EL CASO DE LA LOCKHEED: LOS SOBORNOS, UNA VIEJA HISTORIA

En el mes de febrero, se inició con un nuevo escándalo mundial: los sobornos de la Lockheed Aircraft. Y esta vez, los cables internacionales implicaban a generales de la Fuerza Aérea Colombiana entre otros muchos “beneficiados” por la campaña norteamericana.

Ante la imposibilidad de ocultar por más tiempo los hechos, los diarios colombianos se vieron obligados a publicar algunas de las cartas comprometedoras, excusándose en que ya había trascendido al público y habían sido reveladas por la prensa de otros países.

Estas cartas que los representantes de la matriz de los Estados Unidos, con palabras en clave y con la desfachatez propia del poder de corrupción del capital monopolista, configuran todo un tratado sobre la manera como se realizan los negocios entre los grandes pulpos imperialistas y las naciones hasta donde extienden sus tentáculos. Los párrafos siguientes de una de esas cartas, fechadas en 1968, son una muestra bastante elocuente:
“Mis ideas sobre esta materia se basan en los requisitos que la experiencia en ventas en Colombia ha demostrado. Un numero de gente involucrada no solo en hacer las decisiones de compras, sino también involucradas en las aprobaciones para el financiamiento, las licencias de importación, las negociaciones, etc., etc.,. esperan parte del ‘pastel’.

“El general Urrego no ha podido ver al Presidente. El Presidente ha estado demasiado ocupado”.

“No parece prometedor para Satena comprar la ‘B’ en el futuro cercano. No parece que la Ley de Satena será aprobada este año. La única oportunidad este año, es a través del presidente” (Tomado de El Tiempo, febrero 8 de 1976).

Según el anterior, resulta evidente que están comprometidos, además de los generales, altos funcionarios gubernamentales, ministros y hasta el propio presidente del al República, en ese entonces, Carlos Lleras Restrepo.

I N S T I T U C I O N A L I Z A C I O N D E L C I N I S M O

La desvergüenza de la clase dominante llega a tales extremos, que todo un exministro de Hacienda y ex embajador en los Estados Unidos, Hernán Echavarría Olózaga, confiesa sin ningún recato que: “en nuestro país no se hace un negocio importante con el Estado sin pagar comisiones. Para qué llamarlo con el nombre vulgar de sobornos? Es una mera consideración hacia los que se han dedicado a servirle a su país desde importantes posiciones”.

Es, en otras palabras, la institucionalización del cinismo. En realidad el caso de la Lockheed no es un acto aislado protagonizado por una compañía norteamericana ni es el primero para la historia de Colombia. Tampoco se refiere solamente a los gobernantes de un país “subdesarrollado” de América del Sur: la Lockheed admite haber pagado 22 millones de dólares en sobornos a los más variados personajes mundiales, desde un “ultraderechista japonés criminal de guerra”, pasando por un ministro de defensa de Italia, el líder de la Unión Social Cristiana en Alemania, hasta llega a una personalidad de la más “rancia y noble estirpe de la realeza europea”, el príncipe Bernardo de Holanda.

Decíamos que la Lockheed no es la única compañía que utiliza semejantes procedimientos para realizar sus actividades comerciales. En encuesta realizada en los Estados Unidos a 73 de las más grandes compañías multinacionales, el 75 por ciento acepta haber hecho pagos a funcionarios y políticos en el exterior, y la Comisión de Seguridad y Cambios del Senado norteamericano investiga en la actualidad a los 54 mayores empresas por sobornos fuera y dentro de ese país.

Así, la ITT se apoya en su poder económico para inmiscuirse en la actividad política de innumerable gobiernos y los monopolios bananeros con la United Brands a la cabeza obtienen de presidentes y ministros y ministros centroamericanos leyes ventajosas para sus actividades comerciales. Las superpoderosas compañías petroleras como la Gulf Oil o la Texas, compran conciencias y obtienen grandes concesiones y privilegios estadinense y del capital monopolista, apartados rincones de la tierra.

VIEJA Y NEGRA HISTORIA
En Colombia, nada de esto es nuevo. Bástenos mencionar los sucios manejos, las inmoralidades y demás artimañas que han rodeado la historia negra de nuestro petróleo. En ella han actuado desde Marco Fidel Suárez a quien la oligarquía siempre ha presentado como un “dechado de virtudes y morales”, los gobiernos conservadores hasta 1930 y el lacayo Olaya Herrera. Todas esas maquinaciones y negociados tuvieron sólo resultado: que con nuestro petróleo se engrosaran más y más las insaciables arcas de las compañías petroleras norteamericanas y los bolsillos de unos cuantos vendepatrias.
Recientemente tenemos las compras de las concesiones como la de la Colpet. Por estas “nacionalizaciones” los gobiernos de Pastrana y de López Michelsen entregaron millones de dólares a los consorcios internacionales por unos huecos que legalmente ya le pertenecían al Estado.

Y no olvidemos la compra por más de 20 millones de dólares de la Electrificadora del Atlántico a otro monopolio norteamericano durante la administración de Lleras Camargo en 1960. Dicha electrificadora debió revertir al Estado en 1948 después de haber sido explotada por 25 años con pingues ganancias. Y en los mismos manejos turbios se pueden incluir Cerromatoso y Cerrejón así como los que ya comienzan a salir a la luz pública: la compra de 18 aviones Mirage y de los fusiles G-3.
Ante estos hechos, el desenmascaramiento del imperialismo que subyuga y explota al pueblo colombiano y de quienes se nutren sirviendo a los intereses del capital monopolista, es un deber de los auténticos patriotas. Porque dentro de la esencia del imperialismo está su capacidad infinita de corrupción y su poder omnipotente para comprar generales, sobornar ministros y manipular presidentes y obtener a cambio leyes favorables a sus intereses comerciales.

Afortunadamente el país entero ha empezado a tomar conciencia de estos actos aberrantes y comienza a gestarse un poderoso movimiento para expulsar al imperialismo norteamericano y todos sus lacayos.

EL ESTUDIANTADO NO SE DOBLEGA

El 20 y 23 de febrero fueron fechas de combate para el estudiantado colombiano. Conscientes del significado que tuvo para nuestro país la visita de Henry Kissinger, en Medellín, Bogotá, Bucaramanga, Ibagué, y Popayán los estudiantes organizaron manifestaciones de repudio al nefasto personaje, quemaron banderas norteamericanas y marcharon por las calle de las principales ciudades de Colombia al grito de ¡fuera Kissinger, agente del imperialismo! _Frente a la patriótica actitud de los universitarios, el gobierno realizó un despliegue de fuerza sin precedentes, tratando de ocultar tras una cortina de bayonetas, la propuesta popular contra la dominación imperialista.

M A S D E U N M E S D E L U C H A
ESTUDIANTIL

Desde que en enero pasado el rector de la Universidad de Medellín pisoteó las reivindicaciones alzadas por los alumnos del claustro, la universidades y liceos de Antioquia se encuentran en pie de lucha, brindando su combativa solidaridad a los compañeros de la Universidad de Medellín. Han enfrentado la más variada gama de medidas represivas, desde la cancelación de semestres, exámenes custodiados por la fuerza pública, destitución de empleados y profesores, alzas arbitrarias de matrículas, hasta la ocupación militar de colegios y universidades, salvaje agresión a los desfiles de protesta, detención de cientos de manifestantes, ataques a garrote que han dejado numerosos heridos, justicia castrense para los supuestos culpables del desorden, y destrucción policial en varias entidades docentes, especialmente en la Universidad de Antioquia que, como núcleo principal de la organización del movimiento, es la más codiciada presa del vandalismo oficial. A las causas iniciales del movimiento se sumó la visita a Colombia del señor Kissinger, señalada como un atentado más contra la soberanía nacional por amplias y enérgicas manifestaciones, que suscitaron la histeria gubernamental, nuevos allanamientos, detenciones y toda clase de amenazas contra los estudiantes.

L A U N I V E R S I D A D N A C I O N A L :
CAMPO DE BATALLA

Bogotá también fue escenario de violentos enfrentamientos entre el estudiantado que protestaba por la presencia del Secretario de Estado norteamericano en Colombia y la fuerza publica. Los predios del primer centro de enseñanza superior del país terminaron siendo ocupados por la policía militar el 20 de febrero, y más de 100 estudiantes pasaron a las mazmorras oficiales. Estos hechos se repitieron el. Lunes 23 , día en que la soldadesca trató de convertir temporalmente en campo de concentración la Ciudad Universitaria, y sólo cuando el fatídico visitante colaba rumbo a Centroamérica , los estudiantes y empleados de la Universidad Nacional pudieron abandonar el claustro, no sin antes ser reseñados como delincuentes. Y ante la amenaza que pesa sobre numerosos compañeros detenidos de ser llevados a consejos de guerra, el 2 de marzo se organizaron mítines con el fin de denunciar la medida y exigir su libertad.

POR LA UNIDAD DEL PUEBLO

A lo largo y ancho del país se viene abriendo camino la política unitaria del MOIR. En numerosas ciudades y poblaciones, se crean alianzas revolucionarias con diversos sectores patrióticos y revolucionarios, en base a un programa nacional y democrático y a unas normas de funcionamiento democráticas.
A continuación reproducidas apartes de las declaraciones publicas de algunos de los principales frentes unidos revolucionario que contienen los principios programáticos y organizativos de dichos movimientos.

EN CORDOBA:

AMPLIO FRENTE UNIDO

El 22 de febrero se realizó en Montería la Asamblea Departamental del FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE CORDOBA en la que fue aprobada la declaración pública que en uno de sus apartes dice: “Reiteramos nuestra invitación a todas las organizaciones políticas, gremiales y religiosas de Córdoba y a todas las personas que sufran o se indignen con la opresión imperialista sobre nuestro pueblo, a discutir nuestro programa y a fortalecer las filas de este Frente Unido para combatir más eficazmente a los enemigos fundamentales del pueblo colombiano”.
El documento está firmado por el prestigioso dirigente popular Manuel H. Iriarte, Laureano Arroyo Mendoza, Rafael Herrera Quezada, Francisco Coneo, Luis Thevening y Marciano Córdoba del Movimiento de Izquierda Liberal, Pedro Julio Vallejo, Benito Madera, Juan Francisco Ramos, Taracio Castaño y Cristóbal Martínez de la Ligas Campesinas Indepnedientes de Ciénaga de Oro, Lorica, Sahagún y Pueblo Nuevo, Francisco Valderrama del Movimiento Obrero Independiente y revolucionario (MOIR), Soveida Lobo, Pastor Zapata y Héctor García de la ANAPO Revolucionaria de Montelíbano, Juan Manuel Pacheco, Roberto Madrigal y Orlando Torres de la ANAPO Revolucionaria de San Bernardo del Viento, Felipe Méndez de la MAPO Revolucionario de Sahagún, Robisón Viveros, del Sector Independiente y Anjano Alvárez de Movimiento de Organización Popular de Sahagún.

EN EL MAGDALENA:

“AVANCEMOS CON UN RPOGRAMA NACIONAL Y DEMOCRATICO”

El pasado mes de febrero fue dada a conocer en Santa Marta una declaración pública firmada por el conocido dirigente político Salvado Villa Carbonell y por varios dirigentes de numerosos municipios del Magdalena, por medio de la cual se anuncia la conformación de un Frente democrático y antiimperialista que participará con listas únicas en el próximo debate electoral. El documento indica que desenmascarará en el departamento de Santa marta toda la política de corrupción e inmoralidad que campea impunemente “dentro de un gobierno en el que el pueblo ha visto incrementar su hambre y miseria, resultado de las más lesivas medidas económicas y sociales”.

El regional del MOIR en Magdalena, anunció por su parte el respaldo a la constitución de dicho frente.

EN LA GUAJIRA:

MOVIMIENTO AMPLIO DE IZQUIERDA CONTRA EL GOBIERNO LOPISTA

“Como respuesta política a la situación actual que vive Colombia y el departamento de la Guajira bajo el gobierno del ‘mandato de hambre’ de Alfonso López Michelsen, el cual ha sometido al pueblo a mayores sacrificios y miseria, hemos conformado y un amplio movimiento de izquierda en donde tiene participación sectores populares, personalidades democráticas y progresistas y todas las demás capas del pueblo que sufren la opresión y dominación extranjera”.

El comité Coordinador de este movimiento, firmante de la declaración publica, está integrado por: Carlos Caicedo, Armando Bula y Amilcar Acosta en Riohacha; Sixto Romero, Segundo Brito y Alberto Camargo en Maicao; Alberto Sierra y Alvaro Mercado en Manaure; Emiro Brito en Barrancas; Manuel Moscote, Yadira de Peralta, Jesús Solano y Carlos Carrascal en Fonseca; Miguel Gómez en San Juan del cesar y Daniel Celedón y Andrés Camargo Villanueva.

EN BOYACA:

“UNIFICAR AGLUTINAR Y DIRIGIR AL PUEBLO EN SUS COMBATES”

delegados de todo Boyacá adoptaron desde finales del año pasado la Plataforma del FRENTE UNIDO BOYACENSE DE IZQUIERDA que en algunos aparte dice:
“Unificar, aglutinar y dirigir al pueblo en sus combates es el deber de los inconformes y revolucionarios. En consecuencia las organizaciones y dirigentes políticos abajo firmantes, proponemos a los rebeldes que han militado en el liberalismo, el conservatismo, el anapismo, a los dirigentes sindicales y populares…conformar un gran Frente Unido Boyacense de Izquierda”.

Integran el Frente, entre otros, el Movimiento Socialista Colombiano; el MOIR; la ANAPO Revolucionario de la provincia de Ricaute; la Organización Campesina de la provincia de Tundama; el Liberalismo Popular de Tundama y la Juventud Revolucionaria de la provincia de Sugamuxi, y firman respectivamente Carlos Amaya, Mauricio Jaramillo, Luis Sáenz, Daniel Vargas, Luis Patiño, José del Carmen Castro, Segundo J. Mesa, concejal de Duitama y Carlos Pachón, concejal de Chiquinquira.

EN MADRID
(CUNDINAMARCA):

“UNIDOS CONTRA LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO”

Argeniro Ortega Alvarez de la ANAPO Revolucionaria de Madrid y Cesar Pardo Villalba del MOIR suscribieron la declaración de principios del FRENTE DE OPOSICION REVOLUCIONARIA DE MADRID, en la que se lee en algunos apartes:
“La necesidad de unir a los obreros, los campesinos, los pequeños y medianos productores comerciantes, los intelectuales y estudiantes en un gran frente de combate para luchar y derrotar la opresión imperialista y la coalición liberal – conservadora, culpables de que la inmensa mayoría de la nación colombiana se encuentre explotada, arruinada y privada de la libertad y demás derechos democráticos, hacen que surja el Frente de Oposición Revolucionaria de Madrid”. (foto)

EN AMAGA:

“¡ TODOS LOS RECURSOS DEL FRENTE UNIDO A LA BATALLA ELECTORAL!”

“Los abajo firmantes, representante en su orden de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) Comando Municipal de Amaga –y del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) Comando Municipal de Amaga–, después de haber debatido ampliamente sobre la situación de miseria y explotación a que tiene sometido al pueblo colombiano el actual régimen oligárquico liberal–conservador, agente del imperialismo norteamericano en nuestra patria y con el fin de adelantar una política unitaria que defienda consecuentemente los intereses del pueblo trabajador y demás sectores populares de Amaga que sufren o les indigne la opresión imperialista, nos comprometemos con el programa nacional y democrático que exponemos a continuación”.
Firman el documento:
Conrado Aredondo por la ANAPO
Hernán Taborda por el MOIR

EN ZARZAL:

ALIANZA PARA LA LUCHA CONTRA OLIGARQUIA

Dirigentes populares, personalidades democrática y revolucionarias de Zarzal conformaron, junto con el MOIR, el FRENTE UNIDO POPULAR DE ZARZAL en el mes de febrero. La Declaración Pública que dio a conocer el acuerdo y que lleva las firmas de Norma Lazo, Tulio Ballesteros, Gabriel Betancour y José González, manifiesta que “el actual mandato de hambre, demagoga y represión de López Michelsen es una clara prueba de la incapacidad de la oligarquía liberal – conservadora para solucionar los problemas del pueblo y la nación colombiana.

EN BARBOSA
(ANTIOQUIA):

OTRO FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO

Los comandos municipales de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) y el MOIR e importantes sectores independientes decidieron unir sus fuerzas en el FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE BARBOSA (Antioquia) con el fin de adelantar una política unitaria en base a la lucha por “la conquista de liberación nacional del yugo del imperialismo norteamericano y la construcción de una república independiente, soberana, popular, democrática y en marcha al socialismo”.

La declaración de principios está suscrita por León A. Muñoz de la ANAPO, Miguel A. Echeverri del MOIR y Argiro Tobón del sector independiente.

EN ARMERO:

“INVITAMOS A LUCHAR POR LA SALVACION DE COLOMBIA”

El Movimiento Amplio Colombiano (MAC) y el MOIR confirmaron recientemente el FRENTE UNITARIO REVOLUCIONARIO DE ARMERO. En su Declaración Pública, firmada por Jorge Montealegre del MAC y Arcesio Vieda del MOIR, se lee:

“La necesidad de unir a la inmensa mayoría del pueblo colombiano en un gran Frente de Combate que organice y dirija las luchas de los distintos destacamentos que enfrentan la explotación imperialista y la coalición liberal–conservadora, culpables de la miseria y ruina, y de la negación de los mas elementales derechos democráticos de más del 90% de nuestro pueblo, hace que surja el FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE ARMERO”.

EN SAN JUAN DE RIOSECO:

IZQUIERDA INDEPENDIENTE Y EL MOIR CREAN FRENTE UNIDO

A través de una declaración publica firmada por Julio Cesar Rubio Zárate de la Izquierda Independiente y Aristóbulo Sierra o Isidoro López del MOIR, se divulgó la conformación del FRENTE UNIDO REVOLUCIONARIO DE SAN JUAN DE RIOSECO (Cundinamarca).

EN MALAMBO:

“ENARBOLEMOS UN PROGRAM NACIONAL Y DEMOCRATICO”

El Movimiento Independiente Revolucionario (MIR) de Malambo (Atlántico) emitió una declaración que lleva la firma de sus secretario, Edgar Riaños, por medio de la cual da a conocer su determinación de “retirarse de la Unión Nacional de Oposición y de pactar alianza con el MOIR y otras fuerzas de izquierda para las próximas elecciones de mitaca, sobre la base de impulsar la campaña de desenmascaramiento del mandato lopista, enarbolando un programa nacional–democrático y llamado a la conformación de un frente unido de todo el pueblo que alcance la ansiada liberación nacional de nuestra patria”.

Comunicado de las Juventudes del MAC:

La dirección central de la Juventud Socialista del MAC emitió un comunicado de prensa en el que señala que esta organización “llegó a un acuerdo electoral con el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), entendiendo este paso como el primer escalón por conseguir la unidad de las diversas fuerzas que de manera consecuente luchan contra la oligarquía y el imperialismo y por la construcción de una patria socialista.

UNA VISITA AFRENTOSA PARA EL PAÍS

Declaración emitida por el Comité Ejecutivo Central del MOIR, el 20 de febrero de 1976, con motivo de la llegada a Colombia del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger.

La llegada a Bogotá del Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, anunciada para el próximo domingo 22 de febrero, es ciertamente un acontecimiento deplorable para Colombia. Jamás fue grato para la nación y el pueblo colombiano el arribo a nuestro país de los principales personeros del imperialismo norteamericano. Siempre que ha sucedido por uno u otro motivo, en esta o aquella ocasión, las visitas de altos funcionarios del gobierno estadinense o de hombres de negocios de la potencia del Norte, las masas trabajadores, el estudiantado y el resto de sectores patrióticos y democráticos han exteriorizado vehementemente su repudio e indignación por la presencia de quienes personifican la política de saqueo y opresión sobre las inmensas mayorías nacionales.

En las actuales condiciones la venida de Kissinger es mucho más irritante y afrentosa ya que coincide con la delicada situación económica por las que atraviesa la nación entera y cuyas calamitosas consecuencias recaen aplastantemente sobre los obreros, los campesinos, los pequeños y medianos productores y comerciantes. Colombia no conocía una época como la que está viviendo en la cual el desempleo, el encarecimiento del costo de la vida, la hambruna generalizada de las capas más pobres de la población, de la descomposición social y la inseguridad de todos los ordenes hubieran llegado a extremos tan intolerables,. Todos estos males asoladores tienen una causa fundamental: el yugo y la explotación del imperialismo norteamericano. El régimen lopista con su línea antinacional y antipopular de mayores concesiones y privilegios a los monopolios extranjeros y a sus intermediarios colombianos no ha hecho más que agravar las cosas. Debido a ello, después de 18 meses de ejercicio gubernamental, López Michelsen afronta un complicado momento, ante la escalada de la lucha popular que va desde los paros cívicos de pequeñas y grandes ciudades hasta las huelgas de obreros y empleados que aquí y allá estallan sin cesar. Kissinger será recibido por el puño cerrado de los combatientes colombianos que no sólo defienden sus reivindicaciones económicas y democráticas sino que aspiran fervorosamente a independizar el país de la sojuzgación de los estados Unidos para construir una patria plenamente soberana, autónoma, democrática, popular y próspera.
La gira que el Secretario de Estado estadinense realiza por Latinoamérica viene antecedida a su vez de una serie de descalabros de la política preconizada por Washington. El imperialismo norteamericano que salió vigoroso y pujante de la segunda guerra mundial ha entrado en un periodo de notoria decadencia, como resultado, por una parte, del auge del movimiento de la liberación nacional de Asia, Africa y América Latina y de la revolución mundial, y por la otra, de la recuperación de los países imperialistas de Europa y del Japón y de la preponderancia de los socialimperialistas soviéticos que le han venido compitiendo y debilitando su influencian en los cinco continentes. Tales circunstancias hacen que los estados Unidos vuelvan la mirada con mayor codicia sobre Latinoamérica a la que han considerado como su patio trasero. El viaje de Kissinger por varios países del Hemisferio busca arreglar cargas y trazar directivas precisas a los gobiernos títeres. Por eso los pronósticos sobre el “nuevo dialogo” de que ahora habla el más destacado componedor de la política exterior de los Estados Unidos no son más que la mampara para ocultar las verdaderas intenciones de filibustero del imperialismo norteamericano. Las promesas de “ayuda” económica se convertirán en más grilletes en los tobillos de los pueblos latinoamericanos. Y las hipócritas palabras de “vigorizar nuestros lazos hemisféricos” sólo conmueven a la oligarquía vendepatria. Las clases dominantes colombianas en su afán por justificar los fracasos cosechados en el campo económico por sus gobiernos acuñó la frase de que los fiascos en los intentos por desarrollar la producción, controlar el alto costo de la vida, sanear, el déficit fiscal, se deben a la “inflación importada”. Con esta explicación se quiere indicar que a los mandatarios se les escapa de sus manos el manejo de factores que dependen exclusivamente del exterior. Pero para semejantes irregularidades cabe únicamente como solución el rompimiento de la dependencia externa. Y neocolonias de todo el peso de sus crisis, redoblando la explotación sobre los países subdesarrollados y oprimidos. En este sentido el hambre del pueblo colombiano es “importada”, como son “importados” el atraso, el desempleo, la miseria. Para grandes dolencias grandes remedios; sólo la liberación nacional resolverá de raíz los múltiples problemas de Colombia. Esta es la salida revolucionaria proclamada por la clase obrera y demás fuerzas populares. Mediante sus luchas los colombianos se le harán saber al indeseado huésped, como se lo advirtieron al mismo señor Kissinger los estudiantes de Caracas, a quien sacaron cual perro apaleado de tierras venezolanas.

NOTAS EDITORIALES

El continuismo en aprietos

La alocución de López Michelsen del 20 de febrero último, dirigida al país a través de los canales de la televisión del Estado, es otra muestra clara de la catadura antinacional y antidemocrática del actual régimen. Tomemos, así sea para comentarlos brevemente, cuatro asuntos espulgados con especial interés por el presidente.

El primero atañe a algo que veníamos previniendo desde enero: que estas elecciones llamadas de “mitaca” se efectuarían en estado de sitio. El señor López despejó toda duda al respecto al anunciar categóricamente que por ningún motivo suspendería las medidas de excepción, con las cuales el gobierno lopista tortura al pueblo colombiano hace cerca de diez meses. Haciendo cuentas, el “mandato claro”, que se anunciaba a sí mismo como el más democrático de los regímenes, completa casi la mitad del tiempo que lleva transcurrido bajo el garrote del articulo 121 de la Constitución. Sin embargo, ufanándose de tolerante, el presidente de la coalición oligárquica antipatriótica informó que le había prometido plenas garantías a un “grupo de distinguidos opositores” que “vinieron a visitarme”. Se refería inequívocadamente a la comisión del Partido Comunista que en días pasados pidió audiencia en San Carlos para comunicarle de viva voz al Jefe del Estado las razones por las cuales ese Partido no concurrirá al Tribunal de Garantías, mientras se mantuviera el estado de sitio. Aprovechando la circunstancia, López Michelsen agregó en su discurso televisado que le había prometido al “grupo de distinguidos opositores” que “contaran con que el Presidente, personalmente, se encargaría de que sus derechos no fueran atropellados en forma alguna” (1). A pesar de la dulzarrona y filistea preocupación “personal” del presidente por el aludido grupo, lo cierto será que dentro del sistema de rigurosa limitación electoral de libertades publicas del articulo 121, impuesto a partir de mayo, la confrontación electoral no pasara de materializar una inicua comedia. Por encima de la hipocresía oficial las fuerzas revolucionarias echarán mano de cualquier oportunidad para llegar a las masas populares con sus tesis y proclamas, desenmascarar esta falsa democracia representativa de las oligarquías colombianas proimperialistas y educar al pueblo en la comprensión de que las libertades y los derechos democráticos los arrancaremos con el método de los genuflexos sino mediante la lucha consecuente que dispute a los opresores el terreno a palmo y medida por medida.

El segundo asunto se refiere a la contradicciones brotadas en las anarquizadas toldas de la coalición liberal–conservadora. La composición del gabinete, la distribución de la cuota burocrática y el reparto del ponqué presupuestal, simultáneamente con un no disimulado triunfalismo liberal, han conducido a que sectores importantes del partido conservador, entre los cuales ubícanse el ospinismo y figurones como el ex presidente Pastrana Borrero, formulen criticas abiertas al mentor y a la gestión del “mandato claro”. El lopismo cumple con la norma constitucional de la paridad administrativa, pero la mitad exacta que corresponde al partido conservador la comparte primordialmente con los amigos de Alvaro Gómez, su contrincante en las elecciones de 1974. Ospina Pérez demanda un tratamiento por parte del partido mayoritario que se compadezca con las dignidades tradicionales de su socio conservador; que la abismal ventaja alcanzada por el liberalismo en los anteriores comicios no se convierta en un trinquete para apabullar a la divisa azul; que los compromisos de la paridad administrativa no socaven la independencia doctrinaria de cada uno de los partidos gobernantes, ni implique para el conservatismo una adhesión incondicional al “mandato claro”. La controversia ha tenido sus momentos enconosos ataques y acres recriminaciones. Pero llama la atención que esta pelea pactada a unos cuantos asaltos se desenvuelva sobre el entendimiento recíproco de que la coalición gobernante debe prevalecer y prolongarse en interés de la subsistencia misma de las clases dominantes. El cúmulo de violentos conflictos sociales y la amenaza comunista aconsejan atemperar el disentimiento interno. Hasta dónde lo logren es cosa por verse. De todas maneras el presidente del 9 de abril de 1948, les recordaba a sus copartidarios en Tunja no hace mucho: “Frente al comunismo, no hay más remedio que la coalición de los dos partidos históricos. El partido liberal solo no se puede enfrentar, y ellos lo saben. La prueba es la preocupación que les ha venido cuando yo dije en Sonsón: nos podemos retirar. Ah no. No se puede retirar. No es porque la Constitución les preocupe demasiado, es porque saben que sin nosotros en el gobierno no se puede manejar este país. Pero nosotros solos tampoco podríamos” (2). Y por su parte la prensa liberal replica: “Ninguna colectividad podrá dirigir y orientar a la nación excluyentemente” (3).

En su discurso a toda la nación, del 20 de febrero, el señor López Michelsen recogió la inquietud reiterada de las fuerzas reaccionarias de apuntalar la alianza de los partidos tradicionales. Enumeró las concesiones que como cabeza del liberalismo ha propiciado para resguardar los acuerdos bipartidistas: la prórroga del Concordato, el divorcio únicamente para los matrimonios civiles y el procurador conservador. Y expresó concluyentemente: “Mi anhelo, diría yo, mi compromiso para con el país, es obrar buscando el consenso entre los dos partidos que integran la coalición: el partido liberal y el partido conservador” (4). Una porción del conservatismo defiende ardorosamente la integridad doctrinaria y orgánica de su colectividad, exige de su compinche liberal un tratamiento de igual a igual y predice arrogante que ninguno de los dos partidos tradicionales podría hegemónicamente sostener el Poder frente al peligro comunista, vale decir, frente al despertar de las gentes y el auge de las luchas populares. El liberalismo y su presidente, que comienzan a sentir el golpeteo de la marea revolucionaria, corren a pregonar su creencia coincidente con la de Ospina de que la nave del Estado burgués–terrateniente proimperialista se equilibrara con la conducción proporcional del fundamento estratégico de la necesidad de la coalición liberal–conservadora, conforme al punto de vista los intereses de los imperialistas norteamericanos y sus agentes colombianos. Es la defensa más acabada el continuismo no tanto como herencia del Frente Nacional, sino como terapia para prorrogar la agonía del paciente. Pero el desenlace final se va acercando y resulta fácil de prever. Ante la caduca alianza de la gran burguesía y los grandes terratenientes proimperialistas, cuya expresión política es la coalición liberal–conservadora, comienza a fraguarse en mil formas la poderosa e imbatible unidad de todas las fuerzas revolucionarias, democráticas y patrióticas, el frente único que liberará al país de la sojuzgación externa y de la tiranía interna. La reacción le teme a la confrontación. La revolución se prepara resuelta y optimista para el asalto de la fortaleza enemiga.

El tercer asunto que deseamos tratar rápidamente de los temas expuestos por el inspirador del “mandato de hambre” en su discurso, tiene que ver con la destinación de los mayores recaudos obtenidos en virtud de la reforma tributaria. En el informe el Comité Ejecutivo Central del MOIR sobre participación en la lucha electoral, se demuestra cómo la susodicha reforma fue elaborada por un grupo de asesores norteamericanos con la finalidad de refinanciar el Estado para que éste pudiera mejor cumplir con sus obligaciones de endeudamiento externo con las agencias prestamistas norteamericanas. Pues bien, López Michelsen, buscando una justificación ante el hecho de que los frutos de la reforma tributaria no aparecen por ninguna parte, resolvió escoger de chivo expiatorio a los trabajadores oficiales y empleados públicos de niveles inferiores y acusarlos de querer apoderarse del presupuesto. Mencionó a los maestros como ejemplo de rapacidad, coincidiendo con la demanda de medidas persecutorias contra los educadores elevada sistemáticamente por el señor Ospina Pérez. Nadie va a creer que estos abnegados servidores, que reciben sueldos miserables, sean los responsables de la dilapidación y escamoteo de los nuevos impuestos. El mismo López tuvo un pequeño desliz de sinceridad en su intervención que conviene no dejar pasar desapercibido. Confesó que “fue necesario aumentar el pie de fuerza y fue necesario aumentar el numero de detectives, que no trabajan gratis” (5). La cuestión no requiere muchas explicaciones. Mientras impugnan coléricamente a los trabajadores oficiales, a los empleados públicos de niveles inferiores, a la clase obrera y al pueblo en general como los causantes de la catastrófica situación económica del Estado y del país, los círculos consentidos por el capital imperialista y que detentan el poder, destinan parte de los gravámenes que les sustrajeron a las masas con la “emergencia económica” a fortalecer el aparato represivo. Pero la inconformidad reinante en Colombia es tal que se hace presente también, beligerante y altiva, en las propias dependencias de los ministerios. El paro reciente de los valerosos trabajadores y empleados del Ministerio de Hacienda así lo patentiza. El ejecutor de la reforma tributaria y el principal recaudador de impuestos, el señor Rodrigo Botero, habló hasta de destituir a sus 14.000 subalternos amotinados. Los desesperos del ministro quedaron contrastados con el firme y caudaloso respaldo a los compañeros de Minhacienda brindado por parte de todas las fuerzas honestas, trabajadores y democráticas que saben distinguir entre los vampiros de la alta burocracia oficial y quienes se ven obligados a laborar con el gobierno para medio subsistir.

Finalmente digamos unas cuantas palabras sobre la postura del presidente de la República con relación a la votación del 18 de abril próximo. Es evidente que López Michelsen ha procurado sustraerle entusiasmo a estas elecciones. Reveló que había “apatía” por los comicios y destacó que de ella daban cuenta “todos los observadores de la política nacional” (6). Esto es cierto. Pero la manifiesta intención presidencial de echarle un baldado de agua fría al debate electoral, busca palmariamente desinflar los esfuerzos que hacen para reanimar a sus esquivos electores el carlosllerismo y el ospinismo, a quienes López casi que con nombre propio criticó por ocuparse de temas que no interesan a la ciudadanía. Tales manifestaciones y retaliaciones caben entre lo que solemos calificar de contradicciones en el campo enemigo. El MOIR está adelantando con éxito su campaña electoral, como tantas veces lo hemos señalado, con el criterio de utilizar una forma de lucha que nos permite llevar a las masas nuestro programa revolucionario y ampliar y consolidar nuestras fuerzas. La misión del bando revolucionario no se parece en nada al afán de embellecer la falsa democracia representativa de las clases dominantes colombianas. Pedimos respaldo para nuestros postulados y para nuestros candidatos, combatimos el abstencionismo del infantilismo de izquierda, mas nunca nos ha preocupado no mucho menos entristecido la apatía creciente del pueblo colombiano por el sistema electoral predominante. Por el contrario, la indiferencia, el desgano, el repudio de amplios sectores con las distintas vertientes del bipartidismo tradicional y por las instituciones que defienden, así como las contradicciones entre aquéllas, son aspectos favorables que las organizaciones de avanzada que participan en el proceso eleccionario sabrán explotar correctamente. El entusiasmo que están despertando y las fuerzas revolucionarias en las masas populares, como anticipo de una Colombia nueva, tiene su equivalente en la apatía y el rechazo que producen los personeros de los partidos tradicionales, como vestigios de un mundo llamado ya a desaparecer para siempre.

Notas
1) Discurso de López M., “El Tiempo”, febrero 21 de 1976
2) Discurso de Ospina Pérez., “La República” febrero 21 de 1976
3) Editorial de “El Tiempo”, febrero 11 de 1976
4) Discurso de López citado
5) Idem.
6) Idem.

El secuestro de Mercado y sus implicaciones

La desaparición de José Raquel Mercado, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), y la espectacularidad con que los principales medio informativos han reproducido comunicados y fotografías alusivos al hecho, atribuido a una organización conocida como M-19, sirven de pantalla para montar un bien preparado plan represivo y terrorista contra los partidos y las publicaciones contrarias al régimen. El ambiente creado facilita en las condiciones actuales los inconfesables propósitos de quienes en los últimos meses, con sorprendente libertad, han venido recurriendo a las bombas, a los atentados personales y al terror para acallar por la vía más rápida las voces chocantes a los oídos de los intereses prevalecientes. A la prefabricación del clima intimidatorio que facilite las medidas fascistoides a gran escala, coadyuvan ciertos mensajes y resoluciones de los comités directivos de la UTC y CTC, o de una que de otra federación afiliada a estas confederaciones, en los cuales prácticamente se exige al gobierno procesa sin contemplación contra las organizaciones y fuerza de izquierda.

El secuestro de Mercado no se compagina en ningún momento con las formas de lucha que la clase obrera colombiana adelanta para desenmascarar, aislar y expulsar de las filas del movimiento sindical a los esquiroles y vendeobreros. El sindicalismo independiente contabiliza significativos triunfos en la gran batalla por debilitar a las camarillas directivas de la UTC y CTC y desbrozar el camino de la unidad obrera. Desde la entrega del paro de enero de 1969, cientos y cientos de organizaciones sindicales han abandonado las centrales patronales. Cada vez resulta más claro para los trabajadores colombianos que tales camarillas son agentes de las clases dominantes proimperialistas y que su principal función consiste en prestar a los baluartes de la reacción ayuda oportuna, siempre que éstos se hallan en serias dificultades. Lo mismo en la lucha económica que en la lucha política.

Pero no se crea que las luchas de la clase obrera contra la costra sindical oportunista han sido una reyerta pasajera. Representan años de combatir constante y duro, unas veces clandestinamente para eludir la carta de despido a los guardianes del orden, otras a través de las huelgas y paros para conquistar las justas peticiones y defender sus organizaciones. Siempre contra las oficinas de trabajo que ilegalizan asambleas desfavorables a los empresarios y a los esquiroles, congela los fondos de los sindicatos combativos, persiguen en mil formas a los cuadros más activos y avanzados. Por su noble causa han muerto o purgado cárcel muchísimos obreros. La fiereza de la contienda radica en que el imperialismo y sus lacayos le temen como a la peste a un movimiento obrero independiente. Para tratar de impedir su desarrollo se encuentra decididos a emplear todos los medios a su alcance, preferencialmente los instrumentos represivos de la maquinaria burocrática y militar del gobierno de turno. En las sinuosidades de la lucha los obreros han aprendido que para derrotar a sus despiadados enemigos no sirven las acciones aisladas. Sólo las formas de combate que facilitan o resultan de la movilización y participación masiva de la aplastante mayoría de los trabajadores que pueden garantizar el triunfo.

El secuestro de Mercado nada tiene que ver con los métodos empleados por la clase obrera para deshacerse de las camarillas directivas de la UTC y CTC. Es más, éste ocurre en un momento en el cual la central cetecista y su presidente habrían llegado a un punto culminante de descrédito y debilidad, como resultado de la acción combativa de centenares de miles de obreros durante dos lustros continuos. El número reducido de sus organizaciones filiales y las crecientes divisiones internas ubican a la CTC al borde de la liquidación. Otro tanto comienza a ocurrirle a la UTC. En todo caso la mayoría abrumadora del sindicalismo colombiano ya no se agrupa bajo sus siglas. En tales circunstancias la desaparición de Mercado y la batalla producida a su alrededor únicamente pueden favorecer los lamentos del sector empresarial ante el desprestigio y la bancarrota de las centrales patronales.

Para nadie es un secreto que el MOIR impulsa desde su nacimiento la lucha frontal contra las camarillas vendeobreras y por la unidad del movimiento sindical, con el propósito de lograr a la postre la creación de una única central dirigida y controlada por los trabajadores colombianos. Jamás nuestro partido ha recurrido a las acciones individuales de la lucha de las masas, al secuestro ni al atentado personal. Consideramos de principio que sólo el pueblo, mediante su lucha masiva y las formas de organización adecuadas podrá coronar la victoria y juzgar a sus enemigos y verdugos.

Pescando en río revuelto, algunos órganos de la gran prensa han echado a rodar la especie de que el MOIR, según una supuesta declaración de un compañero, sindica a la CIA como la responsable del secuestro de Mercado. En relación con el suceso que nos ocupa, nuestra agrupación partidaria cuenta exclusivamente con la información noticiosa que se hace circular a diario, y mal podría por lo tanto señalar la autoría o las causas de la desaparición del presidente de la CTC. Cualquier vinculación en uno u otro sentido que se quiera hacer del MOIR con el comentado secuestro no deja de ser una provocación siniestra, tendiente a atizar la división en el campo revolucionario o a facilitar la persecución y el terror blanco contra las fuerzas populares y de avanzada.

No queremos cerrar este comentario sin referirnos a un acontecimiento que repercute gravemente en el movimiento sindical colombiano: la declaración conjunta de la CTC y de la CSTC, cuyo texto completo fue publicado por “El Espectador”, el 28 de febrero pasado. Esta declaración configura el retorno de los directivos de la CSTC a las viejas andanzas de buscar la unidad sindical con las camarillas vendeobreras. Pero la gravedad estriba en que, utilizando el secuestro de Mercado, y en los momentos de mayor dificultad para la coalición liberal–conservadora gobernante, se tiende la mano a la dirección cetecista y se propone una unidad obrera en base a tesis francamente conciliacionista.

En la mencionada declaración se sostiene, por ejemplo, que el “secuestro del presidente de la CTC, compañero José R. Mercado”, “se trata de una consecuencia de la inseguridad que vive el país, en la cual están interesados los sectores que aspiran a llevar la nación a una dictadura abierta y terrorista que estaría enfilada contra los más auténticos intereses nacionales”. Mientras se denuncia las aspiraciones de determinados sectores de implantar una “dictadura abierta y terrorista” y se condena la “inseguridad que vive el país”, la declaración silencia la naturaleza de dictadura abierta antipopular y represiva del régimen de López Michelsen, cuya política proimperialista es contraria a los intereses nacionales y responsable de la inseguridad social actual del país. Por el contrario, se dice que “el gobierno tiene en sus manos todas las herramientas y medios para establece e informar a la Nación sobre el paradero o la suerte que haya corrido el dirigente sindical y presidente de la CTC, José R. Mercado, por lo que solicitamos lo haga”. ¿No es esta petición –preguntamos – una implícita autorización para que el gobierno siga actuando a sus anchas con “todas las herramientas y medio” que “tiene en sus manos”, intimidando a la población y desplegando allanamientos masivos a casas de gentes revolucionarias y que ninguna relación guardan con el secuestro de Mercado? Y el lenguaje que se emplea para combatir el régimen lopista se dosifica en expresiones como la “indolencia del gobierno”, la “anuencia o lenidad del Ministerio de Trabajo” en el manido criterio de que el estado de sitio ha servido “para que los sectores más regresivos ganen mayores posiciones en el gobierno”.

En el fondo la declaración conjunta de la CTC y CSTC es una quejumbre por la situación, y las perspectivas de unidad sindical que se consignan se reducen a determinadas reivindicaciones económicas o a llamamientos liberales como éstos: “conformemos un movimiento unitario capaz de garantizar la vida y derechos de los ciudadanos”, “luchar por la unificación del movimiento sindical, para erradicar de nuestra patria la injusticia y la inmoralidad reinantes”. Todo lo cual en abstracto, velando la realidad más palpitante de Colombia, que somos una neo–colonia de los Estados Unidos y que únicamente la liberación nacional del yugo imperialista garantizará la solución a todos los males de la nación. La unidad del movimiento obrero debe girar alrededor de esta tesis correcta y revolucionaria, sin cambiarla por el economismo ciego y vulgar que aún campea en las filas sindicales. Así lo proclamaron los encuentros unitarios de 1972 t 1973 y el Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre d e1974, con la participación entonces de las directivas de la Confederación Sindical de Trabajos de Colombia.

“Sólo mediante la conformación del más amplio frente la lucha revolucionario, integrado por todas las clases, capas, sectores y personas que en una u otra forman sufran o les indigne la opresión imperialista, podrá nuestro pueblo derrotar a sus tradicionales enemigos y construir una patria soberana, independiente, próspera y en marcha al socialismo”. Francisco Mosquera.

HONREMOS A LOS MÁRTIRES DEL PUEBLO 23 DE FEBRERO: BANDERA REVOLUCIONARIA

A las 10 de la mañana empezó a pitar la sirena de la fábrica. Paulatinamente las actividades de la factoría fueron deteniéndose. Al cabo de un rato, sólo se escuchaba el pesado ronroneo de los hornos giratorios del Klinker. La masa de trabajadores comenzó a congregarse en uno de los patrios de la empresa. En medio de un impresionante silencio se inició un mitin de quince minutos. Sólo se trataba de cualquier clase de mitin para los obreros de la fábrica de Cementos El Cairo, de Santa Bárbara 8Antioquia), ese lunes 23 de febrero de 1976.

Por su memoria comenzaban a desfilar, dolorosas y nítidas, las escenas de heroísmo y angustia, rabia y lágrimas acaecidas 13 años atrás, el sábado 23 de febrero de 1963, cuando 13 personas, entre obreros y gentes humildes del pueblo cayeron asesinadas, y decenas más gravemente heridas bajo la lluvia de balas disparadas a mansalva por el ejército.

“Hay que sacar el cemento cueste lo que cueste”

Desde hacia algunos días, el sindicato había declarado la huelga en vista de las negativas de la empresa a resolver sus justas demandas. Sin embargo, el movimiento se desarrollaba dentro de condiciones de absoluta normalidad. Los obreros fueron muy enfáticos, eso sí, en advertir que no permitirían sacas las existencias de cemento de la fabrica, ya que ello equivaldría al debilitamiento total de la huelga. Otra cosa pensaba el entonces gobernador de Antioquia, Fernando Gómez Martínez cuando ordeno: “hay que sacar el cemento por encima de los cadáveres que sea”. Luis Sierra, por aquella época presidente del sindicato, lo recuerda así: “nosotros esperábamos el arreglo con la empresa, a través del Ministerio de Trabajo y de Fedeta, para el lunes siguiente.

Por eso nos extrañó la presencia de tropa y la movilización de volquetas y soldados. Conversando en el transcurso del día con el coronel Valencia Paredes, así se lo manifesté. Eso dicen, me contestó, pero yo tengo una orden y es sacar el cemento cueste lo que cueste.

“La matanza estaba preparada de antemano”

Se abrió entonces un tenso compás de espera. A las cinco de la tarde, las volquetas repletas de cemento y soldados trataron de forzar la salida, frente a la carpa de los huelguistas.

Los obrero, entonces, se apostaron como un solo hombre para impedirlo. Súbitamente, se oyó la chillona voz del coronel al mando que ordenaba abrir fuego, sin mediar advertencia alguna. “Al principio todos creímos que eran balas de fogueo –narra Gonzalo Alvarez, directivo del sindicato- . Pero al momento, cuando vimos caer a nuestros compañeros muertos o herido, a nadie le quedo duda de que la matanza iba en serio y que estaba preparada de antemano”.

Las ametralladoras y los fusiles disparaban sobre todo lo que se moviera. Mientras un grupo descargaba contra los obreros ubicados en la carretera, otro lo hacia contra el hospital, desde cuyas ventanas algunos médicos tomaban fotografías. Arriba de un barranco, gentes pobre de Santa Bárbara contemplaban horrorizadas la masacre. Segundos después, la enloquecida soldadesca apuntaría también contra ellas, hiriendo a decenas.

María Edilma Zapata: 10 años de edad.

Las víctimas del genocidio no fueron ciertamente escogidas. La casa de uno de los huelguistas, convertida en sede sindical, fue inundada con gases lacrimógenos, provocando la salida apresurada de la pequeña hija del dueño, María Edilma Zapata. Cuando, aterrorizada y medio asfixiada intento cruzar la calle para buscar refugio en una vivienda vecina, una bala segó su vida.

Los obreros, protegiéndose de los gases con toallas mojadas, se defendieron bravamente con piedras, palos y cuanto objeto encontraban a mano en el desigual combate. Después de más de media hora de balacera, quedaron las víctimas en el piso: Rafael González, Pastor Cardona, Israel Vélez, Rubén Pérez, y nueve personas más, incluida Mario Edilma Zapata. Al anochecer, las hordas uniformadas allanaron los hogares de los trabajadores y detuvieron a centenares de compañeros. Lo único que no pudieron detener fue la moral de los proletarios.

13 años después: una conmemoración combativa.

El 21, 22 y 23 de febrero parados tuvieron lugar en Santa Bárbara diversos actos de homenaje a los mártires del pueblo. El sábado 21 se presentó el grupo “Pequeño Teatro” de Medellín con una obra de Jairo Aníbal Niño en la que se reconstruyen los hechos de la masacre. El domingo 22 se realizó la tradicional marcha conmemorativa, que estuvo presidida por el sindicato de Cementos El Cairo. Se hicieron presentes, además numerosos sindicatos independientes y centenares de habitantes de municipio. El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR también se unió, portando pancartas de pelea. Los manifestantes se concentraron frente al monumento erigido en honor de los caídos. Allí intervinieron los compañeros Joaquín Emilio Ospina y Otoniel Martínez, presidente y vicepresidente, respectivamente, el sindicato de Cementos El Cairo. Los dos oradores manifestaron la voluntad de los trabajadores de honrar la memoria de los compañeros asesinados, continuando la lucha por la unidad de la clase obrera contra el imperialismo yanqui y sus lacayos, contra las camarillas vende–obreras de UTC y CTC y por el respeto a la democracia sindical. Más de mil personas refrendaron con su asistencia el ánimo combativo y unitario de la manifestación.

Los eventos de conmemoración finalizaron con el paro y mitin de quince minutos el lunes 23 en la factoría, durante el cual un obrero expresó: “Sepan ustedes que cada hombre de El Cairo es un soldado que estará dispuesto a ocupar su lugar cuando estalle la incontenible rebeldía del pueblo”.

Palabras de Emilio Ospina, presidente del Sindicato de Cementos El Cairo

Los soldados que en la tarde del 23 de febrero de 1963 la emprendieron contra los huelguistas de Cementos El Cairo tenían una orden: matar! Descargaron los golpes en los cuerpos inertes y en las puertas y ventanas desguarnecidas. Vaciaron los proveedores de sus armas sobre los hombres, mujeres y niños caídos en la carretera. Dejaron el campo abierto muertos y heridos y del dolor y la ira de la clase obrera. La masacre de Santa Bárbara de la historia reciente del país. Macabro testimonio de la naturaleza criminal y sanguinaria de las clases antinacionales y antipopulares que no se detienen ante ningún delito con tal de aumentar sus exorbitantes ganancias. Pero los luctuosos acontecimientos de aquel día han quedado grabados de manera imborrable en la memoria de todos los trabajadores de Colombia, como una lección inolvidable acerca de la especie de enemigo despiadado al que se deben enfrentar y de los métodos inescrupulosos a los que éste recurre.
Desde esa fecha, aniversario tras aniversario, los Cementos El Cairo, erigieron, rememoran el ejemplo heroico de sus compañeros sacrificados, para redoblar su dedicación a la causa obrera, renovar su resolución de demoler las estructuras de la opresión y la miseria y en lugar de construir un mundo nuevo y propio, lleno de felicidad y prosperidad.

Este año, la conmemoración del 23 de febrero halló a los compañeros de El Cairo afrontando con valor y dignidad muy diversos problemas y entregados a una intensa discusión interna sobre las candentes cuestiones de la unidad sindical y revolucionaria. A la cabeza de este proceso se encuentra el compañero Emilio Ospina, presidente del sindicato de Trabajadores de El Cairo, con quien TRIBUNA ROJA tuvo oportunidad de conversar.

Inicialmente nos dijo: “Esta fecha del 23 de febrero, en particular a los obreros de El Cairo les partió su historia, porque marcó un viraje en el desarrollo sindical, pues como muchas otras organizaciones, la nuestra tuvo formación y crecimiento en momentos difíciles, en 1946, bajo orientaciones de la UTC. Con el tiempo la patronal comprendió que el despertar del interés unitario entre los obreros era irreversible y por ello acudió a las armas en ese 1963 para acallar sus voces. Por tanto, para nosotros, uno de los significados más profundos de este día es mantener viva la voz de los obreros que dieron su vida, y mantenerla no con un sentimiento romántico sino porque su sangra abonó la lucha de nuestro sindicato, fortaleció el nivel político de los trabajadores, y podemos decir que a partir de esa fecha, nuestra organización ha estado más compacta más unida”. A continuación señaló “el deseo de los cementeros de El Cairo de convertir el 23 de febrero en bandera de lucha revolucionaria para los otros sectores, para los campesinos y estudiantes de la región: en una bandera de lucha que sirva cada año para dar un paso más en el camino de la unidad y hacia el futuro de la revolución colombiana”.

CUALIFICACION DE LA LUCHA
Refiriéndose al aniversario de este año, el dirigente obrero indicó que se desarrolló con la idea central de “mejorar los métodos de lucha, de mantener firme el respeto a la democracia sindical que creemos ha sido pisoteada en los últimos días en nuestras organizaciones sindicales superiores. Vamos entonces a corregir algunos errores internos que poseemos y de los cuales, pensamos, saldremos bien librados si persiste la unidad que hasta ahora hemos mantenido”.

Luego de manifestar que “hemos observado casi un revelo total de las fuerzas que nos han venido acompañado en los varios aniversarios”, el presidente del sindicato afirmó que “con el transcurso de los años se ha ido cualificando el personal que viene verdaderamente junto con nosotros a elevar una protesta, a conmemorar un día que pertenece al proletariado entero. Es muy significativo para nosotros ver a nuestro lado organizaciones campesinas y obreras en la cuales, realmente no hemos militado pero a las que respetamos para sus luchas, por su trabajo, por el desarrollo revolucionario de la clase”.

CONTRA EL GOBIERNO Y EL OPORTUNISMO

Mencionando el reciente conflicto huelguístico de los cementeros de 1975, el compañero Emilio Ospina apuntó que “el movimiento cementero ha gozado siempre del derecho de poder presentarse en las luchas contra la patronal y el gobierno en una forma unificada a nivel nacional. Los cementeros, aunque no hayamos estado organizados todo el tiempo en un sindicato de industria, siempre hemos luchado –después de 1963- en unidad de acción y en coordinación de pliegos. La experiencia de la huelga pasada y los problemas surgidos durante el transcurso pueden concretarse en que los obreros de El Cairo, debido al desarrollo del movimiento sindical y su cambio de estructura, fijamos, ante nuestras centrales, la posición de que un sindicato industrial debe corresponder al avance consciente de los trabajadores de las diferentes empresas que la conforman, y no deben ser una organización simplemente limitada al crecimiento de un centralismo burocrático ni llegar, como lo teníamos, a pisotear la democracia sindical defendida por nosotros en el caso que nos ocupa”.
Sobre este punto, el compañero Ospina tuvo ocasión de exteriorizar su pensamiento en la concentración proletaria realizada en Santa Bárbara. Dijo que si Fedeta, Fenaltraconcem, Sutimac y CSTC, no esclarecieran sus acusaciones, los obreros de El Cairo “sí van a precisar a quiénes les faltó coraje para enfrentar la política demagógica del gobierno del Frente Nacional o del gobierno del señor López Michelsen, el demagogo que nos embaucó por intermedio de la Ministra del Trabajo”. Y concluyó: “ellos creyeron mansamente que por haber sido López del MRL las luchas iban a ser distintas a nivel del proletariado. Que habría tribunales, que no habría necesidad de organizarse”. Finalizó su discurso corroborando su posición y aseguró que “a los obrero de El Cairo, a quienes no les ha faltado valor en las otras huelgas para enfrentar a la patronal, no les faltará valor para enfrentar nuevament3e a la patronal, al gobierno y a los oportunistas que se han apoderado de las direcciones nuestras a nivel nacional”.

“H A R E M O S R E S P E T A R L A
DEMOCRACIA SINDICAL”

El conocido dirigente aseveró asimismo que “daremos la pelea, no para dañar la unidad del movimiento cementero, como uno pocos dicen, sino para elevar la discusión, para sacarla del pantano donde la tienen algunos dirigentes nacionales y si nos es posible permanecer en el sindicato de industria, que es nuestro mayor deseo, continuaremos haciendo respetar la democracia sindical y convertiremos estos organismos en organismos de lucha y en puestos burocráticos. A esta tarea estamos dedicados los trabajadores del cemento. Y los de El Cairo en particular estamos dispuestos a ello con la ayuda del movimiento obrero”.

Haciendo énfasis en el carácter revolucionario del aniversario de la masacre, el compañero Emilio Ospina anotó: “el gobierno ha reprimido al campesinado, al estudiantado, al movimiento obrero. Pero hoy hemos demostrado que es fácil derrotar el Estado de Sitio y esto políticamente es importantísimo para la clase obrera, porque no nos vamos a dejar amedrentar por los decretos represivos de la oligarquía y seguiremos venciéndolo por más policías que interpongan y lance contra el pueblo”.

26 DE FEBRERO DE 1971, OTRA JORNADA HEROICA

La conmemoración del quinto aniversario de la gran conmoción estudiantil que sacudió a Colombia en febrero de 1971 no puede ni debe ser una efemérides convencional. Tampoco es un episodio más digna y más noble la historia de Colombia. Dentro de esa larga secuencia de batallas desiguales y valerosas por una Patria mejor, el capítulo de 1971 tiene un significado especial. Es el momento en que la juventud estudiosa de Colombia, con una conciencia lúcida y precisa de su misión, se lanza a dar el combate frontal contra la penetración imperialista en la Universidad Colombiana; a rechazar el coloniaje cultural más insidioso, pérfido y sutil que todos los demás; a reivindicar los valores revolucionarios del pueblo colombiano atropellados, befados y mistificados por la intervención imperialista ; a desenmascarar a los abyectos acólitos criollos, sobre cuyos espinazos doblegados y manos medicantes pasan –altivos a la vez– los amos yanquis que les remuneran su enajenación de las riquezas materiales y culturales de la naciones oprimidas.

A los cementeros colombianos –ya copiosamente poblados por gentes con mucha juventud y ningún miedo- no ingresaron en vano los muertos de Cali. Su ejemplo será seguido y recordado a todo lo largo de esta lucha empecinada con el oprobio imperialista que sólo podrá terminar como terminó en Saigón en abril de 1975. Todos los que entonces libraron la batalla, muertos y vivos, nos dejaron una lección histórica sin precedentes: que frente a los pocos miles de plutócratas que doblan la rodilla ante el Goliat imperialista, hay millones de colombianos libre que ya comienzan a asediarlo con la lluvia creciente de sus guijarros justicieros.

EL GOBIERNO PISOTEA INTERESES NACIONALES

Denuncia el dirigente petrolero Pedro Castilla
Representantes de la Unión Sindical Obrera, USO, que agrupa a los trabajadores de la empresa estatal de petróleos, indicaron que es un hecho cumplido la desnacionalización de Ecopetrol en beneficio de la Texas Petroleum Company y de otras compañías norteamericanas, con la tolerancia cómplice del gobierno, e hicieron énfasis en que la llamada “reversión” de la Colombian Petroleum de Tibú, Catatumbo, es una vergonzosa comedia.

Pedro Castilla, secretario de información de la USO, señaló: “la desnacionalización de Ecopetrol es una realidad y se manifiesta, entre otros, en los siguientes hechos: de un lado, la actual administración ha sido puesta en manos de Villareal, Merendone, Del Castillo y Cabrales, anteriormente funcionarios de la Texas, y del otro, no hay continuidad en las políticas de perforación y explotación, que se han dejado en manos de las compañías extranjeras. Tampoco existen planes concretos de expansión de la empresa estatal”. Dijo el directivo que “todo el país está al tanto de las actuaciones oscuras del gobierno en materia de importación de gasolina, al precio del golfo de México, con el complemento, además, de permanentes y gravosas alzas mensuales, mientras que la Texas por su parte continúa exportando por Tumaco cerca de 22.000 barriles diarios”. Denunció Castilla que es manifiesta la intención de la Standard Oil Co. y de sus afiliados en Colombia, empeñadas en desnacionalizar el sector estatal de la rama petroquímica. El único responsable es el gobierno.

Refiriéndose al caso de la Colpet, el directivo de la USO hizo énfasis en que esta empresa no revirtió en ningún momento al Estado colombiano. “Por el contrario , dijo, lo único que hizo Ecopetrol fue comprar el resto de las acciones de manos de la Colpet, violando las propias leyes de la oligarquía”. Indicó que “Ecopetrol jamás ha nacionalizado no hecho revertir sociedades extranjeras. Todo ha sido comprado: la refinería de Barrancabermeja, el oleoducto de Cundinamarca, el del Pacífico, el de Antioquia, la refinería de Cartagena, la Shell de Casabe y ahora la Colombian Petroleum de Catatumbo. Jamás ha existido en Colombia la reversión, consagrada tan sólo en el papel. Unicamente la compra a precios exorbitantes de concesiones petroleras en franco grado de decadencia y desmantelamiento”.

Atropellos contra los trabajadores
Denunció la USO la permanente violación de las convenciones colectivas, el clima de provocaciones y la represión imperante. “El obrero petrolero es visto por el gobierno como serio enemigo”, declaró Pedro Castilla, “y la refinería de Barranca permanece militarizada como si fuera zona de guerra. A ello se debe que en la actualidad, mientras Ecopetrol desconoce la convención colectiva en materia de servicios médicos, ascensos y reconocimiento del reajuste salarial del 25% al personal técnico de la empresa afiliado al sindicato, la Texas se niega a resolver modestos pliegos de peticiones presentados desde hace varios meses por más de 1.000 trabajadores y contratistas de Puerto Boyacá, Puerto Velásquez y Orito, Putumayo. Además, los conflictos se han generalizado. Tal es el caso de los compañeros de la Cities Service y de la Esso Col”.

Tradición de la Lucha
La huelga de 1948 obligó al gobierno a cumplir su propias leyes, con la creación de la empresa estatal Ecopetrol en la antigua concesión De Mares, mientras la oligarquía vendepatria sostenían la tesis de que “el país no está preparado para la explotación de petróleo”. Colombia sabe que esa lucha costó muertos, detenidos y decenas de despidos.
Y fueron los trabajadores quienes en 1963 tuvieron que declarar el cese de actividades en rechazo a la inmoralidad administrativa imperante en las altas esferas de Ecopetrol. Este movimiento que costó igualmente despidos y cárcel, buscaba frenar la corrupción y el despilfarro, cuyas secuelas estaban conduciendo a la empresa estatal a la bancarrota.
La gloriosa huelga de 1971 fue realizada igualmente en defensa de los intereses nacionales, a más de defender justas reivindicaciones. Esta huelga trajo como consecuencia que la represión se manifestara, siendo víctima de ella el compañero Fermín Amaya, y demás se condenó a presidio a 18 compañeros, después de un vergonzoso consejo de guerra”.
Pedro Castilla recalcó finalmente que “a pesar de la amnistía decretada por el gobierno a favor de los 18 compañeros subsiste otro hecho, semejante por sus consecuencias al presidio: degradantes listas negras han sido enviadas por Ecopetrol, con los nombres de todos los compañeros que en una u otra forma participaron en el movimiento de 1971, no sólo a las empresas del país, sino también a Venezuela, Ecuador y Perú, cerrándoles las puertas en esos países y condenándolos en la práctica a la muerte laboral, ya que en su gran mayoría son operarios altamente calificados”.

Anuncian paro.
Se conoció que la USO Centro, Casabe Cantagallo y Tibú, decretaron un cese de actividades de 24 horas para exigir el cumplimiento de la convención colectiva. Los trabajadores petroleros han sido puestos en estado de alerta y una nueva lucha se hace inminente para los próximos días.

SINDICATO DE CAJA AGRARIA SE DESAFILIÓ DE UTC

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria, en su XVIII Asamblea General, a la asistieron 108 delegados en representación de 13.000 socios, se desafilió de la UTC, de la que fue uno de sus principales puntuales durante 18 años, mediante votación que arrojó un resultado abrumador: 104 votos a favor, 2 en contra y 2 en blanco.

El vicepresidente de la mesa directiva de la asamblea general, Héctor León Cortés, secretario de la seccional del Meta, indicó que la desafiliación era una necesidad sentida por las bases. Dijo que _ya en anterior oportunidad, la asamblea nacional del sindicato efectuada en junio de 1975, había tomado tal decisión, aunque entonces la UTC demandó el evento, encontrando en el ministerio pronto eco a sus propósitos. Ahora, en el segundo intento, los delegados se limitaron a expresar lo que tantas veces han pedido las bases. Y aunque las camarillas demanden de nuevo, la realidad es evidente y nadie podrá desconocerla_.

La asamblea general aprobó además pliego de peticiones. Al respeto, Cortés formuló un llamado a la unidad de todos los trabajadores de la Caja agraria y reiteró que _sólo contribuyendo al logro de nuestras reivindicaciones, sin sectarismos ni exclusivismos, conquistaremos la victoria_.

P R I N C I P I O S U N I T A R I O S

La parte resolutiva del documento de desafiliación aprobada por la asamblea general, dice así:
_1º. Desafiliar a partir de esta fecha el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria de la central obrera Unión de Trabajadores de Colombia UTC.
_2º. Declarar que el sindicato se mantendrá independientemente de todas las centrales obreras y luchará consecuentemente por la unidad de los trabajadores bancarios con base en:

a- La defensa de los intereses de los trabajadores y del pueblo colombiano en general.
b- La lucha permanente y decidida contra las camarillas vendeobreros de UTC y CTC.
c- Aplicar la más amplia y efectiva democracia sindical._

APROBADO PARO EN CARRETERAS NACIONALES

“El gobierno de López ha presentado una propuesta ‘clara’: a través del Ministerio de Obras Públicas le transmitió a la comisión negociadora conjunta de Fenaltracar y Sinaltramopcar, el pasado 12 de febrero, que ‘no habría aumentos salariales para los trabajadores de carreteras nacionales’. Hasta nos exigió que retiráramos el pliego. ¿De esta manera es que quiere el gobierno abrirle camino a la llamada ‘estabilización de la economía’? Las bases obreras han respondido lo contrario y la comisión negociadora no dará un paso atrás”. Así lo indicó a TRIBUNA ROJA Jorge Eliécer Mantilla, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de Carreteras, Fenaltracar. El dirigente sindical señaló asimismo que “contamos ahora con dos armas: la participación activa de 13.000 obreros en las negociaciones, a través de mítines y numerosos actos de protesta, a la que se suma la total unidad entre las tres organizaciones sindicales en que se agrupa nuestro sector, incluidos los empleados del Ministerio”.

Rechazo al tribunal de arbitramento.

El presidente de Fenaltracar informó que el Congreso Extraordinario de la federación y la Asamblea Nacional de Sinaltramopcar, reunidos conjuntamente en Bogotá durante los días 20, 21 y 22 de febrero, determinaron rechazar el tribunal de arbitramento obligatorio y aprobar un cese de actividades, cuya hora cero será definida oportunamente. “Si el Ministerio no accede a solucionar nuestras justas peticiones, no podemos someternos al tribunal, por ser nocivo a nuestros intereses”, concluyo Mantilla.