TOMEMOS NOTA DE NUESTRAS DIVERGENCIAS CON EL OPORTUNISMO

Cuando Carlos Bula y César Pardo cursaron su carta de renuncia, a mediados de 1978, escogieron la mejor ocasión para salirse del MOIR, abogar por un replanteamiento completo de los postulados de la clase obrera y buscar fortuna en otras toldas, con otra compañía y otras miras muy diferentes de las que venían simulando defender. Ciertamente el momento no podía ser más oportuno para la traición. Acabamos de concluir una de las campañas electorales más prolongadas y agotadoras de cuantas hemos afrontado. El desánimo de los destacamentos revolucionarios se palpaba en el ambiente. Ni el MOIR escapó a la ola de confusión y pesimismo que sacudió de arriba abajo su estructura partidaria. La cosa no era para menos. Los votos escrutados en nada compensaban los desvelos consumidos. A pesar de la intensa labor hecha por nosotros y nuestros aliados del FUP, particularmente por Jaime Piedrahíta Cardona, el frente tampoco adquirió la envergadura deseada, luego del resquebrajamiento del ala avanzada de ANAPO, producido por la labor de zapa del Partido Comunista revisionista. Las causas del fracaso se achacaban a la _división de las izquierdas_, al _radicalismo programático_, a la _preocupación por las cuestiones del extranjero_. En consecuencia, por doquier se pedía o se insinuaba la unión a cualquier precio, la sustitución de las reivindicaciones estratégicas por reformas inmediatas y el abandono del internacionalismo. En una palabra, que el Partido, en vista de lo quimérico de un cambio revolucionario en las duras circunstancias prevalecientes, abrazara las posiciones de sus enemigos, y trocara su aspiración de construir una sociedad nueva por la de enquistarse en la vieja, aun cuando fuese entre los escaños reservados a la oposición.

Y como gran telón de fondo, la represión desenfrenada, puesta a funcionar por el régimen a medida que se le enreda la situación económica y social. Con tal de imponer el orden, el gobierno y los cuerpos armados han demostrado estar resueltos a devorar los hígados de sus contradictores. Los allanamientos, las torturas, el deceso de presos políticos, los juicios castrenses, etc., se han vuelto expedientes de ocurrencia normal dentro de la república oligárquica. El Estatuto de Seguridad es una especie de compendio jurídico perfeccionado de las principales disposiciones coercitivas de los últimos lustros, implantadas reiteradamente por las administraciones de la coalición liberal _ conservadora. Con la agudización del saqueo imperialista norteamericano y de sus intermediarios sobre la nación y el pueblo, aparece más evidente que la violencia constituye el mejor, o acaso el único recurso que les queda a los mandatarios colombianos, como a la casi totalidad de sus pares en Latinoamérica, para ejercer el arte de mandar. Si la represión tanto auxilia a las satrapías militares o civiles, obedece, obviamente, a que con ella se aplastan los derechos de las masas esclavizadas, que ven agravarse enormemente las condiciones para expresar su pensamiento, o para organizar y movilizar sus huestes; comienza la revolución a acarrear peligros sin cuento y a demandar mayores cuidados que antes, y las agrupaciones revolucionarias precisan de una mayor acumulación de fuerzas cada vez que estén decididas a pronunciarse de verdad y a hacerse sentir. En medio de aquellas complicaciones, quienes se pasaron a nuestro lado en días relativamente bonancibles, ambicionando emprender una carrera personal fulgurante y rápida, no podían menos que lanzarse al agua al escuchar crujir la nave. Ambos, fenómenos son inevitables, singularmente en un país atrasado como Colombia, de revolución democrático-nacional y con una alta dosis del elemento pequeño-burgués: por un lado, el acercamiento de arribistas y demás _compañeros de viaje_ en los intervalos de ascenso revolucionario o de sostenido desarrollo; y, por el otro, la defección de los mismos personajes durante el reflujo o el auge de la reacción con todas sus secuelas.

En el plano internacional abundan los casos en que el proletariado, siempre que vivió periodos de acérrimas persecuciones hubo de encarar simultáneamente manifestaciones de vacilación, incluso entre los integrantes de su propia vanguardia política, que desembocaron a menudo en conjuras abiertas contra los intereses de clase y originaron profundos rompimientos. Ya hace un siglo que Marx y Engels registraban este tipo de contradicción, cuando criticaron con justa cólera las entregas del ala derecha de la socialdemocracia alemana, descaradamente ostensibles después de la vigencia de la ley de excepción contra los socialistas, por la cual fueron prohibidas las organizaciones del partido y de los obreros, suspendidas sus publicaciones y hostigados sus jefes. Los capitulacionistas de aquella época esgrimían argumentos similares a nuestros reformistas de hoy. Justificaban las entendederas con la burguesía alegando que ante la intensificación de las normas opresivas correspondía aplicarse en el empeño de conseguir objetivos palpables y al alcance de la mano, y relegar los de mayor enjundia que, siendo inaccesibles en el futuro próximo, simplemente contribuyen a enajenar simpatías y cosechar malquerencias. En suma, inmolar la revolución por unas cuantas ganancias pasajeras y mezquinas.

Lenin también vapuleó sin conmiseración las diversas fracciones en que se congregaron los liquidadores del movimiento proletario de Rusia, bastante profusos y en plena efervescencia en los penosos años siguientes a 1905. Allí la historia no se repite pero se parece mucho. El oportunismo grita _¡sálvese quien pueda!_, y corre a acogerse bajo el alero de la prensa legal, en donde engrosa el coro de las plañideras liberales que claman por los retoques al Estado autocrático, la consabida utopía de acoplar las usurpaciones de los grandes señores con la reivindicación de la mayoría despojada. Únicamente al final de hercúleas y perseverantes contiendas, que privaron a las contracorrientes antiobreras de la autoridad ideológica y del piso político, los bolcheviques rescataron la unidad sobre unas bases sólidas y merecieron conducir el proceso.

Si recordamos estas enseñanzas es sencillamente para corroborar que no nos debieran sorprender las presentes dificultades del MOIR, puesto que transcurrimos por un lapso de regresión, con una avalancha represiva que además de restringir drásticamente la acción de los trabajadores de la ciudad y el campo, estimula toda suerte de componendas con los detentadores del Poder y que en nuestras filas ha repercutido hasta en la expulsión de un dirigente y en la fuga de otros dos.

No hemos ocultado que desde un tiempo para acá pasamos apuros a causa del apogeo de dos factores notoriamente relacionados entre sí; el despotismo y el oportunismo. Incluso creemos que nos aguardan peores percances todavía. Nos habremos de batir en los terrenos y con las armas con que arremetan nuestros adversarios. Ante la acentuación de la dictadura oligárquica pro imperialista nos ligaremos lo más estrechamente posible con las clases oprimidas y patrióticas para defender sus derechos democráticos en los diarios enfrentamientos con el régimen. Y ante el engaño de los reformistas desembozados y encubiertos persistiremos en educar a las masas en una democracia consecuente, la de los obreros y los campesinos, diametralmente distinta de la practicada por la coalición liberal-conservadora durante tanto tiempo y que por más que la poden, o la rieguen con discursos melifluos, no dejará jamás de ser la tiranía de un grupillo de intermediaros antinacionales. Al actuar así asumimos la posición del proletariado colombiano, en cuanto éste requiere de las libertades, aunque sean formales, para disponer su movimiento y combatir a sus expoliadores; pero no puede olvidar, ni por un instante, que ninguna conquista democrática bajo el sistema neocolonial y semifeudal hará cambiar la naturaleza del Estado como sojuzgación violenta sobre los trabajadores. En eso le va la salvación. Y ha de rechazar todo compromiso que implique el renunciamiento a cualquiera de estas dos premisas, sin flaquear por los riesgos ni preocuparse por sacrificar el hoy en bien del mañana. Si obra así el triunfo final será suyo y conseguirá instaurar su propia democracia, vale decir, el Poder de las fuerzas antiimperialistas, preludio del socialismo en Colombia. Además, no cuenta con otra alternativa, porque ceder significaría la aceptación voluntaria de la esclavitud. En los periodos de resaca tiene que resistir, agarrándose firmemente a los principios para evitar que lo arrastre el aluvión contrarrevolucionario. Por más que el trabajo se tome embarazoso y el avance mínimo, o nulo, habrá de atenderlo con paciencia y tesón, ya que en tales pruebas es cuando la clase sometida adquiere la experiencia indispensable, forja los cuadros y comandantes más expertos y leales y se prepara para la hora de saltar a la ofensiva, la cual, tarde o temprano, advendrá inexorablemente.

Conforme a esta táctica actúa el MOIR. Hemos deducido del análisis de las relaciones económicas de la sociedad colombiana y del carácter de su revolución que los obreros, para lograr las transformaciones esenciales demandadas por el país y la independencia nacional del yugo extranjero, se hallan impelidos a configurar un poderoso frente único, con el concurso, en primer término, de los campesinos y demás capas medias de la población, pero sin excluir al sector de la burguesía que mantiene contradicciones insoslayables con el imperialismo. Coronar esta meta presupone un grado considerable de desarrollo de las fuerzas propias y un desenvolvimiento favorable de la situación política. Por ausencia de tales requisitos los intentos de crear un frente han sido hasta ahora restringidos; con lo mucho que estimamos el ganar un aliado de masas y no obstante los aprietos vividos, nunca hemos hecho un acuerdo que nos coarte la agitación o la propaganda de los postulados revolucionarios.

Por encima del odio acumulado, los revisionistas y Firmes nos presionaron recientemente a pactar una plataforma de reformas y con ella a concurrir unidos a los sufragios del 9 de marzo. Rehusamos convencidos de lo provechoso de una confrontación en descampado con las contracorrientes revisionistas y reformistas que, al salir de cacería de votos, se pertrechan con las tesis de la reacción emulando impúdicamente con los peores manzanillos del bipartidismo tradicional. Que la militancia del MOIR tome nota de la abismal diferencia y la haga comprender de las masas de obreros y campesinos que influenciamos.

No se sabe cuál ha ido más lejos en su oportunismo, si el Partido Comunista o Firmes. Aquel pregona sus realizaciones, como la construcción de acueductos, alcantarillados y escuelas, la dotación de vivienda, la pavimentación de vías, etc., y valiéndose de estos vulgares halagos pide el respaldo de las gentes necesitadas. Desde luego sin mencionar una palabra respecto a que semejantes maravillas únicamente son viables para una ínfima minoría dentro del régimen vigente, porque eso sería espantar a la paloma sufragante. Firmes, por su lado, plantea que los recursos financieros del Estado están mal manejados, _con total ausencia de criterios de justicia social_, y solicita una oportunidad para coadministrarlos desde las corporaciones públicas. Y ambos hablan de una extraña revolución sin el previo desalojo de las clases dominantes ni la instauración en el mando de las mayorías expoliadas. Confunden democracia con liberalismo y estimulan la ilusión de que la libertad del pueblo coexistirá, con algunos ajustes, junto a la dictadura antinacional y antipopular. En lo que atañe a los asuntos internacionales coinciden bastante en prohijar el expansionismo soviético, contrariando los sagrados anhelos de independencia y soberanía de la nación colombiana que combate por desasirse de la coyunda estadinense, no para caer en las garras del social imperialismo, sino para labrarse un porvenir próspero y libre de cualquier índole de intromisión foránea. En lo que no pudieron avenirse fue en la elaboración de las listas. Al fin y al cabo sus apetitos curuleros van más en serio que sus devaneos doctrinarios.

Las elecciones, pues, nos proporcionan uno de los tantos campos de batalla contra la escalada revolucionaria. Llegamos a él sin haber traficado con los principios, conscientes de las múltiples dificultades de la coyuntura actual. Mantenemos en lo fundamental los aliados de 1978, pero continuamos creyendo que el crecimiento del frente, o su merma, depende de que consigamos vencer o no a las contracorrientes oportunistas en boga. En todo caso sabremos cómo obrar, ya sea ampliando la unidad o quedándonos solos al pie del cañón. En esta última disyuntiva repetiremos con Engels: «Hay circunstancias en las que se debe tener el valor de renunciar a los éxitos inmediatos en aras de cosas importantes» 1.


Nota :
(1) Carta de Federico Engels a Augusto Bebel. «Obras escogidas C. Marx F. Engels»
Editorial Progreso Moscú 1973. Pg. 456

LA GARRA DE MOSCÚ SE CIERNE SOBRE EL CARIBE

Desde hace dos décadas, el socialimperialismo soviético ha venido utilizando progresivamente a Cuba como punta de lanza para varias de sus empresas de expansión. No sólo ha trasladado miles de soldados cubanos a entrometerse en los asuntos de países africanos, sino que más recientemente se está valiendo de La Habana para conseguir influencia en una región neurálgica, el Caribe, situada en las barbas mismas del imperialismo norteamericano.

Los mercenarios de Moscú
Cuando en octubre de 1962, el bufonesco líder del Kremlin, Nikita Krushov, se vio forzado a retirar, cabizbajo, los mísiles que aventureramente había instalado en territorio cubano, la proporción de fuerzas nucleares favorecía a Washington 5 a 1. Para ese entonces, ya estaban establecidos en la isla caribeña varios millares de militares y asesores rusos. A partir de esa época, a tiempo que se dedicaba con frenesí a incrementar el poderío nuclear, la URSS comenzó a prestar particular atención a su aliado recién adquirido, especialmente en lo relativo a su equipamiento bélico.

Ocho años después de la “crisis de los mísiles”, a mediados de 1970, pocos días después de la visita del ministro de Defensa Soviético a Cuba, se inició la construcción de una base naval para submarinos en la bahía de Cienfuegos, al sur de la isla. El objetivo era levantar una estación para el aprovisionamiento de naves atómicas rusas en el corazón del Mar Caribe, a pocos centenares de kilómetros de Estados Unidos y del Canal de Panamá. Una vez más, la reacción de la Casa Blanca obligó a los rusos a abandonar su proyecto. La “crisis de Cienfuegos” había sido superada.

Sin embargo, pocos años más tarde, a partir de 1975, Cuba volvería a ser el centro de la atención mundial por el envío de tropas a intervenir en Angola. La URSS, empleando a sus mercenarios, dividió el movimiento de liberación angoleño y asumió el control total de la nación africana. Asimismo, desde 1977, las fuerzas expedicionarias cubanas, armadas y comandadas por los revisionistas rusos, apoyaron al régimen militar de Etiopía en su conflicto del Ogadén con Somalia, y en la represión sanguinaria de la guerra liberadora del pueblo de Eritrea. El año pasado, consejeros militares cubanos y soviéticos participaron en la agresión lanzada por el gobierno pro-moscovita de Yemen del Sur contra Yemen del Norte. En total, Cuba mantiene sólo en África alrededor de 50.000 hombres en más de una docena de países, realizando las labores sucias para sus amos de Kremlin.

En 1978 surgió otra amenaza: la presencia en Cuba de 20 aviones rusos Mig-23, aparatos con una gran autonomía de vuelo (1.900 kilómetros) y capaces de portar armas nucleares. Esto violaba los acuerdos alcanzados entre Kennedy y Jrushov en 1962, en el sentido que la URSS no desplegaría armas ofensivas en Cuba. Sin embargo, las autoridades soviéticas afirmaron que dichos cazas tenían objetivos “puramente defensivos”. La administración Carter aceptó tranquilamente semejante explicación. Para la época de la “crisis de los Mig”, Rusia había alcanzado a los Estados Unidos en la carrera de armamentos nucleares.

Por último, en agosto de 1979, se produjo la “crisis de la brigada soviética”. La inteligencia yanqui descubrió la presencia en Cuba de 3.000 soldados rusos, toda una brigada de combate equipada con tanques, artillería, unidades motorizadas y servicios de apoyo. El gobierno estadinense protestó con energía, señalando que el estacionamiento de tropas regulares soviéticas en el Caribe era “inaceptable”. Moscú, no obstante, respondió con arrogancia que dichos efectivos estaban allí sólo para entrenar a los cubanos y que, por lo demás, era “ un derecho inalienable” de la URSS ubicar soldados en la Isla. Según parece, la brigada tiene dos propósitos; sustituir parcialmente a los mercenarios cubanos que se hallan en África y proteger una estación monitora de gran poder, encargada de interceptar comunicaciones de radio y micro-ondas de los Estados Unidos. Este escándalo surgió justo antes de la VI Cumbre de Países No Alineados, celebrada en La Habana, donde Fidel Castro tuvo el descaro de presentarse como adalid de la neutralidad y la equidistancia frente a las grandes potencias.

La Casa Blanco, en vista de tamaña provocación por parte de su rival, anunció una serie de contramedidas; el desembarco (más bien simbólico) de 2.000 infantes de marina en la base de Guantánamo, operación realizada a mediados de octubre último; la creación de un contingente especial para vigilar y contrarrestar las actividades soviético-cubanas en el área del Caribe; el desarrollo de maniobras militares, y el incremento de la asistencia económica a los regímenes amigos de la región.

Un país militarizado, una economía en crisis
Cuba, nación de diez millones de habitantes, posee uno de los ejércitos más grandes de toda América Latina, siendo superado sólo por el de Brasil, que cuenta con más de 100 millones de habitantes; México con una población siete veces mayor que la cubana, cuenta apenas con un ejército de la mitad del cubano. En la actualidad, Castro comanda una fuerza de 190.000 hombres, más 90.000 reservistas, 10.000 efectivos de la seguridad interna y 100.000 milicianos. El 25% del ejército se encuentra a miles de kilómetros, en África, combatiendo para los intereses imperiales de la URSS.

Este enorme contingente, reserva de mercenarios para Moscú, está reforzado con equipo ruso de primera calidad: 119 buques de guerra, 1.000 tanques y 600 aviones de combate. Además, hay cerca de 150.000 asesores expertos civiles y militares soviéticos; pilotos rusos realizan vuelos de la fuerza aérea cubana, y los aparatos de la URSS pueden utilizar libremente varias bases. Cuba se ha convertido en un gigantesco campamento militar, siempre a disposición del oso moscovita.

Esta situación le está costando caro al pueblo cubano. Según declaraciones de Raúl Castro, su país recibe nueve millones de dólares diarios de la Unión Soviética en “ayuda” económica y, sobre todo, militar, cifra más alta que la que recibe cualquier satélite de los social imperialistas. En consecuencia, la deuda externa para con los rusos es astronómica, más de 10.000 millones de dólares, al 3% anual. Esto sin contar 1.500 millones en acreencias con bancos internacionales de Occidente.

Después de 21 años de régimen castrista, Cuba exhibe rasgos propios de una economía neocolonial: a) sigue predominando el monocultivo cañero (el 86.5% de las divisas provienen del azúcar, mientras en 1959 dicho porcentaje era del 74%); b) tres cuartas partes del azúcar las compran la URSS y sus vasallos del CAME, bloque al cual ingresó La Habana en 1972; c) importa de Rusia todo el combustible, los cereales, el algodón, la maquinaria y otros productos claves: d) parte de las exportaciones de azúcar, níquel tabaco y frutas sirve para amortizar la deuda con el Kremlin; e) los planes económicos tienen que coordinarse con los de la URSS; f) los rusos han financiado el 30% de los proyectos eléctricos y el 95% de los metalúrgicos; g) técnicos revisionistas ocupan cargos en todas las secciones de la industria y la agricultura y en varios ministerios.

En mayo de 1977, refiriéndose a las relaciones ente la Unión Soviética y Cuba, Fidel Castro aceptó la situación de dependencia de esta última, diciendo: “La experiencia histórica demuestra, exactamente como lo hace la nuestra propia, que una vez establecidos los lazos económicos entre dos países, cualquier gobierno responsable, cualquier gobierno verdaderamente preocupado por su pueblo, debe meditar sobre estos intereses y vínculos. Los lazos económicos, en uno u otro sentido, realmente ejercen cierta influencia sobre la actitud del gobierno”.

Raúl Castro reconoció que la nación estaría en la bancarrota total si no fuera porque es subsidiada por Moscú. Y, finalmente, en enero de este año, luego de intensas purgas en el aparato estatal, el mismo Fidel Castro afirmó que “navegamos en un mar de dificultades”, que se decretará un “corte drástico” en varios sectores económicos, que habrá que llegar a una “reducción de las fuerzas de trabajo”, que se enviarán obreros cubanos a cortar madera a Siberia, etc, etc.

A este desastroso panorama contribuye, en buena parte, el sostenimiento de la enorme fuerza expedicionaria en África, cuyos gastos se convierten en una verdadera sangría para la frágil y dependiente economía cubana.

Rivalidad en el Caribe
Esta importante región, tradicionalmente considerada como coto de caza de los imperialistas yanquis, el “lago norteamericano”, ya es escenario de la disputa entre las dos superpotencias. Parapetados detrás de Cuba, los nuevos zares rusos están empeñados en conquistar posiciones, ganar influencia y, especialmente, poner pie en los convulsionados países norteamericanos.

La cuenca del Caribe incluye 11 países y territorios continentales (desde México hasta Surinam, pasando por Colombia y Venezuela) y más de 30 islas, con una población total de unos 160 millones de habitantes. Por allí cruza el 40% de las importaciones petroleras de los Estados Unidos; es paso obligado hacia el Canal de Panamá; posee inmensos recursos de petróleo, gas natural, níquel, hierro, cobre, bauxita, manganeso y muchos otros; los grandes monopolios norteamericanos operan numerosas refinerías y pozos petroleros en varios lugares de la zona. Estas son apenas algunas de las características que hacen del Caribe una presa muy apetecida para los soviéticos y muy cara para los yanquis. Es por ello que los Estados Unidos tienen alrededor de 30 bases e instalaciones militares diseminadas a lo largo y ancho de este sector del mundo. Sin embargo, no hay que olvidar que Rusia tiene la más grande base de la región: la isla de Cuba.

Desde hace tres años, aproximadamente, el régimen cubano, con el pretexto de apoyar los movimientos de liberación nacional y las luchas contra las dictaduras, y aprovechando el desprestigio de los imperialistas del Norte, ha venido infiltrándose abierta y soterradamente en varios países insulares y continentales. Naciones como Jamaica, Guyana, Santa Lucía, Granada y Nicaragua han estrechado notablemente sus lazos políticos y económicos con La Habana, lo cual se ha puesto de relieve en los casos de ciertas votaciones en la ONU y otros organismos. En todos estos países hay numerosos asesores y técnicos cubanos de todo tipo. Se rumora insistentemente que los espoliques de Moscú intrigan en El Salvador, Guatemala y Honduras, donde se desarrollan intensos conflictos sociales.

Washington no parece estar muy dispuesto a perder más de lo que ya ha perdido en el Caribe y ha anunciado un fuerte respaldo económico y militar a los aliados que se hallan amenazados por la expansión ruso-cubana.

La URSS, que necesita con urgencia recursos naturales y esferas de dominación, no se detiene ante nada y extiende su garra a todos los confines del mundo, disputándole al Tío Sam sus posesiones. Para ello se vale de todos los medios, incluyendo el fomento de contradicciones entre los diversos Estados del área. Los pueblos caribeños, a la vez que luchan por sacudirse el yugo estadinense, deben aumentar su vigilancia contra los designios depredadores y hegemonistas del socialimperialismo soviético.

¡LIBRE CONSUELO!

El sábado 23 de febrero a las 12 del día, Consuelo de Montejo salió por fin de la cárcel El Buen Pastor, donde estuvo recluida durante 108 días, pagando una pena de arresto, originalmente de un año, que los altos mandos le impusieron en represalia por el valor y la altivez de la aguerrida directora de El Bogotano, en sus denuncias de la represión, las torturas y las infamias que el régimen oligárquico comete contra los oprimidos de Colombia.

Desde cuando Consuelo fue detenida, la demanda popular por su libertad recorrió el país de un extremo a otro. Como candidata al Concejo de Bogotá se convirtió en un símbolo de combate. También fue aclamada para las asambleas departamentales de Atlántico, Meta, Norte de Santander y Santander, así como para los concejos de Chiquinquirá (Boyacá) y Manizales. El repudio nacional a su arbitraria detención logró que, finalmente, se le redujera la pena y se ordenara su libertad inmediata e incondicional.

Pocas horas después de haberse reunido de nuevo con los suyos. Consuelo presidió nutridas concentraciones en los barrios capitalinos de Tunjuelito y las Cruces donde millares de entusiastas activistas del FUP la vitorearon y le brindaron una calurosa bienvenida. «Ahora estoy otra vez en la batalla», declaró la dirigente del MIL, y agregó: «No he tenido ningún escarmiento. Hoy más que nunca mi posición es todavía más firme».

DENODADA RESISTENCIA A LA FUMIGACIÓN TERRATENIENTE

Desde hace más de un año y medio, los integrantes de las Ligas Campesinas de Risaralda y Caldas han venido librando una lucha cotidiana contra los grandes señores de la tierra en ambos departamentos. La organización gremial de los labriegos, independiente de cualquier tutelaje por parte del gobierno, agrupa a varios comités veredales en los corregimientos de Arauca, La Miranda, La María, El 41, Irra, Cuba, Camacho, Varsovia, Agua Salada, Opirama y Cañaveral. Sus miembros han contado con el respaldo incondicional de numerosos sindicatos de la clase obrera en Pereira y Manizales, y hasta la fecha han realizado dos encuentros de delegados, el último de ellos en la bodega de una estación de ferrocarril, con el propósito de coordinar el combate contra la fumigación indiscriminada que llevan a cabo los terratenientes en la zona. El problema consiste en que éstos utilizan a su arbitrio pesticidas, herbicidas y matamalezas que acaban con la fauna, la flora, con los recursos naturales y muchas veces hasta con la vida de los campesinos obreros.

Otro crimen contra el pueblo
Miles de pequeños y medianos propietarios y aparceros que moran en las riberas del río Cauca, desde la Virginia, en Risaralda, hasta La Pintada en los límites de Antioquia y Caldas, trabajan sus cultivos de café o caña de azúcar, de maíz o de árboles frutales en parcelas por lo general muy fértiles, que en algunos casos han sido arrebatadas a los playones del río mediante el esfuerzo tesonero de varias generaciones.

Colindando con estas tierras están las grandes fincas de los latifundistas, en las estribaciones de la cordillera, dedicadas a la ganadería extensiva en interminables potreros sembrados de pará, janeiro, puntero y otros pastos que los hacendados fumigan con matamalezas de fabricación norteamericana, como el anikil 45, el eterno y el ceretox, productos químicos que por su altísimo grado de concentración de ácidos tóxicos fueron prohibidos en los Estados Unidos desde principios de 1979.

En Colombia, sin embargo, donde los monopolios extranjeros son los que dictan la política estatal en este y otros campos, el señor Turbay Ayala y su ministro de Agricultura les han extendido carta blanca a los terratenientes para que apliquen estos pesticidas como les venga en gana, causando estragos entre la población campesina. El anikil 45 que se emplea en el cañón del río Cauca, por ejemplo, es una mezcla venenosa especialmente elaborada para combatir malezas de hoja ancha y por lo tanto no destruye los pastos de los potentados.

Por el contrario, son los cultivos del pequeño y mediano propietario y aparcero de los alrededores los que tienen que sufrir las consecuencias de los ácidos. Los herbicidas se esparcen por el viento y arrasan las cosechas, deforman y degeneran las plantas, momifican los frutos antes de que lleguen a su estado de madurez, contaminan el agua de las quebradas y atentan contra la salud de los labriegos. Entre los jornaleros que trabajan en los grandes hatos hay compañeros con llagas, cólicos, mareos continuos y fuertes dolores de cabeza ocasionados por inhalaciones del producto. La fumigación también afecta gravemente a las mujeres embarazadas. En el corregimiento de Irra han nacido varios niños muertos, y en muchas veredas se comprobaron decenas de casos de malformaciones congénitas, como el labio leporino, en los hijos recen traídos al mundo por madres que recibieron aspersiones directas de anikil.

Los encubridores del delito
Tres ingenieros agrónomos de la Universidad de Palmira que fueron invitados a la región por las Ligas Campesinas de Irra y otros corregimientos, adelantaron sobre el terreno estudios científicos que corroboran ampliamente las denuncias de los agricultores. Las conclusiones del informe, acompañadas con muestras de material vegetal contaminado, se enviaron al ICA y a los Ministerios de Salud y Agricultura sin que ninguno de estos organismos tomara las medidas pertinentes. Algunas semanas más tarde los dueños de los latifundios crearon un flamante Comité Pro-defensa de los Ganaderos del Viejo Caldas, que comenzó a publicar costosos artículos de prensa acusando a los agrónomos de ser “agentes subversivos” y “mitómanos comunistoides” que deberían estar en la cárcel.

Pero los funcionarios oficiales conocen de sobra la gravedad del problema y están enterados de que los pesticidas que utilizan los terratenientes en la zona contienen ácidos mortíferos; saben que monopolios norteamericanos con la Dow Chemical, una de las principales empresas petroquímicas de los Estados Unidos, han sido condenadas penalmente en varias naciones del Tercer Mundo por vender matamalezas venenosos a sabiendas de que destruyen la vida humana. Lo que sucede en Risaralda y Caldas, al igual que en muchos otros departamentos del país, es que los propietarios de las haciendas ganaderas se confabulan con el gobierno y las compañías imperialistas para obligar a los campesinos a emigrar a otras regiones o a ceder sus parcelas a precios irrisorios. Como señala el informe de la Universidad de Palmira, “de lo que se trata es de una forma soterrada de expulsar a los labriegos de la tierra que trabajan”.

“Si quieren pelea, aquí la encuentran”
Ante la lucha desplegada desde 1978 por las Ligas Campesinas de Risaralda y Caldas, y una vez que las autoridades norteamericanas habían vetado el uso de estos pesticidas en el interior de las fronteras yanquis, el Ministerio de Agricultura colombiano tuvo que expedir un decreto que prohibía la utilización de anikil 45 y demás substancias similares en el país. No obstante, los terratenientes continuaron fumigando con los mismos productos letales en el cañón del río Cauca, y para ello se valieron de su numeroso séquito de capataces, inspectores de policía, alcaldes, gobernadores y demás sicarios a su servicio.

En agosto y septiembre de 1979 fueron militarizadas las veredas de Cuba y La María, en los municipios de Neira y Anserma, respectivamente. Con el mayor cinismo, los soldados se alojaban y se alimentaban en los predios de los latifundistas. Las viviendas de los agricultores humildes eran allanadas casi todos los días, con cualquier pretexto, y a sus dirigentes se les acusaba de tráfico ilegal de armas, de pertenecer a supuestos grupos guerrilleros o de estar cultivando marihuana. Mario Giraldo, presidente de la Liga de Campesinos Pobres de La María y uno de los líderes agrarios más influyentes del departamento de Caldas, estuvo detenido durante tres días en las barracas de una finca ganadera. Daniel y Otoniel Rueda, Josefina Cardona y muchos otros compañeros conocieron las mazmorras del Batallón Ayacucho en Manizales y de la VIII Brigada en Armenia.

Pero la represión desembozada del gobierno no ha sido capaz de amedrentar a los labriegos. Al principio, estos recorrían los hatos de los hacendados impulsando la constitución de comités de lucha entre los aparceros y trabajadores agrícolas. Posteriormente promovieron combativas movilizaciones de protesta en diferentes municipios y se ganaron el apoyo de vastos sectores populares. Hoy en día han logrado construir organizaciones de los oprimidos del campo en muchas veredas y corregimientos, y están decidios a defender sus siembras y a no dejarse expulsar de sus parcelas por ningún motivo.

En el Segundo Encuentro de Ligas Campesinas de Risaralda y Caldas, realizado el 4 de marzo de 1979 en el corregimiento de Arauca, Mario Giraldo denunció a los regímenes de la oligarquía liberal-conservadora como responsables directos del envenenamiento que sufren los agricultores en la zona, y señaló que el ICA y los Ministerios de Salud y Agricultura son entidades arrodilladas frente a los monopolios norteamericanos y sus intermediarios criollos. El compañero concluyó su intervención con las siguientes palabras: “El problema de la fumigación destructora de nuestros cultivos es apenas una de las formas de opresión con que pretenden subyugarnos los latifundistas. A nosotros no nos queda otro camino que el de organizarnos y combatir en defensa de nuestra libertad, de nuestra tierra y de nuestros derechos. Sabemos que la brega será prolongada y difícil, pero estamos seguros de que el triunfo corresponderá tarde o temprano a los campesinos desheredados de Colombia. De modo que si los terratenientes quieren pelea, aquí la encuentran”.

ANAPO DE CÚCUTA EXPULSA A PERNÍA

La Asamblea de Dirigentes de la Alianza Nacional Popular, Presidentes de Comandos en reunión extraordinaria efectuada el día 25 de enero de 1980 en uso de las atribuciones que le confiere su Plataforma Ideológica aprobada en Villa de Leyva el 13 de junio de 1971.

TENIENDO EN CUENTA QUE el doctor JULIO CÉSAR PERNÍA, furtivamente y a espaldas de la militancia, desconociendo la libre determinación que deben regir los destinos de un Partido Revolucionario, pactó en una minúscula reunión una alianza con el Partido Comunista, cuyo único propósito es tratar de defender con su nombre el menguado prestigio del Partido Comunista, y su secretario regional MIGUEL ANGEL RUEDA, quien sería en el remoto caso de una elección, quien asistiría al Concejo de Cúcuta, puesto que el doctor Julio César Pernía se halla radicado en definitiva en la ciudad de Bogotá, perdiendo así nuestro Partido su representación, que en un lapso de 16 años se ha mantenido en el Cabildo Municipal.

RESUELVE:
Artículo 1°. Destitúyase al doctor JULIO CÉSAR PARNÍA de la presidencia del Comando Departamental y alértese a la militancia en la no-injerencia a partir de la fecha del doctor Pernía en los asuntos internos y dirección de nuestro partido.

Artículo 2°. Apruébase el lanzamiento de listas propias al Debate Electoral del 9 de marzo de 1980.

Jesús Manuel Carvajal Hernández.
Presidente

INDIGNACIÓN POR LA TRAGEDIA DE LAS CORRALEJAS

Con motivo de la terrible tragedia ocurrida el pasado 20 de enero en Sincelejo, cuando centenares de gentes humildes perecieron al derrumbarse parte de los tendidos de una plaza construida en madera para celebrar el tradicional espectáculo de corralejas, el Comando Departamental del Frente por la Unidad del Pueblo, FUP, expidió un comunicado, del cual extractamos los siguientes apartes:

“El FUP se une al dolor que embarga a todas las familias afectadas por esta catástrofe absurda. De paso, pensamos conveniente hacer pública nuestra posición al respecto, ya que ante estos dolorosos acontecimientos se ha levantado la tremenda polvareda de un debate que no busca otro fin distinto al de eximir de toda responsabilidad a los terratenientes y al gobierno de Sucre, que son quienes organizan y llevan a efecto esta fiesta macabra”.

“La opinión pública sabe que los palcos de madera destinados a albergar a más de 20 mil espectadores fueron construidos de manera apresurada, pues su iniciación se había retrasado debido al pugilato entre el grupo terrateniente de los Guerra, que defiende intereses económicos y políticos, y el de Arturo Cumplido, que reclamaba la paternidad ancestral sobre las corridas del 20. Es insólito que ni un solo ingeniero haya supervisado la realización de esta obra levantada sin el menor requisito de seguridad. Hay consenso en las declaraciones que afirman que la tierra del lugar es removida y floja; que los parales que sostienen los palcos de tres pisos fueron enterrados a poca profundidad y, además, que no hubo ningún control para limitar la entrada de los espectadores. La responsabilidad de tan elementales fallas de previsión sólo puede recaer sobre el gobierno y la junta organizadora, y sobre ellos el pueblo volcará todo su odio, engendrado en el dolor de sus muertos y heridos, hasta cuando pueda cobrarles a estos fariseos tan abominable genocidio”.

“El gobierno nacional tampoco podía quedarse sin tomar parte en el asunto. Mucho menos cuando se ha venido especializando en la utilización de las grandes tragedias y desgracias del pueblo para encubrir su naturaleza despótica. ‘El diablo haciendo hostias’ como dice el adagio. La gente azotada por el terremoto del año pasado en Tumaco, denunció que los dineros y auxilios de solidaridad eran utilizados para hacer campaña política (…). Aquí, la hija del Presidente y la del ministro de Salud, en compañía de algunos terratenientes de la región, conformaron un comité de solidaridad con este infame propósito”.

“Las corralejas, herencia del feudalismo español, son la más genuina expresión de la cultura de los grandes terratenientes en la Costa Atlántica. En ellas, los más poderosos de entre los ganaderos compiten con soberbia y crueldad para que sus toros sean reconocidos como los más feroces. ¡Sangrienta forma de valorizarlos! Al pueblo se le atrapa en esta red atrayéndolo con la fiesta y el trago. De esta manera se consuma este holocausto que, año tras año, desde hace un siglo, ha sacrificado innumerables víctimas”.

“El Estado, de su parte, saca enormes beneficios de las corralejas (…). El Municipio arrienda al mejor postor, en una subasta millonaria, el lote donde se levanta la plaza. Este año el alcalde favoreció a la familia del jefe de su grupo, el guerrismo, quien quedó así con jugosos negocios en sus manos y con el monopolio de la junta organizadora. Esta alquila a partidarios suyos los palcos, quienes a su vez los subarriendan, formándose así una larga cadena de especulación”.

¡POR FIN RELACIONES DE COLOMBIA CON CHINA!

El 4 de febrero de este año, el gobierno colombiano anunció oficialmente el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China, luego de varios años de dilaciones para tomar esta determinación.

Asimismo, al reconocer al gobierno de Pekín como único representante del pueblo chino, Colombia rompió sus nexos con el régimen de Taiwán, donde sólo mantendrá una delegación comercial. Con nuestro país ya suman 115 las naciones que sostienen vínculos de Estado con la China.

Los sectores democráticos y revolucionarios y el pueblo colombiano en general han deseado estrechar sus lazos de amistad con la gran república socialista y sus 900 millones de seres, y ven en este suceso un triunfo más de la correcta política internacional del gobierno chino, basada en la igualdad, el beneficio recíproco y la coexistencia pacífica.

LIGA DE «LA GUAJIRA» RECHAZA PROVOCACIONES

Cerca al corregimiento de Arma, en el municipio caldense de Aguadas, 42 familias vienen librando, muchas de ellas desde hace 40 años, una lucha tenaz en defensa de las tierras que trabajan en el predio “La Guajira”. Entendiendo que la unidad y la lucha son las únicas armas de que disponen para hacer valer sus derechos, los campesinos se organizaron en una liga independiente, la cual ha recibido el apoyo irrestricto de los demás habitantes de la región y de los sindicatos agrupados en el Comité Regional de Solidaridad de Caldas. Lugartenientes de uno de los mayores acaparadores de terrenos de la región introdujeron un obstáculo en la válvula de inspección de motor del trapiche, queriendo sabotear la producción de panela.

Posteriormente han amenazado con retirar la mulada de la finca, en confabulación con funcionarios del Incora. Prevalido de sus influencias ante el gobierno, el latifundista que alega ser el dueño de “La Guajira”, se apropia del arduo trabajo de los parceleros en los cañamelares y los cafetales y pretende paralizar las labores en la finca.

“A nosotros nos interesa todo lo contrario pues entre los cañaduzales, los cafetales y las sementeras hemos entregado nuestras vidas y continuaremos la lucha hasta el día en que no sintamos sobre nuestros hombros el peso agobiante del terrateniente, cual vampiro se alimenta de nuestra sangre”, dice uno de los últimos boletines de la liga.

ACRIBILLADO ACTIVISTA DEL MOIR

El 1 de enero de este año, en el lugar denominado Talauta, del municipio de El Peñón, Cundinamarca, fue asesinado Leonidas Bustos, activista del MOIR.

Nuestro camarada se hallaba en compañía de su hermano Nelson, quien a su vez recibió graves heridas, cuando fue abatido por dos balazos a quemarropa, disparados por un ex policía al cual, no obstante haber sido reconocido y denunciado, las autoridades le facilitaron la fuga.

El MOIR condena el execrable asesinato de Leonidas Bustos y honra su memoria exaltando, como lo hizo un comunicado del Comité Local de nuestro Partido en Pacho, «su sencillez, su modestia, su abnegación y espíritu de sacrificio, el amistoso tratamiento con sus compañeros y su espíritu revolucionario».

SE SOSTIENE INVASIÓN DE LA GABARRA

El 23 de octubre del año pasado, más de 150 familias invadieron terrenos oficiales ubicados en la población de La Gabarra, corregimiento del municipio de Tibú, que está a orillas del río Catatumbo, en Norte de Santander. Inmediatamente el ejército cercó a los necesitados campesinos, los amenazó descerrajando varias ráfagas al aire e hirió a un cacique motilón que se había unido a la toma de la tierra. La actitud valerosa de hombres y mujeres echó atrás las pretensiones intimidatorias de los uniformados.

Obligado por la firme determinación de los ocupantes del lote, el alcalde se comprometió a respetar los ranchos a cambio de que invasores contrataran los servicios de un topógrafo profesional para organizar el loteo del predio. Con el apoyo del Comité Regional Intersindical del Norte de Santander, los combativos indigentes consiguieron la ayuda de un topógrafo, sin costo alguno. La superación de este obstáculo exacerbó al alcalde y al personero, quienes tenían intereses particulares en el terreno. Un hermano del personero, por ejemplo, gamonal conservador de la zona y concejal de Tibú, había cercado la mejor parte del predio, apropiándosela arbitrariamente, en las narices del ejército y sin que éste se hubiera dado por notificado. Este abuso descubrió a la población las verdaderas intenciones de las autoridades, las que habían argumentado que allí se iba a edificar una escuela pública. A golpe de rula, los colonos, los indígenas y los pequeños comerciantes hicieron saltar las grapas que sostenía las alambradas tendidas por el codicioso concejal. Con diversas argucias y amenazas, las autoridades han querido desalojar a los invasores. Pero “la vida ha comprobado que sólo la voluntad inquebrantable de actuar con intrepidez frente a la situación es lo que le ha dado hasta ahora la victoria los compañeros de “La Gabarra”. Estamos seguros de que así seguirá siendo en el futuro”, dice un comunicado de solidaridad firmado por el Frente por la Unidad del Pueblo, FUP, de Cúcuta, y por los dirigentes estudiantiles de aquella ciudad, Waldo Moreno Calixto y Álvaro Cáceres.