TEXTOS SOBRE HISTORIA

El descubrimiento

“Aunque el Descubrimiento se deba a los adelantos de aquel período, parta de la hipótesis de la redondez de la Tierra, corresponda a la pericia y a la tenacidad de Colón e ilumine la Era Moderna, lleva el timbre, si se me permite la licencia, de las fascinantes realizaciones del Renacimiento: que sus autores se planteaban los problemas, definían los objetivos y los coronaban, pero sin dominar a ciencia cierta el motivo y las repercusiones de sus triunfos, ni los basamentos esenciales en que se sustentan.

“La llegada un tanto fortuita de las primeras carabelas a nuestras costas de cualquier modo fue una salida a las urgencias de la Europa del siglo XV, en especial la de romper el cerco en que la habían situado la toma de Constantinopla por los turcos otomanos, que bloqueó sus rutas comerciales hacia el Oriente, y el hecho de que los combatientes del Islam constituían de suyo una barrera infranqueable en el Norte del África. De ahí que exclusivamente restara buscar el ‘Levante por Poniente’ según la conocida y certera intuición del genovés. Sin embargo, al intentar comprobarla, se le atravesó otro mundo, inmenso, distinto al anhelado… y no lo supo nunca. Una meta fallida, que fuera de encarnar uno de los más notables éxitos del Hombre, da pábulo a otros desenlaces no menos contradictorios y deslumbrantes”. (“En respaldo a Germán Arciniegas”, El Tiempo, octubre 11 de 1992).

Conquista y Colonización

“Hasta dónde nos hallamos ligados a las vicisitudes del quehacer internacional lo registran los propios albores de nuestros pueblos. Luego del Descubrimiento, al Norte del Río Grande arribó la emigración más avanzada de entonces a colonizar unos parajes apenas habitados por aborígenes que en su retardo evolutivo no pasaban del estadio superior del salvajismo, de acuerdo con la sinopsis de Lewis H. Morgan, en tanto que al Sur vinieron los representantes de las formas más atrasadas de producción de Europa, a disponer de unas tierras cuyos bárbaros propietarios ya habían conseguido, entre sus hazañas, cultivar.

“Este hecho paradójico, el que lo aventajado del viejo mundo se tropezara con lo rezagado del nuevo, y viceversa, selló la suerte de las dos porciones tan dispares y tan encontradas de América. En lo que después sería Estados Unidos, los colonos, con una mano de obra salvaje no utilizable, tuvieron ellos mismos que descuajar los bosques y hendir los surcos, hasta ver florecer a la postre un capitalismo puro, exento de las interferencias de sistemas caducos heredados a los que fuera necesario barrer, como le tocara a la burguesía europea en sus batallas por el desarrollo. Idéntica afirmación cabe para las normas democráticas de organización social, cuyas embrionarias encarnaciones comenzaron allí a manifestarse desde un principio y a facilitar las actividades productivas.

“En cambio, el rancio coloniaje monárquico, de severo molde absolutista y al que prácticamente le correspondiera fundar a Latinoamérica, trasplantó intacto aquí el régimen feudal, dada la feliz coincidencia de que se toparía con una abundante población indígena apta para la agricultura y las labores manuales, a la cual, además de evangelizar, transformaría en siervos de la gleba. Sobre la mita, la encomienda, y el resguardo reverdecieron las obediencias jerarquizadas, los tributos y prestaciones personales, la justicia inquisitorial y el resto de instituciones de una sociedad que allende el océano exhibía síntomas inequívocos de senectud, pero que bajo nuestros cielos tendría mucho por vivir, hasta el punto de que al cabo de los siglos aún observamos sus vestigios saboteando la marcha del progreso”. (“Unámonos contra la amenaza principal”, Intervención en el Foro sobre Centroamérica, Tribuna Roja No. 47, octubre 19 de 1983)

La Independencia

“Vertiginosamente Norteamérica adelantaría, y pronto haría sentir también su influjo bienhechor con su Declaración de Independencia, convenida en 1776 y enfilada en general contra la monarquía y la divinidad de los reyes; documento consagratorio de los preceptos de la democracia burguesa, cuyos derechos humanos presididos por la sonada máxima de que todos ‘todos los hombres son creados iguales’, estaban llamados a contribuir durante decenios, y de contera, con la gestas de emancipación de las colonias españolas. Bastante transcurrida la centuria pasada, la semblanza estadinense todavía seguía infundiendo entusiasmo a las luchas progresistas de los distintos países. La guerra de secesión, concluida en 1865 con la refrendación de la libertad de los esclavos negros, recibió el fervoroso apoyo de las corrientes revolucionarias, especialmente de los obreros europeos.”

El capital monopolista norteamericano

“No obstante, en víspera del siglo XX, junto a una banca omnipotente, reguladora de los engranajes industriales puestos a la sazón bajo sus arbitrios, irrumpen los gigantescos monopolios, suprema expresión de la concentración del capital, los cuales estiman demasiados angostos sus linderos fronterizos y han de hacer de la rapiña una divisa, renegando de las sanas tradiciones y trastornando la mente de la gran nación de Jefferson. La guerra contra España en 1898, su primera confrontación netamente imperialista, no se emprendió ya en aras de las claúsulas de ‘no colonización’ de la Doctrina Monroe, sino al revés, para apropiarse de lugares ajenos, como lo llevó a cabo aquel año el gobierno de Mackinley con Filipinas, Guam y Puerto Rico. Contra Cuba, asimismo arrancada de la corona ibérica, expidiose más tarde la oprobiosa Enmienda Platt por la cual se coartaba su soberanía y quedaba Estados Unidos facultado para entrometerse en los asuntos de la Isla cuando le pluguiera. Sobrevendría de igual modo la desmembración de Panamá de Colombia, con el propósito de construir en el Istmo el canal interoceánico que los franceses no fueron capaces de materializar. Y posteriormente la habilitación de las interminables tiranías castrenses tipo Carías, Martínez, Duvalier, Ubico, Somoza, Trujillo, respectivamente de Honduras, El Salvador, Haití, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana, para sólo señalar unas pocas de las muchas que han soportado las masas escarnecidas y apaleadas de América Central y el Caribe. Y los tratados leoninos sobre diversos tópicos, dirigidos a garantizar franquicias para las inversiones, los consorcios, las mercancías o los empréstitos procedentes de la metrópoli recién configurada. Y las repetidas conferencias panamericanas, gestoras del sistema del mismo nombre pero bajo la batuta de Washington, preferencialmente la IX, celebrada en Bogotá durante los días aciagos del asesinato de Gaitán y que diera vía a la Organización de Estados Americanos, la inefable OEA, tildada por algunos como el ‘ministerio de colonias yanquis’. Y las intervenciones militares contabilizadas por docenas en el Hemisferio, entre las que vale la pena recordar la de 1914, en el puerto de Veracruz, México, a fin de presionar la dimisión del presidente Victoriano Huerta; la de 1926, en auxilio del títere nicaragüense Adolfo Díaz; la de 1954, para derrocar el gobierno guatemalteco de Juan Jacobo Arbenz; la de 1961, fallidamente contra la revolución cubana, y la de 1965, tras el objetivo de aplastar al insubordinado coronel Francisco Caamaño, en Santo Domingo.

“La metamorfosis de la república estadinense en una potencia imperialista se había consumado definitivamente. Dejemos referir al Washington Post, en editorial publicado preciso en los preliminares de la guerra de 1898, cómo percibió aquella transmutación en los momentos históricos en que se estaba efectuando: “Una nueva conciencia parece haber surgido entre nosotros la conciencia de la fuerza y junto con ello un nuevo apetito, el anhelo de mostrar nuestra fuerza… El sabor a imperio está en la boca de la gente, lo mismo que el sabor de la sangre reina en la jungla”. (…) (Id.).

El neocolonialismo

“La entronización de la hegemonía norteamericana constituyó un vuelco notorio; mas hubo también otro digno de mencionarse: la generalización del neocolonialismo, que suplanta las antiguas formas coloniales de dominio directo de la metrópoli, por las del control indirecto, a través de gobiernos títeres, elegidos incluso por voto popular y adornados con todos los oropeles de la democracia burguesa. Al someter a su égida a las naciones más atrasadas, feudales y semifeudales, y verter en ellas las cornucopias rebosantes de dinero, el imperialismo, fuera de centuplicar su poderío económico con las materias primas así apropiadas y con los mercados así abiertos, propaga por doquier el modo de producción capitalista y, sin proponérselo, esparce los gérmenes de la rebeldía de los pueblos colonizados. Cuanto más desarrollo haya adquirido un país y más capital nacional posea, con mayor acucia siente los impulsos de recuperar sus riquezas, manejar sus recursos, obtener la soberanía y disfrutar realmente de la autodeterminación. Las poblaciones sacadas del aislamiento provinciano y puestas en contacto con la cultura mundial ya no pueden ser tratadas, tan fácilmente, con las herramientas medievales de sojuzgación; se requiere de otras más sutiles y, sobre todo, más eficaces. Además, el grado de concentración y de pujanza del monopolio llega a extremos tales en superpotencias como los Estados Unidos, que ningún régimen burgués, por democrático que sea, se halla exento de ver a sus funcionarios y mandatarios sobornados por el imperialismo más pudiente, es decir de caer bajo la subordinación económica mediante los contratos leoninos, las leyes elásticas y el ‘serrucho’, tristemente célebre en Colombia. (“Experiencias de la Segunda Guerra Mundial para tener en cuenta” José Stalin. La gran guerra patria de la Unión Soviética. Trad. de Gabriel Iriarte, agosto de 1990).

El fascismo y la segunda guerra mundial

Aunque el fascismo configura una de las cuantas doctrinas imperialistas, lo escabroso de sus postulaciones y la brutalidad de sus procedimientos la hacen más acabada, más típica, más propia de la etapa en que el capital se convierte en monopolio e inicia su estado de descomposición y de expoliación parasitarias sobre las naciones oprimidas. La versión nazi recurre desaforadamente al nacionalismo y al racismo para encubrir las ambiciones de supremacía mundial…

El despotismo hitleriano proporcionó una disciplina vandálica, extremando el trabajo, distorsionando la mente de la juventud y eliminando sin contemplación a quienes disintieran de los planes oficiales. Creó un ejército altamente calificado acorde con los adelantos técnicos y con formas organizativas apropiadas a estos, verbigracia, las unidades mecanizadas de rápida movilidad muy distintas a las antiguas formaciones de caballería, supérstites aún en no pocas de las instituciones militares…

El nazismo, que funda su éxito en la intimidación y el engaño, como cualquier contracorriente reaccionaria no soporta la adversidad. Únicamente sobrevive llevando la delantera, pero tan pronto se le nublan las perspectivas de vencer todo estará finiquitado sin remedio…

Concertar la cooperación con los enemigos comunes del Eje, así encarnaran fuerzas de naturaleza expoliadora y colonialista pero inhabilitadas para hacer valer su iniciativa, respondía a una necesidad de legítima defensa que Stalin avizoró con bastante antelación e insistió en ella hasta satisfacerla. El acta de no agresión firmada con Ribbentrop y Molotov a mediados de 1939, absolutamente indispensable luego de la contumaz negativa de Occidente a convenir la lucha conjunta contra el fascismo, sobre la cual tanto especularon los más disímiles comentaristas burgueses, no dejaría de ser un acuerdo eminentemente pasajero que, según el enfoque objetivo de la URSS, permitía ganar tiempo y esperar la arremetida germana desde posiciones militares lo más favorable posibles…

…el heroísmo del pueblo soviético incide en el cambio de la situación en un lapso relativamente corto; a lo que debemos agregar la orientación política y militar, sin cuyo acierto, ni la sangre vertida ni la laboriosidad desplegada hubieran dado sus frutos. Partiendo del mismo vaticinio sobre el desencadenamiento de las contradicciones de la preguerra; pasando por la utilización de los factores positivos contemplados en la estrategia trazada, y concluyendo en el hábil maniobrar para, sin venderlos principios, salir airosos, de cada una de las complejísimas encrucijadas, el alto mando soviético hizo alarde de visión, sapiencia, audacia y capacidad, cual raras veces ocurre en la historia. Aquél era el Partido Comunista. Integrado por los continuadores de la magnífica tradición revolucionaria de Rusia y los herederos de las sublimes virtudes de Lenin: educado en los fundamentos científicos del marxismo y dirigido por un jefe formidable: Stalin. (Experiencias de la Segunda Guerra…. op. cit.)

¡GLORIA ETERNA AL CAMARADA FRANCISCO MOSQUERA!

25 de mayo, 1941 – 1° de agosto, 1994

“Las verdades de Marx y Lenin, lejos de marchitarse, cual lo pregona la burguesía que carece de respuesta para los interrogantes de la actualidad, volverán a ponerse de moda. Parece que el socialismo, al igual de lo acontecido al sistema capitalista, adolecerá de tropiezos y altibajos durante un interregno prolongado, antes del triunfo definitivo. Y los obreros, con sus batallas revolucionarias, proseguirán tejiendo el hilo ininterrumpido dé la evolución histórica.”

(Francisco Mosquera, “Hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas”, Tribuna Roja, No. 56, febrero 21 de 1994)

“Nosotros hemos insistido en que el socialismo auténtico no es ocupacionista ni anexionista. Nos preocupa que este punto básico no se comprenda a cabalidad por las fuerzas democráticas y revolucionarias, porque la menor intromisión de una nación en los fueros de otra, tolerada a cualquier título o propiciada bajo cualquier pretexto por el movimiento obrero de un país, el que fuese, le inflige más daño a la revolución mundial que todos los atropellos juntos de los imperialistas contra la libertad y la autodeterminación de los pueblos. Al fin y al cabo el capitalismo de la era monopólica se sustenta del fruto de sus prácticas colonialistas. De lo contrario no sobreviviría.”

(“¿Qué puso al descubierto Granada?”, Tribuna Roja No. 46, diciembre 1983-enero 1984).

“Pero el socialismo no ha fracasado; lo han traicionado, que es muy distinto. Desde los redactores del Manifiesto comunista hasta el artífice de la Revolución Cultural Proletaria de China, pasando por el fundador del bolchevismo, los guías magistrales del movimiento obrero han advertido que en la sociedad socialista, al constituir únicamente una etapa de transición hacia la abolición de las clases y de las desigualdades nacionales, todavía continúa la implacable pugna entre las obsoletas facciones desprovistas del Poder y las fuerzas avanzadas que lo han obtenido; y por ende perdura el peligro del restablecimiento de los privilegios del pasado, a cargo de los enemigos abiertos y encubiertos, nativos y extranjeros, de dentro y de fuera del aparato gubernamental. Durante un trayecto harto prolongado no se sabrá quién vencerá a quién. El proletariado ha de persistir en su dictadura, blandiendo los instrumentos propios de la contienda política: democracia, plena democracia para las masas trabajadoras y sus aliados, anulación de todo derecho para la oligarquía y la reacción en general, aplastamiento de las actividades contrarrevolucionarias, respeto por la soberanía y autodeterminación de las naciones. (…) ¿Se puede afirmar a priori que un Estado obrero no actuará al contrario, o no caerá en manos de los elementos restauradores, es decir, que en vez de darle garantías al pueblo se las otorgue a minorías parasitarias, y se convierta, a nivel internacional, ya en una colonia expoliada, ya en un imperio expoliador? ¿Con base en qué fundamentos teóricos o experiencias prácticas se negaría absolutamente tal eventualidad? ¿Con el criterio de que la historia marcha siempre hacia adelante y nunca da pie atrás? ¿Con la ingenua creencia de que los obreros, cuando aferran el timón de un país, se inmunizan contra los intentos revanchistas y regeneradores de sus adversarios? Al revés, la lección de los siglos refiere que aunque las corrientes revolucionarias terminan primando a la larga, a menudo transcurren por confusos y convulsos interregnos de reflujos y resacas. Una de las más rotundas discrepancias del marxismo-leninismo con los revisionistas contemporáneos consiste precisamente en que éstos no alertan, ni reconocen, ni siquiera mientan la posibilidad de la restauración burguesa bajo el socialismo. Para los rusos sería tanto como reconocer sus fechorías y recabar su misma destrucción, actitud que no van a asumir jamás (…)

“El socialismo habrá terminado su misión en la Tierra cuando desaparezcan las clases y las disparidades nacionales, pero mientras tanto ha de esmerarse en el cabal apuntalamiento de los soportes de la democracia. En lo interno, amplísima participación de las masas populares en las entidades del Estado y en sus ejecutorias, igual en las administrativas que en las de sujeción de las minorías reaccionarias; y en lo externo, escrupuloso acatamiento a la facultad privativa de los pueblos a autodeterminarse soberanamente. La sociedad proletaria que se enruta hacia la eliminación de toda represión política y hacia el derrumbe de las murallas que parcelan a los hombres en naciones, no cristalizará su encargo sino recurriendo a esa represión, pero a través de su hechura más democrática, el gobierno de los trabajadores, y permitiendo que dichas murallas nacionales alcancen su máximo apogeo mediante la prescindencia de la menor coerción entre los países.
“No hay otro modo de emprender los gloriosos cometidos de la revolución socialista.”

(“La trascendencia de la osadía polaca”. Tribuna Roja No. 41, enero de 1982)

EL ARTE HUNDE SUS RAÍCES EN LA CAPACIDAD CREADORA DEL PUEBLO

Cultura

“La cultura de las diferentes clases es el reflejo de sus intereses económicos y políticos en el campo de la ideología. Por lo tanto, se presenta también una lucha inevitable en el campo ideológico entre las clases.”

“El aguerrido movimiento de las masas estudiantiles de 1971 por lograr en el seno de la universidad las reivindicaciones democráticas principales del estudiantado y defender una cultura nacional y científica al servicio de las masas populares, en contraposición con la dominación cultural que ejerce el imperialismo yanqui sobre la educación colombiana, nos ayudó a comprender una cuestión que ya estaba resuelta por el camarada Mao Tsetung: la de que a toda revolución la antecede una lucha en el terreno de la cultura, y que esta lucha, a su vez, hace parte integrante de la revolución”. (Colombia, tres vías a la revolución, Bogotá, 1983)

“Cuando el Comité Ejecutivo Central del MOIR miraba con detenimiento y antelación la nueva política saqueadora, pronta a instalarse, llegó a varias conclusiones pertinentes. El viraje debían abocarlo con cuidado los mandatarios. A pesar de que lo ubicaban en los terrenos de la cuestión económica, forzosamente abarca un universo de preparativos y sustentáculos que revuelcan el discurrir de la caduca república. Partiendo de un problema inicial: se necesita alguien que lo enrute y conduzca a buen puerto; un conjunto amplio de funcionarios ilustrados, catedráticos expertos y discípulos maleables que sepan del asunto. La clave estuvo en la incorporación al ajetreo público de la panda de los Andes, una especie de culto de las adoratrices de la especulación. No es raro que el presidente y su consorte provengan de allí: que doña Ana Milena haya montado a Colfuturo en donde, además de correr dineros a porrillo, hacen fila los alumnos mansos y distinguidos que recibieron becas de posgrado en el exterior, o que los periódicos promocionen los estudios de la Academia americana. El duelo económico se decide en la arena ideológica”. (Hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas, en Tribuna Roja, No. 56, noviembre de 1993)

Arte
“La posición partidaria en torno a estas materias no ha de reducirse, desde luego, al aplauso y la tolerancia. Los ricos e inagotables asuntos de la cultura nos han de preocupar constantemente y frente a ellos debemos exponer y defender nuestras miras de clase, radicalmente contrarias a los vacuos criterios de las oligarquías y el imperialismo. Aunque propugnemos la libertad de investigación y creación como un método para el buen suceso de las ciencias y las artes, no cejaremos en señalar que las unas y las otras han de coadyuvar invariablemente al desarrollo material del país y a la educación ideológica de los desposeídos y oprimidos. La expresiones culturales que no apunten a tales objetivos, embellezcan los torvos propósitos de la reacción, envilezcan moralmente a las fuerzas laboriosas, o se queden simplemente en fórmulas tan comunes pero tan vacías como las de promover el ‘arte por el arte’, en lugar de apuntalar nuestra lucha, la desquician”.

“Necesitamos forjar nuestras propias armas espirituales a fin de vencer a nuestros enemigos. Precisamos construir firmes y esclarecidos destacamentos de investigadores y artistas que contienden y triunfen en la palestra de la cultura. Requerimos de una literatura, de una pintura, de una música, de un teatro, de un cine revolucionarios.

Y el Partido ha de trazar sus orientaciones y velar por que dichas tareas se cumplan a satisfacción”. (El Teatro Libre de Bogotá. Una década de infatigable y creativa labor, en Tribuna Roja, No. 47, febrero de 1984).

Ciencia
“Engels, no obstante las muchas imprecisiones todavía existentes en su época, desde el siglo pasado ya había hecho énfasis en el derrumbe de las barreras entre lo orgánico y lo inorgánico, en el intercambio entre lo vivo con lo no vivo, en la ubicación cósmica de la vida, en la célula llamada ‘cuerpo albuminoide’, en el rol del trabajo en la transformación del mono en hombre, en las raíces sociales de la deformación ambiental, etcétera. Testimonio histórico de la forma como un enfoque general dialéctico jalona el incesante auge del pensamiento científico, y de cómo aquél se sustenta en éste”.

“Ya no es posible explicar la formación de los elementos y el origen de la vida sin estudiar las estrellas.

“En el salto de la mecánica de Newton a la relatividad de Einstein está de por medio la velocidad de la luz, el nuevo factor sin el cual no podríamos analizar el movimiento a las más grandes distancias cosmológicas o a las más cortas de la física de partículas.

“Las leyes de la conservación de la energía y de la transformación de la materia se vieron enriquecidas con otra considerable conquista del pensamiento humano: la de lograr medir la energía en función de la masa.

“Las geniales intuiciones de Darwin acerca de que la evolución de las especies dependía de la selección natural adquieren en este siglo su base o causa interna en la biología genética.

“En fin, Hernando Patiño esgrimía con decisión estos y los otros avances interdisciplinarios para proporcionarles el soporte científico a sus inquietudes de todas las horas, que iban desde profundizar en los secretos de la ‘sopa primitiva’ hasta alertar sobre la fundamental importancia de mantener el equilibrio simbiótico entre la rosa y el colibrí.

“( …) Fue partidario de que, en cuanto a la ciencia, lo extranjero pueda servir a lo nacional, el pasado al presente, lo tradicional a lo moderno, el conocimiento empírico a la ciencia propiamente dicha, y de que a excepción de la primera de estas relaciones las otras no deberían darse en sentido inverso”. (Nunca transigió con el atraso, discurso leído en Cali el 29 de agosto de 1986, ante la tumba de Hernando Patiño).

Prensa del Partido
“Los temas que ansía cubrir nuestra prensa serán de la más variada índole, comprendidos los noticiosos, los teóricos, los culturales.

La reaparición de Tribuna Roja se hizo impostergable, pues sin ella no podíamos prestar la atención debida a la formación ideológica del Partido, unificarlo en la táctica, enmendar las fallas, dirigir e impulsar las batallas de clase, en una coyuntura histórica trascendental en que el imperialismo norteamericano y sus corifeos redoblan la expoliación de los pueblos e imponen por doquier su desiderátum de la apertura económica. (…)

“Sin embargo, carecemos de los valiosos aportes de un sinnúmero de compañeros que están en condiciones de realizarlos. La Comisión urge de tales apoyos y el Partido de las distintas regiones se halla deseoso de compartir y aprender de las experiencias de las masas, hasta de las ubicadas en los más apartados rincones de la nación. Por eso los colaboradores han de sembrarse en la realidad y comunicar sobre la problemática de los obreros, campesinos, estudiantes, artistas, vendedores ambulantes e industriales”. (Instrucciones acerca del periódico. Circular interna, septiembre de 1993).

“FRANCISCO MOSQUERA FUE UN COMUNISTA”

Camaradas; señores padres -Francisco Mosquera y Lola Sánchez- y demás familiares de Francisco Mosquera Sánchez; amigos:

En el supremo acto luctuoso que nos congrega para devolver a la tierra a nuestro máximo jefe, el Comité Ejecutivo Central del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) considero en el día de hoy la designación del camarada Héctor Valencia, en su nombre y en el de todo el Partido, y el de le camarada Marcelo Torres, para pronunciar las postreras palabras de homenaje y fidelidad al pensamiento revolucionario, marxista-leninista, de Francisco Mosquera. El camarada Marcelo Torres, uniéndose al sentimiento unitario de todo el Partido, confía la expresión de dolor que nos embarga y de la resolución de llevar hasta el fin el legado revolucionario del camarada Mosquera, en la vocería única y respaldada por el Comité Ejecutivo Central y por todo el Partido, del camarada Héctor Valencia. En consecuencia doy lectura a tan solemne cometido.

Ha terminado su ciclo vital y su paso por la historia el ser cuyo cerebro alojaba y elaboraba las ideas más avanzadas de la clase obrera y cuyo corazón pulsaba en armonía con el sentir más hondo de nuestro pueblo: Francisco Mosquera, máxima autoridad ideológica y política del MOIR. Esta muerte, que condensa todo el valor que con sabios y combativos actos revolucionarios él le imprimió a su vida, tiene como significado todo el peso de la cordillera andina y representa para nuestra clase, nuestro pueblo y nuestro Partido la más enorme e irreparable pérdida.

El dolor que ello produce, camaradas, contiene una necesaria y afortunada alternativa dialéctica: convertir su concentrado signo negativo en una explosión de energías revolucionarias que lleve a fulminar escorias y desechos históricos, inaugurar nuevos senderos de progreso humano e iluminar las tenebrosas oscuridades que incesantemente y por doquier generan en todos los ámbitos de la vida social las clases reaccionarias.

El camarada Mosquera tuvo la virtud, característica de los grandes hombres, de captar desde sus años juveniles la verdad de la situación social y política. Dos factores incidían negativa y abrumadoramente sobre el destino de nuestro pueblo: el antidemocrático régimen del Frente Nacional instaurado por el imperialismo y la oligarquía, y la funesta precocidad del revisionismo contemporáneo al brotar en nuestro suelo antes de que lo hicieran las flores rojas del marxismo-leninismo. Contra ambos fenómenos abrió combate Pacho, empezando por engrosar las filas de quienes, también jóvenes, y en ansiosa y desprendida búsqueda de nuevas vías revolucionarias, integraban el Movimiento Obrero, Estudiantil y Campesino, MOEC. Su experiencia allí le enseñó pronto que esta agrupación, respondiendo a una base social primordialmente pequeño-burguesa, recurría, con base en formulaciones en las que “la frase desbordaba el contenido”, a prácticas en donde lo radical escondía lo vano y los escarceos armados eran meras caricaturas de las altas formas de lucha. Advirtiendo que tales patrones de pensamiento y conducta, más allá de los ánimos, constituían un foco de desviaciones políticas, empuñó las armas de la crítica iniciando la demolición teórica de lo que en Colombia y el resto de América Latina, con Cuba como principal surtidor y bajo las más diversas variantes -casi en su totalidad incubadas en Moscú al amparo ideológico del revisionismo contemporáneo y con el apoyo material y político del social-imperialismo soviético- germinaría con la denominación genérica y no del todo precisa de extrema-izquierda. El título del documento con el que abrió fuego para tal empresa crítica indica su orientación y contenido: Hagamos del MOEC un partido marxista-leninista. Con las categorías esenciales del marxismo exorcizó los demonios pequeños burgueses que atormentaban a un puñado de revolucionarios y marchando a su cabeza procedió a fundar nuestro Partido.

El camarada Mosquera sentó así, en l.965, las primeras bases de lo que durante tres décadas fue su tarea mayor: impulsar la elaboración de una línea política que respondiera a la necesidad que tiene la sociedad colombiana de empezar a “crearse el punto de partida revolucionario, la situación, las condiciones, las relaciones, sin las cuales no adquiere un carácter serio la revolución moderna”, como lo expresaba Carlos Marx para todas las sociedades. Para ello asió tres criterios que en nuestra época constituyen el alma del alma de todo proceso revolucionario inscrito en el transcurso histórico de la humanidad.

Primero, asumir primordial y cabalmente la defensa e impulso de las concepciones ideológicas y los intereses políticos propios de la clase obrera. Esa toma de posición, correspondiente a la diferencia antagónica con la burguesía, es el sólido substrato de la estrategia y la táctica del MOIR.

Segundo, dicha posición proletaria involucra íntima y esencialmente la adopción de la teoría originada en la lucha que los obreros han venido desarrollando junto a las masas desde su configuración como clase social y que, sistematizada, se concentra en tres elementos constituyentes: el marxismo, el leninismo y el maoísmo. Esta teoría es la inapreciable y fundamental arma que guía el pensamiento de los moiristas en todos sus combates políticos e ideológicos.

Tercero, con tal posición de clase y tal base teórica, construir un partido que sea la fuerza-núcleo que dirija a las masas hacia el triunfo de la revolución en Colombia.

No existen en el mundo cimientos más sólidos que estos tres criterios sobre los cuales el camarada Mosquera fundó y construyó el MOIR.

El solo enunciado de los principales aspectos de su obra revolucionaria, ya revela la prodigiosa dimensión que posee. Tomando en consideración las condiciones actuales de opresión neocolonialista que sobre nuestra nación ejerce el imperialismo norteamericano, para lo cual se apoya en los vende patria que de manera despótica y antipopular manipulan el aparato estatal, trazó la estrategia para una revolución de nueva democracia. Al desarrollarla, el proletariado -sobre la base de la alianza obrero-campesina y formando un amplio frente único con el resto de clases oprimidas por el imperialismo- se propone la toma del Poder a fin de establecer una república soberana, popular y democrática. Esta revolución de nueva democracia “es el ensayo general final hacia la revolución socialista.” Pero al definir esta estrategia, el camarada Mosquera señaló algo que, quizás hoy más que nunca, deben tener en cuenta el proletariado y su partido: “La aspiración suprema de toda revolución es la toma del Poder. La clase obrera sólo puede llegar a él al frente de una insurrección revolucionaria triunfante. Su partido nunca teje ilusiones al respecto y repudia las fórmulas intermedias del revisionismo de ‘conquistar primero el gobierno y luego el Poder'”. Y agregó que el proletariado colombiano no entrará al palacio de gobierno “ungido por el ‘voto universal’ ni en ancas de un golpe cuartelario. Por experiencia propia ha comprendido, y se lo enseña el marxismo, que exclusivamente organizando a la mayoría de los desposeídos y humillados y recurriendo a la forma más elevada de lucha ‘decretará’ algún día su emancipación”.

A lo largo del constante trabajo político que impregnó su vida, el camarada Mosquera dilucidó de manera creadora para cada situación y cada batalla los pasos tácticos que deben darse en relación con la estrategia. Hizo un riguroso análisis de la lucha de clases, las mutaciones en la correlación de fuerzas, el estado de ánimo de las masas, los flujos y reflujos de la revolución, la forma de lucha principal y de organización que en cada período esté al mando, las tareas prioritarias y las tareas secundarias, en fin, todo lo que en cada situación política él definía como lo que “toca hacer” y que, situado en la entraña misma de la vida partidaria, sólo a riesgo de liquidarnos admite equivocaciones. Esta gama de principios tácticos constituye un vivo tratado revolucionario cuya observancia es la más segura garantía para el avance del MOIR, la clase obrera y las masas.

En el plano internacional, sumó sus fuerzas y las de su Partido a la lucha contra el imperialismo norteamericano y contra el social-imperialismo soviético. Hizo causa común con el Partido Comunista de China dirigido por Mao Tse-tung en la colosal batalla contra el revisionismo soviético, reviviendo los principios de las decenas de millones de obreros, principios que “la palabrería vacua y adocenada de los falsificadores mantienen inmersos y ocultos”. Los hechos terminaron confirmando la validez de su aguda crítica contra el oportunismo de derecha al señalar durante más de veinte años la degeneración que carcomía al régimen de la antigua Unión Soviética y a quienes en otras naciones lo seguían o imitaban grotesca y trágicamente. Aclaró, en contraposición con los diagnósticos y conclusiones de los voceros de la burguesía imperialista, que lo que se derrumbó al perder el proletariado el poder político en los países socialistas -y continuará derrumbándose dondequiera que se repita esta pérdida- no fue el socialismo sino el revisionismo, que lo que fracasó no fue el marxismo sino su no-aplicación. Serán vanos los intentos de debilitar la voluntad de lucha de los pueblos o de hacer tambalear la ideología de la clase obrera trastrocando la verdad de los hechos.

No es de importancia secundaria, ni algo circunscrito sólo a nuestro Partido, el inmenso aporte del camarada Mosquera al estilo de trabajo y a los métodos de organización revolucionarios. Él mismo encarnó, en su contienda contra los peores rasgos que segregan los oportunistas de derecha y de “izquierda”, el ejemplo sobre el estilo flexible, amplio, fraternal y solidario que debe regir tanto nuestras relaciones partidarias como las que tenemos con el pueblo. Permanente y categórico fue su rechazo al sectarismo, las actitudes mezquinas, la estrechez de miras y, particularmente, a todo asomo de conductas propias del lumpen en las filas de la revolución. Como eje rector de la organización del Partido formuló el centralismo democrático, ese principio insustituible que también debe tener vigencia en las organizaciones sindicales y de masas, así como en los gobiernos democráticos y socialistas. Sabía, con Mao Tse-tung, que todo aquel que viole este principio socava la unidad del Partido y de las organizaciones populares.

Ante la situación de Colombia en los últimos años, Francisco Mosquera vislumbró primero que todos la naturaleza imperialista de la llamada política de apertura y condenó el siniestro plan de adecuar las instituciones del estado colombiano -“revolcándolas”, según la adjetivación vulgar de Gaviria- para su eficaz aplicación. Esta política, que viene arrasando con los derechos y las conquistas más preciados de los trabajadores, que asesta duros golpes a la agricultura y la industria nacionales, que entrega a los monopolios privados estratégicas empresas estatales -política que forzosamente continuará su curso antinacional y antipopular durante el gobierno de Samper próximo a inaugurarse- fue señalada por el camarada Mosquera como una gran ofensiva de recolonización por parte del imperialismo norteamericano. Para denunciar y combatir su objetivo, emitió a nombre del Partido la declaración titulada Defendamos la producción nacional y lanzó la consigna ¡Por la soberanía económica, resistencia civil!, consigna que hoy más que nunca es un llamado a la lucha dirigido a las masas de trabajadores y todos los sectores patrióticos y demócratas de Colombia. Es, de hecho, su última directiva política, y la cumpliremos cabalmente.

Como lo saben todos los moiristas y los amigos de la revolución que de manera directa o indirecta tuvieron relación solidaria con las ideas y los actos de Francisco Mosquera; como lo deberían saber todos los enemigos que se enfrentaron a su concepción materialista del mundo, su firme posición proletaria y su incisivo método dialéctico, y como lo sabrán inexorablemente las masas y sus dirigentes revolucionarios en los futuros procesos de la lucha de clases, este hombre hoy inerte baja a la tierra con el título más alto que sobre ella se puede alcanzar: Francisco Mosquera fue un comunista. En tal calidad, fue un heredero de las ideas de los más insignes jefes del proletariado, Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung. Fue un heredero que dejó herencia: su pensamiento y un partido integrado por centenares de cuadros y militantes que él formó y que hoy asumen la misión histórica de enarbolar la bandera roja de los proletarios y no cejar hasta verla triunfal.

Camarada Francisco Mosquera: ¡Hoy y aquí dicen presente los fogoneros de la revolución que se formaron bajo tu guía y tu ejemplo! Hoy y aquí, juramos llevar hasta el fin la causa de la clase obrera que tu siempre soñaste y grandiosamente impulsaste!

Camarada Francisco Mosquera: ¡Gloria eterna a tu memoria y tu obra!

LA CUESTIÓN NACIONAL Y EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO

“Los colombianos decidirán su propio porvenir sin intervención ajena.”
“La exhortación al acatamiento a la soberanía y autodeterminación de las naciones no es exclusivamente la bandera para enarbolar ante los piratas del capital internacional, sino que debe ser el principio básico del internacionalismo practicado por los países socialistas”. (“Los colombianos decidirán su porvenir sin intromisión ajena”, Tribuna Roja, No. 27, primera quincena de agosto de 1977).
“Por encima de las barreras idiomáticas, del ancestro y costumbres de los pueblos y de las modalidades de lucha según las etapas en que se hallen, los partidos proletarios forman un gigantesco haz de voluntades que les da una nítida superioridad sobre las banderías burguesas que, a pesar de sus eventuales avenimientos e invocar todas el capitalismo, no consiguen suprimir las trápalas y rebatiñas recíprocas, hervidas en la paila del lucro privado.
“De otra parte, en un mundo parcelado sin cura inmediata en múltiples naciones, al proletariado no le queda otra alternativa que darle a su lucha y a sus partidos una expresión nacional. Limitante sólo formal que lo empuja a concluir por países la revolución socialista, sin que ello vaya en desmedro de sus obligaciones internacionales. Así como nos valemos de la faja ecuatorial al demarcar el hemisferio norte del hemisferio sur en la esfera terráquea, el mejor rasero para diferenciar a los partidos autodenominados marxista-leninistas, catalogarlos entre legítimos y apócrifos, es la actitud que mantengan ante el internacionalismo. Cualquier postura o concepción que lesione el proceso de acercamiento y la solidaridad de los trabajadores de las diferentes latitudes desvirtúa su espíritu de clase. A la consigna de la unión internacional de los obreros ha de adosársele necesariamente la de la autodeterminación de los pueblos que estriba en el derecho de cada uno de éstos a decidir independientemente su destino y a proporcionarse el Estado que les plazca sin intervención forastera. Porque la complicidad y la tolerancia otorgada en nombre del comunismo a la opresión nacional, sea cual fuere el móvil o la excusa que se esgrima, la menos torva o la más cínica, obstaculizará grave e ineludiblemente las relaciones fraternas entre el proletariado de la región sojuzgada y el de la república sojuzgadora. No defeccionando en la defensa de los principios de la autodeterminación de los países y pidiendo la picota para quienes los violen, evitamos que las diferencias nacionales sirvan de laberinto en donde se pierdan y pericliten la unidad y la lucha internacionalista de la clase obrera.
“La nación moderna es un producto del capitalismo, del primaveral, el del curso ascendente, cuando blandía el ‘dejar hacer’ y el ‘dejarpasar’, las palabras mágicas con las que rasgaba los enigmas del aislamiento y la dispersión feudales. Quería mercados seguros y armónicos, para lo cuál fue agrupando aquí y allá a millones de personas que mantenían nexos de lengua, territorio, idiosincrasia, economía, etc., en una sola comunidad nacional, regentada por disposiciones uniformes de pesas y medidas, moneda única e impuestos y aranceles aduaneros centralizados. Inspiró y animó los levantamientos independentistas, y tras éste y el resto de emblemas democráticos arremolinó en torno suyo a las muchedumbres.
Pronto el jayán que saltó a la palestra lleno de nobles intenciones y que cándidamente creía que la creación empezaba y terminaba con él, se transmudó en un viejo ávido y avieso que, a la inversa del Fausto de Goethe, estaba condenado, para seguir viviendo, a destejer los pasos y a maldecir las ejecutorias de su juventud. El capitalismo otoñal, o imperialismo, dejó de ser el forjador y el libertador de las naciones, ahora se esmera de gendarme y de corsario colonialista y las multitudes por doquier lo vituperan y le lanzan guijarros. Sin embargo, el capital monopolista destrozó definitivamente el caparazón nacional y con su entramado de negocios por el orbe entero posibilita la interrelación de las comarcas más apartadas, incrementando cada día el mercado mundial: pero todo con base en la opresión de unas naciones sobre otras. El proletariado es fervoroso partidario de aumentar la comunicación entre los pueblos de estrechar sus lazos de amistad, estimular sus intercambios y colaboración en beneficio mutuo: no obstante propende a que este acercamiento se adelante respetando la decisión libre y voluntaria de las naciones, única manera de llevarlo a cabo. Las diferencias y recelos nacionales se desvanecerán a medida que haya un desarrollo económico equilibrado de todos los países, aparejado a un ejercicio pleno de la democracia. El imperialismo se opone ciegamente a ambos requisitos. Sólo el socialismo los hace realidad. La burguesía enfatiza en lo que desune a las masas, el proletariado en lo que las une. Las contiendas de Colombia y de todos los pueblos por su liberación y la salvaguardia de su soberanía constituyen el principal ariete para batir las murallas de la fortaleza imperialista. Nuestro internacionalismo proletario se refleja en la irrestricta solidaridad que les brindamos a estas luchas.
“Al llegar al clímax la hegemonía del imperio estadinense, a raíz de las dos guerras mundiales, especialmente la última, la explotación y dominación internacionales adoptaron la forma de neocolonialismo: bandolerismo de nuevo cuño, disfraz típico y perfeccionado del capital imperialista, cuyo quid radica en barnizar el saqueo de los pueblos con empastes de libertad y soberanía. La metrópoli no recurre a agentes propios para reinar sino a lacayos nativos y mandatarios títeres. Su preponderancia es tal, sobre todo la que le infunde su capacidad financiera colosal, que cualquier modelo de gobierno, desde el militar cuartelario de Argentina, hasta el democrático representativo de Colombia, pasando por el monárquico republicano español, cabe dentro de sus proyectos y se acopla a su pillaje. (…)
“Por eso los comunistas no nos agregamos a cualquier tipo de reivindicación nacional; no coreamos las rogativas reaccionarias para que las masas se contenten con soberanías simuladas, autodeterminaciones restringidas y no intervenciones de mentiras. Bajo el neocolonialismo la más vulgar y prostituida expoliación se pavonea de dama recatada y pudorosa. La dependencia económica sustenta indirecta pero eficazmente la intromisión política de los magnates de las casas matrices, y sin arrancar de cuajo aquélla no se suprime ésta. Enarbolamos y respaldamos los esfuerzos aguerridos de los pueblos de todos los países para asir las riendas de su desarrollo industrial y cultural, al margen de imposiciones extranjeras de cualquier etiqueta, y para edificar sobre estos cimientos el Estado que mejor les convenga. Al actuar así contribuimos a superar los valladares y prevenciones nacionales y a apretar el abrazo sincero y cariñoso de los obreros de todo el mundo, sin distingos de color o apellido”. (“El carácter proletario del Partido y su lucha contra el liberalismo”, Tribuna Roja, No. 33, febrero-marzo de 1979).
“En la historia quienes acariciaron sueños de dominación imperial fracasaron irremisiblemente. Los soviéticos también terminarán siendo aplastados por mucho alboroto que armen y por muy temibles que parezcan”. (“Por un frente mundial contra el socialimperialismo soviético”, Tribuna Roja No. 35, enero de 1980).

“Y los trabajadores de las tierras de Colón y Magallanes se hermanarán inexorablemente. Lo puso de manifiesto el Tratado de Libre Comercio, que rubricaran Estados Unidos, Canadá y México, y ante el cual los asalariados estadinenses protestaron con fiereza. En presencia de un enemigo común, lenguaje común y lucha común. A medida que el imperialismo alarga sus tentáculos se debilita afuera y adentro. Su derrumbe será inevitable”. (“Hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas”. Tribuna Roja No. 56, febrero 21 de 1994).
“El imperialismo, que es la máxima internacionalización del capital, burla cuanto dique se le interponga a su despliegue y al entrelazamiento más tupido de las relaciones mercantiles mundiales, lo que lleva a efecto por mecanismos conculcatorios y dividiendo el orbe entre países opresores y oprimidos. Ya anotábamos que el proletariado arranca su labor transformadora de lo legado por el régimen que ha de aniquilar: no combate desde posiciones más atrasadas que las de éste, sino que jala hacia adelante el carro de la historia, sin proponerse metas ilusorias que el devenir económico no autorice aún. Por consiguiente está de acuerdo con el incremento de las reciprocidades comerciales y de todo tipo en la esfera internacional, y propende a la abolición completa de las desavenencias nacionales, de las barreras fronterizas y hasta de las naciones mismas. No obstante, en contraste con los capitalistas, media por que ello se efectúe respetando la autodeterminación y demás derechos inalienables de los pueblos y no pisoteándolos, y en el beneficio material y espiritual de éstos y no del selecto corro de matones que bravuconea a diestra y siniestra por los cinco continentes. La vía más expedita, o la única, para cumplirlo. Como en todo, el capitalismo plantea los problemas, e incluso provee en embrión los medios objetivos, físicos, para su solución, mas en lugar de resolverlos, los agudiza hasta el antagonismo.

“Mientras más se reprima los anhelos libertarios de quienes reclaman relaciones en pie de igualdad entre los habitantes del planeta, menos posibilidades habrá de que se disuelvan las prevenciones, los prejuicios, las tozudas e instintivas manías a enclaustrarse en el solar nativo y a repeler los contactos con el ambiente exterior, característica de las inmensas masas de las zonas discriminadas y estrujadas”. (“Su visita es una ayuda grande para nosotros”. Tribuna Roja. N° 50, febrero de 1985, p.16)

MILLARES DE MILITANTES Y AMIGOS DESPIDIERON A MOSQUERA

El camarada Francisco Mosquera. Secretario General del MOIR, dejó de existir el lunes 1° de agosto de 1994 a las 7 y 50 de la noche, en la sala de cuidados intensivos de la Clínica Reina Sofía de Bogotá.

El martes 2 de agosto, desde tempranas horas, sus restos mortales fueron trasladados a la sala de velación. El tricolor de Colombia y la bandera roja con la estrella amarilla de cinco puntas, símbolos de la nación y del internacionalismo proletario, cubrían el féretro de quien fuera nuestro máximo orientador y el más grande marxista de la historia de Colombia.

Nutridas delegaciones de Antioquia, las Costas, los Santanderes, Viejo Caldas y Valle, oriente, occidente, norte y sur del país se hicieron presentes conmovidas para dar el último adiós al maestro y jefe. Los miembros del Comité Ejecutivo Central, presididos por el camarada Héctor Valencia, la Comisión Obrera, los Comités Regionales, la comisión de Tribuna Roja y los distintos organismos del Partido, cada uno empuñando banderas rojas, formaron doble fila para cumplir la guardia de honor. El piso se tapizó con decenas y decenas de ofrendas florales.

Hasta la medianoche del 2 de agosto y en la mañana del 3, centenares de moiristas le rindieron su postrer y emocionado homenaje, a los gritos de “¡Camarada Francisco Mosquera, presente!” y “¡Gloria eterna al camarada Francisco Mosquera!”

En la tarde del 3 de agosto, el luctuoso cortejo partió con destino al Cementerio Central, cuyo sector histórico había sido preparado para acoger el cuerpo de nuestro fundador. A lo largo de la calle 26 se realizó una emocionada marcha que se congregó luego frente a la tumba para escuchar las palabras de despedida pronunciadas por el camarada Héctor Valencia, en nombre del Comité Ejecutivo Central y de todo el Partido. Al final, más de dos mil quinientos moiristas entonaron con fuerza La Internacional, el Himno de los Trabajadores y juraron continuar hasta el fin la causa por la que combatió Mosquera durante toda su existencia.

En el transcurso de los a fúnebres se acercaron a brindar su solidaridad una delegación del partido Comunista Colombiano encabezada por su secretario general Álvaro Vásquez, y por Gilberto Vieira, Manuel Cepeda, Jaime Caicedo, Hernán Motta, Eduardo Martínez y Aída Abella; Jaime Piedrahita Cardona y Consuelo Montejo, ex candidatos presidenciales del FUP; el presidente secretario general de la CGTD Mario de J. Valderrama y Julio Roberto Gómez; Luis Eduardo Garzón y Gustavo Osorio, del ejecutivo de la CUT; Antonio Navarro Wolff, jefe del M-19; Luis Carlos Valencia, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores; los senadores Amylkar Acosta y Jaime Dussán; Boris Montés de Oca, presidente Fecode, y Héctor Fajardo, comité ejecutivo; César Carrillo presidente de la USO y otros directivos de la organización; representantes de Sindess, ACEB, Sintracreditario, Sittelecom, Sinucom y ACIA. Pedro Contreras, presidente nacional de Asmedas; delegaciones de la embajada de la República Popular China, del Colegio Santander de Bucaramanga y de los barrios populares de Bogotá; Antonio Suárez y Fabio Hernández, directivos de Asonal Judicial. También se hicieron presentes Ricardo Camacho, Beatriz Rosas, Leonardo Zossi, Libia Ester Jiménez y Gustavo Martínez del Teatro Libre de Bogotá; Rodrigo Saldarriaga, del Pequeño Teatro de Medellín; Fernando Wilis, Diego Betancur, Juan Alfredo Pinto, Santiago Pombo, César Mora, Carlos Rodríguez, Eduardo Díaz, Gabriel y Amalia Iriarte, Arturo Ospina, Hugo Barrera, Carlos Nicolás Hernández, Hernando Palomino, Eduardo Bastidas y otras muchas personalidades de distintas corrientes políticas y organizaciones populares.

Los familiares de nuestro Secretario General -sus padres, don Francisco Mosquera Gómez y doña Lola Sánchez; sus hermanos, Hernando, Luz Estela y Gerardo recibieron la visita y los sentidos mensajes de condolencia de sus amigos, compañeros de trabajo y de todo el MOIR.

Igualmente, la camarada Myriam Rodríguez, su compañera, quien estuvo junto a él en las horas más difíciles, se vio rodeada del cariño de la militancia moirista.

El Estado: BAJO EL RÉGIMEN DE EXPLOTACIÓN, LA MEJOR DEMOCRACIA DEL MUNDO ES FALSA

Las clases dominantes explotadoras realizan elecciones o las suspenden, abren sus parlamentos o los cierran, imponen gobiernos civiles mediante votaciones o caudillos militares mediante ‘cuartelazos’, según, donde y cuando les convenga. Esta ha sido la historia hasta hoy de la casi totalidad de las repúblicas latinoamericanas, para no salirnos de nuestro continente, o por lo menos es la experiencia de Colombia. El Estado y sus instituciones representativas tienen su definida naturaleza de clase y son instrumentos de dominación de una determinada clase. Las clases revolucionarias no pueden esperar a que el Estado de las clases reaccionarias y sus instituciones representativas se pongan a su servicio, así aquéllas consigan las mayorías en unos comicios generales. Si aspiran a emanciparse y a transformar la sociedad, las clases trabajadoras oprimidas están obligadas a construir, sobre los escombros del Estado opresor destruido revolucionariamente, su propio Estado con sus instituciones diferentes a las desaparecidas.

(…) Bajo el régimen de explotación y represión, en el cual los grandes potentados internacionales y sus sirvientes criollos se hartan de riquezas a cambio del sudor y la sangre de las mayorías, y mientras continúe el imperialismo controlando los resortes vitales de la economía y por ende se mantenga en lo fundamental intacta su influencia política, bajo este régimen, la mejor democracia del mundo es falsa; que sólo en un Estado de obreros, de campesinos y del resto del pueblo, independiente y soberano, con sus organismos representativos auténticamente democráticos, las masas podrán gozar de todos sus derechos y participar plenamente en la política. Educaremos a las clases revolucionarias en la idea leninista de que ‘la revolución debe consistir no en que la clase nueva mande y gobierne con la vieja máquina del Estado, sino que destruya esa máquina y mande, gobierne con ayuda de otra nueva. (…) La esencia de la cuestión radica en si se mantiene la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano de rutina e inercia) o si se le destruye, sustituyéndola por otra nueva’”. (“Algo más sobre la política de unidad y combate”, Tribuna Roja N° 9, septiembre de 1973, en Unidad y combate, op. cit).

“En la historia de la lucha de clases no se ha dado aún el primer caso en que los opresores entreguen pacíficamente a los oprimidos las riendas de la sociedad. E inclusive ejemplo chileno, sobre el que tanto se teorizaba diciendo que había iniciado la época de las revoluciones incruentas, que era el otro experimento latinoamericano después de Cuba, la ‘nueva apertura’ revolucionaria, el modelo viviente de la ‘vía electoral’, ‘un camino para explorar hacia el socialismo’ y demás estulticias, se vino al suelo hecho trizas con el cuartelazo sanguinario de Augusto Pinochet y el sacrificio de Salvador Allende”. (“Una posición consecuentemente unitaria”, Tribuna Roja N° 16, septiembre 12 de 1975, en MOIR: Unidad y combate, op. cit.).

“Los obreros demostrarán ante sí mismos y ante el pueblo, no el respeto, sino la profunda repugnancia que les produce la democracia oligárquica, con sus derechos y libertades para matar de hambre a los desposeídos: con sus leyes y sus jueces para hacer del pillaje un negocio lucrativo y honesto; con sus cárceles y verdugos uniformados para mantener la santa paz social (…). (“El congreso de la CSTC”. Tribuna Roja No. 13, febrero, 27 de 1975. MOIR: Unidad y combate, op. cit.).

“La legalidad en todos los tiempos en que ha imperado no ha sido más que el instrumento de dominación de unas clases sobre otras, como el Estado, el ejército, la democracia, la libertad, el derecho y la superestructura entera de la sociedad. La legalidad de la organización social neocolonial y semifeudal vigente en Colombia es un elemento de la dictadura del imperialismo norteamericano y de sus agentes colombianos. Nunca esta legalidad se ha visto en armonía con los intereses de la nación y del pueblo. No obstante, la experiencia histórica indica que las clases explotadoras dominantes no tienen el menor estorbo para violar su propia ley, siempre y cuando lo requieran sus mezquinos propósitos. Merced a ello la legalidad como su violación son medios de sojuzgación de clase”. (“Una posición consecuentemente unitaria”. op. cit.)

“CONTAMOS CON SU SOLIDARIDAD, SU AMISTAD, SU CONSEJO Y SU SAPIENCIA”

Apartes de la intervención de Mario de J. Valderrama, presidente de la CGTD, el 3 de agosto, ante el féretro de Francisco Mosquera

“Desde 1987, los dirigentes que estuvimos empeñados en el proceso de unidad, primero en la CTDC y luego en la CGTD, contamos con la solidaridad, la amistad, el consejo, la sapiencia de Francisco Mosquera. Fueron años en los que compartí con él. Por eso quiero ante su cadáver dejar mi testimonio de gratitud, de admiración y de respeto a la inteligencia de este hombre que supo vislumbrar lo que sería el bastión del movimiento obrero, la vertiente alternativa para los trabajadores colombianos.

“A quienes compartieron con él por muchos años su vida y sus luchas, nuestro abrazo fraternal y nuestra solidaridad. Todos mis compañeros en la CGTD han visto que he rendido en los últimos dos años, cuando perdí al ser que más amaba, uno de mis hijos, un testimonio con estas palabras de Francois Mauriac: `La muerte no nos roba a los seres amados, sino que por el contrario nos los inmortaliza y nos los guarda en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente’.

“Mi deseo es que mantengan inmortalizada en el corazón la memoria de Francisco Mosquera. Creo que su vida bien valió la pena para los trabajadores y para Colombia.”

SÓLO EL SOCIALISMO LOGRARÁ EMANCIPAR A LA MUJER

“La rápida y turbia acumulación de fortunas no vistas en Colombia, exonera a las altas esferas del recato con que han escudado siempre su concupiscencia, y ahora hasta las aventuras amorosas y los excesos dionisíacos de las estatuas andantes se controvierten en público, desde los diarios o desde los púlpitos, en santo olor de republicanismo. El intercambio de esposas que escandalizó a los tiempos camanduleros de don Rafael Núñez y doña Soledad Román, en el presente imprime distinción, como el tráfico de narcóticos, entre una burguesía hipócrita que aún continúa discutiendo las conveniencias e inconveniencias morales del divorcio.

“Y en la base de la pirámide, en donde la miseria se enseñorea y hace su agosto dentro de millones de indigentes, los hogares se desgarran sin escapatoria. Si en esos niveles de por sí nunca tuvieron sentido los supuestos que regulan las relaciones familiares de las clases poseedoras, lo que la crisis actual destapa, atroz e inhumanamente, a su manera, con la prostitución decuplicada, el desempleo expandido y la floración de niños desamparados, es que aquellas idílicas imágenes de la madre bondadosa circuida de unos hijos felices y de un marido solícito que vela, o está en condiciones de velar por el bienestar de los suyos, imágenes tan caras para los doctrinarios del bipartidismo tradicional, constituyen para la pobrería el más cruel de los sarcasmos.

Aunque en esta tragedia la mujer personifique la desgracia y por doloroso que sea el procedimiento, las ‘amas de casa’, aguijoneadas por las necesidades, terminan saliéndose del cautiverio doméstico en busca de unos ingresos que cada vez le llegan menos a las cuatro paredes de su universo vacío y rutinario. Y cuando se presentan a pedir una oportunidad para no perecer, se estrellan con la espantosa realidad de que, salvo planchar, lavar y cocinar, nada han aprendido a hacer, y de que el desarrollo fabril se ha erigido sobre la hipótesis de repeler el concurso femenino. Descubren que a ellas les han tocado en suerte los peores, los más mal pagados, los más humillantes oficios, y eso si corren con la dicha de adquirirlos.

“Los portavoces del imperialismo y sus lacayos, aunque posen de liberales modernos que han roto con los vetustos convencionalismos, le rinden culto al orden establecido, categoría que junto a otras, como las de tradición, familia y propiedad, han de conservar intactas al máximo para el suceso feliz de sus planes expoliadores. Y aunque consideren el matrimonio un contrato “libre” al que concurren en condiciones iguales las partes interesadas, no cesan de infiltrar las execrables concepciones acerca de la superioridad del hombre, la sublimación de los insignificantes quehaceres caseros de la esposa, o lo natural de la subordinación económica de ésta, que aguarda abnegadamente en su encierro domiciliario a que su cónyuge la provea del sustento.

“Sin embargo, por más que se empeñen en idiotizar a la mujer con el halago de que ella es la reina consentida del hogar, además de escucharse ya bastante ridículo, nada de eso funciona en la fecha. El sexo femenino comienza a preferir que se le trate con menos fingimiento y vana galantería, e incluso trabajar lo duro que sea, con tal de ganarse el pan por sus propios medios, alcanzar su independencia de acción, integrarse a las actividades sociales y convertirse realmente en un ser digno y útil. Y las que sin pertenecer a la cúspide privilegiada todavía suspiran por las creencias de sus abuelas, los hechos las sacarán del letargo, o por lo menos les sembrarán la espina de la duda.(…) Empero. ¿cuál matrimonio?, ¿cuál casa?, ¿cómo salvar a los hijos?, ¿para qué la abnegación y la espera?, si no hay corrosivo peor que la indigencia, si el refugio hogareño se va reduciendo y transmutando en una cloaca infecta a donde difícilmente penetra la luz del sol, si los rezos no alimentan ni obran el milagro. Con la crisis, la proletarización progresiva y el común empobrecimiento se percibe la caducidad de las normas que la minoría dominante se obstina en idealizar contra cualquier evidencia.

“El caos desbordado clama a gritos por un vuelco de raíz, no sólo en lo concerniente a la soberanía nacional y a los modos de apropiación y producción, sino en todos y cada uno de los aspectos de la vida de las personas. Y las que menos tienen que llorar por el pasado que se fue son las mujeres. No se aterrorizarán tampoco por las transformaciones revolucionarias que propugnamos, incluida la de la creación de una unidad familiar en la que desaparezca precisamente la servidumbre femenina. Comprenderán que todo cambia y debe cambiar. En el proceso del conocimiento primero se transforman las cosas y después las mentes. Y como de la vieja familia no queda piedra sobre piedra, ahora corresponde edificar una nueva. (“A propósito de la mesa redonda sobre la mujer” Tribuna Roja. No. 4?, marzo de l982)

PARTIDOS, SINDICATOS Y PERSONALIDADES EXALTAN

Declaración del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista Colombiano

“Ha muerto en Bogotá Francisco Mosquera, fundador y principal dirigente del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, cuya Secretaría General ocupó durante varios años. El compañero Mosquera estuvo vinculado a la organización sindical, a las corrientes revolucionarias del marxismo y a los movimientos de convergencia con el Partido Comunista y otros sectores políticos. Surgido de la lucha universitaria y del tumultuoso proceso de acciones que emergió del ejemplo de las revoluciones de China y de Cuba, mantuvo a lo largo de los años más difíciles su fidelidad a la causa de los trabajadores y de la liberación de nuestra patria. Del compañero Mosquera y del MOIR nos han distanciado en varios períodos enfoques y conductas, al tiempo que nos han acercado puntos de vista y prácticas revolucionarias en nuestro común interés por crear el partido de los trabajadores, de la izquierda y el progreso social, enfrentándonos a los partidos de la gran oligarquía y su poder discriminatorio y excluyente, en una sociedad marcada por la violencia y la intolerancia.

“Ante el fallecimiento de este destacado combatiente del pueblo colombiano, renovamos nuestra voluntad de lograr la más cercana coincidencia política con los núcleos que como el MOIR, defienden el patrimonio de lucha y de esperanza de nuestras gentes del común y aspiran a crear el gran movimiento que se constituya en una alternativa real al poder de las clases dominantes, que avance hacia la paz, la democracia y la defensa de la soberanía nacional. Hacemos llegar a la militancia del MOIR nuestras más sentidas condolencias. Que esta pérdida se constituya en motivo para arreciar nuestra lucha común y avanzar hacia la unidad de todos los revolucionarios y demócratas colombianos”. (Voz, agosto 2 de 1994)

Padre Luis Antonio Gallardo
“Lamento profundamente fallecimiento camarada Francisco Mosquera, líder ejemplar auténtico patriota, apasionado defensor de los sagrados intereses de las clases trabajadoras, enamorado de la vida y la paz fundadas en la justicia social y los derechos humanos. Paz a su tumba y gloria y honor a su memoria”. (Pasto, agosto 3 de 1994)
Revista International Report, Los Angeles:
“El compañero Francisco Mosquera significó una gran ola de esperanza, por su magnífica visión, su incansable labor motivada por el más profundo cariño y guiado por una luz interna brillante que le iluminaba el camino con una gran certitud, para liberar a su país de todos los yugos que lo oprimen (…) De Francisco Mosquera supimos lo acertado de lo que decían sus compañeros de él: que hay hombres que son capaces de ver años y décadas; pero que Pacho Mosquera era un hombre capaz de ver siglos y siglos en el futuro (…) En nuestro siglo hemos visto revoluciones políticas y económicas de los oprimidos contra los opresores; hemos visto transformaciones culturales y revoluciones científicas. Bajo la dirección de Francisco Mosquera, en Colombia, hemos sido privilegiados por ver en práctica una transformación a la vez política, económica, cultural, científica (…) La imagen que siempre llevaremos en nuestros corazones de este gran amigo es el recuerdo de la primera vez que lo conocimos: joven, sin ninguna arrogancia, pero con una mirada profunda, llena de amor y de una claridad que penetraba el alma; lo hacía a uno sentir que estaba en presencia de uno de los grandes seres de la humanidad y de la historia (…)”

Rosalinda González, Raúl Fernández, Gilberto González, Joanna Endter, Myrna Cherkoss, Tommy Donahue, amigos del International Report.

Solita de Jaramillo:
“Apreciados compañeros:
“Motivos de salud me impidieron acompañarlos personalmente en los dolorosos momentos, para el MOIR y para el pueblo colombiano, por la prematura desaparición del dirigente Francisco Mosquera, de quien guardo tan buenos recuerdos. Los abrazo entrañablemente.”

Enviaron también mensajes el Comité Ejecutivo del Partido Socialista de los Trabajadores, el senador indígena Gabriel Muyuy y los parlamentarios de Cambio 2000, Omar Flórez Vélez y Rodrigo Echeverri.