TOMA DE TIERRAS EN PUERTO BOYACÁ

En la vereda El Tigre del municipio de Puerto Boyacá, a orillas del río Magdalena, 45 familias campesinas invadieron el viernes 2 de septiembre un latifundio abandonado de más de 250 fanegadas. La finca “La Perla”, propiedad de una casta de grandes terratenientes con miles de hectáreas improductivas diseminadas por toda la región, se convirtió en un hormiguero de trabajadores del campo que se adjudicaban de común acuerdo las parcelas y levantaban sus humildes viviendas con estacas, tablones de madera y techos de madera y techos de palma.

Sin pedirle permiso a nadie, y mucho menos a sus tradicionales opresores, hostilizados a diario por la fuerza pública, pero resueltos a triunfar sobre todos los obstáculos, los campesinos reivindicaban que la tierra pasara a ser de los que la trabajan.

El mismo viernes por la tarde se presentó un piquete de la policía con orden de desalojarlos, pero la resistencia de los hombres, las mujeres y los niños impidió que los propósitos del régimen se perpetraran. En la mañana siguiente llegó un destacamento del ejército que, después de golpear brutalmente a los invasores, quemó sus escasos haberes, y, amenazándolos de muerte, consiguió expulsarlos a golpes de culata y encarcelar a sus dirigentes.

Como respuesta a los atropellos de la soldadesca, en la madrugada del domingo 4 de septiembre los compañeros iniciaron una marcha que recorrió varias veredas y terminó por concentrarse al medio día en la plaza central de Puerto Boyacá. Allí se realizó una inmensa manifestación, con el apoyo solidario de todos los sectores populares.

Ante las amenazas de la represión, los agricultores de El Tigre se instalaron con sus mujeres y sus hijos dentro de la iglesia, donde permanecieron varios días en señal de protesta. Han pasado para siempre los tiempos en que los oprimidos se dejaban atropellar impunemente “Recibimos la solidaridad de todo el pueblo, en alimentos, ropas, drogas y lo más importante; recibimos la presencia continua de miles de personas que nos alentaban permanentemente a proseguir la lucha”, relata un campesino “y así será –termina diciendo- aunque no cueste la vida”.

EN EL CONCEJO DE BOGOTÁ: EMPLAZADOS LA REACCIÓN Y EL PARTIDO COMUNISTA

Carlos Bula Camacho y Margot Uribe de Camargo, voceros del Frente por la Unidad del Pueblo en el Concejo de Bogotá, presentaron en la sesión de instalación del 1o. de noviembre un beligerante documento de rechazo al régimen lopista, y citaron al secretario de gobierno de la administración distrital, un burócrata inepto con ínfulas de ecuánime estadista, para que respondiera por los asesinatos perpetrados contra el pueblo durante el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre.

Ante las barras repletas de trabajadores, empleados y estudiantes que gritaban consignas de combate contra el actual cabecilla de la coalición bipartidista en el poder, el concejal del MOIR rindió un homenaje emocionado a las víctimas del genocidio oficial más oprobioso de los últimos años, y durante dos sesiones consecutivas enjuició implacablemente a sus directos responsables: “Alfonso López Michelsen, que se hunde cada vez más hondo en la charca pestilente del crimen y del peculado, y Bernardo Gaitán Mahecha, eficaz raposa jurídica para tratar de sustentar con artilugios la arbitrariedad imperante”.
Al lado de otros dirigentes de la oposición en el cabildo, Bula Camacho resaltó la importancia histórica de las jornadas populares del 14 de septiembre, y señaló cómo la lucha callejera de las masas se había convertido en un ejemplo luminoso para las futuras batallas de la revolución colombiana.

El debate sirvió para dejar en claro la posición reaccionaria de los dos partidos tradicionales ante el paro, y fue una nueva oportunidad para desenmascarar los sofismas con que el régimen quiso encubrir las verdaderas dimensiones de los hechos. Mientras Rafael Pardo Buelvas, por ejemplo, entonces ministro de Gobierno y muñeco de ventrílocuo de la dirección de El Siglo declaraba para la prensa que se trataba de “un movimiento sin ningún arraigo en el país”, la maquinaria represiva del “mandato de hambre” ya se estaba movilizando en todas partes para acometer a sangre fría los asesinatos del 14 y 15 de septiembre, amordazar las noticias de la radio, suspender la personería jurídica de los sindicatos y encarcelar a sus principales dirigentes.

Pero la nota del ridículo estaba reservada, como de costumbre, al funcionario que ocupa la Alcaldía Mayor de Bogotá, y que se ha distinguido como ningún otro por su carácter maniático y demente, el más abyecto servilismo con el imperialismo yanqui y los grandes pulpos urbanizadores. En vísperas del paro, Bernardo Gaitán Mahecha hizo un vehemente llamado al pueblo liberal para que saliera a las calles a “defender al gobierno del presidente López, que ha presidido una administración silenciosa pero eficaz al servicio de los que menos tienen”, y tuvo que ponerse el mismo al frente de la soldadesca para tratar de sofocar el levantamiento popular más combativo y multitudinario de los últimos años.

Exabruptos del revisionismo

Para finalizar, Carlos Bula Camacho tuvo que dedicar una buena parte de su intervención a contestar las invectivas calumniosas del Partido Comunista, cuyos ediles, con el cinismo que los caracteriza, resolvieron proclamar al revisionismo criollo como el único autor, progenitor, organizador y director de todas las protestas populares realizadas en Colombia desde 1930. Protagonizando un espectáculo grotesco por lo pueril y jactancioso, repleto de lugares comunes, de alusiones sectarias y de la más cruda estrechez política, Mario Upegui y Teófilo Forero tildaron de “oportunistas” a todos los grupos y partidos que, como el MOIR, se pusieron modestamente al servicio de las masas y dieron su aporte de unidad y de combate en las jornadas del 14 de septiembre.

Bula Camacho rechazó con energía las injurias del Partido Comunista y declaró que “los concejales de la oligarquía liberal-conservadora, los alcahuetes de una institución cada vez más despreciable y despreciada, jamás podrán servir de testigos para dirimir las diferencias de principio que separan a la izquierda colombiana”. En nombre del Frente por la Unidad del Pueblo, hizo un llamado a coordinar la acción parlamentaria de todas las organizaciones políticas opuestas al régimen vigente. Condenó el divisionismo de quienes buscan desviar la lucha revolucionaria del pueblo colombiano, y terminó afirmando que “la unidad de los oprimidos contra los opresores, en base a un programa nacional y democrático que no se matricule internacionalmente bajo ningún bloque de Estados, terminará por construir en Colombia una patria independiente y soberana, que avanzará por el luminoso sendero del socialismo para hacer parte de las naciones y pueblos liberados del mundo”.

CÁLIDO HOMENAJE A JOSÉ JARAMILLO GIRALDO

En un ambiente de alegre confraternización, más de mil delegados de las distintas fuerzas integrantes del Frente por la Unidad del Pueblo, invitados especiales y personalidades democráticas, testimoniaron su reconocimiento a la labor revolucionaria de del Director Nacional de la ANAPO, José Jaramillo Giraldo, el pasado 22 de octubre en la Feria Internacional de Bogotá.

Presidieron el acto los compañeros Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar, veteranos batalladores de la causa antiimperialista; Jaime Priedrahíta Cardona, candidato presidencial del FUP, y su esposa, Amparo de Piedrahita, Álvaro Bernal Segura, Germán Gutiérrez Arroyo y José Roberto Vélez, representantes a la Cámara y miembros de la jefatura nacional de la ANAPO; el parlamentario Gilberto Zapata Isaza, Jorge Regueros Peralta, dirigentes del MAC, y Margoth Uribe de Camargo, concejal de Bogotá; Francisco Mosquera, Carlos Bula Camacho, Otto Ñañez, Marcelo Torres y César Pardo, dirigentes del MOIR; Pastor Pastran, diputado de Cundinamarca y cuadro directivo del MIL; Avelino Niño y Carlos Vanegas, dirigentes de los CDPR y Carlos Alméciga, miembro del MNDP, quienes rodearon al homenajeado y a su esposa, Solita de Jaramillo.

Delegaciones de todo el país tomaron asiento en el amplio salón, engalanado con las banderas de las organizaciones políticas que hoy engrosan el Frente por la Unidad del Pueblo. Dos enormes retratos de Jaramillo Giraldo y de Piedrahita Cardona estaban colocados frente a la mesa principal.

Los asistentes saludaron la presencia del dirigente del Movimiento Gaitanista del Casanare, Sergio Humberto Cubides.

Cuando se anunció la llegada de Jaramillo Giraldo y de los demás orientadores del Frente, la multitud se puso de pie y coreó durante varios minutos el nombre de Jaramillo, vivó al FUP, a Jaime Piedrahita y a la ANAPO. Los grupos musicales “Son del Pueblo” y “Nueva Cultura” interpretaron canciones revolucionarias y populares.

Habla Avelino Niño
En la primera de las intervenciones, Avelino Niño, de los CDPR, anotó, que como todos los actos del pueblo este homenaje se caracterizaba, además de su sencillez, por reflejar el ánimo de las batallas que ahora se libran contra el imperialismo norteamericano.

Agregó: “José Jaramillo Giraldo ha jugado un papel muy importante en el proceso de la unidad de las fuerzas revolucionarias de Colombia. Tenemos que resaltar en él todas las cualidades del hombre nuevo que sirve a todo el pueblo. Durante más de 50 años él ha dado ejemplo de militancia revolucionaria, y debemos seguir este gran ejemplo. Los CDPR hemos aprendido mucho de Jaramillo Giraldo, tendremos que estudiar tanto como él ha estudiado, tendremos que entender los problemas del pueblo tanto como él los entiende y tendremos que ir hasta el final del combate tal como él lo hace”.

Palabras de Montaña Cuéllar
“Rendimos homenaje a una vida ejemplar, plena de combate por los derechos del pueblo; y la inteligencia y voluntad de uno de los más destacados dirigentes del Frente por la Unidad del Pueblo, el querido compañero José Jaramillo Giraldo” comenzó expresando en su discurso Diego Montaña Cuéllar. Continuó: “Sólo cuando José Jaramillo Giraldo y Jaime Piedrahita Cardona llegan a la dirección de la ANAPO, comienza a expresarse con claridad dentro de ese partido la tendencia a buscar la alianza con las fuerzas de la izquierda revolucionaria. Ellos, a la manera de las grandes ceibas que pueblan nuestros bosques tropicales, han tenido que despojarse periódicamente de las hojas caducas para buscar el nuevo follaje, y echar gradualmente por la borda los lastres reaccionarios y los equívocos coqueteos al imperialismo que pesaban sobre su partido, hasta incorporarlo resueltamente y en ardua lucha interna, al caudal del Frente por la Unidad del Pueblo”.
Montaña Cuéllar terminó agradeciendo la solidaridad del MOIR y de los sindicatos y de las organizaciones del Frente con la patriótica huelga de la USO.

Discurso de Piedrahita Cardona
El candidato del Frente por la Unidad del Pueblo, Jaime Piedrahita Cardona, al hacer uso de la palabra recordó como “desde muy joven José Jaramillo Giraldo defendió a los indígenas del Cauca contra la rapiña de los grandes latifundistas, enfrentó a los leguleyos de la aristocracia payanesa y elevó los cabildos de los indios al nivel de trincheras y escuelas revolucionarias. En el Viejo Caldas resaltó su denuncia contra los gamonales y caciques sempiternos”. Más adelante dijo: “Fue Jaramillo Giraldo quien, con su coraje y decisión, contribuyó a despejar de oscuras nubes el paso que la mayoría de los cuadros y dirigentes anapistas habíamos determinado dar, para impedir la vergonzosa entrega que ya parece pactada entre la casa Moreno Díaz y uno de los más notables representantes de las castas dominantes y del capitalismo hispano-yanqui: el señor Betancur”.

Después de señalar cómo Jaramillo Giraldo participó activamente en las tareas de construcción del Frente, Piedrahita Cardona anotó: “El FUP tiene ancho el horizonte y claro el porvenir, estamos en marcha con el único titán que es capaz de derrotar a los enemigos de la patria y el pueblo”.

Responde Jaramillo Giraldo
En medio de una salva de aplausos, José Jaramillo Giraldo inició su emocionada intervención celebrando el combate antiimperialista del pueblo y el paro de los trabajadores petroleros de Barranca.

Jaramillo Giraldo dijo que aceptaba este homenaje “porque es apenas un medio para reunirnos esta noche y notificarle a las fuerzas de la reacción que hay luz en la poterna del pueblo, y que en las giras que hemos realizado y en los centenares de manifestaciones que han tenido lugar en las plazas públicas de Colombia, se ha demostrado al fin un comienzo de unidad popular y una decisión de los trabajadores y de los estamentos medios para llevar hasta el final la batalla contra el imperialismo y sus agentes nacionales”. Rememoró las luchas populares, desde Galán hasta las huelgas obreras de principios de siglo, que repudiaron las grandes entregas hechas al imperialismo yanqui por Marco Fidel Suárez y Lleras Camargo. Dijo que la ANAPO, que ahora revivía en las banderas del Frente por la Unidad del Pueblo, acomodada a una nueva situación, tenía que prepararse para atravesar “el último círculo de fuego de una gran crisis nacional que va estallar en pocos años de una manera o de otra”. Abogó por alcanzar la liberación nacional y mantener a toda costa la soberanía, la independencia y la neutralidad de Colombia. “Jamás habrá alineación internacional que signifique esclavitud”, dijo el director Nacional de ANAPO al terminar su improvisación.

Como una sola voz, los asistentes aclamaron a José Jaramillo Giraldo y corearon las consignas de “Viva Jaime Piedrahita Cardona, candidato de los oprimidos contra los opresores”. “Viva el Frente por la Unidad del Pueblo” y “Abajo el mandato lopista de hambre, demagogia y represión”.

CRISIS DEL APARATO TEATRAL REVISIONISTA

En el curso de la primera semana de octubre, cuatro de los grupos teatrales más importantes del país. “El Alacrán”, “La Mama”, “El Local”, y el “Teatro Taller de Colombia”, dirigidos respectivamente por Carlos José Reyes, Edyy Armando, Miguel Torres y Jorge Vargas, anunciaron su retiro de la Corporación Colombiana de Teatro (CCT) y del III Festival Nacional del Nuevo Teatro organizado por esta, en protesta por el cúmulo de atropellos y maniobras de la dirección de dicha corporación. Posteriormente, como solidaridad con la determinación de aquellos cuatro grupos, decenas de conjuntos escénicos de las principales ciudades y la provincia, exteriorizaron así mismo su decisión de abstenerse de participar en el mencionado evento.

En esta forma, la CCT quedó reducida a un fantasmagórico aparato del Partido Comunista revisionista, y el III Festival, a un desteñido conciliábulo, cuyo muestreo previo tuvo que hacerse, como en Bogotá, a puerta cerrada, por el temor de los organizadores a que sus torvos procedimientos y las causas reales que originaron la crisis, fueran ampliamente denunciados por el movimiento teatral colombiano.

Es mucha la tela por cortar en cuanto a los antecedentes que motivaron el actual descalabro de la CCT, originados todos en los manejos antidemocráticos y despóticos de su burocracia. Los últimos hechos que se presentaron con ocasión de la Muestra Internacional de Teatro, celebrada recientemente en varias capitales del país, y la convocatoria al III Festival Nacional del Nuevo Teatro, vinieron a constituirse en la gota que desbordó la copa de la paciencia de los conjuntos teatrales independientes.

Colcultura, en asocio de una entidad denominada Federación de Festivales de Teatro de América, organizó una Muestra Internacional de Teatro, en septiembre pasado. Es menester destacar aquí que el movimiento escénico colombiano ha librado una dura pelea para que él mismo pueda escoger, mediante mecanismos democráticos, a quienes hayan de representar a nuestro país en los certámenes internacionales que se realicen en Colombia. Pues bien, los participantes criollos en la Muestra Internacional de 1977, fueron designados por el gobierno, a través de Colcultura. Esto configuró el precedente aleve de que, por primera vez, el Estado determinaba a dedo los exponentes del teatro colombiano para un evento internacional. Se estableció así, en la práctica, un acto patente de censura oficial, a lo que se prestaron con benévola complacencia los congraciados de la dádiva gubernamental. De esta manera, los dos conjuntos elegidos, “La Candelaria” y el “Teatro Popular de Bogotá”, fueron inscritos merced a la anuencia del régimen lopista. Si a esto se añade la inquietante “coincidencia” de que el director de la primera de las agrupaciones favorecidas es empleado de Colcultura y el director de la segunda es miembro de la Federación de Festivales de Teatro de América, se deducirá fácilmente que nos hallamos en presencia de un tráfico de influencias de la má rancia estirpe manzanillesca.

De otra parte, a lo largo de las dos ocasiones en que ha tenido efecto el Festival Nacional del Nuevo Teatro (1975-1976), el Teatro Libre de Bogotá y otros trabajadores de la escena habían formulado repetidas críticas contra las burdas maniobras de la rosca dirigente de la CCT, referentes a los requisitos de inscripción y de evaluación y al manejo general del evento. Los figurones de los grupos revisionistas son los que definen tales requisitos, como los relativos al tiempo de trabajo, número de obras montadas, etc., pero ellos mismos los violan cínicamente. Todo tendiente a prefabricar teatristas que desaparecen tan pronto finaliza el Festival y que tienen como único fin el de proporcionar la maquinaria que allegue el número suficiente de votos que les permita ser elegidos, año tras año, como “representativos” del Teatro Nacional.

Aparte de lo anterior, a los elencos que protesten contra las arbitrariedades se les descalifica fulminantemente, o se les tiende una red de halagos y chantajes para acallar las críticas. En repudio a estas triquiñuelas, 12 de los 20 participantes de la muestra regional de Barranquilla en 1976, se retiraron de ella.

Lo que viene a quedar en claro de todo este proceso es, entonces, obvio: la CCT es una mera pantalla para la excluyente promoción de los momificados conjuntos que orienta el Partido Comunista, que ya nada tienen que ofrecerle al movimiento artístico colombiano y a las masas populares, como no sea el testimonio caricaturesco de la bancarrota política del revisionismo en todos los órdenes.

Nuevos vientos unitarios y renovadores soplan ahora en las toldas del joven teatro nacional. Los grupos independientes, decididamente respaldados por el Teatro Libre de Bogotá, han iniciado una etapa de fortalecimiento de los lazos de amistad y cooperación, con el designio de propender por una amplia difusión de la actividad cultural firmemente enraizada en el pueblo. Este auge revolucionario se extiende inconteniblemente por todo el país. Entretanto, los verdaderos divisionistas quedarán condenados al papel que señalara don Quijote: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

MARÍA EUGENIA DESTAPA SU JUEGO REACCIONARIO

Confirmando las advertencias que las fuerzas mayoritarias de ANAPO hemos venido haciendo últimamente sobre su proceder oportunista, María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, en un espurio congreso de bolsillo, montado a su arbitrario y en franca violación a los estatutos del Partido, dejó por completo al descubierto el 12 de octubre sus negras intenciones de adherir a Belisario Betancur y de pasarse a las filas del conservatismo. El engaño de la ex directora produjo tal indignación en el ánimo de los pocos anapistas desprevenidos presentes que, al conocerse la maniobra, explotaron en cólera, y, por encima de la maquinaria de la melancólica reunión, se interpusieron enérgicamente a que el respaldo a Betancur se concretara. En vista del serio traspié y de que las cosas no le salieron como las había planeado, María Eugenia resolvió posponer su determinación de focalizar su ingreso a la desvencijada coalición bipartidista oligárquica para una ocasión propicia. Con este fin demandó de sus conmilitones plenos poderes en materia de definición de candidaturas presidenciales.

Sea cual fuere el peligro de esta traición, los genuinos anapistas no permitiremos que se pisotee indecorosamente la trayectoria de lucha del Partido creado por el general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo recuerdo histórico antes que nada se halla vinculado al batallar por extirpar del país la hegemonía del bipartidismo tradicional, que tantos males le ha acarreado a la República en más de 150 años de existencia. El fundador de ANAPO fue encarnizadamente combatido hasta los últimos minutos de su vida por esa oligarquía con la cual hoy María Eugenia pacta a espaldas del pueblo. Pero no dejaremos profanar la memoria de Rojas Pinilla por quienes están más obligados a ser leales a su mensaje revolucionario. Por eso, al través de dos congresos sucesivos del Partido, del 11 de diciembre de 1976 y del 23 de abril de 1977, convocados democráticamente con el lleno de los requisitos estatutarios, decidimos proseguir la pelea contra las camarillas liberales y conservadoras que detentan el Poder y venden la nación a los amos imperialistas norteamericanos. En consecuencia hemos propuesto la más amplia alianza de todas las vertientes políticas patrióticas y revolucionarias, buscando satisfacer las reivindicaciones apremiantes del pueblo colombiano, como son la recuperación de los recursos naturales, la tierra para los campesinos que la laboran, el derecho al trabajo para los desocupados, la vivienda para los destechados, la educación para las nuevas generaciones y las demás conquistas que harán de Colombia una patria grande para todos sus hijos.

Hasta el momento ya son cinco los partidos y organizaciones que se han identificado con nosotros en los propósitos revolucionarios y con ellos logramos conformar el Frente por la Unidad del Pueblo, cuyo programa común estamos agitando a lo largo y ancho de la geografía nacional y cuyo candidato presidencial, Jaime Piedrahita Cardona, registra en todas partes la emocionada acogida no sólo de sus copartidarios, los anapistas, sino del resto de los perseguidos y explotados. Esta es la única política que puede llevar a la práctica la ANAPO, si no desea desaparecer definitivamente.
María Eugenia recibió el más grande caudal de masas de que se tenga noticia en los anales del país, y en menos de un lustro lo dilapidó lamentablemente, hasta colocar el Partido al borde de la extinción. Lo cual se ha debido a su orientación esencialmente derechista y a su natural inclinación al perjurio. Ahora, desvergonzadamente, después de largo abandono de sus deberes de dirigente y en íntimo contubernio con la reacción, conviene el apoyo a uno de los caracterizados personajes de las clases dominantes, Belisario Betancur, responsable de crímenes contra las masas trabajadoras, como la masacre de Santa Bárbara de 1963, que el pueblo no olvidará nunca.

Al quedar destapado el juego reaccionario de María Eugenia, la ANAPO, tiene dos caminos muy demarcados para escoger: el de la traición, o el de la lealtad a la lucha revolucionaria al lado de los verdaderos amigos; el de la deshonra a la memoria de Rojas Pinilla, o el de continuar la batalla contra los declarados enemigos de ANAPO; el de adherir al candidato de Álvaro Gómez, o el de rodear entusiastamente el nombre limpio y combativo de Jaime Piedrahita Cardona; el de la división, o el de la unidad; el de la extinción, o el del resurgir glorioso en las nuevas contiendas por el porvenir.

Llamamos una vez más a todos los anapistas a que condenemos a una sola voz las invitaciones a transitar por el atajo del oportunismo y la claudicación y nos unifiquemos para abrir la anchurosa senda de la liberación y la grandeza de Colombia.

ASAMBLEA DE CUNDINAMARCA CONDENA GENOCIDIO OFICIAL

Desde el 1º. de octubre, día en que se iniciaron las sesiones ordinarias de la Asamblea, correspondientes al presente año, Cesar Pardo Villalba, diputado del MOIR, ha venido desarrollando una permanente e infatigable labor de denuncia de las acciones antipopulares, deshonestas y despóticas con las que el gobierno de las oligarquías traiciona los intereses nacionales y fustiga al pueblo colombiano.

Censura a la matanza

El compañero Pardo figuró entre los proponentes y firmantes de una enérgica moción de censura al gobierno por la masacre cometida contra el pueblo el 14 de septiembre, el día del paro cívico nacional. El pronunciamiento reza textualmente:

“La Asamblea de Cundinamarca, interpretando la voluntad mayoritaria de las gentes del departamento, propone:
1. Su más profundo rechazo por la manera como el gobierno ha venido tratando los problemas económicos y sociales que afectan al departamento y al país, situación que en buena hora provocó la resuelta protesta de los trabajadores organizados, mediante un acto que se constituyó en el primer anuncio de lo que el pueblo es capaz en defensa de sus propios intereses.
2. La diputación señala al gobierno como responsable del genocidio del 14 de septiembre en Bogotá, con el cual pretendió acallar la voz y la solidaridad de un pueblo sumido en la más grande frustración.
3. Exige la inmediata libertad de presos y la restauración de las personerías jurídicas suspendidas a las organizaciones sindicales”.

Esta proposición resultó acogida por 18 votos a favor y 12 en contra, lo cual demuestra hasta donde ha llegado el desprestigio del lopismo.
Igualmente fue aprobada otra iniciativa presentada por Pardo, en la que se manifiesta la solidaridad de la Asamblea con las luchas de los trabajadores de la USO y FECODE, se repudia el terror desatado por el gobierno contra los petroleros y se exige la solución inmediata y positiva de estos conflictos y demás huelgas que se adelantan en el país.

Tropelías y despilfarros

César Pardo, junto con el diputado Fabio Rodríguez Cedeño, citó al Gerente de la Beneficencia de Cundinamarca para que rindiera informe sobre la situación actual de la entidad y sus dependencias.

El dirigente del MOIR, en una extensa y categórica intervención, denunció las actividades persecutorias de las autoridades departamentales contra sus trabajadores, la población en general y los partidos de la oposición.

Durante el debate, Pardo condenó el incalificable atropello cometido por la fuerza pública al detener a los representantes del sindicato de la Beneficencia de Cundinamarca, cuando se dirigían a las oficinas de la entidad para indagar por el estado de su pliego de peticiones.

También acusó a las directivas de la Empresa Electrificadora, seccional de Girardot, quienes se han ensañado contra los obreros sindicalizados. Remarcó que el tratamiento de los problemas laborales por parte del departamento es el recorte de las libertades de movilización y expresión mediante el uso de la bota militar y el encarcelamiento de los dirigentes sindicales.

En sus intervenciones reprobó igualmente la actitud intransigente de la junta directiva de la Beneficencia y del Gobernador para resolver las justas demandas de los trabajadores. Después de dos años sin reajuste salarial, se ofrece a los obreros un magro aumento de diez pesos diarios. Por otra parte, peligran sus prestaciones sociales, ya que el Fondo creado para ellas, incorporado directamente al presupuesto de la Beneficencia, está en bancarrota, debido a los malos y oscuros manejos.

Como caso típico de los despilfarros, Pardo señaló la destinación de tres millones de pesos, aprobada por la Lotería de Cundinamarca, la cual pertenece a la Beneficencia, para regalos de Navidad que serán distribuidos por todo el departamento, dentro de la campaña electoral de los gamonales políticos del liberalismo y el conservatismo.

Al censurar el prolongado cierre del Hospital de la Hortua, precisó que esta situación hace parte de la política del Plan Nacional de Salud, cuyo fin es limitar el acceso de la población a una atención médica adecuada.

Presupuesto gravoso
César Pardo, manteniendo una nítida posición de principio, se opuso al proyecto presupuestal, y sustentó su voto negativo manifestando que dentro del panorama económico general del país, todos estos presupuestos son deficitarios, están sometidos a préstamos de corporaciones imperialistas, condicionados a una serie de requisitos que van contra los intereses nacionales y, por último, causan “impuestos y gravámenes que nosotros no compartimos y consideramos lesivos a la mayoría de la población y al desarrollo del país en general”.

VÍTORES Y HONORES A LA VALIENTE USO

En la madrugada del 31 de octubre, los trabajadores de la Empresa Colombiana de Petróleos regresaron a sus labores después de 66 días de una huelga que se constituyó en la batalla más dura que ha logrado el proletariado colombiano en los últimos tiempos. A pesar de la cerrada intransigencia patronal ante las justas exigencias de los obreros, a pesar del régimen de terror implantado en Barrancabermeja y Tibú, a pesar de los despidos masivos, a pesar de los incontables detenidos, a pesar de la múltiples prohibiciones oficiales, los petroleros realizaron un aguerrido mitin en las puertas de la refinería, en el momento de reintegrarse al trabajo. Bajo la lluvia y en las narices de la tropa que custodiaba las instalaciones de Ecopetrol, el grito de “¡Viva la USO!” estremeció a Barranca, Casabe y Cantagallo.

Aunque sus objetivos están aún por realizarse, la huelga tuvo características que significaron un decisivo paso adelante en la conciencia antiimperialista del proletariado y el pueblo de Barranca. El cúmulo de experiencias recogidas en el fragor del combate, constituye un aporte elocuente e insustituible a la lucha por nuestra emancipación.

La empresa violó los compromisos
En noviembre del año pasado, cuando se discutía el pliego de peticiones de la USO, Ecopetrol presentó a la mesa de negociaciones un contrapliego que implicaba la pérdida de una serie de derechos adquiridos por los trabajadores en arduas confrontaciones. Después de cinco meses, la USO derrotó la posición patronal y se firmó el acuerdo del 25 de marzo de 1977, mediante el cual los obreros lograron salvaguardar sus anteriores conquistas.

Sin embargo, no habían transcurrido dos meses cuando ya Ecopetrol había violado varios compromisos convencionales. Mantuvo cerca de 3.000 trabajadores temporales, enganchados mediante el sistema de contratistas, en labores de carácter regular y permanente como reacondicionamiento de pozos, refinación, servicios administrativos, sanidad, transportes, casinos, comisariatos y conservación de vías. Se negó a integrar la comisión de control de precios en los comisariatos, como también a congelar el valor de la carne en Tibú. Intentó imponer unilateralmente un nuevo escalafón que debió haber elaborado conjuntamente con los trabajadores. Despidió a varios médicos sindicalizados y 20 profesionales quedaron así a cargo de 20.000 pacientes entre obreros, jubilados y sus familias.

Estos incumplimientos de sus obligaciones contractuales eran “justificados” por Ecopetrol con el desgastado argumento de que su crisis financiera se debe a los gastos que le ocasiona el personal a su servicio.

Lo cierto es que los salarios y prestaciones – incluyendo la nómina de los ejecutivos – apenas constituyen el 16% de los costos.

Pero había algo más. Los trabajadores le habían salido al paso a la verdadera causa de la agonía de Ecopetrol; la política de entrega de la principal industria estratégica del país al imperialismo norteamericano, que el gobierno y los directivos vienen ejecutando mediante el mecanismo de las “compañías asociadas”, y que consiste en que la empresa estatal financia a los monopolios extranjeros que vienen a desplazarla. Fue así como, contra la prohibición expresa del Capitulo Segundo de la Convención, Ecopetrol entregó su equipo “National 130” a la compañía perforadora y explotadora An-Son Drilling, contratista para el campo de Cantagallo y propiedad de un amigo personal del presidente López. Como si esto fuera poco, le mantiene arrendado su equipo de perforación “Cabría No. 5”, Además, Ecopetrol pretendía entregar la planta de polietileno, Policolsa, la más rentable de cuantas tiene, a la firma gringa Dow Chemical. Este último atentado contra los intereses nacionales fue derrotado temporalmente por la altiva huelga del proletariado petrolero.

Estalla el conflicto
Los obreros elevaron su protesta, no solamente por las violaciones que afectaban sus intereses gremiales, sino también por la entrega de Ecopetrol a los consorcios yanquis. Cuando su memorial fue ignorado por los gerentes de distrito, realizaron un paro de una hora en Refinería, el 26 de julio. La empresa respondió expulsando a varios trabajadores. Diez días después, el 5 de agosto ante la andanada represiva se realizó un nuevo cese parcial, esta vez en El Centro, ante el cual el gobierno suspendió la personería jurídica del sindicato. Comenzó a perfilarse que lo que ambicionaba a toda costa era la destrucción de la Unión Sindical Obrera. Con un comité de huelga formado básicamente por dirigentes jóvenes, la huelga estalló al amanecer del 25 de agosto.
Desde un principio el presidente de la Empresa, un ex alumno de la Facultad de Ciencias del estado de Pennysilvania y ex director del laboratorio de La Texas Petroleum Company, el tristemente celebre Juan Francisco Villarreal, difundió por todos los medios su hipócrita disposición a un “diálogo abierto y franco”. Pero en íntima relación con los despachos ministeriales se determinaba la prolongación de la suspensión de la personería jurídica del sindicato, y se inundaban las calles de Barranca y Tibú con cerca de 10.000 soldados provenientes de 8 batallones, que se tomaron las instalaciones industriales.

El plan de la reacción
La reacción trazó un plan meticuloso tendiente a quebrar la resistencia obrera:

1). Para garantizar el abastecimiento de combustible en el país, importó gasolina, mediante un convenio con La Texas, acción que encubría tras la farsa del mantenimiento de unas cuantas plantas funcionando precariamente.
2). Para impedir la actividad del sindicato, clausuró por la fuerza la sede de la USO y declaró ilegales las asambleas y reuniones de más de tres personas; implantó el toque de queda y la ley seca; expidió boleta de captura para el comité de huelga, el cual tuvo que eludir permanentemente desde la clandestinidad la nube de sabuesos.
3). Para bloquear la manutención de los obreros, prohibió a las cooperativas, so pena de arresto contra sus gerentes, la venta a crédito a los huelguistas de los artículos de primera necesidad.

En conclusión. El imperialismo y sus agentes habían declarado una verdadera guerra a muerte contra el proletariado petrolero. A ello se sumó el regateo de la mezquina solidaridad de las cuatro centrales, cuando no la obstrucción abierta de éstas, como el hecho de postergar indefinidamente la manifestación pública de Bogotá, tantas veces prometida y aplazada hasta el 18 de noviembre, para cuando ya el movimiento hubiese sido aplastado.

Ambiente de subversión
De otro lado, obreros de diversas ramas de la industria, campesinos, maestros, estudiantes, empleados, amas de casa y aun los comerciantes y el clero, dieron su colaboración decisiva para el éxito de reuniones secretas, mítines relámpago, movilizaciones, actos de propaganda y protección de los huelguistas. Barranca entera respiraba un ambiente de subversión generalizada. Algo similar sucedía en Tibú.

Cien mil barranqueños participaron en el Paro Cívico Nacional colocándose a la altura de su tradición revolucionaria, y además llevaron a cabo, el 3 y 4 de octubre una nueva paralización total de 48 horas, vigorosa demostración de cohesión y lucha. Por su parte, Tibú dio un heroico ejemplo desafiando las medidas represivas que debieron soportar sus habitantes, como el corte de agua y luz a que fue sometido el sector obrero. 4.500 asalariados y contratistas de la Unidad de Balance y Optimización llevaron a cabo dos victoriosos paros, hombro a hombro con la USO. La táctica reaccionaria de aislar al sindicato del resto de la población fue un rotundo fracaso.

Pese a que portar un boletín se había convertido en grave delito, el Diario del Paro, volante mimeografiado por el comité de huelga, no dejó de llegar ni uno solo de los 66 días de batalla a manos de las bases.

Con tal fin se desplegaron los recursos más ingeniosos e inverosímiles; pelotas de béisbol que volaban de barrio en barrio por sobre las cabezas de los uniformados, vendedores de frutas que a cada cliente le encimaban un boletín, árboles misteriosamente florecidos de hojas impresas, audaces niños cuyos avioncitos de papel transportaban la palabra de la clase obrera.

Resistencia al terror fascista
La criminal y sospechosa explosión de una granada de fabricación norteamericana, de uso privativo de las fuerzas armadas, en el interior de un bus que transportaba directivos y esquiroles, fue el calculado pretexto para desatar el más pavoroso terror fascista contra toda la población. Ya no se allanaban las casas, se allanaban manzanas enteras. Los soldados ya no tocaban a las puertas, las derribaban. Ya no buscaban pruebas, las llevaban. Las cárceles y el batallón no dieron abasto. Centenares de detenidos fueron enviados a Bucaramanga y otros municipios. El corresponsal de Tribuna Roja, Esteban Navajas, fue encarcelado cuando cumplía su labor periodística. Igual suerte corrieron los dirigentes del MOIR James García, Norman Alarcón y César Loaiza, los dos últimos condenados a seis meses de prisión.

La represión, con todo, se sentía acorralada y llegó a extremos grotescos. Un día, por ejemplo, unas maestras que hacían cola para cobrar su sueldo frente al Banco de Comercio, lanzaron algunas vivas a la USO. El alcalde del puerto, coronel Bonilla, pistola en mano, irrumpió energúmeno, declaró disuelta la manifestación y arrestó a varias personas al azar. En otra ocasión, con sus lanceros y agentes secretos detuvo un cortejo fúnebre, hizo bajar el ataúd, lo destapó y se halló con el cadáver profanado, en lugar del agitador que buscaba.

Es que el vinagre, las bolitas de cristal, las ollas, botellas, corchos, llantas, se volvieron “material estratégico” y “cuerpos de delito”. Los estridentes pitos de los niños exasperaban a la tropa. El vendedor que los llevó desde Bucaramanga fue detenido, acusado de “distribuir implementos bélicos”.

Hasta las madres regaron tachuelas desde sus bolsos, canastos y cochecitos infantiles.

Un alto en el camino
El pasado 4 de noviembre, cuando ya se había levantado la huelga, el comité Nacional de solidaridad llevó a efecto, frente a la Plaza de Toros de Bogotá, una concentración de caluroso respaldo a la Unión Sindical Obrera.

A nombre de la organizaciones petrolera llevó la palabra el dirigente Eliécer Benavides, quien advirtió que si el gobierno y la empresa persisten en la traición en los intereses nacionales, los despidos y las detenciones, no habrá paz laboral en Ecopetrol. Denunció asimismo la actitud vacilante y la casi nula solidaridad económica de las centrales sindicales con la huelga, y terminó exaltando las profundas enseñanzas de esta batalla, invaluables para el pueblo colombiano en la zigzagueante marcha hacia la patria independiente y soberana.

Los trabajadores están decidios a aprovechar este alto en el camino para pasar revista a sus filas, resumir las experiencias y prepararse para continuar en el futuro esta coalición histórica, iniciada hace más de medio siglo, cuando la Troco comenzó el saqueo del subsuelo colombiano, y en el cual el proletariado petrolero ha sido el más esforzado defensor de nuestras riquezas naturales y el más consecuente abanderado de la causa antiimperialista. Vítores y honores a la valiente USO