EL GOBIERNO PISOTEA INTERESES NACIONALES

Denuncia el dirigente petrolero Pedro Castilla
Representantes de la Unión Sindical Obrera, USO, que agrupa a los trabajadores de la empresa estatal de petróleos, indicaron que es un hecho cumplido la desnacionalización de Ecopetrol en beneficio de la Texas Petroleum Company y de otras compañías norteamericanas, con la tolerancia cómplice del gobierno, e hicieron énfasis en que la llamada “reversión” de la Colombian Petroleum de Tibú, Catatumbo, es una vergonzosa comedia.

Pedro Castilla, secretario de información de la USO, señaló: “la desnacionalización de Ecopetrol es una realidad y se manifiesta, entre otros, en los siguientes hechos: de un lado, la actual administración ha sido puesta en manos de Villareal, Merendone, Del Castillo y Cabrales, anteriormente funcionarios de la Texas, y del otro, no hay continuidad en las políticas de perforación y explotación, que se han dejado en manos de las compañías extranjeras. Tampoco existen planes concretos de expansión de la empresa estatal”. Dijo el directivo que “todo el país está al tanto de las actuaciones oscuras del gobierno en materia de importación de gasolina, al precio del golfo de México, con el complemento, además, de permanentes y gravosas alzas mensuales, mientras que la Texas por su parte continúa exportando por Tumaco cerca de 22.000 barriles diarios”. Denunció Castilla que es manifiesta la intención de la Standard Oil Co. y de sus afiliados en Colombia, empeñadas en desnacionalizar el sector estatal de la rama petroquímica. El único responsable es el gobierno.

Refiriéndose al caso de la Colpet, el directivo de la USO hizo énfasis en que esta empresa no revirtió en ningún momento al Estado colombiano. “Por el contrario , dijo, lo único que hizo Ecopetrol fue comprar el resto de las acciones de manos de la Colpet, violando las propias leyes de la oligarquía”. Indicó que “Ecopetrol jamás ha nacionalizado no hecho revertir sociedades extranjeras. Todo ha sido comprado: la refinería de Barrancabermeja, el oleoducto de Cundinamarca, el del Pacífico, el de Antioquia, la refinería de Cartagena, la Shell de Casabe y ahora la Colombian Petroleum de Catatumbo. Jamás ha existido en Colombia la reversión, consagrada tan sólo en el papel. Unicamente la compra a precios exorbitantes de concesiones petroleras en franco grado de decadencia y desmantelamiento”.

Atropellos contra los trabajadores
Denunció la USO la permanente violación de las convenciones colectivas, el clima de provocaciones y la represión imperante. “El obrero petrolero es visto por el gobierno como serio enemigo”, declaró Pedro Castilla, “y la refinería de Barranca permanece militarizada como si fuera zona de guerra. A ello se debe que en la actualidad, mientras Ecopetrol desconoce la convención colectiva en materia de servicios médicos, ascensos y reconocimiento del reajuste salarial del 25% al personal técnico de la empresa afiliado al sindicato, la Texas se niega a resolver modestos pliegos de peticiones presentados desde hace varios meses por más de 1.000 trabajadores y contratistas de Puerto Boyacá, Puerto Velásquez y Orito, Putumayo. Además, los conflictos se han generalizado. Tal es el caso de los compañeros de la Cities Service y de la Esso Col”.

Tradición de la Lucha
La huelga de 1948 obligó al gobierno a cumplir su propias leyes, con la creación de la empresa estatal Ecopetrol en la antigua concesión De Mares, mientras la oligarquía vendepatria sostenían la tesis de que “el país no está preparado para la explotación de petróleo”. Colombia sabe que esa lucha costó muertos, detenidos y decenas de despidos.
Y fueron los trabajadores quienes en 1963 tuvieron que declarar el cese de actividades en rechazo a la inmoralidad administrativa imperante en las altas esferas de Ecopetrol. Este movimiento que costó igualmente despidos y cárcel, buscaba frenar la corrupción y el despilfarro, cuyas secuelas estaban conduciendo a la empresa estatal a la bancarrota.
La gloriosa huelga de 1971 fue realizada igualmente en defensa de los intereses nacionales, a más de defender justas reivindicaciones. Esta huelga trajo como consecuencia que la represión se manifestara, siendo víctima de ella el compañero Fermín Amaya, y demás se condenó a presidio a 18 compañeros, después de un vergonzoso consejo de guerra”.
Pedro Castilla recalcó finalmente que “a pesar de la amnistía decretada por el gobierno a favor de los 18 compañeros subsiste otro hecho, semejante por sus consecuencias al presidio: degradantes listas negras han sido enviadas por Ecopetrol, con los nombres de todos los compañeros que en una u otra forma participaron en el movimiento de 1971, no sólo a las empresas del país, sino también a Venezuela, Ecuador y Perú, cerrándoles las puertas en esos países y condenándolos en la práctica a la muerte laboral, ya que en su gran mayoría son operarios altamente calificados”.

Anuncian paro.
Se conoció que la USO Centro, Casabe Cantagallo y Tibú, decretaron un cese de actividades de 24 horas para exigir el cumplimiento de la convención colectiva. Los trabajadores petroleros han sido puestos en estado de alerta y una nueva lucha se hace inminente para los próximos días.

SINDICATO DE CAJA AGRARIA SE DESAFILIÓ DE UTC

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria, en su XVIII Asamblea General, a la asistieron 108 delegados en representación de 13.000 socios, se desafilió de la UTC, de la que fue uno de sus principales puntuales durante 18 años, mediante votación que arrojó un resultado abrumador: 104 votos a favor, 2 en contra y 2 en blanco.

El vicepresidente de la mesa directiva de la asamblea general, Héctor León Cortés, secretario de la seccional del Meta, indicó que la desafiliación era una necesidad sentida por las bases. Dijo que _ya en anterior oportunidad, la asamblea nacional del sindicato efectuada en junio de 1975, había tomado tal decisión, aunque entonces la UTC demandó el evento, encontrando en el ministerio pronto eco a sus propósitos. Ahora, en el segundo intento, los delegados se limitaron a expresar lo que tantas veces han pedido las bases. Y aunque las camarillas demanden de nuevo, la realidad es evidente y nadie podrá desconocerla_.

La asamblea general aprobó además pliego de peticiones. Al respeto, Cortés formuló un llamado a la unidad de todos los trabajadores de la Caja agraria y reiteró que _sólo contribuyendo al logro de nuestras reivindicaciones, sin sectarismos ni exclusivismos, conquistaremos la victoria_.

P R I N C I P I O S U N I T A R I O S

La parte resolutiva del documento de desafiliación aprobada por la asamblea general, dice así:
_1º. Desafiliar a partir de esta fecha el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja Agraria de la central obrera Unión de Trabajadores de Colombia UTC.
_2º. Declarar que el sindicato se mantendrá independientemente de todas las centrales obreras y luchará consecuentemente por la unidad de los trabajadores bancarios con base en:

a- La defensa de los intereses de los trabajadores y del pueblo colombiano en general.
b- La lucha permanente y decidida contra las camarillas vendeobreros de UTC y CTC.
c- Aplicar la más amplia y efectiva democracia sindical._

APROBADO PARO EN CARRETERAS NACIONALES

“El gobierno de López ha presentado una propuesta ‘clara’: a través del Ministerio de Obras Públicas le transmitió a la comisión negociadora conjunta de Fenaltracar y Sinaltramopcar, el pasado 12 de febrero, que ‘no habría aumentos salariales para los trabajadores de carreteras nacionales’. Hasta nos exigió que retiráramos el pliego. ¿De esta manera es que quiere el gobierno abrirle camino a la llamada ‘estabilización de la economía’? Las bases obreras han respondido lo contrario y la comisión negociadora no dará un paso atrás”. Así lo indicó a TRIBUNA ROJA Jorge Eliécer Mantilla, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores de Carreteras, Fenaltracar. El dirigente sindical señaló asimismo que “contamos ahora con dos armas: la participación activa de 13.000 obreros en las negociaciones, a través de mítines y numerosos actos de protesta, a la que se suma la total unidad entre las tres organizaciones sindicales en que se agrupa nuestro sector, incluidos los empleados del Ministerio”.

Rechazo al tribunal de arbitramento.

El presidente de Fenaltracar informó que el Congreso Extraordinario de la federación y la Asamblea Nacional de Sinaltramopcar, reunidos conjuntamente en Bogotá durante los días 20, 21 y 22 de febrero, determinaron rechazar el tribunal de arbitramento obligatorio y aprobar un cese de actividades, cuya hora cero será definida oportunamente. “Si el Ministerio no accede a solucionar nuestras justas peticiones, no podemos someternos al tribunal, por ser nocivo a nuestros intereses”, concluyo Mantilla.

EL PARO EN MINHACIENDA: MOTÍN A BORDO CONTRA LÓPEZ

Desde el 16 de febrero y durante 15 días, 14.000 empleados del Ministerio de hacienda realizaron asambleas permanentes para presionar al gobierno por el cumplimiento del acuerdo firmado en marzo de 1.975 y exigir el reintegro y libertad de los compañeros despedidos o detenidos en el curso del combativo movimiento. Es una muestra más del despertar de los trabajadores estatales, que escogieron el camino de la lucha y no están dispuestos a trasegar por el atajo del conformismo y el silencio.

Origen del conflicto.
Luis Fernando Cárdenas, secretario de prensa del sindicato, a Tribuna Roja: “En el mes de marzo de 1975 se firmó un acuerdo entre el Ministerio de Hacienda y nuestra organización. Contempla una reclasificación de cargos o aumento salarial, estabilidad, incorporación de los supernumerarios y puntos relativos a vivienda, descongelación de las cesantías, becas de estudio y otros. El sindicato nombró un comité de vigilancia, previendo que el gobierno no cumpliría. En efecto, dos meses después de la firma, el Ministerio negó que hubiera arreglo alguno alrededor de la reclasificación de cargos con el aumento de que ‘no se pueden hacer más aumentos’. De esta manera, el que había sido pactado no se hizo efectivo. Las violaciones de ahí en adelante fueron continuas’.

Asambleas Permanentes.
“Ante semejante actitud vimos con claridad que la única salida era acudir a las vías de hecho. Medellín y Barranquilla dieron la pauta. El 16 de febrero, 29 secciónales del Ministerio de Hacienda realizaron asambleas permanentes como un medio de presionar la solución de nuestras exigencias. En respuesta, el gobierno ilegalizó el conflicto y autorizó despidos masivos. Hasta el 28 de febrero había sido destituidos más de medio centenar de compañeros, incluidos los altos empleados que se solidarizaron con el paro. El gobierno de López autorizó igualmente al ministerio para enganchar nuevos empleados en reemplazo de quienes no quisieran reintegrarse. Pero los trabajadores no nos dejamos amilanar”.

Abiertos al diálogo.
Hizo énfasis Cárdenas en que el sindicato estuvo permanentemente abierto al dialogo. “propusimos numerosas fórmulas de arreglo, que el gobierno no quiso aceptar. La falta de seriedad de los representantes del gobierno fue el peor obstáculo para la solución del conflicto, como lo reconocieron el subdirector de impuestos, Dr. Jaime Vásquez, y otros funcionarios, en su carta del 26 de febrero dirigida al presidente de la república. Pese a todo, la firmeza de las bases fue extraordinaria. En particular, la valentía demostrada por el personal femenino”.

El paro en el Ministerio de Hacienda, que fue levantado el 2 de marzo, ha despejado el camino para amplias movilizaciones de masas en el sector de los trabajadores estatales.

DECENAS DE MILES DE BANCARIOS DISPUESTOS A VENCER

En rotundo rechazo a los tribunales de arbitramento obligatorio, 15.000 trabajadores de los Banco Popular, Cafetero y Central Hipotecario realizaron en todo el paros un paro el 20 de febrero y continúan adelantando acciones masivas, que han encontrado del régimen lopista como única respuesta, la detención de numerosos dirigentes y el allanamiento de los lugares de trabajo.

El gobierno ha ofrecido una ridícula oferta del 15% en salarios y utiliza como arma exclusiva la represión abierta contra el movimiento. Los empleados bancarios de las tres entidades semioficiales, agrupados en el CIBAN, anunciaron que si el gobierno ilegaliza el paro, responderán con movilizaciones de masas aún más amplias.
El movimiento ha exhibido un derroche de firmeza, pese a todos los intentos por quebrarlo. El proletariado bancario sale en defensa de los derechos de huelga y contratación colectiva, que han desconocido los regímenes antidemocráticos de la coalición liberal-conservadora con la imposición de los tribunales de arbitramento obligatorio.

PAROS ESCALONADOS EN EL AGUSTÍN CODAZZI

El 24 y 25 de febrero, 2.300 empleados y técnicos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en 21 secciónales, realizaron paros de solidaridad con los trabajadores de la administración de Impuestos, y, en Bogotá, centenares de activistas se hicieron presentes en la sede principal del Ministerio de Hacienda, entidad a la que está adscrito el Instituto. José Miguel Caro Díaz, presidente del sindicato, confirmó el carácter solidario del paro, pero indicó que el movimiento buscó también presionar “la solución del pliego de peticiones, así como garantizar el cumplimiento del anterior acuerdo, que el Geográfico está desconociendo”. Dijo Caro que “mientras hay empleados que sólo devengan $2.000 al mes, laborando 200 horas, algunos altos ejecutivos reciben sólo 3 horas a la semana $1.800.”. Agregó finalmente el dirigente que “existen motivos más que suficientes para una justa protesta. Como miembros del Comité Intersindical de Trabajadores del Estado, vamos a impulsar la más amplia unidad, para lograr el respeto a los derechos de organización, contratación colectiva y huelga”.

FRACASARON MANIOBRAS PATRONALES EN COLTEPUNTO

Los 1.200 trabajadores de Coltepunto, empresa subsidiaria del monopolio Coltejer, iniciaron el 27 de enero una combativa huelga en el municipio de Rionegro (Antioquia). Los esquiroles citaron un plebiscito que, a pesar de la proliferación de propaganda de la empresa y la complicidad de la Regional de Trabajo, constituyó un rotundo fracaso para las aspiraciones patronales.
Las numerosas patrañas de la compañía y un sinnúmero de condiciones adversas, no han sido obstáculo para que en los actuales momentos los trabajadores de Coltepunto se muestren firmes y valerosos en el combate.

“EL ROCKEFELLER SANTANDEREANO SE QUEDÓ CON LOS CRESPOS HECHOS”

Afirmaron huelguistas de gaseosas colombianas
En los predios de Carlos Ardila Lulle, el “Rockefeller” santandereano, 1.150 trabajadores adelantan desde el 12 de febrero una valerosa huelga. “Con los crespos hechos se quedó el patrón, porque no puedo seguir jugando al paralelismo sindical, al que le pusimos fin después de 14 años”, dijo José A. Chaparro, presidente del sindicato de industria. En efecto, se leen en la carpa huelguística consignas relativas a la “unidad contra el monopolio entre los dos sindicatos”, filiales de CSTC y UTC, respectivamente. Chaparro dijo que “hoy los salarios son en promedio de $2.300”. en tal sentido, el dirigente desmintió un comunicado publicado por la empresa en los principales diarios del país: “No es cierto que el salario suba $120 diarios. Las que sí están por las nubes son las utilidades de la empresa”.

El movimiento se mantiene firme y la unidad es total. El monopolio de las gaseosas, acostumbrado a aprovecharse de la división, se ha visto frenado en sus propósitos por los trabajadores. Es una prueba más del auge de las luchas reivindicativas del proletariado colombiano.

EN LOS CAÑADUZALES DEL VALLE DEL CAUCA: UN EJERCITO DE CIEN MIL PROLETARIOS

En uno de los valles más fértiles de Colombia, entre cañaduzales que se extienden sobre miles de hectáreas o en ingenios y trapiches, laboran de sol a sol, bajo aberrantes condiciones de inseguridad y sumidos en la miseria, más de 100.000 trabajadores que producen algo más de un millón de toneladas de azúcar al año. Los proletarios azucareros, hoy como ayer verdaderos forjadores de toda esta riqueza, poseen un tradición de combate clasista que se enriquece con cada día que pasa.

Los patronos los llaman despectiva e indistintamente “peones” e “iguazos”, pero ellos tienen diversas tareas a su cargo: son los tractoristas, acomodadores, regadores, fumigadores y despertadores que siembran y cuidan los cogollos; o las cuadrillas de corteros que con sus trocheros y cabos de corte van tumbando las cañas que las parejas o “mangualas” de alzadores recogen y acomodan en vagones. En los ingenios, rodeados de básculas, picadoras, calderas, filtros, evaporadoras, cristalizadoras, hornos, centrífugas y empaquetadoras, trabajan los gruístas, purgadores, brequeros, tacheros, electricistas y bulteadores. También están los hombres humildes que baten y moldean panela en los cientos de trapiches regados como hornos humeantes entre la inmensidad de la caña. Múltiples oficios dan cuerpo al proletariado azucarero.

El trabajo de todos los días talla sus músculos como si fueran de chonta. El sol ardiente del valle curte su piel, las pesadas faenas manuales endurecen y llenan de callos sus manos. Los sufrimiento de su existencia insoportable tiemplan su voluntad para las más duras tareas. Esta masa acosada por el hambre, heterogénea en su procedencia y en su forma, está identificada en su espíritu rebelde frente a los explotadores, un profundo sentimiento de clase: zambos y mulatos del Patía, negros altos y fuertes de Guapi, Timbiquí, Puerto Merizalde y el Chocó, sufridos hombres de las montañas de Nariño, nativos de la hoya del Río Cauca, han hecho con su sacrificio la verdadera historia del Valle y encarnan las necesidades y esperanzas de todo el pueblo. Cientos de ellos han muerto en los ingenios; otros entregaron su vida a la producción y están inutilizados.
Una dependencia absoluta.

Colombia tiene en el Valle del Cauca una de las mejores tierras del mundo para el cultivo de la caña de azúcar, debido a que en sus plantaciones se corta todo el tiempo, sin la limitación de una sola zafra por año que tienen Cuba, Puerto Rico y Hawai. Además, su fértil suelo está regado abundantemente de manera natural, lo cual descarga al productor de las costosas instalaciones de regadío que requiere, por ejemplo, el Perú. Y el factor de la luz favorece los sembrados de manera única.

Con todo, su productividad es comparativa baja. Ciertamente, entre 1963 y 1975 la producción nacional aumentó de un 350.000 a 1’001.000 toneladas. Pero tanto su financiación como su mercadeo son directamente dependientes del capital monopolista norteamericano: los grandes ingenios los costean corporaciones financiaras de capital básicamente extranjero. Por otra parte, el transporte del total de exportaciones está monopolizado por la naviera “Grace Line”, que no embarca un producto acabado sino una materia prima: el azúcar no sulfitado, vale decir crudo, del cual se derivan 108 subproductos industriales de gran importancia, de los que Colombia escasamente explota ocho: azúcar crudo, melaza, miel de purga, bagazo, alcohol, ácido acético, ácido cítrico y acetato de etilo. Con el agravante de que los ingenios cedieron los derechos de producción de estos derivados al mayor monopolio mundial de ácidos orgánicos, la compañía ”Miles”.
Paraíso de los explotadores
e infierno de los trabajadores.

Al recorrer el valle y conversar con los proletarios azucareros, se recogen permanentes e indignadas denuncias sobre su explotación. Las básculas de todos los ingenios están alteradas para robar el trabajo diario de corteros y alzadores. Los trabajadores son recogidos a las 4 de la mañana con una taza de tinto o agua panela en el estómago por todo desayuno, y llevados al campo en camiones, como animales. Un trabajador nos dijo: “Uno sale de la casa por la noche y vuelve por la noche. Aguanta hambre en el corte, porque un día sí el otro no el arroz y la papa de la mochila están agrios antes de las 11 de la mañana. Toca defenderse a punta de panela”. La voracidad patronal no tiene limites: jornadas de 14 y 16 horas, turnos dobles en puestos de peligro, obligación de trabajar a los enfermos con amenazas de despido. Es muy precisa la afirmación de un dirigente obrero, de que “La zona azucarera del Valle y Cauca es un paraíso terrenal para la minoría explotadora que construyó su imperio robando tierras y cometiendo crímenes, y un infierno para los trabajadores y la gente humilde”.

Un cortero que nos relató varios accidentes de sus compañeros, que suceden a diario y ocasionan la muerte o graves mutilaciones, denunciaba: “No nos dan siquiera la funda en qué guardar la pacora. Hay que rebuscar cómo envolverla en los que sea, hasta en periódicos”. Tanto en ingenios y trapiches como en las faenas de campo, el trabajador arriesga la integridad y la vida a cada minuto. Fundiendo, en la red de energía, en los molinos y picadoras de caña. Los corteros dejan parte de su existencia en el cañal, a cada golpe de pacora. Los alzadores se hunden en podridos barrizales donde pululan la cascabel y la talla. La pelusa de la caña invade el aire, se roba hasta la respiración. Como lo sintetiza: “De todas estas riquezas, la miel la cogen los ricos y a nosotros nos tiran el bagazo”.

Asocaña y sus tentáculos.

Dentro del proceso de expansión de la industria azucarera se conformó un monopolio, encarnado en la Asociación Nacional de Cultivadores de Caña. Asocaña que representa los intereses de una pocas familias vinculadas al Estado, y que concentra en sus manos el poder económico y político, impidiendo su ley sobre todos los elementos de la producción, incluidas las masas trabajadoras. Son los Eder, dueños de Manuelita y el Ingenio del Cauca; los Holguín, de Mayagüez; los Cabal, de Pichinchí y Providencia, y los Caicedo González, de Castilla, Riopaila y Begala.

Amos y señores de Asocaña, controlan las exportaciones y obligan a las empresas medianas a adherir a su cuota internacional: ingenio como Ucrania, El Porvenir, San Fernando, María Luisa, El Arado, El Samán y muchos más, se denominan “colonos” de los grandes pulpos que los han forzado a cerrar sus instalaciones industriales, por lo cual para subsistir tienen que dedicarse únicamente a tumbar caña: el 30% de la que procesan Riopaila, Manuelita, Castilla y Providencia, la suministran “colonos”. Estos cuatro últimos ingenios suman 56.000 hectáreas, el 46% de la extensión total de los cañales del país.

Asocaña tiene además un gran poder de presión: el actual gobierno, caracterizado por complacencia ante los potentados, ha concedido ya en tres ocasiones cuantiosas alzas en el precio interno del azúcar, invariablemente precedidas de una escasez ficticia del producto, acompañada por declaraciones al estilo de la que comienzos de febrero emitiera Rodrigo Escobar Navia, presidente de la Asociación: “Debe reajustarse el precio interno y enseñársele a los colombianos a pagar el precio que realmente tiene el producto, y no mantenerlo en una situación artificial y política”. Mientras esto se plantea, el gobierno añade a sus garantías la de cerrar los ojos ante el voluminoso mercado negro internacional del azúcar. El contraste es palpable en las declaraciones de una mujer del pueblo: “Una ve que los muchachos tumban y tumban caña para el ingenio, y no tiene derecho a conseguir azúcar ni panela, ni aunque tuviera con qué pagarla”.

Verdaderos campos de concentración.

Por todo el Valle y el norte del Cauca, desde Cartago hasta Santander de Quilichao, los trabajadores viven hacinados como esclavos. Florida, por ejemplo, tiene 80 hectáreas de su “área urbana” invadidas de caña, y está imposibilitada para crecer, cercada por los sembrados mientras su población aumenta al ritmo de la expansión permanente de las tierras de tres ingenios cuyo ensanche reclama más y más mano de obra.

Florida es prácticamente un campo de concentración de Castilla, Balsilla y el Ingenio del Cauca. Uno de sus múltiples inquilinatos, conocido como “Casablanca”, albergan en 20 míseras piezas a más de 140 personas. Pradera, por su parte, soporta el total abandono de sus servicios públicos y las consecuentes epidemias y calamidades.

Para colmo de desgracias, en todas las poblaciones se enquistan los agentes secretos y provocadores o “payasos” encargados de denunciar cualquier brote de rebeldía. Muchos ingenios, más parecen cárceles. Trabajadores de Castilla denunciaron que en la época electoral son obligados mediante amenazas y agresiones físicas a consignar sus cédulas, asistir a las manifestaciones de los partidos tradicionales y recorrer por las noches las carreteras coreando los nombres de sus candidatos.

Las “campañas de salud” que proclaman los ingenios, enmascaran un macabro experimento denominado “Prueba de Metabolismo”, que no se ocupa de estudiar la prevención de accidentes ni las enfermedades más comunes entre los trabajadores, sino que examina la manera de lograr que su cuerpo resista el máximo, buscando algo así como la “variedad de nombre” que fisiológicamente tolere mejor los rigores sin cuenta de la superexplotación.

Los sueldos miserable se suman a las demás calamidades de los obreros. Con el pago promedio de $21 por tonelada tumbada, un cortero escasamente puede llevar carne a su casa para un solo día de la semana. En algunos sitios el chocolate de 20 personas se prepara con una sola pastilla. Cunde entre padres y madres la desesperación al ver crecer a sus hijos a punta de plátanos, arroz y aguapanela, desnudos, sin escuela, amontonados en viviendas miserables, condenados a las enfermedades y desprovistos de los más elementales recursos. Los ancianos están igualmente desvalidos. Un extrabajador, condenado a la mendicidad, nos narraba su caso: “Me dio paludismo de no comer, de aguantar hambre y de tomar agua de charcos. Me cogió y casi me mata, y ya después en ningún sitio quisieron darme trabajo. Es como si al pobre le cayera una maldición del cielo”.

Lugares como Puerto Tejada viven sometidos a todas las humillaciones de la vida, sin agua ni alcantarillado, envueltos por el polvo que se levanta de sus calles, llenos de chozas y tugurios, con un río totalmente contaminado por los desperdicios que arrojan los ingenios. Uno de cada 15 niños muere de hambre, y a diario fallecen más de dos a causa de la gastroenteritis.

Las promesas de López.

El sistema de contratistas, que elimina de un tajo todos los derechos democráticos de los obreros, y contra el cual se levantaron los trabajadores de la Zona Bananera en 1928, se ha ganado también el odio de los proletarios azucareros. López Michelsen, entonces candidato, pronunció un discurso en Palmira, el 18 de marzo de 1974, en el cual manifestó: “No entiendo que en los ingenios vecinos haya sindicatos en condiciones satisfactorias que permitan el sistema de enganche, mediante el cual sus hermanos trabajadores se convierten en contratistas de instituciones fantasmas para no gozar de la misma situación de los sindicatos que contratan directamente. Es algo que no puede existir bajo los gobiernos liberales”. Y añadió: “Nada de subterfugios ni de medios expeditos de burlar las leyes. Que sepan los trabajadores del Valle de Colombia que el 7 de agosto en adelante también habrá para ellos una baraja nueva”. Con la anuencia de su gobierno, Asocaña ha generalizado el sistema de contratistas al 70% de los trabajadores de la caña. Los corteros recuerdan con ironía el discurso del Presidente, como ejemplo demagogo que juega con cartas marcadas.

Además, los ingenios condicionan los contratos a la no-sindicalización del trabajador; dividen sus empresas en varias “razones sociales”, para quebrar las organizaciones existentes, como ha sucedido en Mayagüez y La Quinta, y fomentan las bases bajo bayonetas, recogen sin recato las sobras de lo que los grandes señores sirven a su mesas. Por todo ello, apenas el 20% de los trabajadores de la caña está sindicalizado.

Una rica tradición de combate.

Las expresiones de rebeldía de los obreros se traducen en frecuentes combates del proletariado azucarero: paros cívicos por mejores servicios públicos, manifestaciones indignadas por los atropellos de las autoridades y la inmoralidad oficial, tomas de ingenios, pedreas en las que participan corteros pacora en mano, amas de casa, estudiantes. “Cuando nosotros paramos, nada se mueve”, dice un trabajador de Manuelita, mientras un anciano tractorista del El Arado, viejo luchador, agrega: “Yo tal vez ya no llegue allá, pero los que vivan van a ver a este pueblo trabajador y honrado pararse en la raya”. El espíritu de batalla de los obrero de caña brota por doquier: ¡la piola estira y estira hasta que se revienta!

Cuando mencionan su luchas, los trabajadores azucareros recuerdan como un símbolo su marcha de agosto de 1959, cuando tras el despido de más de 2000 huelguistas de Riopaila, se decretó el paro solidario en todos los ingenios y se organizó una manifestación en la que tomaron parte más de 20.000 obreros. “Se alzaron los de Providencia, Manuelita, Mayagüez narra un cortero. Salió gente de Florida, Zarzal, La Paila, de Bugalagrande y de aquí de Candelaria. De todas partes salíamos. Arrimamos hasta el paso del comercio pero no pudimos seguir hasta Cali porque ahí en el puente el ejército empezó a dar bala, gases y patadas”. En aquella ocasión cayeron víctimas del primer gobierno llerista del Frente Nacional, los compañeros José Rodolfo Chalacán y Manuel J. Rodríguez, quienes perviven como ejemplo de sacrificio por la causa de su clase en la memoria del proletariado.

A pesar de la represión generalizada, todos los años se suceden choques entre los trabajadores y explotadores. En todos los ingenios se narran luchas; cada obrero puede contar en cuántas ha tomado parte. Un ejemplo es la huelga de los de la Quinta en 1965, ante el incumplimiento de los pactos laborales por su patrón, Joaquín Vallejo Arbelaéz. El movimiento duro 107 días y no pudo ser debilitado ni por el chantaje, ni por la violencia, ni ante la muerte por hambre de 17 hijos de los trabajadores.

En los actuales momentos, Riopaila vuelve a ser escenario de un aleccionador combate en defensa de los derechos democráticos de la clase obrera. Desde el pasado 14 de noviembre los obreros están en paro y de nada han valido en esta ocasión tampoco los rigores del clima, ni los incendios terroristas de los cañaduzales provocados por esquiroles, ni la policía y el ejército. La muerte de Gustavo Hurtado, hijo de un huelguista, y la del obrero José Dolores Cardona, las heridas graves de estudiantes, mujeres y niños, han reforzado y mantienen la decisión de lucha de los trabajadores.

La dispersión y el sistema de contratistas a que son sometidos los trabajadores azucareros, lo han llevado a apreciar ña imperiosa necesidad de la organización. Además, las experiencias de lucha les ha dejado valiosas enseñanzas: uno a uno, los bandidos incrustados en sus filas son y seguirán siendo desenmascarados y expulsados. Día a día es mayor la independencia sindical frente a los patronos y el gobierno. Y paralelamente crece la acogida a la bandera de la unidad del movimiento obrero; en cada combate encarna y gana terreno, porque el proletariado azucarero sabe que los tres principios unitarios: servir a la clase obrera y al pueblo; aislar y combatir a las camarillas de UTC y CTC; y acogerse a la democracia sindical, los llevará a forjar una herramienta indispensable para el desarrollo de la revolución colombiana, con cuya victoria ellos habrán de conquistar un mundo nuevo.

EL CASO DE LA LOCKHEED: LOS SOBORNOS, UNA VIEJA HISTORIA

En el mes de febrero, se inició con un nuevo escándalo mundial: los sobornos de la Lockheed Aircraft. Y esta vez, los cables internacionales implicaban a generales de la Fuerza Aérea Colombiana entre otros muchos “beneficiados” por la campaña norteamericana.

Ante la imposibilidad de ocultar por más tiempo los hechos, los diarios colombianos se vieron obligados a publicar algunas de las cartas comprometedoras, excusándose en que ya había trascendido al público y habían sido reveladas por la prensa de otros países.

Estas cartas que los representantes de la matriz de los Estados Unidos, con palabras en clave y con la desfachatez propia del poder de corrupción del capital monopolista, configuran todo un tratado sobre la manera como se realizan los negocios entre los grandes pulpos imperialistas y las naciones hasta donde extienden sus tentáculos. Los párrafos siguientes de una de esas cartas, fechadas en 1968, son una muestra bastante elocuente:
“Mis ideas sobre esta materia se basan en los requisitos que la experiencia en ventas en Colombia ha demostrado. Un numero de gente involucrada no solo en hacer las decisiones de compras, sino también involucradas en las aprobaciones para el financiamiento, las licencias de importación, las negociaciones, etc., etc.,. esperan parte del ‘pastel’.

“El general Urrego no ha podido ver al Presidente. El Presidente ha estado demasiado ocupado”.

“No parece prometedor para Satena comprar la ‘B’ en el futuro cercano. No parece que la Ley de Satena será aprobada este año. La única oportunidad este año, es a través del presidente” (Tomado de El Tiempo, febrero 8 de 1976).

Según el anterior, resulta evidente que están comprometidos, además de los generales, altos funcionarios gubernamentales, ministros y hasta el propio presidente del al República, en ese entonces, Carlos Lleras Restrepo.

I N S T I T U C I O N A L I Z A C I O N D E L C I N I S M O

La desvergüenza de la clase dominante llega a tales extremos, que todo un exministro de Hacienda y ex embajador en los Estados Unidos, Hernán Echavarría Olózaga, confiesa sin ningún recato que: “en nuestro país no se hace un negocio importante con el Estado sin pagar comisiones. Para qué llamarlo con el nombre vulgar de sobornos? Es una mera consideración hacia los que se han dedicado a servirle a su país desde importantes posiciones”.

Es, en otras palabras, la institucionalización del cinismo. En realidad el caso de la Lockheed no es un acto aislado protagonizado por una compañía norteamericana ni es el primero para la historia de Colombia. Tampoco se refiere solamente a los gobernantes de un país “subdesarrollado” de América del Sur: la Lockheed admite haber pagado 22 millones de dólares en sobornos a los más variados personajes mundiales, desde un “ultraderechista japonés criminal de guerra”, pasando por un ministro de defensa de Italia, el líder de la Unión Social Cristiana en Alemania, hasta llega a una personalidad de la más “rancia y noble estirpe de la realeza europea”, el príncipe Bernardo de Holanda.

Decíamos que la Lockheed no es la única compañía que utiliza semejantes procedimientos para realizar sus actividades comerciales. En encuesta realizada en los Estados Unidos a 73 de las más grandes compañías multinacionales, el 75 por ciento acepta haber hecho pagos a funcionarios y políticos en el exterior, y la Comisión de Seguridad y Cambios del Senado norteamericano investiga en la actualidad a los 54 mayores empresas por sobornos fuera y dentro de ese país.

Así, la ITT se apoya en su poder económico para inmiscuirse en la actividad política de innumerable gobiernos y los monopolios bananeros con la United Brands a la cabeza obtienen de presidentes y ministros y ministros centroamericanos leyes ventajosas para sus actividades comerciales. Las superpoderosas compañías petroleras como la Gulf Oil o la Texas, compran conciencias y obtienen grandes concesiones y privilegios estadinense y del capital monopolista, apartados rincones de la tierra.

VIEJA Y NEGRA HISTORIA
En Colombia, nada de esto es nuevo. Bástenos mencionar los sucios manejos, las inmoralidades y demás artimañas que han rodeado la historia negra de nuestro petróleo. En ella han actuado desde Marco Fidel Suárez a quien la oligarquía siempre ha presentado como un “dechado de virtudes y morales”, los gobiernos conservadores hasta 1930 y el lacayo Olaya Herrera. Todas esas maquinaciones y negociados tuvieron sólo resultado: que con nuestro petróleo se engrosaran más y más las insaciables arcas de las compañías petroleras norteamericanas y los bolsillos de unos cuantos vendepatrias.
Recientemente tenemos las compras de las concesiones como la de la Colpet. Por estas “nacionalizaciones” los gobiernos de Pastrana y de López Michelsen entregaron millones de dólares a los consorcios internacionales por unos huecos que legalmente ya le pertenecían al Estado.

Y no olvidemos la compra por más de 20 millones de dólares de la Electrificadora del Atlántico a otro monopolio norteamericano durante la administración de Lleras Camargo en 1960. Dicha electrificadora debió revertir al Estado en 1948 después de haber sido explotada por 25 años con pingues ganancias. Y en los mismos manejos turbios se pueden incluir Cerromatoso y Cerrejón así como los que ya comienzan a salir a la luz pública: la compra de 18 aviones Mirage y de los fusiles G-3.
Ante estos hechos, el desenmascaramiento del imperialismo que subyuga y explota al pueblo colombiano y de quienes se nutren sirviendo a los intereses del capital monopolista, es un deber de los auténticos patriotas. Porque dentro de la esencia del imperialismo está su capacidad infinita de corrupción y su poder omnipotente para comprar generales, sobornar ministros y manipular presidentes y obtener a cambio leyes favorables a sus intereses comerciales.

Afortunadamente el país entero ha empezado a tomar conciencia de estos actos aberrantes y comienza a gestarse un poderoso movimiento para expulsar al imperialismo norteamericano y todos sus lacayos.