DECENAS DE MILES DE BANCARIOS DISPUESTOS A VENCER

En rotundo rechazo a los tribunales de arbitramento obligatorio, 15.000 trabajadores de los Banco Popular, Cafetero y Central Hipotecario realizaron en todo el paros un paro el 20 de febrero y continúan adelantando acciones masivas, que han encontrado del régimen lopista como única respuesta, la detención de numerosos dirigentes y el allanamiento de los lugares de trabajo.

El gobierno ha ofrecido una ridícula oferta del 15% en salarios y utiliza como arma exclusiva la represión abierta contra el movimiento. Los empleados bancarios de las tres entidades semioficiales, agrupados en el CIBAN, anunciaron que si el gobierno ilegaliza el paro, responderán con movilizaciones de masas aún más amplias.
El movimiento ha exhibido un derroche de firmeza, pese a todos los intentos por quebrarlo. El proletariado bancario sale en defensa de los derechos de huelga y contratación colectiva, que han desconocido los regímenes antidemocráticos de la coalición liberal-conservadora con la imposición de los tribunales de arbitramento obligatorio.

PAROS ESCALONADOS EN EL AGUSTÍN CODAZZI

El 24 y 25 de febrero, 2.300 empleados y técnicos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en 21 secciónales, realizaron paros de solidaridad con los trabajadores de la administración de Impuestos, y, en Bogotá, centenares de activistas se hicieron presentes en la sede principal del Ministerio de Hacienda, entidad a la que está adscrito el Instituto. José Miguel Caro Díaz, presidente del sindicato, confirmó el carácter solidario del paro, pero indicó que el movimiento buscó también presionar “la solución del pliego de peticiones, así como garantizar el cumplimiento del anterior acuerdo, que el Geográfico está desconociendo”. Dijo Caro que “mientras hay empleados que sólo devengan $2.000 al mes, laborando 200 horas, algunos altos ejecutivos reciben sólo 3 horas a la semana $1.800.”. Agregó finalmente el dirigente que “existen motivos más que suficientes para una justa protesta. Como miembros del Comité Intersindical de Trabajadores del Estado, vamos a impulsar la más amplia unidad, para lograr el respeto a los derechos de organización, contratación colectiva y huelga”.

FRACASARON MANIOBRAS PATRONALES EN COLTEPUNTO

Los 1.200 trabajadores de Coltepunto, empresa subsidiaria del monopolio Coltejer, iniciaron el 27 de enero una combativa huelga en el municipio de Rionegro (Antioquia). Los esquiroles citaron un plebiscito que, a pesar de la proliferación de propaganda de la empresa y la complicidad de la Regional de Trabajo, constituyó un rotundo fracaso para las aspiraciones patronales.
Las numerosas patrañas de la compañía y un sinnúmero de condiciones adversas, no han sido obstáculo para que en los actuales momentos los trabajadores de Coltepunto se muestren firmes y valerosos en el combate.

«EL ROCKEFELLER SANTANDEREANO SE QUEDÓ CON LOS CRESPOS HECHOS»

Afirmaron huelguistas de gaseosas colombianas
En los predios de Carlos Ardila Lulle, el “Rockefeller” santandereano, 1.150 trabajadores adelantan desde el 12 de febrero una valerosa huelga. “Con los crespos hechos se quedó el patrón, porque no puedo seguir jugando al paralelismo sindical, al que le pusimos fin después de 14 años”, dijo José A. Chaparro, presidente del sindicato de industria. En efecto, se leen en la carpa huelguística consignas relativas a la “unidad contra el monopolio entre los dos sindicatos”, filiales de CSTC y UTC, respectivamente. Chaparro dijo que “hoy los salarios son en promedio de $2.300”. en tal sentido, el dirigente desmintió un comunicado publicado por la empresa en los principales diarios del país: “No es cierto que el salario suba $120 diarios. Las que sí están por las nubes son las utilidades de la empresa”.

El movimiento se mantiene firme y la unidad es total. El monopolio de las gaseosas, acostumbrado a aprovecharse de la división, se ha visto frenado en sus propósitos por los trabajadores. Es una prueba más del auge de las luchas reivindicativas del proletariado colombiano.

EN LOS CAÑADUZALES DEL VALLE DEL CAUCA: UN EJERCITO DE CIEN MIL PROLETARIOS

En uno de los valles más fértiles de Colombia, entre cañaduzales que se extienden sobre miles de hectáreas o en ingenios y trapiches, laboran de sol a sol, bajo aberrantes condiciones de inseguridad y sumidos en la miseria, más de 100.000 trabajadores que producen algo más de un millón de toneladas de azúcar al año. Los proletarios azucareros, hoy como ayer verdaderos forjadores de toda esta riqueza, poseen un tradición de combate clasista que se enriquece con cada día que pasa.

Los patronos los llaman despectiva e indistintamente “peones” e “iguazos”, pero ellos tienen diversas tareas a su cargo: son los tractoristas, acomodadores, regadores, fumigadores y despertadores que siembran y cuidan los cogollos; o las cuadrillas de corteros que con sus trocheros y cabos de corte van tumbando las cañas que las parejas o “mangualas” de alzadores recogen y acomodan en vagones. En los ingenios, rodeados de básculas, picadoras, calderas, filtros, evaporadoras, cristalizadoras, hornos, centrífugas y empaquetadoras, trabajan los gruístas, purgadores, brequeros, tacheros, electricistas y bulteadores. También están los hombres humildes que baten y moldean panela en los cientos de trapiches regados como hornos humeantes entre la inmensidad de la caña. Múltiples oficios dan cuerpo al proletariado azucarero.

El trabajo de todos los días talla sus músculos como si fueran de chonta. El sol ardiente del valle curte su piel, las pesadas faenas manuales endurecen y llenan de callos sus manos. Los sufrimiento de su existencia insoportable tiemplan su voluntad para las más duras tareas. Esta masa acosada por el hambre, heterogénea en su procedencia y en su forma, está identificada en su espíritu rebelde frente a los explotadores, un profundo sentimiento de clase: zambos y mulatos del Patía, negros altos y fuertes de Guapi, Timbiquí, Puerto Merizalde y el Chocó, sufridos hombres de las montañas de Nariño, nativos de la hoya del Río Cauca, han hecho con su sacrificio la verdadera historia del Valle y encarnan las necesidades y esperanzas de todo el pueblo. Cientos de ellos han muerto en los ingenios; otros entregaron su vida a la producción y están inutilizados.
Una dependencia absoluta.

Colombia tiene en el Valle del Cauca una de las mejores tierras del mundo para el cultivo de la caña de azúcar, debido a que en sus plantaciones se corta todo el tiempo, sin la limitación de una sola zafra por año que tienen Cuba, Puerto Rico y Hawai. Además, su fértil suelo está regado abundantemente de manera natural, lo cual descarga al productor de las costosas instalaciones de regadío que requiere, por ejemplo, el Perú. Y el factor de la luz favorece los sembrados de manera única.

Con todo, su productividad es comparativa baja. Ciertamente, entre 1963 y 1975 la producción nacional aumentó de un 350.000 a 1’001.000 toneladas. Pero tanto su financiación como su mercadeo son directamente dependientes del capital monopolista norteamericano: los grandes ingenios los costean corporaciones financiaras de capital básicamente extranjero. Por otra parte, el transporte del total de exportaciones está monopolizado por la naviera “Grace Line”, que no embarca un producto acabado sino una materia prima: el azúcar no sulfitado, vale decir crudo, del cual se derivan 108 subproductos industriales de gran importancia, de los que Colombia escasamente explota ocho: azúcar crudo, melaza, miel de purga, bagazo, alcohol, ácido acético, ácido cítrico y acetato de etilo. Con el agravante de que los ingenios cedieron los derechos de producción de estos derivados al mayor monopolio mundial de ácidos orgánicos, la compañía ”Miles”.
Paraíso de los explotadores
e infierno de los trabajadores.

Al recorrer el valle y conversar con los proletarios azucareros, se recogen permanentes e indignadas denuncias sobre su explotación. Las básculas de todos los ingenios están alteradas para robar el trabajo diario de corteros y alzadores. Los trabajadores son recogidos a las 4 de la mañana con una taza de tinto o agua panela en el estómago por todo desayuno, y llevados al campo en camiones, como animales. Un trabajador nos dijo: “Uno sale de la casa por la noche y vuelve por la noche. Aguanta hambre en el corte, porque un día sí el otro no el arroz y la papa de la mochila están agrios antes de las 11 de la mañana. Toca defenderse a punta de panela”. La voracidad patronal no tiene limites: jornadas de 14 y 16 horas, turnos dobles en puestos de peligro, obligación de trabajar a los enfermos con amenazas de despido. Es muy precisa la afirmación de un dirigente obrero, de que “La zona azucarera del Valle y Cauca es un paraíso terrenal para la minoría explotadora que construyó su imperio robando tierras y cometiendo crímenes, y un infierno para los trabajadores y la gente humilde”.

Un cortero que nos relató varios accidentes de sus compañeros, que suceden a diario y ocasionan la muerte o graves mutilaciones, denunciaba: “No nos dan siquiera la funda en qué guardar la pacora. Hay que rebuscar cómo envolverla en los que sea, hasta en periódicos”. Tanto en ingenios y trapiches como en las faenas de campo, el trabajador arriesga la integridad y la vida a cada minuto. Fundiendo, en la red de energía, en los molinos y picadoras de caña. Los corteros dejan parte de su existencia en el cañal, a cada golpe de pacora. Los alzadores se hunden en podridos barrizales donde pululan la cascabel y la talla. La pelusa de la caña invade el aire, se roba hasta la respiración. Como lo sintetiza: “De todas estas riquezas, la miel la cogen los ricos y a nosotros nos tiran el bagazo”.

Asocaña y sus tentáculos.

Dentro del proceso de expansión de la industria azucarera se conformó un monopolio, encarnado en la Asociación Nacional de Cultivadores de Caña. Asocaña que representa los intereses de una pocas familias vinculadas al Estado, y que concentra en sus manos el poder económico y político, impidiendo su ley sobre todos los elementos de la producción, incluidas las masas trabajadoras. Son los Eder, dueños de Manuelita y el Ingenio del Cauca; los Holguín, de Mayagüez; los Cabal, de Pichinchí y Providencia, y los Caicedo González, de Castilla, Riopaila y Begala.

Amos y señores de Asocaña, controlan las exportaciones y obligan a las empresas medianas a adherir a su cuota internacional: ingenio como Ucrania, El Porvenir, San Fernando, María Luisa, El Arado, El Samán y muchos más, se denominan “colonos” de los grandes pulpos que los han forzado a cerrar sus instalaciones industriales, por lo cual para subsistir tienen que dedicarse únicamente a tumbar caña: el 30% de la que procesan Riopaila, Manuelita, Castilla y Providencia, la suministran “colonos”. Estos cuatro últimos ingenios suman 56.000 hectáreas, el 46% de la extensión total de los cañales del país.

Asocaña tiene además un gran poder de presión: el actual gobierno, caracterizado por complacencia ante los potentados, ha concedido ya en tres ocasiones cuantiosas alzas en el precio interno del azúcar, invariablemente precedidas de una escasez ficticia del producto, acompañada por declaraciones al estilo de la que comienzos de febrero emitiera Rodrigo Escobar Navia, presidente de la Asociación: “Debe reajustarse el precio interno y enseñársele a los colombianos a pagar el precio que realmente tiene el producto, y no mantenerlo en una situación artificial y política”. Mientras esto se plantea, el gobierno añade a sus garantías la de cerrar los ojos ante el voluminoso mercado negro internacional del azúcar. El contraste es palpable en las declaraciones de una mujer del pueblo: “Una ve que los muchachos tumban y tumban caña para el ingenio, y no tiene derecho a conseguir azúcar ni panela, ni aunque tuviera con qué pagarla”.

Verdaderos campos de concentración.

Por todo el Valle y el norte del Cauca, desde Cartago hasta Santander de Quilichao, los trabajadores viven hacinados como esclavos. Florida, por ejemplo, tiene 80 hectáreas de su “área urbana” invadidas de caña, y está imposibilitada para crecer, cercada por los sembrados mientras su población aumenta al ritmo de la expansión permanente de las tierras de tres ingenios cuyo ensanche reclama más y más mano de obra.

Florida es prácticamente un campo de concentración de Castilla, Balsilla y el Ingenio del Cauca. Uno de sus múltiples inquilinatos, conocido como “Casablanca”, albergan en 20 míseras piezas a más de 140 personas. Pradera, por su parte, soporta el total abandono de sus servicios públicos y las consecuentes epidemias y calamidades.

Para colmo de desgracias, en todas las poblaciones se enquistan los agentes secretos y provocadores o “payasos” encargados de denunciar cualquier brote de rebeldía. Muchos ingenios, más parecen cárceles. Trabajadores de Castilla denunciaron que en la época electoral son obligados mediante amenazas y agresiones físicas a consignar sus cédulas, asistir a las manifestaciones de los partidos tradicionales y recorrer por las noches las carreteras coreando los nombres de sus candidatos.

Las “campañas de salud” que proclaman los ingenios, enmascaran un macabro experimento denominado “Prueba de Metabolismo”, que no se ocupa de estudiar la prevención de accidentes ni las enfermedades más comunes entre los trabajadores, sino que examina la manera de lograr que su cuerpo resista el máximo, buscando algo así como la “variedad de nombre” que fisiológicamente tolere mejor los rigores sin cuenta de la superexplotación.

Los sueldos miserable se suman a las demás calamidades de los obreros. Con el pago promedio de $21 por tonelada tumbada, un cortero escasamente puede llevar carne a su casa para un solo día de la semana. En algunos sitios el chocolate de 20 personas se prepara con una sola pastilla. Cunde entre padres y madres la desesperación al ver crecer a sus hijos a punta de plátanos, arroz y aguapanela, desnudos, sin escuela, amontonados en viviendas miserables, condenados a las enfermedades y desprovistos de los más elementales recursos. Los ancianos están igualmente desvalidos. Un extrabajador, condenado a la mendicidad, nos narraba su caso: “Me dio paludismo de no comer, de aguantar hambre y de tomar agua de charcos. Me cogió y casi me mata, y ya después en ningún sitio quisieron darme trabajo. Es como si al pobre le cayera una maldición del cielo”.

Lugares como Puerto Tejada viven sometidos a todas las humillaciones de la vida, sin agua ni alcantarillado, envueltos por el polvo que se levanta de sus calles, llenos de chozas y tugurios, con un río totalmente contaminado por los desperdicios que arrojan los ingenios. Uno de cada 15 niños muere de hambre, y a diario fallecen más de dos a causa de la gastroenteritis.

Las promesas de López.

El sistema de contratistas, que elimina de un tajo todos los derechos democráticos de los obreros, y contra el cual se levantaron los trabajadores de la Zona Bananera en 1928, se ha ganado también el odio de los proletarios azucareros. López Michelsen, entonces candidato, pronunció un discurso en Palmira, el 18 de marzo de 1974, en el cual manifestó: “No entiendo que en los ingenios vecinos haya sindicatos en condiciones satisfactorias que permitan el sistema de enganche, mediante el cual sus hermanos trabajadores se convierten en contratistas de instituciones fantasmas para no gozar de la misma situación de los sindicatos que contratan directamente. Es algo que no puede existir bajo los gobiernos liberales”. Y añadió: “Nada de subterfugios ni de medios expeditos de burlar las leyes. Que sepan los trabajadores del Valle de Colombia que el 7 de agosto en adelante también habrá para ellos una baraja nueva”. Con la anuencia de su gobierno, Asocaña ha generalizado el sistema de contratistas al 70% de los trabajadores de la caña. Los corteros recuerdan con ironía el discurso del Presidente, como ejemplo demagogo que juega con cartas marcadas.

Además, los ingenios condicionan los contratos a la no-sindicalización del trabajador; dividen sus empresas en varias “razones sociales”, para quebrar las organizaciones existentes, como ha sucedido en Mayagüez y La Quinta, y fomentan las bases bajo bayonetas, recogen sin recato las sobras de lo que los grandes señores sirven a su mesas. Por todo ello, apenas el 20% de los trabajadores de la caña está sindicalizado.

Una rica tradición de combate.

Las expresiones de rebeldía de los obreros se traducen en frecuentes combates del proletariado azucarero: paros cívicos por mejores servicios públicos, manifestaciones indignadas por los atropellos de las autoridades y la inmoralidad oficial, tomas de ingenios, pedreas en las que participan corteros pacora en mano, amas de casa, estudiantes. “Cuando nosotros paramos, nada se mueve”, dice un trabajador de Manuelita, mientras un anciano tractorista del El Arado, viejo luchador, agrega: “Yo tal vez ya no llegue allá, pero los que vivan van a ver a este pueblo trabajador y honrado pararse en la raya”. El espíritu de batalla de los obrero de caña brota por doquier: ¡la piola estira y estira hasta que se revienta!

Cuando mencionan su luchas, los trabajadores azucareros recuerdan como un símbolo su marcha de agosto de 1959, cuando tras el despido de más de 2000 huelguistas de Riopaila, se decretó el paro solidario en todos los ingenios y se organizó una manifestación en la que tomaron parte más de 20.000 obreros. “Se alzaron los de Providencia, Manuelita, Mayagüez narra un cortero. Salió gente de Florida, Zarzal, La Paila, de Bugalagrande y de aquí de Candelaria. De todas partes salíamos. Arrimamos hasta el paso del comercio pero no pudimos seguir hasta Cali porque ahí en el puente el ejército empezó a dar bala, gases y patadas”. En aquella ocasión cayeron víctimas del primer gobierno llerista del Frente Nacional, los compañeros José Rodolfo Chalacán y Manuel J. Rodríguez, quienes perviven como ejemplo de sacrificio por la causa de su clase en la memoria del proletariado.

A pesar de la represión generalizada, todos los años se suceden choques entre los trabajadores y explotadores. En todos los ingenios se narran luchas; cada obrero puede contar en cuántas ha tomado parte. Un ejemplo es la huelga de los de la Quinta en 1965, ante el incumplimiento de los pactos laborales por su patrón, Joaquín Vallejo Arbelaéz. El movimiento duro 107 días y no pudo ser debilitado ni por el chantaje, ni por la violencia, ni ante la muerte por hambre de 17 hijos de los trabajadores.

En los actuales momentos, Riopaila vuelve a ser escenario de un aleccionador combate en defensa de los derechos democráticos de la clase obrera. Desde el pasado 14 de noviembre los obreros están en paro y de nada han valido en esta ocasión tampoco los rigores del clima, ni los incendios terroristas de los cañaduzales provocados por esquiroles, ni la policía y el ejército. La muerte de Gustavo Hurtado, hijo de un huelguista, y la del obrero José Dolores Cardona, las heridas graves de estudiantes, mujeres y niños, han reforzado y mantienen la decisión de lucha de los trabajadores.

La dispersión y el sistema de contratistas a que son sometidos los trabajadores azucareros, lo han llevado a apreciar ña imperiosa necesidad de la organización. Además, las experiencias de lucha les ha dejado valiosas enseñanzas: uno a uno, los bandidos incrustados en sus filas son y seguirán siendo desenmascarados y expulsados. Día a día es mayor la independencia sindical frente a los patronos y el gobierno. Y paralelamente crece la acogida a la bandera de la unidad del movimiento obrero; en cada combate encarna y gana terreno, porque el proletariado azucarero sabe que los tres principios unitarios: servir a la clase obrera y al pueblo; aislar y combatir a las camarillas de UTC y CTC; y acogerse a la democracia sindical, los llevará a forjar una herramienta indispensable para el desarrollo de la revolución colombiana, con cuya victoria ellos habrán de conquistar un mundo nuevo.

EL CASO DE LA LOCKHEED: LOS SOBORNOS, UNA VIEJA HISTORIA

En el mes de febrero, se inició con un nuevo escándalo mundial: los sobornos de la Lockheed Aircraft. Y esta vez, los cables internacionales implicaban a generales de la Fuerza Aérea Colombiana entre otros muchos “beneficiados” por la campaña norteamericana.

Ante la imposibilidad de ocultar por más tiempo los hechos, los diarios colombianos se vieron obligados a publicar algunas de las cartas comprometedoras, excusándose en que ya había trascendido al público y habían sido reveladas por la prensa de otros países.

Estas cartas que los representantes de la matriz de los Estados Unidos, con palabras en clave y con la desfachatez propia del poder de corrupción del capital monopolista, configuran todo un tratado sobre la manera como se realizan los negocios entre los grandes pulpos imperialistas y las naciones hasta donde extienden sus tentáculos. Los párrafos siguientes de una de esas cartas, fechadas en 1968, son una muestra bastante elocuente:
“Mis ideas sobre esta materia se basan en los requisitos que la experiencia en ventas en Colombia ha demostrado. Un numero de gente involucrada no solo en hacer las decisiones de compras, sino también involucradas en las aprobaciones para el financiamiento, las licencias de importación, las negociaciones, etc., etc.,. esperan parte del ‘pastel’.

“El general Urrego no ha podido ver al Presidente. El Presidente ha estado demasiado ocupado”.

“No parece prometedor para Satena comprar la ‘B’ en el futuro cercano. No parece que la Ley de Satena será aprobada este año. La única oportunidad este año, es a través del presidente” (Tomado de El Tiempo, febrero 8 de 1976).

Según el anterior, resulta evidente que están comprometidos, además de los generales, altos funcionarios gubernamentales, ministros y hasta el propio presidente del al República, en ese entonces, Carlos Lleras Restrepo.

I N S T I T U C I O N A L I Z A C I O N D E L C I N I S M O

La desvergüenza de la clase dominante llega a tales extremos, que todo un exministro de Hacienda y ex embajador en los Estados Unidos, Hernán Echavarría Olózaga, confiesa sin ningún recato que: “en nuestro país no se hace un negocio importante con el Estado sin pagar comisiones. Para qué llamarlo con el nombre vulgar de sobornos? Es una mera consideración hacia los que se han dedicado a servirle a su país desde importantes posiciones”.

Es, en otras palabras, la institucionalización del cinismo. En realidad el caso de la Lockheed no es un acto aislado protagonizado por una compañía norteamericana ni es el primero para la historia de Colombia. Tampoco se refiere solamente a los gobernantes de un país “subdesarrollado” de América del Sur: la Lockheed admite haber pagado 22 millones de dólares en sobornos a los más variados personajes mundiales, desde un “ultraderechista japonés criminal de guerra”, pasando por un ministro de defensa de Italia, el líder de la Unión Social Cristiana en Alemania, hasta llega a una personalidad de la más “rancia y noble estirpe de la realeza europea”, el príncipe Bernardo de Holanda.

Decíamos que la Lockheed no es la única compañía que utiliza semejantes procedimientos para realizar sus actividades comerciales. En encuesta realizada en los Estados Unidos a 73 de las más grandes compañías multinacionales, el 75 por ciento acepta haber hecho pagos a funcionarios y políticos en el exterior, y la Comisión de Seguridad y Cambios del Senado norteamericano investiga en la actualidad a los 54 mayores empresas por sobornos fuera y dentro de ese país.

Así, la ITT se apoya en su poder económico para inmiscuirse en la actividad política de innumerable gobiernos y los monopolios bananeros con la United Brands a la cabeza obtienen de presidentes y ministros y ministros centroamericanos leyes ventajosas para sus actividades comerciales. Las superpoderosas compañías petroleras como la Gulf Oil o la Texas, compran conciencias y obtienen grandes concesiones y privilegios estadinense y del capital monopolista, apartados rincones de la tierra.

VIEJA Y NEGRA HISTORIA
En Colombia, nada de esto es nuevo. Bástenos mencionar los sucios manejos, las inmoralidades y demás artimañas que han rodeado la historia negra de nuestro petróleo. En ella han actuado desde Marco Fidel Suárez a quien la oligarquía siempre ha presentado como un “dechado de virtudes y morales”, los gobiernos conservadores hasta 1930 y el lacayo Olaya Herrera. Todas esas maquinaciones y negociados tuvieron sólo resultado: que con nuestro petróleo se engrosaran más y más las insaciables arcas de las compañías petroleras norteamericanas y los bolsillos de unos cuantos vendepatrias.
Recientemente tenemos las compras de las concesiones como la de la Colpet. Por estas “nacionalizaciones” los gobiernos de Pastrana y de López Michelsen entregaron millones de dólares a los consorcios internacionales por unos huecos que legalmente ya le pertenecían al Estado.

Y no olvidemos la compra por más de 20 millones de dólares de la Electrificadora del Atlántico a otro monopolio norteamericano durante la administración de Lleras Camargo en 1960. Dicha electrificadora debió revertir al Estado en 1948 después de haber sido explotada por 25 años con pingues ganancias. Y en los mismos manejos turbios se pueden incluir Cerromatoso y Cerrejón así como los que ya comienzan a salir a la luz pública: la compra de 18 aviones Mirage y de los fusiles G-3.
Ante estos hechos, el desenmascaramiento del imperialismo que subyuga y explota al pueblo colombiano y de quienes se nutren sirviendo a los intereses del capital monopolista, es un deber de los auténticos patriotas. Porque dentro de la esencia del imperialismo está su capacidad infinita de corrupción y su poder omnipotente para comprar generales, sobornar ministros y manipular presidentes y obtener a cambio leyes favorables a sus intereses comerciales.

Afortunadamente el país entero ha empezado a tomar conciencia de estos actos aberrantes y comienza a gestarse un poderoso movimiento para expulsar al imperialismo norteamericano y todos sus lacayos.

EL ESTUDIANTADO NO SE DOBLEGA

El 20 y 23 de febrero fueron fechas de combate para el estudiantado colombiano. Conscientes del significado que tuvo para nuestro país la visita de Henry Kissinger, en Medellín, Bogotá, Bucaramanga, Ibagué, y Popayán los estudiantes organizaron manifestaciones de repudio al nefasto personaje, quemaron banderas norteamericanas y marcharon por las calle de las principales ciudades de Colombia al grito de ¡fuera Kissinger, agente del imperialismo! _Frente a la patriótica actitud de los universitarios, el gobierno realizó un despliegue de fuerza sin precedentes, tratando de ocultar tras una cortina de bayonetas, la propuesta popular contra la dominación imperialista.

M A S D E U N M E S D E L U C H A
ESTUDIANTIL

Desde que en enero pasado el rector de la Universidad de Medellín pisoteó las reivindicaciones alzadas por los alumnos del claustro, la universidades y liceos de Antioquia se encuentran en pie de lucha, brindando su combativa solidaridad a los compañeros de la Universidad de Medellín. Han enfrentado la más variada gama de medidas represivas, desde la cancelación de semestres, exámenes custodiados por la fuerza pública, destitución de empleados y profesores, alzas arbitrarias de matrículas, hasta la ocupación militar de colegios y universidades, salvaje agresión a los desfiles de protesta, detención de cientos de manifestantes, ataques a garrote que han dejado numerosos heridos, justicia castrense para los supuestos culpables del desorden, y destrucción policial en varias entidades docentes, especialmente en la Universidad de Antioquia que, como núcleo principal de la organización del movimiento, es la más codiciada presa del vandalismo oficial. A las causas iniciales del movimiento se sumó la visita a Colombia del señor Kissinger, señalada como un atentado más contra la soberanía nacional por amplias y enérgicas manifestaciones, que suscitaron la histeria gubernamental, nuevos allanamientos, detenciones y toda clase de amenazas contra los estudiantes.

L A U N I V E R S I D A D N A C I O N A L :
CAMPO DE BATALLA

Bogotá también fue escenario de violentos enfrentamientos entre el estudiantado que protestaba por la presencia del Secretario de Estado norteamericano en Colombia y la fuerza publica. Los predios del primer centro de enseñanza superior del país terminaron siendo ocupados por la policía militar el 20 de febrero, y más de 100 estudiantes pasaron a las mazmorras oficiales. Estos hechos se repitieron el. Lunes 23 , día en que la soldadesca trató de convertir temporalmente en campo de concentración la Ciudad Universitaria, y sólo cuando el fatídico visitante colaba rumbo a Centroamérica , los estudiantes y empleados de la Universidad Nacional pudieron abandonar el claustro, no sin antes ser reseñados como delincuentes. Y ante la amenaza que pesa sobre numerosos compañeros detenidos de ser llevados a consejos de guerra, el 2 de marzo se organizaron mítines con el fin de denunciar la medida y exigir su libertad.

POR LA UNIDAD DEL PUEBLO

A lo largo y ancho del país se viene abriendo camino la política unitaria del MOIR. En numerosas ciudades y poblaciones, se crean alianzas revolucionarias con diversos sectores patrióticos y revolucionarios, en base a un programa nacional y democrático y a unas normas de funcionamiento democráticas.
A continuación reproducidas apartes de las declaraciones publicas de algunos de los principales frentes unidos revolucionario que contienen los principios programáticos y organizativos de dichos movimientos.

EN CORDOBA:

AMPLIO FRENTE UNIDO

El 22 de febrero se realizó en Montería la Asamblea Departamental del FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE CORDOBA en la que fue aprobada la declaración pública que en uno de sus apartes dice: “Reiteramos nuestra invitación a todas las organizaciones políticas, gremiales y religiosas de Córdoba y a todas las personas que sufran o se indignen con la opresión imperialista sobre nuestro pueblo, a discutir nuestro programa y a fortalecer las filas de este Frente Unido para combatir más eficazmente a los enemigos fundamentales del pueblo colombiano”.
El documento está firmado por el prestigioso dirigente popular Manuel H. Iriarte, Laureano Arroyo Mendoza, Rafael Herrera Quezada, Francisco Coneo, Luis Thevening y Marciano Córdoba del Movimiento de Izquierda Liberal, Pedro Julio Vallejo, Benito Madera, Juan Francisco Ramos, Taracio Castaño y Cristóbal Martínez de la Ligas Campesinas Indepnedientes de Ciénaga de Oro, Lorica, Sahagún y Pueblo Nuevo, Francisco Valderrama del Movimiento Obrero Independiente y revolucionario (MOIR), Soveida Lobo, Pastor Zapata y Héctor García de la ANAPO Revolucionaria de Montelíbano, Juan Manuel Pacheco, Roberto Madrigal y Orlando Torres de la ANAPO Revolucionaria de San Bernardo del Viento, Felipe Méndez de la MAPO Revolucionario de Sahagún, Robisón Viveros, del Sector Independiente y Anjano Alvárez de Movimiento de Organización Popular de Sahagún.

EN EL MAGDALENA:

“AVANCEMOS CON UN RPOGRAMA NACIONAL Y DEMOCRATICO”

El pasado mes de febrero fue dada a conocer en Santa Marta una declaración pública firmada por el conocido dirigente político Salvado Villa Carbonell y por varios dirigentes de numerosos municipios del Magdalena, por medio de la cual se anuncia la conformación de un Frente democrático y antiimperialista que participará con listas únicas en el próximo debate electoral. El documento indica que desenmascarará en el departamento de Santa marta toda la política de corrupción e inmoralidad que campea impunemente “dentro de un gobierno en el que el pueblo ha visto incrementar su hambre y miseria, resultado de las más lesivas medidas económicas y sociales”.

El regional del MOIR en Magdalena, anunció por su parte el respaldo a la constitución de dicho frente.

EN LA GUAJIRA:

MOVIMIENTO AMPLIO DE IZQUIERDA CONTRA EL GOBIERNO LOPISTA

“Como respuesta política a la situación actual que vive Colombia y el departamento de la Guajira bajo el gobierno del ‘mandato de hambre’ de Alfonso López Michelsen, el cual ha sometido al pueblo a mayores sacrificios y miseria, hemos conformado y un amplio movimiento de izquierda en donde tiene participación sectores populares, personalidades democráticas y progresistas y todas las demás capas del pueblo que sufren la opresión y dominación extranjera”.

El comité Coordinador de este movimiento, firmante de la declaración publica, está integrado por: Carlos Caicedo, Armando Bula y Amilcar Acosta en Riohacha; Sixto Romero, Segundo Brito y Alberto Camargo en Maicao; Alberto Sierra y Alvaro Mercado en Manaure; Emiro Brito en Barrancas; Manuel Moscote, Yadira de Peralta, Jesús Solano y Carlos Carrascal en Fonseca; Miguel Gómez en San Juan del cesar y Daniel Celedón y Andrés Camargo Villanueva.

EN BOYACA:

“UNIFICAR AGLUTINAR Y DIRIGIR AL PUEBLO EN SUS COMBATES”

delegados de todo Boyacá adoptaron desde finales del año pasado la Plataforma del FRENTE UNIDO BOYACENSE DE IZQUIERDA que en algunos aparte dice:
“Unificar, aglutinar y dirigir al pueblo en sus combates es el deber de los inconformes y revolucionarios. En consecuencia las organizaciones y dirigentes políticos abajo firmantes, proponemos a los rebeldes que han militado en el liberalismo, el conservatismo, el anapismo, a los dirigentes sindicales y populares…conformar un gran Frente Unido Boyacense de Izquierda”.

Integran el Frente, entre otros, el Movimiento Socialista Colombiano; el MOIR; la ANAPO Revolucionario de la provincia de Ricaute; la Organización Campesina de la provincia de Tundama; el Liberalismo Popular de Tundama y la Juventud Revolucionaria de la provincia de Sugamuxi, y firman respectivamente Carlos Amaya, Mauricio Jaramillo, Luis Sáenz, Daniel Vargas, Luis Patiño, José del Carmen Castro, Segundo J. Mesa, concejal de Duitama y Carlos Pachón, concejal de Chiquinquira.

EN MADRID
(CUNDINAMARCA):

“UNIDOS CONTRA LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO”

Argeniro Ortega Alvarez de la ANAPO Revolucionaria de Madrid y Cesar Pardo Villalba del MOIR suscribieron la declaración de principios del FRENTE DE OPOSICION REVOLUCIONARIA DE MADRID, en la que se lee en algunos apartes:
“La necesidad de unir a los obreros, los campesinos, los pequeños y medianos productores comerciantes, los intelectuales y estudiantes en un gran frente de combate para luchar y derrotar la opresión imperialista y la coalición liberal – conservadora, culpables de que la inmensa mayoría de la nación colombiana se encuentre explotada, arruinada y privada de la libertad y demás derechos democráticos, hacen que surja el Frente de Oposición Revolucionaria de Madrid”. (foto)

EN AMAGA:

“¡ TODOS LOS RECURSOS DEL FRENTE UNIDO A LA BATALLA ELECTORAL!”

“Los abajo firmantes, representante en su orden de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) Comando Municipal de Amaga –y del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) Comando Municipal de Amaga–, después de haber debatido ampliamente sobre la situación de miseria y explotación a que tiene sometido al pueblo colombiano el actual régimen oligárquico liberal–conservador, agente del imperialismo norteamericano en nuestra patria y con el fin de adelantar una política unitaria que defienda consecuentemente los intereses del pueblo trabajador y demás sectores populares de Amaga que sufren o les indigne la opresión imperialista, nos comprometemos con el programa nacional y democrático que exponemos a continuación”.
Firman el documento:
Conrado Aredondo por la ANAPO
Hernán Taborda por el MOIR

EN ZARZAL:

ALIANZA PARA LA LUCHA CONTRA OLIGARQUIA

Dirigentes populares, personalidades democrática y revolucionarias de Zarzal conformaron, junto con el MOIR, el FRENTE UNIDO POPULAR DE ZARZAL en el mes de febrero. La Declaración Pública que dio a conocer el acuerdo y que lleva las firmas de Norma Lazo, Tulio Ballesteros, Gabriel Betancour y José González, manifiesta que “el actual mandato de hambre, demagoga y represión de López Michelsen es una clara prueba de la incapacidad de la oligarquía liberal – conservadora para solucionar los problemas del pueblo y la nación colombiana.

EN BARBOSA
(ANTIOQUIA):

OTRO FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO

Los comandos municipales de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) y el MOIR e importantes sectores independientes decidieron unir sus fuerzas en el FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE BARBOSA (Antioquia) con el fin de adelantar una política unitaria en base a la lucha por “la conquista de liberación nacional del yugo del imperialismo norteamericano y la construcción de una república independiente, soberana, popular, democrática y en marcha al socialismo”.

La declaración de principios está suscrita por León A. Muñoz de la ANAPO, Miguel A. Echeverri del MOIR y Argiro Tobón del sector independiente.

EN ARMERO:

“INVITAMOS A LUCHAR POR LA SALVACION DE COLOMBIA”

El Movimiento Amplio Colombiano (MAC) y el MOIR confirmaron recientemente el FRENTE UNITARIO REVOLUCIONARIO DE ARMERO. En su Declaración Pública, firmada por Jorge Montealegre del MAC y Arcesio Vieda del MOIR, se lee:

“La necesidad de unir a la inmensa mayoría del pueblo colombiano en un gran Frente de Combate que organice y dirija las luchas de los distintos destacamentos que enfrentan la explotación imperialista y la coalición liberal–conservadora, culpables de la miseria y ruina, y de la negación de los mas elementales derechos democráticos de más del 90% de nuestro pueblo, hace que surja el FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE ARMERO”.

EN SAN JUAN DE RIOSECO:

IZQUIERDA INDEPENDIENTE Y EL MOIR CREAN FRENTE UNIDO

A través de una declaración publica firmada por Julio Cesar Rubio Zárate de la Izquierda Independiente y Aristóbulo Sierra o Isidoro López del MOIR, se divulgó la conformación del FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE SAN JUAN DE RIOSECO (Cundinamarca).

EN MALAMBO:

“ENARBOLEMOS UN PROGRAM NACIONAL Y DEMOCRATICO”

El Movimiento Independiente Revolucionario (MIR) de Malambo (Atlántico) emitió una declaración que lleva la firma de sus secretario, Edgar Riaños, por medio de la cual da a conocer su determinación de “retirarse de la Unión Nacional de Oposición y de pactar alianza con el MOIR y otras fuerzas de izquierda para las próximas elecciones de mitaca, sobre la base de impulsar la campaña de desenmascaramiento del mandato lopista, enarbolando un programa nacional–democrático y llamado a la conformación de un frente unido de todo el pueblo que alcance la ansiada liberación nacional de nuestra patria”.

Comunicado de las Juventudes del MAC:

La dirección central de la Juventud Socialista del MAC emitió un comunicado de prensa en el que señala que esta organización “llegó a un acuerdo electoral con el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), entendiendo este paso como el primer escalón por conseguir la unidad de las diversas fuerzas que de manera consecuente luchan contra la oligarquía y el imperialismo y por la construcción de una patria socialista.

UNA VISITA AFRENTOSA PARA EL PAÍS

Declaración emitida por el Comité Ejecutivo Central del MOIR, el 20 de febrero de 1976, con motivo de la llegada a Colombia del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger.

La llegada a Bogotá del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, anunciada para el próximo domingo 22 de febrero, es ciertamente un acontecimiento deplorable para Colombia. Jamás fue grato para la nación y el pueblo colombiano el arribo a nuestro país de los principales personeros del imperialismo norteamericano. Siempre que ha sucedido por uno u otro motivo, en esta o aquella ocasión, las visitas de altos funcionarios del gobierno estadinense o de hombres de negocios de la potencia del Norte, las masas trabajadores, el estudiantado y el resto de sectores patrióticos y democráticos han exteriorizado vehementemente su repudio e indignación por la presencia de quienes personifican la política de saqueo y opresión sobre las inmensas mayorías nacionales.

En las actuales condiciones la venida de Kissinger es mucho más irritante y afrentosa ya que coincide con la delicada situación económica por las que atraviesa la nación entera y cuyas calamitosas consecuencias recaen aplastantemente sobre los obreros, los campesinos, los pequeños y medianos productores y comerciantes. Colombia no conocía una época como la que está viviendo en la cual el desempleo, el encarecimiento del costo de la vida, la hambruna generalizada de las capas más pobres de la población, de la descomposición social y la inseguridad de todos los ordenes hubieran llegado a extremos tan intolerables,. Todos estos males asoladores tienen una causa fundamental: el yugo y la explotación del imperialismo norteamericano. El régimen lopista con su línea antinacional y antipopular de mayores concesiones y privilegios a los monopolios extranjeros y a sus intermediarios colombianos no ha hecho más que agravar las cosas. Debido a ello, después de 18 meses de ejercicio gubernamental, López Michelsen afronta un complicado momento, ante la escalada de la lucha popular que va desde los paros cívicos de pequeñas y grandes ciudades hasta las huelgas de obreros y empleados que aquí y allá estallan sin cesar. Kissinger será recibido por el puño cerrado de los combatientes colombianos que no sólo defienden sus reivindicaciones económicas y democráticas sino que aspiran fervorosamente a independizar el país de la sojuzgación de los estados Unidos para construir una patria plenamente soberana, autónoma, democrática, popular y próspera.
La gira que el Secretario de Estado estadinense realiza por Latinoamérica viene antecedida a su vez de una serie de descalabros de la política preconizada por Washington. El imperialismo norteamericano que salió vigoroso y pujante de la segunda guerra mundial ha entrado en un periodo de notoria decadencia, como resultado, por una parte, del auge del movimiento de la liberación nacional de Asia, Africa y América Latina y de la revolución mundial, y por la otra, de la recuperación de los países imperialistas de Europa y del Japón y de la preponderancia de los socialimperialistas soviéticos que le han venido compitiendo y debilitando su influencian en los cinco continentes. Tales circunstancias hacen que los estados Unidos vuelvan la mirada con mayor codicia sobre Latinoamérica a la que han considerado como su patio trasero. El viaje de Kissinger por varios países del Hemisferio busca arreglar cargas y trazar directivas precisas a los gobiernos títeres. Por eso los pronósticos sobre el “nuevo dialogo” de que ahora habla el más destacado componedor de la política exterior de los Estados Unidos no son más que la mampara para ocultar las verdaderas intenciones de filibustero del imperialismo norteamericano. Las promesas de “ayuda” económica se convertirán en más grilletes en los tobillos de los pueblos latinoamericanos. Y las hipócritas palabras de “vigorizar nuestros lazos hemisféricos” sólo conmueven a la oligarquía vendepatria. Las clases dominantes colombianas en su afán por justificar los fracasos cosechados en el campo económico por sus gobiernos acuñó la frase de que los fiascos en los intentos por desarrollar la producción, controlar el alto costo de la vida, sanear, el déficit fiscal, se deben a la “inflación importada”. Con esta explicación se quiere indicar que a los mandatarios se les escapa de sus manos el manejo de factores que dependen exclusivamente del exterior. Pero para semejantes irregularidades cabe únicamente como solución el rompimiento de la dependencia externa. Y neocolonias de todo el peso de sus crisis, redoblando la explotación sobre los países subdesarrollados y oprimidos. En este sentido el hambre del pueblo colombiano es “importada”, como son “importados” el atraso, el desempleo, la miseria. Para grandes dolencias grandes remedios; sólo la liberación nacional resolverá de raíz los múltiples problemas de Colombia. Esta es la salida revolucionaria proclamada por la clase obrera y demás fuerzas populares. Mediante sus luchas los colombianos se le harán saber al indeseado huésped, como se lo advirtieron al mismo señor Kissinger los estudiantes de Caracas, a quien sacaron cual perro apaleado de tierras venezolanas.

NOTAS EDITORIALES

El continuismo en aprietos

La alocución de López Michelsen del 20 de febrero último, dirigida al país a través de los canales de la televisión del Estado, es otra muestra clara de la catadura antinacional y antidemocrática del actual régimen. Tomemos, así sea para comentarlos brevemente, cuatro asuntos espulgados con especial interés por el presidente.

El primero atañe a algo que veníamos previniendo desde enero: que estas elecciones llamadas de “mitaca” se efectuarían en estado de sitio. El señor López despejó toda duda al respecto al anunciar categóricamente que por ningún motivo suspendería las medidas de excepción, con las cuales el gobierno lopista tortura al pueblo colombiano hace cerca de diez meses. Haciendo cuentas, el “mandato claro”, que se anunciaba a sí mismo como el más democrático de los regímenes, completa casi la mitad del tiempo que lleva transcurrido bajo el garrote del articulo 121 de la Constitución. Sin embargo, ufanándose de tolerante, el presidente de la coalición oligárquica antipatriótica informó que le había prometido plenas garantías a un “grupo de distinguidos opositores” que “vinieron a visitarme”. Se refería inequívocadamente a la comisión del Partido Comunista que en días pasados pidió audiencia en San Carlos para comunicarle de viva voz al Jefe del Estado las razones por las cuales ese Partido no concurrirá al Tribunal de Garantías, mientras se mantuviera el estado de sitio. Aprovechando la circunstancia, López Michelsen agregó en su discurso televisado que le había prometido al “grupo de distinguidos opositores” que “contaran con que el Presidente, personalmente, se encargaría de que sus derechos no fueran atropellados en forma alguna” (1). A pesar de la dulzarrona y filistea preocupación “personal” del presidente por el aludido grupo, lo cierto será que dentro del sistema de rigurosa limitación electoral de libertades publicas del articulo 121, impuesto a partir de mayo, la confrontación electoral no pasara de materializar una inicua comedia. Por encima de la hipocresía oficial las fuerzas revolucionarias echarán mano de cualquier oportunidad para llegar a las masas populares con sus tesis y proclamas, desenmascarar esta falsa democracia representativa de las oligarquías colombianas proimperialistas y educar al pueblo en la comprensión de que las libertades y los derechos democráticos los arrancaremos con el método de los genuflexos sino mediante la lucha consecuente que dispute a los opresores el terreno a palmo y medida por medida.

El segundo asunto se refiere a la contradicciones brotadas en las anarquizadas toldas de la coalición liberal–conservadora. La composición del gabinete, la distribución de la cuota burocrática y el reparto del ponqué presupuestal, simultáneamente con un no disimulado triunfalismo liberal, han conducido a que sectores importantes del partido conservador, entre los cuales ubícanse el ospinismo y figurones como el ex presidente Pastrana Borrero, formulen criticas abiertas al mentor y a la gestión del “mandato claro”. El lopismo cumple con la norma constitucional de la paridad administrativa, pero la mitad exacta que corresponde al partido conservador la comparte primordialmente con los amigos de Alvaro Gómez, su contrincante en las elecciones de 1974. Ospina Pérez demanda un tratamiento por parte del partido mayoritario que se compadezca con las dignidades tradicionales de su socio conservador; que la abismal ventaja alcanzada por el liberalismo en los anteriores comicios no se convierta en un trinquete para apabullar a la divisa azul; que los compromisos de la paridad administrativa no socaven la independencia doctrinaria de cada uno de los partidos gobernantes, ni implique para el conservatismo una adhesión incondicional al “mandato claro”. La controversia ha tenido sus momentos enconosos ataques y acres recriminaciones. Pero llama la atención que esta pelea pactada a unos cuantos asaltos se desenvuelva sobre el entendimiento recíproco de que la coalición gobernante debe prevalecer y prolongarse en interés de la subsistencia misma de las clases dominantes. El cúmulo de violentos conflictos sociales y la amenaza comunista aconsejan atemperar el disentimiento interno. Hasta dónde lo logren es cosa por verse. De todas maneras el presidente del 9 de abril de 1948, les recordaba a sus copartidarios en Tunja no hace mucho: “Frente al comunismo, no hay más remedio que la coalición de los dos partidos históricos. El partido liberal solo no se puede enfrentar, y ellos lo saben. La prueba es la preocupación que les ha venido cuando yo dije en Sonsón: nos podemos retirar. Ah no. No se puede retirar. No es porque la Constitución les preocupe demasiado, es porque saben que sin nosotros en el gobierno no se puede manejar este país. Pero nosotros solos tampoco podríamos” (2). Y por su parte la prensa liberal replica: “Ninguna colectividad podrá dirigir y orientar a la nación excluyentemente” (3).

En su discurso a toda la nación, del 20 de febrero, el señor López Michelsen recogió la inquietud reiterada de las fuerzas reaccionarias de apuntalar la alianza de los partidos tradicionales. Enumeró las concesiones que como cabeza del liberalismo ha propiciado para resguardar los acuerdos bipartidistas: la prórroga del Concordato, el divorcio únicamente para los matrimonios civiles y el procurador conservador. Y expresó concluyentemente: “Mi anhelo, diría yo, mi compromiso para con el país, es obrar buscando el consenso entre los dos partidos que integran la coalición: el partido liberal y el partido conservador” (4). Una porción del conservatismo defiende ardorosamente la integridad doctrinaria y orgánica de su colectividad, exige de su compinche liberal un tratamiento de igual a igual y predice arrogante que ninguno de los dos partidos tradicionales podría hegemónicamente sostener el Poder frente al peligro comunista, vale decir, frente al despertar de las gentes y el auge de las luchas populares. El liberalismo y su presidente, que comienzan a sentir el golpeteo de la marea revolucionaria, corren a pregonar su creencia coincidente con la de Ospina de que la nave del Estado burgués–terrateniente proimperialista se equilibrara con la conducción proporcional del fundamento estratégico de la necesidad de la coalición liberal–conservadora, conforme al punto de vista los intereses de los imperialistas norteamericanos y sus agentes colombianos. Es la defensa más acabada el continuismo no tanto como herencia del Frente Nacional, sino como terapia para prorrogar la agonía del paciente. Pero el desenlace final se va acercando y resulta fácil de prever. Ante la caduca alianza de la gran burguesía y los grandes terratenientes proimperialistas, cuya expresión política es la coalición liberal–conservadora, comienza a fraguarse en mil formas la poderosa e imbatible unidad de todas las fuerzas revolucionarias, democráticas y patrióticas, el frente único que liberará al país de la sojuzgación externa y de la tiranía interna. La reacción le teme a la confrontación. La revolución se prepara resuelta y optimista para el asalto de la fortaleza enemiga.

El tercer asunto que deseamos tratar rápidamente de los temas expuestos por el inspirador del “mandato de hambre” en su discurso, tiene que ver con la destinación de los mayores recaudos obtenidos en virtud de la reforma tributaria. En el informe el Comité Ejecutivo Central del MOIR sobre participación en la lucha electoral, se demuestra cómo la susodicha reforma fue elaborada por un grupo de asesores norteamericanos con la finalidad de refinanciar el Estado para que éste pudiera mejor cumplir con sus obligaciones de endeudamiento externo con las agencias prestamistas norteamericanas. Pues bien, López Michelsen, buscando una justificación ante el hecho de que los frutos de la reforma tributaria no aparecen por ninguna parte, resolvió escoger de chivo expiatorio a los trabajadores oficiales y empleados públicos de niveles inferiores y acusarlos de querer apoderarse del presupuesto. Mencionó a los maestros como ejemplo de rapacidad, coincidiendo con la demanda de medidas persecutorias contra los educadores elevada sistemáticamente por el señor Ospina Pérez. Nadie va a creer que estos abnegados servidores, que reciben sueldos miserables, sean los responsables de la dilapidación y escamoteo de los nuevos impuestos. El mismo López tuvo un pequeño desliz de sinceridad en su intervención que conviene no dejar pasar desapercibido. Confesó que “fue necesario aumentar el pie de fuerza y fue necesario aumentar el numero de detectives, que no trabajan gratis” (5). La cuestión no requiere muchas explicaciones. Mientras impugnan coléricamente a los trabajadores oficiales, a los empleados públicos de niveles inferiores, a la clase obrera y al pueblo en general como los causantes de la catastrófica situación económica del Estado y del país, los círculos consentidos por el capital imperialista y que detentan el poder, destinan parte de los gravámenes que les sustrajeron a las masas con la “emergencia económica” a fortalecer el aparato represivo. Pero la inconformidad reinante en Colombia es tal que se hace presente también, beligerante y altiva, en las propias dependencias de los ministerios. El paro reciente de los valerosos trabajadores y empleados del Ministerio de Hacienda así lo patentiza. El ejecutor de la reforma tributaria y el principal recaudador de impuestos, el señor Rodrigo Botero, habló hasta de destituir a sus 14.000 subalternos amotinados. Los desesperos del ministro quedaron contrastados con el firme y caudaloso respaldo a los compañeros de Minhacienda brindado por parte de todas las fuerzas honestas, trabajadores y democráticas que saben distinguir entre los vampiros de la alta burocracia oficial y quienes se ven obligados a laborar con el gobierno para medio subsistir.

Finalmente digamos unas cuantas palabras sobre la postura del presidente de la República con relación a la votación del 18 de abril próximo. Es evidente que López Michelsen ha procurado sustraerle entusiasmo a estas elecciones. Reveló que había “apatía” por los comicios y destacó que de ella daban cuenta “todos los observadores de la política nacional” (6). Esto es cierto. Pero la manifiesta intención presidencial de echarle un baldado de agua fría al debate electoral, busca palmariamente desinflar los esfuerzos que hacen para reanimar a sus esquivos electores el carlosllerismo y el ospinismo, a quienes López casi que con nombre propio criticó por ocuparse de temas que no interesan a la ciudadanía. Tales manifestaciones y retaliaciones caben entre lo que solemos calificar de contradicciones en el campo enemigo. El MOIR está adelantando con éxito su campaña electoral, como tantas veces lo hemos señalado, con el criterio de utilizar una forma de lucha que nos permite llevar a las masas nuestro programa revolucionario y ampliar y consolidar nuestras fuerzas. La misión del bando revolucionario no se parece en nada al afán de embellecer la falsa democracia representativa de las clases dominantes colombianas. Pedimos respaldo para nuestros postulados y para nuestros candidatos, combatimos el abstencionismo del infantilismo de izquierda, mas nunca nos ha preocupado no mucho menos entristecido la apatía creciente del pueblo colombiano por el sistema electoral predominante. Por el contrario, la indiferencia, el desgano, el repudio de amplios sectores con las distintas vertientes del bipartidismo tradicional y por las instituciones que defienden, así como las contradicciones entre aquéllas, son aspectos favorables que las organizaciones de avanzada que participan en el proceso eleccionario sabrán explotar correctamente. El entusiasmo que están despertando y las fuerzas revolucionarias en las masas populares, como anticipo de una Colombia nueva, tiene su equivalente en la apatía y el rechazo que producen los personeros de los partidos tradicionales, como vestigios de un mundo llamado ya a desaparecer para siempre.

Notas
1) Discurso de López M., “El Tiempo”, febrero 21 de 1976
2) Discurso de Ospina Pérez., “La República” febrero 21 de 1976
3) Editorial de “El Tiempo”, febrero 11 de 1976
4) Discurso de López citado
5) Idem.
6) Idem.

El secuestro de Mercado y sus implicaciones

La desaparición de José Raquel Mercado, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), y la espectacularidad con que los principales medio informativos han reproducido comunicados y fotografías alusivos al hecho, atribuido a una organización conocida como M-19, sirven de pantalla para montar un bien preparado plan represivo y terrorista contra los partidos y las publicaciones contrarias al régimen. El ambiente creado facilita en las condiciones actuales los inconfesables propósitos de quienes en los últimos meses, con sorprendente libertad, han venido recurriendo a las bombas, a los atentados personales y al terror para acallar por la vía más rápida las voces chocantes a los oídos de los intereses prevalecientes. A la prefabricación del clima intimidatorio que facilite las medidas fascistoides a gran escala, coadyuvan ciertos mensajes y resoluciones de los comités directivos de la UTC y CTC, o de una que de otra federación afiliada a estas confederaciones, en los cuales prácticamente se exige al gobierno procesa sin contemplación contra las organizaciones y fuerza de izquierda.

El secuestro de Mercado no se compagina en ningún momento con las formas de lucha que la clase obrera colombiana adelanta para desenmascarar, aislar y expulsar de las filas del movimiento sindical a los esquiroles y vendeobreros. El sindicalismo independiente contabiliza significativos triunfos en la gran batalla por debilitar a las camarillas directivas de la UTC y CTC y desbrozar el camino de la unidad obrera. Desde la entrega del paro de enero de 1969, cientos y cientos de organizaciones sindicales han abandonado las centrales patronales. Cada vez resulta más claro para los trabajadores colombianos que tales camarillas son agentes de las clases dominantes proimperialistas y que su principal función consiste en prestar a los baluartes de la reacción ayuda oportuna, siempre que éstos se hallan en serias dificultades. Lo mismo en la lucha económica que en la lucha política.

Pero no se crea que las luchas de la clase obrera contra la costra sindical oportunista han sido una reyerta pasajera. Representan años de combatir constante y duro, unas veces clandestinamente para eludir la carta de despido a los guardianes del orden, otras a través de las huelgas y paros para conquistar las justas peticiones y defender sus organizaciones. Siempre contra las oficinas de trabajo que ilegalizan asambleas desfavorables a los empresarios y a los esquiroles, congela los fondos de los sindicatos combativos, persiguen en mil formas a los cuadros más activos y avanzados. Por su noble causa han muerto o purgado cárcel muchísimos obreros. La fiereza de la contienda radica en que el imperialismo y sus lacayos le temen como a la peste a un movimiento obrero independiente. Para tratar de impedir su desarrollo se encuentra decididos a emplear todos los medios a su alcance, preferencialmente los instrumentos represivos de la maquinaria burocrática y militar del gobierno de turno. En las sinuosidades de la lucha los obreros han aprendido que para derrotar a sus despiadados enemigos no sirven las acciones aisladas. Sólo las formas de combate que facilitan o resultan de la movilización y participación masiva de la aplastante mayoría de los trabajadores que pueden garantizar el triunfo.

El secuestro de Mercado nada tiene que ver con los métodos empleados por la clase obrera para deshacerse de las camarillas directivas de la UTC y CTC. Es más, éste ocurre en un momento en el cual la central cetecista y su presidente habrían llegado a un punto culminante de descrédito y debilidad, como resultado de la acción combativa de centenares de miles de obreros durante dos lustros continuos. El número reducido de sus organizaciones filiales y las crecientes divisiones internas ubican a la CTC al borde de la liquidación. Otro tanto comienza a ocurrirle a la UTC. En todo caso la mayoría abrumadora del sindicalismo colombiano ya no se agrupa bajo sus siglas. En tales circunstancias la desaparición de Mercado y la batalla producida a su alrededor únicamente pueden favorecer los lamentos del sector empresarial ante el desprestigio y la bancarrota de las centrales patronales.

Para nadie es un secreto que el MOIR impulsa desde su nacimiento la lucha frontal contra las camarillas vendeobreras y por la unidad del movimiento sindical, con el propósito de lograr a la postre la creación de una única central dirigida y controlada por los trabajadores colombianos. Jamás nuestro partido ha recurrido a las acciones individuales de la lucha de las masas, al secuestro ni al atentado personal. Consideramos de principio que sólo el pueblo, mediante su lucha masiva y las formas de organización adecuadas podrá coronar la victoria y juzgar a sus enemigos y verdugos.

Pescando en río revuelto, algunos órganos de la gran prensa han echado a rodar la especie de que el MOIR, según una supuesta declaración de un compañero, sindica a la CIA como la responsable del secuestro de Mercado. En relación con el suceso que nos ocupa, nuestra agrupación partidaria cuenta exclusivamente con la información noticiosa que se hace circular a diario, y mal podría por lo tanto señalar la autoría o las causas de la desaparición del presidente de la CTC. Cualquier vinculación en uno u otro sentido que se quiera hacer del MOIR con el comentado secuestro no deja de ser una provocación siniestra, tendiente a atizar la división en el campo revolucionario o a facilitar la persecución y el terror blanco contra las fuerzas populares y de avanzada.

No queremos cerrar este comentario sin referirnos a un acontecimiento que repercute gravemente en el movimiento sindical colombiano: la declaración conjunta de la CTC y de la CSTC, cuyo texto completo fue publicado por “El Espectador”, el 28 de febrero pasado. Esta declaración configura el retorno de los directivos de la CSTC a las viejas andanzas de buscar la unidad sindical con las camarillas vendeobreras. Pero la gravedad estriba en que, utilizando el secuestro de Mercado, y en los momentos de mayor dificultad para la coalición liberal–conservadora gobernante, se tiende la mano a la dirección cetecista y se propone una unidad obrera en base a tesis francamente conciliacionista.

En la mencionada declaración se sostiene, por ejemplo, que el “secuestro del presidente de la CTC, compañero José R. Mercado”, “se trata de una consecuencia de la inseguridad que vive el país, en la cual están interesados los sectores que aspiran a llevar la nación a una dictadura abierta y terrorista que estaría enfilada contra los más auténticos intereses nacionales”. Mientras se denuncia las aspiraciones de determinados sectores de implantar una “dictadura abierta y terrorista” y se condena la “inseguridad que vive el país”, la declaración silencia la naturaleza de dictadura abierta antipopular y represiva del régimen de López Michelsen, cuya política proimperialista es contraria a los intereses nacionales y responsable de la inseguridad social actual del país. Por el contrario, se dice que “el gobierno tiene en sus manos todas las herramientas y medios para establece e informar a la Nación sobre el paradero o la suerte que haya corrido el dirigente sindical y presidente de la CTC, José R. Mercado, por lo que solicitamos lo haga”. ¿No es esta petición –preguntamos – una implícita autorización para que el gobierno siga actuando a sus anchas con “todas las herramientas y medio” que “tiene en sus manos”, intimidando a la población y desplegando allanamientos masivos a casas de gentes revolucionarias y que ninguna relación guardan con el secuestro de Mercado? Y el lenguaje que se emplea para combatir el régimen lopista se dosifica en expresiones como la “indolencia del gobierno”, la “anuencia o lenidad del Ministerio de Trabajo” en el manido criterio de que el estado de sitio ha servido “para que los sectores más regresivos ganen mayores posiciones en el gobierno”.

En el fondo la declaración conjunta de la CTC y CSTC es una quejumbre por la situación, y las perspectivas de unidad sindical que se consignan se reducen a determinadas reivindicaciones económicas o a llamamientos liberales como éstos: “conformemos un movimiento unitario capaz de garantizar la vida y derechos de los ciudadanos”, “luchar por la unificación del movimiento sindical, para erradicar de nuestra patria la injusticia y la inmoralidad reinantes”. Todo lo cual en abstracto, velando la realidad más palpitante de Colombia, que somos una neo–colonia de los Estados Unidos y que únicamente la liberación nacional del yugo imperialista garantizará la solución a todos los males de la nación. La unidad del movimiento obrero debe girar alrededor de esta tesis correcta y revolucionaria, sin cambiarla por el economismo ciego y vulgar que aún campea en las filas sindicales. Así lo proclamaron los encuentros unitarios de 1972 t 1973 y el Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre d e1974, con la participación entonces de las directivas de la Confederación Sindical de Trabajos de Colombia.

“Sólo mediante la conformación del más amplio frente la lucha revolucionario, integrado por todas las clases, capas, sectores y personas que en una u otra forman sufran o les indigne la opresión imperialista, podrá nuestro pueblo derrotar a sus tradicionales enemigos y construir una patria soberana, independiente, próspera y en marcha al socialismo”. Francisco Mosquera.