Editorial: LA UNIDAD Y LA LUCHA POR LA SOBERANÍA

Héctor Valencia H., Secretario General DEL MOIR

A
Es apenas lógico que en las filas de varias organizaciones políticas de izquierda, así como en otras catalogadas como «agrupaciones de centro», se hayan despertado inquietudes sobre los pasos tácticos a dar para enfrentar las aspiraciones reeleccionistas de Álvaro Uribe. Sin dejar de considerar las pasadas experiencias electorales de la izquierda y la oposición, la referencia principal para tal batalla es el proceso de unidad y aglutinación de fuerzas que derrotó el referendo uribista.

Todos a una contra las pretensiones de Uribe de enquistarse en el poder, es un lema acertado en la medida en que exprese el rechazo radical a la política que este viene aplicando. Sólo en este sentido los clamores unitarios corresponderán al ánimo y a los intereses de sectores de masas cada vez más amplios, cuya condena del gobernante –quien ya recibió una rechifla pública en Bogotá– no se limita a repudiar su autoritarismo atravesado y sus maneras mañosas de administrar, ni el comportamiento basto y la mediocridad provinciana con que adelanta su gestión, sino la política que encarna y ejecuta. Es decir, la política neoliberal que ha tenido como programa de gobierno, la que durante casi treinta meses ha aplicado a rajatabla causando mayor estancamiento y ruina en renglones claves de la economía agraria e industrial; carencias y estrecheces, pobreza y miseria en las capas populares de la población; recortes y eliminación de reivindicaciones laborales y derechos democráticos, y una generalizada degradación en la vida social. En fin, la misma política que pretende prolongar y ahondar con la reelección que ahora trama, sacando a relucir tanto su deshonestidad respecto a las reglas del juego vigentes como su clientelismo y politiquería.

Si, para que valga la pena, el propósito es derrotar la política que representa Uribe Vélez, el candidato de las fuerzas de izquierda y oposición que lo enfrente debe personificar una política que le sea antagónica. El cambio que necesita el país no se limita a las modas y modos políticos. No es elegir a un administrador de las mismas concepciones, planes y proyectos políticos ya estatuidos, fenómeno que cuando se pone en entredicho casi siempre da lugar a que se responda con la excusa típica del apocado político: que se tiene el gobierno pero no el poder.

Nunca sobra la siguiente observación a ese respecto: para desnudar el carácter y naturaleza de los gobernantes que las defraudan o tratan de engañarlas, las gentes suelen señalar que se trata de «los mismos con las mismas», emparentándolos así con los tradicionales políticos al servicio de la oligarquía dominante, pero, sobre todo, denunciando que estén con las mismas, es decir, abogando por las políticas lesivas de la democracia y de la nación y sus mayorías. También para dejar políticamente al descubierto a los miles de astutos que con miles de estratagemas tratan de embaucarlas, expresan que «es la misma perra con distinta guasca».

Justamente para contrarrestar los infundios de sus contradictores y demostrarles a los millones de colombianos de bien que no se trata de «la misma perra» ni que se está «con las mismas», las fuerzas políticas que se dispongan a ofrecer una auténtica alternativa a la política vigente deben empezar por discutir serena y seriamente sobre los puntos programáticos que, respondiendo a los ingentes y agobiantes problemas de la nación, le ponga bases firmes a un proceso unitario. Insoslayables, las diferencias existentes se deben debatir. Aunque esta confrontación de criterios, enmarcada en la aún más insoslayable lucha ideológica, se la ha tratado de desvirtuar a nombre de un barato pragmatismo político –fundamentado desde siempre en el lastimoso electoralismo y hoy reforzado por la charlatanería neoliberal—, la verdad es que posee el potencial tanto para definir con mayor transparencia las fronteras políticas como para perfilar y acentuar las identidades.

B
Ningún plan o programa económico, social o político puede plantearse en el país de manera honesta como solución o alternativa, sin abordar seriamente primero la recuperación de la soberanía nacional. La más enjundiosa actitud propositiva, que algunos tocados por una acomodaticia tendencia a la conciliación les reclaman a las fuerzas de izquierda, es decirle un rotundo no a la telaraña de medidas que supeditan la nación al poderío de Estados Unidos y los intereses de su cúpula financiera. Y, obrando en consecuencia con esa negación y para que los pronunciamientos y declaraciones en ese sentido no se conviertan en un escapista «canto a la bandera», dichas fuerzas deben orientarse a emprender junto a las masas el laborioso esfuerzo de romper una a una las ataduras. Cada amarra imperialista desatada en lo económico y lo político será un yugo menos que se sacuden nuestros compatriotas. Es precisamente este imbricado conjunto de tales acciones lo que constituye la resistencia civil.

La dimensión que ha alcanzado la pérdida de soberanía se reflejó en los actos efectuados durante la parada de Bush en Cartagena: un Uribe, manso y venerador ante la bandera y el jefe del imperio, mendigando armas y dólares para sus obsesiones militaristas dentro del Plan Colombia que la administración demócrata de Clinton le elaboró y le impuso al país, y suplicando que Bush tenga consideraciones en el tratado comercial a firmarse entre los dos países.

Un importante diario norteamericano, luego de señalar a Uribe como el dirigente que con mayor tenacidad respalda a Bush en el Hemisferio, expresó que la visita de éste a Cartagena fue planeada para exhibir los beneficios que reporta hablar duro sobre terrorismo y ser amigo de los Estados Unidos. Se explica así que Uribe, sabiendo que la marca de fábrica de la política imperialista de Bush es una mesiánica cruzada contra el terrorismo, haya mencionado en su discurso de página y media once veces esa palabra. Y también que Bush, redondeando la puesta en escena, haya expresado al iniciar su discurso la gran estimación por este hombre que le cumple, afirmado que se sentía «orgulloso de estar con mi amigo», reiterado enseguida que «él es mi amigo» y, para que no quedaran dudas, remató su alocución con un «estoy orgulloso de llamarlo mi amigo”»

Mas aquí la comedia envuelve la tragedia. El ya hoy notorio clientelismo que Uribe se complace en practicar con parlamentarios pusilánimes para que le aprueben sus planes de reelección, es una simple caricatura, como también ocurre con otros aspectos de su gobierno y conducta, del clientelismo que Bush practica con él para convertirlo en un yes man, un subordinado servil, para la aprobación del intervencionismo norteamericano tanto en Colombia como en otros países. Famoso por lo escandaloso fue el respaldo de Uribe a la invasión que Estados Unidos y un puñado de gobiernos condescendientes lanzaron contra Irak. Ahora que sin mayor retórica diplomática el secretario general de la ONU, Koffy Anan, ha calificado de ilegal dicha invasión, los colombianos, empezando por las organizaciones y personas que se proclaman respetuosas del derecho y la comunidad internacionales, deberían exigirle al gobierno de Uribe que se retracte de su celestinazgo con el gobierno de Bush en esa tropelía continuada, hoy más salvaje, contra la población iraquí.

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Al igual que ocurre en la Gran Coalición Democrática, donde las discusiones entre las distintas fuerzas sindicales, sociales y políticas han sido una constante que ha fructificado en las mayores acciones de masas contra la política imperante –entre ellas el triunfal combate contra el referendo– las organizaciones de izquierda y de oposición deben discutir y llegar a consensos respecto a una cuestión fundamental: la lucha por conquistar la plena soberanía económica y política. Los lineamientos para esta tarea, la principal, constituirían la médula de un programa democrático y patriótico que guíe la batalla contra la reelección de Uribe y surta el contenido de las campañas de los candidatos de las diversas fuerzas a las corporaciones públicas, así como el de la campaña presidencial de un candidato de unidad.

Con este último propósito, el MOIR, junto a los demás integrantes de Alternativa Democrática, ha propuesto el nombre del senador Carlos Gaviria, quien por su consecuente y honesta trayectoria política, capacidad intelectual y académica, y la seriedad de sus planteamientos, encarna el cambio de rumbo que hoy precisa la nación.

Entrevista al doctor Carlos Gaviria: LO DE URIBE VÉLEZ ES MESIANISMO IMPÚDICO

(Entrevista concedida en octubre por el doctor Carlos Gaviria Díaz al equipo de redacción de TRIBUNA ROJA y en que hace referencia a los problemas principales de la actualidad política y del país)

Tribuna Roja: ¿Cómo ve la situación de los sectores populares?

Carlos Gaviria: Se encuentran en una situación cada vez más precaria, más pobres, con mayores y más numerosas necesidades insatisfechas, porque no hay duda de que atenderlas no es una prioridad del Gobierno ni de lo que pudiéramos llamar «el establecimiento».

TR: ¿Qué nos dice de la pretensión del gobierno de aplicar el IVA de 4% a una nueva cantidad de productos de consumo popular y a los servicios públicos? ¿Y los golpes que se preparan contra los pensionados? Impuestos a las pensiones, aumentar los años para acceder a ellas, eliminar la mesada 14 y los regímenes especiales.

CG: El impuesto al consumo es un símbolo de la distribución inequitativa de los gravámenes: que los ricos y los pobres paguen lo mismo. Con las pensiones lo que se pretende reducir es su monto, aumentar la edad y el número y la cuantía de las cuotas, para que quienes han tenido que trabajar toda una vida no tengan posibilidad de un justo reposo cuando su ciclo vital ya concluye. Se pretende que la pensión de vejez no es un asunto de justicia retributiva sino de generosa beneficencia.

TR: Mientras esto ocurre con los sectores populares, el gobierno de Uribe Vélez hace aprobar en el Congreso nuevas garantías para las inversiones extranjeras y, además, rebajarles 7% de los impuestos. ¿Qué opina sobre eso, doctor Gaviria?

CG: La ley de garantías a las inversiones, recientemente aprobada, implica una vergonzosa renuncia del Estado a lo que hasta ahora se pensaba que era irrenunciable: a legislar y a interpretar su legislación. Hay una curiosa aceptación unilateral de las leyes de mercado: los países pobres necesitan inversiones que presuntamente generarán empleo, pero los inversionistas no necesitan invertir y en consecuencia son ellos los que ponen las condiciones cuando se deciden a hacerlo. El llamado que se nos hace parece ser a que compitamos con los países vecinos en mano de obra barata y en laxitud de la soberanía.

TR: Existe también un proceso muy grave de deterioro de los servicios públicos de salud y educación y hasta las promesas del gobierno en cuanto a la vivienda de interés social han sido incumplidas. ¿Qué se debería hacer?

CG: El proceso de deterioro de los servicios públicos es uniformemente acelerado porque el Gobierno, que ha aceptado la política económica neoliberal hasta las últimas consecuencias, no tiene interés en detenerlo. Así pretende imponer su tesis de que la privatización es el único camino.

TR: El gobierno insiste en firmar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el TLC. ¿Cuál es su posición?

CG: Si el país tiene que celebrar tratados comerciales, porque la autosuficiencia no es ni siquiera pensable, debe hacerlo en condiciones de equidad y mutuo beneficio. Las primeras rondas en torno al TLC les han mostrado, aun a los más optimistas, que la primera potencia económica del mundo no está animada precisamente de propósitos altruistas.

TR: ¿Qué opinión tiene usted sobre la política de unilateralidad que introdujo Estados Unidos en las relaciones internacionales, bien marcada en los hechos de la invasión a Irak?

CG: El supuesto en el que descansa la democracia consiste en que la fuerza no crea derecho, éste sólo es creado por el consentimiento; pero el país que pretende erigirse en ejemplo de democracia desdeña olímpicamente el derecho internacional y en su lugar coloca su voluntad omnímoda. Creo que ninguna persona decente puede aceptar esa actitud prepotente, arrogante y definitivamente imperial.

TR: Doctor Gaviria, ¿qué nos puede comentar sobre la reforma a la Justicia?

CG: No conozco el proyecto final. Lo que hasta ahora se ha conocido no hace más que ratificar el propósito del Gobierno de echar al olvido las cosas buenas de la Carta Constitucional de 1991: debilitar la tutela, que es la única forma de justicia que funciona, en beneficio de las que no funcionan, y quitarle facultades de control a la Corte Constitucional, que se ha erigido en un incómodo símbolo del Estado de derecho y del Estado social de derecho.

TR: Uno de los temas de mayor discusión en la política colombiana hoy es el proyecto que se tramita en el Congreso sobre la reelección presidencial y que está a punto de ser aprobado por la Plenaria de la Cámara. ¿Qué opina al respecto?

CG: No sé si la palabra adecuada para calificarlo sea vergüenza o desvergüenza. Que un presidente propicie un cambio constitucional en su propio beneficio, así arguya que es en aras del bien del país, implica un mesianismo impúdico: «La salvación de la patria la encarno yo». Y si para lograrlo seduce congresistas (compra conciencias), contradiciendo su propio eslogan de «Contra la politiquería y la corrupción», su conducta desvergonzada es vergonzosa. En un país con conciencia política madura, esa actitud sería suficiente para salir derrotado. Pero su habilidad mediática es tal, que ha obrado el efecto nocivo de anestesiar amplios sectores de la opinión.

TR: ¿Cree usted que el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez lesiona las libertades democráticas?

CG: Este Gobierno repite una parábola bien conocida: hay que salvar la democracia suprimiéndola y hay que salvar las libertades pasando por encima de ellas. Dígalo si no el estatuto antiterrorista que tiene disposiciones tan peligrosas como las facultades judiciales a las Fuerzas Armadas, y otras medidas restrictivas ya ensayadas entre nosotros por más de cincuenta años, con resultados desastrosos, devastadores de los Derechos Humanos.

TR: ¿Qué representa Alternativa Democrática para la nación?

CG: Alternativa Democrática aspira a hacer honor a su nombre. Nacida de una coalición de congresistas demócratas, de izquierda y alérgicos al terrorismo, cualquiera sea su origen, pretende constituirse en una opción popular, buscando acercamiento con sectores políticos afines que deseen contraponer a la política autoritaria una política de democracia moderna, deliberativa, y una política económica que rescate la necesidad de que el Estado controle los efectos perversos que inevitablemente siguen al «libre juego de las leyes del mercado», cuyos efectos devastadores para los sectores pobres y de ingresos medios, están a la vista.

ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA CON CARLOS GAVIRIA DÍAZ

Desde el 4 de noviembre hasta el 10 de diciembre, el doctor Carlos Gaviria Díaz, precandidato de Alternativa Democrática a la Presidencia para el período 2006-2010, inició una exitosa gira que ha congregado a miles de sus seguidores y activistas del Frente Social y Político, el MOIR, el Partido Unidad Democrática, el Movimiento Ciudadano de Colombia, el Partido Comunitario Opción Siete y las Autoridades Indígenas de Colombia.

La gira empezó el 4 de noviembre en la capital del Valle del Cauca, en el auditorio Pedro Elías Serrano de la Universidad Santiago de Cali. Continuó el 5 en Villavicencio, donde los asistentes colmaron el auditorio de la Biblioteca Germán Arciniegas. El 7 en Chinchiná, en el Sindicato de los Trabajadores de la Federación Nacional de Cafeteros, Sintrafec, y el 8 en Manizales, en el auditorio central de la Universidad de Caldas, se hicieron también nutridas concentraciones de apoyo al candidato de Alternativa Democrática. El 11 de noviembre se celebró el acto de Medellín, en el auditorio de la Asociación de Institutores de Antioquia, Adida, y el 19 el de Bucaramanga, en el Centro Comercial Sanandresito.

Bogotá
Antier, 2 de diciembre, Alternativa Democrática colmó las instalaciones del Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, para lanzar la precandicatura presidencial del doctor Carlos Gaviria Díaz. a quien acompañaron en la mesa directiva los senadores de AD, Jorge Enrique Robledo, Luis Carlos Avellaneda, Antonio J. Peñalosa y un vocero del senador indígena Efrén Tarapués, y los representantes Wilson Borja, Alexander López, Venus Albeiro Silva y Ermínsul Sinisterra, además del maestro Orlando Fals Borda, a quien el precandidato presentó un saludo especial, el Padre Bernardo Hoyos, quien proclamó en forma oficial al doctor Carlos Gaviria Díaz, y la esposa del candidato, doña María Cristina Gómez de Gaviria. Como invitados especiales asistieron la senadora Piedad Córdoba, los representantes María Isabel Urrutia, Luis Reyes y Pedro Arenas; los dirigentes del Polo Democrático Independiente, Daniel García-Peña y Ana Teresa Bernal, a más de los concejales de Bogotá Bruno Díaz y Alvaro Argote; y la dirigente indígena Ati Quigua, elegida al Concejo de Bogotá.

Cartagena, 10 de diciembre
La gira culmina en Cartagena el 10 de diciembre. La dirección nacional de AD dedicará lo que resta del año a definir programa, normas de funcionamiento y mecanismos de relación con otras fuerzas políticas.