EDITORIAL: FORJEMOS UN FRENTE ÚNICO CON PROGRAMA REVOLUCIONARIO Y DEMOCRACIA INTERNA

Pasamos por un momento de suma gravedad y de gran confusión. De un tiempo para acá nadie en Colombia puede vivir tranquilamente. Las clases dominantes se debaten en la peor crisis de su historia y, agotadas sus posibilidades de engaño al pueblo, han empezado ya a buscar desesperadamente una salida, cualquiera que ella sea, con tal que les permita continuar gobernando al país. Las clases dominadas no soportan más el peso de la explotación y, deshaciéndose de los últimos vestigios de mansedumbre, se rebelan contra el régimen en múltiples y diversos combates, demandando un cambio que remedie de raíz sus males seculares. Lo delicado del periodo histórico porque atraviesa Colombia estriba en que aunque las fuerzas de la reacción se encuentran cada día más y más acorraladas, aún mantienen intactos todos los instrumentos del Poder. Las fuerzas revolucionarias se desarrollan aceleradamente y pasan a la ofensiva en muchos campos, pero todavía no han logrado tomar la iniciativa en el conjunto del panorama político de la nación ni coordinar sus contingentes en forma que logren abatir cualquier golpe o maniobra de sus enemigos. Para la revolución comienzan nuevas y duras dificultades que le demandan un tratamiento adecuado y oportuno si desea resultar airosa de la prueba. Estamos obligados a trazarle un rumbo acertado a nuestra acción, apoyándonos en los aspectos positivos de las condiciones actuales, aprovechando al máximo las contradicciones insuperables de la reacción y partiendo del convencimiento de que todos los colombianos, en una u otra forma, quiéranlo o no, tarde que temprano y se a cual fuere el sitio que ocupen en la sociedad, tendrán que participar en la recia contienda política y tomar partido entre los bandos claramente defendidos que se disputan la supremacía: o al lado de las minorías oligárquicas que entregan al país al imperialismo norteamericano y sojuzgan a las masas, o al lado de las mayorías populares que pugnan por la liberación nacional y las transformaciones revolucionarias.

Quienes hayan participado en el debate electoral y recorrido la geografía colombiana en permanente contacto con las masas populares de ciudades y veredas habrán podido constatar que los fenómenos más característicos de la hora son el descrédito profundo del gobierno de hambre, demagogia y represión del señor López Michelsen y a la quiebra de la credibilidad de la opinión publica en la palabra, en las promesas y en la honestidad de los partidos tradicionales. Esto por un lado, y por el otro, se palpan fácilmente en todas partes las simpatías generalizadas del pueblo por las ideas, los programas y los partidos revolucionarios. Hasta en los más inexpugnables bastiones de la caverna goda, en donde en el pasado ni siquiera los paniaguados liberales tuvieron entrada, ya comienzan a ondear las primeras banderas rojas con la estrella de cinco puntas. ¿A qué obedecen tan intempestivas y extraordinarias mutaciones en la situación política de Colombia, especialmente si éstas se producen a menos de dos años del advenimiento al poder de uno de los delfines de la coalición bipartidista, mediante la más abrumadora votación de respaldo en los anales de la república? A que después de salir el país agarrotado de 16 años de Frente Nacional, los tahúres de la oligarquía vendepatria tuvieron el acierto de lanzar sobre la mesa de juego al comodín de su baraja. En las elecciones del 21 de abril de 1974 muy pocos alcanzaron a descubrir el alcance de la jugada. En López segundo el pueblo vio aquel día encarnado al ex–jefe rebelde revivido del desaparecido Movimiento Revolucionario Liberal, más no intuyó en él al espectro resucitado de los negociados de la Handel no al hijo de Ejecutivo. Pero tan pronto como descubrió el significado de la farsa, su indignación fue tan grande, como grande había sido su ingenuidad. Desde entonces las gentes sencillas de Colombia sacaron un lección positiva invaluable y recuerdan con admiración la antigua sentencia acusadora de Gaitán de que en la conducción de los destinos nacionales continúan “los mimos con las mismas”.
Si una gran mayoría de colombianos honrados y sinceros se equivocó al contribuir a abultar la votación liberal del 21 de abril, las clases dominantes cometieron por su cuenta el error imperdonable de creer que los tres millones de votos lopistas eran la licencia que los autorizaba a saquear impunemente a la nación hasta el postrer aliento. Y como si lo acompañara el presentimiento que tenía los días contados, el gobierno continuista sin dilación alguna procedió a satisfacer todas y cada una de las demandas de los monopolios imperialistas de sus intermediarios criollos. El presidente liberal estrenó los poderes de la emergencia económica del articulo 122 de la Constitución abriendo de par en par las puertas a los inversionistas extranjeros, a los cuales les garantizó una mayor preponderancia en la explotación de los recursos naturales del país y el trabajo de los colombianos. Al capital financiero, bajo cuya sombre protectora el lopismo escaló la cumbre más alta del Estado, se le recompensó con creces sus desvelos políticos y se le abrumó con mil favores, encareciendo el crédito, auspiciando la especulación y entronizando el reino de la usura. Y a la clase terrateniente, otro de los sustentáculos del gobierno continuista, el señor López Michelsen le pagó su deuda de gratitud restaurando la “Ley de Aparcería”, con la cual pretende sujetar indefinidamente al campesino a la expoliación de los señores de la tierra y al despotismo de alcaldes e inspectores. Hasta dónde llegaba el compromiso del “mandato de hambre” con los terratenientes nos lo dice el insuceso de que para lograr la aprobación de la mencionada ley, cuyo proyecto ruborizó a un buen número de saltimbanquis y cretinos parlamentarios del partido liberal, el presidente se vio obligado a amenazar al Congreso Nacional con el chantaje de que no le sancionaría el alza de dietas si éste no accedía a sus exigencias. Todo esto comprueba además que el Parlamento, la celestina del régimen, que come y se divide por cuenta del gobierno, tiene de antemano vendida su independencia y sus afectos al Ejecutivo.

La reforma tributaria, elaborada por una comisión de expertos norteamericanos y lacayuelos colombianos durante la administración Lleras Restrepo y que más de un lustro guardó en las gavetas de San Carlos su derecho de nacer, brotó a la vida legal en medio de la borrachera del triunfalismo liberal. Los nuevos gravámenes establecidos por el “gobierno puente” cayeron como un fardo pesado sobre las costillas del pueblo colombiano, a través del impuesto de las ventas, el más retrógrado, discriminatorio y antitécnico de los impuestos. Y a las poderosas sociedades anónimas extranjeras y colombianas se les alivió la carga impositiva, en la proporción inversa en que se les aumentó a los pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo. Entre más se empeñaba el régimen por convencer al pueblo que la reforma tribuna tendía a favorecer al “50 por ciento más pobre de la población”, con mayor obsequiosidad modificada su texto primitivo, a medida que iban llegando al despacho presidencial las reclamaciones de los grandes gremios, de los latifundistas, de los pulpos urbanizadores.
La estrategia oficial del desarrollo es la estrategia del endeudamiento externo. Las agencias prestamistas internacionales, principalmente norteamericanas, les aprobaron el gobierno colombiano solicitudes de empréstito por la cifra astronómica de 2.600 millones de dólares. Semejante incremento de la deuda de un Estado que vive en déficit crónico se justifica con la tesis de que el fementido crecimiento económico del país obtiene en dicha fuente su principal y casi único medio de financiamiento, los remedos del plan de desarrollo que el lopismo publicó no hace muchos y cuyos lineamientos esenciales fueron esbozados durante el cuatrienio de Misael Pastrana, dirigidos primordialmente a facilitar la venta de los productos de las colosales industrias del capital imperialista, se sostendrán con los préstamos en trámite. Para abrir una zanja o para cerrarla los estadistas de librea de liberalismo y el conservatismo, les piden prestado, les rinden cuentas y les solicitan permiso a los magnates de las gigantescas corporaciones de crédito que controlan medio mundo. Fuera de los mismos prestamistas y de sus mandaderos vendepatria nadie favorece de esta fabulosa danza de millones. Una nación como Colombia que trabaja a debe y condicionada a los intereses de una potencia extranjera como los Estados Unidos sólo miseria, desolación y ruina conseguirá en cambio de su sudor y sus sacrificios. El pueblo escasamente alcanza a pagar las costas y las amortizaciones de la deuda excesiva del Estado, mediante las más sutiles o descarnadas formas de extorsión, cuales son los gravámenes a las ventas, los llamados impuestos de valorización, la elevación de las tarifas de los servicios públicos, la desvalorización progresiva de la moneda o el alza directa de productos básicos que, como el de la gasolina, incide, junto al resto de mecanismos señalados, en el alto costo de la vida y en el envilecimiento de los ingresos reales de las masas trabajadores.

Y mientras el gabinete lopista maquina hasta altas horas de la noche todas estas maneras refinadas, efectivas e hipócritas de esquilmar al pueblo y se declara impotente para evitar los desmandes de los potentados monopólicos de fuera y dentro del país y para dotar de los servicios mínimos a pueblos y ciudades, no tiene el menor escrúpulo en destinar parte considerable de los nuevos recaudos a acrecentar el pie de fuerza ni de congelar los salarios de los trabajadores oficiales y privados en índices ridículos que no se compadecen del aluvión alcista. He ahí la política antinacional y antipopular que distingue al actual gobierno: a tiempo que colma de privilegios a los neocolonizadores imperialistas y sus testaferros colombianos, niega a las masas la satisfacción de sus más elementales necesidades. Y quien ose protestar tendrá que vérselas con los procedimientos excepcionales del estado de sitio, los consejos verbales de guerra y la maquinaria represiva del sistema. El señor López, que suele perorar acerca de la urgencia de “institucionalizar” el país y perfeccionar su Estado de derecho, en la capacidad estabilizadora de la violencia uniformada. Pero así como el continuismo ha recurrido a la demagogia para encubrir sus verdaderas intenciones, así se ha llevado sus sorpresas desagradables, porque no ha podido contener, ni con el halago mentiroso ni con el humo de la pólvora, la rebeldía creciente del pueblo colombiano que con la clase obrera al frente se manifiestan en las huelgas ilegalizadas, en los paros cívicos de ciudades capitales y de poblaciones apartadas, en las invasiones de los campesinos por la tierra y de los destechados por la vivienda, en el permanente y heroico batallar de los estudiantes y maestros y en la agitación y luchas varias de los partidos revolucionarios que iluminan el entendimiento y encienden de júbilo el corazón de los humillados y oprimidos, con los planteamientos de una patria libre y prospera que se proponga la meta de eliminar dentro de sus fronteras la explotación del hombre por el hombre.

El señor López no ha cumplido todavía dos años en el mando y su gobierno cruje minado por la crisis económica, el caos social, la corrupción generalizada. Los más fieles apologistas del sistema se han visto obligados a iniciar la defensa anticipada de la obra del continuismo o a insinuar una reconsideración de la situación política. El gobierno contempla por todas partes el fantasma la subversión, de la conjura, de la revolución. Las justas peticiones de los asalariados por mejores condiciones de vida y de trabajo se motejan de los intentos inadmisibles de alteración del orden establecido. Los reclamos de los habitantes de los barrios marginados o de las poblaciones abandonadas se califican de motines, asonadas, resueltas. Las protestas de los estudiantes se responden con la orden de disparar a mansalva y sobre seguro. El paciente está tan enfermo que cualquier corriente de aire le hace daño. El proceso eleccionario, orgullo democrático de la dictadura oligárquica, se ha tenido que efectuar en estado de sitio y con consejos de guerra. Los fracasos de los partidos tradicionales y los progresos relativos de nuestro partido durante la campaña electoral se pretenden justificar con la calumniosa acusación de que el MOIR está financiado desde el exterior o con la industria de los secuestros. Lo que en el fondo les aterra es que una fuerza nueva, auténticamente revolucionaria, se crezca sobre la única base firme de desarrollo: el apoyo político y material de las inmensas mayorías populares, cantera inagotable de recursos y verdaderas forjadas de la historia.
La contradicción para las clases dominantes es insoluble, porque si bien lograron en 1974 encontrar en el señor López Michelsen una fórmula momentáneamente gananciosa, quemado este cartucho, la crisis económica y política se ha tornado mucha más aguda. Ninguna de las opciones que el liberalismo pueda presentar en 1978 para prolongar el régimen por los conductos constitucionales, conseguirá reverdecer los laureles del triunfo y de la mística. Y sucesor de filiación conservadora después de la presidencia liberal, resulta una solución aún mucho más riesgosa y complicada. Las disensiones internas en las filas de la reacción, así como sus ataques desesperados contra las fuerzas revolucionarias, sólo reflejan la gravedad de su situación, consistente en que además del incontrolable desbarajuste económico del despertar combativo de las masas y el fortalecimiento de los partidos revolucionarios, la minoría gobernante no avizora un desenlace político satisfactorio de la crisis. Lo que ha entrado en total bancarrota es la existencia del sistema neocolonial y semifeudal vigente, con sus valores, sus instituciones y sus personajes seniles y decrépitos.

En todo ello radica la causa suprema del estancamiento de la economía nacional, del atraso, del desempleo, de la miseria, del hambre, de la corrupción, de la inseguridad social. Unicamente una política nacional y democrática que tenga mira la liberación nacional y la construcción de una república soberana, democrática y popular podrá sacar a Colombia de la postración en que se encuentra. Esta política interpreta los intereses fundamentales del pueblo colombiano y con ella podrán colaborar no sólo los obreros, los campesinos, los artesanos, los intelectuales, sino las capas más bajas de la burguesía colombiana, conformadas por pequeños y medianos industriales marginados de las prerrogativas estatales, y todo aquel que desee una Colombia libre, respetable y prospera. La coalición oligárquica sostiene que tal transformación revolucionaria no es posible. Que el país necesita del tutelaje de las grandes potencias, especialmente de los Estados Unidos, contra cuyo poderío nada lograríamos hacer si cometiéramos la locura de procurar independizarnos. Pero antecedentes recientes de países pequeños y atrasados económicamente, como los de la gloriosa Indochina, nos están indicando claramente que un pueblo que se resuelta a combatir por su libertad, basándose en sus propias fuerzas, contará con el respaldo de los países sojuzgados que lucha por la misma causa, del proletariado internacional y de los países socialistas y terminará venciendo al imperialismo más fiero y poderoso y ganándose la admiración y el aplauso de todas las fuerzas progresistas, democrática y revolucionarias del mundo entero. Ciertamente Colombia no está sola. Así como debemos apoyar sin vacilación alguna a los países de Asia, Africa y América Latina que combaten por su independencia económica y política y al resto de fuerzas que batallan contra el imperialismo, el hegemonismo y todo tipo de opresión nacional, también nuestro pueblo, si se decide a erguirse sobre sus pies, gozará de la solidaridad fraternal y desinteresada de todos los luchadores revolucionarios del planeta, incluyendo los de los Estados Unidos.

¿Quiénes son los apátridas? ¿Los que desde la cima del poder oligárquico pregonan y practican la vergonzosa conducta de someter todas las determinaciones a los dictados de Washington, o los que desde la base popular y recogiendo la tradición revolucionaria del país proclaman y defienden el destino de Colombia como nación digna y soberana? Con el objeto de apartarlos de las masas y preparar los arteros atentados contra los revolucionarios colombianos, la reacción antinacional ha recurrido al desgastado truco de difundir la especie de que éstos son accionados a control remoto desde el exterior y de que de triunfar la revolución, Colombia caería bajo la dominación de los países socialistas. A este infundio respondemos aclarando, en primer termino, que la máxima obligación de un Estado socialista en sus relaciones internacionales es el respeto cabal al principio de la autodeterminación de las naciones. Y en segundo término, que la revolución colombiana exigirá el celoso cumplimiento de este principio no sólo frente a los Estados Unidos, actualmente principal opresor de nuestra nación, sino contra todo país que después de la victoria, con cualquier titulo o bajo cualquier pretexto, busque impones, en uno u otro sentido, su voluntad al pueblo colombiano. Y éstas no son meras palabras que se lleva el viento. La garantía de una autentica política nacional y democrática, que haga valer en todas las circunstancias los derechos de nuestro pueblo al pleno ejercicio de la soberanía e independencia nacionales, estriba antes que nada en el hecho de que la revolución colombiana será dirigida por la clase obrera y su partido. Desde la época de José Antonio Galán y sus comuneros, los pobladores de los territorios de América Latina han luchado bravíamente por el don preciado de la libertad. La gesta emancipadora se hace más de siglo y medio dio al traste con la dominación colonialista de España sobre el Nuevo Mundo y creó varias repúblicas, entre ellas de la Colombia. A pesar de eso nuestro país no ha gozado jamás de bienestar alguno. Desde finales del siglo pasado y comienzos del presente, Colombia ha estado sometida a la cruel explotación y opresión del imperialismo norteamericano. Las minorías dirigente colombianas invariablemente han sido advenedizas, solícitas y obsequiosas con el amo extranjero y ruines, desalmadas bárbaras con las masas trabajadoras. Sólo hasta la aparición de la clase obrera en Colombia, la clase más avanzada y revolucionaria de la sociedad se dan las condiciones históricas y políticas para que la lucha por la emancipación nacional culmine triunfalmente con la construcción de una nueva república popular y democrática, basada en la alianza de todas las clases revolucionarias, dirigida por el proletariado y en marcha al socialismo. La nueva república establecerá relaciones comerciales, diplomáticas y culturales con todos los países en pie de igualdad y beneficio recíproco.
El problema que afronta la reacción imperante es encontrar una vía expedita para prolongar en el mando a la coalición burgués–terrateniente pro imperialista, ya sea por los medios contemplados en la Constitución o por otros menos ortodoxos, pero que de idéntica manera representen una respuesta política a la tremenda crisis. Dentro de su torpeza ciega y criminal a las oligarquías liberal–conservadoras, paradas al borde del desastre, nada les importará arrastrar tras de sí el país en la caída hacia el abismo. Han venido preparando cuidadosamente el terreno. La prorroga por cerca de un año del estado de sitio y el recorte progresivo de las libertades publicas y de los derechos democráticos así lo indican. Y de la misma forma como en los consejos verbales de guerra se condena a estudiantes, a los cuales de antemano se sabe plenamente inocentes, de un tiempo a esta parte se escucha con mucha insistencia el aullido ensordecedor de los epígonos del régimen sindicado a las organizaciones y partidos revolucionarios de cuanta desgracia le acontece a esta vieja república macilenta y cancerosa. Para paralizar los escarceos fascistoides de las clases opresoras o para frenar después la brutalidad desatada, a las organizaciones y partidos distintos y opuestos a los poderes tradicionales no les queda más disyuntiva que la de vincularse estrechamente a las masas y a sus luchas y proporcionarse la coraza protectora de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. El MOIR ha sostenido que si no fue posible por variadas razones lograr una amplia unidad de izquierda antes del 18 de abril, está dispuesto a gestionarla y facilitarla desde el mismo 19, en procura de los más urgentes y vitales objetivos revolucionarios. Inclusive tenemos planteado en nuestros documentos de partido que para las virtuales elecciones de 1978, la izquierda unida debe movilizarse en torno a un programa común y a un candidato único, y con tal propósito hemos adelantado las correspondientes conversaciones con agrupaciones y movimiento afines y receptivos a una política unitaria.

El MOIR es partidario de la más vasta y sólida unidad de las clases y fuerzas revolucionarias. Esta concepción de principio de nuestro partido no está supeditada a intereses particulares ni dirigida exclusivamente a remediar los problemas momentáneos de la revolución, amenazada hoy a muerte por las fuerzas reaccionarias. Sabemos que la unidad ahora es más grave que nunca. Ella resolverá a cada organización revolucionaria en particular los problemas principales, convertirá nuestra debilidad relativa en fortaleza y nos permitirá pasar totalmente de la defensiva a la ofensiva. Pero además de eso creemos que la revolución colombiana, por las condiciones históricas económicas del país, no podrá se la obra de una sola clase ni de un solo partido. La revolución democrática de liberación nacional, tras la cual lucha desde hace tantos años el pueblo colombiano y por cuyos ideales se han sacrificado miles de vidas preciosas y ejemplarizantes, requiere de la activa participación de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes e intelectuales, de los artesanos, de los pequeños y medianos industriales y comerciantes, de las organizaciones políticas y gremiales revolucionarias, de los sacerdotes rebeldes, de las personalidades democráticas y del resto de gentes que nada tenga que ver con los turbios negocios del minúsculo grupo gobernante y aspire a una patria libre de la opresión externa, la corrupción y el despotismo oligárquico. Sin embargo, para que todo este potencial revolucionario se concrete en una fuerza poderosa e invencible es condición indispensable la de que se aglutine y organice en el más amplio frente único de lucha. Y la creación de este frente supone mínimamente en cumplimiento de dos requisitos básicos: la orientación de un programa revolucionario que contemple las actuales reivindicaciones políticas y económicas de la nación colombiana y de las clases y sectores anteriormente enumerados, y la estructuración de una normas democráticas de funcionamiento interno que garanticen el respeto mutuo de sus integrantes y a la vez la efectiva, oportuna y armónica cooperación entre ellos.
Los partidos políticos que pugnan por conquistar un sitial de honor dentro del proceso revolucionario colombiano, pero que por acción u omisión se opongan al programa que aglutine a todas las clases y fuerzas revolucionarias, o a su aplicación consecuente, y desprecien y pisoteen las normas democráticas de relación y coordinación propias del frente de lucha antiimperialista, en la practica complotarán contra la revolución y la unidad del pueblo, así se nos presenten cargados con los méritos autobiográficos de cien batallas reales e imaginarias, o camuflen su miopía infinita con un doctrinarismo rimbombante y espinoso. La experiencia de los últimos años de la revolución nos enseña que la tendencia hacia la unidad es irresistible, mas al mismo tiempo nos alerta que ésta no será posible sin una lucha firme y constante contra las vacilaciones de quienes denigran del sistema y coquetean con el régimen que lo representa, y contra el sectarismo de quienes intentan resolver las contradicciones ideológicas y políticas conforme al criterio patriarcal que reclaman “los mayores en edad, dignidad y gobierno”.
A lo largo de su corta existencia el MOIR ha venido insistiendo en la unida de las fuerzas revolucionarias, y ha combatido sin tregua las manifestaciones de vacilación y sectarismo, no sólo las que han hecho carrera fuera de nuestro partido sino las que han aflorado en su seno. En la presente batalla electoral concertamos innumerables acuerdos con viejos y nuevos aliados. A nivel nacional y regional, como resultado concreto de nuestra política de unidad y combate. No obstante ser tales alianzas una genuina expresión de la corriente revolucionaria del momento, no son más que los preludios de un gigantesco movimiento, los afluentes que necesariamente deberán desembocar en el torrente unitario del pueblo colombiano. Queremos reiterar que el MOIR no pretende con el acercamiento que hemos hecho a otras agrupaciones amigas constituir un frente al que se pueda llevar de cabestro. Por el contrario, enfatizamos que lo óptimo para la revolución sería conformar cuanto antes un frente único en el que tengan cabida partidos y organizaciones, grandes y pequeños, en iguales condiciones y con dirección compartida. Estamos dispuestos a agotar todos los medio y discutir con todas las fuerzas política sin excepción alguna, al margen de las diferencias actuales y pasadas, incluyendo a sectores patrióticos y democráticos de los partidos tradicionales, con el objeto de crear dicho frente, capaz de rechazar exitosamente la escalada represiva en ciernes, de apoyar, expandir y profundizar el despertar combativo de las masas populares y de despejar el futuro de la revolución.

GRANDES MANIFESTACIONES DE CIERRE DE CAMPAÑA

Entre el 4 de febrero y el 7 de abril el MOIR llevó a cabo su gira nacional recorriendo el país de sur a norte y de oriente a occidente. Los dirigentes nacionales de nuestro partido, Ricardo Samper, Carlos Bula Camacho, Marcelo Torres y Víctor Manuel Moreno, acompañados por numerosos dirigentes del MOIR y de organizaciones aliadas, así como personalidades patrióticas y dirigente populares, presidieron manifestaciones, concentraciones y mítines en los 22 departamentos y cuatro independencias, incluyendo varias regiones de gran importancia, tales como el Magdalena Medio, la zona azucarera del Valle del Cauca, las zonas bananeras de Urabá y Santa Marta, el Valle del Patía y los enclaves petroleros de Tibú y Barrancabermeja.

Se realizaron un total de 121 manifestaciones en igual número de ciudades capitales, ciudades intermedias y poblaciones de todo el territorio patrio, sin contar con los actos públicos efectuados en las giras regionales de cada departamento.
El MOIR pactó con diversas organizaciones a nivel nacional alianzas que dieron como resultado la constitución de frentes unidos revolucionarios basados en un programa revolucionarios y unas normas democráticas de funcionamiento. En total fueron acordadas 36 alianzas, 7 de carácter regional, 28 de carácter local y una a escala nacional con el Movimiento Amplio Colombiano (MAC).

EL PARO DEL MAGISTERIO: PUJANTE JORNADA NACIONAL DE LUCHA

Con el pretexto de encarar la “escalada subversiva”, el mandato de hambre ilegalizó el paro nacional de los educadores del 25 de marzo, suspendió las personerías jurídicas de Fecode, Aceinem, Andepet y Acpes, rompió toda negociación sobre el pliego petitorio, destruyó a los más reconocidos dirigentes y sancionó a centenares de maestros utilizando el decreto 528. El comité ejecutivo y la junta nacional de Fecode reiteraron, sin embargo, el cese de actividades para el 6 y 7 de abril, como respuesta a la escalada represiva del régimen liberal–conservador. A lo largo y ancho del país, los institutores repitieron en esos días las consignas de lucha aprobadas por el 23º Pleno Nacional y coreadas durante el exitoso para de finales de marzo.

Un momento al engaño

Una furiosa campaña de mentiras fue desatada por la gran prenda en los últimos quince días contra el pujante movimiento de los educadores. Amontonando una calumnia tras otra, la publicidad oficial tendió un oscuro manto de silencio sobre el hecho más significativo: nunca aportó el gobierno ninguna solución a las mínimas aspiraciones del magisterio contempladas en el pliego único nacional, pese a que las negociaciones se dilataron por espacio de cinco meses. La presa oligárquica se limitó tan sólo a martillar incesantemente que “estaba en marcha un plan subversivo para derrocar al gobierno”, preparando en esa forma opinión pública para el garrote y la bayoneta, con los cuales contestó, como siempre, el régimen continuista a las justas peticiones de los institutores.

Hasta el 8 de abril, había más de 500 maestros sancionados (entre ellos 14 directivos nacionales de Fecode y cuatro rectores) y 10 detenidos. Se supo que continuaba encarcelado en Valledupar el compañero Luis Cadena.

Combativas movilizaciones

Conocidos los balances del movimiento del 6 y 7 de abril, Fecode hizo saber que la orden de paro fue acatada por un gran porcentaje del magisterio. Particularmente combativas resultaron las movilizaciones de los educadores de Santander, Risaralda, Caquetá, Sucre, Boyacá, Bolívar, Meta, Magdalena, Cesar y Arauca, donde la participación fue total o casi total. En Antioquia, más del 50 por ciento de las escuelas de primaria, 8 liceos, incluido el Marco Fidel Suárez, el Más importante del departamento, y varios politécnicos, se sumaron a la jornada, desafiando toda suerte de amenazas. A su vez, se conoció que en el Distrito, más del 50 por ciento de los educadores se congregó en asambleas permanentes, efectuando el 7 de abril marchas y mítines por el centro de la ciudad. Según la denuncia pública formulada por Fecode, fueron detenidos en el transcurso de estas tareas dos directivos de Ade y existe orden de captura contra otros miembros de la junta. El Inem del barrio Kennedy fue también escenario de agudos enfrentamientos entre la fuerza pública y los estudiantes, apoyados por maestros y padres de familia. Vale destacar que, en muchos casos, estos últimos se convirtieron en factor decisivo para la materialización del cesa de actividades, con su presencia activa en apoyo a las tareas acordadas.

“La reforma educativa, garantizada con el estado de sitio, pretende convertir a las escuelas, colegios y universidades, en sitios donde se imponga la ideología oscurista de las clases dominantes”, denunció un comunicado de Fecode al haber el balance de la jornada. Empero, el magisterio mantienen viva la llama del combate, por una cultura nueva, nacional y científica al servicio del pueblo, y por un nuevo Estado, soberano y próspero, de obreros, campesinos, intelectuales y demás explotados.

LA LUCHA ESTUDIANTIL: VALEROSO RECHAZO A LAS PROVOCACIONES OFICIALES

Con la más feroz represión que se haya registrado en Colombia en los últimos tiempos pretende el gobierno lopista detener el movimiento estudiantil que desde enero ha venido cobrando fuerza y amplitud, así, a los consejos verbales de guerra se ha sumado una serie de decretos represivos, ocupaciones militares a término indefinido de los claustros y orden de disparar contra las manifestaciones estudiantiles.
El miércoles 31 de marzo en las horas del mediodía, y después de oscuras provocaciones, a las que respondieron enérgicamente los estudiantes, la soldesca invadió los predios de la Universidad Nacional, y provocó disturbios cuyo origen tratan en cano de atribuirle las autoridades al alumnado, que encontraba en clases. Durante la batalla que libraron los estudiantes contra la inusitada invasión militar, cayó asesinado a bala Luis Alexis Omaña García, alumnos de Zootecnia. Ante este crimen, el estudiantado bogotano redobló su decisión de lucha, y combatió con la fuerza pública hasta la madrugada del 2 de abril.

Solidaridad de Decanos y Profesores

La protesta contra estos hechos se extendió al centro de la ciudad, y contó con el decidido apoyo del alumnado de la mayor parte de los centros docentes de la capital del país. Dentro del repudio generalizado por todos estos atropellos, merece destacarse la declaración de los decanos de la Universidad Nacional, la cual respalda la “enérgica reacción defensiva de la comunidad universitaria” ante la agresión oficial, y afirma que la situación “se agrava inmensamente cuando la acción represiva atenta contra el derecho a la vida y cobra sus víctimas entre miembros del estudiantado, como acaba de ocurrir con el homicidio de Alexis Omaña que ha sumido en el luto a la institución y suscita nuestra más enérgica protesta”. Igualmente se pronunció contra los hechos de los últimos días la Asamblea de profesores de la Universidad Nacional, reunida el 3 de abril.

A nivel nacional combate el estudiantado

El peso de la represión también ha caído sobre liceo de bachillerato, INEM, institutos, politécnicos, universidades publicas y privadas en todo el país. En Medellín, el 30 de marzo fueron decretadas vacaciones en el Liceo de la Universidad de Antioquia, entidad que junto con el Tecnológico Pascual Bravo había sido allanada por la policía, y cuyos alumnos rechazaron enérgicamente la represión. La Universidad Pontificia Bolivariana continúa en paro desde el 3 de marzo contra el alza de matrículas, y sus estudiantes han desafiado toda clase de amenazas de las directivas. Hay en Medellín más de 30 estudiantes detenidos, a 7 de los cuales ya se aplicó el decreto 528.

En Popayán, donde los enfrentamientos del estudiantado con la fuerza publica han sido especialmente agudos, 14 estudiantes fueron condenados en virtud de los decretos 541 y 528. El 2 de abril fue cerrado el Liceo Nacional Alejandro Humbolt, destituido su rector y suspendido por un año todo su personal docente, y el 5 de abril se decretaron vacaciones forzosas en la Universidad del Cauca. En Cúcuta, los alumnos de la Universidad Francisco de Paula Santander manifestaron su rebeldía con desfiles callejeros el 2 de abril. En Pasto, estudiantes, profesores, empleados y directivas de la Universidad de Nariño realizaron asambleas permanentes a partir del allanamiento de que fueran objeto sus instalaciones, y del anuncio de destituir al rector Milciades Chaves, hecho por Cornelio Reyes el 28 de marzo. En Villavicencio, el 2 de abril, se realizó un gigantesco desfile estudiantil en memoria de Alexis Omaña. Al otro día el gobierno implantó el toque de queda en esta ciudad.

Un intento más de amordazar la Universidad

Uno a uno todos los intentos del gobierno por poner la Universidad incondicionalmente al servicio de los intereses internacionales han fracasado. Los planteles educativos se han convertido progresivamente en centros de inconformidad, de rebeldía, de denuncia y de lucha por una cultura nacional, científica y al servicio del pueblo, y las pretensiones oficiales por amordazar la Universidad no frenará ese proceso. A la amenaza del ministro Durán Dussán de realizar una “reforma de fondo” de la Universidad Nacional, de promulgar estatutos para someter a estricto control al profesorado, de cancelar matrículas y todos los cupos en las residencias, ha respondido el estudiantado colombiano con paros y luchas varias.

En las universidades Pedagógica, Distrital, de Los Andes y Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, de Caldas en Manizales, de Nariño en Pasto, y el profesorado de las seccionales de la Universidad Nacional, declararon un cese de actividades el 7 de abril.

EL 18 DE ABRIL: CONTRA EL MANDATO DE HAMBRE VOTE POR EL MOIR

Vamos a elecciones en 22 departamentos 4 intendencias y centenares de municipios
Las siguientes son las principales cabezas de las listas unitarias del MOIR

ANTIOQUIA
Asamblea:

Jaime Zuluaga Pineda
Amparo España
Alonso Berrio
Guillermo Escobar
Hernando Pinzón
Gonzalo Mejía

Concejo de Medellín:
Amilcar Acosta
María Teresa Arango
Gabriel Fonnegra
Luis Vásquez
Jorge Iván Zapata
Fabio Casas

ATLANTICO
Asamblea: Luis Eduardo Peña – Robison Castro
Concejo de Barranquilla: Carlos Bula Camacho – Rafael Osorio

BOLIVAR

Asamblea:
Antonio Caballero Cabarcas
Marcelo Torres

Concejo de Cartagena:
Orlando Ambrad
Calixta Pacheco

BOYACA

Asamblea:
Mauricio Jaramillo
Carlos Amaya

Concejo de Tunja:
Edilberto Lagos
Luis Eduardo Cuervo

CALDAS

Asamblea:
Augusto Becerra Duque
Horacio Gutiérrez

Concejo de Manizales:
Horacio Gutiérrez
Gonzalo Arango Jiménez

CAUCA

Asamblea:
Guillermo Rojas
Hernán Rodríguez

Concejo de Popayán:
Alvaro Pío Valencia
Carlos Alberto Olano

CESAR

Asamblea:
Guillermo Oliveros Villar
Danilo Hernández R.

Concejo de Valledupar:
Luis Cadena
Liberato Crepo

CORDOBA

Asamblea:
Laureano Arroyo mendoza
Aniano Alvarez

Concejo de Montería:
Manuel H. Iriarte
Carmelo Doria

CUNDINAMARCA

Asamblea:
César Pardo
Jaime Moreno
Elvira de Romero
Jaime Ruíz
Julio César Rubio
Mario Manjarrés
Abdón Lozano
Miguel Angel Rico

Concejo de Bogotá:
Carlos Bula Camacho
Margoth Uribe de Camargo
Marcelo Torres
Marino Vivas
Carlos Naranjo – Abel Rodríguez
Víctor Moreno – Rafael Núñez

CHOCO

Asamblea:
Amilcar Acosta
Neiro Antonio Sánchez

Concejo de Quibdó:
Vicente Ayala
Neiro Antonio Sánchez

GUAJIRA

Asamblea:
Carlos Caicedo
Jaime Ariza

Concejo de Riohacha:
Rosendo Redondo
Jaime Curvelo

HUILA

Asamblea:
Carlos Tovar
Armando Narvaéz

Concejo de Neiva:
Carlos Tovar
Isauro Cerón

MAGDALENA

Asamblea:
Manuel María Avendaño
Jorge Arturo Villarreal

Concejo de Santa Marta:
Luis Arrieta
Guillermo Blanco

META

Asamblea:
Jorge Sabogal Santos
Germán Pinto

Concejo de VIllavicencio:
Eudoro Alvarez
Jorge Sabogal Santos

NARIÑO

Asamblea:
Guillermo Zúñiga
Jorge Ortiz

Concejo de Pasto:
Heraldo Romero
Segundo Rojo

NORTE DE SANTANDER

Asamblea:
Augusto Rivera
Hernando Cifuentes

Concejo de Cúcuta:
Rafael Espinel
Oscar Gutiérrrez

QUINDIO

Asamblea:
Antonio Gutiérrez
Marco Peña

Concejo de Armenia:
Gustavo Ramírez Concha
Lisímaco Rojas

RISARALDA

Asamblea:
Luis Enrique Arango
Jaime Hernández

Concejo de Pereira
Luis Enrique Arango
Jaime Hernández

SANTANDER

Asamblea:
Jorge Regueros Peralta
Napoleón Maldonado S.

Concejo de Bucaramanga:
Gildardo Jiménez
Hernán Osorio

SUCRE

Asamblea:
Daniel Paternina
Carmelo Chamorro

Concejo de Sincelejo:
Carmelo Chamorro
Daniel Paternina

TOLIMA

Asamblea:
Francisco Quiroga
Jorge Montealegre

Concejo de Ibagué:
Darío Romero
Jairo Atehortúa

VALLE

Asamblea:
Norma Lazo
Diego León Quijano

Concejo de Cali:
Jorge Gamboa
Luis Carlos Ramírez

ARAUCA

Concejo de Intendencial:
Ricardo Garrido
Germán Vezcance

CAQUETA

Concejo de Intendencial:
Alvaro Rodríguez

CASANARE

Concejo de Intendencial:
José Daniel Rodríguez
Jorge prieto

Concejo de Yopal:
José Daniel Rodríguez
José Alberto Molina

PUTUMAYO

Concejo de Intendencial:
Juan Osorio
Pablo León Rosero

Concejo de Puerto Asis
Cecilio Guerrero
Misael Martínez

LA REACCIÓN PROPUGNA SOLUCIÓN DE FUERZA

– Unión de todos los patriotas por la salvación nacional proponen el MOIR y el MAC

 Respaldo incondicional a las luchas de las masas populares

La farsa de la democracia representativa oligárquica ha quedado plenamente demostrada en la contienda electoral próxima a concluir. Esta se desarrolló bajo el imperio del estado de sitio y los consejos verbales de guerra. Cientos de activistas del MOIR fueron encarcelados en los últimos dos meses y por lo menos diez condenados en juicios sumarios apenas que oscilan entre treinta días y un año de prisión. ¿La Causa? Estar adelantando la labor de agitación, propagada y organización partidaria. La semana pasada le fueron prohibidas al MOIR dos grandes manifestaciones, la una que debió realizarse el viernes 2 de abril en Popayán y la otra programada, como es de amplio conocimiento, para el 9 de abril, en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a manera de cierre de todo el debate. Igualmente se nos negó en Cali la Plaza de Cayzedo y la concentración principal que teníamos proyectada para esta ciudad hubo de efectuarse en un lugar de difícil acceso para las gentes. Cabe señalar que los otros partidos de oposición han recibido parecido tratamiento. La suspensión de las manifestaciones en Bogotá conlleva el deliberado propósito de interferir la acción de las agrupaciones distintas al liberalismo y el conservatismo, ya que ninguna de las fracciones de éstos se atrevieron a medir fuerzas con sus contradicciones políticos en un acto central en la capital del país.

Pero los anteriores no son los únicos acontecimientos violatorios de los derechos democráticos y las libertades públicas. Hay otros de mayor gravedad dentro del acentuamiento del régimen de terror e intimidación en que se halla empeñado el “mandato de hambre”, y son los desafueros cometidos por el aparato burocrático y militar del Estado oligárquico pro–imperialista contra estudiantes, educadores, bancarios y trabajadores en general. El desenfreno llega al extremo de que, después del asesinato de Luis Alexis Omaña, alumno de Zootecnia de la Universidad Nacional, el propio Comandante del Ejército ordena públicamente, para que lo oiga no sólo su tropa sino toda la ciudadanía, “hacer uso de las armas” en una guerra fantasmagórica contra un enemigo inerme compuesto de jóvenes universitarios, parapetados en las aulas tras las fortificaciones de sus ideas y sus libros. Lo insólito del caso consiste en que los ministros del despacho que fueron interrogados por los periodistas al respecto, respondieron que los pronunciamientos hechos por el general Camacho Leyva no habían sido consultados al alto gobierno. Sin embargo, el gabinete en pleno, presidido por López Michelsen, le dio bendición a la bárbara orden.

Se procedió entonces a cerrarla Universidad Nacional y montar una provocación contra los estudiantes, violentando sus residencias universitarias en horas de la madrugada, deteniéndolos masiva y arbitrariamente y prefabrican lo que se llamó con el sonoro calificativo de “arsenal de guerra” el cuerpo del delito que justificase la vandálica misión contra el “vandalismo”. Como dato curioso destacamos que en la foto reproducida en primera plana por “El Espectador” del sábado 3 de abril, entre zapatos, botellas, tarros y demás “material bélico” decomisado al estudiantado, sobresale una bandera roja con cuatro letras que se leen claramente: “MOIR”. Lo cual no está indicando con plena evidencia los inconfesable objetivos políticos de todo aquel estropicio oficial. El Comandante del Ejército comenzó a recibir mensajes de respaldo de los grandes gremios, como el de la Federación de Ganaderos de Antioquia. En una palabra, se está configurando una situación tal en la que los mandos militares toman inusitada preponderancia política dentro del gobierno lopista, adoptan determinaciones inconsultas, o que parecen inconsultas, y utilizan un lenguaje que francamente no arroja ninguna esperanza sobre las posibilidades de éxito de la campaña de “Institucionalización” lanzada por el presidente. Cuán hondo ha ido en este aspecto la crisis del país lo dice hasta “The New York Times”, uno de los principales diarios de los Estados Unidos, al informar a sus lectores como primicia que “la democracia fracasa también en Colombia”, insinuando que el señor López Michelsen pasó a convertirse en un Bordaberry colombiano.

Otro pretexto utilizado en los últimos días para la creación de la atmósfera de zozobra e intranquilidad es el conflicto de índole laboral entre los maestros y el gobierno. Ante las justas peticiones de reajuste de sueldos de los educadores, explicables sin lugar a dudas en la incontrolable carestía porque atraviesa Colombia, el Ministro de Educación, que hace las veces de patrón, se ha burlado ofreciendo un ridículo 7% de aumento, cuando la misma propaganda emanada del Ejecutivo autoriza un 15% de alza salarial que, desde luego, tampoco compensa, ni mucho menos, el alto costo de la vida y la desvalorización de la moneda. El Estado opresor y antipopular ha querido llevar a cabo otro alarde de su despótico poder ensañándose con estos servidores públicos, a los cuales veja, calumnia y atropella, negándoles al mismo tiempo el derecho legítimo a la defensa. Sus asociaciones sindicales fueron ilegalizadas. Más de 500 maestros han sido despedidos y un buen número encarcelados sin fórmula de juicio o mediante consejos de guerra. Por otro lado, voceros del gobierno y articulistas de la gran prensa han acusado reiteradamente al MOIR como primer promotor de los paros anunciados por el magisterio para el 6 y el 7 de abril, indicando que ello forma parte de un plan subversivo a escala nacional. Es decir, mientras se golpea despiadadamente a maestros y estudiantes, achacándoles a éstos móviles políticos, se prepara la represión contra el MOIR y otras fuerzas políticas revolucionarias, aprovechando las luchas reivindicativas de educadores y educandos.
De proseguir toda esta maniobra urdida por los cabecillas del régimen continuista de hambre, demagogia y represión, legaremos inevitablemente a la supresión completa de garantías para los partidos de avanzada que participarán en las elecciones del 18 de abril, y no sólo no se respetará el resultado de las urnas sino que pondrá en entredicho el funcionamiento mismo de las corporaciones publicas. La frecuencia y el tino con que se expresan los jefes de las Fuerzas Armadas, los atentados contra las organizaciones de masas y el estudiantado, la mutilación desvergonzada de derechos y libertades, las continuas amenazas contra los partidos políticos contrarios al régimen, la prevalencia de la justicia militar sobre la ordinaria, etc., son acontecimientos que reflejan palmariamente que nos hallamos en los umbrales de una solución de fuerza para el agudo caos económico y político de la nación, instigada a pasos agigantados por las clases dominantes.

Comprometiendo a cabalidad lo delicado de la situación el MOIR y el MAC hacen fraternal llamamiento a las fuerzas avanzadas, patrióticas y democráticas para que agotemos los esfuerzos por constituir el más amplio, combativo y organizado frente de lucha antiimperialista y revolucionario, que haga sentir su voz de rechazo a la estratagema reaccionaria encaminada a sumir al país en la represión fascista y que respalde incondicionalmente a los estudiantes, maestros, bancarios y a la clase obrera entera en las batallas por sus conquistas económicas y políticas. Sólo la unidad de todas las clases y fuerzas revolucionarias podrá desbaratar los oscuros propósitos del imperialismo norteamericano y sus lacayos colombianos y desbrozar para Colombia el camino de la independencia y el progreso.

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)
MOVIMIENTO AMPLIO COLOMBIANO (MAC)

Bogotá, 6 de abril de 1976.