ACUERDOS Y ACERCAMIENTOS EN TODO EL PAÍS

De conformidad con los lineamientos trazados por su dirección nacional en enero último, el MOIR ha adelantado conversaciones en casi todos los departamentos del país con diversos sectores políticos con los que coincide en el análisis de la situación política, social y económica que vive Colombia. Nuestro Partido participa en los comicios de marzo mediante acuerdos o respaldando las listas de candidatos y movimientos que han rechazado las prácticas terroristas, y se han expresado por la defensa de la actividad productiva nacional, la lucha por la autodeterminación de Colombia frente a las grandes potencias y la atención a los justos requerimientos de las masas trabajadoras en procura de mejores condiciones de vida y por las libertades públicas.

Se convinieron acercamientos con Insurgencia Liberal, de Alfonso López Caballero; el Directorio Liberal de Antioquia, que dirige William Jaramillo, Gómez; el Directorio Liberal del Tolima, de Alberto Santofimio Botero; el Movimiento de Convergencia Liberal de Bolívar, encabezado por David Turbay Turbay; el Directorio Liberal Popular de Santander, que lideran José Manuel Arias Carrizosa y Norberto Morales Ballesteros; Acción Liberal Popular del Atlántico, dirigida por Emilio Lébolo Castellanos; los Movimientos de Renovación Liberal y de Integración Liberal de Norte de Santander, comandados, respectivamente, por Jorge Cristo Sahium y Carlos Celis Carrillo; Mayorías Liberales del Magdalena, acaudillado por Edgardo Vives Campo; el Directorio Liberal Holmista del Valle, dirigido por Carlos Holmes Trujillo; la Unidad Popular Liberal del Meta, encabezada por el representante Jorge Ariel Infante, un sector del Nuevo Liberalismo de Córdoba, dirigido por Esteban Gómez; el Partido Liberal Oficialista de Nariño del exministro Laureano Alberto Arellano; la Nueva Fuerza Liberal de Sucre, encabeza por Álvaro García Romero; Liberalismo Oficial de Risaralda, de la exgobernadora María Isabel Mejía Marulanda; integración Liberal, el Liberalismo Independiente y un sector de la Democracia Cristiana del Quindío, comandados respectivamente, por Jaime Peralta, Enrique Gómez Restrepo y César Augusto López; el Movimiento de Renovación Liberal, el Frente Amplio Liberal y Acción Democrática del Cesar, que lideran, respectivamente, Alfonso Araujo Cotes, María Cleofe Martínez y Edgardo Pupo; el Partido Liberal Oficialista del Caquetá, dirigido por Hernando Turbay Turbay; el Liberalismo Oficialista Independiente de Caldas, de los representantes Alfonso Cano Molina y Gonzalo Marín Correa, y la fuerza política que orienta en Boyacá la parlamentaria María Izquierdo de Rodríguez. De igual manera se lograron acuerdos en la Guajira, Huila y el Chocó.

MOIR FORMALIZA ACUERDOS CON DIVERSAS CORRIENTES

Antioquia
El 16 de febrero el comando regional, del MOIR en Antioquia emitió un comunicado en el que informa a la opinión que nuestro Partido «ha sostenido amplias conversaciones con el Directorio Liberal Departamental y ha escuchado de su líder, el senador William Jaramillo Gómez, su preocupación de patriota y demócrata por la profunda crisis en que sumió a nuestra nación el gobierno de Belisario Betancur». El documento señala, asimismo, que «ambas direcciones políticas coincidimos en la necesidad de proteger la autodeterminación nacional y enfrentar los ruinosos dictámenes del Fondo Monetario Internacional que el gobierno hizo propios y aplica en desmedro de nuestra lánguida actividad industrial y agraria, del empleo, los salarios y demás condiciones de trabajo y de vida de los colombianos». «Nos identificamos plenamente», continúa más adelante la declaración, «en el propósito de adelantar una campaña democrática, nacionalista y civilizada, libre de las influencias clientelistas, de la coacción terrorista y de las presiones de doctrinas foráneas que no interpretan el auténtico sentimiento de nuestras mayorías populares por la autodeterminación nacional».

El MOIR decidió dar «su entusiasta respaldo a las listas del Directorio Liberal Departamental para las corporaciones públicas», en las que han sido incluidos los nombres de dirigentes moiristas como Francisco Mosquera, Enrique Molinares, Jaime Restrepo, Jairo Antonio Gutiérrez, Jesús María Hernández, Alberto Morales y Jesús María Vasco.

Cesar
El Movimiento de Renovación Liberal, el- Frente Amplio Liberal, Acción Democrática y el MOIR informaron a los militantes, amigos y al pueblo del Cesar sobre los acuerdos logrados para impulsar la conformación de una fuerte corriente en defensa de la soberanía nacional, la proscripción del terrorismo, la defensa de la producción nacional y el respaldo a las luchas del pueblo. La declaración pública fue firmada por los dirigentes de las cuatro organizaciones: Alfonso Araujo Cotes, María Cleofe Martínez, Edgardo Pupo Pupo y Luis Cadena, respectivamente. En ella señalan las pautas a seguir en su campaña conjunta y hacen un llamamiento a las bases para que «trabajen mancomunadamente a fin de consolidar el propósito de servir al pueblo colombiano, abriendo las puertas a otros sectores, ya que la transformación y salvación de Colombia no será obra de un solo grupo o partido o de una sola clase, sino del esfuerzo conjunto de todos a quienes nos indigne la situación actual del país».

La declaración termina exhortando a votar por la alianza de las cuatro fuerzas y por sus candidatos.

Magdalena
El Movimiento Mayorías Liberales, dirigido por el senador Edgardo Vives Campo, y el comité regional del MOIR decidieron, después de un amplio intercambio de puntos de vista, pactar una alianza para los comicios del 9 de marzo. La declaración conjunta anota: «A pesar de sus demagógicos pronunciamientos, Belisario Betancur terminó por aceptar las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, en detrimento de la economía del país. Además resolvió aumentar las ventajas para la inversión del capital monopolista extranjero que saquea la riqueza de Colombia».
En cuanto al problema de la paz el comunicado indica: “Al amparo de la llamada política de paz del actual gobierno, de ha producido un recrudecimiento de la violencia en todo el territorio nacional. La extorsión, el boleteo, el secuestro y el asesinato político se han vuelto, en los tres años de régimen belisarista, prácticas comunes para dirimir la controversia política”.

Para concluir, la declaración formula un «llamado a toda la población del Departamento para conformar el más amplio frente» en torno a los cuatros puntos unitarios que ha venido proclamando el MOIR. Firman, por Mayorías Liberales, Edgardo Vives Campo, Enrique Caballero Aduen y Oscar Piscioty; por el MOIR, Uriel Ramírez, Anselmo Ahumada y Raúl Horacio Mesías.

Quindío
Amplios acuerdos fueron logrados en este departamento para inscribir listas conjuntas a nombre de Alianza Democrática del Quindío. Jaime Peralta, fundador y dirigente de Integración Liberal, encabezará la Cámara; Enrique Gómez Restrepo, del Liberalismo Independiente, será cabeza de Asamblea. Además, participan en la alianza el dirigente sindical Gabriel Sánchez, presidente de la Federación Departamental de la CGT y César Augusto López, de la Democracia Cristiana.

En Sevilla y Caicedonia diversos sectores inscribieron listas unitarias para Concejo, bajo el nombre de Solidaridad Cafetera.

Norte de Santander
Bajo la consigna de «¡No más Belisarios!», el Movimiento de Renovación Liberal y el Movimiento de Integración Liberal, que orientan, respectivamente, Jorge Cristo Sahium y Carlos Celis Carrillo, suscribieron con el MOIR una declaración pública, que lleva las firmas de los dos líderes liberales y de Rafael Espinel por el MOIR y que señala, luego de reafirmar el apoyo a los puntos arriba indicados, que la lucha por evitar que se repita la tragedia que para la Nación ha significado el régimen de Betancur es una «expresión que se escucha en todos los rincones del país». 1

Las listas están encabezadas por los candidatos al Senado, Jorge Cristo Sahium y Gabyno Hernández, y en ellas figuran los compañeros del MOIR Rafael Espinel y Gustavo Salazar.

Tolima
«No obstante la largueza presidencial…los alzados en armas reafirmaron su táctica foquista al tiempo que se entronizó en el campo y la ciudad la práctica del secuestro, el chantaje y el asesinato», afirma la declaración pública suscrita por el comité regional del MOIR, el Movimiento Cívico Popular y el candidato a la Asamblea por el sector liberal que orienta el senador Alberto Santofimio Botero. El comunicado agrega que «la coacción y la violencia están desplazando el debate ideológico y la confrontación de tesis, convirtiéndose en los métodos predilectos para acallar a los contradictores políticos. Por su parte, las sucesivas firmas de la tregua condujeron al fenómeno insólito de la legalización del proselitismo armado».

Más adelante se lee: «Paradójicamente, mientras más propaganda se hacía de las ‘reformas sociales’, la producción nacional se sumía en una de sus peores crisis; mayores y más abyectas concesiones se hicieron al Fondo Monetario Internacional en contra del bienestar del pueblo y el progreso de la Nación (…) A todo esto hay que agregar el peligro que representa para nuestra soberanía el expansionismo soviético-cubano, que pretende canalizar el descontento popular para ponerlo a su servicio, como sucediera en Nicaragua, y para lo cual cuenta en Colombia con la corriente prosoviética que encabeza el partido comunista».

Tanto el MOIR representado por Julio Enríquez y Miguel Gordillo, como el Movimiento Cívico Popular, encabezado por Hernando Álvarez Urueña, decidieron respaldar la candidatura a la asamblea de Jaime Moreno, dirigente liberal santofimista y presidente del Sindicato de Maestros del Tolima.

Palabras de Santofimio Botero
Al responder y agradecer el respaldo que el MOIR, por intermedio de Miguel Gordillo, dio a las listas de su movimiento, el senador liberal, Alberto Santofimio expresó: «No son alianzas punibles, no son acomodos simplemente electorales lo que aquí ha tenido virtud. Es la coincidencia de sectores democráticos que coinciden en los principios de mantener a Colombia como una patria libre, de defender y preservar nuestra soberanía, de rechazar con la misma profundidad al imperialismo norteamericano y a las posibilidades expansionistas del imperialismo soviético. Coincidimos en nuestro grito de batalla: ¡Colombia no aguanta más Belisarios, ni el país se lo resiste!» Más adelante afirmó: «Colombia no puede ser Cuba, bajo la férula totalitaria de un hombre que le vendió a la ideología y al poder soviéticos el esplendor de una revolución nacionalista»

Bolívar
El Movimiento de Convergencia Liberal, que orienta el representante a la Cámara, David Turbay Turbay, y el MOIR llegaron a un acuerdo de carácter regional para integrar listas conjuntas a corporaciones públicas. En una carta dirigida al comité regional de nuestro Partido en Bolívar, David Turbay expresa que «resulta tonificante que una agrupación como la que ustedes representan, que propende la reivindicación de las esperanzas conculcadas de nuestro pueblo y el ejercicio de una auténtica soberanía nacional, que demanda el fortalecimiento de la producción colombiana, que rechaza las conductas políticas delincuenciales desfiguradas del acontecer eleccionario en la República, haya encontrado saludable la conjunción de nuestras fuerzas para el logro victorioso de nuestras metas, no obstante animarnos concepciones ideológicas y políticas disímiles que convergen en nuestra indeclinable voluntad de trabajar en favor de los reses de la Nación».

El mensaje finaliza afirmando que «sobre esos principios de defensa de la paz, del estado de derecho, del rechazo a los expansionismos de todos los pelambres y de defensa de un ejercicio libérrimo de la política ajeno a las coacciones desfigurantes de la voluntad de nuestros conciudadanos, el Movimiento de Convergencia Liberal acepta los basamentos de nuestro acuerdo».

Atlántico
El 29 de enero, en una carta dirigida al comité regional del MOIR en Atlántico, el parlamentario Emilio Lébolo Castellanos, dirigente del movimiento Acción Liberal Popular, dio a conocer su conformidad con la alianza propuesta por nuestro Partido para los comicios de marzo. «Resalta dentro de los planteamientos de ustedes», afirma Lébolo Castellanos en su comunicación, «la obvia defensa de la actividad productiva, afectada por el sistemático planeamiento y ejecución de actos terroristas tales como el secuestro, el asesinato de líderes políticos y gremiales, que es expresión de una alienada mentalidad política y tortuoso reflejo del totalitarismo que se promueve desde el exterior». Más adelante la misiva indica: «Las anteriores consideraciones y también las atinentes para tomar una posición frente a las insoportables o inadmisibles presiones del Fondo Monetario Internacional y de las multinacionales petroleras, nos llevan a la urgencia de concertar y ejecutar alianzas progresistas y democráticas entre quienes, como el MOIR y Acción Liberal Popular, tenemos por irrevocable nuestra vocación por la libertad y por los auténticos postulados nacionalistas y estamos por ello llamados a promover la redención nacional. Con este criterio aceptamos la invitación para unir esfuerzos y para desarrollar unas alianzas políticas en lo nacional, departamental y municipal, dentro de los cuatro postulados básicos que el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario ha expresado por la prensa nacional».

Santander
EL MOIR de Santander respaldó las listas del Directorio Liberal Popular que encabezan José Manuel Arias Carrizosa y Norberto Morales Ballesteros.
En carta enviada a Gildardo Jiménez, secretario regional del MOIR, el senador Arias Carrizosa expresó: «Recibí de usted una importante comunicación en la que formula consideraciones de orden político e ideológico que no sólo comparto plenamente sino que he defendido como tesis fundamental del pensamiento liberal, tanto en el Senado de la República como en la plaza pública». Más adelante agregó: «Puedo darles la seguridad de que la conjugación de voluntades y esfuerzos en torno a los postulados democráticos, en momentos de tanta crisis como la que vive el país en todos los órdenes, es buena para Colombia y garantiza el logro de nuestros comunes propósitos».

ENCUENTRO GREMIAL Y CÍVICO EN MAGANGUÉ

Un rotundo rechazo a la presencia de grupos alzados en armas y a sus métodos coercitivos, así como el reclamo por el abandono a que está sometida la región aun en materias tan vitales como salud, educación, comunicaciones, etc., fueron las principales conclusiones del 1 Encuentro Gremial y Cívico Prodefensa del Sur de Bolívar, Sucre y Magdalena. Este evento se realizó por iniciativa del Comité Cívico Prodesarrollo de Magangué, Ciprodemag, durante los días 17 y 18 de agosto del año pasado, en las instalaciones del Colegio Diocesano de Magangué. Participaron más de 250 delegados en representación de los gremios y de gran cantidad de organizaciones cívicas y campesinas de los municipios de esta rica comarca.

En la declaración final del I Encuentro se afirma:

«Dotada de ingentes recursos naturales y habitada por una numerosa y laboriosa población, la región está sumida, sin embargo, en una profunda crisis, tal vez la peor de su historia, tal y como la constataron las ponencias presentadas, y, que según demostraron, se debe primordialmente al abandono por parte del Estado y sus institutos. Ello está afectando en primer lugar, al sector agropecuario y, lógicamente, al comercio y el transporte relacionados con él, así como a actividades tales como la minería, la pesca y otras. De ello se desprende como secuela, el desempleo y condiciones de vida miserables para gran parte de la población.

«Además, crece la inseguridad, por la presencia de grupos alzados en armas y el aparecimiento del secuestro, la extorsión y asesinatos de ganaderos y campesinos, y por la intensificación de la delincuencia común, todo lo cual ha permitido que en la región se enseñoreen métodos violentos y de intimidación que perjudican seriamente la economía y el desarrollo general, por lo cual, se exige del alto gobierno atacar de raíz este problema, exigir el desarme de los grupos armados, de forma que se garantice la vida, bienes y honra de los ciudadanos, y la población pueda expresarse libremente y profesar el culto ó ideología política que les sean de su simpatía».

El éxito alcanzado motivó ampliamente a los asistentes para iniciar, desde ya, la preparación del Segundo Encuentro, que deberá realizarse en agosto de 1986, y el cual tendrá como meta principal constituir una organización gremial y cívica que represente a toda la zona en la lucha por la solución de los graves problemas que la aquejan.

EXTENSA GIRA DE MARCELO TORRES

Desde el viernes 31 de enero empezó Marcelo Torres la gira política por el país. Ese día el dirigente nacional del MOIR se hizo presente en la plaza de Bolívar de Pereira. El sábado l° de febrero en Armenia y Calarcá, en el Quindío, y el domingo 2 intervino en Chinchiná, en compañía de Oscar Gutiérrez. En la semana del 3 al 9 de febrero la programación cobijó a Manizales, Neiva, Ibagué y Pasto, ciudades donde estuvo acompañado por los dirigentes regionales Gonzalo Arango, Carlos Tovar, Miguel Gordillo y Orlando Patiño, respectivamente. El miércoles 12 visitó a Barrancabermeja y el 14 estuvo en Cali. El 16 pasó a la intendencia de Arauca y realizó actos públicos en Saravena y Tame, y reuniones privadas en la capital intendencia]. En unos y en otras se hizo presente el dirigente regional Juan Simón Rico.

El 18 y 19 el compañero Marcelo Torres presidió manifestaciones en Florencia y Villavicencio.
Posteriormente, Marcelo Torres iniciará la parte final de su recorrido, realizando manifestaciones en Barranquilla, El Banco, Cartagena, Magangué, Sincelejo, Valledupar, Montería, Medellín, La Dorada, y culminará en Bucaramanga, el 1° de marzo, último día de campaña.

PROTESTA DE FENALCE

El domingo 16 de febrero, en El Tiempo, la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, publicó un comunicado del cual presentamos un resumen, pues creemos que es una evidencia de la difícil situación que vive el país. Fenalce responde al interrogante «¿Por qué están inconformes los agricultores colombianos?», de la siguiente manera:

1.- «Porque el Estado viene gravando cada día más su actividad», por los altísimos precios en la maquinaria agrícola, los reavalúos exorbitantes a los precios rurales y la aplicación de nuevos y más altos impuestos.

2.- «Porque se sigue discriminando en contra de los agricultores», «Porque el gobierno le decrete aumento a la tasa de interés del crédito agropecuario». «Porque mientras se refinancian otros sectores económicos y el propio Estado, al campo se le mantiene en el olvido». Porque se deja a los productores rurales en manos de los intermediarios.

3.- «Porque el Banco Mundial, con sus imposiciones, pretende hipotecar nuestro desarrollo». «Porque a la desprotección, desesperanza y discriminación que sienten los agricultores se suman las exigencias del Banco Mundial… que pretende abrir camino a la indiscriminada importación de alimentos… presiona el desmonte del crédito de fomento, para encarecer aún más los costos de producción y permitir así la dañina y desleal competencia de la producción extranjera».

4.- «Porque nuestras solicitudes y clamores no tienen eco ni en el Gobierno ni en el Parlamento». «No se responde a la solicitud de establecer una política agropecuaria coherente, decidida y estable que incentive la inversión agrícola, que la haga rentable, segura y grata». Porque «a la equivocada política agropecuaria se suman la inseguridad, el boleteo, el secuestro, la extorsión, y el chantaje», que tan graves consecuencias traen para el sector rural.

SALUDAMOS LA FUNDACIÓN DE LA UNIÓN CAFETERA

El 25 de junio de 1985 nació la Unión Cafetera Colombiana. En el teatro Ocho de Junio de la Universidad de Caldas, en Manizales, se reunieron más de 900 delegados de las regiones campesinas de Caldas, Risaralda, Quindío, Antioquia, Valle, Cauca, Cesar, Tolima, Huila, Cundinamarca, Boyacá y de las laderas del Magdalena Medio. Cumplieron así la cita que, en decenas de encuentros en veredas y municipios de las tres cordilleras, se habían puesto para iniciar la gran tarea de dotar a los caficultores de Colombia de una auténtica organización gremial: amplia, para que agrupe a todos los sectores productores del grano y no solamente a los más pudientes; democrática, para que sean los cafeteros regados a lo largo y ancho del país, sin discriminaciones políticas, religiosas, raciales o económicas, los que puedan intervenir y decidir en la marcha de su organización y no una pequeña rosca de altos burócratas doblegados a las decisiones y presiones del gobierno y de los monopolios nacionales e internacionales del grano; e independiente, para que su fortaleza radique en el apoyo y la identidad de objetivos de los centenares de miles de caficultores y no en las migajas, prebendas o bendiciones de los mandatarios de turno y de la Federación, culpables fundamentales del atraso, la miseria y la inestabilidad de la gran mayoría de los productores.

Con vivo interés, los asistentes al 1er. Congreso de la Unión Cafetera Colombiana escucharon el informe del Comité Nacional Preparatorio del evento; recibieron el saludo fraternal y solidario de Hernán Pérez Zapata (Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos), Jesús Bernal (Comité Nacional de Solidaridad Sindical), Mario Robledo (Aprocafé, suroeste antioqueño), Francisco Gutiérrez (Sintracreditario), y de los dirigentes cafeteros Enrique Gómez Restrepo (Quindío), Alberto Ospina (Risaralda), Milton Reyes (Tolima), Mario Cardona (Caldas), Francisco Montoya (Antioquia), Aurelio González (Valle) e Ismael Cobo (Cesar); aprobaron por unanimidad los estatutos, el programa general y la plataforma de lucha que habían sido estudiados en reuniones previas y en una de las sesiones del Congreso; condenaron las políticas impuestas por el gobierno y por la Federación Nacional; agitaron la consigna «La Federación debe pagar todo el control de la roya»; aclamaron las proposiciones de rechazo del secuestro, la extorsión, el boleteo y en general los nocivos y abominables métodos del terrorismo en todas sus manifestaciones; respaldaron y se comprometieron a financiar la naciente organización con su propio esfuerzo.

El Congreso eligió por unanimidad los organismos de dirección de la Unión Cafetera Colombiana, los cuales quedaron integrados así: presidente, Fernel Amaya; vicepresidente, Jaime Beltrán; revisor fiscal, Mario Velásquez; secretario, Leonidas Londoño; tesorero, Norberto Llanos; asuntos gremiales, Gerardo Duque; asuntos técnicos, Julio R. Prada; comunicaciones, Alberto Ospina; organización, Aldemar García; vocales, rubio Correa, José Aguirre, Edgar Grajales, Antonio Guevara, Hugo Loaiza, Francisco Montoya y Hernando Ospina; coordinador nacional Jorge E. Robledo, y secretario ejecutivo nacional, Carlos Naranjo Ossa.

Mención especial merecen el discurso de inauguración pronunciado por Jorge E. Robledo de la Unión Cafetera de Caldas y las intervenciones de Fabio Trujillo Agudelo y Fernando Londoño y Londoño. Jorge Robledo, a nombre del Comité Nacional Preparatorio, presentó un amplio informe de actividades y explicó pormenorizadamente los fundamentos y la importancia de la Unión Cafetera pues, tal como lo expresó, «el único sector de la economía colombiana que carece de una organización gremial que lo represente y defienda es el de los caficultores, porque el llamado gremio cafetero, la Federación, no constituye otra cosa que un enorme pulpo financiero que vive y se lucra de permutar con todos los gobiernos el privilegio de recolectar y administrar impuestos a cambio de su silencio cómplice frente a la política gubernamental en contra de los intereses de los productores».

Fabio Trujillo Agudelo, ex gobernador de Caldas y conocido productor, a nombre de Aprocafé, ofreció «un cordialísimo saludo, con la más viva esperanza de que esto va a ser en verdad para bien de todos los cafeteros colombianos, sin distingos de ninguna naturaleza, clase o condición. Que aquí no se hará política, como no sea una política de verdadera defensa de los productores cafeteros, del mejoramiento de su condición social, del manejo de la estructura misma de la tenencia de la tierra, de políticas gremiales acertadas y consecuentes con la dura situación que está padeciendo, sin excepción, gremio cafetero del país».

Fernando Londoño y Londoño, exministro de Estado y reconocido dirigente cafetero nacional, en su discurso de clausura del Congreso, señaló: » ese desfile que vi de los líderes cargados de fundamentar la institución que hoy nace me dio la impresión de estar viendo grupo de patricios del campo… Es la impresión que he tenido de los líderes que habéis escogido. La impresión que tengo vuestras intenciones es la más elevada. El éxito que habeís logrado en este multitudinario concurso de nuestros intereses honra vuestros sentimientos honra nuestra estirpe y enaltece a Colombia».

BANANEROS DE URABÁ REPUDIAN EL TERRORISMO

Un vendaval de vandalismo azota desde hace más de un año la zona bananera de Urabá. De manera indiscriminada han sido asesinados, secuestrados o amenazados tanto empresarios como trabajadores. El imperio del terror que allí se desató ha llegado hasta los extremos de revivir prácticas anarquistas como la de atentar contra los medios de producción. Por ejemplo, los cables en los que se transporta el banano han sido destruidos, los camiones de los cultivadores incendiados, las cajas de cartón para empacar la fruta destrozadas. Toda esta barbarie arroja pérdidas por millones de pesos y ha empeorado la nada fácil tarea de los productores. La situación de los bananeros se había venido complicando por los vaivenes de los precios en el mercado internacional y por la extraña aparición del hongo de la sigatoca negra en pleno centro de la región. De otra parte, el gobierno de Belisario Betancur ha enredado aún más las cosas. «Belisario envileció por completo el salario de los obreros, atemorizó a la clase empresarial y, si vamos a hablar de paz, todos sabemos sus resultados y lo grave de la actual situación», declaró para Tribuna Roja el dirigente gremial Luis Enrique Gutiérrez. Otro empresario bananero, Enrique Molinares, opinó: «La política del presidente está diseñada para conciliar con los grupos alzados en armas. En Urabá se nota que las guerrillas cuentan con un espacio para moverse, lo que están aprovechando, y detrás se adivina la presencia del régimen». César Yepes, concejal de Chigorodó, complementó: «El país marcha hacia atrás. No se aprecian avances ni en la industria, ni para los obreros. El caos es total y no se vislumbra un buen futuro. En Urabá, por ejemplo, las toleradas manifestaciones de anarquismo le producen daño a la región, a los empresarios y a los obreros. Inutilizar los cables lleva a que el productor se vea obligado a asumir un costo que no figuraba en sus planes. Y así los incrementos o los subsidios que había proyectado para los jornaleros se hacen casi imposibles de llevar a la práctica. A la larga los obreros y el pueblo resultan pagando los platos rotos».

De otro lado, Jorge Hernán Pineda, gerente de Augura, expresó: «Desde finales de 1984 coincidió la aparición de un sector sindical muy beligerante, sin mucho piso jurídico, con una serie de actos terroristas y vandálicos. A pesar de hechos como la destrucción de los cables, nosotros accedimos a las sugerencias de los voceros del gobierno para que negociáramos los pliegos de peticiones. Ya firmamos varias convenciones colectivas. Sin embargo, las manifestaciones de violencia no cesan. Nosotros deseamos que las autoridades, sobre todo las centrales, intervengan y regulen con seriedad las relaciones obrero-patronales. Así como los cultivadores deben aceptar que los recolectores estén organizados sindicalmente, los líderes de los trabajadores tienen que responsabilizarse de que sus sindicatos no sean utilizados, ya sea por grupos de extrema derecha como de extrema izquierda».

Finalmente, Oscar Ochoa Espinal, vicepresidente de Augura, dijo: «Contra estas manifestaciones de violencia ha protestado todo el mundo, no sólo los inversionistas sino también los asalariados. A nadie le puede parecer justo que se prive de la vida a capataces y compañeros, administradores o dueños».

LA SAC RECHAZA IMPOSICIONES DEL BANCO MUNDIAL

Privatizar y liberar en un 80% la importación de alimentos y eliminar el crédito subsidiado para el sector agropecuario, son las imposiciones que aparecen en el documento que firmarán el Banco Mundial y el gobierno colombiano en próximos días. Todas ellas han sido rechazadas por la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, según consta en El Tiempo, del 18 de febrero de 1986.

LA SAC, en la parte final de su comunicado, señala: «en un acto de diligencia para cumplir con las exigencias del Fondo Monetario Internacional y de organismos multilaterales, la Junta Monetaria no sólo ha venido desmontando las fuentes de recursos del Fondo Financiero Agropecuario, sino que está eliminando las tasas de interés de fomento mediante un sistema confuso e incierto…

«No es claro por qué el gobierno tiene que hipotecar la política agraria a los organismos internacionales, como se puede constatar en los Acuerdos de Préstamos con el Banco Mundial, que supuestamente deben aportar al sector agrícola en materia de importaciones de bienes de capital e insumos de inversión pública.¿Cómo puede el gobierno aceptar tan curiosos argumentos y afirmar que para fortalecer al sector deben incrementarse las tasas de interés, establecer límites a los precios de los productos agropecuarios y aumentar las importaciones de alimentos?».

Declaración del MOIR: ¡NO MÁS BELISARIOS!

Pese a las tremendas desventajas que en la contienda electoral encaran las fuerzas revolucionarias colombianas, desde 1972 el MOIR de modo ininterrumpido viene participando en elecciones, valiéndose de ellas, especialmente, para difundir su ideario dentro de las amplias masas. Hoy, en las puertas de otros comicios, nos reafirmamos en la creencia de que el país jamás saldrá del caos y la postración sin hacer uso pleno de la autodeterminación nacional y arrancar de raíz las trabas viejas y nuevas que entorpecen su desarrollo. Pensamos además que quienes insistan en esta opción histórica avanzarán tras la única perspectiva cierta de victoria. A la postre la constancia en una posición erguida, sobre todo si se interpreta la realidad, pesa más que seis millones de sufragios.
Justamente el próximo 7 de agosto culmina uno de los tantos ensayos que se han puesto en práctica en Colombia, el del «sí se puede», inaugurado con euforia sólo comparable al estruendo de su fracaso. Su lánguida misión se redujo a ahondar la crisis heredada. Empezó reprendiendo a los banqueros que abusaban de la clientela, para terminar obligando al pueblo a enjugar las insolvencias del sistema financiero mediante generosas y multimillonarias subvenciones estatales. Ascendió al mando con la solemne promesa de no promover más impuestos, y superó el desenfreno fiscalista de sus antecesores, apoderándose incluso de gravámenes futuros. No obstante la recesión y la escasez de demanda por falta de capacidad de compra de los trabajadores, como lo señalara la Andi en el momento oportuno, la inflación prosiguió y los precios no detuvieron su trepada, entre varios factores a causa de que el agónico régimen ha emitido no se sabe cuántos cientos de miles de millones de pesos, con destino al presupuesto, a los institutos en quiebra, o dirigidos a oxigenar los asfixiados proyectos oficiales, impidiendo con ello la esperada recuperación en el ciclo económico, golpeando las actividades productivas y acentuando la penuria de las clases laboriosas.

No se pactó con el Fondo Monetario Internacional, pero, conforme al estilo belisarista, se le aceptó voluntariamente la totalidad de sus calamitosas imposiciones de restricción y control, junto a la vergüenza de una monitoría foránea encargada de velar en suelo colombiano por la aplicación de las estrictas medidas. Y eso que el señor Betancur, en los primeros días de su mandato, sorprendió a los electores con el cumplimiento de la única oferta que no les hizo: la de afiliarse a los Países No Alineados. Decisión que pronto adquiriría su verdadero alcance; se trataba de un acercamiento a las naciones prosoviéticas, cual preámbulo y requisito básico de su campaña pacificadora de adentro y afuera. De esta suerte Colombia, en un amén y merced a su mandatario, se vio abogando a favor de los tejemanejes expansionistas del imperio del Este sin que se redimiera de la explotación de los poderosos monopolios del Oeste.

Sobre el retroceso económico se erigieron las veleidades políticas. Dentro de los objetivos de maquillar su imagen y extender su prestigio, Belisario Betancur les batió el ramo de olivo a los alzados en armas, logró en el Parlamento la aprobación de la amnistía y más tarde del indulto, firmó el cese al fuego y luego la tregua, creó sendas comisiones de verificación y diálogo, tramitó en las Cámaras y sancionó reformas de «apertura democrática» como el estatuto de los partidos y la elección de alcaldes, designó para el Consejo Electoral a un vocero de la tendencia revisionista capitaneada por Vieira, y, al cabo de tantas idas y venidas, obtuvo las vibrantes proclamas insurreccionales de dos de los grupos guerrilleros comprometidos con la pacificación dialogada y la astuta solicitud de las Farc de suspender la concreción de los acuerdos definitivos hasta septiembre de 1986, valga decir, hasta la llegada de la otra administración. El fiasco completo. Porque los unos, después de los estímulos recibidos, volvieron a las andanzas extremoizquierdistas y los otros, simplemente optaron por continuar con la argucia de querer hacer trabajo legal con el fusil al hombro. Y todos convencidos por supuesto de que Colombia se halla, o en una situación de levantamiento revolucionario, o al borde de ella. El macabro desenlace de la toma del Palacio de Justicia no solamente marcó el cruento final del embeleco pacifista, sino que puso al descubierto los nexos existentes entre la paz belisariana de Colombia y las negociaciones en Centroamérica. Dentro de los escombros del edificio se encontraron armas de combate que según registro y número pertenecieron a la derrotada guardia de Somoza y al lote donado por Carter a los sandinistas a través de Venezuela. Ante las reclamaciones del canciller Ramírez Ocampo, cruzadas más para cubrir las apariencias que en salvaguardia de la integridad nacional, las autoridades de Managua no negaron anda; se atuvieron al alegato de que no podían responder ni por el armamento que les habían regalado, ni por el que ostentaba la satrapía depuesta. El gobierno de Betancur consideró satisfactorias las evasivas explicaciones y cerró el incidente con la misma frescura con que ha acogido las constantes demandas sobre San Andrés y Providencia hechas por parte del régimen nicaragüense. La determinación de supeditar la concordia interna al buen suceso del entendimiento externo condujo a inmiscuir alegremente el interés nacional en las transacciones y en la interpretación acomodaticia de los acontecimientos. Un callejón sin salida. Una estratagema inadmisible.

Los nicas, al igual que los demás pobladores del tercer mundo, tienen desde luego derecho al disfrute cabal de los privilegios de la soberanía. Pero cuando una nación pequeña y débil, principalmente después de la dolorosa experiencia arrojada por las invasiones de Afganistán, Kampuchea, Lao, Angola, Eritrea, etc., se transforma en peón y fortín de los agresores rusos, ya no habla por sí misma, así se llame Nicaragua o Cuba, y sus intrigas en la arena internacional deben ser por lo tanto rechazadas, no como actos independientes, sino como pretensiones encubiertas de la más grande y despiadada potencia militar de la época. En las actuales condiciones los países que en aras de la emancipación económica y política se pongan bajo el manto protector del socialimperialismo, lejos de coronar las patrióticas metas, verán rápidamente sus propios territorios convertidos en escenario de la batalla campal por el reparto del globo. Por eso el conflicto centroamericano de manera inexorable tiende a recrudecerse por encima de las febriles diligencias de Contadora. Colombia, por su lado, ha de esforzarse hasta el último minuto para huir de tan triste destino.

En cuanto a las inquietudes relativas a la urgencia de instaurar una atmósfera de paz dentro del país, tenemos que manifestar tajantemente que nunca atravesamos el menor impedimento en contra de este sentido anhelo. Asumimos una benigna espera hacia las fatigosas discusiones en torno al asunto, confiando en que el proceso, de una parte, no le daría piso a la demagogia belisarista, y de la otra, desembocaría en el robustecimiento de una táctica revolucionaria correcta que prescinda del foquismo, la extorsión, el secuestro y del resto de métodos anarquistas o delictivos. No obstante, los resultados no pueden ser más deprimentes. En lugar de disminuir, la violencia se enseñorea a todo lo largo y ancho de la geografía patria. A diario los periódicos dan cuenta de enfrentamientos o de horribles matanzas. Oscuras modalidades como el atentado personal adquieren categoría entre las distintas formas permisibles de lucha. Ganaderos, empresarios agrícolas, campesinos ricos y hasta medianos se quejan de que son frecuentemente víctimas del esquilmo de las agrupaciones guerrilleras, y éstas no cejan en denunciar que la fuerza pública o las organizaciones paramilitares torturan y desaparecen de continuo a sus militantes.

En otras palabras, la «paz» ha activado la «guerra». Y el gobierno, principal responsable del holocausto, que ha regido también con las consabidas normas de excepción del estado de sitio e inició su período anunciando que no se derramaría «una sola gota más de sangre colombiana», se consuela con que el «noventa por ciento» de los insurrectos sigue todavía fiel a los armisticios concertados. Se refiere a las Farc, a las cuales ha complacido con la prolongación indefinida de la tregua, permitiéndoles así una prerrogativa insólita: la de participar en la contienda electoral sin que desmonten uno solo de sus veintitantos frentes. La graciosa concesión obviamente la han utilizado los comandantes de La Uribe para llevar sus escuadras a sitios nuevos e intimidar a sus contrincantes, como en el caso de San Pablo, al sur de Bolívar, en donde dieron muerte a Luis Eduardo Rolón, dirigente del MOIR, con el exclusivo propósito de desalojarnos a sangre y fuego de una región a la que estamos vinculados hace más de diez años. En otras zonas nos ha ocurrido algo semejante. El extraño fenómeno de tolerancia obedece a que el Presidente afronta el dilema de acceder a las exigencias del único bastión que se mantiene de modo formal dentro de los acuerdos, o admitir abiertamente el rotundo desplome de sus planes de apaciguamiento.

Los criterios anteriores los comparten muchos dirigentes gremiales y políticos que apoyaron sinceramente la «paz», un experimento que, tras absorber la opinión por casi cinco años, ahora desencanta inclusive a sus mismos protagonistas. Sea como fuere, las consecuencias del fallido intento se harán sentir en la vida de la nación durante largo tiempo. La verdad es que los bárbaros episodios que han ensombrecido el panorama proliferan por doquier y en sus peores manifestaciones; las vertientes extremoizquierdistas no desisten del empeño de conmover la población con sus operaciones descabelladas, y los partidos inermes, sometidos a la amenaza de quienes adelantan el proselitismo armado con el beneplácito del Ejecutivo, al ver alteradas gravemente en contra suya las reglas democráticas, comienzan a plantear y a plantearse los problemas de la supervivencia como una cuestión inaplazable.

Debido a todo este desbarajuste económico y político que nos agobia, el MOIR formula un llamamiento a los distintos contingentes y personas preocupados por el porvenir del país a fin de que nos aglutinemos alrededor de los siguientes puntos:

1) Defensa de la actividad productiva de Colombia frente a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y a los desmanes de los grandes consorcios extranjeros;

2) apuntalamiento de la autodeterminación nacional en el trato con los Estados Unidos y demás metrópolis occidentales, pero particularmente ante las acechanzas del expansionismo soviético;

3) rechazo a los propósitos de introducir la coacción, el terrorismo o el asesinato como herramientas de las lides partidistas, y

4) debida atención a los justos requerimientos de las masas trabajadoras y del pueblo en procura de libertades públicas efectivas y mejores condiciones de existencia.

Sobra añadir que a la nación y a las colectividades democráticas les interesa vivamente sacar adelante los cuatro postulados transcritos. Las conquistas en cada uno de tan vitales campos serán pasos firmes hacia la salvación de Colombia. Y como a la revolución le conviene, más que a nadie, la integridad del país, la defensa de la producción nacional, la proscripción del terror en el debate político y el mejorestar del pueblo, hemos expuesto nuestras propuestas, unitarias a los representantes de los gremios y a diversas personalidades públicas. Intercambiamos opiniones al respecto con Álvaro Gómez Hurtado, Álvaro Uribe Rueda, Gustavo Rodríguez, Fernando Landazábal Reyes, Jorge Mario Eastman, José Manuel Arias Carrizosa, Alberto Santofimio Botero, Hernando Santos Castillo, Fabio Echeverry Correa, Héctor Polanía Sánchez, Álvaro Valencia Tovar, Víctor Mosquera Chaux, Bernardo Guerra Serna, Hugo Escobar Siena, Alfonso López Caballero, Guillermo Plazas Alcid y Marino Rengifo Salcedo, entre otros. Nos proponemos profundizar las aproximaciones con quienes coincidan con nosotros en darle una orientación patriótica e imprimirle un sello civilizado a la acción política.

Entre el desconcierto reinante hay un elemento favorable. Arribamos al final de una Presidencia que habiendo hecho votos de moralización pasará a la historia más por las fiestas de sus alcaldes que por cualquier otra de sus tragicómicas gestiones. Aprovechemos la coyuntura y repitamos con las gentes del común: ¡No más Belisarios!

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)

IRREPARABLES PÉRDIDAS SUFRE EL MOIR

Durante 1985 las filas del MOIR sufrieron pérdidas irreparables. Como lo denunció en su debida oportunidad el Comité Ejecutivo Central de nuestro Partido, el 30 de junio del año pasado, en una cobarde emboscada organizada por un frente de las Farc, pereció vilmente asesinado en el corregimiento de Monterrey, al sur de Bolívar, el compañero Luis Eduardo Rolón, miembro de la dirección regional del MOIR en el departamento de Santander y uno de los cuadros más respetados y queridos por toda la militancia. Luis Eduardo se había vinculado desde hacía más de diez años al movimiento campesino de la región donde perdió la vida. Durante su larga militancia combatió con valor, serenidad y lucidez al lado del pueblo, cuyos intereses y necesidades había hecho suyos.

Unos pocos días antes, el 26 de junio de 1985, en un alevoso atentado que hasta hoy ha sido imposible esclarecer, había caído asesinado en las calles de Valledupar el camarada Saulo de la Cruz, fiscal de la Asociación de Educadores del Cesar. Saulo se distinguió durante muchos años como dirigente popular de El Copey, y allí participó junto a las masas en numerosas batallas cívicas de los barrios pobres de la localidad.

Pero el año pasado nos depararía aún mayores tragedias. A raíz de la catástrofe de Armero y Chinchiná, en la que perecieron más de veinticinco mil colombianos a causa de la negligencia criminal del gobierno, la furia del volcán Arenas nos arrebató a los compañeros Alfonso Calderón, Sandra White, Luis Eduardo Fuentes, Carmenza Piñeros, Flor Moreno, Luis Gil, Jaime Lozano, Jairo Ramírez, José Jesús Bermúdez y Albeiro Montes. Alfonso Calderón había sido activista estudiantil de la Universidad de Antioquia y posteriormente contribuyó al desarrollo y consolidación del Bloque Sindical Independiente de ese departamento. En el momento de su muerte, se desempeñaba como secretario regional del MOIR en el Magdalena Medio.

Sandra White, Luis Eduardo Fuentes y Carmenza Piñeros formaban parte del organismo de dirección de nuestro Partido en esa zona. Los demás compañeros eran militantes destacados, con estrechos vínculos entre las masas.

La memoria de los camaradas caídos y el ejemplo de su abnegación en el trabajo revolucionario serán nuestro mejor aliciente para continuar en la brega por construir una Colombia libre, independiente y democrática.