EL CRAC DE LOS DRAGONES: FIN DE UN MODELO

Libardo Botero

En los últimos meses el fraude del modelo de desarrollo de los dragones asiáticos, montado por los ideólogos de los grandes monopolios, ha quedado en evidencia y se desploma como un castillo de naipes. Durante los años ochenta se promocionó la imagen del supuesto milagro económico de Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur. En los noventa se agregaron a la lista los nuevos dragones que seguían la senda de los primeros: Malasia, Tailandia, Filipinas, Indonesia. Todo eran loas para sus realizaciones: tasas de crecimiento elevadas, reformas radicales de libre mercado, monedas estables, inflación reducida, afluencia masiva de capitales extranjeros, crecimiento vertiginoso de su comercio exterior. Los dogmas neoliberales parecían funcionar, y sus resultados eran llamativos. El FMI y el Banco Mundial los presentaban como ejemplos para los países subdesarrollados. En cada tribulación, en cada declive de otro país, había una experiencia y una receta de los dragones que ofrecer como alivio. La estabilidad de sus economías, la sapiencia de su política económica, el ritmo incesante de su crecimiento, eran paradigmas de la dogmática imperante. Una auténtica fábula, con final feliz y moraleja incluida. Y que, como los cuentos infantiles, llegó a gozar de popularidad y candorosa aceptación.

Como un castillo de naipes

Primero fue la crisis de Tailandia, que hizo erupción a principios de julio. El gobierno no pudo seguir sosteniendo su moneda, el bath, que cayó con estruendo en el mercado en cerca de 40%, seguida de una contracción de más de 50% en su bolsa de valores. Más de la mitad de las entidades financieras debieron cerrar un mes después. El FMI tuvo que inyectar US$17 mil millones como salvavidas e imponer un riguroso plan de austeridad que ocasionó desempleo, recesión, quiebra de industrias, aumento de impuestos y otras fatales secuelas. Se supo entonces que el milagro no era tal; lo que había crecido colosalmente era la especulación financiera, a tal punto que la deuda total interna y externa, de los sectores público y privado, era algo así como el doble del PIB. Que la dependencia de fondos externos para financiar su economía era insoportable, ya que en 1996 existía un cuantioso déficit comercial externo, unos US$ 15 mil millones, equivalente a más de 8% del PIB. Que en esas condiciones el sistema financiero tenía que entrar en colapso, sin que el gobierno pudiera evitarlo, pese a la inversión de US$ 20 mil millones de sus reservas para sostenerlo, hasta que en julio la crisis explotó.

Se calcula que el saneamiento del sistema financiero tailandés equivaldrá a una suma cercana a 25% del PIB, es decir, US$ 147 mil millones en 1996.

Luego vino, como efecto dominó, el desbarajuste de Malasia, Indonesia, Singapur y Filipinas. Sus bolsas de valores y sus monedas fueron cayendo con estrépito ante la mirada incrédula de quienes hasta ayer no cesaban de ponderar sus éxitos.

El mismo Hong Kong, niña mimada del capital financiero, tampoco pudo evadir la tempestad y a fines de octubre su bolsa sufrió duro revés. Se empezó a saber de tales dragones lo que por tanto tiempo se había ocultado: que su florecimiento sólo era el de los negocios de las grandes potencias, que venían padeciendo crecientes déficit en su intercambio comercial; que sus monedas estaban sobrevaluadas dizque para estabilizar la economía, cuando en últimas era para favorecer esos negocios, sobre todo los de Estados Unidos; que varios de ellos tenían grandes déficit fiscales; que una inusitada proliferación de negociados acompañaba la burbuja financiera.

Malasia fue el segundo en caer. El Gobierno tampoco pudo sostener el ringgit, su moneda, y anunció en agosto que la dejaba flotar libremente. De inmediato sobrevino el derrumbe. Luego a Singapur e Indonesia les pasó exactamente lo mismo. A la devaluación siguió el hundimiento de las bolsas de valores. En Malasia los precios de las acciones bajaron más de 30%; el déficit comercial externo era también abultado. El gobierno corrió a crear un fondo de US$ 20.400 millones, casi 43% del PIB, para defender su mercado bursátil, sin buenos resultados hasta el momento. El primer ministro Mahatir Mohamad acusó a los especuladores extranjeros, particularmente al magnate George Soros, de atentar contra la economía de su país.

En Corea del Sur el crecimiento de su PIB era cada vez más lento. Muchas empresas tenían dificultades graves. Por ejemplo, el grupo KIA, uno de los más famosos chaeboles -grandes conglomerados industriales apuntalados por el Estado-, estaba a punto de quebrar. Desde noviembre se acentuó la presión sobre el won, la moneda del país, que el gobierno no pudo sostener. Un agudo déficit en su comercio y la severa reducción de sus reservas la terminaron debilitando.

En el Japón, por ejemplo, Yamaichi, pieza del grupo Fuji, anunció su quiebra, la mayor de una empresa privada en la historia del imperio del Sol Naciente.

Hasta Hong Kong sucumbió

En el panorama, Hong Kong parecía inconmovible. Tenía las mayores reservas de la región, US$ 88 mil millones, suficientes para defender su divisa y su bolsa, la más importante del Sudeste Asiático. Y si por ello no bastara, estaba la madre patria, China, con más de US$ 130 mil millones en reservas. La paridad de la moneda de Hong Kong, establecida en 1983, se había sostenido invariable en 7.8 dólares. Pero los especuladores apostaron a su caída, desde agosto presionaron la devaluación y en octubre redoblaron el ataque. Sin embargo la ex colonia resistió gastando buena parte de sus reservas. Si bien pudo sostener la divisa, la bolsa sucumbió. A finales de octubre entró en barrena, creando pánico en el mundo. En un solo día se retrajo en más de 5%.

El boom de Hong Kong estaba edificado sobre bases deleznables. Su principal negocio consiste en servir de intermediario de grandes consorcios para explotar a millones de trabajadores de China con el sistema de maquila y salarios miserables. En sus cercanías funcionan algunas de las más grandes «zonas económicas especiales» como Shenzhen, creadas por el gobierno de China a partir de las reformas de 1978, para producir con destino a la exportación. Hong Kong es el intermediario que importa materias primas, partes y productos semielaborados; en las «zonas especiales» se transforman y luego se reexportan por el mismo puerto.

De las exportaciones hongkonesas por US$ 170 mil millones en 1996, cerca de US$ 150 mil millones fueron reexportaciones, y se estima que la mitad proviene de maquilas chinas. Por ejemplo: Hong Kong exportó el año pasado, procedentes de China, más de 8 mil millones de dólares en zapatos, 11 mil millones en juguetes y 4.500 millones en maletas. La inversión de capitales en China, originaria de Hong Kong, calculada entre US$ 80 mil y 100 mil millones, se concentra en las «zonas económicas especiales» con empresas que ocupan más de cinco millones de obreros. Pues bien, con la crisis de sus vecinos, Hong Kong quedó en una encrucijada. Si sostiene la paridad de su moneda, como lo han prometido sus autoridades, perderá competitividad y su comercio exterior, asentado en la maquila, se deteriorará. Se habla de que ya tiene un déficit comercial de US$ 1.500 millones o más. Y si devalúa, para que no se agudice esa tendencia, ocasionará una catástrofe en su economía y probablemente en la internacional. Cualquiera que sea el camino, la situación pinta mal para la ex colonia.

Otros pesos pesados tampoco se salvaron del remezón

La oleada de problemas no se detuvo: su embate llegó a las costas de los centros financieros mundiales, particularmente de Estados Unidos que tuvo también su día negro, y por reflejo a la mayoría de las bolsas del mundo. Aunque la ventisca parece haber amainado, todo indica que la tempestad no ha sido pasajera y que en lontananza se avizoran más turbulencias. El remezón en Wall Street fue grande. El índice Dow Jones, que mide el comportamiento de las acciones de las empresas más importantes, cayó 554 puntos; las pérdidas de inversionistas y accionistas superaron en un solo día, octubre 27, los US$ 675 mil millones. Compañías pujantes, como las del sector de alta tecnología, sufrieron duras palizas en las cotizaciones. Fue el caso de Microsoft, cuyo fundador y principal propietario, Bill Gates, perdió la friolera de US$ 1.700 millones.

Diez años atrás, el 19 de octubre de 1987, estalló en Nueva York el más severo crac bolsístico conocido desde octubre de 1929. Refiriéndose a esta crisis, algunos economistas han sostenido que éstas son un necesario respiro en el proceso de vigoroso crecimiento de las economías industrializadas. Por el contrario, economistas norteamericanos de izquierda, como Paul M. Sweezy y Harry Magdoff, postularon la teoría de que el capitalismo monopolista norteamericano, en ausencia de períodos de guerra, tendía inexorablemente al estancamiento, como en los años setenta (después de Vietnam) y ochenta, tendencia que al consolidarse acentúa la disputa entre los monopolios, conduciendo a una concentración mayor del capital y a multiplicar la especulación. En un libro titulado Estancamiento y explosión financiera en Estados Unidos, publicado en 1988, explican el «desplome» de la bolsa de Nueva York de octubre de 1987. Allí concluyen premonitoriamente: «Por ser así las cosas, todavía puede resultar que el colapso de octubre no haya sido el último acto, sino sencillamente el preludio».

En los noventas ha persistido la tendencia al estancamiento, no sólo de la economía norteamericana, sino también de la de Europa y Japón. Basta revisar el modesto crecimiento promedio del PIB de todos ellos, muy inferior al de períodos anteriores. Lo que por fuerza nos tiene que llevar a pensar en la inminencia de nuevos estertores de la crisis.

En 1988 apareció otra obra inadvertida para muchos: Los poseídos de Wall Street. Su autora, la periodista francesa Dominique Nora, efectúa una penetrante descripción de uno de los fenómenos económicos más sobresalientes, propio también del momento por el que atraviesa el capitalismo monopolista: la querella en las bolsas de valores entre los grandes grupos especulativos por la propiedad de porciones significativas del capital y, en consecuencia, de la plusvalía que con ello acumulan. Su epicentro es Wall Street, el ombligo de los negocios del gran capital.

La autora relata cómo una tropilla bien adiestrada de abogados, administradores, economistas, especialistas en mercadeo y finanzas, detectives, firmas de corretaje, al servicio de los modernos buitres financieros, con el apoyo de bancos, fondos de pensiones y corporaciones, o en alianza con ciertos conglomerados, están al acecho de víctimas propiciatorias que, cuando son olfateadas, sufren los furiosos ataques, a través de lo que en su jerga conocen como «oferta hostil por sus acciones». Si la víctima cae, es devorada, literalmente, por los atacantes, despresándola, dividiéndola, despidiendo personal y, de esa forma, «rescatándola». La condición indispensable es que la presa tenga dificultades.

Neocolonias en la tremolina de la especulación

Aparte de lo mencionado, se vive una fiebre de adquisición de compañías de todo tipo y de fusiones entre colosos, fenómeno que se ha extendido a todos los grandes centros financieros. En los años noventa, al agudizarse la disputa al calor de la globalización, los pulpos han emprendido una gigantesca cruzada para tomarse las empresas públicas y privadas de la mayoría de países, especialmente de los llamados «emergentes». La apertura de los mercados de bienes y capital de los países del Tercer Mundo ha sido la herramienta clave para entrar a saco en sus economías. Rápidamente las bolsas de estos «mercados emergentes» han adquirido notoriedad, como las de Hong Kong, Singapur, Yakarta, Sao Paulo, Buenos Aires o Ciudad de México. La arrebatiña incluye la especulación con títulos de deuda, diferenciales cambiarios y otras operaciones.

Los sucesos han sido aleccionadores. Los neoliberales son unos desvergonzados. Por lustros sostuvieron las excelencias del modelo asiático y lo recetaron como panacea para los latinoamericanos. Frente al derrumbe, ahora vienen a descubrir los problemas de semejante paraíso y recomiendan a los apabullados orientales el modelo latinoamericano. Su prepotente seudociencia ha quedado en evidente ridículo.

La expansión desesperada de las redes del capital monopolista en procura de detener el estancamiento y la caída de la tasa de ganancia en su propio suelo, vincula al torbellino infernal de la especulación hasta las economías de los países más distantes y paupérrimos. Pese a que con ello logra temporalmente paliar sus dolencias, sobrexplotándolos, al final lo que hace es agudizar las contradicciones insolubles que lo caracterizan. Genera aquí y allá los mismos crac que parecían ser patrimonio exclusivo de las grandes potencias. Trae de rebote nuevos problemas a los centros financieros, en un círculo vicioso que irá atenazando cada vez más a los progenitores de tan diabólicas fuerzas. Como lo expresara Francisco Mosquera: «En los avatares por sobrevivir, los monopolios, que contienden entre ellos y se difunden sin cesar, acaban barriendo las bases de su propia existencia».

Claro que el capitalismo no caerá por su propio peso y de manera fácil. De semejantes avatares pasará a recuperaciones pasajeras, y trastabillando proseguirá su camino no sabemos cuánto tiempo. Se requerirá que la clase obrera, a la cabeza de las demás clases y sectores expoliados del orbe, le propine el golpe de gracia. Pero la crisis, en todo caso, ayuda a crear las condiciones para el éxito de la gesta de los trabajadores. Los episodios recientes, por lo menos, han proporcionado una ayuda valiosa a los contradictores del sistema: han puesto fin a la manida fábula de los dragones, con todo y sus moralejas.

En Asia: EL FRACASO DE UN MODELO

Raúl Fernández

En julio de 1997 empezó la tercera gran crisis mundial de la década. La debacle de Indonesia, Malasia, Filipinas, Hongkong y Corea le sigue los pasos al desastre mexicano, el que, a su vez, le pisaba los talones al que padecieron las monedas europeas en 1993.

México, y aún más los dragones asiáticos, fueron calificados por los economistas del Banco Mundial como los «milagros del desarrollo en la época». Su modelo se ofreció como la cura para la pobreza y el atraso de todos los países. Los voceros de las trasnacionales y la prensa sostuvieron que la clave del éxito de dichas naciones consistía en abrir los mercados, prodigar toda clase de ventajas al capital extranjero, minimizar la intervención estatal y enfatizar en las exportaciones basadas en el uso intensivo de mano de obra barata.

Las devaluaciones de las monedas de los países asiáticos y la caída de sus bolsas de valores evidenciaron a quiénes había favorecido verdaderamente el «milagro»: a un grupo de monopolistas, especialmente del capital financiero.

Los rasgos esenciales de la crisis mexicana se repiten en el Este asiático, en donde los conglomerados norteamericanos y nipones, principalmente, han venido invirtiendo en monedas locales, en bonos y acciones, en proyectos hoteleros y turísticos, parques y plantas para establecer maquiladoras, pero en nada relacionado con el desarrollo autóctono de las economías. Los especuladores aprovecharon la paridad de las monedas locales y las mayores tasas de interés para sacar enorme provecho de sus inversiones. Los gobernantes recibieron jubilosos la llegada de esos dineros, con los que subvencionaron los déficit comerciales crecientes causados por las importaciones masivas. Las de bienes de consumo y de elementos necesarios para el sinnúmero de obras fueron alentadas por la eliminación de aranceles y por la revaluación. Los capitales golondrina comenzaron a abandonar en primer lugar a Tailandia, cuando percibieron que su economía hacía agua, y provocaron tal pánico que contagió pronto a Indonesia, Malasia y Filipinas. Dada la cantidad de países involucrados y la estrecha relación que guardan con la potencia regional, el Japón, que realiza más de 40% de su comercio exterior con aquéllos, los efectos se hicieron sentir en todo el planeta. La economía nipona, que se ha mantenido estancada y ha sufrido su propia crisis, se ve particularmente resentida.

Lo que se vive es el fracaso de la política de competir por atraer capitales foráneos sobre la base de los salarios de miseria. Los dragones han venido perdiendo mercados en gran parte por el traslado de maquilas e industrias hacia China, donde los jornales están aún más envilecidos. Otro tanto ocurre en Taiwán, donde la industria ha venido migrando para establecerse al otro lado del Estrecho de Formosa. Esto ha tenido un peso decisivo en la caída de las monedas de estos países. En medio del desastre, el FMI, coludido con el gobierno gringo, frustró la propuesta de crear un fondo asiático que diera créditos a los países descaecidos. En cambio, lanzó un «plan de rescate» que más bien es un dogal al cuello de estas economías: exige la devaluación y la austeridad en el gasto público, aumentando la pobreza de las masas, eliminando hasta el último vestigio de protección a las industrias nativas y desangrando los bancos centrales.

Al respecto, vale la pena mencionar el «acuerdo» entre Corea del Sur y el FMI. A cambio de un paquete de préstamos por 55 mil millones de dólares, Corea tuvo que comprometerse a que los bancos extranjeros compren bancos locales, a autorizar la total libertad de endeudamiento de las empresas particulares en el exterior y a renunciar a conceder cualquier crédito subsidiado. Igualmente la obliga a cerrar o fusionar los bancos en dificultades y a rebajar los aranceles, amén de reducir el gasto público. Los monopolios norteamericanos de tiempo atrás vienen interesados en tomarse o arruinar los conglomerados coreanos conocidos con el nombre de chaeboles, tales como Samsung y Daewoo, los cuales se desarrollaron con la protección estatal, lograron controlar el mercado interno y competir en algunos internacionales. Las medidas impuestas por el FMI facilitarán la piratería gringa y provocarán un desempleo masivo. Así, en Corea del Sur se estima que pasará de 2.9% en 1997 a 9% en 1998. Tailandia y Malasia planean repatriar a cientos de miles de indonesios, birmanos y bengalíes.

En medio de cada una de estas turbulencias, los agiotistas hacen leña de los árboles caídos. The Wall Street Journal, del 30 de septiembre de 1997, comentaba que, tras la caída del peso mexicano, un torrente de empresas aztecas habían pasado a manos extranjeras, ya que la devaluación agigantó las deudas externas y obligó a que las compañías fueran vendidas a menos precio. El mismo rotativo, el 17 de noviembre, señaló cómo el estremecimiento en Brasil, reflejo de la crisis asiática, ha determinado que los inversionistas extranjeros vean el desplome del mercado como una oportunidad para adquirir presencia en el país amazónico. Cita al respecto a David Gruppo, director de Mercados de Renta Variable de Santander Investment Securities, filial del Banco Santander, quien dice que «cualquier cosa que uno hubiera deseado hacer antes, de repente resulta más barata». Y agrega: «Si uno tiene una perspectiva de largo plazo, éste es el momento de entrar y ser más agresivo».

Mientras los sabihondos neoliberales aseguran que el desarrollo es fruto de la apertura al capital financiero, la crisis asiática demuestra lo contrario. Corea del Sur, Indonesia y Malasia, donde la liberalización fue mayor, son los más afectados por el desastre.

El desinfle de la globalización en Asia pone en evidencia, otra vez, una de las contradicciones del capitalismo: el espectro de la superproducción y la consecuente inutilidad de buena parte de la capacidad productiva instalada. Ésta se ha desbordado a causa de la desaforada competencia por los mercados en renglones como los automóviles y los semiconductores. Los grandes representantes de los monopolios en publicaciones como The Wall Street Journal, The New York Times y la revista Business Week, se muestran preocupados por tal situación. Europa, por ejemplo, tiene plantas aptas para producir de 3 a 4 millones de automóviles más de los que demanda el mercado.

La convulsión de los dragones asiáticos ha revelado cómo los tres grandes núcleos del capitalismo monopolista contemporáneo, Estados Unidos, Europa y Japón, están atascados en su crecimiento económico y rivalizan a muerte por los mercados. Entre tanto, el neoliberalismo reduce el poder de compra de los pueblos, con lo que la crisis de superproducción se agudiza.

Lo aquí reseñado es apenas el anuncio de los sacudimientos que conmoverán la economía capitalista mundial, y que determinarán el auge universal de las luchas de los pueblos.

Editorial: CRITICAR A LOS INCONSECUENTES, CONSOLIDAR LA RESISTENCIA

(Discurso del secretario general del MOIR, Héctor Valencia, en el acto de proclamación de las candidaturas de Jorge Santos Núñez al Senado de la República, realizado en Bogotá, el 10 de diciembre de l997, en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada)

Camaradas y amigos:

Prosigue la lucha. Y ya que, como nos lo indicó en vida hace cuatro años el camarada Mosquera, seguimos haciendo de nuestros debates electorales cursillos que eduquen a las masas, actos como éste son propicios para ponerles hitos orientadores a nuestros empeños. Permítanme entonces comunicarles, así sea de manera condensada, unas cuantas noticias y criterios del MOIR.

Cuando en la pasada campaña electoral que finalizó el 26 de octubre, los candidatos, cuadros y militantes, cual heraldos rojos, anunciaban y llamaban a la creación de un gran frente de resistencia antimperialista, encontraron entre las masas de nuestro pueblo altas y nítidas resonancias. Semejante armonía política se constituyó en el aspecto más importante de nuestro trabajo electoral, pues ese llamado y ese estado de ánimo del pueblo son la garantía más segura de la salvación nacional, máxime en momentos en que aparecen tendencias entre algunos dirigentes situados en la izquierda a olvidar el uno y a despreciar el otro. Constatar que dichas resonancias llenarán todos los ámbitos a condición de que las propuestas y métodos de lucha respondan a sus intereses y los de la nación, explica en buena medida que realizáramos la tarea con gran cohesión y combatividad, y no exentos de buen humor. Y la cosecha en votos fue generosa y estimulante, habida cuenta de nuestra desventaja en esas lides y de que encarnamos una bravía contracorriente política: cien mil personas respaldaron con su voto las políticas y posiciones de los moiristas. No hay duda, contamos con una buena base para emprender luchas de mayor envergadura.

Tan evidente como lo anterior fue la grosera y amplia manipulación, corrupta aunque sea legal, del proceso eleccionario por parte del gran capital, primero que todo el financiero. Cuestión no enteramente nueva, pues aquí ya es consuetudinario que los grandes grupos económicos, ordinariamente llamados «grandes cacaos», dispongan y distribuyan sus dineros a fin de fletar un número decisivo de gobernantes y legisladores. Escandaloso que, para ello, no tengan ningún recato en enviar a sus chalanes, chequera en mano, al majadal parlamentario. A tal cinismo quizá los impulsa el ejemplo del presidente Clinton, su actual patrón ideológico y político, quien acondicionó la Casa Blanca para que, ya fuera tomando café en tertulias, ya durmiendo en alguno de los aposentos presidenciales, los enviados de las compañías extranjeras y diversos magnates norteamericanos entregaran los considerables aportes monetarios que garantizaron su reelección. Varían las técnicas de compra y venta pero, tanto allá como aquí, quienes firman los cheques son los que deciden políticas, determinan ponencias y refrendan las leyes.

Este libre mercado para la compra de almas y decisiones siempre se ha presentado en las democracias burguesas, desde los tiempos del ascenso del capitalismo y, luego, exorbitante, durante el auge del imperialismo. Cabe preguntar ¿quién fue pionero en estas prácticas corruptas?, ¿señalados delincuentes o los linces financieros? ¿Quién imita a quién? Si para satisfacer la avaricia de bienes y fortunas se compran los integrantes de las ramas del Estado, ¿cuál es la diferencia entre unos y otros adquiridores?

Los abogados de la apertura y del conjunto de dogmas neoliberales, los mismos que a nombre de un neomoralismo reaccionario andan siempre en plan de perentorios inquisidores, deben ser perentoriamente inquiridos, ya que son conspicuos miembros de la panda vendepatria los dedicados a la compra de curules y cargos. Así, la población podrá saber, por ejemplo, y en el caso resaltante de Bogotá, qué tanto compró Peñalosa entre ediles y concejales, y qué tanto le compraron a él los dueños del capital, es decir, qué vendió y qué compró para resultar elegido alcalde con una voluminosa votación a pesar de casi reducir su campaña a exhibirse en bicicleta, cual si fuese un modelo para la propaganda de dentífricos y prendas importadas.

Similarmente, la imposición de ideas económicas y políticas reaccionarias también está regulada por los dueños del capital. El fenómeno lo describía con crudeza el senador norteamericano Bradley al expresar que «si usted tiene una idea buena y diez mil dólares y yo tengo una idea espantosa y un millón de dólares, yo puedo convencer a la gente de que mi idea espantosa es la buena.» No es necesario abundar en las ideas espantosas a las que la oligarquía financiera colombiana y sus áulicos les han creado opinión pública favorable. Han vuelto buenas ideas como neoliberalismo, apertura, privatizaciones, extradición, justicia sin rostro, salarios bajos, intervencionismo y han convertido en prohombres a personajes nefastos como Gaviria, Mockus, Valdivieso, Serrano Cadena, Samper, en fin, Serpa, y larga es la lista.

Seguimos asistiendo a una recolonización norteamericana, cada día más intensa y brutal, cuya constante mayor es la ampliación de las desigualdades tanto entre las naciones como dentro de ellas. Mas esa brecha entre naciones y elites exageradamente pudientes, por un lado, y naciones y sectores populares excesivamente pobres, por otro, ya no preocupa a los líderes del neoliberalismo, pues cada día tienen menos pudor en reconocer lo que siempre ha estado en el fondo de su pensamiento: que las desigualdades, sin importar las aberraciones sociales que ellas implican, son un aspecto imprescindible para el crecimiento económico.

Con ellos nada se ganará mostrándoles las terribles consecuencias de sus siniestros postulados económicos. Lo único que cabe es derrotarlos para que no sigan ocultando que los denominados milagros económicos son el resultado de la antidemocracia política combinada con la exacción salvaje de la plusvalía mediante la explotación de mano de obra abundante y barata. Derrotarlos para que en su paroxismo no traten de que los centenares de millones que han sido excluidos de lo que el jefe del manejo monetario gringo, Alan Greenspan, llama la «irracional exuberancia del mercado», y que han sido arrojados a una situación de pobreza extrema, tengan que soportar lo insoportable. Derrotarlos para que en la literatura no tengan que surgir de nuevo escritores que, como hicieron antes Dickens y London, en excelente literatura además, describan grises situaciones de miseria económica y social en donde resaltan seres quebrantados física y espiritualmente, merced a la salvaje explotación.

Debe reiterarse que para derrotarlos en Colombia, el sector más esclarecido de la clase obrera, sector en donde mora políticamente el MOIR, tiene que librar una batalla ideológica en la que, a partir de su exclusiva situación de clase, aplique un pensamiento radical en el análisis científico de los diversos aspectos de la lucha política y proceda a la subversión de todas las ideas imperantes. Sólo así podrá asumir las posiciones de principios que precisa para consolidar sus alianzas, liberar a la nación del imperio y proceder a la consecuente transformación de la sociedad.

Reafirmamos estos criterios debido a que Washington, sabiendo que los trabajadores son el principal obstáculo para su toma de las empresas y recursos nacionales, como las telecomunicaciones, el petróleo y los servicios públicos, ha arreciado en sus intentos de doblegar con métodos tanto duros como blandos a las organizaciones obreras. Prohibir o debilitar los sindicatos y paralizar o desviar sus luchas y movilizaciones, son asuntos indispensables para la colonización económica y la subyugación política. Aparte de las leyes y disposiciones reaccionarias y de la represión, a estos objetivos sirve también que los dirigentes se enfrasquen en debates mezquinos, distraigan su atención en misiones y tareas tan ampulosas como frívolas y concentren sus esfuerzos en causas menores y coyunturales. No hay duda de que los dirigentes que se entreguen a estas actividades terminarán olvidando los intereses de quienes los eligieron, cambiando la lucha por un pacifismo grosero y perdonando a sus enemigos. Si tales vergüenzas prosperan, el imperio ganará batallas sin librarlas, no porque posea esa sabiduría en el arte de la guerra que en la antigüedad anhelaba el estratega chino, sino por la estulticia e inconsecuencia de quienes andan cobrando el barato en lugar de cumplir con sus elementales deberes sindicales y obreros.

El abrumador intervencionismo del gobierno norteamericano sobre la nación no puede empero hacernos perder la perspectiva de que estamos ante un imperio podrido, estratégicamente débil. Su avance a nivel planetario es intrincado. Las crisis financieras asiáticas revelan las dificultades para imponer su dominio en las economías y mercados de los países del Tercer Mundo. En lo que puede calificarse como parte de un moderno bestiario, a esos países se les denominó tigres y alrededor de ellos se ideó la fábula de las milagrosas bondades del modelo neoliberal para sacar a los países del atraso. En realidad se asistió allí a un auge económico cuyas principales arterias estaban controladas por el capital financiero internacional.

Cuando aparecen asomos de crisis, como fue recientemente el caso en Tailandia y Corea del Sur, los sátrapas financieros no emiten ucases exigiendo que se tomen medidas para conjurarla, cosa que sí hacen para que se apliquen las medidas que conducen a ella. Una vez que ésta se presenta, aparecen con sus planes de salvamento y al calor de la debacle se dedican a un chantaje tan implacable como el que se ejercería teniendo al respectivo país en la mira de sus más poderosas armas de destrucción. Luego de imponer sus condiciones, sueltan los dólares en onerosos préstamos y, así, millones de seres, naciones enteras, son puestas a trabajar al servicio del puñado de magnates poseedores del capital financiero. Una cifra es ilustrativa: los haberes de 358 multimillonarios equivalen a los ingresos combinados de casi la mitad de los habitantes del planeta. Y una cita del The Wall Street Journal nos exime de mayores explicaciones: «Bajo la presión del gobierno de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional obligó al gobierno coreano a aceptar una serie de cambios estructurales radicales que comenzarían a desmontar el sistema financiero de estilo japonés y a reemplazarlo con un sistema capitalista al estilo estadounidense».

Más característico aún es que los mismos apóstoles del neoliberalismo sean quienes anuncian la tenaz resistencia que se desatará ante la asoladora voracidad financiera de Estados Unidos. En efecto, vaticinan que el éxito de los linces de Wall Street impelerá a estas naciones a atravesar desórdenes sociales y que en ellas se producirán enormes trastornos.

Si bien esa resistencia es ineluctable, para librarla en nuestro país es necesario que algunas de las clases llamadas a crear un frente de lucha antimperialista resuelvan su actual problema de no contar con direcciones consecuentes. Estamos en presencia de dirigentes de los gremios de productores urbanos y rurales que se han dedicado a arrodillarse ante el imperio y a alcahuetear la conducta de los vendepatria. Igualmente, gran número de miembros de la clase política, que representan en mayor o menor medida los intereses de esos productores, están empeñados en aprobar todas las exigencias legislativas y políticas dictadas por Norteamérica. Ante eso, cabe tener en cuenta lo que bien enseñaba el camarada Mosquera al destacar que así como en las organizaciones obreras y populares se encuentran dirigentes inconsecuentes y oportunistas, también en las organizaciones de la burguesía y la pequeña burguesía pelechan jefes confusos e inconsistentes respecto a los intereses de dichas clases.

Tal situación exige que los integrantes de la burguesía nacional y la pequeña burguesía, en cuanto fuerzas llamadas a hacer parte del frente de lucha antimperialista, empezando por sus dirigentes sociales y políticos, reciban de parte de la clase obrera una intensa educación siguiendo el método de unidad-crítica-unidad. En términos maoístas, esto se traduce en que a partir de un deseo y propósito unitario con ellos, sometamos todas sus inconsecuencias y vacilaciones a rigurosa crítica, a fin de alcanzar una unidad cualificada que permita conformar y consolidar el frente unido. Sólo la unidad que sea alcanzada como fruto de la lucha podrá tener la suficiente firmeza para perdurar.

Camaradas y amigos:

En la campaña electoral que se ha convocado para elegir el 8 de marzo a los miembros del Congreso Nacional, nos aprestamos a aprovechar todos los espacios que en ella se nos abran, teniendo en cuenta que en los partidos liberal y conservador, principalmente en sus cúpulas, no sólo los amigos que tenemos son pocos, sino que, dada su conducta permisiva y blandengue con las tropelías norteamericanas, buen número de ellos serán blanco de nuestra crítica.

Dos hechos típicos de la conducta de traición nacional presiden el lastimoso e indigno mundillo político colombiano. Por una parte, Ernesto Samper se dispone a terminar su mandato haciendo gala de un servilismo ante Estados Unidos que bien puede superar el exhibido sin pudor por la mayoría de los mandatarios latinoamericanos. No hubo punto de la agenda intervencionista de Washington que no cumpliera con creces. Si bien Gaviria instauró la apertura imperialista con la insensibilidad de un mercenario político, Samper, con los falsos escrúpulos del desclasado y su complejo de inferioridad total, creyó necesario dedicarle horas extras a su trabajo de entrega de nuestros recursos y empresas, luego de dejar a un lado todo vestigio de soberanía nacional. Podemos estar seguros de que, al contrario de lo ocurrido en otros episodios históricos, en el caso de Samper no tendremos noticias de los modernos denarios recibidos, ni tampoco debemos tener ilusiones en hallar la soga del ahorcado, pues esta traición se hizo sin conciencia ni remordimiento.

Por otra parte, entre sus probables sucesores presidenciales se destaca Serpa Uribe, quien se ha dedicado a negar con exclamaciones gaitanistas todo lo que tenía el gaitanismo de antimperialista y antioligárquico. Y lo hace imitando su voz, en un gesto que convierte la oratoria en un oficio propio de loros. Serpa ya les dijo mamola a quienes creían que iba a convocar la oposición al imperialismo. Pero a Serpa también le cabe un mamola, aún más sonoro, éste sí de estirpe gaitanista: el que le gritarán con su resistencia antimperialista las masas populares en toda Colombia.

Camaradas y amigos:

Ante todos los colombianos, el camarada Jorge Santos se ha caracterizado como adalid de la lucha antimperialista. Usted, camarada, como lo expresé en reuniones internas y ahora quiero manifestar públicamente, atesora una cualidad propia de los comunistas moiristas: es fraternal, manso y sencillo con las gentes del pueblo, y altivo, soberbio y combativo con todos nuestros enemigos, empezando por los imperialistas gringos. Usted, Jorge, tiene suficientes títulos para liderar en plazas y veredas, y en los recintos parlamentarios, nuestras más caras aspiraciones políticas. Por eso los moristas y todos nuestros amigos lo volveremos a elegir al Senado de la República, para que continúe su labor revolucionaria.

Similar tarea cumpliremos con el camarada Marcelo Torres, quien ha estado al frente del trabajo parlamentario del Partido, labor que recientemente, en su calidad de senador, ha realzado aún más. Como dijese el camarada Mosquera, ustedes garantizan los rendimientos políticos en esta brega.

Camarada Jesús Bernal: pertenece usted a los cuadros del MOIR que han respondido al llamado para que los dirigentes de los trabajadores jueguen un papel político que, traspasando las fronteras sindicales, los coloque en condiciones de encabezar las luchas de más amplios sectores de masas. Su eventual presencia en la Cámara de Representantes, para lo cual concentraremos todos nuestros esfuerzos, equivaldrá a contar con otra bandera roja y antimperialista en la institución legislativa.

Camaradas y amigos:

Prosigue la lucha. Librémosla esgrimiendo nuestras invencibles armas ideológicas. ¡Ingresemos al nuevo milenio combatiendo por la causa obrera, para que a ninguno de nuestros enemigos le quepa duda de que esa causa, la de más largo aliento que existe sobre la tierra, mora siempre entre los moiristas!

LUCHEMOS CONTRA LA ENTREGA Y EL NANDIDAJE ANTINACIONALES

(Intervención de Jorge Santos Núñez, senador del MOIR, en el acto de proclamación de la candidatura de Jesús Bernal a la Cámara y de su candidatura al Senado, el 10 de diciembre de 1997 en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada de Bogotá)

Amigas y amigos, compañeras y compañeros

Empezamos una nueva batalla. En esta ocasión, por impedir que se nos arrebate nuestro derecho a expresarnos en el plano político más general, por mantener erguida la posición con la cual nos identifica el país. Si el socialismo requiere del modo más imperioso que los trabajadores nos preparemos para él mediante la lucha por la democracia, una de las reivindicaciones por la que hemos de luchar a brazo partido es la de tener expresión, voz, posición pública sobre los problemas fundamentales. Acrecemos así la posibilidad de orientar la clase e influir amplios sectores. El imperialismo y los enemigos del país se regodearían si el MOIR perdiese la representación conquistada en el Senado. No cabe exagerar la utilidad de esta herramienta de lucha en el actual momento de crisis política, intervencionismo desaforado y derrumbe económico. Desde el Senado, hemos alertado a la nación sobre los peligros de hegemonismo norteamericano sobre nuestra integridad territorial y soberanía, practicando una política amplia y unitaria respecto de la mayoría de las fuerzas políticas, denunciando las medidas anticolombianas y antipopulares del gobierno Samper, y apoyando las batallas de los distintos sectores del movimiento obrero y el pueblo, acompañándolas en sus manifestaciones y mítines. Presentamos incluso una iniciativa legislativa para condonar las deudas a los caficultores, que saboteó el gobierno, y logramos convertir en ley el fuero del servidor público junto con otras reivindicaciones. Utilizamos el parlamento burgués a la manera obrera, leninista, moirista. La posición conquistada pertenece al movimiento obrero, al pueblo, a la revolución; para salvaguardarla nos corresponde ahora, en la presente campaña intensa electoral, luego de los avances obtenidos en los comicios de octubre, llevar a cabo una movilización, entusiasta, eficaz. Necesitaremos votos, votos y más votos. Asegurar el apoyo de quienes nos respaldaron en octubre y empeñarnos en ampliarlo y reforzarlo entre más patriotas, entre más elementos del pueblo que apuesten por la lucha, la unidad nacional y el porvenir.

En la Colombia del año que termina y del venidero, ya no se trata sólo de refutar el neoliberalismo en la teoría: los estragos que ha causado en la economía, en el nivel de vida de la población, en la política vendepatria y en la cultura, constituyen brutales pruebas de su carácter, antinacional y antipopular. Completamos casi dos décadas desde que el capitalismo imperialista de fines del siglo XX, diera en practicar sobre el planeta la regresiva operación quirúrgica de economía política consistente en amputar del gasto del Estado lo que llamara la jerga keynesiana el subsidio a la demanda y los socialdemócratas el «gasto social», para transferirlo pura y simplemente a la flor y nata del capital financiero, condenando a muchas decenas de millones de personas al desempleo y al pauperismo en los propios países centrales y, en la periferia tercermundista, a los mismos flagelos multiplicados por mil, más la muerte y la desnutrición masivas por física hambre, sobre la base del derrumbe agrario y la desindustrialización. En Colombia el nefasto modelo cumple 8 años, la debacle arrecia y la salida no se ve por ninguna parte. Para nuestra industria nacional, el lúgubre balance se refleja en que importamos de todo y exportamos cada vez menos productos transformados; en el embate que padecen las más tradicionales de sus ramas en las que alguna vez se cifraran las rotas ilusiones de pujanza industrial; en que su raquitismo es la base del alarmante y creciente déficit en cuenta corriente; y en las 100 empresas liquidadas y en el otro centenar de las mismas que hubieron de declararse en concordato. Con la sistemática entrega de las mayores y mejores empresas estatales al gran capital foráneo; con el desmantelamiento de las regulaciones, subsidios e instituciones que, como las cafeteras, en buena medida expresan el interés económico nacional; con la apertura el mercado interior a la competencia extranjera, el país asiste a la destrucción programada, con premeditación y alevosía, de las bases materiales fundamentales insustituibles de la construcción de su futuro como nación. Nuestra campaña al Senado protestará contra esta entrega y este bandidaje contra la patria. Exhortaremos a los industriales, a sus agremiaciones y dirigentes, a oponerse a tanta felonía y a que combatamos juntos por la defensa de la producción más avanzada y por la independencia del país. Sostendremos una polémica pública contra su injustificable colaboracionismo y capitulacionismo, hijos de un pragmatismo infundado; los prevendremos sobre la ilusión de con ello pueda preservarse el interés industrial nacional ante la arremetida gringa y los llamaremos a rectificar los actuales descarríos propios de las tendencias naturales de su clase.

En el agro ha tenido lugar una verdadera devastación. Hablan solas las cifras archiconocidas: de un millón doscientas mil toneladas de alimentos y materias primas importadas en 1990 pasamos a importar más de cinco millones de toneladas en 1996. Cerca de un millón de personas fueron expulsadas del agro, arrojadas al desempleo, y se dejaron de cultivar setecientas diez mil hectáreas de alimentos y oleaginosas. El hato ganadero nacional se debate entre el contrabando, las actuales y anunciadas importaciones, y la violencia; diríase que se halla en vías de extinción. Hasta un expresidente, no obstante su fama luciferina, ha calificado la apertura en el agro justamente como «modelo diabólico». Nuestra campaña al Senado quiere decirle a los agricultores pobres, y medianos, a los empresarios agrícolas y ganaderos que la lesión enorme causada a sus intereses es una inadmisible afrenta de lesa patria. Que reclamamos castigo para los responsables oficiales del desastre. Que su posición de conjunto no puede acoger la de algunos dirigentes gremiales de los exportadores de flores que reclaman al país prosternarse ante las amenazas y el intervencionismo gringo como sedicente salvación de sus negocios de exportación. Que los invitamos a luchar conjuntamente contra la política aperturista de importación de alimentos, por la producción agropecuaria nacional y la seguridad alimentaria de Colombia, y por un activo intervencionismo estatal que fomente y proteja el agro.

La masa del pueblo e incluso buena parte de las capas medias han sido víctimas del desenfreno privatizador del gobierno anterior como del presente. En el otro polo, el festival de las multinacionales, la bancocracia y los grupos financieros dominantes. Sólo el año pasado, según reza el informe del Contralor General de la República, la nación perdió 495 millones de dólares por empresas del Estado feriadas muy por debajo de precio. A la par que aumentan las colosales ganancias de la plutocracia, el pueblo padece hambre, y más informalidad y descomposición social. El «Salto Social» samperista prometió un millón 600 mil empleos nuevos, mas los desempleados pasaron de medio millón en 1990 a casi 800 mil en 1996. El modelo aperturista se anotó el oscuro logro de elevar el índice de desempleo del 8% en promedio en los ochenta a más del 14% en 1997. Los asalariados, amén de soportar la peor acometida del capitalismo salvaje contra sus derechos democráticos y reivindicaciones históricas, que sufren un proceso de desmantelamiento, experimentaron una pérdida de su capacidad adquisitiva cercana al 2% sólo entre 1995 y 1996. Una catastrófica reestratificación busca asaltar los bolsillos de la gran mayoría de los usuarios de los servicios públicos domiciliarios. La salud, convertida en un negocio de los pulpos financieros, ha impuesto, cuando la hay para los colombianos, una odiosa discriminación clasista, tanto como pueda pagar el paciente, y ha proletarizado la profesión de la medicina y sus afines y auxiliares. La educación pública padece sus peores tiempos, los recortes sistemáticos del presupuesto, el escamoteo a los docentes de sus más elementales derechos, la parálisis de las inversiones en infraestructura, la prácticamente nula financiación de la investigación, el alza de las matrículas, el incumplimiento de los compromisos y obligaciones del gobierno central –incluso los de ley-, y el escandaloso deterioro de la calidad de la educación pública en todos sus niveles, al tiempo que campea la educación privada acentuando su tendencia a la discriminación económica y social. Por las calles de Colombia legiones enteras de compatriotas acuden a las ventas ambulantes en busca del sustento diario y enfrentan la dura represión policial ordenada por los alcaldes. La mendicidad, la delincuencia común, y la descomposición social cunden por doquier.

Todos sabemos que son multiformes y constantes las expresiones de resistencia de nuestro pueblo; que la clase obrera ha encabezado las mismas y que explosiones populares indicativas de mayores y más trascendentes rebeliones han asomado en los paros cívicos. A los vendedores ambulantes, a los estudiantes y maestros, a los usuarios de los servicios públicos, a los intelectuales y artistas, a la clase media y en fin, a las capas de todo el pueblo, hemos de decirles que su lucha es la nuestra, que dentro y fuera del Senado respaldaremos sus batallas contra las privatizaciones, por mejorar sus condiciones de vida, por el salario, por el derecho al trabajo, por la salud y la educación públicas, por mejores y más baratos servicios públicos. Que quien les habla es su Senador, su vocero y representante político, su compañero y su amigo

Expreso esta noche mi gratitud, toda mi gratitud, a las mujeres y hombres, compañeras y compañeros trabajadores de todo el país y especialmente a los de Caja Agraria, Telecom, de la salud, la educación y a los de Ecopetrol, y a otros muchos, por el fundamental respaldo recibido en las pasadas elecciones, pero sobre todo por el que sé que nos brindarán, a la lista que encabezo, y a la que encabeza ese formidable líder del movimiento obrero colombiano, conductor de las batallas de los trabajadores creditarios compañero Jesús Bernal Amorocho, quien puso en alto nuestra bandera en los comicios de la capital y quien nos representa en la batalla por una posición en la Cámara de Representantes. Hago votos por la lucidez, la fortaleza y de solidaridad que debe acompañarnos en la dura prueba de las batallas que se avecinan en Telecom y Ecopetrol.

Compañeras y compañeros: Colombia atraviesa su más oscuro momento, su peor crisis motivada por la intervención imperialista norteamericana; soporta al gobierno más arrodillado y pelele de los que tenga noticia el país; los obreros hemos saltado a la palestra y señalado el rumbo. Requerimos ahora la mayor unión nacional de nuestra historia, para derrotar las cadenas de la opresión gringa y construir una Colombia nueva, democrática y revolucionaria. Lo lograremos, con la política de frente único que trazó nuestro máximo jefe, Francisco Mosquera, remataremos el siglo que fenece y franquearemos las puertas del nuevo milenio, y seremos los obreros los que vayamos a la cabeza del tren.

Muchísimas gracias.

«JORGE SANTOS, INSIGNIA DE LA RESISTENCIA CIVIL Y EL PATRIOTISMO»

(Apartes del discurso de Jesús Bernal Amorocho, en el acto de lanzamiento de la campaña del MOIR al Congreso)

Compañeros de la Dirección Nacional y Regional del MOIR presentes en este acto, camarada Héctor Valencia, jefe nacional del MOIR; compañero Mario Lafont, abogado defensor por siempre de la causa de los trabajadores de Colombia; compañeros Juan Romero de la CGTD, insignia de la persistencia en la defensa de los trabajadores de Colombia; compañero Julio Ibargüe, dirigente de los educadores del país; compañero Alvaro Amaris edil de la capital de la república, quien hoy respalda con su presencia las candidaturas revolucionarias del MOIR; compañero Víctor Acosta, entrañable amigo, incomparable compañero, en los momentos de mayor dificultad para esta fuerza política en el movimiento sindical de manera generosa nos abrió sus puertas; Víctor queremos decirle, nos honramos de contar con su presencia, su ayuda, su ejemplo, su desprendimiento, los moiristas jamás lo olvidaremos, retribuiremos con creces la ayuda, la colaboración, la abnegación con que usted le sirvió al movimiento sindical colombiano.

Participar en este acto de lanzamiento de las candidaturas del partido al Senado de la República me produce una impresión indescriptible, fue en un acto de estos y proclamando a los mismos compañeros cuando intervino por última vez en un acto público el camarada Francisco Mosquera, en esa ocasión hace 4 años, Mosquera expresó los lineamientos estratégicos para la etapa actual y reafirmó los principios con los cuales participamos en las elecciones que sin tal régimen induló su intervención, «hagamos del debate un cursillo que eduque a las masas»; consigna que estará vigente siempre que el partido emprenda una justa electoral, durante el actual proceso la hemos aplicado a cabalidad, así lo demostramos durante la campaña al Concejo de Bogotá cuando recibí el honor por parte del Comité Ejecutivo central de mi partido y de la totalidad de la militancia del mismo de encabezar las listas del MOIR acompañado de valerosos camaradas como Eberto López, Aldo Cadena y de lo más granado de la dirigencia sindical consecuente y antiimperialista del país.

El partido se movilizó con entusiasmo, y sí que logramos hacer un cursillo de educación al pueblo capitalino, sí que logramos denunciar la presencia de los Estados Unidos en todos los órdenes de la vida nacional y de la actitud vendepatria del gobierno de Ernesto Samper, nuestra bandera volvió a ondear en los barrios de Bogotá, y los oprimidos de siempre volvieron a escucharnos decir que no hay salvación para nuestra patria sin la expulsión de los Estados Unidos y la derrota de los agentes vendepatrias tal como lo estipulara el Comité Ejecutivo central del MOIR.

En el marco de esta campaña, de esta orientación es lícito hacer el balance de lo que fue nuestra campaña electoral, una cosa es colocar a un dirigente sindical a jugar por primera vez como en mi caso el papel de tribuno de las necesidades del pueblo y otra el recorrer uno a uno los barrios de Bogotá, conocer las necesidades de sus gentes, de sus barrios, de sus zonas, e imprimirle el carácter revolucionario a las diferentes reclamaciones que las comunidades de las diferentes zonas de Bogotá, le expresaron a los candidatos y a la dirigencia del MOIR recorriendo uno a uno los barrios de la capital de la república, no puedo dejar de mencionar experiencias estremecedoras en esta campaña, nunca habíamos llegado a zonas como Ciudad Bolivar, en esta reunión se encuentran dirigentes, dirigentes populares y cívicos que en esa zona del país, de Bogotá, de la capital de la república nos abrieron sus puertas, me refiero a Edgar Chaparro y su señora quienes nos acompañan en esta reunión, me refiero a Rosalba López y su familia que nos acompañan también en esta reunión. Conocer los problemas de las gentes, las afugias que pasa la ciudadanía bogotana cada día, privatizada, limitada, ahogada por los impuestos que le generan los mandatarios distritales de turno, no tiene parangones en la construcción, en el bagaje de un dirigente que por primera vez cumplía una tarea política en esas condiciones hacia los pobres de la ciudad, qué más honroso para un moirista, que desarrollar las consignas revolucionarias que nuestro partido levantó para esa campaña electoral, que más honroso para un hombre forjado en las filas del movimiento sindical que expresarle a los bogotanos, a los trabajadores, a los peleadores en las empresas en donde el MOIR, tenía alguna presencia, que la causa de todos los males que padece la nación son generadas por la dominación que sobre ella ejercen los Estados Unidos y por la actitud vendepatria de quienes han dirigido o maldirigido los destinos de nuestra nación.

Qué más enaltecedor de la campaña revolucionaria que adelantaron nuestros candidatos a ediles, en cada una de las zonas de Bogotá, qué más ejemplarizante que en medio de las mil dificultades en que nos movemos, sin medios de comunicación, sin dinero, sin compra de ediles, desarrollamos una campaña de clarificación ante las masas bogotanas, qué más ejemplarizante que la labor cumplida por esos candidatos a ediles para quienes pido un reconocimiento a través de un aplauso de esta reunión.

Muchos de ustedes se preguntarán ¿por qué en medio de una campaña tan triunfante como la que adelantamos en Bogotá, no logramos un escaño al Concejo? La dirección de mi partido, el análisis que ha hecho se debe fundamentalmente a cuatro factores: primero: a que la votación en la capital de la República casi se duplicó frente a las elecciones anteriores, se duplicó porque se utilizó de manera oportunista el justo anhelo de los colombianos a un proceso de paz, al cual ninguno de los colombianos es ajeno, y el gobierno nacional manipuló las equivocaciones de la política equivocada de la extrema izquierda, de querer resolver a través de las armas el boicot al proceso electoral y el pueblo salió a manifestar su opinión frente a este hecho.

Se debe a que por primera vez en la contienda electoral, se le dijo a los colombianos, que iban a tener medio día si salían a votar, que se les iba a rebajar las matrículas en colegios y universidades si salían a votar, se les dijo que estarían en primera fila en el evento de concursar ante un empleo oficial, se les dijo que la juventud colombiana que participara en el proceso electoral se le iba a rebajar 6 meses de servicio militar, se le ofreció una y otra prebenda con el fin de contrarrestar la política equivocada de la extrema izquierda de querer impedir que el pueblo colombiano se manifestara en las urnas. Creo que esto, el rechazo a esa política equivocada del terrorismo, la pugna en Bogotá entre unos y otros luchando porque no saliera Moreno de Caro, o en otra zona de Bogotá porque no saliera elegido Peñaloza como alcalde de Bogotá, disparó los índices de la votación en la capital de la república. Pero hoy los moiristas, las fuerzas patrióticas, los colombianos que sienten que les indigna y que les duele la patria, debemos sentirnos plenamente satisfechos de la campaña revolucionaria que adelantamos hacia el Concejo de Bogotá en donde alcanzamos más de 6400 votos, sin ofrecer, sin comprar, sin contraprestación alguna diferente a luchar por la patria en contra de los Estados Unidos y por los derechos de las grandes masas del país.

Hoy nuevamente nos encontramos frente al balance, si hay un colombiano que haya seguido paso a paso la actividad de Jorge Santos, de Marcelo Torres en el Senado de la República tendrá que terminar diciendo que su comportamiento en defensa del país, de sus necesidades, ha sido ejemplar, son las voces de la nación en un recinto en donde no se interpreta las necesidades del país y de sus ciudadanos, son las voces antiimperialistas que no están compradas, que son insobornables, que su actitud corresponde a las necesidades del país y de la patria y de sus ciudadanos; el sentimiento de las masas obreras y campesinas y todos aquellos que sufren o les indigna la opresión imperialista sobre nuestra patria, precisamente por eso la lista patriótica del MOIR merece que el pueblo vuelva a llevar a un hombre al Senado de la República como Jorge Santos que ha sido abanderado de cuánta batalla en el país se ha realizado.

En esta ocasión el Comité Ejecutivo de mi partido el MOIR, ha decidido poner nuevamente en consideración de los bogotanos, mi nombre con el fin de integrar una lista para la cámara de representantes, los trabajadores y la militancia moirista de la Caja Agraria agradecemos esta nueva distinción que el partido nos hace y aceptamos la responsabilidad que ello implica, la orientación, nuestro compromiso, nuestros esfuerzos en que esta campaña sirva dentro de la política de alianzas que el MOIR desarrolla, con el único objetivo central que tenemos en la presente contienda electoral.

Preocupación del país, de los trabajadores, de los patriotas de Colombia es cuál va a ser la suerte de ese hombre que se ha convertido en insignia de la lucha antiimperialista en Colombia, que es Jorge Santos Núñez.

Es honroso para la dirigencia sindical, es honroso para quienes representamos sectores tan combativos del movimiento sindical, como los trabajadores de la Caja Agraria, de Telecom, del SENA, de Ecopetrol, de los maestros; decir que nuestra insignia imperialista la encarna con lujo de detalles Jorge Santos, y que ha cumplido tal tarea que el MOIR y los trabajadores hace cuatro años en boca de Francisco Mosquera, en un acto similar a este le entregara, y hoy le decimos compañero Jorge Santos el movimiento sindical, los trabajadores colombianos nos honraremos de ser sus capitanes electorales, pidiendo en todos los sitios de trabajo el voto de los trabajadores por la insignia antiimperialista de Colombia, usted la encarna, usted ha estado en todos los debates económicos, políticos, sociales usted que es un hombre salido de las entrañas de los obreros de Ecopetrol, usted que en esta contienda, en estos años se ha cualificado como uno de los mejores portavoces de la resistencia civil, del patriotismo, del antiimperialismo, de la insobornable posición de los trabajadores en favor de la patria, queremos manifestarle honrosamente, renunciaremos a nuestras candidaturas en favor de asegurar que Jorge Santos salga al Senado de la República.

Para terminar, y a manera de homenaje a Francisco Mosquera, permítanme ustedes queridos compañeros, traer esta cita tomada de su última intervención pública «los problemas de los pueblos continúan siendo los mismos de ayer, aunque ahora enfrenten enemigos distintos, las verdades de Marx y Lenin lejos de marchitarse, cuando pregona la burguesía, que carece de respuesta para los interrogantes de la actualidad volverán a ponerse de moda, parece que el socialismo al igual de lo acontecido al sistema capitalista adolecerá de tropiezos y altibajos durante un terreno prolongado, antes del triunfo definitivo, y los obreros con sus batallas revolucionarias proseguirán tejiendo el hilo ininterrumpido de la revolución histórica».

Muchas gracias.

¡A LA CAMPAÑA CON UNA POLÍTICA DE FRENTE ÚNICO!

(Intervención de Marcelo Torres, senador del MOIR, en el acto de proclamación de las candidaturas al senado de Jorge Santos Núñez y de Jesús Bernal a la Cámara, el 10 de diciembre de 1997 en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada)

Amigas y amigos, compañeros y compañeras:

Hoy redoblan de nuevo en nuestro campamento los tambores que preceden a la lucha. Como los atletas en sus marcas nos hallamos, curvado el espinazo y tensos los músculos como cables de acero, a la espera del estampido que desatará la carrera. Vamos en pos del objetivo político del día: mantener la posición duramente conquistada en el Senado de la República para Jorge Santos, donde lo llevamos con el apoyo de los obreros y la gente trabajadora y progresista de Colombia, y donde lo mantendremos, contra viento y marea. A pesar de las enormes desventajas, hoy más acentuadas, nos batiremos a fondo por conservar esa herramienta que nos abre la posibilidad, no obstante las conocidas cortapisas, de vocear nuestra posición e influir en el escenario político. Sintetiza Jorge Santos la expresión pública nacional de un partido obrero que defiende la clase, el pueblo y la patria en medio de la peor crisis del siglo. Su gesto, que dio la vuelta al globo, al convertir en cenizas la bandera imperial de las barras y estrellas en el Senado, se elevó a la categoría de expresión concentrada y emblema de lucha por una Colombia soberana. A él corresponde seguir avivando ese fuego sagrado, por la independencia y la revolución.

Con el clamor de la pasada campaña electoral todavía a flor de piel, emprendemos la que culminará en marzo venidero. En la que rematamos en octubre obtuvimos 48.000 votos, una treintena larga de concejales, tres diputados, un alcalde en Gigante, Huila, y eso sin sumar el excelente resultado alcanzado, más de 52.000 sufragios, en la tierra bautizada con el nombre de un de nuestros próceres. En Bogotá, meca nacional del nuevo y turbio mercado de ediles, logramos la no desdeñable proeza –para un partido obrero que no ha crecido a la sombra de ningún poder establecido ni goza de las dádivas de los grupos económicos prevalecientes-, de multiplicar por más de tres nuestra votación. Lo hicimos posible con una lista integrada por probados luchadores de los trabajadores encabezada por Jesús Bernal Amorocho, nuestro entrañable líder de los trabajadores de Sintracreditario y del movimiento obrero colombiano quien puso muy en alto nuestra bandera en las elecciones de Concejo y con cuyo nombre ahora pelearemos una representación en la Cámara de Representantes. Al tiempo con la entusiasta campaña para Concejo, en Bogotá adelantamos dos paros: el del magisterio en el Distrito, de gran fuerza orientadora, y el de la salud.

Más allá de las Registradurías, la campaña sirvió de formidable amplificador de nuestro pregón antiyanqui, antisamperista y antineoliberal. La cosecha principal se tradujo en las bases que echamos para establecer una ligazón duradera y acrecentar nuestra influencia en las enormes barriadas de los grandes conglomerados urbanos, en las veredas de los campos y en los numerosos contingentes de nuevos militantes y simpatizantes. Venimos pues, de una campaña en la cual avanzamos considerablemente. Las luchas obreras siguen señalando el camino. Varias –duras y significantes- están al orden de día, como la de Telecom y la de Ecopetrol; seguimos a la cabeza de ellas. Ahí reside nuestra fortaleza y nuestro porvenir. La campaña de la que venimos de debe principalmente a los trabajadores. La por venir está en sus manos. Nuestra gratitud a los obreros de todo el país, a las compañeras y compañeros de Caja Agraria, de Telecom, de la salud, y de otros numerosos sectores. También a las gentes sencillas de los barrios de Bogotá y de las ciudades y poblaciones del país donde nos brindaron su apoyo.

Una reflexión final. En sus artículos del último tramo, Mosquera nos puso en posesión del secreto sobre el cual se erige el fundamento material por el que discurre la historia contemporánea de Colombia y del mundo. Nos reveló que la explotación imperialista de nuevo orden mundial es mayor, más profunda, y más amplio su radio de acción lesivo sobre el conjunto de la sociedad. Que requiere la política imperial el socavamiento, el quebrantamiento, la devastación incluso, del anterior engranaje económico, político y social del país, es decir, que necesita arrancar las raíces de la propia nacionalidad colombiana. Que sus blancos, además de la clase obrera y el conjunto de las masas trabajadoras, son la clase política, el Congreso, la administración de justicia, los partidos políticos, la república unitaria, el capitalismo de Estado, el ejército mismo, y en general, todo asomo de independencia y altivez nacional. Lo que ayer sirviera al modelo anterior de dominación foránea hoy debe ser barrido del camino como su obstáculo o su contrincante. Sectores que antes actuaron de sostén de la opresión extranjera padecen ahora sus implacables embates. De todo lo cual dedujo nuestro inspirador y jefe que, en el actual período, la victoria de la resistencia antiimperialista se cifraría en la constitución de un frente único, el más amplio jamás conocido en todas las etapas anteriores de nuestra historia. Un frente capaz de aglutinar a la «ciudadanía entera», o por lo menos a sus segmentos mayoritarios, según expresión de su mano y pluma.

Bien cierto es que por su propia situación de clase, la burguesía tiende inevitablemente a la inconsecuencia en la lucha por la democracia y especialmente por la primera de las reivindicaciones, que es la independencia nacional. También lo es que el combate ideológico y político contra el colaboracionismo y el capitulacionismo actuales de la burguesía colombiana es la lucha por la unidad de la nación, por el frente único es el norte de nuestra brújula, que en dicha política podemos cosechar logros y obtener victorias, hoy, ahora, la prueba rotunda, la formidable votación obtenida por la candidatura a la gobernación de Caldas de nuestro camarada Jorge Robledo. Allí, en acertado trabajo en defensa de la caficultura nacional y de sus instituciones, se puso en movimiento una amplia coalición de sectores de clases que van desde los agricultores pobres hasta la burguesía. Del capítulo cafetero debe aprender el Partido entero. Y enriquecer con la experiencia nuestra política de frente único en todas las regiones y centros claves de la patria.

El MOIR, como en la fábula de la tortuga y la liebre, dosifica su esfuerzo y ahorra sus energías porque la prueba es larga y la resistencia, vital. En esta etapa, no obstante, como de cuando en cuando toca a los corredores de largo aliento, requerimos alta aceleración y empleo a fondo. Las liebres pueden llevarse una sorpresa, y las tortugas llegar cumplidas a la meta.

«INMINENTE, BANCARROTA DE LA SALUD PÚBLICA»

Aldo Cadena

Sindess fue quizá el sindicato que más aguerridamente batalló a lo largo de 1997. Sus miles de afiliados, en unidad de acción con Anthoc y otros gremios, realizaron huelgas en febrero, junio y noviembre, y estuvieron a punto de irse a otro cese a comienzos de octubre. En las cuatro ocasiones, sus tenaces combates estuvieron enfilados a obtener la nivelación salarial, conquista que a la postre se ganó casi en todas partes, y a rechazar la privatización que se viene imponiendo, mediante la conversión de los hospitales en Empresas Sociales del Estado, ESE.

Aldo Cadena Rojas, presidente de Sindess, destacó que, como fruto de la lucha, la organización consiguió echar raíz en Bogotá, Boyacá y Caldas, donde nunca antes había tenido fuerza. En Bogotá coronó el año con más de mil afiliaciones, y en Caldas alcanzó a crear 27 subdirectivas.

En un sector en el cual la política oficial ha consistido en fragmentarlo buscando hacer de cada pequeño hospital una empresa, constituyó otro avance de enorme trascendencia haber impuesto la negociación nacional, según el dirigente.

Aldo Cadena, nacido en el Cesar, es miembro del comité ejecutivo de la CGTD, integrante de la Comisión Obrera Nacional del MOIR y uno de los candidatos de nuestro Partido al Senado de la República.

TR. ¿Cuáles fueron los objetivos que ustedes formularon al empezar 1997?

Aldo Cadena. Teníamos en mente una inquietud: ¿cómo unir al sector de la salud para atacar a fondo la Ley 100? Comenzamos por plantear una reivindicación básica: alcanzar la nivelación salarial. Había de por medio un gran obstáculo, el decreto 439 de 1995, que descargaba sobre departamentos y municipios la responsabilidad de ese incremento, liberando de sus obligaciones a la Nación. El decreto, además, les abría a los entes territoriales la posibilidad de no hacer efectivo el aumento cuando no hubiera «disponibilidad presupuestal». Y permitía, en caso de otorgarse, que las autoridades lo fijaran según los topes mínimos. La nivelación, por lo tanto, o no había llegado a materializarse, o sólo había sido parcial.

Convencimos a los trabajadores de que la única salida era luchar. Aclarando, eso sí, que la pelea meramente reivindicativa debe enmarcarse en otra mucho más crucial y de mayor alcance: derrotar la política privatizadora, punta de lanza de la apertura imperialista, cuya meta no es otra que traspasar a dos o tres consorcios extranjeros los recaudos de la seguridad y la asistencia social. Este segundo punto se ha venido entendiendo poco a poco, al calor de las movilizaciones.

TR. ¿Cuáles fueron las banderas de Sindess en el paro estatal?

Aldo Cadena. El año pasado hubo un hecho en Colombia tal vez sin precedentes: el paro nacional de los 800 mil trabajadores del Estado, del 11 al 18 de febrero. Nuestro sector figuró entre los más activos. Miles y miles de asalariados se sumaron a él en hospitales y centros de salud.

En lo tocante a nuestras exigencias, el acuerdo final suscrito con Samper consagraba que la nivelación salarial debía sujetarse a los topes máximos; que se negociaría para el orden nacional y no pueblo por pueblo, y, en tercer lugar, que a los intermediarios privados se les pondrían ciertos límites y controles. Es bien sabido que las ARS, o Administradoras del Régimen Subsidiado, creadas por la Ley 100, cuya función es manejar los dineros que se les descuentan a los asalariados con el supuesto propósito de subsidiar a los insolventes, se apropian el 60% o más de esos recursos, convirtiéndose en gabela tan suculenta, que allí es donde se concentra lo más jugoso del negocio para los monopolios particulares.

TR. En febrero, ustedes concurrieron al paro convocado por las centrales. En junio, en cambio, les tocó salir solos.

Aldo Cadena. Es cierto. Aunque la CUT, la CGTD y la CTC habían aprobado el paro desde mayo, el gobierno maniobró para aislarnos. En los días previos, el ministro de Hacienda anunció que iba a hacer efectivas adiciones presupuestales para ver de cumplir lo acordado en febrero. En ese momento, nuestra nivelación salarial costaba 154 mil millones. Al decretar las adiciones, el gobierno dejó por fuera a la salud.

¿Qué otra salida nos dejaba si no paralizar los hospitales? El 3 de junio dimos inicio al movimiento, el segundo del semestre. Duró quince días. El gobierno lo declaró ilegal en cuatro sitios, pero aun así, vimos que se fortalecía con decenas y centenares de activistas, incluso en municipios donde jamás había estado antes ni uno solo de nuestros dirigentes. En Caldas, por ejemplo, la gente nos llamaba mañana y tarde a pedirnos orientación. Allá dirigimos el paro a punta de teléfono. En Bogotá, en febrero, había un sector de trabajadores renuente a participar; en junio, hubo cese de actividades por lo menos en cinco hospitales.

La ministra de Salud se había dado la insólita licencia de marcharse de vacaciones, confiando en que la huelga muriera por sí misma antes de cuatro o cinco días. El de Trabajo, no menos displicente, empacó sus maletas y se marchó a Ginebra. Ambos tuvieron que volverse a toda prisa para hacer frente a la emergencia.

El acuerdo suscrito resultó favorable, con algunos avances de significación frente a lo convenido en febrero. En primer lugar, la Nación aportaba 75 mil millones; se le dio plazo para girarlos hasta el 30 de septiembre. Segundo, al personal de cierta antigüedad se le estipularon garantías para su posterior vinculación a la carrera administrativa. Tercero, se creó una comisión multilateral, con participación de gobernadores y alcaldes para discutir la descentralización. Y cuarto, se impusieron nuevos controles a las ARS. Cabe, entre ellos, destacar dos: plazo de 40 días para cancelar a las IPS (Instituciones Prestadoras de Salud) las cuentas facturadas, cuando antes se demoraban hasta seis meses, y obligación de asignar por lo menos 80% de los recaudos al pago de los servicios de salud de los usuarios, lo que permitirá ampliar el número de enfermedades cubiertas por el seguro subsidiado.

TR. ¿Cuáles fueron las razones que los llevaron en octubre a decretar un nuevo paro?

Aldo Cadena. Cuando el 30 de septiembre el gobierno procede a girar los 75 mil millones de pesos a los que se había comprometido en junio, ya el déficit de los hospitales iba en 120 mil millones. ¿Qué ocurrió entonces? Que en lugar de pagar con esas platas la nivelación salarial, las administraciones locales decidieron usarlas para medio salir de afugias. Ésta ha sido la eterna historia, que tiende a empeorar, pues antes la Nación podía recurrir por lo menos al situado fiscal para ayudar a municipios y departamentos a llenar los huecos. La ley 60 y la ley 100, alegando la descentralización, tapiaron esa puerta.

La manzana de la discordia, en el aspecto reivindicativo, seguía siendo entonces el punto de la nivelación, pues si no se materializaba este aumento, el gobierno nos impondría un incremento para 1998 sobre el salario de 1996, perdiendo lo conquistado.

De manera que aprobamos el paro en asamblea y nos pusimos a prepararlo. Logramos el acuerdo el 6 de octubre a la madrugada, es decir, poco antes de la hora cero. En él se comprometió el gobierno a aportar otros 25 mil millones, y a poner nuevos límites a las ARS, obligadas ahora a destinar a contratación 88% de sus recaudos, con lo cual volvió a ampliarse la gama de las patologías cubiertas por el régimen subsidiado.

Aunque Bromberg, el sucesor de Mockus, había señalado que los acuerdos pactados con la Nación no comprometían al Distrito, la presión de los trabajadores lo forzó a sentarse a la mesa de negociaciones y a firmar que la Alcaldía entregaría un peso por cada uno que diera la Nación.

TR. ¿Por qué tuvieron que parar en noviembre?

Aldo Cadena. La nivelación en el Distrito costaba 19 mil millones de pesos y la Nación había girado apenas un poco más de 3.900. Sobre los casi 16 mil restantes, el gobierno, días después, pagó los 8 mil que le correspondían. Quedaba faltando la mitad del alcalde.

Pero Bromberg aprovechó la coyuntura para tender sobre el camino una celada: se obstinó en que no giraría los dineros mientras no fueran convertidos en ESE todos los hospitales del Distrito.

Nosotros señalamos que la Empresa Social del Estado, ESE, representa una puerta trasera hacia la privatización total de la salud pública. Se trata de entidades autónomas financiera y jurídicamente, sobre las que el Estado no tiene obligación y que en forma exclusiva irán a depender de la venta de sus propios servicios. Nos vimos obligados a salir a la huelga, la tercera del año.

El paro en Bogotá, que duró más de un mes, se llevó a cabo en condiciones sumamente adversas, por la actitud cerril del alcalde Bromberg, las vacilaciones de la mayoría de concejales y la agresividad de la policía. En contraste, cabe resaltar la combatividad de los trabajadores y el solidario apoyo de las comunidades en los barrios. Aun cuando Bromberg amenazó a los activistas con hacerles perder el aumento si continuaban en la lucha, la gente no se dejó arredrar.

Fue el Concejo de Bogotá el que vino a la postre a desequilibrar el fiel de la balanza. Aunque las combativas movilizaciones habían logrado que el Concejo hundiera en cinco oportunidades la intentona privatizadora, los timoratos y asustadizos concejales cedieron ante el chantaje esgrimido por el alcalde, aprobando finalmente el proyecto que convertía en ESE los hospitales.

Aunque el hecho significa un duro revés, que no hace más que reflejar la desigual correlación de fuerzas entre los vendepatria que controlan el gobierno y los patriotas, en dos pequeños pero sustanciales aspectos se alcanzó a malograr la táctica de Bromberg: primero, el Distrito deberá asumir los déficit de los hospitales, y, segundo, se compromete a mantener la estabilidad de cada asalariado, a no tomar represalias y a suspender los procesos disciplinarios.

El problema continúa. En el oscuro porvenir no se vislumbra sino la bancarrota. A 200 mil millones de pesos asciende el déficit actual hospitalario en el país, que no hay forma de resolver mientras Samper no aporte los 300 mil millones que adeuda todavía el gobierno.

De manera que la pelea, esto es inevitable, tendrá que continuar.

Es tal la quiebra hospitalaria como secuela del alud privatizador, y tan grave la amenaza de total bancarrota, que plata que entra para nivelación salarial o para cumplir el resto de los pactos es plata que se gasta allí mismo en otras necesidades urgentes y elementales: pago a proveedores, instrumentos de aseo, material quirúrgico. Al paso que vamos esto se está convirtiendo en un barril sin fondo. Tal es la gran dificultad que seguimos enfrentando y que sólo tendrá solución con el combate nacional.

Las elecciones de fecode: DERROTADO EL SAMPERISMO

El 3 de octubre pasado tuvieron lugar las elecciones al Comité Ejecutivo de Fecode en todos los municipios de Colombia. Más de ciento veinte mil maestros acudieron a las urnas para definir la dirección de su organización sindical, casi 60% de los afiliados. El magisterio demostró un alto grado de conciencia sindical y política, que se expresó en una victoria contundente del Bloque Alternativo sobre la fuerza samperista, el dussanismo.

De los quince miembros del Comité Ejecutivo, el Bloque Alternativo obtuvo diez. El grupo samperista Educación, Trabajo y Cambio Social, que contaba con una mayoría de nueve miembros, quedó reducido a tres. Dentro del Bloque Alternativo, el MOIR eligió tres miembros, Raúl Arroyave, Luis Carlos Fuentes y Álvaro Morales; Magisterio Unido, dos; Unidad Democrática, tres; el frente Luis Felipe Vélez, uno; y el Movimiento Cimarrón, uno. De esta manera, la tendencia antisamperista expresada en el Congreso de Villavicencio, de mayo, se vio fortalecida.

Sin resignarse a aceptar la derrota que le propinó el magisterio, el grupo samperista acudió a su conmilitón, el ministro de Trabajo, Iván Moreno Rojas, con el fin de impugnar los resultados. Es así como apenas hace poco fue inscrito oficialmente el Comité Ejecutivo, a varios meses de haberse celebrado las elecciones.


Votos obtenidos por las principales Fuerzas

MOIR 18.150
Magisterio Unido 14.350
Unidad Democrática 14.001
Educación Trabajo y Cambio 10.631


Por un sindicalismo de clase

Ha terminado una etapa de gobiernismo y traiciones, que había empezado en diciembre de 1994, cuando el grupo dussanista llevó a Fecode a sumarse a la trapisonda del «pacto social». Haberse embarcado Fecode en dicho «pacto» tuvo que ver con una tendencia que inficionó a gran parte del sindicalismo, el denominado «sociopolítico». Sus defensores alegaron que las posiciones contestatarias habían pasado de moda, que se imponía una actitud «propositiva», que la concertación reemplazaba los enfrentamientos, que la colaboración con un gobierno de corte «social» daba más frutos que la lucha y la huelga. Para estos nuevos profetas, el marxismo como inspirador de las batallas proletarias había sido enterrado, y la lucha de clases era una pieza arqueológica.

Lo que rechazó el magisterio colombiano en las elecciones del Comité Ejecutivo fue justamente esta concepción del sindicalismo. Los candidatos del MOIR la atacaron por todo el país y agitaron una posición consecuente con los intereses del pueblo y de la nación colombiana. Los institutores entendieron que su sindicato no puede renunciar a la lucha para defender las reivindicaciones fundamentales de los afiliados, desarrollar la conciencia de clase y defender la soberanía nacional.

El veredicto de las urnas lo que busca es recuperar la independencia de Fecode frente al gobierno, las clases dominantes y el imperialismo. Hay una nueva política al mando, una nueva concepción del sindicalismo, una nueva visión de la realidad colombiana, una nueva mirada de la educación.

Por una educación al servicio del país

El magisterio colombiano ganó una importante batalla contra el neoliberalismo en 1993 con la Ley 60 y en 1994 con la Ley 115. En esencia esa victoria consistió en asegurar que el Estado financiara la enseñanza, frenando así la política de privatizarla y municipalizarla. Al mismo tiempo, se obtuvo que los contenidos de la educación quedaran en manos de los planteles. Es decir, financiación pública y autonomía escolar sobre el currículo. Por el contrario, los neoliberales pretendían controlar el contenido de los programas e instaurar la autonomía financiera de las instituciones, convirtiéndolas en empresas de producción de servicios y a los rectores en sus gerentes. Su cometido lo lograron, en el terreno de la salud, con la parte correspondiente de la Ley 60, y en el de la educación superior, con la Ley 30 de 1992. Pero la lucha decidida del paro magisterial en 1993 impidió que esto se consumara en la esfera de la educación. De otro modo, ésta se encontraría ahora en una crisis económica semejante a la que atraviesan los hospitales públicos y las universidades.

Durante los últimos tres años el dussanismo renegó de esta conquista. El Ministerio de Educación y el Departamento Nacional de Planeación fueron siempre los peores enemigos de la Ley General de Educación.

Con Samper llegó el intento de contrarreforma a punta de decretos, resoluciones y campañas. Eso es lo que han hecho sus ministros Sarabia Better, María Emma Mejía y Jaime Niño: emprenderla contra el magisterio y contra la reforma. La camarilla dussanista se confabuló con el Ministerio de Educación para permitir la privatización, quitarle piso a la autonomía escolar, desconocer la libertad de cátedra. En medio de esta avalancha, el Ministerio ha tratado de imponer la promoción automática o, en su nuevo vocabulario, una «promoción integral, flexible y continua», que está acabando con la calidad de la educación. Dicha promoción, mediante la cual los estudiantes ascienden a grados superiores sin un correspondiente avance en el conocimiento, no le sirve sino al imperialismo, por el deterioro acelerado de la calidad educativa y la ignorancia que se va generalizando como consecuencia de ella.

También el MOIR se comprometió en esta campaña con la defensa de la Ley General de Educación. Se enfrentó a la ofensiva neoliberal del gobierno y de las secretarías de Educación y desenmascaró el carácter idealista, individualista y reaccionario de la pedagogía de moda, el constructivismo. El MOIR señaló que la concepción constructivista implica la negación de la ciencia, destruye el papel del maestro e impide el desarrollo de una educación masiva de alta calidad. Dentro de este enfoque, el MOIR denunció también que los programas de madres comunitarias, año cero, escuela nueva y promoción automática, constituyen una educación subdesarrollada para el subdesarrollo y una educación pobre para pobres.

El Partido adelantó una campaña educativa muy bien recibida por el grueso del magisterio, en la cual cabe destacar las conferencias dictadas por el compañero José Fernando Ocampo.

Por la soberanía

Desarrollamos esta campaña electoral en uno de los momentos más aciagos para la nación colombiana, cuando a diario se conocían las órdenes y exigencias del embajador Frechette, y a renglón seguido las noticias de la obsecuencia de Samper con los dictámenes imperiales. Esto se constituyó en tema central de las conferencias, reuniones y asambleas con los maestros en un proceso de elevación de su conciencia política.

También denunciamos por todo el país, como política imperialista, los programas del gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, y del ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, los de privatizar la educación pública por intermedio de subsidios y becas, así como los intentos de varias entidades territoriales de eliminar los Fondos Educativos Regionales, FER, y de municipalizar la financiación, violentando las normas de la Ley 60 de 1993.

Una nueva etapa

Le toca al nuevo Comité Ejecutivo poner en práctica las directivas trazadas por el Congreso de Villavicencio. Hay que comenzar recuperando la independencia de Fecode, reconquistando el Estatuto Docente y luchando por derrotar el Estatuto Disciplinario, y lograr objetivos fundamentales como la derrota de la promoción automática, la derogatoria de la resolución 2343 sobre indicadores de logros y, en una palabra, defender la autonomía escolar y la libertad de cátedra.

***
Los tres ejecutivos ganados por el MOIR en estas elecciones nos comprometemos con el magisterio que nos eligió y con la educación colombiana a cumplir las conclusiones del Congreso y a llevar adelante el programa que agitamos en la campaña electoral.

EL MOIR CON LISTA BANDERA PARA SENADO EN EL PERIODO 1998-2002

Aguerridos combatientes del sindicalismo colombiano como Jesús Bernal, presidente del Sindicato de la Caja Agraria; José Fernando Ocampo, el combativo capitán de las luchas del magisterio; Eberto López, líder contra la privatización de las telecomunicaciones; Aldo Cadena, jefe nacional de los trabajadores de la salud, y Fabio Arias, dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, son los nombres principales que acompañan a Jorge Santos y Marcelo Torres en nuestra lista al Senado en la campaña que se adelanta para las elecciones del 8 de marzo.

Resultados electorales del MOIR y sus aliados
el 26 de 0ctubre

Departamento Asamblea Departamento Asamblea

Antioquia 4.180 La Guajira 54
Arauca 330 Magdalena 3.518
Atlántico 2.000 Meta 2.150
Bolívar 1.700 Nariño 400
Boyacá 1.160 N. de Sant. 326
Caldas 6.300 Putumayo 311
Caquetá 2.080 Quindío 836
Casanare 300 Risaralda 3.400
Cauca 149 Bogotá 6.418
Cesar 4.852 Santander 7.230
Córdoba 1.100 Sucre 202
Cundinam. 1.000 Tolima 3.100
Chocó 51 Valle 897
Huila 2.672

Jorge Robledo a la Gobernación de Caldas por Acción Cafetera 52.000


En Facatativá

EJEMPLO DE TRABAJO, ORGANIZACIÓN Y DISCIPLINA

Por Guillermo alberto Arébalo

Uno lo conoce y lo ve como a cualquiera de los jóvenes de Faca; de tenis, bluyín y camiseta. Así, sencillo, incluso tímido, de pocas palabras. La decisión la lleva en la mirada. Es forzoso preguntarse cómo y por qué este muchacho de 22 años obtuvo en las pasadas elecciones, como candidato del MOIR al concejo, la votación más alta en ese municipio cundinamarqués.

TRIBUNA ROJA quiere contarles a sus lectores la historia de Vladimir Castañeda Ravelo. La casa donde vive con sus dos hermanos y su hermana es la misma donde se inició la construcción del Partido en Faca. Su padre, Álvaro Castañeda, empezó a trabajar a los dieciséis años como obrero en la Secretaría de Obras Públicas del Departamento y también desde muy joven se vinculó al MOIR. En Villeta, donde lo llevaban con frecuencia sus desplazamientos por las carreteras de Cundinamarca, Alvaro conoció a quien sería su esposa y compañera, Alcira Ravelo, nacida en Barrancabermeja, hija de un trabajador petrolero.

Desde 1974 ambos fueron varias veces concejales de Faca. Cuando Álvaro Castañeda tenía apenas 36 años, la UTC, a cuyas directivas patronales les incomodaba su posición en defensa de los intereses proletarios, lo hizo jubilar sin que cumpliera el requisito de la edad. Desde entonces su vida se consagró exclusivamente al trabajo revolucionario. De manera tan desinteresada y tesonera que todos lo llamaban don Alvarito, y le confiaban sus problemas. Vladimir lo recuerda como «un hombre sencillo, revolucionario, transparente en sus cosas, trabajador incansable en defensa de los intereses populares». Entretanto Alcira «trabajaba también con el Partido y tuvo que sacar adelante una familia en medio de condiciones sumamente difíciles».

De manera que Vladimir recuerda que él y sus hermanos crecieron en el seno de un hogar poco convencional, del cual no sólo formaban parte las personas de la casa sino también todas las gentes humildes y necesitadas del pueblo. Alvaro y Alcira nunca les hablaron de política a sus hijos. Éstos los oían hablar, a ellos y a los compañeros que frecuentaban la casa, y, lo que es más importante, los veían actuar. Sin embargo, de manera repentina y con poco tiempo de diferencia, los dos fallecieron prematuramente, víctimas de ataques fulminantes. Los Castañeda Ravelo eran aún adolescentes y niños.

Facatativá es un municipio donde las actividades económicas no giran solamente en torno al comercio, se proyectan al agro y, por su relativa cercanía con Bogotá, también al sector industrial. Sus habitantes se han caracterizado por su combatividad y rebeldía frente a las desigualdades, la explotación y la arbitrariedad. A ello contribuyeron de manera significativa nuestros dos recordados camaradas, y lo continúa haciendo la nueva generación.

Vladimir cuenta que hace unos cinco años «había empezado a leer la literatura del Partido, y me interesó más cuanto más sabía de qué manera desinteresada se adelantaban sus políticas, y las condiciones en las que vivieron y trabajaron mis padres.» Y se hizo militante del MOIR. En los últimos tiempos, se vinculó a la tarea de revitalizar el Partido en cuanto al trabajo y la disciplina, a la organización de cursillos y conferencias, al trabajo en las acciones comunales. Todo ello fue fortaleciendo nuestras fuerzas, que estuvieron preparadas para afrontar el paro cívico de septiembre de 1996.

Al iniciarse la escalada alcista en las tarifas de los servicios públicos, unida a la abusiva política de nueva «estratificación», casi partiendo de los recibos que llegaban a su casa, nuestro compañero comenzó a explorar las consecuencias de estas medidas entre la población de Faca. Cuadra por cuadra, manzana por manzana, barrio por barrio, el Partido supo interpretar la inconformidad, reunió a los pobladores, explicó las causas de este despotismo económico, referidas a las presiones del imperialismo gringo y al servilismo del gobierno, organizó comités y preparó las condiciones del paro. Cuando éste se hizo efectivo, el pueblo respaldó las orientaciones del Partido y batalló durante los días que fueron necesarios en contra de los atropellos. Vladimir Castañeda fue uno de los líderes más importantes de aquella histórica movilización.

Cuando el MOIR decidió postular a Vladimir como cabeza de lista para el concejo de cara a las elecciones de octubre, los desprestigiados políticos de los partidos tradicionales no ahorraron esfuerzos para cerrarle el camino. Circularon panfletos anónimos plagados de calumnias en contra del joven candidato. «Si hizo con Faca lo que hizo en cuatro días, ¿qué no hará desde el Concejo?» El comando moirista les hizo frente, trabajó sin desfallecer, debatió lo que había que debatir y cerró filas en torno a la política del Partido y a su vocero.

El pueblo sopesó los argumentos. Recordó la trayectoria del MOIR en Facatativá. evaluó su actividad presente en el campo de la acción comunal, en las conferencias, y sobre todo en el paro cívico. Los setecientos cuarenta y cuatro votos que fueron depositados por Vladimir Castañeda el pasado 26 de octubre han abierto una nueva etapa para el desarrollo de nuestro Partido en ese municipio y en el departamento, y son un ejemplo para nuestra militancia.


TAMAÑO Y RAZONES DE UN RESULTADO

Por Jorge Enrique Robledo Castillo

No son pocos 52 mil votos, sobre todo en un departamento como Caldas. Apenas uno de los grandes electores del departamento logró superar esa cifra con lo obtenido por la suma de sus listas de asamblea departamental. Tampoco carece de interés que esos 52 mil sufragios se hubieran conseguido en una cantidad proporcional entre Manizales (con 22 mil) y la provincia (con 30 mil) y que tuvieran origen en personas de todos los sectores económicos y de todas las condiciones sociales. Y su importancia aumenta cuando se sabe que padecimos por una elección plagada por las corruptelas y chantajes usuales en Colombia y cuando se puede informar que los gastos de la tesorería central de Acción Cafetera y Caldense –en respaldo a las elecciones de gobernación, de asamblea y de más de veinte concejos- no alcanzaron a llegar a 15 millones de pesos, que puede ser lo que le cuesta a un barón electoral imponer un concejal en un pueblo.

Tampoco debe despreciarse que la campaña no hubiera sido una operación del demagógico marketing electoral tan de moda en el país, tendiente a conseguir votos como sea, sin correr con el riesgo de opinar sobre las orientaciones económicas fundamentales, que son, en últimas, las que definen la tragedia que ya viven tantos caldenses y que amenazan a casi todos los restantes. Por el contrario, inclusive, a algunos amigos les pareció que los temas se abordaron con «exceso» de franqueza.

Este resultado merece, entonces, un análisis: en primer término, tiene que ver con que –de una u otra manera, y con toda razón- los caldenses responsabilizan a la llamada «clase política» de mucho del notable fracaso de la orientación económica nacional, que ha sumido al país en la ruina de su sector productivo, el desempleo, la carestía y los bajos ingresos, con estas dolorosas realidades cocinadas en un caldo de corrupción que asquea. A no dudarlo, si no consiguieran los votos como los consiguen, no sacarían ni uno. El segundo aspecto tiene que ver con que la candidatura de Acción Cafetera y Caldense a la gobernación logró encarnar parte de ese sentimiento de oposición que yace aplastado por el clientelismo y a que pudo captar una porción considerable del «voto de opinión». En este logro jugó un papel determinante la lucha en defensa de los caficultores, quienes, sin duda alguna, respaldaron con entusiasmo esta propuesta y llevaron su interés a otros sectores. Y también aportó el que se hubiera asumido una posición de severo cuestionamiento a las fracasadas políticas aperturistas, privatizadoras y neoliberales.

Este éxito tampoco hubiera sido posible si no se hubiera logrado constituir un equipo de trabajo conformado por los dirigentes de diversas organizaciones independientes de los partidos tradicionales y por no pocos líderes con afectos en éstos, quienes entendieron la importancia de unirse en torno a unos puntos de vista honestos, democráticos y patrióticos.

Lo que sigue es continuar haciendo esfuerzos por congregar a los que creen que Caldas y el país requieren de profundas transformaciones y que ello sólo será posible si empezamos por unir, sin sectarismos y en torno a unos pocos asuntos medulares, a los sectores y dirigentes más diversos.

Lástima que este momento no pueda disfrutarlo Fabio Trujillo Agudelo, el primero que tuvo la perspicacia de señalar que la causa cafetera merecía también esfuerzos en el terreno del debate político, y que la experiencia obtenida en la lucha del café valía la pena llevarla a toda la población, dado que son en últimas los gobernantes los que definen la suerte de los caficultores y de todo el mundo.

Manizales, 1º de noviembre de 1997 (Columna «Contra la corriente», publicada en La Patria)


En el Caquetá

EL PUEBLO RECONOCE LA LABOR DEL PARTIDO

«En cada decisión el Partido se juega su existencia y los compañeros su vida, pero el acierto radica en interpretar justamente los anhelos de los habitantes». Así resume Alonso Orozco la suerte que los camaradas tienen que sortear a diario en el departamento, y concluye que cada voto depositado por el MOIR representa la confianza que sus dirigentes se han ganado en las bregas al lado de la población.

Rosario de calamidades

Agobiadas por la carga que les anuncia cada factura de cobro por valorización o de alza incesante en los servicios de aseo, energía y agua, las gentes humildes acuden permanentemente a la oficina de la Unión de Usuarios de Florencia, organización que nació por iniciativa de los compañeros del Partido una vez que la privatización de los servicios mostró sus efectos perniciosos. Es alentador ver cómo la asociación funciona con la ayuda que le proporcionan los sindicatos obreros, una de las cuales es su propia sede.

Al tiempo que explica a sus integrantes la ruina que trae la recolonización norteamericana, la Unión de Usuarios orienta su lucha hacia la protesta y al rechazo del pago por el alza en las tarifas de los servicios, respuesta que ha obligado al alcalde a aplazar las medidas o a mantener las anteriores tarifas. Igual resistencia han ofrecido los consumidores frente al recaudo por valorización, tributo que el ejecutivo cobra sin haber sido autorizado por el Concejo y, como si fuera poca arbitrariedad, por una pavimentación de calles de precaria duración.

El cierre del Idema, en 1996, fue otra medida que provocó la indignación de los labriegos, pues con la liquidación del instituto no podrían vender sus cosechas de maíz y arroz, y el mercado agrícola -particularmente débil en esta región- se encarecería. El movimiento cívico y los sindicatos promovieron la denuncia y exigieron del gobierno mantener con vida la entidad; la Asamblea departamental, por iniciativa del compañero Omar Varón, se unió a la defensa del organismo bajo la divisa, acogida por todos los estamentos de la comunidad, «Por un Caquetá sin coca, no a la liquidación del Idema».

Pero el colapso de la agricultura de colonización y las fumigaciones aéreas, impuestas por la agenda Frechette para destruir los cultivos ilícitos, determinaron el levantamiento de los campesinos, quienes avanzaron por miles desde todos los rincones hacia la capital del departamento. Cuando el comercio empezó a mostrar signos de abatimiento, el Regional del Partido desplegó una actividad encaminada al esclarecimiento del conflicto señalando que su causa residía en el saqueo imperialista, llamó a la solidaridad con la justeza del paro y, uniéndose al clamor general, exigió del gobierno satisfacción a las reivindicaciones campesinas. Los caqueteños han comprendido que la solución a su ruina sin precedentes exige el decidido apoyo del Estado a la producción agropecuaria, de modo que permita rescatar a las familias de los cultivos malditos. Bajo este clima desolador llegó el tiempo de elecciones.

El Partido realizó su campaña a la Asamblea con dos listas diferentes. La primera, encabezada por Alonso Orozco, en coalición con un sector del Partido Liberal que orienta la Dra. Lucrecia Murcia. La segunda, por el frente «Caquetá es Colombia», integrado por sindicalistas, postuló a Ómar Varón. Para el Concejo de Florencia fue promovido, en representación del MOIR, el nombre del compañero Juan Carlos Cuenca.

Se agitó un programa de defensa de la soberanía, de rechazo a las privatizaciones y a la creación de impuestos, y de resistencia al alza en las tarifas de los servicios.

El 26 de octubre, como los días que le precedieron, transcurrió lleno de incertidumbre y desasosiego por la falta de garantías demostrada por el gobierno y el ultimátum que dos meses antes había lanzado la guerrilla para impedir las elecciones. En los municipios retirados los sufragios depositados fueron pocos pues sus habitantes se recogieron para no arriesgar sus vidas; sin embargo, en Florencia la gente votó copiosamente. Al final el MOIR había obtenido dos diputados a la Asamblea: Alonso Orozco, con 1.288 votos, y Ómar Varón, 794; y el concejal de Florencia, Juan Carlos Cuenca, con 383 sufragios.


TOLIMA, HUILA Y MAGDALENA MEDIO

La coalición del MOIR con otras fuerzas en Tolima logró elegir a la Asamblea a la doctora Luz Nelly Amado, con casi 8 mil votos. El segundo renglón lo ocupó Miguel Gordillo, miembro del regional de nuestro Partido.

Para el Concejo de Ibagué, en la lista encabezada por Julio Henríquez, secretario del Regional, el MOIR obtuvo 920 votos. En Chaparral quedó reelegido al Concejo el compañero Héctor Mario Álvarez. En Lérida, salieron elegidos los moiristas Fidel Rondón y Jaime González, el segundo en coalición con el movimiento Fuerza Comercial Progresista, con 331 votos. En Fresno, repite en el Concejo el dirigente cafetero del MOIR Alonso Osorio, con 394 votos. En San Antonio resultó electo Norberto Duque, dirigente de Unidad Cafetera, con 350 votos.

En La Dorada, el MOIR se abrió paso con su campaña en defensa de la nación, logrando 450 votos por la lista que encabezaba Álvaro Bedoya.

En Puerto Boyacá, Hernando Muñetón alcanzó de nuevo el escaño en el Concejo, con 769 votos, en nombre del Movimiento Unidad Cívica de Puerto Boyacá, del que hizo parte el MOIR. A la Asamblea de Boyacá, la coalición eligió como diputado a Antonio Grimaldo.

En Caparrapí, sacamos 178 con la lista presidida por Ramiro Camacho. El MOIR apoyó a la Alcaldía la candidatura del presbítero Ramiro Arias, que resultó electo.

En Marquetalia, el principal aliado resultó elegido concejal. Se trata de Adolfo Ospina, dirigente de Unidad Cafetera y del Movimiento Nacional Conservador.

PEÑALOSA, EL HOMBRE DE LOS MONOPOLIOS

Francisco Cabrera

Una vez más los monopolios impusieron su candidato a la alcaldía de la capital, haciendo uso del inmenso poder de los medios de comunicación para manipular la conducta de las capas medias. La campaña se polarizó entre Peñalosa, en torno a quien cerraron filas los principales grupos económicos presentándolo como el estudioso que se ha preparado durante quince años para gobernar la principal y la más caótica urbe del país, y Moreno de Caro, la opción populista respaldada por la casa Gómez y el directorio conservador. Como veremos, conocer la ciudad es para la burguesía saber valerse del gobierno cuando se trata de hacer negocios, y entender lo que se necesita para que las trasnacionales se sientan atraídas a realizarlos.

«Puliendo el programa»

Durante la campaña Peñalosa no se diferenció mucho de sus contrincantes. Habló sobre las cosas que el grueso público quería escuchar: combatir la inseguridad, acabar con el caos del transporte, mejorar la prestación de los servicios, amén de las consabidas promesas de más empleo, salud, educación y vivienda para los pobres.

Conquistada la alcaldía comenzó a «pulir su programa» como tituló El Espectador del 28 de octubre: le parece muy timorata la propuesta de Bromberg de privatizar la Empresa de Teléfonos por la vía de capitalizarla, y propone venderla en bloque.

Ignorando olímpicamente el papel del sector privado en lo sucedido en Doña Juana, y con la pestilencia aún en el ambiente, afirmó: «El Distrito no debe tener ni volquetas ni maquinaria. Todo será subcontratado, lo que es más rentable para la ciudad y más eficiente». Cree que la cultura ciudadana «no es con mimos y jueguitos», sino con «garrote y zanahoria» y plantea recuperar los andenes, desalojando a los vendedores ambulantes y creando una entidad especial con el supuesto fin de velar por el espacio público.

En una entrevista concedida a El Tiempo del 9 de noviembre, dijo que «Bogotá no puede salir adelante hacia el futuro sino cobrando valorización a diestra y siniestra». Allí mismo amplía su interpretación de cultura ciudadana con sus dos componentes de garrote y zanahoria: «no alcanzamos a imaginar lo doloroso que va a ser» enfatizó.

Como si fuera poco el alcalde electo expresó su decisión de convertir varias de las avenidas arterias de la ciudad en troncales, entregándolas al sector privado para que las administre cobrando peajes por su uso. La primera sería la Caracas. Y se comprometió a darles continuidad a los proyectos de elevar la sobretasa a la gasolina a 20% y cobrarles a los bogotanos cerca de $30 mil millones por el alumbrado público.

Pero los verdaderos elementos para «pulir su programa» los recibió en forma simbólica en el acto de presentación del Plan Estratégico Bogotá 2000 el pasado 4 de noviembre. Como en las carreras de relevos, Bromberg le entregó a Peñalosa el Plan cuyos primeros pasos se dieron bajo la administración Castro, y que, aún sin madurar, Mockus hizo suyo en Formar Ciudad. Al nuevo alcalde, muy familiarizado con la llamada planeación estratégica, le corresponde la misión de enrutarlo hacia sus primeras metas, que deben ser alcanzadas en el año 2010: convertir a Bogotá en una ciudad competitiva, de clase mundial, valga decir, en un paraíso para los grandes consorcios.

¿Para qué el gobierno?

La mayor habilidad de Peñalosa consiste en pasar del sector público al privado, contribuir a elaborar las políticas oficiales que facilitan la recolonización del país por el imperialismo, y después pelechar de ellas. Para comenzar, hizo parte de la panda de tecnócratas educados en las universidades gringas y adiestrados por el Banco Mundial, que asesoraron al gobierno de Barco cuando este decidió lanzar la República por el despeñadero de la apertura económica. La Ley 9 de 1989, destinada a regular el planeamiento de las ciudades, hizo parte del conjunto de reformas emprendidas en aquella época.

En aplicación de la mencionada ley, al finalizar la administración Pastrana se dictó el acuerdo 06 de 1990, que contiene el plan de ordenamiento físico del Distrito. Allí quedaron contemplados los planes zonales, que debían ser concertados con la empresa privada. El mismo año, Caicedo Ferrer instaló la Misión Bogotá Siglo XXI, un instrumento de lo que llaman planeación estratégica urbana, consistente en que los empresarios y el gobierno convienen sobre grandes proyectos cuya realización es de largo plazo.

El primer plan surgido de la aplicación del acuerdo 06 y de la planeación estratégica, fue el de ordenamiento del borde occidental adoptado en 1992 que dispuso adelantar los proyectos urbanísticos de Tintal, en Kennedy, y Agrológicas III en Bosa y montar una Zona Franca para atraer la inversión de las multinacionales. Los empresarios aportan la tierra y las construcciones y el Estado les hace las obras de infraestructura. Recordemos que Peñalosa ocupó la subgerencia de la Empresa de Acueducto, una de las entidades más comprometidas en estos proyectos.

La familia Peñalosa es la principal accionista de la sociedad Zona Franca de Bogotá, y por tanto será la principal beneficiaria de las enormes inversiones del Distrito y de la Nación en el borde occidental. La segunda pista del aeropuerto Eldorado, las avenidas Cundinamarca y Ciudad de Cali, el programa Santa Fe I y la primera etapa de la descontaminación del río Bogotá, entre otras, son inversiones que superan los US$2.000 millones y que tendrá que pagar toda la ciudad. Darle un empujón a esas obras desde la alcaldía, «cobrando valorización a diestra y siniestra», no les caería nada mal a los Peñalosa.

El afán por privatizar y entregar a contrato las funciones del Estado se fundamenta también en el negocio. Su familia tiene experiencia en sacar provecho de sus nexos con el gobierno. Para la muestra está la entrega de los parques de la ciudad que hiciera Jaime Castro al sector privado: con ínfimo capital los Peñalosa constituyeron a las volandas la sociedad Reforestación y Parques y se alzaron con el parque de El Salitre, un filón altamente rentable que les produce utilidades de más de $2.000 millones al año. Posteriormente Mockus nombró director del Instituto Distrital de Recreación y Deporte, IDRD, a Guillermo, hermano del alcalde recién elegido.

El verdadero plan

El imperialismo y la oligarquía criolla tienen resuelto el problema de darle continuidad a las políticas que garanticen convertir a Bogotá en una pieza de la globalización. Las prioridades y megaproyectos del plan Formar ciudad de Mockus fueron tomados del Plan Estratégico Bogotá 2000 y según se deduce de su programa de gobierno, lo mismo hará Peñalosa. Los reparos que este último plantea se refieren apenas a los ajustes necesarios que hay que hacer en el camino, o a mostrar mayor resolución en llevarlos a cabo.

Como parte de la línea estratégica para hacer «atractiva» la ciudad para la inversión extranjera, o «coqueta» en el lenguaje de Mockus, Bogotá 2000 contempla, aparte de las privatizaciones, la Zona Franca y las obras de infraestructura vial y de servicios que ya mencionamos, la realización de un estudio de competitividad, que la Cámara de Comercio contrató con la firma Monitor Company. En la primera fase del estudio que se conoció en el mes de marzo con el nombre de Fuerza Capital, la principal recomendación que se formula es la independencia del Distrito frente al país.

El camino es convertir a Bogotá en el eje de una región, comenzando por planear su crecimiento futuro incluyendo a los 18 municipios de la Sabana en un área metropolitana. Dentro de los proyectos de Bogotá 2000 está generar una oferta masiva de tierra urbanizable en esos municipios, para desviar los asentamientos pobres hacia ellos, al tiempo que se busca la recuperación del centro, en donde el extremo deterioro al que ha llegado permite la compra de los predios por el gran capital especulativo a menos precio. Corresponderá al alcalde electo llevar a término tanto el objetivo de concretar el área metropolitana, como la recuperación del centro por la burguesía, para hacerlo de clase mundial.

«Calidad de vida»

Imitar a Mockus montando en bicicleta y repetir como un disco rayado durante toda la campaña la misma cantinela sobre «elevar la calidad de vida» fueron toda la gracia del nuevo inquilino del Palacio Liévano. Por todo lo dicho hasta aquí es fácil deducir que la preocupación que alentó esa repetidera es la misma que se plantea en el estudio de Monitor en un aparte titulado Calidad de vida como una palanca estratégica: «La calidad de vida de una ciudad ya no debe apuntar solamente a cumplir con una responsabilidad social ante sus ciudadanos… El resultado es una ciudad que ofrece una calidad de vida poco atractiva. Esto crea muy poco incentivo para la atracción de extranjeros y empresas multinacionales a establecerse en la ciudad ya que los ejecutivos se niegan a vivir en ella».

Los neoliberales critican que el Estado dedique esfuerzos a atender las necesidades populares pues este debe concentrarse en atraer «extranjeros y empresas multinacionales». De allí deriva el afán por la seguridad, el espacio público y el medio ambiente, entre otros. Para avanzar en estos aspectos se requiere de una fuerte dosis de «civismo», la otra palanca estratégica recomendada en Fuerza Capital. Y Peñalosa está dispuesto a lograrlo, aunque «no alcanzamos a imaginar lo doloroso que va a ser». No solo lo doloroso, sino lo costoso diríamos, pues muy seguramente se buscará por medio de la «participación» que el pueblo, ahora sí importante, ponga de su parte realizando una serie de labores que le corresponden al Estado.

«El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa», escribieron Carlos Marx y Federico Engels hace 150 años en el Manifiesto comunista. Hoy no hay duda de que las palabras de los maestros del proletariado mantienen plenamente su vigencia. Se confirman al ver al gerente recién elegido, con su planeación estratégica, con los de su clase ávidos de lucrarse con la entrega del país, y con sus asesores gringos que recomiendan el separatismo y apercollar la población hasta reventarla con tal de atraer multinacionales.