Declaración del MOIR: ¡NO MÁS BELISARIOS!

Pese a las tremendas desventajas que en la contienda electoral encaran las fuerzas revolucionarias colombianas, desde 1972 el MOIR de modo ininterrumpido viene participando en elecciones, valiéndose de ellas, especialmente, para difundir su ideario dentro de las amplias masas. Hoy, en las puertas de otros comicios, nos reafirmamos en la creencia de que el país jamás saldrá del caos y la postración sin hacer uso pleno de la autodeterminación nacional y arrancar de raíz las trabas viejas y nuevas que entorpecen su desarrollo. Pensamos además que quienes insistan en esta opción histórica avanzarán tras la única perspectiva cierta de victoria. A la postre la constancia en una posición erguida, sobre todo si se interpreta la realidad, pesa más que seis millones de sufragios.
Justamente el próximo 7 de agosto culmina uno de los tantos ensayos que se han puesto en práctica en Colombia, el del “sí se puede”, inaugurado con euforia sólo comparable al estruendo de su fracaso. Su lánguida misión se redujo a ahondar la crisis heredada. Empezó reprendiendo a los banqueros que abusaban de la clientela, para terminar obligando al pueblo a enjugar las insolvencias del sistema financiero mediante generosas y multimillonarias subvenciones estatales. Ascendió al mando con la solemne promesa de no promover más impuestos, y superó el desenfreno fiscalista de sus antecesores, apoderándose incluso de gravámenes futuros. No obstante la recesión y la escasez de demanda por falta de capacidad de compra de los trabajadores, como lo señalara la Andi en el momento oportuno, la inflación prosiguió y los precios no detuvieron su trepada, entre varios factores a causa de que el agónico régimen ha emitido no se sabe cuántos cientos de miles de millones de pesos, con destino al presupuesto, a los institutos en quiebra, o dirigidos a oxigenar los asfixiados proyectos oficiales, impidiendo con ello la esperada recuperación en el ciclo económico, golpeando las actividades productivas y acentuando la penuria de las clases laboriosas.

No se pactó con el Fondo Monetario Internacional, pero, conforme al estilo belisarista, se le aceptó voluntariamente la totalidad de sus calamitosas imposiciones de restricción y control, junto a la vergüenza de una monitoría foránea encargada de velar en suelo colombiano por la aplicación de las estrictas medidas. Y eso que el señor Betancur, en los primeros días de su mandato, sorprendió a los electores con el cumplimiento de la única oferta que no les hizo: la de afiliarse a los Países No Alineados. Decisión que pronto adquiriría su verdadero alcance; se trataba de un acercamiento a las naciones prosoviéticas, cual preámbulo y requisito básico de su campaña pacificadora de adentro y afuera. De esta suerte Colombia, en un amén y merced a su mandatario, se vio abogando a favor de los tejemanejes expansionistas del imperio del Este sin que se redimiera de la explotación de los poderosos monopolios del Oeste.

Sobre el retroceso económico se erigieron las veleidades políticas. Dentro de los objetivos de maquillar su imagen y extender su prestigio, Belisario Betancur les batió el ramo de olivo a los alzados en armas, logró en el Parlamento la aprobación de la amnistía y más tarde del indulto, firmó el cese al fuego y luego la tregua, creó sendas comisiones de verificación y diálogo, tramitó en las Cámaras y sancionó reformas de “apertura democrática” como el estatuto de los partidos y la elección de alcaldes, designó para el Consejo Electoral a un vocero de la tendencia revisionista capitaneada por Vieira, y, al cabo de tantas idas y venidas, obtuvo las vibrantes proclamas insurreccionales de dos de los grupos guerrilleros comprometidos con la pacificación dialogada y la astuta solicitud de las Farc de suspender la concreción de los acuerdos definitivos hasta septiembre de 1986, valga decir, hasta la llegada de la otra administración. El fiasco completo. Porque los unos, después de los estímulos recibidos, volvieron a las andanzas extremoizquierdistas y los otros, simplemente optaron por continuar con la argucia de querer hacer trabajo legal con el fusil al hombro. Y todos convencidos por supuesto de que Colombia se halla, o en una situación de levantamiento revolucionario, o al borde de ella. El macabro desenlace de la toma del Palacio de Justicia no solamente marcó el cruento final del embeleco pacifista, sino que puso al descubierto los nexos existentes entre la paz belisariana de Colombia y las negociaciones en Centroamérica. Dentro de los escombros del edificio se encontraron armas de combate que según registro y número pertenecieron a la derrotada guardia de Somoza y al lote donado por Carter a los sandinistas a través de Venezuela. Ante las reclamaciones del canciller Ramírez Ocampo, cruzadas más para cubrir las apariencias que en salvaguardia de la integridad nacional, las autoridades de Managua no negaron anda; se atuvieron al alegato de que no podían responder ni por el armamento que les habían regalado, ni por el que ostentaba la satrapía depuesta. El gobierno de Betancur consideró satisfactorias las evasivas explicaciones y cerró el incidente con la misma frescura con que ha acogido las constantes demandas sobre San Andrés y Providencia hechas por parte del régimen nicaragüense. La determinación de supeditar la concordia interna al buen suceso del entendimiento externo condujo a inmiscuir alegremente el interés nacional en las transacciones y en la interpretación acomodaticia de los acontecimientos. Un callejón sin salida. Una estratagema inadmisible.

Los nicas, al igual que los demás pobladores del tercer mundo, tienen desde luego derecho al disfrute cabal de los privilegios de la soberanía. Pero cuando una nación pequeña y débil, principalmente después de la dolorosa experiencia arrojada por las invasiones de Afganistán, Kampuchea, Lao, Angola, Eritrea, etc., se transforma en peón y fortín de los agresores rusos, ya no habla por sí misma, así se llame Nicaragua o Cuba, y sus intrigas en la arena internacional deben ser por lo tanto rechazadas, no como actos independientes, sino como pretensiones encubiertas de la más grande y despiadada potencia militar de la época. En las actuales condiciones los países que en aras de la emancipación económica y política se pongan bajo el manto protector del socialimperialismo, lejos de coronar las patrióticas metas, verán rápidamente sus propios territorios convertidos en escenario de la batalla campal por el reparto del globo. Por eso el conflicto centroamericano de manera inexorable tiende a recrudecerse por encima de las febriles diligencias de Contadora. Colombia, por su lado, ha de esforzarse hasta el último minuto para huir de tan triste destino.

En cuanto a las inquietudes relativas a la urgencia de instaurar una atmósfera de paz dentro del país, tenemos que manifestar tajantemente que nunca atravesamos el menor impedimento en contra de este sentido anhelo. Asumimos una benigna espera hacia las fatigosas discusiones en torno al asunto, confiando en que el proceso, de una parte, no le daría piso a la demagogia belisarista, y de la otra, desembocaría en el robustecimiento de una táctica revolucionaria correcta que prescinda del foquismo, la extorsión, el secuestro y del resto de métodos anarquistas o delictivos. No obstante, los resultados no pueden ser más deprimentes. En lugar de disminuir, la violencia se enseñorea a todo lo largo y ancho de la geografía patria. A diario los periódicos dan cuenta de enfrentamientos o de horribles matanzas. Oscuras modalidades como el atentado personal adquieren categoría entre las distintas formas permisibles de lucha. Ganaderos, empresarios agrícolas, campesinos ricos y hasta medianos se quejan de que son frecuentemente víctimas del esquilmo de las agrupaciones guerrilleras, y éstas no cejan en denunciar que la fuerza pública o las organizaciones paramilitares torturan y desaparecen de continuo a sus militantes.

En otras palabras, la “paz” ha activado la “guerra”. Y el gobierno, principal responsable del holocausto, que ha regido también con las consabidas normas de excepción del estado de sitio e inició su período anunciando que no se derramaría “una sola gota más de sangre colombiana”, se consuela con que el “noventa por ciento” de los insurrectos sigue todavía fiel a los armisticios concertados. Se refiere a las Farc, a las cuales ha complacido con la prolongación indefinida de la tregua, permitiéndoles así una prerrogativa insólita: la de participar en la contienda electoral sin que desmonten uno solo de sus veintitantos frentes. La graciosa concesión obviamente la han utilizado los comandantes de La Uribe para llevar sus escuadras a sitios nuevos e intimidar a sus contrincantes, como en el caso de San Pablo, al sur de Bolívar, en donde dieron muerte a Luis Eduardo Rolón, dirigente del MOIR, con el exclusivo propósito de desalojarnos a sangre y fuego de una región a la que estamos vinculados hace más de diez años. En otras zonas nos ha ocurrido algo semejante. El extraño fenómeno de tolerancia obedece a que el Presidente afronta el dilema de acceder a las exigencias del único bastión que se mantiene de modo formal dentro de los acuerdos, o admitir abiertamente el rotundo desplome de sus planes de apaciguamiento.

Los criterios anteriores los comparten muchos dirigentes gremiales y políticos que apoyaron sinceramente la “paz”, un experimento que, tras absorber la opinión por casi cinco años, ahora desencanta inclusive a sus mismos protagonistas. Sea como fuere, las consecuencias del fallido intento se harán sentir en la vida de la nación durante largo tiempo. La verdad es que los bárbaros episodios que han ensombrecido el panorama proliferan por doquier y en sus peores manifestaciones; las vertientes extremoizquierdistas no desisten del empeño de conmover la población con sus operaciones descabelladas, y los partidos inermes, sometidos a la amenaza de quienes adelantan el proselitismo armado con el beneplácito del Ejecutivo, al ver alteradas gravemente en contra suya las reglas democráticas, comienzan a plantear y a plantearse los problemas de la supervivencia como una cuestión inaplazable.

Debido a todo este desbarajuste económico y político que nos agobia, el MOIR formula un llamamiento a los distintos contingentes y personas preocupados por el porvenir del país a fin de que nos aglutinemos alrededor de los siguientes puntos:

1) Defensa de la actividad productiva de Colombia frente a las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y a los desmanes de los grandes consorcios extranjeros;

2) apuntalamiento de la autodeterminación nacional en el trato con los Estados Unidos y demás metrópolis occidentales, pero particularmente ante las acechanzas del expansionismo soviético;

3) rechazo a los propósitos de introducir la coacción, el terrorismo o el asesinato como herramientas de las lides partidistas, y

4) debida atención a los justos requerimientos de las masas trabajadoras y del pueblo en procura de libertades públicas efectivas y mejores condiciones de existencia.

Sobra añadir que a la nación y a las colectividades democráticas les interesa vivamente sacar adelante los cuatro postulados transcritos. Las conquistas en cada uno de tan vitales campos serán pasos firmes hacia la salvación de Colombia. Y como a la revolución le conviene, más que a nadie, la integridad del país, la defensa de la producción nacional, la proscripción del terror en el debate político y el mejorestar del pueblo, hemos expuesto nuestras propuestas, unitarias a los representantes de los gremios y a diversas personalidades públicas. Intercambiamos opiniones al respecto con Álvaro Gómez Hurtado, Álvaro Uribe Rueda, Gustavo Rodríguez, Fernando Landazábal Reyes, Jorge Mario Eastman, José Manuel Arias Carrizosa, Alberto Santofimio Botero, Hernando Santos Castillo, Fabio Echeverry Correa, Héctor Polanía Sánchez, Álvaro Valencia Tovar, Víctor Mosquera Chaux, Bernardo Guerra Serna, Hugo Escobar Siena, Alfonso López Caballero, Guillermo Plazas Alcid y Marino Rengifo Salcedo, entre otros. Nos proponemos profundizar las aproximaciones con quienes coincidan con nosotros en darle una orientación patriótica e imprimirle un sello civilizado a la acción política.

Entre el desconcierto reinante hay un elemento favorable. Arribamos al final de una Presidencia que habiendo hecho votos de moralización pasará a la historia más por las fiestas de sus alcaldes que por cualquier otra de sus tragicómicas gestiones. Aprovechemos la coyuntura y repitamos con las gentes del común: ¡No más Belisarios!

MOVIMIENTO OBRERO INDEPENDIENTE Y REVOLUCIONARIO (MOIR)

IRREPARABLES PÉRDIDAS SUFRE EL MOIR

Durante 1985 las filas del MOIR sufrieron pérdidas irreparables. Como lo denunció en su debida oportunidad el Comité Ejecutivo Central de nuestro Partido, el 30 de junio del año pasado, en una cobarde emboscada organizada por un frente de las Farc, pereció vilmente asesinado en el corregimiento de Monterrey, al sur de Bolívar, el compañero Luis Eduardo Rolón, miembro de la dirección regional del MOIR en el departamento de Santander y uno de los cuadros más respetados y queridos por toda la militancia. Luis Eduardo se había vinculado desde hacía más de diez años al movimiento campesino de la región donde perdió la vida. Durante su larga militancia combatió con valor, serenidad y lucidez al lado del pueblo, cuyos intereses y necesidades había hecho suyos.

Unos pocos días antes, el 26 de junio de 1985, en un alevoso atentado que hasta hoy ha sido imposible esclarecer, había caído asesinado en las calles de Valledupar el camarada Saulo de la Cruz, fiscal de la Asociación de Educadores del Cesar. Saulo se distinguió durante muchos años como dirigente popular de El Copey, y allí participó junto a las masas en numerosas batallas cívicas de los barrios pobres de la localidad.

Pero el año pasado nos depararía aún mayores tragedias. A raíz de la catástrofe de Armero y Chinchiná, en la que perecieron más de veinticinco mil colombianos a causa de la negligencia criminal del gobierno, la furia del volcán Arenas nos arrebató a los compañeros Alfonso Calderón, Sandra White, Luis Eduardo Fuentes, Carmenza Piñeros, Flor Moreno, Luis Gil, Jaime Lozano, Jairo Ramírez, José Jesús Bermúdez y Albeiro Montes. Alfonso Calderón había sido activista estudiantil de la Universidad de Antioquia y posteriormente contribuyó al desarrollo y consolidación del Bloque Sindical Independiente de ese departamento. En el momento de su muerte, se desempeñaba como secretario regional del MOIR en el Magdalena Medio.

Sandra White, Luis Eduardo Fuentes y Carmenza Piñeros formaban parte del organismo de dirección de nuestro Partido en esa zona. Los demás compañeros eran militantes destacados, con estrechos vínculos entre las masas.

La memoria de los camaradas caídos y el ejemplo de su abnegación en el trabajo revolucionario serán nuestro mejor aliciente para continuar en la brega por construir una Colombia libre, independiente y democrática.

AVANZAMOS EN LA POLÍTICA UNITARIA

Esta cita nuestra con los miembros de Insurgencia Liberal, un movimiento joven fundado y dirigido por Alfonso López Caballero, no hubiese sido posible sin que concluyeran varias circunstancias notables de orden nacional y de ocurrencia reciente. Creo además que el acercamiento que hoy refrendamos de manera pública con los nuevos amigos carecería de alcance si no se cimentara en el afán de compartir la búsqueda y el hallazgo de las soluciones acertadas a los angustiosos interrogantes de la hora. Cuando en las entrevistas iniciales sopesábamos las ventajas y desventajas de establecer algún tipo de ayuda recíproca coincidíamos con el doctor López en que indudablemente la dificultad radica en el origen tan disímil de las dos fuerzas, en sus criterios a menudo contrapuestos y en las mutuas prevenciones. Sin embargo, concordábamos también en que la gravedad de los problemas del país y el curso de los acontecimientos nos permitirían acampar en la misma orilla, obviamente a condición de poner el interés colectivo por encima de los egoísmos particulares.

Nosotros profesamos la idea de que la transformación de Colombia no puede ser la obra exclusiva de un solo partido o de una sola clase. Las deficiencias heredadas de un pretérito remoto, el escaso grado de desarrollo y la asfixiante dependencia económica de los grandes emporios son factores ciertos y supremamente adversos que deben removerse con el concurso de obreros, campesinos, intelectuales, comerciantes, industriales, es decir, de todos los contingentes patrióticos, democráticos y progresistas. En el momento de abordar los cambios de los cuales depende la salvación nacional únicamente un círculo muy insignificante se opondrá a la empresa: aquellos que viven del pasado, del estancamiento y de la depredación del país. Estos considerandos básicos se han visto corroborados por las hondas perturbaciones que vienen caracterizando el decenio. Cada vez un mayor número de personas y entidades se percata de cómo las relaciones imperantes en diversos terrenos entorpecen las actividades productivas en lugar de impulsarlas. Miremos un caso. Tras el alza de las tasas internacionales de crédito, y el consiguiente encarecimiento de la enorme deuda externa de nuestras naciones, se desató una oleada de protestas de las que no se eximieron ni siquiera los mandatarios, quienes tradicionalmente han acudido con la mejor de las sonrisas a entramparse con los usureros del mundo. Pronto se hizo evidente que Latinoamérica, cuyos préstamos recibidos habían sobrepasado la escalofriante suma de 360.000 millones de dólares, no contaba con qué cumplir sus compromisos; una explosiva situación larvada desde años atrás con la complacencia de unos y la voracidad de otros. A su turno el Fondo Monetario Internacional, el organismo rector que vela por el orden financiero de Occidente, descargó su férula sobre los prestatarios con el objeto de garantizar los pagos. Sacrificarse al máximo y cancelar a tiempo, he ahí la filosofía de los correctivos que sacudieron la conciencia del continente, porque develaron cómo a los Estados en quiebra sin miramiento alguno se les ata al atraso, la miseria y a la enajenación nacional.

Bajo el impacto de tan trágico desenlace voceros de los más diversos sectores sociales han percibido y aun expuesto que el camino de la prosperidad le está vedado a cualquier república que, en desmedro de sus aspiraciones de inversión, se vea obligada a enviar afuera por concepto de intereses, o en virtud de las desigualdades del comercio, un porcentaje considerable de la acumulación obtenida internamente. La propagación de este convencimiento configura uno de los vuelcos positivos sobre los cuales se sustenta la política unitaria propuesta en enero por la dirección del MOIR. Ayer los críticos nos aconsejaban caritativamente abandonar la sistemática condena que hacíamos del despojo económico del país, por juzgarla dogmática y culpable de la modesta cauda electoral del Partido. Hoy muchos de ellos nos emulan en tales denuncias; y no pocos dirigentes liberales aliados nuestros en los actuales comicios nos disputan la paternidad responsable de las mismas. Lo cual desde luego no nos molesta. ¡Ojalá pasara igual con otras tantas tesis!

Lo dicho hasta aquí no significa que aboguemos por una nación enclaustrada, al margen de los indispensables aportes técnicos y culturales del extranjero, sin vínculos de ninguna especie con las grandes potencias, o únicamente con los pueblos débiles y pobres. Al contrario. No consideramos necesaria la ruptura con los Estados Unidos o con los consorcios de las repúblicas desarrolladas. Ni incluso que tengamos que prescindir totalmente del financiamiento externo. Por su incipiente crecimiento Colombia requiere de la contribución internacional en las más variadas áreas. Pero ésta sólo será favorable si se lleva a cabo en beneficio recíproco entre las partes asociadas y sin la menor violación de la prerrogativa soberana del país a autodeterminarse. Claro que ello a la postre estriba en qué clase de corrientes empuñan las riendas del poder.

La aguda recesión económica que traumatizara al mundo capitalista a comienzos de los años ochentas produjo dentro de nuestras fronteras profundas repercusiones que todavía no cesan de sentirse. En general la industria colombiana entró en bancarrota, al extremo de que las firmas más prestigiosas hubieron de pactar concordatos con sus acreedores. Aunque en un principio se pregonó que las irregularidades dentro del engranaje financiero obedecían a los malos manejos de ciertos avivatos, rápidamente se supo que los 250.000 millones de pesos, monto al que ascienden los cobros de dudoso o imposible recaudo, se originaban en gran medida en la falencia de los productores. La opinión se tropieza de improvisto con que la banca, ama y señora de los negocios, funda su esplendor en la buena suerte de las actividades productivas. De allí que los empresarios sólo puedan vengarse de los financistas quebrándose. Y al gobierno, más insolvente que sus protegidos, le toca auxiliar a unos y otros y hacerse cargo de los entes sin vida, incrementando la injerencia oficial y encendiendo a la vez la polémica en torno al rol económico del Estado.

Ante el rescate y la nacionalización de varias entidades bancarias que al régimen le han valido un potosí, comentaristas de los grandes rotativos han objetado lo que se dio por llamar la “socialización de las pérdidas”, un razonamiento que nosotros compartimos aunque no lo hayamos expresado en los mismos términos, pues la acción gubernamental de ningún modo ha de servir para engordar a unos cuantos por cuenta de la riqueza pública. La crisis económica ha destapado las tremendas deficiencias del sistema, facilitando el estudio de éstas y promoviendo aproximaciones entre distintas vertientes alrededor de las enmiendas que demanda el país. A la Andi, por ejemplo, le parece clave la baja en los intereses crediticios como medio de propiciar la recuperación de los sectores afectados, y hasta ha defendido que las asignaciones salariales deben mantenerse en niveles que no contraigan la demanda. Dos conclusiones que responden a las inquietudes de jalonar el desenvolvimiento armónico de la industria, pero que la burguesía empresarial difícilmente las hubiera formulado sin los desarreglos que pusieron en graves apuros a los fabricantes, agricultores, banqueros, etc. Efectivamente, sobre el cuatrienio del “cambio con equidad”, que se distinguió por los desacoples, los sobresaltos, la legislación de emergencia, ha llovido toda especie de reproches por cuenta de los representantes de los gremios. Se le ha censurado el aumento de los impuestos indirectos sobre los directos, por desencadenar la inflación y restringir el comercio. Se le ha combatido la costumbre de emitir papel moneda sin respaldo como otro elemento de desestabilización y de carestía. Se le han rechazado los planes de abrir las puertas de par en par a los inversionistas foráneos. En síntesis, de todos lados brotan reclamos y sugerencias que demuestran la necesidad de hacer un gran replanteamiento, fundamentalmente porque el Estado colombiano, a pesar de nuestro escaso desarrollo, se ha convertido en la primera fortaleza económica, con infinitas atribuciones para regular y disponer del trabajo de la nación. Ustedes comprenden que del modo como se use tan formidable herramienta depende la felicidad o la desdicha de las presentes y futuras generaciones. Si se sigue emitiendo a manos llenas, o levantándoles caprichosos obstáculos a las transacciones comerciales, o poniendo el Erario al servicio de una pequeña capilla de afortunados, o trasladándoles a los linces de las agencias prestamistas internacionales la capacidad de decisión, o alimentando el agio y la usura, antes del fin del siglo habremos acabado con lo poco que aún nos queda. Por ello estamos dispuestos a unirnos con quienes tengan estas mismas inquietudes y sean cuales fueren sus colores políticos.

Al explicar el contenido y las miras de nuestro llamamiento de unidad no me dirijo sólo a los jefes e integrantes de los movimientos con los cuales iremos juntos a las próximas elecciones, sino también a los militantes y simpatizantes del MOIR, particularmente a aquellos a quienes les sorprenda la amplitud de la línea aprobada o piensen que jugamos a la gallina ciega al participar en las listas de antiguos contrincantes. He autorizado a propósito la inclusión simbólica de mi nombre en todas las planchas, en prenda de la seguridad que nos anima y de la certeza de que libraremos la batalla con coraje y entusiasmo. Me resisto a admitir que el Partido pierda entidad o se desdibuje por el hecho de que sus iniciales no figuren en los encabezamientos de las papeletas. No somos tan deleznables.

Sin querer restarle trascendencia, la justa comicial no deja de ser un episodio transitorio que utilizamos para exponer nuestros puntos de vista y consolidar las convergencias con los aliados, por quienes básicamente votaremos el 9 de marzo. Esta conducta, o si se prefiere este viraje, no sería factible sin los serios destrozos de la crisis económica, el creciente descontento de los productores nacionales, los flagrantes fracasos de la administración Betancur, el tremendo desbordamiento de la descomposición social y de la penuria del pueblo. Muchos empresarios, y hasta ganaderos, que tradicionalmente habían mirado con desconfianza nuestra presencia, ahora respaldan los esfuerzos de las cooperativas campesinas organizadas por el Partido, reconociéndolas incluso cual presagios de adelanto dentro del perpetuo abandono de las zonas rurales. Los bananeros que intrigaban en las brigadas con el propósito de desalojarnos violentamente de Urabá, al calor de los percances han ido deponiendo su animadversión hacia nosotros. Sin la roya, que viene acelerando el desmoronamiento de la antigua hacienda patriarcal, no hubiéramos conseguido constituir en decenas de poblaciones la Unión Cafetera, un novedoso instrumento aglutinante de los cultivadores pequeños, medianos y hasta acomodados. En fin, tales aproximaciones, al igual que los acuerdos electorales concertados en menos de quince días por el MOIR con una veintena de agrupaciones liberales y conservadoras, no han caído del cielo; ni para efectuarlas hemos tenido que rectificar uno solo de nuestros principios o de nuestras consideraciones teóricas sobre el país.

Nunca hemos pensado que la innovación que le corresponde realizar a Colombia en la etapa histórica vigente sea de carácter socialista, ni que haya por ende que abolirse todo género de propiedad privada, sino aquellas formas monopólicas que frenan el desarrollo, de tal suerte que el Estado, puesto bajo el mando de las clases y capas democráticas, disponga de los recursos naturales y demás medios claves, oriente el rumbo económico, estimule a los productores de la ciudad y el campo y actúe siempre en pro del pueblo y de la grandeza de la patria. Prosigamos sin vacilaciones con la política unitaria echada a andar, sacándoles provecho a los aspectos disolventes y a que el país empieza a cansarse de ese tormento de Sísifo al que ha sido condenado, de tener cada cuatro años que trepar a la cúspide un presidente para luego verlo rodar hacia abajo en la estima pública, como habrá de suceder con Betancur, que llegó entre aplausos y saldrá entre silbos.

Y por último, unas palabras sobre la “paz”, el tema que ha copado la atención nacional por cerca de un lustro. Aun cuando rehusamos vincularnos a las comisiones nombradas por el gobierno, puesto que no tocábamos pito alguno en ese ensayo, tampoco hicimos campaña en contra. Desde la época del padre Camilo Torres pugnamos por la supresión del foquismo y demás prácticas extremoizquierdistas. Las luchas emprendidas a espaldas o a contrapelo de los deseos de las masas están inexorablemente destinadas a la derrota, por mucho que los combatientes sean personas valerosas y honestas. El recorte a los derechos ciudadanos o los zarpazos contra las organizaciones populares siempre han encontrado en aquellas aventuras el mejor pretexto. Además, en Colombia la guerrilla, con una crónica tan dilatada y abrupta, terminó permitiéndose la licencia inexcusable de recurrir al secuestro o al boleteo, como lo han confesado sus propios comandantes. De modo que el desmonte de todos estos métodos liquidacionistas lo consideramos una cualificación de la gesta revolucionaria. No obstante, se partió del requisito engañoso de supeditar la legalización de los insurrectos a la “apertura democrática” y a las “reformas sociales”. Dichas metas, inaccesibles en las condiciones económicas y políticas del país, junto al alargue indefinido del diálogo, acabaron con las ilusiones. En realidad la única democratización que el régimen les concedió a sus gobernados fue el estatuto de los partidos, un engendro que a nadie gustó, y que para las colectividades opositoras, si son aprobadas por el Consejo Electoral, apenas significará unos cuantos minutos en los espacios de la televisión, o unos cuantos gramos de franquicia postal, a cambio por supuesto de que las autoridades inspeccionen sus actos y supervisen sus cuentas.

Esta es la hora en que el “sí se puede” ni siquiera ha conseguido desprenderse del estado de sitio, la institución más apetecida de la Carta. Y respecto al mejoramiento social, los índices del desempleo, de la inflación y de los exiguos incrementos salariales lo compendian todo. Las dramáticas escenas de la pacificación dialogada más bien asordinaron el enojo que el sartal de medidas restrictivas o impositivas despertara en diversos estratos de la población.

¿Y cuál es el parte de victoria? Aún cuando el ministro de gobierno hable de que los guerrilleros fueron vencidos políticamente, sin duda alguna el señor Betancur le entregará a su sucesor el próximo 7 de agosto más ejércitos del pueblo de los que le legara Turbay Ayala 1982. Los enfrentamientos no han parado un solo día, la violencia, con su carro de horrores, se ha extendido hacia regiones tradicionalmente tranquilas y modalidades como el atentado personal y la intimidación se han puesto a funcionar con el fin de dirimir las divergencias, aun entre los mismos bandos enfrentados al régimen. Con el desespero del hombre de la fábula que cae en brazos de la muerte al intentar huir de ella, el presidente trata de revivir su cruzada de apaciguamiento aceptándoles a las Farc, no la culminación en firme de las hostilidades, sino la prolongación ilimitada de la tregua, con lo cual este grupo gozará de un privilegio sin antecedentes, el de concurrir a los comicios sin haber declinado las armas. También ha sido evidente que la actual administración, tras el móvil de influir en el ánimo de la contraparte, coquetea de continuo con los países prosoviéticos del Caribe, ligando la concordia interna al resultado del entendimiento externo, asuntos que no debieran relacionarse porque los focos de conflicto en el mundo de hoy, incluido el de Centroamérica, dependen tanto de los avances expansionistas de la superpotencia de Oriente como de la contestación dada por la otra superpotencia a tales avances, y no de los buenos oficios de un país o de un puñado de países. Sé que estos problemas preocupan menos a los aliados que a nosotros, pero igualmente hacen parte de las acechanzas que nos aquejan, y de cualquier forma se derivan de la “paz” abortada. Un proceso que no se consumó; se consumió.

El MOIR ha sido víctima del proselitismo armado. Se le viene presionando a punta de fusil para que se retire de varios sitios y hemos visto caer asesinado a uno de nuestros más valiosos cuadros. Algo parecido les viene aconteciendo a otras agrupaciones. De ahí que no estemos tan extraviados cuando pedimos aunar esfuerzos con el objeto de contener las malsanas tendencias que buscan resolver las discrepancias políticas por intermedio del terror, el amedrentamiento o el asesinato. Como no lo estamos cuando ponemos en sobre aviso a nuestros compatriotas y los persuadimos de salirles al paso a quienes pretendan hacer del país un escenario más de la disputa por el reparto del planeta.

Doctor Alfonso López Caballero:
Brindo por que las concordancias alcanzadas entre ustedes y nosotros se consoliden con el transcurso de los días para bien de Colombia.
Muchas gracias.

Álfonso López Caballero: “AGRADEZCO EL RESPALDO DEL MOIR”

Doctor Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, señores miembros del Comité Central del MOIR, señores miembros de Insurgencia Liberal:

Recibo el respaldo de ustedes con agradecimiento y con simpatía. Con agradecimiento porque es un respaldo amplio y generoso, sin contraprestaciones electorales, basado en unos puntos generales con los cuales creo que cualquier colombiano se siente de acuerdo: el apoyo a la producción nacional, la protección de los derechos de los trabajadores, una política internacional independiente y el rechazo a la violencia como instrumento de acción política. Y lo recibo con simpatía porque su movimiento que congrega obreros, campesinos, intelectuales y a una parte de la juventud universitaria, independiente de su ideología, tiene una característica común en su dirigencia: su preparación y su inteligencia. Todo lo que atrae a la juventud y a la inteligencia nos llama la atención.

Son ustedes un movimiento marxista, y nosotros no lo somos. Hemos estudiado a Marx con interés y detenimiento y encontramos que hay mucho de interesante en su historia y en sus escritos y en sus seguidores. Que para analizar la realidad social es indispensable tener un conocimiento amplio de los aportes de Marx. Pero nosotros no somos marxistas. Schumpeter, el gran profesor austríaco, no marxista pero fascinado siempre con Marx, comienza el capítulo dedicado a él, en su libro Capitalismo, socialismo y democracia, diciendo “Marx era ante todo un hombre muy erudito”. Tal vez esta apreciación también identifica nuestra aproximación al gran pensador alemán.

Los que nos interesamos por la economía y la historia, como yo, quedamos sorprendidos de ver cómo algunas predicciones escritas hacen más cien años, cuando apenas empezaba a generalizarse la revolución industrial, se cumplieron casi al pie de la letra. Otras no se cumplieron.

No obstante, es especialmente significativo cómo algunos conceptos económicos fundamentales de la revolución keynesiana aparecen sugeridos en El capital, claro está con otro lenguaje y apoyados en una estructura teórica distinta. La conexión entre la teoría del ejército de reserva industrial y la de la curva de Phillips, como conceptos que explican la relación entre la inflación y el desempleo, aunque desarrollados con propósitos diferentes no deja de ser significativa. Las condiciones para el crecimiento con pleno empleo en el modelo de Roy Harrod tienen su paralelo en las condiciones implícitas en el modelo de reproducción ampliada del volumen II de El capital. La teoría del ciclo y de las crisis periódicas del subconsumo no deja de tener muchos rasgos comunes con los modelos desarrollados cien años más tarde por economistas keynesianos como Joan Hicks. La misma teoría de Keynes sobre el paro con insuficiencia en la demanda agregada anticipa la teoría marxista del subconsumo.
En efecto, un economista polaco de formación marxista, Michal Kallecki, inspirado en los esquemas de Rosa Luxemburgo, escribió varios meses antes de que apareciera la Teoría General de Keynes, un libro sobre los ciclos económicos que anticipaba las conclusiones de Keynes. Las teorías de Marx sobre la concentración y la centralización del capital se cumplieron casi al pie de la letra. No se cumplieron en cambio sus predicciones más importantes. La teoría del derrumbe del capitalismo como consecuencia de la baja tendencial en la base de rendimiento, nunca fue validada por los hechos.

Tampoco la teoría del derrumbe del capitalismo como resultado de crisis de subconsumo cada vez más amplias, hasta llegar a la crisis final.

Ni se derrumbó el capitalismo, ni se implantó la dictadura del proletariado en los países occidentales industrializados como lo pronosticaba Marx.

Sus seguidores encontraron una salida elegante a esta falla aparente en la predicción central del marxismo, la del colapso del capitalismo. Rosa Luxemburgo, extendiendo la teoría del subconsumo al ámbito internacional, y Lenin haciendo otro tanto con la teoría de la baja tendencia) de la tasa de rendimiento, desarrollaron la teoría del imperialismo. Según ésta, los países capitalistas necesitan dominar y explotar a los países subdesarrollados para encontrar nuevos mercados y conjurar la crisis del subconsumo, y para evitar que crezca mucho la composición orgánica del capital y baje la tasa de rendimiento, invirtiendo en otras áreas donde hay poco capital constante. La teoría del imperialismo explica por qué no se cumplieron las predicciones de Marx sobre el colapso del capitalismo en los países industrializados, y al mismo tiempo es en cierta forma el equivalente marxista de la teoría del desarrollo en la economía burguesa. Sus conclusiones y puntos de vista no dejan de ser interesantes y sugestivos y de aportar alguna luz sobre los problemas de los países subdesarrollados. Esta tradición ha originado una voluminosa producción literaria, entre cuyos exponentes podemos citar hoy, entre otros, a Enmamuel Wallerstein, a Samir Amin, a André Gunder Frank

Todo el impresionante edificio teórico de Marx reposa sobre una base muy frágil: la validez de la teoría del valor trabajo en las relaciones de mercado. Puesto que los principales conceptos teóricos de Marx, la composición orgánica del capital, el capital constante, el capital variable, el valor de las mercancías, están anclados en la teoría del valor trabajo. Para que sus teorías tengan validez en el mundo real, es necesario que los precios de las mercancías en el mercado reflejen proporcionalmente el valor de la mano de obra invertido en ellas. Hasta ahora nadie ha podido probar a plena satisfacción de propios y extraños que ello sea así.

Hasta que no se produzca una prueba absolutamente contundente, el socialismo científico, a pesar de su importante estructura teórica, no será ciento por ciento científico y requerirá algo de fe.

Hemos estudiado con vivo interés el aparato analítico del marxismo y lo encontramos serio, elegante y útil en muchos casos. En cambio nos desconcierta la tendencia que hay dentro del marxismo a constituir corrientes que se excluyen mutuamente y se combaten con encono. Nos desconcierta la convicción que tienen los ideólogos marxistas de saber exactamente lo que va a ocurrir en el futuro. Nos desconciertan las actitudes dogmáticas y doctrinarias que tiende a producir entre sus militantes este método de análisis de las cuestiones sociales. Nosotros somos liberales, más que como militantes de un partido, como actitud ante la vida; para nosotros el futuro no está predeterminado, sino lleno de imponderables y nos gusta el debate, la dialéctica, el diálogo, y nos espantan las posiciones dogmáticas, las actitudes rígidas e intransigentes. Creemos que el sistema democrático de gobierno está lleno de imperfecciones y de muchas injusticias que hay que corregir, pero no conocemos otro sistema mejor. Amamos la libertad en todas sus formas. Pensamos que el Estado, como representante de la comunidad, debe intervenir para anteponer los intereses de la colectividad a los intereses de los particulares. Las predicciones de Marx sobre el colapso de la libre empresa y de la democracia no se cumplieron en buena parte porque las premisas sobre las cuales basó su análisis fueron cambiando. El capitalismo silvestre sobre el cual Marx fundamentó sus esquemas se fue modificando; el absoluto laissez faire vino a ser sustituido gradualmente por la intervención del Estado en el manejo de la economía, en beneficio de las masas. El seguro social, el seguro contra el desempleo, la educación pública universal, la representación de los trabajadores en el manejo de las grandes empresas, las leyes antimonopolísticas, las leyes laborales, son modificaciones importantísimas al sistema capitalista que le han atenuado algunos de sus más grandes defectos y le han renovado su vitalidad. Son las reformas que se han instituido con inspiración o con espíritu socialdemócrata en las democracias occidentales. Es el espíritu que nosotros queremos implantar en Colombia.

En esta coyuntura en que nuestros caminos se han cruzado, he encontrado en los dirigentes del MOIR a un grupo de personas que se caracterizan por su dedicación, su preparación, su idealismo, su nacionalismo, su inteligencia, virtudes estas que independientemente de su ideología hacen del suyo un grupo muy rico intelectualmente, capaz de generar mucho entusiasmo y motivación. Sin duda es significativo que algunos de los más destacados dirigentes del galanismo y del doctor Ernesto Samper se hayan formado en sus filas.
Doctor Francisco Mosquera, señores miembros del Comité Central, amigos militantes, del MOIR: al renovarles de manera muy especial mi agradecimiento por su apoyo, me hago la reflexión de que venimos de orígenes distintos y marchamos hacia objetivos distintos, pero hoy nuestros caminos se han cruzado y yo espero, y deseo que este contacto nos enriquezca a los dos.

ACUERDOS Y ACERCAMIENTOS EN TODO EL PAÍS

De conformidad con los lineamientos trazados por su dirección nacional en enero último, el MOIR ha adelantado conversaciones en casi todos los departamentos del país con diversos sectores políticos con los que coincide en el análisis de la situación política, social y económica que vive Colombia. Nuestro Partido participa en los comicios de marzo mediante acuerdos o respaldando las listas de candidatos y movimientos que han rechazado las prácticas terroristas, y se han expresado por la defensa de la actividad productiva nacional, la lucha por la autodeterminación de Colombia frente a las grandes potencias y la atención a los justos requerimientos de las masas trabajadoras en procura de mejores condiciones de vida y por las libertades públicas.

Se convinieron acercamientos con Insurgencia Liberal, de Alfonso López Caballero; el Directorio Liberal de Antioquia, que dirige William Jaramillo, Gómez; el Directorio Liberal del Tolima, de Alberto Santofimio Botero; el Movimiento de Convergencia Liberal de Bolívar, encabezado por David Turbay Turbay; el Directorio Liberal Popular de Santander, que lideran José Manuel Arias Carrizosa y Norberto Morales Ballesteros; Acción Liberal Popular del Atlántico, dirigida por Emilio Lébolo Castellanos; los Movimientos de Renovación Liberal y de Integración Liberal de Norte de Santander, comandados, respectivamente, por Jorge Cristo Sahium y Carlos Celis Carrillo; Mayorías Liberales del Magdalena, acaudillado por Edgardo Vives Campo; el Directorio Liberal Holmista del Valle, dirigido por Carlos Holmes Trujillo; la Unidad Popular Liberal del Meta, encabezada por el representante Jorge Ariel Infante, un sector del Nuevo Liberalismo de Córdoba, dirigido por Esteban Gómez; el Partido Liberal Oficialista de Nariño del exministro Laureano Alberto Arellano; la Nueva Fuerza Liberal de Sucre, encabeza por Álvaro García Romero; Liberalismo Oficial de Risaralda, de la exgobernadora María Isabel Mejía Marulanda; integración Liberal, el Liberalismo Independiente y un sector de la Democracia Cristiana del Quindío, comandados respectivamente, por Jaime Peralta, Enrique Gómez Restrepo y César Augusto López; el Movimiento de Renovación Liberal, el Frente Amplio Liberal y Acción Democrática del Cesar, que lideran, respectivamente, Alfonso Araujo Cotes, María Cleofe Martínez y Edgardo Pupo; el Partido Liberal Oficialista del Caquetá, dirigido por Hernando Turbay Turbay; el Liberalismo Oficialista Independiente de Caldas, de los representantes Alfonso Cano Molina y Gonzalo Marín Correa, y la fuerza política que orienta en Boyacá la parlamentaria María Izquierdo de Rodríguez. De igual manera se lograron acuerdos en la Guajira, Huila y el Chocó.

MOIR FORMALIZA ACUERDOS CON DIVERSAS CORRIENTES

Antioquia
El 16 de febrero el comando regional, del MOIR en Antioquia emitió un comunicado en el que informa a la opinión que nuestro Partido “ha sostenido amplias conversaciones con el Directorio Liberal Departamental y ha escuchado de su líder, el senador William Jaramillo Gómez, su preocupación de patriota y demócrata por la profunda crisis en que sumió a nuestra nación el gobierno de Belisario Betancur”. El documento señala, asimismo, que “ambas direcciones políticas coincidimos en la necesidad de proteger la autodeterminación nacional y enfrentar los ruinosos dictámenes del Fondo Monetario Internacional que el gobierno hizo propios y aplica en desmedro de nuestra lánguida actividad industrial y agraria, del empleo, los salarios y demás condiciones de trabajo y de vida de los colombianos”. “Nos identificamos plenamente”, continúa más adelante la declaración, “en el propósito de adelantar una campaña democrática, nacionalista y civilizada, libre de las influencias clientelistas, de la coacción terrorista y de las presiones de doctrinas foráneas que no interpretan el auténtico sentimiento de nuestras mayorías populares por la autodeterminación nacional”.

El MOIR decidió dar “su entusiasta respaldo a las listas del Directorio Liberal Departamental para las corporaciones públicas”, en las que han sido incluidos los nombres de dirigentes moiristas como Francisco Mosquera, Enrique Molinares, Jaime Restrepo, Jairo Antonio Gutiérrez, Jesús María Hernández, Alberto Morales y Jesús María Vasco.

Cesar
El Movimiento de Renovación Liberal, el- Frente Amplio Liberal, Acción Democrática y el MOIR informaron a los militantes, amigos y al pueblo del Cesar sobre los acuerdos logrados para impulsar la conformación de una fuerte corriente en defensa de la soberanía nacional, la proscripción del terrorismo, la defensa de la producción nacional y el respaldo a las luchas del pueblo. La declaración pública fue firmada por los dirigentes de las cuatro organizaciones: Alfonso Araujo Cotes, María Cleofe Martínez, Edgardo Pupo Pupo y Luis Cadena, respectivamente. En ella señalan las pautas a seguir en su campaña conjunta y hacen un llamamiento a las bases para que “trabajen mancomunadamente a fin de consolidar el propósito de servir al pueblo colombiano, abriendo las puertas a otros sectores, ya que la transformación y salvación de Colombia no será obra de un solo grupo o partido o de una sola clase, sino del esfuerzo conjunto de todos a quienes nos indigne la situación actual del país”.

La declaración termina exhortando a votar por la alianza de las cuatro fuerzas y por sus candidatos.

Magdalena
El Movimiento Mayorías Liberales, dirigido por el senador Edgardo Vives Campo, y el comité regional del MOIR decidieron, después de un amplio intercambio de puntos de vista, pactar una alianza para los comicios del 9 de marzo. La declaración conjunta anota: “A pesar de sus demagógicos pronunciamientos, Belisario Betancur terminó por aceptar las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, en detrimento de la economía del país. Además resolvió aumentar las ventajas para la inversión del capital monopolista extranjero que saquea la riqueza de Colombia”.
En cuanto al problema de la paz el comunicado indica: “Al amparo de la llamada política de paz del actual gobierno, de ha producido un recrudecimiento de la violencia en todo el territorio nacional. La extorsión, el boleteo, el secuestro y el asesinato político se han vuelto, en los tres años de régimen belisarista, prácticas comunes para dirimir la controversia política”.

Para concluir, la declaración formula un “llamado a toda la población del Departamento para conformar el más amplio frente” en torno a los cuatros puntos unitarios que ha venido proclamando el MOIR. Firman, por Mayorías Liberales, Edgardo Vives Campo, Enrique Caballero Aduen y Oscar Piscioty; por el MOIR, Uriel Ramírez, Anselmo Ahumada y Raúl Horacio Mesías.

Quindío
Amplios acuerdos fueron logrados en este departamento para inscribir listas conjuntas a nombre de Alianza Democrática del Quindío. Jaime Peralta, fundador y dirigente de Integración Liberal, encabezará la Cámara; Enrique Gómez Restrepo, del Liberalismo Independiente, será cabeza de Asamblea. Además, participan en la alianza el dirigente sindical Gabriel Sánchez, presidente de la Federación Departamental de la CGT y César Augusto López, de la Democracia Cristiana.

En Sevilla y Caicedonia diversos sectores inscribieron listas unitarias para Concejo, bajo el nombre de Solidaridad Cafetera.

Norte de Santander
Bajo la consigna de “¡No más Belisarios!”, el Movimiento de Renovación Liberal y el Movimiento de Integración Liberal, que orientan, respectivamente, Jorge Cristo Sahium y Carlos Celis Carrillo, suscribieron con el MOIR una declaración pública, que lleva las firmas de los dos líderes liberales y de Rafael Espinel por el MOIR y que señala, luego de reafirmar el apoyo a los puntos arriba indicados, que la lucha por evitar que se repita la tragedia que para la Nación ha significado el régimen de Betancur es una “expresión que se escucha en todos los rincones del país”. 1

Las listas están encabezadas por los candidatos al Senado, Jorge Cristo Sahium y Gabyno Hernández, y en ellas figuran los compañeros del MOIR Rafael Espinel y Gustavo Salazar.

Tolima
“No obstante la largueza presidencial…los alzados en armas reafirmaron su táctica foquista al tiempo que se entronizó en el campo y la ciudad la práctica del secuestro, el chantaje y el asesinato”, afirma la declaración pública suscrita por el comité regional del MOIR, el Movimiento Cívico Popular y el candidato a la Asamblea por el sector liberal que orienta el senador Alberto Santofimio Botero. El comunicado agrega que “la coacción y la violencia están desplazando el debate ideológico y la confrontación de tesis, convirtiéndose en los métodos predilectos para acallar a los contradictores políticos. Por su parte, las sucesivas firmas de la tregua condujeron al fenómeno insólito de la legalización del proselitismo armado”.

Más adelante se lee: “Paradójicamente, mientras más propaganda se hacía de las ‘reformas sociales’, la producción nacional se sumía en una de sus peores crisis; mayores y más abyectas concesiones se hicieron al Fondo Monetario Internacional en contra del bienestar del pueblo y el progreso de la Nación (…) A todo esto hay que agregar el peligro que representa para nuestra soberanía el expansionismo soviético-cubano, que pretende canalizar el descontento popular para ponerlo a su servicio, como sucediera en Nicaragua, y para lo cual cuenta en Colombia con la corriente prosoviética que encabeza el partido comunista”.

Tanto el MOIR representado por Julio Enríquez y Miguel Gordillo, como el Movimiento Cívico Popular, encabezado por Hernando Álvarez Urueña, decidieron respaldar la candidatura a la asamblea de Jaime Moreno, dirigente liberal santofimista y presidente del Sindicato de Maestros del Tolima.

Palabras de Santofimio Botero
Al responder y agradecer el respaldo que el MOIR, por intermedio de Miguel Gordillo, dio a las listas de su movimiento, el senador liberal, Alberto Santofimio expresó: “No son alianzas punibles, no son acomodos simplemente electorales lo que aquí ha tenido virtud. Es la coincidencia de sectores democráticos que coinciden en los principios de mantener a Colombia como una patria libre, de defender y preservar nuestra soberanía, de rechazar con la misma profundidad al imperialismo norteamericano y a las posibilidades expansionistas del imperialismo soviético. Coincidimos en nuestro grito de batalla: ¡Colombia no aguanta más Belisarios, ni el país se lo resiste!” Más adelante afirmó: “Colombia no puede ser Cuba, bajo la férula totalitaria de un hombre que le vendió a la ideología y al poder soviéticos el esplendor de una revolución nacionalista”

Bolívar
El Movimiento de Convergencia Liberal, que orienta el representante a la Cámara, David Turbay Turbay, y el MOIR llegaron a un acuerdo de carácter regional para integrar listas conjuntas a corporaciones públicas. En una carta dirigida al comité regional de nuestro Partido en Bolívar, David Turbay expresa que “resulta tonificante que una agrupación como la que ustedes representan, que propende la reivindicación de las esperanzas conculcadas de nuestro pueblo y el ejercicio de una auténtica soberanía nacional, que demanda el fortalecimiento de la producción colombiana, que rechaza las conductas políticas delincuenciales desfiguradas del acontecer eleccionario en la República, haya encontrado saludable la conjunción de nuestras fuerzas para el logro victorioso de nuestras metas, no obstante animarnos concepciones ideológicas y políticas disímiles que convergen en nuestra indeclinable voluntad de trabajar en favor de los reses de la Nación”.

El mensaje finaliza afirmando que “sobre esos principios de defensa de la paz, del estado de derecho, del rechazo a los expansionismos de todos los pelambres y de defensa de un ejercicio libérrimo de la política ajeno a las coacciones desfigurantes de la voluntad de nuestros conciudadanos, el Movimiento de Convergencia Liberal acepta los basamentos de nuestro acuerdo”.

Atlántico
El 29 de enero, en una carta dirigida al comité regional del MOIR en Atlántico, el parlamentario Emilio Lébolo Castellanos, dirigente del movimiento Acción Liberal Popular, dio a conocer su conformidad con la alianza propuesta por nuestro Partido para los comicios de marzo. “Resalta dentro de los planteamientos de ustedes”, afirma Lébolo Castellanos en su comunicación, “la obvia defensa de la actividad productiva, afectada por el sistemático planeamiento y ejecución de actos terroristas tales como el secuestro, el asesinato de líderes políticos y gremiales, que es expresión de una alienada mentalidad política y tortuoso reflejo del totalitarismo que se promueve desde el exterior”. Más adelante la misiva indica: “Las anteriores consideraciones y también las atinentes para tomar una posición frente a las insoportables o inadmisibles presiones del Fondo Monetario Internacional y de las multinacionales petroleras, nos llevan a la urgencia de concertar y ejecutar alianzas progresistas y democráticas entre quienes, como el MOIR y Acción Liberal Popular, tenemos por irrevocable nuestra vocación por la libertad y por los auténticos postulados nacionalistas y estamos por ello llamados a promover la redención nacional. Con este criterio aceptamos la invitación para unir esfuerzos y para desarrollar unas alianzas políticas en lo nacional, departamental y municipal, dentro de los cuatro postulados básicos que el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario ha expresado por la prensa nacional”.

Santander
EL MOIR de Santander respaldó las listas del Directorio Liberal Popular que encabezan José Manuel Arias Carrizosa y Norberto Morales Ballesteros.
En carta enviada a Gildardo Jiménez, secretario regional del MOIR, el senador Arias Carrizosa expresó: “Recibí de usted una importante comunicación en la que formula consideraciones de orden político e ideológico que no sólo comparto plenamente sino que he defendido como tesis fundamental del pensamiento liberal, tanto en el Senado de la República como en la plaza pública”. Más adelante agregó: “Puedo darles la seguridad de que la conjugación de voluntades y esfuerzos en torno a los postulados democráticos, en momentos de tanta crisis como la que vive el país en todos los órdenes, es buena para Colombia y garantiza el logro de nuestros comunes propósitos”.

ENCUENTRO GREMIAL Y CÍVICO EN MAGANGUÉ

Un rotundo rechazo a la presencia de grupos alzados en armas y a sus métodos coercitivos, así como el reclamo por el abandono a que está sometida la región aun en materias tan vitales como salud, educación, comunicaciones, etc., fueron las principales conclusiones del 1 Encuentro Gremial y Cívico Prodefensa del Sur de Bolívar, Sucre y Magdalena. Este evento se realizó por iniciativa del Comité Cívico Prodesarrollo de Magangué, Ciprodemag, durante los días 17 y 18 de agosto del año pasado, en las instalaciones del Colegio Diocesano de Magangué. Participaron más de 250 delegados en representación de los gremios y de gran cantidad de organizaciones cívicas y campesinas de los municipios de esta rica comarca.

En la declaración final del I Encuentro se afirma:

“Dotada de ingentes recursos naturales y habitada por una numerosa y laboriosa población, la región está sumida, sin embargo, en una profunda crisis, tal vez la peor de su historia, tal y como la constataron las ponencias presentadas, y, que según demostraron, se debe primordialmente al abandono por parte del Estado y sus institutos. Ello está afectando en primer lugar, al sector agropecuario y, lógicamente, al comercio y el transporte relacionados con él, así como a actividades tales como la minería, la pesca y otras. De ello se desprende como secuela, el desempleo y condiciones de vida miserables para gran parte de la población.

“Además, crece la inseguridad, por la presencia de grupos alzados en armas y el aparecimiento del secuestro, la extorsión y asesinatos de ganaderos y campesinos, y por la intensificación de la delincuencia común, todo lo cual ha permitido que en la región se enseñoreen métodos violentos y de intimidación que perjudican seriamente la economía y el desarrollo general, por lo cual, se exige del alto gobierno atacar de raíz este problema, exigir el desarme de los grupos armados, de forma que se garantice la vida, bienes y honra de los ciudadanos, y la población pueda expresarse libremente y profesar el culto ó ideología política que les sean de su simpatía”.

El éxito alcanzado motivó ampliamente a los asistentes para iniciar, desde ya, la preparación del Segundo Encuentro, que deberá realizarse en agosto de 1986, y el cual tendrá como meta principal constituir una organización gremial y cívica que represente a toda la zona en la lucha por la solución de los graves problemas que la aquejan.

EXTENSA GIRA DE MARCELO TORRES

Desde el viernes 31 de enero empezó Marcelo Torres la gira política por el país. Ese día el dirigente nacional del MOIR se hizo presente en la plaza de Bolívar de Pereira. El sábado l° de febrero en Armenia y Calarcá, en el Quindío, y el domingo 2 intervino en Chinchiná, en compañía de Oscar Gutiérrez. En la semana del 3 al 9 de febrero la programación cobijó a Manizales, Neiva, Ibagué y Pasto, ciudades donde estuvo acompañado por los dirigentes regionales Gonzalo Arango, Carlos Tovar, Miguel Gordillo y Orlando Patiño, respectivamente. El miércoles 12 visitó a Barrancabermeja y el 14 estuvo en Cali. El 16 pasó a la intendencia de Arauca y realizó actos públicos en Saravena y Tame, y reuniones privadas en la capital intendencia]. En unos y en otras se hizo presente el dirigente regional Juan Simón Rico.

El 18 y 19 el compañero Marcelo Torres presidió manifestaciones en Florencia y Villavicencio.
Posteriormente, Marcelo Torres iniciará la parte final de su recorrido, realizando manifestaciones en Barranquilla, El Banco, Cartagena, Magangué, Sincelejo, Valledupar, Montería, Medellín, La Dorada, y culminará en Bucaramanga, el 1° de marzo, último día de campaña.

PROTESTA DE FENALCE

El domingo 16 de febrero, en El Tiempo, la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, publicó un comunicado del cual presentamos un resumen, pues creemos que es una evidencia de la difícil situación que vive el país. Fenalce responde al interrogante “¿Por qué están inconformes los agricultores colombianos?”, de la siguiente manera:

1.- “Porque el Estado viene gravando cada día más su actividad”, por los altísimos precios en la maquinaria agrícola, los reavalúos exorbitantes a los precios rurales y la aplicación de nuevos y más altos impuestos.

2.- “Porque se sigue discriminando en contra de los agricultores”, “Porque el gobierno le decrete aumento a la tasa de interés del crédito agropecuario”. “Porque mientras se refinancian otros sectores económicos y el propio Estado, al campo se le mantiene en el olvido”. Porque se deja a los productores rurales en manos de los intermediarios.

3.- “Porque el Banco Mundial, con sus imposiciones, pretende hipotecar nuestro desarrollo”. “Porque a la desprotección, desesperanza y discriminación que sienten los agricultores se suman las exigencias del Banco Mundial… que pretende abrir camino a la indiscriminada importación de alimentos… presiona el desmonte del crédito de fomento, para encarecer aún más los costos de producción y permitir así la dañina y desleal competencia de la producción extranjera”.

4.- “Porque nuestras solicitudes y clamores no tienen eco ni en el Gobierno ni en el Parlamento”. “No se responde a la solicitud de establecer una política agropecuaria coherente, decidida y estable que incentive la inversión agrícola, que la haga rentable, segura y grata”. Porque “a la equivocada política agropecuaria se suman la inseguridad, el boleteo, el secuestro, la extorsión, y el chantaje”, que tan graves consecuencias traen para el sector rural.

SALUDAMOS LA FUNDACIÓN DE LA UNIÓN CAFETERA

El 25 de junio de 1985 nació la Unión Cafetera Colombiana. En el teatro Ocho de Junio de la Universidad de Caldas, en Manizales, se reunieron más de 900 delegados de las regiones campesinas de Caldas, Risaralda, Quindío, Antioquia, Valle, Cauca, Cesar, Tolima, Huila, Cundinamarca, Boyacá y de las laderas del Magdalena Medio. Cumplieron así la cita que, en decenas de encuentros en veredas y municipios de las tres cordilleras, se habían puesto para iniciar la gran tarea de dotar a los caficultores de Colombia de una auténtica organización gremial: amplia, para que agrupe a todos los sectores productores del grano y no solamente a los más pudientes; democrática, para que sean los cafeteros regados a lo largo y ancho del país, sin discriminaciones políticas, religiosas, raciales o económicas, los que puedan intervenir y decidir en la marcha de su organización y no una pequeña rosca de altos burócratas doblegados a las decisiones y presiones del gobierno y de los monopolios nacionales e internacionales del grano; e independiente, para que su fortaleza radique en el apoyo y la identidad de objetivos de los centenares de miles de caficultores y no en las migajas, prebendas o bendiciones de los mandatarios de turno y de la Federación, culpables fundamentales del atraso, la miseria y la inestabilidad de la gran mayoría de los productores.

Con vivo interés, los asistentes al 1er. Congreso de la Unión Cafetera Colombiana escucharon el informe del Comité Nacional Preparatorio del evento; recibieron el saludo fraternal y solidario de Hernán Pérez Zapata (Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos), Jesús Bernal (Comité Nacional de Solidaridad Sindical), Mario Robledo (Aprocafé, suroeste antioqueño), Francisco Gutiérrez (Sintracreditario), y de los dirigentes cafeteros Enrique Gómez Restrepo (Quindío), Alberto Ospina (Risaralda), Milton Reyes (Tolima), Mario Cardona (Caldas), Francisco Montoya (Antioquia), Aurelio González (Valle) e Ismael Cobo (Cesar); aprobaron por unanimidad los estatutos, el programa general y la plataforma de lucha que habían sido estudiados en reuniones previas y en una de las sesiones del Congreso; condenaron las políticas impuestas por el gobierno y por la Federación Nacional; agitaron la consigna “La Federación debe pagar todo el control de la roya”; aclamaron las proposiciones de rechazo del secuestro, la extorsión, el boleteo y en general los nocivos y abominables métodos del terrorismo en todas sus manifestaciones; respaldaron y se comprometieron a financiar la naciente organización con su propio esfuerzo.

El Congreso eligió por unanimidad los organismos de dirección de la Unión Cafetera Colombiana, los cuales quedaron integrados así: presidente, Fernel Amaya; vicepresidente, Jaime Beltrán; revisor fiscal, Mario Velásquez; secretario, Leonidas Londoño; tesorero, Norberto Llanos; asuntos gremiales, Gerardo Duque; asuntos técnicos, Julio R. Prada; comunicaciones, Alberto Ospina; organización, Aldemar García; vocales, rubio Correa, José Aguirre, Edgar Grajales, Antonio Guevara, Hugo Loaiza, Francisco Montoya y Hernando Ospina; coordinador nacional Jorge E. Robledo, y secretario ejecutivo nacional, Carlos Naranjo Ossa.

Mención especial merecen el discurso de inauguración pronunciado por Jorge E. Robledo de la Unión Cafetera de Caldas y las intervenciones de Fabio Trujillo Agudelo y Fernando Londoño y Londoño. Jorge Robledo, a nombre del Comité Nacional Preparatorio, presentó un amplio informe de actividades y explicó pormenorizadamente los fundamentos y la importancia de la Unión Cafetera pues, tal como lo expresó, “el único sector de la economía colombiana que carece de una organización gremial que lo represente y defienda es el de los caficultores, porque el llamado gremio cafetero, la Federación, no constituye otra cosa que un enorme pulpo financiero que vive y se lucra de permutar con todos los gobiernos el privilegio de recolectar y administrar impuestos a cambio de su silencio cómplice frente a la política gubernamental en contra de los intereses de los productores”.

Fabio Trujillo Agudelo, ex gobernador de Caldas y conocido productor, a nombre de Aprocafé, ofreció “un cordialísimo saludo, con la más viva esperanza de que esto va a ser en verdad para bien de todos los cafeteros colombianos, sin distingos de ninguna naturaleza, clase o condición. Que aquí no se hará política, como no sea una política de verdadera defensa de los productores cafeteros, del mejoramiento de su condición social, del manejo de la estructura misma de la tenencia de la tierra, de políticas gremiales acertadas y consecuentes con la dura situación que está padeciendo, sin excepción, gremio cafetero del país”.

Fernando Londoño y Londoño, exministro de Estado y reconocido dirigente cafetero nacional, en su discurso de clausura del Congreso, señaló: ” ese desfile que vi de los líderes cargados de fundamentar la institución que hoy nace me dio la impresión de estar viendo grupo de patricios del campo… Es la impresión que he tenido de los líderes que habéis escogido. La impresión que tengo vuestras intenciones es la más elevada. El éxito que habeís logrado en este multitudinario concurso de nuestros intereses honra vuestros sentimientos honra nuestra estirpe y enaltece a Colombia”.