DEFENDAMOS LA CAJA AGRARIA

Pastrana, como fiel servidor de la política imperialista, mantiene la Caja en total parálisis. El crédito agropecuario se encuentra cerrado y los servicios bancarios restringidos. Se ha iniciado una campaña de desprestigio institucional orquestada desde las distintas dependencias oficiales, especialmente desde Planeación y los Ministerios de Hacienda y Agricultura.

Con el sofisma de la «reestructuración», Pastrana quiere culminar la obra de sus antecesores y se halla presto a liquidar definitivamente la institución más importante y necesaria para la reactivación del campo colombiano. Para ello ha anunciado que hará uso de las facultades extraordinarias contenidas en la ley 489 de 1998, que le permiten “suprimir, fusionar, reestructurar o modificar” cualquier entidad pública. El gobierno pretende confundir al país señalando que habrá una “nueva Caja Agraria” más eficiente y moderna al servicio de los campesinos. La verdad es distinta. Lo que se busca es acabar con una entidad que le ha servido al desarrollo de la producción agropecuaria y, de contera, arrebatarles los derechos a sus trabajadores eliminando la convención colectiva y la organización sindical.

Defensa de la Caja, propósito nacional

Pese a la política de marchitamiento que desde el gobierno se impulsa contra la Caja, ésta sigue siendo la más importante institución para el campo y para los municipios colombianos. Por su conducto se distribuyen los recursos para el sector y sin ella los entes territoriales, especialmente las poblaciones más alejadas, se verían condenadas al aislamiento y al abandono total. El gobierno ha anunciado que cerrará 340 oficinas de las existentes hoy y 170 municipios se quedarán sin la presencia de la Caja. Contra esto, los alcaldes, los concejales, la Iglesia y las fuerzas vivas de cada población preparan su movilización para impedir que el gobierno consume este atropello, y para reivindicar sus exigencias frente a la falta de vías de comunicación, precios de sustentación e importaciones de alimentos.

Las batallas libradas por los creditarios han evitado que regímenes anteriores la liquiden. Esta tradición debe seguir siendo la respuesta ante la actual arremetida. La huelga, como arma de lucha por excelencia de los trabajadores, convocada por su organización sindical, es la garantía para mantener viva la entidad. Serán los trabajadores con su imprescindible movilización quienes jalonarán el más amplio despliegue de movimientos, paros cívicos y manifestaciones de solidaridad.

El gobierno ha iniciado también una campaña de desprestigio contra Sintracreditario, valiéndose de diferentes medios de comunicación. Pretende con ello restarle poder de convocatoria y minar la confianza de los trabajadores. Dicha campaña hace parte de la política liquidadora de Pastrana. No olvidemos que una ofensiva similar fue utilizada para forzar el cierre definitivo de entidades como Colpuertos, Ferrocarriles Nacionales, el Idema y el Ministerio de Obras Públicas. Exonerar al gobierno de esta campaña es hacerle el juego a la política liquidacionista.

El MOIR llama al movimiento sindical, a los gremios del sector, al movimiento campesino, a la Iglesia, a alcaldes, concejales y diputados y, en general, a las fuerzas democráticas y progresistas a que respalden la lucha que por la permanencia de la Caja han de adelantar sus trabajadores.

¡Por la soberanía económica, resistencia civil!

UNIDAD ANTE ARREMETIDA DE LOS BANCOS

El sector financiero ha sido consecuente impulsor de la política neoliberal agenciada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, primer beneficiario de la apertura y ariete para la recolonización de nuestro país. De 1990 a 1997, en aplicación de la reforma financiera y ayudado por la reforma laboral de Gaviria, el gobierno adecuó el sector bancario para que los grandes financistas extranjeros encontraran entidades saneadas, listas para recibirlos y que se prestaran a la política de expansión mundial.

La llegada a los bancos colombianos de capital español obedece, por un lado, al modelo neoliberal de apertura económica impuesta por el imperialismo norteamericano. Y por el otro, a que los dos colosos ibéricos, el Banco Bilbao Vizcaya, BBV, y el Banco Santander, libran una contienda ante la proliferación de oficinas y la saturación del mercado en la madre patria. En consecuencia, ambos conglomerados decidieron salir a respirar otros aires, tras la meta, declarada con excepcional franqueza por ellos mismos, de “explotar” este mercado y “obtener mayor rentabilidad para sus accionistas”.

Los grandes grupos nacionales no tardaron en reaccionar, fortaleciéndose principalmente Luis Carlos Sarmiento con el grupo AVAL, y el “sindicato antioqueño” con la fusión del Banco de Colombia y el Banco Industrial Colombiano en Bancolombia.

Estas circunstancias, unidas a las altas tasas de interés, a la insolvencia de los deudores, a la recesión generalizada y al encarecimiento de la deuda externa, condujeron rápidamente a la quiebra de los bancos pequeños, de algunas Corporaciones de Ahorro y Vivienda, cooperativas y compañías de financiamiento comercial. Se tendió igualmente un cerco alrededor de la banca oficial, en detrimento del BCH y, principalmente, de la Caja Agraria.

Los trabajadores, por su lado, fueron directamente afectados por esta embestida del capital foráneo y su sed de pingües ganancias. Fueron reestructuradas las plantas de personal, se incrementó su inestabilidad y se violaron más descaradamente las convenciones colectivas en puntos tan vitales como escalafón, vivienda y salarios, entre otros. A lo cual se suman la prolongación de la jornada de trabajo y otra serie de arbitrariedades.

Promoviendo el Pliego Político Unificado, los sindicatos se ven abocados a fijar posición sobre temas tales como planes de fomento, margen de intermediación, control de la inversión extranjera, política fiscal, reforma financiera y banca central. Y en el plano laboral: sistema de contratación, jornada de trabajo, seguridad social, contratación colectiva por rama y despido de empleados. Reivindicaciones que contribuyen a la agitación, a la educación de los trabajadores y a contener la masacre laboral. Mención especial merece la condena al confiscatorio UPAC.

En el momento actual, tanto ACEB como UNEB, Sintracreditario, Sintrabancol, Astraban, Anebre y Fenasibancol deben realizar esfuerzos para crear el sindicato único con el fin de defender con mayor eficacia los intereses de los trabajadores, y como herramienta para enfrentar la arremetida.

Es de particular importancia que el Frente Intersindical Bancario, respaldado por las centrales y apoyado por los trabajadores, rechace la reforma financiera y laboral y el Plan de Desarrollo pastranista, y saque adelante el Pliego Político Unificado y la lucha por salvar a la Caja Agraria.

Después del terremoto en el Eje Cafetero: LOS QUINDIANOS SE UNEN Y COMBATEN POR SUS DERECHOS

Recorrer los escombros de los pujantes municipios y veredas del departamento del Quindío arruga el corazón. Hay tantas fachadas de viviendas sostenidas por palos de guadua, al lado de las que se derrumbaron definitivamente, de las que medio sostuvieron un precario tejado, de las que aplastaron vidas. La visión de sus gentes, arracimadas en cambuches, entre el barro y los desechos, irrita el cerebro. Ser testigo de cómo la solidaridad del pueblo colombiano se la ferian los más inescrupulosos negociantes, levanta la indignación. Por fortuna, la creciente organización de las masas populares y la disposición que manifiestan para la defensa de sus intereses, hacen surgir el optimismo y levantan la moral.

Terremoto

Cuando, a la una de la tarde del pasado 25 de enero, un sismo devoró las viviendas de cientos de miles de personas de veintiocho municipios de cinco departamentos de Colombia, el del Quindío, arteria del eje cafetero, sufrió una de las mayores catástrofes de nuestro país en el presente siglo. La cifra de desaparecidos, heridos y muertos, sobrapasa los diez mil. Los damnificados resultan incontables. Hay, además de las cerca de cuarenta mil edificaciones derruidas, otras tantas urgidas de reparación. Muchas de ellas alojaban instituciones de educación, salud y seguridad que dejaron de prestar sus servicios. Si bien allí se soportaba ya la crisis y la falta de oferta de trabajo que azota a todo el país, y en esta zona con énfasis a los cultivadores cafeteros, decenas de miles de nuevos desempleados engrosaron las estadísticas del paro forzoso al cual nos hallamos sometidos por las políticas del gobierno.

El anterior balance no toma en cuenta a los numerosos desplazados, a los caficultores cuyos beneficiaderos se derrumbaron y tendrán que desembolsar entre cuatro y doce millones de pesos para restaurarlos, ni a los niños y ancianos, hombres y mujeres heridos psicológicamente. Un pequeño de siete años, de La Tebaida, declaró a TRIBUNA ROJA que “al otro día se me había olvidado todo lo que aprendí en la escuela, leer, escribir, sumar y restar.” Un habitante de Montenegro que contemplaba la desolación afirmaba: “En un solo minuto retrocedimos por lo menos treinta años.” Hubo gentes a las que se les borraron los nombres de parientes y conocidos, o aún permanecen en crisis nerviosa, o quedaron errabundas.

Feria de la ayuda

Solamente faltaba que el presidente Pastrana llegara a “poner orden”, es decir, a señalar quiénes debían administrar y lucrarse de la mayoría de los auxilios y demás recursos nacionales e internacionales para los afectados; los elegidos fueron sus compinches y varios de los “cacaos” que mangonean para su provecho las finanzas colombianas, públicas y privadas.

Para tal efecto fue creado el Forec (Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo del Eje Cafetero), el cual tendrá en sus manos la destinación de dos billones de pesos, o más, en dos años, entre otras por cuenta del impuesto del dos por mil. Arrancó sobre la base de novecientos cincuenta mil millones de pesos, que siguen hasta ahora produciéndoles intereses a sus administradores so capa de que “no se puede improvisar”. Se rumora que, además, unas doscientas cuentas privadas, que han captado alrededor de ocho mil millones de pesos, no aparecen por ninguna parte. Semejante ponqué lo reparten, o se lo reparten, nueve dirigentes empresariales y políticos entre los que se cuentan el alcalde de Armenia (al gobernador, no pastranista, lo marginaron), y, para sólo citar algunos, el presidente de la ANDI, Luis Carlos Villegas, el del Comité de Cafeteros, y Luis Carlos Sarmiento, Santiago Mejía, Pedro Gómez Barrero (conocido de autos tras la catástrofe de Armero), a más de Jorge Cárdenas, por la Federación Nacional de Cafeteros.

Mientras este Forec no ha hecho ninguna inversión importante en cuatro meses para dar solución a los problemas urgentes de la población, sí se prepara a decidir que esos billones se destinen a la financiación de viejos proyectos como el túnel de La Línea, el del “puerto seco” de La Tebaida, o el de la doble calzada de las vías desde Buenaventura hacia el interior del país y hasta Venezuela. Y, claro, como ha de darse prioridad a las “zonas de desastre,” el Ministerio de Transporte le entrega al Forec 150 mil millones para el proyecto del túnel. El dichoso Fondo asignará de manera directa, sin tener que licitar, según la decisión de sus cabezas de mando. Así, todo puede quedar en familia: Cárdenas Santamaría, el hijo (el mismo del lío de Dragacol), traslada los recursos, para que el padre, Cárdenas Gutiérrez, contrate a dedo con quien a bien tenga.

Haciendo gala de su consabida astucia, en cualquier zona de tragedia aterrizan las aves de rapiña del capital financiero. Primero se disfrazan de “damas grises” o “damas rosadas”. Llegan con paliativos y sonrisas, colombinas para los niños y ropita para las señoras, y otras clases de auxilios que a la postre recuperarán con creces a cuenta de sus exenciones tributarias. Auscultan las necesidades de los damnificados, y hacen que las generosas contribuciones del resto del país se discriminen según quienes apoyen sus intereses.

Muchos funcionarios, tales como algunos alcaldes, han convertido en feria el terremoto. Almacenan y comercializan mercados, colchones, ropa, carpas. Y a quienes reclaman, como dice una señora de Calarcá, “la Policía los saca a palo”. Y carnetizan a su clientela política para privilegiarla con las ayudas que sobren con miras a las próximas elecciones. Una anciana que limpiaba la ropa de su familia en un improvisado lavadero instalado frente a uno de los cambuches que pueblan el Quindío, nos contó: “Fui al coliseo, donde se distribuían los auxilios. Después de hacer una cola como de dos horas, le pedí al alcalde que me diera un plástico para terminar de cerrar este alojamiento y una manta para tapar a mi hija y a mis nietos, y me contestó que si no me pedía más el buche.”

Viviendo entre las sobras

Miles de familias subsisten en los que llaman “alojamientos temporales”, en verdad tugurios y carpas inadecuadas, alrededor de los cuales se levantan ilusorios barrios de desplazados en precarias condiciones. Construyen pasos de bahareque sobre las estrechas calles peatonales que bautizan como “Nueva Esperanza”, “Segunda Ilusión” o nombres del mismo estilo.

Durante mes y medio algunos recibieron mercados; a cambio les pidieron luego que trabajaran recogiendo escombros, y ahora se los cobran. En los lotes destinados para estos asentamientos, sólo se brinda el servicio de luz desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana, y los dueños de tales predios, particulares o estatales, ya están presionando para cobrarles arriendo, amparados por el concepto del Forec, que los considera inquilinos. Incluso se les ha dicho a los damnificados que primero se atenderán las demandas de los propietarios y más tarde las de los arrendatarios, conformados estos por cerca de cincuenta mil familias.

Apertura a los monopolios

Ya se prospecta una ley “Quimbaya” que, como la “Páez”, abusando de los nombres de nuestros indígenas, es un espacio más para las multinacionales, con exenciones de impuestos y garantías de favorabilidad comercial, que les facilitan el saqueo de las riquezas y del trabajo colombianos.

Mientras tanto, a los damnificados del campo y las ciudades se les niegan los subsidios, o se les reducen, subestimando sus pérdidas, y a cambio se les ofrecen créditos “blandos” que los endeudarán todavía más hasta terminar por ahorcarlos. Y en cuanto a los trabajos especializados, las plazas disponibles han sido asignadas a profesionales de otras regiones, dependientes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG), adscritas las más de ellas a los distintos grupos financieros que han acaparado el negocio de la reconstrucción, las cuales han llegado a suplantar a las autoridades municipales y departamentales, pretendiendo, además, asumir el papel de líderes de la población.

Respuesta popular

En contraste con la política oficial de “al caído caerle”, desde el día de la tragedia las gentes del pueblo comenzaron a organizarse de diversas maneras, desplegando toda la solidaridad de la que son capaces. En los doce municipios del departamento del Quindío han sido constituidas asociaciones de damnificados que el pasado 8 de mayo se unieron en la Federación de Damnificados del Quindío, en una concurrida asamblea popular realizada en Armenia. Y han elegido cuadra por cuadra, campamento por campamento y vereda por vereda, a los delegados que han de velar porque se cumplan sus demandas.

Les ha tocado, incluso, defender los barrios construidos en guadua que sí sobrevivieron al movimiento telúrico, y que los constructores asignados por el Forec han querido derruir. Un trabajador del matadero de Calarcá relata que los pobladores de su localidad, en el cual viven decenas de jornaleros, ahora desempleados, tomaron la decisión de salvaguardar sus humildes viviendas. Luego de una visita de arquitectos e ingenieros de universidades de Caldas, Risaralda y el Quindío, quienes les aconsejaron hacer sólo reparaciones, se engancharon de los brazos y empuñaron sus machetes cuando llegaron los bulldozer, para impedir la destrucción que pensaban ejecutar los agentes de la “reconstrucción”.

Los Comités de Damnificados han elaborado un programa de lucha que consiste principalmente en exigir el respeto a sus organizaciones independientes; mayor representatividad en los organismos rectores de la reconstrucción; incremento de la apropiación de recursos estatales para las obras realmente necesarias; establecimiento de estímulos a los productores tradicionales de la región; mejoras en las condiciones de vida en los cambuches y campamentos; subvención de los servicios públicos; refinanciación de la educación y la salud; condonación de las deudas a los cafeteros y agricultores de la zona, y protección de los recursos naturales y de las organizaciones culturales y científicas.

Pues, justamente, las Casas de la Cultura, así como los clubes juveniles, han pasado a ser sedes de las reuniones de los comités. Un representante de éstos últimos nos decía que su papel se había transformado, de ideales abstractos a tareas concretas de ayuda a la población. Y otro joven, ciego de nacimiento, narraba: “Sentí el terremoto como se sienten las olas en el mar. Era como un animal que brotara de la tierra. Antes me dominaba el temor, pero ahora me he decidido a organizar a los vecinos de mi barrio, para que luchemos por una verdadera nueva vida.”

Ya se han visto brotes de rebeldía frente a la dilación, el negociado y las maniobras del gobierno y los que se mangonean el Forec. Porque el pueblo del Quindío está erguido y firme como la palma de cera.

LA CIENCIA, LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA EN LOS TIEMPOS DEL NEOLIBERALISMO

Guillermo Alberto Arevalo

El Fondo Monetario Internacional, FMI, declaró recientemente que Colombia está “bien enrutada”. Se basa tal opinión, entre otros aspectos, en la disminución del déficit fiscal. Todo el mundo sabe que sus dictámenes tienen como referencia las ganancias o pérdidas del capital financiero internacional.

Pero ¿de dónde está recortando el gobierno de Pastrana los dineros que le permitan obtener tales felicitaciones? Entre los renglones afectados están justamente algunos de los que más necesita la población: la salud, la educación. la ciencia y la cultura.

En concordancia con el dogma neoliberal de privatizarlo todo a toda costa, se les exige a las instituciones de la salud, sometidas de tiempo atrás a una avara dotación de recursos, que sean productivas. Ya fue cerrado el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, y tal acto se convirtió en una amenaza para el sector. Y en cuanto a las campañas de prevención contra los múltiples virus que afectan a los niños, las informaciones de la prensa nacional comunican que sólo se dispondrá de un 3.9 por ciento de lo previsto, y que para el año 2000 se eliminarán los recursos adjudicados para la adquisición de vacunas.

Con respecto a la educación, todo apunta a exonerar al Estado de su deber constitucional de garantizársela a los ciudadanos colombianos. La neoliberal política consiste en privatizar colegios, normales y universidades. Se les pide que se autofinancien, que eleven los precios de sus matrículas, que cada vez más discriminen a amplias capas, negándoles el acceso a las instituciones educativas.

Por otra parte, la cantaleta de la “evaluación” y los “traslados” sólo esconde la intención de disminuir la nómina estatal de educadores.

¿Qué decir de la investigación científica y tecnológica? En un foro público, el director de Planeación afirmó sin sonrojarse que “la inversión pública en ciencia y tecnología es del 0.72 por ciento del PIB… Mal haríamos nosotros en darle el dos por ciento”. Y “diciendo y haciendo,” Pastrana, el esporádico huésped de la Casa de Nariño, ordenó el cercenamiento del presupuesto de Colciencias, reduciéndolo a una mínima expresión, y eliminó las partidas destinadas a la investigación sobre cáncer, sida y otros flagelos.

El mismo tratamiento ha recibido la cultura. Eso no da “imagen”. Cómo será la situación, que hasta un reciente editorial de El Tiempo dijo que el ministerio del ramo había sido “reducido a cuarta categoría y está entre los candidatos a ser eliminado.” Los pocos premios nacionales y las mezquinas becas que patrocinaba fueron condenados al naufragio.

El presidente y sus ministros intentaron gravar aún más los libros con el impuesto del IVA, pero, por fortuna, múltiples protestas impidieron semejante atropello. Ahora tienen en la mira a las programadoras de televisión cultural del Estado, como Audiovisuales.

Cuando el jefe del Estado inauguró la más reciente Feria del Libro, habló conmovido de cuán importantes y esenciales resultaban para él las bibliotecas. ¿Las habrá visitado? A la Biblioteca Nacional de Colombia, patrimonio histórico de nuestra nación, poseedora de tesoros bibliográficos invaluables, le fue reducido el presupuesto y parece condenada al cierre definitivo.

Los colombianos debemos luchar también por los intereses culturales y científicos, que constituyen pilar fundamental del verdadero desarrollo nacional y garantía del avance hacia nuestra autonomía.

EL RETORNO DE LOS BRUJOS

David Rodriguez

El pasado 8 de mayo llegó al país Jeffrey Sachs, el gurú, «el economista más grande del mundo», según lo anunciaron El Tiempo y Portafolio. Jeffrey Sachs es uno de los más nombrados teóricos neoliberales. Dirige el Instituto de Desarrollo de la Universidad de Harvard y con mano segura ha orientado al descalabro las economías de Rusia y de Polonia, entre otras de las favorecidas por sus luces.

En el mes de julio de 1997 publicó un estudio titulado El crecimiento de Asia, en el que pronostica que los «dragones» y los «tigres» tienen asegurados treinta años de prosperidad ininterrumpidos. En el mismo mes estalló la crisis financiera que asoló a todo el Sudeste Asiático. El brebaje que receta a los países rezagados consiste en dedicarse a exportar a las metrópolis productos y servicios intensivos en mano de obra. Él, en un alarde de originalidad, los llama «productos de clase mundial». A su juicio, los Estados que deseen progresar deben atraer a las trasnacionales y no preocuparse por el mercado interno. Los países que progresan son los que tienen mercados internos pequeños, puesto que los grandes los desvían de las exportaciones. Aconseja entregar a precios razonables los recursos naturales básicos, los cuales también apartan a las naciones del esfuerzo por ligarse a las cadenas de los grandes consorcios.

Ha polemizado acremente con el Fondo Monetario Internacional porque él es partidario de dejar que las monedas floten libremente y se opone a la política del FMI de que prevalezcan los tipos fijos de cambio. Sus recomendaciones conducen a que los especuladores financieros puedan aprovecharse de la crónica inestabilidad de las monedas y a que los exportadores no cuenten con garantía alguna en sus operaciones, pues quedan a merced de la total volatilidad de las divisas.

Sachs es reconocido porque sus sesudos trabajos demuestran con elaboradas ecuaciones, curvas y regresiones leyes que la torpe realidad se niega a obedecer. En el Foro realizado en el Centro de Convenciones, ante un auditorio completamente mudo y maravillado, repitió sus muy difundidas fórmulas y dio pruebas de su genialidad cuando resolvió menospreciar alegremente el duro enjuicimiento hecho a la política aperturista por Eduardo Sarmiento Palacio. Según Sachs, «la discusión en Colombia sobre apertura es entretenida, pero eso no les va a resolver nada», y agregó: «Ustedes se están desgastando en la retórica». Estas afirmaciones confirmaron la ilimitada sabiduría de Jeffy. Así lo comprendieron Ruddy Hommes y sus compinches, pues quedaban libres de toda culpa por haber sometido el país a la ruina que hoy vive.

La culpa no es de la apertura, sentenció Sachs, sino de la bonanza petrolera, que revaluó el peso, y del Niño.

«¿A qué debe apostarle Colombia?» En resumen, peroró Sachs, a estimular el sector exportador, promover el turismo, mejorar la infraestructura y controlar el gasto público. Por fin sabemos ya quién le dictó a Pastrana el Plan de Desarrollo.

Así las cosas, el laureado economista de marras quizá no consiguiera demostrar ser el mejor del mundo, pero sí el más vivo.

FELIPE, MOIRISTA DE PRINCIPIO A FIN

Gabriel Fonnegra

En octubre de 1965, un puñado de jóvenes logra romper al fin con el cerril oportunismo que invadía sus filas. Acaudillados por Francisco Mosquera, dan vida al documento Hagamos del Moec un auténtico partido marxista-leninista,1 se proveen de un estado mayor y excavan los cimientos de una corriente nueva, la de la clase obrera revolucionaria. De ese primer Comité Ejecutivo Central, el de los fundadores pioneros, hacía parte un hombre de 21 años, nacido en Medellín: Carlos Arturo Londoño. En la actividad conspirativa utilizaba el nombre de batalla de Sebastián y después había de llamarse Felipe Mora, pero quizá en la historia revolucionaria será recordado como Felipe, a secas, como fraternalmente fue llamado por la militancia moirista.

Cuando el pasado 8 de abril, treinta y cuatro años más tarde, los cientos de leales que venían desde todo el país a tributarle honores póstumos comenzaron a desbordar la amplia casona del Pequeño Teatro, en Medellín, el dolor más profundo se reflejaba en los semblantes. Había muerto un verdadero jefe.

Pero a la par, como si concurrieran a otra jornada de combate, de las muchas y victoriosas que encabezara el dirigente fallecido, sus fieles camaradas expresaban en gestos y palabras la más resuelta decisión. La atmósfera reinante en ese día tan luctuoso para los revolucionarios, fue resumida con sentencia certera por nuestro secretario general: «El viernes vi a la gente muy triste –afirmó Héctor Valencia—. Pero con la publicación del comunicado en el que señalamos la posición del MOIR ante la actual lucha de clases, vi también que había altas esperanzas en los ojos llorosos».

Desde el comienzo

Carlos Arturo Londoño Londoño nació el 11 de junio de 1944, hijo de Alfonso Londoño Navas, jefe liberal en San Jerónimo, y de Marina Londoño. En 1967 contrajo matrimonio con Elvia Velásquez. Deja dos hijos: Felipe, de 31 años, abogado, y Andrés, de 27, administrador de empresas.

Se crió desde muy niño en el barrio Buenos Aires, un extenso suburbio de ladera sumergido en el tango y en el fútbol. Era un vecindario de clase media, pero también de arraigo obrero y popular.

Hacia 1961, el año en que Felipe entra en el Moec, la juventud de la barriada vivía en plena ebullición. En las diarias tertulias se oían Radio Habana y Radio Pekín. A precios irrisorios se ofrecían en grandes cantidades libros y textos de marxismo. Millares de revistas circulaban de mano en mano.

Por sus dotes de líder y su enorme capacidad, no tardó el nuevo adepto en jugar un papel de primer orden en la recién creada dirección regional. Fue tenido también en cuenta, pese a su juventud, para destinos reservados a dirigentes nacionales. Contaba apenas 20 abriles cuando se desplazó a China a recibir un curso de milicia y política. Se embarcó en un carguero de la Italian Line, que lo llevó desde La Guaira a Barcelona. De allí siguió por tren hasta París, Moscú y Pekín. Allí tuvo la suerte de ver de cerca los procesos de dos de los más cruciales episodios en la historia contemporánea: la polémica de Mao con los revisionistas soviéticos y, en sus prolegómenos, la Gran Revolución Cultural Proletaria.

Ya de vuelta en Colombia, retomó sus tareas con mayor entusiasmo y absoluta dedicación. «En el barrio Buenos Aires, por el año 65 –cuenta Carlos Macías—2, existía una célula del Moec en la que militábamos algunos estudiantes, trabajadores y artesanos. El contacto del organismo con las instancias superiores, que actuaban en la más absoluta clandestinidad, era precisamente Felipe. Corría el mes de marzo y, una mañana, Felipe me invitó a conocer a Andrés. Se trataba de un jefe nacional que venía buscando escampadero, sentenciado a muerte en Bogotá por la fracción militarista, y aspirando a instalarse en Medellín, a instancias de Felipe, quien le había ofrecido su propia casa. No era otro que Francisco Mosquera. Andrés nos explicó en detalle el severo conflicto por el que atravesaba el Moec. Nos informó también que estaba concentrado puliendo un material contra el nidal oportunista. Fue aquí donde acabó de redactar Hagamos del Moec, nuestra pila bautismal, por así decirlo». En ese documento Mosquera señalaba que no había en Colombia condiciones propicias para la lucha armada y nos convocaba a impulsar dos tareas: construir un partido en el seno del proletariado, con su sello de clase inconfundible, y desgajar de las centrales un movimiento obrero independiente.

Perseverando en su propósito, con Pacho a la cabeza, el Partido logró arraigar en varios sindicatos, entre ellos los de Bedout, Furesa, Laminación y Derivados, Empresas Públicas y Hullera, de Amagá. Se hacía indispensable, lo primero, dar cabal solución a la enconosa lucha interna y derrotar a fondo la tendencia foquista que subsistía en el Moec. Fue el histórico Pleno del 1º de octubre de 1965. En él Mosquera fue elegido secretario general. A su lado se hallaban, entre otros, Arturo Londoño y Gildardo Jiménez. Es un hecho elocuente que el primer acto de Felipe como integrante de la máxima dirección fuera la intrépida ruptura con el oportunismo de izquierda.

También Felipe escoltó a Pacho en la segunda lucha interna, que se escenificó en Antioquia, en 1967, cuando un grupo de disidentes dio en desertar del cuadro partidario para sumarse a una organización que había emprendido la lucha armada. Y luego estuvo junto a él en el proceso que culminó en septiembre de 1969, con el masivo encuentro de fundación donde cuajó por fin la idea de conformar un movimiento obrero independiente, opuesto a las centrales UTC y CTC y en alianza con diversos sectores, incluidas la USO y Fenaltracar.3 El multitudinario evento, llevado a cabo en la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, proyectó a la luz pública al MOIR.

Felipe tomó parte después en el no menos importante Pleno de Cachipay, celebrado entre el 15 y el 24 de octubre de 1970. Allí, con base en el Moec, ya consolidado su carácter marxista-leninista, y al que se habían sumado algunas agrupaciones revolucionarias, se le dio nueva fuerza al Partido.4

Una prueba de fuego para Felipe fue unificar a Antioquia alrededor de la consigna que en 1972, e imponiendo un viraje abierto y audaz, trazó la dirección nacional frente a la táctica electoral. Asunto espinoso, pues prevalecía por entonces, tanto en el movimiento estudiantil como en los sindicatos independientes, una tenaz corriente abstencionista. Entre risas rememora la escena Rubén Holguín: «En el pleno del Regional, al que había llegado todo el mundo, Felipe abrió el informe con esta breve frase: ‘Vengo a tirarles, compañeros, una poncherada de agua fría: nos vamos a elecciones’.»

Pies descalzos

Ya como secretario regional –cargo en el cual estuvo hasta 1984—, ayudó a construir el Frente Sindical Autónomo de Antioquia.

Fue aún más decisivo su papel cuando Mosquera, desde 1975, puso a todo el Partido a desarrollar la orientación de pies descalzos. Felipe, lista en mano, se aparecía por las células –que ya habían recogido la subienda del movimiento estudiantil—, buscando persuadir a la gente de que debía descalzarse. El laborioso censo comprendía al final del año más de setenta militantes –muchachas y muchachos de la universidad, más algunos obreros veteranos, que partieron casi en seguida a apuntalar el trabajo del Partido en el resto del país, principalmente en el campo.

«Regó su huella por el país entero», señala Jorge Gómez. Gabriel Restrepo lo confirma: «La gente que pasó por sus manos, o que es directamente hechura suya, sigue siendo bastante numerosa. Claro que no todos respondieron a las expectativas del Partido. Pero ante esto, él mismo, sin perder el humor, decía: ‘En esta familia hemos tenido más de un hijo calavera’.»

Una vez que el primer oleaje de emigrantes hubo echado semillas, graneando a los cuatro vientos, fue cuando se advirtió que comenzaba lo difícil. Para sacar airosa la tarea se requerían fuertes sumas, no sólo ganas y coraje, y se pidió el respaldo del movimiento obrero. Propaganda y publicaciones, pasajes y estadías, medicamentos y asistencia, pudieron costearse durante varios años gracias, en buena parte, al ahincado celo de cuatro o cinco sindicatos. En esta iniciativa Felipe, como siempre, fue audaz. Solía pregonar: «Los frentes de trabajadores que orientamos deben desempeñar un papel clave en la política revolucionaria».

Poniendo a jalonar a Sittelecom, logró coordinar varias campañas: entre ellas, conseguirle una motobomba y un kilómetro de manguera a un grupo de pioneros del nordeste antioqueño; una máquina de escribir y un mimeógrafo a los descalzos de Urabá; una panga en fibra de vidrio, con su motor fuera de borda, a las cooperativas campesinas de Bolívar; nailon en grandes cantidades, para redes de pesca, a una cooperativa en Ayapel; una máquina de aserrío para un amplio proyecto de un descalzo en Chocó; y una remesa entera de herramientas, principalmente picos y palas, a una aldea minera llamada Puerto Bélgica. Fue con aportes sindicales con los que se logró editar el folleto Los piratas del oro, que denunciaba las inhumanas condiciones a las que eran forzados los millares de barequeros de El Bagre y Zaragoza.

Coordinó además la solidaridad con el beligerante paro cívico lanzado por el pueblo de Barrancabermeja en 1977. En esa amplia campaña se alcanzó a recaudar la enorme suma, para la época, de 500 mil pesos. «Él tenía –como lo reafirma Javier Gaviria—una capacidad poco común para la organización».

Bajo su guía, en fin, el Regional movió a cientos de obreros a volcarse entusiastas a las celebraciones históricas de los cincuenta años de las Bananeras y del bicentenario de la Revolución Comunera. Y fue promotor de la idea de extenderle una invitación al escultor Rodrigo Arenas Betancur para que concibiera y realizara la escultura en homenaje a los combatientes antiimperialistas de las Bananeras, que hoy se erige en la vieja estación de Ciénaga, epicentro de la masacre.

Como era criterio partidario que el sindicalismo en las ciudades no debía ceñirse al mero apoyo solidario, Felipe martillaba: «El dirigente debe desenconcharse; entre cuatro paredes se acartona y se pierde». Presionó entonces a las células del Partido a ser consecuentes con este criterio. «A la de Telecom logró comprometerla –reseña Víctor Arbeláez—a que saliera desde el viernes, todos los fines de semana, a atender el trabajo partidario en Urabá y el Bajo Cauca. Impulsó al mismo tiempo, como tarea prioritaria, la venta de Tribuna Roja. En esa época se efectuaban tirajes que oscilaban entre 120 y 300 mil ejemplares. Al solo Regional le tocaban por lo común de 25 a 30 mil. Felipe era quien distribuía las brigadas, que se iban por los pueblos e invadían los barrios proletarios del Valle de Aburrá».

La década de los ochentas significó para el MOIR un período lleno de dificultades que Mosquera calificó como «el túnel». Durante estos años Felipe veló siempre por «conservar prendida la llamita», como gráficamente expresaba la necesidad de persistir en el rumbo revolucionario.

“Rescatar al MOIR

del aburguesamiento”

«Al despuntar 1991 –explica Jorge Gómez—, Mosquera cita la Conferencia de Villeta. Allí exhorta al Partido a vencer la molicie y el aburguesamiento, pues de otro modo no le iba a ser posible dar réplica adecuada a los tremendos desafíos que planteaba la apertura. Algún tiempo después, ante un pleno del Regional, Pacho le pide a Antioquia marcar la pauta. Felipe inicia desde entonces una incansable actividad, cuya dinámica se intensificó en el último tramo de su vida».

«Vivía para la revolución», afirma Eduardo Benavides. Estudiaba, vendía la Tribuna, salía con los grupos a pintar los murales, repartía chapolas, iba a pegar carteles, dictaba conferencias, atendía las células, colaboraba con la Escuela de Cuadros”. Jorge Aristizábal redondea el esbozo señalando que «era un todoterreno». Y refiere una anécdota: «Alguien un día le echó en cara a ‘La Pasta’, un viejo militante de base, el ser tan apegado a Felipe. ‘La Pasta’ replicó: en política hay cuadros dirigentes similares a futbolistas que siempre van al choque; la tocan por la izquierda, driblan por el centro, regresan a defender, cobran tiros de esquina, sacan los laterales, se cuelan en el área y meten gol. Yo, con ésos, me la juego».

Felipe estimulaba sin cesar al militante joven para que se lanzara con valor y audacia a desempeñar un papel de dirección. «Usted puede dar más», era una de las frases que se le oían a menudo. Javier Gaviria complementa: «Cuando hablaba con cada hombre asumía como una obligación personal el estar señalando el derrotero. E incitaba a la gente a definir sin trampas ni dobleces su posición en los debates, como una cualidad inherente al proletario».

Se tornaba implacable si sentía en peligro la política del Partido, y veía en la lucha interna la mejor arma para salir en su defensa. «Esgrimía una frase machacona, anota Jorge Aristizábal: ‘Ojo con la posición de clase’.» Rubén Holguín agrega: «No hubo una sola lucha interna, ni la que se libró contra Samper, ni contra Bula y Pardo, ni contra los hermanos Ñáñez, ni contra los dirigentes de la fracción más reciente, en la cual no marchara en primera línea, siempre en la posición correcta».

Libró un debate permanente porque los organismos funcionaran y se cumplieran las tareas. Lo exasperaba el liberalismo: que la gente no hiciera vida partidaria, no cotizara, no trabajara, no estudiara, no se preocupara por crecer.

Quien acoja la tesis leninista del Partido como destacamento de vanguardia, subrayaba Felipe, ha de impulsar la educación como tarea prioritaria. Junto con Libardo Botero, responsable del frente educativo, le dio resuelto apoyo a la Escuela de Cuadros del Regional de Antioquia, que con el tiempo se convirtió en modelo nacional.

Pero el maestro irreemplazable, según él, era el ejemplo vivo. En su empeño por dar realce a la vanguardia, para que jalonara a los remisos, solía destacar los organismos cuyo fervor en el estudio y el trabajo debía ser un logro digno de emular. «La inercia y la pereza –concluía—son caldo de cultivo para el oportunismo».

Afirmaba igualmente: «El centralismo democrático, principio cardinal del leninismo en lo organizativo, se halla ligado estrechamente al carácter de clase del Partido. Por ello el centralismo democrático no es negociable».

«¿Cómo defendía Felipe el ideario de Mosquera?, se pregunta Alfonso Berrío, dirigente del magisterio. No sólo barrenando con minuciosidad toda carcoma ideológica, sino también pugnando porque se preservara el centralismo como norma insustituible».

«Entabló tres batallas en el último año –resume Jorge Gómez—, y no de poca monta: la primera, contra el liberalismo en lo organizativo; la segunda, por formar una escuadra que jugara papel de dirección, y la tercera, por dejar afianzada una corriente revolucionaria leal al Comité Ejecutivo y al camarada Héctor Valencia».

Adalid y propagandista

«Es en las peleas de masas –solía esclarecer Felipe—donde sale a la luz el carácter de clase de cada militante». Alfonso Berrío rememora otra frase suya: «La lucha al lado de las masas es lo que garantiza la frescura de las ideas» . Consecuente, no hubo batalla de los trabajadores en la que no estuviera en primera línea. Acompañando a Mario Hernández, secretario del Regional, y a los demás dirigentes del frente obrero, Felipe llevó la representación del MOIR en el pasado paro nacional de los trabajadores estatales y marchó en sus nutridas movilizaciones.

Otra de sus pasiones era la propaganda. Durante la pasada campaña al senado se inventó una cometa de 1.80 por 1.30 metros, de lona gruesa y armazón de aluminio, que llevaba en la cola un pendón rojo de 25 metros en el cual se leía nuestra consigna: «¡Fuera gringos y abajo los vendepatria!» Se elevó en las laderas del Cerro Nutibara y en los extensos campos de Niquía. A duras penas la retenían cuatro hombres, todos con guantes en las manos.

El color escarlata y gualda, la hoz y el martillo, el puño en alto, la efigie de los clásicos y la estrella de cinco puntas, esa preciosa herencia de estandartes que nos han transmitido los obreros del mundo, deben ser reivindicados como propios, decía. «Toda clase tiene símbolos que la encarnan». Y propuso que el Regional, durante el acto público con el cual se cerraban los cursillos, laureara al mejor entregándole una bandera del Partido, tejida en seda fina. «La primera experiencia fue muy emocionante –relata Jorge Aristizábal—. Al obrero premiado se le pidió que pronunciara unas palabras. Pasó al frente y lo hizo, con voz entrecortada y apretando contra su pecho la bandera».

En su última intervención en público, Felipe hizo alusión al promisorio auge del combate de masas que se avizora en el país: «La pelea se viene, porque hay palpable angustia ante el total desbarajuste del aparato productivo, previsto ya por Pacho desde el comienzo mismo de la apertura. Se ve crecer la pleamar, porque son tantos los sectores sociales arruinados, que van a levantarse como hogueras cientos de Chinchinás. Se está incubando día a día una situación favorable, la más favorable desde hace varias décadas».

El homenaje póstumo a Felipe lo rindió la militancia participando con fervor en el pujante paro cívico que libraron, contra la valorización y los peajes, los cuatro municipios norteños del Valle de Aburrá, entre el 15 y el 18 de abril.

La enfermedad

Felipe había padecido un par de infartos como secuela de dos terribles choques emocionales. El primero, a raíz de la muerte trágica de Alfonso Calderón y Sandra White, el 13 de noviembre de 1985, bajo la avalancha de Armero. «Esa mañana –recuerda Elvia Velásquez—, apenas escuchó por la radio lo ocurrido, sus primeras palabras fueron: ‘¡Alfonso y Sandra!’ Se vistió a toda prisa, habló con Pacho, que estaba en Bogotá, y ambos partieron en seguida hacia el Tolima. Dos semanas después tuvo el primer infarto».

Sufrió el segundo a raíz de la bancarrota que lo forzó a entregarles a los rudos y voraces acreedores el Almacén 57-A, con el que había levantado a su familia. «Esa quiebra, en 1993, fue para él un golpe demoledor, relata Elvia Velásquez. Desde muchacho se había involucrado en el negocio de la chatarra, junto a su padre. Lo perdió todo, de un tirón. Fue un duro latigazo del que tardó bastante en reponerse. Porque a él podían fallarle, y le fallaron muchas veces. Pero él a su familia, no».

El tercero, el que segó su vida, le sobrevino el miércoles 7 de abril a las 10:25 de la noche. «Ese día cerró temprano, dice Fernando López, viejo activista del MOIR y propietario del taxi en el que falleció Felipe. Principió a sentirse indispuesto como una hora antes, mientras le hacía la visita a su hijo Andrés, recién intervenido en una clínica. Lo recogí en el taxi y, al subirse, recostó la cabeza en el asiento y me pidió el favor de que le consiguiera una pastilla. Ya cerca de su casa, en las inmediaciones del estadio, sintió que el malestar se le agravaba y me ordenó de urgencia, con Elvia a su derecha, que lo llevara rápido a la Clínica Cardiovascular. Justo en ese momento le escuché el estertor de la agonía».

Los despojos mortales fueron velados en el Pequeño Teatro de Medellín, que dirige su gran amigo Rodrigo Saldarriaga. Hubo guardia de honor desde las siete de la mañana del jueves hasta las once de la mañana del día siguiente. Empuñando banderas rojas, rodearon el féretro los delegados de los distintos Regionales, del Comité Regional de Antioquia, de Tribuna Roja y del Comité Ejecutivo Central, encabezado por Héctor Valencia.

El cuerpo fue cremado el día viernes 9 en el Cementerio de San Pedro.

«Era un hombre muy cálido»

«A diferencia de muchos de nosotros –comenta Eduardo Benavides—, que veníamos de la universidad, Felipe era un hombre de la vida, criado desde muy joven en el negocio familiar del azaroso Barrio Triste. Dedicarse con él a conversar era encontrarse con la vida que uno desconocía por completo, ese mundo en el que todo sucede. Su caudal de experiencias le hacía ver las cosas de manera distinta, y era lo que trataba de inculcarnos».

En él se conjugaban cualidades en apariencia contradictorias. Era un hombre muy cálido, pero a la vez pugnaz y vehemente; fraternal en el trato diario, pero duro y frentero en las discusiones. Jorge Gómez lo aclara: «Felipe sabía distinguir entre lo personal y lo partidario. Si tenía con alguien contradicciones serias en política, la relación personal se deterioraba. Pero nunca al revés. Y en su prisma de clase, no valía de nada el amiguismo. Cuando hacía las críticas, iba directo al grano. No era melifluo ni condescendiente, ni aun con sus amigos, algo que no es usual. ‘Esto se lo aprendí a Mosquera, solía comentar. Cuanto más amigo se sea de una persona, tanto más franca debe ser la crítica’.»

Contertulio brillante, exhibía una gran capacidad para el detalle alegre y humorístico. En varias ocasiones se le escuchó exponer una especie de idea fija que le rondaba por la mente: citar una tertulia con excelsos contadores de anécdotas, e ir armando entre todos una historia profana del MOIR.

«Tan culto como era y buen lector, apasionado incluso por el lenguaje y la gramática, y con tan finas dotes para la narración oral, Felipe era consciente de un vacío que le dolía mucho: no saber escribir», dice Reinaldo Spitaletta.

Enrique Molinares lo evoca en la memoria como un hombre festivo y socarrón, enamorado de la Mujer y, a la vez, de arraigados afectos familiares. «Siempre nos brindó apoyo, dice Felipe, su primogénito. Era muy respetuoso en el trato hacia nosotros». Y Andrés refuerza: «Para mí fue un amigo con el que siempre podía contar».

«Fue una persona muy alegre y que gozaba de la vida, dice Javier Gaviria. Pero, ante todo, un comunista profundamente orgulloso de su vocación militante».

Epitafio

La historia del MOIR, sin Felipe, carecería de sentido. Desde 1965 hasta 1999 tuvo influjo directo en las más importantes decisiones. Y encarnó un combativo estilo de trabajo que con justicia podríamos llamar Escuela de Antioquia.

«Yo aquí en la lucha», era el firme saludo con el que acostumbraba responder al de los militantes que venían a visitarlo desde distintos sitios del país. «Ésa es mi vida».

Y la selló con intrepidez. Su postrer actuación como integrante del Comité Ejecutivo Central, cuarenta y ocho horas antes de fallecer, fue consecuente con su límpida trayectoria de revolucionario integral. Estuvo el día entero preparando, junto con Héctor Valencia, Carlos Naranjo y Enrique Daza, el comunicado nacional del MOIR en que se reafirma el rumbo del Partido. Se tituló «Por la unidad y la salvación de Colombia» y se acordó que saldría a la luz en la edición de El Tiempo del viernes 9 de abril.

Fue su victoria póstuma.


1 Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, fundado por Antonio Larrota, presidente de la Federación Universitaria Nacional, FUN, el 7 de enero de 1959.

2 Todas las personas citadas son dirigentes del MOIR en Antioquia.

3 Federación Nacional de Trabajadores de Carreteras Nacionales, presidida por Rafael Torres. Lideraba a la USO Eliécer Benavides.

4 Inicialmente se acordó que sería bautizado Partido del Trabajo de Colombia. Por circunstancias específicas, se terminó llamando Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, nombre que designaba, en el Congreso de fundación, a una alianza de fuerzas sindicales.

Ibagué, 9 y 10 de junio de 1999: FORO POR LA SALVACIÓN NACIONAL AGROPECUARIA

(Ángel María Caballero, coordinador nacional, y Jorge Enrique Robledo, secretario general, del importante Foro que debe realizarse en la capital del Tolima, nos han hecho llegar el programa del evento y la invitación que están enviando a las organizaciones y personalidades del sector)

En desarrollo de las labores de coordinación del Comité Nacional por la Salvación Agropecuaria, y luego de realizar consultas, convocamos al foro “El impacto de la apertura en el sector agropecuario” y al Primer Congreso Nacional por la Salvación Agropecuaria, el 9 y 10 de junio próximos, en el Salón de Convenciones Alfonso López Pumarejo de Ibagué.

El evento sesionará en dos partes: en el primer día se realizará el foro “El impacto de la apertura en el sector agropecuario”, en el cual el gobierno y especialistas en el tema harán sus análisis; y en el segundo día, en el Primer Congreso Nacional por la Salvación Agropecuaria, la dirección del Comité por la Salvación Agropecuaria hará un balance de sus gestiones y de la jornada del 21 de abril pasado, y las agremiaciones asistentes presentarán sus puntos de vista con respecto a la situación de sus sectores, al programa de reclamos aprobado el 5 de marzo pasado, a las formas organizativas que se requieren y a las acciones que deberán desarrollarse para defender el agro nacional, todo con el propósito de consolidar acuerdos mínimos que les permitan a los productores agropecuarios presentar su reclamos de manera unificada ante el gobierno nacional.

A este evento están siendo invitadas, sin excepción alguna, todas las organizaciones del agro, bien sea de agricultores o de productores pecuarios, y de empresarios, campesinos e indígenas. Y aun cuando lo deseable es que los delegados de las organizaciones asistan los dos días, es posible asistir solamente a uno de ellos, para lo cual les rogamos hacer las respectivas confirmaciones de su asistencia.

Para efecto de una mejor comprensión de los propósitos del Comité, se transcriben los puntos programáticos en torno a los cuales se constituyó:

1. Porque cesen las políticas que inducen la importación de productos del agro que puedan producirse en Colombia y porque, en consecuencia, se defina como máxima prioridad garantizar la seguridad y el autoabastecimiento alimentario nacional, requisito indispensable para el desarrollo de cualquier país.

2. Por precios de sustentación remunerativos y estables y garantizados por el Estado.

3. Por un efectivo control de los costos de los insumos, tarifas de servicios, impuestos y demás costos de producción.

4. Por créditos suficientes, oportunos y baratos. Y por adecuadas y definitivas soluciones a los problemas de deudas, de forma que cesen los procesos judiciales, los embargos y los remates, y que los productores vuelvan a ser sujetos de crédito.

5. Porque el Estado mantenga y desarrolle su papel de protección del sector, en las garantías de precios, créditos, comercialización, investigación, asistencia técnica, construcción de distritos de riego y demás labores que defiendan y estimulen las actividades agropecuarias.

6. Porque se suspenda inmediata e indefinidamente la estratificación de los predios rurales, puesto que esa política tiene como objetivo aumentar los costos de las tarifas de los servicios públicos y los impuestos a la propiedad rural.

7. Por los demás temas de interés particular de los sectores del agro o de las regiones, tendientes a impulsar el progreso del campo colombiano.


Impacto de la Apertura en el sector agrario

Salón de Convenciones Alfonso López Pumarejo, de Ibagué.

Miércoles 9 de junio

8:30 a.m. Instalación: gobernador del Tolima, Carlos Alberto Estefan Upegui.

9:00 a.m. Palabras del presidente de la república, Andrés Pastrana.

9:30 a.m. Intervención de Ángel María Caballero, coordinador del Comité por la Salvación Agropecuaria.

10:15 a.m. Ponencia. Eduardo Sarmiento.

11:15 a.m. Ponencia. Jorge Enrique Robledo Castillo.

2:00 p.m. El Congreso Nacional frente al agro. Senadores Mauricio Jaramillo, Carlos García y Luis Enrique Gómez.

3:00 p.m. Intervención del ministro de Agricultura, Carlos Murgas.

4:15 p.m. Panel de expertos. Aurelio Suárez (Unidad Cafetera de Risaralda); Eudoro Álvarez (Asociación de Ganaderos y Agricultores del Meta, Agameta); Jaime Tobón (Federación de Ganaderos de Antioquia, Fadegan).

Primer Congreso Nacional por la Salvación Agropecuaria

Jueves 10 de junio

Discusión general sobre la situación del campo. Aprobación de tareas y acciones.

Otro paso en la desintegración y recolonización de las naciones: YUGOSLAVIA ARRASADA POR EL IMPERIALISMO

Alejandro Torres

Mediante la aprobación, el pasado 3 de junio, del llamado plan de paz del Grupo de los Ocho por parte del Parlamento yugoslavo, se selló, tras una heroica resistencia, la derrota de Yugoslavia y de su pueblo a manos del criminal ejército de la Otan, comandado por Estados Unidos.

La toma de Kosovo, indiscutida provincia de Serbia, se constituye en el más reciente paso de la política imperialista para desintegrar a Yugoslavia. En este episodio se resume un aspecto esencial de los actuales misterios de la política internacional.

La atomización a sangre y fuego de la patria de Tito se hizo para consolidar la dominación colonial, pues ya desde mediados de los ochentas se venía aplicando allí la política neoliberal con todo su catálogo de medidas deletéreas: aniquilamiento de las reivindicaciones de los asalariados; adopción de la propiedad privada (en vista de que Yugoslavia tenía un pasado socialista); trato preferencial al capital extranjero; venta de la propiedad estatal; destinación al pago de la cuantiosa deuda externa de los recursos federales; inducción de un enorme déficit fiscal al vender los bienes públicos y abrir las importaciones; desmantelamiento de la banca nacional; entrega de las empresas oficiales a los acreedores; desplazamiento de la producción doméstica de su mercado natural; elevación ilímite de las tasas de interés.

Todo esto condujo al empobrecimiento de la población, a mayor desempleo, al abandono de los programas sociales y a la generalizada quiebra industrial y agraria. Las zonas más afectadas del país fueron las menos desarrolladas: Serbia, Bosnia y Macedonia. Independientemente de las diferencias étnicas, la resistencia obrera a las medidas se esparció a lo largo y ancho del país.

La crisis que profundizó las desigualdades entre las regiones permitió a las potencias imperialistas de Europa y a Estados Unidos exacerbar los conflictos nacionales, étnicos y religiosos y animar la fragmentación del país, propósito central de su política.

En Yugoslavia se puso al descubierto que la internacionalización no termina en el arrasamiento de las economías nativas. Para consolidar la dominación de un puñado de consorcios debe hacerse explotar en átomos la unidad territorial de la inmensa mayoría de Estados del planeta. Así conjuran el peligro de que los productores de un país pugnen por recuperar el control del mercado propio y que los pueblos se unan para oponer resistencia a la recolonización.

Colombia, en América Latina, e Indonesia, en el Sudeste Asiático, están siendo víctimas ya de esta nefanda política imperial. Pero de ella no se libran ni aún las potencias de ayer. Desde el embate con Chechenia, la partición de Rusia se mantiene en adobo y hasta en la orgullosa Gran Bretaña se viene discutiendo que el proceso conocido como devolución, mediante el cual se transfieren enormes prerrogativas a Escocia y Gales, llevará a la conversión de la isla de Shakespeare en tres diferentes Estados.

Infame política de EU en Kosovo

Los serbios, desde finales de la década pasada, venían denunciando el derrotero norteamericano de intervenir en los asuntos internos de la provincia mediante el expediente farisaico de la defensa de los «derechos humanos». Ya en 1993, dentro de su llamado plan de contingencia para Yugoslavia, Estados Unidos contemplaba «dar protección a Macedonia y a Kosovo»; en su libro Terminar una guerra, Richard Holbrooke señala que, como vocero norteamericano en Dayton, donde se firmó el acuerdo de paz de Bosnia, le había enfatizado a Milosevic «la necesidad de restaurar los derechos de los albano musulmanes en Kosovo», y agrega que la crisis allí sólo había sido pospuesta. Finalmente advierte que el liderazgo estadinense continúa siendo indispensable para la paz en la región.

La simple y brutal verdad es que Estados Unidos preparó a sangre fría la total destrucción de Yugoslavia, al no permitirle al presidente Milosevic salidas distintas a las de una abyecta humillación, o la de librar una batalla impuesta, sin posibilidad de triunfo, lo que en efecto hizo, dejando en alto el orgullo de la patria yugoslava.

La decisión de hundir en el caos la región tuvo fue precedida por el apoyo estadounidense a la escalada terrorista del Ejército de Liberación de Kosovo, ELK, una agrupación que reúne dos características por las cuales los norteamericanos se rasgan las vestiduras en otros países: financiación de las mafias de narcotraficantes y métodos de lucha terroristas. Dicho grupo venía asesinando desde 1997 policías serbios y kosovares, provocación que respondió Belgrado el 28 de febrero de 1998 al enviar en abril dos brigadas aerotransportadas y llamar a filas a los reservistas de la policía. De inmediato empezó a escuchar el vocerío instigado por los mismos imperialistas que exigían la intervención de la todopoderosa Otan.

A pesar de que Serbia ofreció desde marzo un diálogo sin condiciones, los agresores iniciaron su incesante campaña de amenazas. El 15 de junio de 1998 hacen su primera demostración de poderío mediante un despliegue que bautizaron Operación Halcón Resuelto en la que más de ochenta cazabombarderos F16 sobrevolaron Macedonia y Albania. Javier Solana, recadero gringo dentro de la alianza, anunció que ésta no excluía el uso de su poderío aéreo.

Milosevic mantiene su posición conciliadora y expide en Moscú con Boris Yeltsin una declaración en la cual no queda duda de su deseo de buscar una salida pacífica. El comunicado plantea que las fuerzas de seguridad serbias «reducirán su presencia fuera de las zonas de emplazamiento permanente a medida que disminuya la actividad terrorista», acepta el diálogo con las fuerzas separatistas, el retorno de los refugiados y la concesión de autonomía.

Allí se expresa: «Yugoslavia está dispuesta a resolver los problemas por medios políticos, basándose en la igualdad de los ciudadanos y se compromete a la continuación inmediata de las negociaciones con los líderes albaneses de Kosovo. (…) La necesidad de preservar la integridad territorial de Yugoslavia. (…) Condenar toda forma de terrorismo, separatismo o acción militar que tenga efectos contra la población civil». La propuesta en general acoge las exigencias hechas el 13 de junio por el Grupo de Contacto para la Antigua Yugoslavia, compuesto por Estados Unidos, Rusia, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. A tan diáfana expresión de buena voluntad, la secretaria de Estado, Madeleine Albright, responde secamente que las «concesiones son insuficientes» y que «es inaceptable la exigencia al ELK de cesar los ataques».

Con ese aliento, éste emprende una ofensiva en Orahovac, un poblado cercano a la frontera con Albania. La Otan aprovecha la respuesta de Serbia al ataque para amenazar con intervenir militarmente en Kosovo. Cada manifestación de buena voluntad de Belgrado es respondida con nuevas y mayores exigencias. Milosevic se reúne a fines de julio con el embajador gringo en Macedonia, Chris Hill, y le ofrece continuar sin demora «el diálogo entre el Estado y una delegación de representantes de los partidos políticos albaneses». Pero el Departamento de Estado anuncia el 4 de agosto que la Otan «acaba de aprobar planes de urgencia incluido el uso de la fuerza militar», y los Estados Unidos «lamentan» que Yugoslavia no haya parado de dar golpes a la guerrilla separatista; además, especulan que se está escenificando una «catástrofe humanitaria», y exhiben como prueba la aparición en Orahovac de una fosa común con los cadáveres de 500 civiles asesinados, versión que desmienten los propios observadores de la Unión Europea en la zona.

En octubre Estados Unidos anuncia que intervendrá unilateralmente, y Solana repica: «La Otan decidirá por sí misma», sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU. En ese mes Richard Holbrooke se reúne con Milosevic, y éste acepta dar autonomía a Kosovo. Pero la prensa dice que los negociadores kosovares «han aumentado la apuesta, conscientes de que el ataque de la Otan les conviene».

He ahí de cuerpo entero la política imperial: envía a su negociador para salvar la cara, mientras mueve sus fichas para imposibilitar cualquier acuerdo. Para no dejar dudas, Estados Unidos envía su Sexta Flota a Yugoslavia.

En procura de la paz, Slobodan Milosevic había aceptado reducir las tropas especiales en la provincia, liberar el tránsito de las “asociaciones humanitarias” extranjeras, facilitar la investigación de los llamado crímenes de guerra, entablar negociaciones con los albaneses sobre la autonomía. Sólo en un aspecto no cedió: la ocupación militar internacional de su suelo.

Ante esta negativa, la Otan, en octubre, aprueba una operación de ataques aéreos contra objetivos serbios, para ser ejecutada en un plazo de 96 horas. Pero al permitir Milosevic el despliegue de dos mil observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea, Osce, los gobiernos europeos se declaran partidarios de continuar las conversaciones. Clinton se ve obligado a aplazar sus planes belicistas.

1999, de Rambouillet a la destrucción de Serbia

Como saludo de nuevo año, la Otan redujo de 96 a 48 horas su período de preparación para un ataque contra blancos militares en Yugoslavia, todo bajo el argumento de que los serbios habían dado muerte, el 15 de enero, a 45 civiles en el poblado de Racak, una base del ELK.

Trasladadas las negociaciones al castillo de Rambouillet, Albright exige un pacto que dé autonomía por tres años a Kosovo, la no injerencia de Yugoslavia en los asuntos internos de la provincia y dejar para el 2002 la concreción de su estatuto definitivo; garantizando el trato con el estacionamiento de una fuerza de 30 mil hombres. Milosevic ratifica que no aceptará la presencia de tropas de la Otan en territorio serbio.

Lo de Rambouillet fue un verdadero chantaje. Kosovo tendría su propio parlamento, presidente, primer ministro, corte suprema y fuerzas de seguridad; el nuevo gobierno podría oponerse a las leyes de la República y conduciría su propia política exterior; el Jefe de la Misión de Ejecución sería nombrado por la Unión Europea, quien podría anular cualquier determinación atinente a Kosovo tomada por el gobiernos federal; la Otan sería inmune a cualquier proceso legal; se impondría el concepto colonial de la extraterritorialidad; las tropas extranjeras podrían usar sin pagar ningún derecho las carreteras, vías férreas, aeropuertos y muelles; podrían utilizar el espacio electromagnético sin ningún costo; en síntesis, se establecería un régimen típicamente colonial al mando del comandante militar de la Otan. Ningún Estado que se precie de su soberanía habría podido aceptar lo que allí se quiso imponer. «En verdad el acuerdo de Rambouillet, no era otra cosa que una declaración de guerra disfrazada de acuerdo de paz», como lo señaló Richard Becker del International Action Center, con sede en Nueva York.

Tal experiencia ya se viene aplicando en Bosnia Herzegovina, a partir de los acuerdos de paz de Dayton de 1995. Se ha establecido allí un régimen típicamente colonial controlado, en representación de Estados Unidos y Europa, por el Alto Representante de la ONU, quien actúa en estrecha relación con el Comando Supremo de la Fuerza de Ejecución; el gobernador del Banco Central es un neozelandés nombrado por el FMI; el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo supervisa todo el sector público; los intereses de los prestamistas extranjeros se encuentran tutelados por la Constitución. Algunos piden incluso que «Kosovo debería reedificarse bajo un gobierno abiertamente colonial, no como una democracia endeble, ni siquiera como un bien manejado protectorado».

La bárbara agresión

Cumplido el cínico objetivo de dejar sin alternativa a los yugoslavos, no quedaba sino poner en práctica la amenaza. El 24 de marzo, las tropas de la Otan iniciaron la segunda acción ofensiva de su existencia, ésta también en suelo yugoslavo, y la cual consistió en la más cruel y minuciosa devastación del país.

Ha utilizado en su agresión un descomunal ejército de más de 200 mil hombres y cerca de mil aviones dotados de la más moderna tecnología, y ha lanzado 20 mil bombas en alrededor de 30 mil salidas. Destruyeron todos los puentes sobre el Danubio, las refinerías petroleras, carreteras y líneas ferroviarias, los sistemas de energía eléctrica y comunicaciones, las estaciones de televisión y radio, e infligieron importante daño a la estructura defensiva del país. Yugoslavia fue devuelta a la Edad Media, y todo el esfuerzo de casi un siglo, desde cuando se fundara el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, fue echado por tierra. Para fruición de los amos de las finanzas mundiales, y como presagio de mayores sufrimientos para el pueblo balcánico, se anunció que la reconstrucción costaría alrededor de 150 mil millones de dólares.

Los modernos cruzados de los derechos humanos atacaron poblaciones, hospitales, cárceles y caravanas de refugiados, produciendo la muerte de por lo menos 1.200 civiles y dejando heridos a más de cinco mil. Estos ataques se hicieron para aterrorizar a la población y provocar el derrocamiento del gobierno. Pero, al contrario, fortalecieron la unidad de toda la nación.

La indignación en el mundo se generalizó y la simpatía con los serbios creció aceleradamente. Situación que se hizo aún más patente con el bombardeo a la embajada china en Belgrado. Incluso varias sedes diplomáticas de Europa Occidental fueron alcanzadas por las bombas.

Durante el curso de la guerra, el presidente yugoslavo hizo ofertas razonables para que cesara el bombardeo. El 6 de abril se comprometió con una tregua unilateral y el reinicio de negociaciones con el líder separatista Ibrahim Rugova, a quien en otro clara señal de buena voluntad liberó. Los líderes de la alianza contestaron al ofrecimiento repitiendo el mismo libreto: que la tregua era indispensable pero insuficiente. El 23 de abril, mientras está reunida en Washington la cumbre de celebración del 50 aniversario de la Otan, Milosevic propone el cese del ataque a cambio del despliegue en Kosovo de una fuerza comandada por la ONU y con participación de Rusia. La respuesta imperialista, en medio del jolgorio, es la de propinar «devastadores golpes contra blancos económicos y políticos», además de ordenar el embargo petrolero contra Serbia y Montenegro, el bloqueo marítimo, la congelación de fondos de personas y empresas, y la prohibición de inversiones y exportaciones con destino a Yugoslavia.

La violación de la ley internacional

A pesar de la alharaca de gringos e ingleses sobre la legalidad de los ataques, la verdad es que eran abiertamente violatorios del derecho internacional. Según la Carta de la ONU, el uso de la fuerza es únicamente permisible cuando se trata de la propia defensa contra un ataque directo, y, segundo, en cumplimiento de un mandato específico del Consejo de Seguridad. Es evidente que Yugoslavia, un pequeño país de diez millones de habitantes, no había lanzado contra ningún Estado soberano en su vecindario; y dicho Consejo nunca autorizó el uso de la fuerza, ya que los aliados sabían que cualquier resolución sería votada negativamente por Rusia y China, miembros permanentes del Consejo y con poder de veto.

Pero hubo una descarada infracción al propio documento fundacional de la Otan, que obliga a los países miembros a actuar ateniéndose estrictamente a la Carta de la ONU, y que sólo autoriza el uso de la fuerza para repeler un ataque armado contra un miembro de la alianza.

Alrededor de esto se han moldeado peligrosas «teorías» acerca de que la extensión de las leyes sobre derechos humanos y las llamadas intervenciones humanitarias «han desafiado la vieja noción de que la soberanía nacional es inviolable». Solana, en artículo escrito para The Economist, dice que lo que ha sucedido es que «la teoría ha venido siguiendo a la práctica». Una cínica manera de decir que la política imperialista de la década se ha erigido sobre el uso de la fuerza. Y Albright señaló a Time: «Estamos desarrollando las normas. Todavía no hay una doctrina que presente esto de manera organizada».

Cabe aquí también mencionar la orden proferida el 27 de mayo por el espurio Tribunal Penal Internacional de la Haya para la Antigua Yugoslavia, de apresar por crímenes de guerra a Milosevic, repitiendo la condena proferida contra los líderes serbobosnios Radovan Karadzic y Ratko Mladic, por el crimen de defender la unidad de su nación. Paradójicamente, los gringos se han abstenido de firmar las leyes internacionales que ellos mismos han impulsado, aduciendo que eso podría acarrear el peligro de que sus nacionales sean juzgados mediante «demandas injustas y politizadas».

Tragedia de la diáspora

La «catástrofe humanitaria» que la Otan supuestamente pretendía evitar, se produjo precisamente por su implacable acción. El incesante bombardeo y los lógicos aprestos para defender el suelo agredido causaron la emigración tanto al extranjero de miles de kosovares. No es un secreto que las potencias rechazan con agresividad a los inmigrantes. De los 350 mil emigrantes bosnios que llegaron a Alemania durante la pasada guerra, dos tercios han sido devueltos a su país de origen. En Macedonia, los albanokosovares empezaron a ser vistos con desconfianza, pues su entrada podría causar una «peligrosa alteración de su ya delicado balance demográfico». La carga de los refugiados ha recaído sobre Albania y Macedonia, dos naciones a cual más empobrecida. Entre tanto, Europa y Estados Unidos, solo después de mucha presión se comprometieron a recibir unas pocas decenas de miles de personas. En Inglaterra el gobierno pasó una ley a la Cámara de los Comunes para reducir el costo y número de asilados posibles de recibir. Y los generosos Estados Unidos propusieron apiñar a 20 mil kosovares en unas barracas, en Guantánamo, su base militar en Cuba.

Demasiado trabajo entre las manos

La crisis balcánica mostró de nuevo que Estados Unidos, la única superpotencia mundial, se está atafagando de problemas. No fueron pocas las ocasiones en las que, como en Bosnia, tuvo conflictos con sus aliados, los cuales tenderán a crecer.

El planteamiento de la señora Albright de que los intereses nacionales de los Estados Unidos se ven afectados por “el caos y la inestabilidad creados por la limpieza étnica”, muestra que la superpotencia insiste en dividir a los pueblos para tratar de sojuzgarlos mejor. Sin embargo, el rechazo a sus políticas crecerá como espuma. Las «intervenciones humanitarias» con el pretexto de defender alguna etnia, en un mundo en que hay más de 2.500, convertirán el planeta en un hervidero y darán pábulo al avasallamiento de cualquier nación, como lo ha advertido la República Popular China.

Cuenta un relato de prensa que durante días y días millares de serbios se apostaban como escudos humanos para proteger con sus vidas tres puentes en Belgrado y uno en Novi Sad. La resistencia frente al aparentemente indestructible poderío militar de la superpotencia recurrirá seguramente a acciones heroicas similares, y el imperialismo se hará polvo contra el escudo que le opondrán los miles de millones de empobrecidos pobladores del planeta.

DESOBEDIENCIA CIVIL DEL MAGISTERIO CONTRA EL PLAN DE DESARROLLO

Raul Arroyave

Se acaba de librar la segunda gran batalla contra el gobierno de Pastrana en menos de ocho meses. Como en el paro estatal de octubre de 1998 y las movilizaciones de 1993 contra la Apertura Educativa de Gaviria, este enfrentamiento superó las reivindicaciones meramente gremiales de los maestros para transformarse en un abierto repudio a la política neoliberal en el campo de la enseñanza, y aglutinó a todo el magisterio, a la comunidad y a muchas organizaciones sociales en la defensa de la educación pública.

Lo recio de la batalla puso al desnudo la intransigencia del gobierno y la actitud obsecuente del Congreso de la República, al aprobar a pupitrazo limpio medidas abiertamente antipopulares. Los requerimientos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, controlados por Estados Unidos, se han convertido en políticas del Estado colombiano para asestarle un golpe mortal a la educación pública y atropellar derechos hace mucho conquistados por el magisterio.

La política educativa oficial fue incluida como “parte programática” en el proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo y se propone modificar elementos sustanciales de la Ley General de Educación y de la Ley 60 de 1993: ubicar el nivel de preescolar como parte de la educación informal con el programa Úrsulas; entregar el financiamiento de la educación media a las entidades territoriales a través de nuevos impuestos y excluirla del situado fiscal; volver a imponer, contra la autonomía escolar, un currículo único, obligatorio y uniforme; introducir el sistema de pagos por capitación con carácter de subsidio a la demanda, que determina la financiación por el número de estudiantes atendidos y no por las reales necesidades educativas; redistribuir el situado fiscal entre las entidades territoriales, en lugar de aumentarlo, en aras de una supuesta equidad; reorganizar el sistema educativo con el llamado Nuevo Colegio, dirigido a recortar personal directivo y docente mediante la fusión de instituciones, la reducción de cupos escolares, una nueva organización con el esquema de Empresas Sociales del Estado, con autonomía administrativa y financiera y con rectores gerentes de libre nombramiento y remoción.

Gracias al paro, muchas de las propuestas presentadas como novedosas en la parte programática del proyecto inicial del Plan fueron desechadas. No eran otra cosa que las vetustas políticas ya derrotadas desde la época de la Ley General de Educación, que se pretendía modificar. Sin embargo, sobre los puntos programáticos del Plan no hubo acuerdo. Mucho menos en lo atinente a los traslados y a la evaluación, políticas que buscan destituir y perseguir a los docentes.

En el centro del debate estuvo el financiamiento de la educación pública. Fecode le demostró al gobierno que los porcentajes del situado fiscal vienen congelados desde 1996 en 24.5% de los ingresos corrientes de la nación. Esto significó la acumulación de un déficit que tuvo que ser cubierto con el llamado Fondo Educativo de Compensación, FEC. En 1998, por ejemplo, lo ejecutado por el FEC llegó a la suma de 732 mil millones de pesos, cifra destinada en 95% a suplir los faltantes de los dineros del situado en los diferentes departamentos del país. El congelamiento en los porcentajes del situado fiscal es mucho más grave si se tiene en cuenta la bancarrota de la nación y el desplome de sus sectores productivos provocados por la aplicación de la apertura económica, lo que ha devenido en profunda crisis tributaria que disminuye los ingresos corrientes de la nación y, como consecuencia, las sumas destinadas al situado fiscal.

Para 1999, el gobierno suprimió el presupuesto del FEC y mantuvo los porcentajes del situado en el mismo 24.5% de 1996. Es decir, el déficit actual puede superar el 25%, lo que explica por sí solo el retraso en el pago de los incrementos salariales para 1999 y la decisión del gobierno pastranista de imponer con el Plan una política de drástico recorte.

El gobierno busca compensar este cuantioso déficit con los “Convenios de desempeño”, los cuales obligan a los departamentos a efectuar recortes de personal para acceder a créditos “blandos” que les permitan financiar los faltantes en el presupuesto. Igual propósito cumplen la autorización para despedir educadores financiados por los departamentos y municipios, cuando no puedan pagarlos, y la “flexibilización” del régimen de traslados y los planes de retiro obligatorio y “voluntario”.

El director de Planeación Nacional, Jaime Ruiz, a pesar de lo contundente de las cifras, siempre afirmó de manera obcecada que los recursos alcanzaban, pero que estaban mal distribuidos y que, por tanto, se imponía el recorte de la planta de personal. La verdadera catástrofe financiera se hará sentir en el segundo semestre del presente año, cuando las decisiones del Plan comiencen a aplicarse, los recursos del situado se agoten y los funestos efectos de los convenios de desempeño se hagan sentir en todo su vigor.

La derogatoria del régimen prestacional especial fue otro de los asuntos consignados en el Plan. Éste pretendía suprimir la compatibilidad entre pensiones, pensión y salario, prolongar la edad de jubilación hasta 62 y 65 años para mujeres y hombres, respectivamente, e incrementar los aportes laborales al régimen de previsión. También buscaba rebajar las pensiones aplicando el promedio de los salarios de los últimos diez años de servicio.

Aunque estos puntos tuvieron que ser retirados del Plan, el gobierno no quiso garantizar el respeto al régimen prestacional especial del magisterio. Por el contrario, expresó su decisión de impulsar la reforma a la ley 100 de 1993 y eliminar los regímenes especiales en materia prestacional. Esto significa que la pelea por su defensa queda aplazada y que el magisterio tendrá que librarla denodadamente cuando se presenten los anunciados proyectos de reforma. Para que no queden dudas sobre las nefastas intenciones del pastranismo, el ministro de Hacienda llevó al Congreso el 19 de mayo un nuevo proyecto que arrasa con la retroactividad de las cesantías para todos los trabajadores del Estado que aún conservan este derecho.

El tema de los traslados ocupó gran parte de las conversaciones con el gobierno. En las negociaciones Fecode rechazó un régimen de traslados ligado a los procesos de “racionalización” de las plantas de personal, lo que implicaba que se regresara a las épocas anteriores al Estatuto Docente, cuando eran discrecionales y la estabilidad laboral del educador estaba a merced de gamonales, jefes políticos, curas y funcionarios.

Sobre el sistema de evaluación, la diferencia radicó en que mientras la Federación proponía que cualquier proceso evaluativo debe estar orientado hacia la capacitación del docente, el ministro Bula insiste en aplicar una evaluación que implica el retiro de maestros sin importar los resultados de la misma. Pase lo que pase, así todos ganen las pruebas, el 1.5% que obtenga los puntajes más bajos será destituidos. Cada dos años serán sacados de la nómina 4.500 educadores.

El MOIR y Tribuna Magisterial apoyan la desobediencia civil aprobada por la Junta Nacional de Fecode frente a las medidas del Plan Nacional de Desarrollo. Esta forma de oponerse a la política de Pastrana significa en esta etapa la defensa de los derechos del magisterio y de la educación pública como reivindicación estratégica de la población colombiana. La desobediencia civil implica un estado de alerta permanente para salirle al paso a cada medida lesiva intentada por el gobierno.

Es necesario reconocer que el principal objetivo del paro nacional, que era derrotar el Plan Nacional de Desarrollo en materia educativa, no fue alcanzado. Un discurso triunfalista en estas circunstancias en nada contribuye al temple de las fuerzas, a la comprensión de la difícil coyuntura ni a la preparación para las inevitables batallas que se avecinan. Estamos seguros de que el alto grado de unidad alcanzado en la Federación, el amplio apoyo de estudiantes y padres de familia, el respaldo brindado por las demás fuerzas sindicales y por el pueblo colombiano se harán sentir de nuevo, con mayor fuerza aún, contra el régimen neoliberal y proimperialista de Pastrana.


Premio Principe de Asturias al Instituto Caro y Cuervo

Hace más de medio siglo fue fundado el Instituto Caro y Cuervo, con el fin de coronar la monumental obra que iniciase don Rufino José Cuervo: el Dicionario de construcción y régimen de la lengua castellana. La culminación de esta tarea fue dirigida por el actual director del Instituto, Ignacio Chávez Cuevas. El Caro y Cuervo ha sobresalido en el mundo de habla hispana por su infatigable labor en defensa de nuestra lengua. Son innumerables las publicaciones que salen de su Imprenta Patriótica: libros, revistas, y obras tan significativas como el Atlas lingüístico y etnográfico de Colombia.

Celebramos este premio, tan merecido, y esperamos que el Instituto Caro y Cuervo prosiga su encomiable labor.

USO EN LA RESISTENCIA CONTRA EL MODELO ECONÓMICO

Rodolfo Gutierrez, fiscal USO Nacional

Durante los meses de diciembre y enero los voceros de Pastrana en el Ministerio de Minas y en la administración de Ecopetrol anunciaron con agresividad la nueva política petrolera y descalificaron el papel de la empresa estatal en la industria, a la vez que la emprendieron contra las prestaciones de los trabajadores.

El ministro Valenzuela anunció el traslado de los contratos de asociación al Ministerio de Minas, privando a Ecopetrol de 60% de sus ingresos y suprimiendo sus inversiones en la producción directa de crudo y gas en las refinerías.

La prensa develó una recomendación de la consultora Booz Allen para vender la Refinería de Cartagena. Más adelante esta multinacional reapareció recomendando la entrega al capital privado de los campos Cubarral y Chichimene, en el Meta, que deben revertir de Chevron a Ecopetrol en enero del 2000. Todo dentro de las exigencias imperialistas a los países latinoamericanos.

Estos anuncios acompañaron la medida, vigente a partir del 1o. de enero, de establecer tarifas internas ligadas al precio internacional FOB de los combustibles. Resolución que ordena pagar, además, los gastos en que incurre el importador, de tal manera que se estimula la importación de los mismos en detrimento del mercado de las refinerías nacionales.

Estas importaciones agravan la situación creada por el contrabando de gasolina y ACPM de Venezuela y el Caribe, que llega a 20 mil barriles diarios de la primera, en una operación donde el fisco nacional pierde por impuesto general, sobretasa y aranceles cerca de 200 mil millones de pesos al año.

Con claras contradicciones entre el gobierno y la presidencia de Ecopetrol sobre el presupuesto de la empresa, se habló de un recorte de 1.5 billones de pesos en gastos e inversiones para 1999, asunto que la puso en peligro de iliquidez.

Respuesta de la USO y de otros sectores

La Unión Sindical Obrera, USO, aprobó entonces no iniciar negociación del pliego de peticiones hasta tanto el gobierno nacional accediera a discutir la situación de Ecopetrol. Desde enero 12 hasta febrero 20, las negociaciones se paralizaron y todas sus etapas fueron rebasadas por el conflicto.

Se realizaron foros regionales con las autoridades civiles, eclesiásticas y militares, los gremios económicos, las universidades y las organizaciones sociales. Sobresalieron los encuentros de Barranca, Cartagena, Medellín, Orito, Cúcuta y Tibú. El gobernador de Santander, Miguel de Jesús Arenas, el alcalde de Barrancabermeja, Elkin Bueno, y el obispo de Barranca, junto con el Comité de Gremios, convocaron a defender activamente a Ecopetrol y participaron en los desfiles y manifestaciones obreras; igual actitud asumieron los alcaldes de Cartagena y de Tibú.

En respaldo del pliego hubo movilizaciones, asambleas y paros de producción, uno de ellos en solidaridad con el magisterio y la salud pública, y toma de instalaciones con trabajadores temporales y de contratistas. En fin, la USO batalló intensamente contra la política imperialista de privatizaciones y apertura.

Los directivos de nómina reaccionaron favorablemente y por primera vez en veinte años concurrieron a asambleas generales con la presencia de la USO, la CUT, los gremios económicos y la Iglesia, para debatir su vinculación a la lucha por la preservación de Ecopetrol. Barranca, El Centro, Cartagena, Orito y Neiva se destacaron en esta labor. En Cartagena los directivos ayudaron a financiar el Foro y emitieron pronunciamientos públicos. Se consolidó un acercamiento muy valioso e imprescindible para la defensa de Ecopetrol.

El 20 de febrero, en el Foro de Barranca, el ministro Valenzuela aceptó entrar en conversaciones con la USO y desistió de algunos de sus anuncios privatizadores. Se reinició entonces la negociación, la más larga en los últimos treinta años, la cual terminó el 31 de mayo y fue una derrota al tribunal de arbitramento.

Logros

En lugar de la pretensión de recortar en 1.5 billones de pesos el presupuesto de la empresa, el gobierno tuvo que incrementar su plan de inversiones en 400 mil millones de pesos, lo cual redundará en proyectos de modernización en las refinerías de Barrancabermeja y Cartagena, y de perforación exploratoria en Zulia, Putumayo y De Mares.

Los contratos de asociación continúan bajo el mando de Ecopetrol; no se escinden los poliductos de la empresa ni se vende la Refinería de Cartagena.

Para el contrato de asociación con la Chevron, que fenece el 31 de enero del año 2000, Ecopetrol y la USO constituyeron una comisión que estudiará las mejores alternativas, dándole prioridad a la operación directa de los campos de Chichimene y Cubarral, en el Meta, cuya producción diaria es de 30 mil barriles.

Gobierno y administración crearon un fondo para cubrir el pasivo pensional de Ecopetrol con un aporte inicial de 465 mil millones de pesos y sumas anuales de 182 mil millones de pesos, hasta el año 2006, cuando será autosuficiente para atender a los pensionados y las provisiones de activos. El fondo será un patrimonio autónomo de carácter público, que se respaldará con papeles del Estado y en cuya nómina y administración participarán los trabajadores.

Una comisión conjunta buscará salida definitiva al problema de la nómina y la solución integral para los trabajadores temporales, sobre la base de redefinir las actividades propias y permanentes de la industria y buscar una conciliación entre la ley 100 y el régimen especial de la convención colectiva. Si la comisión no llegare a un acuerdo, Ecopetrol contratará en esta vigencia, a término indefinido, un mínimo de 170 de esos trabajadores.

Se conquistó un aumento salarial de 17% y hubo progresos significativos en derechos del sindicato, beneficios educativos, de vivienda, recreación y salud.

Se acordó realizar un foro sobre la ley 200 con la participación del gobierno, la administración, las centrales obreras, la rama judicial, el poder público, el parlamento y la USO.

El MOIR y las demás corrientes que hacen presencia en la Unión Sindical Obrera sacaron una vez más triunfante al proletariado petrolero en su resistencia contra la recolonización gringa y por la defensa de Ecopetrol.

La brega por los derechos y la estabilidad de los temporales y la operación directa del contrato de Cubarral demandan un empleo a fondo del sindicato. Los moiristas nos ponemos a disposición de la USO y de los trabajadores.