PALABRAS DE JORGE ENRIQUE ROBLEDO ANTE LA TUMBA DE HÉCTOR VALENCIA

El senador del POLO, Jorge Enrique Robledo interviene en el Cementerio Central de Bogotá, el 21 de septiembre de 2008, durante el sepelio de Héctor Valencia Henao, secretario general del MOIR.

El senador del POLO, Jorge Enrique Robledo interviene en el Cementerio Central de Bogotá, el 21 de septiembre de 2008, durante el sepelio de Héctor Valencia Henao, secretario general del MOIR.
El senador del POLO, Jorge Enrique Robledo interviene en el Cementerio Central de Bogotá, el 21 de septiembre de 2008, durante el sepelio de Héctor Valencia Henao, secretario general del MOIR.
Cumplimos hoy con el doloroso deber de darle sepultura a los restos mortales de Héctor Valencia, quien dedicara su fructífera existencia, hasta sus últimos días, a la lucha por transformar profundamente a Colombia y quien, con acierto que puede comprobarse, preservó y desarrolló las concepciones políticas de Francisco Mosquera, el inolvidable fundador del MOIR.

Héctor Valencia perteneció a la que podríamos llamar la primera generación de dirigentes del MOIR, que sentó los principios que nos han orientado durante cuarenta años. Y, ya como secretario general, no vaciló en promover que nos vinculáramos con entusiasmo y espíritu unitario a la creación del Polo Democrático Alternativo, a cuyo acto fundacional, el Congreso de Unidad, asistió como delegado, convencido de ser protagonista de un hecho de gran importancia para Colombia.

Entre los muchos criterios que Mosquera construyó con el respaldo de Valencia y que quedaron como legado para nosotros, y creo que para el conjunto de la izquierda democrática colombiana, resalto los siguientes.

Militar en la izquierda democrática exige como primera condición no estar conformes con el actual orden de cosas y, en especial, con las dolorosas condiciones de vida de multitud de colombianos, para quienes atender las más elementales necesidades significa casi que un imposible. Sufrir con el sufrimiento de los demás es, entonces, requisito para exigir para sí el honroso título de izquierdista. Pero no es suficiente. Porque ese carácter solo se gana a partir del momento en que se está dispuesto a hacer algún esfuerzo por transformar en serio el mundo inicuo que nos rodea, lo cual nos exige, en especial a los dirigentes, dilucidar y explicar las causas del drama nacional, pues es obvio que el desempleo y la pobreza y la falta de salud y educación, para solo mencionar cuatro de las muchas lacras que azotan el país, son efectos de unas determinadas maneras de organizar la economía y las relaciones políticas y sociales.

En su momento, hace cuatro décadas, Héctor Valencia respaldó a Francisco Mosquera en la idea de izquierda, que venía de atrás, de señalar que sin el cabal ejercicio de la soberanía nacional, perdida ya por ese entonces frente al imperialismo norteamericano, no podría resolverse ni uno solo de los problemas de los colombianos. Y como el principal factor del atraso de Colombia sigue ahí, con acierto el Ideario de Unidad del Polo Democrático Alternativo, el programa que sirvió y sirve de base a la unión de la izquierda democrática, señala la lucha por la soberanía como uno de los pilares de su orientación. ¿O es que a alguien se le puede ocurrir que prosperarán el empleo y los ingresos suficientes con engendros como el “libre comercio”, que recoloniza el país, destruye el aparato industrial y agropecuario y reemplaza el trabajo propio por el extranjero? ¿O que en verdad puede conformarse un país de propietarios –de bastantes, se sobrentiende–, en medio de las imposiciones del Fondo Monetario Internacional? ¿O que los asalariados contarán con condiciones laborales dignas si en la competencia global triunfan los que logran hambrear más a sus pueblos? ¿O que existirá una auténtica democracia en donde la más brutal concentración de la riqueza, y en manos de las trasnacionales, impone una plutocracia? ¿O que una cultura variada y de alta calidad podrá florecer en tan terribles condiciones?

En esas calendas, además, los jefes del MOIR tuvieron el gran mérito de fijar posiciones correctas sobre otros temas que hoy están en general claros en la izquierda democrática, pero que por ese entonces generaban agudas controversias.

El primero de ellos, señalar que la defensa de la soberanía nacional debía esgrimirse contra la dominación estadounidense, pero también de cualquier otro centro de poder extranjero, incluida la Unión Soviética, ya para entonces convertida en una potencia que de palabra se proclamaba socialista, pero que en los hechos intervenía como imperialista en todas partes. Que no existen los suaves yugos de los imperios es una enseñanza que jamás debe olvidarse.

Héctor Valencia y Gustavo Triana.
Héctor Valencia y Gustavo Triana.
Igual o más difícil fue sostener, ¡desde la mitad de la década de 1960 y en nombre de la izquierda!, que la lucha armada no solo no contribuía al logro de las transformaciones que necesitaba Colombia, sino que las obstaculizaba, verdad que hoy pocos discuten y que fue uno de los puntos que pusimos como condición irrenunciable para que los moiristas nos la jugáramos toda por la creación del Polo Democrático Alternativo. Sin duda, fue de importancia histórica para Colombia que por consenso se incluyera en el programa del Polo el rechazo a la lucha armada y el secuestro y cualquier forma terrorista, posición que además hemos ratificado en incontables declaraciones. Entonces, las mentiras que al respecto se dicen o insinúan contra el Polo y contra su máximo dirigente, Carlos Gaviria, no pasan de ser las infamias propias del derechismo tradicional, el mismo que nunca se ha distinguido por el respeto a la verdad y que, como lo he mencionado en otras ocasiones, nos ataca por lo que no somos, para ocultar lo mucho que nos odia por lo que sí somos, es decir, de izquierda democrática y no uribistas abiertos o vergonzantes.

Sostuvo, además, Francisco Mosquera, con el valioso aporte de Héctor Valencia, otra tesis que también nos costó no pocos dolores de cabeza defender en su momento y que hoy hace parte del programa del Polo Democrático Alternativo: que la defensa de la producción industrial y agropecuaria, sin la cual no es posible resolver los problemas del desarrollo del país y del bienestar de sus gentes, incluye proteger, además de las economías urbanas y rurales de pequeña escala, la producción empresarial, porque a esta también la destruían o debilitaban las imposiciones de la Casa Blanca. Y si eso era cierto en ese entonces, qué no decir ahora cuando la globalización neoliberal, con infinito descaro, pone el poder del Estado al servicio de que las trasnacionales arrasen con las economías no monopolistas, destrucción que realizan a través de las minorías nativas que se lucran por legitimar e intermediar esas políticas, separando sus intereses de los de la nación.

Si se tienen en cuenta las anteriores consideraciones, que en nuestros inicios nos indicaron que no era posible transformar a Colombia sin la más amplia unidad de todas las clases, capas y sectores sociales interesados en dicha transformación –desde los colombianos más pobres del campo y la ciudad, más las capas medias, hasta los empresarios cuyo negocio no consista en hacerle daño al progreso de Colombia–, se entenderá por qué Héctor Valencia se entusiasmó tanto con la idea de unir a la izquierda en el Polo Democrático Alternativo, al que le vio una gran capacidad para atraer a las mayorías requeridas para vencer en la lucha política, al igual que para llegar a acuerdos programáticos con otras personas u organizaciones políticas que no se opongan a las grandes transformaciones que requiere el país.

Que no nos vengan, por tanto, con la falacia de que por un supuesto sectarismo nos oponemos a las puertas abiertas dentro del Polo y a hacer alianzas, cuando lo único que exigimos es que los que quieran llegar al Polo se comprometan con el Ideario de Unidad y que las convergencias con otras fuerzas políticas no se hagan a costa de traicionarlo.
Así mismo, resaltó que debía pugnarse por sustituir por una auténtica democracia política la farsa clientelista, corrupta y por lo demás violenta con la que posan de demócratas las fuerzas retardatarias que manipulan el país y que con cinismo escandaloso representa Álvaro Uribe. Como de “nueva democracia” llamó a la Colombia notablemente modificada –en lo económico, lo social y lo político– que el Polo debe encabezar con el respaldo ciudadano.

También insistió en que el futuro del Polo Democrático dependerá de que sea capaz de derrotar las tentaciones con las que la derecha nos halaga para que entreguemos los objetivos de la izquierda democrática, al tiempo que nos ofrece que no nos delatará, porque en un acto de complicidad sus formadores de opinión nos mantendrán el rótulo de izquierdistas. Y señaló también que había que cuidar con especial celo la unidad del Polo, porque si las fuerzas reaccionarias fracasan en torcerle el rumbo, como sucederá, no vacilarán en dividirlo.

Con frecuencia Valencia resaltó la importancia de que los del Polo Democrático Alternativo –y dijo que en eso los moiristas debíamos dar ejemplo– tratáramos correctamente las contradicciones que inevitablemente se presentan y presentarán en el Polo y en todas las organizaciones de los seres humanos, por lo que insistió en llamarnos a combatir dogmatismos y sectarismos propios y ajenos, defectos corrosivos que son capaces de destruir hasta los mejores propósitos. Que a la par con insistir –agregó– en darles un manejo paciente y democrático a las diferencias, pugnáramos por acordar normas estatutarias acatadas por todos los militantes y todas las tendencias, para lograr, al mismo tiempo, las garantías necesarias para expresar los diversos puntos de vista y la mayor unidad en el cumplimiento de las decisiones que se tomen, así como preservar la unidad y el buen nombre del Polo ante los colombianos, otras condiciones sin las cuales se complica todavía más vencer a adversarios poderosísimos.

Permítanme contarles algo que creo debe saberse: en los aciertos que haya podido tener en mis seis años de actividad parlamentaria influyó bastante que conté con la orientación precisa, siempre clara y profunda, en todo momento en que lo requerí, de Héctor Valencia.

Doña Edelmira Henao, madre del camarada Valencia, y otros familiares y amigos durante los funerales efectuados en la sede Nacional del MOIR el 20 y el 21 de septiembre de 2008.
Doña Edelmira Henao, madre del camarada Valencia, y otros familiares y amigos durante los funerales efectuados en la sede Nacional del MOIR el 20 y el 21 de septiembre de 2008.

Despidamos a Héctor resaltando su vida sencilla y su trabajo político duro, dos de las virtudes que lo distinguieron y que deben tener quienes quieran comprometerse con hacer de Colombia un país que nos enorgullezca ante el mundo por lo democrático y el alto nivel de vida de sus habitantes. Vida sencilla para ser coherentes con la concepción que señala que es más importante ser que poseer, la cual nos aleja de las ideas y prácticas que han dado al traste con tantos buenos dirigentes, y trabajo duro en el estudio de la realidad nacional e internacional y en la vinculación a las luchas populares, de forma que ganemos capacidad para explicarles a los colombianos que sus pobrezas y miserias no son un sino fatal sino el producto de los malos gobiernos, situación que se modificará cuando el pueblo decida cambiar y, así, cambie también a los que mal dirigen a Colombia.

En el caso del compañero Héctor Valencia, como en el de Francisco Mosquera y en el de los otros que dedicaron sus vidas al verdadero progreso de Colombia y del mundo, se cumple la idea de que realmente no mueren porque viven para siempre en los legados que dejan en la sociedad y entre sus sucesores, como en especial ocurre con los jóvenes que deciden mantener en alto sus banderas.

Apreciados militantes y dirigentes del MOIR, aunque el momento es luctuoso y nos genera inevitable incertidumbre, podemos estar tranquilos. Porque tenemos las enseñanzas de Mosquera y de Valencia, porque tenemos el Polo Democrático Alternativo y porque estamos férreamente unidos. Tengan la certeza de que la dirección nacional no será de ninguna manera inferior a cualquier reto que nos imponga la lucha política.

Apreciados militantes y dirigentes del Polo Democrático Alternativo, cuenten con que la tendencia moirista seguirá defendiendo la unidad del Polo y el proyecto de izquierda democrática que por unanimidad aprobamos cuando hace dos años decidimos convertirnos en la gran esperanza política del pueblo colombiano.

¡Viva la memoria de Héctor Valencia Henao!

QUE LA TUMBA DEL COMPAÑERO VALENCIA PERMANEZCA ETERNAMENTE FLORECIDA

Carlos Bula Camacho, secretario general del POLO.

Carlos Bula Camacho, secretario general del POLO.
Carlos Bula Camacho, secretario general del POLO.
De todos los aquí presentes y de aquellos que no pudieron acompañarnos en este encuentro por razones ajenas a su voluntad, el que menos se merece ocupar esta tribuna en este mediodía de la reconciliación y de la unidad de la izquierda democrática es quien por una coyuntura de responsabilidades y de afectos dispone del deber y de la devoción de dirigirles a todos un corto y breve saludo.

Conocí a Héctor Valencia en 1972 cuando en una inducción de catecúmenos nos explicaba desde entonces el gran propósito nacional de construir un gran frente unido y amplio por la democracia y por la plena vigencia de la soberanía en Colombia. Igualmente nos enseñó cómo la gran empresa de la transformación nacional no podía complicarse con ninguna salpicadura terrorista, y la última vez que lo vi hace, tres semanas en mi residencia, en compañía de Jorge Enrique Robledo y de Carlos Naranjo, es como si no hubieran pasado esos casi 40 años: la misma consigna, los mismos principios eternos e inmortales, el mismo compañero comprometido con el porvenir, con la esperanza de las nuevas generaciones de Colombia. Entonces me dijo: “Hay que hacer un gran esfuerzo por mantener la unidad del Polo Democrático Alternativo. Yo he comprometido al MOIR en esta empresa y solicito el respaldo de todo el Partido para que lo saquemos adelante triunfante, para que ganemos la batalla y no perdamos la victoria”. En estos momentos de gran confusión, cuando algunos se plantean con equívocos o con aciertos el tema de la táctica única de lucha de masas democráticas, me reiteró: “Hoy como ayer el MOIR asume la responsabilidad de jamás incursionar ni dejar de advertirles los peligros a los revolucionarios y a los demócratas sobre la cuestión del terrorismo en nuestro país”.

Estos dos encuentros, más otros muchos más que hubo durante esos 40 años, dibujan a la perfección el carácter y la personalidad del compañero Héctor Valencia, un hombre que no tenía sus principios sujetos a los resultados de las ocasionales encuestas, que sabía resistir el vendaval porque tenía un amplio conocimiento de la historia y de la geografía de Colombia, porque sabía que tarde o temprano el pueblo colombiano va a lograr su unidad y a coronar las tareas que centenariamente ha tenido como las suyas propias. Entonces, con todas las limitaciones que me acompañan, creo que estoy aquí presente con ustedes para que establezcamos un compromiso: del Polo no debe salirse nadie, ni nadie va a sacar al MOIR ni a ningún otro sector del Polo Democrático Alternativo.

Como lo decíamos hace algunos días, hemos esperado por este Partido, en mi caso casi 50 años, y ahora que lo tenemos no vamos a permitir que el Polo Democrático Alternativo se divida. En memoria tuya, compañero Héctor Valencia, mantendremos una política unitaria de amplitud para que al Polo se vinculen nuevos sectores comprometidos con un acuerdo democrático que realmente sea un programa alterno y en contradicción abierta con el régimen uribista que agobia al país y avergüenza a la nación colombiana.
Si mantenemos los principios y la unidad, seremos el gobierno en el año 2010. Como lo dijera algún día el fundador del MOIR en la conmemoración de un Primero de Mayo, la victoria por la democracia y la soberanía de Colombia harán que la tumba del compañero Valencia permanezca eternamente florecida.

EL ADIÓS DEL CAPITÁN

EL ADIÓS DEL CAPITÁN
por Juan Ahumada Farietta

Midió el alcance del último fulgor;
Y lo orientó, meticuloso y calmo,
Lo concentró en orientar el barco,
Eludiendo los escollos y el sopor,
Nos dejó una nave marinera…
Y dijo adiós

Ni una queja escucharon los marinos,
ni un dudar brotó de su pausada voz.
Firme su mano en el áspero timón
hizo el último tramo del camino,
nos dejó una nave marinera…
y dijo adiós

Sabiendo ya llegados los fatales
de su ciclo vital, nada al albur
dejó jugado… y apagó la luz.
Delegando el timón sin vanidades
nos dejó una nave marinera…
y dijo adiós

Pensó en la brumosa Manizales,
la de sus pasos de niño y juventud,
con sus nocturnos de tango a plenitud,
y se hundió entre notas abisales,
nos dejó una nave marinera…
y dijo adiós

Conocedor del final
de su vida en rebeldía,
sus dolores, con porfía,
arrinconó en un desván

vio las rutas de su causa,
sopesó los elementos,
calculó los contravientos,
detalló el “quehacer”, sin pausa.

Reforzada fue la nave,
ajustado fue el velamen,
repasada fue la carta.

Cada marinero sabe
que el crujir del maderamen
al deber pronto lo llama.

MENSAJES DESDE EL EXTERIOR

Jaime Piedrahíta Cardona y Héctor Valencia

Desde Estados Unidos

La muerte de Héctor Valencia significa para nosotros los moiristas una inmensa pérdida. Miembro del pequeño grupo que liderado por Francisco Mosquera fundó el partido, Héctor trabajó silenciosa pero intensamente durante décadas y contribuyó a su consolidación del Moir durante períodos de aislamiento político e inmensas dificultades.

A la muerte de Mosquera, en 1994, fue elegido para reemplazarlo dedicándose entonces con tenacidad y con esmero a velar por el avance de la unidad de la izquierda democrática sin que para lograrlo haya dado cabida a las vacilaciones en la confrontación con los gobiernos responsables de las tragedias del pueblo Colombiano.

Bernardo Useche, Carlos Fernando Salamanca, Raúl Fernández, Luis Fernández Castro, Gilbert González

***

Hasta junio del año pasado sólo conocía indirectamente a Héctor Valencia a través de la distancia por medio del profesor Raúl Fernández. Yo colaboraba con Raúl haciendo traducciones de documentos del MOIR y del POLO, y sabía que Héctor era muy culto y erudito porque cuando nos encargaba traducciones al inglés, con frecuencia nos ayudaba a pulir la versión final. Siempre encontraba los términos y giros más indicados para ponerle el toque definitivo al documento.

Durante la agradable entrevista que sostuve con él en Bogotá, en junio de 2007, me di cuenta de que estaba hablando con un hombre muy profundo, que tenía una sabiduría que sólo adquieren algunos. También me impresionó por el verdadero entusiasmo e interés con que me contaba del Partido y la historia. De habla pausada, se notaba la humanidad de la persona y su compromiso con la lucha democrática. Inspirado en las teorías marxistas-leninistas, estaba a la vez consciente de no caer en la trampa del dogmatismo. Fue un verdadero revolucionario cuyo intelecto no se dejaba llevar por lo superficial. La teoría la veía como una antorcha para iluminar el camino, no como “artículo de fe”; según él, “no decretamos el destino de la gente”. Enfatizó más bien el duro esfuerzo diario, “una labor ardua, pero estimulante y alegre”. Y aunque no hablaba de sí mismo, yo sabía que Héctor era un veterano de mil luchas, un hombre que se había entregado a la noble causa de construir un mundo mejor basado en valores intrínsicamente humanos.

En fin, me considero muy afortunado de haber tenido la oportunidad de conocer a Héctor Valencia. El ejemplo de su vida trasciende las fronteras y nos inspira a poner un poquito más de nuestra parte.

Daniel Whitesell
Orange County, California

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Jaime Piedrahíta Cardona y Héctor Valencia
Jaime Piedrahíta Cardona y Héctor Valencia
Jaime Piedrahíta Cardona

Desde Kansas City nos llamó Jaime Piedrahíta Cardona, parlamentario de la Alianza Nacional Popular, Anapo, en los años setenta y candidato presidencial del Frente por la Unidad del Pueblo, FUP, para expresar su dolor por la desaparición de Héctor Valencia, quien fuera su compañero y amigo en múltiples actividades políticas.

 

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Desde Europa

Sentimos de gran manera la ausencia de nuestro compañero y maestro de vida, Héctor Valencia. La virtud de él, un gran hombre, se ve reflejada en la lucha unitaria de la izquierda y en la consolidación de un movimiento obrero y campesino en Colombia. Ante todo fue un luchador que sin anhelo de recompensa abandonó la felicidad egoísta por un altruismo que llevase una luz de esperanza para aquellos hombres que con afán de dignidad por la soberanía y la democracia, vislumbraron el camino revolucionario de valor civil. A pesar del dolor que este fallecimiento nos ha producido, debemos tomar la bandera revolucionaria dejada por nuestro camarada y amigo, difundir su conocimiento, denunciar con mayor ímpetu al imperio y seguir promoviendo la unidad y movilización del pueblo por lo que tanto luchó.

Saludos fraternos y solidarios.
Polo Alemania y Polo Sur del Exterior

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Desde estas tierras lejanas nos unimos al inmenso dolor que nos causa la falta de un compañero tan determinante. Estamos listos a continuar con las tareas necesarias para desarrollar las ideas e ideología planteadas y defendidas por Héctor. Sus ideas y principios serán los parámetros alrededor de los cuales continuaremos trabajando.
Felipe Arango. PDA. Italia

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Les expreso mis condolencias por la muerte de Héctor Valencia, veterano luchador de la izquierda Colombiana y secretario del Moir,
Fraternalmente
Miguel Gamboa, Viena

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Qué triste noticia… Les deseo mucho coraje para que el dolor se convierta en fuerza para seguir adelante, yo sé que para ustedes que han pasado un largo camino en compañía de Héctor Valencia es una gran pérdida. Mi más sentido pésame.
Elvira Cantillo, París

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Expresamos nuestras más sentidas condolencias por el fallecimiento de Héctor Valencia Henao. Su muerte representa una dolorosa e inmensa pérdida para todos los patriotas y demócratas de Colombia. Pero también para todos los pueblos revolucionarios y antiimperialistas del mundo. Como dice Mao Tsetung, la muerte puede tener distintos significados. Morir sirviendo a los intereses del imperialismo y sus lacayos pesa menos que una pluma. Morir sirviendo a los intereses del pueblo pesa más que el monte Taishán. El camarada Héctor Valencia murió sirviendo a los intereses del pueblo y su muerte tiene más peso que el monte Taishán Reciban un fraternal y afectuoso saludo revolucionario,

Organización de Unificación Comunista de España.

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Sentimos profundamente la pérdida del compañero Héctor Valencia.La claridad de sus principios será siempre una línea determinante en nuestra lucha. El PDA Italia se une al dolor de nuestros compañeros en Colombia.

Comité Coordinador del PDA Italia

MENSAJES Y PALABRAS DE CONDOLENCIA

Tarsicio Mora Godoy y Gustavo Triana, presidente y vicepresidente de la CUT, encabezan la guardia de honor en representación de los compañeros del movimiento obrero, el 21 de septiembre.

De la Central Unitaria de Trabajadores, CUT

Tarsicio Mora Godoy y Gustavo Triana, presidente y vicepresidente de la CUT, encabezan la guardia de honor en representación de los compañeros del movimiento obrero, el 21 de septiembre.
Tarsicio Mora Godoy y Gustavo Triana, presidente y vicepresidente de la CUT, encabezan la guardia de honor en representación de los compañeros del movimiento obrero, el 21 de septiembre.
Sin duda el país y el movimiento social pierden a un gran líder y maestro, que siempre se distinguió por su firme convicción de defensa de los más necesitados y en pos de una nación soberana donde aliente una nueva y vigorosa democracia.

“Se trata simplemente de lograr que los colombianos agrupados como nación en este lugar del planeta, posean independencia para resolver sus propios asuntos y autonomía para labrarse su propio destino. Al servicio de este objetivo primordial debe estar la conquista de los distintos derechos y espacios democráticos. Ellos constituyen medios indispensables en la batalla por alcanzarlo, siendo precisamente este carácter el que les proporciona significativo valor…”, dijo en alguna oportunidad, el compañero Valencia.

Hacemos llegar nuestras condolencias a su señora madre, a los familiares y amigos y a los compañeros del comité ejecutivo del MOIR y su militancia.
Tarsicio Mora Godo
Presidente

Domingo Tovar Arrieta
Secretario general

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De la Asociación Nacional de Enfermeras

Reciban nuestras más sinceras condolencias en nombre de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia, ANEC, por el lamentable fallecimiento del secretario general del MOIR, Héctor Valencia Henao, líder ideológico del partido, comprometido con las más importantes luchas del pueblo colombiano, por la defensa de la soberanía nacional y los derechos sociales y políticos de la comunidad. Reciban nuestra solidaridad como organización gremial comprometida en postulados similares.

Beatriz Carvallo Suárez
Presidenta

Esperanza Morales
Secretaria general

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Polo Democrático Alternativo de Barrancabermeja

Lamentamos el fallecimiento del compañero Héctor Valencia Henao. El compañero se destacó en vida por ser un trabajador incansable para favorecer las luchas de las clases trabajadoras y buscar la unidad entre los colombianos. Es por esto que fue un baluarte para consolidar el proyecto del Polo Democrático Alternativo (PDA).

Héctor representaba la sabiduría del compañero que supo dar ejemplo de constancia y sacrificio para dar a conocer los pensamientos de aquellos que nos han guiado en la vida revolucionaria.

Con mucho sentimiento de camaradas.

Comité Ejecutivo PDA de Barrancabermeja

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Nueva Tendencia Democrática

Agradecemos hacerle conocer a la militancia del MOIR nuestras más sinceras condolencias por el fallecimiento de Héctor Valencia.

La lucha de los demócratas ha perdido a un auténtico baluarte. Los acompañamos a todos ustedes y a los familiares de Héctor en el profundo dolor que los embarga.

Jorge de Oro, Jorge Iván Zapata, Adolfo Quintín Martínez, Luis Campo, Orlando de Oro, Arturo de Oro, Olga Manzur, Manuel Martínez, Armando Montero, Agustín Alvarado.

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Tiberio Trespalacios

Lamento mucho el fallecimiento de Héctor Valencia.

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Del ex presidente Samper

Sinceras condolencias a las directivas y a la militancia del MOIR por la desaparición de Héctor Valencia. Cordial saludo.

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Del Partido Comunista Colombiano

El compañero Valencia fue un destacado dirigente del movimiento revolucionario colombiano, con el más alto reconocimiento en la defensa del pueblo trabajador y en la búsqueda de un destino de justicia, solidaridad y democracia para Colombia.

Jaime Caicedo Turriago
Secretario General

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De Germán Reyes

Fue un ideólogo de la causa revolucionaria, compartida con las demás organizaciones políticas que han mantenido su férrea oposición a esa clase que ha dominado el país, sometida a los designios del imperialismo norteamericano. Su voz y sus escritos siempre apuntalaron a señalar las causas estructurales del atraso y la antidemocracia.

Su mejor homenaje será el afianzamiento de la unidad de la izquierda colombiana en el PDA, partido político al que hizo notables contribuciones y por el que luchó incansablemente, tanto en su construcción como en su permanencia.

Representante a la Cámara por el PDA

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Comité Afrodescendientes, Barranquilla

Afrodescendientes por siempre: por la visibilización de todos los aportes de los africanos y de sus descendientes en toda América y por el reconocimiento de derechos de acción afirmativa o discriminación positiva.

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Fernando Dorado

Nuestras condolencias, compañeros del MOIR PDA Cauca

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De Piedad Córdoba Ruiz

Mis más sentidas condolencias.

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De Gloria Inés Ramírez

El compañero Héctor Valencia fue un luchador ejemplar contra el imperialismo norteamericano y por nuestra soberanía e independencia nacionales, así como un trabajador infatigable por la unidad del pueblo explotado y oprimido. Contribuyó decididamente a la creación del Polo Democrático Alternativo, que hoy se erige como la esperanza transformadora para millones de colombianos agobiados por los desastrosos efectos de la política neoliberal.

Gloria Inés Ramírez
Senadora PDA

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Senador Luis Carlos Avellaneda

La izquierda colombiana está de duelo y el mejor homenaje que podemos brindar a uno de sus paladines más destacados es fortalecer la lucha anticapitalista, radicalizar la defensa de los oprimidos y los excluidos, pero aún con mayor fuerza, continuar agitando las banderas de la unidad de la cual el compañero Héctor fue uno de sus principales artífices: la de la izquierda democrática colombiana, como la mejor opción para constituir una propuesta de país verdaderamente alternativa, democrática e incluyente.

Dirección Nacional
Unidad Democrática

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De Wilson Arias

Apreciados compañeros, reciban nuestro abrazo afectuoso y el reconocimiento a la vida y obra de quien fuera su secretario general, el compañero Héctor Valencia. Ruego hacer extensivo a toda la militancia del MOIR, a sus amigos y simpatizantes, y desde luego a sus distintas direcciones, un saludo de solidaridad y acompañamiento.

Concejal PDA, Cali

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Forjadores de Paz Colombia

Un sentido pésame por la muerte del compañero Héctor Valencia.

Mario Bertieri

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Comité Afro contra la Discriminación

Los verdaderos patriotas lamentamos profundamente la partida de nuestro camarada y amigo, pero sus enseñanzas estarán presentes en el diario devenir de todos nosotros y fortaleceremos la lucha iniciada desde hace muchos años por una Colombia libre, independiente y soberana.

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Movimiento Popular de Mujeres

Para la familia de Héctor, para la dirigencia y la militancia del Moir, no cejar, “convertir el dolor en fuerza” y, emulando a este importante revolucionario, arre-ciar la lucha contra las lacras que a nivel interno e internacional propugnan la dominación imperialista, niegan el derecho de los pueblos a la soberanía nacional, han globalizado el hambre y la miseria para millones de seres humanos y aguzan sus garras a nombre de la seguridad contra hombres y mujeres que luchan por transformar la sociedad en beneficio de las mayorías.

Carmenza Zuluaga
Bayardo Ariza
PDA Bogotá

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De Fundación Socialdemócrata

Su vida es un ejemplo para las nuevas generaciones de colombianos que hoy deben pugnar por evitar la disolución de Colombia. Con todos los moiristas estamos identificados en la defensa de la unidad del Polo.

Alberto Rueda
Presidente (e)

HÉCTOR VALENCIA: SOBRE EL POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO

Carlos Gaviria Díaz y Héctor Valencia Henao

Carlos Gaviria Díaz y Héctor Valencia Henao
Carlos Gaviria Díaz y Héctor Valencia Henao
“Esa contextura de oposición que se ha labrado le exige al POLO acendrar sin pausa su carácter de izquierda, tarea esta no exenta de complejidades. Mas, en desarrollo de las sustantivas bases teóricas, políticas y organizativas consignadas en su programa y en sus estatutos, sin duda todas ellas se superarán y el Partido podrá convertirse en la fuerza capaz de conducir la nación hacia una nueva y verdadera democracia.

Condición indispensable para su cimera causa será conservar el rumbo de oposición a las políticas que hoy desde el Estado impone Uribe Vélez y, a fundamento del proceso de lucha consecuente que en ese sentido libre, cimentar su unidad. El carácter complejo de ambos propósitos radica en que, debido a las diferentes concepciones ideológicas, políticas y organizativas –peculiares de las abigarradas fuerzas que confluyeron en la creación del nuevo partido–, surgen contradicciones cuya solución sólo puede lograrse a través de un permanente proceso de debates internos, algunos de ellos procelosos.

Acordados ya el programático Ideario de Unidad y los estatutos, las discusiones se centran en torno a la fiel aplicación del uno y el esmerado cumplimiento de los otros. Se trata pues de la táctica, alma de la política. Y es sobre ella que se precisa un alto grado de identidad. El reto es grande: unidad respecto a posiciones y enfoques políticos, unidad en cuanto a la programación y concreción de las tareas, y unidad en el acatamiento a las decisiones de los organismos de dirección en sus diversos niveles.

La posición radical, como atributo de la izquierda, no se refiere en absoluto al desaforado desprecio de la realidad política y social que conduce a la adopción de criterios irracionales o actitudes fanáticas, ni tampoco a desmadres contrapuestos a los mayores grados de civilización social, alcanzados precisamente como fruto de las luchas que en su correspondiente momento histórico libraron las clases de avanzada, estampando así su impronta ética.

Su real significado atañe a que los implacables y prolongados males deben extirparse de raíz, a fin de que puedan producirse las transformaciones económicas y políticas que la sociedad requiere. Atañe a refutar que los indispensables cambios puedan surgir de aplicarle paños de agua tibia a la aberrante situación o ser producto de deleznables reformas al régimen de desigualdad y opresión que impera en la nación. Una posición radical es la que sostiene que no es coherente con la izquierda, cualesquiera sean los subterfugios teóricos a los que se recurra, proponerles a “los condenados de la tierra” en Colombia que la política que los liberará se limite a enmiendas menores y críticas blandas a las políticas que, hasta desembocar en la uribista, por décadas y décadas los han agobiado.

Es notorio que el sambenito de radicales que maliciosamente se les cuelga tanto al carácter político de distintos dirigentes del POLO como a la posición que han asumido, se utiliza como descrédito para proponer que se desechen ambos y se proceda a imprimirle un sello de “centro” al Partido. A la par con la evidente invitación a dividirlo que envuelve tal designio, se revela la pretensión de desviarlo del rumbo que democráticamente se señaló en sus documentos constitutivos.

Ante los consejos y consejas de algunos comentaristas políticos que en la prensa y demás medios de comunicación se toman libertades para inmiscuirse en el destino y los aspectos internos del POLO, expresamos hace un tiempo en estas páginas editoriales: “Las organizaciones y dirigentes que desde una expresa posición de izquierda tienen ascendiente entre abigarrados estamentos de la población, no necesitan desplazarse de su avanzada postura política para acrecentar su influencia…

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Por el contrario, arraigados en la izquierda es como esa labor puede ser más amplia y eficaz. No existe pues razón alguna para, por ejemplo, desplazarse hacia el centro, ya que esto implicaría un tránsito hacia el extremo contrario, en este caso hacia la derecha”.

(…) Aquí lo por tomar en cuenta es que específicamente de derecha, no obstante sus enmascaramientos, han sido las políticas impuestas por las clases dominantes que vienen precipitando la nación a una prolongada crisis, cual si se tratara del ejercicio ya centenario de un delito político continuado. Y de derecha, de la más pura cepa, es la naturaleza del gobierno que bajo Uribe hoy la lleva a caóticos extremos.

Entonces no se justificaría permanecer sordos ante las sutiles armonías que se presentan entre los cantos de sirena de los mencionados comentadores que inducen a inclinarse hacia el “centro” y el “ni izquierda, ni derecha, democracia” que vocea Uribe en un esfuerzo por sacudirse esa justa definición. Y sería sumirse en una tosca incoherencia política si, aun aceptando ambos términos, se dieran pasos alternativos a uno y otro lado, cual hacía el personaje de Charles Chaplin al caminar a lo largo de una línea fronteriza.

(…) Para desarrollar el lema de construir democracia es indispensable concentrar la lucha contra la antidemocracia que desde el Poder y en todos los órdenes de la vida nacional expande Uribe. En esencia, la lucha por la nueva democracia se desarrolla contra el régimen en cabeza de Uribe hoy, y en cualquiera de sus sustitutos políticos e ideológicos, mañana.

(…) Como se trasluce de las anteriores consideraciones, el debate de la izquierda que representa el POLO sobre su orientación y conducta, al igual que el referente a la derecha y la democracia, está regido por la lucha contra el gobierno de Uribe y sus políticas, estipulada en su Ideario. Sin duda sus discusiones internas al respecto, bajo la consecuente guía de su presidente, Carlos Gaviria, tendrán como resultado que no caiga la sombra entre la idea y la realidad, entre la propuesta y la acción, a la que alude el poema de T. S. Eliot.”

(Valencia Henao, Héctor. “El debate de la izquierda es contra la política de Uribe”. Editorial Tribuna Roja Nº 105. Bogotá, octubre 8 de 2007.)

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El doctor Carlos Gaviria Díaz se hace presente en las exequias.
El doctor Carlos Gaviria Díaz se hace presente en las exequias.
(…) Al ser el PDA una organización en donde se lograron amalgamar casi todas las agrupaciones que conforman el espectro político de izquierda, es natural que en su seno coexistan diversas tendencias que poseen mayores o menores, a veces incipientes, gra-dos de organización. Sus puntos de vista ideológicos, sus posiciones políticas y los objetivos que se trazan obedecen, junto a los determinantes intereses propios de la clase o estamento social que predomina en ellas, a una gama de factores históricos, sociales y culturales. Tan heterogénea índole, lejos de constituir un obstáculo para el necesario avance del PDA, posibilita la generación de iniciativas para su desarrollo. Todo bajo unas condiciones indispensables: que la organización respectiva no asuma ni desarrolle ninguna posición contrapuesta al programático Ideario de Unidad, que acate las formulaciones tácticas que emitan sus organismos de dirección y que cumpla de manera disciplinada con las normas de funcionamiento consignadas en sus estatutos. No pueden ser ruedas sueltas en el engranaje del PDA, ni arietes para su dispersión orgánica o su anarquía política.

Por lo demás, es un hecho objetivo que en toda organización social, y en especial en las políticas, existan tendencias. Y si estas conllevan formas de organización, por exiguas que sean, es vano y forzado intentar suprimirlas decretando su disolución. La mejor opción es sumar sus actividades a los estipulados propósitos comunes del PDA, con miras a garantizar su compactación. Intermitentemente y sin éxito, a lo largo de las últimas décadas, prácticamente todas las distintas organizaciones que integran el PDA se han propuesto la unificación de las fuerzas de izquierda. Ahora que se logró crearle una base firme a tal anhelo, es indudable que dicha opción consecuente conduce a acrisolarla.

(…) En primera instancia, el PDA, que predica la instauración de una nueva y verdadera democracia en Colombia, debe crearse un ejemplar y gratificanteambiente democrático interno, que permita al conjunto de sus miembros desplegar su iniciativa y capacidad en el cumplimiento de sus actividades políticas; un ambiente que posibilite la captación hacia sus huestes de miles y miles de colombianos de bien, que soportan ora la pesadilla del despojo y la super explotación que los sume en la pobreza y miseria, ora la siega de su espíritu industrioso, ora el marchitamiento de todo empeño empresarial nativo.

(Valencia Henao, Héctor. “Sin sectarismos ni ambigüedades, el congreso del PDA emprenderá la salvación nacional”. Editorial Tribuna Roja Nº 104. Bogotá, noviembre 20 de 2006.)

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Lo que los principales voceros del anunciado proyecto político diferente expresan sin mayores especificaciones, y situándose en lo que alguien llamó el «extremo centro», es un culto a la moderación. Abogan porque propuestas y mensajes moderados presidan la actividad de una izquierda moderada. Ante semejante talante, por ahora basta decir que por definición el adjetivo moderado se le aplica en general a los partidos y personas de ideología conservadora.

No hay registro histórico de un moderado que haya liderado algún avance social o que desde una posición moderada se haya aportado algo de importancia a la civilización. Y en cuanto a la lucha de clases del «marxismo gastado», es bueno aclarar que la lucha de clases no es una creación de la izquierda; la reconoce, la acepta y la libra, pero no la crea. La lucha de clases es una realidad objetiva que baña todo conjunto social. No hay período histórico de la vida en sociedad que pueda escapar a ella. Otra cosa es saber en qué interés y con cuáles métodos se libra en cada etapa o período. En esto parece que la reacción oligárquica y el imperialismo saben más que los adictos a la moderación conciliadora: la libran a diario de manera constante y abierta contra las clases populares.
Sin duda alguna, en los episodios mencionados y en las opiniones que en torno a ellos se emitieron se revela la existencia de dos tendencias: una, la de izquierda, cuyos fundamentos están contenidos en el Ideario de Unidad al que hace referencia el acápite inicial de este editorial, y otra opuesta que se autodefine como de centro.

Entrañan ellas contradicciones llamadas a dirimirse con las reglas del juego democráticas prevalecientes en el escenario de unidad que ha constituido el PDA, lo que por lo demás le imprimirá a éste una necesaria y vigorosa dinámica.

Arraigado por naturaleza en la izquierda, el MOIR, sin miopía que le impida apreciar la gran perspectiva, ni deslumbramiento que lo inhiba para avizorar las dificultades a superar, entrará sin prevenciones ni ambigüedades en esa liza. Allí sostendrá sus posiciones de principios con miras tanto a la indispensable resolución correcta de las diferencias como a la preservación de la gran identidad alcanzada con el resto de organizaciones.”

(Valencia Henao, Héctor. “La izquierda prevalecerá”. Tribuna Roja Nº 102, febrero 24 de 2006.)

Contra el neoliberalismo

Contra el neoliberalismo
Contra el neoliberalismo
“Una producción agraria e industrial marchita, el desempleo masivo, la privatización de empresas que eran patrimonio público, la entrega barata de los recursos naturales, la usura de los linces financieros internacionales, el derroche y corrupción en entidades y organismos dependientes de la rama ejecutiva y los escandalosos favoritismos con los grandes propietarios, empezando por los del capital financiero y monopolista, son, entre otros, fenómenos que llevan todos ellos la impronta del neoliberalismo, estampada por los sucesivos gobiernos en cumplimiento de los ucases económicos y políticos de los Estados Unidos.” (Valencia Henao, Héctor; secretario general del MOIR. “Encauzar la resistencia civil contra la política uribista”. Tribuna Roja No. 94, diciembre 3 de 2003. Editorial.)

La política de globalización la aplica los Estados Unidos valiéndose de tres instrumentos principales: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y la presenta como si correspondiera a un desarrollo objetivo, políticamente neutral, para enmascarar su utilitarismo imperialista.

Sin embargo esta presentación del problema, con la que se solazaron los neoliberales durante un tiempo, ha venido siendo desnudada y rebatida por los pueblos. Las consecuencias políticas y sociales de esa globalización han generado resistencias cada vez mayores. Incipientes, algunas de ellas pueden parecer menores, empero son las semillas de los extraordinarios enfrentamientos que se desencadenarán en el mundo. Al acrecentar la desigualdad en todos los confines del planeta y arrojar a miles de millones de personas a situaciones de pobreza y miseria cada vez más insoportables, esta política genera sus formidables sepultureros… En su conjunto, esas rebeliones conforman hoy el aspecto principal de la contradicción con el imperialismo.

(…) Aunque durante más de diez años se ha venido exponiendo nacional e internacionalmente el carácter irreversible de la globalización, ésta no ha cesado de engendrar sus propias contradicciones. Cada una de las crisis que la acompañan, como fue el caso de la asiática, la de México, la de Rusia, han presentado el riesgo de hacer metástasis, no solamente hacia los países vecinos sino hacia países y regiones alejados. Esta característica estará indudablemente presente en todas las crisis –éstas sí irreversibles pues son inherentes al capitalismo imperialista– que se presentarán en el futuro.

De todas las crisis que se han vivido, la que puede producirse en Estados Unidos como fruto de la recesión sería, de hecho, la de mayor impacto pernicioso en todo el mundo. Un desbarajuste en el centro de la dominación afectaría a todo el mundo.

(Valencia, Héctor. Informe del Comité Ejecutivo Central, CEC,en la Conferencia Nacional del MOIR, Suesca, Cundinamarca, 2001.)

HÉCTOR VALENCIA: INFATIGABLE FOGONERO DE LA REVOLUCIÓN

Foto de Rafael Zárate

Foto de Rafael Zárate
Foto de Rafael Zárate
“Construir un partido de la clase obrera no es una tarea fácil”. En estas breves y sencillas palabras cifraba Héctor Valencia medio siglo de empeños por forjarlo y una fructífera existencia que se apagó el pasado 19 de septiembre.

La muerte del secretario general del MOIR sobreviene en momentos en que empezaba a cosechar los frutos de su esfuerzo, en vísperas de unas cruciales elecciones para nombrar los delegados al 2º Congreso del Polo Democrático Alternativo, con la consigna «Por un Polo unido y de izquierda democrática».

Héctor lega a los suyos una hueste cohesionada, dispuesta a encabezar el más amplio movimiento de salvación nacional. Les deja un contingente vigoroso, extendido por la geografía de Colombia y con presencia activa entre los sindicatos, las organizaciones del agro, las ligas de usuarios de servicios públicos y la bancada parlamentaria que representa a la izquierda democrática. Les entrega un destacamento internacionalista, en relaciones fraternas con los partidos de vanguardia que a lo largo de América Latina resisten la embestida recolonizadora. Y les confía por sobre todo, como su más precioso don, una cochada juvenil llamada a resolver el vacío generacional en los puestos de mando.

Dignidad y carácter

Edelmira Henao y Hèctor Hernan Hidalgo, madre y sobrino del compañero Héctor Valencia Henao.
Edelmira Henao y Hèctor Hernan Hidalgo, madre y sobrino del compañero Héctor Valencia Henao.
Héctor Valencia Henao nació en Manizales el 16 de octubre de 1935, el mayor de los dos hijos de Arturo Valencia y Edelmira Henao.

Vivió una infancia muy difícil. Por allá en el 45, arrabales como La Enea eran «un mundo pobre y habitado por pobres», tal como él mismo los pintó alguna vez. A su padre, «un buen carpintero, madrugador, tesonero y guapo contra la fatiga», Héctor solía verlo sin trabajo o con las herramientas empeñadas, lo que agravaba las carencias.

El padre dejó pronto el hogar y, desde el mismo instante, la madre entró a desempeñar oficios menores para ver por la subsistencia. Mujer de reciedumbre, doña Edelmira hacía esfuerzos denodados por superar las estrecheces del mundo provinciano, cultivando en los ratos libres una intensa pasión por la lectura, que transmitió a su hijo. Provenía de una familia campesina, a la que el vecindario, en la pacata Manizales de principios de siglo, llamaba «los masones». Era atea, y lo sigue siendo en el umbral de los 90 años. El mismo Héctor se crió en un medio laico y radical, menos quizás por la influencia del padre, un líder gaitanista, que por las firmes convicciones de la madre. «No fui bautizado ni confirmado, no asistía a misa, nunca me confesé, nunca recibí la comunión», dijo en una entrevista concedida hace poco a Cedetrabajo. El Instituto Universitario de Manizales, donde cursó el bachillerato, le exigía a doña Edelmira hacer constar año tras año que Héctor no era católico, para eximirlo de asistir a las clases de religión, obligatorias por entonces.

Héctor traza el perfil de su progenitora en una extensa carta que revela a un hombre de un profundo sentido humano. En mayo de 1986 le escribe a Héctor Hernán, uno de sus sobrinos: «De Edelmira, quiero que sepa que su consistencia humana va mucho más allá de la sangre que nos liga a ella». Le describe en detalle las virtudes que la enaltecen y concluye exaltándola con acento vibrante: «Sería una inmensa pobreza de espíritu no poder captar a Edelmira en toda su dimensión, dejar aparecer su presencia vital con colores pálidos o grises y no tener la altura comprensiva para ver lo que es multicolor o encendido».

Escribe otra nostálgica semblanza al morir Vilma, su única hermana. Además de conmovedora, la carta es elocuente como dato testimonial, porque en ella resume Héctor la propia y dura infancia: «La pobreza era fuerte, pero yo solo notaba sus mordidas cuando me daba mucha hambre. Era una pelea brava para que esas penurias y miserias económicas no se convirtieran en penurias y miserias del alma». En trances tan adversos, aclara acto seguido, «se aprende a tener valor, se adquiere dignidad para no permitir que nadie nos atropelle, humille o irrespete como personas», en fin, «se adquiere carácter».

«Quiero conocer más»

En Manizales,1957.
En Manizales,1957.
En mayo de 1957, contando apenas 21 años, se mete en los combates callejeros que terminaron derrocando al presidente de la República, general Gustavo Rojas Pinilla. Héctor se había matriculado en la recién nacida Universidad de Caldas, en la carrera de Derecho. Al destacar tiempo después, en un cursillo sobre historia, el papel decisivo que cumplieron los estudiantes en aquellas intrépidas jornadas, Valencia remarcaba: «Fue un verdadero despertar. El movimiento estudiantil se vinculó en toda Colombia a la política, volcado hacia la izquierda. Quedó el terreno listo para lo que llegó en seguida, nada menos que la Revolución Cubana. La victoria lograda por el pueblo sobre la dictadura proyanqui de Fulgencio Batista ejerció tremenda influencia en cada uno de nosotros, no solo por lo heroica, sino también porque hizo revivir el sentimiento antiimperialista».

La entrada en yip de los barbudos a La Habana, vitoreados por entusiastas muchedumbres, sorprendió a Héctor estudiando en la capital de la República, matriculado ahora en el Externado de Colombia, claustro todavía accesible a los muchachos pobres de provincia, pues el semestre costaba apenas poco más de cien pesos. «Yo quiero conocer más», le había dicho Héctor a una sorprendida doña Edelmira cuando un buen día resolvió trasladarse a Bogotá. Allí, en el Externado, Valencia terminó la abogacía, profesión que nunca ejerció.

Desde que estaba en bachillerato, Héctor había estado recibiendo la tutoría del Partido Comunista y asistiendo con disciplina a uno de los grupos de estudio que operaban dentro del Instituto. Pero los vientos que soplaban desde Cuba lo sustrajeron a ese influjo. Lo que irrumpió fue un huracán. La Revolución Cubana, «el acontecimiento más trascendental del continente en este siglo», en palabras de Francisco Mosquera, barrió las aguas estancadas, infundió nuevo aliento a las corrientes de la izquierda y volvió a izar la enseña de la liberación nacional. Tal fue el aspecto positivo. El negativo, la aparición de grupos armados que, malinterpretando las lecciones de la Sierra Maestra, convirtieron en dogma la falacia del foco guerrillero.

Cuba se convirtió en un faro para millones de estudiantes. Y fue tan grande el entusiasmo que despertó en la intelectualidad la colosal victoria del 1º de enero, que seis días después, el 7 de enero de 1959, fue fundado en Colombia por un grupo de jóvenes, encabezado por Antonio Larrota, el Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, MOEC. Pese a lo impresionante de la sigla, el nuevo movimiento estuvo siempre circunscrito a unos cuantos círculos clandestinos, proclives más a la aventura militar que interesados en el gris y paciente trajín de la política.

Héctor Valencia, Miguel Gordillo y Carlos Naranjo. Gordillo, militante desde la época del MOEC.
Héctor Valencia, Miguel Gordillo y Carlos Naranjo. Gordillo, militante desde la época del MOEC.
Héctor fue ajeno al MOEC procubano. Se inclinaba más bien hacia los chinos y no tardó en pedir la suscripción a la revista Pekín Informa, que solo aparecía en idioma inglés. Acababa de reventar la profunda polémica chino-soviética, que había de escindir el movimiento comunista internacional.

Fue por la misma época cuando empezó a editar la revista Guiones, de crítica de cine, junto con Ugo Barti, su gran amigo de juventud. Las escaseces no los abandonaban y la revista subsistía de milagro. Los dos quijotes contaban solo con una pauta publicitaria, la de la Librería Bucholz, de la Jiménez con Octava, y, para colmo, el viejo Karl, muy angurriento, se avenía a pagarles con libros de bodega para no hacerlo en efectivo. Llegaban a cobrar Valencia y Barti, y el librero decía: «Escoja cada uno cinco libros». Héctor solía preferir los de filosofía.

Sobre el tema del cine redactaba también algunas notas para El Espectador y Cromos. Financió años después otra revista, Cine-Sí, ya en un formato más modesto por la crónica inopia del bolsillo, pero acabó siendo más fiel a la política que al oficio de crítico de cine. Como él lo resumía años después, pasó de reseñar El imperio de los sentidos a analizar el sentido de los imperios.

En el ojo del huracán

En Pekín,1966.
En Pekín,1966.
Valencia viajó a China en septiembre de 1964, contratado como traductor inglés-español por Ediciones en Lenguas Extranjeras, que empezaba a editar Pekín Informa para distribución gratuita en toda América Latina. Justo en Pekín, a Valencia le cupo en suerte presenciar el proceso turbulento de la Revolución Cultural, sobre todo en el año 1966, fecha en que Mao logra vencer a la facción revisionista y prosoviética.

Cierta noche, aquel mismo año, y en el curso de una velada cultural, Héctor se hizo a sí mismo un juramento que iba a marcarlo de por vida: brindarse en cuerpo y alma a la revolución. Fue aquella noche cuando quedó sellado su destino. De aquel inédito episodio conservaba una foto, que al regreso a Colombia mandó ampliar y enmarcar para tenerla a la vista en el estudio.

Volvió al país apertrechado con la rica experiencia de la Revolución Cultural. Traía en mente la empeñosa tarea de fundar un partido maoísta distinto al PC M-L, disidencia del PCC de Vieira, con cuyos dirigentes se había malquistado en Pekín, y, para gran sorpresa suya, se encontró con que ya existía. Era el MOEC de Francisco Mosquera. En el pleno fundacional del 1º de octubre de 1965, Mosquera había roto con el foquismo y la guerrilla. Arrancando otra vez de cero, se hallaba dedicado a construir un partido de la clase obrera, guiado por el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Tsetung, con una estrategia y una táctica acertadas, sostenido con los propios esfuerzos y cada vez más vinculado al movimiento obrero y a las masas trabajadoras. Frente a las Farc, el ELN y el EPL, los tres en pleno auge, Mosquera señalaba que en Colombia no había condiciones para la lucha armada.

No más llegar a Bogotá, Valencia hizo contacto con varios dirigentes del MOEC, con quienes inició conversaciones. En alguna de aquellas rondas, alguien le preguntó:
—¿Usted conoce a Ricardo Sánchez?
—No. ¿Quién es?
—Un compañero que piensa exactamente como usted.

Ricardo Sánchez era el seudónimo de Francisco Mosquera, refugiado hacía unos meses en Medellín tras haber sido amenazado de muerte por la facción militarista del MOEC.

Es muy posible que entre 1961 y 1962, Valencia coincidiese incidentalmente con Mosquera en la casona del Externado, donde Pacho cursaba primer semestre de derecho, o en alguna de las muchas tertulias que se solían reunir en El Agujero, un café de la época adonde concurrían jóvenes escritores como Germán Espinosa, Óscar Collazos y Hugo Ruiz, además de activistas de todas las vertientes de la izquierda. Pero de aquel primer encuentro, si lo hubo, no queda huella alguna.

Héctor Valencia y Gildardo Jiménez, que integró en 1965 el primer Comité Ejecutivo del MOEC.
Héctor Valencia y Gildardo Jiménez, que integró en 1965 el primer Comité Ejecutivo del MOEC.
Los dos jefes históricos del MOIR se vinieron a conocer durante un corto viaje que hizo Valencia a Medellín en el primer semestre de 1968, poco antes de la huelga minera dirigida por Pacho en Amagá, en la que cayó preso.

Más adelante, como segundo a bordo de Mosquera, Valencia trabajó sin descanso por impartirle al MOEC una estructura partidaria. Eran los duros años del Frente Nacional, cuando la escasa militancia procuraba integrarse al movimiento obrero. Participó entre el 12 y el 14 de septiembre de 1969 en el Encuentro de Medellín, la cuna del MOIR, secundó a Pacho en las tareas preparatorias del Paro Nacional Patriótico, de abril de 1970, y se integró a la comisión que se encargó de redactar el proyecto de Programa y Estatutos, aprobado por el Pleno de Cachipay entre el 15 y el 24 de octubre del mismo año.

En Cachipay, el movimiento dejó de llamarse MOEC. Y con la sigla MOIR, inicialmente sindical, saltó en 1972 a la lucha electoral, tras romper en forma autocrítica con el abstencionismo, postrer rezago de las tendencias infantiles y pequeñoburguesas con que había nacido.

El MOIR inició una nueva etapa. Solo apartándose del infantilismo de izquierda podía romper lanzas con el revisionismo, acaudillado a escala planetaria por el Partido Comunista de la Unión Soviética, pleito que había de abarcar los siguientes cuatro lustros.

Pies descalzos

Guardia de la Juventud Patriótica, JUPA
Guardia de la Juventud Patriótica, JUPA
1971 fue el año del movimiento estudiantil más importante en la historia de Colombia. Doscientos mil universitarios se fueron a la huelga durante varios meses, declarándose en rebeldía, clausuraron las aulas e invadieron las calles. «Aquel año —explicaba Héctor en uno de sus cursos sobre historia del Partido—, la juventud colombiana se les salió de las manos tanto a la burguesía como al terrorismo». Y añadía: «La Juventud Patriótica estuvo siempre a la cabeza. De aquellas combativas jornadas salieron los actuales dirigentes del MOIR, entre ellos, Robledo».

A modo de trofeo, el movimiento estudiantil dejó a la postre no solo capitanes avezados, sino cientos y cientos de activistas, una fogosa muchachada que le dio pie a Mosquera para cristalizar en junio de 1975, en la Conferencia Nacional de Ibagué, un proyecto ya puesto en marcha por lo menos desde 1972 y al que bautizó «política de pies descalzos». Descalzarse, en el nuevo idioma, significaba no solo ir a las masas, sino vivir en carne propia sus angustias. La empresa era vital. En el emocionado homenaje que el MOIR tributó en Barrancabermeja a Luis Eduardo Rolón, el 1º de julio de 1995, al cumplirse diez años de su muerte, Héctor Valencia remarcaba que, en el sentido de ir a las masas, la política de pies descalzos seguía siendo «el quid de nuestra táctica».

Apremiaba como necesidad política que el Partido se desplazara en masa hacia poblados y veredas para buscar arraigo principalmente entre los campesinos pobres. Se aspiraba no solo a convertir la joven bandería en una fuerza de envergadura nacional, sino también a hacer realidad la alianza obrero-campesina, base del frente único y la revolución de nueva democracia.

En Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y otros centros, la tropilla corrió a alistarse por decenas y centenares. «La respuesta entusiasta de nuestra militancia, incluidos muchos obreros, fue un fenómeno sorprendente —resumía Valencia años después—, uno de los más formidables que nos han sucedido».

Los cientos de descalzos penetraron por oleadas, primero a las ciudades intermedias, después a zonas montañosas de colonización. Los resultados no tardaron en verse. Hubo regiones, como la Serranía de San Lucas, donde adhirieron al MOIR veredas enteras.

La estrategia de pies descalzos le imprimió a la estructura partidaria un vuelco radical. Y en ella Héctor Valencia, atento siempre a la tarea, desempeñó un papel destacado. Casi nunca se lo veía figurar, pero la militancia sabía que Héctor estaba en todo. Solía, como secretario de organización, pasar revista a cada célula, evaluando su actividad, cuidando la logística y hasta mediando con paciencia en las divergencias internas. De esta labor de relojero le quedó una radiografía de los distintos Regionales, tan calcada al detalle que un día pudo asegurar: «Tengo el MOIR en la cabeza».

Si se esmeró calladamente por llevar un estilo proletario de trabajo y de vida, fue en el trato con los descalzos donde estampó una suerte de sello personal, que ha quedado grabado en la memoria colectiva: la preocupación constante por los problemas materiales que aquejaban a cada cuadro.

A mediados de los ochenta, cuando el MOIR se vio en peligro, fueron Mosquera y él quienes definieron retiros y traslados. Aquella fue la época en que el MOIR perdió a decenas de sus mejores hombres. Llegó la situación a ser tan grave, que los dos jefes no pocas veces tuvieron que ordenar a la tozuda militancia abandonar en masa las regiones sin recoger siquiera las pertenencias personales.

En ese borrascoso período, conocido en la historia interna como «el túnel», y que corresponde a la ofensiva estratégica lanzada en el planeta por el socialimperialismo soviético, el MOIR entró en proceso de estancamiento, especialmente en el cuatrienio de Belisario Betancur. «Se desataron todos los demonios —resumía Valencia—. Pero logramos, pese a ello, mantenernos unidos».

Secretario general

A la muerte de Francisco Mosquera, el 1º de agosto de 1994, Héctor Valencia fue elegido secretario general del MOIR. Fue él quien, llevando la vocería única del Partido, leyó la oración fúnebre ante la tumba del fundador y guía ideológico. Podrían hoy muy bien decírsele a él mismo las palabras finales que pronunció en el luctuoso acto: «Este hombre hoy inerte baja a la tierra con el título más alto que sobre ella se puede alcanzar: Francisco Mosquera fue un comunista».

Es a partir de entonces cuando, con minuciosidad de orfebre, consigue hacer las más valiosas contribuciones al MOIR y a la revolución, como continuador de la obra y el pensamiento de Mosquera, que llevó a nuevos desarrollos teóricos y prácticos, no solo en la estrategia sino también, especialmente, en la táctica.

En lo estratégico, porque fiel a la línea trazada por Mosquera, dedicó lo mejor de sus capacidades a seguir paso a paso la ofensiva de Washington por recolonizar el continente. Buscando estar al día, consultaba desde publicaciones financieras especializadas hasta los principales diarios de Nueva York y Washington. Volcaba en el análisis amplios conocimientos sobre la historia y la política de Estados Unidos.

Desde 1990, tras el derrumbe de la URSS, Mosquera había denunciado la feroz embestida desatada por el país del Norte y encubierta tras la apertura gavirista y el revolcón. También Valencia, desde el primer escrito salido de su pluma, señaló sin ambages que el enemigo principal es el imperialismo yanqui. Hasta el momento de su muerte no se cansó de denunciar que la dominación norteamericana constituye el peor atasco que entraba el desarrollo. Cuando al fin lo postró la enfermedad, impidiéndole hasta el estudio, se hallaba preparando un escrito sobre la crisis financiera.

Ya en el primer editorial que redactó para Tribuna Roja desentrañaba la pandemia puesta al desnudo hoy por las quiebras y socializaciones: «El creciente predominio del capital financiero, con su ineludible carácter parasitario, hace más vulnerable al imperialismo norteamericano» (TR, Nº 58). Se trata de una tendencia irreversible, señaló en otros textos: «El colosal dominio que con Estados Unidos a la cabeza ha querido consolidar el gran capital financiero a nivel planetario se resquebraja y tiende a desmoronarse» (TR, Nº 77). Contrariando a quienes siguen viendo la superpotencia como un poder irresistible, Valencia avizoraba desde 2002 que «el imperialismo de Estados Unidos puede estarse asomando a estadios de irrefrenable declive»
(TR, Nº 88). Remarcó incluso que estaba despuntando en el planeta un período histórico nuevo, «ante un imperio podrido, estratégicamente débil», pero, por ello mismo, más voraz y agresivo.

Son numerosos los editoriales y declaraciones que dedicó al imperialismo como tema central en el análisis. Los títulos hablan por sí solos: «¡Resistencia contra la intervención norteamericana!» (TR, Nº 59), «Poner fin al intervencionismo yanqui en Colombia» (TR, Nº 61), «Por la soberanía de Colombia, ¡fuera gringos!» (TR, Nº 62), «En Washington se maquina la crisis de Colombia» (TR, Nº 64), «¡Viva la soberanía nacional de Colombia!» (TR, Nº 65), «Contra la intervención gringa, ¡resistencia!» (TR, Nº 67), «Los dictados de la agencia de Washington: suenan claros clarines» (TR, Nº 69), «¡Resistir el intervencionismo yanqui, rebelarse contra el colaboracionismo!» (TR, Nº 70), «¡Afuera Clinton y su Plan Colombia!» (TR, Nº 81) y muchos más, que expresan a las claras la preocupación de Héctor por seguir paso a paso la ofensiva recolonizadora, frente a la cual no hay otra respuesta que la unidad y la resistencia: «Única opción: construir un frente de resistencia para la salvación de Colombia» (TR, Nº 77).

Ameritan mención aparte un par de editoriales, titulado el primero «Ante la ‘guerra contra el terrorismo’ desatada por Estados Unidos» (TR, Nº 85) y el segundo «Impulsar la resistencia civil para salvar a Colombia del estrago que causan Bush y Uribe» (TR, Nº 88), en los que el jefe del MOIR analiza en detalle la situación internacional y nacional al inicio de lo que Washington llamara «el siglo americano». Valencia califica la globalización como la mayor embestida que haya lanzado imperio alguno por el dominio del planeta.

Las políticas de Uribe, tanto la interna como la exterior, dice también, echan raíces en la alianza estratégica con Estados Unidos, escandaloso servilismo que equivale a una confabulación contra los intereses nacionales.

El Comité Ejecutivo Central hace la primera guardia de honor, en la sede nacional del MOIR.
El Comité Ejecutivo Central hace la primera guardia de honor, en la sede nacional del MOIR.

Grandes aciertos en la táctica

El apoyo entusiasta a la unidad configura la decisión más importante tomada por Valencia, su acierto máximo y el hilo conductor del último período. No resulta coincidencial que la cuestión de la unidad fuera el tema central en las dos últimas Conferencias Nacionales del MOIR, la primera en julio de 2006 y la segunda en enero de 2008.

El frente único antiimperialista, resumido en el lema de «unidad y combate», ha sido empeño consustancial al moirismo. El Partido no existiría sin la política de alianzas.

La consigna de la unidad como único camino hacia la salvación nacional fue formulada por Valencia una y mil veces, ya como secretario del MOIR. Desde un principio se propuso afianzar la línea enarbolada por Mosquera y allanarle el camino al frente único. Pero debió afrontar una batalla interna con un sector proclive al liberalismo no solo en lo político sino también en lo organizativo, pugna que solo vino a resolverse con la escisión de marzo de 1999.

La unidad sobre bases firmes era uno de los puntos neurálgicos en el conflicto interno. Héctor Valencia la reafirma en el mensaje enviado al Frente Social y Político, en abril de 2000, en el que resumió la esencia del programa defendido por el MOIR: «Sin la resistencia antiimperialista como eje central no podrá constituirse verdadera alternativa popular».

Las lesivas políticas de Uribe terminaron creando condiciones para el acercamiento de la izquierda, y Héctor Valencia, sin la menor ambigüedad pero tampoco sin sectarismos, como lo suele esclarecer Carlos Gaviria, dio el más firme respaldo a los acuerdos programáticos que permitieron conformar en noviembre de 2003 la bancada de Alternativa Democrática y, en diciembre de 2005, el Polo Democrático Alternativo.

Héctor Valencia le confería al PDA un sentido estratégico de primer orden, como piedra miliar para la más amplia unidad de la nación colombiana. En las últimas Conferencias insistió en educar a la militancia «en el espíritu de la nueva democracia». Solía hacer llamados a los distintos responsables a que actuaran con flexibilidad para poder sacar avante lo principal, no tomaran decisiones arbitrarias, prestaran atención a los aliados y no miraran de blanco a negro las discrepancias naturales entre las numerosas tendencias. «Todo el acervo teórico que le heredamos a Mosquera debe servir ‘hoy y aquí’ de guía para hacer bien las tareas de la unidad”, remarcaba en enero de este año.

Al encarar la controversia interna en que viene desde hace meses comprometido el PDA, y que pedía resolver de manera democrática, Valencia se afirmaba en que el debate de la izquierda es contra la política de Uribe. De ello depende el rumbo que se dé. El que comanda Uribe es un Estado cipayo, puesto al servicio de una potencia imperialista y del capital financiero nacional e internacional y edificado sobre las desdichas de las masas laboriosas, un Estado con el que hay contradicciones insalvables. Tal es el punto cardinal de la polémica en el Polo entre el sector de izquierda y la tendencia que se autodefine como centro. Se hallan también en juego el Ideario de Unidad y el papel de Carlos Gaviria como factor aglutinante.

El impulso a las movilizaciones de las masas es el otro de los grandes aciertos tácticos logrados por Valencia. La resistencia civil entraña la protesta, la huelga, las marchas, los mítines, el paro, y en los últimos años, bajo su orientación, el MOIR participó en resonantes batallas, entre las que merecen destacarse las marchas y protestas agropecuarias, los paros obreros, las contiendas contra la privatización de la salud y los servicios públicos, las peleas contra el recorte a las transferencias y, en especial, la gran campaña contra el ALCA y el TLC, encabezada por Robledo y en la que el moirismo y el Polo siguen jugando un papel fundamental.

Al igual que Mosquera, Héctor Valencia se identifica con la historia del MOIR y resume en sí mismo las mejores virtudes del Partido. Su destino fue el de los precursores, que trazan el sendero pero sin alcanzar a ver coronados con la victoria los objetivos por los que batallaron.

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EL IMPERIALISMO DA OTRO PASO EN SU DECADENCIA

La globalización, particularmente la financiera, impulsada por Estados Unidos en todo el mundo le ha dejado enormes ganancias al capital pero también ha creado el germen de su propia destrucción.

En efecto, las quiebras y las desvalorizaciones de las grandes firmas de inversión de Wall Street son el resultado de la desregulación de los mercados financieros, que amplió las formas de especulación, el apalancamiento sin límite alguno y la conformación de sofisticados instrumentos financieros que fragmentan y ocultan el riesgo.

La crisis financiera desatada por el colapso del sector inmobiliario estadounidense aún no ha tocado fondo, pero podemos avizorar sus repercusiones en los sectores reales y su dimensión planetaria. Se enmarca ésta en un ya largo declive de la superpotencia, abriendo un período de agudización de viejas y nuevas contradicciones sociales y políticas que serán acompañadas por la justa protesta de amplios sectores de masas, principales víctimas tanto de la enfermedad como de los paliativos que ahora se intentan.

El militarismo no fue “tabla de salvación”

Estados Unidos padece males cada vez mayores a la hora de mantener la hegemonía mundial. Tras la victoria de la primera Guerra del Golfo, en abril de 1991, los neoconservadores acuñaron el término “momento unipolar” para referirse a la posición de Estados Unidos como potencia superior. Anunciaron “un nuevo siglo americano” en el cual “estaba en capacidad de hacer lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera sin consultarle a nadie”. Había sobrevivido a recesiones, como la del crac de 1929, a las conmociones de la Segunda Guerra Mundial y, recientemente, en el punto culminante de la confrontación con la Unión Soviética, a “otro lunes negro” en la era Reagan, el 19 de octubre de 1987, cuando desaparecieron de Wall Street 560 mil millones de dólares en valor nominal.

Lo que le devolvió un inicial auge económico fue la globalización, la política imperial que montó para recuperarse merced al desmoronamiento soviético, basada en el librecambio, la libre circulación de capitales, las privatizaciones y demás prescripciones del recetario neoliberal. Fueron los “dorados noventa”, dijo Stiglitz.

Sin embargo, con la globalización, a partir de 1994, se inició una serie de trastornos consecutivos en México, Tailandia, Corea del Sur, Indonesia, Brasil, Rusia, Colombia, Turquía, Argentina y Estados Unidos. El de este último se originó en el “estallido” de la especulación, forjada con acciones de las empresas tecnológicas de Internet y de comercio electrónico, cuyo índice de valor, entre los años 2000 y 2002, decayó de 5.028 puntos a 1.114, quebró más de 700 compañías y arrojó pérdidas por 9.3 billones de dólares. A estos desastres se sumaron los impactos del ataque del 11 de septiembre a Nueva York y a Washington.

Para salir del trance, se emprendieron dos estrategias de reparación de clara inspiración imperialista y neoliberal. Por una parte, por razón de las invasiones a Afganistán e Irak, con el fin de lograr el control de fuentes de hidrocarburos, se reforzó el militarismo keynesiano, la especialización en industrias militares y de defensa con base en gasto público, que en 1990 ya incluía el 83% del valor de todas las plantas y equipos industriales. Y por la otra, se amplió el “liberalismo económico”, con la rebaja de tasas de interés y con la ya referida eliminación de regulaciones en los mercados financieros, hipotecarios y de futuros de productos básicos. Se pretendió remplazar la burbuja desinflada por otras creadas en nuevas esferas económicas.

Luego de más de siete años de la aventura en el Medio Oriente, y de uno de haber estallado el sector inmobiliario, los quebrantos de Estados Unidos se han incrementado. Hay una creciente sensación de inseguridad, la impopularidad del gobierno Bush es la mayor de la historia contemporánea; aumentan la inflación y el desempleo; disminuye la población cubierta en salud; los salarios reales han rebajado; la situación de los inmigrantes es incierta; es mayor la dependencia del combustible importado, cuyo precio ha subido a niveles históricos, y hasta se han padecido catástrofes naturales, con todas sus secuelas, atribuidas al cambio climático. La guerra, financiada con deuda pública, ha costado casi 600 mil millones de dólares de gastos directos, y, si se sumaran los indirectos, totalizaría cinco veces más. El déficit fiscal se agrandó y el endeudamiento estatal pasó en una década de 3,7 billones de dólares a 9,7. La conjura de su déficit comercial, a través de emisión, ha devaluado en 60% el dólar, con relación a las principales monedas.

Hay duros cuestionamientos al neoconservadurismo republicano y por doquier se expresa indignación hacia la “campaña contra el terrorismo”, que adoptó como axioma la “guerra preventiva”, violando las normas internacionales establecidas, legitimando incluso la tortura. La problemática militar en Irak, donde permanecen 145 mil soldados, se agrava al igual que la situación en Afganistán.

De burbuja en burbuja

El crédito fácil a familias cuya capacidad e historial de pago era dudoso, que no accedían a préstamos para vivienda, abrió en 2003 una nueva racha de usura. En dos años se otorgaron préstamos hipotecarios por más de tres billones de dólares. Bancos como Citygroup y otros de Wall Street volvieron títulos bursátiles estas hipotecas, llamadas subprime por la poca solvencia de los deudores, títulos que vendieron alrededor del mundo a otros intermediarios. Se configuró un siniestro carrusel de “valores ficticios” por doce billones de dólares. La explosión de esta burbuja, al cesar en el pago un número significativo de los deudores, ha ocasionado tres millones de ejecuciones hipotecarias, una brusca rebaja de 47% en el valor de las acciones de las entidades financieras, de las cuales, 117 ya tenían problemas en junio de 2008, y la transmisión de la parálisis a otras ramas como la automotriz.

La FED repitió el malogrado remedio de 2001. Volvió a rebajar las tasas de interés y a socorrer por cuenta del erario a los grupos financieros. Nacionalizó a Freddie Mac y Fannie Mae, agencias privadas respaldadas por el gobierno, que garantizaban casi seis billones de dólares en hipotecas. Los recursos para los distintos programas de rescate, aún sin concluir el trance, superan ya los 700 mil millones de dólares. El gobierno igualmente devolvió impuestos por 168 mil millones a los contribuyentes, 50 mil de ellos para empresas. Pese a todo, “la tormenta (…) no ha calmado,” como acotó Bernanke, presidente de la FED, en agosto. En septiembre se quebraron el banco Lehman Brothers y el consorcio de seguros AIG, al cual se le brindaron 85 mil millones de dólares como “flotador” y finalmente en Senado y Cámara se aprobó una partida de 700 mil millones para absorber hipotecas no pagadas. El valor del salvamento superará el 10% del PIB, una suma sin precedentes en la historia.

La economía financiera va de mal en peor. Los especuladores se han abalanzado sobre los mercados de commodities (bienes básicos) como petróleo, carbón, oro, minerales y alimentos que se transan en las bolsas. Han disparado sus precios, empezando por el del combustible, hoy a más de cien dólares el barril. La OPEP reveló que “sin la burbuja de especulación (…), el barril costaría unos 70 dólares”. Los alimentos básicos también entraron a “territorio burbuja”. La rebaja de los inventarios, causados por la progresiva dependencia alimentaria de muchos países, como consecuencia del “libre comercio”, por eventos climáticos en países exportadores, por el aumento de demanda en otros y por el uso de dichos géneros en agrocombustibles, fue filón para la especulación. La relación entre la exorbitante alza en las cotizaciones y el bajón de los inventarios es desproporcionada, tanto que la ONU afirmó que “la especulación financiera es responsable del 30 por ciento de la explosión de precios”.

Una carestía tal, propagada mediante el aumento universal de los importes de los bienes primarios, permite la recuperación de las enormes pérdidas sufridas, a través del obligatorio consumo cotidiano de los mismos por los pobladores del orbe. La sociedad global paga entonces los platos rotos de la economía financiera, privatizando las utilidades y socializando las bancarrotas. Las políticas puestas en marcha, la extensión del militarismo a escala global y las larguezas con el capital especulativo, no resolvieron las contradicciones en curso y, antes bien, las agudizaron.

El “contagio” global y su réplica en Colombia

La desaceleración, las quiebras y la inflación ocurren por igual en Europa y en Asia. Contrariando a quienes aseguraban que se podían desacoplar del caos gringo, los mercados inmobiliarios se desplomaron arrastrando empresas financieras y constructoras y el crédito se contrajo. The New York Times afirmó que “Europa se encuentra en un precipicio similar al de Estados Unidos”. En septiembre, las principales monedas europeas, euro y libra esterlina, pese a que el Banco Central Europeo ha subido las tasas de interés, se han devaluado frente al dólar. La fuerte divisa británica puede ser “el chivo expiatorio del mundo”.

La inflación, cuyo germen es el alza de combustibles, materias primas y alimentos, incide en los costos de producción y por ello ha sido infructuoso su control mediante el incremento de las tasas internas de interés; antes bien, ellas han reforzado las revaluaciones al propiciar el ingreso masivo de dólares, en busca de mejores rentabilidades. Todos los organismos internacionales, OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, compuesta por 30 estados de las economías más grandes del mundo occidental) y FMI, entre otros, modificaron a la baja sus predicciones respecto al desempeño económico mundial para 2008 como para 2009.

La “integración de los mercados” es el medio expedito de transmisión de las crisis. Priva a las economías de instrumentos para protegerse y desecha las defensas diseñadas para aminorar las secuelas. La historia registra episodios similares que llevaron a la economía a la “pesadilla” de la estanflación, en la cual se conjugan desempleo paulatino, alta inflación y estancamiento del producto. Los neoliberales atribuyen los daños ocurridos entonces a que los salarios se elevaron con el fin de incentivar la demanda, causando, según ellos, más carestía y desocupación. La única decisión común en todas las latitudes es que ahora los salarios habrán de mantenerse fijos o deben decaer, lo cual significa que los trabajadores serán los primeros en cargar con la crisis.

Colombia, como toda América Latina, también se ha contagiado. Registra altos índices de inflación, de desempleo y de decaimiento de la actividad económica. El índice de precios, acumulado en diez meses, es el mayor desde 2001; el costo anual de los alimentos creció 15%; el desempleo ha empezado a incrementarse; la industria manufacturera se estancó, con crecimiento cero entre enero y julio, y sectores como textiles, madera, hierro y automotores registran caídas cercanas al 10 por ciento. Las ventas del comercio minorista han sido siete veces menores que en 2007 y la construcción de vivienda de interés social cayó en un tercio.

Adicionalmente, tanto el alza de las tasas de interés por parte del Banco de la República, “recetada” por el FMI, como la política Confianza-Inversionista de Uribe Vélez, que colma de prebendas al capital extranjero, convirtiendo la “inversión” en saqueo, en especial de los recursos naturales no renovables, han provocado una avalancha de dólares, que ha triplicado en siete años la inversión extranjera, concentrada en hidrocarburos, minería, finanzas y comunicaciones, áreas fundamentales del país. Colombia se precipita a marchas forzadas a la recolonización.

La revaluación erosiona el trabajo y la producción nacionales, y más aún en un entorno de altos costos de producción, llevando a la ruina a miles de empresas. Las penurias no amainarán; los bienes intermedios importados, que son las tres cuartas partes de las materias primas industriales, se encarecerán y la deuda externa también. Es el sino trágico de las naciones regidas por las políticas del FMI: con devaluación o con revaluación se ocasiona la inflación.

Crisis del capitalismo en su fase superior

Los ciclos críticos del capitalismo en su etapa imperialista, en la que predominan el capital financiero y el monopolio, son cada vez más frecuentes y agudos. El marxismo ha explicado la forma violenta como se solucionan, bien mediante la mayor concentración de los medios de producción, bien por la destrucción de parte de ellos, o por ambas. Comprender los aspectos particulares de cada episodio permite avizorar las contradicciones insolubles en que se desenvuelve el orden vigente y educar a las masas en la necesidad de sustituirlo, si se persigue la prosperidad general.

Las crisis de la fase imperialista no son ajenas ni a “la tendencia progresiva de la cuota general de ganancia del capital a descender” ni tampoco a la superproducción de mercancías y de capital. Con relación a la primera, Francisco Mosquera escribió en 1990: “Lo curioso de este complicado asunto radica en que a pesar de todo la tasa de ganancia de las trasnacionales seguirá descendiendo (…) Los monopolios norteamericanos y japoneses buscan otras naciones receptoras, baratas (…) La internacionalización del capital acabará entrelazando al mundo en tal forma que la división del trabajo propia de las grandes factorías se efectuará a través de países y de continentes y no ya bajo un solo techo (…) ahondándose las desigualdades entre la porción desarrollada del mundo y la indigente. Las contradicciones entre los bloques económicos tampoco conocerán límites; la crisis se extenderá con todos sus estragos, y la clase obrera se hará sentir en grande”.

La preponderancia del capital financiero, que en la actualidad cobra enormes dimensiones, influye de modo definitivo en las crisis. Los activos especulativos mundiales, que abarcan depósitos bancarios, bonos públicos, títulos privados, acciones y nuevas formas conocidas como “derivados”, valen más de 160 billones de dólares, mientras que la producción anual de mercancías y servicios apenas suma una cuarta parte de dicho monto y el comercio mundial al año sólo es un décimo de aquel valor.

Los réditos exigidos por este enorme volumen de capital parasitario sólo pueden provenir del fondo común de la plusvalía extraída en todo el planeta. Cuando este fondo se vuelve insuficiente para remunerarlo por completo, se especula con rendimientos futuros que, al no concretarse, provocan el derrumbe de sectores enteros de la economía y la parálisis general. En la medida en que crece la masa de capital, y sobre todo la del financiero, requiere que la extracción de plusvalía sea más copiosa en cada periodo, para lo cual puede recurrirse a medios extraeconómicos, usando la violencia y la subyugación de naciones y pueblos enteros.

Precisamente, por la pauperización de miles de millones de personas, en los periodos críticos decae el consumo general, y el capital no encuentra nuevas fuentes de ganancia. Esto ha intensificado, desde finales del siglo XIX, su exportación a los países más atrasados, en busca de ingentes utilidades. La premisa lógica para que sean seguras y cuantiosas es la indispensable colonización de las naciones débiles.

En Estados Unidos, la política económica de Bush, guiada por el principio del primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, “gobernar en interés de las clases propietarias”, deterioró los ingresos de las mayorías. He ahí por qué millones de hogares norteamericanos de clases pobres y medias quedaron entrampados en el pago de las hipotecas. La política fiscal de la administración republicana, que incluía el recorte de impuestos al capital, valdrá durante una década 2,6 billones de dólares, de los cuales el 1% más rico se beneficiará con el 53%. Fruto de esta iniquidad el ingreso del 20% más pobre de la población apenas creció el 9% mientras el del 1% más rico escaló el 201%.

Los neoliberales están acongojados. En monsergas moralizadoras, de ética económica calvinista, culpan de la hecatombe a la avaricia. Erróneamente creen que se puede poner orden a la voracidad capitalista y más aún en su fase superior, que el mercado se puede autorregular. Para paliar su desespero vale recordarles esta sentencia de Marx: “El crédito acelera, al mismo tiempo, las explosiones violentas de esta contradicción, que son las crisis, y con ellas, los elementos para la disolución del régimen de producción vigente”. Así será.

DEL LEGADO POLÍTICO DE HÉCTOR VALENCIA

Cortejo fúnebre el 21 de septiembre. - Foto de Rafael Zárate
Cortejo fúnebre el 21 de septiembre. - Foto de Rafael Zárate
Cortejo fúnebre el 21 de septiembre. – Foto de Rafael Zárate

Sobre la globalización

“La política de globalización la aplica los Estados Unidos valiéndose de tres instrumentos principales: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y la presenta como si correspondiera a un desarrollo objetivo, políticamente neutral, para enmascarar su utilitarismo imperialista.

Sin embargo esta presentación del problema, con la que se solazaron los neoliberales durante un tiempo, ha venido siendo desnudada y rebatida por los pueblos. Las consecuencias políticas y sociales de esa globalización han generado resistencias cada vez mayores. Incipientes, algunas de ellas pueden parecer menores, empero son las semillas de los extraordinarios enfrentamientos que se desencadenarán en el mundo. Al acrecentar la desigualdad en todos los confines del planeta y arrojar a miles de millones de personas a situaciones de pobreza y miseria cada vez más insoportables, esta política genera sus formidables sepultureros.

En su conjunto, esas rebeliones conforman hoy el aspecto principal de la contradicción con el imperialismo.

(…) Aunque durante más de diez años se ha venido exponiendo nacional e internacionalmente el carácter irreversible de la globalización, ésta no ha cesado de engendrar sus propias contradicciones. Cada una de las crisis que la acompañan, como fue el caso de la asiática, la de México, la de Rusia, han presentado el riesgo de hacer metástasis, no solamente hacia los países vecinos sino hacia países y regiones alejados. Esta característica estará indudablemente presente en todas las crisis –éstas sí irreversibles pues son inherentes al capitalismo imperialista– que se presentarán en el futuro.

De todas las crisis que se han vivido, la que puede producirse en Estados Unidos como fruto de la recesión sería, de hecho, la de mayor impacto pernicioso en todo el mundo. Un desbarajuste en el centro de la dominación afectaría a todo el mundo.

(Valencia Henao, Héctor. Informe del Comité Ejecutivo Central, CEC, en la Conferencia Nacional del MOIR, Suesca, Cundinamarca, 2001.)

Una característica de la dominación imperialista es que entraña la negación de muchos elementos jurídicos que rigen en estos países. De allí, todos esos forcejeos para cambiar las disposiciones legales a fin de recortarles o marchitarles sus aspectos democráticos. El imperialismo y la élite dominante del país hacen suya permanentemente la frase de Odilon Barrot: ‘La legalidad nos mata’ Por eso la columna vertebral del revolcón de Gaviria para imponer la apertura fue la reforma constitucional, y por eso la recurrente política de hacerle reformas a lo reformado. Nuestro enfoque debe ser dialéctico: luchamos por la permanencia de normas democrático-burguesas mientras ellas les permitan al proletariado y a las clases aliadas avanzar hacia una nueva democracia. Tal enfoque previene contra locuras extremo-izquierdistas. Y demostramos que también poseemos sentido práctico en el hacer político y no nos autocolocamos grilletes en aras de un fementido radicalismo”.

Informe Conferencia Nal. del MOIR, Suesca, Cundinamarca, 2001.)

Sus sobrinos Constanza, Juan Pablo y Héctor Hernán en el momento de sepultar a Héctor. - Foto de Arnoldo Vanegas
Sus sobrinos Constanza, Juan Pablo y Héctor Hernán en el momento de sepultar a Héctor. – Foto de Arnoldo Vanegas

Sobre Uribe y su gobierno

“Como ya ni siquiera lo niegan algunos de sus más obsesivos impulsores, la implementación en las naciones de América Latina de los ucases neoliberales emitidos por Estados Unidos, ahora perfilados en algunas de ellas como Tratados de Libre Comercio (TLC), estropeó sus economías y cual implacable mazo quebrantó la vida social de los estamentos mayoritarios de sus poblaciones. Resistir fue la consecuente opción que estos fueron adoptando gradualmente mediante diversas manifestaciones de descontento y rebeldía. De allí que sea apenas natural que ellas hayan tenido gran incidencia en la sucesiva instauración de gobiernos que se caracterizan por ser fruto de las resistencias desplegadas o por corresponder a las que se avizoraban en ciernes. El hecho de que esos nuevos poderes respondan a tales fenómenos sociales constituye su gran semejanza, no desvirtuada porque lo hagan en diverso grado y con disímiles enfoques, lo que explica sus variopintas tendencias…

Prolongada ha sido la pesadilla padecida por esos pueblos y complejo será el proceso para salir de ella. Mas, puesto este en marcha, una cosa es segura: si, más allá de las peculiaridades sociales y políticas de cada nación, y no obstante las recias embestidas que contra ellos desatan desde el exterior el imperialismo y desde el interior las elites nativas, los gobiernos recién instaurados conservan su consecuencia con las aspiraciones de soberanía nacional y democracia política que alienta entre las gentes, su rumbo será irreversible. Y así, desde México hasta Argentina, se crearán condiciones para que esté más próximo a ser cortado el nudo gordiano de la dominación imperialista en este hemisferio…

La actitud de apegadura a la política uribista que exhibe este sector, hunde sus raíces en el desbarajuste social y político que ha acompañado los nefastos impactos económicos producidos por la apertura neoliberal y en la intensidad de las violencias provenientes tanto desde el flanco de las fuerzas estatales y paramilitares como, aunque con una naturaleza diferente, desde el de las agrupaciones insurrectas. La persistencia durantes lustros o décadas de estos factores produjo en numerosos estamentos de la población, principalmente en los sectores medios estragados de semejantes males, un político «espasmo de ciervo encandilado». Uribe, al ser presentado por la oligarquía y avalado por Estados Unidos como el llamado a reprimir a los generadores de violencia y a deshacer los entuertos sociales y económicos, recibió de ellos gran parte del respaldo que lo encumbró a la Presidencia.

(Tribuna Roja Nº 103)

“La Revolución de Nueva Democracia tenderá estratégicamente a establecer un poder democrático y popular. Aquí el criterio popular cobija elementos burgueses que sean patriotas y demócratas. El concepto sobre quiénes integran el pueblo en un momento dado, comprende no sólo a la base de la sociedad, a las masas laboriosas, sino a sectores intermedios, sectores de burgueses oprimidos por el imperialismo que adopten esa actitud. A pesar de las confusiones e inconsecuencias presentes en gran número de estos sectores, no debe haber equívocos al respecto.

Hemos sostenido la lucha contra la apertura, política que día a día avasalla a más sectores y estropea más aspectos de la vida del país. Eso lleva a esta reflexión: el avance de la recolonización afecta progresivamente a conjuntos de burgueses de la ciudad y del campo, incluso a capas vulnerables de los terratenientes y del sector financiero, cuyos caudales sufren detrimento con esta política. Objetivamente, la apertura los va tornando en potenciales miembros de un Frente Único…

Los sectores de la burguesía, como decía Mao, les temen más a la revolución y a la democracia que al imperialismo. Pero a medida que el imperialismo los apabulla, van cambiando de actitud. A sabiendas de que la situación económica determina la posición ideológica y política, y conociendo que la base material de dichos burgueses está siendo socavada, los militantes deben estar atentos a esos cambios. Su posición política puede y debe variar, por lo que es tarea nuestra coadyuvar a persuadirlos de que su mejor opción es ponerse al lado de la resistencia contra el Imperio. Ese es un cambio generalmente lento, pero si el avasallamiento se intensifica puede no serlo tanto. Hay ejemplos de esto entre los integrantes de Salvación Agropecuaria: sectores y personas que asumen conductas patrióticas y de resistencia. Como ellos hay mucha más gente que adquiere esa actitud. ‘Quien tenga ojos que vea.’ El Partido debe ser perspicaz ante tales fenómenos políticos.

(Informe en la Conferencia Nacional del MOIR, Suesca, Cundinamarca, 2001.)

Claras muestras de dolor por la muerte del máximo dirigente.
Claras muestras de dolor por la muerte del máximo dirigente.

Sobre la burguesía

“En nuestro ataque principal contra el imperialismo, en medio de lo cual levantamos nuestra consigna contra los vendepatria, hayamos constatada la presencia de dirigentes políticos y personalidades de diversas capas sociales que no caen en la traición misma, pero que forman una franja con conductas inconsecuentes e insensatas que hacen mella en sectores no avisados de la población. Conductas que invitan a caer en la pasividad ante la dominación imperialista. ¿Qué hacemos ante esas manifestaciones de inconsecuencia? Nosotros decimos: criticarlas. ¿Hacerlo equivale a convertir esas personas que son objetos de nuestra crítica en enemigos? No, es darles un sacudón…
La unidad más consolidada, más firme, es la que pasa por la crítica a los errores de las otras clases. Ellas, empezando por la burguesía nacional, no asumirán su papel revolucionario si no se las critica y se las orienta sobre la táctica de la lucha… Los empresarios industriales golpeados, en quiebra, creyeron que dentro del mismo modelo que los arruina podían tener salvación y aceptaron las políticas neoliberales…
Entonces los llamamos a que luchen, y ese llamado incluye la crítica a sus vacilaciones. Esta actitud no está dirigida a convertirlos en enemigos, sino que equivale a una reconvención con miras a que adopten una actitud consecuente. Como representantes de la clase obrera, no sólo tenemos pleno derecho a hacer esa crítica sino que es nuestro deber con la nación. Es una obligación llamar a los criticados a que cambien su actitud, pues, por lo demás, no han tenido arrestos ni siquiera para defender sus propios intereses cuando los están arruinando junto al resto del país…”

(Cartagena, 12, 13 y 14 de junio de 1999)

En la nave central del cementerio.
En la nave central del cementerio.

Trabajo parlamentario

“El trabajo allí [en las corporaciones públicas] debe estar ligado a las luchas de las masas y por lo tanto su aspecto principal no se desarrolla en los recintos de las corporaciones sino en la calle”.

(Conferencia Obrera Nacional, marzo 11 de 1995. Ediciones Tribuna Roja, Bogotá, abril de 1996. Pág. 32.)

Sobre el estudio

Escoger los temas de estudio no se hace partiendo de las ideas, sino de los problemas que tenemos. Debemos estudiar alrededor de problemas concretos. Estudiamos para tratar de resolverlos. El conocimiento es firme en cuanto se une con la realidad.

Reunión con la Juventud Patriótica, JUPA, el 21 de octubre de 2006.

Sobre la ciencia

“Nunca las fuerzas productivas tuvieron un desarrollo más rápido que el experimentado en este siglo que termina… En este siglo, y sobre todo en los últimos cincuenta años, el ritmo del avance científico y tecnológico no sólo fue mucho mayor que en siglos anteriores, lo cual es natural, sino que fue vertiginoso… Resalta intensificada la gran contradicción: los estupendos frutos del desarrollo son acaparados por una élite cuyo alcance de dominación es mundial… Si bien desde los principios del capitalismo los provechos del desarrollo, que es social, han sido acaparados por los potentados, hoy, en la época del imperialismo, esa apropiación alcanza dimensiones colosales. Los capitalistas se van concentrando, cada vez son más pocos y cada vez es mayor la masa de gente explotada y despojada… Esos avances, aunque corresponden al progreso material propio de la humanidad, quien primero y en mayor medida los está aprovechando para mantener su dominación mundial es el imperialismo.”

(Cartagena 12, 13 y 14 de junio de 1999.)

Sobre el imperialismo norteamericano

El Tribuna Roja Nº 90, del 10 de marzo de 2003, trae numerosas expresiones de repudio mundial a la agresión imperialista. La fotografía es parte de la primera página.
El Tribuna Roja Nº 90, del 10 de marzo de 2003, trae numerosas expresiones de repudio mundial a la agresión imperialista. La fotografía es parte de la primera página.

“La característica de este imperialismo, a cuya hegemonía económica corresponde su predominio político y militar, es que ha concentrado tanto poder como históricamente no lo había logrado ningún imperialismo. El aspecto último y decisivo de su dominación es el militar. Es decir, mientras pueda recolonizar desplegando únicamente su poderío económico y su poderío político, lo hará. Pero en la medida en que encuentre obstáculos, resistencias, recurrirá a las armas, a su superior capacidad militar, para tratar de imponer su voluntad… Mientras existan sociedades de clases y lucha de clases, la paz es un período entre dos guerras…

Estados Unidos, altamente pragmático, ya ha adoptado un criterio respecto a la oposición que encuentre a su domino económico: ahí donde se cree algún obstáculo o haya muestras de que pueda germinar alguna convulsión política, allí donde en determinado país o región surja alguna resistencia, es necesario segarlas en flor… Por lo que cualquier sacudimiento social y cualquier principio de resistencia es necesario someterlos a una ‘cirugía’ inmediata.”

(Valencia Henao, Héctor. Cartagena, Conferencia Interna, 12, 13 y 14 de junio de 1999.)

***

“Analistas superficiales se dedican a especulaciones sugiriendo diferencias fundamentales entre los diversos mandatarios norteamericanos y sus políticas. No hay tal. Distintos pueden ser los énfasis y los modos, las formas y los métodos, en suma, la táctica, pero los objetivos estratégicos imperialistas son por naturaleza idénticos. Los contenidos del neoliberalismo y de la política de globalización pueden variar en su forma de aplicación, y hasta de nombre, pero siempre sustentarán y guiarán la intrínseca tendencia del imperio hacia la dominación mundial.

(Valencia Henao, Héctor. Conferencia del MOIR. Mesa de los Santos. 20 de enero de 2003)

“Desde hace tres lustros hemos afirmado que las políticas neoliberales y de globalización obedecen a un plan de recolonización emprendido por Estados Unidos. Los tozudos hechos, que hoy se quieren llevar a su clímax con el Tratado de Libre Comercio, han venido corroborando con creces y a diario esta aseveración… Se trata simplemente de lograr que los colombianos agrupados como nación en este lugar del planeta, posean independencia para resolver sus propios asuntos y autonomía para labrarse su propio destino. Al servicio de este objetivo primordial debe estar la conquista de los distintos derechos y espacios democráticos…

Dos son los escenarios posibles en Colombia: el actual, una nación sometida a los intereses imperiales de Estados Unidos y bajo la dominación de una elite oligárquica, y el por conquistar, una nación con auténtica democracia y plena soberanía. En su mismo enunciado aparece explícito que el antagonismo de ambos escenarios no admite coexistencia alguna. Ni puede pretenderse tener una mezcolanza de ambos, pues entre ellos existe una nítida línea divisoria. Línea que permite determinar el carácter y las tendencias de los distintos partidos y movimientos políticos. Línea que igualmente le traza las fronteras a la izquierda y sirve de herramienta para señalar las inconsecuencias que en su seno suelen presentarse.

(…) Esta situación trágica para cualquier conglomerado humano y que cubre de ignominia a los sucesivos gobiernos de la oligarquía, se presenta en una sociedad en la que, según Uribe Vélez, rige «una democracia profunda». Pues bien, una democracia de esta índole, elogiada por los imperios y la reacción como el menos malo de los sistemas políticos, tiene que ser desechada por los colombianos de bien…

La instauración de esa nueva democracia y la conquista de la soberanía nacional definen la actual estrategia del MOIR. Ella preside la acción política de nuestra aún modesta fuerza y explica nuestros empeños en busca de la unidad con otras organizaciones y contingentes políticos y sociales.

(…) Es necesario precisar que nuestra lucha contra Uribe Vélez no se reduce a rechazar las modalidades grotescas y las manías dictatoriales con que ejerce su gobierno.

Nuestro combate se dirige contra el contenido antinacional y antidemocrático de su política, principalmente su sumisión ante el gobierno de Washington, su rampante aplicación del neoliberalismo, y sus embestidas contra la producción y el trabajo nacionales mientras llena de privilegios al gran capital financiero. La alternativa no puede ser una versión matizada de la política uribista, sin Uribe.

(Valencia Henao, Héctor. “Por la soberanía y la democracia, combatir a fondo la política uribista”. Tribuna Roja Nº 101, diciembre 9 de 2005).

***

(…) Ante esos dinámicos sucesos, se da como un hecho que Colombia es la excepción, lo cual amerita una explicación. Primero, en cuanto a Álvaro Uribe y su gobierno, no cabe duda. Su política exterior y los aspectos principales de la interna se anclan en la alianza estratégica con los Estados Unidos, que sin empacho pregona a los cuatro vientos. En los hechos, ésta equivale a una confabulación en contra de los intereses nacionales. Sin vergüenza alguna, su gobierno vota a favor las disposiciones imperialistas en los organismos internacionales y apoya su intervencionismo, como en el caso de la terrorista invasión a Irak. Subsume la economía colombiana en los planes de recolonización emprendidos por el gobierno norteamericano, como lo demuestra la suscripción del Tratado de Libre Comercio. Y este colmo en la entrega de la soberanía económica lo extiende a los aspectos políticos, militares y culturales.

(Valencia Henao, Héctor. “Por el amplio y abierto sendero de la izquierda”. Tribuna Roja Nº 103, mayo 19 de 2006.)

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“Ningún plan o programa económico, social o político puede plantearse en el país de manera honesta como solución o alternativa, sin abordar seriamente primero la recuperación de la soberanía nacional. La más enjundiosa actitud propositiva, que algunos tocados por una acomodaticia tendencia a la conciliación le reclaman a las fuerzas de izquierda, es decirle un rotundo no a la telaraña de medidas que supeditan la nación al poderío de Estados Unidos y los intereses de su cúpula financiera. Y, obrando en consecuencia con esa negación y para que los pronunciamientos y declaraciones en ese sentido no se conviertan en un escapista ‘canto a la bandera’, dichas fuerzas deben orientarse a emprender junto a las masas el laborioso esfuerzo de romper una a una las ataduras. Cada amarra imperialista desatada en lo económico y político será un yugo menos que se sacuden nuestros compatriotas. Es precisamente este imbricado conjunto de tales acciones lo que constituye la resistencia civil.”

(Valencia, Héctor. “La unidad y la lucha por la soberanía”. Tribuna Roja Nº 98, diciembre 4, 2004.)

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“Dos son los escenarios posibles en Colombia: el actual, una nación sometida a los intereses imperiales de Estados Unidos y bajo la dominación de una elite oligárquica, y el por conquistar, una nación con auténtica democracia y plena soberanía. En su mismo enunciado aparece explícito que el antagonismo de ambos escenarios no admite coexistencia alguna. Ni puede pretenderse tener una mezcolanza de ambos, pues entre ellos existe una nítida línea divisoria. Línea que permite determinar el carácter y las tendencias de los distintos partidos y movimientos políticos. Línea que igualmente le traza las fronteras a la izquierda y sirve de herramienta para señalar las inconsecuencias que en su seno suelen presentarse.”

Valencia, Héctor. “Por la soberanía y la Democracia, combatir a fondo la política uribista”. Tribuna Roja Nº 101, diciembre 9, 2005.)

OBREROS DE UNA ESTIRPE ESPECIAL

Obreros de una estirpe especial

Obreros de una estirpe especial
Obreros de una estirpe especial
“Nunca hemos enfrentado una época semejante, lo cual entraña aspectos nuevos, cardinales, que debemos evaluar a cabalidad para adoptar frente a ellos una actitud correcta. Marx afirmaba: todo desarrollo de las fuerzas productivas trae consigo nuevas divisiones del trabajo. Siempre ha sido así. Pero lo que aparece hoy constituye, tanto por la calidad del desarrollo como por la escala de la división, una novísima forma de la división internacional del trabajo. Se realiza ahora entre naciones lo que antes se operaba dentro de cada país. Ya el fenómeno es de naciones enteras especializadas, no de simples especializaciones dentro de la producción fabril nacional. Esto da lugar a que, bajo un mismo poder imperial, a las naciones se les asignen diferentes ramas y aspectos de la producción, lo cual hace parte de la recolonización imperialista.

El mencionado desarrollo de las fuerzas productivas es utilizado plenamente aun en el mismo dominio del capital financiero que acompaña al imperialismo. Ya cuentan con tremendos avances en las comunicaciones y también con la informática suficiente para unir los distintos centros financieros. En esencia se trata de una política actual del imperialismo: enlazar, las diversas bolsas de valores, los mercados de capital, para conectarlos a los grandes centros financieros. Se monta así una especie de bingo plane-tario en donde los linces de las finanzas juegan con la economía mundial especulan y maniobran, manejan y modifican los valores y los precios, muñequean todo el sistema monetario mundial. Dicen con ostentosidad: ¡poseemos la tecnología suficiente para que nuestro capital financiero consiga controlar los capitales en cualquier parte de la tierra! Buscan un dominio económico supeditado al sector más parasitario, que es el financiero, y cuentan con las armas necesarias para respaldarlo.

El pesimismo es un error político

“Si hay alguna enseñanza importante en el siglo XX es la que ella arroja: saber que el proletariadopierde el poder si deja que su ideología se resquebraje y, con ella, sus posiciones políticas de clase. Ahora bien, esa pérdida parece ser la gran tragedia. Pero no, aun cuando es una cuestión negativa, mirada históricamente es un traspiés, no una tragedia. Ante lo nefasto de estos acontecimientos hay sectores obreros tocados con pesimismo. A ellos basta recordarles lo que con profundidad señalaba Mao: el pesimismo es un error político. Comprender este aserto guarda íntima relación con el enfoque histórico de la lucha de clases; no se trata de endulzar los reveses y las derrotas, ni de quitarles su valor negativo, sino de situarlos en la perspectiva histórica de la lucha de clases para saber a qué corresponden. Hacerlo así es vital para la conservación de nuestra ideología. Camarada que en política no posea un enfoque histórico de clase, no tendrá cómo entender estos problemas y se plagará de confusiones.

El imperialismo contra los obreros

“Cualquier paso táctico del MOIR en Colombia ha de tomar como punto de partida el conjunto de la correlación de fuerzas en el mundo. Someter al análisis la lucha de clases en el plano internacional a fin de poder determinar qué pasos dar en la nación. Algunos camaradas creen que lo internacional es una cuestión alejada de la política concreta nuestra. El hecho es que se derrumbó la Unión Soviética, el hecho es que hay un imperialismo con supremacía. Ese haz de hechos incide en nuestra situación política y crea el marco general para nuestra actividad…

El meollo de toda la dominación imperialista radica en el recorte o supresión de las reivindicaciones obreras. Lo que se apetece es una mayor plusvalía del trabajo. Debe recordarse que las ganancias de miles de millones de dólares que se registran en las bolsas de Nueva York salen de la plusvalía. El problema de los salarios, es decir, de cómo pagan menos, o mejor, de cómo roban más, es fundamental para la explotación imperialista y es con ese propósito en la mente como quieren barrer con las organizaciones sindicales. Así se explica la proliferación de leyes, decretos y disposiciones dirigidos a desconocer derechos conquistados por los trabajadores, a debilitar sus organizaciones y a suprimir sus posibilidades de lucha. Como en el vórtice de la dominación se encuentran los asalariados, la táctica del imperialismo es la de enfrentarse en forma directa, inmediata, con el proletariado. La contradicción, en lo económico, aquí y en todo mundo, se expresa en explotar cada vez más a la clase obrera, y para ello se intenta arrasar con todas sus conquistas, pues el imperialismo sabe que allí, en los destacamentos obreros, es donde reside su más firme y segura contra.

Contra el burocratismo sindical

“Hago pues un llamado a iniciar una campaña contra todas las formas de burocratismo en los sindicatos. No puede ser que la mayor parte del tiempo se ocupe en el ajetreo sindical. Un gran número de conflictos y discusiones que se presentan están referidos a cuestiones gremialistas y burocráticas. A quién se le da el permiso o la comisión, quién se queda con el fuero, y similares codicias. Es decir, afanes de funcionarios, no de revolucionarios.

La solidaridad es un deber

“Darles solidaridad, empezando por nuestra presencia en los escenarios de lucha. Es preciso reafirmar: allí donde haya una organización obrera o un obrero combatiendo al imperialismo, este Partido debe acompañarlos. Implica una desviación grave que ciertos compañeros se conviertan en jueces que califican algunas de estas luchas como no importantes. Contra el imperialismo y la política que impone no existe pelea sin im-portancia. Como trabajadores que viven en la pobreza, al igual que la mayoría de la gente en este país, aquellos que se organizan en sindicatos pequeños para luchar por sus reivindicaciones deben contar con la mayor presencia solidaria del MOIR. La incomprensión de esto no corresponde a quien se llame comunista.

Solidez ideológica

“Si se entiende el problema, lo primero que debe consolidar el MOIR -para recuperar lo perdido, para retomar lo embolatado- es su posición ideológica. Creemos que una gran proporción de las fallas y debilidades que tenemos obedece a un aflojamiento de la cuestión ideológica. ¿Cómo está planteado el problema? Estamos ante una embestida sin precedentes del imperialismo en la esfera de la ideología. El enemigo aprovecha los reveses de la revolución mundial como arma ideológica, con la pretensión de aniquilar las ideas del proletariado. Este embate lo vivimos a diario en mil formas, y si no contamos con solidez ideológica para rechazado, no habrá batalla que podamos ganar.

El legado de Mosquera

Sus herederos serán quienes asimilen su posición de clase. No es cuestión de charlatanería, no es mera hablada, ya que será sólo en la lucha práctica donde los herederos probarán que tienen esa posición. Mejor dicho, es únicamente con su práctica revolucionaria como los militantes y cuadros se ganarán el título de herederos de Francisco Mosquera; este honor nadie puede concedérselo a priori, hay que conquistarlo. Afirmar las auténticas posiciones mosqueristas implica una lucha dentro del Partido.

Organización

“Un criterio hemos repetido últimamente: sin organización el proletariado no tiene nada. Es imperioso afinar nuestra organización. La única manera de sacar adelante la política es contando con una buena organización. No somos una masa dispersa. Tenemos unas formas de organización y unos organismos. Lo primero que debemos anotar es que para cada trabajo, en cada frente, debe tenerse un organismo de Partido. Una vez creados los organismos, lo esencial es que funcionen, cuestión que en muchos casos no ocurre… Asumiendo que los organismos funcionen, se deben tener presente los dos aspectos sustanciales: la democracia y el centralismo. A veces se insinúan por ahí reparos al centralismo democrático o se pretende su negación. Cada vez que esto surja, hay que salir a darle la batalla, pues implica una lucha interna indispensable.

Las citas de esta página son tomadas de Valencia, Héctor. Conferencia Nacional Obrera, Bogotá, Ediciones Tribuna Roja, 1996.