En Amagá : MINEROS EN HUELGA RECHAZAN INSEGURIDAD INDUSTRIAL

Para exigir que se ponga fin a las aberrantes condiciones de inseguridad y por un aumento de salarios en un 50 por ciento, se lanzaron a la huelga el pasado 3 de julio 114 mineros de Amagá, de las empresas Carbones San Fernando y Explotaciones de Cuarzo Ltda. Estos últimos firmaron recientemente convención colectiva.

En San Fernando, 86 trabajadores arriesgan todos los días sus vidas para extraer cientos de toneladas de mineral a cambio de míseros salarios. Las condiciones de explotación e inseguridad son comunes a todos los trabajadores de las minas de Amagá. Por esto, los hombres que mantienen desde hace ya dos meses la huelga, se unieron a sus compañeros de duras faenas y, junto a las delegaciones sindicales venidas de toda Antioquia, conmemoraron el pasado 14 de junio, el segundo aniversario del crimen Industrial Hullera. Con rabia y con dolor recordaron a los 86 compañeros victimas de la negligencia criminal de la empresa, que perecieron atrapados en los socavones al producirse una explosión de gas grisú.

En esta amarga fecha, los mineros de Carbones San Fernando y Explotaciones de Cuarzo, reafirmaron su decisión de llevar su lucha hasta el fin, contando con el apoyo de la población y de la clase obrera.

FLORECEN LAS LIGAS CAMPESINAS EN CÓRDOBA

El departamento de Córdoba es una zona rica en donde el régimen terrateniente, con todas sus secuelas de atraso y miseria, domina a su arbitrio la vida de centenares de miles de colombianos. Un puñado de grandes señores posee casi todos los terrenos laborales, en los que practica la ganadería extensiva, manipula el mercado y monopoliza el crédito oficial.
Por otra parte, detenta el Poder a nivel regional y cuenta con representantes genuinos en el alto gobierno, como Germán Bula Hoyos, actual Ministro de Agricultura.
Contra esta aristocracia despótica se han venido levantando con renovados bríos los labriegos cordobeses. Enarbolando la consigna “la tierra para el que la trabaja”, surgen continuamente combativas ligas de campesinos pobres que invaden los latifundios ociosos, hostigan a sus ancestrales hambreadotes y amplían día tras día su influencia entre las masas trabajadoras del campo.

Panorama desolador
Córdoba es una región típica de ganadería extensiva, en donde el 68.6% (1.251.986 hectáreas) de las tierras explotadas está cultivado en pasto mientras apenas el 15.2% (278.214 hectáreas) se dedica, en su gran mayoría, a una agricultura atrasada, sin ninguna técnica y sin crédito. Sólo unos cuantos empresarios agrícolas, medianos y pequeños, hacen esfuerzos por modernizar la producción. La concentración de la propiedad en pocas manos y la falta de tierra para la mayoría abrumadora de la población del campo configuran el problema más sentido del departamento. Mientras el 70% de las fincas es menos de 10 hectáreas y ocupa solo el 3% de la superficie laborable, el 1% de los predios es mayor de 500 hectáreas y acapara más del 40%.

Por otra parte, hombres, mujeres y niños, tienen que salir a “ganarse el día” jornaleando en agotadores faenas por salarios irrisorios que oscilan entre los 30 y los 60 pesos diarios sin alimentación. Se da el caso aberrante de que algunos trabajan sólo a cambio de comida.

Otros, los arrendatarios o parceleros, recurren al alquiles de pequeños “cuarterones” (1/4 de hectárea), que las más de las veces apenas dan para el plato de arroz, alimento básico y casi único de los pobres del campo. En el Bajo Sinú, durante los meses de lluvias intensas, los campesinos pasan la mayor parte del tiempo sembrando el grano, hundíos en los innumerables pantanos que se forman en esta zona “Nuestros hijos ya están sin sangre de puro comer arroz”, comenta amargado un minifundista de El Dividí, un caserío de 50 viviendas perteneciente al municipio de Sahagún.

Tal será la miseria reinante que incluso numerosas familias tienen que someterse a “raicillar” en las plantaciones de arroz, o sea, recoger a mano las pocas espigas que no alcanzan a alzar las maquinas recolectoras. Como algunos dueños de tierra les arrebatan la mitad de lo que así consiguen, muchos, aguijoneados por el hambre, se han rebelado contra este sistema de “ir a medias”.

Las inconmensurables haciendas ganaderas han sido desbrozadas con el sudor de miles de aparceros, quienes, a cambio de limpiar un trozo de tierra de la finca y poder sembrar un “pancoger” durante una cosecha, se obligan a dejar el terreno convertido en pastizales para el ganado del señor. Poco a poco, los grandes terratenientes han ido ampliando sus ya gigantescas propiedades, sin respetar extensiones baldías o caseríos, como ocurrió en Paloquemao, Sahagún, que fue arrasado e incluido en los dominios de uno de los poderosos. “Eso lo volvieron pura yerba y la gente que vivía ahí tuvo que irse a morir a otra parte”, denuncia un poblador de la región. “los terratenientes – concluye- nos quitaron la tierra y nos dejaron el hambre”.

Incora y Caja Agraria, los otros enemigos
Donde quiera que el Incora desarrolle actividades, lo hace con el fin de proteger los intereses de los terratenientes y aumentar la miseria y la explotación de las masas campesinas. Así como en el resto del país, el Incora emprendió su tarea en Córdoba en las zonas en las que los agricultores habían invadido con éxito enormes latifundios, particularmente en el Bajo y Medio Sinú. El mecanismo consistió en comprarles a magníficos precios las tierras en disputa a los hacendados (incluidos terrenos baldíos que éstos habían usurpado), para luego vendérselas a los labriegos que las reclamaban. El instituto aplicó entonces su política de “meter más gente en menos tierra”, adjudicando parcelas insignificantes y caras a la mayor parte de los campesinos, o apretujando varias familias en las llamadas “empresas comunitarias”. Hoy en día se cuentan por docenas los parceleros del Incora que han tenido que abandonar la región por no poder cumplir con las deudas contraídas a través de préstamos ruinosos. Últimamente, con los créditos tipo DRI (Desarrollo Rural Integrado) que impone la Caja Agraria, los campesinos se comprometen a que si los intereses pactados inicialmente son incrementados más tarde por el gobierno, “el deudor capta y se obliga a pagar la diferencia que resulte a su cargo por dicho concepto”. Es así como numerosos parceleros y minifundistas son arruinados y despojados de sus tierras.

Se dio el caso de que el Incora, además de pagarles con largueza las propiedades a los latifundistas se las arrendaba después de “expropiadas” a tiempo que miles de labriegos carecen de un simple “pancoger”. Un campesino del proyecto Córdoba N° 1, en Lorica, señala con razón: “Al principio el Incora hizo mucha bulla; pero a la larga nos hemos dado Ceuta de que no se sabe quien es peor si el instituto o los terratenientes, porque ambos le chupan la sangre a uno”.

En cada pelea, una liga
Desde algunos años atrás, el campesinado del Bajo y Medio Sinú han emprendido el camino de la organización independiente para enfrentar a los latifundistas y el gobierno oligárquico. A diario se suceden invasiones, batallas de aparceros por el derecho a poseer la tierra que han trabajado a través de generaciones y combates de parceleros del Incora por sacudirse el yugo que se les pretende imponer. En cada una de estas peleas se han conformado ligas de minifundistas y arrendatarios.

A este auge del movimiento campesino los señores feudales han respondido con la más salvaje represión, para lo cual disponen de policías, carabineros y agentes del DAS Rural.
No obstante, la perseverancia, el valor y el ingenio de las masas están dando al traste con todas y cada una de las medidas de sus opresores. Desde hace varios meses todos los días de la semana, los invasores y sus familias “entran a la tierra” en decenas de latifundios, limpian unas cuantas hectáreas y siembran maíz, yuca y plátano. Al día siguiente, mientras las gavillas de los terratenientes destruyen los cultivos de la víspera, los invasores repiten el proceso en otro lugar. Y así viene sucediendo semana tras semana; los campesinos insisten en la lucha sin desmayo y con tesón: “Lo malo es dejar quieto al terrateniente – afirma un joven de Sahagún -. Hay que atacarlos todos los días y por todos los lados hasta arrancarles la tierra”. Otras veces, los campesinos cultivan la invasión durante la noche o al amanecer, burlando la vigilancia de los uniformados.

En Laguneta, Sahagún, la Asociación de Arrendatarios decidió no pagar más por el derecho a trabajar unas parcelas “que desde nuestros padres estamos sembrando”, y conquisto la propiedad sobre las mismas, venciendo la represión y las maniobras del latifundista y más tarde del Incora. En el 35, la liga de aparceros derrotó los intentos de propietario por desalojarla y también logró establecer numerosas familias en esas tierras.

Los lugares en los que han triunfado las luchas campesinas “ya no son ni la sombra de los que eran antes”. Un directivo de una liga explica: “Por aquí se comía muy mal anteriormente. Pero desde que nosotros ganamos la pelea estamos trabajando estos lotes y ya se ve la producción, se ver la comida., hay mercado. Antes tampoco había caminos para estas tierras; ahora tenemos hasta carretera y los carros vienen todos los día desde el pueblo”.

Varias ligas han creado cooperativas de mercadeo y de consumo entre sus afiliados. En Los Plátanos, Lorica, la organización posee una parcela comunitaria en la que todos jornalean semanalmente; el producto de la cosecha se destina a un fondo colectivo. Periódicamente se reúnen a estudiar y a discutir los problemas de la región y del país. “Es que no podemos quedarnos pensando sólo en la tierra”, apunta un campesino de Cienaga de Oro. “No podemos quitarle la tierra al latifundista y después ir a votar por él o por cualquier otro oligarca. Hay que combatirlos también políticamente. En la liga ya nadie apoya a los partidos tradicionales”.

Dentro de estos nuevos bastiones de campesinado, los miembros más avanzados y conscientes comienzan a criticar las posiciones egoístas de quienes, una vez conquistada la tierra y logradas ciertas mejorías, pretenden aislar a la organización en si misma, apartándola del resto de sus hermanos que siguen sin tierra y en la miseria. Sin dejar de atender a las faenas propias de la producción, las ligas se van constituyendo en bases de apoyo y en focos desde los cuales se impulsa la lucha de clases en el campo.

Todas las decisiones atinentes a la lucha y a la táctica a seguir son tomadas democráticamente en las asambleas. Asimismo la liga recolecta los fondos necesarios y provee la solidaridad para los invasores y la alimentación para los compañeros detenidos en los combates, basándose en los propios esfuerzos y en las masas.

Las ligas también se han convertido en un semillero de auténticos dirigentes campesinos y realizan regularmente un fructífero acercamiento con la clase obrera, invitando a dirigentes y proletarios de las ciudades a dictar cursos y a que conozcan la realidad.

Es por todo lo expuesto que las gentes respetan y apoyan cada vez más a las ligas y estás crecen continuamente. Por la misma razón, sus enemigos las miran con una mezcla de temor y de odio porque saben muy bien que, como lo asevera un parcelero de Cereté, “algún día les vamos a quitar a los terratenientes no sólo un pedazo de tierra sino el Poder entero, y entonces les vamos a decir: “Tomen esta rula y váyanse a trabajar para ganarse la vida como lo hemos hecho nosotros siempre”.

Contra esta marejada de lucha de los oprimidos se estrellará impotente el régimen oligárquico. El presidente de una liga lo expresa con claridad: “mientras nos consolidamos nos podrán seguir destruyendo los sembrados y persiguiéndonos. Pero cuando seamos más fuertes y haya ligas en todas partes, vamos a parar ranchos en las invasiones y de ahí no nos va a sacar nadie. Y si nosotros morimos defendiendo lo que nos pertenece, ahí están nuestros hijos para que sigan nuestro ejemplo y echen pa’lante el movimiento”.

EXITOSA CONFERENCIA DE ANUC – LÍNEA SINCELEJO

Con la presencia de delegaciones de todo el país se instaló en Bogotá el pasado 20 de julio la Conferencia Nacional Campesina de la Anuc-Línea Sincelejo. Cerca de medio millar de dirigentes campesinos y de invitados especiales respondieron con entusiasmo a las consignas del encuentro, de “¡Tierra, democracia, liberación nacional!”, “¡Construyamos la alianza obrero-campesina!” y “¡Viva Nicaragua revolucionaria!”.

La intervención inaugural del evento estuvo a cargo del compañero Froilan Rivera. Seguidamente presentaron sus saludos Álvaro Bernal Segura por la Anapo y Otto Ñañez por el MOIR, Eduardo Urrea por la Liga M-L y los CDPR, Abel Rodríguez por Fecode y Jaime Castilla por la USO. También se solidarizó con la Conferencia el Periodista Alberto Mendoza Morales. El informe central lo rindió ante la plenaria el compañero Miguel Gamboa. El día de la clausura, el 22 de julio, todas las delegaciones recibieron con emoción la visita y las palabras del dirigente nacional de la Anapo y del FUP, Jaime Piedrahita Cardona quien asaltó las indoblegables luchas de los pobres del campo y urgió realizar la tarea de su unificación en una sola organización nacional.

Finalmente, la Conferencia aprobó una Declaración General. El documento dice en uno de sus apartes: “La fuerza de los pobres del campo se desarrollará si cuenta con una línea clara que indique el rumbo justo y eduque a los campesinos para que puedan salir de la opresión en que viven. Tal línea no puede ser otra que la de unirnos todos los campesinos a realizar una revolución agraria que derroque el poder de los terratenientes; tal línea no puede línea no puede otra que la de unirnos los obreros y los campesinos y el resto del pueblo en una lucha revolucionaria contra la oligarquía y el imperialismo norteamericano”.

Mensaje del MOIR: “AGLUTINEMOS AL CAMPESINADO EN UNA SOLA ORGANIZACIÓN NACIONAL”

Compañeros Delegados
Conferencia Nacional Campesina
Anuc-Línea Sincelejo

Todos los militantes del MOIR quieren hacer llegar a ustedes, a través de este saludo solidario del Comité Ejecutivo Central, sus votos por los éxitos de la Conferencia Nacional Campesina de Anuc Línea Sincelejo. Porque sabemos de las recias batallas que los sectores más conscientes de Anuc han librado para que los campesinos de dicha organización persistan en el rumbo correcto, esperamos confiados en que la Conferencia no sólo propinará un buen golpe a quienes se obstinan en la conciliación con el enemigo, sino dará un jalón al proceso de unidad del pueblo colombiano en pos de las metas emancipadoras.
Ustedes inician deliberaciones cuando se están sucediendo importantes acontecimientos internacionales y nacionales. La espléndida victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional sobre el sátrapa Atanasio Somoza en Nicaragua, además de embargarnos de júbilo, nos confirma la convicción de que el imperialismo norteamericano, dentro de su evidente declinación, afronta insuperables dificultades para mantener la hegemonía, incluso en Latinoamérica, su principal zona de influencia. Este es un hecho supremamente positivo que habremos de aprovechar a plenitud. Debido a las mismas causas, en Colombia, los intermediarios económicos y políticos de Washington, a mediada que acentúan la extorsión sobre las clases laboriosas, recurren cada vez más desde el poder a procedimientos de tipo fascistoide para ahogar el descontento popular, no obstante sus hipócritas cacareos de fingidos protectores de la libertad y de la democracia. Por encima de las reformas y de la demagogia de la coalición gobernante el país continuará percatándose de la progresiva militarización del régimen. La situación al respecto empeorará.

Este es un hecho negativo que podremos transformar en su contrario, si nos fundimos sólidamente con las masas del campo y la ciudad y logramos aplicar, con eficacia, el antídoto contra las imposturas reformistas con que la UNO y el oportunismo liberal buscan emponzoñar la mente de las mayorías esclavizadas.

Aguardamos impacientes las conclusiones de la conferencia para proteger la discusión bilateral entre el MNDP, destacamento dirigentes de Anuc-Línea Sincelejo, y el MOIR, en torno a los acuerdos que nos permitan emprender el aglutinamiento del campesinado en una sola agrupación a escala nacional, ajena al tutelaje oligárquico y bajo una orientación consecuente. No dudamos que cristalizaremos tal propósito, y muy pronto, puesto que tanto ustedes como nosotros estamos decididamente resueltos a sacarlo avante. Las conquistas políticas y organizativas de los pobres del campo, pilar fundamental del frente único antiimperialista, contarán siempre con el firme apoyo del movimiento obrero. La corriente unitaria a la que conjuntamente hemos dado impulso, se abrirá paso de manera irresistible, hasta “liberar la nación del yugo extranjero, alcanzar y preservar la verdadera soberanía nacional, desalojar del Poder a las camarillas traidoras e instaurar un Estado de las clases y fuerzas patrióticas y revolucionarias”, como bien los pregona la declaración que convoca el III Foro del FUP para el próximo 29 de septiembre.

Sigan preparando compañeros, el rescate de la tierra usurpada por los latifundistas, que el progreso de Colombia reclama un vuelco profundo en las formas de propiedad y en los modos de producción del agro. Culminen, compañeros, la justa labor de desenmascarar a los traficantes infiltrados, que las organizaciones campesinas también se fortalecen depurándose.

Alistémonos, compañeros, para las grandes pruebas que nos depara el momento histórico, que respaldó obtendrá quien no tema quedarse solo en la actual contienda por ampliar los derroteros de la unidad contra el despotismo y el oportunismo.

¡Éxitos, muchos éxitos, a la Conferencia Nacional Campesina de Anuc-Línea Sincelejo!

Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR)
Comité Ejecutivo Central

50 AÑOS DE LUCHA ESTUDIANTIL

El 8 y 9 de junio pasado, la juventud colombiana rindió homenaje a todos los estudiantes que han inmolado sus vidas en defensa de los más caros intereses y de las legitimas aspiraciones de la clase obrera y el pueblo, al tiempo que reafirmo su decisión inquebrantable de marchar, siempre al lado de los desposeídos en su lucha contra el reducido circulo de oligarcas y terratenientes pro-imperialistas, que tienen sumido al país entero en la más espantosa miseria.

Las jornadas del 29 y el 54
Hace cincuenta años, el 7 de junio de 1929, las balas oficiales cegaron la vida del estudiante universitario Gonzalo Bravo Páez. Pero a pesar del crimen y de la violencia desatada por el gobierno, las masas se anotaron, en esa ocasión, una victoria. El presidente Miguel Abadía Méndez, el hombre que condujo al país por uno de los caminos más oprobiosos, el mismo que bombardeo a Barranca durante la primer huelga petrolera y masacró a los obreros bananeros de la gloriosa gesta del 28, tuvo que exigirle la renuncia a Ignacio Rengifo, su Ministro de Guerra, el General Verdugo Carlos Cortes Vargas, su jefe de la Policía Nacional. En las principales calles de la capital resonaban, entre tanto, las consignas gritadas por la multitud de manifestantes: “¡Abajo la rosca!” y “¡Castigo para los asesinos de las bananeras!”.

A partir de esta fecha, todos los mandatarios colombianos que han tenido frente a sí la rebelión estudiantil, han respondido con la militarización de las ciudades, la clausura de los centros docentes, las vacaciones obligatorias, el garrote, la metralla, la cárcel y los consejos de guerra.

Pero es, también, desde ese día que el estudiantado colombiano se ha ido convirtiendo, en la misma medida en que el pueblo identifica a sus enemigos y los enfrenta, en un importante destacamento de combate, con una valiosa y ejemplar tradición de lucha. Veinticinco años después, el 8 de junio de 1954, caía asesinado Uriel Gutiérrez, estudiante de la Universidad Nacional. Al día siguiente, fueron abatidos doce compañeros, cuando los fieles esbirros de la dictadura abrieron fuego contra una manifestación universitaria que protestaba por el crimen de la jornada anterior. En esta ocasión, mientras los estudiantes se levantaban contra el despotismo, los caciques de los partidos tradicionales corrieron en tropel y se presentaron en Palacio para ofrecerle a Rojas Pinilla su respaldo incondicional. Entre ellos se encontraba Turbay Ayala.

Contra el Frente Nacional
A todo lo largo de los veintitantos años del Frente Nacional, el país ha estado en manos de una cáfila voraz dispuesta a llegar a todas partes con su corrupción, siempre y cuando obtenga beneficios para sus bolsillos insaciables y jugosas ganancias para el imperialismo norteamericano. Es ante esta inicua situación que el pueblo, cada día más consciente de la villanía que contra él se comete, y su juventud, en especial, se levanta rebosante de indignación y decidido a luchar contra sus consuetudinarios enemigos. Por eso, muy a menudo, los estudiantes han marchado a la cabeza de los brotes de ira popular ofrendando sus vidas. Una muestra palpable de ello este rápido recuento de algunas de las victimas de las dictaduras oligárquicas. En 1965, en Bogotá, Jorge Enrique Useche; dos años antes, el 23 de mayo de 1963, Manuel Monterrosa Requena, en Magangue; en 1968, en Lorica, Alberto Daza, Gumersindo Díaz, Martha Fayad, Andrés Ríos Vélez y Pedro Quintero; el 26 de febrero de 1971m en Cali, Edgar Mejía Vargas, y en ese mismo año, Carlos Augusto González en Popayán, y Julián Restrepo en Barranquilla; en 1973, en Medellín , Luis Fernando Barrientos; en 1974, a los pocos días de iniciado el gobierno de López, Rosmiro Burgos en Cereté; en el mismo año, José Yecid Castañeda y Darío Palma, en Bogotá; en La Dorada, el 13 de junio de 1975, Alfonso Llanos, de la Juventud Patriótica. El 30 de octubre del mismo año, en Bucaramanga, Jorge Eliécer Ariza. Particularmente aciago para el estudiantado es 1976; en el solo mes de marzo cuatro jóvenes caen bajo la metralla de “mandato de hambre” lopista, Jorge Morales y Jairo Burgos en Montería, y Alexis Omaña en Bogotá; el 28 de julio el estudiante de secundaria, militante del MOIR, Pedro Vicente Rueda, en Bucaramanga; en agosto, en Manizales, Fernando Henao. El 13 de abril de 1977, es asesinado Hernando Castaño de la JUPA, en Puerto Leguizamo, Carlos A. Rodríguez en el Líbano, Carlos E. Bravo en Medellín y Carlos Guatavita en Villavicencio; el 30 de mayo de 1978 en Bogotá, Patricio Silva. Y en este año, el 4 de febrero muere asesinado Jesús Maria Duque, en Cartago; el 3 de mato es acribillado a tiros el estudiante Marco Hernando Rubio, del Externado de Colombia de Bogotá y el 21 del pasado mes de agosto, Víctor Miguel Ruiz, en Montería.

Los estudiantes colombianos de hoy en día son dignos herederos de estos mártires de la juventud. En este cincuentenario las tumbas de todos ellos se cubrieron de rojas coronas. Fueron truncadas sus vidas, pero sus banderas permanecen en alto, empuñadas por otros jóvenes, por miles de sus compañeros, dispuestos a triunfar, como en el pasado mes en que los estudiantes se movilizaron al lado del pueblo, frente a las últimas alzas en la gasolina, el transporte y la leche.

UNA FELONÍA CON HISTORIA

Los representantes del Comité Regional de Solidaridad de Cundinamarca y del sindicalismo independiente se reunieron en Bogotá el 5 de septiembre y aprobaron un documento, que publicamos a continuación, en el que se denuncia la comedia montada por el Consejo Nacional Sindical a raíz de la consigna de preparación de un paro nacional de protesta. El siguiente es el texto del comunicado:

Las dos confederaciones patronales, que forman parte del Consejo Nacional Sindical (CNS), no dieron tiempo a que Turbay Ayala terminara de posesionarse para rendirle pleitesía. Ya desde agosto, el mismo mes de la posesión, la UTC resolvía “abrir un compás de espera” frente al gobierno y la CTC le brindaba su caluroso aplauso, a tiempo que celebraba la presencia en el gabinete del “compañero ministro” Marín Bernal.

El 28 de septiembre, el comité ejecutivo de la UTC, con la firma de Tulio Cuevas, desautorizó un pronunciamiento emanado del CNS que repudiaba el Estatuto de Seguridad. En la desautorización, la UTC fijaba así su política frente al aberrante Estatuto: “aquellas disposiciones tendientes a administrar pronta y cumplida justicia, deben conservar su vigencia”. A renglón seguido añadía, para lavarse las manos: “pero no compartimos las disposiciones tendientes a coartar el libre ejercicio de los actos sindicales”. Y a la CSTC, íntima aliada suya en el Consejo Nacional Sindical, ¿qué concepto le mereció tal exabrupto? Cuando el 29 de septiembre “El Tiempo” entrevistó al vicepresidente de la susodicha central, Miguel Antonio Caro, éste respondió con soberano desparpajo: “la conducta de UTC no resquebraja inevitablemente al CNS” y “su declaración, de hecho, significa únicamente que en el CNS hay absoluta libertad de discrepancia”. Y remató: se ha querido exagerar lo que ha sido un ligero incidente”.

En el reciente III Congreso de la CSTC, uno de los acuerdos esgrimidos para justificar la frágil existencia del Consejo Nacional Sindical fue el “pliego unificado”, que le pide al gobierno, como por cumplir, un incremento en los salarios. Pero hasta tal entendimiento quedó bien pronto ridiculizado por los cabecillas vendeobreros que, con motivo de una de las alzas en las tarifas del transporte, le suplicaron a Turbay que convocara “cuanto antes el Consejo Nacional de Salarios”, no para entablar negociaciones sobre las aspiraciones de los trabajadores, sino para iniciar consultas, a puerta cerrada, “sobre el proyecto de universidad obrera… y el nombramiento de agregados laborales en las representaciones diplomáticas en el exterior”. En los siguientes meses, UTC y CTC insistieron en la llamada concertación con el gobierno. Tocar sumisamente a las puertas de la alta burocracia, cada vez que está en vísperas de germinar la indignación del pueblo, se ha vuelto una costumbre inveterada en estas dos centrales. Que lo desmienta el señor Apecides Alvis, de la CTC, designado representante personal de Turbay ante el Consejo Directivo del ISS, en momentos en que crecía la protesta de los trabajadores contra el desgreño de la asistencia médica estatal.

Con este doble juego, los Hurtados y los Cuevas pueden continuar siendo los pajes del gobierno, mientras posan de radicales tras la mampara del Consejo Nacional Sindical, de gancho con el mamertismo.

El esquirolaje continúa haciendo de las suyas en el sindicalismo colombiano. A la CSTC sólo le preocupa, por lo visto, que la dejen por fuera del reparto. Ha resuelto arropar con el silencio las felonías de las centrales gobiernistas, para que no se enfríe la engañosa armonía del Consejo Nacional Sindical. La conciliación a todo trance. Hasta en “Voz Proletaria” se giró un cheque en blanco: “en ningún caso y por ningún motivo serán la confederación sindical, sus federaciones, sindicatos y dirigentes, los que promuevan ningún agrietamiento, parálisis o ruptura del proceso unitario de las cuatro centrales”.

El 23 de agosto pasado se constituyó en Bogotá un “comité cívico”, encargado de “preparar las condiciones de un nuevo paro nacional contra la carestía”. Partió la iniciativa de Festrac y Asicun, filiales respectivamente de CSTC y de CGT. Cuajaba así el globo de ensayo que en tal sentido había lanzado la CSTC, cuidándose de no aparecer directamente involucrada.

Corrieron a hacer parte del mencionado comité, Fenaltrase, Provivienda, Fenaltraconcem y Fensa, todas ellas filiales de la CSTC, así como la UMD, la FJO, la UNES y demás aparatos fantasmales del PC. Se decidió que la dirección quedara en manos del Consejo Nacional Sindical, para excluir a los sectores revolucionarios del proletariado.

El sindicalismo independiente respaldó la consigna de un paro de protesta, si bien exigió el establecimiento de .una dirección conjunta, sin exclusiones sectarias de ninguna índole y con objetivos acordados conforme a los principios universales de la democracia obrera.

Cuando se comenzaban a gestar reuniones a nivel de base, la UTC y la CTC manifestaron al unísono su radical oposición al movimiento. Muchas cosas han cambiado desde el 14 de septiembre de 1977. El pastranismo, corriente de cuyo directorio hace parte Tulio Cuevas, se hallaba entonces en cerril oposición al gobierno de Alfonso López Michelsen. Hoy, por el contrario, este grupo está integrado sólidamente a la coalición bipartidista dominante. En consecuencia, Cuevas y sus conmilitones encuéntranse obligados a escudar, en una u otra forma, todas las medidas expoliadoras del régimen turbayista. Esto explica la bendición soslayada que le impartieron al Estatuto de Seguridad. Y después, cuando en decretos sucesivos el Ejecutivo alzó el precio de la gasolina, el transporte, la leche y demás artículos de primera necesidad, y cuando el proletariado, por tales atropellos, empezó a gestar la idea de preparar un movimiento de protesta, los vendeobreros corrieron a jugar su consabido papel de apaciguadores del descontento de las masas. Dijeron que no existían condiciones para una movilización general y popular. Y prefirieron presentarle al gobierno unos ridículos puntos petitorios reclamando de nuevo la política concertada con los capitalistas y el Estado, la constitución de los demagógicos comités de control de precios, e incluso prohijaron la propuesta de la espuria Confederación de Consumidores del exgerente del Idema, Ariel Armel, consistente en pensar en rebajarles los impuestos a los industriales de la leche. Es decir, en lugar de estimular la lucha de los oprimidos, cohonestar las maniobras de los usufructuadotes de la carestía.

Lo que no ha cambiado en la situación es que la SCTC, ayer como hoy, marcha a la cola de las camarillas pratronales.

El 28 de agosto fue convocado el CNS para considerar la ratificación o improbación del paro. Y la CSTC, que días antes había repartido circulares de apoyo al movimiento, entró a la reunión y claudicó. El Consejo Nacional Sindical decidió ese día suscribir un proyecto de pliego, “que será presentado al gobierno del presidente Turbay”, con el propósito de materializar la política concertada.

¿Qué había sucedido? pues que el Partido Comunista y su aparato sindical seguían siendo fieles a su tradición. Nunca se ha visto, si se examinan los acontecimientos de los últimos años, que la CSTC se haya atrevido a secundar un movimiento de envergadura nacional en que no participe Tulio Cuevas. Siempre, bajo la batuta y las condiciones de éste, participó invariablemente a la zaga en los paros del 65, 69, 71 y 77. Ahora, como Tulio Cuevas y la CTC decidieron trocar el deseo de lucha de los trabajadores por la componenda por el gobierno, entonces la CSTC, después de haber considerado la conveniencia de adelantar una acción general, ario la bandera y concluyó enfáticamente que no existían las condiciones objetivas ni subjetivas para materializar combativa y ejemplarmente la protesta del pueblo colombiano. Y para colmo de la desfachatez, se ha venido lanza en ristre contra quienes manifestaron estar de acuerdo con la preparación de un paro, calificándolos de aventureros y anarquistas.

Desde el punto de vista de la clase obrera es lícito aprovechar las contradicciones del enemigo y lícito también modificar un plan de lucho si varían las condiciones que lo hacían viable. Esto no se discute. Lo que denunciamos ante el país es que se sustituya la consigna de paro con la traición, como acaba de hacerlo la CSTC, al plegarse, cual manso cordero, a las putas entreguistas y de al burla al pueblo, diseñadas por los esquiroles de todos los conflictos.

Una lección preciosa, por vía negativa, para los que dudan de la estrategia embaucadora y de la charlatanería del Consejo Nacional Sindical
Abel Rodríguez, presidente de Fecode
Héctor Fajardo A., tesorero de Fecode
Hugo Cruz, presidente de Aceb
Guillermo Martínez, vicepresidente de Aceb
Agustín González, presidente de Sittelecom
Rafael Conde, presidente de Sintracreditario
Jorge Pedraza, presidente de Sinucom
Israel Vergara, tesorero de Sindillantas
Pablo Hernández, directivo de Sindillantas
Alfredo Morales, presidente de Sintrahacienda
José Argemiro Ávila, presidente de Sindes
Gustavo Mejía, presidente de Sintracueducto.

POSICIÓN DEL FUP SOBRE EL MOVIMIENTO PRO PARO NACIONAL DE PROTESTA

El Frente por la Unidad del Pueblo (FUP) fijó los siguientes criterios para respaldar el movimiento por la preparación de un paro nacional de protesta:

En consecuencia, resuelve:

“Los partidos integrantes del FUP, conscientes de los sufrimientos de los trabajadores de la ciudad y el campo y del malestar social que sacude a las capas más pobres de la población, manifiestan su voluntad de darle decidido apoyo a un movimiento que prepare las condiciones para la feliz realización de dicha consigna de paro nacional.
1) Facilitar los acuerdos con las fuerzas sindicales y políticas dispuestas a comprometerse a impulsar el movimiento preparatorio del paro;
2) insistir en la conformación democrática de una dirección conjunta que dé cabida, con igualdad de derechos y deberes, a todos los destacamentos participantes;
3) demandar que en el máximo organismo directivo del movimiento se halle debidamente representado el sindicalismo independiente y revolucionario, y
4) la Fecha del paro, los objetivos, la modalidad y los alcances del mismo han discutirse y determinarse conforme a los principios universales de la democracia obrera”.