900% SUBIRÁN EN OCHO AÑOS LAS TARIFAS DE ENERGÍA

En contundente debate, el concejal del MOIR, Carlos Bula, demostró que el racionamiento de energía, las altas tarifas que se obliga a pagar a los usuarios y el servicio deficiente que se les brinda, son el producto de la entrega de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá al imperialismo norteamericano, de la corrupción que la corroe y del mal manejo técnico.

Denunció que entre 1976 y 1983 las tarifas del servicio de energía en Bogotá aumentarán en la escandalosa proporción del 894%, en el caso del consumo residencial mínimo, y del 1.100% en el consumo industrial, lo cual incidirá en más alzas de precios, en el desbordamiento de la inflación y en el empobrecimiento de las masas.

Finalmente, recordó que en diciembre de 1975, la deuda externa de la Empresa de Energía llegaba a 3.291 millones de pesos. Esta suma aumenta con el tiempo, convirtiéndose en insoportable carga para el pueblo.

ACTOS Y LUCHAS CONJUNTOS: HACIA EL FRENTE ANTIIMPERIALISTA

Dentro del espíritu de promover un amplio frente antiimperialista y democrático en todo el país, el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR, ha continuado desarrollando acciones unitarias con otras fuerzas y organizaciones a nivel nacional y regional.

En el concejo de Calí

En la sesión del 1° de noviembre del año pasado, los concejales de Cali José Ignacio Giraldo, de Alianza Nacional popular, José Cardona Hoyos del Partido Comunista y Jorge Gamboa del MOIR, presentaron una constancia de denuncia y de repudio a la política económica del “Mandato de hambre” y de la represión oficial que a diario padecen las masas. Los concejales deciden “llamar a todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo – obreros, campesinos, profesionales, estudiantes, amas de casa, capas medias y desempleados – a formar un solo frente de lucha contra el régimen de la oligarquía liberal-conservadora”.

Encuentro unitario en El Banco

El 6 de enero se llevó a cabo en El Banco el primer Encuentro Regional Unitario de la izquierda, organizado por la Anapo y el MOIR, al cual asistieron numerosas organizaciones revolucionarias y que contó con la presencia de nutridas delegaciones de los departamentos de Cesar, Magdalena y Bolívar.

El acto estuvo presidido por lo compañeros Jorge Biswell Cotes, dirigente regional de Anapo, Juan Arango dirigente regional del MOIR y Ramiro Torres y Jorge Arturo Villarreal, dirigentes de nuestro partido en El Banco.

Los asistentes aprobaron por unanimidad una ponencia presentada conjuntamente por la Anapo y el MOIR respaldando el proceso unitario de las fuerzas revolucionarias.

Actos en Risaralda

Las direcciones de la Anapo y el MOIR en Risaralda acordaron la realización de varios encuentros a nivel municipal con el fin de preparar el Foro Unitario del 18 de febrero. La agenda aprobada fue la siguiente: en Santa Rosa de Cabal el 4 de febrero, en Belén de Umbría el 5, en la Virginia el 6, en Dosquebradas el 11, en Apía y Pereira el 12 y en Marsella el 13.

Se prepara Foro en Bogotá

El 30 de enero se instaló el comité provisional preparatorio del Foro del 18 de febrero de los barrios San Francisco, los Sauces y Acacias. A nombre de Anapo intervinieron los compañeros pedro Manuel Rincón, presidente del comando distrital de ese partido, y Marcos Velandia; por el MOIR hablaron los compañeros Carlos Bula y Elvira de Romero. El comité fue conformado así: presidente Servio Tulio Rodríguez de Anapo; vicepresidente, Guillermina Rodríguez del MOIR, y secretario Carlos Molano de Anapo.

Declaraciones conjuntas

El 16 de enero, 22 organizaciones gremiales, dos concejales y seis organizaciones políticas de izquierda suscribieron en Valledupar un manifiesto a la opinión pública en el que se formula una enérgica protesta por los pésimos servicios de energía eléctrica que se prestan en esta ciudad y en el departamento, a causa del desgreño con que tradicionalmente se ha manejado la empresa Electrocesar.

Firman: el MOIR, el Partido Comunista, los Comandos Camilistas, la Juventud Comunista, la Juventud Patriótica, Espartaco, Festralce – CSTC, Fecode, Sintracicolac, Sintraelectrocesar, ACEB, Sittelecom, Sindicato de Choferes, Anuc y los concejales Hernán Rodríguez Díaz y Ciro Ferrer Bula.

A mediados de enero fue dado a conocer en Medellín un boletín de rechazo y protesta por el asesinato del presidente del concejo de Cimitarra, compañero Josué Cavanzo. La hoja volante afirma que “el presente gobierno de Alfonso López Michelsen se ha caracterizado por su política antipopular y regresiva”.

Y culmina diciendo, “la unidad férrea de las fuerzas revolucionarias facilitará afrontar la represión y las distintas medidas del régimen”. La suscriben la Anapo, el MOIR, la Unión RS, el Bloque Socialista, la Organización Comunista Ruptura, Espartaco, la Liga Obrera Comunista de los Comandos Camilistas.

En El Banco fue publicada una carta abierta, enviada por más de 150 personalidades de la región, al director del hospital “La Candelaria” en la que se denuncia la persecución a que ha sido sometido el médico Álvaro Velásquez, destacado servidor del pueblo, por parte de gamonales y caciques de la región. La carta señala la forma como se ha tratado de sabotear el programa de asistencia médica y cirugía masiva emprendido por el compañero Velásquez en esa abandonada e inhóspita zona del Magdalena.

Encabezan la lista de firmantes el dirigente regional de Anapo, Jorge Biswell, los dirigentes del MOIR Ramiro Torres y Jorge Arturo Villarreal, los concejales Fernando Pisciotti y León Masón, el diputado Jorge Bayter y el dirigente de Anuc Rodrigo López.

El 31 de enero fue firmada en Bogotá una carta abierta suscrita por dirigentes de la Anapo y el MOIR de los barrios Estrada, Ferias, Bonanza, San Marcos, Santa Helenita, Tabora, La Clarita y la Granja. El documento, que lleva las firmas de los dirigentes de la Anapo Diego Suárez Villa, del Comando Ejecutivo Nacional, y Hugo Sáenz, y Álvaro Concha y Juan Simón Rico del MOIR, indica refiriéndose al frente único: “Tal frente se deberá conformar alrededor de un diáfano programa nacional; que funcione con claras normas democráticas que impidan, además, la exclusión de cualquier fuerza que se quiera sumar a la causa de la salvación nacional”.

Llamamiento de Anapo Socialista

Dirigentes de Anapo Socialista y del MOIR de los municipios santandereanos de Vélez, Landázuri y Güepsa, enviaron el 28 de enero una carta a Carlos Toledo Plata, dirigente nacional de Anapo Socialista y a Giraldo Jiménez, dirigente regional del MOIR, en la que llaman “a las direcciones regionales de nuestros partidos para que participemos de una manera revolucionaria y unitaria en el Foro de la Oposición que para el 18de febrero ha citado la Anapo en Bogotá”.

Firman, por Anapo socialista, Segundo Hernández y Heliberto Hernández y por el MOIR Guillermo Luna y Germán Campos.

Condena al gobierno lopista
Con el voto afirmativo de 7 de sus 12 miembros, el concejo de Aguachicá aprobó el 21 de enero una proposición de rechazo al gobierno de López Michelsen y a su representante en el Cesar el gobernador Hernando Araújo Cotes. El documento lleva las firmas de los concejales proponentes Moisés Álvarez del MOIR, Luis A. Bolívar y Víctor M. Salcedo de la ANAPO, Darío Quintero y Rafael Llaín del liberalismo y Federico Beleño del conservatismo.

PERSECUSIÓN AL MOIR

El gobierno continúa su persecución contra militantes y amigos del MOIR. A continuación, algunos de los atropellos más recientes.

Chiriguaná: detenido y condenado a 90 días de cárcel el concejal del MOIR en ese municipio, Adolfo Quintín Martínez. La injusta detención se produjo el 29 de noviembre pasado. También fueron arrestados el dirigente regional del MOIR y concejal de Codazzi, Carlos Peñalosa, y el dirigente local de la Juventud Patriótica, Luis Salcedo.

Sincelejo: allanadas el 8 de diciembre las residencias de los compañeros Daniel Paternina, dirigente nacional del MOIR y Alfonso Hernández. Además fueron encarcelados los compañeros Francisco Cabrera y Jorge Gaona, durante cuatro días.
El Banco: la policía detuvo en diciembre último a los compañeros Biviano Castaño, Daniel Trespalacios y Jorge Casado.

Apartadó: arrestado el 30 de enero el dirigente del MOIR en Necoclí, Jorge Agudelo, quien permanece incomunicado en la base militar “La Maporita”, de Apartadó.

Medellín: detenido el 3 de febrero el dirigente de la Juventud Patriótica, Antonio María Sánchez. Las autoridades policivas se han negado reiteradamente a informar sobre el paradero del compañero.

Cali: fue privado de la libertad el concejal del MOIR en esa ciudad, Luis Carlos Ramírez. El hecho ocurrió el 3 de febrero en momentos en que el dirigente intervenía en un mitin de solidaridad con los trabajadores de la fábrica Britilana. También fueron arrestados siete activistas sindicales, entre los que se cuentan varios obreros de Industrial Hullera de Amagá, que habían ido a Cali en busca de solidaridad para su movimiento huelguístico.

A pesar de la sistemática persecución a que vienen siendo sometidos los militantes de nuestro Partido, el MOIR continuará batallando sin cesar en todo el país contra el mandato de hambre, demagogia y represión.

EN EL CONCEJO DE POPAYÁN: DERROTADAS NUEVAS ALZAS EN LOS IMPUESTOS

Luego de una tenaz batalla, los concejales Álvaro Pío Valencia del MOIR y Luis Carlos Olano de la Anapo, lograron sepultar el proyecto de nuevos y escandalosos aumentos del impuesto predial en Popayán. A fin de cubrir el déficit crónico que afecta a esta ciudad, el gobierno ordenó al Instituto Agustín Codazzi el reajuste de los avalúos catastrales de todas las viviendas. En general las alzas alcanzaban 500%. Se trataba de hacer recaer sobre los sectores populares el financiamiento del déficit municipal.

Desde la sesión del 1° de noviembre pasado, los compañeros Álvaro Pío Valencia y Luis Carlos Olano iniciaron la lucha contra este atropello dentro y fuera del concejo. Durante un mes, los concejales revolucionarios presidieron numerosas asambleas populares en los barrios brindando su decidido apoyo al combate contra la injusta tributación. Finalmente, en el cabildo abierto del 1° de diciembre, el concejo en pleno se vio obligado a aprobar el acuerdo número 32 por medio del cual se congelan “por el término de dos años contados a partir del 1° d enero de 1977 hasta el 31 de diciembre de1978, los gravámenes que por concepto de impuestos predial o catastral vienen pagando los contribuyentes de este municipio”.

Por otra parte, el compañero Álvaro Pío Valencia, en su continuo batallar en defensa de los intereses del pueblo, hizo archivar un antipopular proyecto de presupuesto municipal basado en más alzas en los impuestos de aseo, galerías, teléfonos y mataderos.

EDITORIAL: LAS CONDICIONES SON EXCELENTES

La Comisión Coordinadora Nacional de Anapo ha convocado para el próximo 18 de febrero el Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria y a él ha citado a todas las organizaciones políticas y gremiales susceptibles de participar, en las condiciones actuales del país, en un gran frente revolucionario, sin distinciones grupistas de ninguna especie. El MOIR, como es también de conocimiento público, respondió afirmativamente a dicha invitación resaltando la trascendencia del Foro y el acierto de la agenda presentada por los autores de la propuesta. Igualmente, otras agrupaciones partidistas y personalidades democráticas se apresuraron a manifestar su complacencia por el evento y a prestar su ayuda en el estudio y discusión de los importantes asuntos a examinar y resolver. Se trata, pues, de un nuevo esfuerzo por explanar la senda de la unidad del pueblo, en un momento de decisiones para las clases revolucionarias, con unas perspectivas excepcionalmente halagüeñas y que probablemente culminarán en la más amplia y sólida alianza de las fuerzas antiimperialistas colombianas.

Coexisten desde luego factores a favor y en contra de la unidad. Entre los primeros sobresale la crisis económica y política de la coalición oligárquica dominante y en particular la estruendosa bancarrota del gobierno de López Michelsen, marcado con el estigma del desprestigio, carcomido por el cáncer de la corrupción y traspasado por el fuego de las distintas fracciones en pugna de los viejos partidos. Las sistemáticas medidas antipopulares y despóticas del continuador, producto de su profundo carácter reaccionario y proimperialista, no obstante martirizar inclementemente a las masas trabajadoras y envilecer el país, han terminado por convertirse en un aspecto positivo, ya que desgarraron los velos del engaño y permiten contemplar tal cual es la figura histriónica que rige los destinos de la nación, con sus reales intereses de clase, sus turbios propósitos, sus perversas intenciones, su desprecio infinito por la opinión de la mayoría forjadora de las riquezas de Colombia, escamoteadas por los prestidigitadores oficiales de alto rango en beneficio de la bolsa de los grandes potentados extranjeros y colombianos que son, al fin y al cabo, las verdaderas autoridades tras el solio.

En el conjunto de las republicas latinoamericanas, Colombia pertenece al reducido grupo de las que aún quedan regentadas por mandatarios civiles, impuestos en elecciones, y no a través del procedimiento directo de los golpes cuartelaríos. Estos gobernantes son elegidos por un periodo fijo, y por lo tanto, desde su posesión tienen el tiempo contado constitucionalmente. Debido a eso se les puede ir computando por días, meses y años el efecto de sus actos, determinar oportunamente el rumbo de su orientación principal y pronosticar con cierto margen de exactitud y anticipación el resultado global de su obra. López Michelsen lleva dos años y medio en la Presidencia, es decir, más de la mitad de su periodo constitucional, lapso suficiente para concluir sin temor a equivocarnos que el llamado “mandato claro” ha sido uno de los más oscuros y trágicos de la vida republicana de Colombia.

En los umbrales de la actual administración, el MOIR alertó a las masas revolucionarias sobre el hecho de que la instalación del delfín liberal en San Carlos sería una de las grandes calamidades históricas del pueblo colombiano. Esta apreciación la hacíamos con base en el análisis del programa lopistas y de la situación cada vez más prominente de dependencia del país del imperialismo norteamericano, del control absoluto del Estado y demás medios de dominación por parte de unos cuantos vendepatria de los dos partidos defensores del orden, y del agudo enfrentamiento de las clases populares contra los privilegios prevalecientes, que excluye por los causes legales cualquier solución satisfactoria de los problemas públicos.

Los tres millones de votos obtenidos por el vencedor de las elecciones de 1974 y el delirio momentáneo del triunfo con que el liberalismo supo contagiar a vastos sectores, incluso a la dirección de organizaciones políticas que plantearon otras alternativas, hicieron posible en principio que la grave e irreversible crisis de la sociedad colombiana quedara sepultada y oculta bajo el alud reformista.
Al ruedo saltaron espontáneos a combatir “lo malo” y a apoyar “lo bueno” del cuatrienio recién inaugurado. Algunos fueron más lejos al predicar el alumbramiento de una “nueva situación nacional”, de una “nueva situación política” y hasta de un “nuevo poder”. Pero todas estas profecías se desintegraron como pompas de jabón una vez que el nuevo mandatario comenzó sus funciones, para las cuales fue ensalzado: asir y enrutar el timón de la República neocolonial y semifeudal. Han transcurrido desde entonces dos años largos y difíciles. Hoy nadie, o únicamente un escaso numero de personas, guarda dudas acerca de la idiosincrasia despótica y antipatriótica del régimen vigente, con sus mandos militares, gobernadores, ministros y jefe del Estado a la cabeza. Esto es un factor eminentemente positivo puesto que facilita la unidad de inmensas porciones de masas, agremiaciones, partidos y personalidades en un frente de combate que desenmascare y encare no sólo las abominaciones de los mandos medios del Presidente sino al Presidente mismo.

El aspecto más negativo de la situación actual lo sigue representando el desarrollo relativamente escaso de los partidos revolucionarios, su falta de vinculación más estrecha a las masas populares y por ende su corta iniciativa para sacarle todo el jugo a unas circunstancias propicias a un cambio progresivo de la correlación de fuerzas entre los campos de la reacción y la revolución. Tales deficiencias son una genuina herencia del pasado, el resultado natural de unas particularidades políticas que en Colombia han terminado por hacer costumbre, algo que se ha vuelto tradición: que las fuerzas organizadas de la revolución no pasan en su crecimiento determinados limites, se muestran torpes e incapaces de aprovechar las contradicciones del enemigo, que las ha tenido y grandes en los últimos decenios y caen con frecuencia en las celadas que éste les prepara fría y calculadamente. No pretendemos desconocer los avances de los diversos partidos opuestos al bipartidismo liberal-conservador y que nos tienen muy orgullosos. Simplemente señalamos el lado flaco de la cuestión, sobre el cual hay que hacer conciencia plena, si queremos responder a las responsabilidades de la hora y crecer no por miles como lo hemos venido haciendo sino por decenas y centenares de miles.

Para ello estamos obligados a romper las miras estrechas que no sobrepasan las fronteras del grupo. Vencer los escollos objetivos y lasa reticencias artificiosas que se interponen en la creación de un frente unido del pueblo, tan amplio como no hay noticia en la existencia del país, que divida políticamente a Colombia en dos bandos muy definidos; de un lado, las clases, partidos y estamentos antiimperialistas aliados alrededor de una estrategia y táctica compartidas, y del otro, a una coalición oligárquica desmoralizada, débil, desacreditada, sin salida política viable, agrietada a causa de disensiones internas insuperables y cada día más consumida y abatida por los embates de la marea revolucionaria. El prolongamiento de la dispersión de las fuerzas populares en la coyuntura actual sería el mejor auxilio para la reacción y en tal eventualidad ésta lograría recuperar las posiciones políticas perdidas durante los dos años pasados y plantear soluciones que entorpecerían una pronta aglutinación de la izquierda.

La unidad hace la fuerza. Jamás fue tan valedera la antigua sentencia. Con la unidad los partidos revolucionarios forjarán las premisas para expandir y consolidar su influencia. Lograrán vincularse a las masas y a sus luchas, una de sus más apremiantes necesidades no digamos tanto para fortalecerse cuanto para sobrevivir. Persisten sin embargo dificultades no despreciables hacia la meta de la constitución del frente. Asimismo, con su conformación aparecerán en el futuro otras más complejas, como suelen recordárnoslo al oído quienes envuelven su sectarismo y falta de confianza en sus propias aptitudes con un manto de vacua prudencia y de inoficiosa admonición. Ante las presentes dificultades no hay más remedio que salirles al paso y resolverlas, porque nada hay tan importante hoy por hoy para la revolución colombiana como la creación no de dos o tres frentes sino de uno solo que abarque todo lo aglutinable, que evite el desgaste de energías en peleas secundarias y que traslade a las líneas principales de batalla cuanto contingente logremos movilizar, para desbaratar las tropas y los planes del imperialismo y sus esbirros que oprimen y desvalijan a Colombia. Y en los que atañe a las dificultades del mañana, está en nuestro deber imaginarlas. Pero serán otros tiempos y otras realidades y también las afrontaremos y daremos mate, conforme vayan apareciendo, apoyados en la experiencia y madurez adquiridas en la brega actual y sin perder de vista las condiciones concretas de cada momento.
Presentamos eso sí que no serán las rebatiñas de la dispersión prevaleciente, ni las controversias originadas en el divorcio de los revolucionarios con el pueblo, ni los certámenes doctrinarios entre círculos reducidos, sino los acontecimientos que hacen época, protagonizados por las inmensas masas de obreros y campesinos, bajo una vanguardia fogueada en la lucha de clases y armada con una guía ideológica y política correcta. El derecho a conquistar ese escenario de lucha en donde nos tornaremos invencibles, depende de la resolución y audacia con que apliquemos actualmente nuestra concepción del frente, válida para toda la etapa de la revolución democrática de liberación nacional.

La división de las fuerzas revolucionarias, la incipiente vinculación de los partidos de avanzada con las masas de obreros y campesinos, la tradicional debilidad del campo de la revolución, la estrechez de miras y la incredulidad en la perspectiva de producir en tiempo relativamente corto un cambio notable en la correlación de fuerzas entre la reacción y la revolución, son causas que engendran las tendencias sectarias y anti unitarias de no pocas de las organizaciones partidistas convocadas por la Coordinadora Nacional de Anapo a integrar el frente unido del pueblo colombiano, o como se le quiera llamar. Partiendo de los nuevos elementos de la situación del país, tenemos que persuadir a la gran mayoría de que nos hallamos en los portales de un enorme auge del movimiento revolucionario colombiano, a condición de proceder en consecuencia con las conmociones sociales y políticas que sacuden violentamente el piso sobre el cual combatimos. Barramos los pequeños resquemores, las obtusas consignas de grupo y los rebatos de parroquia con una poderosa corriente unitaria que tendrá por objetivo central el bienestar de los 25 millones de colombianos, cuya suerte está ligada íntimamente a la liberación nacional de los países oprimidos del Tercer Mundo, del cual formamos parte, a la victoria del proletariado internacional, a las realizaciones de las naciones socialista y al avance de los movimientos revolucionarios del globo entero.

La economía del régimen lopista

Echemos una ojeada, primero a la economía del gobierno lopista, enumerando así sea esquemáticamente las medidas más características, de su índole antinacional y antipopular, que explican su política represiva y de supresión de los derechos democráticos de las masas, rayana con las peores manifestaciones fascistoides del continente. Después de este rápido examen comprendemos mejor con cuanta justeza insistimos en la urgencia de concentrar esfuerzos por desentrañar hasta las heces el “mandato de hambre, demagogia y represión”, habituar al pueblo en la práctica de descubrir los embustes y artimañas de sus opresores, prevenirlos sobre los nuevos fraudes que está cocinando la oligarquía liberal-conservadora e impedir que caiga cual mansa paloma, como en 1974, en las trampas que le tiende el odiado adversario.

Empecemos con la reforma tributaria, una de las determinaciones iniciales de hondo calado del régimen continuista proclamada con el despliegue propagandístico de que favorecería al 50% más pobre de la población. ¿En qué concluyó? Dentro del piélago de decretos y contradecretos la modificación de mayor incidencia consistió en el incremento del gravamen a las ventas. De esta manera se acentuó la modalidad oligárquica de primacía de los impuestos indirectos sobre los directos, que es el mecanismo favorito para que tribute preferencialmente el pueblo a través del consumo de bienes y servicios. Entretanto, a las sociedades anónimas y en especial a las compañías extranjeras se les redujo hasta en un 10% sus contribuciones al fisco, y a las pequeñas y medianas industrias, que constituyen por excelencia la producción nacional no imperialista, se les duplicaron y hasta quintuplicaron las cargas.
Para las empresas petroleras norteamericanas, por ejemplo, la reforma consagró la gracia de deducción tributaria por agotamiento de los pozos. La aplicación o no de la denominada renta presuntiva quedó en manos del Ejecutivo, y hemos sabido cómo ésta se suprime tras las presiones de los grandes terratenientes; mientras ni los campesinos, ni la pequeña burguesía urbana, ni los pequeños y medianos industriales cuentan con portavoces en las esferas del “•chamboneo” ministerial. Los lopistas sinceros que aún quedan reivindican la reforma tributaria como la cúspide de las operaciones estatales. Sin embargo, no pasa de ser una de tantas demandas del imperialismo, ya satisfecha, que se interpone al desarrollo nacional, discrimina contra las masas trabajadoras y encarece el costo de la vida. A pesar de la reforma, el déficit fiscal continua y la emisión de papel moneda prosigue, reactivándose permanentemente la hoguera de la inflación.

La reforma financiera y monetaria ha estribado sustancialmente en dos directrices básicas: de una parte, que el precio del dinero, o sea el interés, quede regulado por la libre relación de la oferta y la demanda, o lo que vale decir, al capricho de la banca y del puñado de corporaciones financieras; y de la otra, que el peso colombiano se devalúe constante y automáticamente, regulado asimismo por las fuerzas del mercado. Este dejar hacer y dejar pasar, aconsejado por las escuelas económicas norteamericanas de moda, terminó por entregarle al gran capital financiero extranjero y colombiano el dominio hegemónico de la actividad agraria, industrial y económica del país. Intereses que sobrepasan el índice de 30% como es de común ocurrencia, configuran un obstáculo imposible de vencer para la producción nacional. A la par con esto, el Estado da crédito barato a las gigantescas sociedades anónimas y a los grandes terratenientes. Ni que agregar que con la devaluación permanente también se acelera la inflación, se contribuye a la quiebra de los pequeños y medianos productores y se recorta el salario de los trabajadores. Pastrana inventó las UPAC, que son algo así como la oficialización del agio. Pues bien, López Michelsen “upaquizó” toda la economía. La reforma financiera y monetaria entroniza el reino de los especuladores y usureros, arruina la producción nacional, incrementa el desempleo y centuplica la explotación sobre las masas asalariadas. Es vox populi que el gobierno lopista agencia al capital financiero en la cima del Poder.

La deuda pública externa del país, uno de los canales preferidos por el cual los organismos internacionales de crédito succionan la riqueza de los pueblos sometidos a su égida, ha ido en acelerado aumento. No hay mejor termómetro para medir la confianza del imperialismo en un gobierno que el monto de los préstamos que le concede. Los monopolios prestamistas, en 1975, durante una reunión de su Grupo de Consulta, en París, a la que asistió el ministro de Hacienda, dieron visto bueno a empréstitos solicitados por Colombia, por la astronómica suma de 2.600 millones de dólares. Los planes demagógicos de Desarrollo Rural Integrado y de Alimentación y Nutrición, así como el resto de obras públicas, son financiados invariablemente con crédito externo. En consonancia con esta política de endeudamiento, el gobierno ha procedido a elevar los impuestos, como ya señalamos, y las tarifas de los servicios prestados por el Estado. Al final del actual periodo Colombia se verá más hipotecada al imperialismo y el pueblo colombiano más miserable y sojuzgado.

La pusilanimidad del señor López con los corsarios imperialistas no admite réplica. Cuando las compañías petroleras redujeron la extracción del crudo, con merma sensible de los combustibles primordiales en la marcha de toda la producción y en claro chantaje para obligar al alza, el gobierno complaciente agachó la cerviz de manso buey y procedió, contra la protesta publica, a subir la gasolina y demás derivados del petróleo, en progresión que incidirá catastróficamente, al igual que las otras medidas económicas, en el desarrollo nacional y en los medios de vida de la población. Este lúgubre panorama se cierne sobre el país siendo que Colombia cuenta con reservas energéticas abundantes, incluyendo los hidrocarburos.

La completa liberalidad implantada por el continuismo en las relaciones internas de la economía, con la cual el pez grande se traga al chico, ha sido extendida al comercio internacional. Fue decretada la liberación de importaciones con la correspondiente disminución de aranceles a un sinnúmero de renglones. El primer resultado de tal determinación, como era de esperarse, consistió en la competencia ruinosa para la producción colombiana, a cargo de las mercancías de la poderosa industria imperialista. Analicemos un caso. En 1976 Colombia demandó para su consumo interno aproximadamente 400.000 toneladas de trigo y cosechó únicamente 50.000 en cifras redondas. El resto lo compró afuera. Años atrás el país se autoabastecía de este cereal y las gentes comían relativamente más pan que ahora. Pero a mayor importación, menor siembra. Y en ese círculo vicioso han empezado a caer otros artículos y materias primas industriales de origen agropecuario, como la leche, los aceites, la cebada, el maíz, el sorgo, etc. ¡Libertad de Intereses!, ¡Libertad de importaciones!, ¡Libertad de comercio!, ¡Libertad de Precios!. He ahí la declaración de principios económicos del “mandato de hambre”. Filosofía esta que en la era del imperialismo significa, nada más ni nada menos, una abierta autorización para que los buitres de los monopolios extranjeros caigan sobre la presa indefensa y sin alientos a abrirle las entrañas y a devorarle los ojos.

La gran propiedad territorial tampoco se ha visto desamparada por su ángel de la guarda. López Michelsen no hechó al olvido las peticiones de las clases terratenientes y elaboró, o mejor dicho, recomendó ante el parlamento la aprobación de la Ley de Aparecería propuesta por los latifundistas, dirigida a perpetuar en el campo la servidumbre y la explotación de los campesinos en provecho de los dueños del suelo. Con la sanción de esta Ley se comprobó no solo que el gobierno “de la esperanza” es un instrumento tanto del gran capital como del latifundio, sino que el Congreso es a su vez un instrumento dócil del Presidente, al que éste acciona con las cuerdas de plata de las dietas y de los auxilios parlamentarios.

En medio de los desatinos de sus gobernantes a Colombia le llovió el maná de la bautizada “bonanza cafetera”. Los recursos obtenidos por este concepto le han permitido a la fronda burocrática, experta en el manejo efectista de las estadísticas, prefabricar balances de fin de año que arrojan saldos ficticios de pujanza en todas las órbitas del quehacer económico, como el acrecentamiento de las divisas en moneda extranjera, o lo que es lo mismo, los dólares que el Banco de la República recoge por exportaciones. Al respecto existe unanimidad en los comentaristas procedentes de las más diferentes vertientes políticas en que, de no haber sido por la súbita y extraordinaria elevación del precio del café en los mercados internacionales, el cuadro de la gestión económica oficial hubiera sido espantosamente tétrico. Hay que explicar que los buenos precios del principal producto de exportación de Colombia, no se hallan relacionados ni cerca ni lejanamente con los proyectos del régimen, sino con las heladas del Brasil, la roya de Centroamérica, la guerra de Angola. Lo importante de indagar es qué persecuciones ha tenido este golpe de la suerte en la economía colombiana. Contrariando el apelativo de “bonanza” que se le puso, la excelente cotización del grano en Estados Unidos y Europa tradújose en un proceso inflacionario desbordado, cuya primera y única víctima resulta el pueblo colombiano.

De otra parte, por labios del propio Presidente, supo el país que del apogeo del café se lucraría el gremio y no la nación, entendido por tal los grandes exportadores y los amos de la Federación Nacional de Cafeteros. A tiempo que al campesino productor, auténtico artífice de esta enorme fortuna, le cae cual maldición del cielo terrenal del Estado oligárquico el maná de la inflación y la carestía.

Sobre los mil y pico de millones de dólares acumulados en las arcas oficiales no se pueden hacer cuentas alegres, debido a que están comprometidos de antemano en los siguientes pagos: servicio de la deuda pública externa (180 millones), importación de petróleo (220 millones) y obligaciones vencidas de la banca privada con prestamistas extranjeros (680 millones). ¿A la hora de nona, qué le deja a Colombia la fementida “bonanza”? Salvo el ahondamiento de la crisis económica, absolutamente nada. Dentro del régimen neocolonial y semifeudal prevaleciente, a través de un sistema de vasos comunicantes, cualquier síntoma de prosperidad nacional culmina fatalmente abultando la faltriquera de los imperialistas y sus intermediarios. La fábula del café confirma un sentimiento generalizado; que un presidente con suerte es una desgracia para el país. Y de lo dicho se desprende una valiosa enseñanza; la de que la prosperidad de Colombia será hija y sólo hija de su liberación.

Si los caballeros del dinero y de la tierra gozaron del gesto benévolo y de la magnanimidad de los funcionarios, a la clase obrera le tocaron en cambio las cejas fruncidas y el crujir de dientes. En el año de 1976 se fijó como tope máximo de alza salarial un 15%, cuando el costo de la vida, de acuerdo con los datos suministrados por el DANE, ascendió en 26%. En la realidad este último porcentaje es muchísimo más alto. En todo caso ningún fenómeno evidencia tanto el rotundo fracaso de la labor del gobierno como la inflación. Y nada como la inflación para esquilmar sutil, sorda, constante y despiadadamente a las masas trabajadoras. Es el arma secreta con que el capital reduce sin pregonarlo el ingreso de los obreros. Mediante la alteración sistemática hacia arriba de los precios de bienes y servicios multiplícase la explotación de los esclavos asalariados. Y esto fue precisamente lo que el régimen propició y continúa propiciando con todas y cada una de sus medidas económicas.

Pero la ofensiva contra el proletariado no para ahí. El Presidente en persona hechó a rodar la “teoría” del “salario integral”, con la cual ha promovido una campaña tendiente a eliminar las prestaciones convencionales obtenidas por el sindicalismo colombiano en sus años de lucha. El contrapliego patronal presentado por la empresa petrolera estatal de la USO, que suprime de un plumazo conquistas rubricadas con la sangre de incontables combatientes, ejemplifica la arremetida que está en camino y los nuevos atentados que amenazan y han puesto en estado de alarma a la clase obrera. Casi siempre en la discusión de los pliegos de peticiones el foco candente del conflicto estuvo ubicado en el punto salario. Y casi siempre, en lugar de un reajuste de éste, los empresarios ofrecieron bonificaciones, primas y demás “abalorios”, como los calificara despectivamente López. Sin embargo, tan no serán accesorias las prestaciones extralegales, que han montado todo un operativo con el fin de suprimirlas. La argucia patronal se sintetiza así: ayer entregamos “abalorios”. El mandato lopista ha sitiado al proletariado colombiano y lo ha sitiado por hambre. Su política laboral tiende a estrechar más y más el cerco. Como es obvio, la respuesta de los obreros no se hará esperar y el futuro está preñado de importantes acontecimientos. Por ahora la inflación ya tumbó un ministro y el movimiento sindical una ministra.

Dentro de la presente descomposición nacional ha proliferado la corrupción larvada en los regímenes bipartidistas precedentes. Es una plaga que nos lleva al Norte. Son los sobornos de las grandes compañías a abogados venales, ministros del despacho, militares de tres soles. El tráfico de marihuana y cocaína, que han colocado a Colombia entre los principales centros de procesamiento y distribución de narcóticos. La floración de mafias a la usanza norteamericana, instaladas y posesionadas de los nervios vitales de la economía y la política de la coalición dominante. Los descomunales negociados de institutos y organismos del gobierno con los particulares, que han convertido al erario en el cofre del pirata. La venta de la decadente cultura occidental, que hace la apología y embellece las peores aberraciones del mundo imperialista. Ninguno de los bastiones tutelares del orden social imperante se le escapan. Ni el templo de las leyes, ni la balanza de la justicia, ni la vara del alcalde. Ni lo profano ni lo sagrado. El advenimiento del “mandato claro” ha preparado el ambiente propicio, el medio benigno para que la corruptela inherente a la vieja sociedad saliera de la sombra y se enseñoreara por todas partes, a plena luz del día. Más la descomposición social que estamos palpando no es del todo una cosa mala; trae consigo la necesidad de la transformación revolucionaria por la cual abogamos. El pueblo hará suyo el nuevo evangelio y matará la víbora por la cabeza.

¿Pueden subsistir los malentendidos acerca de cual es el contenido de la línea económica del actual gobierno? ¿Tendremos que esperar hasta el 7 de agosto de 1978 para emitir un juicio categórico? ¿O procedemos desde ya a orientar a las masas con lo que los textos de historia ilustraran a las nuevas generaciones, que durante el periodo López Michelsen el imperialismo norteamericano acentuó su dominio hegemónico sobre el país: que los capitales extranjeros siguieron apoderándose de las minas, bosques, yacimientos, mares y ríos; que la minoría antipatriótica de grandes burgueses y grandes terratenientes recibió la paga correspondiente por venta de la nación, y que el proletariado, el campesinado y las demás fuerzas forjadoras de la riqueza saqueada padecieron los horrores de la más inicua explotación? ¿O hay algo que salve el nombre descastado de los demagogos, como el ridículo decreto de congelación de arriendos, derrotado desde antes de su promulgación por los intríngulis de la ley y por las intrigas de los pulpos urbanizadores y de las firmas de arrendamiento contra quienes supuestamente estaba dirigido? Dos años y medio de continuismo arrojan un balance contundente. Mayor control del imperialismo. Enriquecimiento de la minoría oligárquica. Retroceso de la producción nacional. Corrupción, Desempleo. Hambruna.

La política despótica del régimen lopista

Lenin dice que la política es la expresión concentrada de la economía. Si los intereses protegidos por el gobierno colombiano, como queda demostrado, corresponden a los de los monopolios imperialistas y sus intermediarios, su política tiende por lo tanto a la negación de la democracia y a la implantación desembozada del despotismo. No necesitamos demasiadas palabras para explicar esta parte de nuestra exposición. Sin ir demasiado lejos. Colombia lleva 30 años bajo un estado de sitio casi ininterrumpido. López Michelsen asumió la presidencia tras la más caudalosa votación a su favor. Una explosión de ilusiones produjo el respaldo obtenido en las urnas por el candidato liberal. Se hacía sobre todo la loca consideración de que el elegido había quedado comprometido, y aún más presionado por la masa de tres millones de sufragantes. El MOIR advirtió entonces que la cuestión sería exactamente al contrario. En proporción a su votación subiría el envalentonamiento de las clases dominantes. Así lo entendió la oligarquía colombiana que ha solido captar con superior agudeza el momento político que sus opositores. Y se dijo así mismo: el desenlace electoral en 1974 nos está indicando que el pueblo no se encuentra tan descontento como se suponía, ni tan desacreditados los dos partidos tradicionales. La ocasión es única.- Aprovechémosla para despachar los planes aplazados. López nombró un gabinete archireaccionario y el primer acto importante de este gabinete fue la declaratoria de la emergencia económica. Lo demás ha sido descrito varias veces. El nuevo gobierno no sólo no llevó a la práctica ninguno de los puntos programáticos de la revolución, como lo esperaban algunos, ni a las masas que engañadas votaron por él les pasó por la mente demandárselo, sino que recurrió al estado de sitio tan pronto desapareció la euforia de abril.

Y el estado de sitio en manos de López Michelsen ha servido para lo que siempre ha servido el estado de sitio. Para implantar los consejos verbales de guerra en los que se condena a los luchadores populares. Para reprimir a los obreros, campesinos y estudiantes, e impedirles el ejercicio de sus derechos de organización, movilización y expresión. Para prohibir las reuniones y manifestaciones de los partidos contrarios al régimen. Para restringir la prensa revolucionaria. Para tomar medidas antipopulares y prevenir la protesta por estas medidas. Para amedrentar. Para proteger el terrorismo contra las masas. Para convocar elecciones y luego prohibirles el ejercicio electoral a las fuerzas revolucionarias. López ha presidido solo unos comicios, los del año pasado, y se efectuaron bajo estado de sitio.

Dentro del anterior contexto, el “mandato de represión” se ha distinguido por su ferocidad contra el movimiento obrero. Huelgas ilegalizadas, dirigentes despedidos, sindicatos intervenidos y combatientes asesinados compendian la acción del gobierno en el terreno laboral. La misión pacificadora también se ha ensañado con los campesinos, destacándose la grave situación de extensas regiones del país, como el Magdalena Medio, Urabá, partes del Valle del Cauca, los Llanos y otras, en las que, cuando no es la tropa uniformada la que siembra el terror y cobra victimas, son los sicarios a sueldo y cuadrillas armadas por los terratenientes los que ejecutan la sucia labor, ante la indiferencia de las autoridades. El despotismo ha llegado hasta los claustros docentes y con especial crueldad a las universidades. Allá la política gubernamental oscila igualmente entre la demagogia y la bota militar. Si falla la una, ahí esta la otra.

La finalidad es en todo caso la de acallar a estos estamentos intelectuales que resultan particularmente molestos para el régimen. Y no se trata solo de la base estudiantil, rebelde por naturaleza, sino de los profesores y maestros que se hayan indudablemente más identificados con sus discípulos que con quienes elaboran y recortan sus nóminas. Estos sectores han aportado también su cara cuota de presos y muertos. Y bajo esta “disciplina para perros” encuéntrase la abrumadora mayoría de la nación que ve como el tricolor se va trocando en una camisa negra, el escudo en una cruz gamada y el país entero en un inmenso campo de concentración. A los vendedores ambulantes, conformados de porciones considerables de obreros y campesinos sin ocupación, se les niega el derecho a ganarse la vida y se les persigue aviesamente. A los pequeños comerciantes, pequeños transportadores, taxistas, tenderos, aprisionados en las redes de la especulación y la usura del gran capital, se les inculpa del costo de la vida y padecen el asedio constante de funcionarios y cuerpos policivos. Los pobladores de los municipios olvidados que piden al Estado el suministro de los servicios básicos, reciben muchas veces de éste, en lugar del agua y la luz reclamadas, una lluvia de gases o una descarga de fusilería. En síntesis, todas las clases y estratos del pueblo carecen de los derechos democráticos mínimos. Para estas inmensas masas la situación ha venido empeorándose por el discurrir de las dictaduras frente-nacionalistas. La coalición álvaro-lopista les niega el plan y la libertad y las pone en la disyuntiva de escoger la vía revolucionaria como única manera de hacer valer sus intereses y derechos.

La militarización progresiva de la vida del país es otro de los tópicos característicos del “mandato de represión”. Desde Rojas Pinilla pocas veces las charreteras tuvieron tanta influencia en los muchos asuntos del Estado como ahora. Si la justicia se descompone, entonces a entregársela a los militares, quienes son los que saben de procesos sumarios. Cuando las regiones se agitan, nadie mejor que el Ejército con su don de mando para sustituir a los civiles en alcaldías e inspecciones. Como los estudiantes forman trifulcas y acostumbran enfrentar la piedra a las granadas, que la tropa ocupe los predios educativos con la orden de tirar a quemarropa. Donde las empresas estatales no funcionen debidamente, como en la zona esmeraldífera, que se establezca la jurisdicción marcial y la supervigilancia de los uniformados. Que el costo de la vida es insoportable, no hay por que preocuparse, contamos con los piquetes de la PM para controlar el precio de los artículos en tiendas y graneros. Y así, cada día, cada semana, cada mes, las fuerzas armadas invaden con la autorización de su máximo jefe constitucional nuevos territorios e improvisan sus cabezas de playa que les facilitan otros progresos y más avance. La militarización ha llegado a extremo tal que hasta los más escépticos comienzan a hablar de la virtualidad de un golpe de Estado. Lo cierto es que las clases proimperialistas dominantes, ante la crisis económica y política que estremece amenazante a la sociedad colombiana, miran más hacia los cuarteles que hacia cualquiera otra de las fortalezas desarmadas de su poder dictatorial. El sable se tornó imprescindible. Nuestro Partido se ha referido en varias oportunidades a una eventual solución de fuerza en gestación, por parte de los usurpadores actuantes y potenciales, que tendría como fin más sublime ahogar la revolución, antes de que esta los haga naufragar. Por ello la creación del frente unido revolucionario será la herramienta insustituible del pueblo colombiano en la actual coyuntura para contener el ataque del “mandato de represión”, y contraatacar.

Buscando quitarse de encima las acusaciones de perjurio y limpiarse los escupitajos de la opinión publica, el régimen desenterró su tesis de la política concertada, y volvió a la monserga de que se requiere un entendimiento integral entre gobierno, patronos y trabajadores en torno de múltiples problemas. Con esto quiere tapar su rostro despótico y desempeñar de nuevo el papel del demagogo. El Presidente olvida que el 14 de septiembre de 1974 reunió en San Carlos, dentro de los lineamientos de su política concertada, a patronos y representantes de las tres centrales sindicales reconocidas legalmente en ese entonces y en un monólogo interminable y aburrido les dijo que el acuerdo tripartido no era posible porque la inflación pastranista se había entrometido en sus buenos propósitos. Hoy la inflación lopista es mayor que la de aquel año y, sin embargo, se insiste en la misma cantinela. ¿Quién cree en la palabra de oro desmonetizada del jefe del continuismo? Muy pocos. Entre ellos indudablemente los adinerados beneficiarios de su obra y los esquiroles de la UTC y CTC. La política concertada la hace el régimen con los banqueros, los grandes exportadores e importadores, los latifundistas. Pero a los médicos se les incumplió el acuerdo aceptado por el propio presidente y a los maestros se les impuso un estatuto docente que es un código de policía. Frente al pueblo el gobierno actúa despóticamente y sin consulta, y luego demanda su misión.

Otra prueba del “mandato de demagogia” la apreciamos a principios de este año. Aprovechando la segunda ida del Partido Comunista y sus amigos a palacio, el comisario número uno de la republica inquisitorial salió al balcón con los clamorosos brazos bien abiertos y repitió lo que había prometido el 3 de febrero de 1976, con ocasión de la primera visita de aquellos, que el gobierno dará garantías a la oposición. El horizonte de Colombia se encapota con una negra nube de terror y muerte. Los cuchillos se siguen amolando mientras la representación de la farsa se efectúa. El contraste es violento. Cómo disertar sobre “garantías” a la oposición si se sostiene el mandato de represión e intimidación y se prolonga indefinidamente el estado de sitio. Cómo mencionar la palabra “garantía” a tiempo que se aplasta al movimiento sindical y no se deroga la orden de disparar contra las masas estudiantiles, impartida por quien hoy es el Comandante del Estado Mayor Conjunto. Cómo creer en “garantías” cuando bandas mercenarias recorren campos y ciudades asesinando dirigentes de la oposición revolucionaria y la militarización de la vida del país no se detiene sino que se incrementa; cuando se está confeccionando en los costureros del clientelismo turbayista una reforma constitucional, que es una mortaja para el entierro de tercera que la oligarquía prepara a las últimas atribuciones de los cuerpos representativos y a los últimos vestigios del derecho de defensa del acusado de su justicia de clase, y cuando el mismo Jefe de Estado acaba de citar el Congreso a sesiones extras con el objeto de hacer aprobar una reforma electoral por la cual se pretende que el bipartidismo tradicional excluya del derecho del sufragio a las otras corrientes políticas. Solo como escarnio del lenguaje se puede aceptar esta promesa hecha por el Presidente de la República. A lo sumo, si el “mandato de demagogia” ofrece “garantías” a la oposición, entiende por tal oposición exclusivamente a las consabidas disidencias tácticas que de cuando en cuando llevan a cabo sectores integrantes y afines a los partidos liberal y conservador.

Después de la noche llega el día. A la confusión la sigue la claridad y a la dispersión la unidad. Son ciclos vitales de la existencia. Las contradicciones no se resuelven mientras no se hayan expresado a plenitud. Por ello es conveniente que el régimen que mancilla a Colombia se cubra a sí mismo de oprobio con sus actos brutales y grotescos; y aún falta del proceso hasta que se vea el fondo del abismo. Colombia tendrá tiempos sombríos. No sabemos si por un par de años, un lustro, una década o más, pero gracias a estas dificultades el proletariado colombiano saldrá de su postración, comprenderá que su porvenir es antagónico con la sociedad a la cual viste y alimenta a costa de su desnudez y de su desnutrición, buscará para fortalecerse el acercamiento con las clases y fuerzas que no le sean hostiles y sobre la victoria de la nación emancipada erigirá su amable gobierno, su faz risueña y grata palpitará en los corazones de millones de obreros y campesinos y del resto de gentes honradas que supieron ganarse el privilegio de ser libres. Y ellos serán los únicos y verdaderos héroes de la prosperidad y la grandeza de la nación respetada y respetable en el concierto universal. Ese día amanecerá sobre Colombia y con el aliento de esta esperanza revolucionaria lucharemos y venceremos. Manuela Beltrán rasgó y pisoteó los edictos del rey y prendió la llamarada que achicharró en América al imperio de su majestad. Los insurrectos de hoy rasgarán y pisotearán los tres mandatos del nuevo virrey y no habrá océanos con que apagar el incendio de la revolución.

Vinculémonos a las masas para impulsar el frente

Las condiciones son excelentes para fraguar la unidad del pueblo colombiano. Las innumerables batallas de masas adelantadas en 1976 por obreros, campesinos, estudiantes y otras fuerzas populares reflejan el descontento generalizado con la situación imperante. Muchas de ellas mantuvieron en jaque al gobierno durante largos períodos, como el paro de los médicos del ICSS, quienes, con el cálido apoyo de la clase obrera, pusieron en primer plano nacional el problema del recorte de los derechos de contratación y organización del movimiento sindical, que excandece y subleva a los trabajadores del país. Y demostraron cómo hasta las capas medias de la población están dispuestas a utilizar formas de lucha reservadas por lo regular al proletariado. Cierto que la reacción logró retomar la iniciativa y varias de esas peleas terminaron perdiéndose, pero sólo momentáneamente, ya que los motivos que las originaron no han desaparecido y, por el contrario, tienden a agravarse. De otra parte, haciendo cola hay nuevas contiendas sociales que a su vez son reediciones de viejas anomalías y atropellos, entre las que se destacan las luchas anunciadas por los obreros petroleros y los servidores de la docencia que levantan desde ya la simpatía y la solidaridad de la masa asalariada y del pueblo en general. Los campesinos también vienen preparándose y reorganizándose para afrontar la ofensiva de terratenientes, gamonales y funcionarios, y para proseguir por el camino abierto en 1971 por los valerosos invasores de latifundios. A los combates de obreros, campesinos y educadores se les sumarán los de los estudiantes, vendedores ambulantes, pequeños y medianos productores y comerciantes y todas estas fuerzas marcharán imbricadamente en pro de la causa común. Las luchas de las masas le darán sustentación a la unidad obrera y popular, a lo que se agrega un elemento digno de no ser olvidado, la soledad incurable de las camarillas amarillas de UTC y CTC.

Las elecciones de1976, aunque se limitaban a renovar concejos y asambleas, exteriorizaron todo el drama que viene desarrollándose en la política colombiana. Los partidos tradicionales ofrecieron a la vista de todos el deterioro en que se encuentran, el desgano de que están imbuidos, el desgaste que los afecta, la falta de vitalidad y fuerza interior, la carencia de jefes nuevos y la decrepitud de los viejos, la ausencia de ideas y programas distintos a las secas fórmulas que han comprobado hasta el empalagamiento su daño e inutilidad para remediar las graves dolencias de la nación, el cretinismo, la vulgaridad, el ridículo, la bufonada y, sobre todo, el olor a cosa podrida. Son partidos que no olvidan los antiguos rencores que los han separado históricamente pero permanecen hermanados por el instinto de conservación. Además se hallan divididos y subdivididos en fracciones y matices que hunden su raíz en los varios feudos regionales, cuyas únicas fuentes nutricias son los puestos y los dineros que gobernadores les entregaran a dos manos, gobernadores cuyo nombramiento, a su vez, han logrado arrancarle al poder central. Convertidos en bandas de intrigantes y parásitos los dos partidos tradicionales dependen fundamentalmente del gobierno todo poderoso, quien no solo les mantiene y sostiene sus cuadros y activistas, sino que les presta el día de elecciones la tupida burocracia oficial convertida en carne de urna.

En las votaciones de “mitaca” del año pasado el partido liberal, la fuerza política mayoritaria de la coalición, se inclinó dentro de la reyerta interna por Julio Cesar Turbay y desdeñó los requiebros que durante una intensa y agotadora campaña le hiciera el ex presidente Lleras Restrepo. Este hecho ha puesto a funcionar los resortes del arribismo en las huestes liberales y, ante la perspectiva de que sea Turbay y no Lleras quien se apodere de la maquinaria del Estado en 1978, base de su supervivencia política, los lleristas más acérrimos han corrido contritos a echarse a los pies del ex embajador en Washington. Turbay es un representante auténtico de las mafias, un exponente fiel de los vividores manzanillos, un producto acabado de la descomposición social. La prensa liberal no ha podido ocultar su desagrado por el giro de los acontecimientos y barrunta que el candidato más opcionado de su partido tiene puntos demasiado vulnerables. Que será blanco fácil en el certamen electoral que se avecina. Y en verdad, las agrupaciones revolucionarias, en la próxima contienda comicial, obtendrán muchas más ventajas que las de 1974, de tener por contenedor suyo a un candidato presidencial del liberalismo, fuerza política prioritaria de la coalición liberal-conservadora, que inspira poco o casi ningún entusiasmo, no digamos en las masas, sino aun entre sus propios correligionarios, como Turbay Ayala. El completo aprovechamiento de esta circunstancia favorable, al igual que del resto de la crisis política de las clases dominantes, estará sujeto, repetimos, a la conformación del frente unido y a la postulación de un candidato único de los partidos y agrupaciones de avanzada. Pero si esta meta no se alcanza, es indudable que la reacción liberal-conservadora encontrará respiro con el desgaste innecesario de recursos y energías que supone para la izquierda revolucionaria los choques en los flancos con enemigos secundarios.

Otro cariz ventajoso del panorama resultante de las elecciones de 1976 fue el hundimiento definitivo de la vieja dirección anapista, que torpemente insistió en su conducta de conciliación con las contracorrientes antinacionales y antipopulares de la gran burguesía y los grandes terratenientes. Y aunque la Anapo quedo prácticamente desintegrada al final de los tres reveses electorales consecutivos, los de 1972, 1974 y 1976, sus principales dirigentes de izquierda, asimilando la experiencia y corrigiendo errores, han adoptado la decisión de rescatar su partido, reestructurarlo y vincularlo al torrente revolucionario del pueblo colombiano. Esta división tiene la característica, con respecto a los otros desmembramientos anteriores del anapismo, de que agrupa las mayorías de este y concede especial importancia a la definición en torno de postulados ideológicos y programáticos revolucionarios. Su cuarto Congreso, reunido en diciembre pasado, aprobó un programa antiimperialista que llama a “la conformación del más amplio frente de unidad de las clases explotadas, de las organizaciones del pueblo y de los partidos y movimientos políticos que luchan por la liberación nacional, la construcción de un Estado nacional independiente y popular y el objetivo estratégico del socialismo”. Igualmente con la invitación al Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria, a efectuarse el próximo 18 de febrero, la Comisión Coordinadora Nacional de Anapo hace su contribución efectiva y oportuna al proceso unitario en marcha. Nuestro Partido expresó su convicción de que en dicho evento se deberá, a tono con las condiciones vigentes, establecer unas bases mínimas de organización, programa y reglas de escogencia del candidato presidencial, que facilite la unidad tanto con las fuerzas políticas participantes en el Foro como la de estas con las que más adelante deseen coordinar esfuerzos con nosotros en la tarea de desenmascarar, combatir y derrotar en nuestro país al imperialismo norteamericano y a la oligarquía vendepatria.

Finalmente, las últimas elecciones refrendaron los progresos de la izquierda. Cabe comentarse la propensión a utilizar y convertir la lucha electoral en un instrumento revolucionario, al lado de otros tan válidos y necesarios como éste, por parte de ciertas capas intelectuales progresistas y aun de obreros ilustrados que por lo común ostentaban su superchería abstencionista cual el sumo de la perfección política. Partidos jóvenes y revolucionarios hicieron por vez primera su aparición en unas votaciones y tomaron contacto con el mundo exterior que los rodea. Ello redundará en su desarrollo, si persisten correctamente en la práctica de partir de las condiciones concretas y no querer suplantarlas con la frase. El MOIR, en alianzas con el MAC y otras agrupaciones de envergadura regional, obtuvo aproximadamente 50.000 adhesiones para su acertada línea de unidad y combate, lo que significa, a pesar de la cifra, un notorio crecimiento. Sin embargo, también nos falta mucho contacto con el mundo exterior, particularmente con las grandes masas de obreros y campesinos, única veta de nuestros recursos materiales y de nuestra riqueza espiritual. De la urgencia que tenemos de subsanar esta debilidad brota la más fundamental de todas nuestras consignas: la vinculación estrecha con el pueblo y sus luchas. No solo con los sectores avanzados de la clase obrera, sino especialmente con sus destacamentos atrasados y las amplias masas campesinas. La situación del país exige en ese sentido un esfuerzo titánico de todos y cada uno de los militantes y simpatizantes del MOIR. Sin este paso no venceremos las vacilaciones de nuestros aliados, no acercaremos a la posición consecuentemente unitaria a las fuerzas susceptibles de hacerlos y el frente se nos quedará escrito en el papel.

Somos partidarios de soluciones positivas

Capitulo aparte merece la conducta del Partido Comunista de Colombia; en las elecciones pasadas no ahorró invectiva ni falacia para combatir a nuestro partido, descuidando incluso el ataque a otros enemigos de mayor peso, de peso económico, claro está. El llamamiento de su semanario al pueblo al final del debate lo dice todo: No vote por los estafadores del MOIR. Y es curioso. Después su secretario general amonestó sobre los brotes sectarios que han ido apareciendo internamente. La dirección promueve el sectarismo y luego reprende a la militancia por dejárselo promover. Pero esto es harina de otro costal. Lo importante es precisar que las discrepancias surgidas entre las dos organizaciones respecto a la interpretación y postura ante el gobierno de López, y al criterio y aplicación de las normas democráticas de funcionamiento del frente, agregadas a las viejas contradicciones sobre la concepción de los principios del movimiento comunista internacional, se han transformado en un enfrentamiento abierto y denodado que aunque, por un lado, ha contribuido a desentrañar para muchos el contenido exacto de las reclamaciones del Partido Comunista, de otro lado obstaculiza hoy el objetivo de estructurar un solo frente de organizaciones y movimientos políticos contrapuesto a la dictadura liberal-conservadora imperante.

Posteriormente a la Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina, que tuvo lugar en La Haban en junio de 1975, en Colombia se planteó por primera vez que el respaldo a Cuba era arco toral del frente unido. Si consideramos las diferencias en torno a los problemas internacionales, resulta simple entender que tal petición no es más que la supeditación de la unidad al reconocimiento implícito de la Política de la Unión Soviética. La fórmula que acordaron el MOIR, el MAC y el Partido Comunista sobre estos problemas en 1974, y que se consignó en el programa de la UNO, fue la siguiente: “Abogar por las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con todos los países del mundo con base en la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio recíproco. Solidarizarnos con todos los pueblos que luchan por la defensa de su soberanía y contra la opresión extranjera, por la revolución y el socialismo y consolidar una auténtica cooperación económica latinoamericana, sin intervención del capital extranjero imperialista”. Un compromiso así sería una solución positiva que desentrabaría el proceso hacia la creación de un solo frente, teniendo en cuenta las múltiples facetas de la situación nacional e internacional y la autonomía ideológica y organizativa de las respectivas fuerzas aliadas. Sobre la otra condición expuesta últimamente por el Partido Comunista de respaldo a la CSTC, el MOIR también ha dado solución positiva: la de que para la discusión y el entendimiento se parta de la política de unidad sindical, aprobada por miles de trabajadores en los encuentros de 1972 y 1973 y en el Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre de 1973, con el concurso de la misma CSTC. La insistencia en requisitos excluyentes y en el rechazo a condiciones aceptables para todas las fuerzas interesadas en la unión, no puede encubrir más que el recóndito propósito de sabotaje a la lucha que se dice defender.

Los esfuerzos de nuestro Partido por el logro del más amplio frente unitario de la revolución colombiana nadie, con honradez, conseguirá ponerlos en tela de juicio. Así como hemos estado dispuestos a hacer concesiones para facilitar la participación en el frente de las más disímiles fuerzas políticas, y las hemos hecho, en aras de la revolución, con la misma entereza defendemos unos principios básicos mínimos, sin los cuales la alianza sería una amalgama oportunista, incompatible con los intereses de las clases oprimidas. Las exigencias sectarias y antidemocráticas, las actitudes despóticas, el chovinismo, el halago, la intriga y la calumnia son métodos contrarrevolucionarios que las masas repudian. Quienes a ellos se acojan para hacer carrera probablemente ganarán la adulación de unos cuantos advenedizos, pero nunca el cariño ni el respeto de las mayorías revolucionarias. Obremos conforme a este convencimiento y trabajemos incansablemente por la unidad del pueblo.

Notas:
1) Alianza Popular Colombiana, enero de 1977 (pág. 2)
2) Voz Proletaria, abril 14 de 1976.
3) Tribuna Roja, No. 10. octubre de 1973.

USO Y FECODE PREPARAN INMINENTE BATALLA

Total respaldo les brindó el Encuentro Nacional de Barrancabermeja

Por cuarto día consecutivo, los tanques y las plantas de la refinería de Ecopetrol en Barrancabermeja amanecieron el 26 de enero cubiertos de consignas. Durante la noche, llamados a la huelga petrolera fueron pintados por los obreros pese a la ocupación militar. Total apoyo y respaldo decidido a esta batalla prometieron brindar las fuerzas más combativas del movimiento obrero colombiano que se reunieron en esa misma ciudad los días 27, 28 y 29 de enero, en impresionante despliegue de solidaridad con la USO y Fecode.

Permanente Agitación

Convocados por la USO, se llevaron a cabo en enero diez Encuentros Regionales de Solidaridad en distintas ciudades del país. En los mismos días, multitudinarias asambleas, como la realizada en Tibú con la presidencia del compañero Marcos Navarro, ratificaron la decisión de combate de los trabajadores petroleros.

El 18 de enero, tres mil personas, muchas de ellas venidas desde Casabe y Cantagallo, se hicieron presentes en el salón de asambleas del sindicato en la refinería. El compañero Diego Montaña Cuéllar, quien asistió por invitación especial de la organización, intervino en el acto para resaltar la madurez de la actual dirección de la USO y respaldar la lucha por el pliego.

Obreros repudian provocaciones del gobierno

El Encuentro Nacional de Solidaridad sesionó bajo el constante hostigamiento de la tropa. En los días que éste se realizaba, la sede de la USO fue rodeada en dos ocasiones por centenares de soldados. Por otra parte, el batallón antiaéreo Nueva Granada ocupa frecuentemente la refinería y realiza tomas periódicas de la ciudad.

También el campesinado de las regiones aledañas al complejo de Ecopetrol es víctima de las provocaciones del ejército, según lo denunció un boletín del sindicato.

Pero los obreros no se han dejado intimidar. Enfrentando con firmeza las provocaciones oficiales, los activistas del sindicato han llevado a cabo a diario valerosas movilizaciones.

La coordinación es necesaria

“Conscientes de que una derrota de la USO es una derrota para la clase obrera, hago un llamado a la unidad y a desterrar el sectarismo”, dijo el compañero Robinson Téllez al instalar el Encuentro Nacional en nombre de la mesa directiva.

Remarcaron también la urgencia de coordinar las tareas del movimiento sindical independiente los compañeros Oscar Ortega, de Fedepetrol y Armando Arenas de Fenasintrap. “Vamos a levantar las banderas de combate contra el gobierno antipatriótico de López y los agentes de la Texas que tienen bajo su férula a Ecopetrol. Vamos a cerrarle el paso a la ofensiva de esta oligarquía que no encuentra más salidas para su crisis que el recorte de los derechos democráticos y la solución de fuerza”.

Para la clase obrera, la única opción es la unidad”, indicó en su intervención el compañero Héctor Fajardo, en nombre del Comité de Solidaridad de Bogotá y Cundinamarca.

Intervienen las organizaciones políticas

Dirigentes del Bloque Socialista, la Unión RS, Ruptura, Los Comandos Camilistas, los Comités de Trabajo Socialistas y Espartaco, expresaron su compromiso con las acciones de solidaridad acordadas en el Encuentro.

En nombre de la dirección nacional del MOIR, el compañero Omar Ñañez dijo: “Vinimos a buscar el consenso consultando la opinión de otras organizaciones para enfrentar unidos la arremetida del gobierno proimperialista de López contra los petroleros y el magisterio”.

El dirigente del MOIR llamó a la CSTC a que se integre al Comité Nacional de Solidaridad y concluyó: “El MOIR está dispuesto por su parte a poner su modesto contingente al servicio del combate que se aprestan a librar los trabajadores del petróleo y los educadores. Será una gran prueba para la clase obrera. Y sólo podremos sortearla con éxito si escogemos sin vacilaciones el único camino que queda, el del combate, el de la movilización audaz de todos nuestros efectivos.

CÓMO FUE LO DEL FIQUE: 90 MIL FAMILIAS LANZADAS A LA RUINA

El departamento del Cauca ha sido tradicionalmente y es aún hoy uno de los más atrasados y miserables de nuestro país. Una región en donde 80% de la población depende de las labores agrícolas, en donde más de 150.000 indígenas apenas logran subsistir arañando las laderas de escarpadas montañas en 50 resguardos minúsculos, en donde 62% de las fincas son menores de 5 hectáreas y ocupan el 8.7% de la superficie total, mientras un puñado de grandes terratenientes con el 2% de las fincas acapara más de 45% de la tierra, en donde predominan las formas señoriales de explotación del campesino, que se ve reducido a la condición de siervo, terrajero o aparcero, en donde al indígena se le arrebatan sus tierras, se le reprime y se le asesina, en donde los destinos de las gentes son manejados a su antojo por unas cuantas familias de gamonales tradicionales. Un departamento aislado y sin vías de comunicación, porque según el terrateniente y jefe liberal Víctor Mosquera Chaux, “las carreteras dañan al campesino”. En fin, un departamento aletargado por los rezagos del feudalismo ancestral.

Al noreste y centro del Cauca, más de 20.000 familias campesinas pobres e indígenas paeces, guambianos y coconucos se dedican al cultivo del fique como única o principal fuente de subsistencia, en Caldono, Pueblo Nuevo, Totoró, Paniquitá, Quinchaya, Jambaló, El Tambo, Santander de Quilichao y otros municipios, veredas y resguardos. Sembrando los colinos, trasplantándolos, cortando la hoja de la mata, desespinando, desfibrando, lavando y secando la cabuya estos miles de productores extraen de sus reducidas parcelas la materia prima para la fabricación de millones de empaques de fique.

Desde el primer semestre de 1976, las 100 mil personas que dependen de la siembra de la cabuya en el Cauca se han visto abocadas a una desesperada situación: las empresas procesadoras de la fibra suspendieron o disminuyeron considerablemente las compras a productores e intermediarios.

“Siembre fique y viva en paz”

Esta leyenda y otras tales como “El fique, un cultivo de ascenso” o “Siembre fique y gane pesos”, que se ven por doquier en grandes vallas y afiches, hoy son cínicas provocaciones a los famélicos campesinos que no tienen a quien vender una arroba de cabuya. Por irónico que parezca, así comenzó el problema hace unos diez años cuando la Caja Agraria, el Incora, la Federación de Cafeteros, la Compañía de Empaques de Medellín y la Empresa de Empaques del Cauca emprendieron una gigantesca promoción del cultivo de fique. El gobierno promesero ilusionó al campesino con préstamos semillas, asistencia técnica, máquinas desfibradoras, fertilizantes y, lo más importante, lo halagó con un mercado amplio y permanente para el producto. En un folleto de divulgación se lee: “Las perspectivas para la siembra del fique son excelentes en vista de que el aumento de la producción agrícola en el país traerá como consecuencia una mayor demanda de sacos para empacarla y por tanto las empresas fabricantes necesitarán más cabuya para cubrir las necesidades”.

Ante “el milagro de la cabuya”, miles de minifundistas se dedicaron a sembrar cuantas plazas pudieron con la mata que, según se les dijo, los sacaría de la pobreza.

“… y todos nos regamos a sembrar cabuya”

Hasta donde se pierde la vista, en planadas y laderas, a la orilla de caminos y riachuelos sólo se aprecia un paisaje erizado con las largas y espinosas pencas del fique. Hay zonas como pueblo Nuevo, Paniquitá, Caldono y Totoró donde los campesinos apenas si producen algo diferente. Como lo anota un cultivador de Paniquitá: “la gente de por aquí arrancó toda la comida y todos nos regamos a sembrar cabuya. Eso no quedó ni café, ni maíz, ni nada. Solo la cabuya”. Un indígena de Pueblo Nuevo, donde las parcelas del resguardo están sembradas “de lo mismo”, nos dijo: “hoy día la comida no la tenemos en nuestras tierras. Hay que ir afuera a conseguirla más cara”.

Según la evaluación hecha por el Comité de Producción Agrícola del Cauca, de la Caja Agraria, el área cultivada de fique en ese departamento alcanzó más de 9.000 hectáreas en 1976. La producción total entre enero y agosto de ese año fue de 11.200 toneladas de fibra. El número de hectáreas plantadas y la cantidad de familias cultivadoras dan una idea del tamaño promedio de las parcelas cabuyeras, que en muchos casos son menores de una plaza o fanegada.

Una vez sembrada la mata, ésta puede tardar de tres a cuatro años para entrar en producción, lo que implica un largo período de improductividad para el campesino. Sin embargo, es posible cultivar simultáneamente otros productos, pero solo durante dos o tres años, ya que después es imposible porque “las raíces de la cabuya se extienden y se tejen y no se da nada que no sea monte”. Por otra parte, el cultivo intensivo del fique agota y empobrece la tierra, a menos que se emplee gran cantidad de abonos y fertilizantes, elementos que están fuera del alcance del pequeño productor. En 1976 apenas 2.7% del área plantada recibió asistencia técnica y un mínimo de fincas consumió productos agroquímicos.

Ruina de la producción nacional

Promover cultivos, endeudar a pequeños y medianos productores para luego, en medio del auge y las grandes cosechas, hacer importaciones masivas provenientes fundamentalmente de los Estados Unidos: tal ha sido la antinacional política de los gobiernos del Frente Nacional, política que ha conducido a la ruina a una gran cantidad de agricultores colombianos en los últimos años. El “mandato de hambre”, haciendo honor a su sobrenombre, ha continuado con particular entusiasmo la abominable práctica de sus antecesores, de favorecer las importaciones de numerosos productos agrícolas que se cultivan en el país. Con el fique ha ocurrido algo similar. En medio de la promoción de la mata, y cuando comenzaba a desarrollarse la producción y el mercado de la fibra, el gobierno autorizó a entidades oficiales y semioficiales considerables importaciones de empaques de polipropileno y yute que entraron a competir ventajosamente con los sacos colombianos. Durante 1974 y 1975 el Idema, la Federación de Cafeteros y Monómeros Colombo-Venezolanos trajeron al país cinco millones de dichos empaques. A comienzos del año pasado llegaron procedentes de Corea otros tres millones comprados por el Idema con destino al almacenamiento y transporte del trigo y demás cereales igualmente importados para los cuales se venían utilizando costales de cabuya.

Las fábricas colombianas de empaques redujeron paulatinamente sus compras de materia prima hasta el punto que de las dos empresas que consumen el fique del Cauca, una, empaques de Medellín, escasamente adquiere 10 ó 15% de lo que compraba, y la otra, Empaques del Cauca, llegó a suspender temporalmente las compras. A su vez, el organismo usurero del Estado, la Caja Agraria, cómplice de la crisis, redujo el crédito para los cultivos, al tiempo que voceros suyos afirman que “el futuro de la cabuya es incierto”. No contento con esto, el régimen no sólo no atendió las solicitudes de exportación de los productores, sino que las entorpeció.

Una denuncia sin eco

Ante la alarmante situación que comenzó a vivirse en todas las zonas fiqueras del Cauca y otros departamentos, varias organizaciones gremiales de trabajadores vinculados a la producción y procesamiento de la cabuya emitieron el 21 de agosto pasado un comunicado a la opinión pública denunciando el gravísimo problema. El documento señala que “esta situación radica fundamentalmente en la irresponsabilidad de la política económica del gobierno proimperialista que fuera de la completa falta de planificación ha permitido la entrada de productos que tienden a arruinar la industria nacional del fique”. Firman el Sindicato de Trabajadores de la Compañía de Empaques de Medellín, el Sindicato de Trabajadores de la Empresa de Empaques del Cauca, el Comité de Fiqueros del Oriente de Antioquia, la Cooperativa Agropecuaria de Paniquitá, el Sindicato Agrario de Campoalegre (Cauca) y el Consejo Regional Indígena del Cauca.

Después del encuentro de fiqueros realizado en El Peñol (Antioquia) el 28 y 29 de agosto, viajó a Bogotá una delegación a entrevistarse con el Presidente y el ministro Agricultura. Ninguno de los dos personajes se dignó recibir a los trabajadores. Según nos relató uno de los integrantes de la comitiva, después de hacernos esperar como una hora en el despacho del ministro, salió el viceministro a decirnos dizque el doctor estaba resfriado, que no nos podía atender, que él después le contaba lo que nosotros le dijéramos. ¡Pero hasta ahora no se ha visto nada!

Miseria en medio de la riqueza

“No hay porque no se vende y no se vende porque no hay”. Esta frase, expresada por un minifundista, sintetiza la dramática situación en que se encuentra toda la actividad económica de la zona fiquera del Cauca desde que se inició la crisis. Un pequeño comerciante de Siberia nos indicaba: “Antes los mercaditos de por aquí eran buenos; se vendía la cabuya y entonces la gente compraba. Ahora ya no paga ni el viaje a los pueblos”.

La ruina de los productores los ha hecho regresar años atrás, a la antiquísima costumbre del trueque de una mercancía por otra, lo que los indígenas llaman “cambiar por remesa”, “Como ya casi no nos compran – decía un agricultor de Pueblo Nuevo, desfibramos por ahí una o dos arrobas de cabuya para cambiarla por la sal o la panela”. Algunos campesinos anotan: “A medida que uno tenga como vivir, uno va destruyendo la cabuya”. Otros, simplemente dejan enmalezar los cabuyales.

La sustitución del cultivo se enfrenta a un obstáculo insalvable: las enormes dificultades que implica desarraigar las matas de fique una vez crecidas. Un campesino de Totoró explicaba: “Como las raíces de la cabuya se tejen y se meten tan hondo, a falta de máquinas nos tocaría a punta de barretón. En un día una o dos matas. Eso no lo puede hacer nadie. Lo mejor es cortar, quemar las matas y esperar a que se pudran las raíces. Eso son como cuatro o cinco años”. Es por esa razón que el espectáculo de cabuyales abandonados o destruidos es hoy muy frecuente. Postrados, hambrientos y enfermos, hombres, mujeres y niños esperan impotentes en medio de una riqueza muerta el día en que llegue el comprador… o se pudran los cultivos.

Pero lo único que acosa al campesino no es la asfixia del mercado. La Caja Agraria está exigiendo el pago inmediato de los préstamos con sus intereses. Sobre los miles de minifundistas fiqueros pesa la amenaza inminente de los embargos y, si llega el caso, la pérdida de sus parcelas. Para estos labradores olvidados no va a haber ningún crédito de contingencia, como sí lo hubo para los pulpos textileros cuando tuvieron algunos problemas en el mercado internacional.

Lo poco que logran vender los productores directamente a las fábricas lo hacen en las peores condiciones: al fiado a 40 y hasta 90 días sin contar el precio del transporte. Un indígena de Caldono, el municipio más productor del Cauca, nos relata: “Como la compañía (Empaques de Medellín) retiró todas las oficinas de por aquí, nos ha tocado irnos a Popayán o Santander y amanecernos esperando a ver si vendemos algo aunque sea de fiado”. Muchos han tenido que hacer el viaje de regreso a pie. Los intermediarios compran la arroba desde $80 hasta $40, lo cual significa una pérdida notable para el cultivador si se tiene en cuenta que el precio oficial es de $130. No obstante, las compañías están clasificando toda la fibra como de tercera clase, cuyo precio es apenas de $100.

Si por el Cauca llueve …

En el resto del país no escampa. En Covarachía, municipio del norte de Boyacá y gran productor de fique, 2.000 familias soportan desde hace meses las presiones de la Caja Agraria y la negativa de las empresas a comprarles la cabuya. En una comunicación enviada en agosto del año pasado al ministro Pardo Vuelvas, los dirigentes cívicos, el cura párroco, el alcalde, el personero y el presidente del Concejo de esta localidad, manifiestan: “La producción anual de nuestra fibra estadísticamente alcanza el volumen de 1.500 toneladas, debido a la campaña adelantada por el gobierno nacional a través de la Caja Agraria y de las mismas compañías para incrementar el cultivo del fique, ilusionando a los agricultores con un mejor porvenir en este sentido”.

Según datos oficiales, existen en Colombia 32.000 hectáreas cultivadas de cabuya que en 1976 produjeron 64.000 toneladas en Cauca, Antioquia, Boyacá, Nariño y Santander. Apenas tres años antes, la producción nacional era de 40.000 toneladas; 90.000 familias campesinas y 4.500 obreros dependen directamente del fique y su procesamiento, el cual se hace en cuatro factorías: La Compañía de Empaques S.A. de Medellín, Hilanderías del Fonce de Santander, Empaques del Cauca y Empaques y Textiles del Atlántico. En la primera de estas empresas se produjeron más de 100 despidos de trabajadores durante 1976.

Las medidas del gobierno

En un mensaje enviado al Presidente de la República, el 2 de diciembre último, el Comité Cívico Empresarial del Cauca afirma: “Hasta el momento no existe medida gubernamental ni de otra índole que garantice la solución inmediata del problema actualmente planteado”.

Con gran bombo se anunció la compra por parte del Idema de dos millones de sacos de fique a las empresas con la condición de que éstas empleen ese dinero en compras de cabuya a los productores. ¿Qué significan dos millones de empaques frente a las enormes existencias acumuladas más la producción anual de 51.5 millones?

La segunda medida ofrecida por el gobierno lopista consiste en obligar a los molineros a empacar sus productos en sacos de fique. Según el gerente de Empaques del Cauca “el trigo ya está siendo empacado en esa forma desde hace mucho tiempo; en cambio lentejas, garbanzos, arvejas y maíz llegan a puerto en sacos de yute”. (El Liberal, Popayán; dic. 11/76; p.8).

La tercera gran iniciativa, como las anteriores, se caracteriza por su cinismo: ¡Que los campesinos cambien de cultivos! ¡Que diversifiquen! ¡Que el gobierno fomentará cultivos tradicionales y la crianza de animales de corral! ¿Y mientras tanto, qué? Pues más préstamos, nuevas deudas, o quizás, tal vez la promoción de otro “milagro”.

“Ya nos endeudaron hasta la coronilla – decía un agricultor de Caldono. El cambio de la cabuya por otro cultivo no se puede así no más; se necesitan máquinas y jornaleros. La solución inmediata para nuestro problema es que se asegura el mercadeo del fique, que se asegure la compra de nuestro producto. Porque el gobierno fue el que nos metió en este lío”.

Para los desventurados campesinos minifundistas del Cauca y otros departamentos como Boyacá y Santander, López Michelsen y los monopolios financieros norteamericanos ya tienen preparado otro obsequio: el Desarrollo Rural Integrado (DRI), cuyo campo de experimentación será precisamente el Cauca.
En esta época el gobierno, fiel a los dictados de su amo imperialista, hace cuantiosas importaciones de arroz, sorgo y otros productos en momentos en que los agricultores colombianos se disponen a llevar al mercado sus cosechas.

Por su larga y rica experiencia el campesinado colombiano ya sabe a qué atenerse en cuanto a las políticas agrícolas de los sucesivos regímenes proimperialistas y antipopulares que han gobernado este país. Cada plan, cada proyecto, cada promoción oficial sólo redunda en beneficio de un puñado de grandes especuladores e intermediarios, lacayos del imperialismo, y en desmedro de las amplias masas de campesinos que día tras día ven cómo jamás les es permitido disfrutar la riqueza que producen con su trabajo y el de sus familias.

Solo en una Colombia nueva, gobernada por obreros, campesinos y capas medias de la población será posible desarrollar una economía planificada en beneficio de quienes trabajan la tierra y generan la riqueza social.

EL MOIR RESPALDA AL PROLETARIADO PETROLERO

Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR; Enero 27 de 1977
El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, saluda con alborozo el primer Encuentro Nacional de Solidaridad con la lucha de los trabajadores petroleros.

Las justas aspiraciones de los obreros de Ecopetrol, resumidas en su pliego de peticiones y tendientes a defender la contratación colectiva, la estabilidad y por mejores salarios y prestaciones y para lograr el reintegro de los obreros despedidos en 1971, han sido respondidas por la empresa y el gobierno con un nocivo contrapliego que tiene como propósito fundamental acabar con los derechos sindicales adquiridos por la USO, generalizar la contratación a término fijo y el sistema de contratistas, eliminar importantes prestaciones sociales, y escamotear el reajuste salarial exigido por los trabajadores.

La empresa y el gobierno pretenden justificar este desafuero con el cínico argumento de que la actual convención colectiva y los derechos de la USO llevan a Ecopetrol a una crisis inminente, y han emprendido una campaña antiobrera para justificar su intransigencia en la negociación y aislar e intimidar a los obreros petroleros hasta el punto de realizar provocadoras ocupaciones militares de los sitios de trabajo y nombrar un represivo alcalde militar en Barrancabermeja.

Lejos de amedrentarse, el proletariado petrolero se dispone a derrotar el nefasto contrapliego, defender sus derechos democráticos y unirse al resto de la clase obrera y el pueblo, para combatir la reaccionaria y represiva política del gobierno lopista, y señalar al imperialismo norteamericano como el responsable de la difícil situación petrolera de nuestro país.

Desde principios de siglo, los gobiernos de la oligarquía liberal-conservadora han concedido toda clase de privilegios a los monopolios petroleros extranjeros para que exploten a su antojo el petróleo y los demás recursos naturales.

El gobierno de López, más obsequioso que los anteriores, hizo nuevas y valiosas concesiones a los monopolios yanquis, como la entrega de los ricos yacimientos de Gas a la Guajira a la Texas Petroleum. Bajo el manto de una supuesta nacionalización, López ha aplicado la habilidosa política de “asociación”, que consagra todas las concesiones tributarias a las compañías extranjeras. Ha aprobado nuevas medidas, más atractivas para el capital yanqui, tales como la elevación del precio interno del petróleo y el pago por parte de Ecopetrol de la mitad de los gastos de exploración y explotación de los nuevos pozos usufructuados también por los pulpos foráneos, ahorrándoles inversiones y riesgos mientras desangra económicamente a la empresa estatal.

Esta política antinacional perjudica a Ecopetrol, que se encuentra prácticamente hipotecada a las organizaciones prestamistas yanquis, y tiene que gastar fabulosas sumas en comprar a las compañías extranjeras el petróleo, extraído de nuestro suelo, a elevados precios internacionales.

Lo anterior explica las razones por las cuales el gobierno busca recortar las modestas conquistas de los trabajadores petroleros y del resto de la clase obrera colombiana, para cumplir las exigencias de extorsión y pillaje de los monopolios imperialistas. Y por ello también la clase obrera, más que ninguna otra fuerza de la sociedad colombiana, está obligada a mirar no sólo sus propios intereses reivindicativos inmediatos, sino los supremos designios de la nación y del pueblo, que reclaman una revolución de independencia nacional, única forma de resolver los grandes problemas económicos del país y obtener el bienestar de las masas. Pero para conquistar la independencia nacional y hacer la revolución se requiere de la más estrecha alianza de todas las clases y fuerzas revolucionarias en un poderoso frente único antiimperialista, capaz de derrotar y derrocar a los usurpadores y bandidos de la minoría oligárquica.

Esperamos con vivo entusiasmo que los obreros petroleros, que han mantenido una tradición de lucha en defensa de nuestros recursos e intereses nacionales, que en 1948 recuperaron en gloriosa huelga la concesión explotada por la Tropical Oil Company, y que defienden con ardor la consigna de la nacionalización del petróleo, empuñen la bandera de la unidad de las clases y fuerzas revolucionarias en un gran frente único antiimperialista y se pongan al frente de las grandes batallas por la revolución colombiana.

El MOIR respalda incondicionalmente la justa lucha del proletariado petrolero y llama a todas las fuerzas revolucionarias, a la clase obrera y al pueblo, a unirse estrechamente en la más efectiva solidaridad con este nuevo combate contra el “Mandato de hambre”.

¡Atrás el contrapliego patronal!

¡Por la nacionalización sin indemnización del petróleo y demás recursos naturales!

¡Viva la justa lucha de los obreros petroleros!

¡Viva la unidad de todas las clases y fuerzas revolucionarias por la liberación nacional!

ESTATUTO DOCENTE: TODO UN CÓDIGO DE POLICÍA

Unos despóticos Comités de Evaluación compuestos por cuatro funcionarios del gobierno y tan sólo un maestro, decidirán en los departamentos, intendencias, comisarías, y en el Distrito Especial, las sanciones que aplicarán al magisterio colombiano si consideran que determinado profesor carece de “formación moral” o de “consagración” o si les parece que tiene “voz bitonal o nasal”, defectos físicos, fallas de la vista y el oído, o “neurosis de cualquier índole”. Los comités sancionarán, con penas que van desde la suspensión temporal hasta la pérdida del empleo, “faltas de conducta” que comprenden, entre otras, “la desorganización familiar o económica” en la vida personal, y todos los derechos políticos y sociales tales como “intervención militante en política de partido, conferencias y propaganda periodística”, así como la participación en huelgas y paros.

Tal es el resumen de apenas uno de los ocho capítulos del “Estatuto del personal docente de enseñanza primaria y secundaria a cargo de la Nación”, dictado el pasado 20 de enero mediante decreto número 128 de 1977, y firmado por Hernando Durán Dussán, entonces ministro de Educación, quien así demostró hasta el final de su ejercicio del cargo su odio por el estudiantado y el magisterio colombianos.

Al dejar la cartera, Durán declaró: “Me voy con nostalgia, pero estoy seguro de que los maestros y los estudiantes van a sentir un gran alivio”.

Empleados públicos

El primer artículo del Estatuto docente declara “empleados públicos” a los maestros, con lo cual les arrebata los derechos democráticos de asociación, presentación de pliegos de peticiones, firma de convenciones colectivas, fuero sindical, expresión, movilización y huelga.

Serán entonces funcionarios de libre nombramiento y remoción, sujetos a un verdadero código de policía y sin ninguna estabilidad laboral. Todos los educadores quedaron en interinidad, y deberán inscribirse de nuevo ante las Juntas Regionales de Escalafón, organismos que por otra parte perdieron su capacidad decisoria, ya que la autoridad educativa quedó en manos de los gobernadores y alcaldes. Como si ello fuera poco, el Ministerio de Educación se arrogó el derecho de trasladar a cualquier maestro de un rincón al otro del país, intempestivamente y sin permitirle protesta alguna, con el agravante que aquellos destinados a zonas rurales ya no contarán con la prima de clima y demás bonificaciones conquistadas por la lucha del magisterio. Por el contrario, serán relegados a las últimas categorías, con los peores niveles de salario.

Pero eso no es todo. El escalafón que determina el Estatuto anula el nivel actual de cada educador, y establece que los profesores que aún no hayan obtenido el título, muchos de ellos con largos años de servicio, regresarán a la categoría más baja. Al desconocer los sindicatos del magisterio, el decreto también deja los organismos educativos, como los Comités de Evaluación y Juntas de Escalafón, en manos de supuestos “representantes de la comunidad”, politiqueros que designará el Presidente de la República. Tan absurda es la reglamentación lopista, que un maestro deberá trabajar y capacitarse durante más de medio siglo para ascender a la primera categoría.

Finalmente, el estatuto derogó las ya de por sí precarias normas que protegían la carrera docente abriendo el campo de la enseñanza a cualquier catedrático improvisado. Y quiere obligar a los educadores que ocupen los cargos de rectores, directores y supervisores de las escuelas, a cumplir funciones policivas sobre sus compañeros, so pena de descender en grado y en salario, ya que cada dos años serán investigados por los comités oficiales.

Inspirado en Ospina

El Estatuto parece materializar la exigencia que hace un año expresara Mariano Ospina, cuando clamaba contra la libertad de cátedra afirmando que “todos los maestros son comunistas”. Es evidente, en efecto, que el propósito central del Decreto 128 es liquidar las organizaciones sindicales del magisterio, que tantas luchas han librado en defensa de los derechos democráticos de los trabajadores colombianos y por una cultura nacional y científica al servicio del pueblo, pero ya la Federación Colombiana de Educadores, Fecode, que agrupa a más de 150 mil maestros, está preparando las batallas contra el Estatuto Docente. En Antioquia y Valle se han realizado manifestaciones, y durante el 11 y 12 de este mes sesionará en Bogotá una reunión nacional que coordinará las luchas contra este atropello a sus más elementales derechos. El magisterio ya derrotó una arbitrariedad similar bajo el gobierno de Pastrana, y por ello sabe que solamente su lucha unificada y decidida, logrará echar atrás la nueva tropelía del “Mandato de hambre” de López. Y en esta confrontación los educadores contarán con el apoyo de la clase obrera, del estudiantado y de todos los auténticos patriotas de nuestro país.

LLAMAMIENTO A LA UNIDAD

En los tres días del Encuentro, las organizaciones asistentes, en forma reiterada, hicieron cordiales, sinceros y vehementes llamamientos a la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia CSTC para que coordinen los esfuerzos y planifiquen la solidaridad dentro del Comité Nacional con la USO y Fecode.

Pese a este llamamiento y a pesar de lo expresado en las conclusiones del V Pleno de la CSTC, el cual aprobó un mensaje dirigido a la UTC, CTC, CGT y sectores independientes, en el cual dicen textualmente:..”Seguimos considerando que ningún sector sindical por fuerte que parezca, puede en forma individual y aislada hacerle frente con posibilidades de éxito a la ofensiva de los patronos, los monopolios extranjeros y el gobierno contra los intereses populares. Si los trabajadores y especialmente los dirigentes entendemos este asunto e interpretamos fiel y consecuentemente los anhelos de unidad de las bases sindicales, no existe mejor camino que iniciar el acercamiento y propiciar un diálogo franco, sincero y respetuoso sobre bases que nos conduzcan a la elaboración de un programa común de acción así sea mínimo, pero que interese y movilice a todos los trabajadores en defensa de sus derechos y por la solución de sus problemas más apremiantes sin distingos de posiciones ideológicas, políticas o de afiliación sindical”. A pesar de estas palabras, repetimos, los delegados de la CSTC, encabezados por su presidente, se negaron reiteradamente y sin ninguna explicación satisfactoria a participar en el Comité de Solidaridad elegido.

Declaramos también que no obstante la contradicción demostrada entre las palabras y los hechos, nosotros deseamos unificar y coordinar todas las fuerzas posibles, a todos lo niveles, para dirigir con posibilidades de éxito los importantes combates que se avecinan.