EL CERREJÓN: SAQUEO A TAJO ABIERTO

Utilizando todo el poder y dominio que tienen los monopolios norteamericanos sobre nuestro territorio patrio, la Exxon se apoderó, con la anuencia y servilismo de los gobernantes de turno, del yacimiento de carbón más importante de Colombia.

El país entero, por el debate nacional planteado, pudo conocer todas las intimidades del chanchullo llamado por los ministros “el contrato del siglo”, y comprender como éste es profundamente lesivo para los intereses de la nación.

Burla del ejecutivo
El 5 de septiembre del año pasado el gobierno aprobó la declaración de comercialidad del proyecto de carbón de El Cerrejón – zona norte -, en la Guajira. Mediante el sistema de asociación, Carbones de Colombia S.A., Carbocol, empresa comercial e industrial del Estado, e International Colombia Resources Corporation, Interior, subsidiaria de la Exxon, pusieron en marcha el convenio suscrito en diciembre de 1976.

Los economistas del departamento técnico y financiero de Carbocol, Roberto Forero, Liliana Jaramillo y Cecilia de Sierra, recomendaron a la administración, en memorando del 27 de agosto, no aceptar los términos propuestos por Intercor. Señalaron que “declarar comercialidad con la idea de que si el proyecto es bueno para la Exxon es bueno para Carbocol y el país en materia de ingresos de participación, regalías, tarifas, costos de inversión y operación que le corresponden como socio del proyecto y como dueño inicial del recurso natural”. Ante la mofa que hizo el Ejecutivo de los argumentos expuestos por los técnicos, éstos, en actitud patriótica, renunciaron, dando a conocer la entrega de tan importante recurso energético.

Al abrirse el debate en el parlamento, el representante a la Cámara por el FUP, Álvaro Bernal Segura, denunció la complicidad de López y Turbay con la empresa extranjera. En su intervención indicó: “He venido a plantear hoy aquí un tema que compromete los intereses de la patria. A demostrar cómo el carbón ha caído en manos de uno de los monopolios más grandes del mundo, la Exxon, de propiedad de la familia Rockefeller, que desde hace 65 años tiene hincadas sus garras en nuestro territorio”.

En 1975 se hizo pública una licitación internacional para dar comienzo al desarrollo de los yacimientos de carbón en la Guajira. Con base en las propuestas recibidas, López Michelsen otorgó a la Exxon, a través de su filial Intercor, la exploración y explotación del área B de la cuenca de El Cerrejón. El contrato de asociación se firmó el 17 de diciembre de 1976.

La reserva carbonífera del proyecto comprende una extensión aproximada de 38.000 hectáreas. Se establecieron tres periodos para la puesta en marcha del mismo; el de exploración, el de montaje y el de explotación. Durante el lapso de casi cuatro años, Intercor realizó los estudios técnicos y de factibilidad que correspondían al primer periodo. La etapa de montaje se consideraba iniciada en el momento en que Carbocol aceptara el concepto presentado por el socio sobre la comercialidad del depósito. El periodo de explotación, aún no emprendido, arrancará con el primer embarque, y tendrá una duración de 23 años en total; la vida del proyecto copa 33 años.

Concluido el tiempo de exploración, el tema del Cerrejón cobró nuevamente actualidad. La empresa colombiana y el gobierno aceptaron, sin beneficio de inventario, lo propuesto por la subsidiaria norteamericana cuando ésta varió los términos de la licitación adjudicada. La producción prevista originalmente era de 5 millones de toneladas anuales, pero los estudios para el montaje de explotación, hechos por la compañía extranjera, tuvieron ya como base 15 millones de toneladas año, y en la propuesta de comercialidad se elevó esta cifra a un mínimo de 25 millones.

Lo que no cambió fue el nivel de regalías pactado. Como lo afirman los técnicos de Carbocol en sus objeciones: “Se estarían acordando regalías correspondientes a una producción de 5 millones, mientras se acepta una producción de 25 millones de toneladas año y más”. Para colmo, Intercor sobrefacturó los costos de inversión en un 80% y los de operación en un 100%, con el fin de que el socio nacional pagara una mayor proporción de los mismos. La oligarquía colombiana, en forma sumisa, admitió la justificación insólita dada por los funcionarios estadounidenses, de que los costos se “tendrán que aceptar de buena fe”.

Es tan evidente lo leonino de la propuesta hecha a la nación, que hasta una firma consultora internacional, la Parsons Brinckerhoff, contratada por el gobierno para asesorar a la empresa estatal en el proyecto, recomendó no aceptar la declaratoria de comercialidad, por ser contraria a las conveniencias del país. Profesionales del Departamentos Nacional de Planeación y del Ministerio de Minas y Energía también formularon reparos. Pero pudieron más el poder y control del imperialismo que los conceptos técnicos. El gobierno de Turbay, al aceptar la comercialidad, le dio vía libre al saqueo de sus amos yanquis. El ministro de Minas, Ávila Mora, ante el debate en la Cámara adelantado por Bernal Segura, respondió sin ningún rubor: “Este no es un gobierno de asesores”.

Pérdidas enormes
Los estudios de exploración confirmaron la existencia de 3.000 millones de toneladas. De estas reservas solamente se explotará la primera capa, que comprende de 0 a 200 metros y que cuenta con 1.600 millones de toneladas. Las restantes quedaran sepultadas, sin posibilidad práctica de que se recuperen después de que la Exxon haya descremado el mineral, es decir, extraído los primeros metros por el sistema de tajo abierto. Se estima que a precios de hoy el total de las reservas vale 130.000 millones de dólares. “Esa es la magnitud de las riquezas de que disponía el país en el área norte de El Cerrejón, solo comparable a las pérdidas que sufrirá Colombia por causa de la política de asociación que allí se ha aplicado; y solo comparable con el inmenso volumen de desvergüenza de las clases dirigentes que las han entregado al voraz apetito de los explotadores venidos de fuera”, afirmó en el Congreso el dirigente del FUP, Álvaro Bernal.

Los depredadores le han venido exigiendo al régimen oligárquico mayores prebendas. Además de que Intercor se apropió del 50% del carbón, las autoridades decidieron entregarle el bastón de mando del proyecto al concederle la facultad de ser el operador del mismo. Carbocol sólo será entonces un convidado de piedra. La construcción de la mina, catalogada como la más grande del mundo, del ferrocarril del puerto y demás instalaciones las realizará y administrará el consorcio norteamericano. Como acertadamente lo expresara Bernal Segura: “Durante el término de 33 años una compañía extranjera posa todo su poder y todos sus tentáculos sobre 38.000 hectáreas de tierra y sobre toda la ruta del ferrocarril hasta la Costa Atlántica, en la Bahía Portete, donde controla como un enclave colonial parte vital del territorio guajiro”.

Mientras la producción minera nacional, mediana y pequeña, sufre el trato discriminatorio del Estado, los pulpos norteamericanos gozan de los favores concedidos por sus intermediarios. El ministro de Desarrollo y anterior gerente de Carbocol, Andrés Restrepo Londoño, sirvió de portador oficioso de los intereses de la Exxon, al plantear la exigencia de la compañía extranjera de que se la eximiera de pagar el impuesto del 5% que consagró la Ley 61 de 1979 para los productores de carbón. La obsecuencia del gobierno estuvo atenta al mandato de los explotadores y en la legislación se incluyó la exención del gravamen.

Pero una prueba más de que la oligarquía liberal-conservadora promulga disposiciones especiales para favorecer al imperialismo, la constituye la cláusula 39 del convenio de asociación. En ella se establece que una de las condiciones básicas bajo las cuales se pudo celebrar el contrato fue la expedición, por parte del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), de la resolución 23 de diciembre de 1976, que permitió a las empresas extranjeras del sector de la minería de carbón remitir el 100% de las utilidades obtenidas, así como la repatriación de todo el capital invertido y de las reservas legales. Intercor podrá entonces, cuando haya saqueado toda la riqueza carbonífera del área contratada, dejarnos únicamente la burla y la miseria.

A pesar de lo anterior, la rapacidad de la filial de la Exxon no se detiene. Para evitar la posibilidad de que nuevos tributos vayan a disminuir sus exorbitantes ganancias, los expoliadores impusieron en el numeral 6 del artículo 13 del contrato, que cualquier impuesto futuro, ya sea éste nacional, departamental o municipal, correrá por cuenta de Carbocol.

Los privilegios de Intercor configuran una afrenta. Es el operador del contrato; paga unas regalías ínfimas, aun si se las compara con las del petróleo, que son bajas, define el presupuesto y lleva la contabilidad del proyecto, lo que le permite la sobrefacturación en los costos; descrema y comercializa el mineral; está exenta de los impuestos de la ley del carbón y de aduana; repatria todas las utilidades, incluida la reserva legal, y tiene libertad para determinar las cantidades a producir.

El Cerrejón es un ejemplo patético de a tragedia que representa para Colombia la política de la asociación de capitales, que desde un tiempo para acá demanda el imperialismo de sus colonias. Bajo esta forma neocolonialista de pillaje los monopolios norteamericanos encubren y redoblan el saqueo y la explotación. Aparentemente comparten por igual los mismos derechos y obligaciones del capital nacional, y sin embargo se llevan las ganancias fundamentales sin ningún riesgo económico y político.

¡PARTICIPEMOS TODOS EN EL BICENTENARIO COMUNERO!

El sábado 14 de marzo, en la plaza del Socorro, se reunirán millares de delgados de partidos de avanzada, de organizaciones obreras y campesinas, de estudiantes y artistas, provenientes de todo el país, para conmemorar el alzamiento que el 16 de marzo de 1781 protagonizaron en esta población los comuneros contra la tiranía colonial española. Este será el acto central de una serie de eventos que durante 1981, se celebrarán a lo largo y ancho de Colombia bajo una consigna central: “Por la segunda independencia, unión de los oprimidos contra los opresores”.

El germen de esta conmemoración bicentenaria ha sido el Comité Comunero Nacional. “El Común”, integrado desde hace varios años por dirigentes del movimiento “Comuneros 81” del Socorro, Barbosa, Guapotá, Simacota, etc. Para adelantar las tareas de movilización del 14 de marzo y variadas actividades culturales, se constituyó en Bogotá, el pasado 22 de enero, el Comité Nacional Pro Conmemoración del Bicentenario de la Insurrección Comunera. A la primera reunión asistieron los dirigentes Consuelo de Montejo, del MIL, y Álvaro Bernal Segura, de la ANAPO; el concejal Avelino Niño, Carlos Valverde, Gustavo Quesada y Diego Betancur, del MOIR; Gildardo Jiménez, secretario del Regional del MOIR de Santander; los escritores y artistas Ricardo Camacho, Jairo Aníbal Niño, Clemente Forero, Clemencia Lucena, José Fernando Ocampo, Mario González y Gonzalo Mahecha; Manuel Silva, presidente de “Comuneros 81” de Guapotá, y Guillermo Luna, secretario del mismo movimiento en Vélez. Por el sindicalismo independiente, representantes de Fecode, Sittelecom, Aceb, Anebre, Sintracreditario, Sinucom, USO, ADE, Sindes, Sintraingeominas, ACIA, Sindillantas, Sintrateléfonos y Sintraica.

La directiva del comité Nacional quedó integrada por Ricardo Camacho, como presidente, y por Gustavo Quesada, José Fernando Ocampo y Elberto Camargo.

Una lucha de tres años
“Comuneros 81” es una organización popular, cívica y democrática que surgió hace tres años en Vélez. En plena campaña electoral, cuando los políticos tradicionales repetían sus falsas promesas, los habitantes de este viejo municipio santandereano, cansados de engaños, organizaron asambleas populares, llamando a la unidad del pueblo para exigir la prestación adecuada de los servicios públicos.

Vélez, fundada hace más de 400 años, no tiene acueducto ni alcantarillado. Todos los veranos, el agua sólo llega durante un cuarto de hora cada tercer día. Agobiados por las altas tarifas de un servicio que no se les brinda, los veleños atendieron el llamado de protesta, y el 26 de marzo de 1978, en una concentración de más de 3 mil personas, se creó “Comuneros 81”. Sus metas iniciales fueron la lucha por la reducción de las tarifas del agua y la celebración del bicentenario de la gesta comunera. El eco de la inconformidad se extendió pronto por los demás municipios de la región.

“La situación de injusticia y de opresión de hoy es igual o mayor que la que soportaba el pueblo hace 200 años. Por esto retomamos sus banderas para que, organizados, luchemos y exijamos los derechos que les han sido negados a los pobres de Colombia”, asegura Jorge Velandia, párroco de Vélez y gestor del movimiento.

Socorro, Guapotá, Curití, Barbosa, Charalá, Puente Nacional, Bolívar, Simacota y Mogotes constituyeron comités locales de “Comuneros 81”. En paredes y muros de estas comarcas los indigentes escribieron su frase de combate: “La unión hace fuertes a los débiles. No pague agua”.

Expresando su ira por el exagerado metraje que viene facturando la empresa estatal Emposan, los usuarios decidieron, como parte de su batalla, suprimir los contadores. Al frente de esta tarea estuvo en Socorro, hasta el día de su muerte, ocurrida el pasado 17 de diciembre, Manuel Rueda, presidente de “Comuneros 81”.

Este combatiente infatigable narró para Tribuna Roja la lucha a la cual entregó hasta su último aliento, con las siguientes palabras: “Estamos organizados por barrios. Así la noticia de cada atropello llega a nuestro comité a través de emisarios que pasan el mensaje de cuadra en cuadra. De nada le sirven a la empresa los trucos que emplea para atemorizarnos y obligarnos a pagar”.

Reviviendo el ejemplo de Galán
Los apresamientos, las intimidaciones, las calumnias y las amenazas han sido los métodos del gobierno para tratar de minar la unidad de “Comuneros 81”. En Vélez se nombró alcalde militar. En Bolívar se acusó a varios campesinos de pertenecer a “agrupaciones subversivas”, y en el resto de municipios, muchas personas han sido detenidas por el simple hecho de pintar consignas o colaborar en la reconexión del servicio de agua.

A las provocaciones el pueblo ha respondido con valentía, cual digno heredero de José Antonio Galán. En todos los municipios donde ha arraigado “Comuneros 81” se han presentado muestras de indignación popular y resolución de lucha. En Charalá, ante la detención de dos compañeros, las masas se concentraron frente a la Alcaldía. La policía arremetió contra el pueblo violentamente, pero sólo logró que en pocos minutos ardiera la sede de Emposan. También en Vélez ocurrió la toma de las instalaciones de la empresa, que sólo cesó cuando se reconectó el servicio al barrio Palenque.

Más del 80% de la población agrupada en la dura pelea, no paga en este momento los exorbitantes cobros y se mantiene firme en la decisión, adoptada en una reunión plenaria del movimiento, de negociar un pliego unificado con Emposan. Se demanda la exoneración total de la deuda de quienes no pagan el servicio y garantías para quienes quitaron los contadores además de una tarifa razonable y permanente, y un servicio regular en condiciones aceptables.

En tres años de vida, “Comuneros 81” ha brotado como expresión de rebeldía en 15 localidades. Su lucha no se limita a la demanda de agua; se pronuncia contra la carencia de gas y sus altos precios, denuncia la miserable situación de los fiqueros de Curití, la sin salida de los campesinos de Oiba y Guapotá, y la persecución a los líderes campesinos y obreros.

Celebración popular y nacional
En Socorro han fracasado siete reuniones convocadas por funcionarios oficiales para preparar un bicentenario lleno de peroratas y vanas promesas. Aunque “Comuneros 81” decidió que cada municipio será autónomo para programar eventos conmemorativos, o para adherir a los que otros organicen, su tarea se centra en realizar una remembranza que se traduzca en la lucha diaria de los oprimidos contra los opresores.

Desde el año pasado, “El Común” inició la celebración revolucionaria de la lucha de sus mayores. El 11 de septiembre se recordó masivamente el natalicio de Galán; el 22 de octubre el alzamiento “de los magnates de la plazoleta” en Simacota; el 29 de octubre, en Mogotes, la revuelta encabezada por José Ignacio Gualdrón, y el 17 de diciembre, la asonada del pueblo charaleño soliviantado por Galán. El acto central será el sábado 14 de marzo en la plaza del Socorro, para conmemorar el valeroso desafío de Manuela Beltrán al romper y pisotear el real edicto, suceso que prendió la revolución comunera. Tribuna Roja, la revista Teorema, el Teatro Libre de Bogotá, el conjunto “Son del Pueblo”, cinematografistas, artistas, fotógrafos, escritores, historiadores y periodistas, se han unido a la celebración del bicentenario y programaron numerosas actividades. El pasado 26 de octubre, por ejemplo, los desprevenidos espectadores que salían de la Plaza de Santa María en la Capital, se sorprendieron gratamente al encontrar dibujado sobre el anden del Planetario, la imagen de José Antonio Galán, obra del pintor Gonzalo Mahecha que ha alentado a numerosos artistas a participar en el concurso de pintura callejera organizado por el comité cultural de “Comuneros 81”; sobre muros y pavimentos quedarán plasmados a lo largo del país las imágenes de la insurrección comunera. Para participar en dicho concurso basta con enviar una fotografía de la pintura al Apartado Aéreo 14757 de Bogotá.

Por su parte, el Comité Nacional realizará un festival de teatro, en los distintos escenarios donde 200 años tuvo lugar la gesta de los oprimidos; igualmente se convocará a un salón de artes abierto, a profesionales y aficionados en diversas especialidades, se contará con premios financiados por varios sindicatos, y con un jurado idóneo; “Comuneros 81” anunció también la apertura del concurso de fotografía cuyo tema es el de “Los Comuneros de hoy”. Semanas culturales, conferencias, mesas redondas, exposiciones, ciclos de cine, recitación de canciones, obras de teatro, revivirán y buscarán encarnar a los expoliados de hoy la rebeldía de los comuneros de 1781. El MOIR ha lanzado la directriz general de unirse a estas manifestaciones populares de conmemoración, agitar durante todo el año el recuerdo de la sublevación comunera y de profundizar el estudio de los documentos históricos para aprender, en confrontación con las necesidades del presente, las lecciones revolucionarias que son aplicables por los oprimidos de hoy en su lucha contra los actuales opresores.

DESPEDIDA A UN CAMARADA

Discurso pronunciado el pasado 8 de septiembre por el camarada Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, en la Plaza de La Pola en Ipiales, durante la concentración en homenaje a la memoria de Heraldo Romero.

Querido camarada Heraldo Romero:

Entre todos los deberes que nos ha impuesto la revolución ninguno más penoso que éste de volver a la tierra tus despojos mortales. No conseguimos atinar por qué extraño giro del destino nos encontramos de pronto privados de la compañía y el sostén de tan entrañable camarada. No estamos despidiendo a quien hubiese recorrido el ciclo de la existencia y llegado al fin, por ley natural, a la hora de reposo, sino a quien apenas avanzaba en la senda de la vida y hacía brotar por doquier hermosas esperanzas. No damos sepultura a un carácter melancólico o pusilánime, sino a un hombre extraordinariamente activo que con su alegría embriagó siempre a cuantos le rodearon.

Tampoco estamos frente a uno de tantos del montón que aceptan dócilmente el papel alienante que a cada cual le reserva esta sociedad caótica y rapaz, sino ante el rebelde que descolló en la brega por transformar el mundo en beneficio de las mayorías menesterosas. No contemplamos la partida de un compañero más, sino la de un forjador del movimiento proletario y un genuino fogonero de la causa de los desposeídos. Nos ha dejado un valiente. Hemos perdido a uno de nuestros conductores más promisorios. Por miles de razones nos cuesta aceptar este cruel golpe de infortunio.

Nadie lo hará mejor que tú ni más entusiastamente. Muchos trataremos de cerrar filas en tu nombre pero jamás lograremos llenar el vacío que queda con tu ausencia.

La hechura de un partido revolucionario obrero, que crece proscrito en franca hostilidad con los poderes establecidos y que funde su suerte con la de las fuerzas esclavizadas y oprimidas, consiste en el fondo en la formación de unos cuadros lúcidos ideológica y políticamente, disciplinados y leales, capaces de vincularse y guiar a las masas a través de las tormentas de clase y dispuestos a arrostrar cualquier sacrificio y deponer sus intereses particulares por los del común. Dichos cuadros se convierten en el tesoro más preciado del Partido, puesto que su desarrollo requiere varios años y dedicación permanente. En los momentos cruciales será la destreza de aquellos la que decidirá el porvenir de la contienda. Para el MOIR, cuyos componentes han jurado destronar a los explotadores y verdugos del pueblo y sólo aspiran a la victoria total, la muerte de Heraldo Romero presenta un revés incalculable.

Sin escatimar esfuerzos dedicó sus vitales energías y su brillante inteligencia a las tareas de la construcción partidaria. Cuando la enfermedad minaba sus carnes, el batallador nato que había en él se resistió a postrarse, y hasta el último instante estuvo pendiente de los problemas del Partido y preocupado por sus camaradas. Las labores militantes las llevó a efecto sin falta en el seno de las masas populares. Dentro del estudiantado veló sus armas de eximio paladín y fue uno de los primeros líderes del caudaloso movimiento juvenil de comienzos de la década del 70, en el que se mostró ya como gran orador y combatiente insobornable contra el oportunismo. Innumerables veces se halló al frente de heroicas jornadas del pueblo nariñense, lo mismo en paros cívicos de envergadura departamental que en movilizaciones locales en pro de básicos derechos de la ciudadanía.

En más de una oportunidad las multitudes enardecidas lo rescataron de las prisiones del régimen. Se desveló por las masas campesinas e indígenas a las que respaldó y orientó en sus múltiples batallas por la tierra y la organización, abriendo brecha hacia el agro y encabezando la consigna de enraizar el Partido en las zonas rurales. En otras ocasiones lo vimos ligado personalmente a las lides del proletariado colombiano, alentando a los obreros, instruyéndose e intercambiando criterios con ellos sobre las cuestiones fundamentales de la emancipación. Prestó su concurso a tantas peleas memorables que creo no exagerar si afirmo que las gentes perseguidas de Pasto, Túquerres, Ipiales, Tumaco, Orito, Puerto Asís y del resto de poblaciones de Nariño y Putumayo supieron invariablemente de Heraldo Romero cada vez que se levantaron en protesta por alguna iniquidad de los gobernantes de turno. ¿Puede haber acaso para un partido revolucionario un pionero, un puntal, un propagandista mejor? Más esto no es todo.

A cada paso propendía por la línea antiimperialista y de salvación nacional defendida por el MOIR, y sus ojos se iluminaban de júbilo al saber o al narrar algún episodio de repudio de los sectores patrióticos y democráticos contra los monopolios extranjeros y sus testaferros criollos. En sus luchas por la liberación y la soberanía del país rechazó las posturas engañosas del nacionalismo y proclamó invariablemente la unión de los obreros y pueblos del planeta.

Estudió y propagó las enseñanzas de los ideólogos del socialismo científico y él mismo fue un marxista_leninista consecuente. Nunca le conocimos una vacilación en la dura refriega contra las contracorrientes revisionistas, cuya derrota la consideró siempre como una condición indispensable del éxito de la revolución colombiana. Alertó al pueblo sobre los peligros de la expansión soviética y denunció sin tregua las pretensiones de sus agentes en el Hemisferio. Aunque comprendía como el que más que Colombia atraviesa aún en su evolución histórica por la etapa democrática y que nuestro objetivo estratégico actual radica en la constitución de un frente único de liberación nacional, rechazó firmemente los postulados burgueses de quienes sustituyen la revolución por la reforma en aras de una inconsistente alianza de las clases explotadas y oprimidas.

Dentro del MOIR se distinguió por el trato fraternal con sus compañeros y por el celo que puso en la salvaguardia de la unidad del Partido.

La única manera de reparar en parte la pérdida que hemos sufrido con la prematura desaparición de Heraldo Romero es resaltar y cultivar su ejemplo en cuanto simboliza. No habrá un monumento superior a su memoria. Tendremos que seguir adelante si aspiramos a que sus vigilias y empeños no hayan sido en vano. Y triunfar como él, que se marchó victorioso pues alcanzó todo lo que se propuso. Sólo las limitaciones de tiempo y lugar le impidieron ver el radiante amanecer de la libertad sobre el territorio patrio. Le correspondió combatir en un largo trayecto de reflujo y de acumulación de las fuerzas, empezando por la necesidad de disipar las tinieblas y suplir la inexistencia de una vanguardia revolucionaria. Consciente de las condiciones políticas que lo correspondieron cumplió su misión sin desesperos ni pedanterías. Y en los principales pasajes de su vida trazó el modelo de la conducta de un verdadero comunista para los períodos prerrevolucionarios.

El MOIR, que es tu obra, encenderá la pradera y escribirá los capítulos que te quedaron inconclusos por un designio inescrutable.

Querido camarada Heraldo Romero:

Al concluir esta hora aciaga el balance obligado de tu práctica, no descubrimos una sola mácula que obscurezca el conjunto de tu epopeya revolucionaria. Seguramente los enemigos, en el afán por atacarnos, hallarán gratuitamente fallas o excesos qué atribuir a tu comportamiento acrisolado. Eso se descarta. Los defectos y las cualidades de los hombres, al igual que los demás hechos sociales, están sometidos inexorablemente a los juicios de clase. Nosotros te admiramos, te respetamos, procuramos imitarte, porque asumiste cabalmente la posición de la clase obrera y luchaste con acierto por la felicidad del pueblo. Ello nos reconforta. Para nosotros encarnas las excelsas virtudes de tu raza y de tu estirpe. Ello nos basta.

En la certeza de que continuaremos amando lo que amaste y odiando lo que odiaste, no te decimos adiós sino hasta siempre.

«¡COMUNISTA AUTÉNTICO, DIRIGENTE PROBADO E INCANSABLE FOGONERO DE LA REVOLUCIÓN!»

(Apartes del comunicado oficial del Comité Ejecutivo Central del MOIR, emitido el día 6 de septiembre de 1980 en Bogotá y leído por el camarada Otto Ñañez en Ipiales)

“Heraldo Romero nació en El Tambo, Cauca, el 9 de enero de 1948. Se radicó en Ipiales desde temprana época e hizo allí sus primeros estudios. Pasó luego a la Universidad de Nariño, donde en 1973 se graduó de abogado”.

Desde 1968 se vinculó a la construcción del MOIR, asistiendo en septiembre de 1969 a su Encuentro de Fundación. En 1973 fue nombrado secretario del Comité Regional de Nariño.

Puede afirmarse que no hubo en este departamento lucha importante en la que no participara el camarada Romero con una posición consecuente. Dirigió la pelea que libró el pueblo nariñense en junio y julio de 1969, la más amplia, vigorosa e intensa de las que se hayan dado en esa región, por energía eléctrica y otras reivindicaciones.

Encabezó en 1971 la batalla del estudiantado por una cultura nacional y científica al servicio del pueblo, y estuvo entre los fundadores de la Juventud Patriótica (JUPA). También en 1971 tomó parte activa en la contienda por la refinería, que unificó al departamento en contra de la Texas Petroleum Company.

A partir de 1974 resultó elegido en varias ocasiones concejal por Pasto e Ipiales. Condujo los movimientos cívicos llevados a cabo en mayo y junio de 1978 por la ciudadanía de Ipiales. Puesto preso por el ejército durante los enfrentamientos del 3 de mayo en esa población, debió ser liberado ante las voces de protesta de unas diez mil personas, que en hombros lo llevaron hasta la plaza. Nombrado por la misma época presidente del Comité Departamental Pro-Reivindicaciones de Nariño, dirigió el aguerrido paro cívico del 25 de junio en Pasto. Detenido, y otra vez condenado por el gobierno departamental a seis meses de arresto, la presión popular logró sacarlo de la cárcel a los treinta y dos días.

“El MOIR destaca en el camarada Heraldo Romero al auténtico y ejemplar comunista, al probado dirigente del pueblo, al incansable fogonero de la revolución, al pionero de nuestra construcción partidaria y, en suma, al hombre de coraje y al cabal combatiente”.

«FUE UN HOMBRE DE PARTIDO, UN MILITANTE MODESTO Y SENCILLO»

(Apartes del discurso de Omar Ñañez, dirigente nacional del MOIR, en el acto en memoria del Camarada Heraldo Romero, celebrado en Bogotá por el sindicalismo independiente en la sede de Hocar)

La vida breve e intensa de Heraldo Romero que fue un verdadero homenaje a la alegría y el combate, es inspiradora de nuestra brega especialmente porque la dedicó de todo corazón a ser útil al pueblo, con un espíritu de desinterés por sí mismo y de servicio a la causa libertaria por la cual combatimos.

Siendo todavía un adolescente, e influido por la generación revolucionaria de la década del 60, compartió con ella la dura tarea, en América por aquel entonces, de construir un partido de la clase obrera, que fuera capaz de liberar al proletariado y al pueblo de las ataduras reformistas y revisionistas y conducirlo hacia su emancipación definitiva.

“No hay en la última década ningún momento de auge en la lucha de masas del país que no haya tenido un firme respaldo en la insurgencia del pueblo nariñense. Y podemos afirmar con certeza que no hubo una sola lucha importante de los sectores oprimidos de esta región que no haya tenido en Heraldo Romero a su más insigne conductor. Los repetidos movimientos estudiantiles, los aguerridos paros cívicos municipales y departamentales, las frecuentes protestas populares, siempre contaron con su guía esclarecedora. No dio tregua a sus enemigos. Ello le granjeó su odio y su condena, doce veces fue confinado a la cárcel, algunas apaleado y torturado y otras arrancando de ella victoriosamente por la acción valerosa de obreros, jornaleros, estudiantes, amas de casa y pequeños comerciantes”.

“Heraldo fue además de un hombre de partido, un dirigente reconocido por las masas, un militante modesto y sencillo, ajeno a la presunción y al arribismo; fue fraternal, sano y sincero con sus camaradas, sin sombra de servilismo u obsequiosidad. Con cuadros así, que son para nuestro Partido su mayor tesoro, y con la correcta orientación de nuestra línea política, no cabe duda de que el MOIR, a pesar de ser hoy una minoría en la sociedad, podrá granjearse el corazón del pueblo y conquistar la victoria”.

«HERALDO, GERMEN DE LA NUEVA COLOMBIA»

(Apartes del discurso de Orlando Patiño, dirigente del MOIR, en la Plaza de La Pola en Ipiales, el 8 de septiembre)

Fueron las acciones de Heraldo, su batallar continuo, lo que le llevó al puesto que ocupara. Fue duro e insistente en la batalla, persistente en la organización del partido, intransigente con la reacción, amigo y fraternal con sus compañeros. No se nos fue nuestro camarada sino nuestro amigo fraterno, y ahora, en el penumbroso sitio de la muerte, está dirigiendo la marcha. Conocimos su enérgico trabajo, ya que no había lugar en donde él no estuviera impartiendo su consejo ineludible. Por eso, Heraldo, nuestras mentes no se resignan a creer lo sucedido. Pero este acto es la mejor demostración de la semilla que tú regaste; aquí están los combatientes que tú tantas veces dirigiste. Aquí está este pueblo respondiéndote como hizo siempre; está la expresión de su gratitud y su admiración, de su amor y de su respeto.

“Heraldo no dio paz al enemigo, no se dio tregua en el trabajo cotidiano. Por eso te digo, Heraldo, que en todos los sitios donde tú diste un paso nacerá una semilla que el MOIR sabrá cultivar, y algún día, más temprano que tarde, en cada mojón de tu recuerdo, clavaremos la estrella roja con la bandera solitaria de nuestro Partido. Porque somos enamorados de este pueblo, de este territorio, como tú lo fuiste; porque creemos, como tú, que este pueblo nunca ha tenido la mente adormilada, que este pueblo se inflama cuando piensa en la libertad”.

“Heraldo era un hombre destinado a cultivar el germen de la nueva Colombia”.

NUNCA DEJASTE DE CREER EN LA VICTORIA

Apartes del discurso pronunciado por Darío Romero, dirigentes del MOIR, en el acto público efectuado en la Plaza de La Pola de Ipiales, el 8 de septiembre.

“Ustedes compañeros y compañeras de quienes Heraldo aprendió tanto, fueron testigos de honor de sus virtudes comunistas. Nacido en la entraña popular, nunca le dio la espalda al pueblo, y por el contrario, convirtió en la razón de su vida servirle de todo corazón. Ni la brutal represión, ni las dificultades inenarrables, ni los despreciables halagos de la oligarquía pudieron apartarlo de su incorruptible posición de principios”.

“Estuvo al frente de nuestro Partido en la conducción audaz y certera de las más enconadas batallas, y tuvo siempre un comportamiento imbatible ante las inevitables dificultades, sin dejar de creer en la victoria aun en los momentos más sombríos, ante las peores adversidades”.

“El camarada Heraldo bregó sin cansancio por la unidad de los auténticos revolucionarios; de los obreros, labriegos y cosecheros; de los pescadores, estudiantes e intelectuales; de los productores y comerciantes nacionales, para formar un gran frente único que materialice la unidad nacional, condición indispensable para romper las cadenas de la dominación imperialista norteamericana y alcanzar una auténtica soberanía nacional que se convierta en poderoso arrecife en el que encalle cualquier nave imperial extranjera”.

“Camarada y hermano: hoy cuando te despedimos, estamos dispuestos a transformar nuestro dolor en fuerza. Te juramos llevar hasta el fin de la causa emancipadora por la que combatiste y prometemos seguir tu inigualable ejemplo de comunista auténtico”.

“Camarada Heraldo; ya no escucharemos más tú voz rebelde, pero tus ideas enraizadas en el pueblo son hoy fuerza material inatajable”.

“Camarada Heraldo; ya no gozaremos más de la pirotecnia de tu alegría iluminada, pero ella renacerá en la sonrisa de los niños de la nueva patria”.

“Camarada y hermano; reposa ya tu cuerpo en la tierra. Desde ahí escucharás el creciente galopar del corcel de la victoria”.