AMENAZADA DE MUERTE LA INDUSTRIAL TEXTIL

En octubre de 1980 las tres grandes textileras antioqueñas, Coltejer, Fabricato y Tejicóndor, señalaron que mientras el mercado nacional se reduce en un 14%, la oferta de géneros del exterior crece a un ritmo del 87%. Lo anterior las llevó a afirmar que, de persistir esta situación, la industria textil colombiana quedará en peligro de desaparecer. El contrabando y las importaciones legales de telas superan la producción de Fabricato y sobrepasan el total de las ventas nacionales de Coltejer.

Si a lo anterior se agregan las elevadas tasas de interés y el alto grado de endeudamiento de las empresas, no son de extrañar las dificultades por las que atraviesa el sector textilero; Celanese cerró las plantas de Yumbo y Sabaneta y solicitó permiso para licenciar sus 1.300 activos y sus gastos financieros aumentaron, entre 1979 y 1980, en 161 por ciento; en Barranquilla, los 450 operarios de Tejidos Marisol se tomaron las dependencias debido a su inevitable cierre.

La pérdida del mercado nacional, las dificultades financieras que sufren las sociedades y el retroceso económico del país, no son más que el fruto de la política antinacional y antipopular de las clases dominantes de liberar las importaciones, el contrabando, impulsar la inflación, restringir y encarecer el crédito y entregarle la economía a los monopolios foráneos y al capital especulativo financiero.

Quiebra de dos grandes
Marisol, una de las primeras fábricas de tejidos del país, alcanzó a contar con 1.500 trabajadores. A partir de julio del año pasado, fecha en la cual entró en concordato, comenzó a despedir personal, reduciendo su nómina a 450 operarios. El 21 de diciembre, con el fin de presionar ante las autoridades y los patronos algún arreglo a su precaria situación laboral y económica, los obreros decidieron ocupar las instalaciones. Se repite la historia, a escaso un año, de lo ocurrido con ropa el Roble, de Bucaramanga, y después de que más de un centenar de pequeñas y medianas empresas suspendieron actividades o entraron en bancarrota.

Celanese tiene 1.300 trabajadores y tres plantas en Yumbo, Sabaneta y Barranquilla, pertenece en un 48% a Celanese Internacional; en un 42% a Empresas del Grupo Financiero Bogotá, como Seguros Bolívar y Cementos Samper y el resto a particulares norteamericanos y colombianos.

En mayo, la compañía debía más de 3.200 millones de pesos de los cuales 2.522 eran a corto plazo. Para esa misma fecha presentaba unas pérdidas de cerca de 300 millones, siéndole imposible atender el pago de sus obligaciones inmediatas. A tal estado de cosas se llegó por una baja considerable de sus ventas, ya que el mercado nacional se encuentra inundado por las fibras entradas tanto de contrabando como legalmente. Los propietarios extranjeros se rehusaron a recapitalizar la sociedad y ésta fue puesta en concordato en julio del año pasado. Sin embargo, finalmente no hubo acuerdo entre los acreedores, incluidos el Banco de Bogotá y entidades del Grupo Grancolombiano, lo cual hace prever para muy pronto la declaratoria de quiebra.

Además de cerrar las plantas de Yumbo y Sabaneta, la empresa ha solicitado permiso para despedir a los 1.300 obreros que quedan, de los 1.580 que tuvo un año antes.

El atolladero de los textiles
La industria textil colombina, considerada la más dinámica del país, la primera en cuanto a generación de empleo (el 14.7% de toda la manufactura) y la segunda por el valor de la producción bruta (el 11.1%), daba ocupación hacia 1979 a 76.000 personas. En 1980, con respecto a 1979, disminuyó el empleo en el 1.5%, según el DANE, y, en el período enero a septiembre de 1981, lo volvió a reducir en el 5.77% con respecto al año anterior. En otras palabras, en los dos últimos años esta rama de la producción ha dejado cesantes a más de 6.000 operarios. A lo cual hay que sumarle los miles de desocupados producto del cierre o merma de la actividad de numerosas fábricas de la rama de la confección.

La crisis de los tejidos repercute a su vez en la que sufre el cultivo del algodón. Diagonal, comercializadora que adquiere la fibra para las grandes firmas, anunció a última hora que durante el primer semestre de 1982 ni siquiera compraría las 16.600 toneladas asignadas por el Ministerio de Agricultura, cuando en el mismo período de 1979 había obtenido 54.000 y, en el de 1981, 39.000.

Desde principios del año antepasado los diferentes gremios económicos vienen sosteniendo que la industria colombiana, y en especial la textil, presenta claros signos de recesión. La Andi ha calculado en 150 millones los metros de tela provenientes del exterior en 1980, equivalentes a la cuarta parte de la producción nacional. Por otro lado, las altas tasas de los intereses y el grado de endeudamiento de las sociedades las han descapitalizado. Mientras las ventas se les redujeron en cerca de un 20% a Coltejer, Fabricato, Tejicóndor y Celanese, los gastos financieros más que se duplicaron en promedio para estas mismas empresas. Las deudas de Fabricato y Tejicóndor están alrededor del 70% con respecto al total de sus activos y las de Coltejer y Celanese superan el 80%.

Entre tanto, el gobierno sostiene que la situación es buena y el DANE, acomodando las estadísticas, trata de restarle importancia a la recesión. El ministro de Hacienda, Wiesner Durán, afirmaba en separata de The New York Times del 31 de mayo de 1981, pagada con fondos oficiales, que “no cabe duda que el país ha venido experimentado un progreso rápido y sostenido”. El ministro asimismo anotaba que “la existencia de problemas cada vez más grandes significa síntomas de crecimiento”. (El Tiempo, diciembre 14 de 1981).

Pero los miles de pequeños empresarios agrícolas e industriales arruinados por la caótica política gubernamental, los cientos de miles de desempleados y en general el pueblo que padece la escalada de la inflación, sólo encontrarán alivio cuando logremos derrocar a la oligarquía vendepatria y explotadora, única causante de la postración en que se encuentra la economía colombiana.

SE REPITE TRAGEDIA EN AMAGÁ

El pasado 7 de noviembre, en un derrumbe que se produjo en la mina El Silencio, en Amagá, perdieron la vida cinco obreros. En aquel mismo lugar, el 14 de julio de 1977, una explosión de gas grisú ocasionó la muerte a casi un centenar de trabajadores. Hoy, al igual que en aquella dolorosa ocasión, los mineros y sus familias han señalado a la empresa Industrial Hullera y al gobierno como lo únicos culpables de la tragedia.

Hernán Taborda, presidente del Sindicato de la Industria Minera de Antioquia, al ser interrogado por un enviado de Tribuna Roja expresó: “La causa directa del último accidente es la irresponsabilidad de la compañía en el suministro de los materiales necesarios para la explotación del yacimiento. Con mucha anterioridad al 7 de noviembre, los trabajadores le venían solicitando a Industrial Hullera que se prestaran medidas eficientes de seguridad, con la aireación de la mina, la detección de los gases nocivos y el que los sectores que se explotan por el sistema de tajo abierto con derrumbe dirigido cuenten con un acero que responda a las necesidades del peso que tienen que sostener”.

Las mujeres y los familiares de los mineros desaparecidos también relatan cómo la premonición de su propia muerte acompañó a las víctimas en los días anteriores a la desgracia. Flor Marina Urrego de Muriel, viuda en la mitad de su adolescencia, y cuyo padre había perecido en la explosión del 77 en la mina de El Silencio, aún recuerda cómo su esposo, Norberio Muriel Acevedo, le había dicho el viernes anterior a la desgracia: “El tajo está muy inseguro, falta ver si salimos vivos”. El sábado, su nombre le reafirmó el preludio de la desventura, antes de partir, por última vez, hacia el socavón: “Ese tajo está muy malo. Si nos tapa, nos tapa de una”.

En una vieja casa de corredores empedrados, sobre una de las colinas de las afueras del pueblo, Ana Débora de Restrepo, vestida de negro, rodeada por sus cinco hijos, llora la muerte de su marido, Manuel de Jesús Restrepo Arenas. Con más de 19 años de labores en la mina, a este proletario de 49 años sólo le faltaban siete meses de trabajo para conseguir la jubilación. En el sindicato y en el MOIR, su deceso ha sido uno de los más lamentados, pues Manuel de Jesús era un corajudo combatiente que, a pesar de no ser un militante, nunca se había negado a alistarse en las duras batallas libradas por los proletarios de Amagá. Con frases entrecortadas, como queriendo rehuir el amargo pasado, su mujer apenas alcanza a musitar: “Él lo había advertido. Si caemos, me dijo, en la empresa están los culpables”.

Martha Doris Ángel, la esposa de Darío Rivera Herrera, un minero de 29 años de edad y con ocho de experiencia en la extracción del carbón, es ahora una viuda desolada y con un hijo. Ella cuenta que Darío le comentó que las palancas de acero ya no resistían y que los patronos, a pesar de los reclamos de los excavadores, no las cambiaban.

Altiva, con un sencillo traje negro, Blanca Raigosa va hasta la sede sindical a consultar la manera para hacer que la compañía responda por la vida de su marido, Audo Maro Pérez, y por el sostenimiento de ella y sus catorce hijos. Quince días antes del derrumbe – dice Blanca – Audo me venía contando que el tajo estaba muy malo, que a las palancas les metían una cuña y se deslizaban o se descascaraban. Inclusive un día me dijo que suspendieron a un trabajador porque había entrado al tajo una palanca nueva para reemplazar una de las antiguas”.

Bajando los párpados sobre sus transparentes ojos grises, ella revive la última conversación que tuvo como Audo Maro: “Tengo miedo de ir a trabajar – recuerda que le confesó. Pero el problema es que la empresa, si no vamos nos descuadra el salario”.

Flor Inés Rojas de Ángel, ahora sola con sus dos hijos, tampoco olvida las advertencias que sobre el peligro que se cernía en ‘El Silencio’ hiciera su esposo Luis Eduardo Ángel Sánchez. Sin embargo, impelido por la necesidad del menguado jornal, también este minero de 35 años, encontró, junto con sus otros cuatro compañeros, una muerte desdichada bajo el alud de rocas.

Empresa y gobierno se lavan las manos
Con mucha anterioridad a la desgracia del 7 de diciembre, el sindicato de la Industria Minera de Antioquia había reclamado a la empresa sobre los riesgos que acechaban en el interior de la mina. El 18 de febrero de 1981, la organización obrera remitió una carta al jefe de la Sección de Seguridad e Higiene del Ministerio de Trabajo de Antioquia, solicitando una inspección de los socavones de El Silencio y Villa Diana. La repuesta seca y demagógica de los funcionarios fue una sola: “La haremos”. Más nunca la efectuaron.

En vista de que el Ministerio no adelantaba la investigación, el 7 de octubre los explotados firmaron un memorial en el que denunciaban el incumplimiento de la convención colectiva, pactada a principios de 1981, y en el que volvía a exigir la ejecución de las medidas de seguridad. La comunicación le fue enviada al gerente de Industrial Hullera, con copia al consejero principal de la compañía y al Jefe de la División Departamental del Trabajo. En la respuesta del gerente, producida el 20 de octubre, 18 días antes de que sucediera el fatal accidente, la compañía afirmó cínicamente que no se estaba violando la convención y que, en cuanto a la seguridad, los asalariados podían confiar en que no correrían ningún peligro.

David Velásquez, vicepresidente del Sindicato, anota que hace “unos tres meses la comisión de reclamos se entrevistó con el administrador de la mina y urgió el reemplazo de las palancas. Los delegados de Hullera se obligaron a efectuar este cambio, sólo que apenas lo vinieron a cumplir el sábado 7 de noviembre, después de que en el tajo había cinco compañeros sacrificados por la indolencia de los patronos”.
Las palancas nuevas permanecieron arrumadas durante mucho tiempo a la entrada de la mina. Los hombres que marchaban hacia las temibles entrañas de la tierra, pasaban diariamente junto a las barras de acero que tanta falta hacían para guardar sus vidas. Pero la empresa las tenía destinadas a la explotación de otra veta.

A pesar de las evidencias acopiadas durante mucho tiempo por los explotados, los empresarios hablan con desfachatez de que lo sucedido no es más que “un accidente imprevisto”, y los funcionarios del Ministerio del Trabajo, con igual impudicia, sentencian que “la culpa es de la naturaleza”. Empleados de Industrial Hullera trataron de tomar algunas declaraciones, con los trabajadores que se prestaran a ello, para justificar la irresponsabilidad de la empresa y descargar sobre los proletarios la causa de la tragedia.

Con esa patraña querían hacer creer que los excavadores no aseguraban bien el acero, cuando los pivotes, por su desgaste, ya no se prestan para efectuar una tarea normal. Una visita conjunta del comité de seguridad del sindicato y de varios gerentes de Hullera, llevada a cabo después del 7 de noviembre, confirmó, en un corto recorrido por las galerías, la ubicación de más de 50 palancas inservibles.

La muerte sigue acechando
En cada rincón de los sofocantes túneles de El Silencio y Villa Diana parece agazaparse una trampa mortal, montada para hacer caer a los inermes mineros de Amagá. No existe semana en la que allí no se presente un percance por la ausencia de equipos adecuados y de sistemas de seguridad. Hernán Taborda afirma que “aproximadamente dos meses atrás, el tajo UNO ya se había tapado, ocasionando lesiones a varios compañeros, entre ellos a dos de los que perdieron la vida el 7 de noviembre, Manuel Restrepo y Luis Eduardo Ángel. Este derrumbe también lo originó el problema de las palancas”.

“En cuanto a la ventilación de la mina, dice Miguel Ángel Puerta, la empresa aún carece del material suficiente para detectar gases. La mayoría de los metanómetros funcionan defectuosamente y las personas que realizan las mediciones de la composición del aire no saben manejarlos, pues apenas han recibido instrucciones superficiales. El médico que asiste a las reuniones del comité de seguridad no está especializado en salud ocupacional. Dentro de la mina no se ha aplicado un plan que brinde protección a los trabajadores. Numerosos compañeros han venido perdiendo dedos y manos porque las bandas no tienen mallas y los malacates están averiados.

La oficina de Antioquia del Ministerio de Trabajo mandó tomar placas de rayos X para verificar el estado de los pulmones de los mineros, pero jamás nos enteramos del resultado de estas pruebas. Supimos, sin embargo, que en la compañía reposan exámenes de laboratorio que confirman que entre los compañeros se han presentado síntomas de antracosis, una enfermedad que es causada por el polvo del carbón.”

Como cualquier fariseo, y repitiendo las mismas muecas de pesadumbre de la tragedia anterior, Industrial Hullera difundió en la prensa oligárquica burdas lamentaciones. Sin el menor asomo de recato, el gerente dijo que la muerte de los cinco mineros “trastornó el normal funcionamiento de la compañía, y el personal directivo nuestro se frustró un poco” 1.

La esposa de uno de los hombres que cayó el 7 de noviembre, revive con ira las horas de la desgracia, cuando los administradores querían obligar a los otros turnos de los proletarios a entrar a las galerías a trabajar. En ese instante no se había rescatado uno solo de los cadáveres. Los explotados, con su sangre hirviendo por la afrentosa propuesta, contestaron al unísono: “Allá en el socavón, bajo las rocas, no hay un perro sino seres humanos, y no volveremos al tajo hasta no rescatar sus cuerpos”. Más adelante, cuando los asalariados se negaron a laborar hasta que se tomaran unas mínimas medidas de seguridad, la compañía suspendió los pagos de los jornales ya devengados. “Industrial Hullera se convirtió para la clase obrera en un campo de concentración en el que mueren, por un sí o por un no, los mineros, bajo la dictadura de su administración”, señala con enojo uno de los excavadores.

“Volveremos al combate”
Además de los 400 obreros que bajan todos los días a las profundidades de El Silencio y Villa Diana, en la región de Amagá existen unos dos mil hombres que viven de extraer el carbón y que cumplen agotadores esfuerzos, en extensas jornadas, con menguados salarios y en aterradoras y rudimentarias condiciones de trabajo. La miseria en la que se mueven estos colombianos es tal, y su aspecto es tan denigrante, que las gentes los llaman “gurreros”, especies de topos que abundan en las hondonadas de estas montañas de la Cordillera Central.

“Estos esclavos, explican en el Sindicato de la Industria Minera de Antioquia, no gozan de prestaciones sociales, no reciben overoles, botas, ni casco y jamás han sabido lo que es un autorrescatador o metanómetro”. Y luego añaden los dirigentes proletarios: pero vamos a ir de pueblo en pueblo, de yacimiento en yacimiento, agitando la necesidad de que los trabajadores se organicen y luchen en un solo sindicato”.

“No será la primera vez que nos unamos ni la última en que libremos un combate. Y así como realizamos las huelgas victoriosas de 1968 y de 1977, la primera durante 45 días y la segunda a lo largo de 53, con el respaldo y la orientación del MOIR y de nuestro camarada Francisco Mosquera, con la solidaridad material y política de los campesinos y de la región, asimismo proseguiremos en la batalla para borrar de la faz de Colombia, al lado de nuestros hermanos, todas las iniquidades y las injusticias que se cometen contra el proletariado y el pueblo”, termina diciendo el compañero Hernán Taborda.

Los obreros caídos
Norberto Muriel Acevedo, Manuel de Jesús Restrepo, Darío Rivera Herrera, Audo Maro Pérez, Luis Eduardo Ángel Sánchez.

Nota
1. Declaración del gerente de Industrial Hullera, publicada en El Mundo, el 2 de diciembre de 1981.

EL FUP SÍ HA SALIDO A LAS PLAZAS

Durante las últimas semanas de 1981, Consuelo de Montejo presidió nutridas manifestaciones en Cali, Medellín, Manizales, Pasto, Ipiales, Taminango, Aguachica, Puerto Boyacá, Zipaquirá, Repelón y Espinal. Asimismo, la candidata del Frente por la Unidad del Pueblo, recibió el apoyo de Luis Arturo García, dirigente del liberalismo independiente de Risaralda, y en Calarcá, Buga y Palmira fue objeto de multitudinarios actos en su honor. “Sí, Colombia desea ser patria libre y soberana” – afirmó Consuelo de Montejo en Cali, “tiene que manejarse por sí misma. Por eso, lo primero que necesitamos es una izquierda verdaderamente independiente del imperialismo norteamericano y del socialimperialismo soviético”.

ASPECTOS DE LA CAMPAÑA DE CONSUELO

Homenaje a la juventud

El 3 de diciembre, en el Salón Boyacá del Capitolio Nacional, cerca de un millar de jóvenes militantes del Frente por la Unidad del Pueblo rindieron un caluroso homenaje a Consuelo de Montejo. El acto estuvo presidido por la candidata del FUP, Germán Pérez Ariza, Álvaro Bernal Segura, Carlos Valverde y Marcelo Torres; intervinieron Aníbal Barros, de la Juventud Patriótica; Humberto Serna, de las Juventudes del MIL, y Jaime Gómez, de las Juventudes de Anapo Revolucionaria.

COMUNICADO CONJUNTO

Con ocasión de la celebración del 53° aniversario de 1p fundación del Partido Comunista del Perú, una delegación del Comité Ejecutivo Central del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) de Colombia, encabezada por su Secretario General, el camarada Francisco Mosquera, ha visitado el Perú.

Durante su estadía esta delegación sostuvo cordiales y fructíferas conversaciones con una similar del Comité Central del Partido Comunista del Perú, dirigida por su Secretario General, el camarada Alberto Moreno.

La delegación colombiana explicó cómo la crisis de la sociedad neocolonial y semifeudal de Colombia ha llegado a un punto supremamente agudo, sin precedentes en la historia de la nación. La extorsión de los monopolios extranjeros, principalmente norteamericanos, y los privilegios de la gran burguesía financiera y de los demás sectores parasitarios y antinacionales han terminado por estrangular la producción nacional, que atraviesa por un calamitoso proceso de quiebras y de retroceso en todas sus ramas. Esta situación golpea duramente a las masas populares. Aumenta el desempleo, crece el costo de vida y se agudiza el hambre. Las minorías dominantes, en un vano intento por mantener el control, combinan el reformismo con la más violenta represión contra el pueblo. Y el revisionismo prosoviético, en su afán por abrirles paso a sus amos socialimperialistas, busca un entendimiento con la reacción oficial tendiente a establecer una artificiosa armonía y una supuesta paz entre opresores y oprimidos. Por su lado, las clases revolucionarias, con el proletariado a la cabeza, resisten a la represión gubernamental, reagrupan sus fuerzas, libran la batalla ideológica y política contra los demagogos y oportunistas y se preparan para pasar a la ofensiva dentro de la coyuntura prevaleciente. El MOIR se encuentra a la vanguardia de estas luchas, en alianza con el resto de partidos revolucionarios que conforman el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP). En tales condiciones, la revolución colombiana seguirá avanzando inevitablemente, y Colombia saldrá de la oscura noche por la que atraviesa y conquistará una aurora brillante.

En este punto, el camarada Alberto Moreno, en representación del PC del Perú, manifestó su aprecio por el desarrollo de las luchas populares en Colombia y por los avances del MOIR y del FUP.

La delegación peruana informó del desarrollo creciente de las luchas y de los avances organizativos del pueblo peruano, en la perspectiva del logro de la democracia popular y del socialismo. Las luchas populares obligaron el retiro de los militares a sus cuarteles, luego de doce años de dictadura. Restituido el régimen parlamentario, ha asumido el gobierno el partido derechista Acción Popular que, aliado al Partido Popular Cristiano, viene desarrollando una política entreguista, antidemocrática y antipopular, favorable al imperialismo, principalmente norteamericano; que viene tomando los visos de una dictadura civil, en su afán de descargar el peso de la crisis sobre los hombros del pueblo. Fuerzas ultraderechistas y anarquistas han efectuado una serie de acciones terroristas, que sirven objetivamente a la reacción; y bajo el pretexto de combatirlas, el gobierno ha lanzado una campaña represiva contra la izquierda y el pueblo. El PC del Perú, conjuntamente con otras fuerzas, ha constituido la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR), que a su vez es parte de Izquierda Unida, la cual levanta las banderas de la soberanía nacional, la democracia y el bienestar popular, y una política de independencia y no alineamiento. El fortalecimiento de Izquierda Unida, que el PC del Perú propugna, pasa por el combate tenaz al revisionismo y otras corrientes reformistas que pugnan por hegemonizarla y arrastrarla tras sus propias alternativas. Los comunistas peruanos trabajan por hacer del PC del Perú un partido revolucionario, capaz de asumir con éxito sus tareas históricas

En este punto, el camarada Francisco Mosquera expresó el respaldo fraterno del MOIR y del pueblo colombiano a las luchas que por la liberación nacional, la democracia popular y el socialismo libra el pueblo peruano, bajo la dirección del UNIR y del partido Comunista del Perú (Patria Roja).

Las dos delegaciones dieron a conocer sus opiniones sobre la situación mundial y la del movimiento comunista internacional. Manifestaron su condena a la política hegemonista y de guerra de ambas superpotencias, tanto de los EE.UU, principal opresor de los pueblos de nuestro continente, como de la URSS, fuente principal de la guerra mundial y el más peligroso de los enemigos del pueblo del mundo; y al nefasto papel que cumplen los regímenes de Cuba y Vietnam como agentes al servicios socialimperialista en el mundo. Expresaron, además, su disposición a seguir impulsando la formación de un gran frente único internacional de todos los pueblos, naciones y países en contra de las dos superpotencias y como un instrumento de defensa de la paz mundial. Coincidieron, también en alertar a los pueblos de América Latina para que sus luchas por la independencia nacional no terminen siendo aprovechadas por el socialimperialismo y sus agentes, que pretenden apoderarse de las naciones que combaten por liberarse del yugo del imperialismo norteamericano, como ocurre en Centroamérica, el Caribe y otras áreas del mundo.

Ambas delegaciones manifestaron su solidaridad con los países, naciones y pueblos victimas de las superpotencias y reaccionarios, y comprometieron su apoyo activo a El Salvador, Afganistán, Kampuchea, Palestina, el Sur de África, Polonia y otros pueblos que luchan por la autodeterminación e independencia nacionales.

Las dos delegaciones recalcaron que el apoyo recíproco entre los dos pueblos y entre los dos partidos será un factor importante para las revoluciones de Perú y de Colombia.

Finalmente, ambos partidos ratificaron sus deseos de fortalecer sus relaciones y de desarrollarlas sobre la base ideológica común, el marxismo-leninismo pensamiento Mao Tsetung, y el internacionalismo proletario.

Lima, 7 de octubre de 1982
Por el Partido Comunista del Perú
ALBERTO MORENO
Secretario General
Por el MOIR
FRANCISCO MOSQUERA
Secretario General.

RELACIONES FRATERNALES DEL PC DEL PERÚ Y EL MOIR

Durante su visita al Perú, efectuada en octubre del año pasado, el secretario general del MOIR concurrió a los actos conmemorativos del 53 aniversario de la fundación del Partido Comunista del hermano país, y adelantó con los camaradas peruanos fructífero intercambio de puntos de vista respecto a las fraternas relaciones entre nuestros pueblos y partidos. Damos publicidad a las intervenciones de los compañeros Francisco Mosquera y Rolando Breña Pantoja durante el mitin llevado a cabo en el Auditórium del Centro Cívico de la Ciudad de Lima.

Asimismo reproducimos el Comunicado Conjunto del PC del Perú y el MOIR, suscrito en aquella oportunidad por los máximos dirigentes de las dos organizaciones revolucionarias.

El camarada Mosquera se desplazó a Cusco, la antigua capital de los Incas, en donde fue recibido por compañeros de la localidad, que lo guiaron por las ruinas arqueológicas y demás sitios de interés histórico. Igualmente visitó la ciudad de Machu Picchu en compañía del camarada Alberto Moreno, secretario general del P.C. del Perú.

En Lima, el dirigente del MOIR participó de diversas actividades de carácter cultural, como la concurrencia a presentaciones de danzas y música folclóricas del vecino país. También platicó con intelectuales e investigadores acerca de temas históricos y de la cuestión agraria del Perú. En suma, la visita de Mosquera sirvió para profundizar en el mutuo conocimiento de los similares problemas de las dos naciones y para consolidar las relaciones fraternas entre el MOIR y el P.C. del Perú.

Palabras de Mosquera: «AFRONTAMOS ENEMIGOS COMUNES Y NUESTROS DESTINOS SE CONFUNDEN»

Queridos camaradas y amigos:

La fundación del Partido Comunista fue un gran acontecimiento en la historia del Perú. Desde los primeros esfuerzos visionarios del inolvidable Amauta, hasta los más recientes de las nuevas generaciones por construir el partido del proletariado, se ha generado una corriente revolucionaria que marcha a través de inenarrables sacrificios y considerables obstáculos, pero que está llamada a transformar el Perú en un país próspero, libre y respetable.

Sobra agregar mi más intima convicción de que ustedes lograrán cuanto se propongan. No obstante el poder de los opresores y las innumerables dificultades que los aguardan en el empinado ascenso, ustedes obtendrán el triunfo. Porque los camaradas peruanos saben, como señala Mariátegui, “que la revolución no es calco ni copia, es creación heroica”; y además porque se apoyan fundamentalmente en sus propios esfuerzos, cultivan las tradiciones revolucionarias de su pueblo, se colocan siempre al frente de las luchas de las masas, se guían por el marxismo-leninismo pensamiento Mao Tsetung y practican lealmente el internacionalismo proletario.

El pueblo colombiano y el pueblo peruano se hallan estrechamente vinculados por múltiples razones. Poblamos parte considerable de los Andes en un Hemisferio en donde se han dado cita las más variadas razas y culturas. Nuestras historias, a pesar de las respectivas particularidades nacionales, se asemejan enormemente. Creamos nuestras naciones y pasamos a la vida republicana en lucha contra el colonialismo español a comienzos del siglo pasado. Hemos encarado problemas muy parecidos tras el empeño de preservar nuestras libertades y avanzar en el desarrollo económico. Hoy afrontamos también unos mismos enemigos. El imperialismo norteamericano, basándose en los sectores más retardatarios y antipopulares, ha saqueado inclementemente nuestros recursos naturales y el trabajo del pueblo. La expoliación imperialista ha hecho que nuestros desvelos por progresar contribuyan más a enriquecer los monopolios extranjeros, que a salir del atraso en que nos debatimos desde tiempos ignotos. Los combates de las masas populares por sus elementales derechos son reprimidos violentamente, no obstante que los gobiernos apátridas que nos han agobiado posan de democráticos y de defensores de los intereses de las mayorías laboriosas. Todos estos nexos geográficos, históricos y políticos acercan a nuestros pueblos y hacen que sus destinos se confundan.

A nuestros partidos los une igualmente la batalla contra otro enemigo desalmado que amenaza seriamente nuestro porvenir, el socialimperialismo soviético y sus agentes, particularmente el régimen de Cuba que actúa de cipayo del Kremlin no sólo en América Latina sino en los otros continentes del Tercer Mundo. Los socialimperialistas hacen frenéticos intentos por suplantar a Estados Unidos en su labor de opresor y gendarme del universo. En Centroamérica tratan de aprovecharse de la lucha aguerrida de nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos contra la sojuzgación norteamericana para hincar sus dientes en esa martirizada región. Lo mismo obran en el África, donde mantienen tropas mercenarias de ocupación en Angola, Etiopía y otros países. En Afganistán, con un ejército invasor de 80.000 efectivos, adelantan una guerra colonialista de exterminio contra el pueblo afgano. Otra similar campaña de agresión llevan a cabo en Indochina contra los pueblos de Kampuchea y Lao, a través de cientos de miles de unidades vietnamitas, sus mercenarios asiáticos. Y así, los nuevos zares rusos se han convertido en el principal foco de conflagración del orbe y en un grave peligro para todos los pueblos del Planeta. La interpretación harto coincidente acerca de esta importante cuestión de la situación mundial también coloca a nuestros dos partidos en una misma trinchera de combate.

El MOIR viene esmerándose por estrechar los lazos de amistad con los partidos revolucionarios de América Latina. En varias ocasiones camaradas del Partido Comunista “Patria Roja” del Perú han visitado a Colombia, lo cual ha redundado en conocernos mutuamente y comprobar cuantas cosas tenemos en común y en cuanto nos podemos ayudar recíprocamente en la empresa por conseguir la plena liberación nacional e instaurar una auténtica democracia popular en marcha al socialismo. Mi viaje al Perú, como el de los otros camaradas del MOIR en el reciente pasado, ha servido a los mismos propósitos.

De mi parte sabré decirles a los militantes del MOIR que si desean sentir el calor de la fraternidad proletaria que breguen por conocer a los camaradas del Perú; y si desean reafirmar el fervor por la causa de los oprimidos de América que vengan a la patria de Túpac Amaru, de José Carlos Mariátegui y de Alberto Moreno.

Muchas gracias.

EDITORIAL: LA TRASCENDENCIA DE LA OSADÍA POLACA

Como era en la edad de too de la tenebrosa autocracia zarista y evocando las peores horas de su atormentada historia, Polonia padece en la actualidad la sevicia de sus verdugos modernos, los sicarios pro soviéticos del régimen fantoche. Y como siempre, el pueblo polaco, con sus impresionantes demostraciones de rebeldía y heroísmo, se ha hecho digno merecedor del apoyo de los revolucionarios del globo entero. Al filo de la medianoche del sábado 12 de diciembre, el gobierno de Varsovia usurpado por los militares, implantó la ley marcial y adoptó una runfla de medidas represivas, aplicando al pie de la letra los dictados de Moscú que desde tiempo atrás exigía mano de hierro contra la indisciplina social y los reclamos democráticos de los obreros. Con el objeto de aterrorizar a la ciudadanía para luego reducirla, los decretos de emergencia van desde la ilegalización de las organizaciones gremiales y el arresto para los instigadores de disturbios, hasta el anuncio de pena capital contra quienes promuevan el cese de la producción en sectores vitales. En las cárceles han parado decenas de miles de personas, entre las que se cuentan numerosos dirigentes del Sindicato Solidaridad, prohombres de viejas administraciones destituidas y no pocos miembros del Partido Obrero Unificado Polaco. La militarización fue total. Las tropas han allanado las factorías, los tanques han patrullado las calles de las ciudades y el acribillamiento de los insumisos no se ha dejado esperar. Se les interrumpió el servicio telefónico a los particulares, se silenciaron los despachos de la prensa no oficial y por la televisión aparecieron uniformados en lugar de los periodistas habituales. En fin, Polonia ha sido sitiada, incomunicada y mancillada.

Imposible predecir el rumbo concreto que tomarán en el inmediato futuro los acontecimientos en aquel clave país de la Europa Central-Oriental, con más de 35 millones de moradores. Empero, por las hondas raíces de su desbarajuste económico, por el calado y la magnitud del combate popular, por su ubicación geográfica, por el punto de ebullición a que han llegado las discordias mundiales, particularmente la disputa de las dos superpotencias, el detonante polaco está y seguirá allí, en medio de la leonera, listo a contribuir al desencadenamiento del estallido general. Lo que se ha incubado durante años, con la participación decidida de millones de gentes y como fruto de la convergencia de múltiples factores, no será extinguido con los mandamientos sanguinarios de un ucase, o de varios. Pese a la fulminante maniobra de los esbirros y al inevitable desconcierto que para cualquier contingente ocasiona el verse de pronto privado de su máxima comandancia, las erguidas y valerosas respuestas de los trabajadores han repercutido en el ámbito universal.

Las cosas no marchan tan viento en popa para los guardianes del orden, cuando el Kremlin, no obstante sus cínicos pronunciamientos en pro de la no intervención foránea, ha reiterado a sus títeres la promesa de socorro militar, sin excluir obviamente una campaña de ocupación, si la resistencia contra la tiranía establecida coloca en peligro el corto reinado del general Jaruzelski. Desde luego habrá cambios en las formas de lucha y de funcionamiento de los fortines insubordinados, los cuales ya no podrán conspirar a plena luz del día, sostener y coordinar fácilmente las huelgas, o efectuar esos magníficos despliegues multitudinarios que estropearon la reputación de la burocracia lacaya. La clase obrera deberá amoldarse a las nuevas circunstancias y reagrupar sus efectivos disgregados violentamente. Lo que al principio el movimiento pierda en locomoción y envergadura lo ganará en profundidad y dureza, puesto que el enemigo, al haberse destapado tal cual, mostró los intolerables designios de imponer su despótica voluntad, aun a costa del degüello de todos los polacos.

De otro lado, las resonancias internacionales de los sucesos recientes de esta nación enganchada a la coyunda soviética se palpan no sólo en las declaraciones de condena emitidas por los Estados de Occidente, que se acompañan con severas advertencias a los mandatarios rusos para que se abstengan de invadir como a Checoslovaquia en 1968, sino en la contagiosa simpatía que despiertan las proezas polacas entre los pueblos de las diversas latitudes. A Moscú y a Washington, las capitales de las dos más poderosas metrópolis de la Tierra, les preocupa vivamente el desenlace de la crisis, a la que siguen y cuidan de cerca, dentro de una encendida controversia de mutuas recriminaciones y amenazas. A la primera, porque la salida del corral del díscolo vecino configuraría un patrón sumamente pernicioso para el resto de sus vasallos coloniales y asestaría un recio golpe a sus sueños de gendarme del universo. A la segunda, porque los desarreglos y conmociones en la vasta retaguardia de su mortal contrincante le permiten recuperar cierta iniciativa, después de que éste le ha substraído consecutivamente, en el transcurso de algo más de un lustro, considerables porciones de Asia, África y América Latina.

Rusia no asistirá con los brazos cruzados a la reducción de su área de influencia cuando de lo que se trata es de incrementarla, Brezhnev, a semejanza de Hitler en 1939, también está dispuesto a tentar los dioses de la guerra por Polonia, más no para conquistarla, para conservarla. Y Reagan, que ha dejado suficientes constancias de su ánimo belicoso y al que lo saetean los aprietos por doquier, no desaprovechará la oportunidad de procurar recomponer los deteriorados negocios norteamericanos en otras partes, verbigracia Centroamérica, recurriendo asimismo al fuego y a la intimidación. Por donde se mire, el conflicto tiende a propagarse entre el otrora prepotente imperio yanqui, que hoy se bate en retirada para mantener sus viejas potestades, y los redivivos zares del Kremlin que, tras sus ambiciones de hegemonía mundial, pasaron a la ofensiva asumiendo el papel clásico del agresor.

A los pueblos de todas las nacionalidades el crudo invierno polaco les trae una fresca evidencia de la catadura imperialista de la Unión Soviética y de la lamentable condición de los países sometidos a su arbitrio. Aunque los revisionistas rusos y sus acólitos en el exterior achaquen los desórdenes encabezados por los partidarios de Solidaridad a las intrigas de Occidente y el caos económico a la ineptitud de algunos ex funcionarios, la situación ha alcanzado visos tales de gravedad para que sus genuinas causas puedan ser soslayadas con la quema de propaganda barata. Antes que nada, la postración de Polonia origínase en los descalabros de una economía en franco retroceso, que, además de encontrarse escandalosamente endeudada en alrededor de 30.000 millones de dólares, se exhibe incapaz de proveer a la población de los medios elementales de subsistencia. La escasez, la carestía y el racionamiento, que fueron el pan de cada día durante el último decenio, precipitan torrentes de indignación popular que con frecuencia los órganos represivos sofocan de manera vandálica.

La inestabilidad en el mando, consecuencia de lo anterior constituye otra peculiaridad muy típica de este período. Gomulka abandona el Poder luego de los cruentos choques que les costaron la vida a 45 proletarios del puerto de Gdansk en los inicios de los años sesentas. Gierek intenta combinar el garrote con la persuasión, y su gobierno se desploma sacudido por las movilizaciones y los paros obreros. Kania propicia un desesperado entendimiento con los sindicatos, pero el antagonismo entre la masa laboriosa y el régimen ya no permite conciliar las dos posiciones, y tuvo que ceder el puesto a Jaruzelski, el comisionado de soltar los mastines del fascismo.

Sin embargo, el trasfondo de semejante cuadro de bancarrota y de terror habrá que indagarlo en los desastres de la sojuzgación soviética. Los polacos, al igual que los colombianos, laboran para la opulencia de un amo extranjero y no para su propio bienestar. La variante estriba en que sus esquilmadores se enmascaran de “socialistas” y de adalides del “internacionalismo proletario”, con lo cual buscan embaucar y eludir las iras de los obreros del mundo.

¿Mas qué clase de socialismo es aquel en que la planificación estatal y las prioridades del desarrollo se determinan por las conveniencias de otro Estado más pudiente; o en que la conformación de alianzas o bloques económicos y militares se erige sobre la base de la “soberanía limitada” del país pequeño, según lo demandan sin tapujos las autoridades rusas para su comunidad de naciones cautivas? Ninguna atracción, ningún entusiasmo provocará entre los desposeídos del plantea ese modelo de sociedad, la metástasis polaca, que en lugar de suprimir las lacras del coloniaje capitalista, al cabo de treinta y tantos años de existencia las reproduce fatalmente en la anarquía y el enturbamiento de la industria, el retraso de la agricultura, las abultadísimas cifras de la deuda pública, el desfogue de la inflación, los fundados rumores de la corrupción administrativa y, especialmente, en los métodos antinacionalistas y antidemocráticos para resolver las contradicciones internas y aplastar a los forjadores de la riqueza. Dichos males se parecen demasiado al drama de las débiles repúblicas del Tercer Mundo víctimas de los vetustos imperialismos, para ser presentados cual un anticipo del venturoso porvenir que le espera a la humanidad emancipada de las pesadillas de la explotación.

Resulta impostergable, entonces, señalar los motivos del retorno de Polonia al pantanero, mucho después de derrotar las hordas nazis en 1945, instaurar un gobierno de ascendencia popular y encaminarse hacia la materialización de las metas de la revolución proletaria, entre otras cosas porque la burguesía occidental divulga la versión de que las predicciones de Marx fallaron, y gracias a ello ya no ejercen satánico magnetismo sobre las muchedumbres indigentes. Si los rendimientos de la organización social de los trabajadores son substancialmente mejores que el peor perjuicio del capitalismo, sobran la más leve acerbía en la polémica, la lucha de clases y los costos de una transformación radical de lo existente. Dediquémonos más bien a limar los aspectos negativos, evitar las injusticias, barrer los excesos y desmanes del sistema que, pese a levantarse sobre el trabajador asalariado, o la esclavitud del “hombre libre”, nadie ha intentado bajo el sol otro edén ni siquiera mencionable. Así discurren, farisaicamente, los representantes políticos tradicionales de los explotadores, denomínense liberales, conservadores, socialdemócratas, etc., favorecidos con el alevoso comportamiento de los soviéticos y sus secuaces.

Pero el socialismo no ha fracasado; lo han traicionado, que es muy distinto. Desde los redactores del Manifiesto comunista hasta el artífice de la Revolución Cultural Proletaria de China, pasando por el fundador de bolchevismo, los guías magistrales del movimiento obrero han advertido que en la sociedad socialista, al constituir únicamente una etapa de transición haciendo la abolición de las clases y de las desigualdades nacionales, todavía continúa la implacable pugna entre las obsoletas facciones desprovistas del Poder y las fuerzas avanzadas que lo han obtenido; y por ende perdura el peligro del restablecimiento de los privilegios del pasado, a cargo de los enemigos abiertos y encubiertos, nativos y extranjeros, de dentro y fuera del aparato gubernamental. Durante un trayecto harto prolongado no se sabrá quién vencerá a quién. El proletariado ha de persistir en su dictadura, blandiendo los instrumentos propios de la contienda política; democracia, plena democracia para las masas trabajadoras y sus aliados, anulación de todo derecho para la oligarquía y la reacción en general, aplastamiento de las actividades contrarrevolucionarias, respeto por la soberanía y autodeterminación de las naciones. ¿Se puede afirmar a priori que un Estado obrero no actuará al contrario, o no caerá en manos de elementos restauradores, es decir, que en vez de darle garantías al pueblo se las otorgue a minorías parasitarias, y se convierta a nivel internacional, ya en una colonia expoliada, ya en imperio expoliador? ¿Con base en qué fundamentos teóricos o experiencias prácticas se negaría absolutamente tal eventualidad? ¿Con el criterio de que la historia marchará siempre hacía adelante y nunca dé pie atrás? ¿Con la ingenua creencia de que los obreros cuando aferran el timón de un país se inmunizan contra los intentos revanchistas y regeneradores de sus adversarios? Al revés, la lección de los siglos refiere que aunque las corrientes revolucionarias terminan primando a la larga, a menudo transcurren por confusos y convulsos interregnos de reflujos y resacas. Una de las más rotundas discrepancias del marxismo-leninismo con los revisionistas contemporáneos, consiste precisamente en que estos no alteran, ni reconocen, ni siquiera mientan la posibilidad de la restauración burguesa bajo el socialismo. Para los rusos sería tanto como reconocer sus fechorías y recabar su misma destrucción, actitud que no van a asumir jamás.

Pues bien, Polonia con su deprimente y frustrante espectáculo, compendia uno de esos fenómenos de involución social de común ocurrencia. Sus ansias de progreso tropiezan con la distribución discriminatoria de tareas y prioridades diseñadas por el CAME, el convenio económico impuesto a los países satélites de la Unión Soviética, de modo análogo como en las centurias precedentes el descuartizamiento del territorio y la supervivencia de los estamentos más retardatarios de su aristocracia feudal, debidos entonces a la sojuzgación de las potencias colindantes, asfixiaron su empuje productivo y la relegaron al atraso. Los grilletes de la dominación foránea vuelven a ser causantes de la penuria material. Su pueblo se halla al margen de los organismos estatales y de nuevo han sido encumbrados los círculos menos representativos y más holgazanes de su colectividad. La democracia pertenece otra vez a estos, mientras las medidas punitivas llueven sobre sus obreros, a quienes se les prohíbe la huelga, la organización y el ejercicio de los demás derechos. Sus gobiernos nacen y mueren a los bramidos del Kremlin, y su suelo hendido por las divisiones del irónicamente bautizado Pacto de Varsovia, se torna en zona de seguridad nacional para los hegemonistas soviéticos, a los que enceguecen las manifestaciones de patriotismo de los miles de afiliados a Solidaridad. Sí, es del Oriente por donde regresó el déspota, la Santa Rusia en la era del socialismo, a reencadenar la miseria polonesa a los caprichos inapelables del que era también principal baluarte de la reacción europea y mundial.

Las desfiguraciones del régimen de Polonia corresponden exactamente a las deformidades de los renegados del comunismo de los Soviets, que desde Krushchev acá han atrapado en sus redes y puesto en servidumbre a las naciones que se atreven a acercárseles sin tomar las precauciones del caso. Los dirigentes de países como Cuba y Viet Nam, a punta de actuar de testaferros de Angola, Indochina, o en cualquier otra parte de la arena internacional adonde los arrastra la codicia de sus señores moscovitas, enlodaron los emblemas con que no ha mucho enardecían a las multitudes soliviantadas y han concluido pasándoles a sus respectivos conciudadanos las cuentas de cobro por las hazañas embusteras. Recordemos con el marxismo la máxima de que un pueblo que oprime a otro no es libre; y si lo fue dejó de serlo, porque ensamblar ejércitos de asalto, transportarlos y sostener guerras de ocupación consume inmensos recursos que se sufragan con gravámenes abultados, excesivas jornadas, descuido de ramas industriales, desequilibrio del mercado, sacrificios sin cuento y, finalmente, con mordaza y látigo, imprescindibles para prevenir la inconformidad. Poco o nada influye que el Estado en cuestión se moteje de democrático-popular o de socialista; igual se desgasta políticamente, concitando sobre sí la malquerencia de sus subalternos y el recelo cósmico. Los jerarcas de la URSS, fuera de depravar y sumir el infortunio a las repúblicas condenadas a su protección, labran así mismo su propia desgracia. He ahí la moraleja de su fábula. Navegan en un mar de inextricables condiciones. A cada exabrupto de su conducta socialimperialista, suenan más repulsivos sus juramentos de benefactores de la especie. Claman por la “distensión” pero siguen extendiendo sus tentáculos tras lo que no les pertenece. En Polonia exigen la masacre para no invadir y en Afganistán invaden para masacrar; y detrás de cada una de semejantes tropelías se encuentra, sin falta, la solicitud de una marioneta suya requiriendo la “cooperación internacionalista”. Cuando los cogen con las manos en la masa, en flagrante delito de colonialismo, se salen frescamente acusando a sus críticos de “bandidos contrarrevolucionarios”. Creen que engañan, más sólo hacen el hazmerreír y se aíslan progresivamente.

Por ello reiteramos que tales procedimientos y digresiones no se compadecen ni con los postulados ni con los intereses de la causa obrera. Ninguna identidad guardan con las premisas fundamentales del socialismo que proscribe la más pasajera explotación entre las personas y entre las naciones. La única forma de sacar indemne esta verdad de la prueba histórica que afronta será proclamando a los cuatro vientos y sin balbuceos la felonía y la farsa soviéticas. ¿Cómo es eso de que un país socialista considere espacios ajenos cual “zonas de seguridad” de su exclusiva incumbencia en donde se abrogue el derecho tiránico o el deber “revolucionario” de dictaminar el tipo de gobierno que conviene a los habitantes del lugar, los mecanismos con que han de dirimir las disensiones domésticas, o hasta dónde han de llegar las reformas? ¿Las imposiciones de los amos del Kremlin al pueblo polaco no son acaso un calco vulgar de las consabidas injerencias de los Estados Unidos en sus neocolonias?

Si con el pretexto de “mi zona” se bendice la entronización de Jaruzelski, ¿con qué cara se estigmatiza la ascensión de los espoliques norteamericanos marca Pinochet? A los imperialistas siempre les ha parecido una transgresión inaudita de las normas de convivencia la menor intriga de las metrópolis competidoras dentro de sus esferas de dominio, mientras califican sus propias intromisiones de dispensas naturales y legítimas. Los social imperialistas modernos obran idénticamente. Según la cólera de Reagan, las maniobras de Brezhnev por adueñarse del Caribe patentizan una infracción inconcebible del principio de no intervención, mas no lo son la presencia en El Salvador de unidades del ejército estadinense que asesoran a los genocidas de la Junta Militar. Y viceversa, para Brezhnev son inadmisibles y atentatorias de la paz mundial las baladronadas de Washington y las plegarias de Roma con que Occidente calcula sacar tajada de la fascistización de Polonia, pero le parece un honroso aporte a la armonía universal su manipuleo del gobierno de Varsovia en la noche de los cuchillos largos del 12 de diciembre. A los defensores del movimiento comunista, tan vil e hipócritamente escarnecido por el revisionismo contemporáneo, les compete precisar que no se acogen a ninguno de los dos alegatos expuestos, los cuales, no obstante la acrimonia y la desemejanza formal, no expresan más que los agudos altercados entre ambas superpotencias por el control del orbe. La opinión esencialmente contrapuesta, la que vela por el destino promisorio de los trabajadores de todos los continentes y permanece fiel a las enseñanzas imperecederas del marxismo-leninismo, parte del supuesto de que el derecho de las naciones a la autodeterminación no es una simple formula ritual a la que puedan recurrir los saqueadores para absolver sus crímenes, sino la piedra angular del internacionalismo proletario, así como de toda democracia y de todo socialismo verdaderos. Quien no proteste por la intromisión de un país en los asuntos de otros, tolere la más mínima intimidación u opresión nacional sobre un pueblo, o se comprometa con las agresiones internacionales de determinada república, con las razones que fueren, será un chovinista incorregible, un agente extranjero, un revisionista adocenado, un pobre diablo, lo que sea, pero jamás un demócrata consecuente, ni mucho menos un socialista militante.

Los partidos mamertos a menudo arman algarabía alrededor de la democracia, que prefieren identificar con el término gaseoso de “derechos humanos”, plegándose hasta en eso a la concepción burguesa que tiende a diluir el contenido de clase del problema y a ocultar el aspecto central de qué fuerzas sociales poseen el Poder y, por lo tanto, a quiénes les concede el Estado las garantías y libertades y a quiénes se las niega o escatima. En una dictadura proimperialista como la colombiana, las decisiones las toma la oligarquía conforme a las pautas trazadas por los monopolios norteamericanos y en contra del querer de las abrumadoras mayorías constreñidas, aunque se pregone a voz en cuello que el pueblo es soberano porque sufraga en las elecciones y disfruta de una que otra mentirosa prerrogativa. Algo similar acontece en cualquier república, socialista o no, maniatada por presiones económicas o chantajes de agresión y cuyos actos se aprueban previamente por gabinetes que sesionan a kilómetros de sus fronteras. Bajo un régimen que respira gracias a una invasión militar o a las “ayudas” de otro, las masas laboriosas no tendrán jurisdicción y mando, ni sus pareceres contarán para nada, así la constitución las designe depositarias de la dictadura del proletariado. En un mundo en el que prevalecen aún las diferencias nacionales, el primer requisito de la democracia, no de la burguesa sino de la obrera, no la del papel sino la real, la que empieza por desentrañar la naturaleza clasista del Estado y pugna por la supremacía de los desvalidos sobre los desvalijadores, descansa en la soberanía y la autodeterminación de las naciones, que se entienden como la atribución de cada pueblo a darse el género de gobierno que a bien tenga, sin coacciones de ninguna índole. A este precepto se le adosa otro no menos enjundioso: el que las revoluciones no se exportan, dependen de las condiciones específicas de cada país.

El socialismo habrá terminado su misión en la Tierra cuando desaparezcan las clases y las disparidades nacionales, pero mientras tanto ha de esmerarse en el cabal apuntalamiento de los soportes de la democracia. En lo interno, amplísima participación de las masas populares en las entidades del Estado y en sus ejecutorias, igual en las administrativas que en las de sujeción de las minorías reaccionarias; y en lo externo, escrupuloso acatamiento a la facultad privativa de los pueblos a autodeterminarse soberanamente. La sociedad proletaria que se enruta hacia la eliminación de toda represión política y hacia el derrumbe de las murallas que parcelan a los hombres en naciones, no cristalizará su encargo sino recurriendo a esa represión, pero a través de su hechura más democrática, el gobierno de los trabajadores, y permitiendo que dichas murallas nacionales alcancen su máximo apogeo mediante la prescindencia de la menor coerción entre los países. No hay otro modo de emprender los gloriosos cometidos de la revolución socialista. Nada de esto tiene lugar en Polonia, en donde quienes ponen los presos y los muertos son los operarios de las minas, de los astilleros, de las fábricas; y los acaparadores del Poder proceden exclusivamente de las élites cimeras del Ejército, del Partido y del Ejecutivo, una burocracia podrida cuyos irritantes fueros emanan de su obsecuencia con los socialimperialistas soviéticos. La libertad polaca, florecida sobre la tumba del nazismo tras épicos esfuerzos por reunificar la patria secularmente desmembrada, vuelve a marchitarse ante la rapiña de los actuales depredadores, más ominosos que los antiguos, ya que disponen a su antojo de una concentración, económica y estatal, infinitamente superior a la que conocieron los Romanov. Rusia se ha transmutado en un imperio en expansión, foco primario de la tercera conflagración mundial, que no será sosegado con las aguas lustrales de los apóstoles del apaciguamiento y que a mediados de 1975 atrapó a Angola patrocinando una expedición de mercenarios cubanos; vinieron luego Kampuchea, Lao, Afganistán, y caerán nuevas presas, porque la fiera cebada se hace insaciable. Sólo el alistamiento de la lucha enérgica y mancomunada de los pueblos, de los revolucionarios, de los países no agresores, de los portaestandarte de la coexistencia pacifica internacional, logrará parar a los hegemonistas soviéticos.

La importancia de la resistencia de Polonia radica en que le infunde remozando aliento al gigantesco frente de contención contra el socialimperialismo. Hoy como ayer su gesta se entrelaza con las corrientes más progresistas de la época. Marx y Engels consignaron en el Manifiesto: “Entre los polacos, los comunistas apoyan al partido que ve en la revolución agraria la condición de la libertad nacional”1. Imitándolos, diremos a los 134 años que nosotros también respaldamos, entre aquellos combatientes, a quienes vean la revolución social, en el saneamiento de la superestructura, el rescate de la soberanía conculcada.

Nota
1. Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista. “Obras Escogidas C.Marx. F. Engels”. Editorial Progreso, Moscú, 1973. Tomo I, pág. 139.

Palabras de Breña: «POR UN PERÚ INDEPENDIENTE, DEMOCRÁTICO Y PRÓSPERO»

Fundado por José Carlos Mariategui en octubre de 1928, el Partido Comunista del Perú, celebra hoy su 53° aniversario. En esta oportunidad, el Comité Central del Partido hace llegar a su militancia, simpatizantes, amigos, al conjunto del pueblo peruano, su saludo revolucionario y su convicción inconmovible de continuar inalterable en su puesto de lucha por un Perú democrático, independiente, unificado y próspero, por una patria socialista, aspiración suprema por la que el Amauta aportó su inteligencia, su entusiasmo y su pasión revolucionarias y entregó su energía y su vida.

Siglo y medio de la república es tiempo más que suficiente para constatar la incapacidad de las clases explotadoras que detentaron y detentan en forma ininterrumpida el poder del Estado, y asumir plenamente la lucha por dar al Perú la plenitud de sus derechos como país independiente y soberano, para asegurar su desarrollo económico y el progreso social, y para garantizar al pueblo su potestad a la democracia, el bienestar y la cultura. En lugar de ello, el país continúa sometido a la dominación neocolonial del imperialismo, y su pueblo sujeto a la brutal explotación y opresión de una casta minoritaria y rapaz que ha demostrado, una y otra vez, su fracaso histórico.

El Perú confronta hoy momentos definitorios. Vive un proceso cuyo desenvolvimiento marcará huellas profundas. A la crisis económica que continúa irresuelta se suma la descomposición moral, el desgobierno, la corrupción, el afianzamiento de los círculos más derechistas y anti-democráticos. A la legítima exigencia y lucha del pueblo peruano por sus derechos básicos, las clases reaccionarias representadas por el gobierno accio-pepecista oponen su política represiva; a la voluntad popular por la independencia y la soberanía nacionales, el más brutal entreguismo; a su derecho al pan, al trabajo, al bienestar, el programa hambreador del ulloísmo y su secuela de hambre, desocupación y miseria generalizados; a su aspiración a la cultura y a la educación, la prostitución de los valores nacionales, la enajenación de nuestras tradiciones culturales, el abandono de nuestras escuelas y universidades.

En tales condiciones resulta, pues, perentoria la forja de la unidad más amplia de todos los sectores que de veras se pronuncian por la democracia, por la independencia y la soberanía nacionales, por el bienestar y la elevación cultural y material de las mayorías hoy marginadas y expoliadas. Está de por medio el futuro de millones de peruanos, el destino mismo de nuestra Patria. En esta perspectiva, corresponde a la Izquierda Unida jugar un rol de primer orden, superando sus vacilaciones, su falta de firmeza en la búsqueda de la movilización y la organización independiente de las masas. El Partido Comunista del Perú, destacamento componente del UNIR y la IU, declara su voluntad de trabajar por la unidad popular, convencido de que ésta es una de las garantías para continuar avanzando y para contrarrestar con éxito la ofensiva derechista.

El imperialismo norteamericano y el socialimperialismo no duermen. Tampoco sus agentes internos. La contrarrevolución acecha y presiona exigiendo el aplastamiento del movimiento popular, el golpismo afila sus dientes. El terrorismo y su manipulación gubernamental continúan su labor enfilando sus efectos contra el pueblo y la revolución.

En este contexto, sin renunciar a nuestros fines estratégicos y sin perder de vista el rumbo hacia el socialismo, se hace imprescindible afianzar el combate por la democratización, por el bienestar popular y por la defensa de la soberanía nacional y la independencia. Esta batalla debe ganarla el pueblo.

De otro modo arreciará la ofensiva derechista, se fortalecerán sus círculos más recalcitrantes, y se estrechará el espacio ganado por la izquierda y el pueblo.

EL CUARTELAZO PASO A PASO

AGOSTO

11 Maniobras militares del Pacto de Varsovia alrededor de Polonia. Manifestaciones callejeras en varias ciudades y numerosas huelgas en factorías y enclaves mineros.

12 Solidaridad decreta suspensión de periódicos, la primera en la historia del bloque soviético, para los días 19 y 20.

20 Lech Walesa afirma que “la confrontación es inevitable”. Agrega que “la siguiente confrontación será un choque total” y que “sin soluciones políticas nada puede lograrse”.

26 El líder del Partido Obrero Unificado, POUP, Stanislaw Kania, dice que el régimen jamás concederá el control de los órganos informativos a los trabajadores.

SEPTIEMBRE

5 Comienza el congreso de Solidaridad en Gdansk con la participación de 912 representantes de los diez millones de afiliados.

8 A tiempo que más de 100.000 efectivos soviéticos realizan maniobras en las fronteras polacas, Solidaridad lanza un desafío abierto y sin precedentes a la URSS, al aprobar una resolución que apoya la formación de sindicatos independientes en los demás países de Europa Oriental. Asimismo, el congreso decide implantar sus programas de autonomía obrera en las fábricas, para lo cual propone un referéndum nacional. Otra resolución indica: “No somos ya un sindicato, sino un movimiento social”.

10 Ultimátum del Partido Comunista de la URSS al gobierno polaco. La carta del Kremlin constituye la amenaza más seria del socialimperialismo contra Polonia y una grosera injerencia en sus asuntos internos.

11 La prensa rusa afirma que “resulta difícil contener la indignación al leer como se llevó a cabo el congreso de Gdansk y la atmósfera que reinó allí”.

12 Culminan las maniobras militares soviéticas, que fueron comandadas por el Ministro de Defensa de la URSS, Dimitri Ustinov. Miembros del politburó del POUP sostienen que Solidaridad busca “asumir el Poder”.

13 Walesa dice que “no deseamos tomar el Poder, pero debemos asegurarnos que las autoridades nos sirven. No debemos permitir nunca más que se nos robe y se nos silencie”.

16 El politburó del POUP previene a los trabajadores sobre un posible derramamiento de sangre y declara que impedirá por todos los medios a su alcance que Solidaridad se tome el Poder.

18 Funcionarios soviéticos señalan que Rusia podría intervenir militarmente en Polonia, bien a pedido del gobierno de Varsovia, bien por considerar que este país ha dejado de cumplir con sus obligaciones de aliado.

19 La prensa rusa subraya que la campaña antisoviética de Solidaridad ha llegado “a niveles de histeria” e insta a las autoridades polacas a adoptar medidas radicales para ponerle fin a esa situación.

21 Filiales de Solidaridad rechazan enérgicamente las amenazas soviéticas y pregonan que se trata de “una clara interferencia en los asuntos internos de nuestro país”. Walerian Solinski, miembro del Comité Central del POUP, dice que “el partido debería, de una forma planificada, prepararse para una retirada del Poder por algún tiempo”.

22 En medio de fuerte debate el congreso de Solidaridad acepta una fórmula intermedia para la ley de autogestión obrera en gran parte de las fábricas.
30 La prensa soviética insiste en que el programa aprobado por el congreso sindical es un “manifiesto de una partido político que reclama el liderato de la sociedad y del país”

OCTUBRE

2 Lech Walesa es reelegido como máximo dirigente de Solidaridad, al obtener el 55% de los votos.

4 Ola de protestas en todo el país por el alza en los cigarrillos, el pescado y las frutas. Solidaridad pide una nueva ley electoral que permita la libre escogencia de candidatos para los cargos públicos.

13 Paro de brazos caídos de 22.000 obreros por la falta de víveres. Pravda alega que los problemas de Polonia no son “una cuestión interna”. 12.000 trabajadores de la industria del vestido ocupan varias fábricas.

18 Luego de 14 meses al frente del POUP, Stanislaw Kania es destituido de la Secretaría General. Lo reemplaza el general Wojciech Jaruzelski, quien se desempeña también como Primer Ministro y Ministro de Defensa.

19 Según el gobierno polaco, la mitad de las provincias “está afectada por huelgas, amenazas de huelgas y alertas de huelgas, debido a la escasez de alimentos”. Brezhnev saluda la designación de Jaruzelski con un mensaje en el que afirma: “Conociéndolo a usted como prominente dirigente del partido y el Estado de la fraternal Polonia y como constante promotor de la inviolable amistad entre Polonia y la Unión Soviética, expresamos confianza en que en este crucial momento histórico utilizará todo su gran prestigio para reagrupar las filas del POUP”.

20 Cumple ocho días el paro de las obreras textileras. Cerca de 180.000 trabajadores de la provincia de Zielona Gora anuncian suspensión de la producción.

22 Ceses en 28 de las 49 provincias de Polonia. Disturbios en la ciudad de Wroclaw.

23 El gobierno moviliza el ejército por toda la nación para “evitar desórdenes y supervisar la ejecución de las medidas económicas de emergencia”.

26 Alrededor de medio millón de obreros interrumpen labores en las provincias polacas.

27 Solidaridad realiza una huelga general, la segunda desde cuando comenzó la crisis.

28 Los paros siguen propagándose. Los estudiantes de la escuela de ingeniería de Radom suspenden actividades.

NOVIEMBRE

1 Llegan a su tercera semana las huelgas en las provincias de Zielona Gora, Sosnowiec, Tarnobrzeg y Zyrardow. Walesa declara a un diario brasileño: “Nosotros no desafiamos a nadie y realmente no queremos luchar. Pero si alguien se arriesga estamos dispuestos a pagar el precio. Los soviéticos también tendrán que pagar. No pretendemos derrumbar el gobierno ni el socialismo. Pero si se comprueba que más que errores de administración existe realmente un sabotaje por parte del gobierno, vamos a tener que dar una basta y asumir nosotros mismos la solución de los problemas”.

6 Por vez primera se celebra una reunión tripartita del gobierno, la iglesia católica y Solidaridad para discutir los problemas de Polonia; asisten Jaruzelski, el arzobispo Josef Glemp y Walesa.

30 Fuentes oficiales polacas informan que desde julio de 1980, el POUP perdió 240.000 militantes entre expulsados y retirados voluntariosamente.

DICIEMBRE

2 Destacamentos policiales asaltan la academia de bomberos de Varsovia, cuyos 300 estudiantes se hallaban en huelga de protesta desde el 24 de noviembre.

7 El régimen polaco da a conocer la grabación de una reunión de la dirección de Solidaridad, en la cual Walesa y otros líderes se habían pronunciado por el derrocamiento de las autoridades de Varsovia.

10 La Unión Soviética ataca duramente a la Iglesia polaca y la acusa de promover sentimientos antisoviéticos entre los obreros; al mismo tiempo señala que su seguridad se encuentra en peligro por “los elementos contrarrevolucionarios” de Solidaridad. Walesa precisa: “No queremos un enfrentamiento, pero no podemos retroceder más. No podemos seguir mostrándonos pasivos puesto que ello iría en detrimento del sindicato”.

11 En una reunión de Gdansk, los jefes de Solidaridad proponen un referéndum nacional que defina una nueva forma de gobierno para Polonia, como también las relaciones político-militares con la URSS. De igual modo, la dirección del sindicato confirma la determinación de una jornada nacional de protesta el 17 de diciembre. El proyecto de plebiscito incluye cuatro peguntas: 1. ¿Daría usted un voto de confianza al general Jaruzelski? 2. ¿Aprobaría el establecimiento del gobierno provisional y la celebración de elecciones libres? 3. ¿Daría garantías militares a la URSS en Polonia? 4. ¿Podría el POUP ser instrumento de tales garantías en nombre de toda la sociedad?
12 El general Jaruzelski impone el estado de emergencia y forma un Consejo Militar de Salvación Nacional, el cual ordena el arresto de numerosos ex funcionarios del Partido y del gobierno, como Edward Gierek. La sede central de Solidaridad es allanada por la policía y varios dirigentes quedan bajo arresto.

13 Se rumora la detención de Lech Walesa. El Consejo Militar expide una serie de medidas de excepción con el propósito de someter el movimiento obrero y popular. Entre aquellas, figuran: 1) Fusilamiento de los huelguistas de los sectores decisivos de la producción. 2) Ilegalización de Solidaridad y de las demás organizaciones sindicales. 3) Pena de cinco años de cárcel a quien dirija o promueva la huelga. 4) Suspensión de la prensa no oficial. 5) Prohibición de las reuniones de más de tres personas. 6) El correo, los teléfonos y otras formas de comunicación quedan sujetos a censura. 7) Se prohíbe el ingreso de extranjeros a Polonia. 8) Todo ciudadano mayor de 17 años, sospechoso de actuar contra el régimen, podrá ser internado en campos de prisioneros. 9) Se suspende la venta de gasolina a los vehículos particulares. 10) Autorízase al ejército y a la policía para utilizar la violencia para restaurar la ley y el orden. 11) Se implanta el toque de queda desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana. 12) Todas las comunicaciones con el exterior, son bloqueadas y los servicios públicos y dependencias oficiales militarizados.

14 La agencia Tass aduce que la ley marcial en Polonia es un asunto interno y que Occidente no debe intervenir en la situación polaca. La URSS recibe con beneplácito la declaración de Jaruzelski acerca de la inviolabilidad de la alianza soviético-polaca. Numerosos paros en todo el país, especialmente en las zonas mineras de Silesia, en las fábricas de Varsovia y Cracovia. Los obreros se apoderan de varias plantas. Estados Unidos decide suspender el envío de 200 millones de dólares. Grandes manifestaciones de condenar la tiranía polaca en Milán, La Haya y Berlín Occidental.

15 Se informa de tiroteos en el centro de Varsovia con saldo de varios muertos. La policía desaloja con gas lacrimógeno a los trabajadores, que habían tomado fábricas en Varsovia y Gdansk. Según un boletín de Solidaridad, alrededor de 50.000 personas han sido detenidas en toda la nación. Paro en Lodz y toma de astilleros en Gdansk. La mina de Piats es ocupada por los obreros del carbón. Moscú anuncia que está dispuesta a enviar ayuda militar a Jaruzelski si este no logra liquidar la resistencia obrera, y respalda incondicionalmente el establecimiento de la ley marcial. Los trabajadores lanzan la consigna “Solidaridad con Solidaridad”.

16 Disturbios en varias ciudades. Se habla de nueve muertos, los trabajadores Gdansk amenazan con dinamitar los astilleros de dicho pueblo, si Walesa no es puesto en libertad dentro de 48 horas. Hay más 6.000 dirigentes de Solidaridad arrestados. Parálisis en las principales minas de carbón de la zona de Katowice. El presidente Miterrand condena implantación de la violencia militar en Polonia. Reagan envía mensajes al gobierno polaco advirtiendo sobre graves consecuencias que, a su juicio tendrá la represión del comité militar. En Paris se realiza una gigantesca manifestación de 50.000 personas contra el régimen polaco.

17 Siete mineros muertos y 46 heridos dejan una refriega entre huelguistas y el ejército de Silesia. Paracaidistas asaltan la sede de Solidaridad en Gdansk hiriendo a decenas de personas. Las autoridades confirman la detención de Walesa. Los obispos católicos denuncian la “política de terror” de los militares en un mensaje clandestino. Miles de detenidos son llevados a campos de concentración en los que impera una temperatura de varios grados bajo cero.

18 El Kremlin acusa a Washington de intervenir en la crisis polaca al suspender la ayuda de alimentos que se habían prometido con anterioridad.

19 Las tropas asesinan a 66 mineros en la provincia de Katowice, de acuerdo con un comunicado de Solidaridad. El gobierno asegura que la situación está en “plena normalidad”.

20 Romauld Spasowski, embajador polaco en Washington, solicita asilo político en los Estados Unidos, en señal de repudio contra su gobierno.

21 El papa se pronuncia a favor de la rebelión de los trabajadores polacos. Katowice, 8.000 obreros se toman una acería y conminan con volarla en caso de que el ejército trate de desalojarlos. El Kremlin vocifera que los 100 mineros en huelga en la provincia de Katowice son “criminales políticos”.

22 El régimen informa que sólo han sido siete muertos y que Walesa se encuentra bien. Ceses en las refinerías de petróleo de Gdansk y Ploc. Continúa el paro de los mineros de Ziemovit. 39 marinos polacos están en un puerto de Sudáfrica.

23 Reagan decreta sanciones económicas contra Polonia: 1) Negociación de un crédito del Eximbank. 2) Prohibición de pescar en aguas norteamericanas para los barcos polacos. 3) Suspensión de los privilegios de la población civil polaca en Estados Unidos.

La URSS, alegando los acuerdos de 1945, sostiene que no tolerará cambio alguno dentro de sus esferas de dominación. Los gobiernos de los 10 países del Mercado Común Europeo condenan las violaciones de los derechos democráticos y la represión en Polonia. El embajador polaco en el Japón también deserta.

24 Nueve ciudadanos polacos solicitan asilo en Brasil, seis marinos de una nave pesquera polaca se refugian en Alaska.

25 La violonchelista polaca Cecilia Barczyk se asila en Estados Unidos. En el Japón, 16 marinos polacos deciden regresar a su país.

26 Un boletín clandestino de Solidaridad denuncia torturas contra 300 trabajadores detenidos en Wroclaw. Pravda indica que lo que le provocó la implantación de la ley marcial en Polonia fueron “Los planes contrarrevolucionarios” de los “absurdos sindicatos independientes en un país socialista”.

27 Es evacuada por el ejército la mina de Siemovit, cerca de Katowice; en la acción murieron varios mineros y soldados. Los socavones fueron bloqueados e inundados. Pravda expresa la satisfacción del Kremlin por la forma como Jaruzelski está solucionando la crisis. Persisten las noticias sobre la apertura de campos de concentración. Según un general polaco que desertó en agosto de 1981, los soldados rusos estacionados en Polonia (dos divisiones) visten uniforme polaco para participar en la campaña represiva.

28 Los mineros del Piast suspenden la huelga, iniciada desde el 15 de diciembre. El gobierno reduce sustancialmente las raciones de carne y mantequilla para la población. Son condenados a drásticas penas de prisión varios dirigentes de Solidaridad por haber violado las disposiciones del estado de emergencia.

29 Algunas informaciones indican que Lech Walesa estaría dispuesto a entablar conversaciones con la dictadura militar de Varsovia.
La Casa Blanca anuncia medidas económicas contra la Unión Soviética:
1) Fin de todos los vuelos de línea rusa Aeroflot a los Estados Unidos. 2) No renovación de los acuerdos comerciales de energía, ciencia y tecnología con la URSS. 3) Se cancela la exportación a la URSS de materiales de alta tecnología, en especial los relacionados con las actividades petrolíferas. Miles de obreros son despedidos por negarse a renunciar a Solidaridad. Se revelan numerosos casos de sabotaje en la producción. La tiranía inicia una campaña tendiente a obtener juramentos de lealtad por parte de empleados, funcionarios, intelectuales y estudiantes.
La llamada Internacional Socialista condena en París “el golpe militar en Polonia y la represión brutal de los derechos cívicos.”.

30 El régimen militar cancela las elecciones que debían celebrarse en febrero de 1982. Se asilan en Canadá siete marinos polacos.

31 Margaret Tatcher insta a los jefes de los Estados de la OTAN a seguir a los Estados Unidos en las sanciones a la URSS. Desde la clandestinidad, el único alto dirigente de Solidaridad no detenido, Zbigniew Bujak, formula un llamamiento a las tropas polacas para que se opongan a la ley marcial. Un comunicado de Solidaridad exhorta a los obreros a desarrollar la resistencia pasiva contra el terror oficial. Nuevas condenas a varios líderes de Solidaridad en Lodz, Pila y Czestochowa. Quince marineros polacos se refugian en Panamá y nueve personas más lo hacen en Canadá. Se calcula que en Austria hay más de 14.000 refugiados polacos.

ENERO DE 1982

4 La Comunidad Económica Europea proclama en Bruselas que hubo injerencia de la URSS y exige el gobierno de excepción. El documento denuncia “las graves presiones exteriores y la campaña desarrollada por la URSS y los otros países del Este contra el proceso de renovación en Polonia”.

Polonia paga 450.00 dólares a los bancos de Occidente, cuando los intereses de sólo el cuarto trimestre de 1981, sobre una deuda de 27.000 millones, ascienden a 450 millones de dólares. Moscú replica al gobierno francés por sus declaraciones contra el Consejo Militar.

5 En Washington, Helmut Schmidt respalda las medidas de Estados Unidos contra la Unión Soviética. En una declaración conjunta, Reagan y Schmidt señalan que la represión en Polonia es una violación de los acuerdos de Helsinki de 1975 y culpan a la URSS por los acontecimientos en aquel país. El gobierno polaco afirma que deportará a Occidente a los líderes disidentes presos. Asimismo, se informa que Lech Walesa será trasladado a un monasterio. Solidaridad distribuye panfletos con instrucciones para desarrollar el sabotaje y otras formas de resistencia pasiva contra el régimen.

6 Reagan considera la posibilidad de aplicar a la URSS un embargo comercial total, el cual abarcaría la venta de granos. La deuda de Polonia con Rusia llega a los 4.000 millones de dólares. Moscú concede al gobierno de Varsovia otro crédito de 350 millones de dólares para que éste pueda cumplir los compromisos con los bancos y Estados occidentales. Las autoridades polacas denuncian el acaparamiento de alimentos por parte de los agricultores.

11 En una reunión de emergencia de la OTAN, los países miembros acordaron adoptar medidas contra la URSS y la dictadura militar polaca, de acuerdo con las condiciones y posibilidades de cada nación. Una vez más, los aliados occidentales notificaron a Moscú que una intervención armada en Polonia tendría graves consecuencias políticas y económicas.