LA ANUC RESPALDA AL FRENTE

La XVI reunión de la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), celebrada en Tuluá los días 24, 25 y 26 de septiembre, aprobó una declaración política en la que resalta al Frente por la Unidad del Pueblo y a su candidato, Jaime Piedrahita Cardona.

Luego de manifestar su más enérgico rechazo al régimen lopista y a los candidatos de la oligarquía liberal–conservadora, los compañeros de la ANUC señalan de manera perentoria que las masas campesinas deben vincularse a la lucha política de los partidos y grupos revolucionarios que, en forma sincera y consecuente, están impulsando la unidad del pueblo colombiano.

El documento afirma: “Consideramos positivo y favorable para el desarrollo de la lucha campesina el espíritu unitario que impulsó a diversas fuerzas políticas de oposición a unirse en el Frente por la Unidad del Pueblo (FUP), que impulsa la candidatura de Jaime Piedrahita Cardona, en su campaña de propaganda a las luchas populares y de denuncia a las arbitrariedades del sistema, al tiempo que se difunde un programa democrático y se levanta la bandera del no alineamiento como una política que le corresponde asumir a nuestro pueblo en la lucha contra el imperialismo y toda forma de dominación extranjera”.

EN COLOMBIA HASTA LOS NIÑOS INVADEN

El título de esta crónica no debe producir sorpresa a nadie porque en este país, sometido a la rapiña de los grupos dominantes, hasta los derechos más elementales del pueblo son pisoteados a tal punto que la respuesta popular no se hace esperar y “hasta los niños invaden”.

En el barrio Buena Esperanza, de Pereira, los padres de familia, ante la despreocupación que el gobierno muestra por la educación, decidieron construir un local destinado a la instrucción de sus hijos. En mayo de 1975 lograron arrancar al gobierno departamental la promesa de que la construcción sería dedicada al funcionamiento de una escuela.

Sin embargo, nunca fue cumplida. El gobierno alegremente se olvidó de nombrar profesores y acondicionar el local. Pasado algún tiempo, y de manera poco clara, la sociedad San Vicente de Paúl entró a tomar posesión del local y lo vendió a terceros.

Tamaña injusticia despertó la indignación de los habitantes del barrio Buena Esperanza, quienes durante seis meses lucharon infructuosamente para que fuera respetado el acuerdo. El gobierno departamental y la sociedad San Vicente de Paúl se negaron a deshacer lo que parecía ser un negocio redondo.
Ante esta situación se formó un comité prodefensa de la escuela y el último domingo de agosto, los niños, con el apoyo y respaldo de padres y vecinos, tomaron en sus manos la lucha en defensa del derecho a la educación. Cientos de niños portando pancartas invadieron el local con la firme decisión de no abandonarlo hasta que el gobierno cumpliera su compromiso.

«GOLPE AL HEGEMONISMO»

Carta del MOIR al MNDP

Bogotá, 1 de octubre de 1977.

El MOIR celebra el salto a la liza política del Movimiento Nacional democrático Popular, y hace votos porque la naciente organización se desarrolle y consolide en el cumplimiento de la vocación voluntariamente escogida de enrolarse bajo las banderas de los desposeídos y oprimidos.

Ciertamente los supuestos programáticos esbozados en sus pronunciamientos públicos, de liberación nacional, de transformación democrática y de unidad, nos aproximan en asuntos medulares y cosecharán los resultados esperados, a condición de que porfiemos en ellos con acierto en medio de los vaivenes de la lucha.

La crisis de la sociedad colombiana trae consigo, como uno de sus tantos fenómenos característicos, la proliferación de grupos y subgrupos que, en el enfrentamiento con los poderes establecidos y decadentes, pujan por adquirir cuerpo y supremacía partidaria. Tras la implantación del Frente Nacional y la consiguiente agudización de las contradicciones de clase, dicho fenómeno ha sido particularmente notorio. El MOIR surgió también dentro de este proceso. Comprendemos que la inevitable multiplicidad de siglas conlleva factores adversos, manifestados en la dispersión de fuerzas, la difusión de las masas y la constatación diaria de que no todos los partidos que reclaman la vocería de la mayoría avasallada jalonan la revolución, y al contrario, tórnanse en lastre que ésta debe arrojar por la borda para continuar su ascenso. Sin embargo, por el recio y prolongado trajinar en que estamos empeñados, poco a poco a terminado por configurarse con nitidez un gran torrente unitario en torno a premisas clarificadoras que nos distinguen de las facciones oportunistas y que presentan una alternativa viable y salvadora al pueblo colombiano. Por eso, la Fundación del Movimiento Nacional Democrático Popular y sus definiciones revolucionarias merecen nuestro aplauso, al igual que los aportes decisivos dados en el mismo sentido por los otros destacamentos que conforman el Frente por la Unidad del Pueblo.

Ustedes levantan el objetivo supremo de la liberación nacional y llaman a aferrarnos fuertemente a él, aún después de coronada la independencia, alertando que el frente no puede alinearse”con ninguno de los dos bloques hegemónicos que hoy se disputan el reparto del mundo”. Esta demanda coincide con la posición asumida por el MOIR a lo largo de las discusiones y gestiones en pro de la unidad, y en su defensa hemos encarado, de una parte, la desviación de los bandos trotskistas que contraponen, a la revolución democrático – liberadora, determinada por las particularidades del país, la escarapela de un socialismo pequeño burgués enrumbado a entorpecer la unión de todas las clases y sectores antiimperialistas y patrióticos; y de la otra, la sectaria ocurrencia de los revisionistas de uncir la alianza revolucionaria a los designios de la Unión Soviética.

Nuestra finalidad es la construcción de una sociedad socialista y el comunismo. Jamás hemos ocultado estas máximas aspiraciones, las cuales suponen, dicho sea de paso no sólo la dictadura de la clase más democrática, el proletariado, sino, desde el punto de vista económico, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Sabemos que semejante proyecto para la Colombia neocolonial y semifeudal de hoy, cerraría las puertas a la colaboración indispensable de pequeños y medianos industriales y comerciantes, e incluso de capas numerosas del campesinado, que estarían dispuestos a acompañarnos en la magna empresa de arrancar la nación de las fauces del imperialismo norteamericano, pero tras requerimientos esencialmente democráticos. Sobra relievar que sin la activa participación de sectores de tanto peso en la economía y la política nacionales, la revolución liberadora seria algo más imposible y sin ésta, nuestras metas últimas se verían aplazadas indefinidamente.

El análisis de la sociedad colombiana y de sus antagonismos de clase nos ha llevado a proponer en esta etapa un programa nacional y democrático, y de cuya victoria resultaran progresos históricos de tal magnitud como la nacionalización de los monopolios extranjeros y colombianos, la confiscación de la tierra de la clase terrateniente y su reparto entre los campesinos que la trabajan, la protección y estimulo de los pequeños y pequeños productores y comerciantes y el control y orientación general de la economía por parte de una Estado de clases y fuerzas populares y antiimperialistas, basado en la alianza obrero-campesina y dirigido por el proletariado. La justa interpretación y el desarrollo de las reivindicaciones enumeradas, permitirán concentrar el ataque contra el imperialismo norteamericano y la gavilla traidora de grandes burgueses y grandes terratenientes que lo acolitan, así como aglutinar en el otro platillo de la balanza al resto de la nación, en una gigantesca unión que abarque al 90% y más de la población colombiana.

La diferencia de fondo en este aspecto con trotskistas y socialisteros afines estriba en que estos desfiguran y relegan a un segundo o tercer orden los problemas de la liberación nacional y del frente patriótico, cuando no los suprimen del todo de la lista de especulaciones de su vademécum doctrinario, mientras nosotros creemos que de la acertada solución de aquellos dependen los demás móviles de la revolución. Para que el proletariado de un país pueda emprender la edificación socialista, debe antes que nada garantizar la cabal autodeterminación de su república. Hablar de socialismo en Colombia, sin plantearse seriamente el logro de su liberación de sus transformaciones democráticas, único camino que nos conduce a él, es charlatanería repugnante digna de ser desenmascarada con la mayor severidad. La contienda contra estas contracorrientes oportunistas se ha venido librando exitosamente. Los contingentes marxistas-leninistas, revolucionarios, democráticos y patrióticos incrementan su prestigio y cohesión, a tiempo que el trotskismo sólo encuentra para sus ditirambos obreristas eco en los gacetilleros de la prensa oligárquica.

La rivalidad contra el revisionismo tiene el mismo norte pero desde coordenadas diferentes. Con la mira puesta en la apremiante necesidad de redimir el país postrado a las plantas del imperialismo norteamericano, venimos insistiendo en la creación de un solo frente, sin apartar a nadie que pueda y desee coadyuvar a la causa libertaria, y aprovechando las excelentes condiciones producidas por la agudización de las dificultades de las clases lacayunas y por el crecimiento de la conciencia antiimperialista y del ímpetu combativo de las masas populares. Uno de los inconvenientes con los que trompicamos desde un principio fueron las dispares interpretaciones que acerca de la situación internacional mantienen los partidos susceptibles de engrosar la alianza revolucionaria. Cuestión apenas natural si se comprende que en Colombia repercuten de mil maneras los múltiples conflictos de un universo cada vez más convulsionado e interrelacionado.

Nos complace señalar que el enfoque del MOIR respecto de la actualidad internacional registra importantes convergencias con el que ustedes han sostenido abiertamente en esta materia. Las más negras amenazas del planeta parten de las dos superpotencias, el imperialismo norteamericano y el social imperialismo soviético. La frenética ambición de ambas consiste en engullirse uno a uno los países, hasta envolver el globo entero con el manto imperial. Los planes de dominación los ejecutan, ya mediante avenimientos temporales, ya en desenfrenada disputa. De las dos, la primera nombrada se halla en franco retroceso. La segunda atraviesa los periodos de efímero auge, y por consiguiente, muestra mayor agresividad y acarrea los principales peligros de una nueva conflagración mundial. No todas las repúblicas socialistas surgidas en la última postguerra lograron mantener su soberanía, y cayeron en la orbita del social imperialismo soviético. La nación más populosa, la República Popular China, que construye el socialismo en una cuarta parte de la humanidad, ha hecho fundamentada en una certera apreciación de las complejas contradicciones del mundo contemporáneo, las mejores contribuciones en cuanto a la elaboración de la táctica general revolucionaria de los pueblos que combaten por su emancipación y contra las intenciones hegemónicas y guerreristas de las dos superpotencias.

Aunque la tendencia palpable reside en que cada día mayor numero de agrupaciones y personas se compenetran de estas tesis, no todos nuestros aliados las comparten. No obstante con ellos pudimos llegar a identificaciones mínimas y sustanciales que contemplan plenamente los deberes internacionalistas de la revolución colombiana, sintetizados en el apoyo de los pueblos sometidos, a las naciones socialistas y a los movimientos revolucionarios de todas las latitudes, conviniendo, eso sí, en no ubicar el frente al lado de ningún bloque de Estados. Tal entendimiento parte de la realidad de que Colombia es una neocolonia de los Estados Unidos y que debe alcanzar pronto su liberación nacional y preservar su soberanía después del triunfo, estableciendo relaciones en pie de igualdad y mutuo beneficio con todos los países sin excepción. Como se ve, la fórmula acordada es correcta en lo fundamental. Hicimos, desde luego, concesiones no de principio en pro de soluciones positivas. ¿Qué conseguimos a cambio? Concretamos significativos avances en la unidad de las corrientes antiimperialistas y antioligárquicas, tan indispensable para nuestros propósitos revolucionarios. El destino de Colombia se confunde con el de miles de millones de seres de los cinco continentes y el más grande respaldo que podamos brindar internacionalmente al proletariado y a los pueblos será la conquista de nuestra integral independencia, con lo que propinaremos un contundente golpe al hegemonismo de las superpotencias.

No ha sido fruto del azar que el Partido Comunista de Colombia haya exigido encajonar la alianza en la influencia soviética, tras el subterfugio de que se consignase explícitamente en el programa unitario el apoyo a Cuba, cuyo gobierno actúa rítmicamente a los compases de Moscú. Tampoco es un secreto que tan excluyente exigencia impidió conformar un solo frente. Desenlace que hemos sido los primeros en lamentar porque las hostilidades, ahora, entre fuerzas opuestas a la dictadura de la coalición liberal-conservadora, proporcionan a esta un respiro en los momentos que más lo requiere. De todas maneras la batalla ideológica y política por la unidad la estamos ganando y debemos proseguirla con tesón y consecuentemente.

El no alineamiento ha terminado por convertirse en Colombia en una línea demarcatoria entre la unión y la división del pueblo, entre el revisionismo y el marxismo-leninismo. Este postulado unitario es un lanzazo en el costado de imperialistas y socialimperialistas, y favorece a la revolución colombiana y a las naciones que pugnan por su autodeterminación. Las verdaderas repúblicas socialistas, que se encuentran en la primera fila de estas naciones y que no propician bloques ni pactos internacionales de sojuzgación, son las más interesadas en que las relaciones entre los países se lleven a cabo sobre el respeto pleno a la independencia nacional, la igualdad y la libre decisión de los pueblos. En definitiva, solo a quienes se sientan a gusto con el papel de lazarillos colombianos de los dominadores extranjeros, les produce escozor la consigna del no alineamiento.

No queremos poner punto final a esta carta sin subrayar la meritoria labor que ustedes han desarrollado entre el campesinado, especialmente por sustraer a la ANUC del tutelaje oficial y encauzarla en la tarea de barrer al régimen terratenientes y a sus apuntaladores oligárquicos e imperialistas. Los intereses de los pobres del campo le proporcionan contenido básico a la revolución democrática de liberación nacional. Con sobrada razón los fundadores del Movimiento Nacional Democrático Popular dicen que “hay que engrosar la lucha política del pueblo con esa gran reserva revolucionaria que son las masas campesinas”. Sin ello no habrá frente, ni Poder popular, ni patria liberada. Consciente de esto, nuestro Partido hace también ingentes esfuerzos por vincularse y organizar principalmente a los campesinos pobres y medios y señala con insistencia que las invasiones a las granes fincas, dirigidas por ustedes y demás sectores revolucionarios, son surcos fecundos de unidad y combate.

Por todo lo anterior, la noticia de la fundación del Movimiento Nacional Democrático Popular y su determinación de participar en el Frente por la Unidad del Pueblo, representa buenas nuevas que esparcen por doquier los fogoneros de la revolución y llenan de alegría a las masas populares.

Fraternalmente
Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR
Francisco Mosquera
Secretario General

VICTORIOSA HUELGA DE CHOFERES EN BUCARAMANGA

Precedidos por las banderas del Sindicato Nacional de Choferes y de Unimotor, 60 buses desfilaron por las calles de Bucaramanga el 6 de octubre, celebrando el triunfo de la huelga que realizó durante tres días el transporte en la capital santandereana. Al conquistar el principal objetivo del movimiento, un salario básico, los 250 conductores de Unitransa dieron fin a la llamada «guerra del centavo» que los enfrentaba a unos contra otros. Andrés Gutiérrez, presidente del sindicato Nacional y Fernando Jaimes, presidente de Unimotor, suscribieron la nueva convención colectiva en nombre de los trabajadores.

El cese de actividades de los choferes bumangueses constituyó un poderoso respaldo al paro cívico de Barrancabermeja. Como Unitransa abarca 16 de las 24 rutas existentes, el transporte fue casi nulo en la ciudad el 4 y 5 de octubre. Los motoristas levantaron consignas de apoyo a la USO y la población entera contribuyó a hacer efectiva la solidaridad con los obreros petroleros.

Junto a Fecode, Sittelecom, Utrasan, Festra y la USO, las dos organizaciones en conflicto efectuaron manifestaciones el 30 de septiembre y el 3 y 4 de octubre. En el curso de las mismas fueron detenidos durante algunas horas, el concejal del MOIR en Bucaramanga, Gildardo Jiménez y Luis Méndez, directivo del Sindicato Nacional de Chóferes.

Queda pendiente la lucha por la jornada laboral de ocho horas. Según directivos del Sindicato, las organizaciones de choferes ya acordaron con tal propósito acciones unificadas en todo el país.

Piedrahita ante los periodistas: «POR UN ESTADO DEMOCRÁTICO Y REVOLUCIONARIO»

El pasado 11 de octubre, se realizó una rueda de prensa con el compañero Jaime Piedrahita Cardona, candidato presidencial del Frente por la Unidad del Pueblo. En el acto que se efectuó en la sede del Círculo de Periodistas de Bogotá, Piedrahita Cardona analizó el desarrollo del proceso unitario del FUP, explicó su programa nacional y democrático y refrendó la decisión del Frente de comandar los embates de las masas descontentas contra los resquebrajados cuarteles de la oligarquía liberal-conservadora. Posteriormente, el candidato revolucionario contestó las preguntas de los periodistas.

Alianza antiimperialista

La primera parte de la intervención de Piedrahita estuvo dedicada a pormenorizar los hechos que dieron origen al FUP. “He de empezar – afirmó – diciendo que desde hace mucho tiempo en Colombia no había logrado conformarse una coalición de fuerzas revolucionarias y de la oposición como la que configura hoy el Frente por la Unidad del Pueblo. En efecto, algo de gran importancia y de consecuencias de largo alcance se está gestando en el agusanado vientre de esta anciana sociedad, capaz de producir las condiciones necesarias como para que partidos de mayor o menor heterogeneidad ideológica y política, cuya coincidencia sustancial es la lucha común contra los principales enemigos de nuestro pueblo, hayan resuelto unirse. Dichas fuerzas son, como es sabido, la ANAPO, el MOIR, el MIL, el MNDP, el MAC y los CDPR. Seis organizaciones que, sin lugar a dudas, constituyen una fuerza decisiva, sino la mayoría del movimiento revolucionario colombiano. Esta alianza de partidos y sectores revolucionarios y de izquierda, inicialmente integrada por las agrupaciones mencionadas, no se ha conformado como un círculo cerrado y excluyente con relación al resto de movimientos revolucionarios y populares hoy existentes o que aparezcan en el futuro. Todo lo contrario. Nuestra misión y aspiración máxima es que a ella ingrese la mayoría de nuestros compatriotas.

Impulso a las luchas populares

Sobre el papel jugado por el FUP en las últimas manifestaciones de descontento popular, el candidato dijo: “Prestamos apoyo resuelto a las luchas de las masas asalariadas, entre las que sobresalen las de los educadores y obreros petroleros, cuyo más antiguo y apreciado dirigente, Diego Montaña Cuéllar, es uno de los forjadores del Frente. ¿Y qué decir de la magnífica y grandiosa batalla librada por el pueblo colombiano, y el de Bogotá en particular, durante el Paro Cívico Nacional del pasado 14 y 15 de septiembre? Al lado de las masas sublevadas, detrás de sus barricadas, en los alzamientos callejeros ocurridos, estuvieron los destacamentos de todos los partidos de nuestro Frente”.

Independiente de todo poder foráneo

Con relación a las circunstancias que han determinado que las fuerzas distintas de la coalición gobernante vayan divididas a la próxima contienda electoral, Piedrahita Cardona expresó: “Contrasta la actitud asumida por el Partido Comunista con las gestiones hechas por las fuerzas del FUP para lograr la unificación de todos los grupos de izquierda. Empezó por rechazar sin justificación valedera la invitación hecha por ANAPO al primer foro de los partidos revolucionarios y de oposición del pasado 18 de febrero. Exigió como una condición previa para ingresar al frente revolucionario, el apoyo irrestricto al régimen cubano y, por consiguiente, al bloque de Estados dentro del cual se alinea internacionalmente Cuba, o sea, el presidido por la Unión Soviética. Como quien dice, para ser revolucionario en Colombia, para luchar contra la dominación extranjera norteamericana, se requiere primero, a juicio del Partido Comunista, alinearse al lado de la Unión Soviética”.

Posteriormente subrayó: “En suma, es un criterio unánime de los partidos que conformamos esta alianza revolucionaria, que tanto el Frente como el futuro Estado revolucionario de nuestro país, sean realmente independientes de todo centro de Poder foráneo”.

El candidato del Partido Comunista

Jaime Piedrahita desenmascaró la táctica de quienes se han levantado rabiosamente contra la unidad: “El Partido Comunista ha pretendido inflar el globo de una falsa candidatura anapista y, no contento con ello, ha tachado mi candidatura de divisionista. Flaca memoria la del improvisado candidato que se ha prestado a este triste juego. ¿Acaso se ha olvidado el señor Pernía que cuando él pertenecía a la dirección nacional de mi partido aprobó la proclamación de mi candidatura, primero el 11 de diciembre de 1976 en el IV Congreso de ANAPO y después la ratificó en comunicado público el 16 de marzo de 1977? Contra estos hechos evidentes, ¿cómo podrá él convencerse y convencer a los demás de que fue él y no yo el proclamado candidato por ANAPO, si todo el mundo sabe que su candidatura data de la reunión del Partido Comunista del 6 de agosto de 1977?”.

El despotismo oficial

A continuación, el candidato unitario se refirió al actual régimen presidido por Alfonso López: “El gobierno ha legislado y hecho legislar al Congreso sólo para recortar más y más los derechos democráticos de reunión, expresión y movilización de las masas, y los de huelga y contratación colectiva de la clase obrera. Al mismo tiempo da dentelladas una y otra vez contra las más sentidas reivindicaciones populares como vivienda, asistencia médica, educación y servicios públicos. Desalojos de barrios enteros ejecutados a culata y bolillo: hospitales paralizados, universidades, escuelas y colegios cerrados por falta de financiación pública; extensas zonas de ciudades y poblaciones sin transporte urbano adecuado, sin servicios de luz y agua potable; millones de colombianos en el campo en condiciones infrahumanas de vida. Tal es el desolador panorama que ofrece el país”.

Programa nacional y democrático

El candidato del FUP finalizó: “¿Qué va hacer el Frente por la Unidad del Pueblo en las próximas elecciones? Preparar más al pueblo colombiano para el camino revolucionario. ¿Cómo? Sosteniendo en todas partes que el desarrollo del país y los grandes problemas nacionales no tienen salida en el actual marco de la dominación extranjera norteamericana, sustentada en los gobiernos liberal-conservadores. Que la única solución es la revolución y que esta significa conquistar la independencia del país, nacionalizar los grandes monopolios colombianos y extranjeros, confiscar los grandes latifundios y repartirlos entre los campesinos que trabajan la tierra. Que todo ello supone sustituir el actual Estado oligárquico por un Estado nuevo, democrático y revolucionario de obreros, campesinos, pequeños y medianos industriales y comerciantes, y de todas las gentes patrióticas”.

TOMA DE TIERRAS EN PUERTO BOYACÁ

En la vereda El Tigre del municipio de Puerto Boyacá, a orillas del río Magdalena, 45 familias campesinas invadieron el viernes 2 de septiembre un latifundio abandonado de más de 250 fanegadas. La finca “La Perla”, propiedad de una casta de grandes terratenientes con miles de hectáreas improductivas diseminadas por toda la región, se convirtió en un hormiguero de trabajadores del campo que se adjudicaban de común acuerdo las parcelas y levantaban sus humildes viviendas con estacas, tablones de madera y techos de madera y techos de palma.

Sin pedirle permiso a nadie, y mucho menos a sus tradicionales opresores, hostilizados a diario por la fuerza pública, pero resueltos a triunfar sobre todos los obstáculos, los campesinos reivindicaban que la tierra pasara a ser de los que la trabajan.

El mismo viernes por la tarde se presentó un piquete de la policía con orden de desalojarlos, pero la resistencia de los hombres, las mujeres y los niños impidió que los propósitos del régimen se perpetraran. En la mañana siguiente llegó un destacamento del ejército que, después de golpear brutalmente a los invasores, quemó sus escasos haberes, y, amenazándolos de muerte, consiguió expulsarlos a golpes de culata y encarcelar a sus dirigentes.

Como respuesta a los atropellos de la soldadesca, en la madrugada del domingo 4 de septiembre los compañeros iniciaron una marcha que recorrió varias veredas y terminó por concentrarse al medio día en la plaza central de Puerto Boyacá. Allí se realizó una inmensa manifestación, con el apoyo solidario de todos los sectores populares.

Ante las amenazas de la represión, los agricultores de El Tigre se instalaron con sus mujeres y sus hijos dentro de la iglesia, donde permanecieron varios días en señal de protesta. Han pasado para siempre los tiempos en que los oprimidos se dejaban atropellar impunemente “Recibimos la solidaridad de todo el pueblo, en alimentos, ropas, drogas y lo más importante; recibimos la presencia continua de miles de personas que nos alentaban permanentemente a proseguir la lucha”, relata un campesino “y así será –termina diciendo- aunque no cueste la vida”.

EN EL CONCEJO DE BOGOTÁ: EMPLAZADOS LA REACCIÓN Y EL PARTIDO COMUNISTA

Carlos Bula Camacho y Margot Uribe de Camargo, voceros del Frente por la Unidad del Pueblo en el Concejo de Bogotá, presentaron en la sesión de instalación del 1o. de noviembre un beligerante documento de rechazo al régimen lopista, y citaron al secretario de gobierno de la administración distrital, un burócrata inepto con ínfulas de ecuánime estadista, para que respondiera por los asesinatos perpetrados contra el pueblo durante el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre.

Ante las barras repletas de trabajadores, empleados y estudiantes que gritaban consignas de combate contra el actual cabecilla de la coalición bipartidista en el poder, el concejal del MOIR rindió un homenaje emocionado a las víctimas del genocidio oficial más oprobioso de los últimos años, y durante dos sesiones consecutivas enjuició implacablemente a sus directos responsables: “Alfonso López Michelsen, que se hunde cada vez más hondo en la charca pestilente del crimen y del peculado, y Bernardo Gaitán Mahecha, eficaz raposa jurídica para tratar de sustentar con artilugios la arbitrariedad imperante”.
Al lado de otros dirigentes de la oposición en el cabildo, Bula Camacho resaltó la importancia histórica de las jornadas populares del 14 de septiembre, y señaló cómo la lucha callejera de las masas se había convertido en un ejemplo luminoso para las futuras batallas de la revolución colombiana.

El debate sirvió para dejar en claro la posición reaccionaria de los dos partidos tradicionales ante el paro, y fue una nueva oportunidad para desenmascarar los sofismas con que el régimen quiso encubrir las verdaderas dimensiones de los hechos. Mientras Rafael Pardo Buelvas, por ejemplo, entonces ministro de Gobierno y muñeco de ventrílocuo de la dirección de El Siglo declaraba para la prensa que se trataba de “un movimiento sin ningún arraigo en el país”, la maquinaria represiva del “mandato de hambre” ya se estaba movilizando en todas partes para acometer a sangre fría los asesinatos del 14 y 15 de septiembre, amordazar las noticias de la radio, suspender la personería jurídica de los sindicatos y encarcelar a sus principales dirigentes.

Pero la nota del ridículo estaba reservada, como de costumbre, al funcionario que ocupa la Alcaldía Mayor de Bogotá, y que se ha distinguido como ningún otro por su carácter maniático y demente, el más abyecto servilismo con el imperialismo yanqui y los grandes pulpos urbanizadores. En vísperas del paro, Bernardo Gaitán Mahecha hizo un vehemente llamado al pueblo liberal para que saliera a las calles a “defender al gobierno del presidente López, que ha presidido una administración silenciosa pero eficaz al servicio de los que menos tienen”, y tuvo que ponerse el mismo al frente de la soldadesca para tratar de sofocar el levantamiento popular más combativo y multitudinario de los últimos años.

Exabruptos del revisionismo

Para finalizar, Carlos Bula Camacho tuvo que dedicar una buena parte de su intervención a contestar las invectivas calumniosas del Partido Comunista, cuyos ediles, con el cinismo que los caracteriza, resolvieron proclamar al revisionismo criollo como el único autor, progenitor, organizador y director de todas las protestas populares realizadas en Colombia desde 1930. Protagonizando un espectáculo grotesco por lo pueril y jactancioso, repleto de lugares comunes, de alusiones sectarias y de la más cruda estrechez política, Mario Upegui y Teófilo Forero tildaron de “oportunistas” a todos los grupos y partidos que, como el MOIR, se pusieron modestamente al servicio de las masas y dieron su aporte de unidad y de combate en las jornadas del 14 de septiembre.

Bula Camacho rechazó con energía las injurias del Partido Comunista y declaró que “los concejales de la oligarquía liberal-conservadora, los alcahuetes de una institución cada vez más despreciable y despreciada, jamás podrán servir de testigos para dirimir las diferencias de principio que separan a la izquierda colombiana”. En nombre del Frente por la Unidad del Pueblo, hizo un llamado a coordinar la acción parlamentaria de todas las organizaciones políticas opuestas al régimen vigente. Condenó el divisionismo de quienes buscan desviar la lucha revolucionaria del pueblo colombiano, y terminó afirmando que “la unidad de los oprimidos contra los opresores, en base a un programa nacional y democrático que no se matricule internacionalmente bajo ningún bloque de Estados, terminará por construir en Colombia una patria independiente y soberana, que avanzará por el luminoso sendero del socialismo para hacer parte de las naciones y pueblos liberados del mundo”.

CÁLIDO HOMENAJE A JOSÉ JARAMILLO GIRALDO

En un ambiente de alegre confraternización, más de mil delegados de las distintas fuerzas integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo, invitados especiales y personalidades democráticas, testimoniaron su reconocimiento a la labor revolucionaria de del Director Nacional de la ANAPO, José Jaramillo Giraldo, el pasado 22 de octubre en la Feria Internacional de Bogotá.

Presidieron el acto los compañeros Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar, veteranos batalladores de la causa antiimperialista; Jaime Priedrahíta Cardona, candidato presidencial del FUP, y su esposa, Amparo de Piedrahita, Álvaro Bernal Segura, Germán Gutiérrez Arroyo y José Roberto Vélez, representantes a la Cámara y miembros de la jefatura nacional de la ANAPO; el parlamentario Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta, dirigentes del MAC, y Margoth Uribe de Camargo, concejal de Bogotá; Francisco Mosquera, Carlos Bula Camacho, Otto Ñañez, Marcelo Torres y César Pardo, dirigentes del MOIR; Pastor Pastran, diputado de Cundinamarca y cuadro directivo del MIL; Avelino Niño y Carlos Vanegas, dirigentes de los CDPR y Carlos Alméciga, miembro del MNDP, quienes rodearon al homenajeado y a su esposa, Solita de Jaramillo.

Delegaciones de todo el país tomaron asiento en el amplio salón, engalanado con las banderas de las organizaciones políticas que hoy engrosan el Frente por la Unidad del Pueblo. Dos enormes retratos de Jaramillo Giraldo y de Piedrahita Cardona estaban colocados frente a la mesa principal.

Los asistentes saludaron la presencia del dirigente del Movimiento Gaitanista del Casanare, Sergio Humberto Cubides.

Cuando se anunció la llegada de Jaramillo Giraldo y de los demás orientadores del Frente, la multitud se puso de pie y coreó durante varios minutos el nombre de Jaramillo, vivó al FUP, a Jaime Piedrahita y a la ANAPO. Los grupos musicales “Son del Pueblo” y “Nueva Cultura” interpretaron canciones revolucionarias y populares.

Habla Avelino Niño
En la primera de las intervenciones, Avelino Niño, de los CDPR, anotó, que como todos los actos del pueblo este homenaje se caracterizaba, además de su sencillez, por reflejar el ánimo de las batallas que ahora se libran contra el imperialismo norteamericano.

Agregó: “José Jaramillo Giraldo ha jugado un papel muy importante en el proceso de la unidad de las fuerzas revolucionarias de Colombia. Tenemos que resaltar en él todas las cualidades del hombre nuevo que sirve a todo el pueblo. Durante más de 50 años él ha dado ejemplo de militancia revolucionaria, y debemos seguir este gran ejemplo. Los CDPR hemos aprendido mucho de Jaramillo Giraldo, tendremos que estudiar tanto como él ha estudiado, tendremos que entender los problemas del pueblo tanto como él los entiende y tendremos que ir hasta el final del combate tal como él lo hace”.

Palabras de Montaña Cuéllar
“Rendimos homenaje a una vida ejemplar, plena de combate por los derechos del pueblo; y la inteligencia y voluntad de uno de los más destacados dirigentes del Frente por la Unidad del Pueblo, el querido compañero José Jaramillo Giraldo” comenzó expresando en su discurso Diego Montaña Cuéllar. Continuó: “Sólo cuando José Jaramillo Giraldo y Jaime Piedrahita Cardona llegan a la dirección de la ANAPO, comienza a expresarse con claridad dentro de ese partido la tendencia a buscar la alianza con las fuerzas de la izquierda revolucionaria. Ellos, a la manera de las grandes ceibas que pueblan nuestros bosques tropicales, han tenido que despojarse periódicamente de las hojas caducas para buscar el nuevo follaje, y echar gradualmente por la borda los lastres reaccionarios y los equívocos coqueteos al imperialismo que pesaban sobre su partido, hasta incorporarlo resueltamente y en ardua lucha interna, al caudal del Frente por la Unidad del Pueblo”.
Montaña Cuéllar terminó agradeciendo la solidaridad del MOIR y de los sindicatos y de las organizaciones del Frente con la patriótica huelga de la USO.

Discurso de Piedrahita Cardona
El candidato del Frente por la Unidad del Pueblo, Jaime Piedrahita Cardona, al hacer uso de la palabra recordó como “desde muy joven José Jaramillo Giraldo defendió a los indígenas del Cauca contra la rapiña de los grandes latifundistas, enfrentó a los leguleyos de la aristocracia payanesa y elevó los cabildos de los indios al nivel de trincheras y escuelas revolucionarias. En el Viejo Caldas resaltó su denuncia contra los gamonales y caciques sempiternos”. Más adelante dijo: “Fue Jaramillo Giraldo quien, con su coraje y decisión, contribuyó a despejar de oscuras nubes el paso que la mayoría de los cuadros y dirigentes anapistas habíamos determinado dar, para impedir la vergonzosa entrega que ya parece pactada entre la casa Moreno Díaz y uno de los más notables representantes de las castas dominantes y del capitalismo hispano-yanqui: el señor Betancur”.

Después de señalar cómo Jaramillo Giraldo participó activamente en las tareas de construcción del Frente, Piedrahita Cardona anotó: “El FUP tiene ancho el horizonte y claro el porvenir, estamos en marcha con el único titán que es capaz de derrotar a los enemigos de la patria y el pueblo”.

Responde Jaramillo Giraldo
En medio de una salva de aplausos, José Jaramillo Giraldo inició su emocionada intervención celebrando el combate antiimperialista del pueblo y el paro de los trabajadores petroleros de Barranca.

Jaramillo Giraldo dijo que aceptaba este homenaje “porque es apenas un medio para reunirnos esta noche y notificarle a las fuerzas de la reacción que hay luz en la poterna del pueblo, y que en las giras que hemos realizado y en los centenares de manifestaciones que han tenido lugar en las plazas públicas de Colombia, se ha demostrado al fin un comienzo de unidad popular y una decisión de los trabajadores y de los estamentos medios para llevar hasta el final la batalla contra el imperialismo y sus agentes nacionales”. Rememoró las luchas populares, desde Galán hasta las huelgas obreras de principios de siglo, que repudiaron las grandes entregas hechas al imperialismo yanqui por Marco Fidel Suárez y Lleras Camargo. Dijo que la ANAPO, que ahora revivía en las banderas del Frente por la Unidad del Pueblo, acomodada a una nueva situación, tenía que prepararse para atravesar “el último círculo de fuego de una gran crisis nacional que va estallar en pocos años de una manera o de otra”. Abogó por alcanzar la liberación nacional y mantener a toda costa la soberanía, la independencia y la neutralidad de Colombia. “Jamás habrá alineación internacional que signifique esclavitud”, dijo el director Nacional de ANAPO al terminar su improvisación.

Como una sola voz, los asistentes aclamaron a José Jaramillo Giraldo y corearon las consignas de “Viva Jaime Piedrahita Cardona, candidato de los oprimidos contra los opresores”. “Viva el Frente por la Unidad del Pueblo” y “Abajo el mandato lopista de hambre, demagogia y represión”.

CRISIS DEL APARATO TEATRAL REVISIONISTA

En el curso de la primera semana de octubre, cuatro de los grupos teatrales más importantes del país. “El Alacrán”, “La Mama”, “El Local”, y el “Teatro Taller de Colombia”, dirigidos respectivamente por Carlos José Reyes, Edyy Armando, Miguel Torres y Jorge Vargas, anunciaron su retiro de la Corporación Colombiana de Teatro (CCT) y del III Festival Nacional del Nuevo Teatro organizado por esta, en protesta por el cúmulo de atropellos y maniobras de la dirección de dicha corporación. Posteriormente, como solidaridad con la determinación de aquellos cuatro grupos, decenas de conjuntos escénicos de las principales ciudades y la provincia, exteriorizaron así mismo su decisión de abstenerse de participar en el mencionado evento.

En esta forma, la CCT quedó reducida a un fantasmagórico aparato del Partido Comunista revisionista, y el III Festival, a un desteñido conciliábulo, cuyo muestreo previo tuvo que hacerse, como en Bogotá, a puerta cerrada, por el temor de los organizadores a que sus torvos procedimientos y las causas reales que originaron la crisis, fueran ampliamente denunciados por el movimiento teatral colombiano.

Es mucha la tela por cortar en cuanto a los antecedentes que motivaron el actual descalabro de la CCT, originados todos en los manejos antidemocráticos y despóticos de su burocracia. Los últimos hechos que se presentaron con ocasión de la Muestra Internacional de Teatro, celebrada recientemente en varias capitales del país, y la convocatoria al III Festival Nacional del Nuevo Teatro, vinieron a constituirse en la gota que desbordó la copa de la paciencia de los conjuntos teatrales independientes.

Colcultura, en asocio de una entidad denominada Federación de Festivales de Teatro de América, organizó una Muestra Internacional de Teatro, en septiembre pasado. Es menester destacar aquí que el movimiento escénico colombiano ha librado una dura pelea para que él mismo pueda escoger, mediante mecanismos democráticos, a quienes hayan de representar a nuestro país en los certámenes internacionales que se realicen en Colombia. Pues bien, los participantes criollos en la Muestra Internacional de 1977, fueron designados por el gobierno, a través de Colcultura. Esto configuró el precedente aleve de que, por primera vez, el Estado determinaba a dedo los exponentes del teatro colombiano para un evento internacional. Se estableció así, en la práctica, un acto patente de censura oficial, a lo que se prestaron con benévola complacencia los congraciados de la dádiva gubernamental. De esta manera, los dos conjuntos elegidos, “La Candelaria” y el “Teatro Popular de Bogotá”, fueron inscritos merced a la anuencia del régimen lopista. Si a esto se añade la inquietante “coincidencia” de que el director de la primera de las agrupaciones favorecidas es empleado de Colcultura y el director de la segunda es miembro de la Federación de Festivales de Teatro de América, se deducirá fácilmente que nos hallamos en presencia de un tráfico de influencias de la má rancia estirpe manzanillesca.

De otra parte, a lo largo de las dos ocasiones en que ha tenido efecto el Festival Nacional del Nuevo Teatro (1975-1976), el Teatro Libre de Bogotá y otros trabajadores de la escena habían formulado repetidas críticas contra las burdas maniobras de la rosca dirigente de la CCT, referentes a los requisitos de inscripción y de evaluación y al manejo general del evento. Los figurones de los grupos revisionistas son los que definen tales requisitos, como los relativos al tiempo de trabajo, número de obras montadas, etc., pero ellos mismos los violan cínicamente. Todo tendiente a prefabricar teatristas que desaparecen tan pronto finaliza el Festival y que tienen como único fin el de proporcionar la maquinaria que allegue el número suficiente de votos que les permita ser elegidos, año tras año, como “representativos” del Teatro Nacional.

Aparte de lo anterior, a los elencos que protesten contra las arbitrariedades se les descalifica fulminantemente, o se les tiende una red de halagos y chantajes para acallar las críticas. En repudio a estas triquiñuelas, 12 de los 20 participantes de la muestra regional de Barranquilla en 1976, se retiraron de ella.

Lo que viene a quedar en claro de todo este proceso es, entonces, obvio: la CCT es una mera pantalla para la excluyente promoción de los momificados conjuntos que orienta el Partido Comunista, que ya nada tienen que ofrecerle al movimiento artístico colombiano y a las masas populares, como no sea el testimonio caricaturesco de la bancarrota política del revisionismo en todos los órdenes.

Nuevos vientos unitarios y renovadores soplan ahora en las toldas del joven teatro nacional. Los grupos independientes, decididamente respaldados por el Teatro Libre de Bogotá, han iniciado una etapa de fortalecimiento de los lazos de amistad y cooperación, con el designio de propender por una amplia difusión de la actividad cultural firmemente enraizada en el pueblo. Este auge revolucionario se extiende inconteniblemente por todo el país. Entretanto, los verdaderos divisionistas quedarán condenados al papel que señalara don Quijote: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

MARÍA EUGENIA DESTAPA SU JUEGO REACCIONARIO

Confirmando las advertencias que las fuerzas mayoritarias de ANAPO hemos venido haciendo últimamente sobre su proceder oportunista, María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, en un espurio congreso de bolsillo, montado a su arbitrario y en franca violación a los estatutos del Partido, dejó por completo al descubierto el 12 de octubre sus negras intenciones de adherir a Belisario Betancur y de pasarse a las filas del conservatismo. El engaño de la ex directora produjo tal indignación en el ánimo de los pocos anapistas desprevenidos presentes que, al conocerse la maniobra, explotaron en cólera, y, por encima de la maquinaria de la melancólica reunión, se interpusieron enérgicamente a que el respaldo a Betancur se concretara. En vista del serio traspié y de que las cosas no le salieron como las había planeado, María Eugenia resolvió posponer su determinación de focalizar su ingreso a la desvencijada coalición bipartidista oligárquica para una ocasión propicia. Con este fin demandó de sus conmilitones plenos poderes en materia de definición de candidaturas presidenciales.

Sea cual fuere el peligro de esta traición, los genuinos anapistas no permitiremos que se pisotee indecorosamente la trayectoria de lucha del Partido creado por el general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo recuerdo histórico antes que nada se halla vinculado al batallar por extirpar del país la hegemonía del bipartidismo tradicional, que tantos males le ha acarreado a la República en más de 150 años de existencia. El fundador de ANAPO fue encarnizadamente combatido hasta los últimos minutos de su vida por esa oligarquía con la cual hoy María Eugenia pacta a espaldas del pueblo. Pero no dejaremos profanar la memoria de Rojas Pinilla por quienes están más obligados a ser leales a su mensaje revolucionario. Por eso, al través de dos congresos sucesivos del Partido, del 11 de diciembre de 1976 y del 23 de abril de 1977, convocados democráticamente con el lleno de los requisitos estatutarios, decidimos proseguir la pelea contra las camarillas liberales y conservadoras que detentan el Poder y venden la nación a los amos imperialistas norteamericanos. En consecuencia hemos propuesto la más amplia alianza de todas las vertientes políticas patrióticas y revolucionarias, buscando satisfacer las reivindicaciones apremiantes del pueblo colombiano, como son la recuperación de los recursos naturales, la tierra para los campesinos que la laboran, el derecho al trabajo para los desocupados, la vivienda para los destechados, la educación para las nuevas generaciones y las demás conquistas que harán de Colombia una patria grande para todos sus hijos.

Hasta el momento ya son cinco los partidos y organizaciones que se han identificado con nosotros en los propósitos revolucionarios y con ellos logramos conformar el Frente por la Unidad del Pueblo, cuyo programa común estamos agitando a lo largo y ancho de la geografía nacional y cuyo candidato presidencial, Jaime Piedrahita Cardona, registra en todas partes la emocionada acogida no sólo de sus copartidarios, los anapistas, sino del resto de los perseguidos y explotados. Esta es la única política que puede llevar a la práctica la ANAPO, si no desea desaparecer definitivamente.
María Eugenia recibió el más grande caudal de masas de que se tenga noticia en los anales del país, y en menos de un lustro lo dilapidó lamentablemente, hasta colocar el Partido al borde de la extinción. Lo cual se ha debido a su orientación esencialmente derechista y a su natural inclinación al perjurio. Ahora, desvergonzadamente, después de largo abandono de sus deberes de dirigente y en íntimo contubernio con la reacción, conviene el apoyo a uno de los caracterizados personajes de las clases dominantes, Belisario Betancur, responsable de crímenes contra las masas trabajadoras, como la masacre de Santa Bárbara de 1963, que el pueblo no olvidará nunca.

Al quedar destapado el juego reaccionario de María Eugenia, la ANAPO, tiene dos caminos muy demarcados para escoger: el de la traición, o el de la lealtad a la lucha revolucionaria al lado de los verdaderos amigos; el de la deshonra a la memoria de Rojas Pinilla, o el de continuar la batalla contra los declarados enemigos de ANAPO; el de adherir al candidato de Álvaro Gómez, o el de rodear entusiastamente el nombre limpio y combativo de Jaime Piedrahita Cardona; el de la división, o el de la unidad; el de la extinción, o el del resurgir glorioso en las nuevas contiendas por el porvenir.

Llamamos una vez más a todos los anapistas a que condenemos a una sola voz las invitaciones a transitar por el atajo del oportunismo y la claudicación y nos unifiquemos para abrir la anchurosa senda de la liberación y la grandeza de Colombia.