PARTIDOS, SINDICATOS Y PERSONALIDADES EXALTAN

Declaración del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista Colombiano

«Ha muerto en Bogotá Francisco Mosquera, fundador y principal dirigente del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, cuya Secretaría General ocupó durante varios años. El compañero Mosquera estuvo vinculado a la organización sindical, a las corrientes revolucionarias del marxismo y a los movimientos de convergencia con el Partido Comunista y otros sectores políticos. Surgido de la lucha universitaria y del tumultuoso proceso de acciones que emergió del ejemplo de las revoluciones de China y de Cuba, mantuvo a lo largo de los años más difíciles su fidelidad a la causa de los trabajadores y de la liberación de nuestra patria. Del compañero Mosquera y del MOIR nos han distanciado en varios períodos enfoques y conductas, al tiempo que nos han acercado puntos de vista y prácticas revolucionarias en nuestro común interés por crear el partido de los trabajadores, de la izquierda y el progreso social, enfrentándonos a los partidos de la gran oligarquía y su poder discriminatorio y excluyente, en una sociedad marcada por la violencia y la intolerancia.

«Ante el fallecimiento de este destacado combatiente del pueblo colombiano, renovamos nuestra voluntad de lograr la más cercana coincidencia política con los núcleos que como el MOIR, defienden el patrimonio de lucha y de esperanza de nuestras gentes del común y aspiran a crear el gran movimiento que se constituya en una alternativa real al poder de las clases dominantes, que avance hacia la paz, la democracia y la defensa de la soberanía nacional. Hacemos llegar a la militancia del MOIR nuestras más sentidas condolencias. Que esta pérdida se constituya en motivo para arreciar nuestra lucha común y avanzar hacia la unidad de todos los revolucionarios y demócratas colombianos». (Voz, agosto 2 de 1994)

Padre Luis Antonio Gallardo
«Lamento profundamente fallecimiento camarada Francisco Mosquera, líder ejemplar auténtico patriota, apasionado defensor de los sagrados intereses de las clases trabajadoras, enamorado de la vida y la paz fundadas en la justicia social y los derechos humanos. Paz a su tumba y gloria y honor a su memoria». (Pasto, agosto 3 de 1994)
Revista International Report, Los Angeles:
«El compañero Francisco Mosquera significó una gran ola de esperanza, por su magnífica visión, su incansable labor motivada por el más profundo cariño y guiado por una luz interna brillante que le iluminaba el camino con una gran certitud, para liberar a su país de todos los yugos que lo oprimen (…) De Francisco Mosquera supimos lo acertado de lo que decían sus compañeros de él: que hay hombres que son capaces de ver años y décadas; pero que Pacho Mosquera era un hombre capaz de ver siglos y siglos en el futuro (…) En nuestro siglo hemos visto revoluciones políticas y económicas de los oprimidos contra los opresores; hemos visto transformaciones culturales y revoluciones científicas. Bajo la dirección de Francisco Mosquera, en Colombia, hemos sido privilegiados por ver en práctica una transformación a la vez política, económica, cultural, científica (…) La imagen que siempre llevaremos en nuestros corazones de este gran amigo es el recuerdo de la primera vez que lo conocimos: joven, sin ninguna arrogancia, pero con una mirada profunda, llena de amor y de una claridad que penetraba el alma; lo hacía a uno sentir que estaba en presencia de uno de los grandes seres de la humanidad y de la historia (…)»

Rosalinda González, Raúl Fernández, Gilberto González, Joanna Endter, Myrna Cherkoss, Tommy Donahue, amigos del International Report.

Solita de Jaramillo:
«Apreciados compañeros:
«Motivos de salud me impidieron acompañarlos personalmente en los dolorosos momentos, para el MOIR y para el pueblo colombiano, por la prematura desaparición del dirigente Francisco Mosquera, de quien guardo tan buenos recuerdos. Los abrazo entrañablemente.»

Enviaron también mensajes el Comité Ejecutivo del Partido Socialista de los Trabajadores, el senador indígena Gabriel Muyuy y los parlamentarios de Cambio 2000, Omar Flórez Vélez y Rodrigo Echeverri.

EL IMPERIALISMO Y SUS LACAYOS LE TEMEN COMO A LA PESTE A UN MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE

«Existe una esfera sindical, una agrupación de los obreros por oficio y ramas industriales, que se da espontáneamente, sin que medie la conciencia comunista. Esta es su primera forma de organización de clase, imprescindible como escuela de lucha del proletariado y base de apoyo de sus progresos políticos en procura de una más elevada expresión organizativa, su partido revolucionario. La organización sindical es insustituible. Ella abarca teóricamente a toda la clase. El partido se conforma de sus elementos más avanzados, y es la vanguardia esclarecida que guía al proletariado hacia su emancipación y hacia el comunismo. Pero entre una y otra forma de organización de la clase obrera no puede levantarse una Cordillera de los Andes. La burguesía predica desde todos sus púlpitos que el movimiento sindical debe proscribir la política de sus predios, especialmente la política revolucionaria. Los moiristas, a la inversa, creemos que el partido proletario debe nacer y crecer entre los obreros de carne y hueso, que se hallan organizados en sus sindicatos, conocer al dedillo y resolver todos sus problemas y con ellos ponerse al frente del resto de oprimidos de la sociedad colombiana por la liberación nacional y la revolución. Los sindicatos adelantan la lucha económica en procura de mejores condiciones de vida y de trabajo dentro del actual sistema, pero también luchan políticamente por la destrucción del mismo. En las condiciones de Colombia los problemas de la unidad sindical no gravitan privativamente en la órbita gremial sino que pertenecen por sobre todo a la lucha política de los obreros, y su partido puede y debe discutirlos con las clases aliadas que padecen la persecución del enemigo común». («Por una política consecuentemente unitaria. Carta abierta del MOIR al Partido Comunista», MOIR: Unidad y combate, op. cit.)

“Los vendeobreros y revisionistas nos acusan de que somos divisionistas, y se escandalizan por la acción revolucionaria de los sectores más consecuentes del proletariado colombiano. Pero cómo no vamos a ser divisionistas cuando la mayoría de la clase obrera está controlada por la reacción. (…) La división no es mala cuando la división se hace para debilitar la reacción. Si estuviéramos debilitando las fuerzas revolucionarias de la clase obrera tendrían todo el derecho para señalarnos como divisionistas. La división es buena y lo hemos aprendido precisamente del camarada Mao Tsetung, quien se ha atrevido a librar las más grandes batallas del proletariado universal y quien en la República Popular China impulsó este profundo movimiento de la Revolución Cultural que conmovió a toda China, que la dividió, pero que expulsó de su seno a las camarillas revisionistas que traicionaban la lucha del proletariado chino. («Discurso en el Pleno del MOIR», en Tribuna Roja No. 6, febrero de 1972)

«Pero no se crea que las luchas de la clase obrera contra la costra sindical oportunista han sido una reyerta pasajera. Representan años de combate constante y duro, unas veces clandestinamente para eludir la carta de despido o los guardianes del orden, otras a través de las huelgas y paros para conquistar las justas peticiones y defender sus organizaciones. Siempre contra las oficinas del trabajo que ilegalizan asambleas desfavorables a los empresarios y a los esquiroles, congelan los fondos de los sindicatos combativos, persiguen en mil formas a los cuadros más activos y avanzados, por su noble causa han muerto o purgado cárcel muchísimos obreros. La fuerza de la contienda radica en que el imperialismo y sus lacayos le temen como a la peste a un movimiento obrero independiente. Para tratar de impedir su desarrollo se encuentran decididos a emplear todos los medios a su alcance, preferencialmente los instrumentos represivos de la maquinaria burocrática y militar del gobierno de turno. En las sinuosidades de la lucha los obreros han aprendido que para derrotar a sus despiadados enemigos no sirven las acciones aisladas. Sólo las formas de combate que resultan de la movilización o participación masiva de la aplastante mayoría de los trabajadores pueden garantizar el triunfo». (“El secuestro de Mercado y sus implicaciones”, Tribuna Roja No. 20, primera quincena de marzo de 1976)

«El proletariado en su gesta por la revolución de nueva democracia, en procura de la liberación nacional y el derrocamiento de la coalición burgués-terrateniente proimperialista, promueve la pelea cotidiana por las libertades públicas y los derechos democráticos para las masas populares. Denuncia con altivez los recortes progresivos a la limitada democracia burguesa. Defiende y utiliza las escasísimas y cercenadas prerrogativas que aún concede a los oprimidos el régimen imperante. Por eso se organiza en sindicatos, presenta pliegos a los patronos o al gobierno, declara huelgas y concurre a elecciones. No obstante, los pequeños progresos que obtiene en tales lizas, si en verdad los obtiene, los recibe, lo mismo que a la democracia en general, como puntos de apoyo para desarrollar su lucha de clases y acumular fuerzas. No los puede confundir o equiparar con las metas finales, sino reducirlos a sus precisas dimensiones, pasos forzosos en una jornada prolongada de años y decenios. Pero si los obreros y su partido se prosternan ante los gajes arrancados a la brava a los opresores, o concedidos por éstos demagógicamente para aguar la rebeldía y solidificar la esclavitud, de sepultureros del Estado oligárquico antinacional pasan a convertirse en sus entibadores». («El carácter proletario del partido y la lucha contra el liberalismo», Tribuna Roja No. 33)

«Estas estructuras gremiales simbolizan escuelas insustituibles de los trabajadores, donde reciben las lecciones preliminares y forjan los primeros hierros en su larga y enconada contienda de clase. Mas no les bastan para enfrentar con éxito a los esclavistas modernos, no digamos en el multifacético universo de la política, sino incluso en el mismo terreno de las reivindicaciones inmediatas y las reformas por mejores medios de vida y de trabajo.»

«Si el proletariado, al contrario, no transmonta los linderos de sus habituales labores, se reduce a los pliegos de peticiones y los aumentos de salarios, se enconventa huyendo de los peligros de la vida seglar y no acepta el reto que le formula el enemigo de batirse en cualquier sitio y con cualquier arma, será un pobre juguete en las garras de sus depredadores. Pero este salto no podrá darlo espontáneamente. Así como requirió de los sindicatos para adelantar la lucha económica, en la lucha política precisará del partido, su instrumento orientador por excelencia y su más elevada expresión organizativa. El inicio de la actividad partidaria para la masa obrera significa salir de pronto del fondo de un socavón al sol del mediodía. Una alborada jamás soñada despuntará ante sus ojos recién abiertos».

“Los dirigentes obreros que se dejan envolver en la rutina de sus sindicatos, y satisfacen sus mejores ambiciones al conservar, año tras año, un cargo en la Junta Directiva, como cualquier burócrata se oponen a las innovaciones y a la promoción de activistas; o llegadas las horas de las conmociones sociales y del resquebrajamiento de la tranquilidad, exhalan con disimulo sus esencias soporíferas, como cualquier burócrata. Cuando ascienden la cuesta y adelantan la dispendiosa brega por desprender la costra patronalista, reciben gustosos el apoyo del partido; cuando salen vencedores y con la protección del fuero sindical, echan en saco roto las enseñanzas revolucionarias y estiman demasiado onerosas las obligaciones partidarias”. («El carácter proletario del partido y la lucha contra el liberalismo», Tribuna Roja No. 33)

«La fundación de la nueva central representa el último capítulo del prolongado proceso de lucha contra la decadencia de la corriente patronalista de la clase obrera.

«Las centrales controladas por la gran burguesía y por la disidencia revisionista plantearon siempre paros generales, a medida que se iban recortando los derechos de los trabajadores, pero, invariablemente también, o los suspendían, o los traicionaban.
«Siendo presidente del Bloque Sindical Independiente de Antioquia expuse, en 1967, que tales posiciones amarillas jamás tendrían respaldo dentro del proletariado colombiano. En 1969 se declaró un paro para el 22 de enero, y tras permanecer detenidos prácticamente 24 horas en la casa presidencial, los dirigentes sindicales de las aludidas agrupaciones se entregaron y aceptaron hasta la pena de muerte. A raíz de tales acontecimientos, la USO, la niña de mis ojos, se desafilió, si la memoria no me falla, tres veces de la CSTC, la confederación mamerta. Sin embargo, el gobierno, mediante las resoluciones de sus oficinas de trabajo, la volvió a reclutar en las filas del revisionismo.

«Espero que con el cambio de la correlación de fuerzas que estamos celebrando logremos impedir, de hoy hacia el futuro, semejantes procedimientos ominosos». («Saludo del MOIR a la confederación unitaria, CGTD», Bogotá. abril 30 de 1992)

CGTD

Alfonso Vargas Tovar, directivo de la seccional Valle
«Con verdadero pesar registro sensible fallecimiento Francisco Mosquera como fundador y líder indiscutible del MOIR. Presento sentidas condolencias a sus familiares, amigos y correligionarios. »

Federación General de Trabajadores de Santander, Fetrasan
«El plenario de juntas directivas de los sindicatos de Santander afiliados a la CGTD, reunido el día 2 de agosto de 1994, registra con profunda tristeza la lamentable desaparición del compañero Francisco Mosquera, fundador y líder máximo de ese importante movimiento político y quien dedicó gran parte de su vida a la lucha social por la defensa y promoción de los derechos e intereses de los sectores populares de este país (…)

Fraternalmente, Joaquín Pinzón, presidente. Gustavo Blanco, fiscal. Luis Francisco Moncada, tesorero. Luis Fernando Monsalve, secretario».

Unión de Trabajadores del Utradec Atlántico, Utral

«A nombre del comité ejecutivo de la Unión de Trabajadores del Atlántico, Utral-CGTD, presentamos a ustedes nuestra más sentida condolencia por la desaparición del compañero Francisco Mosquera, cuyo deceso enluta la lucha de la clase proletaria dejando un vacío muy difícil de llenar (…) Fraternalmente, José Palacio Olaya, presidente. Luis A. Prado G., secretario de educación».

Seccional Magdalena
«Nombre junta directiva y mío presentamos condolencias sensible fallecimiento compañero Mosquera. Duro golpe clase trabajadora. Abrazos. Santander Solano, presidente».

Seccional Nariño
«Nombre comité ejecutivo regional Nariño deploramos sensible fallecimiento del compañero Francisco Mosquera, secretario general MOIR, fundador dicho movimiento. Paz a su tumba. Eudoro Benavides, vicepresidente».

Seccional Valle
«La CGTD, seccional Valle, lamenta sensible fallecimiento del compañero Francisco Mosquera.
«Su deceso enluta clase popular, en particular movimiento obrero. En tan duro momento somos solidarios con ustedes y familia. Fraternalmente, Comité ejecutivo CGTD, seccional Valle».

«Ayer falleció en esta ciudad el compañero Francisco Mosquera, ilustre dirigente nacional del MOIR, hombre probo, luchador incansable y ciudadano de bien. Sus compatriotas recordarán siempre con respeto y admiración su servicio a la comunidad y a la clase trabajadora (…) Como dice Bertolt Brecht, hay unos pocos que luchan la vida entera… ésos son los imprescindibles».

Seccional Arauca
«Ante esta pérdida irreparable, tenemos la obligación de redoblar nuestros esfuerzos en la lucha contra el imperialismo norteamericano y todos los vendepatrias».

ACEB, Barranquilla: “Queremos unirnos con ustedes al pesar que nos lleva la desaparición del compañero Francisco Mosquera, reconocido líder nacional e internacional, quien dedicó su vida a la lucha revolucionaria para defender con su sabiduría e inteligencia a la clase trabajadora y al proletariado en general. Manuel Malvido Mares, Cástulo Barrios Maury, Fernando Martes Cañavera”.

A CEB Palmira: «Expresamos nuestro más sentido pésame por fallecimiento máximo líder irreparable Francisco Mosquera. Álvaro León Arboleda, fiscal».

ACEB Mocoa: «Myriam Rodríguez: Acompañamos de corazón por la desaparición del compañero Francisco Mosquera, firme luchador de nuestros derechos. Julio Jairo Cabal M., presidente».

Sittelecom
«Su vida y su pensamiento constituyen guía y ejemplo invaluable para los centenares de miles de trabajadores y sus generaciones venideras (…) Para los trabajadores de Telecom, que portamos la bandera de la liberación nacional, su consejo durante más de dos décadas, representó un gran estímulo en nuestro combate.

«Su fidelidad a la causa de los desposeídos lo mantendrá por siempre entre los héroes inmortales del pueblo (…)

«Trigésima octava Asamblea Nacional de Delegados de Sittelecom. Eberto López Machado, presidente».

Sindicato Textil Coltejer-Sedeco, Itagüí
«Las juntas directivas de nuestra organización sindical expresan a ustedes el sentimiento de solidaridad ante el infausto fallecimiento del compañero Francisco Mosquera.
«Exaltan su convicción y vocación de servicio a los trabajadores dentro de sus ideas filosóficas y políticas (…) Fraternalmente, Julio César Ortiz G., presidente. Marco Aurelio Ossa R., secretario general».

SOBRE ESTRATEGIA Y TÁCTICA

«Y evidentemente en el mundo actual observamos una gran confusión y un gran desorden. Pero si el fuego que ilumina produce el humo que oscurece, los acontecimientos difusos e impredecibles están regidos a su vez por leyes coherentes, de fácil aprehensión, merced a las cuales sabremos ubicar a Colombia en el concierto mundial y percatarnos de nuestro papel de transformadores proletarios revolucionarios. Si no partimos del sello de la época no entenderemos el rumbo de los sucesos históricos, y careceremos de una estrategia global que nos proporcione la visión más amplia de conjunto y el conocimiento de las estaciones obligadas de nuestra travesía. Y esto no basta. Necesitamos discernir los disímiles períodos de la época y examinar la situación concreta económica y política de cada período a nivel internacional; ponderar certeramente los cambios en la correlación de fuerzas que se operan de tiempo en tiempo, según evoluciona la cohesión o el agrietamiento del bando imperialista, a causa de los relevos en la supremacía de unas potencias sobre otras, y según también los logros y tropiezos de la clase obrera mundial y de los países socialistas en particular. Sin lo cual no nos será posible elaborar una táctica consecuente y quedaremos a la deriva, aunque sepamos a dónde ir, como una embarcación con el timón roto y sin remos en medio del océano. Tan pronto el proletariado adquirió conciencia de clase y se pertrechó del marxismo empezó a preparar y combatir por el derrocamiento de la burguesía. Sin embargo, una cosa era hacerlo cuando prevalecía la libre concurrencia y otra muy distinta cuando el capitalismo llegó a su fase imperialista y acusó su decadencia. Luego de esta conversión aquél consiguió consolidar el mando político arrebatado a sus esclavizadores, a los 46 años del ensayo trunco de la Comuna de París y al final de la Primera Guerra Mundial, con el estallido bolchevique en Rusia y la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, génesis de las revoluciones proletarias triunfantes.

«Desde entonces vienen ocurriendo modificaciones de trascendencia. No nos referimos a que la lucha de la clase obrera haya mudado de principios o de metas: su comisión ha sido y seguirá siendo el exterminio del sistema capitalista y la implantación del socialismo. Ni tampoco a que el imperialismo haya variado su naturaleza voraz y expoliadora. Lo que se altera con cierta rapidez son las condiciones de aquella lucha. La misma aparición del Poder de los soviets impuso un nuevo deber al movimiento comunista internacional, el de resguardar este primer bastión armado suyo, como una cuestión prioritaria para su propio porvenir. La segunda conflagración mundial se efectúa ya bajo tal circunstancia. (…)

“Los dos comportamientos tácticos traídos a colación, correspondientes a dos momentos distintos y distantes de la época contemporánea, nos muestran cómo los comunistas, por un lado, hemos de obrar siempre con un enfoque internacional de la problemática revolucionaria y, por el otro, sopesar cuidadosamente las particularidades del período de que se trate. Desde ese ángulo debemos identificar a los enemigos que encarnan la más seria amenaza, conforme a los realinderamientos registrados dentro de la revolución y la reacción: distinguir las facciones intermedias, aptas para ser ganadas o neutralizadas, y evaluar la importancia de los destacamentos propios. De no emprenderlo así, nuestra política vagaría en las nebulosas sin ningún contacto con los elementos materiales. Y el socialismo no es una profecía bíblica a la que se intente sujetar el género humano por pronósticos sobrenaturales, sino un nuevo orden social que surge del antiguo, con base en el aprovechamiento de las contradicciones de éste. Los marxista-leninistas que desdeñen olímpicamente los candentes asuntos atañederos a la correlación de fuerzas no merecen el calificativo de tales. Y los que se desapeguen de cuanto ocurra más allá de los parajes patrios y no tengan en cuenta para su lucha los flancos flojos y los robustos en la más amplia dimensión cósmica, estarán buenos para sacristanes de parroquia pero no para jefes de la clase obrera. Aunque deseáramos, la suerte de Colombia no podemos separarla de los avatares del movimiento mancomunado del proletariado internacional, los países socialistas y las naciones sometidas. Nos interesa vivamente el plan general que oriente a dicho movimiento. Si no se saca partido de las disensiones del bando imperialista, o se equivoca el blanco de ataque, desperdigando el fuego entre los adversarios principales y los virtuales aliados, y si como efecto de semejante torpeza la reacción se fortalece, las repúblicas socialistas se debilitan y los pueblos colonizados no acaban por romper el cascarón y nacer a la independencia, probablemente la revolución colombiana también zozobraría, por mucho que estallara la insurrección, la apoyara una gran parte del pueblo y actuáramos con arrojo, porque los factores internacionales nos serían supremamente hostiles. Toda revolución depende de sus antagonismos y fuerzas internas, es cierto, mas para que éstos se desencadenen y actúen a plenitud precísase de condiciones externas favorables». («El carácter proletario del Partido y su lucha contra el liberalismo», Tribuna Roja No. 33, febrero-marzo de 1979)

Estrategia
«En ello consiste nuestra estrategia, en la revolución de nueva democracia, que plasmamos en nuestro programa nacional y democrático, de frente único. (…)

«La estrategia depende del análisis de las distintas clases. De la función que éstas desempeñan dentro del conjunto de la situación; presupone el conocimiento y la aplicación de las leyes que rigen el desarrollo social y, en nuestro caso, del pueblo y la nación colombiana. La estrategia elabora el plan de la revolución, tiene en cuenta las fuerzas que la integran, identifica los blancos de ataque y señala las tareas que habrá de coronar. Por eso la estrategia no se modifica durante un tiempo relativamente largo, mientras no haya realizado el plan concebido para toda la etapa revolucionaria. Llevada a cabo la revolución nacional y democrática, agotada esta etapa, variaremos la estrategia y nuestra meta será entonces el socialismo. (…)
«La aspiración suprema de toda revolución es la toma del Poder. La clase obrera sólo llegará a él al frente de una insurrección revolucionaria triunfante. Su partido nunca teje ilusiones al respecto y repudia las fórmulas intermedias del revisionismo de ‘conquistar primero el gobierno y después el Poder’. El proletariado colombiano no entrará a San Carlos ungido por el ‘voto universal’ ni en ancas de un golpe cuartelario. Por experiencia propia ha comprendido, y se lo enseña el marxismo, que exclusivamente organizando a la mayoría de los desposeídos y humillados y recurriendo a la forma más elevada de lucha ‘decretará’ algún día su emancipación. La senda es empinada y la cumbre distante. El MOIR apenas ha comenzado el ascenso. Sus primeros combates parecen pequeñas escaramuzas comparados con las fragorosas batallas del futuro».

Táctica
«¿Y la táctica cuál es? La táctica la determinan los principios que regulan nuestra acción política, son los distintos pasos que en la práctica damos para ir cumpliendo hasta culminar la línea estratégica de la revolución. Pero aquella no brota directamente de la estrategia. No basta con asimilar qué clase de revolución debemos acometer para saber cuánto corresponde hacer en cada momento de la actividad revolucionaria. Ahí radica su contradicción. (…)
«La táctica depende del análisis de la lucha de clases, de las mutaciones en la correlación de fuerzas y ha de expresar en todo momento los flujos y reflujos de la revolución. La táctica debe reflejar lo más cuidadosamente posible el estado de ánimo de las masas, su conciencia política, su disponibilidad al combate y debe también medir y sopesar la capacidad de iniciativa, por supuesto mudable, del enemigo. La táctica define qué forma de lucha y de organización está al mando. Si la reacción se repliega nosotros pasamos a la ofensiva y viceversa. El Partido atiende distintas luchas, pero en cada período tendrá que precisar cuál es la principal, identificar sin ambages el eslabón que jalona la cadena. Siempre habrá una tarea prioritaria de cuya culminación estará pendiente el éxito de otros trabajos secundarios. Esto es lo que el Partido está obligado a desentrañar en consonancia con el curso de la lucha de clases, si desea avanzar y fortalecerse, como es la responsabilidad del MOIR, en medio de grandes dificultades y en el fiero batallar contra un enemigo desalmado, decidido a los peores crímenes y abroquelado tras las fortificaciones del Estado. Descartando que la estrategia sea correcta en términos generales, sin una línea táctica acertada la victoria jamás nos sonreirá. Equivocarnos en lo que ‘toca hacer’, es liquidarnos. La táctica solucionará en la marcha este problema y con su luz roja nos alertará cuándo una tarea o una lucha principal se tornó secundaria, o al revés, cuándo una tarea o una lucha en la cual aún no somos expertos, el desenlace de la situación política nacional le dio el visto bueno y la colocó en el primer puesto de nuestra acción revolucionaria. Y el Partido, atento, flexible, dispuesto, disciplinado, férreamente unido y preparado ideológica y políticamente responderá sin pérdida de tiempo a los cambios tácticos que la lucha indica. (…)

«Ya dijimos que la táctica cambia a menudo, a veces de un día para otro, mientras la estrategia permanece invariable durante toda una etapa. Esta es su contradicción. Su identidad estriba en que la táctica ha de estar permanentemente orientada y subordinada a la estrategia». («Estrategia y táctica del MOIR». MOIR: Unidad y combate)

PAPEL HISTÓRICO DEL JEFE DEL MOIR

USO subdirectiva Barrancabermeja

«Lamentamos pérdida irreparable ha sufrido movimiento obrero y político colombiano fallecimiento Francisco Mosquera. Su ejemplo de lucha estará siempre presente.
Con sentimientos de pésame a toda su militancia».

USO Subdirectiva Orito

«La Unión Sindical Obrera, USO, subdirectiva Orito, y sus afiliados, expresamos nuestras más sentidas condolencias por la pérdida del gran conductor ideológico de los trabajadores petroleros. Francisco Mosquera, el proletariado mundial lo recordará. Fraternalmente, Julio César Díaz C., presidente».

Sintracreditario Santander

«Nombre nuestra organización sindical reciban nuestras voces de condolencia fallecimiento nuestro camarada y máximo líder revolucionario nuestro Partido. Los trabajadores, los sindicatos y el pueblo explotado de Colombia hemos perdido al líder irreemplazable de la revolución. (…) Junta directiva seccional. Reynaldo Moreno Porras, presidente».

Asociación de Usuarios de Servicios Públicos, Montenegro, Quindío.

«Que la Tribuna Roja siga abierta luz pensamiento Francisco Mosquera. Honra eterna memoria maestro hombres nuevos».

Asociación Cívica Urbanización Niquía Bifamiliares, de Bello

«La temprana muerte del líder obrerista (…) significa una sensible pérdida para millares de obreros, campesinos, intelectuales de avanzada y personalidades progresistas, que recibieron y difundieron sus enseñanzas desde 1965, en que Francisco Mosquera fundara el MOIR en la ciudad de Medellín.

Exaltamos la memoria de tan esclarecido dirigente revolucionario patriota integral, como ejemplo indeleble de perseverancia y compromiso con los nobles ideales de construir un verdadero partido de las clases trabajadoras y una nación auténticamente libre, soberana, independiente, democrática y próspera para las futuras generaciones colombianas (…) Carlos Cadavid V., coordinador».

Alfonso Eljach Merlano

«Al acompañarlos en estos momentos de tristeza y dolor que los embargan, el Bloque Democrático Regional hace público reconocimiento por su admirable ideario político y lo expone como ejemplo de las nuevas generaciones, como estandarte de las reivindicaciones obreras y populares. Fraternalmente».

Edgar Calderón V., Cali

«No encuentro palabras para expresar la profunda tristeza que me embarga por la injusta desaparición de Pacho (…)

Cuántos recuerdos se agolpan en mi cerebro desde cuando vino a Cali y se reunió con unos pocos jóvenes, para explicarnos cuál era la nueva línea, que a pasos agigantados creció por ser tan real y concreta
Colombia y el mundo pierden a otro de los grandes. ¡Qué dolor! (…)

Jorge Iván Zapata Barcelona, España

«Conturbación, inmensa tristeza, incertidumbre, qué más puedo sentir ante muerte de un genio del proletariado. Que su legado teórico prevalezca, unidad Partido se conserve y su memoria ilumine sendero correcto de lucha libertaria».

Hernando Medina Manosalva Bucaramanga

«El fallecimiento de Francisco Mosquera no sólo aflige las huestes que enarbolan sus banderas, sino que se extiende a todos quienes desean los cambios y las transformaciones sociales. La historia lo colocará al lado de sus Maestros aun cuando no haya alcanzado en vida sus ideales supremos (… )»

Esteban Gómez, ingeniero agrónomo de la ACIA, Montería
«Sintiendo enorme pérdida pueblo colombiano, la patria adolorida dará razón lúcidos planteamientos compañero Mosquera».

Gonzalo y Amparo España, Bucaramanga

«Adiós al jefe, al maestro y al amigo. Pacho se llevó muchas cosas con él, pero nos dejó muchas otras. Su decisión de no transigir un milímetro con el atraso y la sojuzgación prevalecerá por encima de todo. Estremecidos deploramos su partida».

Organismo del MOIR en Estados Unidos

«La memoria de Francisco Mosquera ocupará lugar preeminente en la historia que está aún por forjarse y escribirse de la revolución colombiana. Ha sido su pionero más grande, esclarecido e íntegro. Diseñó una forma de analizar y un estilo de actuar en medio de un ambiente siempre hostil, en el que `nunca hemos perdido ni el honor, ni el humor.’ De sus cualidades queremos rescatar su profundidad y seriedad. Fueron más de tres decenios en los que, pacientemente y con el clima menos propicio, aró los campos, los abonó y, en lo profundo de la tierra, dejó arraigada la semilla de la esperanza para los desposeídos del país (…)»

Raúl Fernández (secretario), Rosalinda González, Gioconda Pérez, Juan Benavides, Jaime Obregón, Mario Sánchez, Khalid Durán, Gilberto González, Roberto Giraldo, Fernando Salamanca, Consuelo Ahumada.

Juan Benavides, State College, Estados Unidos
«Me siento orgulloso de ser un hombre del MOIR y sonrío en medio de este difícil momento, pues apuesto todo al futuro. Con ustedes, fraternalmente».

El cuatrienio de Gaviria: «LA NORMA ES LA FALTA DE NORMAS»

«Con el advenimiento del cesarismo del ‘revolcón’, Colombia concluyó sumida en las tinieblas de la incertidumbre. Nadie sabe a qué atenerse; cualquier disposición por dañina que fuere, no asegura nada, ni siquiera su continuidad. La norma es la falta de normas. Los industriales, los agricultores, los comerciantes y hasta los contribuyentes denuncian que poco les vale acatar o disentir, pues más se demoran en someter con humildad sus actividades a los dictámenes de las élites burocráticas que en verlas interferidas de nuevo por los cambios de criterio de éstas; la mejor forma de endurecer la dictadura burguesa de los vendepatria.
«En los albores de la reforma constitucional aparecieron las prácticas amañadas que vendrían después, ese nebuloso reino de los ‘mecanismos’, la interinidad de las regulaciones, el reemplazo de las reglas por los acuerdos pasajeros. Respecto a la enmienda, Barco elaboró cuatro o cinco provectos a través de sendos conciliábulos, llevó un texto a las cámaras que lo aprobaron en dos legislaturas tras largas discusiones y, con el pretexto de haberse previsto un referendo encaminado a dirimir el asunto de la extradición, lo retiró abruptamente. En otras palabras, al parlamento le estaba vedada cualquier iniciativa. Más tarde Gaviria, apuntando hacia la conciliación con los señores de la droga, la prohibió de un plumazo por medio de sus decretos y de su constituyente. A él mismo lo nominaron con una simple e inexplicable misiva de un hijo de Luis Carlos Galán, que fuera leída en los funerales de éste.

«En las justas del 11 de marzo de 1990, se le permitió a una comparsa de estudiantes aleccionados, en su mayoría pertenecientes a las universidades más aristocráticas y confesionales de Bogotá, depositar la ‘séptima papeleta’ con lo cual principió a dársele un barniz de cosa limpia a la Asamblea del Hotel Tequendama. El registrador admitió que la intentona no tenía fundamento ni podría ser escrutada; sin embargo, agregó, naturalmente, que la maniobra no invalidaba los escrutinios. Los diarios de los grandes rotativos se encargarían de efectuar el recuento, asignándole las cifras que se les antojaran. Y para la confrontación presidencial del 27 de mayo el primer magistrado decretó la consulta sobre el engendro que venía cocinándose. 1a Corte Suprema de Justicia lo bendijo tres días antes, el 24, sin importarle que trasgredía el artículo 218 de la Ley de leyes y por ende la cláusula 13 del plebiscito de 195 Resultaba claro que el país dejaría de regirse por los preceptos de la normatividad.

«Puesto en el solio el favorito de Virgilio Barco y expedido el decreto 1926 del 24 de agosto de 1990, las autoridades instalarían las mesas de votación del 9 de diciembre, en donde se perfilaron los contornos de la corparación propuesta, sus componentes, sus limitaciones. Los esquemas surgieron de la componendas entre Gaviria, Gómez Hurtado y los amnistiados del caserío de Santo Domingo, un extraño maridaje en el que éstos, los activistas del M-1 9, se dedicaron a las labores de zapa y al embellecimiento de los pérfidos atentados contra el pueblo colombiano, sin omitir los pasos emprendidos por Washington hacia la plena colonización económica de América Latina, el objetivo primordial de las transformaciones jurídicas del Continente. La medida, brotada de las despóticas competencias del estado de sitio, como la consulta de mayo, e igualmente refrendada por el máximo tribunal, era de por sí un veto al Congreso, debido a que le quitaba de un tajo su preponderancia de enmendar la Constitución, y un golpe aleve contra los electores que sólo cinco meses atrás lo habían designado con cerca de ocho millones de sufragios. A los parlamentarios se les obligaba a renunciar a su investidura si resolvían candidatizarse para la constituyente, a tiempo que se les tranquilizaba con la hipócrita promesa de que su período sería respetado sin cortapisa alguna. Y de remate, la extraordinaria Asamblea de 1991, antes de salir del escenario, en un postrer desplante clausuró el órgano legislativo, extrayendo de su seno un ‘congresito’ y mofándose del propio decreto al que le debía su existencia. De nada les valió a los padres de la patria que hubieran sancionado cuanta proposición les presentara el Ejecutivo. Votaron a favor del presidente y éste los botó. (…) Y Gaviria quedó a la vez investido de la potestad de invertir discrecionalmente los trámites, o las consabidas políticas del Estado, aun las emanadas del círculo de sus íntimos».

EL FALLECIMIENTO DE MOSQUERA EN LA PRENSA NACIONAL

Cromos, 6 de agosto de 1994, en la columna Protagonistas, y con el título «Un ideólogo carismático «:
La semana pasada falleció en Bogotá, a los 53 años de edad y tras larga dolencia, Francisco (Pacho) Mosquera, fundador del MOIR, el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario que influyó caracterizadamente sobre importantes núcleos juveniles en los años 60 y 70.
La ideología del MOIR -que tuvo en Mosquera a su más calificado vocero- nació del maoísmo chino y se enfrentó siempre al Partido Comunista prosoviético. Personalidad carismática, cuya palabra era aceptada y difundida sin discusión por sus admiradores y seguidores. Mosquera fue un insuperable polemista y un gran orador. Atenazado por las contradicciones de la izquierda, no consiguió superar los gigantescos obstáculos políticos a los que se enfrentó, pero sí alcanzó muchas de las metas de transformación, personal que preconizaba en los militantes de su movimiento.
Fue tal vez el ideólogo más interesante y coherente de la izquierda de aquellos años, lo que le valió el respeto de grandes sectores de la juventud universitaria que siguieron sus consignas de “revolución cultural” y acercamiento a las clases populares, incluso sacrificando su presencia en las aulas. Q. E. P. D.

Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, con el título «Francisco Mosquera Sánchez»
El pasado 1o. de agosto falleció en la ciudad de Santa Fe de Bogotá Francisco Mosquera Sánchez, quien nació el 25 de mayo de 1941 en Piedecuesta, Santander.

Desde los primeros años de su vida fue un aficionado infatigable de las actividades intelectuales. Amaba la lectura centrando su atención en la literatura, la poesía y las teorías políticas y económicas.

Por los años 50 y 60 escribió para esta casa periodística, siendo estudiante de bachillerato, una columna titulada “Ocurrencias”. Por ese entonces empezó a vislumbrar y a descubrir que su gran pasión sería la política, convirtiéndose más tarde en un luchador de los derechos de la clase obrera y campesina. Fue así como desde sus primeros años se perfiló como un líder conductor de movimientos y huelgas, que marcaría su destino de inconforme y revolucionario.

Hacia 1969 fundó el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR.

Francisco Mosquera escribió numerosos artículos y comentarios sobre diferentes aspectos de la vida nacional en periódicos como El Tiempo y a través de la Tribuna Roja, órgano de expresión del MOIR que le sirvió como vehículo de difusión de su ideario político.
Nunca se preocupó por recibir halagos o atesorar bienes materiales. Su estilo de vida fue consecuente con los postulados que defendió y enseñó.

Tal vez por eso durante su enfermedad y sepelio recibió la solidaridad y el profundo pesar de sus compañeros, líderes sindicales, dirigentes comunales y amigos, que sentían que habían perdido a uno de los suyos.

LA CONCEPCIÓN MARXISTA DEL PROBLEMA AGRARIO

«Ante los vestigios feudales, la burguesía criolla prefiere que éstos se disuelvan en el lentísimo y escabroso transcurso del apoderamiento a cargo del capital de una a una de las zonas agrícolas, o mediante la metamorfosis de los hacendados señoriales en caballeros de industria. Dentro de ese esquema encuadran las reformas basadas en la compra cara de una migaja de las posesiones terratenientes, la de menor fertilidad, para a su vez revendérsela a los campesinos bajo estipulaciones irritantes, o en las tan publicitadas obras de adecuación que no son más que mejoras introducidas por el Estado, al costo de considerables erogaciones presupuéstales, para valorizar los grandes fundos. (…) La financiación proviene de los empréstitos externos, cuyas amortizaciones e intereses se respaldan con mayores gravámenes fiscales, verbigracia, el despojo de los obreros y del pueblo. Soluciones reaccionarias que implican contemporizar con el atraso al mantener para el campo en lo sustancial la obsoleta economía terrateniente; al fomentar la especulación, ya que se efectúan según las ordenanzas del capital usurario internacional, y al prolongar los suplicios sin cuento de la masa campesina, sometida a la propiedad latifundista y exprimida por el agio, o desalojada de sus lares y sin trabajo en las urbes. Al cabo, la modernización del agro no logrará consumarse en las condiciones prevalecientes de explotación neocolonial. Nosotros apremiamos la confiscación de la tierra de los grandes terratenientes y su reparto entre los campesinos que la trabajen. Iniciativa elemental y viable que por sí sola entrañará un salto hacia adelante como no lo han contemplado los colombianos desde los fastos de la Patria Boba. Las heredades feraces y deficientemente atendidas pasarán de inmediato a ser cultivadas por millones de manos ansiosas de rozar y de arar. Vuelco extraordinario en las regulaciones económicas y en las costumbres; desatascamiento de las formidables fuerzas productivas del campesinado, echadas a andar redimidas por fin de la coyunda del semifeudalismo, y a la vez de la del imperialismo, pues no se puede cortar la una sin cortar la otra, y cuyos frutos erigirán la base del desarrollo próspero, autosostenido e independiente de Colombia. Su defensa será la refutación apabullante de la alharaca de las clases dominantes y de sus epígonos de la oposición oficializada acerca de la ‘revolución verde’, las ‘bonanzas’ y las reformas agrarias que asuelan e hipotecan el país a las agencias prestamistas internacionales, redundan en mayores impuestos para el pueblo, engordan los bolsillos de latifundistas y burócratas y desembocan infaliblemente en la importación desenfrenada de alimentos y en el encarecimiento del costo de la vida. Si conducimos airosamente esta confrontación teórica y política y no transigimos, los pobres del campo que luchan por el derecho a la tierra y antaño distinguían mal quiénes eran sus amigos y quiénes sus enemigos, ya no querrán oír de los emplastos ofrecidos por imperialistas y oportunistas y tenderán la mano fraterna a los obreros, sus leales compañeros de trinchera. La revolución a nada habrá de temerle entonces. La gallarda figura del proletariado se erguirá con la complexión y fortaleza de un campeón invencible y recibirá en premio la presea anhelada de una Colombia libre y democrática». (Tribuna Roja No. 33, febrero-marzo de 1979).

Revolución agraria
«1971 ha registrado muchas luchas de obreros y estudiantes. Sin embargo, se puede afirmar que éste es un año especialmente rico en combates campesinos.
«Centenares de fincas han sido invadidas por miles de campesinos en todos los departamentos del país. Las invasiones son un rechazo categórico a la política agraria del imperialismo yanqui y sus lacayos, la prueba contundente de que esta política ha fracasado. Los campesinos, ejecutores principales de la revolución agraria, se levantan y comienzan a hacer valer su derecho de únicos y legítimos dueños de las tierras que trabajan.

«Al fragor de estas primeras batallas y enarbolando la consigna de ‘la tierra para el que la trabaja’, los campesinos han empezado a crear sus propias organizaciones, independientes del tutelaje de las clases dominantes y conformadas por los campesinos pobres y medios.

«Por experiencia propia las masas campesinas han ido descubriendo quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Saben que los agentes del gobierno buscan dividirlos, amarrarlos de pies y manos y entregarlos indefensos a los explotadores. Han aprendido que para emanciparse de la explotación del imperialismo y de los terratenientes tienen que librar luchas supremamente duras y largas, luchas que adquirirán las formas más elevadas. Y con la ayuda de las organizaciones proletarias han venido comprendiendo que su más íntimo amigo es la clase obrera, que la alianza obrero-campesina y la dirección obrera son la salvación y única garantía del triunfo». («Concepción marxista del problema agrario», en Unidad y combate, op. cit.).

«No pueden tampoco convencer al país con reformas como la agraria (…). La reforma agraria ‘integral’ es realmente un negocio redondo, integral, de los monopolios yanquis por cuenta de las masas campesinas. ¿En qué consiste el negocio? En que el imperialismo yanqui financia la reforma agraria con empréstitos elevadísimos que paga la nación. Con esos dineros se compran las peores tierras de los terratenientes a los mejores precios y luego se les vende cara a los campesinos que reciben parcelas, pero que no pasan de 20.000 en todo el país y en diez años de reforma agraria. A estos campesinos se les ha entregado un pedazo de tierra en condiciones arbitrarias y antidemocráticas, obligándolos a amarrarse a la tierra e hipotecándolos de por vida. Los préstamos que les hacen a los campesinos se lo entregan en mercancías, en productos de los monopolios, en ganado que los terratenientes venden a muy buen precio. Y el último acuerdo, el de Chicoral, que fue un acuerdo entre terratenientes, tenía una finalidad, como lo dijo cínicamente Mario Laserna en un artículo publicado en El Tiempo, que la reforma agraria no podía correr a cargo de los terratenientes, sino que tenía que ser costeada por el pueblo colombiano». (Tribuna Roja N° 6, marzo 21 de marzo de 1972)

«TRASLUCÍA ENORME FORTALEZA COMO SER HUMANO»

Eberto Morales, periodista

«Lo más fascinante de haber conocido a Francisco Mosquera es observar ese enorme contraste que se da, cuando quiera que desde la base tendíamos a mirarlo como un hombre todopoderoso; y luego descubrimos en la cotidianidad de la conversación, en la alegría de un buen encuentro, a un ser humano extraordinario, de un excelente humor, de una cultura inmensa que trascendía las fronteras del marxismo y que abarcaba todas las áreas del conocimiento con una facilidad extraordinaria. Mosquera, independientemente de su capacidad intelectual, traslucía enorme fortaleza como ser humano».

Fernando Pava Lasprilla, director de Cienciacultura
«Francisco Mosquera creó en los últimos treinta años de la vida nacional una corriente muy caracterizada de la izquierda. Fue la cabeza visible de los destacamentos más avanzados de las fuerzas revolucionarias empeñadas en construir un Partido que encarnara el auténtico marxismo-leninismo. Nos deja en una orfandad total. Su pensamiento ha quedado plasmado en numerosos materiales y discursos, y esperamos que gente tan cualificada como la que se ha reunido aquí este día sea capaz de recoger la bandera y el pensamiento de Mosquera, para que podamos estar a la altura de las tareas históricas que tenemos por delante».

Gustavo Osorio, vicepresidente de la CUT
«Conocí a Mosquera en su juventud. Algo admirable en él es su consecuencia, porque desde estudiante y desde el momento en que se vinculó a las luchas del pueblo, cuando abrazó la causa de los oprimidos, se mantuvo en su ley. Su muerte es una pérdida irreparable para los destacamentos revolucionarios de este país y para el movimiento democrático. Como vicepresidente de la CUT, y en nombre personal, quiero expresar mi sentido pésame a la militancia del MOIR, a los familiares y a sus compañeros de dirección».

Jairo Gutiérrez, dirigente de la CGTD en Antioquia
«La clase obrera ha perdido a su principal intérprete. Líderes de la capacidad de Francisco Mosquera no se dan todos los días.

El país tuvo la oportunidad durante muchos años de contar con el más sagaz analista de la problemática nacional. Su muerte constituye para nosotros una pérdida irreparable, que difícilmente podrá subsanarse con un mayor trabajo colectivo de nuestra parte, poniendo en práctica el acopio teórico que Mosquera logró elaborar con mano maestra».

Luis Eduardo Garzón, secretario general de la CUT y miembro del Comité Ejecutivo del PCC
«Cuando en esta época el común denominador es que la gente reniegue de su pasado, cuando algunas personas se hacen lenguas sobre lo negativo del marxismo, la muerte de Mosquera es una pérdida importante para los que seguimos creyendo que el marxismo es una alternativa para el mundo y para el país. Máxime habiendo conocido el trabajo que en el movimiento petrolero nos impulsó y nos ayudó, conjuntamente con el Partido Comunista.

«La posibilidad de converger diferentes sectores contrarios al modelo neoliberal es una alternativa necesaria al bipartidismo. La muerte de Mosquera es una pérdida irreparable para la posibilidad de concretar esos acuerdos. Pero de todas formas deja un legado significativo, en la medida en que sigue siendo posible materializarlos, sobre todo hoy cuando las fuerzas revolucionarias y democráticas no tenemos otra alternativa.

«Mosquera era un hombre de una gran lealtad con sus principios, de una gran credibilidad, incluso entre quienes teníamos con él contradicciones políticas, pues sabíamos permanentemente a qué atenernos. Era muy diáfano en sus apreciaciones. En mi opinión, ese tipo de comportamiento para hacer política es lo que hace falta hoy en Colombia».

César Carrillo, presidente de la USO
«El compañero Mosquera fue un hombre muy serio en sus convicciones políticas y en sus apreciaciones frente a la unidad de los revolucionarios. Tuve oportunidad de conocerlo personalmente hace muchos años y de intercambiar con él opiniones sobre el movimiento sindical, particularmente el petrolero.

«Siempre mantuvo un respeto enorme por el peso político que tiene la USO, con la que mantuvo una ligazón muy cercana.

«Era un convencido del importante papel que desempeñan los trabajadores petroleros. Le aportó valiosas lecciones al movimiento, fundamentalmente a mantener en alto las banderas de lucha contra estos últimos regímenes antiobreros. Fue un gran luchador de los trabajadores.

«Cada día se hace más necesario buscar puntos de coincidencia que permitan llegar a unos acuerdos y unificar a la izquierda colombiana. Esta fue también una de las aspiraciones del compañero Francisco Mosquera y lamentablemente no la alcanzó a ver realizada en la práctica.»

Oscar Rivera, ingeniero agrónomo de Palmira, miembro de la ACIA

«Conocí a Francisco Mosquera a principios de 1970 en Cali, después de la fundación del MOIR. Desde el día en que lo conocí supe que estaba ante un gigante, a pesar de su sencillez. Saltaba a la vista su claridad ideológica, su capacidad de interpretar la situación nacional e internacional. A lo largo de todos estos años, muchas personas fuimos testigos de la capacidad portentosa de Mosquera y de su posición revolucionaria. En su afán permanente por aplicar todos los conocimientos materialistas a la liberación y el progreso de Colombia, dedicó muchas horas al estudio de las leyes del universo.

«Tuve oportunidad de tomar parte en el encuentro del Ateneo Científico, cerca de Cali, junto a Mosquera, Hernando Patiño y otros estudiosos e investigadores, donde se debatió el origen de la vida, los componentes de la célula humana, las relaciones entre el sistema solar y los demás sistemas. Mosquera demostró poseer un gran conocimiento de la dialéctica de la naturaleza».

Pedro Contreras, presidente nacional de Asmedas
“Francisco Mosquera fue el hombre más esclarecido de la política nacional”.

Pareja, candidato de Renovación en Marcha y el MOIR al Concejo de Bogotá

«El papel del compañero Mosquera marcará historia dentro del movimiento de los trabajadores colombianos y el movimiento revolucionario. Fue un hombre con unas ideas claras y con un norte muy definido, que están llevando al MOIR a situarse a la cabeza de este proceso de cambio que se vislumbra. Es un hombre muy difícil de reemplazar, por su inteligencia, por su capacidad, por su brillantez, por su verdadero sentido de clase».

Orlando Arenas, ex presidente de Sittelecom

«Mosquera desempeñó el papel de un dirigente que se planteó desde un principio la organización de un Partido y que combatió hasta el final. En este momento ha concluido su período vital, en medio del dolor de los militantes del Partido que él creara».
Ricardo Camacho, director del Teatro Libre de Bogotá
«Francisco Mosquera fue la persona que impuso una línea correcta en el seno de la izquierda en Colombia, alejada de la contemporización del Partido Comunista y de las aventuras de la extrema izquierda. Creó un Partido que ha sido una esperanza, yo diría que la única, de una posición de vanguardia de la revolución. Su muerte es la pérdida del revolucionario más valioso de la escena política colombiana. Normalmente los políticos no tienen mucho espacio para ocuparse de los problemas específicos del arte. Sin embargo, Mosquera nos ayudó en momentos definitivos a entender los problemas de la orientación del arte en las épocas de las transformaciones revolucionarias. A saber mirar, por ejemplo, lo mejor de la historia, a recoger lo mejor del pasado y lo mejor de los clásicos, para incorporarlos en una corriente completamente nueva».
Amylkar Acosta, senador liberal
«Francisco Mosquera marcó una época en la historia del movimiento revolucionario en Colombia porque, con él, el movimiento revolucionario pasó del infantilismo de izquierda y del revisionismo de la época a la etapa en la cual se abrió paso en Colombia el marxismo-leninismo-pensamiento de Mao Tsetung, con una clara orientación democrática».

Carlos Rodríguez, ex dirigente de los trabajadores bancarios.

«Quiero expresar mis sentimientos de dolor por la muerte del compañero Francisco Mosquera, con quien trabajé muchos años. Mosquera educó juventud, organizó Partido, nos enseñó a luchar y de él miles de colombianos tenemos un vivo recuerdo como un gran jefe revolucionario».

Rodrigo Saldarriaga, director del Pequeño Teatro de Medellín
«Desde los inicios del movimiento cultural que afloró con la lucha estudiantil, en la década de 1970, Mosquera desempeñó un papel muy importante.

«Recuerdo en particular un foro que hicimos en Sasaima en 1972, con una muy profunda discusión sobre la libertad en el arte. Se presenta un debate interno entre los artistas sobre la cuestión del centralismo democrático aplicado al arte. Y Mosquera salió en defensa de la libertad por encima del centralismo en el campo específico del arte. Para quienes continuamos haciendo arte fue ésa una de las grandes aclaraciones, y creo que es lo que ha posibilitado también que hubiéramos superado esa etapa inicial, casi infantil».

Felipe Escobar, editor

«De los muchos elementos que conforman la herencia política de Francisco Mosquera, uno de los que hay que rescatar con el mayor empeño, y sobre todo en este momento, es el de su verticalidad revolucionaria.

«Me refiero a que Mosquera no solamente estaba en contra de la organización económica de esta sociedad, del régimen de producción que impera en ella, sino que además no compartía los valores de esta sociedad, no admiraba a sus héroes, no respetaba sus símbolos, no celebraba sus ritos, no veneraba sus mitos, no añoraba sus prebendas, no se postraba ante el altar de su manera de ver el mundo y no se reía de sus chistes flojos. Ese espíritu contestatario, por el que tanto luchó, tenemos que ayudar a conservarlo».

CARTA A MI PADRE

En 1961, a la edad de 20 años, siendo estudiante de derecho de la Universidad Nacional, Pacho le dirige este mensaje a su padre, Francisco Mosquera Gómez.
Querido padre mío:

Hoy es tu día, inútilmente, porque, para el afecto de tus hijos, cada uno de los de tu noble existencia será el más grandioso para haceros llegar, a ti y a tu adorable esposa y madre nuestra, las demostraciones imperecederas de nuestro cariño. Pero admitamos las fechas convencionales de los hombres. Y así como señalamos un día especial para la patria, dediquemos también, y con justicia, uno especial para aquellos seres que, como tú, son los forjadores de la sociedad y los directos responsables de su destino; y que sea él la mejor ocasión para dialogar sobre las fuerzas caracterizadoras de nuestras vidas.

No nos perdamos en los razonamientos que defienden la veracidad de la máxima anterior, y contentémonos con afirmar que de los alcances de una sólida educación moralizadora, sostenida en todo momento desde el hogar, dependen los perfiles preponderantes de los pueblos.

Me duele saber de la condición miserable del pueblo colombiano. Pero me aferro al convencimiento de que su redención palpita aún -y será voluntad para imponerla- en esas viejísimas enseñanzas legadas con sabor de deber por los padres de los hogares humildes.

Contemplemos tu obra maestra. Fundiste tu suerte con la amorosa compañía de una santa; y has educado hijos de los que la patria recibirá grandes favores. ¡Cómo hasta yo mismo envidio la armonía de tu hogar! Y a pesar de las atribulaciones que te depara diariamente la lucha por la vida, sé que te invade la paz de la satisfacción de quienes nunca fueron un fracaso para su más grande fin. Continúo pensando que hemos recibido con la pobreza el mejor de todos los ambientes. Gracias a ella hoy podremos deciros, sin temor a equivocarnos, que todo cuanto somos y cuanto llegaremos a valer vuestros hijos os lo debemos a vosotros, y a nadie más que a vosotros. Gracias a ella te hemos visto como un león defendiendo la integridad de nuestras vidas, y contamos hoy con muchas razones para amarte más. Gracias a ella estaremos siempre unidos para defendernos más. Gracias a ella ese empeño de triunfo de tus hijos hace parte de nuestra definición natural. Gracias a ella, y bendita sea, yo, en particular, hallé qué hacer con esta existencia que me diste, porque me colocó en contacto directo con la cruda realidad de los colombianos y me impuso una misión. ¡Con cuánta honradez tu hija es el encanto de quienes la rodean! Y hasta Gerardito aprendió ya a caminar con la frente en alto. Y Hernando, me imagino, no llegará a ser un médico simplemente, porque va comprendiendo que son tantas las enfermedades que su sola terapéutica sería inútil. Padre, te felicito, porque tienes mucho que enseñar y nunca supiste la lección de los vencidos. Tus amigos te han de ver con respeto, y a tu alrededor se levanta una torre de marfil, que es el único sitio de esperanza de tus familiares.

Ayer no más, recuerdo cuando, junto con mis compañeros de mis primeros años de colegio íbamos a iniciar una excursión por el oriente de Boyacá, tú me ofreciste el dinero necesario para el viaje, con la única condición de traerte una relación escrita de cuanto observara y de las impresiones e investigaciones del paseo. Haciendo honor a la verdad, no te obedecí; seguramente no fui capaz de escribir dos palabras sobre tan interesante tema. Te preocupabas entonces porque me afanara en el cultivo de las letras. Antes de formalizar contrato con Vanguardia liberal, fuiste tú quien de la mano me llevaste hasta los linotipos. Te he visto radiante con mis pequeños triunfos y pensativo cuando sabías y sabes de mis problemas. Me has dado pruebas de tu confianza sin límites hacia mí; y no te asalta el temor de que las vaguedades de la vida me entretengan en el camino de mi formación. Hoy comprendes la proyección admonitoria de mí vida. Y te digo que me he posesionado con sin igual pasión de mi cometido que no me pertenezco. Mi juventud, si a eso se le puede llamar juventud, está condenada a los cuartos silenciosos de las bibliotecas. Por ahora no deseo cosa distinta de estudiar, atollarme de conocimientos, adquirir las cualidades de un estilo fácil con la pluma, y violento, convincente y elocuente en la oratoria.
Abrigué en un tiempo la ilusión de ser un parlamentario magistral. Soñaba con que la república mirara hacia la curul que el pueblo me hubiese designado. Pero ese camino de un Gabriel Turbay, por ejemplo, y hasta de un Miguel Antonio Caro ya son de herradura para el pueblo colombiano. He perdido la fe en las instituciones católicas y legalistas, hoy corrompidas e inoperantes. A veces creo que no tenemos otro medio diferente a aquel que dice mucho de leyenda Comunera. Y los partidos políticos hoy por hoy no son sino ropajes roídos para disfrazar los bandos del pueblo dividido y fanatizado. Carecen ambos de idearios, y en ellos triunfa no la capacidad conductora del hombre, sino la mayor flexibilidad de la columna vertebral.

Esta generación mía hará la revolución. Es un proceso histórico que nos tocó en suerte copar a nosotros, paradójicamente los hijos de la Violencia y el sectarismo colombianos; y nos uniremos y seremos hermanos para desconocer unos y otros los mediocres dirigentes de la hora. Padre, a cerca de siglo y cuarto de la muerte de Bolívar, Colombia sigue huérfana de libertadores. Nadie ha escrito la última palabra de nuestra historia. La inicia Colón con el maravilloso episodio del Descubrimiento, se introduce en el Continente con las penalidades de la Conquista, echa sondas raíces con las irregularidades e injusticias de la colonia, adquiere vida propia con la gesta patriótica de la independencia, sufre tristísimas experiencias con la frustración de la República y… la historia continuará con un sexto capítulo que indudablemente corresponde a la revolución. Colombia fallece desde los púlpitos de las iglesias hasta las curules del Capitolio Nacional; desde los fúsiles desganados de nuestros soldados hasta las cuentas fabulosas de los opulentos; desde las manos pedigüeñas de los niños mendicantes hasta los cuerpos esculturales de las reinas de los clubes; desde los Llanos hasta el Atrato; desde La Guajira hasta Nariño… Nos morimos, no obstante los cálculos optimistas de nuestro presidente. La educación ha sido descuidada, por esa medida precautelativa para evitar que de un momento a otro surja el hombre. Ya no es tranquila la siesta de la oligarquía; y como pesadilla de medianoche cada una de las palabras de Anarkos de Valencia resuena en sus conciencias. Está fallando el Frente Nacional. Y se contagian del mismo sectarismo que ellos inventaron para envenenar el pueblo. Ahí está López, el hijo del grande, disintiendo; Gómez no quiere transigir; El Tiempo se quitó la careta liberal para recibir la piedra de los manifestantes cotidianos; el «Chiquito» Lleras ya no publica fotografías de sus giras políticas, y no quieren entenderse, desconociendo los sabios consejos de los poderosos del Norte. El clima es propicio, el pueblo está de punto, y hasta presiento al capitán que falta. ¡Seré un frustrado, y que sobre mi lápida no me coloquen nombre alguno, si antes de cerrar mis ojos definitivamente, no contemplo en un cielo nuevo la aureola de nuestra Revolución! Te ofrezco, padre mío, como complemento de tu felicidad, esta tremenda convicción mía de hacer la Revolución Colombiana. Admito que poco es lo que me preocupo por vosotros, pero vivo únicamente para dejar atrapado el apellido que me diste en la telaraña de la historia.
¡Yo no capitularé como Berbeo sobre el libro sagrado de Caballero y Góngora, porque inmenso es mi odio y mi asco hacia ellos! ¡Yo no creeré como Gaitán en la generosidad de los enemigos del pueblo, porque hace tiempo que desconfío de los resultados de las urnas en manos de los concubinos de la democracia! Yo no beberé como Sócrates la cicuta, porque yo no respetaré sus leyes, como ellos tampoco respetan la castidad de nuestras mujeres campesinas. Yo no descansaré un solo instante (aquí se me dañó la máquina, perdona que continúe a mano) en la lucha, porque el llanto de los niños hambrientos no me deja conciliar el sueño. Yo no tendré piedad hacia ellos, porque ellos no la han tenido nunca con mi pueblo. Yo no daré mi cabeza a las hachuelas que silenciaron los reclamos sociales de Uribe Uribe, porque usaré sus mismos métodos y aprenderé su idioma.
Solamente un hombre así, con tales consignas, podrá ganarse el respaldo de los colombianos, tantas veces engañados y desviados de su destino histórico.
Padre mío: continuemos igual, identificados en nuestro sentir. Cada uno de nosotros con apoyo moral de todos, y haciendo más ejemplares nuestros actos.
Esta carta es como el bautizo espiritual que requería mi alma hace rato. Empiezo con ella otra etapa de mi vida, la definitiva, sabiendo que he llegado a tu corazón con un mensaje de amor y rebeldía.
Tu hijo,

Francisco Mosquera
Bogotá, junio 18 de 1961.