LA LUCHA, HERENCIA DE NUESTROS ANTEPASADOS

Presento un saludo especial a los directivos de Salvación Agropecuaria. Para nosotros es grato estar en este gran evento, y en el Cauca hemos venido trabajando en los paros con los campesinos, como lo manifestaba el compañero Elmer. Ha sido la lucha que ha nacido en el Cauca y los indígenas siempre hemos estado en eso, nuestros antepasados, nuestros abuelos, han luchado en la resistencia y estamos en ese trabajo de unir, y esperamos que estas propuestas que se han venido trabajando en Salvación Agropecuaria nos sirvan de herramienta a los pueblos indígenas.

Esperamos también unir esfuerzos, porque la vida en el campo está abandonada. Cuando en los programas del gobierno se hablaba de que iban a poner a marchar al campesino, al pueblo, lo que ha habido es marchas de la guerrilla y de los paramilitares. Entonces siempre hemos rechazado eso y esperamos seguir trabajando unidos, porque la vida del campo ha sido maltratada, sufrida, y esperamos que los que han manifestado son los que han estado en el campo, al sol y al agua. Y esperamos que los parlamentarios, los que han estado en eso escuchen y que los próximos líderes que lleguen tengan en cuenta ese trabajo que está haciendo la Salvación Agropecuaria.

Vengo a hacer una denuncia a nivel del Cauca, las fumigaciones que se han dado en los cultivos ilícitos. En el Cauca tenemos un gobernador indígena y estamos trabajando en el plan alterno contra el Plan Colombia, y esperamos que eso sea un gran apoyo para este gran evento y los resultados que se están dando. Reitero nuevamente los agradecimientos a la invitación que nos han hecho de acá de Salvación Agropecuaria Nacional.

Muchas gracias.

IMPORTACION DE PAPA AMENAZA DE MUERTE LA PRODUCCION

Los agricultores debemos unirnos para impedir el ingreso de papa traída de afuera. Colombia ha demostrado que es autosuficiente y que está en capacidad de exportar papa. La diversidad de zonas aptas para la producción y la gran experiencia de los cultivadores permiten su producción durante los doce meses del año. El desarrollo del mercado interno, debido al alto consumo por cabeza, ha permitido que sea uno de los cultivos más importantes: su producción vale más 700 millones de dólares anuales, razón por la cual despierta tanto interés por parte de las grandes trasnacionales. Un artículo en The Economist el 14 de julio del 2001 nos mostró que hay en Estados Unidos casi tres millones de toneladas sólo en los estados de Idaho y Oregón y, por tanto, la necesidad que tienen de deshacerse de ellos a cualquier precio, incluso por debajo del costo de producción.

Estimular la producción es permitir que los actuales productores puedan continuar en su actividad y tengan la certeza de que cuando salgan sus cosechas van a recuperar su inversión y obtener una razonable utilidad; lo que sucede desde julio de este año, es que han tenido que vender por debajo del costo de producción, lo cual ha generado pérdidas de más de 360 millones de pesos, sin que el gobierno haga nada para remediar esta situación.

Prohibiéndose la importación, para lo cual hay suficientes razones pero no un interés político por parte del gobierno, habremos logrado avanzar un importante trecho.

Sólo una organización independiente, con dirigentes probados en su honestidad y capacidad de lucha, como son lo Ángel María Caballero y Jorge Robledo, podremos los productores adelantar nuestras batallas, tal como lo ha demostrado Salvación Agropecuaria.

“TENEMOS PUESTAS NUESTRAS ESPERANZAS EN SALVACION AGROPECUARIA”

(Apartes)

El sector hortifrutícola no escapa a la difícil situación, y tal vez por nuestra debilidad y porque los cultivos son en su gran mayoría parcelas, pancoger o huertas caseras, no tenemos una fuerza representativa que vele por la defensa de los productores.

Se ha dicho que en este sector el país puede ser más competitivo que en otros, pero la realidad es muy diferente. Con la competencia de las grandes cadenas de super e hipermercados que están poniendo los precios de las frutas y hortalizas aun por debajo de los de las plazas de mercado y las centrales de abasto, estamos peor que antes. Los agricultores teníamos el paradigma de que algún día pudiéramos ser proveedores de las cadenas de supermercados. Pero es el peor negocio, porque inclusive las propagandas las hacen con los recursos de los agricultores y los proveedores. Algunos se quejan de que el Fondo de Fomento Hortifrutícola les quita el 1%, pero las cadenas les están reteniendo hasta 10% para las campañas publicitarias, además de que los requerimientos de calidad no los podemos cumplir muchos, y para rematar nos pagan los productos a los 60 días y a veces demoran 75 y hasta 90 días, trabajan con nuestro dinero…

El ingreso de Colombia al ALCA agravará aún más la situación, entrarán al país sin ningún obstáculo guanábanas, mangos y duraznos de Venezuela, plátanos, zapotes y lulos del Ecuador, papas y ajos del Perú, hortalizas de cualquier parte del mundo, ajos de China. Y el embeleco de los acuerdos de competitividad, que quiere imponer el gobierno pero que no han funcionado para ninguna de las cadenas, no garantizan siquiera la comercialización de frutas y hortalizas en el mercado interno y mucho menos en el externo, pues ya se sabe que en cualquier momento los productos colombianos, por ejemplo, las uchuvas, son desplazados porque esos acuerdos están pegados con babas y los agricultores colombianos no tenemos a que atenernos con la política del gobierno. Quiero terminar diciéndoles que tenemos una gran esperanza en Salvación Agropecuaria: aquí se está manejando el lenguaje de los agricultores, los Siete Puntos son un programa claro y sentido por nosotros y esperamos poder aportar todo lo que tenemos para alcanzar los objetivos de esta organización.

PANELEROS MERECEN UN LUGAR DAJO EL CIELO DE COLOMBIA

Transcurrido año y medio desde la constitución de Unidad Panelera en Moniquirá, la suerte de los cultivadores de caña y procesadores de panela sigue amenazada por la política impuesta por Estados Unidos y acogida por los últimos gobiernos.

En panela, Colombia ocupa el segundo lugar, después de la India, entre cerca de 30 países productores, con 7% de la producción mundial. Ocupa el primer lugar en consumo, con un promedio de 25.5 kg de panela por persona al año. El cultivo de la caña panelera comprende 192 mil hectáreas, el sexto lugar en superficie cosechada después del café, el maíz, el plátano, el arroz y la yuca. Su producción, cercana al millón cien mil toneladas de panela al año, es hecha por 70 mil productores, que generan 350 mil puestos de trabajo directos y un millón de indirectos, además de 25 millones de jornales, el segundo producto en generación de empleo rural después del café. Constituye la economía básica de 236 municipios, en doce departamentos, y aporta 6.7% del producto agrícola de Colombia. La panela corresponde al 2.18% del gasto en alimentos de los hogares y está considerado dentro de los llamados bienes-salario, por su participación en el costo de sostenimiento de obreros y campesinos.

Pero la producción de caña y el laboreo de la panela se dan en condiciones de atraso que no se compadecen con los desarrollos tecnológicos. La producción se efectúa en 27 mil trapiches artesanales, de los cuales 15 mil son de tracción animal; adolece de problemas tales como la falta de mecanización, cultivos antiguos, carencia de renovación de socas, baja población de tallos por unidad de superficie, desconocimiento del manejo de diferentes variedades de caña, problemas fitosanitarios, altos costos de corte, transporte y manejo de la caña, bajos niveles de extracción del jugo, subutilización de los trapiches, escasez de mano de obra por causa de la alta emigración, falta de crédito institucional e intereses onerosos, altos precios de los insumos, incertidumbre del productor por la acentuada fluctuación de los precios de la panela y la ausencia de asistencia técnica. A ello se suma el que las zonas paneleras se caracterizan por su inadecuada infraestructura vial, un altísimo déficit de servicios públicos en el área rural y decenas de miles de personas con necesidades básicas insatisfechas.

A un entorno económico tan desfavorable le agregamos que la panela ha afrontado un largo conflicto con los monopolios azucareros, los cuales, siempre que tienen dificultades con la colocación de sus excedentes en el mercado internacional, acuden al expediente delictuoso de derretir azúcar y mieles de ingenio para producir panela adulterada. Los ingenios compiten así ilegalmente con los paneleros artesanales y arruinan los precios. El último episodio de esta práctica les costó a los paneleros la pérdida de 21% del mercado, como quiera que, en 1999, los azucareros abastecieron con 250 mil toneladas a los llamados derretideros.

Las nuevas amenazas guardan relación con la funesta apertura económica. El primer golpe se dio cuando empezó a entrar panela más barata del Ecuador y cuando las industrias licoreras comenzaron a hacer sus alcoholes con mieles importadas. Si hoy han cesado las importaciones es producto de la dolarización de la economía ecuatoriana y no de la acción gubernamental en favor del sector. En 1999 y 2000, ambos fenómenos, los derretideros ilegales y la importación masiva de panela, mieles y alcoholes extranjeros abatieron los precios en 50%, sacando a muchos productores del negocio. La leve tendencia al alza que se registra en la actualidad obedece más a la caída en la oferta del producto

La Ley 40 de 1990 prohíbe la producción industrial de panela y también los derretideros. Pero los monopolios azucareros han iniciado una nueva arremetida, aumentando sus siembras de 125 mil a 200 mil hectáreas en todo el valle geográfico del río Cauca entre 1992 y 1999. Así se preparan para cuando el gobierno decida levantar el arancel que protege el azúcar colombiano, por presiones de la Organización Mundial del Comercio, OMC, y ahora del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA. De esta política da cuenta el montaje del ingenio industrial panelero de Padilla, Cauca, aún no en funcionamiento gracias a la decidida lucha de los productores aglutinados en Unidad Panelera, Asopanela Antioquia, Agropemca y otros.

Por todo lo anterior, apoyamos las justas las exigencias de Salvación Agropecuadria al gobierno y respaldamos sus luchas. Los paneleros participamos en la marcha nacional y en el patriótico paro agropecuario del año en curso, en los que demostramos que vamos a defender en serio nuestro trabajo, el bienestar de nuestros hijos y el progreso de Colombia. Para lograr estos objetivos no hemos escatimado esfuerzos unitarios. Trabajamos mancomunadamente con Asopanela- Antioquia e instamos a Fedepanela, la concesionaria de la cuota de fomento, a que, con generosidad y patriotismo, ofrezcamos resistencia unificada a las políticas que buscan eliminarnos.

Como dice el compañero Jorge Robledo, constituye un deber patriótico luchar para que los productores paneleros y los del resto del agro tengan un buen lugar bajo el cielo de Colombia.

EL APETECIDO MERCADO ARROCERO

(Apartes)

El arroz es nuestro principal cultivo semestral. Estamos sembrando cerca de 500 mil hectáreas anuales, en 21 departamentos, zonificados en cinco secciones: el centro (Huila y Tolima), aporta cerca de 30% de la producción; en el piedemonte orinoquense tenemos un porcentaje similar; en la Costa Atlántica, hay arroz en todos los departamentos; en el Litoral Pacífico y en el bajo Cauca, en los Santanderes, en el Caquetá y en la “zona de despeje”.

Somos algo más de 28 mil agricultores, la mitad o un poco más trabaja en arrendamiento y casi 70% de la producción es en explotaciones menores de 50 hectáreas. En algunas zonas de Huila y Tolima se alcanzan productividades que pueden compararse con las más altas del mundo. Hay temporadas en que se cosechan 7.200 kilos por hectárea, pero asimismo hay otro sector a la espera de la tecnología. Se siembra todavía con métodos rudimentarios, es un área de secado manual que ocupa la no despreciable cifra de 25 mil hectáreas y el promedio de producción no ha superado las dos toneladas y media. Hay enormes zonas con producción de menos de tonelada y media.

En la producción agroindustrial la situación es dramática: en la última década han desaparecido más de 250 empresas trilladoras de arroz; de unas 350 que había en los ochentas, escasamente quedan cien, y con un problema adicional, y es que tres controlan 80% de la producción del arroz empaquetado. Es decir, un problema de concentración monopólica del manejo del arroz en su fase industrial.

Para comprender la situación es necesario investigar por qué hay tanto interés en el mercado arrocero colombiano. El arroz es en general un cereal de autoconsumo: China y la India producen cerca de 70% de la producción mundial, pero tienen temporadas en que importan; lo que se comercializa en el mundo no sobrepasa los 22 millones de toneladas, cerca de 5%, pues se producen unos 560 millones. China siembra 35 millones de hectáreas y Estados Unidos solo un millón y pico. Estados Unidos es uno de los más pequeños productores, pero es uno de los grandes exportadores. Gran parte de su producción está destinada a la exportación, para desgracia nuestra, pues la dirige hacia América Latina. Incluso con todos los subsidios estatales, Estados Unidos tiene dificultades para competir con Tailandia y Vietnam, los principales exportadores de arroz en el mundo; de manera que tiene que dirigir sus esfuerzos hacia Colombia, donde tenemos cerca de un millón cuatrocientas mil toneladas de consumo de arroz, algo más de 10% del mercado mundial. Por eso somos importantes para los exportadores gringos.

La toma de nuestro mercado ya empezó, y si no se ha profundizado más se debe a la resistencia ofrecida por los arroceros. Nosotros inauguramos la táctica de pelear tomándonos las carreteras, táctica adoptada en buena hora por una organización de la envergadura de Salvación Agropecuaria. De siete millones de toneladas de alimentos que estamos importando, en 1998 entraron 450 mil toneladas de arroz, causa de nuestra crisis de ese año. En el año 2001 llevamos 170 mil toneladas importadas legal e ilegalmente. Y no hay quien vigile las fronteras.

El 31 de julio, el día que comenzó el paro, nos aprobaron a las volandas una cláusula de salvaguardia. Pero cuando llegamos a Tulcán a verificar, los funcionarios de la Aduana ni siquiera conocían el documento. Así es como el gobierno cumple los acuerdos.

Ese es el tipo de salvaguardia con que se negocia, es decir, hagamos la cosa aquí en el papel que estos no se dan cuenta; y el arroz sigue entrando. Cuando llegó la comisión a Tulcán entraban 14 mulas diarias cargadas de arroz, más el arroz camuflado entre el maíz que entra sin ninguna restricción. De la noche a la mañana el Ecuador, un país que está aguantando hambre, aparece como un gran productor de alimentos; no solamente entra arroz, también papa, hortalizas, maíz y, óigase bien, creíamos que la amenaza en soya eran Estados Unidos y el Brasil, pero entra soya por Ecuador también.

Hay algo que es bueno que este Congreso sepa. Y es que en una nueva organización de soyeros que creamos, la mayoría creyó en la política de concertación del gobierno. Se sentaron a negociar en la cadena de la soya y las cosas iban relativamente bien, hablábamos de precios fijos de 720 mil y techos de 750 mil pesos la tonelada, y estando en esas estos bandidos del gobierno nacional le quitaron el arancel a la soya y la negociación se bajó automáticamente a 640 mil pesos por tonelada; no hay derecho a que el ministro engañe al país diciendo que las cadenas están resolviendo los problemas, cuando nos dan semejante puñalada trapera; y lo peor es que no es la excepción, en el maíz se presentó una situación parecida en plena negociación de la cosecha del año pasado. Mientras se nos invitaba a rotar el arroz con maíz, se baja el arancel de éste y obviamente los precios cayeron de 480 mil a 420 mil pesos la tonelada, y para la cosecha 2002 va a estar del orden de los 400 mil pesos, en virtud de ese acuerdo. Por eso es que no podemos bajar la guardia, tenemos que fortalecer a Salvación Agropecuaria, tenemos que seguir luchando.

UNIDAD CAFETERA, FIRME CONTRA POLITICA NEOLIBERAL EN EL CAFE

(Apartes)

Mi difícil encargo es entregarle a este Congreso el balance de una batalla en la que nos comprometimos hace dieciocho años. Una tarde, en un restaurante en Pereira, Jorge Robledo, Fernando Ruiz y yo, después de una larga conversación, concluimos: la crisis del café se viene inexorablemente, y vamos a enfrentarla con paciencia pero con mucha decisión, impulsando la organización de los pequeños y medianos cafeteros, que serán los más afectados; y con la organización como instrumento vamos a la lucha por la defensa de la caficultura, así nos lleve la existencia.

En 1985 logramos fundar la Unión Cafetera Colombiana y a comienzos de la década de los noventas ésta se convirtió en la Unidad Cafetera Nacional, al unir esfuerzos con un importante cafetero de Caldas, un patriota auténtico, del mismo talante de Ángel María Caballero: hablo del ex gobernador de ese departamento, Fabio Trujillo Agudelo, cuya desaparición no hemos dejado de lamentar y para quien pedimos de este extraordinario Congreso el homenaje de un minuto de silencio.

La crisis del café llegó en efecto, ha causado innumerables problemas en los últimos once años, y podríamos resumirla en una palabra: reducción. En 1992 la producción fue de 17 millones de sacos de 60 kilos, y en el 2000 se redujo a 10 millones. En 1990 nuestra exportación de cafe era el 20% del mercado mundial, en diez años bajó al 10%. En 1990 la superficie cultivada llegó a 1.070.000 hectáreas, hoy está en 850.000 hectáreas. En 1990 los empleos permanentes eran 460 mil hoy quedan 380 mil. Y lo más grave, la reducción del ingreso cafetero: en 1989, cuando el caficultor recibía por una carga 64.900 pesos, podía cancelar 60 jornales, o comprar 1.250 kilos de fertilizantes, ó 75 kilos de carne, ó 300 galones de ACPM. Hoy, cuando recibe 300 mil pesos por una carga de café, está recibiendo $22.000 en términos nominales, no compra la mitad de ninguno de esos insumos y no alcanza a pagar 30 jornales. Es decir, el ingreso actual de 98% de los caficultores, los menores de cinco hectáreas, los tiene en una situación insostenible.

El café ha perdido participación en las exportaciones totales del país: al comenzar los noventas era el 30% de las exportaciones, hoy no alcanza el 10%. Más grave aún, el patrimonio del Fondo Nacional del Café, el ahorro de los cafeteros para la época de las vacas flacas, está reducido a su tercera parte y en los últimos cinco años pasó de valer 1.700 millones de dólares a algo menos de 500 millones de dólares. La revista América Economía subraya que ese Fondo fue la empresa de América Latina que más patrimonio perdió en 1998-1999.

La crisis de la caficultura es tal vez el mayor ejemplo de cómo el neoliberalismo es la negación de toda posibilidad de progreso y bienestar. Es un modelo de destrucción de la producción, del desarrollo de decenas de países y de millones de pobladores del mundo. El café colombiano está cerrando a 60 centavos de dólar la libra esta semana y éste, óiganlo bien, es el precio internacional más bajo del café en dólares reales desde 1821. Es decir, hoy estamos con los precios externos más bajos de los últimos 180 años, inferiores incluso a los de la época de la crisis de 1926.

Ángel María Caballero señalaba las características principales en los bienes agrícolas más comerciales, especialmente cereales y oleaginosas, y Jorge Robledo ha aclarado lo que sucede con cultivos tropicales como café, palma africana, caña de azúcar y similares. La competencia la han montado las multinacionales sobre la base de la superexplotación de la mano de obra barata. Desde 1996, en el artículo Los cuatro gatos cafeteros, de Unidad Cafetera, se advertía que Vietnam, Indonesia, India y Laos venían como caficulturas emergentes dentro del plan de las multinacionales de crear una gran sobreoferta para envilecer los precios y ellas hacer su agosto a costa del sufrimiento de centenares de miles de familias.

El neoliberalismo convirtió la economía en una lucha por los mercados de los productos de mayor demanda, y esa lucha la estamos librando los 60 países ubicados en el trópico sobre la base de los bajos salarios reales, el escenario para las multinacionales; y Barco, Gaviria, Samper y Pastrana se han sometido a las normas que ha impuesto ese modelo y han echado sobre los hombros de los caficultores el libre cambio, el libre flujo de divisas que produjo una revaluación de 4.000 millones de dólares, ingresos que les fueron quitados a los caficultores; impusieron el vaivén del precio internacional con el llamado mecanismo móvil; eliminaron los subsidios, empezando por el de los fertilizantes, y eliminaron la reserva de carga para la Flota Mercante Grancolombiana, lo que llevó esta empresa a la desaparición. Pastrana habló incluso de importar café. Son sólo algunas de las deshonrosas contribuciones de estos serviles mandatarios a la política cafetera de las multinacionales.

El negocio cafetero mundial vale anualmente 300 mil millones de dólares; de esta cifra, los gobiernos de los países consumidores perciben 45 mil millones de dólares por solo impuestos; mientras 20 millones de cultivadores apenas estamos percibiendo 10 mil millones de dólares; o sea, uno de cada treinta de los que produce el negocio. Es una razón muy clara para nuestras luchas: que no nos roben nuestra riqueza, que los que trabajamos tengamos derecho al fruto de nuestro esfuerzo.

En medio de tantas dificultades, el paro agrario del 31 de julio trajo algunos resultados para el cafetero: el subsidio para el precio de compra es una pequeña ayuda obtenida por el paro, aunque cínicamente lo presentan como un acto de comprensión del gobierno ante la tragedia cafetera. La comprensión que no tuvieron por años les apareció rápido al ver la ira de los productores; Pastrana anunció en Armenia que en un acto de comprensión con la tragedia cafetera trasladaba al Fondo Nacional del Café 350 mil millones de pesos del presupuesto nacional. Pero, si había tanta comprensión, por qué tuvimos que acudir al paro; si había tanta comprensión, por qué agredir con tanquetas y gases a los campesinos de Colombia; si había tanta comprensión, por qué mandar a asesinar campesinos en el Huila; si había tanta comprensión, por qué Derwin Buitrago Giraldo, el compañero desaparecido en el paro en La Virginia, es hoy el cadáver enterrado en Santuario, sin cabeza y con las manos quemadas.

La resistencia cafetera seguirá avanzando. Al sonar su trompeta de combate, doctores Ángel María Caballero y Jorge Robledo, la Unidad Cafetera estará presente en el Viejo Caldas, en Antioquia, el Valle, Cauca, Tolima, allí donde todavía haya café, allí estaremos en pie de lucha..

PERSISTAMOS EN LA LUCHA POR LA SALVACION DEL AGRO

La declaración que acabamos de aprobar dice que un país de las características de Colombia no puede salir adelante si no desarrolla su sector agropecuario… que de la suerte del agro depende la suerte de todo lo que suceda en la economía nacional… Esto es lo que explica por qué las grandes potencias desarrolladas, y particularmente Estados Unidos, han hecho todo tipo de esfuerzos para desarrollar su agro; garantizan con buenos precios de sustentación que sea un negocio que prospere; hay créditos abundantes y baratos; se consiguen maquinarias a costos módicos y los costos de los insumos agroquímicos no son una carga para la producción agropecuaria, porque el agro de esos países tiene inmensas obras de infraestructura que garantiza que el agua llegue de manera adecuada a cada uno de los sectores productivos. Y es lo que explica también, y en esto quiero enfatizar, porqué un país como los Estados Unidos, el gran imperio de la época, ha convertido su producción agropecuaria en uno de sus principales instrumentos de agresión contra los pueblos débiles del mundo.

Es que por mucho que haya prosperado la humanidad, con computadores, aviones, robots y todo tipo de instrumentos y avances, producto del desarrollo de las fuerzas productivas, los seres humanos no podemos dejar de comer, y ojalá tres veces al día. Este hecho, que la humanidad siga siendo absolutamente dependiente de la producción de alimentos, es lo que nos explica porqué los gobernantes de Europa y Estados Unidos le dan tanta importancia a la seguridad alimentaria nacional, o sea, que país que no esté en condiciones de producir los alimentos de su pueblo, será indefectiblemente sometido a lo que le quieran imponer los países que son capaces de hacerlo y que, además, generen excedentes en ese campo. Por eso Estados Unidos, el principal imperio en la historia del mundo, ha convertido la producción y las exportaciones de alimentos en un renglón clave para el desarrollo de su economía, de su industria, de sus agroquímicos, de su acero, de su metalmecánica, de su petroquímica y también en un gran instrumento de dominación a escala global.

La política agraria de cualquier país define en últimas su grado de desarrollo y si su nación es o no soberana de verdad; es decir, si puede o no definir su propio destino, según su leal saber y entender, o si termina sometida al chantaje de los países y las grandes trasnacionales que poseen y se encargan de mover esos alimentos en todos los confines de la tierra…Es por eso que los países más desarrollados tienen gran producción agropecuaria, y le brindan inmenso respaldo a sus agricultores y ganaderos, incluso con subsidios estatales de más de 370 mil millones de dólares anuales. En contraste, la política agropecuaria de países como el nuestro ha sido de muy poco apoyo, casi que de desestímulo a su producción rural. En particular en los últimos años, desde el maldito 1990 cuando Barco y Gaviria determinaron meter el país en la apertura, la que han continuado Samper y Pastrana, el agro nacional terminó por entrar en la peor crisis que haya visto la historia y está con la amenaza de ser liquidado de una vez por todas en los próximos años, si esta lucha de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria no lo impide decididamente y nos lleva por un sendero de progreso, el cual no podrá lograrse si no se derrota la política imperante… Pues como consecuencia de ella lo que hoy tenemos es el desastre, un sector agropecuario en ruina. La práctica demostró que el neoliberalismo, la apertura, no conducían al progreso y al desarrollo sino a la pauperización del país, como nosotros lo habíamos advertido oportunamente, desde marzo de 1990. Pero lo más grave es que a pesar de que está demostrado hasta la saciedad que la política neoliberal conduce al matadero a los pueblos neocoloniales de la tierra, la decisión que se tomó en el gobierno de Andrés Pastrana fue la de seguir aplicándoles a los colombianos la misma medicina que nos viene matando desde hace una década…

Con respecto al agro, el Plan Colombia establece, óigase bien, que nos olvidemos de tratar de producir lo que se pueda producir en Estados Unidos; que Colombia no puede seguir produciendo ni trigo, ni maíz, ni arroz, ni papa, ni leche, ni pollo, ni huevos, es decir, todo cuanto se produzca en Estados Unidos o en los países desarrollados. Y que la solución “consistirá en que Colombia se especialice única y exclusivamente en la producción de eso que llaman cultivos del trópico”. O sea, los que por razones de clima no se pueden cultivar en Estados Unidos, es decir, nos imponen una especialización en lo que ellos no pueden producir. Lo leonino de ese acuerdo salta a la vista: los gringos se comprometen a no producir lo que de ninguna manera pueden cosechar y los colombianos nos comprometemos a renunciar a lo que sí podemos producir…

En el caso del café, no solo rompieron el Pacto del Café, no solo se dedicaron a especular con el hambre de los cafeteros del mundo, sino que con recursos del Banco Mundial y con la aprobación del FMI, se fueron al Asia a estimular las siembras en Vietnam, Malasia, Indonesia y la India con el propósito bellaco, con la mente agresiva de estimular allí la siembra masiva de café e inundar el mundo de ese grano para que los precios se hundieran a los niveles de miseria en que se han hundido. Una actitud que no podemos señalar de otra manera que de franca y brutal agresión del imperio norteamericano y de los países desarrollados de la tierra contra la pobreza y la miseria de los campesinos y empresarios cafeteros del país. Un caso parecido es el del banano e igual pretenden hacer con la palma africana: cuando los precios de la palma se caen a nivel internacional, los empresarios y el capital financiero se retiran de esa producción, se quedan sí con el negocio de extraer y comercializar el aceite, pero le traspasan a campesinos pobres y pequeños empresarios las dificultades y la miseria de unos cultivos de los cuales nunca podrán separarse; y eso es lo que nos quieren presentar como el futuro del agro nacional. En eso se resume la política agropecuaria: nos quieren especializar en cultivos secundarios, que no hacen parte de la dieta básica de la nación, mientras se les deja el maíz, el trigo, la leche, la carne, la papa, el arroz, a los agricultores extranjeros y a las trasnacionales del imperialismo norteamericano.

Como si fuera poco, nos llevan para el Área de Libre Comercio de las Américas, con lo cual se demuestra que lo que dice el Plan Colombia no es un cuento. El ALCA constituirá un solo mercado en todo el continente americano para los capitales y las mercancías. Pero es obvio que los capitales y las mercancías que se van a mover con entera libertad son fundamentalmente los de Estados Unidos, situación que a Colombia la pondrá en situación acabar con todo lo que puedan producir los gringos y nos meterá también en gravísimos aprietos con la competencia del café brasileño o del banano o del plátano ecuatoriano… Con todo y lo perniciosa que ha sido la apertura, es apenas el comienzo. Si el ALCA se impone perderemos prácticamente todo el agro y la soberanía nacional de esta República…

¿Qué hacer? No tenemos más alternativa que dar la batalla para defender lo que es nuestro. Y ganarla. Lo cual, en primer término y ante el calibre de un desafío que aterriza en la oficina oval de la Casa Blanca del imperio norteamericano, significa definir una política que nos permita recoger casi al cien por ciento de los colombianos y particularmente a los del sector agropecuario. Si dividimos la lucha del agro, sí buscamos los puntos que nos diferencian, si no somos capaces de defender un programa de unidad, un programa que no amenace a nadie, ni a los pobres, ni a los medianos, ni a los grandes, que van a ser cada vez más golpeados por la política del imperialismo; si no somos capaces de unir a la casi totalidad de los colombianos, aislando a la pandilla neoliberal de vendepatrias que nos gobiernan, no vamos a poder ganar esta batalla…Lo que sigue después de este Congreso es acrecentar nuestra influencia y nuestra fuerza. Si no somos capaces de desarrollar más fuerza y más organización, no lograremos los propósitos que estamos definiendo…

Y también debe quedar ratificado, que la resistencia de la que hablamos, la desobediencia y la rebeldía que pregonamos son en todos los casos civiles, resistencia civil, desobediencia civil; lo que estamos buscando no son formas más agudas de enfrentamiento con el régimen sino formas más grandes, más amplias de lucha, de millones, de forma tal que podamos arrodillar a los señoritos que nos gobiernan y poner contra la pared al propio imperio norteamericano…

Insisto en que Salvación Agropecuaria no es una organización sectaria; está dispuesta a coordinar esfuerzos con las otras organizaciones que existan en Colombia, así tengan puntos de vista divergentes con nosotros. E insisto también en que el agro nacional no sólo tiene organización que lo dirija, Salvación Agropecuaria, sino que ésta tiene un jefe que se llama Angel María Caballero. Y que con una línea correcta, con orientación correcta, con jefes decididos y acertados, lo único que falta para darle de una vez por todas la vuelta a la tortilla de la economía agropecuaria es pueblo, empresarios, campesinos, indígenas, obreros agrícolas, pueblo como arroz. ¡Multitudes como arroz necesitamos! Es la única posibilidad de que la resistencia civil tenga éxito. La invitación que les estamos haciendo con Ángel María Caballero y con la dirección de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria es salir de este Congreso llenos de orgullo y ciertos de que seremos invencibles sí desarrollamos la fuerza suficiente, pero que eso dependerá de cada uno de los que estamos hoy aquí, los dirigentes del patriotismo agrario de Colombia, los jefes del futuro próspero de nuestra patria.

LUCHA DECIDIDA CONTRA EL ALCA

Instalación del Congreso Nacional Agropecuario a cargo de Ángel María Caballero, presidente de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria. Evento realizado en el auditorio Lorenzo Botero Jaramillo en Bogotá, con participación de más de 600 delegados de todo el agro colombiano.

“Lo más caro para un país es lo que no es capaz de producir”

Saludo a los congresistas de la República que nos acompañan, al señor gobernador del departamento del Tolima, a la Junta Directiva de Salvación Agropecuaria, a todos los productores, agricultores, campesinos, comunidades indígenas, agremiaciones del agro colombiano, los representantes de los usuarios de los distritos de riego y a los medios de comunicación que nos han acompañado siempre, y muy especialmente en las jornadas de Salvación Agropecuaria.

Quiero que hagamos unas reflexiones acerca del Paro que se inició el 31 de julio, sus causas, efectos y resultados, la validez hoy más que nunca de nuestros postulados, la respuesta del gobierno y el crecimiento de nuestra organización en todo el país, buscando siempre compartir con ustedes todas la enseñanzas que hemos aprendido en los escasos tres años que llevamos de existencia.

En el transcurso del Paro, los siete puntos de Salvación Agropecuaria no fueron negociados con el gobierno nacional, ni éste nos llamó a hablar de ellos. De parte del gobierno y de sus lacayos, como la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, sigla que los compañeros de la Asociación Agropecuaria del Huila transformaron correctamente en “Sociedad de Arrodillados de Colombia”. La SAC llenó de improperios a los dirigentes de Salvación Agropecuaria, diciéndonos en el periódico El Tiempo de hoy (18 de octubre de 2001), que no somos dignos de reunirnos con ellos porque bloqueamos las carreteras. Al contrario, creemos que si actuamos así es porque el agro está en crisis y uno de los grandes culpables es precisamente la SAC, porque en lugar de estar organizando y movilizando a los agricultores para reclamar sus derechos, ha venido participando y colaborando en todos los escenarios donde se fijan las políticas y se toman las decisiones gubernamentales de los últimos 10 años; y, además, ha permitido que de gobierno en gobierno se vaya deprimiendo cada vez más el agro colombiano, siendo cómplice silencioso de las multinacionales que producen y comercializan insumos y cosechas a precios ruinosos para nuestros agricultores, lo mismo que de las importaciones masivas de alimentos que extinguieron el agro en la última década. Hoy lo decimos públicamente, porque nos sentimos ofendidos y nos da dolor de patria, con el comunicado publicado por el periódico El Tiempo, en donde el presidente de la SAC hace una división entre campesinos y productores de primera y segunda categoría, anotando que los nuestros están al margen de la ley: si el gobierno nacional se reúne con los grupos alzados en armas ¿por qué no dialoga con Salvación Agropecuaria? No estamos al margen de la ley, somos agricultores que sentimos atropellados nuestros derechos y luchamos por reivindicarlos en la lucha social.

Una semana antes del paro fuimos llamados al Ministerio de Agricultura a plantear nuestros problemas, y la respuesta fue mandarnos a “rezar” por los cafeteros, y ofrecernos “diálogos” interminables en las ya tristemente célebres mesas temáticas, con el claro propósito de disolver el paro sin dar soluciones, cuando los puntos programáticos de Salvación Agropecuaria los conoce el gobierno nacional desde el 9 de abril de 1999. Lo que sucede es que ellos no los comparten, por eso no hacen una negociación seria, porque para el gobierno es imposible negociar las importaciones de alimentos, que tanto han deprimido al agro colombiano; es imposible favorecer la producción nacional y hacer un control a los costos de los insumos; es imposible hacer la condonación de las deudas de los cafeteros y de los campesinos en general que no pueden pagarlas. Ahí están nuestros puntos sobre la mesa; pero estamos llenos de acuerdos con los paperos, los arroceros, los paneleros, con la Asociación Agropecuaria del Huila, con las comunidades indígenas y con otras organizaciones regionales que firmaron pactos o acuerdos con el gobierno, pero que no se han cumplido. Hoy me decía jocosamente Orlando Fernández, el presidente de la Asociación Agropecuaria del Huila, que lo único que se cumplió del pacto firmado entre ellos y el gobierno en el Paro de agosto fue el último punto, que dice: “En vista de haber acordado todos los puntos anteriores, el paro se levanta por parte de la Asociación Agropecuaria del Huila”.

Sin embargo, el Paro ha tenido efectos importantes para nosotros. Uno de los mayores logros es que Salvación Agropecuaria es hoy un movimiento nacional reconocido y respetado por amplios sectores rurales de productores, indígenas y comunidades desfavorecidas; es como le dijimos al ministro de Agricultura: “lo único que sigue creciendo en Colombia es nuestra organización”. No hay un solo cultivo que en los últimos 10 años presente una bonanza duradera. Al contrario, desde que arrancó la apertura económica en 1990, no hay sino desasosiego y desesperanza en el agro colombiano.

Para nosotros es un magnífico balance estar hoy aquí con este gran número de auténticos líderes venidos hasta de los más apartados rincones del país; estar con esta gran comunidad agrícola e indígena, reunidos para fijar nuevas tareas y para ratificarle el Norte a nuestra organización. Y también para analizar qué se ha solucionado en las comunidades después del paro; porque en la reunión, el gobierno dijo que sin paro sí atendían los reclamos, entonces queremos saber qué le han solucionado a los agricultores y a sus comunidades en estos 75 días. Cuando entrábamos a este gran auditorio, lo que escuchamos es que no se ha solucionado nada.

Por eso podemos estar seguros que ya tenemos el principio de una nueva movilización de los campesinos y de los indígenas de Colombia, porque parece que el gobierno no oye sino en las carreteras, pues no han rectificado ninguna de las políticas que han sumido en la ruina nuestra producción agraria: sigue la entrada de arroz importado por el Ecuador y de contrabando por Urabá, cultivo del cual hacemos una mención especial, porque gracias a la lucha gremial y a la resistencia civil en la que han participado los Distritos de Riego, Agameta, Unidad Cafetera, Unidad Panelera, los cultivadores de papa, y demás agremiaciones de Salvación Agropecuaria, hemos logrado el control a las importaciones de arroz, el decreto de los genéricos, los incentivos al almacenamiento para el arroz del Meta, y salvaguardias arroceras, lo que nos ha permitido sobrevivir en esta arrolladora avalancha neoliberal. Con la colaboración de Federriego evitamos el IVA para los insumos en la reforma tributaria del año 2000, lo mismo que un proyecto de Ley para rebajar el costo de la energía en los Distritos de Riego; también sacamos a la luz pública como un grave problema del agro colombiano el incremento desmedido en los costos de los insumos, que aumentan las utilidades de las multinacionales que los producen.

En la jornada del 31 de julio, el gobierno ofreció suspender las importaciones de arroz y de papa hasta finales de diciembre y crearles la cadena a los cultivadores de la papa; lo anterior son pañitos de agua tibia para disolver la protesta de los paperos, sin ninguna otra solución para los problemas de este cultivo que se encuentra agobiado por el mercadeo, por los altos costos de los insumos y el bajo precio del tubérculo. Cabe anotar que los insumos que inciden en la canasta agrícola de nuestras cosechas, llevan incrementos de 16% en lo que va corrido del año, y falta el alza de diciembre que tradicionalmente es de 8% a 10%; es lamentable el silencio del gobierno y de las Federaciones en materia tan delicada. También persisten las importaciones de panela por Pacto Andino, que tanto afectan a los productores nacionales, y la respuesta del gobierno para ellos es que sean competitivos y se asocien a las cadenas productivas.

De la crisis cafetera ni se diga; los 30 mil pesos por carga que dio el gobierno nacional y que mucho de ello fue por la protesta social de Salvación Agropecuaria y Unidad Cafetera, se perdieron con el actual precio del café, porque los productores están vendiendo en los pueblos a menos de 250 mil pesos la carga y los comerciantes e intermediarios se están quedando con buena parte de esa bonificación. Comentan los cafeteros, que los llevan al cementerio como “entierro de pobre”, dicho popular que tienen los campesinos en las zonas cafeteras. El gobierno nacional, para desestimular las protestas, como la del 31 de julio, aprueba refinanciaciones a las deudas y subsidios al precio por 300 mil millones de pesos; lo cual mimetiza el problema y da un pequeño alivio, pero no es la solución para la crisis cafetera, ya que los productores se encuentran ahogados por los bajos precios internacionales del café, y como solución, la Federación ordena destruir la mitad de los cafetales en Colombia; por tanto, dicha refinanciación se volverá una agonía lenta para nuestros campesinos, porque con rentabilidad negativa ninguna refinanciación funciona. “La fiebre no se encuentra en las sábanas”; con cafés vietnamitas a 20 y 30 centavos de dólar la libra, esto no es solución; ellos seguirán extendiendo sus áreas por la extrema pobreza en que viven, y los nuestros tendrán que apretarse el cinturón y aprender a aguantar hambre; hoy por hoy, es el problema más grave del campo colombiano, pues allí están los más pobres de los pobres, y las multinacionales del café seguirán expandiendo sus tentáculos por todo el mundo.

En el país nadie hablaba de la problemática del café, esta crisis se destapó por los análisis de Jorge Enrique Robledo y la protesta social de Unidad Cafetera encabezada por él, e impulsada por Salvación Agropecuaria: son 550 mil familias de productores colombianos (80% son de menos de cinco hectáreas). El gobierno no plantea solución real para ellos; porque nosotros no aceptamos que sea respuesta definitiva a la crisis un subsidio al precio; la verdadera solución es que el gobierno nacional responda por un precio interno rentable y que intervenga ante los países desarrollados, de donde son las grandes multinacionales, para que se le de un precio digno al café y no se sigan arruinando nuestros campesinos; además, si se quiere una sustitución del 50% del cultivo, el gobierno debería presentar otras alternativas que sean rentables y no profundizar más la crisis de los minifundistas cafeteros.

Porque no es como dijo Alfonso López Michelsen: “el causante de la crisis del café es Vietnam, porque ellos están haciendo dumping”. Sería para risa si la crisis no fuera causa de tanto dolor; ¡Por Dios! ¿qué dumping pueden hacer los vietnamitas con salarios de un dólar al día? Ellos no pueden vender a precios menores que sus costos de producción, que es lo que configura un dumping. En nuestro país, los dirigentes, el gobierno y las federaciones hacen todo lo posible por no tocar a las multinacionales que mercadean las cosechas en el mundo, lo mismo que a las que venden los insumos; eso es pecado mortal, de eso no se puede hablar. Los vietnamitas no son los culpables de la crisis del café. Los países desarrollados, los más ricos del orbe, les dieron 10 mil millones de dólares sin intereses y con 10 años de plazo para que les produjeran café a 20 centavos de dólar la libra, para ellos venderlo a ocho dólares en los supermercados de Estados Unidos y Europa; ese es el verdadero problema, no son los cultivadores vietnamitas, porque ellos mueren de hambre, como se van a morir nuestros agricultores en Colombia, al no solucionarse esta crisis.

Queremos ser muy claros. Para Salvación Agropecuaria el punto de las importaciones de alimentos no es negociable, porque es la seguridad alimentaria representada en los cultivos transitorios o de corto plazo, es el derecho que tienen todos los pueblos a producir sus propios alimentos, es la soberanía nacional, es el alma nuestra y es el sentimiento de quienes cultivamos la tierra en Colombia. La única negociación posible entre el gobierno y Salvación Agropecuaria sobre este asunto, es la suspensión de las importaciones anuales de siete millones de toneladas de alimentos que perfectamente se pueden producir en Colombia, lo mismo que la recuperación de un millón de hectareas perdidas por la apertura económica de cultivos transitorios y permanentes en la década pasada.

Nos gustaría negociar que vuelva a haber trigo, cebada, soya, algodón y ajonjolí, que haya precios de sustentación remunerativos, estables y garantizados por el Estado para los productos del campo, lo mismo que créditos suficientes, oportunos y baratos; que haya un arancel real y equivalente a los subsidios que les dan a los agricultores en aquellos países que exportan sus alimentos a Colombia, que no se importen anualmente más de dos millones de toneladas de maíz y más de un millón de trigo, que no se importe papa ni arroz, ni panela ni frutas, ni hortalizas ni cebada; que haya un verdadero control por parte del Estado en los costos de los insumos y que se condonen las deudas impagables de los campesinos; esto sí lo negociaríamos en Salvación Agropecuaria. En los paros, los acuerdos que se dan son los que les toca firmar a los líderes regionales para presentarles a sus comunidades. Saben que las exigencias fundamentales son las de Salvación Agropecuaria, apoyan a Salvación Agropecuaria, pero creen que tienen que entregarles algún papel firmado a los que protestan en las carreteras, porque ellos se encuentran desesperados ya que les van a rematar las tierras, están embargados y no tienen con qué recolectar las cosechas, y necesitan que se les ofrezca una esperanza. Es que a eso los acostumbró la clase política en Colombia: ¿Qué me dan? ¿Y yo qué les doy? Tienen que hacer firmar algo para poder levantar los paros, pues cualquiera sabe que estos no pueden ser eternos.

Los puntos programáticos de Salvación Agropecuaria son la filosofía del agro colombiano, y son la enseñanza de cómo funciona el campo en todos los países del mundo, donde hay agricultura próspera y fecunda. En estos países funciona muy bien el agro, y desde el principio del siglo pasado ya producían combinadas para recolectar sus cosechas, tractores a carbón, luego tractores de gasolina, después tractores diesel, y ya tenían maquinaría pesada; nosotros un siglo después no somos capaces de producir un tractor, tenemos un atraso tecnológico de un siglo en maquinaria; los países industrializados gastan hasta dos puntos de su Producto Interno Bruto en investigación, ciencia y tecnología, mientras que el Ministerio de Agricultura de Colombia tiene un presupuesto miserable de sólo 0,01% del Producto Interno Bruto. ¡Y nos piden que seamos competitivos!

En Colombia acabaron el Idema y la Caja Agraria; pretenden eliminar el INAT, el Incora y el INPA (una de sus funciones es repoblar de peces los ríos), y todo lo que tenga que ver con el agro lo quieren desaparecer sin ninguna contraprestación para los campesinos, únicamente nos dan demagogia barata, porque según ellos no somos sino el 30% de la población colombiana, y para el Ministerio de Agricultura seguridad alimentaria es tenerle alimentos importados baratos a los habitantes de la ciudad; los artículos 64 y 65 de la Constitución Nacional los interpretan a su amaño y en contra de nuestros agricultores, como si la guerra no se hubiera generado en el campo, como si la paz no tuviera que renacer en el campo; damos todo y no nos dan absolutamente nada; lo único que nos queda son los desplazados, los golpeados, los muertos en las carreteras por la fuerza pública en los paros que hacemos, y papeles y más papeles firmados; porque eso sí, a las multinacionales es imposible tocarlas. Los mismos medios de comunicación gobiernistas (Portafolio 14 de junio de 2001), traen estadísticas que nos dicen que uno de los mayores problemas del agro en Colombia son los insumos: pues son el 60% de los costos de producción en papa, 30% en arroz, 40% en algodón, 42% en frijol, 25% en maíz, y lo más doloroso de esta historia, es que son producidos o ensamblados por multinacionales en Cartagena y los venden a mitad de precio en los países vecinos del Pacto Andino; en encuestas entre los agricultores, el problema de los insumos le ganó al de la seguridad en el campo; pero de esto no se puede hablar, a las multinacionales es pecado mortal controlarlas ¿Qué diría G. Bush? ¿Qué diría el Fondo Monetario Internacional? ¿Qué diría el Banco Mundial?

Los insumos incrementan sus precios a razón de 20% a 30% anual, factor que con la apertura económica es la principal causa de la desaparición de los cultivos transitorios, y no hay agricultura que aguante esto; es un problema grave que nos debe unir a todos los campesinos y productores, porque estamos agobiados con su carga, pero el gobierno no lo soluciona. Con el paro agrario de 1999 logramos arrancar el decreto 459 de los genéricos, que todavía se está reglamentando; las drogas humanas todas tienen genéricos, pero las multinacionales pelean para que sus patentes sean prolongadas a través del tiempo y tengamos que comprar productos de marca con precios muy superiores. Los genéricos permitirían un alivio importante en los costos del agro colombiano.

En Estados Unidos y Canadá se impuso el control del precio de la medicina que controla el ántrax o carbunco, cuyo nombre de marca en el mercado es Cipro (producto patentado de Bayer): se vendía en el mercado a cinco dólares la unidad y se obligó a la multinacional a venderla en Estados Unidos a 80 centavos de dólar y en Canadá a US$1.20 la unidad ¡Los campeones de la globalización le dan ejemplo al mundo, pero sólo para su población, y cuando tienen tragedias! Mientras tanto superexplotan al resto del mundo. En Colombia llevamos dos años en esta pelea de los genéricos, pero cuando no se interpone el Ministerio de Agricultura, es el de Salud, o el de Comercio Exterior, en beneficio de las multinacionales amparadas por el gobierno. A nosotros se nos exige producir comida barata con inflación de 8% y costos de producción incrementados en 25%; los precios de venta de nuestras cosechas no pueden subir más de 8% y en la mayoría de los casos decrece, pero los costos de producción si se elevan en 25% o más: un desfase anual de 17% que acaba y marchita cualquier cultivo.

Salvación Agropecuaria vela por la defensa del productor colombiano y por la defensa de los derechos de las comunidades indígenas; en el departamento del Tolima en el Paro Nacional Agropecuario participaron, además de los productores y campesinos, las comunidades indígenas del Tolima, entre ellas, el CRIT y la ACIT, quienes firmaron un acuerdo con el gobierno nacional, el cual les han cumplido parcialmente. Los indígenas protestan por las necesidades básicas insatisfechas, como el agua, la luz, la educación, sus resguardos, sus tradiciones, su mitología, los buenos precios para sus cosechas y el derecho a la vida de sus comunidades. Salvación Agropecuaria tiene un punto muy especial para ellos, esperamos oírlos hoy con su ponencia en este Congreso.

¿Por qué dicen que los productores y campesinos colombianos no somos competitivos en el agro? Que nuestro campesino es perezoso, que no es ingenioso y que bota la plata. Y la cháchara oficial multiplica la propaganda sobre la agricultura y los agricultores extranjeros, su eficiencia, su gran capacidad de producción, la calidad con que lo hacen, etc. ¡Pero nada de eso es cierto! Vamos a analizar la certificación de los subsidios que dan a los cultivadores en los países que exportan sus alimentos a Colombia. Analicemos las siguientes cifras (Luis Roberto Sanint, en la publicación del FLAR, Foro Arrocero Latinoamericano, Vol. 7 No. 1, mayo de 2001): las pérdidas económicas globales por el proteccionismo agrícola pueden llegar a los 150 mil millones de dólares, según las estimaciones de la ONU, y de ese total, unos 20 mil millones corresponden a exportaciones perdidas por los países en desarrollo, (Koffi Annan, ONU, agosto 28 de 2000). Para el año 2000, los subsidios directos al agro en los 29 países de la OCDE, que son los más poderosos de la tierra, fueron de 370 mil millones de dólares; aquí está “la competitividad” amigos, ese es el desfase que tenemos, esto es lo que hay que pelear en las carreteras: ¡Que a la hora de la verdad nosotros somos demasiado competitivos! Porque para nuestro trabajo no tenemos ninguna clase de subsidios. Estos US$370.000 millones, incluyen un alza de 10% desde 1994, cuando se firmó la Ronda de Uruguay del GATT, donde se prometió que iban a desmontar los subsidios para hacer la apertura económica y la globalización de la economía. Lo que hicieron ellos fue aumentarlos en 10%.

Y vamos a organizar los productores de leche y de carne en Salvación Agropecuaria. Pues en lo referente a la leche, ésta se llevó 50 mil millones de dólares en subsidios directos, y fue seguida por el arroz y la carne con 32 mil millones de dólares cada uno. En 1995, los subsidios en otros sectores de la economía, en esos mismos países, fueron de 80 mil millones de dólares para la energía. Mientras tanto, en Colombia a nuestros amigos de los distritos de riego les subieron la energía de 80 a 200 pesos el kilovatio, lo cual afecta gravemente los costos de funcionamiento de estas empresas. En los países industrializados les dan subsidios por US$50.000 millones para la leche, de US$100.000 a US$200.000 millones para transporte; el agua tiene un subsidio de 50% de su costo, en California los arroceros pagan una tasa de agua que equivale al 10% del costo de ese insumo. Y hay otra gran cantidad de subsidios indirectos adicionales para el agro. La FAO reporta que entre 1990 y 1998, las importaciones de alimentos de los países en desarrollo crecieron 46%: pasaron de US$62.000 millones a US$98.000 millones. Esa es la famosa apertura económica, y el por qué de su imposición, para desarrollar ellos sus economías, y por ello imponen toda clase de acuerdos internacionales, como el famoso tratado del ALCA.

El ALCA debe comenzar a regir dentro de tres años, y será muy grave para los países latinoamericanos en vía de desarrollo como el nuestro, porque allí estarán Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil. Los subsidios de la leche y la carne en Canadá son del 200%, y el arroz en Estados Unidos tiene subsidios de US$165 en tonelada para el arroz paddy; les pagan para que siembren y les pagan para que exporten (subsidios fijos y variables); es el arroz que nos está entrando de contrabando por Urabá y también triangulado por el Ecuador. Eso será el ALCA, tratado de libre comercio en 34 países de América (800 millones de habitantes), una aldea continental de esclavos manejados por multinacionales, haciéndonos creer que vamos a inundar el mundo con productos de exportación “Made in Colombia”, de bienes intermedios que generan muy poco valor agregado y un empleo mediocre, entregando nuestro precario mercado interno con el embeleco del “modelo exportador”, sin reactivación de la demanda interna, lo cual únicamente favorecerá a los pocos productos no tradicionales de exportación, pero sobre todo a los grandes industriales, y a cambio de ello perderemos nuestra seguridad alimentaria e industrial, y el trabajo de miles de campesinos, jornaleros y pequeños industriales.

Voy a leerles ligeramente un reporte sobre otro de los acuerdos firmados con Estados, Canadá y México, el tratado del libre comercio del Nafta. Una experiencia que debemos analizar porque se dice que con ese tratado México creció 7% el año pasado y que ya este país es una de las economías más prosperas de América. Pero ¿qué creció? Crecieron el sector financiero, las multinacionales y el desempleo en el campo. El informe se titula: “Malestar agrario irrita a México y desafía al nuevo Presidente”. Es un artículo que se publicó en la página de internet de The New York Times, el 22 de julio de 2001. Entre sus apartes dice: “cinco mil cultivadores de caña de azúcar convergieron en la capital de México y bloquearon el acceso a las oficinas gubernamentales, demandando 420 millones de dólares de los 60 ingenios azucareros de la nación. Las protestas se tornaron furiosas cuando funcionarios del gobierno anunciaron que investigarían cargos de corrupción contra uno de los más poderosos fabricantes de azúcar del país”. “Todo el campo mexicano está convertido en un desastre”, dijo Carmelo Balderas (líder agrario), mientras desyerbaba su joven plantación de caña azucarera en los dos acres de tierra que posee cerca del ingenio de San Miguelito en Amatlán, en el estado de Veracruz. “No queda casi ningún lugar en el país donde el pequeño agricultor pueda vivir dignamente”. “Y el problema de México, añadió, es que cuando los campesinos dejan de comer, todos dejan de comer”. Balderas cuenta que en los años recientes dos de sus cuatro hijos han emigrado a los Estados Unidos. Al preguntársele la razón, apunta en dirección al ingenio de San Miguelito, que se inclina en una ladera desde donde se divisa el poblado. Los propietarios del ingenio aún le adeudan tres mil dólares por la caña que éste les suministró en la pasada zafra. Sus hijos, como muchos otros jóvenes del poblado, se cansaron de confiar en los cada vez menores e inseguros ingresos provenientes de esta actividad. Una sardónica sonrisa se aparece por el bronceado rostro de Balderas al comparar el desmoronamiento del ingenio con una pirámide azteca: pronto, dijo, “las ruinas del ingenio serán la única evidencia de que alguna vez nosotros existimos”. Es el mismo recuerdo que les quedó a los cultivadores de trigo, con las combinadas y con los molinos de trigo en la sábana cundiboyacense; igual que con la cebada, la historia se repite con el algodón y el maíz, “porque el que no tiene memoria para recordar el pasado, estará siempre condenado a padecerlo”.

“Una de las más intensas protestas tuvo lugar al comienzo de este mes en el estado de Sinaloa. Cultivadores de maíz bloquearon el acceso a los depósitos de gas para exigirle al gobierno imponer mayores tarifas arancelarias al maíz importado de los Estados Unidos. En total, en México hay 3.5 millones de cultivadores de maíz, todos igualmente abrumados por la caída de 45% en los precios del cereal durante los últimos tres años. Los agricultores de Sinaloa aducen que las importaciones de maíz de los Estados Unidos les han impedido vender dos millones 400 mil toneladas. Dichas importaciones se han incrementado en 14% o más al año desde que arrancó en 1994 el Tratado de Libre Comercio, TLC, el famoso acuerdo del Nafta; entonces ¿qué nos espera con el ALCA? Que no solamente nos rija la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional, sino también, el Acuerdo del Libre Comercio de las Américas.

Con el ALCA no será raro que nos entre café brasilero robusta, que se cultiva en tierras planas y mecanizadas, y que en el mundo se mercadea entre 30 y 40 centavos de dólar la libra; mientras el nuestro, en su mayoría se cultiva con escopeta en las empinadas faldas de las tres cordilleras, lo cual incrementa todos los costos de producción reduciendo nuestra competitividad. También pueden traer cafés centroamericanos para terminar de envilecer el precio de nuestros cultivadores. Igualmente nos pueden llegar arroz, papa, azúcar, maíz, soya y algodón americanos, cereales argentinos y brasileros, panela ecuatoriana, leche canadiense, ajos chinos o peruanos, cebolla, tomates y toda clase de hortalizas. La triangulación de productos de terceros países estará al orden del día. Ya los agricultores mexicanos están padeciendo el Nafta. De allí que uno de los propósitos de Salvación Agropecuaria sea iniciar una lucha decidida y firme contra el ALCA. Si no logramos defender la producción nacional y desarrollar la agricultura colombiana de la mano del Estado, menos vamos a poder competir con el ALCA. Si están desapareciendo todos los apoyos al agro y si ni siquiera podemos competir con el acuerdo del Pacto Andino firmado en contra del agro colombiano con el Ecuador y con los países vecinos, menos vamos a poder resolver los problemas que nos presente el ALCA. Los unos nos arruinan con tecnología y subsidios y los otros nos arruinan con los bajos salarios de seis mil y dos mil pesos como sucede con el Ecuador y Vietnam, respectivamente. Tenemos un dicho: “Si los campesinos colombianos andan en alpargatas, en adelante tendrán que andar descalzos para poder ser competitivos”.

Son tratados de libre comercio que no consultan las proyecciones macroeconómicas de los países, ni la tasa de cambio. Y no les consultan a ustedes. El gobierno nos manipula en tal forma que nos llena de arroz ecuatoriano que deprime el precio nacional a cambio de las exportaciones de azúcar de los grandes industriales del Valle del Cauca. Y únicamente argumentan que la globalización traerá desarrollo y progreso para estos países subdesarrollados; por ello, el Plan Colombia nos exige que reemplacemos los cultivos transitorios (maíz, papa, arroz, sorgo, algodón y otros) por cultivos tropicales (marañón, palma africana, caucho, borojó, pitaya, carambolo) lo cual acabaría la poca seguridad alimentaria que nos queda.

Supuestamente el gobierno consulta a la SAC y a las Federaciones, pero no las tienen en cuenta a la hora de firmar los mal llamados acuerdos internacionales, que han traído la ruina a la agricultura colombiana, y los halagan con “buenos puestos” en el país y en el exterior. Y mientras tanto, la SAC vive de las Federaciones, y las Federaciones viven de los agricultores. “No es lo mismo vivir de la agricultura, que vivir de los agricultores”. Como si fuera poco, parece que los que van a “negociar” el ALCA son los mismos que negociaron en 1990 la apertura económica. Ahí si que quedamos llevados señores agricultores y senadores. Pedimos que el Congreso de la República intervenga y participe con diligencia en esta negociación, pues sabemos que este tratado es una orden del gran Imperio y las palabras de Salvación Agropecuaria encontrarán oídos sordos en el gobierno y sus amigos extranjeros.

No podemos entregar al libre mercado la papa, el arroz, el café, la leche y lo poco que queda del agro colombiano y de la seguridad alimentaria de nuestro país. ¡A nosotros que no nos inviten a esa fiesta! Parece que ya el Ministerio de Comercio Exterior adjudicó $2.500 millones de pesos para los “sabios” que van a llevar a cabo esta negociación en silencio y a espaldas de los campesinos colombianos. Porque ya están negociando, y éste es el nuevo problema que se aproxima. Por eso debemos estar listos y parados de frente en la resistencia civil, porque no se puede negociar la soberanía nacional y no podemos dejar que se vaya a introducir este cáncer en Colombia y nos suceda lo mismo que a los agricultores mexicanos con el Nafta.

Pero no solamente tenemos problemas con subsidios, también los tenemos y supremamente graves en ciencia y tecnología. El año pasado tuve la oportunidad de visitar en Arkansas, Estados Unidos, un laboratorio de ingeniería genética, donde están sacando el genoma del arroz. Iba con mi hijo y nos encontramos con un aviso en el laboratorio: “Dale Bompers”. Le pregunté irónicamente si era la marca de un carro, y me contestó: “Es el nombre del senador por Arkansas; Bill Clinton le obsequió a este señor once millones de dólares para montar un laboratorio con 17 ingenieros genéticos que están trabajando en citología, biología, fisiología y anatomía molecular y desciframiento del genoma del arroz; además, van a sacar arroces de olores, arroces de sabores y resistentes a enfermedades”. El gobierno norteamericano, además, les da un millón de dólares al año para el sostenimiento de ese laboratorio.

En Estados Unidos, 40% del área agrícola está cultivada en transgénicos. Ustedes pensarán que los gringos están llenos de problemas con el arroz, con plagas y enfermedades. No, allá no tienen esas dificultades, porque el arroz lo rotan con soya, luego con maíz y con trigo, y solo en la cuarta cosecha vuelven a sembrar arroz, que si quieren, pueden sacarlo para semilla, sin plagas y sin enfermedades, porque además de eso, el invierno, con el cambio de estaciones, rompe el ciclo biológico de esos males. Pero tienen alta investigación, ciencia y tecnología, porque invierten en ella hasta dos puntos del Producto Interno Bruto; como contraste con lo anterior, nuestro Premio Nobel, Manuel Elkin Patarrollo y su laboratorio agonizan por falta de presupuesto para la investigación, y sus gastos de funcionamiento los van a tener que costear empresas españolas.

Lo trágico de lo anteriormente mencionado, es que en Colombia, en general, todavía no se sabe qué es ingeniería genética en el agro. Aquí, una buena parte de los recursos se gastan en corruptela disfrazada de auxilios para las comunidades, y los dilapida y regala el gobierno nacional, en buena medida para que algunos congresistas corruptos le aprueben todos sus proyectos de Ley, que golpean a los sectores populares y le entregan cada vez más la nación y sus riquezas al imperio del Norte. El dinero corre, pero no le llega a los campesinos más pobres de Colombia. Es muy doloroso ver nuestros campos en la miseria en que se encuentran; porque además de la ingeniería genética en el arroz, ya están sacando la soya Bt, Monsanto montó la investigación y le introdujeron el gen del herbicida para obtener la llamada soya glifosato, a la que sólo se le aplica roundup y luego la recolectan; y tienen el algodón Bt, en el cual el gusano o plaga se muere si come la hoja. También están trabajando la papa transgénica, “y nosotros que somos tan buenas papas, como dice Tarcicio Cuervo (nuestro líder papero en Boyacá)”.

Purtzay, un científico que realizó una investigación en Suecia, hizo un experimento con ratones; utilizando papas que habían hecho mutación genética contra el gusano blanco, y a unos ratones les dieron a comer papa con mutación genética y a otros el tubérculo normal; a los primeros se les destruyó el sistema inmunológico y murieron; el científico hizo la denuncia y lo echaron del laboratorio. Pero esa papa ya existe y viene en el mercado y llegará acá, indudablemente, como llegó la soya glifosato al Bienestar Familiar. Según la investigación que hizo Aurelio Suárez, hay multinacionales asociadas con los “patriotas” colombianos que compran esos productos y viven de la sangre de los agricultores, y les dan a los niños soya transgénica, sin saber qué efectos tiene sobre la salud humana.

No nos oponemos a la ciencia indudablemente, lo malo es no tenerla; pero sí nos oponemos a que se reciban y distribuyan alimentos transgénicos, sin que exista siquiera un laboratorio de investigación del ICA o Corpoica para analizar científicamente qué efectos pueden tener estos productos sobre nuestra población. En Estados Unidos llevan quince años investigando la ingeniería genética y nosotros no hacemos sino consumir el maíz Bt, como fue denunciado por Green Peace en Santa Marta, en un barco que estaban descargando de nacionalidad americana a principios del año pasado con el visto bueno de todos los Ministerios, sin saber los posibles efectos sobre la salud. Ese es otro problema que tendremos con el ALCA; nos van a llegar todos los productos transgénicos; y sobre esto sí que sería bueno que se legislara y se investigara. ¿Por qué los niños colombianos tienen que comer soya transgénica? ¿Qué efectos van a producir sobre la salud de los niños y del pueblo colombiano la soya y el maíz transgénicos? Si no hay una protección por parte del gobierno para nuestros cultivos convencionales, esta nueva tecnología que llega en las importaciones de alimentos arrasará con lo que queda de nuestra agricultura.

Sin solucionar ninguno de los problemas básicos que tenemos y con los productores nacionales sometidos a la más despiadada apertura económica, el gran programa gubernamental para el agro es el de las cadenas productivas del Ministerio de Agricultura. En el departamento del Tolima nos ha tocado padecer la famosa cadena del arroz. Una cadena es una serie de eslabones que se unen para hacer algo supremamente fuerte; creíamos que no era para asfixiar a los agricultores. La cadena funcionó bien en todas las reuniones, pero en ninguna de ellas se solucionó el problema del mercadeo ni el de los insumos, y siempre los funcionarios del gobierno estimulaban de palabra a que la gente participara en las cadenas del algodón, del maíz, y decían que la solución para todos los cultivos consistía en la conformación de las cadenas y todo parecía perfecto; pero cuando llegaba la época de recolección de cosechas, les decían a los productores: ¡Amigos, aquí está Diagonal para negociar el algodón con ustedes; aquí están Purina y Finca para comprarles el maíz y la soya! Y los representantes de estas compañías sacaban las cotizaciones del mercado internacional, seleccionaban las más baratas y decían: ¡Él precio del producto es éste! Los funcionarios del Ministerio de Agricultura entraban a actuar: ¡Pero negocien! ¡Negocien amigos agricultores, que ellos son los que le compran a ustedes las cosechas!.

En las cadenas, el Ministerio de Agricultura se convierte es en promotor de las grandes compañías, desamparando al productor nacional, el cual tiene que protestar para ser escuchado. En la cadena del arroz, ante la desaparición del Idema, el mercadeo nacional quedó en manos de la empresa privada, la cual ejerce su posición dominante de acuerdo con sus intereses, que van amarrados a la oferta y demanda del mercado, y cuando se va a romper la cadena, ante los reclamos de los agricultores Minagricultura responde haciendo las veces de bombero para apagar el incendio; debido a ello, el arroz en Colombia es una especie en vía de extinción, el cual escasamente se sostiene con precios ruinosos para los cultivadores.

Retomando el tema de la cadena del algodón, ésta deja de funcionar también por factores climáticos; podemos mencionar el caso del departamento del Tolima, donde dejó de llover cuando el algodón tenía 60 días, lo que originó la pérdida de la cosecha, e igual sucedió con la cadena del maíz; pero en los cultivos donde hubo riego y se logró llegar a la recolección, cuando el algodón tenía 90 días y empezó a abrir sus cápsulas, falló el crédito del Banco Agrario. Hoy es más fácil para el pequeño campesino ganarse la lotería que conseguir un crédito en el Banco Agrario. Cuando los campesinos van al Ministerio de Agricultura a solicitar apoyo, les dicen: “Vayan al Banco Agrario, y les preguntan: ¿qué pasa con las asociaciones productivas, asóciense que con ellas este gobierno está haciendo crecer el agro al 5%?”. Los agricultores se cansaron de hacer cola en el Banco Agrario y no les prestaron un solo peso. Una de las características del gobierno de Andrés Pastrana es “que el pequeño campesino dejó de ser sujeto de crédito en Colombia”.

En la mitad del paro del 31 de julio tuvimos que mediar entre las cooperativas que compran el algodón a los cultivadores de El Espinal y el Ministerio de Agricultura, porque Diagonal no quería fijarle un precio a las 500 toneladas de fibra que dichas cooperativas tenían almacenadas, pues el precio había bajado en el mercado internacional. El oficio sacado en la reunión se lo envié al ministro de Agricultura, comentándole que todos los algodoneros del Espinal iban a entrar en paro si no atendían su petición. Inmediatamente los llamaron y les dieron una fórmula de solución. Eso es este gobierno, sólo las presiones lo conmueven. Ahí están los agricultores de la Costa Atlántica con algodones de 60 días y sin un solo peso; el doctor Andrés Pastrana, pomposamente, cuando estaban preparando las tierras, fue a estimularlos para que sembraran cincuenta mil hectareas de algodón, porque éste y el café son los cultivos que más empleo generan en Colombia; pero en la actualidad la cosecha de algodón está en riesgo de perderse porque el Banco Agrario no les ha prestado un solo peso para atender sus gastos de cultivo. ¿Cuál es la razón? Que el algodón bajó de 60 a 30 centavos de dólar la libra y todos los comerciantes, amparados por el gobierno, se están escondiendo para no comprar la cosecha ¿Es este el plan de apoyo para el agro colombiano?

Para el gobierno, la producción agraria sigue creciendo al 5% anual, pero nunca hemos entendido esas cifras: la producción de café pasó de 16 millones a 10.5 millones de sacos; el arroz cayó 4%, lo mismo que el banano, y estos son los cultivos más grandes; el desempleo aumentó en el campo más de 30%; el transporte de carga bajó 28%; las ventas de los insumos cayeron 25% según Andreas Lorenz, presidente de Aventis (Portafolio, pág.5, octubre 5 de 2001). La propaganda oficial dice que el agro colombiano sigue creciendo porque “las hortalizas crecieron al 55%”. Nosotros lo hemos dicho, y lo repetimos: se pueden contar los carros, las casas y el consumo de energía, pero ¿quién cuenta las hortalizas? Sin embargo, el Ministerio de Agricultura las hizo crecer al 55%. Qué facilidad la del gobierno para manipular las cifras y poner a crecer lo que no crece y se está marchitando. Con el Ministerio de Agricultura los problemas se han vuelto recurrentes, porque es lamentable que se esté repitiendo el problema de las cadenas en la Costa Atlántica con el cultivo del algodón, es lamentable que estén en problemas los cultivadores de papa, de café, de arroz, de soya y de maíz. ¿Será que no les bastó el paro del 31 de julio? ¿Será que quieren otro paro?

Pero, además, todos los problemas de la economía los quieren también solucionar a costa de los trabajadores colombianos. Nosotros apoyamos la lucha de los sindicatos, de las Centrales Obreras en Colombia, porque no estamos de acuerdo con que se les sigan reduciendo sus conquistas laborales y sus derechos adquiridos. Pueden regalar el jornal y la economía no se reactivará, porque es una economía en la que no hay demanda, porque no se estimula la producción nacional, por ello, van siete reformas tributarias en la última década, y dos en lo que va corrido de la administración Pastrana, cada una con peor resultado que la anterior, reduciendo la capacidad de compra, y bajando la demanda de bienes y servicios del pueblo colombiano. Una economía en la que no han podido reactivar la demanda interna ni el empleo, y los recursos grandes de la nación únicamente se destinan al servicio de la deuda pública, brillando por su ausencia los gastos de inversión, lo mismo que a reactivar el sector financiero que es el sector parásito de la economía, el cual recicla estos recursos prestándolos a las altas tasas de interés que arruinan el agro, la pequeña, mediana e incluso la gran industria, con tasas de intermediación mayores a 15%, las más altas del mundo, y el desempleo ya bordea el 20%.

Mientras en Colombia los bancos prestan a 2.5% mensual, en Estados Unidos lo hacen a 3% anual ¡Qué diferencia! La nuestra es una economía en la que se acaba con el campo, con la salud y con la educación; una economía que no va a crecer; es un país que agoniza y que va a quedar con una deuda pública (interna+externa) de 40 mil millones de dólares al terminar este gobierno, lo que en buen romance significa, ni más ni menos, que a partir del próximo año cada niño colombiano que nazca heredará una deuda de mil dólares.

Los últimos gobiernos han encaminado todos los esfuerzos de la economía a reducir el déficit fiscal y a bajar la inflación, entutelados por el Fondo Monetario Internacional, castigando en materia grave la producción nacional y a los trabajadores, sin lograr reactivar la demanda interna ni el empleo; por el contrario, estamos siguiendo los pasos de Argentina, y en ese rumbo, tarde que temprano llegaremos también a solicitar la moratoria de la impagable deuda pública. De todo lo anterior se concluye que nos encontramos en un país en que todas las cifras macroeconómicas son negativas, en donde se quiere sostener la inflación sobre la espalda de los campesinos y los obreros colombianos. Si el gobierno no rectifica el modelo económico neoliberal, cada vez le resultará más difícil recuperar la paz, el progreso y el empleo.

Todas las economías prósperas de los países industrializados han tenido auge gracias al desarrollo del campo; ello ha propiciado la expansión de los sectores metalmecánico, petroquímico y agroquímico, el empleo y toda la producción industrial, además el comercio y el sector financiero mismo. Únicamente en Colombia marchitan el agro y la industria, y pretenden reactivar la economía con subempleo y jornales a destajo para los trabajadores. Por eso los invitamos a seguir luchando, a que cada agremiación en su terruño siga protestando contra las malas políticas del gobierno.

Salvación Agropecuaria apoya todas las expresiones de protesta de los productores, indígenas, trabajadores y campesinos en las carreteras de Colombia y los invitamos a que se haga una gran resistencia civil, para defender lo que queda del sudor de nuestros campesinos y trabajadores. No podemos desfallecer y seguir esperando que las soluciones nos caigan como maná del cielo.

Esperamos que después de leer juiciosamente esta cartilla, el buen lector pueda analizar y cuantificar el tamaño y calibre de la gran lucha social que se avecina y que debemos emprender con decisión, para que todos unidos podamos derrotar estas políticas que destruyen la viabilidad económica y social de nuestra nación, en beneficio de intereses foráneos y en contra del pueblo colombiano y de la soberanía y el progreso de nuestra patria.

Muchas gracias,