En Yugoslavia: LOS TENEBROSOS MÉTODOS DEL IMPERIO

Por Alejandro Torres

En los últimos meses Yugoslavia ha sido sacudida por hechos que reeditan algunos aspectos de la agresión imperialista, principalmente norteamericana, contra esa atormentada región. En este escrito nos referiremos únicamente a los que rodearon la caída del poder de Slobodan Milosevic, quien el pasado 31 de marzo fue detenido por el actual gobierno fantoche de su país y quien, probablemente, termine por ser entregado al espurio Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra de La Haya, montado por las potencias para condenar a quienes se atrevan a desafiar sus designios. Milosevic dejó el gobierno el 5 de octubre de 2000, luego de que Estados Unidos, confabulado con la oposición interna, urdiera una gigantesca manipulación de la primera vuelta electoral para la Presidencia de la República, efectuada el 24 de septiembre, y amenazara con sumir nuevamente al país en el caos y la guerra si el gobierno insistía en llevar a cabo la segunda ronda.

Milosevic pronunció el 2 de octubre un discurso en televisión, que se constituiría en una especie de testamento político. En él, aunque no expuso su renuncia, que se produciría tres días después, sí constan las razones que lo obligaban a ello: «Hoy, al borde de unas nuevas elecciones, como la Oposición Democrática de Serbia duda que pueda conseguir el resultado que necesita, sus líderes, con dineros introducidos fraudulentamente al país, están sobornando, acosando y chantajeando a los ciudadanos; y organizando huelgas, malestar y violencia, dirigidos a bloquear la producción, todo trabajo, toda actividad. Su objetivo es paralizar la vida en Serbia para poder aducir que ella empezará de nuevo y marchará sana y exitosamente, cuando esté organizada por aquellos que representan las intenciones, planes e intereses de los ocupacionistas».1

Qué mejor forma de corroborar la justeza de las anteriores denuncias que reproducir lo plasmado por las propias cajas de resonancia imperiales, los monopolios de la información, que a lo largo del último decenio se dedicaron a esparcir la más infame deformación de las acciones de los líderes yugoslavos. El 11 de diciembre, The Washington Post refiere que en octubre de 1999, en una reunión en el lujoso hotel Marriot de Budapest, capital de Hungría, organizada por el National Democratic Institute, NDI, aparato del Partido Demócrata, con los más prominentes líderes de la oposición yugoslava y la agencia encuestadora Penn, Schoen & Berland Associates, se dio inicio a «un extraordinario esfuerzo de Estados Unidos para tumbar a un jefe de Estado extranjero, no a través de una acción encubierta del estilo de las realizadas por la CIA, en sitios como Irán y Guatemala, sino mediante las modernas técnicas electorales».2 La labor se encomendaría entonces, no a la siniestra Central de Inteligencia, sino a sus socios, el Departamento de Estado y la Agencia Internacional de Desarrollo, AID, que actuarían a través de contratos comerciales y grupos «sin ánimo de lucro», como el mencionado NDI y su contraparte republicana, el International Republican Institute, IRI.

Lo primero era unificar a las dos docenas de grupos de oposición y escogerles un candidato presidencial, misión que recaería en Vojislav Kostunika, un «nacionalista moderado», que tenía, además, como «parte de su atractivo», el ser «percibido ampliamente como anti norteamericano», y haber «criticado los bombardeos de la Otan, lo que hacía difícil calificarlo como traidor a los intereses serbios». Una lección sobre cómo para facilitar la explotación de los pueblos, a los imperialistas hasta les convienen algunos personajes que posan de díscolos, en quienes no se identifica claramente la felonía y que se caracterizan porque no exigen la radical supresión del dominio extranjero, sino que abogan porque se reblandezca, o al menos porque se le pongan afeites. Milosevic, en la alocución mencionada, había desenmascarado así la patraña: «Su verdadero líder no es su candidato presidencial. Su jefe por muchos años ha sido el presidente del Partido Democrático (Vuk Draskovic), colaborador de la alianza militar que condujo la guerra contra nuestro pueblo, quien, incluso, ni siquiera disfrazó su colaboración. El país conoce de su apelación a la Otan para que bombardeara Serbia por el tiempo que fuera necesario, hasta quebrar su resistencia. (…) La agrupación organizada de esta manera (…) representa a los gobiernos y ejércitos que recientemente comandaron la guerra contra Yugoslavia». La crónica de The Washington Post, cuenta que incluso los otros partícipes de la confabulación calificaban de «actitud vacía» la del Partido Democrático de Serbia, del taimado candidato escogido, que alardeaba de rechazar la ayuda externa, mientras la campaña presidencial se beneficiaba «de la asesoría y del apoyo finaciero recibidos del extranjero, y especialmente de los Estados Unidos».

Luego se decidió «elaborar un mensaje simple sobre la situación económica», callando, desde luego, que la crisis tenía como inmediato responsable el arrasamiento del país por diez años consecutivos de agresión política y militar; y, además, actuar sobre la base de que los serbios querían «el cambio por medios electorales y no a través de manifestaciones», como creían los conspiradores internos que habría de lograrse.

Resueltos la unidad, el candidato, y el sentido del «mensaje», la máquina se puso en acción. Así, «por primera vez en Serbia», se utilizaron «las técnicas occidentales de publicidad en la propaganda política». Por medio de «sondeos de opinión» se probaba permanentemente el efecto de los eslóganes, de la misma forma que se hace «con la goma de mascar o las gaseosas». El diario norteamericano dice que Srdan Bogosavljevic, cabeza de la firma encargada del marketing, manifestó: «Abordamos el proceso como si se tratara de vender una marca y golpear otra. La marca a vender era Kostunika; la que debía golpearse: Milosevic». Cada palabra de los voceros políticos de la oposición «era discutida con consultores de los Estados Unidos», y los aspirantes al parlamento y decenas de miles de los postulados a los gobiernos locales recibían intenso entrenamiento, que incluía, ante todo, la forma de «hacer llegar el mensaje».

Según el cínico relato, los mencionados aparatos, NDI e IRI, se repartieron el trabajo sucio. El primero, se concentró en los partidos de oposición y el otro, en Otpor, la tan celebrada organización estudiantil que fungía dentro del pérfido proyecto, según la propaganda gringa, como «columna vertebral ideológica y organizativa». En marzo de 2000, por ejemplo, el IRI les pagó en el Hilton de Budapest a un grupo grande de jóvenes, dos semanas de entrenamiento sobre resistencia pacífica. Ésta última orientación era obvia: la violencia había corrido a cargo de la Otan con sus inclementes bombardeos de más de un lustro. A los muchachos se les enseñaba, entre otras cosas, «a organizar huelgas, a comunicarse con símbolos, a sobreponerse al miedo, a minar la autoridad del régimen». El seminario conspirativo lo orientó el coronel retirado del ejército gringo Robert Helvey quien ostentaba, entre los tantos galones de su currículo, estudios sobre métodos de resistencia no violenta usados en Burma y en «la lucha por los derechos civiles en América del Sur». Helvey instruía a los activistas de Otpor en las teorías de un tal Gene Sharpe, «el Clausewitz del movimiento de la no violencia», cuyo principal aforismo: «Despojar la autoridad del gobernante es el elemento más importante de la lucha pacífica», declamaban arrobados los alumnos. Los conspiradores se ufanan de que en una de las sesiones con su amaestrador fue adoptada la consigna del movimiento: «Gotov je» o «Él está terminado», que se convirtió, al lado del puño cerrado, símbolo de Otpor, en el lema de todo el mercadeo. La AID financió millones de calcomanías con tal consigna, que se enviaron a Serbia y se pegaron en baños, ascensores, sobre la propaganda de Milosevic; así como costeó los miles de potes de spray con los que se hizo la agitación mural.

Otro caso de adoctrinamiento juvenil fue un curso para testigos electorales en Szeged, población húngara a pocos kilómetros de la frontera con Serbia, al cual asistieron 400 jóvenes, quienes de regreso entrenaron a 15 mil más, que se agruparon en el llamado Centro Serbio por Elecciones Libres y Democracia para organizar un sistema paralelo de escrutinio. El adiestramiento fue financiado totalmente por Estados Unidos. The Washington Post continúa: «Cada testigo recibía 5 dólares, en un país donde el promedio salarial mensual era de menos de US$ 30». Y agrega: «Una regla de hierro tanto en Otpor como en el grupo opositor era nunca hablar del apoyo logístico y financiero occidental, para evitarse ser tratados como traidores o lacayos de la Otan».

Por contraste, Milosevic, al borde de su salida del poder, prevenía a los jóvenes y a los intelectuales sobre los fines proditorios de los opresores extranjeros en contra de sus sentidas aspiraciones: «Me gustaría enfatizar el porqué a los jóvenes, intelectuales y científicos, en los países privados de su soberanía, por regla general se les niega el derecho al trabajo creativo, especialmente en el campo de la ciencia: los grandes centros y los grandes poderes financian el trabajo científico, controlan sus realizaciones y deciden sobre la aplicación de sus resultados. Los Estados dependientes, si tienen institutos y laboratorios científicos, éstos actúan como ramas controladas por un centro. Sus logros deberán ser tan limitados que no introduzcan en los países y pueblos ocupados las semillas de la rebelión y la emancipación».

Ahora que en Colombia nos hallamos en la efeméride de la tan ponderada Constitución de 1991, viene a cuento recordar que también aquí se ha abusado de «la candidez virginal de los universitarios». Los conspiradores emboscados en la Casa de Nariño los utilizaron en uno de los episodios más oscuros de la gestación de la Carta con la que se le pusieron bases jurídicas y políticas a la apertura. El movimiento estudiantil conocido como de la «séptima papeleta», fue el instrumento utilizado por el sanedrín de Barco y Gaviria para darle a su conjura antinacional el cariz de rebeldía que le aportaban los jóvenes embaucados, que se desgañitaban contra la corrupción y los descaecidos barones de los partidos tradicionales.

Vista a grandes rasgos la «operación pacífica» montada por el imperialismo para defenestrar al presidente yugoslavo, debe anotarse que sólo a los propietarios de los grandes medios de comunicación en el globo se les podía ocurrir la mendaz cantinela de que fue Milosevic quien organizó un gran fraude electoral para mantenerse en el poder. Como observa el prestigioso profesor de la Universidad de Ottawa, Michel Chossudovsky, en un artículo escrito en octubre pasado: «En los Estados Unidos, aceptar dinero de un poder extranjero hostil (…) para financiar los gastos de una campaña sería considerado muy legítimamente como un acto anti estadinense. Pero, en Yugoslavia, la oposición se autocalifica de patriótica y no considera anti yugoslavo, aceptar 100 millones de dólares para ese fin de quienes bombardearon su país».

El pasado 31de marzo, el gobierno títere de Kostunika encarceló al presidente Slobodan Milosevic. Anteriormente, el 3 de marzo, The Economist había informado que varios figurones de la coalición de gobierno planteaban que su detención y el montaje de unas amañadas acusaciones, por la compra de una vivienda en las afueras de Belgrado y unos supuestos envíos de oro a Suiza en los días en que abandonó el poder, conducirían a «un corto juicio en Serbia y luego a su extradición a La Haya».

Cualquiera sea la suerte que los yanquis le impongan a Milosevic, los pueblos del mundo sabrán, contra lo que propalan los plumíferos reaccionarios, que esos diez años de agresión, resistidos enhiestamente por él y por la mayoría de sus compatriotas, demostraron con creces sus asertos acerca de los imperialistas querían hacer de los Balcanes «una zona de conflictos permanentes lo cual les proporcionaría una coartada para volver permanente su presencia», y que por eso «los agresores no atacaron a Serbia a causa de Milosevic, sino a Milosevic a causa de Serbia». En tanto, a la camarilla que lo ha perseguido por orden gringa, los pueblos la condenarán por siempre como la hez de la patria de los partisanos.

Notas

1 El discurso del Milosevic que se cita en este artículo fue puesto en internet, el 2 de octubre de 2000, por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Federal de Yugoslavia; y reproducido en el sitio www.onelist.com/polls/marxist.

2 La crónica a la que se hace referencia en este artículo se titula U.S. advice guided Milosevic opposition, escrita por Michael Dobbs de The Washington Post, publicada en la edición web de ese diario el 11 de diciembre de 2000.

LAS JORNADAS DE SEATTLE

Dos dirigentes norteamericanos que estuvieron en Seattle el año pasado relatan su experiencia

Entrevista de los compañeros Jeff Isbell y Brad Smoyr, dirigentes de la Unión de Trabajadores Metalúrgicos de Estados Unidos y Canadá, con Gustavo Triana y Enrique Daza, dirigente de Funtraenergetica y director de Cedetrabajo, respectivamente.

Enrique Daza: Háblenos de la lucha librada en Seattle el año pasado y qué experiencias les dejó.

Jeff Isbell. En Norteamérica se está practicando mucho el dumping en la industria del acero. Es un tema muy importante para nosotros, porque debido a este problema han tenido que cerrar quince compañías del sector en Estados Unidos y han sido despedidos diez mil trabajadores.

Son varios los países que recurren a estas prácticas, y todos se caracterizan porque padecen serios problemas económicos. Han copado su propio mercado, pero siguen produciendo acero con la esperanza de que eso reactive su economía. Y salen a venderlo en el extranjero por debajo del costo de producción, pues disfrutan de subsidios de sus propios gobiernos.

Ante la grave amenaza que se cierne sobre los trabajadores del acero, nos fuimos a Seattle, sin sospechar la magnitud de la protesta que allí se iba a dar. De la Unión Metalúrgica, nos hicimos presentes muchos afiliados de todo el país, y también de otros sindicatos y organizaciones. Llegamos a reunirnos en las calles más de cincuenta mil trabajadores. Los manifestantes planteaban frente a la OMC las reivindicaciones laborales, protestando en particular por los despidos en centenares de fábricas. También había por lo menos otras veinte mil personas de universidades y grupos feministas y ambientalistas. Me sorprendió ver a miles de estudiantes, pues la última vez que yo recuerde una participación tan activa de la juventud fue durante la guerra de Vietnam.

Brad Smoyr. El éxito de la concentración fue tan grande, que el primer día logramos impedir que sesionara la OMC. Todo fue registrado para el mundo por los medios de comunicación. El planeta entero supo de nuestra lucha. Hasta ese momento, tampoco la gran mayoría de la población estadinense conocía nada de la OMC, qué era, qué hacía. Lo que estamos viendo con esta Organización es el inicio de una especie de gobierno mundial, y no particularmente democrático. Fue pues un paso muy importante para abrirle los ojos a mucha gente e iniciar el debate en nuestro país.

En medio de semejante conmoción, con millares de manifestantes ocupando las calles, un ministro de la OMC declaró en forma provocadora que dentro del Tratado no había lugar para los derechos laborales ni para los ambientalistas. Eso nos permitió profundizar en nuestras críticas.

Jeff Isbell. Paralelamente a las sesiones de la OMC, hicimos cientos de mítines y conferencias. A ellos asistieron importantes líderes del Partido Demócrata.

Una de las tareas que yo tenía era acompañar a un congresista de Estados Unidos llamado Charlie Cunningham, que ha ganado prestigio por sus campañas contra algunas grandes corporaciones, y en especial, contra una textilera que basa su publicidad en la imagen de Katherine Keever, una de las tres presentadoras de televisión más populares de nuestro país. Esa compañía produce ropa en Centroamérica en condiciones laborales de extrema miseria, en las llamadas maquilas. Ella es una chica muy decente, muy bonita, que dona dinero a los pobres, pero que está ganando miles y miles de dólares por día con un trabajo de desfalco como lo es la maquila. La línea de ropa de esta compañía presenta la imagen de Katherine Keever con una leyenda que dice: «Ayuda a un niño pobre». Por cada prenda que usted compra, la empresa da dos dólares para la ayuda a la infancia en Estados Unidos. Pero quienes producen esa ropa son trabajadores centroamericanos paupérrimos, entre ellos menores de edad, con sueldos miserables.

Enrique Daza. ¿Cómo fueron las jornadas de protesta en Seattle?

Jeff Isbell. El primer día, el grueso de los manifestantes formamos una cadena humana por el centro de la ciudad para impedir las sesiones de la OMC. A esto lo llamamos Manos alrededor de Seattle, y fueron miles y miles de personas tomadas de la mano a lo largo de varios kilómetros, un espectáculo muy emocionante. Aunque la policía nos tiró gases lacrimógenos, nuestra actitud fue de no violencia, de resistir en la calle y de hacer mítines permanentes y reuniones de denuncia, sobre todo en las iglesias.

El segundo día nos reunimos para defender los derechos laborales. Fue el día que hubo más gente, y a partir de ese instante la policía adoptó medidas más fuertes y alcanzó a disolver muchas protestas, aunque de todos modos concretamos dos inmensas marchas en los siguientes días.

Gustavo Triana. En su opinión, ¿cuáles fueron los logros más importantes?

Brad Smoyr. Hubo dos muy importantes. Uno, el haber enfocado la atención nacional y mundial sobre la OMC. Y segundo, el haber conseguido unificar movimientos que marchaban por sendas muy distintas: los de los estudiantes, los trabajadores, las mujeres, los pequeños productores y los indígenas, como también los de los derechos humanos, el medio ambiente y muchos otros, afectados por las cláusulas de la OMC.

Cada día de esa semana fue dedicado a un interés especial, con marchas y mítines de protesta, y la jornada terminaba con una sesión plenaria, lo que al final nos permitía una visión general sobre los distintos temas. Fue un verdadero proceso de educación, en el que logramos sentar bases para una futura coordinación de los distintos intereses.

Como luchador de los derechos laborales, salí de Seattle con una gran claridad sobre cómo la OMC y las multinacionales afectan los derechos humanos, el medio ambiente, los derechos de la mujer, de los indígenas y demás grupos sin poder, no sólo en mi país sino en todo el mundo.

Rhett Doumtt. Soy dirigente de la AFL-CIO. Nosotros tenemos oficinas en algunas capitales latinoamericanas y nos dedicamos a prestar apoyo a los sindicatos. A raíz de los despidos en masa, hemos llevado a Estados Unidos a dirigentes del acero de México, Brasil y otros países para que nos relaten sus problemas y experiencias, porque estamos viendo que en todo el mundo se deterioran las condiciones de trabajo y se abarata cada día más la mano de obra.

Vinimos a Colombia a estrechar lazos con los dirigentes sindicales de este país y a fortalecer todo lo que nos une en la batalla por los derechos humanos y laborales. Quiero decir al respecto que el balance de nuestra gira es muy positivo.

BOLIVIA: FRENTE DE BATALLA ANTIMPERIALISTA

La convulsión social que esta semana se aviva en Bolivia tiene causas que no han sido resueltas desde hace muchísimos años y que han tocado fondo. Miles de hombres y mujeres, ancianos y niños se lanzan a las calles y caminos reclamando sus derechos, pan, techo, educación y justicia y marchan con los dientes apretados porque la situación es de caos absoluto.

Miles de desempleados, sin ninguna esperanza de futuro, la educación fiscal en sus peores niveles, la escasa producción
casi estancada, sin fuentes de financiamiento; el Estado manejado con una improvisación desesperante, la salubridad en una escala nunca antes vista. El pueblo hambriento recurre a la acción directa y ha empezado a tomar su destino en sus manos.

En estos días nadie duerme tranquilo en Bolivia. El gobierno corrupto se
tambalea ante la colosal crisis política, económica y social que se ha abatido como una plaga siniestra y que amenaza, no sólo con acortarle el periodo al ex dictador, sino con destruir el Estado actual.

La Coordinadora de Movilización Única Nacional (Comunal) la conforman la Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación de Colonizadores de Bolivia, la Confederación de Trabajadores por cuenta propia, la Coordinadora del Agua y de la Vida de Cochabamba, la Federación de Regentes, la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, el Consejo de Federaciones Campesinas de los Yungas, el Consejo de Suyus Quechuas – Aymaras y las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba.

Comunal elaboró para la marcha nacional iniciada el 9 de abril, denominada «por la vida y la soberanía», una extensa plataforma de demandas que recoge las reivindicaciones de todos los sectores que la componen. Exigen la modificación de las leyes vigentes en beneficio de los sectores desfavorecidos del país: indígenas, colonizadores, etc; respecto de la coca, piden la suspensión de la erradicación de arbustos de coca en los Yungas de La Paz (zona de cultivo tradicional) y se oponen a la construcción de cuarteles y bases militares en los Yungas y en el resto del país.

Pero entre sus reinvindicaciones
más importantes están la anulación del decreto 21060, que impuso el neoliberalismo en Bolivia, de la ley de capitalización que privatizó todas las empresas estatales. Además de ello se pugna por el cese de procesos penales contra sindicalistas y la libertad para los detenidos, la condonación de 20 millones de dólares a 30 mil pequeños prestatarios de bancos y entidades financieras, la investigación de las fortunas y la lucha contra la corrupción; y reclaman mejoras salariales para todos los trabajadores.

El gobierno ordenó seis acciones de tipo policial en catorce díasde marcha y no pudo frenar la movilización, que sin interrumpir el tráfico de vehículos recorrió más de 400 kilómetros. En una franca violación al derecho de movilización y expresión, el gobierno reprimió brutalmente alos caminantes, obligándolos a trasladarse por montañas, ríos y caminos.

Hubo cientos de detenidos y torturados por el ejército y la policía, pero la marcha llegó a La Paz entre vítores y aplausos de los habitantes de los pueblos y caseríos, quienes se sumaron a los obreros, campesinos, estudiantes y maestros en su camino al centro de la ciudad, donde se pretendía realizar una Asamblea Popular que determinaría el inicio del bloqueo nacional de caminos, para exigir el cambio de modelo económico, buscando reivindicaciones sociales y decisiones políticas.

La Comunal llamó al bloqueo generalizado a partir del Primero de Mayo. Y por su parte, la Central Obrera Boliviana convocó a la huelga general indefinida, también desde la misma fecha.

La situación se torna grave y los trabajadores muestran completo escepticismo sobre la capacidad de liderazgo de los dirigentes sindicales, que por no quedarse atrás han radicalizado su discurso. Sin
embargo, la acción directa es ya familiar para los sectores en lucha y no van a dejarse arrebatar la victoria fácilmente.

El régimen despótico se hunde, la clase dominante se ha agotado totalmente
y se pudre en medio de la corrupción, haciéndose más y más sirviente del imperialismo que ha convertido a Bolivia en su hacienda.

Las masas ya no pueden tolerar las condiciones de miseria extrema a las que las condena la crisis la política imperialista y el entreguismo del gobierno antinacional.

El gobierno del general Banzer tiene el apoyo del régimen norteamericano, pero el pueblo boliviano, fogueado en largas luchas, especialmente en la segunda mitad del Siglo XX, resumirá experiencias, unificará cada vez más sus fuerzas, encontrará sus verdaderos dirigentes y avanzará en su lucha por la emancipación definitiva.

MARINA DE ESTADOS UNIDOS ATROPELLA A PUERTORRIQUEÑOS

Mensaje enviado, desde San Juan, a los patriotas de América Latina y a los hombres libres de todo el mundo por el dramaturgo puertorriqueño Roberto Ramos-Perea

Durante más de sesenta años, la Marina de Estados Unidos ha bombardeado con sus prácticas militares la pequeña isla de Vieques, parte integral del archipiélago de Puerto Rico. La isla, habitada por una comunidad de nueve mil puertorriqueños, padece hoy altísimos niveles de cáncer, afecciones pulmonares y cardíacas y está privada del derecho a la pesca, al libre tránsito por su tierras y al pleno ejercicio de su vida civil por estas prácticas en las que se utiliza toda clase de armamentos sofisticados, como el uranio reducido.

Durante medio siglo, la resistencia de nuestro pueblo a estos bombardeos ha costado vidas y haciendas. Hace dos años, un avión de práctica de la Marina dejó caer una de sus bombas sobre un puesto de observación donde trabajaban viequenses civiles, asesinando al guardia civil puertorriqueño David Sanes e hiriendo a otros. Este asesinato coronó una larga lista de muertos y heridos, que la Marina de Estados Unidos ha dejado desde que invadió y usurpó los terrenos de Vieques, Puerto Rico, en la década de los cuarentas.

Desde el día de la muerte de Sanes, cientos de puertorriqueños ejercen el derecho a la desobediencia civil y penetran a los campos de tiro para poner sus cuerpos como escudo y proteger este espacio de nuestro territorio, ultrajado y violado.

Desde 1999 se mantuvieron campamentos de desobediencia civil en estos terrenos, pero el 4 de mayo, hordas de marshalls del Departamento de Justicia arrestaron a los desobedientes civiles. La respuesta no se hizo esperar. Después del cambio de gobierno, en noviembre de 2000, se iniciaron procesos legales para paralizar los ejercicios.

En las pasadas semanas, cuando la Marina volvió a anunciar la reanudación de sus prácticas y el gobierno de Puerto Rico se declaró impotente en sus estrategias legales, los desobedientes civiles han ocupado de nuevo las tierras que nos pertenecen, penetrando en la noche en los terrenos de prácticas para impedir que éstas continúen.

Sin embargo, la Marina, para aumentar su baldón ante el mundo, ha procedido contra ellos a balazos, con gases, detenciones violentas y registros y encarcelamientos inhumanos. Más de doscientos desobedientes han sido arrestados en los últimos días. Estos actos de represión y ultraje son el ejemplo que da al mundo una Marina salvaje, violadora de nuestra dignidad de pueblo; sus intereses de seguridad nacional y la preparación de sus soldados son mucho más importantes que la vida de nuestra gente, a la sazón también ciudadanos norteamericanos.

El 26 de abril, la Marina de Estados Unidos disparó sus bombas en el campo de tiro, con cientos de personas civiles en medio de la línea de fuego, en claro menosprecio por la vida humana.

Los arrestados han sido llevados a la prisión federal de Guaynabo, sin fianza muchos, y otros con altísimas fianzas por delitos menores como si fueran criminales y asesinos. En el momento en que escribo este mensaje, no sabemos del paradero de los arrestados, ni del estado en que se encuentran.

Los desobedientes civiles siguen entrando al terreno de tiro en las noches, docenas de ellos, hasta que Estados Unidos se vea obligado arrestar y perseguir a todo nuestro pueblo, que por primera vez en su historia ha logrado un consenso absoluto al rechazo de la presencia de la Marina de Estados Unidos en la pequeña pero brillante tierra nuestra. Este problema, secuela de nuestro inagotable problema colonial, no tendrá suficiente eco en la conciencia libre del mundo si no lo gritamos a voz en cuello, buscando el respaldo de la comunidad americana y europea que nos hermana.

Se encuentran arrestados artistas, intelectuales, senadores del pueblo de Puerto Rico de todos los partidos, artistas extranjeros como James Olmos y ambientalistas de Estados Unidos y el mundo. Ya son más de doscientos los arrestados, mañana pueden llegar a cuatrocientos; pasado mañana nos arrestarán a todos por el solo delito de exigirles que se larguen de aquí.

Hermano del mundo, riega la voz; que se avergüencen una vez más de su gigante y omnipotente hipocresía. Envía mensajes, haz pública esta noticia, ofrece conferencias en solidaridad con Puerto Rico.

«Mujer 1: Pero si ellos no lloran al morir, tampoco nosotras. ¡Mujeres de Vieques, en esta tierra no se llora! Aquí se lucha y se desangra; si cae uno, diez se levantan. Si las bombas nos matan un hijo, quince más les habremos de parir. En esta tierra no se llora… y si sale una lágrima porque ya no se pueda más… que el agua de esa lágrima alimente una planta nueva, que humedezca la flor de nuestro campo, que cure una herida de batalla… lágrimas, solo para vivir.

«Las viequenses: Que en esta Tierra no se llora, se lucha.»

Del legado de Mosquera: EL SECUESTRO DE MERCADO Y SUS IMPLICACIONES

En febrero de 1976 fue secuestrado José Raquel Mercado, uno de los más conocidos dirigentes sindicales de la época. Al conocerse la noticia que daba cuenta del inusual hecho, el camarada Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, escribió un comunicado para fijar la posición de nuestro Partido al respecto. A los 25 años, creemos oportuno publicar apartes de dicho pronunciamiento, que ya desde ese entonces dejaba muy en claro nuestro modo de pensar y actuar sobre tales métodos. José Raquel Mercado apareció muerto meses después, en las afueras de Bogotá, y el M-19 reivindicó la acción.

«Jamás nuestro Partido ha recurrido a las acciones individuales separadas de la lucha de masas, al secuestro o al atentado personal».

La desaparición de José Raquel Mercado, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, y la espectacularidad con que los principales medios informativos han reproducido comunicados y fotografías alusivas al hecho, atribuido a una organización conocida como M-19, sirven de pantalla para montar un bien preparado plan represivo y terrorista contra los partidos y las publicaciones contrarias al régimen. El ambiente creado facilita en las condiciones actuales los inconfesables propósitos de quienes en los últimos meses, con sorprendente libertad, han venido recurriendo a las bombas, a los atentados personales y al terror para acallar por la vía más rápida las voces chocantes a los oídos de los intereses prevalecientes. (…)

El secuestro de Mercado no se compagina en ningún momento con las formas de lucha que la clase obrera colombiana adelanta para desenmascarar, aislar y expulsar de las filas del movimiento sindical a los esquiroles y vendeobreros. El sindicalismo independiente contabiliza significativos triunfos en la gran batalla por debilitar a las camarillas directivas de UTC y CTC y desbrozar el camino de la unidad obrera. Desde la entrega del paro de enero de 1969, cientos y cientos de organizaciones sindicales han abandonado las centrales patronales. Cada vez resulta más claro para los trabajadores colombianos que tales camarillas son agentes de las clases dominantes proimperialistas y que su principal función consiste en prestar a los baluartes de la reacción ayuda oportuna, siempre que éstos se hallan en serias dificultades, lo mismo en la lucha económica que en la lucha política.

Pero no se crea que las luchas de la clase obrera contra la costra sindical oportunista han sido una reyerta pasajera. Representan años de combatir constante y duro, unas veces clandestinamente para eludir la carta de despido de los guardianes del orden, otras a través de las huelgas y paros para conquistar las justas peticiones y defender sus organizaciones. Siempre contra las oficinas del trabajo que ilegalizan asambleas desfavorables a los empresarios y a los esquiroles, congelan los fondos de los sindicatos combativos, persiguen en mil formas a los cuadros más activos y avanzados. Por su noble causa han muerto o purgado cárcel muchísimos obreros. La fiereza de la contienda radica en que el imperialismo y sus lacayos le temen como a la peste a un movimiento obrero independiente. Para tratar de impedir su desarrollo se encuentran decididos a emplear todos los medios a su alcance, preferencialmente los instrumentos represivos de la maquinaria burocrática y militar del gobierno de turno. En las sinuosidades de la lucha los obreros han aprendido que para derrotar a sus despiadados enemigos no sirven las acciones aisladas. Sólo las formas de combate que facilitan o resultan de la movilización y participación masiva de la aplastante mayoría de los trabajadores pueden garantizar el triunfo.(…)

Para nadie es un secreto que el MOIR impulsa desde su nacimiento la lucha frontal contra las camarillas vendeobreras y por la unidad del movimiento sindical, con el propósito de lograr a la postre la creación de una única central dirigida y controlada por los trabajadores colombianos. Jamás nuestro Partido ha recurrido a las acciones individuales separadas de la lucha de masas, ni al secuestro ni al atentado personal. Consideramos de principio que sólo el pueblo, mediante su lucha masiva y las formas de organización adecuadas podrá coronar la victoria y juzgar a sus enemigos y verdugos. (…)

La declaración (se refiere a la declaración conjunta que con motivo del secuestro de Mercado emitieron la CTC y la CSTC, y cuyo texto completo fue publicado por El Espectador el 28 de febrero de 1976: Nota del editor) silencia la naturaleza de dictadura abierta antipopular y represiva del régimen de López Michelsen, cuya política proimperialista es contraria a los intereses nacionales y responsable de la inseguridad social actual del país.(…)

En el fondo la declaración conjunta de la CTC y CSTC es una quejumbre por la situación, y las perspectivas de unidad sindical que se consignan se reducen a determinadas reivindicaciones económicas o a llamamientos liberales como éstos: «Conformemos un movimiento unitario capaz de garantizar la vida y derechos de los ciudadanos»; «luchar por la unificación del movimiento sindical para erradicar de nuestra patria la injusticia y la inmoralidad reinantes». Todo lo cual en abstracto, velando la realidad más palpitante de Colombia, que somos una neocolonia de los Estados Unidos y que únicamente la liberación nacional del yugo imperialista garantizará la solución a todos los males de la nación. La unidad del movimiento obrero debe girar alrededor de esta tesis correcta y revolucionaria, sin cambiarla por el economismo ciego y vulgar que aún campea en las filas sindicales.

* Editorial de Tribuna Roja, No. 20, primera quincena de marzo de 1976, escrito por Francisco Mosquera.


Los partidos políticos que como el MOIR plantean un cambio revolucionario, sobre la base de la unidad de todas las fuerzas y personas que nada tengan que ver con los turbios negocios del Estado ni con la entrega del país al imperialismo norteamericano y que estén dispuestas a sacrificarse por una Colombia verdaderamente soberana, democrática y próspera, no pueden menos de recibir el respaldo amplio, entusiasta y decidido de quienes nunca contaron con voz ni voto en la conducción de los destinos nacionales.

En esta política fundamenta nuestro Partido el éxito de su acción presente y futura. Dependemos, por tanto, de nuestros propios esfuerzos y de los esfuerzos de las masas. Cuestión incomprensible para la minoría dominante que deriva su poder y su riqueza del soporte y del contubernio con los neocolonialistas norteamericanos. Si el pueblo colombiano no apoya con sus inagotables recursos a la revolución, no habrá quien la sostenga ni financie, dentro o fuera de nuestras fronteras. Como tampoco habrá quien la contenga si se decide a hacerlo. A la liberación nacional y a las transformaciones democráticas por las que luchamos está supeditada la suerte de Colombia.

«A la revolución sólo la sostiene el pueblo», Tribuna Roja, Nº 21, segunda quincena de marzo de 1976.

En defensa del Instituto de los Seguros Sociales: RECHACEMOS LA CELADA DEL GOBIERNO DE PASTRANA

(Comunicado de la Comisión Obrera Nacional del MOIR
De tiempo atrás, destacados voceros del gobierno, encabezados por Angelino Garzón, ministro del Trabajo, Jaime Arias, presidente del ISS, y Juan Manuel Santos, ministro de Hacienda, han planteado insistentemente que las Centrales Obreras y el Comité Central de Pensionados asuman la dirección del Instituto de Seguros Sociales.)

Esta propuesta aparece en el preciso momento en que la crisis de dicha institución ha tocado fondo, como consecuencia de la política neoliberal adelantada por los distintos gobiernos en el campo de la seguridad social. La ley 100 le abrió al ISS una competencia desleal, al dar vía libre a numerosas entidades y fondos privados manejados por el capital financiero, de los cuales Jaime Arias Ramírez fue su caracterizado representante. Esta ley, cuya aplicación le ha causado al ISS la pérdida de la mitad de sus afiliados, también ha sido utilizada por la Superintendencia de Salud para acelerar su marchitamiento, al sancionarlo con el impedimento de nuevas afiliaciones.

El gobierno nacional, gran responsable de la crisis, tiene una elevadísima deuda histórica con el ISS, por aportes jamás cancelados. En el origen del ISS estaba comprometido a ser el tercer aportante, junto a trabajadores y patronos, pero, a más de no cumplir con esta obligación, le dio una administración desastrosa al manejo de tan cuantiosos recursos. Actualmente intenta responsabilizar a los trabajadores y los sindicatos de las dificultades financieras que abruman a la entidad, y con la pretensión de resolver la crisis, se ha lanzado a arrebatarles los derechos adquiridos y las conquistas convencionales como primas, retroactividad de las cesantías, régimen de pensiones y estabilidad laboral. De hecho, ya en la planta de personal del Seguro existen más de diez mil cargos desempeñados por personas enganchadas mediante la oprobiosa modalidad del contrato civil, lo que implica laborar sin estabilidad, sin seguridad social y sin prestación convencional ni legal alguna.

Para rematar, ahora el gobierno pastranista invita a las Centrales Obreras a que le presenten una terna para de allí escoger al presidente del Instituto de Seguros Sociales. Aceptar tan astuta como estrambótica invitación sería prestarse a que el gobierno se lave las manos y eluda toda la responsabilidad que le cabe por haberlo llevado a la ruina. Además, sería contribuir a sembrar la confusión en el movimiento sindical para debilitar su resistencia resuelta ante la embestida del gobierno y el gran capital financiero contra la principal institución de seguridad social con que cuentan los colombianos.

Junto a la reforma laboral y del régimen de pensiones, la privatización o liquidación del ISS hace parte del paquete de medidas regresivas que el gobierno de Pastrana está impulsando para cumplir servilmente los mandatos del Fondo Monetario Internacional y beneficiar así al capital financiero internacional y las multinacionales de la salud.

El movimiento sindical debe emprender acciones concretas de solidaridad y lucha respecto a la actual situación del Instituto de Seguros Sociales, centrándolas en los siguientes objetivos:

 Impulsar el más amplio frente para su defensa y la preservación de sus distintos servicios.

 Exigirle al gobierno nacional que sanee sus finanzas, suprima las trabas legales y administrativas que le impiden ampliar su cobertura y cese en la política de convertir la seguridad social en un lucrativo negocio del capital financiero.

 Hacer respetar los derechos y prestaciones de sus trabajadores.