CONVENCIÓN FAVORABLE FIRMA LA USO

Tras 120 días de conflictivas negociaciones y aprobada la huelga, la Empresa Colombiana de Petróleos y la Unión Sindical Obrera firmaron el 5 de mayo nueva convención colectiva, que aumentó los salarios en un 28 y 29 por ciento para dos años de vigencia, estableció el subsidio de arriendo por 2.600 y 2.800 pesos mensuales, subió el monto del Fondo de Vivienda de 40 a 160 millones, incrementó en un 5 por ciento la prima vacacional de los soldadores y amplió los auxilios educativos.

La destitución de ocho activistas y el despido inminente de otros doscientos, a más de las sanciones que comenzaban a recaer sobre un total de 900 trabajadores, constituyeron los mayores obstáculos para el acuerdo laboral. El presidente de Ecopetrol llegó a manifestar el 30 de abril que no se admitiría injerencia alguna del sindicato en tales asuntos. Al final de la contienda, sin embargo, se ve forzado a conceder la reducción de las sanciones y a decretar la amnistía para los compañeros citados a descargos. Sobre los ocho despedidos, Ecopetrol manifestó que los procesos judiciales para el mantenimiento de los fueros se llevarían adelante, mientras que el sindicato dejó constancia de que proseguirá en la pelea por obtener el reintegro.

Las conquistas son significativas vistas en su conjunto, por cuanto lograron, dado el clima de represión oficial y el auge oportunista, unas condiciones no tan propicias. Como experiencia del conflicto cabe además destacar que solo mediante la presión de las bases fue posible vencer el tribunal de arbitramento. Y quedó más en claro aún que las extemporáneas acciones terroristas, lejos de resolver los problemas tácticos de los obreros, acarrearon innecesarias complicaciones.

El anzuelo de la provocación
Con sus frecuentes descargas al aire, hechas siempre que los trabajadores se congregaban a corear proclamas, el ejército estuvo a punto de precipitar la huelga general. Así ocurrió, por ejemplo, el 27 de enero, cuando los 2.800 operarios de la refinería realizaron un paro de doce horas en protesta contra la tropa, el cual se extendió por otras dependencias de Ecopetrol y se levantó bajo la promesa patronal de que no habría represalias. Pero fue declarado ilegal por el gobierno, con el objeto de que la empresa pudiera sancionar a centenares de activistas.

El presidente de Ecopetrol hizo en la prensa cotidiana alharaca sobre las supuestas pérdidas millonarias debidas a los sabotajes, para poder patrocinar los continuos desmanes de la fuerza pública. La USO, al responder a tales acusaciones, rechazó tanto los actos terroristas como las agresiones oficiales, aclarando que mantenía su invariable política de propulsar la lucha de masas mediante mítines, agitación y manifestaciones públicas, sin excluir la huelga. Y efectivamente, esta se decidió el 23 de abril, ante el anuncio de la convocatoria del tribunal hecho por la ministra del Trabajo. Pero la representación obrera continuó presionando el diálogo, lo que dio como resultado el posterior acuerdo convencional.

La USO se declaró recientemente en estado de alerta, ya que la empresa ha comenzado a desconocer los puntos pactados. Preciso es denunciar el permanente macartismo del Partido Comunista contra los directivos y activistas del MOIR en la USO. Apelando al pasquín sin firma, a la calumnia sorda y al más obtuso gremialismo, los mamertos pretendieron privar al combativo proletariado petrolero del plan cotidiano de la política y las ideas revolucionarias.

Vale también la pena señalar aquí, para finalizar, los vaivenes del Partido Comunista y su proclividad hacia las momias del Consejo Nacional Sindical. Cuando la comisión negociadora de la USO estuvo presa en Bogota, el 20 de marzo, la mamertería llegó a insinuar, dando la espalda a los detenidos, que se siguiera el diálogo con los representantes de la empresa. Y una vez liberada aquella salieron a graznar, haciendo de redentores, que la excarcelación se había conseguido gracias a los buenos oficios de Tulio Cuevas con el ministro de Gobierno. Como lo ha sostenido el MOIR, la clase obrera colombiana tiene mucho que aprender, por ejemplo negativo, de estos mamertos del oportunismo.

CELEBRACIÓN COMUNERA EN SOCORRO

Más de cinco mil personas provenientes de todo el país se concentraron el 21 de marzo en la Plaza de Chiquinquirá, en Socorro, para conmemorar el bicentenario de la rebelión comunera. En la manifestación intervinieron dirigentes del FUP, de “Comuneros 81” y el camarada Víctor Manzur, del Partido Comunista del Perú.

“DESECHAR LAS ILUSIONES DE REFORMISMO Y PERSISTIR EN LA REVOLUCIÓN”

El camarada Víctor Manzur, miembro del Comité Central del Partido Comunista del Perú y director del semanario Patria Roja, visitó recientemente a Colombia para continuar un amplio intercambio de opiniones, iniciado en Lima a principios de este año, con el Comité Ejecutivo Central del MOIR. El compañero estuvo en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cartagena y Socorro, donde participó como orador en la manifestación del 21 de marzo pasado. Víctor Manzur concedió a Tribuna Roja la siguiente entrevista, en la que habló sobre la historia de la revolución peruana y sobre la situación actual de las fuerzas marxista-leninistas en el hermano país.

¿Cuáles son a grandes rasgos las principales etapas en la vida del Partido Comunista del Perú?
La historia de nuestro Partido está íntimamente relacionada con la historia de la clase obrera peruana, que adquiere personalidad propia en los inicios del presente siglo, particularmente entre 1907 y 1916, una década que presenció importantes luchas democráticas por la jornada laboral de ocho horas y por mejores condiciones de vida y de trabajo. Por aquella época predominaba una influencia anarco sindicalista en el movimiento obrero, influencia que sólo vino a romperse varios años después, a finales de 1928, cuando José Carlos Mariátegui funda el Partido Comunista del Perú.

Mariátegui sentó las bases para el futuro desarrollo de una auténtica vanguardia política del proletariado peruano e hizo aportes decisivos para que el marxismo empezara a ser asimilado por los sectores más avanzados del pueblo. Al tiempo que creaba la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), en el mismo año de1928, dotando a los asalariados de una central sindical capaz de combatir exitosamente por sus reivindicaciones económicas, Mariátegui nunca dejó de insistir en la necesidad de encarar la contienda por la destrucción del sistema de explotación que oprime y pauperiza a los obreros, consciente de que ninguna reforma ha sido, es o será suficiente para liberar de sus cadenas a quienes no poseen sino su propia fuerza de trabajo. Con José Carlos Mariátegui el proletariado peruano comienza a recorrer el camino de su verdadera lucha política, con un programa, una estrategia y unos objetivos definidos, y en el país se inicia la etapa de la revolución democrático-popular.

Desafortunadamente, el fallecimiento prematuro del gran pensador y revolucionario, ocurrido en 1930, no le permitió formar el número de cuadros requeridos para proseguir su labor. A su muerte se instauró en la Secretaría General del Partido una tendencia oportunista de “izquierda”, aventurera y dogmática, que pretendía copiar de manera mecánica la experiencia de la Unión Soviética y que condujo al movimiento obrero a serios reveces, particularmente en Lima en el centro del país. Estas orientaciones erróneas se mantuvieron hasta 1939 y abonaron el terreno para que aparatos reformistas como el APRA se apoderaran de la dirección de la lucha de masas y la desviaran de sus objetivos históricos.

Como a muchos otros partidos comunistas de América Latina, el estallido de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo consecuencias graves para los revolucionarios del Perú. La táctica correcta elaborada por la III Internacional, que ubicaba el fascismo como blanco central de la lucha del proletariado y llamaba a la formación de Frentes Populares en cada país, suponía como requisito imprescindible que los partidos obreros no renunciaran a su independencia política y a la conducción del combate contra sus propias clases dominantes. Pero la camarilla dirigente del Partido de ese entonces impuso una línea totalmente opuesta, capituladora, que se adelantaba a las tesis de Browder en varios aspectos y que implicaba colocarse de furgón de cola de la oligarquía o convertirse en un apéndice socialdemócrata.

A pesar de los enfrentamientos internos que se libraron contra dichas posiciones de derecha, sobre todo en 1948 y 1957, tuvo que transcurrir bastante tiempo antes de que el Partido retomara el legado histórico del Mariátegui y volviera por los cauces del marxismo-leninismo. Fue necesario que se presentaran la gran insurgencia campesina de finales de la década del cincuenta, que levantó a millares de agricultores peruanos en la pelea por la tierra, y acontecimientos tales como el triunfo de la revolución cubana y la polémica chino-soviética, para que en 1964 nuestra organización pudiera oponerse con éxito a la pandilla revisionista, que se había enquistado en los puestos de mando veinte años atrás, y expulsarla de sus filas. El ejemplo del camarada Mao Tsetung y del Partido Comunista de China, que se atrevieron a destapar toda la podredumbre de la nueva burguesía burocrática que ha usurpado la jefatura del Partido y del Estado en la URSS, significó para nosotros una ayuda de mucha utilidad en este sentido.

Sin embargo, fue solo cinco años más tarde, en la VI Conferencia Nacional de 1969, y después de derrotar lo postulados reaccionarios de quienes negaban el papel dirigente de la clase obrera, cuando el Partido Comunista del Perú dio un salto cualitativo hacia delante y empuñó de una vez por todas las banderas de la revolución en el país. Se inauguró así un nuevo periodo de nuestra historia partidaria, el que estamos viviendo en la actualidad, guiado por el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung.

¿Qué actitud asumió el Partido Comunista del Perú ante el golpe militar de Juan Velasco Alvarado en 1968?
Los doce años de dictadura militar que se iniciaron en 1968 fueron un tramo muy valioso de nuestra actividad revolucionaria. La inmensa mayoría de los cuadros eran jóvenes sin experiencia, aislados tanto dentro como fuera del país, y las promesas reformistas del nuevo gobierno habían logrado confundir a numerosos sectores del pueblo y contaban con el apoyo directo o indirecto de todos los partidos políticos. El revisionismo, con el respaldo de la Unión Soviética y de Fidel Castro, se convirtió en uno de los principales defensores de este régimen, cuya reforma agraria y demás medidas demagógicas sólo perseguían dos cosas en el fondo: una, desviar la lucha del campesinado por su legítimo derecho a poseer la tierra y, otra, ampliar hasta cierto punto el mercado de consumo interno, con miras a que el capital extranjero acumulara mayores ganancias.

Con Juan Velasco Alvarado, además, empezó sobre terreno firme la penetración socialimperialista en el Perú, a través del multimillonario negocio de la venta de armas. A principios de los años setentas el ejército peruano adquirió 250 tanques rusos modelo T-54, y en 1977 se realizó una transacción similar que involucraba 30 helicópteros y 36 aviones Mig, sin tener en cuenta los convenios de asistencia que incluían el envío de asesores técnicos y la programación de cursos de adiestramiento en Cuba o en la URSS.

En nuestro país se presentaba entonces la siguiente situación: mientras las tropas reprimían las huelgas y las protestas populares con armamento suministrado por el Kremlin, el embajador del gobierno cubano en Lima, el señor Núñez Borja, era uno de los propagandistas más efectivos con que contaba la dictadura militar.

El Partido planteó “desechar las ilusiones del reformismo y persistir en la revolución”, consigna central que orientó nuestro quehacer político desde 1968. Las condiciones difíciles en que nos hallábamos nos obligaron a profundizar en el estudio de la realidad nacional y a elevar el nivel ideológico de la militancia. Como resultado de todo lo anterior, el Partido Comunista del Perú no sólo combatió en forma permanente contra el despotismo castrense, sino que también supo deslindar campos con las corrientes liberales y revisionistas dedicadas a batir incienso ante los gobernantes de turno. Nuestro Partido fue la única organización de izquierda que impulsó la lucha de las masas y que basándose en los principios defendió, reivindicó y desarrolló el camino independiente del proletariado. Gracias a ello, hoy somos un destacamento con alguna vigencia en el país, con raigambre entre las clases oprimidas y con amplia participación en todos los combates del pueblo.

¿Qué representa el actual gobierno de Fernando Belaúnde y cual es la situación de la izquierda peruana en este momento?
Belaúnde, el candidato que resultó “elegido” en los comicios de mayo de 1980, es el continuador de la dictadura de la gran burguesía industrial y financiera, apéndice del imperialismo norteamericano. Su política se ha traducido en un proceso de pauperización cada vez más agudo, que abarca a la clase obrera, a los campesinos pobres y a los pequeños y medianos empresarios, de relativa solvencia económica. El Fondo Monetario Internacional ha impuesto una devaluación constante de la moneda peruana, la deuda externa asciende a 13 mil millones de dólares. La inflación ha llegado hasta el 11 por ciento en algunos meses, y hay una pérdida abrumadora de la capacidad adquisitiva de los salarios, que hoy equivalen apenas a la quinta parte de su valor de 1973.

Lo anterior explica que nuevos sectores sociales, como es el caso de los médicos, los ingenieros y los trabajadores del Estado, se hayan vinculado estrechamente a las batallas populares de los últimos años, y que las organizaciones proletarias más consecuentes hayan adquirido una influencia significativa en todos los estratos de la población. En las elecciones parlamentarias y presidenciales de mayo de 1980, el Partido Comunista del Perú participó a través de una alianza conocida como Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR), que sacó el mayor número de votos entre todos los grupos adversarios del régimen. Más tarde, en los comicios municipales de noviembre del año pasado, nuestro Partido contribuyó a formar un frente llamado Izquierda Unida, del que hizo parte casi toda la oposición, incluidos los revisionistas, y que desplazó al APRA como segunda fuerza electoral en el país. Los tres puntos principales del programa de Izquierda Unida eran y siguen siendo la lucha por el bienestar del pueblo, por la defensa y ampliación de las libertades públicas y sindicales y por la soberanía e independencia nacional, lo que presupone el no alineamiento de la coalición con ninguna de las dos superpotencias. El revisionismo criollo, minoritario y aislado, tuvo que ceder ante este ultimo principio, indispensable para construir un verdadero frente revolucionario en las circunstancias de hoy.

Finalmente, ¿Qué piensan ustedes acerca de la actual situación internacional?

El Partido Comunista del Perú comparte la teoría científica del camarada Mao Tsetung sobre los tres mundos, por lo tanto considera que la actual situación internacional se caracteriza por el enfrentamiento cada día más enconado entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que se disputan el control del orbe, de sus mercados y materias primas con alarmante agresividad. Al mismo tiempo, creemos que el imperialismo norteamericano ha entrado en un proceso de franca decadencia y que los nuevos zares del Kremlin, acosados por crecientes dificultades internas, se han vuelto el principal peligro para la paz mundial.

Ante la agudización de la lucha de clases en el plano internacional, nuestro Partido ha venido combatiendo contra los criterios estrechos de lo que en el Perú llamamos el “cholocomunismo”, una tendencia reaccionaria que trata de justificar el carácter burgués de sus postulados nacionalistas con el pretexto de que existen “centros de poder ideológico” que “encasillan” a las organizaciones de izquierda. Nosotros pensamos que la suerte del proletariado mundial, ligada indisolublemente a la suerte de la República Popular China y su Partido Comunista, no puede ser ajena a los revolucionarios peruanos.

EN SOCORRO SE CONMEMORÓ LA GESTA COMUNERA

Sentada en uno de los andenes de la plaza del Socorro, una anciana de 80 años empuñaba una bandera hecha con retazos de tela. Era idéntica a la que ondeaba a un lado de la tarima desde donde hablaban los oradores. “Es una vieja tradición del pueblo de esta región, explicó la mujer, que había acudido desde tempranas horas y desde Barbosa. “Es la bandera de los pobres, que debemos agitar hoy de nuevo para pelear como lo hicieron hace doscientos años las gentes del común”, añadió con emoción.

Igual que esta campesina santandereana, cerca de cinco mil personas se reunieron el pasado 21 de marzo en una de las plazas del Socorro, para celebrar la gesta de la Revolución de los Comuneros de 1781.

Las autoridades turbayistas habían levantado todo tipo de obstáculos para la realización del acto conmemorativo. A la solicitud inicial del MOIR de efectuar la concentración el 14 de marzo, el gobierno respondió con evasivas y negó el permiso, arguyendo la visita del Presidente de la República a la zona. Los municipios de la región y las carreteras que a ellos conducen fueron militarizadas. A pesar de las intimidaciones del régimen, los santandereanos, en las dos primeras semanas de marzo se lanzaron a recordar la rebeldía de sus antepasados. Por esos días, en Barbosa, se desató un paro cívico para exigir un adecuado servicio de acueducto. Durante la pantomima oficial organizada el 15 de marzo, en Socorro, labriegos provenientes de Covarachía, Onzaga, San Joaquín, Mogotes, Barichara, Curití, Villa Nueva, San Gil y Pinchote, entre otros, desfilaron portando muestras de sus cultivos, como tabaco, fique, fríjol, al tiempo que lanzaban consignas contra el gobierno: “Estamos igual, o peor que hace doscientos años”, vociferaban los campesinos. Los manifestantes se colocaron frente al atrio de la catedral en el momento en que el ex gobernador y manzanillo regional Alfonso Gómez Gómez, quiso hacer la defensa del régimen, las gentes allí reunidas lo silenciaron con una ruidosa silbatina. Cuando el ministro de Obras Públicas, Enrique Vargas Ramírez, procedió a dirigirse a la multitud, ésta ya había abandonado la plaza. Una semana atrás, una marcha de cultivadores de fique recorrió varios municipios de la provincia comunera denunciando las medidas gubernamentales que los tienen al borde de la ruina.
Como consecuencia de la amplía campaña de agitación nacional del MOIR, del FUP, de las fuerzas del sindicalismo independiente, de la organización “Comuneros 81”, las autoridades se vieron obligadas a extender un permiso para que se efectuara la conmemoración revolucionaria el sábado 21 de marzo. Sin embargo, varios compañeros que colaboraban en la campaña de agitación fueron arbitrariamente encarcelados.

A las 4 de la tarde se dio comienzo a la manifestación. En la tarima se encontraban Consuelo de Montejo, dirigente del MIL; Jaime Piedrahita Cardona, dirigente de la ANAPO; Álvaro Bernal Segura, representante a la Cámara por el FUP; Víctor Manzur, de la dirección del Partido Comunista del Perú, Elberto Camargo y Luis Eduardo Parra, orientadores del movimiento “Comuneros 81”, Héctor Valencia, Marcelo Torres, Avelino Niño, Carlos Valverde, Enrique Daza y Gustavo Quesada, dirigentes del MOIR.

Después de las distintas intervenciones (cuyos extractos aparecen publicados en esta misma edición), la multitud entonó La Internacional y coreó las proclamas que exaltan la revolución comunera, con el firme propósito de combatir por la Liberación de la Nación colombiana de sus actuales sojuzgadores.

LOS ARTISTAS SE SUMARON A LA CELEBRACIÓN

Un nutrido grupo de intelectuales y de artistas de revolucionarios se vinculó a las tareas preparatorias de la conmemoración del 21 de marzo, atendiendo al llamado hecho por el movimiento cívico “Comuneros 81”. El investigador Gustavo Quesada y los economistas y periodistas Clemente Forero y Hernán Jaramillo pronunciaron varias conferencias en los pueblos de la zona comunera. Una docena de pintores de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá, encabezados por Hernando Carrizosa y Manolo Colmenares, viajaron a Santander a realizar varias obras artísticas que rememoran las luchas populares de hace doscientos años. El cineasta Mario González, con la colaboración de Augusto Rivera, María Cristina Cortés y Richard Suárez, trabajan en una película de color sobre la vida y las actuales batallas de los descendientes de los comuneros. Los camarógrafos Marcos González, Oscar Rojas, Sonia Gutiérrez y Oscar Martínez, de Bucaramanga, filmaron los instantes más emotivos de la conmemoración y los editaron para ser exhibidos en betamax. Clemencia Lucena diseñó un cartel para promover la manifestación del 21 de marzo, que fue distribuido y pegado a lo largo de todo el país. Beatriz González también se vinculó a este movimiento artístico, aportando una serigrafía para la campaña de finanzas.

Del 16 al 21 de marzo, doce grupos de teatro provenientes de diversas zonas del país, rindieron un homenaje a la gesta comunera y se presentaron ante unos 15 mil espectadores del Socorro, Simacota, San Gil, Barbosa, Vélez, Guapotá, Charalá y Puente Nacional, efectuando un total de 54 funciones.

Los grupos y sus obras fueron los siguientes: el Teatro Libre de Bogotá, con Episodios Comuneros, de Jorge Plata, bajo la dirección de Germán Moure; el pequeño Teatro de Medellín, con De cómo se sublevo el Común, de Henry Díaz, bajo la dirección de Rodrigo Saldarriaga; el Teatro Foro de Cali, con Peripecias y congojas del buen señor don Alvarado, dirigida por su autor, Jorge Bonilla; el Teatro Independiente Chipre de Manizales, con Trueno y fango de Estaban Navajas, bajo la dirección de Rodrigo Carreño; el Teatro Libre de Ibagué, con un recital de música y poesía latinoamericanas, montado por Alberto Lozano; el grupo Fortejo, de Sahagún, Córdoba, con Historias de ayer para ser contadas hoy, dirigida por su autor. Luis tirado; el Teatro Comuneros, de Bucaramanga, con Hoja seca, del autor y director Hernán Pico; el Teatro Experimental Atahualpa, de Santa Rosa de Cabal, con un recital de canciones, trovas y poesía, dirigido por Aparicio Posada; el grupo Estudios Teatrales, de Montería, con Monólogo sobre el daño que causa el tabaco, de Antón Chejov; el grupo Actocol, de Bogotá, dirigido por Héctor Laos; el Teatro Aguijón, de Piedecuesta, Santander, dirigido por César Rueda, y el grupo musical Son del Pueblo, orientado por César Mora.

Fue tanta la acogida que dieron los espectadores de la región comunera al festival, que sus organizadores están planeando una segunda temporada en febrero de 1982, para contribuir a la efemérides del sacrificio de José Antonio Galán.

La labor de Gonzalo Mahecha
Cuando el pintor Gonzalo Mahecha llegó al Socorro, llevaba la idea de convertir las paredes de ese pueblo en un inmenso mural que rememorara la revolución comunera. Bastó que él y otros artistas empezaran a trazar los bocetos de sus obras para que se despertara la curiosidad de las gentes, que expresaron su deseo de participar también en esta tarea. Fue así como Gonzalo Mahecha, se transformó en el guía y el maestro de los niños, jóvenes y viejos que bajo su dirección comenzaron a pintar.

“La rebelión comunera despertó la vocación artística de muchas personas. El pueblo aún tiene vivas las imágenes de la rebelión de sus antepasados y muchos sintieron un deseo incontenible de plasmarlas. Viejos y jóvenes que jamás habían pintado, ni siquiera sobre un papel, se enfrentaron a una pared blanca con elementos rudimentarios, tales como un trozo de carbón, un tarro de pintura y una brocha, y concibieron sus propias obras”, cuenta Gonzalo Mahecha, mientras gesticula con sus manos, lo que hace siempre que se siente emocionado.

La idea primaria de estos pintores aficionados, según relata Mahecha, era la de reflejar la gesta popular a través de una marcha campesina. Pero poco a poco se fue creando una gran inquietud y un afán por perfeccionar sus murales con imágenes de la rebelión comunera sacadas de la historia. “Yo mismo tuve que volver a estudiar los hechos de aquella época, no solamente para cumplir con mi papel de orientador, sino porque los artistas fuimos invitados a dar conferencias en los distintos colegios. Era en verdad emocionante escuchar, en los corrillos de jóvenes y niños, discusiones sobre el tema y oírlos establecer comparaciones entre la situación de hace doscientos años y la que vivimos hoy”.

“Para lograr este trabajo tuvimos que encarar la represión oficial” continua explicando Mahecha. “Al comienzo, cuando recorríamos la zona comunera, motivando a sus gentes y buscando al movimiento ‘Comuneros 81’ para apoyarnos en él, la policía nos encarceló en tres oportunidades. Pero el pueblo nos ayudó a ganar la batalla, el día en que llegaron a detener al maestro Carrizosa, quien estaba iniciando un boceto, la gente comprendió la necesidad de proteger a los artistas revolucionarios. A los pocos minutos se habían concentrado más de 300 personas que nos apoyaron con sus gritos y protestas. La policía se vio obligada a retirarse y desde entonces las masas se unieron entusiastas a nuestra labor”.

Así terminó por ganarse el respaldo y el cariño de la población, Gonzalo Mahecha, un muralista nacido en Girón, Santander, que hace menos de un año regresó de París con el convencimiento de que su talento “no debe enclaustrarse en las paredes de las galerías para ser admirado por una élite, sino encontrar formas de expresión que le sirvan a los miles de oprimidos”.