OTRO CRIMEN DE LA REACCIÓN

El alevoso asesinato perpetrado en la persona del presidente del Concejo de Cimitarra y militante del Partido Comunista, compañero Josué Cavanzo, es un hecho execrable que promueve la repulsa encendida de las organizaciones y partidos democráticos y revolucionarios contra la reacción oficializada que se halla dispuesta a imponerle al país una solución de fuerza.

De meses atrás y de público conocimiento ha sido la abierta represión desatada por el régimen lopista en la población de Cimitarra, buscando acallar a viejos luchadores populares que han mantenido viva la resistencia a las medidas antinacionales y despóticas de los gobiernos liberal-conservadores, intimidaciones, encarcelamientos masivos, consejos de guerra y atentados, constituyen los métodos favoritos de los amos del poder para tratar a los martirizados pobladores de la ladera del Magdalena y del resto del territorio patrio. La muerte del compañero Cavanzo se convierte así en un eslabón de la larga cadena de crímenes de la minoría oligárquica contra el pueblo colombiano. Y es una demostración más de que los actuales mandatarios, a pesar de que hablan de democracia, de prosperidad y de paz social, están dispuestos a sacar de en medio y violentamente a sus contradictores o a quienes simplemente expresan la inconformidad por el hambre, el abandono de las poblaciones apartadas, la corrupción del aparato estatal y el porvenir incierto de la juventud. Colombia está montada en una inmensa farsa y marcha a pasos acelerados hacia un gran conflicto. La voracidad de los monopolios imperialistas y de sus testaferros criollos ha precipitado la nación al peor caos de su historia, y fríamente calculan la manera de prolongar su reinado a como dé lugar. Las fuerzas revolucionarias a su turno deben analizar con suma responsabilidad la situación y ponerle toda la atención a las luchas de las masas populares que cada día toman mayor envergadura y consistencia. Y la mejor preparación para los conflictos sociales y políticos que se vislumbran en el horizonte del país, será permitir y facilitar la unidad de todas las clases y destacamentos democráticos de los enemigos del pueblo colombiano. El MOIR llama a honrar la memoria de los mártires de la causa popular promoviendo la unión de los oprimidos contra los opresores.

UN TEATRO VIVO QUE SURGE DEL PUEBLO

Más de 200 presentaciones, sin contar con las realizadas en el III Festival Internacional de Teatro de Caracas, Venezuela, en donde confrontó su producción con la de más de treinta agrupaciones provenientes de todo el mundo, es parte del balance efectivo que el Teatro Libre de Bogotá puede hacer de sus actividades, en el año de 1976.

A su regreso, el Teatro Libre llevó a cabo extensas y prolongadas giras por todo el país con “los inquilinos de la ira” y “El sol subterráneo” de Jairo Aníbal Niño, dirigidas por Ricardo Camacho, la “Comparsa de Rosendo” de José L. Pardo y la “Huelga” de Sebastián Ospina, dirigida por Germán Moure. Con esta última obra el grupo participó en el II Festival Nacional del Nuevo Teatro.

Pero los mayores logros alcanzados por el grupo, logros que por demás son sólo el primer paso en un difícil y complejo proceso apenas iniciado, radican, en primer lugar, en la conformación de un taller de dramaturgia, compuesto por un grupo de escritores que parten de la fuente inagotable de la vida material del pueblo, para la creación de piezas teatrales que contribuyan a la conformación de un nuevo arte en Colombia.

En segundo lugar, parte de este proceso es, también, la transformación que se ha llevado a cabo en el trabajo mismo del grupo: la creación de una escuela de Teatro, que mezcla lo académico con la investigación y el estudio de las manifestaciones artísticas de las masas, y la vinculación con los distintos sectores populares, que es donde se encuentran, en carne y hueso, los ricos y profundos personajes de las obras que llevan posteriormente a escena. “El sol subterráneo”, por ejemplo, (actualmente en temporada en la sede del grupo), muestra cómo el pueblo rescata a través de personajes de hoy las batallas del pasado en los combates que libra el presente. En este caso concreto, un episodio de las luchas de los obreros bananeros en 1928.

Para 1977 el grupo inicia actividades con los preparativos para poner en escena “La agonía de difunto” de Esteban Navajas, Premio Casa de la Américas 1976, “Tiempo vidrio” de Sebastián Ospina y “Funeralias de estado” de Jairo Aníbal Niño.

EN EL MUNDO

Camboya: rechazo a la intervención

Ante la difusión por parte de países imperialistas y reaccionarios de calumnias respecto a supuestos incidentes fronterizos creados en Camboya, el Ministerio de Relaciones Exteriores de dicho país emitió el 15 de enero pasado un comunicado que en algunos apartes dice “Camboya democrática se fundó cuando ésta fue liberada completa y cabalmente el 17 de abril de 1975. El pueblo camboyano, que ama ardientemente a su propia nación y patria, suspira por una vida pacífica en su propia tierra. No abriga ambición alguna. No desprecia a nadie y tampoco intervendrá en los asuntos de otros países cercanos y lejanos, no cometerá agresión contra ellos ni los anexará”. Y agrega: “El pueblo camboyano y su ejército revolucionario respetan absolutamente las fronteras de otros países. Pero en ninguna circunstancia permitirán a ningún país que intervenga en sus propios asuntos y viole su independencia nacional, soberanía estatal e integridad territorial.
El pueblo camboyano y su ejército revolucionario defenderán resueltamente los frutos revolucionarios, el Poder político revolucionario y su querida y sagrada patria”.

Vietnam: avanza la revolución

En el informe presentado al IV Congreso del Partido de los Trabajadores de Vietnam, realizado exitosamente en diciembre pasado, los camaradas vietnamitas llaman a la promoción de la revolución en las relaciones de producción, la revolución científica y técnica, y la revolución ideológica y cultural. El gran propósito es construir en un periodo de alrededor de veinte años una nación socialista, para lo cual se deberá pasar de la pequeña producción a la gran producción socialista, a tiempo que se impulsa la lucha de clases que será “difícil, prolongada y compleja”.

Verdadera faz del nuevo secretario de Estado

Robert Cyrus Vance fue nombrado por el presidente Carter de los Estados Unidos, como nuevo secretario de Estado para suceder a Kissinger. Dada la ingerencia que Vance tendrá en la política imperialista norteamericana y ya que la propaganda yanqui lo ha presentado como un hombre “práctico, discreto, elegante y ejecutivo de gran brillo”, es conveniente ver algunos rasgos de su verdadera cara. Vance fue consejero jurídico del pentágono en 1962 y ayudó a McNamara en la reorganización administrativa de la maquinaria militar lanzada contra el pueblo vietnamita. Luego fue nombrado por el entonces presidente Johnson para sacar adelante los intereses norteamericanos en Chipre, a lo cual siguió su especialización en desempeñar actividades “sucias” en los lugares en donde se encendía la lucha antiimperialista; estuvo en Panamá tratando de ahogar el combate del pueblo por recuperar la Zona del Canal y entró a la República Dominicana tras los pasos de las tropas intervensionistas yanquis. Su experiencia en maniobras reaccionarias lo capacitó para algunos “servicios domésticos”, y fue escogido para “arreglar la revuelta de la población negra de Detroit. Por algo lo llaman “la araña”.