LA SOBERANÍA NACIONAL A FINALES DE SIGLO

Enrique Daza

Con este tema se llevaron a efecto, entre el 23 y el 26 de agosto, sendos foros en Bogotá, Cartagena y Medellín.

Para la organización de tales eventos, y bajo la coordinación del Centro de Estudios del Trabajo, Cedetrabajo, participaron además la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia; la Universidad de Antioquia; la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana; la Universidad Cooperativa de Colombia; la Academia de Ciencias Económicas; la Federación de Ingenieros Agrónomos de Colombia y la Universidad del Atlántico.

Los foros fueron instalados, en Bogotá, por el padre Javier Sanín, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Javeriana, y por Enrique Daza, director de Cedetrabajo y de la revista Deslinde; en Medellín, por el rector de !&Universidad de Antioquia, Jaime Restrepo, y en Cartagena, por el vicerrector de la Universidad del Atlántico, Enrique Mesa, y por Fernando Guerra, coordinador de Cedetrabajo en Cartagena

El ponente Manfred Bienefeld, PhD de la Universidad de Carleton en Ottawa, Canadá, se refirió al deterioro de la soberanía nacional a raíz de los programas de ajuste estructural impuestos por las entidades multilaterales de crédito.

James M. Cypher, PhD y decano de la Facultad de Economía de la Universidad de California en Fresno, Estados Unidos, habló sobre los estragos del neoliberalismo en los países del Tercer Mundo.

Raúl Fernández, PhD de la Universidad de California, detalló la nueva política militar norteamericana que busca desarticular los ejércitos de América Latina.

Nicanor León Copayo, periodista y catedrático de la Universidad de la Habana, se refirió a los atropellos cometidos por Estados Unidos en aplicación de la Ley Helms Burton.

Y José Fernando Ocampo, PhD, profesor universitario e investigador de Cedetrabajo, hizo un recuento histórico de la injerencia norteamericana en los asuntos internos de Colombia.

Las siguientes son las palabras de Enrique Daza, director de Cedetrabajo, al instalare! foro en Bogotá el 23 de agosto:

«Ante la ininterrumpida intervención norteamericana en los asuntos internos de Colombia, surgió la idea de realizar el presente foro.

«Mirando un poco hacia atrás, cabe recordar que el nacionalismo en su versión moderna fue la llama que durante el siglo pasado avivó la creación de los Estados europeos y que en Norteamérica sentó las bases de lo que hoy es Estados Unidos. La llamada «primavera de las naciones» liquidó en el terreno político al oscuro medioevo y sustituyó, las más de las veces, la autocracia por las repúblicas parlamentarias.

«En el siglo XX, el nacionalismo de los países desarrollados los llevó al devastador enfrentamiento de la Primera Guerra Mundial. Y la defensa de sus intereses nacionales, más allá de sus fronteras, los convirtió en imperios y sumió a los países atrasados en la opresión colonial y el neocolonialismo.

«De esta forma, los estandartes, idiomas y modos de vida ingleses, franceses y norteamericanos, entre otros, se diseminaron por doquier, en lo que constituyó la reafirmación de las potencias y el menoscabo de los territorios hoy llamados del Tercer Mundo.

«Sin embargo, en medio de miles de peripecias y de grandes transformaciones sociales se constituyeron la inmensa mayoría de las naciones de Asia y África. De esto hace apenas unos cincuenta años.

«Estados Unidos, ayer y hoy, ha sido un vigoroso defensor de sus propósitos nacionales. En nombre de los intereses norteamericanos en peligro, en busca de la protección de sus ciudadanos amenazados, o simplemente en procura de acrecentar su fuerza nacional, ha intervenido política, económica y militarmente a lo largo y ancho del planeta. Varias leyes de protección para sus negocios han sido impuestas acerbamente, aun en territorios distantes. Hoy legisla no sólo para sus ciudadanos sino para que todos acaten sus disposiciones en cualquier lugar del mundo.

«Cuando se habla de la decadencia del nacionalismo, de la desaparición de la soberanía dentro de un mundo globalizado, nadie habla de la desaparición del nacionalismo norteamericano, hoy más agresivo que nunca.

«Se insiste en la decadencia del nacionalismo de los pobres, y se olvida el afán nacionalista en Francia, que estalla bombas atómicas en las barbas del Tío Sam. Se aplasta al nacionalismo serbio y se ataca como pasado de moda el de los países africanos, mientras se elogia el esfuerzo japonés para que su nación tenga una importancia política acorde con su fuerza económica.

«En el mundo actual, tan globalizado como fragmentado, el campeón de la lucha contra la soberanía de los países pobres es Estados Unidos. Quiere un mercado homogéneo, sistemas políticos y económicos atados al suyo, la facultad de hacer y deshacer. Pero como la humanidad de hecho está agrupada, desde Washington se procura que las formas de asociación sean pequeñas, «descentralizadas», «autónomas» y manejables. Su nación se reserva el derecho a la fortaleza y a la iniciativa a escala mundial.

«El nacionalismo norteamericano, o si se quiere, en el término que ha recobrado vigencia, el imperialismo norteamericano, pretende imponer una forma de vida y de economía que no ha proporcionado felicidad ni dignidad siquiera a sus propios habitantes. Para esto vale todo: intervención militar, guerra contra las drogas, campañas contra la corrupción, defensa del ambiente, generalización de programas de ajuste y mil cosas más. Lo único que no le sirve a la superpotencia es que los países pobres aúnen esfuerzos, desarrollen sus economías, caminen en sus propios pies, escojan libremente su destino, no se sometan a una división desigual del trabajo y hagan valer los precios de sus productos. Si todas las naciones adoptaran una política de igualdad y fraternidad como la que debe regir las relaciones entre las personas, ésta sería la verdadera vía hacia la paz y el desarrollo. La imposición, la arrogancia, el chantaje y la sumisión, sólo pueden ser motivo de nuevas y mayores contradicciones.

El contexto de esta problemática y su incidencia en Colombia, es el propósito de este Foro. Cedetrabajo quiere, al instalarlo, agradecer a todas las personas que lo hicieron posible, especialmente al padre Javier Sanín, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, y a los doctores Germán Umaña, decano de Economía de la Universidad Nacional, Jaime Restrepo, rector de la Universidad de Antioquia, Raúl Alameda, secretario de la Academia de Ciencias Económicas, Tobías Correa, presidente de la FIAC, y a Raúl Fernández, de la Universidad de California, quien desde Estados Unidos coordinó la visita de los distinguidos profesores visitantes. Y a muchos otros que sería largo enumerar.

NUEVA AGRESIÓN YANQUI A IRAK

Los días 2 y 3 de septiembre el gobierno de Clinton, aduciendo mentirosamente una resolución de la ONU y sin tomar consentimiento a sus aliados, bombardeó alevemente el sur de Irak para destruir su defensa antiaérea. El ataque causó decenas de víctimas. La nueva expedición realza las profundas contradicciones en que se debate el Tío Sam y ha recibido el repudio de la comunidad internacional. Francia, China y Rusia rechazaron enfáticamente la acción estadinense. El conjunto de los países árabes se opuso. Sólo la aprobaron Inglaterra, su adlátere europeo; y Japón y Canadá.

La agresión pretende justificarse por una supuesta violación de Bagdad a la resolución 688 de 1991 del Consejo de Seguridad, mediante la cual se conminaba a Irak a «cesar la represión contra los civiles kurdos y chiítas». Al amparo de dicha resolución los aliados limitaron la soberanía iraquí sobre prácticamente dos tercios de su territorio, al crear las «zonas de exclusión militar» al norte y sur del país. Con base en esto Estados Unidos creó en las tres provincias norteñas, habitadas por kurdos, una parodia de Estado.

Pero a Washington le fue imposible mantener bajo su alero a los secesionistas Partido Democrático del Kurdistán y Unión Patriótica del Kurdistán. El primero llegó a tácitos acuerdos con el gobierno central y empezó a controlar la región, mientras el segundo entró en entendederas con Irán, el otro archienemigo de los gringos.

Y en el frente aliado, la unanimidad alcanzada para arrasar al país petrolero a comienzos de 1991 se fue minando por la misma razón por la que se forjó: el negocio. Los 112 mil millones de barriles de reservas probadas de crudo y los 214 mil millones probables, fueron razón más que suficiente. A las gigantes francesas del petróleo Total y Elf Aquitaine y a compañías rusas se les ofreció la posibilidad de explotar grandes yacimientos tras el levantamiento eventual de las sanciones. París y Moscú se dieron a presionar el levantamiento del embargo que ellas mismas contribuyeran a establecer.

Al prohibirse a Irak la venta de su petróleo, se lo dejaba sin los fondos necesarios para comprar alimentos y medicinas. El hambre se esparció. Aun así, las potencias idearon condiciones ominosas para levantar el bloqueo. Tal es el caso de la resolución 986 de la ONU, que con el anzuelo de permitirle vender el equivalente a US $ 2.000 millones en petróleo cada seis meses, para comprar comida y drogas, impelía a la nación árabe a aceptar su desintegración territorial, ya que la obligaba a destinar parte sustancial de esos ingresos a las provincias kurdas segregadas.

Finalmente la resolución se modificó declarando que las medidas de control solo eran temporales y que la ONU se comprometía con la integridad territorial del país. A pesar de Washington, se pactó que en este septiembre empezaría a fluir de nuevo crudo iraquí al mercado mundial.

Las quemantes arenas del Medio Oriente estaban dejando de ser propicias antes de lo pensado para la gran potencia, de ahí que optara una vez más por su método bastardo de la agresión militar. Promovió la secesión kurda, dentro de su lógica de romper la unidad de las naciones, pero sus protegidos terminaron acogidos al regazo de Bagdad. Instauraron normas draconianas contra la nación vejada, como lo hacen a lo largo y ancho del mundo, pero esas mismas normas acabaron por convertirse en oportunidades preciosas para sus competidores, un fenómeno que también se generaliza.

En fin, desde una perspectiva histórica y frente a los poderes que empiezan a unirse contra el imperialismo yanqui, la «tormenta del desierto» hoy evoca apenas una granizada. Y eso que los pueblos del mundo aún están por pronunciarse.

POR TRABAJO Y PAN, MILLONES DE ARGENTINOS AL PARO

El 8 de agosto, Argentina amaneció semiparalizada a causa de una huelga de 24 horas convocada por la Confederación General de Trabajadores, CGT, contra la política económica aperturista del gobierno de Carlos Saúl Menem, quien asumió el poder en 1989. Se sumaron al llamado el Congreso de Trabajadores Argentinos, el Movimiento de Trabajadores Argentinos, la Iglesia, pensionados, comerciantes, pequeños y medianos industriales, agricultores y un pueblo empobrecido que reclama sus más elementales derechos: trabajo y pan.

De tiempo atrás los argentinos han librado importantes luchas, pero es la primera vez que el movimiento obrero unificado se pone a la cabeza de una protesta de tanta envergadura nacional.

Desastroso balance
Como Chile y Brasil, Argentina bajo la dictadura militar empezó a aplicar las políticas neoliberales. En 1976 abrió sus mercados a la competencia extranjera; decretó libertad de precios y de intereses bancarios, que se ubicaron más de diez puntos por encima de los internacionales, una tasa imposible de aguantar por los sectores productivos; eliminó subsidios, facilitó aún más la repatriación de capitales a las metrópolis y arrebató importantes conquistas laborales.

Las consecuencias no se hicieron esperar. En 1981 la economía decreció en 6.1%, se quebraron 1.886 empresas de capital nacional, la producción agrícola y ganadera se redujo a sus más bajos niveles, la balanza comercial registró un saldo en rojo de 3.500 millones de dólares, la tasa de desempleo se disparó.

En 1983, después de siete años de dictadura militar, fue elegido Raúl Alfonsín. La situación económica era caótica, la inflación comenzó a desbordarse y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial impusieron nuevos gravámenes que desestimularon la industria y el agro, congelaron los salarios, elevaron las tasas de interés y reemplazaron el peso por el austral. La inversión se redujo, los precios no dejaron de subir y el país entró en recesión.

En 1989, con una inflación de 5.000%, subió al poder un extravagante personaje: Carlos Saúl Menem. Al igual que sus homólogos Gaviria y Fujimori, adecuó las leyes a los dictados imperiales. So pretexto de llevar la inflación a cero, dolarizó la economía, con la consecuente congelación de los salarios, el incremento desproporcionado de las importaciones, la supresión de los subsidios y de toda medida estatal destinada a estimular la producción. En la actualidad, Menem y su recién nombrado ministro de Economía, Roque Fernández, pretenden reemplazar los acuerdos colectivos por el pago a destajo, eliminar la jornada de ocho horas, abolir las pensiones de privilegio, en fin, lo que cínicamente han llamado «flexibilización» y «modernización» laborales. Ya se privatizaron las empresas que quedaban en manos del gobierno; sólo faltan las hidroeléctricas y las plantas nucleares.

Las reformas en el país austral hacen parte de la estrategia de las trasnacionales encaminada a integrar a toda América Latina en un solo mercado. Ya crearon a Mercosur, con 200 millones de consumidores. Y proyectan el Safta, esto es, Área de Libre Comercio de Surámerica. Son pasos del plan norteamericano de recolonización, que abarca desde México hasta la Patagonia. La revista Time del 26 de agosto de este año lo describió gráficamente: «Para qué enviar manufacturas y productos a Nueva York y a los Países Bajos, cuando hay listo un mercado a sólo unos cientos de kilómetros».

Primer estallido
La protesta del pasado 8 de agosto se hizo sentir a lo largo y ancho del país. Hubo marchas y concentraciones en todas partes. En dos de las más importantes capitales de provincia, Córdoba y Mendoza, el paro fue un éxito. En la primera, que ya había sido testigo de violentos disturbios cuando sus pobladores se levantaron para rechazar las «políticas de ajuste» adelantadas por Menem y su anterior ministro de Economía, Domingo Cavallo, el cese de actividades fue total. En Mendoza los sindicatos, los gremios, los comerciantes, los industriales más afectados por las últimas medidas, paralizaron la ciudad.

Buenos Aires, cuya población sobrepasa los once millones de habitantes, vivió una histórica jornada. Cuando los manifestantes trataban de organizar las ollas populares en cuatro de las principales plazas de la-capital, la policía federal arremetió contra ellos. Atropelló incluso a mujeres, ancianos y niños, y detuvo a varios de sus dirigentes, pero no logró acallar la protesta.

El miércoles 7, casi un millón de personas se congregaron en la capital para rezarle a San Cayetano, patrono del trabajo, y pedirle lo que el gobierno les niega: empleo. La Iglesia, que respalda las manifestaciones, afirmó a través del obispo Antonio Quarracino, que la desocupación trae hambre, amargura y desórdenes, y que atenta contra la dignidad del ser humano.

El paro fue la respuesta a las últimas disposiciones tomadas por Cavallo, a quien Menem había destituido días antes tratando de apaciguar el creciente descontento. Este nuevo paquete de medidas incluyó mayores impuestos, redujo las asignaciones familiares, al ser gravados los tickets que forman parte del salario y permiten la compra de alimentos y otros productos de primera necesidad; eliminó los subsidios para los pensionados en las tarifas de servicios, transporte y arrendamientos, y disminuyó en 20% el presupuesto de salud para los mismos.

Roque Fernández, ex presidente del Banco Central, quien reemplazó a Cavallo en el Ministerio de Economía, se reunió unos días antes del paro con los asesores del FMI, para garantizarles la continuidad del modelo neoliberal y aperturista.

Durante las negociaciones, el FMI exigió reducir la evasión fiscal e incrementar el impuesto a los combustibles, ampliar el gravamen del IVA, elevar el transporte, envilecer aún más el precio de la mano de obra, gravar los salarios y disminuir el costo pensional aumentando la edad de jubilación de las mujeres a 65 años para igualarla con la de los hombres.

A las provincias que, por disposiciones vigentes, debieron asumir el mayor peso de los costos de infraestructura, educación, salud y servicios públicos con el señuelo de otorgarles mayores transferencias del presupuesto nacional, ahora se les pretende negar lo que les correspondería de los ingresos provenientes de la mencionada reforma. Esto ahonda las contradicciones entre las provincias y el gobierno central, fomentando tendencias separatistas.

Tales políticas acentuarán la recesión, provocando el despido masivo, en un país en el cual el desempleo bordea la escandalosa cifra del 20%, y pauperizarán en mayor medida a las masas laboriosas.

Al reciente paro le seguirán muchos más. La CGT anunció una nueva batalla, para la cual sólo falta concretar la fecha, porque la capacidad de maniobra de Menem y la paciencia del pueblo se agotan. En Argentina, que en la década de los veinte, junto con Ucrania, fue el mayor abastecedor de cereales del mundo y actualmente es el cuarto productor de carne, se ven escenas dantescas como la de humildes familias comiendo gatos para no morir de hambre, y a desempleados y jubilados en la concentración de Buenos Aires, disputándose con los perros la comida, cuando la policía cargó contra la multitud y arrojó al suelo las ollas populares. Tal es el grado de miseria al que Menem ha conducido al pueblo argentino.

La nación gaucha, al igual que el resto de sus hermanos de América Latina, sólo alcanzará la plena soberanía y el bienestar derrotando al imperialismo y sus políticas neoliberales al calor de batallas como las que se libraron en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tucumán y las ciudades de la pampa el pasado 8 de agosto.

DESPIDOS EN EL BANCO GANADERO, SÍMBOLO DE LA PRIVATIZACIÓN

Olger Forero
Por 300 millones de dólares, y en martillo de venta realizado el 27 de agosto, el Banco Bilbao Vizcaya de España se quedó con el 40% del Banco Ganadero. Como nuevo presidente de la junta directiva fue designado el español José María Ayala, en representación del sector mayoritario, que será en adelante el que defina el rumbo.

Según la Reforma Financiera o Ley 45 de 1990, que autorizó privatizar la banca oficial, ya los conglomerados foráneos pueden comprar el ciento por ciento del capital accionario de cualquier entidad del sector financiero.

El Bilbao Vizcaya, resultado de la fusión en 1988 de los dos bancos más importantes de España, y al que se unió después el Grupo Banesto, tiene activos por 6 billones de pesetas (60 billones de pesos, aproximadamente) y cuenta con, tres mil oficinas, dos mil cajeros automáticos y filiales en Puerto Rico, Portugal, Bélgica y Marruecos. Acaba de comprar al Grupo Probursa, de México, y al Banco Continental del Perú, y ha anunciado que está dispuesto a invertir dos mil millones de dólares para hacerse al control de importantes bancos en México, Brasil, Argentina y Chile.

En la alegre subasta del sector financiero colombiano puesta en marcha por Gaviria y Samper se hallan dispuestos a participar, además del capital español, fuertes consorcios de Estados Unidos y el Grupo Luis Carlos Sarmiento. Entre los bancos oficiales de Colombia que van a ser privatizados, se encuentran ya en lista de espera el Popular, el Central Hipotecario y la Caja Agraria.

¿Qué es el Banco Ganadero? Fundado en el gobierno de Rojas, estuvo en un principio orientado al fomento exclusivo de la ganadería.

Pero con la Reforma Financiera, el viraje hacia la banca comercial. Es en la actualidad el primer banco del país en activos, y cuenta con 150 oficinas, 6200 empleados, y sucursales en Miami y Panamá.

Para abrir sus actividades en el país, los nuevos dueños comenzaron por recargar labores y reducir el personal en varias dependencias. No se secaba aun la tinta del convenio cuando ya una docena de empleados perdía su trabajo y una veintena más quedaba en capilla.

Las palabras mágicas son ahora reestructuración, nuevo modelo de oficina, módulos de trabajo, que traducidas a la cruda realidad significan destituciones colectivas, expoliación sin freno e incertidumbre laboral.

Con razón se ha afirmado que no hay símbolo más patente de las políticas neoliberales y privatizadoras que los miles y miles de personas que pasan a engrosar día a día el ejército de reserva.

CONTRA LA INTERVENCIÓN GRINGA, ¡RESISTENCIA!

(Discurso pronunciado por Héctor Valencia, secretario general del MOIR, durante el acto realizado el 1° de agosto de 1996 en homenaje al camarada Francisco Mosquera, con motivo del segundo aniversario de su muerte)

Aunque la práctica política de los militantes del MOIR está llamada a constituir una permanente conmemoración de las cualidades proletarias del camarada Francisco Mosquera, aprovechamos estas fechas aniversarias para resaltar la vigencia de sus ideas y, en consecuencia, la necesidad de aprehenderlas plena y firmemente a fin de que guíen nuestras luchas.

Aprehensión imprescindible ya que él, como suele ocurrir con los jefes revolucionarios que abren surcos en la historia, tampoco quedará exento de que se le invoque y se jure y rejure en su nombre con la intención de encubrir palabras y acciones oportunistas, como es el caso de quienes ya vagan por ahí agitando un iluminismo anárquico en busca de cuerpos propicios donde encarnar. Este fenómeno lo describía Lenin como un intento de apropiación para el engaño, que se hace con los dirigentes de la revolución después de muertos, y agregaba que no era objeto de prohibición, «como no se le puede prohibir a una empresa comercial que emplee cualquier etiqueta, cualquier rótulo, cualquier anuncio».

Del ser revolucionario del camarada Mosquera nunca se desligó su carácter antiimperialista. Pero la importancia de este predicado radica en el contenido político concreto que adquiría en su caso: los análisis científicos y el diseño de la política siempre los realizó en el contexto de la lucha de los pueblos contra el imperialismo. Sabía que, para ser correcta, en ninguna circunstancia la táctica puede limitarse a las peculiaridades domésticas sino que debe tener en cuenta la correlación de fuerzas existente entre las clases en contienda a nivel internacional. Semejante enfoque, connatural al marxismo, le permitió acertar en los numerosos combates que libró y labrarse su condición de hombre moderno y universal. El hecho de que al camarada Mosquera, según la expresión común, le cupiera el país en la cabeza, sólo era una particularidad de su captación de los conflictos mundiales en la época del imperialismo. ¿Acaso no es aleccionador conocer y reconocer esta cualidad hoy cuando Estados Unidos, en medio de su empeño por imponer su supremacía en todo el planeta, intensifica su intervencionismo sobre Colombia?

Aleccionador e indispensable sin duda alguna, máxime cuando Washington ríe, con la rimbombante e indecente carcajada de su embajador Frechette, al presenciar cómo quienes detentan el poder económico y político -con candor trágico unos, con repulsiva pusilanimidad otros y algunos más con los rasgos degenerativos propios de los traidores nacionales se ensartan en pugnas determinadas por grados y modos de condescendencia ante sus ultimátums. Y a esa tragicómica contienda se ha querido arrastrar a sectores populares, a sus organizaciones, incluidas las políticas y sindicales, y a sus dirigentes. Mas el intento ha sido en vano, como lo evidencia el hecho de que cuando los trabajadores y la gente del común han podido manifestarse, ya sea dando su opinión, ya sea mediante la acción de masas, siempre les han dado primacía a la defensa de la soberanía nacional y al rechazo – de la intervención norteamericana. Y cada día son menos los integrantes de la burguesía nacional y la pequeña burguesía que, dejándose confundir por la manipulación informativa, dirigen su atención hacia las conflictivas peculiaridades nacionales, y no hacia el acelerado avance del plan neocolonialista gringo.

El actual antagonismo de la nación con el imperialismo norteamericano determina la lucha de clases que se desarrolla en Colombia, la más amplia e intensa de toda su historia. En medio de los relámpagos que produce el choque entre quienes le sirven al imperio o son sus alcahuetes y quienes le oponen resistencia, se ilumina lo esencial de cada clase: las contradicciones que determinan su potencial y sus debilidades. Ocasión sin igual para que la clase obrera, al aguzar su ojo histórico, capte no sólo la realidad actual de las otras clases sino su devenir, su destino. Así podrá consolidar su estrategia y táctica victoriosas. Excelente ocasión también para que las masas afectas al patriotismo, la democracia y el progreso puedan recibir, por experiencia propia, una lección magistral sobre el imperialismo y la necesidad de la revolución. La conjunción de estos dos factores capacitará a nuestro pueblo para iniciar la gran resistencia ante los intentos imperialistas de una nueva colonización.

Que esa conciencia y la acción de las masas constituyen la única garantía para la salvación y el desarrollo independiente de la nación, es hoy una afirmación más necesaria que nunca, pues no obstante la avalancha de daños que siguen causando la apertura económica y el intervencionismo gringo, todavía aparecen dirigentes de organizaciones gremiales, sindicales y políticas que adoptan una-conducta pusilánime, cuando no de desnuda abyección frente a la agresión norteamericana.

Ponerle un cerco al gobierno en busca del eventual derrocamiento de Samper; desestabilizar las instituciones estatales; alentar las actividades reaccionarias y antinacionales de fiscales, policías y políticos que tienen adicción a su intervencionismo; estigmatizar el país ante la comunidad internacional, y someter al chantaje a la nación entera, es la forma que adopta el actual proceso de recolonización de Colombia emprendido por el gobierno de los Estados Unidos. Tal aseveración, comprobada una y otra vez por los hechos durante los dos últimos años, fundamenta nuestra táctica de supeditar todas las contradicciones a la existente entre la nación y el imperialismo, la contradicción mayor. No considerarlo así y darles prioridad a otras contradicciones o igualarlas con la principal, sería caer en la posición frívola del buzo avariento al que sólo le importa su irrisoria pesca submarina mientras amenazan con hacer zozobrar el barco que le suministra el oxígeno.

Para el desarrollo de su agenda intervencionista, Estados Unidos ha contado con el concurso de una siniestra quinta columna, en donde resaltan los Valdivieso, Rozo Serrano, Gaviria, Pastrana, De la Calle, Gómez Hurtado, Sanín, Santos; con la información falaz que orquestan los propietarios de los más poderosos medios de comunicación, con la conducta mezquina y medrosa de la mayoría de los dirigentes gremiales, con el servilismo de buen número de dirigentes políticos pertenecientes a diversas banderías. Con todo, las agresiones y chantajes gringos no se habrían convertido en tan alto riesgo para el destino independiente de nuestra nación si las acciones de los paniaguados de Washington no se hubiesen objetivamente conjugado con la aberrante sumisión de Samper, esa víctima que con sus complacencias espera volver propicio al imperio.

Contra la actitud sumisa de Samper que, en medio de grotescos refunfuños, lo lleva a plegarse a las imposiciones norteamericanas y contra su inclinación hacia un vulgar colaboracionismo cuando se presentan graves quebrantamientos de nuestra soberanía, hemos combatido los moiristas, desde sus primeras manifestaciones. Nuestra contradicción antagónica con el gobierno de Samper hace parte de nuestra contradicción principal con el imperialismo. Ese contenido de nuestra táctica nos diferencia diametralmente de quien s para oponerse a Samper, por lo general fletados por Washington, esgrimen el neomoralismo que han puesto en boga los neoliberales en todo el mundo, es decir, esgrimen los cínicos argumentos que el imperialismo utiliza en su estrategia de dominación global. Nos diferencia de quienes al emprender cruzadas contra la corrupción, y en velación del santo sepulcro de la vieja moral, cohonestan una especie de moderna inquisición civil en la que el gobierno estadounidense funge de gran inquisidor que recompensa a los funcionarios judiciales y policiales que cacen a las personas indeseables o rebeldes que él señale. Una especie de recreación imperialista, a escala mundial, del lejano y salvaje Oeste. Nos diferencia de quienes, por desastrosa ingenuidad o por despreciable astucia, libran batallas equívocas valiéndose de razones y armas equivocadas, o simplemente optan por no librar ninguna batalla, con resultados nefastos para nuestra consistencia como nación.

Recientemente el imperialismo arreció en su embate. Contra Colombia, además de la descertificación y de la presentación de su presidente como un capo en funciones al que se le quitó la visa de ingreso a Estados Unidos, se profieren insultos desde el Departamento de Estado, se ejerce un chantaje cada vez más descarado, y se amenaza con formas más groseras y directas de intervención, sin que se excluyan las militares. Todo ello en desarrollo de un memorial de exigencias, verdadero cúmulo de ultimátums, atribuidos a Frechette, y cuya existencia y vigencia no han sido negadas por ningún funcionario o entidad gubernamental de los Estados Unidos.

A esa intensa acometida imperial, Samper y su gobierno han respondido con una mayor genuflexión. Ya hace más de un año habíamos señalado este rumbo de la situación cuando manifestamos: «Si bien la brutal coacción de Washington ya de por sí implica un grave peligro, Colombia se encuentra en una situación doblemente comprometida cuando, como lo ha observado atónita la nación, el gobierno se pliega». Ante el hecho de que ambos aspectos de la situación, la intervención y la sumisión, adquieren hoy una gravedad sin precedentes, queremos expresar, desde el centro de este acto de esencia mosquerista, la posición del MOIR sobre algunas relevantes imposiciones norteamericanas.

Primero. No estamos de acuerdo con la extradición de colombianos hacia los Estados Unidos. Es un derecho inalienable que el juzgamiento de las personas corresponda al Estado de la nación de la cual son oriundas. La excepción a este principio la establece lo dispuesto en tratados que en pie de igualdad y soberanamente acuerden de manera bilateral o multilateral los diversos gobiernos. En el caso concreto, el tratado de extradición a que se llegó en 1979 con los Estados Unidos carece de un requisito imprescindible: su ratificación, previa aprobación por parte del Congreso. Por lo que es obvio que ese tratado, al no haberse perfeccionado, no ha adquirido vigencia. Además, la extradición está expresamente prohibida por la actual Constitución y nuestra legislación le da el carácter de intangible al derecho que tienen los colombianos a que no se les extradite.

Pero más allá de las razones jurídicas, lo que aquí está envuelto es un problema de soberanía. El gobierno norteamericano, sin ninguna consideración con nuestro Estado de derecho ni con el espíritu y las normas del derecho internacional, de manera unilateral y arbitraria exige que se le entreguen en extradición colombianos para condenarlos y castigarlos. Frente a esa pretensión, el pueblo colombiano ya ha manifestado su posición de rechazo. Cuando en las más diversas formas, directas e indirectas, y en todas las épocas, se le ha preguntado su opinión sobre la extradición, su respuesta siempre ha sido negativa a que se implante. Es primeramente por esto, por ir en contra de la voluntad de la nación, que tal exigencia gringa es inadmisible.

Ahora, ante la presión norteamericana, el gobierno de Samper, poniéndose también en contra de la voluntad nacional, decide «promover la discusión» sobre la extradición, es decir, iniciar un proceso de manipulación de la opinión pública con miras a crear condiciones para que se apruebe en el Congreso.

El MOIR no se opone a la cooperación entre los países, dentro del mutuo respeto a su autonomía y resguardando los derechos democráticos de las personas, con el fin de acordar medidas que permitan contrarrestar los delitos internacionales y someter a debido proceso a quienes lo perpetran. Lo que rechazamos es que se imponga por voluntad del imperio la entrega de nacionales colombianos para luego sentenciarlos bajo normas sustantivas y procedimentales de carácter fascista, como lo pretende Estados Unidos.

Segundo. Siguiendo los dictados de la Casa Blanca, el gobierno ha presentado al Congreso una serie de proyectos de ley dirigidos a introducirle reformas a la justicia. Se trata de satisfacer el memorial de exigencias respecto a las normas contra la producción y el tráfico de narcóticos y, en particular, a su penalización. Aprovecha además para introducir reformas que, como agregado al caos jurídico introducido adrede en la Constitución de 1991, estrechan aún más los pocos márgenes de democracia, tal cual se quiere hacer con la circunscripción nacional electoral para el senado, una disposición que ha favorecido a las minorías.

Con tan complaciente actitud, no debe extrañar que el gobierno anuncie que no va a modificar ninguna norma referente a la Fiscalía, ariete principal de Washington para la coacción y represión, ni tampoco las actuales funciones de la Junta Directiva del Banco de la República, instrumento al servicio de las políticas neoliberales para el manejo monetario y financiero. Si frente a esta situación, el Congreso, por temor o por abyección política, y desechando toda dignidad, aprueba los anunciados proyectos de ley presentados bajo el chantaje del gobierno estadounidense, las masas populares tendrán pleno derecho a levantarse en desobediencia ante esa espuria legalidad.

Tercero. Uno de los más soberbios ucases gringos ordena la erradicación de los cultivos de coca a como dé lugar. En acatamiento, se ha impuesto por los diversos gobiernos la represión contra quienes realizan el cultivo, y la fumigación con glifosato, a pesar de las quejas sobre sus efectos nocivos, v el rechazo de todos los países a su aplicación. Estos son los dos factores que el gobierno samperista, conminado a cumplir con el volumen de erradicación que se le fijó, y sin que su plan de sustitución de cultivos haya arrojado mayores resultados, se empeña ahora en intensificar.

El cultivo de la coca en Colombia, llevado a cabo en los años recientes por miles y miles de familias campesinas, se ha convertido en un problema económico y social que no admite tratamiento represivo. Sólo partiendo de las condiciones de producción y de vida de esos campesinos, a quienes no se puede asimilar a estratos mafiosos ni darles un tratamiento de malhechores, es posible acertar en la solución del problema.

Todo lo contrario hace Samper al enfrentar con violencia a los campesinos cultivadores, algo que coincide con la tesis del general MacCafrey de suprimir el narcotráfico en su fuente. Lo que personajes como el fiscal Valdivieso tratan de justificar, identificando a los cultivadores como narcotraficantes y denigrándolos en razón de que en las zonas de cultivo existen fuerzas guerrilleras. La movilización de las masas campesinas contra la aplicación de políticas norteamericanas respecto a la producción de la hoja de coca, es justa y hace parte de la resistencia antimperialista.

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Al desfile por Washington de políticos desarraigados que claman por la intervención contra el país, al igual que lo hizo aquí Echavarría Olózaga ante el embajador gringo, y a la procesión permanente de dirigentes empresariales cabildeando asustadizos por unos dólares más, se suma el envío por parte de Samper de algunos ministros que todavía tienen visa para que, dados los términos en que Clinton ha colocado la relación, y aunque sea ante funcionarios de poco rango, rindan cuentas, presenten excusas, imploren lenidades y prometan, a la par con lo que se exige respecto al narcotráfico, mayores concesiones económicas y políticas. Se responde así con una diplomacia de rodilleras a lo que ya ha adquirido características de diplomacia de cañoneras.
En contraste, y ante el hecho de que entre las exigencias norteamericanas se destaca la de llevar adelante la política de privatizaciones, como ocurre con Telecom, sus trabajadores se han puesto hoy en pie de lucha, señalando de nuevo el camino a todos los colombianos.
El camarada Mosquera subrayó que la política de apertura económica, la misma que en esencia el gobierno de Samper ha aplicado revistiéndola con la retórica de lo social, trae involucrada la agresión del imperialismo y que con ella la extorsión gringa se torna más «descarnada y cruda, sin miramiento alguno». El desarrollo de estos dos rasgos abominables, agresión y extorsión, es lo que ha generado la actual crisis nacional y no los episodios y conductas, merecedores de repudio y condena si se prueban como ilícitos, en derecho y por jueces no fletados. Las mismas conductas y episodios, en su gran mayoría relacionados con el narcotráfico, que Estados Unidos toma como pretexto para sus atropellos a nuestra soberanía, con la ayuda de la reacción nacional.

En nuestro criterio, sólo esta concepción del problema, al definir la actual primacía del interés nacional, impide que las masas se desarmen políticamente frente a la recolonización norteamericana, y permite trazar una táctica política, correcta y vigorosa, de resistencia contra la intervención gringa.

Camaradas y amigos: Ante la intensidad que alcanzan las contradicciones desatadas por la política de Washington, las masas han venido desentrañando cuáles son las causas y quiénes son los promotores de sus males y previniéndose del letargo y confusión en que las quieren sumir. Resultado formidable e histórico es éste, sin duda alguna, ya que su conciencia antimperialista se convierte en la fuerza política que garantizará la soberanía nacional y pondrá la más sólida base a la revolución de nueva democracia y al triunfo del socialismo.

Así, la convicción de nuestro líder ideológico sobre que las verdades de Marx y Lenin, lejos de marchitarse, reverdecerán, y que los obreros con sus batallas revolucionarias proseguirán tejiendo el hilo ininterrumpido de la evolución histórica, será una realidad.

Van Gogh: PINTOR DE COMEDORES DE PAPAS, ZAPATOS VIEJOS Y RESTALLANTES COLORES

Guillermo Alberto Arévalo

Hace pocos años, las agencias internacionales de prensa destacaron que en la más prestigiosa agencia de subastas de Londres, uno de los Girasoles de Van Gogh había sido adjudicado a un comprador japonés anónimo en el mayor precio pagado hasta entonces en la historia por una pintura. En su vida, sin embargo, el artista no logró que le compraran más que un cuadro. Incluso tuvo que malvender algunos de sus lienzos a un ropavejero, quien los anotó en su cuaderno como «telas para repintar» y las vendió a cincuenta céntimos de franco. Su hermano Théodore, cuatro años menor que él, dueño de una pequeña galería en París, adquirió para sí mismo un par con el fin de reanimarlo.

Por cierto, las frecuentes misivas del pintor a su hermano, recopiladas en el libro Cartas a Théo, han pasado a constituir un valioso testimonio de la vida de los pintores, escritores y músicos cuando el arte comenzó a estar supeditado al régimen de la moda, a los caprichos de los compradores, de los marchands, de las galerías, en fin, del mercado capitalista

Caras de campesinos y de obreros
El pintor holandés Vincent Van Gogh vivió apenas treinta y siete años, entre 1853 y 1890. Su carrera artística duró solamente diez años. Mientras la ejerció deambuló por ciudades de su patria como Ámsterdam y La Haya, pero también por la vecina Bruselas, en Bélgica, y por Londres y París, sin contar los pequeños pueblos que escogió para desarrollar su obra.

Precisamente en los alrededores de esos pueblos comenzó a dibujar, lejos del mundo académico de las capitales. La verdad, nunca duró mucho en ninguna escuela de arte, si bien supo apreciar, asimilar y desarrollar lo que en ellas le enseñaron. Recorría los campos, observando las caras de los campesinos y campesinas que se inclinaban a trabajar la tierra. «Para pintar la vida de un campesino, escribió por entonces, hay que ser maestro en muchos temas». Y agregó: «Una muchacha de una granja es, a mi parecer, más hermosa que una dama». Captó en sus bocetos y dibujos las casas, los paisajes, las comidas de leñadores, mineros, pescadores, labriegos, obreros. Asimismo una memorable serie de Zapatos viejos, aquellos con los cuales estos hombres y mujeres caminan, laboran, y a los que ennoblecen precisamente el uso y el valor que representan para sus faenas. Incluso experimentó mucho para trabajar estos cuadros con colores extraídos de la propia tierra. En sus reflexiones sobre esa labor consignó: «La pintura de la vida de los campesinos es una cosa seria y, por mi parte, me reprocharía si no tratara de hacer cuadros de tal manera que no provocasen serias reflexiones entre aquellos que piensan seriamente en el arte y en la vida». Este período de su obra culminaría con el famoso óleo Los comedores de papas.

Empleos breves, trabajo constante
Pero tenía que sobrevivir. Van Gogh desempeñó en Londres, Ámsterdam y París los oficios más irónicos, tales como dependiente de diversas galerías de arte, cuyos dueños siempre se quejaron de su trabajo hasta cuando una y otra vez lo despidieron, pues se pasaba el tiempo estudiando los libros de pintura, y no perdía oportunidad para visitar los museos y aprender de los maestros del pasado, anotando todas sus apreciaciones. Se interesó con profundo respeto por el arte egipcio, y lo atrajo apasionadamente el oriental, en particular el japonés. Le tocó también desempeñarse como maestro y como encargado de cobrar las pensiones en una escuela anglicana de Londres, donde recorría frecuentemente la zona miserable del East-End, haciendo amistades entre sus pobladores, a quienes trató de ayudar según los principios de la caridad cristiana, razón por la cual se ausentaba y otra vez fue destituido. A estos londinenses marginados los retrató de diversas formas, por ejemplo, ante la oficina de una lotería, a ver si la suerte los había favorecido. Más tarde fue recibido como ayudante de un cura, y luego se empleó en una librería.

Como su padre, intentó hacerse él mismo predicador evangélico. Desistió en 1879, cuando manifestó haber perdido la fe. En adelante viviría en medio de la pobreza, dedicado exclusivamente al dibujo y la pintura «como un verdadero poseso», según él mismo, sostenido únicamente por las precarias ayudas que con cierta regularidad lograba remitirle su hermano, la mayor parte de los cuales destinaba a la compra de lápices, papeles, lienzos, pinceles y óleos, gastos sobre los que rendía minuciosa cuenta, incluso discriminando los variables precios de los tubos de cada color, los pagos a la lavandera, las tarifas del hospital, los modestos muebles y utensilios necesarios, algún sombrero de paja.

Meses antes de su muerte le escribió agradecido a Théo: «Habrás vivido siempre pobre por darme de comer, pero yo devolveré el dinero o entregaré el alma».

La etapa final
En una pequeña población del sur de Francia, Arlés, a orillas de la desembocadura del Ródano, donde se refugió en 1888 cuando ya su salud estaba minada, padecía desequilibrios y se había hastiado del mundillo artístico de París, Van Gogh produjo parte de lo más significativo y recordado de su obra. Allí convivió en su taller durante unos meses con Paul Gauguin, pintor con el cual lo unían afinidades estéticas y éticas. Trabajaron y compartieron experiencias pero, durante un altercado, Van Gogh lo amenazó con una barbera; Gauguin se defendió; acto seguido el gran artista holandés se cortó una oreja. Al margen de las consabidas interpretaciones biográficas y psicológicas, el hecho dio lugar a un autorretrato entre dolorido e irónico del propio artista. Sin embargo mantuvo la amistad con su colega.

Muy poco tiempo después, las crisis nerviosas lo obligaron a varias reclusiones hospitalarias en Saint-Rémy y en el sanatorio de Auvers. Aunque la vida «se le escapaba», pintó todos los días. Hasta que el 27 de julio de 1890, en un trigal, a plena luz, con sol, con cielo azul, en medio de restallantes amarillos, se disparó en el pecho. En la última carta a Théo, hallada sobre su cuerpo, le escribía, entre otras cosas: «Sólo podemos hacer que sean nuestros cuadros los que hablen,» y «en mi trabajo: arriesgo mi vida y mi razón destruida a medias -bueno- pero tú no estás entre los marchands de hombres, que yo sepa… ¿qué quieres?»

Dibujo, color, contenido
La pintura de Van Gogh renovó de manera significativa los estilos plásticos y después de un siglo de su muerte se mantiene vigente. Mucho hablan los críticos del peso del color en sus lienzos. Y con razón. Cómo no guardar en la memoria, después de tenerlos frente a los ojos, sus luminosas flores, esos soles y aquellos trigales que una y otra vez transmitió a sus telas, los azules de las noches tachonadas de estrellas, el rojo y el verde por medio de los cuales quiso, según sus propias palabras, «expresar las terribles pasiones de la humanidad». O los múltiples retratos en los cuales plasmó expresiones desusadas, siempre profundamente humanas.

Precisamente por su trabajo con los colores, el artista holandés se aproximó al impresionismo, movimiento que tantas obras maestras produjo y que ha influido profundamente sobre las bellas artes del siglo XX. Sin embargo, no adhirió del todo a sus postulados estéticos ni sociales.

Le cabe el mérito de haber captado el momento histórico convulsionado en medio del cual vivía y el de intuir las grandes luchas del porvenir. Compartió jornadas enteras con los trabajadores, y se las describió a su hermano con vivo realismo. Y en 1886, tras la represión violenta contra los huelguistas belgas de la región minera de carbón de Borinage, con quienes convivió, y que fueran muchos de ellos asesinados, escribió: «En verdad creo que no veremos tiempos mejores de aire puro y de renovación de la sociedad después de estas grandes tormentas. Pero una cosa importa: no dejarse engañar por la falsedad de su época, al menos hasta cuando se adviertan en ella las horas malsanas, sofocantes y deprimidas que preceden a la tempestad».

EN HOMENAJE A NUESTRO FUNDADOR Y GUÍA IDEOLÓGICO

El 1° de agosto se cumplieron dos años de la muerte de Francisco Mosquera, fundador v máximo orientador de nuestro Partido. La fecha fue motivo para que centenares de militantes, a lo largo y a lo ancho del país, proclamaran una vez más su lealtad a la invaluable herencia marxista-leninista que él nos legara, reiterando que el mejor homenaje a su memoria es continuar bregando por hacerla revolución de Nueva Democracia y por constituir un poderoso frente de unidad nacional que logre derrotar la casi secular dominación de Estados Unidos sobre nuestra patria.

Presidido por el Comité Ejecutivo en pleno, y por el senador Jorge Santos y Francisco Valderrama, secretario del Regional de Cundinamarca, tuvo lugar en Bogotá el acto central. El secretario general del MOIR, Héctor Valencia, subrayó que es nuestra práctica política diaria la que debe servir de conmemoración permanente del pensamiento de Mosquera. Estuvieron presentes, además, los compañeros Eduardo Martínez, Jaime Cedano y Gerardo González, del Secretariado del Partido Comunista Colombiano, Luis Eduardo Garzón, presidente de la CUT, y Héctor Fajardo y Patricia Buriticá, dirigentes de la CUT y del Frente Unitario de Trabajadores. Entre los muchos representantes sindicales -donde cabe destacar a los de Telecom, cuyos trabajadores habían iniciado el paro ese mismo día-, participaron los de Caja Agraria, el Sena, Sinucom y Sindess. El senador Alfonso Eljach Merlano, del Bloque Democrático Regional de Santander, envió un cálido mensaje en que destaca la talla histórica de nuestro fundador.

De principio a fin, los asistentes corearon las consignas «¡Contra la intervención gringa, resistencia!», «¡Por la soberanía económica, resistencia civil!», «¡Fuera yanquis de América Latina!» y «¡Gloria eterna al camarada Francisco Mosquera!». En las horas de la mañana, los siete miembros del Ejecutivo y numerosos moiristas habíamos puesto en su tumba un ramo de flores.

Del legado de Mosquera: A VEINTE AÑOS DE SU MUERTE, RECORDAMOS A MAO TSETUNG

(Como homenaje al gran dirigente proletario desaparecido el 9 de septiembre de 1976, publicamos apartes del mensaje que el jefe del MOIR, Francisco Mosquera, dirigiera al Partido Comunista de China
Francisco Mosquera, Secretario General, Movimiento Obrero, Independiente y Revolucionario, Comité Ejecutivo Central)

Cuando el Partido Comunista de China dio la infausta noticia de que el camarada Mao Tsetung había muerto en la madrugada del 9 de septiembre y ésta se conoció en segundos en el orbe entero, los obreros, los pueblos y las fuerzas y personas progresistas de los cinco continentes lloraron la pérdida irreparable de su más querido y respetado dirigente internacionalista. Hondo y doloroso impacto produce en todo el mundo el vacío inconmensurable que deja el fallecimiento del camarada Mao Tsetung. Diversas personalidades, jefes de gobierno, líderes de movimientos y partidos se han apresurado a reconocer en el máximo representante de los 800 millones de seres del pueblo chino, a una de las figuras estelares de este siglo y a uno de los conductores políticos que más profundamente han incidido en grandes transformaciones históricas. La maravillosa epopeya de su vida al servicio de la causa de la clase obrera y la sabiduría de su pensamiento comprobada en innumerables batallas triunfales como guía segura de quienes luchan por la revolución y el progreso, colocan a Mao Tsetung entre los benefactores esclarecidos de la humanidad. Aplicó el marxismo-leninismo a las condiciones concretas de lucha que le correspondió vivir, lo enriqueció y llevó a una etapa más alta de su desarrollo. A partir del proceso original, constante y acelerado de la revolución china durante cincuenta años, su obra magistral y monumento vivo a su talento creador, Mao Tsetung no sólo contribuyo a cambiar la fisonomía del mundo, sino que sistematizó genialmente las leyes universales del cambio social válidas para todos los países.

Leal discípulo de Marx, Engels, Lenin y Stalin, Mao Tsetung pasa junto a ellos, concluido el ciclo de su existencia, a completar la gloriosa galería de los inmortales maestros del proletariado. Como heredero legítimo de las excelsas virtudes milenarias del pueblo chino, cuya historia sin par está llena de múltiples acciones heroicas, de aguerridos combatientes en defensa de la justicia y la verdad, de notables científicos, pensadores y artistas, Mao Tsetung fue depositario de sus mejores tradiciones revolucionarias y encarnación de sus más nobles y hermosos ideales. Por eso Mao se constituyó en el centro aglutinante y orientador de la nación más populosa de la Tierra, construyó el glorioso y correcto Partido Comunista de China, factor dirigente de la revolución china, organizó prácticamente de la nada un invencible ejército popular, derrotó a todos los enemigos internos y externos del país y fundó la República Popular China, hoy la patria socialista de una cuarta parte de la humanidad. En un tiempo relativamente corto China se convirtió de una vasta región ocupada, dividida y económicamente atrasada, en un país independiente, unido, grande y próspero, avanzada de la revolución mundial y ejemplo inspirador de todos los revolucionarios del planeta. Y por eso miles de millones de personas al mirar consternadas hacia la tumba recién abierta, se explican este portentoso fenómeno de la época con la exclamación de que ¡sólo un pueblo como el pueblo chino podía producir un dirigente como el dirigente Mao!

El camarada Mao Tsetung no se desveló únicamente por el pueblo chino. El porvenir de los países que han instaurado el socialismo, la emancipación de los proletarias de las naciones burguesas y la liberación de las inmensas masas de las colonias y neocolonias sometidas a la sojuzgación imperialista, fueron objeto permanente de sus preocupaciones. (…) Apoyó fervorosamente todas las lides del proletariado y los pueblos por la democracia, la revolución y el socialismo y por el logro de un mundo sin naciones oprimidas ni opresoras, sin esclavos ni esclavistas, sin hambres y sin guerras. Sin embargo, el camarada Mao señaló con agudeza inigualable que la cristalización de este sueño antiquísimo del hombre será aún antecedida necesariamente de un largo período de enconados y violentos conflictos de clases, en el cual jugarán un papel de primerísima magnitud las luchas de liberación de las naciones contra el imperialismo, del movimiento obrero contra la burguesía y el revisionismo y de los proletarios de los países socialistas contra los restauradores burgueses. (…) Basándose en nuevas experiencias y en especial en el ejemplo negativo de la traición al marxismo-leninismo por parte de los dirigentes de la Unión Soviética, que trocaron el primer Estado proletario en un Estado burgués socialimperialista, el camarada Mao Tsetung desarrolló la teoría de que en toda la etapa histórica del socialismo, cuyo lapso de duración no es de unos decenios sino de cien a centenares de años, es absolutamente indispensable mantener la dictadura del proletariado y llevar hasta el fin la revolución socialista, para impedir la restauración del capitalismo y preparar las condiciones del paso al comunismo. En el curso de la revolución socialista de China Mao Tsetung descubrió la forma de hacerlo: la revolución cultural proletaria que es, terminada en lo fundamental la transformación de la propiedad de los medios de producción, la revolución llevada a cabo por los obreros en el terreno político e ideológico para desalojar de todos los dominios del Poder a los burgueses infiltrados y a los seguidores de la vía capitalista.

Así como Lenin desplegó una descomunal batalla contra los renegados de la II Internacional para garantizar el avance luminoso de la clase obrera y el triunfo de la gloriosa Revolución de Octubre, Mao Tsetung adelantó una lucha aún mucho más aguda y compleja contra los revisionistas contemporáneos, acaudillados por los dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética, para desbrozar el camino de la victoria definitiva del socialismo en el mundo entero. Y así como Engels recordaba en el entierro del padre del socialismo científico, que Marx apartaba como si fueran telas de araña todas las calumnias y difamaciones que contra él lanzaban la burguesía y los reaccionarios de su tiempo, nosotros podemos decir que también como telas de araña el proletariado y los pueblos del mundo apartarán las calumnias y difamaciones que contra Mao Tsetung, el más grande marxista-leninista de la época, profieren la camarilla revisionista soviética y sus epígonos.

Los revisionistas y demás recalcitrantes adversarios de Mao Tsetung jamás consiguieron refutarlo ni vencerlo y con su muerte estarán calculando que las cosas mejorarán para ellos. Efímera ilusión porque de Mao Tsetung se podrá asegurar con infinita certeza lo que se ha sostenido de los grandes innovadores revolucionarios, que su desaparición física no hará más que agigantar su influencia. El proletariado internacional, armado de su pensamiento, será quien se encargue de culminar su colosal empresa. Pocos como Mao Tsetung gozaron del privilegio de ver en vida realizadas y ratificadas por la práctica tantas de sus propias acertadas predicciones. Mao Tsetung elaboró toda la línea estratégica y táctica de la revolución china. En su momento, muchos fueron los que dudaron en el interior y en el extranjero que el pueblo chino alcanzara a coronar las prodigiosas metas que conforme a un análisis certero de la situación iba progresivamente proyectando el camarada Mao. No obstante, el pueblo chino cumplió cuanto se propuso: derrotó al feudalismo, al capitalismo burocrático y al imperialismo; sostuvo tenazmente y llevó hasta el triunfo total una prolongada guerra de liberación contra el Japón y contra los intervencionistas norteamericanos y contribuyó decisivamente a la bancarrota fascista en la Segunda Guerra Mundial; conquistó el socialismo y desbarató una a una las tentativas burguesas y revisionistas de restauración, y apoyó y apoya eficazmente las luchas revolucionarias de los pueblos del mundo. Todas éstas son realizaciones imperecederas del pensamiento de Mao Tsetung. Igualmente el camarada Mao resumió y enriqueció la línea del movimiento comunista internacional. Los triunfos de las naciones por su soberanía, del proletariado por la extensión y consolidación del socialismo y de China por continuar la causa de su gran timonel serán asimismo confirmación plena y nuevas y grandiosas victorias de esta línea y del pensamiento de Mao Tsetung.

(…) Nuestro Partido ha logrado desarrollarse gracias al estudio de las tesis revolucionarias marxista-leninistas del camarada Mao Tsetung y a las condiciones internacionales favorables creadas por la lucha del Partido Comunista de China contra el revisionismo contemporáneo. A diferencia del Partido Comunista de China, nuestro Partido apenas ha comenzado su jornada y para alcanzar grandes victorias debe combatir el revisionismo y profundizar en el estudio del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung y aplicarlo correctamente a la práctica concreta de la revolución en nuestro país, como nos lo enseñó el camarada Mao.

(…) Las extraordinarias hazañas de la revolución china fueron en definitiva fruto de la acción de las grandes masas del pueblo chino. Mao Tsetung reiteradamente insistió en la verdad cardinal del marxismo de que las masas son las que hacen la historia. El pueblo de Colombia libró y libra denodados combates por la revolución, sin haber logrado todavía superar la dispersión y la división. Nuestro Partido tiene como tarea principal la de unir y organizar al pueblo colombiano y guiarlo en pro de su misión histórica. Por lo tanto debemos vincularnos estrechamente a las masas, interpretar en todo momento sus intereses y necesidades, orientar y apoyar sus luchas y servir de todo corazón al pueblo, como nos lo enseñó el camarada Mao.

El que la revolución prosiga depende de los nuevos cuadros. (…) Nuestro Partido en el proceso de su construcción debe ir creando centenares y miles y millones de cuadros revolucionarios proletarios, hombres y mujeres que trabajen con arrojo y con modestia, que luchen por la unidad y no por la escisión, que practiquen valerosamente la crítica y la autocrítica y que actúen en forma franca y honrada y no urdan intrigas y maquinaciones, como nos lo enseñó el camarada Mao.

El MOIR expresa al pueblo chino y al Partido Comunista de China su más sentida condolencia y testimonia la indecible tristeza que embarga al pueblo colombiano y a todos y cada uno de los militantes de nuestro Partido por esta prueba tan dura de la muerte del camarada Mao Tsetung. Nuestro Partido une su dolor al dolor del Partido Comunista de China. Nuestro Partido une su lucha a la lucha del Partido Comunista de China por derribar definitivamente a la burguesía y demás clases explotadoras, llevar hasta el final el socialismo y materializar el comunismo.

Marchas campesinas en el sur de Colombia: ÚNICA SALIDA: APOYO A LA PRODUCCIÓN AGROPECUARIA NACIONAL

Por Alfonso Hernández

Desde mediados de julio la movilización campesina se extendió por todo el sur de Colombia. Comenzó en El Guaviare el día 15, cuando más de diez mil labriegos se congregaron en El Retorno dispuestos a marchar a San José, y cerca de 20 mil ocuparon la pista del aeropuerto de Miraflores. Se extendió luego al Putumayo, donde unos 60 mil agricultores tomaron los municipios de Mocoa, Puerto Asís, Orito, La Hormiga, Villagarzón y la inspección de El Tigre. Abarcó al Caquetá, departamento en el que cerca de 45 mil personas, que proceden de Itarca, San Vicente del Caguán, Doncello, Paujil, Puerto Manrique y otros, luchan por llegar a la capital, Florencia. Incluyó también varias localidades del Meta y Cauca y posteriormente otras regiones como Norte de Santander y Bolívar.

Navegando en canoas los tormentosos ríos amazónicos, caminando durante semanas por trochas, en pequeños grupos o en grandes concentraciones, a pesar del hostigamiento militar, el hambre, las enfermedades y el cansancio, han llegado a los cascos urbanos y mantienen una protesta que dura ya casi dos meses.

Los transportes aéreos, fluviales y terrestres quedaron paralizados. Igualmente el comercio y la actividad bancaria; la producción petrolera y el bombeo por el Oleoducto Transandino fueron suspendidos. La magnitud del movimiento hizo que gobernadores y alcaldes se desplazaran a Bogotá en demanda de soluciones al gobierno central.

Los manifestantes reclaman vías de penetración, servicio de energía eléctrica, acueductos, escuelas y, principalmente, políticas que propicien la producción agrícola, sin las cuales no es factible sustituir los cultivos ilícitos. Se oponen vigorosamente a la fumigación de las plantaciones de coca que amenaza con dejarlos en la indigencia. Denuncian además que la aspersión aérea de herbicidas está destruyendo los sembrados de pancoger, contaminando los ríos y la selva y afectando la salud de los moradores.

Agenda de Frechette: a sangre y fuego
Samper, quien ha aceptado todas las humillaciones de Estados Unidos con actitud sumisa, afanándose por cumplir la agenda de disposiciones del señor Frechette, declaró al Guaviare zona especial de orden público y se prepara para fumigar las selvas y los cultivos campesinos con venenos más poderosos que el glifosato. En la lista que el gobierno norteamericano entregó a la Dirección Nacional de Estupefacientes figuran compuestos cuya base es la hexazinona, químico extremadamente tóxico y que, según la Red de Acción de Plaguicidas de Palmira, Rapalmira, puede tener graves efectos sobre el ambiente acuático. Otros estudios afirman que está relacionado con desordenes en el sistema nervioso central. Las organizaciones Environmental Working Group y Physicians for Social Responsibility, PSR, le pidieron a la agencia de protección ambiental, EPA, y al Departamento de Agricultura de Estados Unidos suspender el uso de las triazinas, grupo del cual hace parte la hexazinona.

Pero lo más grave de todo es que el gobierno de la apertura con corazón ha abierto fuego en repetidas ocasiones contra los inermes campesinos. La opinión pública se ha estremecido ante las imágenes de niños asfixiados por los gases lacrimógenos y de hombres del campo que caen en los barrizales con el pecho ensangrentado. Más de diez muertos y aproximadamente cien heridos es el saldo de la acción gubernamental encaminada a aplastar estas movilizaciones. El ejército no ha vacilado en disparar fusiles y ametralladoras, utilizar tanques de guerra, destruir carreteras y cambuches y electrificar los puentes.

En un vano intento por justificarla despiadada represión, los ministros y otros funcionarios muestran a los campesinos como delincuentes y afirman que la colonización de la Amazonía es producto del narcotráfico. Por ello el fiscal Valdivieso se empeña en darle un trato judicial a la protesta.

Por qué se regó la coca
La verdad es otra. En algunos casos el propio gobierno fomentó la colonización. Hace un cuarto de siglo, impulsados por las llamadas políticas de ampliación de la frontera agrícola, llegaron al actual municipio de El Retorno cientos de hombres con sus familias, transportados muchos de ellos en aviones de la FAC. Hoy en día son expulsados de la tierra prometida, la cual, por arte de birlibirloque, ha sido declarada reserva forestal. Veinticinco años atrás los padres de estos campesinos huían de la miseria: unos habían sido despojados violentamente de sus parcelas, otros eran víctimas del desempleo urbano. La esperanza común era que en aquellas soledades podrían alimentar a los suyos.

Abrieron trochas, descuajaron selva, desafiaron las enfermedades y los peligros, y sembraron. Muchos sucumbieron; a quienes perseveraron, la tierra les fue pródiga. Las casas, los bares, la iglesia, no fueron bodegas suficientes para almacenar las enormes cosechas de arroz y maíz. No hubo quien comprara. El INA, actual Idema, que ya por entonces importaba excedentes agrícolas norteamericanos, tampoco adquirió cantidades significativas. La abundancia se había trocado en ruina para aquellos esforzados colonos.

Quien recorre el valle del Guamués sabe que allí entraron hace treinta años colonos de Nariño, principalmente de la provincia de Obando, y se dedicaron a la explotación de las maderas y a sembrar maíz y yuca, palma africana y arroz. Luego, inducidos por funcionarios del Estado y de las Naciones Unidas, plantaron soya. La falta de vías y las políticas de las entidades oficiales dieron al traste con todos sus esfuerzos. En mucha ocasiones, los costos del transporte superaron el valor de los productos. El Idema exigía que la soya y el maíz se le entregaran secos, en una región lluviosa y en la que nunca el Estado financió sistemas de secado. Estos factores y la demora en los pagos a los campesinos, terminaron por desalentar del todo la producción. Hoy, las abandonadas bodegas del Idema en La Hormiga sirven como enormes y mudos testigos de la ruinosa política oficial pata el campo.

Pero la proliferación de cultivos de coca no obedece Solamente a las dificultades que se viven en dichas zonas, sino a la quiebra generalizada de las actividades agropecuarias, agudizada por la apertura económica. Téngase en cuenta que en 1990 las importaciones agrícolas ascendían a 876 mil toneladas y en 1994 llegaron a casi tres millones. El área de cultivos transitorios bajó en cuatrocientas mil hectáreas y la desocupación en el agro es generalizada. Las supuestas ventajas de los mal denominados mercados abiertos enfrentan a nuestra débil y desprotegida agricultura con la subsidiada y poderosa norteamericana.

No es exagerado decir que buena parte del fracaso oficial en la erradicación de los cultivos ilícitos se debe al éxito en su política de erradicar los cultivos lícitos.

Por ello no es extraño encontrar el día domingo en Hong Kong, embarcadero de Puerto Asís, a antiguos recolectores de café, trabajadores madereros del Pacífico, paperos de Nariño, cosecheros de algodón y obreros de los cañaduzales convertidos en jornaleros de los plantíos de coca.

La política de descentralización que traslada a las regiones las cargas de la financiación de los servicios públicos y exige que éstas cofinancien las carreteras, los caminos y toda otra obra, hace aún más grave la situación de la agricultura, en particular de las provincias apartadas. Agréguense a lo anterior las medidas de reducción del gasto público, dictadas por el Fondo Monetario Internacional, que son talanqueras para la inversión gubernamental en la solución de problemas como el que venimos mencionando.

En síntesis, las reivindicaciones de los habitantes de estos territorios chocan directamente con los planes impuestos por Estados Unidos a Colombia. Por eso el régimen burló los acuerdos que permitieron el levantamiento del paro del año pasado en el Putumayo, que lo comprometían a emprender importantes proyectos de infraestructura y bienestar social.

Las llamadas políticas sociales de Samper son un absoluto fracaso. Su anuncio de reducir el desempleo ha resultado en una escandalosa trepada de la cifra de desocupados. Y el anunciado Plante, que mereció el rechazo de los campesinos, ha otorgado un número ínfimo de préstamos en el Guaviare, cerca de cien.

Ante el empuje de la movilización campesina, el ejecutivo ha tenido que llegar a convenios con los dirigentes de la protesta campesina. Estos pactos obligan a la financiación estatal para erradicar los sembrados de coca y a impulsar los cultivos de alimentos, la ganadería y la piscicultura. Centenares de miles de labriegos se mantendrán vigilantes para que tales políticas se lleven a cabo. Colombia debe estimular los renglones productivos para que miles de compatriotas laboriosos no tengan que subsistir de las plantaciones perniciosas. La represión y el arrasamiento no lograrán sino agravar el problema. Es necesario satisfacer las demandas hechas por los pobladores de las zonas cocaleras en el marco de una política de celosa defensa de la soberanía e integridad territoriales de Colombia.

PERSECUCIÓN CONTRA DIRIGENTES DEL MOIR

Coordinados por el Comité Intergremial por la Defensa de la Economía y el Desarrollo Regional del Caquetá, los pobladores de Florencia adelantaron el 23 de agosto una vigorosa protesta para reclamar medidas de alivio a la agobiada economía local. A ésta se sumaron la Asamblea, concejales, ganaderos, comerciantes, sectores educativos y otras fuerzas sindicales. El gobierno respondió presentando denuncias penales contra los dirigentes políticos y populares, bajo la pérfida acusación de «instigación al terrorismo». Entre los líderes perseguidos figuran Alonso Orozco, presidente de la Unión de Usuarios de los Servicios Públicos, Omar Varón, diputado elegido por el Movimiento Caquetá es Colombia, la destacada abogada liberal Lucrecia Murcia y Claudio Pabón, secretario de la Asociación de Institutores del Caquetá. El rechazo a tal atropello ha sido generalizado en la región. También el senador del MOIR, Jorge Santos, se pronunció condenando la persecución.