea llamada Setté Kandao. Las casas de los mudjahidin (combatientes guerrilleros) estaban todas destruidas por las bombas. En nuestras filas habían muerto 300 rusos y 200 de los nuestros. Capturamos cuatro heridos. Entonces ví con mis propios ojos cómo fueron enterrados vivos”.

A la pregunta de quién había dado la orden, el soldado repuso: “El oficial soviético, el ruso. Yo vi cómo, heridos pero aún vivos, se les enterró con un buldózer”. Dubandím, una aldea situada 50 kilómetros al sur de Kabul, fue atacada por aire y tierra; cuando las tropas rusas llegaron, la villa había sido convertida en un montón de escombros y casi todos sus moradores yacían muertos por la metralla y las bombas. Un puñado de sobrevivientes logró escapar rumbo a Pakistán, donde relató los pormenores de la masacre. Actos de salvajismo como los reseñados dan una idea de la forma como las hordas del socialimperialismo adelantan su guerra de exterminio contra el pueblo afgano. Empero, tales crímenes han tenido el efecto de acrecentar la tenacidad de la resistencia popular, que hoy tienen bajo su influencia extensas zonas rurales, en las cuales los ocupacionistas no osan incursionar sino esporádicamente. Las fuerzas soviéticas tienen que pagar un alto precio en vidas y material bélico por cada una de las campañas punitivas que lanzan contra los bastiones afganos, los cuales mejoran su capacidad de fuego con las armas arrebatadas al enemigo. Un veterano luchador mudjahidin expresa el espíritu de combate que anima a su pueblo cuando afirma: “Los afganos prefieren morir cien veces a rendirse una sola vez”.

En una situación como la descrita no resulta extraño que la desmoralización cunda en el ejército títere; de los cien mil efectivos con que contaba en 1979, hoy no llega a 30.000, puesto que las deserciones en masa se suceden cada vez con mayor frecuencia. Las defecciones también ocurren en el seno del gobierno de Karmal. El 25 de octubre de 1980, un funcionario del régimen, Akhtar Mohammed Paktiawal, jefe de la delegación afgana ante la XXI conferencia de la Unesco, celebrada en Belgrado, se asiló y denunció públicamente: “Afganistán ya no es un país libre. Está completamente dominado por la Unión Soviética, pero lucha por sacudirse tal dominación… y echará a puntapiés al dominador ruso”. A finales del año pasado, huyeron a Pakistán numerosas personalidades de Kabul, como el director de la oficina para la reforma agraria, el redactor en jefe de noticias de la televisión nacional, un juez del Tribunal Supremo y varios destacados intelectuales.

Los Estados del mundo han manifestado su repudio a la intervención de Moscú. El 20 de noviembre de 1980, la Asamblea General de la ONU aprobó por 11 votos contra 22 una resolución que exige el retiro inmediato de las tropas foráneas de Afganistán. Era la segunda oportunidad en que dicho organismo hacía un pronunciamiento en este sentido. Y el 18 de noviembre del último año, de nuevo las Naciones Unidas aprobaron, por 116 votos a favor, una condena a la presencia de las divisiones rusas en aquel país.

Por otra parte, el Tribunal Permanente de los Pueblos por Afganistán, conformado por demócratas de los cinco continentes, concluyó en su primera sesión de mayo de 1981, “La intervención soviética en Afganistán constituye una agresión en el marco del derecho internacional, contra la soberanía, la integridad territorial y la independencia política del Estado afgano y un atentado contra los derechos nacionales fundamentales del pueblo afgano”. Con base en innumerables testimonios y pruebas, el Tribunal constató el empleo, por parte del ejército ruso, de armas como gases tóxicos, bombas de Napalm, minas antipersonales y otras; también denunció las atrocidades de los invasores para con los prisioneros de guerra, a los que primero torturan y luego ejecutan.

Afganistán y las superpotencias

Los intereses de la URSS son dobles; por un lado, están las vastas riquezas naturales de Afganistán, aún sin explotar; y por otro, la importante ubicación geográfica de esta martirizada nación, a mitad de camino entre Rusia y el Océano Índico y el Golfo Pérsico. Afganistán posee grandes yacimientos de gas natural, estimados en unos 1.700 millones de metros cúbicos, y depósitos de hierro y cobre calculados en 2.000 y 3.500 millones de toneladas, respectivamente. Asimismo, cuenta con reservas de petróleo, cromo, berilio, plomo, zinc, bauxita, litio, uranio, carbón, tantalio y barita. Para una superpotencia que como la Unión Soviética se prepara febrilmente con miras a una confrontación global, los recursos de su indefenso vecino no son nada despreciables.

Además, al poner un pie en Afganistán, los expansionistas soviéticos se aproximan considerablemente a la estratégica región del Golfo, en cuyos alrededores ya tienen firmes bases de apoyo. La inestabilidad crónica de Irán, las tensiones entre Pakistán y la India y el conflicto árabe-israelí son todos factores que en un momento dado pueden servir a la URSS para pescar en aguas revueltas e implantar su yugo en esa área. Es por ello que el Kremlin ha declarado enfáticamente que el problema afgano tiene que ligarse a los asuntos del Golfo. Hace poco un alto jerarca ruso dijo: “Los intereses vitales soviéticos en Afganistán son, naturalmente, mayores que los norteamericanos, porque este país está situado al sur de nuestra frontera, pero a miles de kilómetros de Estados Unidos”. (Afganistán posee límites comunes con Rusia a lo largo de 1.200 kilómetros). Con razón el señor Gromyko señaló que la exigencia del retiro del ejército ruso de Afganistán “es una ilusión”.

Para la superpotencia de Occidente el estacionamiento de fuerzas soviéticas tan cerca del Oriente Medio ha constituido un desafío. En los dos últimos años Washington tomó ciertas medidas contra la URSS, tales como el embargo cerealero (de mínima eficacia y suspendido a mediados de 1981 por Reagan), el boicot de las Olimpiadas de Moscú y el refuerzo de su flota del Índico. La administración republicana se esmera en incrementar la presencia militar yanqui en el Cercano Oriente, a la vez que proclama que está dispuesta a suministrar armas a los rebeldes afganos, lo cual fue aprovechado de inmediato por el Kremlin para justificar su vandálica ocupación de Afganistán.

Indudablemente los mayores esfuerzos de la Casa Blanca se han concentrado en apuntalar la capacidad defensiva de Pakistán, el único país del Sudoeste Asiático con que cuentan los norteamericanos para oponerse al avance socialimperialista. Desde hacía casi quince años Estados Unidos había impuesto un bloqueo a la venta de armas a dicha nación, principalmente porque estaba en contra de que el régimen de Islamabad desarrollara tecnología nuclear con fines bélicos, con ser que la India hizo explotar su primera bomba atómica en 1974. Pero los sucesos de Afganistán hicieron cambiar la postura del tío Sam hacia los paquistaníes, quienes han dado refugio a cerca de dos millones de afganos que viven en noventa campamentos a lo largo de la extensa frontera. Semejante situación, sumada a que Pakistán se encuentra en la senda de los tanques soviéticos hacia el Índico, ha puesto en peligro la seguridad de ese Estado. Al mismo tiempo, la India, unida a la URSS por un tratado militar desde 1971 y enfrentada a Pakistán por las viejas rencillas que en menos de veinte años han provocado dos guerras, mantiene 650.000 soldados en la frontera paquistano-hindú. Inicialmente el gobierno de Carter ofreció una ayuda militar de 400 millones de dólares a Pakistán, suma que con razón fue calificada como ridícula por el mandatario de dicha república. En 1981, Ronald Reagan decidió aumentar sustancialmente el compromiso con Islamabad: 2.500 millones de dólares en material de guerra y proyectos económicos. Cabe agregar que la India plantea actualmente comprar armas a la Unión Soviética por 1.600 millones de dólares.

En cuanto a los países de Europa Occidental, todos condenaron la invasión soviética, aun cuando se presentan vacilaciones y actitudes oportunistas, debidas principalmente a la notoria inferioridad militar de la OTAN frente al Pacto de Varsovia; a las dificultades económicas por las que atraviesa la Comunidad Europea, lo que la ha obligado a realizar cuantiosas transacciones con el bloque soviético, y a la pusilanimidad e incoherencia de la política de Estados Unidos, en especial bajo la administración Carter, cuyos descalabros se empeña en reparar el señor Reagan. A mediados de 1981, los Estados europeos presentaron a Moscú una llamada “solución política”, en el sentido de que Afganistán debía ser libre y neutral luego del retiro de las legiones rusas. El Kremlin rechazó la iniciativa alegando que era “no realista”. El cambio de gobierno en Washington ha redundado en un paulatino endurecimiento de la posición de Europa Occidental ante la amenaza rusa en todas sus expresiones. La visita de Brezhnev a Bonn, en noviembre pasado, fue una muestra palpable de los aprietos en que se halla la diplomacia moscovita. Mientras decenas de miles de manifestantes germanos condenaban la agresión rusa a Afganistán, el canciller Schmidt le comunicaba al inquilino del Kremlin que Alemania respaldaba irrestrictamente, al igual que la gran mayoría de los gobiernos de la OTAN, la estrategia norteamericana en materia de armamento nuclear en el teatro europeo, consistente en que los EE.UU. renunciarían a instalar mísiles de alcance intermedio a cambio de que la URSS desmantele los suyos.

La indignación mundial por la agresión contra Afganistán crece día a día. El carácter imperialista de la Unión Soviética ha quedado al desnudo con este vil ataque a un país del Tercer Mundo. Aunque los patriotas afganos han recibido solidaridad de algunos países, particularmente de la República Popular China, todavía carecen de medios adecuados para golpear con dureza a los invasores, y precisan de una ayuda masiva en armas y municiones. Sólo así podrán salir airosos de esta prolongada guerra de resistencia y conquistar sus metas: el retiro total de la soldadesca soviética y la restauración de un Afganistán independiente y no alineado, libre de la interferencia de las grandes potencias.

EN KAMPUCHEA, NOTABLES AVANCES DE LA RESISTENCIA

“Si la URSS y Viet Nam logran anexarse Kampuchea, nada les impedirá materializar su propósito estratégico de invasión y expansión en Asia del Sureste, adueñarse del estrecho de Malaca y dominar el Pacífico Meridional y el Índico Oriental. El problema de Kampuchea está estrechamente relacionado con el de Afganistán y lo está el de Asia Suroriental con el de Asia Suroccidental y el Golfo Pérsico”.

Con estas palabras sintetiza Khieu Samphan, primer ministro de Kampuchea Democrática y presidente provisional del Frente Democrático y Patriótico de Gran Unión Nacional de Kampuchea, los objetivos a largo plazo del socialimperialismo al mantener 200 mil soldados vietnamitas ocupando aquella nación, que hasta el 25 de diciembre de 1978 había conservado su status independiente y no alineado. En esta fecha, el ejército de Hanoi invadió Kampuchea, instaló en Phnom Penh un régimen títere y se dedicó a la tarea de aniquilar todo foco de resistencia con el fin de consumar la anexión del país. Empero, a pesar de la considerable superioridad en hombres y armamentos y del respaldo del oso soviético, al cabo de 38 meses de guerra Viet Nam no ha podido salirse con la suya y afronta un prolongado y desgastador combate con las fuerzas del gobierno legítimo de Kampuchea Democrática y otros sectores patrióticos. Los agresores han perdido la iniciativa militar, política y diplomática y a escala mundial aumenta cada día su aislamiento y crecen las protestas contra el infame genocidio cometido contra el pueblo Kampucheano.

Favorable evolución militar
Al comienzo de las hostilidades, por cada combatiente de Kampuchea Democrática había 6 ó 7 invasores, lo cual hizo pensar a la camarilla de Le Duan en una campaña relámpago que no iría, según sus cálculos, más allá del fin de la estación seca de 1979, o sea, el mes de abril. Gracias a su inmenso poderío bélico y a las ventajas que le proporcionaba su condición de agresor, Viet Nam pudo conquistar inicialmente la mayor parte del territorio kampucheano y someter a su dominio las principales ciudades, vías de comunicación y regiones agrícolas de la pequeña nación.

Para darle un toque de legitimidad a su atropello, los vietnamitas ungieron a un agente suyo, un tal Heng Samrin, como jefe de gobierno, a quien la URSS y todos sus paniaguados consideran único representante del pueblo khmer. Todo parecía indicar que el sueño dorado de Hanoi de crear una “federación indo-china” bajo su batuta y sin respetar las aspiraciones nacionales de los otros pueblos de la región era ya una realidad con una Kampuchea asolada y un Lao sojuzgado por más de 50.000 uniformados vietnamitas.

El gobierno legal de Kampuchea Democrática y su ejército se vieron forzados a replegarse a las zonas occidentales del país, desde donde dieron comienzo a la organización de la resistencia. Venciendo toda suerte de obstáculos de orden militar, económico y político, los rebeldes conformaron el Frente Democrático y Patriótico de Gran Unión Nacional y desplegaron una intensa actividad guerrillera que poco a poco se difundió por casi todo el territorio. Para la estación seca de octubre de 1979 a mayo de 1980 se hizo evidente que los agresores no habían conseguido aniquilar la resistencia y que ésta, por el contrario, se consolidaba en las regiones liberadas del oeste, donde tenía en armas a cerca de 60.000 hombres enrolados en un ejército regular y 50.000 en destacamentos guerrilleros. En su afán por destruir los bastiones patriotas, los vietnamitas atacaron repetidas veces, a mediados de 1980, a Tailandia, arrasaron varias aldeas y dieron muerte a decenas de civiles.

Acosada por crecientes dificultades internas, la burocracia dominante de Hanoi se vio imposibilitada para incrementar su ejército de invasión en Kampuchea y para emprender nuevas ofensivas estratégicas, limitándose a lanzar campañas esporádicas sobre las áreas controladas o influenciadas por las tropas de Kampuchea Democrática. Los vietnamitas, imitando a sus amos rusos en Afganistán, han venido utilizando en su guerra de exterminio armas químicas contra la población kampucheana, según denuncias de varios organismos internacionales, incluida la ONU.

En 1981 la situación no mejoró para los ocupacionistas. De acuerdo con el balance del alto comando del ejército nacional y las guerrillas de Kampuchea Democrática, dado a conocer en octubre del mismo año, los vietnamitas sufrieron 36.000 bajas, entre muertos y heridos; la insurrección liberó alrededor de 300 poblados y el número de personas bajo protección del régimen revolucionario alcanzó 1.700.000; muchas vías de comunicación de gran importancia para el enemigo fueron destruidas o dañadas; cerca de 3.000 soldados vietnamitas desertaron y entregaron sus armas a los luchadores populares. El informe señala además que, “debido a la falta de efectivos y a la no existencia de fuerzas estratégicas de intervención el enemigo perdió toda iniciativa de combate en la temporada lluviosa de 1981 (mayo a octubre)”. Y concluye diciendo: “El deterioro de la situación del enemigo resulta, asimismo, de la pérdida de su moral, de las frecuentes rebeliones y deserciones en sus filas, de las revueltas de soldados kampucheanos alistados a la fuerza, de la escasez de alimentos, de las críticas condiciones de salud de sus tropas, de las enormes dificultades en todos los campos en Viet Nam mismo y del completo aislamiento en la arena internacional”.

Nuevas realidades y cambio de política
En diciembre de 1979, el gobierno de Kampuchea Democrática fue reorganizado con el objeto de unir más ampliamente a las fuerzas nacionales, dentro y fuera del país, para la lucha contra el enemigo vietnamita y la defensa de la patria. De igual modo, se decidió suspender la Constitución y tomar como ley fundamental el programa político del Frente Democrático y Patriótico de Gran Unión Nacional. Khieu Samphan empezó a desempeñarse como primer ministro del gobierno reformado, mientras Ieng Sary continuó al mando del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En una rueda de prensa celebrada a mediados de 1980, Khieu Samphan expresó que el gobierno “se está esforzando para consolidar y ampliar el Frente Democrático y Patriótico de Unión Nacional, y hacerlo más poderoso”. Refiriéndose a las experiencias del periodo anterior a la invasión de Viet Nam, el dirigente señaló: “Cometimos excesos y serios errores. Habíamos intentado movilizar a todo el pueblo para elevar la producción agrícola y mejorar las condiciones de vida lo más pronto posible. Pero obligamos al pueblo a realizar trabajo manual que resultó demasiado duro para algunas personas”.

En consecuencia, algunas gentes murieron de agotamiento, enfermedad y desnutrición. Ieng Sary dijo por su parte que “la decisión de trasladar al campo a los pobladores urbanos fue desastrosa para un crecido número de personas”. Subrayó que “en las áreas administradas por Kampuchea Democrática se han abolido los comedores comunales y el trabajo colectivo forzado, y se han garantizado los negocios privados y todas las libertades civiles”.

La agresión vietnamita creó una situación totalmente nueva en Kampuchea, lo cual llevó a sus líderes a examinar cuidadosamente ciertos hechos del pasado, hacerse una autocrítica con respecto a los errores cometidos y formular una política de salvación nacional que les permitiera trabajar conjuntamente con las inmensas mayorías del pueblo. La organización de la administración y el impulso dado al frente unido son asuntos reveladores de dicho esfuerzo. Es por ello que el 18 de diciembre de 1979, el gobierno de Kampuchea Democrática proclamó solemnemente: “En la actualidad nuestra tarea ya no consiste en llevar adelante la revolución socialista y construir el socialismo; nuestra lucha actual no es ideológica sino que es una lucha por la defensa del territorio y la raza de nuestra amada Kampuchea. La tarea principal y sagrada de toda la nación y el pueblo de Kampuchea consiste en combatir resueltamente a los agresores vietnamitas (…) Por consiguiente, la nueva política estratégica del Frente Democrático y Patriótico de Gran Unión Nacional del Gobierno de Kampuchea Democrática no es una táctica a corto plazo. Es una política estratégica con miras a unir todas las fuerzas de la nación y el pueblo”.

Posteriormente, y tomando como punto de partida la plataforma del Frente Democrático y Patriótico, representantes de éste y del gobierno elaboraron, en junio de 1981, el “Programa Político Mínimo de Cinco Puntos”, que en síntesis contempla: 1) Continuar resueltamente la lucha armada y las otras formas contra la camarilla de Le Duan hasta el retiro de todas sus tropas de Kampuchea. 2) Todas las actividades deben realizarse sobre la base de Kampuchea Democrática, que es la única forma legal del Estado. 3) Todas las fuerzas nacionales unidas contra Viet Nam deben evitar los conflictos entre sí, que redunden en un debilitamiento de su objetivo común. 4) Después de la evacuación de todas las tropas vietnamitas, se efectuarán elecciones generales mediante votación libre, directa y secreta, bajo la supervisión de la ONU. Esta elección conformará la Asamblea Nacional que redactará la Constitución, decidirá el sistema político del país como un sistema parlamentario y no establecerá el socialismo. Kampuchea será un país independiente, pacífico, neutral y no alineado. 5) Todas las fuerzas que combaten a los vietnamitas podrán mantener su propio status político y gozar de libertad de acción, siempre que no violen el programa mínimo.

Consecuente con los lineamientos trazados para enfrentar al enemigo común y facilitar la unidad nacional, el Partido Comunista de Kampuchea emitió el 6 de diciembre de 1981 un comunicado en el que anuncia su disolución y exhorta a su militancia a continuar adelantando la guerra popular contra Viet Nam, en estrecha colaboración con los demás sectores patrióticos.

Por último, entre septiembre y noviembre del año pasado, se reunieron en la capital de Tailandia, Bangkok, representantes de los sectores que conforman la resistencia kampucheana, a saber: los que dirigen Khieu Samphan, Samdech Norodom Sihanouk y Son Sann. Las tres corrientes han venido estudiando el problema de la integración de un gobierno de coalición, no obstante las diferencias políticas existentes entre ellas. En la, actualidad continúan desarrollándose conversaciones tendientes a superar los obstáculos y lograr que todos los grupos tengan representación en pie de igualdad en la administración del Estado. El gobierno de Kampuchea Democrática, por su parte, ha hecho un llamado al pueblo para que discuta ampliamente acerca de cuáles deben ser los principios básicos que permitan establecer un régimen conjunto en el país.

El mundo con Kampuchea
Los pueblos de los cinco continentes manifestaron desde un comienzo su repudio al cobarde ataque de Viet Nam contra una débil nación que no alcanza a los seis millones de habitantes. Moscú y Hanoi se han empeñado en vano por conseguir el reconocimiento internacional del régimen títere impuesto a raíz de la entrada de las hordas vietnamitas a Kampuchea. El 13 de octubre de 1980, la Asamblea General de la ONU rechazó, con 35 votos a favor, 74 en contra y 32 abstenciones, la propuesta de la URSS y Viet Nam que pretendía ceder a Heng Sanrim el puesto de Kampuchea Democrática en dicho organismo. La comunidad mundial se ha negado en varias ocasiones a aceptar la legitimidad del fantoche de Hanoi y sólo reconoce como representante auténtico del pueblo kampucheano al gobierno encabezado por Khieu Samphan.

El 21 de octubre de 1981, las Naciones Unidas aprobaron por 100 votos contra 24 una resolución sobre la situación en Kampuchea, en la que se destaca la exigencia del retiro de todas las tropas foráneas de ese país como base indispensable para cualquier solución al problema.

En marzo del último año, con motivo del anuncio hecho por Heng Samrin de que estaba dispuesto a celebrar elecciones, el presidente del Comité Permanente de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Ansea) afirmó: Los países miembros de la Ansea no pueden reconocer la validez de ninguna elección que obligue al pueblo kampucheano a aceptar candidatos impuestos a él por una fuerza extranjera. Bajo la sombra de 200.000 soldados vietnamitas, el pueblo kampucheano no tiene capacidad de buscar la satisfacción de sus intereses nacionales ni de formar un gobierno de su propia elección ni de elegir libremente a sus dirigentes”.

Entre el 13 y el 17 re julio de 1981 se llevó a cabo en la sede de la ONU, en New York, la Conferencia Internacional sobre Kampuchea, a la que asistieron delegados de los países y territorios. La declaración, aprobada por unanimidad, estipulaba que todas las tropas extranjeras deben salir de Kampuchea lo más pronto posible; que debe respetarse la independencia, la soberanía, la integridad territorial y la posición no alineada y neutral de Kampuchea, y que los demás países deben comprometerse a no intervenir de ninguna manera en los asuntos internos de Kampuchea, sea directa o indirectamente.

Organizaciones democráticas y revolucionarias de todas las latitudes realizaron en 1981, en Tokio, la primera Conferencia sobre Kampuchea, en la que participaron también destacadas personalidades. El evento condenó enérgicamente la agresión soviético-vietnamita e impulsó una campaña mundial de solidaridad. Igualmente, se acordó la realización de la segunda conferencia en 1983 en los Estados Unidos.

No obstante las simpatías que despierta en el orbe la lucha de Kampuchea Democrática y la ayuda que algunos países, entre ellos la República Popular China, han brindado a los patriotas, éstos precisan, al igual que los afganos, de un respaldo continuo y abundante de alimentos, armas y municiones para enfrentar con éxito a los intervensionistas. Apoyar a los kampucheanos significa contribuir a la causa de la emancipación de los pueblos y la derrota del socialimperialismo y sus acólitos.

PRONUNCIAMIENTOS DE LAS FUERZAS REBELDES

La cotidiana lucha a muerte contra el enemigo común se ha traducido en un acercamiento progresivo entre los diversos contingentes de patriotas afganos que se agrupan en el Frente de Combatientes Mudjahidines, el Frente Unido Nacional, el Frente de Harazadjat, el Frente de Nouristan, para mencionar sólo algunas de las principales organizaciones. Separados por diferencias étnicas, religiosas, lingüísticas y políticas de vieja data, estos grupos pugnan por unir sus fuerzas para enfrentar con éxito al agresor y edificar un Afganistán libre e independiente. Aunque todavía no se ha llegado a construir un frente único, los objetivos de casi todos los sectores rebeldes coinciden en los aspectos fundamentales.

El Frente de Combatientes Mudjahidines estipula en su plataforma, entre otros, los siguientes puntos programáticos: 1) Alcanzar la independencia nacional y liquidar por medio de las armas la dominación de la URSS y de sus títeres. 2) Eliminar la injerencia de la URSS y de todos los imperialismos en los terrenos político, militar, económico y cultural y crear un Afganistán islámico independiente de las superpotencias. 3) Defender firmemente las tradiciones del pueblo musulmán y de otras minorías religiosas. 4) Garantizar la igualdad de todas las nacionalidades, luchar contra el chovinismo y el sectarismo y reforzar la unidad política del país por medios democráticos. 5) Defender el principio de independencia y de apoyarse en sus propias fuerzas como guía esencial del Frente. Ni la Unión Soviética, ni los Estados Unidos, ni ninguna otra potencia deberá decidir el destino del pueblo afgano. 6) Luchar contra todas las formas de bloques militares, establecer relaciones con todos los países sobre la base de los cinco principios de coexistencia pacífica y apoyar los movimientos islámicos progresistas, los movimientos de liberación nacional y los países no alineados.

El Frente Unido Nacional sostiene que “la política exterior de la República de Afganistán deberá basarse en los principios de la independencia nacional, de la unión fraternal con el mundo islámico y, en particular, con los países limítrofes, Irán y Pakistán, que tienen la misma religión y el mismo destino, y de relaciones igualitarias con todos los Estados del mundo”. En uno de sus documentos, el Frente indica: “En esta gran guerra decisiva, a pesar del salvajismo y el belicismo de los rusos, la victoria pertenece sin lugar a dudas al heroico pueblo afgano”.

El general Said Asan, jefe del Frente de Hazaradjat, declaró a mediados de 1981: “Yo soy partidario de una auténtica república islámica independiente del Este y del Oeste. Un régimen elegido libremente por la población, que garantice las libertades políticas y sociales en el marco de los principios fundamentales del Islam. Un régimen que no se alinee con ningún país extranjero (…) para asegurar la victoria, debe lograrse la unidad nacional. Deberán crearse organizaciones militares y políticas que agrupen a todos los combatientes de Afganistán a fin de establecer una coordinación y una colaboración multiformes entre todos los pueblos musulmanes de Afganistán”.

Además de los grupos mencionados, diversos sectores de las masas populares han constituido organizaciones que propugnan los mismos fines. La Unión General de Profesores y Estudiantes por la Independencia de Afganistán afirma en su programa: “Nuestro objetivo actual es conquistar la independencia nacional, la democracia y crear una república islámica según la voluntad del pueblo. Nuestra consigna es la libertad y la justicia. Nuestro país no debe ser dependiente ni de la URSS ni de los Estados Unidos, ni de cualquier otra potencia extranjera. El medio para alcanzar dicho objetivo es la conformación de un amplio frente unido que abarque a la totalidad del pueblo”. Por otra parte, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán dice en su plataforma: “En este momento, nuestro deber, tanto de hombres como de mujeres, es unirnos todos en la lucha por la independencia de nuestra querida patria. La liberación de las mujeres no significará nada sin la independencia de la nación, sencillamente no será posible”.

POR RESOLUCIÓN EL GOBIERNO ELIGE NUEVA JUNTA DIRECTIVA EN SITTELECOM

Al reconocer la asamblea espuria efectuada en octubre de 1981 por un grupo reducido, que integraban 48 delegados del PC, la extrema “izquierda” y la derecha patronal, el Ministerio de Trabajo consumó el 28 de enero un insidioso golpe de mano contra Sittelecom. El fallo, contenido en la resolución 00580, excluyó por completo de la directiva al sector mayoritario que encabeza el actual presidente, Agustín González, el cual contaba con 71 delegados. Se comprueba así, una vez más, que la ofensiva de las fuerzas oportunistas contra el sindicalismo independiente es alentada por el mismo gobierno.

Entre los días 12 y 17 de octubre de 1981, se debía realizar el XXXI Asamblea Nacional de Sittelecom para escoger la nueva junta y dar el visto bueno al pliego. En la mañana del día previsto para la instalación, sin embargo, un piquete compuesto por algunos trabajadores de base, por delegados de la minoría y por personas extrañas a Telecom irrumpió en la sede y ocupó el auditorio, permaneciendo allí en actitud provocadora y amenazando con agredir a los representantes de la mayoría.

Como resultara imposible en semejantes condiciones dar inicio a la reunión, la junta directiva optó por aplazarla hasta diciembre, no sin antes llevar a cabo una salida que, mediante el acatamiento de los estatutos, permitiera superar el problema.

La minoría procedió por su parte a sesionar sin quórum, nombrando una supuesta junta directiva nacional y decidiendo al mismo tiempo sumarse a la aventura del fracasado Paro Cívico.

No obstante que la maniobra viola de manera flagrante las normas estatutarias y está en contradicción con los principios y mecanismos de la democracia, el Ministerio del Trabajo acaba de impartirle su bendición, entregando a la minoría el manejo absoluto del sindicato.

Que los trabajadores decidan
Los delegados del sector mayoritario de Sittelecom se congregaron en Bogotá a principios de febrero con el objeto de examinar la situación y trasar tareas.

Resumiendo las principales características de la etapa actual, los compañeros señalaron que “la ofensiva oportunista, nos crea dificultades en muchos frentes, pero traerá consigo importantes enseñanzas que redundarán en el fortalecimiento ideológico y político del movimiento obrero”. Añadieron que “solamente el debate contra el Partido Comunista y sus acólitos despejará la confusión reinante” y que “las condiciones son favorables, ya que la bancarrota de las tesis mamertas sobre la unidad sindical nos facilita arrojar mayor claridad sobres las divergencias existentes entre las dos líneas”.

Se acordó ampliar la polémica ante los trabajadores, para que sean ellos quienes definan la suerte del sindicato, hoy amenazado por las intrigas mancomunadas del gobierno y el oportunismo.

EN EL CONCEJO DE BOGOTÁ: AVELINO NIÑO RECHAZA ATROPELLOS CONTRA VENDEDORES

El 9 de febrero terminó el debate promovido ante el cabildo bogotano por Avelino Niño, en torno a los reclamos de los 60 mil vendedores ambulantes de la capital. El concejal del FUP y el MOIR citó al secretario de Gobierno Distrital para expresarle su oposición al policivo decreto 0179 dictado por el alcalde Durán Dussán, y denunciar al mismo tiempo los desalojos, detenciones y demás abusos que contra el gremio cometen a diario los alcaldes menores. Las dos sesiones en que intervino el dirigente se vieron animadas por la presencia de unos mil vendedores afiliados al Sindicato Nacional Único de Comerciantes Menores, Sinucom.

El camarada dejó ante la corporación edilicia una constancia, de la que publicamos los siguientes apartes:

• El alcalde mayor de Bogotá, en una nueva demostración del estilo antidemocrático y antipopular, ha dictado el decreto No. 0179 con el aparente propósito de organizar las ventas ambulantes y estacionarias. El decreto en mención suspende la expedición de licencias y permisos y la refrendación de los existentes.
• Con esta determinación el alcalde ha dejado de arbitrio de la policía y de los alcaldes menores a este sector de la población. Estimulando el negociado y el chantaje de los intermediarios.

Al presentar esta constancia en el Concejo de Bogotá, a nombre de los vendedores ambulantes y estacionarios del Distrito, el compañero Avelino dijo: “Expreso mi más enérgica protesta por este nuevo atropello”.

HUELGA EN COLTABACO

1.700 trabajadores de Coltabaco suspendieron labores el 17 de febrero en las plantas de Medellín, Bogotá, Cali, Bucaramanga, El Espinal, San Gil y la provincia Santandereana de García Rovira. El sindicato pide 4350 pesos de aumento salarial. Fernando Acosta, presidente del comité secccional de huelga, señaló que el 65 por ciento de las operaciones recibe 11 mil pesos.

Las negociaciones arrancaron el pasado 23 de diciembre, pero sólo después de declarada la huelga la parte patronal vino a ofrecer algunos puntos, amenazando luego con retirarlos silos representante obreros no se plegaban a ellos antes del 18 de febrero. El inaceptable ultimátum, agravado por el despido inminente de ocho directivos nacionales, vino a precipitar el cese de actividades.

Sintracoltabaco denuncio que algunos grupos paramilitares de extrema derecha comunicaron hace algunos días su decisión de eliminar al secretario general de la entidad. Ya el 6 de febrero, en Medellín, fue asesinado Luis Javier Cifuentes, otro directivo nacional.

OTRO EXECRABLE CRIMEN

El pasado 11 de febrero, en la vereda La Carlota, de Puerto Berrío, varios campesinos encontraron el cadáver del compañero Francisco Foronda Sierra, miembro de la dirección zonal del MOIR y secretario de la JUPA en esta población del Magdalena Medio. El cuerpo presentaba dos impactos de revólver; uno en la cabeza y otro en el pecho. El camarada Foronda se hallaba en La Carlota planificando la actividad de un centro de salud y acelerando el registro electoral de los seguidores del FUP, tareas ambas que le habían sido confiadas por el Partido.

El nuevo asesinato, al igual que el de Oscar Restrepo, perpetrado el 18 de mayo del año pasado en Puerto Triunfo, comprueba la forma cruenta como el régimen pretende impedir el constante avance de nuestro Partido. Se trata de otro crimen horrendo, cometido en esta ocasión en medio de la campaña electoral y cuando el gobierno acaba de expedir un remedo de amnistía y se empeña hipócritamente en pasar por imparcial, tolerante y pacifista.

El camarada Foronda tenía 20 años de edad y 3 de militancia en el MOIR. Era jefe de la Juventud Patriótica y dirigente estudiantil del Liceo IDEM, en Puerto Berrìo. Participó en la organización de varias ligas campesinas y en el paro cívico de junio de 1977; colaboró además en las huelgas ferroviarias de 1981 y mantuvo una estrecha relación con los invasores del barrio “17 de abril”. Sus cualidades comunistas, abnegación y espíritu revolucionario, le granjearon el cariño de los oprimidos pero también el odio de los opresores, que no descansaron hasta segar su vida.

El sepelio
En la tarde del viernes 12 fue sepultado el joven dirigente. Más de dos mil personas asistieron al funeral. El padre López, párroco de Puerto Berrío, exaltó la firmeza de nuestro camarada, de quien dijo que había muerto al servicio del pueblo. El presbítero agregó que pertenecía a un Partido que le hacía el bien a la población y no estaba involucrado en extorsiones ni secuestros.

El cortejo estuvo encabezado por centenares de estudiantes y delegados del MOIR, de los sindicatos del Ferrocarril y el Hospital, de Sindes, de Fecode, de las Ligas Campesinas, del comercio de la localidad y del Sindicato de Pescadores. En el cementerio hablaron Luis Acevedo, concejal del MOIR en Puerto Berrío, y Jaime Restrepo, dirigente de nuestro Partido.

Declaración de duelo
El Comité Regional del MOIR en Antioquia expidió un comunicado el 12 de febrero, en el que expresa: “La memoria del camarada Francisco Foronda Sierra vivirá para siempre en el corazón y la mente del proletariado y del pueblo colombianos. El mejor homenaje que podemos rendirle es el de llevar hasta el final la lucha a la cual dedicó, sin ahorrar esfuerzos, su corta pero fructífera existencia”.

La declaración concluye diciendo: “Nuestro Partido ha decretado 30 días de luto, con bandera a media asta y, en honor a la notable labor de comunista cumplida por el camarada asesinado; el Comité Zonal de Puerto Berrío llevará el nombre de Francisco Foronda Sierra”.

SÓLO UNA MUERTE

Hoy he muerto otra vez, que nadie llore,
que nadie escriba regreso en mi epitafio,
que rodeen mi tumba de orlas rojas.
¿Para qué la tristeza, camaradas?
¡Si he de morir de nuevo muchas veces!
En vez de adelgazar la voz y las palabras
sabed definitivamente que yo puedo morir y volver a morir,
más mi partido, como las ramas de un árbol siempre verde,
tendrá cien retoños para cada muerte.
¡Pero él, el asesino, el que clavó su bala entre mis sienes,
alegraos, amigos, camaradas, tendrá sólo una muerte!

¡NO MÁS GARANTÍAS!

Mientras el gobierno se desgañita ofreciendo garantías en esta campaña electoral, hemos afrontado innumerables persecuciones y apresamientos, y hasta el asesinato de un querido y destacado representante de la Juventud Patriótica en el Magdalena Medio.

A finales del pasado mes de enero, y por sexta vez en menos de tres años, el compañero Juan Simón Rico, dirigente del MOIR y candidato del Frente por la Unidad del pueblo al Concejo de Tame, Arauca, fue arrestado en esta población por el ejército y conducido luego a la cárcel de Yopal, Casanare, donde aún sigue recluido. Al camarada Juan Simón, jefe de debate electoral del FUP en la zona y secretario de la Organización Campesina Intendencial de Arauca, Ocida, se le dictó auto de detención y se le acusa en forma premeditadamente falsa de haber participado en asaltos guerrilleros. Sus captores quieren aplicarle el Código Penal Militar y varios artículos del Estatuto de Seguridad.

Igualmente, la gobernación del Cesar vienen ejecutando una campaña de sabotaje contra las actividades proselitistas del MOIR; Aldo cadena, militante de nuestro Partido, pagó hace pocas semanas tres días de prisión, sin ningún motivo, y ahora es objeto de continuos hostigamientos por parte de las autoridades. Contra el coordinador del Frente por la Unidad del Pueblo en el mismo departamento, Luis Cadena, candidato de Fecode, se expidió recientemente una orden de captura, y los alcaldes de Valledupar, Codazzi, Aguachica, San Alberto y otros municipios han prohibido numerosos actos públicos del FUP y han interferido de manera sistemática sus labores de agitación y propaganda electoral.

Atropellos similares también han sucedido en otras regiones del país. Pedro Nel Camargo, activista del MOIR en Barbosa, Santander, fue detenido el pasado 27 de enero, frente al Palacio Municipal, porque anunciaba con un equipo de perifoneo una manifestación que iba a realizarse pocas horas después. El 17 de julio de 1981 el ejército arrestó en San Pedro de Urabá al camarada Sixto Negrete, trabajador de la electrificadora de Antioquia, cuando regresaba a su casa luego de haber asistido a una reunión con Consuelo de Montejo en una población vecina, y desde entonces lleva nueve meses preso en la cárcel de Chigorodó. La compañera Carmen Elvira Ricaurte, esposa del secretario regional del MOIR en Risaralda, estuvo recluida durante más de 3 semanas en Pereira, a mediados del año anterior, por el delito de transportar hojas volantes del FUP en su automóvil.

Los hechos mencionados son apenas un reflejo de la forma como se aplican en Colombia las “garantías electorales” que tanto pregona el gobierno. Mientras los candidatos oficiales y semioficiales reciben toda clase de franquicias y el Ejecutivo hace burdos despliegues de supuesta imparcialidad, a los partidos políticos auténticamente revolucionarios les toca batallar en medio de las arbitrariedades, los encarcelamientos y las persecuciones de un régimen antipopular, antidemocrático y despótico por excelencia.

FOLCLOR PERUANO EN COLOMBIA

Por invitación del Teatro Libre de Bogotá, llegó a Colombia el pasado 20 de febrero La Peña-Artístico Cultural Huaytara Arqueológico, Pacha, un conjunto de danzas folclóricas peruanas que se ha propuesto rescatar las manifestaciones artísticas populares de varias provincias del hermano país.