¡UNÁMONOS CONTRA TODA FORMA DE INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA!

(Intervención de Carlos Naranjo, en nombre del MOIR, en el Encuentro Nacional contra la Intervención Militar Norteamericana en Colombia, realizado el 12 de octubre en el auditorio Alfonso López Pumarejo de la Universidad Nacional. El evento fue convocado por la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, la USO, la UNEB, el Partido Comunista, el Movimiento M19, el Colegio Nacional de Periodistas y los parlamentarios Jaime Dussán Calderón, Carlos Moreno de Caro y Gustavo Petro, entre otros).
Carlos Naranjo
Compañeros:

Hace mes y medio, bajo la dirección de las fuerzas y organizaciones políticas y sociales que hoy estamos aquí representadas, miles de obreros, trabajadores y productores de nuestro país dieron una vibrante batalla de repudio a las políticas aperturistas que el imperialismo norteamericano ha venido aplicando cada vez con más intensidad en su indeclinable propósito de recolonizar nuestra patria. Las principales ciudades se paralizaron, decenas de carreteras fueron bloqueadas, miles de labriegos salieron de sus parcelas a manifestarse conjuntamente con sindicalistas, indígenas, estudiantes e incluso con no pocos empresarios, señalando que cada vez es más claro, como en el viejo verso asiático, que «si el amo no tiene límites en su voracidad, sus peones no tendrán paciencia».

El Paro Cívico Nacional del 31 de agosto y la corriente de opinión creada antes, en y después de él, fueron demostración contundente de que en el país existen reservas suficientes para fortalecer la lucha por la soberanía económica y por la independencia y la autodeterminación nacionales y que los opresores no tienen nada seguro si los oprimidos nos decidimos a romper los yugos que nos atenazan.

El imperio norteamericano lleva un siglo de dominación y saqueo de los recursos y el trabajo de los colombianos. Durante los primeros noventa años el desvalijamiento y la expoliación se adelantaron de manera grave, pero no lograron impedirnos un cierto desarrollo económico y social. «Los gringos chupaban el néctar con ciertas consideraciones». Se llevaban nuestras riquezas y nuestro sudor, pero algo dejaban para Colombia. Incluso los trabajadores alcanzaron reivindicaciones importantes, no sin tener que recurrir a numerosas y heroicas batallas para arrancarlas.

Sin embargo, en los años ochentas la superpotencia occidental empezó a sentir fuertes malestares. Y el remedio, recetado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no fue otro que el modelo aperturista. En consecuencia, en Colombia, desde comienzos del decenio actual, la extorsión se volvió más «descarada, cruda y sin miramiento alguno», como lo demuestran los más recientes acuerdos firmados en Washington por el gobierno de Pastrana.

La consigna del águila imperial ha sido llevarse en sus zarpas «la tela, el telar y la que teje». En diez años de apertura económica, los hechos nos eximen de abundar en detalles. Todos sabemos que la ofensiva contra la clase obrera ha sido demoledora, que la industria y el agro han sido devastados, que el desempleo y la quiebra de la producción son galopantes. No hay sector que no haya sentido el golpe inclemente de tan nefasta política, mientras un puñado de vendepatrias se engolosinan con las migajas que les tiran como pago por su traición.

No puede caber ninguna duda de que nuestra nación enfrenta una despiadada ofensiva norteamericana, dirigida a reducirnos de nuevo a la condición de colonia. Hoy no existe decisión del Estado o de cualquier órgano institucional, ni hay ley ni norma sobre los cuales los gringos no pretendan imponer de inmediato sus dictados imperialistas. Controlan la estructura y dominan la superestructura. Mandan en el ejército y ordenan en la policía. Patrullan por tierra, mar y aire. Cada gobierno que llega al Palacio de Nariño se esfuerza por superar a los anteriores en su servilismo con el amo del Norte, y para nadie es un secreto que Pastrana ha sido un aventajado continuador de los anteriores mandatarios.

En la medida en que se profundiza el abaratamiento de la mano de obra, se eliminan las reivindicaciones laborales conquistadas en décadas de lucha, se quiebran la industria y la producción agropecuaria y se acrecienta el ejército laboral de reserva, la política aperturista va necesitando aumentar la represión y el hostigamiento a los destacamentos populares, ya que como respuesta a la opresión se multiplica la lucha de los oprimidos y explotados, pues la única posibilidad que les queda es la de combatir sin descanso ni vacilaciones contra la causa fundamental de sus males. Nuestra suerte como nación depende de la más amplia unidad y lucha contra las políticas de recolonización y todas las formas de intervención que les sirven de soporte.

Si bien desde su nacimiento mismo el MOIR ha tenido inscrito en su programa el combate por la liberación nacional, en este periodo aperturista redoblamos nuestro trabajo buscando movilizar al pueblo colombiano contra la dominación imperialista y su actual modelo neoliberal de sojuzgación.

Insistentemente hemos repetido que la encrucijada en que el imperialismo yanqui tiene colocada a nuestra nación hace aparecer una línea divisoria entre quienes secundan, alcahuetean o consienten su continuado intervencionismo y quienes le oponen resistencia, lo condenan o lo rechazan. Para nosotros, esta línea define los dos bandos cuyo enfrentamiento antagónico le da una forma particular a la lucha de clases de la hora actual.

El MOIR declara una vez más que pone todos sus cuadros y militantes al lado de las clases, organizaciones y personas que estén dispuestas a resistir toda forma de injerencia norteamericana sobre Colombia, a defender la nación, su soberanía económica y su integridad territorial y a pugnar por el bienestar de las masas laboriosas.

Para ello debemos combatir contra el imperio más grande que jamás haya existido, lo cual hace que nuestras dificultades sean muchas. Pero difícil no quiere decir imposible; lo que importa es que estemos seguros de haber elegido el buen camino, y esa seguridad centuplicará nuestra energía y nuestro entusiasmo, y seremos capaces de hacer milagros.

Toda acción nuestra debe ser un grito de batalla contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos y un llamamiento por la unidad del pueblo contra las diversas formas de intervención de Estados Unidos en el sagrado territorio de nuestra patria.

ESPECULACIÓN FINANCIERA CAUSA DEL DÉFICIT FISCAL

Tribuna Roja. El gobierno se negó a subir los salarios de los trabajadores estatales con el pretexto del déficit fiscal, mientras destina 36% del presupuesto al pago de la deuda. ¿Cuál es la relación del capital financiero especulativo con los salarios y el déficit fiscal?

César Giraldo. El paradigma del neoliberalismo en este punto es la disciplina fiscal, es decir, que los gastos estén financiados con impuestos, de manera que el ajuste fiscal consiste en un aumento de los impuestos y una reducción de los gastos. Contrasta con la visión anterior, las propuestas de sello keynesiano o cepalino, según las cuales la política fiscal puede jugar un papel activo en la reactivación de la demanda agregada, y en este sentido el déficit fiscal puede tener un efecto positivo. Dicha visión correspondía al interés del capital industrial o manufacturero, pues necesitaba que el mismo Estado aumentara la demanda agregada para facilitar la circulación de las mercancías. Pero bajo la égida actual del capital financiero especulativo, la circulación de las mercancías ya no importa, de manera que no se necesita una política fiscal activa que estimule la demanda agregada. Lo que ahora importa son las rentas.

El capital industrial está en retroceso y el aparato productivo bastante golpeado. Sus ingresos se dirigen básicamente a pagar los costos financieros, que han aumentado dramáticamente, descuidando la acumulación de capital, y ni siquiera haciendo la reposición de equipo. Incluso, las empresas del sector real que tienen alguna liquidez ponen sus recursos en inversiones financieras en lugar de fortalecer su propia actividad productiva. Eso está pasando en todo el mundo, fenómeno que fue bautizado por Pierre Salama como la financiarización.

El hecho de que los recursos ya no se destinen a la acumulación del capital tiene como consecuencia que no se puede aumentar la productividad del trabajo, lo que se conoce como plusvalía relativa en el lenguaje marxista. Entonces para aumentar la ganancia se tiene que recurrir a reducción del salario, o lo que es lo mismo, a incrementar la plusvalía absoluta. Eso en cuanto a la política salarial.

En el actual modelo, la política de reducción del gasto público, incluidos los salarios, es necesaria para que las finanzas públicas contribuyan a aplastar la demanda interna. Esto se combina con impuestos al consumo, como el IVA, con la restricción del crédito de fomento y con la eliminación de los subsidios. ¿Por qué hay que aplastar el consumo? Para aumentar las rentas financieras.

Para que el capital pueda penetrar las economías y extraer ganancias financieras requiere suprimir los controles y regulaciones. En efecto, se eliminó el control de cambios, que significaba el monopolio del Estado sobre el mercado de divisas (dólares) y se pasa a un mercado libre, donde el manejo de las transacciones de moneda extranjera pasa del Banco de la República al sistema financiero privado, controlado por el capital especulativo. Se abolieron los controles al régimen de inversión extranjera; de manera que los capitales especulativos entran y salen cuando quieren. No hay control a las importaciones y, por tanto, no hay instrumentos para proteger la industria nacional.

Como al capital financiero le urge convertir en dólares las rentas que le extrae a la economía, y como se ha renunciado a los controles para regular la salida de divisas, el único instrumento para obtener esa conversión es producir un excedente en divisas bajando la demanda interna, y eso se hace mediante una política fiscal restrictiva, que incluye el freno a los salarios. Si hay baja demanda interna, obviamente la presión sobre la balanza de pagos es menor. Si se consume menos se demandan menos importaciones y se genera un excedente exportable mayor, y esas divisas son las que le sirven al capital especulativo para trasvasar sus rentas financieras y para realizarlas en los mercados internacionales. De ahí la actual política fiscal y salarial.

TR. ¿Qué relación hay entre los movimientos de la tasa de cambio y las finanzas públicas?

CG. La primera pregunta sería: ¿qué determina el movimiento de la tasa de cambio? Los movimientos especulativos del capital financiero. Ello es así porque estamos en un mercado libre de divisas y en un contexto en el cual hay una gran masa de capitales financieros buscando rentabilidad en cualquier parte del mundo. Eso ha sido analizado ya por Krugman en sus libros La inestabilidad de la tasa de cambio y La crisis de la moneda. Él mismo plantea la necesidad de restablecer el control de cambios, el cual consiste en que el Banco Central, sobre la base de que pase a ser una institución manejada por el Estado, adquiera el monopolio de la tasa de cambio y fije soberanamente el precio de la divisa. Ahora no se opera así. Primero, el Banco es supuestamente autónomo y el gobierno no puede forzar sus decisiones. Segundo, los dólares circulan a través de los circuitos privados y la función del Banco es comprar o vender dólares en determinadas situaciones.

El mercado de divisas es un mercado «perverso», de acuerdo con la terminología de los economistas. Los mercados «normales» funcionan con una lógica: los recursos fluyen hacia donde son escasos y huyen de donde son abundantes. Esto permite que el sistema de precios equilibre las ofertas y las demandas (claro que esto requiere condiciones especiales, cada vez más escasas, pero ésa es otra discusión). El mercado de divisas opera al revés: los capitales van a donde son abundantes y salen de donde son escasos. Cuando hay revaluación se gana más porque con los mismos pesos se compran más dólares que los previstos. Este hecho hace atractiva la entrada de más dólares, que al llegar generan más revaluación, y mayor ganancia al cambio, y así sucesivamente. Pero la contrapartida de este proceso es que la economía se va sobreendeudando, por los nuevos dólares que se colocan a través de créditos en los sectores privado y público, lo cual alimenta mayores gastos públicos y privados, que llevan a un déficit en la balanza de pagos, financiado a su vez con la entrada de dólares.

Esos dólares hacen su ingreso a través del sistema financiero. Pero éste, para poder obtener rentabilidad, tiene que colocarlos, y una forma de hacerlo es endeudando a los gobiernos locales y a la nación. Esta última se endeuda mediante la emisión de títulos del Tesoro Nacional, o TES. Otra forma es endeudando al sector privado, y los recursos son canalizados al sector inmobiliario, con lo que se produce un aumento en el precio de la vivienda, en el uso de las tarjetas de crédito, en compra de automóviles, y la economía tiene una explosión, que es lo que se llama la burbuja especulativa. Este fenómeno se dio en Colombia entre 1989 y 1996. La demanda interna venía creciendo al 12% anual, financiada con crédito, pero con dos lastres: el uno, un crecimiento de la deuda de la nación, los municipios, los departamentos, el agro y la industria; y el otro, un aumento de la demanda mayor que el de la economía, y entonces va acumulándose un déficit insostenible en la balanza comercial. Tanto es así que el año pasado llegó a ser 6.6% del Producto Interno Bruto.

En este punto pueden pasar dos cosas: la una, que la crisis explote dentro de la región, como pasó en 1982. En ese momento los países latinoamericanos estaban sobreendeudados y el déficit en cuenta corriente se volvió insostenible. Por ejemplo, el de México era 8% del Producto Interno Bruto acompañado de un déficit fiscal del 13%, que había sido financiado con crédito externo hasta antes de la crisis. También estaba sobreendeudado el sector productivo, por lo cual la entrada de capitales era insuficiente para tapar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo que significaba que el país ya no generaba las divisas para pagar las rentas financieras de los créditos. Internamente esto se reflejaba en que muchos de los deudores habían acumulado un nivel de endeudamiento tal que no podían pagar la deuda. Todo esto asustó al capital, que de inmediato dio la alarma sobre el riesgo creciente y salió en estampida, así la rentabilidad fuera alta. Estos ciclos asolaron las economías de la región.

Lo otro que puede pasar es lo reciente: la burbuja explotó en el Sudeste Asiático. La orden que imparte el capital financiero internacional es empezar a sacar la plata de los llamados mercados emergentes. Reventó en Asia, pero comenzaron a huir los capitales de Brasil, Argentina, Ecuador, Colombia. El juego que ellos intentan en Latinoamérica es desinflar la burbuja para que no reviente. Para ello, cada uno de los países que no haya entrado en crisis financiera sistémica ha de suscribir acuerdos preventivos con el Fondo Monetario Internacional, como lo han hecho Colombia y Argentina, y con eso se evitaría, según dicen, entrar en crisis.

¿Habrá o no crisis? Ya eso sería ponernos a especular. Cuando se produce la fuga de capitales, los inversionistas se asustan y sacan sus divisas. Pero al salir, provocan la devaluación de la moneda nacional. Y al devaluarla, disminuye la rentabilidad esperada del capital financiero, lo que impulsa nuevas salidas. En resumen, los dólares empiezan a salirse de los países cuando hay escasez.

¿Cuál es el juego? El FMI dice: bueno, manténgame la banda cambiaria o la tasa de cambio, y deje que los inversionistas financieros saquen los dólares a la tasa prevista, y usted queme reservas de divisas, y cuando los capitales hayan salido, entonces que se reviente todo el mundo y que se friegue el que se friegue. Pero en ese punto el capital financiero internacional ya ha salvado su inversión. Brasil tenía 80 mil millones de dólares de reservas. Gastó 12 mil millones en un solo día y 40 mil millones en total. Cardoso había dado el mensaje de que cuando quemara 40 mil millones soltaría la tasa de cambio. Estados Unidos y el FMI le dijeron: no, tranquilo, quédese ahí, que nosotros le mandamos otros 60 mil millones. Quemaron 40 mil millones adicionales de los 60 mil, y ahí sí soltaron el real. Habían feriado 80 mil millones de dólares, pero ya las inversiones financieras habían salido.

En Colombia hemos perdido 3 mil millones de dólares de reservas entre mediados de 1997 y hoy. Bajamos de casi 11 mil a 7.800. Pero como los capitales van saliendo y hay un déficit en cuenta corriente de 6.6% del PIB, obviamente el gobierno tiene que buscar cómo atraer capitales para financiar ese déficit, y entonces endeuda a la nación. Ésta ha aumentado en 3 mil millones de dólares el endeudamiento externo. Si el gobierno no se hubiera endeudado en el exterior por 3 mil millones de dólares, en el mismo período habrían caído las reservas en 6 mil millones. Prestamos tres y aun así cayeron tres, eso quiere decir que hemos tenido una fuga de 6 mil millones de dólares. El gobierno le dio al inversionista una garantía adicional: si usted no puede sacar sus dólares, yo le emito unos TES indexados a la tasa de cambio, en dólares, y la nación asume el riesgo cambiario. Si el dólar se dispara, el valor del TES se dispara y eso lo pagamos los colombianos a través del servicio de la deuda, que se financia con los impuestos. Para emitir esos TES en dólares, que respaldan a los grupos económicos, no se consultó en ningún momento a los afectados. ¿Dónde está la democracia si el gobierno nos pone a los colombianos a pagar con impuestos el riesgo cambiario de los inversionistas sin consultarnos?

Puede concluirse que sí existe una estrecha relación entre lo fiscal y el manejo de la tasa de cambio en lo financiero.

TR. ¿El déficit fiscal se agrava en buena medida con los movimientos especulativos de capital?

CG. El gobierno emite TES denominados en dólares, como se hizo en México antes de la crisis de 1994, para decirles a los inversionistas «vénganse para acá, que si el dólar se dispara, yo les doy cobertura con el presupuesto nacional». Eso los reventó. Pero la cosa viene de atrás. Aquí el debate de fondo es si lo fiscal es la causa o la consecuencia de la crisis. Si usted acepta que es la causa, debe aceptar que los programas de ajuste, con los cuales se ha venido despidiendo a la gente o reduciendo los salarios, son necesarios. Si lo fiscal es la consecuencia, el ajuste tiene que darse en el origen, que es en la especulación financiera.

La causa es esta última, sin duda, pero el gobierno engañosamente dice otra cosa. Así se permite que el capital especulativo traslade el costo del ajuste a la población.

Aquí hay que hacer una consideración de carácter general. Desde el acuerdo de Bretton Woods hasta 1971, prevalecieron tasas de cambio fijas cuyo eje era el dólar, estando éste garantizado teóricamente por depósitos de oro en la Reserva Federal, lo cual creaba ciertas limitaciones a la posibilidad de emitir. En 1971, Estados Unidos rompió ese acuerdo. Europa y Japón estaban llenos de dólares, y cuando le exigieron al gobierno norteamericano que se los cambiaran por lingotes de oro, Nixon se negó. El dólar se devaluó y todas las monedas empezaron a fluctuar, dentro de las famosas bandas cambiarias.

Lo que interesa destacar es que a partir de entonces la masa monetaria internacional crece sin control. Ese crecimiento depende de la capacidad de emisión de los países desarrollados. Para ellos las divisas son papel moneda para quienes las emiten, mientras que para nosotros son oro porque para poder obtener dólares, marcos, francos o yenes, nos toca exportar, endeudarnos y vender nuestro patrimonio nacional. Esas divisas van al sistema financiero mundial, que mediante el crédito expande la capacidad de gasto.

Después del rompimiento de las paridades fijas en 1971 se creó una gran masa monetaria, gran parte de la cual fue a parar a América Latina, y fue lo que produjo el llamado boom de la deuda latinoamericana, que terminó en la crisis del segundo semestre de 1982.

Después de esto, los capitales se desplazaron al Sudeste Asiático buscando rentabilidad en los llamados mercados emergentes, y luego, con la caída del bloque socialista, fueron a Europa del Este, alimentando una burbuja especulativa que finalmente explotó en julio de 1997. A América Latina los capitales retornaron en la década del noventa después del ajuste a que fue sometida la región en la década del ochenta. Pero en julio de 1997, como consecuencia de la crisis que se inició en el Sudeste Asiático, se presenta de nuevo una fuga.

Entonces esos capitales requieren penetrar las economías, generar deuda, y por tanto tienen que generar déficit fiscal. Ellos presionan el crecimiento del gasto público y privado para poder colocar los recursos. Cuando las economías están infladas, y hay problemas de riesgo, ellos se van, imponen el ajuste y fuerzan a las economías a apretarse el cinturón, descargando los costos en la sociedad y echándole la culpa al Estado.

Lo fiscal es la consecuencia. Lo especulativo es la causa. Al ministro de Hacienda le dijimos esto en la Mesa Central de negociación con motivo del Paro Cívico Nacional y respondió diciendo que el orden de los factores no altera el producto. Pero sí lo altera: si la causa está en lo financiero, el ajuste debe estar allí.

TR. ¿El FMI le impuso al Banco de la República la eliminación de la banda para entrar a un tipo de cambio más flexible?

CG. El Fondo fue constituido en 1944 para evitar que los países hicieran prácticas proteccionistas y que los Estados tuvieran el monopolio de la tasa de cambio. El Fondo buscaba que hubiera mercado libre de divisas y se flexibilizara el régimen de inversión extranjera. Eso no ha cambiado hasta nuestros días. Han cambiado las condiciones políticas y el modelo de acumulación mundial, lo que implica que las situaciones se hayan ido adaptando a ese contexto.

El FMI siempre ha estado en contra del control de cambios. Incluso en Colombia hizo varios intentos para quitarlo en el gobierno de Guillermo León Valencia y en el de Lleras Restrepo, quien rompió con el Fondo y amarró el control de cambios mediante el Estatuto Cambiario de entonces (decreto 444 de 1967). Pero en 1991, como consecuencia de los ajustes que se originaron en la crisis de la deuda externa, en Colombia se instauró el mercado libre de divisas, en el cual hay tres posibilidades: tasa de cambio fija, tasa de cambio flexible y banda cambiaria. El Fondo recomendó a los países de América Latina una tasa de cambio fija para los de alta inflación como Brasil y Argentina, o una banda cambiaria para el resto, como fue el caso nuestro, donde se estableció dentro de ciertos límites y con la intervención del Banco de la República. En el esquema anterior el manejo de la divisa era un monopolio del Estado. El Banco de la República, que era controlado por el Estado, decía «yo compro el dólar a tanto y lo vendo a tanto». Era un acto administrativo, ahí no actuaba el mercado. Cuando se elimina el control de cambios, hay dos opciones: el Banco no interviene, y la divisa la determina el mercado, que fija su punto de equilibrio, como sucede en la actualidad después de la ruptura de la banda cambiaria; y la otra es cuando el dólar se mueve dentro de ciertos límites y el Banco de la República interviene, comprando dólares si el precio está por debajo del límite con el objeto de subir dicho precio a través de la demanda de dólares, o vende divisas cuando el dólar está pegado al techo. Simplemente el Banco interviene como un agente económico cualquiera.

TR. ¿Qué consecuencias tiene para la economía la caída de la banda cambiaria?

CG. El gobierno dijo primero que era favorable la banda cambiaria y que era mala la tasa de cambio flexible. Pero ahora, como ya no se puede sostener la banda cambiaria, dice que lo mejor es la tasa de cambio flexible. De manera que no se le puede tener credibilidad al gobierno porque sus argumentos simplemente son acomodaticios. Cuando la tasa se movía dentro de una banda, los empresarios, los importadores, los grupos con alta deuda externa, tenían cierta certidumbre, porque el Banco estaba obligado a intervenir en el mercado para forzar el dólar dentro de determinados parámetros. Eso funcionó desde 1991 hasta septiembre de este año. Ahora hay incertidumbre. Como no se sabe qué valor va a tener el dólar, porque eso lo determinan los movimientos de los capitales especulativos, entonces una empresa no sabe con certidumbre a qué atenerse frente al dólar cuando proyecta su presupuesto anual. Se empiezan a crear mecanismos de cobertura. Eso es lo que explica el surgimiento de mercados a futuros, lo que se llama el forward, y lógicamente la gente empieza a especular con el valor futuro del dólar, del café, del petróleo, y lo que se inicia como cobertura se convierte en especulación; cada cual busca la diferencia favorable para obtener ganancia mediante la manipulación de valores, que es lo que viene pasando desde que se rompieron las paridades fijas en los mercados mundiales. Sólo que ahora estamos ya en la esquizofrenia.

Quiero aquí hacer una aclaración. Ese surgimiento de los mercados especulativos también se dio en el pasado, en las décadas del diez y del veinte. A estos países llegó una masa de recursos financieros muy grande. En Colombia la década de los veinte se conoce como la «danza de los millones» o «la prosperidad al debe». Eso colapsó, y surgieron las políticas proteccionistas y, con ellas, las políticas imperialistas.

Ahora estamos en una fase de la especulación financiera que va hacia el colapso. Decir cuándo, es aventurado. Al mismo tiempo se van alineando los bloques, el norteamericano, el asiático, el europeo, y eso empieza a reflejarse en los discursos del FMI y del Banco Mundial. En el norteamericano estamos incluidos nosotros. El asiático es bipolar, porque está China por un lado y Japón por el otro. Y el europeo, liderado por Alemania.

Entonces, en algún momento el proteccionismo se hará sentir con mayor fuerza. En la Cumbre de las Américas del año pasado en Santiago de Chile, por ejemplo, Estados Unidos, que venía impulsando su bloque en toda América, a través del ALCA, opuesto al Mercosur, necesitaba el apoyo del Congreso para el fast track o vía de acuerdo rápido. Pero los sectores proteccionistas del Congreso de Estados Unidos le bloquearon la propuesta. Vemos entonces cómo la misma Casa Blanca tuvo un tropiezo interno en su política aperturista hacia América Latina. Si el euro y la Unión Europea se consolidan, los conflictos proteccionistas podrían agravarse, e incluso podría hablarse otra vez de guerras imperialistas.

Lo que hay que entender es que el capitalismo tiene ciclos y ejes de dominación que ligan al imperialismo, al FMI y al capital financiero internacional.

TR. ¿Cuál es la alternativa que usted ve?

CG. En el diagnóstico que hago señalo que la economía colombiana está dedicada a la especulación financiera.

El problema es colombiano, latinoamericano y mundial. La especulación está secando las economías, no está permitiendo la acumulación de capital, está destruyendo la relación salarial, está acabando con el Estado y, obviamente, la propuesta alternativa tiene que atacar como blanco principal al capital financiero internacional y defender la economía real, es decir, la producción industrial y agraria. Y, además, el Estado debe recuperar los bienes públicos esenciales de la sociedad. Debe haber una política cambiaria, monetaria y fiscal soberana y en función de lo productivo, y lo productivo debe estar en función del desarrollo del mercado interno.

El problema es la expresión política de todo eso. Yo ahí no me meto, porque no tengo suficientes elementos.

Me parece que de todas maneras lo que nosotros debemos hacer es salirnos del falso debate Estado-mercado, en que se nos quiere arrinconar, pues ¿qué Estado salimos nosotros a reivindicar? ¿El Estado de quién? El Estado no es un ente abstracto, tiene clases sociales dominantes que expresan sus intereses a través de él.

Me parece que hay una falsa dicotomía. Si uno hace un análisis de las políticas neoliberales, en el fondo responden al interés del capital financiero especulativo que está buscando obtener rentas financieras. Tienen que ver con la apertura comercial, la reforma al mercado de capitales, la libertad de negociación en moneda extranjera, la liberación del control de cambios, la flexibilización laboral y, en suma, la redefinición del Estado, que se desentiende de sus obligaciones sociales y se las traslada al mercado.

Entre 1930 y 1960, la elite latinoamericana que impulsó el modelo de sustitución de importaciones levantó la bandera de la defensa de la producción nacional, pero desde el punto de vista de sus intereses particulares, pues se trataba de una clase dirigente que no era democrática. Ése fue el modelo que se agotó.

Esa burguesía nacional, como ustedes la han llamado, ya claudicó irremediablemente frente a la ofensiva del capital financiero internacional. Y por tanto, tienen que ser otros sectores sociales los que recojan esa bandera, pero dentro de una organización política y con intereses diferentes.

El nuevo modelo debe partir de una propuesta política y una clase social diferente. Finalmente, tienen que ser los trabajadores y los sectores sociales de la base los que han de plantearlo. ¿Cómo es la formulación política para que se saque adelante? Ésta es la pregunta clave.

SALUDO DEL MOIR AL IV CONGRESO DE LA CUT

Estimados compañeros:

Se celebra el IV Congreso de la CUT en momentos en que la crisis que experimenta la nación, la más grave de su historia, adquiere mayor profundidad. Las medidas políticas y económicas que dicta Washington en prosecución de su política de recolonización, son acatadas dócilmente por Andrés Pastrana, superando la obsecuencia de quienes lo precedieron en el gobierno durante la última década. Con tal sumisión, es ostensible que los planes oficiales que se presentan como solución a la crisis no hacen más que ahondarla.

En tan comprometida situación para el país es paradójico que un buen número de quienes fomentaron las medidas neoliberales o fueron pusilánimes ante su aplicación, en lugar de reconocer su gran yerro, se entreguen ahora a rebuscar alternativas o vías cuyo contenido, al no tener en cuenta la fuente de los males del país, la política norteamericana, no hace más que girar alrededor de los nefastos efectos del neoliberalismo. No entienden que el llamado modelo neoliberal no es más que la forma que adopta la política imperialista en lo económico y que es necesario combatirlo junto con el conjunto de la política de dominación. No se trata de liberarse solamente del modelo neoliberal, sino de la política imperialista. La liberación política es condición primordial para la liberación económica.

Que este criterio fundamental haya sido asimilado por los sectores de asalariados a cuya cabeza están dirigentes de la CUT y otras centrales sindicales es algo de enorme trascendencia. Así quedó demostrado cuando procedieron a elaborar un pliego, moderno memorial de agravios, que rebasando las justas reivindicaciones laborales apunta a las políticas que quebrantan la soberanía de la nación y anquilosan su desarrollo. Lo erigieron en bandera de lucha y lanzaron el 31 de agosto el Paro Cívico Nacional, por su forma amplia y sus acertados objetivos el más importante movimiento de masas de los últimos años. Ustedes, junto al resto de dirigentes, no dudaron en calificar el paro como una acción política, pues era evidente que se dirigía contra las disposiciones imperialistas que servilmente aplica el gobierno de Pastrana. En consecuencia, el Comando de Paro, un organismo cuya unidad y nombre deben perdurar durante este período de crisis, está llamado a convertirse en un auténtico cuartel general de los ineludibles combates futuros.

Puesto que uno de los resultados del paro fue la conformación de las llamadas mesas temáticas, seguramente los representantes de los sectores laborales y productivos en esos escenarios harán valer la disposición de combate ya demostrada por las masas para exigirle a la rama ejecutiva del Estado cambios sustanciales en la política antinacional y antipopular que adelanta. Si el gobierno no da respuestas concretas y satisfactorias a estas demandas, el movimiento sindical y popular deberá retomar las calles, carreteras y caminos de Colombia en jornadas de protesta y resistencia aún más vigorosas.

Orientar a los trabajadores a estar en pie de lucha en defensa de sus intereses y los de la nación es hoy más necesario que nunca por cuanto el gobierno acaba de ceder aún más soberanía al supeditar el manejo económico del país a las condiciones impuestas por el FMI. El gobierno se apresuró a implantar el ajuste económico exigido por este organismo aduciendo que lo hacía por iniciativa propia, como si con la genuflexión anticipada pudiera ocultar su conducta perniciosa para los intereses nacionales. Estas imposiciones en el ámbito de la economía quedaron posteriormente contempladas como parte del plan que Washington le demandó a Pastrana como requisito para suministrarle ayuda financiera y militar.

La Casa Blanca condicionó la concesión de la ayuda que se le estaba solicitando a la adopción por el gobierno pastranista de lo que denominó una estrategia integral. Y para que no quedaran dudas sobre su propósito intervencionista procedió a formularla, o como dice El Tiempo tratando de disimular la indignidad: a participar «activamente en su diseño». Es la misma que, con miras a que le faciliten 3.500 millones de dólares, Pastrana le presentará a Clinton esta semana en Washington y la que explicará ante miembros del Congreso, hombres de negocios y directores de prensa de esa potencia. Esa estrategia integral que le traza rumbo político, económico y social al país revela el alto grado y gran refinación que ha alcanzado el intervencionismo de Estados Unidos en las cuestiones vitales de la nación. Colombia se asemeja cada vez más a un protectorado.

Frente a conducta tan ignominiosa del primer mandatario con la soberanía y los intereses de toda la nación, ¿puede alguien que sea serio, demócrata y patriota pedir que se respalde o se le dé un voto de confianza a Pastrana y su gestión gubernamental?

Aunque inicialmente estaba referida al proceso de paz y la lucha contra el narcotráfico, la estrategia que elaboró Estados Unidos respondió a su calificativo de integral al cobijar la adopción de normas judiciales a tono con los aspectos más aberrantes del sistema coactivo norteamericano y reiterar la necesidad del ajuste económico dictado por el FMI: más privatizaciones, mayores impuestos, salarios de hambre y despojo de las conquistas laborales, reducción del gasto social; en fin, la profundización de la apertura mediante mayores prebendas al gran capital extranjero para su toma del mercado, los recursos y la mano de obra de la nación.

Es necesario señalar que el cuantioso apoyo y ayuda que Estados Unidos va a conceder para las Fuerzas Armadas equivale a una intensa escalada en su intervención militar. Sin que nunca se puedan descartar los planes de invasión, directamente con marines o mediante fuerzas armadas multinacionales, lo cierto es que la intervención militar norteamericana en Colombia es actualmente una oprobiosa realidad y se acrecienta cada día. ¿ Acaso no es evidente que la brigada de 950 hombres equipada con armas sofisticadas por Estados Unidos, entrenada por decenas de asesores bélicos estadounidenses y por ellos orientada, es de hecho una brigada de ocupación, al igual que lo serán las brigadas similares que los gobiernos de Pastrana y Clinton están proyectando?

Compañeros: todos estos temas, cuyo significado y desarrollo hoy resaltamos en este saludo porque los consideramos medulares en la actual situación de Colombia, están incluidos en el pliego que se le presentó al gobierno y que sirvió de programa al reciente Paro Cívico Nacional. Con toda seguridad durante el IV Congreso que ustedes se aprestan a celebrar se los someterá a rigurosos análisis y, en consecuencia, es de prever que su síntesis será parte clave de la plataforma de lucha que guiará las futuras actividades de la central sindical. Les deseamos grandes éxitos en las labores del máximo evento de su organización, pues sabemos que allí reside un puntal imprescindible del amplio frente político que las fuerzas patriotas y progresistas construirán para la salvación nacional.

Reciban un fraternal saludo,

Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR,

Comité Ejecutivo Central

¡A DEFENDER LA EDUCACIÓN PÚBLICA!

En aplicación de su política contra las organizaciones de los trabajadores a fin de arrebatarles todos sus derechos, la administración Pastrana dirige su punta de lanza contra la Federación Colombiana de Educadores.

El propósito de este gobierno ha sido acabar con las organizaciones sindicales como Fecode, privatizar la educación pública recortando sus recursos y arrasar los derechos adquiridos del magisterio colombiano.

Éstas fueron las razones del pasado paro nacional indefinido del magisterio y siguen siendo las de las luchas venideras que tendrá que librar inevitablemente.

Llamamos a los maestros a derrotar la evaluación destitución.

No pueden seguir aplicándose los convenios de desempeño para recortar la nómina de maestros a pesar de tres millones de niños sin escuela.

Hay que impedir el acto legislativo que reduce el situado fiscal para la educación pública, así como la reforma de la ley 60 que recorta las transferencias a los municipios.

Hay que preparar la resistencia contra la reforma a la seguridad social que incrementa la edad de las pensiones, disminuye sus porcentajes de liquidación, aumenta los aportes laborales y desvertebra el sistema de salud ganado por el magisterio.

Es necesario unirse con los demás trabajadores del Estado para derrotar el proyecto de ley 219 que elimina la retroactividad de las cesantías, la compatibilidad de pensión y salario y suprime el derecho a la contratación colectiva.

Queda claro que el gobierno de Pastrana es enemigo de los trabajadores, de los maestros y de la educación pública.

Con una mayor comprensión de los problemas y un arduo trabajo con los demás trabajadores y la comunidad, lograremos defender la educación pública y nuestros derechos en un movimiento cívico y popular de envergadura nacional.

A esta lucha patriótica no puede renunciar el pueblo colombiano.

Paro Cívico Nacional del 31 de agosto: BATALLA ANTIIMPERIALISTA EJEMPLAR

A primera hora del 31 de agosto de 1999, centenares de municipios de Colombia, carreteras troncales, bancos, fábricas, hospitales y entidades públicas quedaron paralizados en desarrollo del Paro Cívico Nacional.

La convocatoria del Comando Nacional de Paro incluyó dentro de sus objetivos el rechazo a la intervención norteamericana, a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, FMI, y a la política servil del presidente Pastrana. Los convocantes levantaron un Pliego Unificado que recogía las denuncias y reclamaciones de los diversos sectores sociales presentes en la contienda, en la que participaron obreros, profesores, estudiantes, campesinos, empresarios agrícolas, transportadores, usuarios del upac y del ISS y gentes de toda condición social.

Varios departamentos estuvieron totalmente paralizados y ciudades capitales vivieron una gesta tan memorable como la del Paro Cívico de 1977. En la capital de la República y en sus municipios aledaños se libró una batalla descomunal como producto de la indignación y el repudio que las medidas gubernamentales han generado.

El Paro Cívico Nacional se prolongó hasta el 1º de septiembre. Los sectores sindicales incluyeron entre sus denuncias la del proyecto de ley 219, sobre ajuste fiscal y el recorte de garantías sindicales y laborales que el gobierno nacional ha anunciado. Se exigió la moratoria de la deuda externa y se incluyeron las denuncias de la terrible situación que viven los empresarios agrícolas y trabajadores del campo como producto de la ruina generalizada por efectos de la apertura económica. Colombia entera rechazó al unísono las consecuencias del modelo económico neoliberal impuesto por el imperialismo.

La batalla así librada constituyó un ejemplo del incesante espíritu que anima al pueblo colombiano en sus luchas antiimperialistas. El contenido de las banderas levantadas, la denuncia de las consecuencias del modelo y la agitación previa dentro de las tareas de organización de la jornada, permitieron esclarecer el carácter de la recolonización que el imperialismo norteamericano adelanta sobre nuestra nación. En todos los eventos que antecedieron a la protesta se precisó que la apertura económica y la diversidad de medidas políticas y jurídicas corresponden a la ofensiva del gobierno estadounidense y sus monopolios por apoderarse de los mercados y materias primas y abaratar la mano de obra de los países sojuzgados del mundo.

La agresión mundial sin antecedentes está dirigida a resarcir las utilidades de los capitales financieros monopolistas y a imponer a sangre y fuego a lo largo y ancho del orbe mundial sus condiciones de saqueadores y piratas modernos. El mayor empobrecimiento de millones de habitantes de Améric Latina ha tenido como respuesta levantamientos significativos en Ecuador, Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Venezuela y en Colombia. Lo del 31 de agosto fue la expresión de esa resistencia a la recolonización imperialista.

Los colombianos hemos aprendido que la manera de salvaguardar nuestra soberanía e independencia nacional y proteger la unidad territorial es a través de un gran acuerdo nacional que cuente para ello con la participación de todos los sectores, clases, capas y partidos opuestos a la dominación externa. El Comando Nacional de Paro, constituido a partir del movimiento sindical, es el germen de ese gran frente antiimperialista y constituye un instrumento para librar la resistencia contra la agresión imperialista. Por ello es muy significativa la participación de las agremiaciones de campesinos, empresarios agrícolas e indígenas y de las asociaciones de transportadores, que, junto con el movimiento obrero, se pusieron al frente de la protesta y encauzaron la resistencia.

La jornada se levantó una vez se acordó con el gobierno nacional establecer mesas de negociación que dieran curso a la discusión de los 41 puntos planteados en el pliego petitorio unificado. En la mesa central se libró una discusión a fondo con los ministros de Estado y funcionarios gubernamentales en torno a las medidas aperturistas. El Comando de Paro insistió en la necesidad de que Colombia acometa su desarrollo de una manera independiente y soberana, preservando para ello su sector productivo nacional y creando unas condiciones democráticas para su progreso. El gobierno de Pastrana llegó a estas mesas temáticas a notificarle al país las imposiciones que debe ejecutar y dispuesto a “hablar sin escuchar”, mientras va aplicando toda su política basada en el modelo neoliberal.

El Paro Cívico Nacional del 31 de agosto forma parte de las innumerables jornadas y luchas que para enfrentar este régimen debemos librar en adelante. A la convocatoria de agosto le han seguido la del 14 de octubre (paro nacional estatal), el paro nacional indefinido del magisterio y las jornadas que en defensa de la salud pública han de estar adelantando los colombianos.

La jornada de agosto, batalla antimperialista ejemplar, llevó a una mayor acumulación de conocimiento, capacidad y fuerza de los destacamentos de masas. La historia nacional e internacional enseña que a pesar de no existir resultado reivindicativos tangibles e inmediatos, las masas ganan en experiencia y alcanzan una mayor comprensión de los problemas fundamentales. Muestra además que lo que determina el desenlace en favor de los oprimidos y explotados es el entendimiento de cuáles son sus enemigos principales y cómo combatirlos.

Por ello quienes sostienen que la dispersión de los trabajadores y la falta de victorias reivindicativas nos demuestran que no se puede pelear, o que las condiciones adversas impiden enfrentar al enemigo en las diversas batallas diarias o sectoriales, caen en una típica desviación de derecha, en una renuncia a enfrentar la arremetida del gobierno, en una conciliación con los enemigos de clase y en un apocamiento en las capacidades revolucionarias de las masas.

OPOSICIÓN A NEGOCIACIONES DE “RONDA DEL MILENIO”

En noviembre de 1999, los gobiernos del mundo se van a reunir en Seattle, Estados Unidos, para la tercera conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio, OMC. Los firmantes de este llamado nos oponemos a los esfuerzos desplegados para extender los poderes de la OMC mediante una nueva ronda de negociaciones sobre el comercio mundial. Consideramos, al contrario, que los gobiernos deben revisar y rectificar las deficiencias del sistema y el propio funcionamiento de la OMC.

La ronda del Uruguay y el establecimiento de la OMC se proclamaron como un medio de desarrollar la creación de prosperidad y riqueza en el mundo, y de fomentar el bienestar de la población de todos los Estados. En realidad, sin embargo, durante los pasados cinco años la OMC ha contribuido a la concentración económica en las manos de unos pocos ricos, intensificando la pobreza para la mayoría de la población mundial, así como modelos no estables de producción y consumo.

Los acuerdos salidos de la ronda del Uruguay fueron orientados principalmente hacia la apertura de los mercados en beneficio de las empresas trasnacionales y a expensas de las economías nacionales, de los trabajadores, los agricultores y otros sectores, así como del medio ambiente.

Además el funcionamiento, las reglas y procederes de la OMC son antidemocráticos, oscuros, escapan de todo control ciudadano y marginan a la mayoría de la población del globo.

Todo eso se dio dentro de un contexto de inestabilidad económica mundial creciente, de derrumbe de las economías nacionales, de acrecentamiento de las desigualdades entre las naciones y dentro de ellas, y de acentuación de las degradaciones medioambiental y social, que resultan de la aceleración del proceso de mundialización.

Los gobiernos que dominan la OMC y las empresas trasnacionales que se beneficiaron del sistema, se negaron a reconocer y solucionar estos problemas. Al contrario, pujan por una mayor liberalización a través de la introducción de asuntos nuevos a adoptar en la OMC. Ello llevará a la agudización de la crisis vinculada con los procesos de globalización y la OMC.

Nos oponemos a toda negociación encaminada a una mayor liberalización, en especial las que apuntan a introducir nuevos sectores bajo la tutela de la OMC, tales como la inversión, la competencia y los mercados públicos. Nos comprometemos a promover una campaña para rechazar toda propuesta en tal sentido. En especial nos oponemos a los «acuerdos sobre derechos de propiedad intelectual relativos al comercio», TRIP.

Llamamos a una moratoria sobre toda negociación que extienda el alcance y el poder de la OMC. Durante esta moratoria deben operarse una revisión y una evaluación completas y en profundidad de los acuerdos existentes y deben darse pasos significativos para reformar los acuerdos.

Tal reforma debería permitir evaluar el impacto de la OMC sobre las comunidades marginadas, el desarrollo, la democracia, el medio ambiente, la salud, los derechos humanos, el derecho laboral y los derechos de las mujeres y los niños. Dicha reforma debe hacerse con la plena participación de la sociedad civil.

El fracaso del Acuerdo Multilateral sobre la Inversión (AMI) en la Organización por la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) demuestra la oposición de un amplio público a la desregulación de la economía mundial, la dominación creciente de las empresas trasnacionales, el empeoramiento de la degradación del medio ambiente y la consecutiva sobreutilización de recursos.

Una reforma del sistema dará a la sociedad la oportunidad de cambiar su curso, de desarrollar un sistema internacional alternativo, humano y duradero en las relaciones de inversión y comercio.

En Cali: NUEVE DÍAS DE FIRME RESISTENCIA

Los decretos 731 y 745, recientemente expedidos por el alcalde Ricardo Cobo Lloreda, eliminan las primas extralegales para más de 3.800 empleados públicos que ingresaron a trabajar después de 1986 y perjudican a los más de mil que lo hicieron antes de ese año.

En cumplimiento del ajuste fiscal impuesto por el FMI, a través de los convenios de desempeño, los municipios deben recortar gastos laborales y lanzar a la calle a sus trabajadores. Los empleados de Cali pierden 21 días de prima semestral y otro tanto de prima de vacaciones. Además, la prima de diciembre quedaría reducida de 36 a 30 días, y desaparecen las bonificaciones por servicios prestados y servicios complementarios de salud.

Esta aleve arremetida fue firmemente rechazada por los trabajadores de todas las organizaciones sindicales ligadas a la administración municipal en acto cumplido el jueves 16 de septiembre, cuando paralizaron desde las 10 y media de la mañana la torre de la alcaldía del CAM. Contaron con el apoyo de los trabajadores de Emcali, quienes celebraban el primer aniversario de la toma de la torre de las Empresas Municipales. Cobo Lloreda, acostumbrado a reprimir las justas protestas ciudadanas, ordenó gases y garrote, único argumento de una administración caracterizada por su incapacidad y su obsecuente disposición a seguir a pie juntillas las órdenes que, a través de Pastrana, envía desde Washington el Fondo Monetario Internacional.

La presidenta del sindicato del municipio, Elizabeth Osorio, llamó a defender la estabilidad laboral y las prestaciones extralegales consignadas en los decretos 0216 de 1991 y 1321 de 1993, uno de los blancos de ataque de la banca internacional. La clase dirigente de Cali, desde cuando Cobo era concejal, apoyó los negociados del tristemente célebre Mauricio Guzmán, cabeza visible del desfalco y endeudamiento con los prestamistas foráneos.

El martes 21 de septiembre continuó la lucha de los trabajadores estatales, quienes desfilaron multitudinariamente decididos a no dejar pasar los atentados que se cocinan e impedir su ejecución por parte de los mandatarios de turno. Este espíritu de lucha sirvió de acicate para que durante el paro nacional del 14 de octubre, Cali viviera durante todo el día una de las jornadas de movilización más concurridas, que llevó a la parálisis de la administración hasta el día 23, fecha en la que el gobierno se comprometió a discutir un pliego regional. Él pliego demanda la defensa de las empresas públicas y los intereses de la ciudadanía, así como el compromiso de no represalias.

Con esta ejemplar pelea los trabajadores han notificado a quienes pretenden pisotear sus derechos y los del pueblo que encontrarán una fuerte resistencia por parte de todos los afectados, hoy unificados en el Comando Social e Intersindical de Cali.

El «Llamamiento al pueblo caleño», del 16 de octubre, condenó al alcalde Cobo Lloreda por su «compromiso con los bancos para empobrecer aún más la ciudad». Señala además el comunicado que «con la construcción de un mal llamado metro, pretende el despido de trabajadores y la entrega de las Empresas de Servicios Públicos a los monopolios financieros, mientras los prestamistas usureros se llenan sus bolsillos y los corruptos se enriquecen con los dineros del pueblo».

MEDELLINENSES RECHAZAN COBRO DE OBRAS POR VALORIZACIÓN

Los habitantes de los tradicionales barrios de Belén y Laureles, al occidente de Medellín, se aprestan a librar una gran batalla en defensa de su patrimonio, amenazado por el abusivo cobro de valorización por la ampliación de la carrera 76.

El cobro del impuesto se extiende a una zona tan grande y tan densamente poblada que abarca a más de diez barrios, casi como una cuarta parte de la población de la ciudad. Son 109 mil propietarios que, según el arbitrario Estudio Socio-económico, estarían en capacidad de pagar una suma superior a los 80 mil millones de pesos por la vía de 7.7 kilómetros, es decir, más de 10.5 millones de pesos por metro lineal, precio que, en cálculo de los dirigentes de la comunidad, es cinco veces superior al normal.

Los afectados se han organizado en comités cívicos, entre los cuales se destaca el del barrio San Bernardo, cuyos líderes han promovido dos gigantescas movilizaciones con asistencia de más de cinco mil personas, un verdadero ejemplo de trabajo y dedicación. En distintos foros, asambleas y otros eventos públicos, los líderes han denunciado el carácter expropiatorio de la obra, pues a muchos hogares han llegado facturas de cobro por valores superiores a los cinco millones de pesos, cifra que rebasa la capacidad de pago de la mayoría.

Frente a los justos reclamos de la comunidad, la administración municipal, que encabeza el neoliberal Juan Gómez Martínez, se ha hecho la de la oreja mocha. Los organizadores han señalado que se agota la paciencia y dan aliento a la toma de la carrera 76 como actividad preparatoria de un paro cívico.

La ampliación de la carrera 76 es apenas una de las múltiples obras que comprende el Plan de Ordenamiento Territorial o programa de renovación urbanística, que no es otra cosa que utilizar el mecanismo de pasar grandes vías por los barrios pobres o de capas medias para desalojarlos y elevar el estrato social, encareciendo las tarifas de los servicios y aumentando el recaudo de tributos municipales, como el predial.

Ya han sido anunciados otros dos costosísimos macroproyectos viales para pago por valorización, que afectarán a los pobladores del noroccidente y del sur del Valle de Aburrá. También la resistencia popular ha anunciado su pronta organización como fórmula para dar al traste con las pretensiones del Área Metropolitana y de los alcaldes que patrocinan este nuevo atropello contra los menguados bolsillos de los antioqueños.

EN ACCIDENTE DE TRABAJO PERECEN CAMARADAS

El 28 de julio, a las 10 de la mañana, mientras se encontraban limpiando por dentro un silo de alta peligrosidad, repleto de salvado de trigo, perecieron por asfixia, al derrumbarse el concentrado sobre ellos, los camaradas Aníbal Uribe, de 44 años de edad, y Frank Quiroz, de 20, trabajadores de la empresa Solla S. A., de Medellín. Aníbal venía militando en el Partido desde 1994, aunque sus simpatías datan de 1989. Frank llevaba apenas seis meses en la organización.

«Fueron camaradas consecuentes y leales a nuestra línea –dice el comunicado del Regional–, sin vacilaciones, pese a su poco tiempo de estar vinculados al MOIR», y ambos «celosos con la posición de clase que debe primar en un partido revolucionario como el nuestro».

FELIPE ARANGO, UN PINTOR QUE REIVINDICA SU COLOMBIANIDAD

Entre el 1 de julio y el 13 de agosto del presente año Felipe Arango realizó su más reciente exposición pictórica, titulada Naturaleza muerta e historia del arte, en el Museo de Museos de Colsubsidio, en Bogotá. Desde aquel lejano 1977 en el que expuso por primera vez en la capital de la República, ha realizado exposiciones individuales en diversas ciudades colombianas y otras del exterior, como Milán, Siena, Mallorca y hasta la remota Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos, amén de las veintinueve colectivas en las que desde 1981 ha participado, que incluyen ciudades como París, Londres, Burdeos, Madrid, Buenos Aires y Livorno.

La pintura de Felipe Arango materializa gran riqueza artística y humana, así como la disciplina y sensibilidad estética de su autor. Ha trasegado con maestría el lápiz, el carboncillo, el grabado, el pastel y el óleo. Sus pinturas son el producto de una línea cuidadosa, de firme manejo de la luz, el color y la perspectiva, de brochazo grueso y enérgico que ha insistido en lo figurativo, explotando las siempre nuevas posibilidades de la figura humana y la realidad material. En su perspectiva, el primer plano no es necesariamente el más importante, enfatizándose el segundo o diversos planos, creando así nuevas dimensiones.

Como expresara la periodista Bárbara Mastella, en la italiana Televisa, Eco Televisión, en afortunada síntesis del enfoque y periplo artístico de nuestro personaje, «ferozmente figurativo, amante de la imagen en una época enteramente dedicada a lo conceptual, Felipe Arango defiende su posición contraponiendo a las imágenes abstractas de la tendencia universal, la mirada firme y deformante de un artista convencido de que el hombre sigue siendo el protagonista de su misma historia». O como escribiera la periodista Kelly Velásquez en France Press, «es la fase profundamente colombiana, en la que el color, la gente, los anónimos de una sociedad anónima recobran una dignidad, un espacio. Pero es que sus deformaciones no perdonan tampoco nivel cultural, social, ni mito. Surge entonces la desacralización de Europa, tras ocho años de permanencia en Italia».

Felipe Arango siempre ha reivindicado su condición de artista colombiano. Su compromiso, su anhelo, su convicción y su amor nunca han abandonado los lares patrios. A pesar de apropiarse de la riqueza y diversidad de la realidad y creación universales, sus lazos intelectuales y anímicos permanecen en Colombia. Aunque actualmente reside en Roma y ha vivido también en Londres y Madrid, nunca ha perdido contacto con su tierra, a la que espera poder retornar definitivamente. En su juventud trocó el diploma de arquitecto, para cuya consecución sólo le faltaba un año de estudios, por una febril actividad revolucionaria como militante del Moir. Y aunque ha concentrado su insomne esfuerzo en la creación artística, no ha traicionado nunca sus convicciones al lado de los desposeídos y sus luchas.

Como a tantos otros artistas, el medio nacional le ha sido esquivo, siendo que sólo hasta ahora empieza a ser reconocido. Careciendo del respaldo gubernamental y del cerrado círculo de quienes divulgan y comercian con la creatividad artística, desconociendo la riqueza –natural, laboral e intelectual– de lo nacional, se ha abierto camino solitario, a pulso. Forma parte de esa multitud de connacionales que más allá de nuestras fronteras entregan lo mejor de sus capacidades y trabajo, haciendo conocer y aportando al mundo los tesoros de Colombia y sus gentes.

La persistencia de su empeño y la calidad de sus pinturas le han valido múltiples premios. En 1999 obtuvo el primer premio en el XIV Premio Italia per le Arte Visive de Florencia. En 1998 el premio del Círculo de Arte y Cultura Il Quadrivio en el XXV Premio Sulmona y el premio Exposición en el XIII Premio Italia per le Arte Visive, ambos en Italia. En 1997, el primer premio Fiorino d´oro en el XV Premio Firenze de Florencia; mención especial en el Second International Art Biennal de Valletta, Malta; el premio editorial en el XII Premio Italia per le Arte Visive, Premio de la Región Toscana al mejor artista extranjero en Certaldo, Italia; y el tercer premio de pintura, Arte en Video en Miami. Igualmente ha recibido importantes premios en Valleta, Rávena y Milán.

Estamos seguros de que lo mejor de la obra de Felipe Arango está por venir. Continuará enriqueciendo el patrimonio cultural colombiano y acabará, ojalá pronto, imponiendo el reconocimiento de su aporte artístico a sus compatriotas. Al igual que los demás valores que tan prolíficamente florecen en nuestra tierra, su batallar convencido está llamado a abrir brecha en un país en el que saldrán avantes la tenacidad y la riqueza de nuestros trabajadores –del arte, el campo, la industria y demás faenas productivas– en contra de los poderes que en las metrópolis y en el interior se empecinan por coartar el progreso de la nación.