¡No a las bases gringas en Colombia!

Lenin aclaró la naturaleza de las potencias en el contexto de la fase superior del capitalismo, la cual llamó imperialista. Tal fase se caracteriza por la creación de monopolios, la supremacía del capital financiero, la preponderancia de la exportación de capitales sobre la de mercancías, la formación de asociaciones internacionales de monopolistas y el reparto territorial del mundo. Demostró cómo el neocolonialismo da la aparente independencia a las naciones, y que “para el capital financiero la subordinación más beneficiosa…es aquella que trae aparejada consigo la pérdida de la independencia política de los países y de los pueblos sometidos”. El mayor desarrollo capitalista hace más sensible la insuficiencia de materias primas y acentúa y endurece la competencia y la búsqueda de ellas en todo el mundo.

Dichas premisas se cumplen con mayor rigor para Estados Unidos en el momento en que sus dificultades son evidentes, las repercusiones de la crisis financiera continúan, los más de dos billones de dólares inyectados a las arcas de Wall Street no reaniman los interrumpidos círculos crediticios y comerciales, adolece de abultados déficit externos no conjurables en el corto y mediano plazo. Barack Obama, retrata las dificultades imperiales: “Estamos en medio de una crisis (…) Nuestra nación está en guerra (…) Nuestra economía está gravemente debilitada”.

Bajo este marco se da el vergonzoso apoyo por parte de Álvaro Uribe al pillaje norteamericano en Irak y Afganistán, y el servil traslado a territorio colombiano de las operaciones de la base del Comando Sur en Manta, Ecuador, suprimidas por decisión soberana del hermano país. Esto profundiza el repudiable carácter de neocolonia norteamericana que tiene Colombia y la convierte en teatro de primer orden para la estrategia de dominación económica y militar de la superpotencia a escala mundial.

Las potencias luchan por un nuevo reparto

Las demás potencias y en especial Brasil, Rusia, India y China, tanto en la OMC como en otros foros, impiden a Estados Unidos profundizar su supremacía, y buscan revertirla. Algunas potencias proponen replantear el papel dominante del Banco Mundial y el FMI y suman poderes que pongan en jaque al dólar como patrón de cambio internacional. Los apremios en los foros multilaterales se agregan a la imposibilidad de continuar abrazando palmo a palmo el mundo con acuerdos de libre comercio.

La “diplomacia” en cabeza de la señora Clinton, juega al estilo de la era Carter. Al tiempo que tiende la falsa mano del diálogo a países que, como Irán, China, Venezuela, Ecuador y Brasil, se oponen a las políticas norteamericanas o expresan contradicciones de diversa índole, arma a las naciones amigasdesde donde planea agresiones. En América Latina, por ejemplo, reactiva la IV Flota para amenazar a quienes tiendan a “perjudicar” la paz, estabilidad y prosperidad norteamericana en el área de responsabilidad del Comando Sur.

Globalización impuesta con las armas

El poder militar norteamericano es indispensable para tratar de atender sus necesidades y conjurar sus apremios materiales. Desplegar bases militares en 130 de los 194 países del globo, tener 2,9 millones de personas al servicio del Departamento de Defensa, poseer un complejo industrial militar sin parangón, y un aforo militar de más de 700 mil millones de dólares (equivalente a todo el presupuesto de las otras 193 naciones), busca garantizarse el flujo de la plusvalía de miles de millones de trabajadores y el suministro de materias primas, y el control de mercados para sus mercancías y capitales. Empero, la debilidad económica también asoma a la hora de costear sus frentes de guerra. Ante la decadente situación económica y la incapacidad para sostener la dominación, el trust norteamericano recurre al imperialismo hirsuto y blande las bayonetas contra quienes lo amenazan. He aquí la explicación del traslado a bases colombianas de las operaciones militares que tenía en Manta.

Los imperios, escribió Francisco Mosquera, se preocupan de su imagen, pero jamás estropean sus proyectos estratégicos y tácticos por los apremios de una nación de unos cuantos millones de habitantes. Si en el tablero internacional han de sacrificar un peón para neutralizar la acción de un alfil enemigo, no tienen vacilación alguna.

En 1999, en razón al cierre de la Base Aérea Howard, desde donde se lanzó el ataque que derrocó al presidente Noriega, Norteamérica firmó acuerdos con Ecuador y Holanda para acceder a bases en Manta, Aruba y Curazao. Ninguno de estos emplazamientos acuartelan más de 500 efectivos, pero como lo explicó Chalmers Johnson, funcionan al estilo de la flor de loto que, una vez abre sus pétalos, despliega una capacidad de fuego que permite a las fuerzas norteamericanas adelantar operaciones de pequeña, mediana y gran envergadura. La guerra perpetua, dicen los planificadores imperiales.

Con la nueva escalada militar en América Latina, Estados Unidos amenaza a gobiernos con los que mantiene constantes tensiones. Sin embargo, la principal se cierne contra Brasil, mayor potencia económica y militar sudamericana, y contra Europa y China, que aspiran a arrebatar parte del dominio económico norteamericano en la región. Las inversiones europeas en América Latina son crecientes y, al igual que Estados Unidos, Europa recurre al “libre comercio” para acrecentar el poder económico en territorios que conformaron su espacio colonial. Pero la política expansionista europea sufre con la presencia de China en África y con Obama, quien busca recuperar el terreno perdido en América Latina y en el Medio Oriente y apunta al continente africano.

Desde Palanquero, una de las bases colombianas que va a ceder Uribe, la Fuerza Aérea de Estados Unidos podrá lanzar operaciones, de aviones C-17, con “alcance en movilidad aérea en el continente sudamericano”, e incluso en el continente entero. Y de abrirse una base en la Guyana Francesa y otra en Recife (Brasil), ejecutará ofensivas contra África, amenazando los intereses europeos y chinos.

El traslado de las operaciones de Manta a nuestro territori pisotea la Constitución de Colombia, en la que no existe artículo que avale el emplazamiento de tropas extranjeras y menos la construcción de instalaciones militares foráneas. Además, la inmunidad diplomática para los militares y mercenarios norteamericanos les da el derecho a cometer toda clase de delitos, entre ellos los de lesa humanidad.

Las estratagemas imperiales se replican a lo largo del orbe. En estas tierras Uribe esgrime la tesis de la amenaza terrorista internacional y viola los principios de la autodeterminación de las naciones y de la no injerencia en los asuntos de otros países. Uribe habla de lucha antidrogas y defensa de la “democracia” y de la “libertad”, pero es una jeringonza con la que avala el desdeñable emplazamiento de tropas extranjeras, lo que pisotea la soberanía propia y amenaza las ajenas.

Solo la resistencia liberará a los pueblos

Al declive económico de Estados Unidos y su competencia feroz con otras potencias, se suma el avivamiento de la resistencia de los pueblos. Irak y Afganistán se convierten en atascaderos, de donde no puede salir ni quedarse. En Medio Oriente crece la resistencia de pueblos que como el palestino combaten su intromisión. En América Latina, el inconformismo con las imposiciones de la Casa Blanca se generaliza. Y de los planteamientos del FMI se alejan gobiernos que, como el ecuatoriano, prohíbe utilizar el endeudamiento público para cubrir deudas con organismos multilaterales. Argentina, por su parte, nacionaliza los fondos de pensiones, diezmando el poder del capital financiero.

La decisión de ubicar bases norteamericanas en nuestra patria, episodio comparable por su extrema gravedad con el del robo de Panamá a comienzos del siglo XX, hace imperativo emular las luchas de ecuatorianos, puertorriqueños, indonesios y griegos contra los emplazamientos militares de Estados Unidos y las de otros pueblos contra los ucases del imperio. La claudicación solo acrecienta el sometimiento de los pueblos a las felonías imperiales. El camino es único e inequívoco: ¡No a las bases gringas en Colombia!

Editorial: Álvaro Uribe y sus políticas, son derrotables

Las cifras negativas de la economía mundial son de tal magnitud que los gobiernos de las potencias económicas, las entidades rectoras del capital y los analistas de distintas procedencias y enfoques no pudieron ocultar más la gravedad de la situación y reconocen la existencia de una aguda crisis del capitalismo, de proporciones similares o peores a la gran depresión de 1929, que precedió a la Segunda Guerra Mundial. Para 2009 se prevén crecimientos por debajo del 1%, e incluso decrecimientos en muchas de las economías consideradas grandes y con mayor razón en las de los paises dependientes; la caída del empleo mundial se pronostica en más de medio centenar de millones de puestos de trabajo; la pobreza abarcará a 1.400 millones de personas y no pocos países entrarán en situación de insolvencia, no cumplirán sus obligaciones de deuda externa ni cubrirán el valor de sus importaciones.

A esto condujo la aplicación de las políticas neoliberales impuestas por los centros de poder del capitalismo mundial y promovidas en su oportunidad como la solución para un crecimiento económico armónico y para combatir la pobreza y el desempleo. Era la pócima para evitar nuevas crisis del capitalismo, y sin la cual ninguna nación alcanzaría niveles de desarrollo y bienestar.

La descomunal concentración de capital y la acumulación de ganancias que impera en el mundo, resultantes de la globalización imperialista, se fundamentan en la sobreexplotación de los trabajadores, la obtención de materias primas baratas, las exenciones tributarias de que son objeto los grandes monopolios y la elevación de las tasas de interés del capital que demandan la industria, el agro y el consumo. La apropiación de plusvalía deja sin poder de compra a los obreros; la usura y la especulación financiera quiebran la producción agroindustrial y arruinan las finanzas estatales en proporciones tales que el sistema capitalista colapsa. Cuanto más dominante sea el capital financiero en el mundo, mayores serán las consecuencias de las crisis. Estas leyes de la economía explican el estado de cosas actual y los desarrollos que sobrevendrán.

Las potencias se coluden y luchan

Las economías dominantes recurren abiertamente al proteccionismo, a la defensa de sus mercados internos y de sus áreas de influencia, mientras a los países dominados se les sitia con el recetario neoliberal: pérdida del control monetario, disciplina fiscal, privatizaciones, tratados de libre comercio, pago ineludible de la deuda, abaratamiento de la mano de obra, estímulos para la inversión extranjera, destrucción de su aparato productivo, entre otras imposiciones, son los resultados de la V Cumbre de las Américas, la Asamblea del BID, y la reunión del G-20, las más recientes reuniones o foros internacionales convocados para ocuparse del tema.

Estados Unidos promueve el consumo de sus productos, protege su mercado interno de acero, emite dinero, rescata su sistema financiero e impide el ingreso de camiones mejicanos a su territorio contra lo pactado en el Nafta. Rusia eleva los aranceles para vehículos usados. Francia y Alemania, en claro aprovechamiento de su supremacía, niegan un plan de rescate conjunto para la Unión Europea e imponen que cada uno de los demás países de la zona enfrenten la crisis por separado. India protege su juguetería de la competencia china y Argentina eleva los aranceles para los cereales, los textiles y las autopartes, sin trámite alguno ante Mercosur. Todos burlan las regulaciones cocinadas por ellos mismos en organismos como la OMC.

Al tiempo, las reuniones de los entes y agrupamientos de esas potencias transcurren en medio de mayores fricciones como resultado de enconadas disputas por el reparto de las zonas de influencia. No hay consenso en la OTAN para mantener la ocupación militar de Afganistán, en contravía a la postura de Barack Obama de apuntalar la presencia en esta estratégica región. Rusia endurece su posición contra el despliegue de un escudo antimisiles de Estados Unidos en Europa Oriental. Francia interviene en el conflicto Árabe-Israelí y reingresa a la OTAN. Japón sorprende con la instalación de su propio sistema de defensa antimisiles. Aumentan las tensiones entre India y Pakistán. China propone reemplazar el papel dominante del dólar y junto a Rusia fortalece el Grupo de Shanghái, mientras Brasil lidera una iniciativa para Suramérica que incluye asistencia y coordinación militar. En resumen la crisis económica mundial trae consigo el reacomodamiento de los centros de poder y la intensificación de disputas entre las potencias.

Que las naciones y pueblos recobren lo suyo

Las naciones y los pueblos del mundo no estarán a salvo de los daños y desafueros del capital financiero y de las multinacionales, sino en la medida en que recobren el manejo soberano de sus economías, fundamenten su desarrollo en la protección del mercado interno y adelanten el intercambio comercial con otras naciones aferrándose al principio del beneficio recíproco. Los países menos afectados por la crisis serán, sin duda, los que más hayan perseverado en la defensa de su soberanía nacional.

Desde años atrás, las organizaciones de trabajadores y los movimientos sociales opuestos al libre comercio y al deterioro medioambiental han opuesto firme resistencia a que los efectos de la crisis sean descargados sobre sus hombros. La ocasión es propicia para insistir en la comprensión de las causas del descalabro y en el imperativo de obrar en consecuencia con los intereses de los desposeídos, rectificando recientes posturas de conciliación y acomodamiento con las políticas de globalización por parte de miembros de las cúpulas sindicales. Los elementos y corrientes más esclarecidas del movimiento sindical internacional deben pugnar por la tan anhelada coordinación de las luchas a nivel planetario, tal como lo invocara Francisco Mosquera al referirse a la extensión sin fronteras del capitalismo y sus males: “En presencia de un enemigo común, lenguaje común, y lucha común”.

La situación nacional es desesperada

El cuadro nacional no es menos angustioso. El tan mentado blindaje resultó un verdadero fiasco: desplome de la producción industrial, caída del valor y el volumen de las exportaciones, disminución de las remesas, aumento del desempleo y la informalidad, sustancial disminución de la inversión extranjera. Las cifras son demoledoras: en el último trimestre de 2008 la economía decreció en 0.7%, y los primeros reportes de este año así lo ratifican, pues en enero la producción real cayó 4.8%, la producción industrial 10.7%, el comercio 4.5%, las exportaciones 7%, las remesas fueron 13% menos y en febrero se perdieron 266 mil puestos de trabajo. La proyección de crecimiento que el uribismo tenía en 3% para 2009 tuvo que bajarla a un rango de 0.5 a 1.5%, y el ministro Diego Palacio pronosticó una pérdida de 500 mil empleos para 2009, pero en sólo dos meses ya se ha perdido la mitad. En desencajada declaración el ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, admitió que el país disminuirá sus ingresos en 9 mil millones de dólares. Se juntan la recesión mundial con los estragos de 18 años de políticas neoliberales y el menoscabo de la soberanía económica.

La reelección de Uribe está en apuros

En medio de tanto daño a la nación y al pueblo, el inquilino de la Casa de Nariño no renuncia a sus apetencias reeleccionistas. Aparte del cerrado rechazo de la oposición y de los sectores democráticos, a esa pretensión le aparecen cada vez más resistencias: la Conferencia Episcopal ha hecho contundentes declaraciones que reprueban el aferramiento uribista al poder; igual descalificación han expresado varios miembros del empresariado, como el ex presidente de la ANDI y ex consejero presidencial Fabio Echeverri, el Partido Liberal, dirigentes de la coalición de gobierno como Gina Parodi, Marta Lucía Ramírez y el presidente de la Cámara de Representantes, Germán Varón, y los otrora prosélitos de “la seguridad democrática y la confianza inversionista” como Sergio Fajardo, Antanas Mokus y el ex procurador Edgardo Maya.

Si el proyecto de ley de referendo reeleccionista supera los escollos de su aprobación en comisión y plenaria del Senado, la conciliación con la Cámara y el control de la Corte Constitucional, los anhelos uribistas se toparán con el repudio popular que han suscitado las actuaciones autoritarias y delictivas de su administración y los pésimos resultados económicos para las masas y los sectores productivos. Pero no es todo: la escandalosa cantidad de parlamentarios uribistas implicados en la parapolítica; el no cerrado capítulo de la Yidispolítica, a pesar de la descarada absolución del nuevo procurador a los ministros Diego Palacio y Sabas Pretel; la extradición a Estados Unidos de la cúpula del paramilitarismo para ocultar la verdad y burlar la justicia y la reparación, lo que con gran acierto el senador Jorge Enrique Robledo popularizó como el tapen tapen; la oscura procedencia de los recursos para la recolección de firmas para el referendo reeleccionista y la violación de los topes; las presiones al poder judicial para obtener fallos favorables a los intereses del Ejecutivo, en claro rompimiento de la separación de poderes, regla de oro del estado de derecho; las criminales prácticas de los falsos positivos, que llevaron a que varios parlamentarios gringos cuestionen a los generales Mario Montoya y Jorge Daniel Castro; consejeros y muy altos funcionarios del Estado implicados con la pirámide DMG y acusados de reunirse en Palacio con paramilitares y narcotraficantes; las escabrosas andanzas del DAS y el repudiable aniquilamiento físico de sindicalistas, son algunos de los escándalos en que está inmerso el gobierno nacional. Es aberrante la toma y manipulación de las ramas del poder y el rompimiento flagrante de la democracia.

No menos insultante para la dignidad nacional es la reiterada injerencia del embajador de los Estados Unidos en asuntos de hondo calado en nuestro país, con el despliegue complaciente de los medios de comunicación. Pudiéramos decir que no hay asunto de la vida nacional al cual no haga referencia ni acto protocolario al que no asista, y las más de las veces como orador central para favorecer a su adelantado servidor, Álvaro Uribe.

Este cúmulo de hechos nos exige alentar la resistencia contra Uribe o cualquier testaferro que pretenda imponer en su remplazo. El contexto nacional e internacional son desfavorables para él y su política; hay muestras de desgaste y desmoronamiento de la coalición de gobierno; son numerosos los reveses en la aprobación del TLC con Estados Unidos, la erradicación de cultivos ilícitos, la desmovilización de los paramilitares, la derrota de las guerrillas, y es creciente el deterioro de su imagen internacional y de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela y Ecuador.

El Polo, la única opción de cambio

Por otro lado, el Polo Democrático Alternativo, PDA, ratificó en su II Congreso el rumbo de izquierda, reafirmó sus normas de funcionamiento con base en la aplicación de la democracia y descartó las invitaciones a rebajar el Ideario de Unidad para ir a las llamadas “posiciones de centro” frustrando las ilusiones de quienes le apuestan a la cooptación o la división. El Polo está en condiciones inmejorables de convocar y presidir una gran convergencia contra las pretensiones reeleccionistas de Álvaro Uribe, incluida la promoción de la abstención activa al referendo, si su trámite se concreta. El Polo debe presentarse ante el país como la única opción real de cambio, como la propuesta verdaderamente alternativa que puede restablecer la democracia, ganar la paz y recobrar la soberanía nacional, condiciones sin las cuales Colombia no podrá alcanzar niveles ciertos de desarrollo y bienestar. Se requiere sí, y con prontitud, darle aplicación a lo aprobado por unanimidad en el II Congreso sobre la selección del candidato presidencial del Polo, quien deberá ponerse al frente de la lucha contra la reelección, y emprender con gran despliegue organizativo y propagandístico la campaña del año 2010.

A las distintas tendencias del Polo nos corresponde desplegar sin reservas la más agresiva cruzada de vinculación del Partido a las masas populares y la búsqueda de entendimientos con los sectores sociales que padecen las políticas de Uribe y el imperialismo. La extensión del Polo y su arraigo en la población dependen de la efectividad con que sus militantes se pongan al frente de las movilizaciones y justos reclamos que hoy brotan a lo largo y ancho de la nación. No debe quedar municipio, barrio o vereda de Colombia que no cuente con un contingente organizado del PDA que presida la lucha reivindicativa, confronte la reelección uribista y acreciente los apoyos para nuestro candidato a la Presidencia de la República. Igual actitud se deberá asumir en las organizaciones sociales, comenzando por los sindicatos, las asociaciones estudiantiles, culturales, étnicas, agrarias, de servicios públicos domiciliarios, ambientalistas, barriales, entre muchas otras.

Acojamos con entusiasmo el llamamiento que hiciera en vísperas del I Congreso del PDA, nuestro querido dirigente y conductor Héctor Valencia: “Sin formas de organización y funcionamiento sólidas y eficaces, las entidades políticas no sólo no alcanzan las metas que persiguen sino que quedan sometidas a sufrir un continuo desgaste. Y ya se sabe que la fragilidad en política es una condición insostenible, pues implica un riesgo constante de parálisis o de franca disolución. En primera instancia, el PDA, que predica la instauración de una nueva y verdadera democracia en Colombia, debe crearse un ejemplar y gratificante ambiente democrático interno, que permita al conjunto de sus miembros desplegar su iniciativa y capacidad en el cumplimiento de sus actividades políticas; un ambiente que posibilite la captación hacia sus huestes de miles y miles de colombianos de bien, que soportan ora la pesadilla del despojo y la superexplotación que los sume en la pobreza y miseria, ora la siega de su espíritu industrioso, ora el marchitamiento de todo empeño empresarial nativo”.

Honramos la memoria de Felipe Mora (1944-1999)

El 7 de abril, en la sede del Polo Democrático Alternativo, en Medellín, se conmemoraron 10 años del fallecimiento del compañero Felipe Mora. En la mesa principal del sentido acto aparecen Gustavo Triana, Jorge Enrique Robledo, Jorge Gómez, Germán Reyes, Rodrigo Saldarriaga, Jorge Salgado, y Elvia, Felipe y Andrés, esposa e hijos del desaparecido camarada.

Al lado de Francisco Mosquera y Héctor Valencia, Felipe vigiló lo que con igual celo debemos hacer hoy los polistas, el rumbo de izquierda de la organización. Gustavo Triana, en los 10 años de fallecimiento de Felipe, dijo: “Enseñó dando ejemplo: vida sencilla y trabajo duro, alejado de burocratismos y vicios, sin apego a bienes materiales, marcando la pauta en la realización de las tareas, desde repartir la chapola y pintar las consignas hasta las más complejas responsabilidades de dirección partidaria y de relación con otros sectores políticos y sociales, todo lo contrario a la pereza, el burocratismo y el pesimismo, esas conductas que conducen a la perdición a los buenos cuadros. Exhortemos a la militancia a emular la ejemplar vida de Felipe Mora y a que, como sabiamente lo señalan las masas populares cuando de aprender y hacer se trata, a que se metan al barro. En lo que a nuestra tendencia dentro del Polo corresponde, ninguno está exceptuado de cumplir este llamamiento”.

EL POLO IRÁ A LA SEGUNDA VUELTA

Tribuna Roja. Doctor Gaviria, ¿cuál es su visión de la situación política?

Carlos Gaviria Díaz. Cada vez veo más complicada la reelección de Uribe. Encuentro, sin embargo, que después de la reunión de Cambio Radical, en la que Vargas Lleras fue derrotado, la vía del referendo parece ser la que adopte el uribismo para la reelección. Pero es una vía bastante espinosa. Un referendo encaminado a facilitar la reelección no alcanzará el umbral que la Constitución exige y, por tanto, va a posibilitar la alianza de muchas fuerzas antirreeleccionistas. El POLO tiene una bella oportunidad de reafirmarse como la primera fuerza de oposición y, sin hacer cálculos demasiado alegres, creo que cualquiera que sea el candidato podemos llegar a la segunda vuelta.

TR. El empecinamiento de Uribe en la reelección ¿producirá disensiones en el uribismo?

CGD. Pensado que el debilitamiento del uribismo podía venir por el lado de Cambio Radical, porque es evidente que Germán Vargas Lleras tiene interés en ser el candidato de esas fuerzas, pero ya quedó claro que no va a serlo. No obstante, a pesar de que parece consolidarse el bloque de Uribe, la derrota del referendo es viable.

TR. Pero Uribe ya tiene a sus alfiles, Arias, Juan Lozano, Restrepo, José Obdulio, cohesionando las huestes.

CGD. Está preparando la elección de un Congreso que apoye su proyecto de seguridad democrática, cualquiera que sea quien lo encarne, él o alguno de los candidatos que designe o que reciba su guiño. Esa es la tarea que les ha encomendado.

TR. ¿Ve dividido al uribismo en la próxima campaña?

CGD. Creo que sí, en especial porque no va a contar con el apoyo del conservatismo. Cada vez es más probable que este lance su propio candidato, lo que le hace bastante mella al frente uribista, que tenía en ese Partido un bloque muy importante.

TR. Y los sectores intermedios, Fajardo, Mockus, el mismo Partido Liberal, ¿cómo los ve?

CGD. Veo pocas posibilidades de coalición entre los sectores independientes y los partidos tradicionales. Fajardo impulsa un proyecto propio y no creo que ceda en su empeño de tratar de llegar a la Presidencia. Pero me parece que, en general, los proyectos suprapartidistas van a resultar bastante insignificantes en la contienda del año 2010.

TR. ¿Qué tanto va a incidir el tema de la seguridad democrática?

CGD. El POLO sabe que cualquier partido, sea de derecha o de izquierda, debe tener un proyecto de seguridad ciudadana, coherente, consistente y sólido, pero muy distinto al del presidente Uribe, porque no puede haber seguridad democrática dejando de lado el contenido por excelencia de la democracia, que son los derechos humanos. Es evidente el deterioro tan grande de los derechos humanos durante la vigencia de esa estrategia. Un fenómeno tan aberrante como el de los falsos positivos, que no son otra cosa que asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública e íntimamente vinculados a políticas como la de las recompensas o los premios por dar de baja o capturar al enemigo, no resiste un análisis serio, y eso debe ponerlo el Polo de presente, mostrando que la seguridad tiene que concebirse de una manera muy diferente. En la pasada campaña hablamos de seguridad integral. El nombre está para el debate, pero me parece que el rótulo se corresponde con la realidad, pues la inseguridad es generada por factores sociales como la pobreza y la inequitativa distribución de la riqueza y, por tanto, la materialización de los derechos económicos y sociales para todos los ciudadanos es elemento esencial de una política de seguridad integral, en la que, desde luego, también la fuerza pública cumple una tarea, pero sin la preponderancia que le ha atribuido el proyecto de Uribe.

TR. Pero el comisionado de Paz salió premiado en los medios de comunicación con una corona de laurel.

CGD. Lo que pasa es que el proyecto de Uribe, bastante coreado por los medios, nos ha llevado a confundir la realidad con la percepción que de ella se tiene. Se ha querido enviar a la ciudadanía el mensaje de que Colombia está en paz, cuando distamos mucho de haberla alcanzado. Con el proyecto de Uribe la paz está cada vez más lejana, porque quienes pensamos que la vía más segura para la paz es el diálogo y las conversaciones, percibimos que se ha profundizado la brecha entre los grupos alzados en armas y el gobierno, y que jugársela toda a la derrota militar es una insensatez. Una victoria así será bastante costosa para el país. Y mientras Uribe y su proyecto estén en el poder, no va a ser posible explorar la vía más expedita y civilizada para lograr la terminación del conflicto.

TR. ¿Todavía está vivo el paramilitarismo?

CGD. Desde luego. También hace parte de la estrategia del gobierno mostrar fenómenos como no son, u ocultarlos. Ni el más candoroso de los colombianos piensa que se acabó el paramilitarismo. Se ha metamorfoseado, que es distinto, y ha tomado distintas formas, que lo hacen más difícil de detectar, pero sigue vivo y coleando. Y tal como está, es mucho más peligroso que antes, cuando se percibía con facilidad.

TR. ¿Debe el POLO, para mejorar su perfil ante la opinión pública, incorporar elementos de la seguridad democrática?

CGD. La estrategia del POLO no debe consistir en mejorar su perfil adoptando propuestas similares a las de Uribe. El POLO, como partido nuevo y con una propuesta por completo distinta, tiene que explicarla en todos sus alcances y mientras más diferenciada esté de la política de Uribe, tanto mejor. Lo que sucede es que tenemos que hacer una tarea de fuerte pedagogía, mostrándole a la gente cuál es la verdadera situación del país, qué es lo que nosotros pretendemos superar y qué lo que no se ha superado con el proyecto de Uribe. La lucha por influir en una opinión pública bastante manipulada no es tarea fácil. Pero no creo que debamos hacer la concesión de mostrarnos parecidos a Uribe para ganar votos.

TR. Se ha anunciado que Colombia estaría dispuesta a acoger en su territorio una base militar norteamericana cuando sea desmantelada la base de Manta, en el Ecuador ¿Usted qué opina?

CGD. Es pertinente traer a colación las declaraciones del vicepresidente Santos. En ellas hay a mi juicio elementos muy valiosos para rescatar. Él dice, por ejemplo, que el Plan Colombia debe ser abandonado porque el país está perdiendo una buena parte de su dignidad y yo también lo creo así. Es casi inconcebible que salga de labios del vicepresidente una expresión de esa naturaleza. Al país se le debe mostrar con toda claridad que se ha enajenado la soberanía, que somos un país dependiente y que el rescate de la soberanía tiene que implicar un repudio grande a bases como la de Manta o sucedáneas. Dentro de un mundo globalizado, para bien o para mal, nuestra tarea reside en volvernos hacia el multilateralismo y procurar tener con todos los países muy buenas relaciones, tanto en el plano político como en el económico, siempre en un pie de igualdad y no de sometimiento, como este en el que estamos ahora, un sometimiento que se vería agravado y profundizado si el gobierno colombiano acepta acoger una base militar de Estados Unidos.

La crisis golpeará a Colombia

TR. En la campaña va a tener profunda incidencia la crisis económica. ¿Qué balance hace usted de la crisis financiera y económica mundial?

CGD. Ya desde antes se venía dando la desaceleración de la economía colombiana. En la campaña pasada aludíamos a un hecho que parecía evidente, pero que no tuvo la receptividad que uno hubiera esperado, y era el de la necesidad de cambiar de modelo económico. Estuve recientemente en el Encuentro de Economistas en Cuba, donde se analizaron las causas de la crisis, y la discusión se planteó a fondo. ¿Es una crisis dentro del sistema capitalista o es la crisis del sistema capitalista? Aventurar desde ya un juicio sería precipitado, pero sí hay uniformidad de opiniones en que se debe abandonar el modelo neoliberal y en que el Estado ha de tener cada vez mayor injerencia en la orientación y dirección de la economía.

TR. ¿Qué alternativa plantea frente al modelo neoliberal?

CGD. La tenemos ya bastante elaborada. Debe restituírsele al Estado la capacidad de dirigir la economía y articular la política fiscal y la monetaria. Esta última ha quedado al margen del debate democrático, porque el Congreso nada tiene que hacer ante las decisiones del Banco de la República. Una de las propuestas del POLO es justamente la de acabar la autonomía del Banco de la República, e incluso recurrir a la emisión monetaria, porque es un instrumento básico para poder articular la política económica.

TR. ¿Podrá Colombia sobreponerse a la crisis con las políticas planteadas por Uribe, en especial, la confianza inversionista y los tratados de libre comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea?

CGD. Cuando yo hablaba de que es necesario emprender una tarea pedagógica, hacía referencia a la seguridad democrática y a otros aspectos centrales del proyecto de Uribe, uno de ellos el mito que se creó alrededor de la llamada confianza inversionista. Le hicieron creer a la opinión pública que la política de seguridad democrática había inducido confianza inversionista y que el crecimiento económico, especialmente el del año 2007, muy superior a las expectativas creadas, se debía a la política de la seguridad democrática, cuando está demostrado que la inversión ha venido a Colombia no porque los inversionistas se sientan más seguros, sino porque son tales las ganancias que incluso pueden pagar su propia seguridad. Las gabelas para el capital extranjero han hecho del país un paraíso para los inversionistas y la especulación. Eso hay que mostrárselo a la gente para tomar rumbos distintos: el fortalecimiento del mercado interno, la soberanía alimentaria y la autonomía en la producción de alimentos, que justamente pugnan con los Tratados de Libre Comercio. Ha habido circunstancias políticas afortunadas que han puesto en dificultades al TLC, volviéndolo cada vez más lejano para Colombia, lo que me parece muy conveniente para la producción nacional.

TR. ¿Qué política se aplicaría entonces frente a la inversión extranjera?

CGD. Debemos hablar con claridad. No es posible atraer a los inversionistas con los señuelos con que hasta ahora se los ha privilegiado. Si hay una ley de flexibilización laboral y simultáneamente una ley de seguridad democrática, lo que se está mostrando es una discriminación total contra el trabajo, absolutamente incompatible con un Estado Social de Derecho como el que nosotros defendemos. Se atrae a las inversiones extranjeras diciéndoles: vengan a invertir en Colombia, aquí se pagan los peores salarios del mundo. Y a los inversionistas se les garantizan gabelas exorbitantes, incluidos beneficios tributarios hasta por veinte años, mientras que a los trabajadores se les priva de la remuneración por horas extras diurnas y nocturnas, al menos en la proporción en que las establecía el Código Laboral. Esa política asimétrica en el tratamiento al capital y al trabajo no solo resulta inequitativa e injusta, sino también disfuncional. Si al capital se le continúan dando todos los privilegios y a los trabajadores se les maltrata, se va a acabar la capacidad de demanda y, con ello, se pone en marcha el germen de destrucción del capitalismo, puesto de presente hace mucho tiempo.

TR. Algunos precandidatos evaden un tema medular, que es el del desempleo, y ya estamos con uno de 14%.

CGD. El hilo conductor de una política económica y social como la que defiende el POLO es justamente el de la generación de empleo. Implica desde luego que el Estado recupere la dirección de la economía, estimule la producción nacional y acometa grandes obras de infraestructura, que no solo son necesarias para un país que debe prepararse para la competencia global sino que son también generadoras de empleo.

TR. ¿De llegar al poder, el POLO impondría políticas de empleo como las del New Deal?

CGD. Yo no diría eso. El Nuevo Trato de Roosevelt en Estados Unidos estuvo inspirado en políticas de corte keynesiano y no puede ser revivido, porque las circunstancias son distintas. No creo que sea la solución, pero sí hay algunos ingredientes del keynesianismo que deben ser aprovechados para reestructurar la política económica.

TR. ¿Estima que el país se encuentra blindado frente a la crisis?

CGD. A nadie sensato se le ocurriría eso. Al contrario, si somos una economía dependiente, y dependiente de una potencia cuya economía está desvertebrada, lo que podemos presagiar es que los platos rotos de la economía norteamericana los terminaremos pagando los países del Tercer Mundo.

La situación interna del POLO

TR. ¿El POLO pluralismo salió fortalecido en el después de su Segundo Congreso?

CGD. Estaba haciendo falta un evento de esa magnitud, porque las discusiones pendientes son peores que las que se dan abiertamente. Desde afuera se estaba mirando mucho al POLO y haciendo conjeturas que no correspondían a la realidad. Cuando los verdaderos debates salen a flote y se identifican las diferencias, vamos en camino de superarlas. Me parece importante que Gustavo Petro haya expuesto sus puntos de vista en el Congreso del Partido. Él mismo se encargó de demostrar que la carencia de garantías era un pretexto, no una verdadera razón. Yo soy optimista. Me parece que el POLO salió fortalecido y reforzado. Ha estado construyéndose en la realidad, porque construir un partido es construir institucionalidad. Una democracia moderna sin partidos no puede funcionar. Y en Colombia se está intentando una propuesta alternativa consistente en la alianza de distintas perspectivas de izquierda democrática, y me parece que es una empresa grande, una tarea que no se logra de un día para otro. Es innegable que hemos avanzado bastante en su materialización. Para ganar credibilidad frente al país es preciso mostrar que constituimos un partido moderno y en el que la unidad no equivale a la unanimidad. La unidad tiene que buscarse mediante mecanismos distintos, como la controversia, el debate, el consenso, y, si no es posible el consenso, el acatamiento de la regla democrática básica, que es la aceptación de las decisiones mayoritarias.

TR. Algunos pedían que el POLO adoptara una posición de centro, pero el II Congreso ratificó el carácter de izquierda democrática. ¿Se mantiene su orientación de “sin sectarismos y sin ambigüedades”?

CGD. Yo lo que digo es que el centro es la ambigüedad por excelencia. Si insistimos en “sin ambigüedades”, estamos reafirmando que somos un partido de izquierda y tenemos propuestas de esa misma naturaleza. Cuando me preguntan en qué consiste la propuesta de izquierda, respondo que es ejercer el poder en favor de los sectores más débiles. Lo que ha caracterizado a la izquierda es justamente eso, el tomar partido a favor de los más débiles y proclamarlo sin ningún temor. Si la derecha propone consolidar un sistema como el que hay y lo que la izquierda plantea es cambiarlo para que la exclusión no sea la que prevalezca, entonces el centro lo que termina proponiendo es que todo siga como está, algo con lo que la izquierda no puede conformarse, porque su razón de ser es justamente la sublevación contra el estatus por la vía democrática. Estamos por impedir la reelección, pero sin comprometer el programa ni el carácter del Partido ni su fisonomía. El POLO puede aliarse en torno a un objetivo concreto como el de impedir la reelección, pero sin ceder en lo programático. Incluso César Gaviria tiene toda la razón cuando afirma que el Partido Liberal quiere coaliciones pero sobre la base del programa liberal. Nosotros también queremos hacer coaliciones, pero el eje de ellas tiene que ser nuestro programa.

TR. Se acusa al POLO de ser demasiado radical, doctor Gaviria.

CGD. Los términos se van desgastando. Dicen radicalismo y entonces la gente cree que eso es malo. Ni siquiera en la situación más desesperada se puede renunciar a los propósitos que le dan la razón de ser a un partido como el POLO.

TR. ¿Qué debería corregir el POLO?

CGD. Asimilar suficientemente lo que es la democracia. Que se puede ganar y se puede perder. Hay personas que están dispuestas a seguir en el Polo si sus tesis salen triunfantes, pero plantean retirarse o armar disidencia si quedan perdedoras. A mí me parece que lo que tenemos que incorporar es la filosofía de la democracia. Uno puede resultar vencedor, pero también perdedor. La derrota no puede significar la deserción del Partido.

TR. Se rumora que ciertas decisiones, como la de haber aprobado el cambio de estatutos, no fortalece el pluralismo sino que cercena el debate interno.

CGD. El Congreso no era el escenario más apropiado para discutir y autorizar esas reformas. La mayor parte del tiempo se invirtió, y bien, en ese tipo de debates. Pero debemos creer también en la democracia representativa, pues si bien el Congreso no pudo cumplir la tarea de reformar los estatutos, la delegación en la Dirección Nacional de algunas reformas estatutarias que pueden ser convenientes no me parece que sea antidemocrático. El tiempo se aprovechó bien, y justamente por eso puede uno pensar que los debates que se dieron, así hubieran sido en algún momento un tanto tensionantes, contribuyeron bastante a la consolidación de la unidad.

TR. Una de las principales decisiones del Congreso fue la de ir con candidato propio a las elecciones del año 2010. ¿Qué opina al respecto?

CGD. Es una decisión trascendental. Ir con candidato propio y con un programa elaborado colectivamente por el POLO. Y algo más. Si hemos hablado tanto de las directrices del POLO, de las finalidades, de las metas, lo que hay que hacer es sentarse a concretar el programa, porque las metas están sumamente claras. El programa ya está latente en el Ideario de Unidad.

TR. Si el Congreso aprueba citar a referendo y la Corte lo declara exequible, ¿el POLO va a desarrollar algunas tareas concretas?

CGD. Yo conversé el año pasado con el ex presidente César Gaviria y le hablé de un punto que me parece clave. Si el Partido Liberal y el Polo son reacios a la reelección, parece sensato aunar fuerzas para impedirla, sin que el liberalismo y el POLO comprometan sus propios proyectos. Del II Congreso salió una directriz clara: convocar a todas las fuerzas políticas y sociales que no quieran la reelección a trabajar juntas en función de ese objetivo.

TR. ¿Cuál es su mensaje para el militante de base del POLO?

CGD. Que mantenga su actitud de militancia vigilante. Estar atento a que el Partido, por razones estratégicas o tácticas, no abandone su proyecto. No hay mejor control que el que ejercen las bases, la propia militancia, sobre las actividades de sus directivas y el rumbo general de la organización

Sobre el II Congreso del Polo

Precedido de toda clase de comentarios y declaraciones en los que la derecha colombiana utilizó su gran prensa para incidir en las decisiones a tomar y hacerle eco al juego impúdico de algunos dirigentes del Partido que estuvieron durante meses tras el objetivo de cambiarle el rumbo o dividirlo, el Polo Democrático Alternativo reunió del 26 al 28 de febrero en Bogotá su II Congreso Nacional con la presencia de 1.420 de los 1.500 delegados elegidos democráticamente en todo el país, con representación especial de indígenas, afrodescendientes, LGTB, pueblo ROM y colombianos en el exterior.

Hagamos un recuento de los antecedentes, los hechos y las conclusiones más relevantes de ese magno evento, y difundamos en todos los rincones del país su mensaje de unidad nacional por la democracia y la soberanía.

Preparación amplia y abierta

En el Comité Ejecutivo Nacional, CEN, se venían discutiendo el reglamento, la programación y la metodología a utilizar en las deliberaciones del Congreso. Para tal efecto fueron creadas comisiones preparatorias, a las que podían asistir todos los integrantes del CEN que a bien lo tuvieran. No es cierto entonces, como dijo en los medios el senador Gustavo Petro, que a él se le negó toda oportunidad de intervenir en el proceso organizativo del evento. Participó él y participaron varios de sus voceros, tanto en las discusiones previas como en las del Comité Ejecutivo del POLO, donde fueron sometidas a discusión y aprobación final las propuestas de esa Comisión.

Quizás lo más debatido fue lo de las intervenciones en la plenaria de instalación. El “sector moderado”, como los denomina la prensa, exigía que en esa plenaria hablaran con igual tiempo, además del presidente del Polo, los doctores Lucho Garzón, Gustavo Petro y María Emma Mejía, por ser precandidatos presidenciales, olvidando que el Partido no ha reglamentado ni abierto la inscripción de nombres para esa eventualidad. La Comisión Organizadora y el Comité Ejecutivo aprobaron por amplia mayoría que esa plenaria tuviera una primera sesión con las intervenciones del doctor Carlos Gaviria y de doce de los representantes oficiales de las 35 delegaciones extranjeras, y que en seguida hubiera otra sesión en la que llevara la palabra un vocero por cada una de las doce primeras listas según los resultados de las elecciones internas del 26 de octubre. Después de amenazar por varios días con la no asistencia al evento, se transaron con que el senador Petro hablara primero y no segundo en esa sesión. Las otras propuestas de la Comisión Organizadora fueron aprobadas sin ningún problema.

Plenaria de instalación

Con cerca de dos mil asistentes, entre delegados e invitados especiales, se hizo la instalación. En la primera parte hubo las intervenciones acordadas: del doctor Carlos Gaviria y de las delegaciones fraternales extranjeras, entre las que destacamos a Luis Salvador, senador por Granada del Partido Socialista de España; Obey Ament, del Partido Comunista de Francia; Kjell Arne Arvedson, del Partido Socialdemócrata de Suecia; Jean-Jaques Kourliansky, del Partido Socialista de Francia; Hakki Keskin, del Parlamento Federal Alemán y del partido de la Izquierda Die Linke; Valter Pomar, del Partido de los Trabajadores del Brasil, PT; Fabio Marcelli, del Partido de la Refundación Comunista, de Italia; Paul-Emile Dupre, del Parlamento Europeo; Ricardo Patiño, ministro del Litoral de la Política de la República de Ecuador; un representante del Partido Socialista Unificado de Venezuela y Carlos Antelo, del Partido Comunista de Cuba, así como el saludo oficial del Cobierno de la República Popular China. En la segunda sesión habló primero el senador Petro, de la lista 19, y luego los voceros escogidos por cada una de las otras once listas. Todos abundaron en argumentos sobre las inmensas perspectivas del POLO para ser alternativa de poder frente al desbarajuste del uribismo y la galopante crisis mundial que aumentará el descontento popular contra los graves y viejos problemas que Colombia tiene por resolver. En ese sentido, el senador Jorge Enrique Robledo convocó a encarnar los intereses de las inmensas mayorías nacionales, desechando los cantos de sirena de quienes, con propósitos meramente electorales, invitan a avenirse con políticas uribistas.

El repudio al terrorismo

Como respuesta categórica a los tergiversadores de dentro y de fuera, que de tiempo atrás y mintiendo sin empacho se han dado a la tarea de vincular a los principales dirigentes del Polo con los grupos insurgentes, y a acusarlos de ser conniventes con las tropelías que por años vienen cometiendo esas organizaciones violentas, el doctor Gaviria definió en forma precisa la posición asumida por el Partido: se ha suscrito, dijo, “entre todos los sectores del POLO un acuerdo intangible e irrevocable: queda proscrito el empleo de las armas, o la adhesión a quienes las emplean, en la búsqueda de las hondas transformaciones que a nuestro juicio requiere la sociedad colombiana”.

Y agregó: “Lo establecido en el artículo 2 de nuestros estatutos, que en otro país o bajo otras circunstancias resultaría superfluo, entre nosotros cobra renovada vigencia pues las FARC y las demás organizaciones guerrilleras supérstites persisten en los genocidios, en los secuestros y en los más atroces crímenes de guerra, y de lesa humanidad, en función de propósitos brumosos que, por la forma como se buscan, ninguna persona de bien podría rescatar como altruistas”…“La guerrilla, digámoslo con claridad, con sus secuestros, genocidios y demás crímenes universalmente repudiados, ha abonado el terreno donde hoy florece un gobierno narcisista y mesiánico que por eso mismo necesita de ella para perpetuarse”.

Condenó, además, al gobierno porque “siguiendo los mismos caminos tortuosos de su contraparte, y mediante actos horrendos al margen de la moral y el derecho, se obstina en que en función de su política de seguridad todo se vale, incluso los `falsos positivos´, expresión eufemística usada para no llamar por su nombre los atroces asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública”.

El POLO frente al uribismo

Deslindando campos con quienes se oponen a una nueva reelección de Álvaro Uribe Vélez pero son condescendientes con quienes no ven mal buena parte de las políticas de éste, señaló: “Al proyecto del uribismo debemos oponernos con toda la fuerza dialéctica, pedagógica y democrática de que seamos capaces, condúzcalo quien lo conduzca, porque en él Uribe puede ser la cabeza más visible, pero hay a su lado pintorescos clones o caricaturas suyas, ansiosos de empuñar las mismas impúdicas banderas”.

Explicó que en contraposición al uribismo se debe impulsar un programa sólido, construido colectivamente en el marco del Ideario de Unidad, entre otros, con los siguientes puntos:

1. “Un cambio de modelo económico, que se compadezca con la necesidad de materializar y universalizar los derechos sociales fundamentales (salud y educación en primerísimo lugar…hoy la urgencia de abrogación del modelo neoliberal resulta corroborada por hechos de dimensiones mundiales”. Devolver al Estado la orientación de la economía.

2. Reforma al campo, que parta de la elemental exigencia de restituir a los desplazados la tierra de que han sido despojados brutalmente por los grupos armados irregulares y sus aliados, “los señores de la guerra”. Y “una revisión responsable, desde una óptica social de equidad de la ley 1152 de 2007, conocida como estatuto rural, y la implantación de un sistema impositivo que permita gravar progresiva y significativamente los feudos ociosos, que respete sin reservas los resguardos y las tierras sagradas de las comunidades indígenas y de los afrodescendientes y que haga de la defensa del ecosistema y de nuestra biodiversidad una meta prioritaria”.

3. Reforma tributaria estructural que satisfaga a plenitud el principio de progresividad establecido en la Constitución, como instrumento fiscal y, en primer término, como mecanismo redistributivo.

4. Política de pleno empleo con ingresos dignos para los colombianos como producto del ejercicio de un derecho y no conllevar una existencia precaria y miserable con limosnas repartidas por el caudillo a modo de favores que han de ser electoralmente retribuidos. Y restituir al trabajo y a los trabajadores la dignidad que les ha sido usurpada mediante leyes denominadas de flexibilización laboral mientras a los grandes inversionistas se les brindan toda clase de seguridades económicas y jurídicas.

5. Política de verdadera seguridad ciudadana que ratifique el derecho y el deber del Estado de ejercer la fuerza, que por definición es monopolio suyo, y el empeño de combatir a los grupos armados al margen de la ley, a la vez que garantiza el respeto escrupuloso de los Derechos Humanos y crea espacios idóneos para buscar soluciones políticas al conflicto armado.

6. Recuperar la soberanía del Estado, enajenada sin escrúpulos por el proyecto uribista, y reivindicar el ejercicio soberano del poder para rescatar la dignidad nacional.

Nuestro anhelo es alcanzable

Especial importancia brindó a las experiencias de varias naciones y pueblos de América Latina en los últimos años: “La conformación de gobiernos de izquierda democrática en América Latina tiene que ser ejemplo de que nuestros propósitos no son quiméricos. Que en Ecuador, Brasil, Venezuela, Bolivia, Uruguay y Paraguay, Chile y Argentina organizaciones y partidos políticos progresistas, con el apoyo decidido y valeroso de movimientos sociales populares, hayan llegado al gobierno con el proyecto inabdicable de construir sociedades democráticas, es un hecho que muestra de modo contundente, que la materialización de nuestro anhelo es ardua y desafiante pero alcanzable”.

Fue una forma pedagógica de decirles a los polistas que los peligros son grandes pero no desesperantes; que aunque las tareas son difíciles pues tenemos enemigos implacables y sin escrúpulos, lo que importa es estar seguros de que nos “atreveremos” a vencer; que si extirpan del cerebro todo lo que sea expresión de flaqueza o de impotencia, no se necesita buscar en otras partes lo que en el POLO se tiene.

No a la conciliación

El doctor Gaviria llamó al trabajo conjunto “con quienes compartan nuestro proyecto pluralista y pluriculturalista, incluyente, en el cual los derechos se universalicen y se materialicen, para que la comunidad que conforma el pueblo pueda ser beneficiaria de las ventajas que se derivan de una vida social civilizada y disfrute de un bien tan apetecible como la libertad, que hoy, sin duda, es privilegio de una élite afortunada”.

Pero precisó: “En lo que no podemos incurrir es en la contradicción de afirmar que también son bienvenidos quienes tienen proyectos contradictorios con el nuestro, pues esto equivaldría a aseverar que también son del POLO los que no son del POLO…He visto con preocupación que en ocasiones a la coherencia se la anatematiza como fundamentalismo”…”A quienes tienen proyectos diferentes al nuestro, o incluso opuestos a él, les extendemos la invitación amistosa a someter nuestras propuestas al veredicto popular sobre un acuerdo esencial e inamovible: el respeto más riguroso a las reglas que hayamos convenido, y el acatamiento a los resultados que se obtengan como culminación de un proceso intachable”.

Sin ambigüedad marcó en qué lado debe estar el POLO: “Hemos decidido que nuestra causa es la de los débiles, los marginados, los excluidos, las víctimas del conflicto, los desplazados –dentro y fuera de Colombia– y los que con mayor o menor conciencia del rumbo que lleva el país, tienen que sumarse a nuestra lucha dirigida a erradicar la miseria, a reducir la pobreza y a garantizar que no haya una sola persona excluida de la educación, de la salud, de la vivienda digna y de la alimentación congrua. Por eso los sindicatos, todos los trabajadores campesinos y urbanos, los maestros, los servidores de la justicia, los servidores públicos, los empresarios industriales y agrícolas relegados por el gran capital transnacional, que el gobierno protege por encima de los intereses nacionales, tienen que encontrar en el Polo Democrático Alternativo el partido que interprete sus necesidades y haga valer sus propósitos, como ingrediente indispensable para la construcción de una sociedad democrática, meta que sintetiza y justifica nuestra lucha”.

Búsqueda de acuerdos

Desde tiempo atrás, pero especialmente en los tres días del Congreso, las distintas tendencias políticas del POLO estuvieron buscando acercamientos sobre los principales temas: posiciones frente al gobierno, análisis de la crisis mundial, reforma de estatutos, ajustes al Ideario de Unidad, ratificación del rechazo al terrorismo y a la lucha armada como instrumentos para dirimir conflictos políticos, mecánica sobre selección de candidato presidencial del POLO.

Lo paradójico es que mientras el senador Petro llamaba a sus amigos a retirarse del Partido si no se satisfacían sus exigencias, el sector mayoritario del Congreso hacía los máximos esfuerzos para mantener la unidad organizativa, hasta el punto que en la plenaria final fueron aprobadas por unanimidad varias decisiones importantes: a). El POLO tendrá candidato propio a las elecciones presidenciales de 2010. b). La Dirección Nacional definirá el programa presidencial y los mecanismos de selección, incluyendo la consulta ciudadana abierta, si hay más de un candidato que llene los requisitos. c). Promover un gran acuerdo en contra del propósito de Álvaro Uribe de modificar nuevamente la Constitución para reelegirse. d). Reformar los estatutos bajando de 80% a 60% la mayoría calificada para decisiones especiales. e). Facultar a la nueva Dirección Nacional para hacer otras reformas estatutarias que considere convenientes.

Y si hubo de definirse por votos la designación de presidente y secretario general del Partido, los doctores Carlos Gaviria y Carlos Bula, una de las decisiones más importantes para cualquier organización, fue porque el senador Petro se empeñó en ello. Se aplica aquí un bello proverbio oriental: “Aunque el árbol prefiere la calma, el viento no deja de soplar”.

Compromiso político

“Yo ya he cumplido, bien o mal, mi ciclo dentro del Polo Democrático Alternativo. Alguien debe relevarme en la Presidencia y otra persona distinta de mí debe asumir la candidatura del Partido en las próximas elecciones presidenciales”. Esta frase del doctor Carlos Gaviria fue tomada fuera de contexto por Petro y algunos de sus amigos ocasionales, tanto para hacer sus cálculos electorales en el transcurso del Congreso como para sus desfogues posteriores a éste. Se llegó a hablar de falta de ética del doctor Gaviria.

Pero si alguien lee o escucha de nuevo el memorable discurso encontrará que él también dijo: “Ratifico mi lealtad al Partido cumpliendo el rol que las bases del POLO y las instancias competentes me asignen, que espero sea el que más anhelo, el de soldado sin galones”. La mayoría de los delegados le dijeron que verdaderos capitanes hay muy pocos, y que por tanto debía continuar como presidente del Partido.

Final a manera de guasa

El Espectador, uno de los medios más activos en sus desinformaciones sobre el POLO, publicó el 6 de marzo, en su página 6: “El senador Petro sigue insistiendo en que su lucha en el Polo Democrático Alternativo terminó”. Pero más adelante el senador agrega: “No me voy del POLO porque no quiero que miles de militantes entren en la disyuntiva de tener que salirse del partido”.

Como colofón podemos recordar la célebre copla: Esto dijo el armadillo subido en la palma de coco: Ni me subo ni me bajo ni me quedo aquí tampoco.

Obama, el hombre preciso para la política imperialista

La oposición de Obama durante la campaña electoral a algunas de las medidas más conservadoras y dictatoriales de Bush produjo en los medios de prensa y los ciudadanos del mundo la esperanza de un cambio sustancial en el manejo de la política norteamericana. Esta percepción fue reforzada por algunas de las primeras medidas tomadas a partir del día de su posesión, tales como el cierre programado de la cárcel de Guantánamo, la libertad para la investigación y la experimentación con células madre, el alivio de las medidas extremas en contra de Cuba, y la presión para la retirada de Irak, así estas dos últimas sean bastante discutibles en sus alcances.

Pero tras el oropel y el entusiasmo que rodea a Obama, tenemos que entender que se trata de un típico caso de gatopardismo, entendido como la necesidad de que algunas cosas secundarias cambien y se adapten para que lo esencial siga igual. Obama fue escogido como presidente de Estados Unidos porque era la mejor carta para el capital financiero, las multinacionales y el aparato militar en su propósito de continuar la expoliación sobre los países del mundo. Tres son los argumentos que nos permiten hacer esta aseveración: la conformación de su gabinete de gobierno, las medidas que ha empezado a tomar en el terreno de la geopolítica internacional, y las decisiones adoptadas frente a la crisis financiera global. Veámoslas:

A. Un presidente electo que pretende hacer reformas profundas al Estado y al gobierno nombra un gabinete que secunde sus propósitos. Pero el de Obama es un gabinete de halcones que en su inmensa mayoría estuvieron de acuerdo y apoyaron la agresión contra Irak. Lo encabezan Robert Gates, secretario de Defensa, heredado del gobierno Bush, y Hillary Clinton, quien en las primarias no tuvo inconvenientes en amenazar con “arrasar” a Irán si se atrevía a atacar a Israel. El sector económico ha sido encargado a experimentados cuadros neoliberales del gobierno de Bill Clinton, que hicieron escuela además en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial (BM) ayudando a diseñar el modelo de desregulación del sistema financiero que ha concluido en la crisis actual, y en cuyas manos se encuentra ahora el diseño de la salida a la debacle que ellos mismos ayudaron a crear.

B. La decisión de respaldar incondicionalmente la política de agresión del gobierno de Israel contra el pueblo palestino, incluido su silencio frente al genocidio de Gaza ocurrido en el mes anterior a su posesión, y su propuesta de campaña de que Jerusalén unificada sea la capital de Israel; la programación del retiro de las tropas norteamericanas de Irak sin aclarar qué va a suceder con las 12 o más superbases militares y la fortaleza-ciudadela de la Embajada, ocultando el designio de mantener allí importantes destacamentos militares que garanticen su control del país y de las segundas reservas petroleras del planeta; la determinación de aumentar las tropas estadounidenses en Afganistán, país clave en la batalla por mantener la hegemonía mundial, la cual se decidirá básicamente en el Medio Oriente y Eurasia, acompañada con bombardeos indiscriminados contra las zonas tribales de Pakistán donde presume se ocultan Bin Laden y Al Qaeda; su empecinamiento en avanzar en el cerco de Rusia y China a las que considera sus oponentes en la conquista del control global; el apoyo al mantenimiento del gigantesco ejército con más de dos millones de soldados, desplegado en 823 bases a nivel mundial a lo largo del llamado arco de inestabilidad de las regiones petroleras, así como al desmesurado presupuesto militar que pasó entre 2003 y 2008 de 400 mil a 700 mil millones de dólares, además de su respaldo al complejo militar industrial. Todos estos hechos demuestran a las claras la vocación imperialista de hegemonía mundial y su apuesta al uso de la fuerza militar allí donde sea necesario para asegurar el saqueo de los recursos de los países bajo su dominio.

Un ejemplo más de esta política está reflejado en su reacción de gendarme global frente a la prueba de un cohete de alcance intercontinental que la República Democrática de Corea probó en días pasados con la intención de poner en órbita un satélite de comunicaciones. Una vez más se devela que los que pueden desarrollar cohetes y armas atómicas son los Estados que secundan sus planes de dominación, como es el caso de Israel o Pakistán o los que Estados Unidos no controla, como Rusia, China o India. A los demás los amenaza y agrede con sanciones y bloqueos económicos.

Aunque Obama ha sido forzado por el fracaso en dos guerras coloniales simultáneas y por la crisis que golpea su estabilidad económica, a cambiar su forma de relacionarse con las demás potencias de la OTAN, que habían sido relegadas por Bush, la geoestrategia imperialista seguirá su implacable curso.

C. Frente a la crisis del sistema financiero desatada por el estallido de la burbuja hipotecaria, ya durante los meses finales del gobierno de Bush se habían implementado dos planes de salvamento, con el apoyo demócrata. Uno por 700 mil millones de dólares para ayudar a la banca principalmente y otro por 800 mil millones, de los cuales 600 mil fueron a respaldar a los bancos en sus créditos hipotecarios y 200 mil para créditos de consumo. Estos planes no pueden ocultar el hecho de que fueron dirigidos al salvataje del sistema financiero, socializando las pérdidas. El Plan propuesto por Obama se dedica fundamentalmente a incentivar y apoyar los capitales privados para la compra de paquetes de activos tóxicos de los bancos.

En la reunión del G20 las medidas tomadas se orientan en la misma dirección. Una inyección de 1,1 billones de dólares a la economía mundial a través fundamentalmente del FMI y el BM; un comienzo de regulación del sistema financiero, enfatizando que no se trata de crear una entidad internacional que lo controle; algunas reglas para las calificadoras de riesgos y los fondos de inversión, y una lista negra de paraísos fiscales que no colaboren con las reglas internacionales. Por último, tratar de reflotar las negociaciones de la Ronda de Doha para flexibilizar el comercio internacional.

Tanto las decisiones internas de Estados Unidos como las de la Cumbre están orientadas a fortalecer el sistema financiero para evitar la quiebra de los principales bancos a nivel mundial, restaurar la situación anterior a la crisis con promesas de regulación, saboteadas o minimizadas por quienes propiciaron la desregulación del sistema financiero, la privatización a ultranza de las empresas públicas, la imposición del libre mercado y la producción para la exportación en desmedro de los mercados internos. La instauración del FMI como banco de última instancia para el salvamento de los países en peligro de bancarrota e incumplimiento, es una bofetada a los países del Tercer Mundo que han estado bajo la férula de esta entidad y sus famosos condicionamientos neoliberales para el otorgamiento de créditos. Se trata, en última instancia, del salvataje del sistema financiero imperialista a nivel mundial.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió en su novela El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. Barack Obama ganó la Presidencia de Estados Unidos porque es el hombre preciso para sustituir el fundamentalismo de Bush y hacer los cambios secundarios necesarios para que la política imperialista pueda continuar su pugna por la hegemonía mundial y la expoliación de los países sometidos a una recolonización sin atenuantes.

Editorial: Por un Polo unido y de izquierda democrática

Estados Unidos, la principal potencia imperialista mundial, viene padeciendo con progresiva severidad manifestaciones de su inevitable decadencia. Las intervenciones y ocupaciones militares, la imposición de las políticas de libre comercio para hacerse con los mercados de otras naciones, el saqueo de los recursos naturales y el trabajo de los países bajo su dominio, la descomunal acumulación y concentración de capital en unos cuantos bancos y multinacionales y la imposición del dólar como la moneda referente, han traído consigo la agudización de contradicciones con naciones y pueblos y con ello las resistencias y desgastes que socavan su dominio.

La recién iniciada crisis, que los expertos auguran larga, es resultado de las incursiones expoliadoras del capital financiero internacional que estimulado por la política de globalización, entró en el frenesí de las actividades especulativas y de usura en irreconciliable contradicción con el trabajo y el denominado sector real de la economía. La masa de capital financiero alcanzó tal desproporción frente a la producción mundial de mercancías y servicios, y al mismo comercio internacional, que ha provocado una de las mayores crisis del capitalismo en su fase monopolista y la de mayor extensión en el planeta, como resultante del predominio mundial de la superpotencia gringa. Tras años de imposición de la política de libre flujo de capitales y mercancías, conocida como globalización, las naciones débiles perdieron su soberanía económica a manos de las potencias dominantes y ahora sufrirán con rigor las consecuencias de las medidas con las que los gobiernos de esas potencias auxilian sus monopolios afectados por el descalabro financiero.

En términos de Francisco Mosquera: “A la par con la acumulación capitalista ocurren el auge constante y acelerado de la producción, la relegación del operario por la máquina y el descenso de la cuota de ganancia, fenómenos que se traducen en crisis periódicas que obligan al capitalismo a suspender drásticamente su carrera, la que reinicia de nuevo, sólo después de que haya eliminado buena cantidad de sus fuerzas productivas con la quiebra de las empresas y el despido de los obreros”. La crisis económica cae como una avalancha sobre todo el mundo y las medidas con las que gobiernos y multinacionales intentan sobreaguar, están dirigidas a aumentar la expoliación sobre las naciones y pueblos bajo su dominación, a la vez que se tornan más agudas las disputas inter imperialistas.

En este contexto se produce el recambio en la Casa Blanca, que como lo señalara anticipadamente Héctor Valencia, está dirigido a concretar las medidas necesarias para lograr mantener el dominio mundial, con un gobierno de “unificación nacional” que invoca los valores históricos de la sociedad estadounidense para apaciguar el descontento social y ganar acompañamiento en la búsqueda de salidas de sus inmensas dificultades.

En su discurso de posesión, y en posteriores pronunciamientos, el presidente Barack Obama reconoce la gravedad de la situación: economía debilitada, pérdida de viviendas y empleos (en enero 31 de 2009 el desempleo estaba en 7,6%), cierre de empresas, salud cara (cincuenta millones de estadounidenses carecen de asistencia médica y veinticinco millones tienen seguro médico limitado), baja cobertura y deficiente calidad de la educación, dependencia de energéticos y uso irracional de los mismos (importa el 65% del crudo que consume). En sus propias palabras: “La pérdida de confianza en nuestro país, y lo más sintomático: un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable”. Para motivar el apoyo a sus planes de rescate proclama la necesidad de reasumir el liderazgo mundial, ser la nación más próspera y poderosa de la Tierra y ser los guardianes del orden mundial, pero no dice cuál es el precio para el resto de naciones y pueblos, no aclara que es a costa del bienestar de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Dominar el mundo con la carta de los derechos humanos en la mano, pero dominarlo.

Al examinar con detenimiento cada una de las medidas y los nombramientos de los ejecutores de estas, queda al desnudo en menos tiempo del esperado la verdadera naturaleza del gobierno unificador. Disposiciones como el cierre de la cárcel de Guantánamo, la prohibición de la tortura en los procedimientos policivos, su diplomacia agresiva, y el anuncio de retirar las tropas de Iraq pero trasladándolas a Afganistán, no son otra cosa que la envoltura del plan de salvamento para el capital financiero y las multinacionales de su predilección, con dineros de los contribuyentes, en mayor detrimento de la angustiosa situación de los verdaderos afectados por la depresión económica.

En tal situación, es bueno examinar cuán blindada está Colombia para afrontar las repercusiones de la crisis mundial en nuestra economía, según lo han afirmado Álvaro Uribe y voceros de los gremios económicos. El país viene ya de por sí padeciendo un severo resentimiento económico como consecuencia de la aplicación a raja tabla del recetario neoliberal en los seis años del gobierno uribista; el saqueo de los recursos naturales estratégicos por parte de las multinacionales; la desnacionalización de empresas insignias del sector productivo; la privatización de los servicios públicos domiciliarios, la salud y la educación; la pérdida de la soberanía alimentaria y la quiebra de la producción agraria; el crecimiento del desempleo y la informalidad, el recorte de los derechos laborales y las libertades sindicales; la caída en el valor de las exportaciones; el aumento desmesurado de la deuda externa y pública, entre otros. La falacia sobre el blindaje de nuestra economía fue visible al instante por los resultados que arrojan los balances del año 2008: la industria decreció en 3.1%, la inflación superó en 2.76 puntos la meta del gobierno, en el mes de noviembre las exportaciones cayeron 27.2% y el Ministerio de Hacienda calcula en 600 mil los puestos de trabajo perdidos. No existe cuantificación de la disminución de la Inversión Directa Extranjera por la cancelación de proyectos de gran minería y petróleo.

Según la opinión de distintos analistas, la crisis económica de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, la caída en los precios de las materias primas, las dificultades que sobrevendrán en las exportaciones a Venezuela y Ecuador de mercancías con valor agregado, la disminución de remesas de los colombianos que laboran en el exterior y el disparo del precio internacional de los componentes de nuestra dieta básica, presagian un año de recesión y dificultades para la economía.

Tal es el panorama económico que rodea la etapa final del segundo mandato de Álvaro Uribe, que desnuda su caracterizado servilismo para con las multinacionales y los grupos económicos criollos, y demuestra que no es cierto que el crecimiento económico en los años anteriores pueda ser atribuible a la “seguridad democrática”. Pero no menos azarosas son sus dificultades políticas: los escabrosos contubernios de los políticos uribistas con el paramilitarismo y el narcotráfico, la yidispolítica, los mal llamados falsos positivos, crímenes cometidos por miembros del Ejército, penden sobre los involucrados como una espada de Damocles; el referendo reeleccionista está salpicado de dolo y corrupción y bastante traspapelado en su trámite; los partidos de la coalición uribista soportan serias divisiones, como resultado de la disputa por la sucesión; las censuras y objeciones de gobiernos y organismos internacionales al tratamiento por parte del Estado a temas como los derechos humanos, los derechos laborales y las libertades sindicales, le traen serios contratiempos en las relaciones diplomáticas y comerciales; el fracaso de la política de erradicación de cultivos ilícitos y del combate al narcotráfico y la negación por parte del Congreso de Estados Unidos a la aprobación del TLC, son claras manifestaciones del inevitable derrumbe del gobierno de la “seguridad inversionista”.

Las circunstancias son propicias para convocar a la más amplia convergencia en torno a una propuesta alternativa, de contenido democrático y progresista, que pueda sacar a Colombia del atolladero al que ha sido empujada por la dominación de Estados Unidos y el lacayismo de la oligarquía intermediaria. Esa propuesta es la del Polo Democrático Alternativo, que recoge en su Ideario de Unidad soluciones de raíz para los problemas que agobian a la nación y plantea el establecimiento de un gobierno en alianza con todos los demócratas que quieran aportar al ejercicio de nuestra soberanía y al restablecimiento de la democracia. Concretar esas alianzas y definir una táctica electoral adecuada, son asuntos de sumo cuidado, toda vez que su principal capital político es la seriedad de sus propuestas y la consecuencia de sus dirigentes y activistas en el ejercicio de la oposición radical a Álvaro Uribe y sus políticas, asunto que ha despertado gran simpatía y esperanza en la población. Con el gobierno entrado en desgate, sus filas en dispersión y el Partido Liberal sin propuesta convincente, al Polo le corresponde ocupar su sitial indiscutible de oposición real y consecuente y proponer un programa de gobierno de izquierda democrática y un candidato salido de sus filas para las elecciones presidenciales de mayo de 2010.

La esclarecida militancia polista no escuchará los cantos de sirena de los resucitados ejecutores del neoliberalismo, servidores acuciosos de los intereses del capital financiero y las multinacionales, que ahora posan de oposición, cuando en reiterados episodios acompañaron buena parte de las ejecutorias del gobierno y aplauden la seguridad democrática, los tratados de libre comercio, la inversión extranjera dirigida a la desnacionalización de empresas y privatización de recursos y servicios; mientras expresan de mil maneras no ser antiuribistas. Y llaman al Polo a alinearse en el “centro”, para mantener el statu quo, y a que participe en una consulta interpartidista que escoja candidato presidencial. A lo cual ha respondido con gran acierto el senador del MOIR, Jorge Enrique Robledo: “Es una táctica autodestructiva”. Es frustrar a los millones de colombianos que ven en el programa del PDA su redención, y una organización política capaz de encabezar la cruzada por reversar la apertura económica y las privatizaciones y recobrar la soberanía nacional. Esa tactica sería convertir al PDA en vagón de cola del maltrecho Partido Liberal, parafraseando la infame frase con la que el senador Gustavo Petro acusa a la Dirección del Polo de ambigüedad frente a las actuaciones de las FARC.

Sobre la reiterada difamación de Petro, de supuestas ambigüedades en la posición del Polo sobre las FARC, es necesario reafirmar que el Ideario de Unidad precisa con gran acierto lo que desde nuestra fundación como organización política, y más recientemente en la conformación de Alternativa Democrática y del Polo Democrático Alternativo, ha acompañado las definiciones tácticas del MOIR: la condena de las acciones insurreccionales y la lucha armada por estar claramente contrapuestas a las necesidades, anhelos, estado de conciencia de la sociedad y a la línea de organización y movilización de masas. Nadie puede endilgarnos inconsecuencias al respecto. El PDA y su política son la negación de esa táctica y sus degradaciones. Las campañas calumniosas agenciadas desde la Embajada gringa, el uribismo y la gran prensa, al calificar al Polo de contemporizador con las guerrillas, desconocen mañosamente los numerosos pronunciamientos del Partido, de su presidente y de su Dirección Nacional sobre el tema. Los métodos difamatorios son propios del autoritarismo imperante, que pretende que repitamos las consignas de la “seguridad democrática” y de la política antiterrorista de Estados Unidos, como única prueba, según ellos, de que desechamos tan nefastos procederes.

Las banderas amarillas del Polo ondearán airosas por todos los rincones de la patria, cuando al término del II Congreso se reafirme su orientación de izquierda democrática y la firme decisión de adelantar la campaña electoral de 2010 con candidato propio, aglutinando a todos los colombianos que ansían, “sin sectarismo pero sin ambigüedades”, como lo pide el presidente del Polo, Carlos Gaviria, recobrar la soberanía y la democracia. El campo está abierto y es prometedor, siempre y cuando descartemos caminos ya trillados y estemos dispuestos a desbrozar nuevos senderos.

Entrevista al senador Jorge Enrique Robledo: LA UNIDAD DEL POLO ES FÁCIL SI RENUNCIAN A DIVIDIRLO (*)

Tribuna Roja: ¿Cómo ve la situación del país?

Jorge Enrique Robledo: La situación económica y social está mal y con notable tendencia a empeorar, incluso hasta llegar a una crisis gravísima. Y ya empezó la campaña para las elecciones de 2010.

Hablemos primero de economía…

El año pasado la economía colombiana cayó durísimo. El crecimiento del país fue menos de la mitad que el de 2007. Decrecieron la industria y las ventas de energía y aumentó la cartera morosa en los bancos. Como dolorosa consecuencia, bajó el ya escaso consumo de los colombianos y se perdieron 600 mil empleos. Y esto ocurrió sin que se hubiera sentido todavía en el país el impacto de la crisis económica mundial.

¿Cómo se explica que en el año en que el gobierno tuvo los éxitos más sonoros contra las Farc, entrara en crisis la economía?

Algún ingenuo se preguntará si fue que desmontaron la “seguridad democrática”. Pero la verdad es que en años pasados la economía no creció por la política de seguridad de Uribe. Eso pudo contar, pero no fue lo determinante, que es lo que interesa precisar. Hasta el más sectario tendrá que aceptar que Uribe no tuvo nada que ver en el alza de los precios internacionales del café, el petróleo, el carbón y el níquel. Y el capital extranjero tampoco vino a Colombia por la seguridad. Llegó porque le entregaron a menos precio los recursos naturales y las empresas que privatizaron y, sobre todo, porque hubo un gran excedente de capital financiero en el mundo, que inundó todos los países. Si usted revisa las cuentas de América Latina, lo corriente fueron crecimientos económicos y de inversión extranjera iguales o mayores que los de Colombia.

Antes de mirar más el caso del país, ¿qué tan grave es la crisis internacional?

Gravísima. Los entendidos que hacen parte de los poderes que controlan el mundo están al borde del pánico. Ya es un lugar común entre ellos decir que es la peor crisis capitalista desde la Gran Depresión que empezara en 1929. Y podría ser peor, entre otras cosas porque la globalización neoliberal facilita que el tsunami económico que recorre el mundo se desplace destruyendo economías, y porque las grandes potencias se empeñan en dejar intactas las causas del fenómeno.

¿Cuáles serán las consecuencias sociales de la crisis?

Terribles en todas partes. Porque las pérdidas ya son mayúsculas y porque la idea de los que mandan en el mundo consiste en pasarles toda la crisis, primero, a los países pobres y, segundo, a los pobres y a las capas medias de todos los países, incluidos los de las potencias capitalistas, mediante más desempleo, peores salarios, más pobreza y miseria y en general más carencias en salud, educación, vivienda y en todo lo que se requiere para llevar una vida digna. Y es hasta ridículo decir que Colombia está blindada frente a lo que se viene.

Pero alguien dijo que como esta crisis probaba el fracaso de las políticas neoliberales, lo que venía era el fin de los imperialismos y las relaciones fraternas entre los pueblos, ¿qué opina?

Esa opinión refleja mucha ignorancia o mucha viveza. Es cierto que la crisis demuestra que las políticas neoliberales son incapaces de resolver los problemas de la humanidad. Entonces, hasta podría hablarse de su fracaso histórico. Pero lo que ocurre es que el neoliberalismo y el “libre comercio”, hablando en serio, no se definieron para servirles a los débiles, sino a las trasnacionales y a los imperios, empezando por Estados Unidos. Entonces, los que ganaron en grande en el auge de la economía mundial quieren ganar igual o más ahora, así el desempleo y el hambre lleguen a niveles de espanto. No hay una sola declaración de un mandamás del mundo diciendo que deben cambiarse las políticas neoliberales. Por el contrario, todos dicen: “más ‘libre comercio’”, es decir, más de la política que oprime y empobrece a los pueblos de la Tierra. Incluso, nadie puede demostrar que el nuevo gobierno de Estados Unidos ha renunciado a las concepciones imperialistas. Equivocarse en estos asuntos significa desarmar ideológicamente a los pueblos que necesitan con urgencia mejorar su capacidad de resistencia. Es interesante mencionar, además, que en una crisis como esta también pueden agigantarse las contradicciones entre las potencias, hasta provocar agudos enfrentamientos, que incluso terminen en guerras instigadas por ellas o entre ellas, como sucedió en los años 30 del siglo XX.

Entre paréntesis, ¿cómo es lo de Obama?

Hay que alegrarse porque el hijo de un negro africano haya llegado a la Casa Blanca, pues es un golpe al racismo, probablemente la ideología más repudiable que pueda concebirse. Pero de ahí a concluir que por el color de su piel hará un gobierno auténticamente democrático, hay mucho trecho. Es más: esa idea suena como a una especie de racismo, pero a la inversa, que tampoco resiste análisis. También es positivo que haya anunciado que cerrará ese centro de tortura que Bush montó en Guantánamo. Pero si se observa el gabinete y sus otras decisiones, y no se confunde la retórica con las realidades, no hay razones para ser optimistas en que el nuevo presidente cambiará la política neoliberal e imperialista de Washington, el punto crucial para determinar la naturaleza de cualquier gobierno norteamericano, y más en cuanto tiene que ver con los países satélites suyos, como es el caso de Colombia. A los izquierdistas afectados por la “obamanía” les recomendaría prudencia. ¿Para qué comprometerse con juicios definitivos? ¿No es más sensato esperar el veredicto de los hechos?

Se habla de protección económica en Estados Unidos, ¿por qué si son neoliberales?

Es un error pensar que en el “libre comercio” el Estado deja de jugar un papel determinante en la economía. En el capitalismo, lo que se le opone a la intervención estatal no es el neoliberalismo sino el caos. Sin el Estado, repito, el capitalismo se hunde en el caos. Lo que sucede en el “libre comercio” es que el Estado protege las empresas de los monopolistas en vez de las de los no monopolistas. Sin el Estado no podría haber privatizaciones. Por ejemplo, si el Estado no obligara a aportar para pensiones o para salud, pues no existirían esos negocios privados. Entonces, lo que ocurre en la crisis es que inevitablemente aumenta la intervención gubernamental en la economía, para que esta no se destruya. Y esa intervención, como es obvio en el capitalismo, tiene como primeros beneficiarios a los monopolistas que controlan el poder político en los países.

Volvamos a Colombia…

A Colombia le puede ir muy mal en la crisis. Depende en exceso de las ventas a Estados Unidos. Son fuertes compradores suyos Venezuela y Ecuador, que sin duda enfrentarán problemas. Presenta malos indicadores en inflación, tasas de interés, balanza de la cuenta corriente, déficit fiscal y sufre por el peor desempleo del continente americano. Y a eso súmele un Presidente que sostiene que a Colombia le irá bien si les va bien a los extranjeros, a los que se empeña en seguirles regalando el país, y que tiene una política contraria a la producción industrial y agropecuaria no monopolista y de desempleo y salarios bajos para los colombianos, política que intenta ocultar con las limosnas oficiales y las operaciones clientelistas. Y ya anunció un TLC con la Unión Europea, que será igual o peor que el firmado con la Casa Blanca.

Pasemos a la política. ¿Uribe será candidato?

Uribe está enfermo por el poder. Pero habrá que ver si puede convertirse en un tirano. Sobre su reelección, el uribismo está dividido. Vargas Lleras y otros congresistas se oponen. El respaldo de Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias a otra reelección es hipócrita. Expresaron su desacuerdo el Cardenal, el propietario de Semana, el jefe de la Andi, los periódicos El Tiempo y El Colombiano. Además, Uribe “no se manda”. Hay otros poderes. No es fácil que los monopolistas toleren la larga inestabilidad política propia del referendo reeleccionista. Como si fuera poco, el gobierno de Estados Unidos mantiene el TLC en el congelador, porque no lo convencen las explicaciones de Uribe sobre el paramilitarismo y la violencia contra los sindicalistas. Y viene una crisis económica y social de proporciones mayúsculas.

Si Uribe no va, ¿habrá un solo candidato uribista?

Es dudoso. Porque las ambiciones personales son enormes. No sería raro que terminaran como en agudos enfrentamientos, entre otras cosas porque Uribe, que tendría que ser imparcial para jugar como garante de esa unidad, seguramente buscaría imponer a un favorito suyo.

¿Cómo ve al Partido Liberal?

Sus dificultades son evidentes. Dejó de ser la primera fuerza política del país, entre otras razones porque Uribe le sonsacó a muchos de sus jefes y sus votos. Tampoco le ayuda que César Gaviria coincida con tantas políticas uribistas, como el TLC. Y no le veo un candidato capaz de generar entusiasmo entre los colombianos y unificar al liberalismo en la lucha por la Presidencia. Es por ello que César Gaviria intenta reforzarse con dirigentes de fuera de su partido, como Luis Eduardo Garzón o Germán Vargas Lleras.

¿Cuál es la propuesta de César Gaviria?

El 22 de junio del año pasado, en entrevista en El Tiempo, al lado de otra de Lucho Garzón, ambos anunciaron un acuerdo mediante el cual Garzón participaría en la consulta del Partido Liberal para escoger un candidato a la Presidencia. Gaviria explicó que era un plan supeditado a los principios de su partido y para vencer a Uribe o a alguien escogido por él, pero que no era una propuesta antiuribista. Resaltó como positivos la “seguridad democrática” y la “confianza inversionista”, dijo que uno de los precandidatos podía ser Germán Vargas Lleras y agregó que Lucho tenía que escoger entre esta propuesta y la del Polo. Después, el 21 de diciembre pasado, en el mismo periódico, César Gaviria insistió en la idea que resume su propuesta: consulta para escoger un candidato y en ella caben los uribistas, como Germán Vargas Lleras. Tres días antes, también en El Tiempo, Vargas Lleras explicó que solo lo alejaba de Uribe la reelección, porque él también quería ser Presidente, pero que, por razones programáticas y filosóficas, le mantendría todo su respaldo hasta el 7 de agosto de 2010.

¿Qué le dijo Gustavo Petro a César Gaviria?

A mi juicio, el senador Petro se equivocó en materia muy grave cuando el 24 de diciembre de 2008, y con el agravante de no haberle consultado a nadie en el Polo, le escribió a César Gaviria diciéndole que “tengo que adelantarme a decir que estoy en total acuerdo con esa propuesta”, en la que incluyó como posibles adherentes “a sectores del uribismo decepcionados” (*). Y propuso para el acuerdo un programa muy distante al Ideario de Unidad del Polo de soberanía y auténtica democracia, con el obvio objetivo de hacerlo aceptable para César Gaviria. . Resalta que allí no se diga nada sobre la soberanía nacional, las imposiciones de Washington y el FMI, las políticas neoliberales, el TLC, las privatizaciones, el Estado plutocrático, los derechos laborales, las leyes 100 y 142, por ejemplo, asuntos todos que son la causa de la desgracia que acosa a tantos colombianos.

¿Por qué el Polo no debe aceptar esa alianza?

Esa es una idea autodestructiva para el Polo, por razones de principios y de índole práctica. Si el Polo renuncia a sus ideas para asumir las de César Gaviria, pues renuncia a su razón de existir, que consiste en ganar pero para modificar profundamente a Colombia, según los postulados de la izquierda democrática. No olvide que nuestros postulados, en últimas, no son de los dirigentes sino del pueblo colombiano, que los necesita para poder darles solución a sus muchos sufrimientos. Y un error de ese calibre seguramente conduciría a que las bases abandonaran al Polo, porque para qué quedarse en una organización que a lo que aspira es a coadministrar el proyecto neoliberal que desemplea y hambrea a los colombianos. Recordemos, además, que el Polo es una fuerza joven, en ascenso, con más futuro que pasado y que con Carlos Gaviria obtuvo cerca de 2.7 millones de votos en 2006, la segunda votación en esos comicios, realidades que también indican que debemos ir con nuestro candidato y nuestras propuestas a las elecciones de mayo del año entrante, candidato con el que encabezaremos un gran proyecto de unidad nacional. Y si hay segunda vuelta en junio, miraremos qué hacer.

¿Cómo se seleccionaría el candidato del Polo?

En los estatutos del Partido se dice cómo. Si entre los precandidatos que se propongan ninguno obtiene el respaldo de por lo menos el 80 por ciento de los miembros de la Junta Nacional, se cita a una consulta entre quienes sean afiliados o se afilien al partido, y el que gane es el candidato de todos los polistas. Enfatizo en que ese candidato promoverá una gran unidad en torno suyo, en la que podrán participar desde los colombianos más pobres hasta el empresariado nacionalista, incluidas las organizaciones de las que hacen parte

¿Cuáles serán los temas del debate electoral?

Creo que el problema económico y social tenderá a determinar el debate político. Porque el desastre neoliberal y del “libre comercio” ya no puede ocultarse, como cada vez más se encargarán de recordarlo la quiebra de la economía de todos los sectores y el aumento del desempleo, la pobreza y el hambre, en un país que ya registra pésimos indicadores sociales. En este tema el único partido que puede hablar con toda la autoridad es el Polo, no solo porque advirtió lo que ocurriría, sino porque es el único que tiene disposición para proponer los cambios profundos que se requieren. Y seguirá el tema de la violencia que azota a Colombia, aspecto en el que insistiremos en que somos partidarios de encontrarles soluciones políticas a las violencias que martirizan a Colombia y en nuestra oposición a la lucha armada como mecanismo para resolver las contradicciones políticas y sociales, así como que condenamos el secuestro, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el terrorismo y toda suerte de actos contra la dignidad de las personas y sus derechos y bienes, sean estos cometidos por las Farc, el ELN, el paramilitarismo o agentes del Estado. Ojalá que dentro del Polo se deje de hacer proselitismo tergiversando la verdad sobre estos asuntos.

¿Por qué tanta agresividad de Gustavo Petro en contra de dirigentes del Polo?

Es notorio que intenta evadir el verdadero debate: él quiere una alianza con César Gaviria y hasta con algunos uribistas, en torno a un programa que no es el del Polo, para participar en una consulta que podría elegir como candidato presidencial a Germán Vargas Lleras o al propio César Gaviria. Otros estamos porque el Partido escoja entre sus dirigentes un candidato que vaya con nuestro programa a las elecciones de mayo de 2010, a la cabeza de un gran proyecto unitario. Y este debate, que debería tramitarse con tranquilidad, lo quiere ganar a punta de macartismo, haciéndole un enorme daño al Polo. Así, quien no esté de acuerdo con él, en el mejor de los casos, es un idiota útil de las Farc y en el peor… ha dicho o sugerido infamias peores. Su propósito de meter miedo dentro del Polo para que nadie le discuta tiene un origen que ha intentado ocultar: está en notoria minoría en el Partido, por lo que intenta imponer sus puntos de vista a las malas, apelando además a astucias como sabotear eventos del Polo, renunciar a sus cargos directivos y hasta a amenazar con no ir al II Congreso o salirse de la organización, si no se hace lo que él quiere. Como si fuera poco, atacó pública e irresponsablemente a Samuel Moreno, el alcalde del Polo en Bogotá. Su desconsideración con el deber elemental de no desprestigiar al Partido es evidente.

¿Cómo es la correlación de fuerzas para el II Congreso del Polo?

La lista nacional que encabezó Gustavo Petro obtuvo el 15 por ciento del total de los votos. Y en ella también estaban las fuerzas del senador Guevara, Lucho Garzón, María Emma Mejía y otros sectores menores. Cuando bien le va, sus posiciones en este debate las firman él y otro de los 18 senadores y representantes a la Cámara del Polo. Pero esté seguro que si decide irse del Polo, cosa que no quiero que suceda, se va con bastante menos respaldo que el que dice tener. Ya le pasó cuando renunció a su cargo en el Comité Ejecutivo Nacional del Polo.

Él se queja de la falta de garantías.

Lo que le falta no son garantías sino mayorías. Dice lo que se le antoja en unos medios de comunicación puestos a su servicio, incluso haciéndole daño al Polo. Y actúa en la misma forma. Como se quedó en pequeña minoría en los congresos de LGBT y jóvenes del Polo, retiró sus delegados para sabotearlos y lanzó falsedades contra esos eventos democráticos. Es el colmo que haya ocultado, y en medio de afirmaciones calumniosas (ver Semana, Feb.15.09), que, por unanimidad, el Congreso de los jóvenes rechazó la lucha armada y el secuestro, y que lo hizo en los mismos términos de una declaración que el Doctor Petro aprobó hace un año en la Junta Nacional del Partido. Además, tiene gente suya en todos los organismos de dirección del Polo que organizan el II Congreso y nadie ha dicho que no podrá hablar en sus plenarias; lo que se ha planteado es que él, como todos los delegados, tendrán que hablar sujetos a las reglas que se establezcan.

¿Cuál es su propuesta para lograr que el Polo salga unido del II Congreso?

Esa unidad es bien fácil de lograr si se renuncia al propósito de dividirlo. Lo primero es que cada polista entienda que un Polo dividido solo les sirve al uribismo y a las fuerzas retardatarias del país y que, por tanto, no hay que seguir a los dirigentes que mantienen en la boca la idea de dividir el Partido. Lo segundo es no olvidar que la unidad del Polo está montada sobre dos pilares: el Ideario de Unidad y los estatutos acordados por unanimidad en el Congreso de fundación del Partido, los cuales le marcan el rumbo de izquierda democrática. Lo tercero es actuar con ánimo unitario, democrático, tranquilo, esforzándonos para que las distintas tendencias del Polo, sin excepciones, hagamos consensos antes y durante el II Congreso, de manera que la mayor cantidad posible de temas se aprueben por unanimidad. Y lo cuarto es que todos aceptemos que en lo que no se logren consensos el Congreso votará por las diferentes propuestas y las decisiones mayoritarias serán acatadas por todos con total honradez y lealtad. Si se aceptan estas reglas del juego el Polo saldrá unido y fortalecido del Congreso. Y como creo saber dónde están las mayorías, soy optimista en que con un dirigente nuestro, que espero sea Carlos Gaviria, ganaremos las elecciones en 2010.

Notas:

(*) Versión ligeramente más amplia que la publicada en Tribuna Roja Nº 107
(**) Todos los documentos citados en esta entrevista pueden consultarse en www.senadorrobledo.org/?q=node/554

Frente a la crisis económica: Estados Unidos, “rescate financiero”; Colombia, derrumbe productivo

“De todas las crisis que se han vivido, la que puede producirse en Estados Unidos como fruto de la recesión sería, de hecho, la de mayor impacto pernicioso en todo el mundo”. Estas palabras de Héctor Valencia en 2001, entonces secretario general del MOIR, resultaron premonitorias. Así lo ratifican los informes de las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, la CEPAL y la OCDE que anticipan el desplome de la organización económica mundial y hablan de una profunda recesión e inclusive de depresión. Las proyecciones indican “perspectivas muy inciertas” y se ha pronosticado que la situación en 2009 será más grave que en 2008. Constantemente se corrigen a la baja las expectativas del desempeño para el año en curso. La caída del crecimiento mundial se ha presupuestado en el más bajo nivel desde la Segunda Guerra.

Las economías que generan el 70% del PIB mundial se han declarado oficialmente en recesión y el discurso de posesión de Barack Obama recordó los graves quebrantos de la superpotencia. “Estamos en medio de una crisis (…) Nuestra nación está en guerra (…) Nuestra economía está gravemente debilitada”. Se estima que la cifras negativas del PIB serán del 1,5% para Estados Unidos; del 2% para los 27 países de la zona euro; y del 2,5% para Japón. China e India, que venían subiendo a más del 9 y el 7 por ciento, no pasarán del 6; en tanto, Brasil y México, los líderes de América Latina, bajarán a menos del 2 por ciento y por debajo de cero, respectivamente.

“La fosa del crac” llamó Federico Engels a condiciones como las presentes, en las cuales las tasas de ganancia de los grandes trust financieros se han precipitado a un sexto del valor de la década de los sesenta y a la mitad del de los noventa; el comercio se paraliza; los mercados se sobresaturan; los productos abarrotan los almacenes; el dinero no fluye. Engels agregaba: “El crédito desaparece; las fábricas paran; las masas obreras carecen de medios de vida precisamente por haberlos producido en exceso, las bancarrotas y las liquidaciones se suceden unas a otras”.

II

De manera similar a lo acontecido luego del crac de 1929, cada país intenta sus propias soluciones, aun a expensas de los demás. De hecho, Estados Unidos tomó la iniciativa desde hace un lustro devaluando su moneda con respecto a las otras para enjugar sus déficit comerciales. La reunión del Grupo de los Veinte (G-20), de noviembre pasado, además de reiterar principios generales de la globalización fue, en la práctica, un llamado al ¡sálvese quien pueda!

Aunque el FMI habla de políticas fiscales y monetarias conjuntas y el Banco Mundial propaga el multilateralismo, se recrudece la competencia de los tesoros públicos en operaciones de salvamento para cada economía. Hasta en la misma Unión Europea se marcan diferencias de Alemania y Francia con los demás socios sobre el tratamiento a la crisis, todo dentro del frío cálculo de obtener ventajas en medio del maremágnum. “Necesitamos un enfoque común en Europa, pero debemos ser capaces de adaptarnos a cada situación nacional de manera flexible”, dijo la canciller alemana, Ángela Merkel, al oponerse a un fondo común de salvamento para la Unión Europea.

La más grande operación de “rescate” ha sido la emprendida por Estados Unidos. Pasando por encima de los dogmas del libre mercado, el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal han adquirido compromisos de “rescate” por 8,8 billones de dólares, de los cuales ya se han gastado 2,1, que corresponde al 15% del PIB. Intervienen en inversiones directas en instituciones financieras, en compras de deuda corporativa y de hipotecas respaldadas por Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae, en una significativa expansión de los préstamos tradicionales a los bancos, con extensión de términos hasta 90 días, y en el aseguramiento de deuda de instituciones financieras con garantías insuficientes, los llamados “activos tóxicos”. Las fuentes de esos recursos son la emisión monetaria –proscrita por el neoliberalismo– que en el último semestre creció 25% y un endeudamiento público que ya llega casi al 80% del PIB.

Tanto en el paquete de “salvamento” aprobado en la administración Bush, como en el propuesto por el gobierno de Obama, el objetivo ha sido la oxigenación del capital financiero. De cada 100 dólares destinados a atender la crisis, 92 han ido a parar a los bancos, usados para sanear sus balances lejos de los circuitos de producción. El Nobel de economía Paul Krugman ha calificado este tipo de intervención como “socialismo amargo: los contribuyentes pagan la factura si las cosas salen mal, pero los accionistas y los ejecutivos reciben los beneficios si las cosas salen bien”. Y con respecto al plan del nuevo gobierno, acotó: “Por el momento, la respuesta del Gobierno de Obama a la crisis económica recuerda mucho la respuesta de Japón en la década de 1990: una ampliación presupuestaria suficientemente amplia para evitar lo peor, pero no lo suficiente como para que la recuperación arranque; apoyo al sistema bancario, pero con reservas a la hora de obligar a los bancos a afrontar sus pérdidas”.

III

“La economía colombiana está blindada por el éxito de la Seguridad Democrática y la confianza inversionista”, repitieron hasta la saciedad los altos funcionarios del uribismo, desde el propio jefe de Estado y el ministro de Hacienda hasta la junta directiva del Banco de la República. Aunque reconocen la “desaceleración”, niegan la posibilidad de la recesión.

Desde antes del estallido de la crisis, en agosto de 2008, ya los indicadores de Colombia mostraban un decaimiento causado principalmente por el precio mundial de los alimentos importados y de los combustibles (pese a ser un país productor de petróleo), que incidió fuertemente en la inflación. Así mismo, la revaluación del peso frente al dólar, generada por el ingreso voluminoso de divisas provenientes de las inversiones en la explotación de los recursos naturales, que golpeó severamente las exportaciones no tradicionales. El desempleo empezó a crecer desde febrero de 2008 y en algunas ciudades ya alcanzó niveles escandalosos. En enero de 2009, el índice de precios acumulado en un año se mantuvo por encima del 7% y el de los alimentos en más del 12%.

Mientras en las economías industrializadas el Estado interviene para sostener el crecimiento, en Colombia el FMI impele a aplicar otro tipo de política económica, diseñada para las colonias y obedecida al pie de la letra por las autoridades económicas. El Fondo, en una “misión de consulta” a la economía colombiana en enero de 2009, reconoció que “los mercados financieros colombianos se han visto afectados por la reciente turbulencia mundial”, ya que han aumentado las primas de riesgo de la deuda soberana, las tasas de interés y también los coeficientes de cartera vencida, especialmente los relacionados con el crédito de consumo. A contramano de lo que permite en los países poderosos, el FMI llama al cabal cumplimiento de las metas fiscales convenidas en los acuerdos suscritos con esa institución. Su verdadera preocupación es que en medio de la tormenta, Colombia entre en cesación de pagos de su deuda pública. Si ello ocurriera en las naciones endeudadas, se agravaría a escalas inimaginables el colapso de Wall Street. Así pagarán las naciones débiles los quebrantos de las poderosas.

El endeudamiento total del país ha crecido en términos absolutos en los últimos seis años, de septiembre de 2002 a septiembre de 2008, de 98 billones de pesos a 183, un 87% más, lo cual incluye la porción externa, que pasó de 18 mil a 28 mil millones de dólares. Esto último implica que, en la medida en que el peso se devalúe, como ha sido la tendencia en los últimos meses, al pasar de $1.678 en junio de 2008 a $2.520 en febrero de 2009, el aumento real de la deuda sería del 50%, el equivalente a deber cerca de 40 mil millones de dólares. El riesgo de una crisis cambiaria llevaría al Gobierno a una exigencia fiscal que lo obligaría a endeudarse aún más para honrar sus compromisos y a mayor costo, lo que, a su vez, encarecería el crédito para toda la economía y podría postrarla por completo, ampliando la recesión que ya se registra en la industria, que en 2008 sufrió una contracción de 3,3%.

Las expectativas del FMI no se alejan de esa eventualidad. Hay evidencia de la “disminución” de las exportaciones, restringidas tanto por la baja de demanda de Estados Unidos, Venezuela y Ecuador como por la caída en los precios del petróleo y el carbón; de las remesas, provenientes en un 75% de Estados Unidos y España; y de la inversión extranjera, que ha decaído en los últimos meses. Todo lo anterior hace prever que el déficit consolidado de las cuentas externas del país supere en 2008 el 3,6% del PIB, el mayor desde 2004, y es de esperar un resultado peor para 2009. No será tampoco la confianza inversionista la que vendrá en ayuda de Colombia. Algunas firmas, como Glencore y otras, que han suscrito contratos para invertir en las “zonas francas”, están desistiendo de sus propósitos ante la escasez y el encarecimiento de los recursos a escala internacional.

Todo apunta a cifras negativas en el balance fiscal y en la balanza de pagos, lo cual acrecentará las necesidades de financiación mientras los mercados de crédito se restringen y aumentan su costo. El gobierno limita su acción a practicar el neoliberalismo, desechado en todas las latitudes, incluidas las potencias económicas que lo han predicado. No se proyecta un gasto mayor en infraestructura, como factor de aumento de la demanda efectiva. “No es un plan de choque. No hay obras nuevas”, han dicho los gremios de la construcción respecto a los proyectos gubernamentales, supuestamente aforados en 55 billones de pesos. No hay medidas proteccionistas para la producción industrial y agropecuaria ni control de capitales. Las propuestas oficiales para el empleo han sido calificadas como una “pequeñez” ante la “magnitud del problema”. A contravía, se promueven más inicuos tratados de comercio, como el que se está negociando con la Unión Europea, elevando a norma constitucional los axiomas neoliberales que han fracasado rotundamente.

IV

La obsecuencia del gobierno de Uribe a los ucases del FMI presagia funestos tiempos para las mayorías laboriosas. No sólo se incrementarán por la crisis los dos millones de desempleados existentes y se envilecerá en peor grado el empleo rural y urbano, sino que se intensificará la expulsión de campesinos del agro, con la acentuación de la pobreza y la miseria. Las prescripciones del Fondo, consistentes en eliminar “las rigideces presupuestales”, es decir, reducir todavía más las “transferencias” para educación, salud, saneamiento básico; reformar la seguridad social hacia un “sistema de pensiones de pilares múltiples”, que es crear distintas categorías en la individualización de la jubilación; “fortalecer los derechos de los acreedores”, que significa tener como prioridad fiscal el pago de la deuda pública; “seguir mejorando la eficacia del sistema tributario”, que se traduce en el acrecentamiento del recaudo de impuestos y en la profundización de la antidemocracia tributaria, harán más dolorosas las lesiones de la crisis mundial, que ya ha contagiado a la economía nacional.

El Polo Democrático Alternativo debe plantear una política económica que permita a la Nación colombiana sortear el brete de la crisis económica y construir un país hacia el pleno empleo, la producción y la distribución del ingreso. Para ello tiene la misión histórica de iniciar el desmonte del neoliberalismo con nuevas políticas macroeconómicas autónomas, que consulten el interés y el progreso nacionales, con políticas sectoriales que articulen y fomenten las distintas ramas de la producción, y con políticas sociales que partan de la universalización de los derechos sociales y económicos. Toda fórmula intermedia o “centrista” no será más que la mimetización, en medio de los afanes de la hora, de las tesis neoliberales y, a la larga, se tornará en motivo de más agudos padecimientos para la mayoría de la población. La hora es propicia para realzar los principios económicos de una Nueva Democracia, arropada en la enseña de la izquierda democrática.

Polo joven y Polo de Rosa ratifican carácter democrático del PDA

Los Congresos de los sectores juvenil y LGTB fueron de trascendencia para el avance y consolidación del PDA como alternativa política del país. Centenares de delegados elegidos democráticamente discutieron y acordaron los criterios programáticos y organizativos para el desarrollo y aplicación del Ideario de Unidad, lo que permitirá el fortalecimiento del Partido en estos sectores. Los eventos demuestran que la democracia es el principio que guía el funcionamiento interno del Polo, en donde se permite la participación activa de los sectores que se identifican con su programa de transformación.

Polo de Rosa

En la ciudad de Cali, entre los días 10 y 12 de enero, más de 160 delegados elegidos regionalmente adoptaron una estructura organizativa y unas posturas que reivindican sus posiciones ante la sociedad y el Estado.

El Congreso del Polo de Rosa refleja la naturaleza avanzada, pluralista y democrática del PDA, que desde su fundación contempla la lucha por alcanzar las plenas libertades civiles y políticas de la población, entre las que se destacan el respeto y la no discriminación por motivos de identidad sexual. En el mundo existen pocos partidos que estatutariamente contemplen el derecho de la comunidad LGTB a organizarse con el objeto de defender sus derechos frente a las concepciones retardatarias del establecimiento. El presidente del Polo, Carlos Gaviria, sintetizó estas ideas en su discurso de instalación al afirmar: “A la comunidad LGBT no hay que tolerarla, hay que respetarla”.

Dentro de las definiciones adoptadas, el Congreso ratificó el Ideario de Unidad y sus principios de soberanía y democracia, y demandó reconocimiento y respeto por la identidad sexual. En su declaración final, se resaltó la necesidad de que el Polo presente un candidato propio en las elecciones presidenciales: “Abogamos por seguir construyendo en la senda de la unidad el carácter de izquierda del Polo Democrático Alternativo. Defendemos la idea de un candidato propio, elegido en una consulta interna, que luego sea propuesto a los sectores democráticos e independientes no comprometidos con las políticas encabezadas por el gobierno de Uribe, con base en una agenda común de gobierno y sin renunciar a los principios del Partido”.

Polo Joven

Más de 80 mil jóvenes participaron en la elección de los 500 delegados al Primer Congreso del Polo Joven, de los cuales 417 se hicieron presentes en Ibagué, sede del evento. Nunca antes en la historia se había presentado la oportunidad para que las diferentes organizaciones juveniles de la izquierda se sentaran con paciencia, en un ambiente unitario, a discernir sobre la política educativa y el movimiento estudiantil, la salud y la seguridad social, la cultura, la juventud trabajadora, el neoliberalismo imperante, el agobiante conflicto armado, los derechos de las minorías étnicas y sexuales y la opresión contra la mujer.

Los jóvenes del Polo ratificaron la necesidad de construir una estructura organizativa, como herramienta indispensable en el propósito de vincularse a la lucha democrática de masas. Para tal efecto, el Congreso eligió una Coordinación Nacional integrada por 75 delegados.

La declaración política y las conclusiones de las once comisiones son prueba del compromiso de las juventudes del Polo por abanderar la construcción de una nueva democracia en Colombia. La declaración afirma que la política de recolonización imperialista le arrebata a la Nación su soberanía y recorta de manera persistente la escasa democracia existente. Y expresó que esta política de recolonización vulnera los derechos esenciales de la juventud y que, para conquistarlos, debe ligar sus luchas a las de todos los sectores patrióticos.

Este documento recogió textualmente la declaración que por unanimidad aprobó la Dirección Nacional del PDA reunida del 29 de febrero al 2 de marzo de 2008 en Bogotá: “El Polo Joven en correspondencia con el Ideario de Unidad del Polo Democrático Alternativo, reafirma su oposición a la lucha armada como mecanismo para resolver las contradicciones políticas y sociales y condena el secuestro, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el terrorismo y toda suerte de actos contra la dignidad de las personas y sus derechos y bienes, sean estos cometidos por las FARC, el ELN, el paramilitarismo o por agentes del Estado”.

Las discusiones del congreso juvenil partieron del análisis de las condiciones internacionales y nacionales, que son propicias para la izquierda colombiana. La crisis económica mundial evidencia un hecho irrefutable: el contundente fracaso de la globalización neoliberal, que impele a la construcción de un modelo de desarrollo basado en la defensa del mercado interno, de la producción y del trabajo nacionales. Esta situación, aunada al quiebre del andamiaje uribista, fue resaltada por los delegados como una oportunidad histórica de la izquierda democrática para “avanzar en el propósito de alcanzar el poder político y hacer realidad el sueño de una Colombia soberana, democrática y en paz, con la plena aplicación de los derechos y libertades de la población juvenil”.

El Congreso del Polo Joven también debatió la táctica electoral del Partido, y aprobó una resolución mediante la cual llama a “las instancias del partido a hacer todos los esfuerzos para que en las elecciones presidenciales participemos con un candidato propio, que defienda nuestra propuesta programática y sea factor de unidad y cohesión para la salvación de Colombia”.

El Congreso del Polo Joven señaló que el futuro del Polo está cifrado en su estrecha vinculación a las justas protestas del pueblo colombiano, como las libradas en el pasado reciente por los corteros de caña, la minga indígena, los trabajadores de la rama judicial y los estudiantes universitarios y de secundaria.

La participación activa de los jóvenes y de la comunidad LGTB es indispensable en la aspiración por alcanzar mayores niveles de bienestar y progreso. El Polo Democrático Alternativo acierta al dedicar sus esfuerzos a afianzarse en estos sectores, propiciando todos los espacios para que desempeñen un papel importante en la emancipación social y humana de Colombia.

Los dos Congresos, a la vez, constituyen un importante avance en la consolidación y fortalecimiento del PDA, y fueron un ejemplo para que estos procesos se repliquen en otros sectores como las mujeres, los trabajadores y los intelectuales, los artistas y los campesinos, y así poder preparar el contingente patriótico llamado a abanderar la transformación política, económica y social que claman las mayorías oprimidas.