Las revoluciones dependen de condiciones internacionales favorables

La revolución de independencia hispanoamericana no se puede explicar sin los desbarajustes económicos y geopolíticos provocados por las guerras entre las potencias en el siglo XVIII; la cimentación ideológica de las “declaraciones de los derechos” de las revoluciones de independencia norteamericana y francesa;
la independencia de Haití; las guerras napoleónicas en Europa; la crisis de gobernabilidad que generó en el imperio colonial español la invasión de Napoleón en 1808, y la explosión de revoluciones liberales de los años 20 del siglo XIX.

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Las revoluciones dependen de condiciones internacionales favorables

Por la segunda Independencia: ¡Resistencia Civil!

Sea la conmemoración del Grito de Independencia ocasión para reflexionar sobre cómo y para qué conquistamos los colombianos el derecho a regir nuestro destino mediante un Estado propio. Es más necesaria esta reflexión hoy, cuando los sacerdotes de la globalización predican que en estos tiempos la nacionalidad es un concepto vacío.

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La lucha independentista de Colombia

Colombia logró su independencia de España el 7 de agoisto de 1819. Habían transcurrido casi diez años de lucha des el Grito del 20 de julio de 1810.Los firmantes del memorial de agravios no se planteaban liberarse de la metrópoli, ni de la monarquía, ni de la opresión económica. Camilo Torres le decía en él al monarca español, en ese momento destituído por el ejército napoleónico: “Se trata de reformar abusos, mejorar las instituciones, quitar trabas, proporcionar fomentos y establecer relaciones de la metrópoli y las colonias sobre las verdaderas bases de justicia”. Nada más…

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Contexto económico de la Independencia

La liberación de las colonias españolashizo parte de una lucha que en el mundo se prolongó durante ocho siglos entre el sistema feudal y el burgués.En esta contienda España formó parte de los países que se opusieron a las transformaciones capitalistas, cuando éstas ya habían triunfado orbitalmente con el tránsito de un régimen feudal a uno capitalista., la generalización mundial del comercio al descubrirse América y la revolución industrial. La disyuntiva de los próceres hispanoamericanos consistía, primero, en liberarse de la coyunda española y, segundo, moldear los nuevos estados presevando el legado de la Colonia o revolucionar la realidad del continente, abriendo las compuertas del desarrollo.

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Origen del Estado colombiano

A los hombres que hicieron la gesta de la independencia de España debemos también la forja del Estado nacional. La recolución en la Nueva Granada liquidó la tiranía monárquica y fundó una república democrática.

La provincia del Socorro fue pionera en agitar la rebelión. El 9 de julio de 1810 los socorranos sometieron al corregidor Valdés y a su tropa; dos días más tarde el cabildo dió a conocer el Acta de Independencia, por la cual depositan el gobierno en este organismo y declaran restituídos los derechos del hombre…

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¿Fueron unos idiotas?

El 20 de julio se conmemoran 200 años del Grito de Independencia. Pero muchos ignoran qué es lo que exactamente se celebra y por qué es tan importante. ¿Independencia de quién y, sobre todo, de qué realidades? ¿Qué tenía de malo no ser independiente? Cuando hacen carrera tantas majaderías sobre las actuales relaciones de Colombia con el mundo, ¿no habrá quién diga -en privado, claro- que fue un error la independencia? ¿No huba chapetones que afirmarían que los patriotas eran unos idiotas que estaban por aislar a la Nueva Granada del mundo?

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La juventud: baluarte de la independencia

Como reacción al oscurantismo colonialista, germinó en los jóvenes la semilla de la rebeldía que luego se convertiría en una fuerza fundamental para la independencia de la Nueva Granada. Mientras las universidades europeas avanzaban en el estudio de las ciencias naturales, la universidad americana mantenía su carácter confesional y se seguía inclinando por el estudio de la teología y el derecho. Todos los profesores debían tener el visto bueno del arzobispo y del inquisidor más antiguo y los graduados debían jurar fidelidad al rey y a la Iglesia Católica. Era como si las puertas de los colegios estuvieran cerradas a los avances de la humanidad, situación que chocaba con una juventud dispuesta a entender el mundo que la rodeaba.

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La batalla por la nueva cultura, almácigo de la Independencia

Cuenta el naturalista alemán Víctor W. Hagen que Alexander von Humboldt fue recibido en Santa Fé “como en una marcha triunfal”. Entrando el año 1801, Humboldt pasó una temporada en la aún aldeana capital, cuya población no superaba las viente mil almas, e hizo una ronda de entrevistas con José Celestino Mutis y una veintena de sus discípulos. El prestigioso visitante quedó asombrado de “su espíritu crítico y audacia filosófica”. También en Popayán “halló una efervescencia intelectual que no era conocida en 1760”. Lo curioso es que Humboldt estaba haciendo referencia a un sector de la sociedad que medio siglo antes “no sabía más que hacer árboles genealógicos y recitar oraciones religiosas”.

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A quince años de su muerte la tarea es continuar su obra

En el decimoquinto aniversario de la muerte de Francisco Mosquera Sánchez, refrendamos nuestra lealtad a sus enseñanzas y damos cuenta de haber mantenido el rumbo estratégico y táctico que trazó para la acción, no solo del MOIR, sino del contingente de revolucionarios y demócratas a quienes nos desvela la tarea de defender la soberanía nacional y el bienestar de la nación colombiana.

De la esclarecedora y prolífica obra de Francisco Mosquera nos detendremos a resaltar el formidable enunciado mediante el cual deja resuelto los aspectos centrales de la estrategia y la táctica de la revolución colombiana, y su paciente y esforzada labor para dotar a la sociedad de una organización política capaz de sacar adelante las tareas correspondientes a ese propósito.

Comenzó por tener comprensión de la situación concreta de Colombia, de fundamentar las causas del atraso económico y la pobreza de su población, yendo hasta los orígenes y la formación de la Nación. Hizo la valoración histórica del descubrimiento, la conquista y la colonización de América, indagó de los imperios de la época sobre sus grados de desarrollo económico, político y social y sus incidencias en la formación de las futuras naciones. Examinó con detenimiento los factores por los cuales no se concretó en Colombia la revolución democrático-burguesa, luego de la guerra de independencia de España. Hizo ver cómo la derrota sufrida por las ideas liberales en las confrontaciones armadas del siglo XIX desfavoreció la consolidación de la república burguesa y condujo a cincuenta años de dictadura conservadora, a la pérdida de Panamá y al inicio de la sumisión del país a la política imperialista de Estados Unidos con el soporte de una burguesía que claudicó ante los terratenientes y el poder clerical.

Estudió cada una de las clases sociales y los partidos, sus comportamientos y responsabilidades con la suerte que le ha tocado al país; tomó atenta y minuciosa nota del contexto internacional para fijar con total acierto el objetivo estratégico que se deben proponer las clases sociales que tienen sentido de pertenencia con la Nación: liberar a Colombia de la sojuzgación extranjera, superar el atraso en la industria y el agro e instaurar una verdadera democracia.

La revolución de Nueva Democracia, que no es otra cosa que la conformación de un gran frente de todos los oprimidos para lograr el establecimiento de un gobierno que represente a todas las clases afectadas por las políticas imperialistas y el control que la oligarquía ejerce sobre la economía y el Estado; para acometer un programa de gobierno que salvaguarde la Soberanía Nacional, desate el desarrollo de las fuerzas productivas del campo y la ciudad, proteja y desarrolle el mercado interno y reconozca los derechos económicos y las libertades democráticas a la población. Ese es el asunto principal de nuestro quehacer político, la estrategia de la revolución colombiana en su etapa actual, realización sin la cual, sentenció Mosquera, no será posible construir el socialismo.

Aclaró los métodos y formas de lucha a los cuales se podía recurrir en el transcurso de esa confrontación contra las clases que apuntalan la dominación extranjera. Luego de examinar con detenimiento las erróneas prácticas de las organizaciones y grupos que se levantaron en armas contra el dominio de Estados Unidos y el bipartidista Frente Nacional, se propuso dotar de una teoría y una organización política a la revolución colombiana, partiendo de negar lo practicado hasta la fecha por quienes pretendieron replicar mecánicamente la experiencia de la Revolución Cubana. En la discusión clarificó la inconveniencia de acometer acciones desbocadas e improcedentes que no consultan la comprensión de las masas, su estado de ánimo ni la correlación de fuerzas y que, por el contrario, estorban las luchas democráticas y sirven de pretexto para la aparición de acciones autoritarias y criminales contra la población. Mosquera descalificó el foquismo guerrillero y sus prácticas degradadas, y adoptó una línea de lucha de masas que aproveche los resquicios democráticos para favorecer las luchas y la unidad de más del 90 por ciento de los colombianos en un gran frente antiimperialista. Junto con esa disposición táctica también advirtió de otra no menos dañina e inaceptable, la conciliación y el acomodamiento, la rebaja de los objetivos centrales a cambio de las boronas que puedan dejar caer de sus manteles los imperialistas y la oligarquía. Salvadoras aclaraciones, en un país donde hemos visto saltar de una práctica a la otra a docenas de combatientes que con sus posturas llenan de frustraciones a la población y desprestigian a los movimientos de izquierda.

Para la concreción de tales objetivos adoptó tres criterios que fueron definitivos para determinar la naturaleza y el acierto de su obra: abrazar la posición ideológica de la clase obrera; emprender la organización del destacamento político de esa clase social en Colombia y asimilar el acumulado teórico resultante de las experiencias revolucionarias en el mundo.

Mosquera dedicó hasta el último hálito de su vida a la concreción de la unidad, en un gran frente de todas las clases que sufren la dominación imperialista y los partidos y movimientos progresistas. Varios fueron los ensayos: el Frente Popular-Moir, la Unión Nacional de Oposición, el Frente por la Unidad del Pueblo, las adhesiones en la política de Salvación Nacional y el acuerdo con el Bloque Democrático Regional, que llevó a Jorge Santos al Senado y en cuyo discurso de lanzamiento sintetizó magistralmente sus batallas en defensa de la revolución colombiana, la vigencia del marxismo y el triunfo inevitable del socialismo.

Para Francisco Mosquera era de primera importancia el rigor en el análisis de los acontecimientos internacionales y sus repercusiones en el país. Ejemplo de ello fue la temprana advertencia sobre la nueva situación de predominio mundial de Estados Unidos con la caída de la Unión Soviética y la imposición que sobrevendría de políticas neoliberales conducentes a recolonizar a América Latina y extender su dominio en el resto del planeta.

En efecto, la recolonización arrecia hasta límites nunca vistos en nuestra vida republicana. El país está en vía de ser convertido en la principal base militar gringa de Suramérica, ya que Álvaro Uribe negocia en secreto un tratado con Estados Unidos que permitiría que su armada, su aviación y sus tropas usen las principales bases colombianas para adelantar también operaciones contra cualquier país del continente. El tratado, de corte colonial, es inconveniente para la paz en la región y violatorio de las leyes y la Constitución Política Nacional. Nuevamente, en el bicentenario de la Guerra de Independencia, la posición frente a las bases militares gringas define de qué lado se está: con la ocupación militar colonialista o con la soberanía nacional ganada en esa gesta.

El ordenamiento constitucional es roto por el autoritarismo del Presidente; la Constitución se modifica al antojo de los grupos económicos nacionales y foráneos para favorecer el saqueo del trabajo y los recursos naturales. La separación de poderes está quebrantada y la Justicia y el Control Público son presionados, espiados y difamados por el Ejecutivo. El DAS, las Fuerzas Militares y la Policía están implicadas en crímenes contra ciudadanos inocentes. El cohecho acompaña las leyes y reformas constitucionales del gobierno. Más de doscientos parlamentarios y políticos son investigados por paramilitarismo. La cúpula paramilitar está extraditada a Estados Unidos para tapar la verdad y negar la reparación a las víctimas. Con arbitrarias actuaciones el Procurador exonera a los amigos del Presidente, mientras persigue y hostiga a la oposición.

El cuadro económico es dramático. La destrucción del aparato productivo nacional, la pérdida de la soberanía alimentaria, el saqueo por las multinacionales, la privatización de los servicios públicos, la salud y la educación, el arrasamiento de los más elementales derechos económicos de la población, y la caída del comercio con el principal mercado externo de nuestras manufacturas, Ecuador y Venezuela, por el deterioro de las relaciones.

El abuso del poder ligado al favorecimiento de un pequeño círculo, conlleva exclusiones de importantes sectores del empresariado en el control del Estado y de los grandes negocios.

La contundente derrota de los candidatos del gobierno en la reciente elección de las mesas directivas del Congreso, es una prueba de que la coalición uribista hace agua por todas partes. La Jerarquía Eclesiástica en pleno se sumó al rechazo de la reelección, ya manifestado por importantes personalidades y voceros de los gremios. También, en detestable gesto de injerencia en nuestros asuntos, Barack Obama y Hillary Clinton descalificaron los apetitos continuistas de Uribe, lo que no deja de preocupar a más de un personaje de la oligarquía.

Las dificultades del uribismo se acrecientan con la compleja situación internacional: el imperialismo estadounidense sigue afectado por la crisis económica mundial y por la agudización de contradicciones con las otras potencias, y en particular la decisión de una docena de naciones, entre ellas Brasil, China, India y Rusia, de empezar a prescindir del dólar en sus intercambios comerciales y tener parte de sus reservas internacionales en euros; lo mismo que el afianzamiento de varios gobiernos latinoamericanos que entran en franca contradicción con Estados Unidos y con las políticas del FMI, el BM y el BID, nacionalizan sectores estratégicos de sus economías, no participan de la negociación de los TLC y modifican la correlación de fuerzas en la OEA; y las cada vez más frecuentes y masivas movilizaciones de trabajadores, campesinos, indígenas y productores nacionales del continente contra las políticas de la globalización imperialista, alientan la conformación de partidos y coaliciones democráticas en procura de alcanzar la soberanía y una verdadera democracia para sus naciones. La situación creada con el golpe de Estado en Honduras pone en evidencia las dificultades del imperio, pues tiene que reprobar el cambio, de facto, de un gobierno contradictor de sus políticas e integrante del ALBA.

Un escenario de estas características favorece el desempeño del Polo Democrático Alternativo, acreditado por su consecuente oposición a las políticas de Uribe y el imperialismo, con una propuesta real de cambio contenida en su Ideario de Unidad y con capacidad para organizar y movilizar a los sectores más avanzados de la sociedad. El POLO es, sin duda alguna, la propuesta anhelada por la inmensa mayoría de los colombianos.

La candidatura de Carlos Gaviria concita grandes apoyos y encarna la negación del uribismo y sus políticas. Su verticalidad en la defensa de la soberanía, la condena del neoliberalismo, y su consecuente defensa de los sectores marginados, además de su impecable vida al servicio de la sociedad y la pulcritud de sus actuaciones públicas, son garantía para presidir la lucha por un país decente. Como dijera Francisco Mosquera: “Una portentosa corriente unitaria revolucionaria del pueblo colombiano se ha puesto en movimiento. El porvenir es suyo, ¡apoyémosla!”.

La emancipación de la mujer

“La emancipación de la mujer, que despunta ya en el horizonte de la humanidad, llegará inexorablemente, porque antes que nada obedece a las exigencias del desarrollo, y quienes se empecinen en contenerla sucumbirán en el intento. No se trata de una mera proclama, de una consigna proselitista, o de un capricho nuestro.La sojuzgación de la mujer ha acompañado durante milenios a la explotación del hombre por el hombre: con su surgimiento inaugura el oprobioso período de la esclavitud, mas lo clausurará con su desaparecimiento.

A las generaciones contemporáneas les correspondió en suerte vislumbrar tan colosales cambios, viviendo en los umbrales de una era en que las gentes, para prodigarse lo de la subsistencia, no se verán arrastradas a entablar relaciones alienantes y vejatorias, ni en los ámbitos del trabajo y de las gestiones administrativas de la sociedad, ni en los menos extensos de la familia.

La reacción fracasará en sus propósitos de aplacar las crecientes inquietudes femeninas, o de desviarlas hacia el reencauche de los valores que confortan la opresión y el envilecimiento de la mujer, tejemanejes en los que han sido duchos maniobreros los dirigentes de los partidos tradicionales colombianos, lo mismo los liberales que los conservadores, los oficialistas que los semioficialistas.

Todos se rasgan las vestiduras ante el agrietamiento de la familia y prometen refaccionarla y retornarla a su perdida posición. Unos, a semejanza de Belisario Betancur, rehusándose rotundamente a ofrecer a la mujer cualquier beneficio, ni aun el divorcio. Otros, a la usanza típicamente lopista, limitando esta prerrogativa al matrimonio civil, en un país por excelencia de enlaces católicos. Y el resto, como el candidato putativo del carlosllerismo, organizando “la jurisdicción de la familia, buscando su protección y unidad, para devolverle su función vital de núcleo de nuestra sociedad” es decir, con frases…

El régimen prevaleciente, por su propia estructura, minimiza a la mujer, y de hecho le cierra las puertas de la superación, así le consigne sus fueros en la norma escrita. Pero es que además de eso, la burguesía se ha mostrado incorregiblemente cicatera en cuanto a reconocer la igualdad de los sexos en los formalismos de la ley, incluso en sus momentos más revolucionarios. La revolución de independencia de los Estados Unidos y la francesa de 1789, que marcan hitos en la democracia burguesa, hicieron caso omiso del asunto y partieron del entendido de que las hijas de Eva son ciudadanos de segunda o tercera categoría. En tales circunstancias a las mujeres les ha tocado articular no pocos movimientos y emprender ruidosas luchas para que se les admitiera, verbigracia, el elegir y ser elegidas, el menos controvertido y el más gracioso de los dones dispensados por el Estado republicano.

En el caso de Colombia, el viacrucis por el cual han transcurrido los derechos femeninos resulta inverosímil. Hagamos rápidamente una síntesis, circunscribiéndonos a este siglo. Sólo en 1932 se suprimió el tutelaje del marido sobre la esposa, y ésta logra “comparecer libremente a juicio” y administrar y disponer de sus bienes: dejó de figurar en la lista de los incapaces. En 1936 se autorizó a la mujer para desempeñar cargos públicos, mas se le sigue negando la ciudadanía. En 1945 se le entrega la ciudadanía pero se le continúa prohibiendo la función del sufragio y la facultad de ser elegida. En 1954 Rojas Pinilla le concede el derecho al voto; sin embargo, no le permitió ejercitarlo porque no convocó a elecciones. En 1976 se instituye, como arriba anotamos, el divorcio, el civil, para un país de matrimonios católicos. Antes, en 1974, se extiende la patria potestad a la esposa y quedan habilitadas todas las mujeres, con estipulaciones similares a las del hombre, para ser tutoras y curadoras. Habíamos comentado también lo de la “pena de muerte para la esposa infiel”, derogada en 1980. No obstante lo anterior, y a que se acaba de sancionar la Ley 29 de 1982 por la cual se equipara a los hijos legítimos y naturales en cuanto a la herencia, la legislación todavía consagra irritantes tratamientos discriminatorios entre las personas, con ser que el sistema constitucional colombiano, desde el Congreso de Cúcuta de 1821, le ha dado ciento sesenta veces la vuelta al Sol.

A regañadientes y a cuentagotas, los países capitalistas han venido declinando, una tras otra, sus recalcitrantes posturas sobre la materia, y hoy algunos se glorían de haber hecho todas las concesiones, hasta la del aborto. Y en esas naciones, cabalmente en esas naciones en donde no resta conquista democrática por arrancar, fuera de ahondar las conseguidas, aparece diáfano, cual lo advierte Lenin, que la condición de inferioridad de la mujer no radica en la ausencia de derechos, sino en el Poder que los refrenda. En Colombia, donde las oligarquías vendepatria han ido siempre detrás y muy atrás de sus modelos extranjeros, aún habremos de combatir al respecto por no escasas reivindicaciones, sin creer ni hacer creer que éstas encarnan el colmo de las aspiraciones del sexo femenino. A la inversa, enarbolaremos, apoyaremos y aprovecharemos sus diversas contiendas para organizar sus huestes e instruirlas acerca de lo que al fin y al cabo interesa: que exclusivamente la revolución y el socialismo garantizarán la emancipación de la mujer”.